San Timoteo, discípulo de San Pablo y obispo mártir de Éfeso (II)

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Icono ortodoxo del Santo.

Icono ortodoxo del Santo.

Continuando con lo escrito en el artículo anterior, tenemos que decir que aunque lo más verosímil es lo que nos aportan las Sagradas Escrituras, existe otro controvertido documento muy antiguo, escrito en la segunda mitad del siglo II por Polícrates, obispo de Éfeso, denominado: “El martirio de San Timoteo, primer patriarca de la metrópolis de Éfeso”. En este texto, a los datos aportados por las Sagradas Escrituras, se le añade la información de que Timoteo llegó a Éfeso durante el reinado del emperador Nerón, que allí vivió y trabó amistad con San Juan Evangelista, siendo martirizado en tiempos de Domiciano durante las fiestas a Dionisios – las llamadas “Catagogia” -, en las cuales se cometían atrocidades violentas de todo género y durante las cuales, San Timoteo intentó disuadir al pueblo consiguiendo todo lo contrario, o sea, exasperarlo aun más, siendo atacado por el populacho con piedras y palos hasta darle muerte en una colina cercana a la ciudad, donde posteriormente fue sepultado. Continúa diciendo el texto: “Actualmente, aun hoy en día, se venera su “Martyrion” en un lugar llamado Pione”. Pero en la conclusión de su obra, el obispo Polícrates, olvidando todo lo que había escrito anteriormente, concluye diciendo que el martirio fue un 22 de enero en tiempos del emperador Nerva (97-98).

Este documento, publicado y estudiado por Usener en el año 1877 y por Keil en el 1934, fue posteriormente ásperamente criticado por el hagiógrafo jesuita Hipólito Delehaye, quién en su obra “Les Actes de Saint Timotée” deploraba que los dos estudiosos anteriores hubieran sobrevalorado “esta historia de ficción, hecha con parches dentro de un acuerdo marco”. Pero en realidad, ya en el siglo XII – antes que Usener y Keil -, el historiador benedictino Sigeberto de Gembloux, en su obra “De scriptoribus ecclesiasticis”, aceptaba como auténticos los escritos del obispo Polícrates, e incluso el Patriarca Focio, a mediados del siglo IX hacía lo mismo. Pero Eusebio de Cesarea, en su “Historia Ecclesiastica” desarrollando y revisando todo lo escrito por Polícrates sobre la permanencia en Éfeso del santo apóstol y evangelista Juan, cuenta que precisamente en Éfeso el evangelista disponía ya de los tres primeros evangelios sinópticos y que después de haber retornado de su exilio en Patmos durante el reinado de Nerva, encontrándose vacante la “sacratísima sede de la Gran Metrópolis de Asia” aceptó ser el obispo de aquella ciudad hasta su muerte, acaecida en tiempos del emperador Trajano. De hecho, trata de resaltar la importancia de Éfeso, magnificando a esta Iglesia fundada por el apóstol Pablo y que tuvo como sus primeros obispos al evangelista Juan y a Timoteo.

Martirio del Santo. Miniatura del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio del Santo. Miniatura del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Todos estos datos son elementos lógicos, inscritos en un contexto histórico determinado, o sea, el polémico período en el que se debatían los derechos de las Iglesias Apostólicas, desarrollado – en lo referente a Éfeso -, durante y después del Concilio de Calcedonia, que sabemos se celebró en el año 451. El canon 28 de este Concilio había sancionado la absorción de los derechos efesinos por parte de Constantinopla, aunque Éfeso solicitó el apoyo de Alejandría a fin de defenderse de las intromisiones constantinopolitanas. En el 474, en un sínodo celebrado en Asia, el patriarca Pablo de Alejandría solicitó restituir a la Iglesia de Éfeso sus antiguos derechos como Iglesia Apostólica y, de hecho, los cánones árabes del Concilio de Nicea establecieron este orden de preeminencia: primero estaba Roma (Pedro y Pablo), la segunda era Alejandría (Marcos) y la tercera era Éfeso (Juan). Como he dicho, es en este contexto histórico donde se encuadra la grandilocuente exaltación de Éfeso y el relato del presunto episcopado del evangelista Juan en esa ciudad, esto último relatado en la obra del obispo Polícrates a la que hemos hecho mención anteriormente.

Según nos dice Eusebio de Cesarea en su obra “Historia Ecclesiastica III”, San Pablo dice que fue Timoteo el primero que ocupó la sede episcopal de Éfeso. Pero lo cierto es que no lo dice de manera explícita, y de hecho, en su discurso a los ancianos efesinos, Pablo les llama “obispos de la grey de Dios” y sin lugar a dudas, hasta el año 63 a la cabeza de esta Iglesia estuvo este consejo de ancianos, al que San Pablo se dirigió en su conmovedor saludo de Mileto: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado durante todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con total humildad y con muchas lágrimas y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos…” (leer Hechos, 20, 17-38). De esto se desprende que si su llegada a Éfeso fue en el año 63, el rito de la imposición de las manos a Timoteo por parte de los “ancianos” (Primera Timoteo, 4, 14), tiene un significado muy particular, que es la transmisión del poder sagrado desde un episcopado colegial a un episcopado individual: del episcopado de los ancianos, al episcopado de Timoteo.

Urna con las reliquias del Santo. Termoli, Italia.

Urna con las reliquias del Santo. Termoli, Italia.

Sin embargo, en base a los datos recogidos sobre el episcopado efesino de San Timoteo, algunos historiadores y exégetas, especialmente De Ambroggi, han supuesto que el “ángel de la Iglesia de Éfeso” al que se alaba en el libro del Apocalipsis por su oposición a los nicolaítas, tiene que ser San Timoteo: “Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: yo conozco tus obras y tu arduo trabajo y paciencia y que no puedes soportar a los malos y has probado a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido y has tenido paciencia y has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de donde has caído y arrepiéntete y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti y quitaré tu candelero de su lugar si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco” (Apocalipsis, 2, 1-6) ¡San Juan alabando a San Timoteo! Pero tenemos que decir que en la actualidad se tiende a no identificar a los Ángeles de las Siete Iglesias con sus respectivos obispos, sino a ver en ellos de manera simbólica el espíritu de estas iglesias y la imagen de su vivificante unidad.

A principios del siglo VI se daba a conocer por primera vez en Oriente el “Corpus Dionysiacum” (cuatro tratados bastante extensos, atribuidos a San Dionisio el Areopagita, dedicados a un discípulo llamado Timoteo y una decena de cartas breves). Estos escritos, especialmente el “De divinis nominibus” y en “De mystica teología” van dirigidos a un Timoteo al que denomina “colega en el sacerdocio”. Un siglo más tarde, San Juan Damasceno identificaba lógicamente a este personaje con “el santísimo apóstol y primer obispo de Éfeso, Timoteo” y en consecuencia lo consideraba presente en la visita que los apóstoles habían realizado al sepulcro de la Santísima Virgen en Getsemaní, visita que es descrita en el “De divinis nominibus” antes mencionado e incluso llegaba a añadir que había estado presente, que era testigo de la Asunción de Nuestra Señora. Bueno… a esta leyenda no hay que echarle mucha cuenta y, de hecho, no existe ningún otro testimonio seguro en los escritos de los primeros siglos de la Iglesia.

Detalle de la urna y reliquias de Termoli, Italia.

Detalle de la urna y reliquias de Termoli, Italia.

Con respecto al tema de las reliquias de San Timoteo, tenemos que decir que su historia es un tanto dramática. En el año 356, el prefecto de Egipto Artemio quién era también plenipotenciario del emperador Constanzo, en las persecuciones arrianas contra los practicantes de la ortodoxia, robó las reliquias del santo a los efesinos para, junto con las reliquias del apóstol Andrés y del evangelista Lucas, enriquecer la Basílica de los Apóstoles de Constantinopla, basílica que había sido construida por el propio emperador Constanzo para que sirviera de mausoleo de los emperadores bizantinos. Las reliquias del santo fueron puestas en dicha basílica el día 1 de junio del año 356.

Según el Martirologio Jeronimiano, a finales del siglo IV, desde esa basílica constantinopolitana fueron enviadas a Milán parte de las reliquias de los Santos Andrés (9 de mayo) y Lucas (27 de noviembre). En la “Analecta Bolandista, XXXI”, publicada en el año 1912, dice Hipólito Delehaye, que en aquella ocasión fueron enviadas también a Milán parte de las reliquias de San Timoteo. De esta manera se explicaría la anotación que hace el Martirologio Jeronimiano ese mismo día 9 de mayo: “Constantinopoli, natale sancti Timothei” refiriéndose al traslado de las reliquias a Milán en el año 395 para la dedicación de la Basílica de los Santos Apóstoles en la Puerta Romana.

En el año 536, el emperador Justiniano rehizo de manera aun más espléndida el “Apostoleion” de la mencionada basílica que había sido destruido por un incendio, aunque las reliquias de los tres santos habían quedado intactas ya que estaban dentro de la llamada “mesa mística”, que era en realidad un altar macizo hecho de plata. Finalmente, el 12 de abril del año 1204, cuando los cruzados saquearon las iglesias de Constantinopla, se le perdieron la pista a las reliquias de San Timoteo, aunque al año siguiente, dos dientes del santo habían sido enviados a un monasterio de Soissons, en Francia. Pero el 7 de mayo de 1945, de manera totalmente casual, las reliquias del santo fueron encontradas en la catedral de Termoli: estaban enterradas a un metro de profundidad bajo el pavimento actual, junto al muro exterior de la absidiola derecha de la mencionada catedral. Junto a las reliquias se encontró una inscripción del siglo XIII que indicaba que en el año 1238 fueron puestas allí por el obispo Esteban y su capitulo catedralicio. Existe un libro maravilloso escrito por Ferrua, A., titulado “Las reliquias de San Timoteo” en el que se describe la fiabilidad del descubrimiento y los motivos por los cuales, durante la Edad Media, estas reliquias habían sido llevadas a esta ciudad portuaria situada a orillas del Mar Adriático. Pequeñas porciones de estas reliquias han sido repartidas a otras iglesias.

Detalle de la urna del Santo. Termoli, Italia.

Detalle de la urna del Santo. Termoli, Italia.

Todos los calendarios medievales conmemoran a San Timoteo el 22 de enero. En el elogio que del mismo se hace en los Sinaxarios Constantinopolitanos se inserta la afirmación de que junto a San Pablo, fue también San Juan quienes hicieron a Timoteo obispo de Éfeso. El Martirologio Jeronimiano lo conmemora el 27 de septiembre diciendo: “In Epheso natale sancti Timothei discipuli, ad quem Paulus apostolus scripsit”. Muy probablemente, esta fecha representa alguna tradición occidental anterior, o al menos independiente de la fecha existente en las “Actas” efesinas. El día 1 de junio, en el Martirologio Jeronimiano también se menciona el traslado realizado por el emperador Constanzo en el año 356. El Martirologio Romano lo conmemora el 24 de enero. En el nuevo calendario litúrgico de la Iglesia Universal promulgado el 14 de febrero del 1969 por parte del Beato Papa Pablo VI, su fiesta se señala el 26 de enero, junto con San Tito que, como sabemos, fue otro discípulo de San Pablo. Sobre San Tito escribiremos en otra ocasión.

Antonio Barrero

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Apolitikon


Bibliografía:
– De Ambroggi, P., “Le epistole pastorali di San Paolo a Timoteo e a Tito”, Roma, 1953.
– Delehaye, H., “Les Actes de Saint Timothée”, Manchester, 1939.
– Ferrua, A., “Le reliquie di San Timoteo”, Civiltà Cattolica, 1947.
– Lucchesi, J., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuona Editrice, Roma, 1990
– Spicq, C., “Saint Paul. Les Epîtres Pastorales”, Paris, 1947.
– Usener, H., “Acta s. Timothei”, Bonn, 1877.

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San Timoteo, discípulo de San Pablo y obispo mártir de Éfeso (I)

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Ya va siendo hora de que escribamos sobre uno de los principales evangelizadores del siglo I, de la era de los apóstoles: San Timoteo, obispo mártir de Éfeso, a quién nuestros hermanos ortodoxos le dan el calificativo de apóstol, cosa que en realidad, lo fue. Hoy me propongo hacerlo y lo haremos en dos artículos. Para ello, inevitablemente, nos tenemos que basar fundamentalmente en las Sagradas Escrituras, ya que estas son las fuentes más fiables sobre su vida y su ministerio. Vamos a basarnos, sobre todo en esta primera parte, en los trabajos de monseñor Giovanni Lucchesi, profesor del seminario de Faenza y director de la biblioteca “Cardinale Gaetano Cicognani” de la misma ciudad.

Que San Timoteo tuvo una estrecha relación con el apóstol Pablo, lo muestra el hecho de que fueron íntimos colaboradores en la predicación del evangelio y en las continuas menciones que el apóstol de los gentiles hace de él en diferentes textos del Nuevo Testamento: “Hijo mío queridísimo y fiel en el Señor” (I Corintios, 4, 17), “Hermano nuestro y ministro de Dios en la predicación del evangelio de Cristo” (I Tesalonicenses, 3, 2), “Mi colaborador” (Romanos, 16, 21), “Mi genuino hijo en la fe” (I Timoteo, 1, 1), “Mi hijo querido” (II Timoteo, 1, 1). Alaba su desinterés y su espíritu de sacrificio al seguirlo: “Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviarles muy pronto a Timoteo para tener noticias vuestras y experimentar yo mismo un alivio, porque no encuentro a otro que tome tan a pecho como él vuestros asuntos. Todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús y ya sabéis que él ha dado pruebas de su virtud, porque sirvió conmigo a la causa del Evangelio, como un hijo junto a su padre” (Filipenses, 2, 19-22). Asimismo, de él recuerda con conmoción las lágrimas con las que lo saludó por última vez: “Al acordarme de tus lágrimas, siento un gran deseo por verte a fin de que mi felicidad sea completa” (II Timoteo, 1, 4). Pero no solo tenemos estos textos, sino que las mismas fuentes hagiográficas del uno son las del otro. Quién nos da a conocer a San Pablo nos da también a conocer a San Timoteo y si no, releamos nuevamente el Libro de los Hechos de los Apóstoles y todas las cartas de San Pablo, a excepción de las escritas a los Gálatas, Efesios y Tito.

Alrededor del año 47, en la ciudad de Listra, perteneciente a la colonia romana de Licaonia, San Pablo había convertido a dos mujeres judías: a Loida y a su hija Eunice, esta última, mujer de un griego, o sea, que con toda probabilidad perteneciente a una rica familia. Estas habían educado de manera piadosa a su respectivo hijo y nieto Timoteo, según el culto de las Sagradas Escrituras, aunque sin circuncidarlo: “…recuerdas que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús…” (II Timoteo, 3, 14-17). Cuando en el año 50 San Pablo volvió a Listra, el joven Timoteo que había sido testigo de los extraordinarios acontecimientos acaecidos durante la primera visita del apóstol y de las persecuciones y padecimientos que había sufrido, ya era cristiano. Los fieles de aquella región dieron buenas pruebas de ello y Pablo lo llevó consigo, circuncidándolo por causa de los judíos, ya que como sabemos, su padre era griego y por lo tanto, pagano: “Después llegó a Derbe y a Listra y he aquí que había allí un cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer creyente, pero de padre griego; Los hermanos que estaban en Listra y en Iconio daban buen testimonio de él. Quiso Pablo que este fuese con él y tomándole, le circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares, ya que todos sabían que su padre era griego” (Hechos, 16, 1-3).

Relicario del santo conservado en la diócesis de Fort  Worth, Texas (EEUU).

Relicario del santo conservado en la diócesis de Fort Worth, Texas (EEUU).

Muchos exégetas bíblicos creen que fue en aquellos momentos cuando tuvo lugar la ordenación del joven Timoteo, a través de la designación profética, de su solemne profesión de fe delante de muchos testigos y la imposición de las manos por parte de Pablo y del colegio de ancianos. Para afirmar esto se basan en los siguientes pasajes bíblicos: designación profética: “Hijo mío, te hago esta recomendación, conforme a lo que se dijo de ti por inspiración de Dios, a fin de que luches valientemente” (I Timoteo, 1, 18); solemne profesión de fe delante de muchos testigos: “Pelea el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe en presencia de numerosos testigos” (I Timoteo, 6, 12); imposición de las manos por parte de Pablo: “Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos” (II Timoteo, 1, 6) e imposición de las manos por parte del colegio de ancianos: “No malogres el don espiritual que hay en ti y que te fue conferido mediante una intervención profética, por la imposición de las manos del presbiterio” (I Timoteo, 4, 14). Es en estos textos bíblicos donde aparecen por primera vez una ordenación sagrada. Desde aquel momento, toda la vida de Timoteo estuvo ligada a la vida de Pablo, del cual fue su hijo, su colaborador, su compañero de viajes, su confidente, su amigo y su heredero.

Mientras cruzaban Macedonia en el año 51, Silas y Timoteo permanecieron en Berea durante algún tiempo aunque Pablo los llamó junto a si a Atenas: “Inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar, quedándose allí Silas y Timoteo. Y los que se habían encargado de conducir a Pablo, le llevaron a Atenas, aunque recibiendo la orden para que Silas y Timoteo viniesen hacia él lo antes posible”. (Hechos, 17, 14-15). Desde Atenas, San Timoteo es enviado a Tesalónica para confirmar en la fe a los cristianos de aquella ciudad: “Por eso, no pudiendo soportarlo más, resolvimos quedarnos en Atenas y enviaros a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el anuncio de la Buena Noticia de Cristo y lo hicimos para afianzaros y confortaros en la fe”. (I Tesalonicenses, 3, 1-2) y posteriormente lo envía también a Corinto y es en esta ciudad, donde junto a Pablo y Silas firma las dos cartas a los tesalonicenses.

Relicario del cráneo del Santo en Termoli, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Termoli, Italia.

Durante el tercer viaje apostólico, Timoteo se queda con Pablo en Éfeso, por espacio de un año y medio y desde allí, el apóstol lo envía a Corinto para recordarle a aquella iglesia los principios de la vida en Cristo: “…Por esta misma razón, os envié a Timoteo, mi hijo muy querido y fiel en el Señor; él os recordará mis normas de conducta, que son las de Cristo, y que yo enseño siempre en todas las Iglesias”. (I Corintios, 4, 17), recordándoles que cuando llegue pueda estar entre ellos sin temor alguno porque trabaja en la misma obra en la que trabaja él: “Si llega antes Timoteo, procurad que permanezca entre vosotros sin ninguna clase de temor, porque él trabaja en la obra del Señor de la misma manera que yo”. (I Corintios, 16, 10).

Poco antes de abandonar Éfeso para marchar hacia Occidente, San Pablo hizo que Timoteo y Erasto le precedieran en Macedonia y más allá, quizás desde Filipos, escribió junto con Timoteo su segunda carta a los corintios, recordándoles todo lo que los dos habían hecho. Desde Corintos, San Pablo escribe a los romanos a los cuales les envía saludos de Timoteo: “Os saludan Timoteo mi colaborador, Lucio, Jasón y Sosípatros, mis parientes”. (Romanos, 16, 21), el cual lo acompañará en su viaje de retorno a través de Macedonia y lo precederá en Jerusalén: “Y le acompañaron hasta Asia, Sosípater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe y Timoteo. Y de Asia: Tiquico y Trofimo. Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas”. (Hechos, 20, 4-5), donde el apóstol Pablo pretendía llegar antes de la fiesta de Pentecostés. Pero en Jerusalén, Pablo fue arrestado y conducido como prisionero a Cesarea y posteriormente, a Roma. Durante este primer aprisionamiento en Roma, ocurrido entre los años 61 al 63, Timoteo siempre estuvo cerca de su maestro, firmando con él las cartas a los colosenses, a los filipenses y a Filemón. En la mente del apóstol estuvo el enviarlo a Filipo a fin de que lo alegrase trayéndole buenas noticias de aquella comunidad: “Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviaros muy pronto a Timoteo para tener noticias vuestras y experimentar yo mismo un alivio”. (Filipenses, 2, 19).

Solo con posterioridad a estos acontecimientos, narrados en el libro de los Hechos de los Apóstoles, es cuando San Pablo escribe sus dos cartas a Timoteo: la primera, cuando Pablo liberado retorna a Asia habiéndolo dejado como cabeza de la comunidad de Éfeso, donde espera poderlo ver de nuevo: “Aunque espero ir a verte pronto, te escribo estas cosas”. (I Timoteo, 3, 14) y la segunda, estando ya de nuevo en prisión en Roma esperando su martirio. En esta carta es San Pablo el que manifiesta esperar que Timoteo vaya a verlo:”Ven a verme lo más pronto posible”. (II Timoteo, 4, 9), llevándole libros, los rollos de pergamino y una capa que se dejó olvidada en la casa de Carpo en Tróades. En estas dos cartas, San Pablo recuerda a Timoteo las normas que ha de seguir en el gobierno de la Iglesia efesina, lo exhorta a leer las Sagradas Escrituras y le deja su testamento espiritual.

Reliquias del Santo. Iglesia de los Santos Cosme y Damián, Mainz, Alemania.

Reliquias del Santo. Iglesia de los Santos Cosme y Damián, Mainz, Alemania.

En todos estos textos de San Pablo se nos permite seguir la vida y la actividad apostólica de San Timoteo por espacio de unos veinte años y sobre todo, se nos permite comprender el inmenso cariño que le mostraba como hijo espiritual suyo. En realidad, especialmente en las cartas que a él le escribe, se revela una extraordinaria ternura de San Pablo hacia quién consideraba su hijo, su confianza en confiarle las más importantes iglesias que él había fundado, su sensación de tranquilidad, sus in interrumpidas oraciones por él, su preocupación por su salud material y espiritual, su aliento para cuando en el futuro se viera solo, el recuerdo de los años vividos juntos, su testamento espiritual y su deseo de no morir sin verlo de nuevo. Timoteo era realmente el hijo de Pablo y entre ellos existía un amor parecido al existente entre Jesús y el “discípulo amado”.

Antonio Barrero

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Himnos bizantinos a San Timoteo

Bibliografía:
– De Ambroggi, P., “Le epistole pastorali di San Paolo a Timoteo e a Tito”, Roma, 1953.
– Delehaye, H., “Les Actes de Saint Timothée”, Manchester, 1939.
– Ferrua, A., “Le reliquie di San Timoteo”, Civiltà Cattolica, 1947.
– Lucchesi, J., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuona Editrice, Roma, 1990
– Spicq, C., “Saint Paul. Les Epîtres Pastorales”, Paris, 1947.
– Usener, H., “Acta s. Timothei”, Bonn, 1877.

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Los niños mártires de Lucs-sur-Boulogne

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Estampa conmemorativa.

Estampa conmemorativa.

La Revolución Francesa, representó una alteración del orden social, político y cultural con repercusión mundial. Sin duda la caída del viejo régimen y el nacimiento de uno nuevo, supuso grandes avances como la igualdad, la libertad de ideas y la fraternidad, pero sin embargo por el otro lado, en su momento cayó en radicalismos sin precedentes y las consecuencias del desastre, la guerra y la violencia se tuvieron que pagar con las vidas de miles de inocentes. Aprovechando que este grupo de mártires tiene abierta una causa de beatificación, me propongo a narrar los acontecimientos que llevaron a cabo su cruento martirio en la masacre de Lucs-sur-Boulogne, en la zona de la Vendée.

Contexto histórico
Durante la Revolución Francesa se produjeron violentas insurrecciones contra el gobierno republicano nacido del derrocamiento de la monarquía de Luis XVI. En el ámbito político fue una rebelión realista en la que los monárquicos encabezaron la revuelta campesina aprovechando la fe religiosa profunda que tenían a raíz de las predicaciones de San Luis María Grignon de Montfort. En el ámbito religioso, frecuentemente es comparado este hecho con eventos posteriores, como por ejemplo, la Guerra Cristera en México. No es fácil resumir las causas que llevaron a la Guerra de la Vendée y la muerte de miles de personas en un solo artículo, pero es posible dar breves pinceladas para poder entrar en los hechos que desencadenaron en la masacre de Lucs-sur-Boulogne. La Vendée era una zona que durante años anteriores había sufrido los embates de las famosas Guerras de Religión y las dragonadas (es decir la represión contra los fieles de fe protestante) del Rey Luis XIV. Tras las misiones del padre Montfort entre la población, ésta es reconvertida al catolicismo.

Durante la Revolución Francesa y en 1790 la promulgación de la Constitución Civil del Clero por parte de la Asamblea Nacional, en la zona surgieron movimientos de resistencia, las posiciones se radicalizaron y el clero en su mayoría rechazó el juramentar al edicto, pues de consideraban a los sacerdotes juramentados como desviados de la fe católica. Preocupados por su salvación los vandeanos prefirieron seguir siendo dirigidos por sacerdotes refractarios, al principio con cierta tolerancia después con una violenta persecución. Sin embargo las revueltas no comenzaron ni con la muerte en la guillotina del monarca a principios de 1793, ni con la migración de nobles a las zonas que podían considerarse rebeldes o al exilio. Si bien las causas que originaron la chispa fueron muchas: económicas, políticas y culturales, la razón fue la persecución religiosa que contra el clero refractario y la leva masiva que requerían los ejércitos revolucionarios (recordemos que la Francia Revolucionaria estaba en guerra con Austria y Prusia).

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

La Masacre de Lucs-sur-Boulogne
En el curso de la guerra de la Vendée, la llamada Columna Infernal del general Cordellier se presentó en la localidad el 28 de febrero de 1794, viendo que Charette se había replegado con sus hombres a practicar la guerra de guerrillas. Los habitantes de la localidad apenas fueron capaces de defenderse siendo su población mayoritariamente ancianos, mujeres y niños, de ellos, nuestros 109 mártires eran menores de 7 años. El párroco local de la parroquia de Petit-Luc, el padre Voyneau, se presentó ante la tropa, para interceder a los soldados; sin embargo, éstos lo apresaron, lo torturaron y lo destriparon, asesinándolo con ensañamiento.

La población aterrorizada se refugió en la capilla, siendo ésta pequeña para que todos cupieran. Entonces los revolucionarios abrieron fuego contra los que estaban afuera, y los que eran heridos eran rematados a bayonetazos, las mujeres y los niños que estaban dentro del recinto con un rosario en la mano, fueron brutalmente asesinados y rematados y para asegurarse de que no hubieran supervivientes, redujeron la iglesia y el campanario a cañonazos, y los escombros cayeron con las personas restantes dentro. El total de víctimas varía siendo aproximadamente de 500 a 590 el número de asesinados. Las columnas infernales, venían desde semanas atrás dejando un rastro de destrucción y sangre, siendo masacradas en total durante la guerra de la Vendée entre veinte mil y cincuenta mil personas, en su mayoría civiles desarmados.

Estandarte de los mártires.

Estandarte de los mártires.

Los nombres de los mártires quedaron registrados a las pocas semanas de estos hechos gracias al sacerdote Carlos Vicente Barbedette:

María Airiau, 5 años.
Thomas Airiau, 10 meses.
Joseph Archambaud, 20 meses.
Agata Arnaud, 4 años y siete meses.
Stefano Bériau, 15 días.
María Magdalena Bériau, 2 años y 11 meses.
Giovanna Bériau, 4 años.
María Bernard, 3 años.
Celeste Boisseleau, 6 años.
Peter Boisseleau, 2 años y 9 meses.
Giovanni Boisseleau, 6 años y 7 meses.

Francisco Bossis, 7 meses.
Joseph Bossis, 23 meses.
Louis Bossis, 5 años y 1 mes.
Bouet Peter, 2 años y 3 meses.
Luigi Bouron, 3 meses.
Magdalena Bouron, 3 años.
John Charrier, 3 años.
María Charuau, 2 años.
María Magdalena Charuau, 4 años.
María Daviau, 1 mes.
Peter Daviau, 5 años y 8 meses.
Joan Daviau, 2 años y 11 meses.
Peter Daviau, 4 años y 10 meses.
Luigi Epiard, 5 años y 10 meses.
Gianfranco Erceau, 2 años y 3 meses.
Peter Fétivau, 2 años y 3 meses.
N.N. Fétivau, 3 meses. (no consta su nombre)

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

Jeanne Fevre, 5 años y 6 meses,
Susanna Forgeau, 20 meses.
Amata Rosa Fort, 2 años y 7 meses.
Renato Fort Pedro, 5 años y 9 meses.
Anna María Fournier, 2 años y 6 meses.
James Fournier, 5 años y 5 meses.
María Garreau, 7 años.
Anna María Gautret, 7 años.
Peter Geai, 2 años y un mes.
Giovanni Girard, 1 año.
Mary Jean Girard, 4 años y 2 meses.
Peter Girard, 6 años y 4 meses.
Peter Gouin, 1 año.
Luigi Gralepois, 13 meses.
Giovanna Gralepois, 4 años y 11 meses.
Peter Graton, 3 años y 4 meses.

Giovanna Gris, 5 meses.
Peter Gris, 5 años.
Lubin Guillet, 6 años.
María Guitet, 4 años y 6 meses.
María Hermouet, 5 meses.
Luigi Hiou, 2 años y 11 meses.
Anna Maria Jolie, 2 años y 3 meses.
María Malard, 4 años.
Giovanni Malidin, 18 meses.
María Malidin, 3 años y 11 meses.
Giovanna Malidin, 3 años.
Rosa Malidin, 6 años y 2 meses.
Joseph Mandin, 23 meses.
Louis Mandin, 5 años y 9 meses.
Verónica Martin, 1 año.
Mary Frances Martin, 2 años.
Anna Louise Martin, 5 años y 4 meses.
Rosalía Martin, 2 años y 10 meses.
Louise Martin, 5 años y 3 meses.
Rosalía Martinau, 2 años y 11 meses.
Giovanni Mignen, 1 año.

Foto antigua del presbiterio de Lucs-sur-Boulogne.

Foto antigua del presbiterio de Lucs-sur-Boulogne.

Luigia Minaud, 15 días.
Maria Luigia Minaud, 15 meses.
Giovanni Minaud, 5 años y 3 meses.
Peter Minaud, 6 años y 11 meses.
Giovanna Minaud, 15 meses.
Andrea Minaud, 4 años y 2 meses.
Verónica Minaud, 6 años y 8 meses.
Peter Minaud, 4 años y 2 meses.
Luigia Minaud, 2 años y 9 meses.
Anna Maria Minaud, 6 años y 11 meses.
Anna Morilleau, 2 años y 1 mes.
Celeste Morilleau, 6 años y 5 meses.
Giovanni Perrocheau, 5 años.
Peter Pogue, 22 meses.
John Pogue, 5 años.
Rosa Prévit, 10 meses.
María Prévit, 6 años.
Rosa Remaud, 4 años y 11 meses.
María Remaud, 4 años y 8 meses.
Peter Renaud, 1 año y 6 meses.
Caterina Renaud, 3 años y 6 meses.
Jean Renaud, 3 años y 11 meses.
Maria Anna Renaud, 4 años.
Peter Renaud, 6 años y 7 meses.

Imagen actual de la iglesia de Lucs-sur-Boulogne.

Imagen actual de la iglesia de Lucs-sur-Boulogne.

María Ricouleau, 1 año y 10 meses.
Giovanna Robin, 5 años.
Maria Anna Rortais, 4 años.
Jean Rousseau, 23 meses.
Juan Rosseau, 3 años y 11 meses.
Luigi Rousseau, 7 años.
Vittoria Rousseau, 11 meses.
Jean Rousseau, 4 años.
Giovanna Savariau, 5 años.
Peter Simoneau, 6 meses.
John Simoneau, 4 años y 10 meses.
Giacomo Simoneau, 1 año y 6 meses.
James Joseph Simoneau, 4 años y 11 meses.
Perrin Simoneau, 8 meses.
Henry Soret, 2 años.
James Sorin, 5 meses.
Giovanni Sorin, 3 años y 3 meses.
Magdalena Tenet, 7 años.
Louis Vrignaud, 23 meses.
Maria Giovanna Vrignaud, 3 años.
Gian Battista Vrignaud, 4 años y 6 meses.

Martirio del párroco. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

Martirio del párroco. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit-Luc, La Vendée (Francia).

En 1947 se abrió la causa de beatificación del siervo de Dios Luis Minaud y compañeros y en 1948 se introdujo la Causa de la Sierva de Dios María Airiau y compañeros mártires, siendo enviada a Roma y en 1976, se revisó de nuevo el caso, estando pendiente hasta hoy.

René

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Enlaces consultados (28/02/16):
-https://fr.wikipedia.org/…/Massacre_des_Lucs-sur-B…
-https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_la_Vendée

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sierva de Dios Leonor Sánchez López, mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de la Sierva de Dios.

Foto de la Sierva de Dios.

Aunque el artículo sea corto, debido a los pocos datos que podemos aportar de nuestra mártir, y a pesar de lo poco conocida fuera del entorno de la diócesis de Orizaba, me atrevo con permiso de nuestra querida colaboradora Ana María a dar aunque sea de manera breve algunas pinceladas. Así al mismo tiempo conocer el contexto en que se desarrollaron los hechos que llevaron a su asesinato en 1937, siendo abierta su causa de beatificación el día 14 de junio de 2013 como conmemoración del XIII aniversario de la erección de la diócesis.

Contexto
Como había explicado de manera breve las circunstancias que rodearon el asesinato del Padre Darío Acosta, durante el gobierno en el Estado de Veracruz del general Adalberto Tejeda, la Iglesia Católica y el gobierno estatal protagonizaron una hostilidad mutua, promovida por sectores anticlericales de la entidad. Más aún con la promulgación de la Ley 197 o conocida como Ley Tejeda que reducía el número de sacerdotes que podían prestar servicio para el culto.

A pesar de que el conflicto armado (1926-1929) había terminado con el frágil acuerdo entre los obispos mexicanos y el gobierno de Emilio Portes Gil (sucesor del presidente Calles), en algunos estados de la República Mexicana continuaba la persecución religiosa, tal es el caso de Veracruz, Tabasco y otras entidades. El obispo Rafael Guízar y Valencia, protestó contra las medidas dictadas, y los ánimos se encendieron con el asesinato en el Puerto de Veracruz del Padre Darío Acosta (1931), entonces el prelado al recibir respuesta negativa del gobierno a sus protestas, decretó la suspensión del culto que duró hasta 1937. Mientras se volvió al culto clandestino, celebrándose la Santa Misa en casas particulares, los templos permanecían cerrados, y los que eran descubiertos en actos religiosos eran detenidos y encarcelados. También se utilizó la represión directa.

Sepulcro de la Sierva de Dios.

Sepulcro de la Sierva de Dios.

En Xalapa (que es la sede gubernamental y capital del estado) tras el atentado contra el gobernador, se atacan las iglesias con palos, pistolas y botes de gasolina. Fueron golpeados sacerdotes y fieles y la situación empeoró. El obispo fue desterrado de su diócesis y se refugió en la capital del país. Se llegó a profanar el venerado Cristo Negro de Otatitlán decapitando la imagen y mandándola a quemar pero como era de madera de nacastle pudo sobrevivir al fuego. Años después el gobierno devolvió la cabeza original y le esculpieron otra en sustitución.

En Orizaba es conocido el caso que relataremos más adelante y que la policía llega a disparar contra algunos fieles que asistían a la Santa Misa, en este altercado nuestra Sierva de Dios fue vilmente asesinada.

Orígenes y martirio de Leonor Sánchez López
Sobre nuestra mártir sus orígenes se saben son humildes, nacida en 1918 (en pleno apogeo de la lucha revolucionaria) en Orizaba, Veracruz, siendo hija de Don Encarnación Sánchez, obrero textil de la fábrica de Cocolapan y de Doña Catalina López, ama de casa, esta es la única información que se ha logrado conseguir, no se conoce de su infancia y de su juventud, ya que se encuentra su causa de beatificación en la fase de investigación. Se sabe que cuando la persecución religiosa estalló en el Estado ella asistía a misa de manera clandestina, esto iba a ser causa de su muerte.

El 7 de febrero de 1937 efectivamente se asistió a la Eucaristía en la casa del canónigo y párroco de la Iglesia de San Miguel Pbro. José María Flores, era una mañana oscura y fría y en pequeños grupos, hombres, mujeres y niños se dirigían al domicilio para participar en la celebración. Se ocupó el corredor y al final una tarima servía de altar. Mientras los fieles oraban por la reanudación del culto público y recibían los sacramentos; a mitad de la celebración irrumpió en el recinto la policía, que con lujo de violencia amenazaba a los fieles obligándoles a abandonar el lugar.

Inscripción conmemorativa en honor a la Sierva de Dios.

Inscripción conmemorativa en honor a la Sierva de Dios.

Comenzaron a quitar el altar y a desvestir de sus ornamentos litúrgicos al sacerdote celebrante, así como tomando presos a los asistentes que intentaron defenderse y escapar. En medio de la confusión los policías comenzaron a disparar y la joven Leonor de 19 años tomó rápidamente el copón con las hostias consagradas e intentó escapar para evitar que el objeto sagrado cayera en manos de los gendarmes. Fue descubierta por el policía Agustín Saldaña quien le disparó intencionadamente hiriéndola en la zona lumbar y la mano izquierda. Sintiéndose malherida salió de la residencia del padre Flores hacia la esquina de las calles de Sur 5 y Oriente 10, entonces ocupada por un expendio de leche. Ahí recibió una segunda descarga de pistola, cayendo desangrada en el acto. En la acera se quedó en una dolorosa agonía hasta que fue recogida por miembros de la Cruz Roja que la llevaron al Hospital Civil, donde los médicos intentaron salvarle la vida, todo fue inútil. Aun así pudo hablar requiriendo la presencia de su padre y la de algún sacerdote para poder recibir los sacramentos, lo que le fue negado rotundamente. Minutos después falleció entre el dolor y la consternación de los habitantes de Orizaba.

Entretanto el celebrante y 73 fieles fueron conducidos a punta de bayoneta a la Inspección de la Policía para después de los interrogatorios ingresar en la cárcel municipal. Al día siguiente una multitud de personas fue en procesión por las calles cargando el féretro de la joven martirizada, entre los silenciosos rezos del rosario pasaron por el palacio municipal, como signo de protesta, cantando después alabanzas a Cristo Rey y a María Santísima de Guadalupe; los comercios se cerraron en señal de luto y finalmente la joven fue sepultada en el cementerio Juan de la Luz Enríquez de la ciudad. Se dice que en su sepelio participaron 10 000 personas y su martirio fue el comienzo de su triunfo, ya que su asesinato desató una ola de indignación en la que miles pedían que de nuevo se abrieran los templos. Un grupo de obreros derribó la puerta principal de la Parroquia para que el gobierno no la volviera a cerrar y marcó el fin de las hostilidades hacia la fe católica.

Fotografía y vela para la Sierva de Dios.

Fotografía y vela para la Sierva de Dios.

Hasta que se exhumaron sus restos en 2013 descansó en el cementerio municipal bajo el siguiente epitafio: «La Mártir Leonor Sánchez aquí reposa en paz ¡Acuérdate de nosotros en el cielo donde moras! Murió en el señor el 7 de febrero de 1937. Orizaba agradecida R.I.P.»

El 14 de junio de 2013, el obispo Marcelino Hernández Rodríguez (actualmente es obispo de Colima), inició la causa de beatificación, trasladando sus restos a la catedral en una procesión desde el cementerio. Actualmente se encuentran en una urna en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en la sede catedralicia. Esperamos todos los veracruzanos que su martirio pueda ser reconocido para que se pueda convertir en la primera laica mexicana en ser proclamada beata (junto con María de la Luz Cirenia Camacho González).

René

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Enlaces consultados (20/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_Sánchez_López
-leonorsanchezlopez1937.blogspot.com/
-www.diocesisdeorizaba.com/contenido/icont.php?noticia_id=3956
-www.elmundodeorizaba.com/noticias/local/1327344-n1

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Nereo y Aquileo, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Introducción
En el grupo de los mártires, se incluye un par de santos a quienes la Iglesia Católica celebra el 12 de mayo. Son dos personajes de origen romano, cuya historia, al ser muy antigua, está llena de relatos novelescos, por lo que no es muy digna de crédito; sin embargo son dos santos históricos y reales, los mismos que han tenido a lo largo de los siglos peripecias en su celebración litúrgica. Se trata de los Santos Nereo y Aquileo, de quienes escribiremos a continuación en este trabajo. Cabe señalar que en otros lugares, a San Aquileo se le refiere como San Aquiles, al haber sido elaborada esta biografía en México, con base a los textos litúrgicos oficiales para este país, se hace referencia a este santo como allí se ha autorizado.

Las Actas
La historia de las actas agrupan a estos dos hombres – que habrían sido bautizados por San Pedro -, en torno a Santa Flavia Domitila, a la que hacen sobrina de Domiciano y que sería la ama de ambos y ellos la habrían convertido al cristianismo, ¿Podría ser esto posible que San Pedro o San Pablo los hayan convertido a la fe? Según el parecer de algunos investigadores, la relación de ambos apóstoles con la Guardia Pretoriana fue intensa, pues San Pablo en la Carta a los Romanos, capítulo 16, versículo 15, se refiere a un Nereo.

Siguiendo con la historia, la protagonista de estas actas, habría recibido de manos de San Clemente I el velo de las vírgenes, por lo que habría rechazado de esta manera a Aureliano, quien furioso por su desdén, acusó ante las autoridades a la mujer y a sus dos sirvientes de cristianos, por lo que fueron desterrados a la isla Ponciana; allí, a pesar de las dificultades, los santos no abjuran de su religión. Aureliano aumentó su furor y al comprobar la resistencia de Nereo y Aquileo, los envíó a Terracina donde finalmente fueron ajusticiados. Auspicio, discípulo de estos santos y padre nutricio de Santa Flavia Domitila, trasladó los cadáveres a una propiedad de la santa, en el arenario de la Vía Ardeatina, donde fueron sepultados junto al sepulcro de Santa Petronila, supuesta hija de San Pedro.

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

En tanto, Santa Flavia Domitila, que no había sido condenada, aprovechó el tiempo para convertir a sus hermanas de leche Eufrosina y Teodora, a las que también animó a consagrar su virginidad a Cristo. Luxorio, hermano de Aureliano, las conminó a adorar a los ídolos, a lo que ellas se negaron, por lo cual fueron condenadas a morir quemadas encerradas en una habitación de su vivienda de Tarracina. A pesar de haber muerto, sus cuerpos quedaron intactos y fueron sepultados por el diácono Cesáreo en un sarcófago nuevo. El martirio de estos santos habría ocurrido en tiempos de Trajano, por lo que según estas actas, Nereo y Aquileo serían de los santos más antiguos del santoral.

Esta narración es el típico relato de una leyenda hagiográfica, que con afán de ensalzar a un personaje, en este caso a Santa Flavia Domitila, se le relacionó con los nombres de todos los santos antes mencionados. Mombritius fue quien descubrió y dio a conocer estas actas, escritas al final del siglo V y de él tomó datos Surio para su “Vitae Sanctorum”, luego los Bolandistas las recibieron y de allí pasaron a todos los calendarios cristianos populares. De tales actas, que originaron esta novela con consecuencias en la liturgia, el Cardenal Baronio refiere en una frase su opinión sobre las mismas: “fide non integra”. Es probable que el autor de las mismas fuera maniqueo, enemigo del matrimonio, pues su redacción contiene diálogos entre San Nereo y Santa Flavia Domitila, que son más bien discusiones contra el matrimonio que defensa de la virginidad. Además, estas actas se refieren a ambos santos como un par de eunucos con una mentalidad de la corte bizantina del siglo V.

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Fuentes históricas
La historia de los Santos Nereo y Aquileo no se basa únicamente en estas actas apócrifas. Está en primer lugar su culto, de origen antiquísimo, atestiguado por martirologios, libros litúrgicos y monumentos. No es posible fechar el martirio de ambos, pues de tener algún fondo histórico este relato, lo más acertado sería ubicarlos en el siglo I. Hay sin embargo, otra fuente histórica sobre estos santos que da origen a otra corriente de ideas sobre ellos: se trata del epígrafe que San Dámaso I, devotísimo de ellos, el cual les escribió: “Nereo y Aquileo, mártires. Se habían inscrito en la milicia y ejercitaban su cruel oficio, atentos a las órdenes del tirano y prontos a ejecutarlas, constreñidos por el miedo. ¡Milagro de la fe! De repente dejan su cruel oficio, se convierten, abandonan el campamento impío de su criminal jefe, tiran los escudos, las armaduras, los dardos ensangrentados y, confesando la fe de Cristo, se alegran de alcanzar mayores triunfos. Tened noticia por Dámaso a qué alturas puede llegar la gloria de Cristo”. Aunque las noticias que refiere San Dámaso son imprecisas, podemos sacar estas conclusiones: eran militares que pertenecían a la Guardia Pretoriana del Emperador, que pudo ser Nerón, Domiciano o Trajano.

Hay finalmente una referencia arqueológica que es oportuno referir: en la basílica de Santa Flavia Domitila, hay un baldaquino que cubría el altar. Allí está representado el martirio de ambos santos, en una columna está escupido el martirio de San Aquileo con su nombre: Acilleus, representado como una persona con las manos atadas a la espalda, recibiendo del verdugo el golpe fatal. De la otra columna solo queda un fragmento, con un bajorrelieve borroso que permite suponer que se trata de la escena correspondiente a San Nereo. Lo interesante de este monumento es que estaría esculpido a finales del siglo III, una época más cercana a San Dámaso I, por lo que las fuentes usadas por él serían más seguras. De esto se podría tener como válida la hipótesis de que se trata de dos soldados orientales, pues San Aquileo aparece “discinto”, es decir, privado del “cingulum militiae”, mientras el verdugo, que tiene un píleo cilíndrico, podría ser identificado con un policía, conocido en Asia como “Diogmitai”, por lo que también es probable que su martirio haya ocurrido en tiempos de Diocleciano.

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

¿Por qué fueron sepultados en la propiedad familiar de los Flavios? La versión de las actas, quitándose lo novelesco, proporciona datos interesantes, pues si esto sucedió cuando el cementerio de la Vía Ardeatina era propiedad particular, quiere decir que habían ciertos lazos que los unían a esta familia ¿Qué relación sería? Son datos aún no descifrados.

Culto
Hacía el año 390, San Siricio Papa, erigió una basílica sobre su sepulcro, de estilo subterráneo. Esta basílica tenía el título de “Fasciola”, que poco a poco fue perdiendo hasta obtener el nombre de los Santos Nereo y Aquileo. Este lugar tuvo culto y esplendor hasta el siglo XIII, cuando la región quedó despoblada, por lo que el Papa Gregorio IX trasladó las reliquias a la iglesia de San Adrián en el Foro. Durante el Renacimiento, el Papa Sixto IV restauró el edificio, el mismo que un siglo más tarde necesitaba otra reparación urgente, la cual fue llevada a cabo por el Cardenal Baronio, que la solicitó como Título Cardenalicio, por este motivo devolvió los restos de San Nereo y San Aquileo a este lugar, lo que causó que el mismo cardenal obtuviera que su fiesta se celebrara el 12 de mayo.

Reliquias de los Santos dispuestas en urnas para su veneración.

Reliquias de los Santos dispuestas en urnas para su veneración.

La reforma litúrgica de Concilio Vaticano II restableció la verdad histórica de la celebración de los mártires en su respectiva iglesia: en la basílica cementerial de Santa Petronila, en la Vía Ardeatina, a San Nereo y San Aquileo y en la Basílica cementerial de la Vía Aurelia, a San Pancracio. Conviene saber que esta forma de celebrarlas así duró hasta el siglo XIII, cuando la liturgia unificó en una misma celebración a Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio. En esto influyó el interés que tuvo el Cardenal Baronio para que su memoria se desgajara de la celebración de Santa Flavia Domitila y se trasladara al 7 de mayo, aunque finalmente quedaron todos incluidos en la fecha del 12 de mayo, hasta la referida reforma del Vaticano II. Actualmente la celebración de los Santos Mártires Nereo y Aquileo tiene el grado de memoria opcional y comparten el 12 de mayo con San Pancracio.

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Oración
Por la intercesión de tus santos mártires Nereo y Aquileo, concédenos, Señor, demostrar en tu servicio el mismo valor que ellos tuvieron para entregar su vida por la fe. Por…

Humberto

Bibliografía:
– VV AA Año Cristiano mayo, editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 253-258.
– VV AA Diccionario de los Santos Volumen II, Editorial San Pablo, Madrid, pp 1745-1746.
– LODI E. Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia, Ediciones Paulinas, Madrid, pp. 151-152.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es