“Tengo sed”

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escena de la esponja con vinagre en un paso procesional de Valladolid, España.

Escena de la esponja con vinagre en un paso procesional de Valladolid, España.

Utilizando las mismas fuentes de los años 2014 y 2015, en estos días de Semana Santa, quiero escribir nuevamente sobre los padecimientos sufridos por Cristo durante su Pasión y Muerte.

Quien había dicho: “Yo soy la fuente de agua viva” (Juan, 4, 14), en la cruz dijo: “Tengo sed”. Estas fueron unas de las pocas frases que Jesús pronunció estando ya clavado en la cruz y aunque algunos exégetas han querido dar a estas palabras un sentido místico, la realidad es que debido a la pérdida de sangre, agua y electrolitos durante toda su Pasión, la sed física, la necesidad de beber agua, fue uno de los peores tormentos a los que se vio sometido nuestro Redentor, quien no había bebido líquido alguno desde la cena celebrada en la tarde-noche del martes. Esa sed era insoportable, era una sed que incluso colaboraba en la alta fiebre a la que el crucificado estaba sometido. Jesús había perdido mucho líquido corporal en la hematidrosis de Getsemaní, tanto por el sudor como por la pérdida de sangre, en la flagelación y en la coronación de espinas donde aun perdió más sangre, teniéndose que añadir a toda esta pérdida de líquido corporal, la llamada “perspiratio insensibilis”, o trasudación insensible aunque no hiciera calor.

No olvidemos que el Crucificado, aunque era el Verbo encarnado, era también un Hombre y este ser humano era el que estaba clavado en el madero suspendido por los brazos aunque sus pies estuvieran sujetos por un clavo. Esta posición en la cruz, como se ha comprobado en otros hechos históricos, le provocó un intensísimo sudor y esta enorme pérdida de líquido le impedía llevar a cabo sus principales funciones biológicas. Jesús no se estaba quejando, tenía realmente una sed abrasadora, una sed insoportable. Este hecho, aunque con pequeñas variantes, nos es narrado por todos los evangelistas a excepción de San Lucas.

San Mateo nos dice: “En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber” (Mateo, 27, 48). San Juan nos lo cuenta de esta manera: “…para que se cumpliese la Escritura, Jesús dijo: “tengo sed”. Estaba allí una vasija llena de vinagre, entonces empaparon una esponja en vinagre y poniéndola en un hisopo se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo probado el vinagre, dijo: Todo está consumado” (Juan, 19, 28-30) y San Marcos nos dice: “Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio a beber” (Marcos, 15, 36), aunque anteriormente dice: “Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó” (Marcos, 15, 23), probablemente cuando iba camino del calvario.

Escena de la esponja de vinagre. Fotograma de la película "El Hijo de Dios" (2014).

Escena de la esponja de vinagre. Fotograma de la película “El Hijo de Dios” (2014).

Los doctores Le Bec y Louis – basándose en el caso de un empalado que murió dando un grito después de beber agua -, dicen que la toma de este líquido provocó un síncope en Jesús, tras el cual murió. Es cierto que uno de los evangelios dice que una vez probado el líquido, “dando un grito, expiró” (Marcos, 15, 37); sin embargo, San Juan, que fue testigo directo, nos dice que Jesús habló, pero sin pegar un grito: “Todo está consumado, e inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Juan, 19, 30). Y, como hemos dicho anteriormente, San Mateo nos cuenta que a Jesús le dieron a beber vinagre, pero no nos dice que dijo “Tengo sed”. Pero, ¿por qué San Lucas, siendo médico y muy buen observador, no menciona este pasaje? ¿por qué sin embargo si cita sus últimas palabras: “Clamando con gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas, 23, 46). Estas “contradicciones” nos pueden servir para afirmar que los evangelios no apoyan las teorías de los doctores Le Bec y Louis. Este silencio de San Lucas respecto al “Tengo sed” es tan importante que viene a ser el argumento más fuerte contra esta teoría: Jesús no murió por el simple hecho de haber bebido líquido.

Pero, realmente ¿qué le dieron a beber a Jesús? Los detalles parece que no concuerdan del todo, pero no podemos obviar que los evangelistas, al escribir sus textos, tenían presentes lo que decían las profecías. Por eso, cuando dicen que le dieron a beber vinagre, tenían “in mente” lo dicho por el salmista: “En mi sed, me dieron vinagre” (Salmo 69, 22). Pero San Juan si que estaba presente, fue testigo directo y también nos dice que le dieron a beber vinagre. ¿Pudo equivocarse? Pudo, porque las leyes romanas eran muy severas y no permitían que nadie se acercara a los reos a fin de evitar que los amigos o allegados pudieran ayudarle a huir y Juan lo que vio fue una vasija, pero no el contenido de la misma.

Crucificado de la Hermandad de La Sed, Sevilla (España).

Crucificado de la Hermandad de La Sed, Sevilla (España).

San Marcos nos dice que le dieron a beber vino mezclado con mirra, pero en el lugar donde pone estas palabras, como he dicho anteriormente, nos da a entender que lo hicieron cuando iba camino del calvario. El evangelista nos narra el pasaje de Simón de Cirene, nos dice que lo llevaban al lugar conocido como Gólgota y en este contexto es cuando nos dice: “le ofrecieron vino con mirra, pero él no bebió”. Este hecho ocurrió en el camino. Parece que San Marcos recogió una costumbre piadosa de una cofradía femenina que había en Jerusalén y que se llamaba de la “Misericordia”, la cual se dedicaba a aliviar los sufrimientos de los condenados a muerte. Esto solo podían hacerlo durante el trayecto hacia el lugar del suplicio y consistía en darles a beber vino mezclado con mirra, pues ésta potencia el efecto embriagador del vino, por lo que podríamos decir que la bebida surtía el efecto de una droga.

¿Si no fue vinagre, qué le dieron a beber en realidad? La mayor parte de los exégetas bíblicos defienden que lo que le dieron a beber fue la “posca”, o sea, una bebida que habitualmente tenían los soldados durante las guardias. La posca era una bebida muy popular en la Antigua Roma, que consistía en una mezcla de vinagre y agua (acetum cum aqua mixtum), en cuya composición se utilizaban vinos de poca calidad que acababan avinagrándose, por lo que era mezclado con ciertas hierbas aromáticas. Era una bebida refrescante, típica del ejército romano y fue probablemente con la que empaparon la esponja con la que dieron a beber a Jesús.

San Mateo y San Marcos nos dicen que se lo acercaron con una caña y San Juan nos habla de un hisopo, pero es imposible que fuera con una rama de hisopo, ya que el hisopo es un arbusto débil que no produce ramas consistentes. El Libro de los Reyes nos dice que el hisopo brota en los muros, aunque no sabemos con certeza si el hisopo que cita la Biblia es el “hisopus officinalis”, ya que éste no crece en Palestina. Además, ¿qué hacía el hisopo – que la Biblia lo cita como algo bendito -, en un sitio inmundo como era el lugar de un suplicio. Algunos exégetas defienden que la palabra “hisopo” es una mala transcripción del copista: confundió la palabra “husspo” (hisopo utilizado por San Juan), con la palabra “husso” (pilum romanum), que era una espada corta que llevaban los soldados. Esa espada corta, que medía algo menos de un metro, si podía elevar una esponja empapada a algo más de dos metros de altura. Con respecto a la esponja, parece más propio pensar que se trataba de un trapo o algo similar que estuviera por allí, ya que los soldados no iban a tener ninguna delicadeza con un condenado a muerte.

Resumiendo: la sed fue uno de los grandes tormentos que sufrió Jesús a lo largo de su Pasión, pero de manera más cruel cuando estaba clavado y levantado en la Cruz. Quién había dicho de Sí mismo que era la fuente de agua viva a la que tenía que acercarse todo aquel que tuviese sed, sufrió la más terrible sed física que pudiera padecer cualquier ser humano. Y la sufrió por nosotros.

Antonio Barrero

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Bibliografía:
– Cabezón Marín, C., “Así murió Jesucristo”, Edicel, Centro Bíblico Católico, Madrid 2003.
– Hermosilla Molina, A., “La pasión de Cristo vista por un médico”, Sevilla, 1984
– Sagrada Biblia de Jerusalén.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

3 pensamientos en ““Tengo sed”

  1. Antonio, gracias por esta síntesis de todos los artículos dedicados a la pasión de Cristo, lo importante es que el amor por nosotros siendo Dios se hizo hombre, de su grandeza se hizo miseria, se dignó a morir por nosotros y para formar en nosotros un Pueblo Santo. Tengo sed, sufre el Señor, tengo sed, tenía sed de la llegada del Reino de Dios, pero también sufría una sed insaciable, en medio de sus sufrimientos, el que es Palabra divina, sufría como nosotros, esa sed que no se saciaba, se hizo humano y sufría con nosotros. Nosotros nunca entenderemos el amor en la Locura de la Cruz, pero esta locura se convirtió en fuente y signo de salvación.
    Creo que en este blog, a pesar de ser crítico y científico, sirve también como evangelización, como información, Dios nos de la fortaleza para seguir dando a conocer, para rescatar, para compartir, para convivir. Feliz Semana Santa y próximamente la Pascua

  2. Gracias por otra saga de artículos científicos sobre la Pasión de Cristo. La teoría sobre la auténtica naturaleza de la bebida dada a Jesús agonizante, el hecho de usar un pilum, y no un hisopo, como soporte, y la probabilidad de que fuese más un trapo que una esponja, son de tan sentido común que no merece la pena discutirlo.

    Es extremadamente sádico dar de beber vinagre a alguien que tiene la cara y la boca llena de heridas abiertas, y que además se muere de sed; pero como la crucifixión en sí es sádica, como lo es la flagelación, y como los romanos no se andaban con finezas con sus reos, nunca nos preguntamos lo más evidente: ¿para qué narices iba a tener nadie por allí una jarra llena de vinagre puro y duro? ¿Es que eso tiene algún sentido? Siempre nos olvidamos de las explicaciones más lógicas. Y los romanos, antes que sádicos, eran prácticos.

    Naturalmente, por más sádicos que fueran o más aburridos que estuviesen ese día, lo lógico es que le dieran a beber lo único que tenían allí a mano: su propia bebida, la colación de la soldadesca.

    Gracias, Antonio.

  3. La sed es una de las necesidades físicas y biológicas más apremiantes del cuerpo, un ser humano al estar formado con 3/4 partes de agua, requiere de ella de manera vital. Tal vez nosotros hemos padecido alguna vez la sed, pero por los tiempos o por las circunstancias no debe de ser tan intensa como la padeció el Señor, las circunstancias que rodean su martirio debieron profundizar este tormento también.
    Aunque minimizas un poco el sentido místico de esta sed, yo quiero insistir en que la sed espiritual del Verbo crucificado es tan real como grande, si el amor hizo al Señor encarnarse y entregarse a la muerte por nosotros, es lógico que su amor espera que su sacrificio no sea inútil y salve a todos, desgraciadamente muchos o tal vez debiera decir, muchísimos, no reaccionan y no reaccionaran, es un riesgo y una verdadera lástima reflexionar cuantos no se perderán y harán estéril este sacrificio de la cruz.
    Culmino mi participación recordando que dar de beber al sediento es una obra de misericordia corporal y que aunque se antoje en desuso, siempre habrá quien necesite de beber, sepamos distinguir al Señor que nos dice: vengan benditos de mi Padre y reciban el premio… porque tuve sed, y me dieron de beber.
    Saludos.

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