San Gregorio Nacianceno, Obispo y Doctor de la Iglesia (I)

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Icono ortodoxo ruso del Santo, de estilo naturalista.

Icono ortodoxo ruso del Santo, de estilo naturalista.

Introducción
El 2 de enero se celebra la memoria de San Basilio Magno y de San Gregorio Nacianceno, Obispos y Doctores del Iglesia. Del primero ya se ha escrito un artículo, ahora le corresponde al segundo para completar la información sobre este punto del santoral. La figura de San Gregorio Nacianceno es muy rica y profunda, hasta el punto de que la Iglesia Ortodoxa le denomina “El Teólogo”; éste santo, junto con San Basilio Magno y San Pedro de Sebaste, integran el denominado trío de “Los Capadocios”, pues los tres, originarios de Capadocia, son grandes maestros y expositores de la doctrina cristiana. También junto con San Basilio Magno, San Atanasio y San Juan Crisóstomo, componen el cuarteto de los Santos Doctores Orientales.

Se tiene la idea de que los santos son seres exactos, sin defectos o equivocaciones, fríos, sin emociones, autómatas, casi estatuas como se les venera en los altares. San Gregorio de Nacianzo es un claro ejemplo que contradice esta opinión, pues en vida fue un soñador, un hombre manipulable, una persona falta de carácter, hipersensible y muy lleno de emotividad. Estas características le harán interrelacionar su vida, su fe, su trabajo, haciendo que su producción teológica floreciera de manera impresionante; su actividad pastoral fue fecunda y por tanto, su existencia desgastada. En San Gregorio Nacianceno se descubre fácilmente al ser humano que conjugó su existencia terrena con la vida sobrenatural, todo esto machacó su existencia y lo lastimó profundamente, pero esas heridas le hicieron brotar el más rico aroma que fue acepto a Dios.

Infancia
Nuestro Santo vino a este mundo en una fecha no bien determinada, entre los años 330 y 339, su tierra natal fue Arianzo, al noroeste de Capadocia, aunque hay quien se decanta por la ciudad vecina de Nacianzo. Es la suya una familia de Santos: su padre, conocido como San Gregorio Nacianceno “El Antiguo”, su madre, Santa Nona y sus hermanos: Santa Gorgonia y San Cesáreo, de los que nuestro santo es el hermano intermedio.

San Gregorio Nacianceno “El Antiguo”, perteneció a una secta llamada de los hipsitarios (adoradores del Altísimo) con ideas medio judías y medio paganas. Por influencia de su esposa Nona, que provenía de una familia cristiana, se convirtió a esta fe cuando contaba cerca de cuarenta años, fue un hombre recto que ganó la estima de todos y tal aprecio causó que los obispos de Capadocia lo nombraran obispo de Nacianzo siguiendo el parecer de los fieles.

Icono de los tres Doctores Orientales: San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno (de dcha. a izqda.)

Icono de los tres Doctores Orientales: San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno (de dcha. a izqda.)

Santa Nona, la madre, era una mujer de fe viva, a toda prueba, de una piedad genuina; fue educadora muy capaz, ya que logró forjar a sus hijos como personas de bien. Por su influencia, San Gregorio comenzó desde muy joven a sentir la vocación por la vida consagrada, atraído a la contemplación de Dios y a renunciar al matrimonio para dedicarse de lleno al Señor. También por ella recibió la mejor cultura de su tiempo, la griega, la profana, para alcanzar un nivel a la altura de los mejores que no eran cristianos.

Juventud
Terminados los estudios en su tierra natal, los continuó en Cesarea de Capadocia y allí conoció al que sería su mejor amigo, San Basilio Magno, con quien continuó estudiando en Cesarea de Palestina, Alejandría y finalmente en Atenas. En Alejandría, además de las artes liberales y la educación general, estudió con entusiasmo la obra teológica de Orígenes y tuvo también un acercamiento con San Atanasio. Allí culminó su estudio de la exégesis alegórica de la Biblia y conoció el monacato como lo propuso San Antonio Abad. Consolidada su amistad con San Basilio Magno, del que nunca se desprenderá, ambos tendrán como condiscípulo hacia el año 355 al futuro emperador Juliano el Apóstata, aunque será únicamente San Gregorio quien tenga dificultades ideológicas con él.

Basilio y Gregorio: dos amigos, un solo corazón
Fue en Atenas donde Gregorio conoció perfectamente la cultura helénica, allí apuntaló su formación literaria. Tuvo por maestros a Himeneo, pagano, y a Proheréseo, cristiano, cuyas clases frecuentó con Basilio en Constantinopla. Fue profunda, ejemplar y célebre la amistad que se forjó entre ambos y pronto se hizo referencia obligada; la amistad de Basilio marcó a Gregorio e influyó decididamente en su crecimiento personal.

En su disertación 43, en alabanza de su amigo, Gregorio expresa sus sentimientos: “Por entonces, no solo admiraba yo a mi grande y querido amigo Basilio por la seriedad de sus costumbres y por la madurez y prudencia de sus palabras, sino que inducía yo mismo a los que no lo conocían a que le tuvieran la misma admiración. Éste fue el principio de nuestra amistad, de este modo se estableció un mutuo afecto entre nosotros… Nos hicimos mutuas confesiones acerca de nuestro común deseo de estudiar la filosofía, ya para entonces se había acentuado nuestra estimación, vivíamos juntos como camaradas, estábamos en todo de acuerdo, teníamos idénticas aspiraciones y nos comunicábamos cada día nuestra común afición por el estudio, con lo que ésta se hacía cada día más ferviente y decidida. Teníamos ambos una idéntica aspiración a la cultura, cosa que es lo que se presta más a envidias, pero sin embargo, no existía entre ambos tal envidia, aunque sí el incentivo de la emulación. Nuestra competición consistía no en obtener cada uno para sí el primer puesto, sino en obtenerlo para el otro, pues cada uno consideraba la gloria de éste como propia. Idéntica era nuestra actividad y nuestra afición, aspirar la virtud, vivir con la esperanza de las cosas futuras… Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno al otro en la práctica de la virtud; y si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y la regla para discernir el bien del mal”.

San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno.

San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno.

Dice el libro del Eclesiástico: “Un amigo fiel es un refugio, el que lo halla, ha encontrado un tesoro. Nada hay que valga como un verdadero amigo ni hay balanza que pueda tazar su valor. El amigo fiel es un elixir de vida, los que temen al Señor lo encontrarán. El que teme al Señor, endereza su amistad, pues como es él, será su compañero”. (Ecl. 6, 14-17).

Hay en las historias del santoral muchos ejemplos de santos que vivieron el valor de la amistad con mucho respeto; sin embargo, a pesar de las dificultades como luego veremos, la amistad entre San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno traspasó el tiempo, hasta el punto de que con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II se unificó la memoria de ambos obispos en una sola fecha, tomando como criterio esta amistad, un caso verdaderamente insólito en la norma de la liturgia, pues cada santo tiene méritos propios y particulares para celebrarse por separado. Aún más, la Conferencia Episcopal de Sicilia solicitó hace unos años a la Santa Sede la autorización de separar la celebración de San Basilio Magno porque éste es el Patrono principal de un archimandrato local; la Santa Sede negó esta posibilidad, aludiendo que la memoria de ambos santos se había unificado precisamente por esa amistad inseparable. Actualmente ambos santos, amigos con raíces no solo temporales sino principalmente espirituales, nos dan ejemplo de cómo cultivar la amistad, siendo solidarios, unidos, fieles, cooperativos, hundiendo la causa de ese valor en el trato y amistad con Dios, para que se consolide la fraternidad y perdure para siempre.

Buscando una identidad
Nuestro santo fue un joven muy dedicado al estudio, de hecho, cuando San Basilio regresó a Capadocia, él continuó sus estudios para profundizarlos mejor por unos años, hasta que alcanzó los treinta años de edad. Luego, de regreso a su tierra, dio pruebas de ser competente en la retórica al mismo tiempo que manifestó dudas y vacilaciones vocacionales respecto a escoger la vida contemplativa y ascética; sin embargo, no cedió por seguir disfrutando del estudio, especialmente las Sagradas Escrituras. Es en este tiempo cuando recibió el Bautismo de manos de su padre.

Relicario con el cráneo del Santo.

Relicario con el cráneo del Santo.

Secundando una invitación de Basilio, se retiró con él a vivir una experiencia de soledad en Anisa, donde se ejercitó en la ascesis y a la vez colaboró con su amigo en la composición del libro de la “Filocalia”, a base de extractos de obras de Orígenes, que influyó luego en la elaboración de las primeras reglas monásticas, pero pronto enfermó de nostalgia y su sensibilidad ansiosa de acción y de ver a sus familiares le hicieron volver a Nacianzo. Aprovechando esa coyuntura, su padre le ordenó sacerdote sin importarle las protestas de su hijo que accedió finalmente por su timidez y frágil carácter; esto ocurrió a finales del 361 o principios del 362. Luego, una crisis provocada por la exigencia del orden recibido, le hizo huir de Nacianzo y escapó para refugiarse al lado de Basilio y buscar en él la paz, la serenidad y restañar la herida causada por esa arbitrariedad. Al poco tiempo de reflexionar y siguiendo los consejos de su camarada y sufriendo el remordimiento de haberle fallado a su padre, nuestro santo regresó a ejercer su ministerio junto a su progenitor hacia la Pascua del 362, incorporándose tímidamente por el escándalo causado en la comunidad. Por ello publicó una obra apologética titulada “Sobre la Fuga”, un verdadero tratado sobre el sacerdocio.

Diez años transcurrieron mientras él ejerció eficazmente su ministerio sacerdotal al lado de su padre, quien iba disminuyendo su capacidad por la edad. Entre tanto, Juliano el Apóstata llevaba a cabo su plan de restaurar el paganismo, para lo cual se empeñó en destruir la enseñanza religiosa en las escuelas, con la severa prohibición de estudiar a los clásicos, cosa que Gregorio consideraba una calamidad para la Iglesia. Es entonces cuando escribe las “Invectivas contra Juliano”, dos tremendos discursos en los que de tirano no baja al emperador, condenándolo por su actuación. En ellos afirma que la cristiandad superará al gobierno pagano, que tiene una notoria imperfección como es el caso de Juliano, y ésto se logrará mediante el amor y la paciencia. A fines del año 362 Juliano decide perseguir a sus detractores, entre ellos nuestro santo, para para su fortuna este proyecto se para con la muerte del emperador en una campaña contra los persas al año siguiente. Por entonces Basilio fue ordenado sacerdote e igual que su amigo, contra su voluntad, a resultas de lo cual tuvo dificultades con su obispo Eusebio y para solucionar la confrontación entre ambos, tuvieron que intervenir los dos Gregorios: padre e hijo. El padre también intervino eficazmente en la elección de Basilio para suceder a Eusebio en la sede de Cesarea, porque la elección era muy reñida y la oposición fuerte. En esta década también moriría su hermano Cesáreo, al que compuso un discurso fúnebre muy sentido.

Relicario con la mano incorrupta del Santo.

Relicario con la mano incorrupta del Santo.

Obispo a la fuerza
A Juliano el Apóstata le siguió en el trono el emperador Valente, que fue un protector de los arrianos. Éste, en el año 371 dividió a Capadocia en dos partes; las razones para hacer esto no fueron solo políticas, sino que también hubo causas religiosas, pues de esta manera dividió la fuerza ortodoxa pro nicena en esa provincia, muy pujante gracias a la labor pastoral de San Basilio Magno, cuya sede metropolitana era Cesarea. La capital de la zona seccionada fue Tiana, con Ántimo, de facción arriana como obispo titular. Para contrarrestar este movimiento y no perder sus derechos, San Basilio usó la estrategia de reforzar su provincia eclesiástica erigiendo varias diócesis nuevas, incluso fuera de las fronteras del imperio: así fundó la diócesis de Sasima, confiando a Gregorio la administración de la misma. La sede del mismo era una creación de buenas intenciones y despacho, pensada más bien como un contrapeso para Ántimo, pues el territorio diocesano era entramado, no había pueblo y el que había carecía de identidad, pues la mayoría de los habitantes eran extranjeros; de hecho, la propia Sásima no pasaba de ser una aldea. San Gregorio se referirá sobre su sede con estas palabras: “Un agujero espantoso, una mísera parada de postas de la carretera principal… sin agua, vegetación o la compañía de caballeros… ¡esto era mi Iglesia de Sásima!”. Así, y por políticas eclesiásticas, sin que nuevamente supiera decir no, por ministerio de Basilio, Gregorio Nacianceno alcanzó la plenitud sacerdotal poco antes de la Pascua del año 372.

En sus escritos manifiesta cómo nunca le pudo disculpar a su amigo esta faena que le adjudicó. Como era de suponer, Gregorio nunca tomó posesión de su sede, aunque estaba dispuesto a hacerlo y por esta situación se le adelantó Ántimo y por la fuerza impuso un aliado como pastor residencial. San Gregorio Nacianceno no consideró que valiera la pena luchar por su sede a pesar de la insistencia de San Basilio y nuevamente dio fuga a la situación. Le replicó a su amigo que no era su intención ser un títere al antojo de sus intereses. El episodio de Sásima marcó para mal su relación con San Basilio durante algún tiempo (372-373).

En una ocasión, Gregorio tuvo la ocasión de defender a su amigo en un banquete, donde se criticaba a Basilio por su exposición renuente expuesta en una homilía, en la que era reticente a afirmar la divinidad del Espíritu Santo; el Nacianceno explicaba que la postura de Basilio era por prudencia solamente. En una carta, la número 58, le escribe a su amigo el episodio, la cual no fue bien recibida y que fue contestada con una cortés y fría respuesta. Poco tiempo después y a instancias de su anciano padre, aceptó ser su auxiliar y se instaló en Nacianzo. En el año 374 murieron sus padres y por gestiones de los obispos circunvecinos, con San Basilio a la cabeza, aceptó administrar la sede naciancena provisionalmente hasta designarse un titular que fuera el sucesor de su difunto padre. Entonces, lo momentáneo resultó estable, hasta prolongarse más de lo soportable, por lo que huyó de nuevo para recalar en Seleucia de Isauria para dedicarse a la contemplación y la vida monástica tan deseada por él.

Veneración de las reliquias del Santo en el Patriarcado Ecuménico, El Fanar, Estambul (Turquía).

Veneración de las reliquias del Santo en el Patriarcado Ecuménico, El Fanar, Estambul (Turquía).

En el año 378 murió Valente y le sucedió en el trono Teodosio, de confesión ortodoxa, asociando en el trono de occidente a Graciano, ortodoxo como él, con lo que la situación religiosa del imperio daría un giro. El 1 de enero de ese mismo mes y año murió San Basilio Magno, consumido por su infatigable caridad pastoral, un golpe que le causaría una pena muy profunda. No pudo asistir al funeral por motivos de salud, en cambio, envió una sentida carta de condolencia para el hermano de San Basilio, San Gregorio de Nisa y al fallecido le compuso doce poemas en su memoria.

Humberto

Bibliografía:
– Lodi, E, “Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia”. Ediciones Paulinas, Madrid, pp 37-40.
– Sineaux, R. “Los Doctores de la Iglesia”, Editorial Tradición, México, D.F., 1980, pp 69-76.
– VV.AA, “Nuevo Año Cristiano, enero”, editorial EDIBESA, Madrid, 2001, pp 75-88.
– VV.AA, “Año Cristiano enero”, Editorial BAC, Madrid, 2002, pp 49-54. 
– VV.AA, “Diccionario de los Santos, Volumen I”, Ediciones San Pablo, Madrid, pp 998-1003.

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Enlaces consultados:
– www.vatican.va
– www.wikipedia.org

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Un pensamiento en “San Gregorio Nacianceno, Obispo y Doctor de la Iglesia (I)

  1. Para ser sincero lo que se sobre san Gregorio Nacianceno es muy poco igual que de san Basilio y eso se debe quizás a que en occidente a mi parecer los padres orientales son un poco olvidados, es más yo no recuerdo nunca haber escuchado de una iglesia católica dedicada a san Basilio o a san Gregorio Naciaceno que este en occidente y mucho menos aqui en México, sin embargo la liturgia los recuerda y es muy bueno Humberto que hayas hecho por escribir este extenso artículo para dar a conocer mejor a este gran santo, parece ser que como todas las amistades tuvo altas y bajas con san Basilio pero que siempre perduro la amistad hasta el final, creo que hay mucho que aprender de este gran santo, muchas gracias.

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