Venerable Bernardino Álvarez, fundador

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 El Venerable Bernardino Álvarez, fundador de la Orden de san Hipólito.

El Venerable Bernardino Álvarez, fundador de la Orden de san Hipólito.

El Venerable Bernardino Álvarez es uno de los hombres en camino a los altares que ha quedado casi en el total olvido en México muy a pesar de la gran obra de beneficencia que logró en su época, por lo que con este artículo intento recobrar los datos más importantes de la vida de este hombre que todo lo hizo por amor a Cristo y a los enfermos.

Bernardino Álvarez de Herrera nació en la Villa de Utrera, Sevilla, España, hijo de Luis Álvarez y Juana de Herrera y tuvo tres hermanos más, dos de sus hermanas fueron religiosas. Su madre Ana de Herrera se encargó siempre de educar cristianamente a todos sus hijos. A los veinte años de edad Bernardino se enlistó en el ejército para ser enviado a la Nueva España donde se dirigió a Zacatecas a combatir contra los chichimecas, pero cansado de esto dejó el servicio militar y regresó a la ciudad de México donde se entregó al juego y al vicio, Bernardino junto a varios amigos suyos se dedicaban a visitar casas de juegos, era Bernardino tan bueno en el juego de cartas que sus compañeros comenzaron a llamarle “Capitán”, pero fueron atrapados y metidos a la cárcel por desacato junto con doce compañeros y los condenaron a ser enviados a China. Bernardino y algunos de sus amigos no contentos con la resolución decidieron escapar de la cárcel antes de ser enviados a China, pero tres de los amigos de Bernardino fueron capturados y ahorcados en la plaza mayor, Bernardino por su parte fue socorrido por una mujer que estaba enamorada de él y quien lo escondió en su casa y le dio dinero, armas y un caballo para que este se fuera a Acapulco y de ahí emprendiera en un barco rumbo al Perú.

Primero Bernardino llegó a Lima y de ahí se dirigió al Cusco donde logró amasar una gran fortuna dedicándose al oficio de soldado y de mercader. Habiéndose vuelto en Cusco un hombre de opulencia decidió después de algunos años regresar a México y ya estando en la Nueva España se enteró de la muerte de su padre por lo que presto le envió una carta a su madre Ana de Herrera para que esta viajara junto a sus hermanos a la Nueva España para disfrutar sus últimos años de las riquezas que su hijo había logrado en Perú, en esta misma carta Bernardino le narraba a su madre todo lo que había pasado en su vida hasta ese momento y le acompañaba de mil pesos. Su madre después de leer la carta y todo lo que de la vida de su hijo había sido rechazo la oferta de este, y le dijo que con su dinero y haciendas procurara servir a Dios ya que ella no lo necesitaba pues desde la muerte de su padre había decidido servir a Dios por completo y había recibido hábito religioso, su madre le firmaba de esta forma: “que vivas bien y virtuosamente en servicio de Dios”. Esta carta y la decisión de su madre respecto a tomar vida religiosa y rechazar las riquezas caló profundamente en el corazón de Bernardino Álvarez llevando a cabo de esta forma su completa conversión.

El templo y hospital de Jesús Nazareno y la Limpia Concepción de María en el cual ofreció sus servicios el Venerable después de su conversión.

El templo y hospital de Jesús Nazareno y la Limpia Concepción de María en el cual ofreció sus servicios el Venerable después de su conversión.

Bernardino arrepentido de la vida que había llevado hasta ese entonces por causa de la carta de su madre decidió hacer ayunos y penitencias para pedir perdón a Dios por sus pecados, usando cilicios y dando limosnas a los pobres de la ciudad, Bernardino decidió recluirse en el Hospital de la Limpia Concepción de la ciudad de México para dedicarse a ayudar a los enfermos donde estuvo alrededor de diez años ayudando. Bernardino decidió dejar sus ricos vestidos y cambiarlos por un hábito de tela burda y se cortó el cabello para evitar tentaciones. Llegaban diariamente una gran cantidad de enfermos al hospital ya que en ese momento solo existían dos hospitales en la ciudad de México y Bernardino se encargaba de atenderlos con paciencia y con su propio dinero se encargó de agrandar la sala de enfermería.

También Bernardino Álvarez con su dinero se encargó de ayudar a la fundación, construcción y posterior ampliación del convento de religiosas de Jesús María. Habiéndose dado cuenta Bernardino Álvarez que el espacio y los servicios del Hospital de la Limpia Concepción eran insuficientes y que muchos enfermos eran despedidos sin ser atendidos y se encontraban desperdigados tirados en las calles agravándose aún más por su enfermedad, debido a esta misma situación decidió abrir su propio hospital para lo cual solicito licencia al arzobispo de México a la postre fray Alonso de Montufar quien en 1567, acepto gustoso y él mismo fue quien eligió que el hospital debería estar junto al antiguo templo de san Hipólito patrón de la ciudad de México , para lo cual Bernardino compró varios solares en los cuales construyó diversas casas de adobe para los enfermos que no eran atendidos en los hospitales de la Limpia Concepción y en el de las Bubas del Amor de Dios y nombró a su hospital como Hospital general de inocentes de san Hipólito, así como también comenzó a recoger a los que eran tenidos por locos que padecían enfermedades mentales y que Bernardino fue el primero en Nueva España en tratarlos como enfermos y no como tontos o poseídos por el demonio, lo que le ha ganado que se le considere precursor de la psiquiatría en México. Al preguntarle a Bernardino porque él no despreciaba a los locos que en otros lugares sí, respondía de esta forma “Todos somos hechuras de Dios; estos pobrecitos inocentes son piedras vivas, necesitan de sustento, para vivir, como los sabios; estos deben mirar por sí, dejólos Dios en manos de su consejo, más estas piedras vivas, que son los inocentes, en cuanto no tienen libre albedria, ni entendimiento, son como piedras que no lo saben buscar, en cuanto a tener necesidad de comer, son piedras vivas que si no se les prepara el alimento, morirán de hambre y por tanto tienen más necesidad de quien cuide de ellos”. Bernardino cuidó del buen trato de los enfermos mentales dándoles habitaciones como a cualquier enfermo sin encerrarlos en jaulas u otro tipo, cuidando que nadie les maltratara ni golpeara y que se les mantuviera seguros para que no atacaran a nadie y limpio el lugar en donde habitaran; todas estas iniciativas que tomó Bernardino Álvarez en el cuidado de los enfermos mentales fue una primicia en lo que se refiere al tratamiento de enfermedades mentales en el mundo de aquel momento, también por esto fue comparado como el San Juan de Dios del nuevo mundo.

El venerable auxiliando a los pobres.

El venerable auxiliando a los pobres.

Bernardino dispuso que un grupo de los religiosos que le ayudaban continuamente estuvieran en el puerto de Veracruz para encargarse que cada ocasión que llegara un barco desde España inmediatamente todos los que llegaran en estados inconvenientes fueran trasladados a la ciudad de México al hospital de san Hipólito hasta que se restablecieran por completo. La obra benéfica que realizaba Bernardino Álvarez en su hospital de san Hipólito se volvió famosa en la ciudad de México y en toda la Nueva España lo que le gano que muchas personas se adhirieran a ayudarle, por lo que Bernardino pensó en realizar una fundación en especial debido a que su obra cada vez iba creciendo más pues se le abrieron las puertas para realizar varias fundaciones de hospitales similares a la de san Hipólito: El hospital de Oaxtepec, el hospital de la Limpia Concepción en Xalapa y el hospital de la Virgen de Belén en el desierto de Perote. Su obra era inmensa y diariamente tan sólo en el hospital de san Hipólito servía 400 raciones de comida.

El Venerable Bernardino Álvarez funda la Orden de la Caridad de la Hospitalidad de san Hipólito el 20 de mayo de 1700 aprobada por S.S. Inocencio XII, con los votos solemnes de castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad, bajo la regla de san Agustín. La cual se convirtió en la primera orden religiosa fundada en América. A la orden de san Hipólito se le concedió las mismas gracias que tenía en España la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios. A las puertas del Hospital de san Hipólito, Bernardino hizo poner una imagen de Cristo Ecce Homo al cual nombra “Dominus Providevit” enseñando con esto a sus religiosos que era Cristo es que se encargaría de proveer todos los bienes necesarios que para su obra hicieran falta e instruyéndolos al respecto de esta manera: “Ecce Homo si le miráis en cuanto hombre, le hallareis infinitamente caritativo y piadoso, si le contempláis en cuanto a Dios, es infinitamente magnífico y poderoso”. En una ocasión se narra que llegó una pobre mujer a las puertas del convento pidiendo algo de harina para comer, pero la despensa estaba vacía y la mujer insistió con uno de los religiosos y este fue con Bernardino Álvarez a explicarle la situación y de que debían despedir a la mujer pues las provisiones se habían terminado, Bernardino Álvarez le dijo al religioso que fuera de nuevo a revisar la despensa y le trajera un costal de harina a la mujer, el religioso le replico que estaba vacía pero que por obediencia lo haría, su sorpresa fue mayúscula al ir enojado a la despensa y encontrarla rebosante de harina que quedó bañado con esta, de la cual pudo sacar el saco para la mujer y despachar gustoso a esta; el religioso volvió luego a donde Bernardino y le dijo: “¿Qué es esto padre que el aposento de la harina está lleno? A lo que el Venerable respondió: Demos gracias a Dios que todo lo llena. Tenga vuestra caridad siempre fe y esperanza en Dios. Tan gloriosos saca Dios a sus amigos de sus empeños y de esta manera hace abundar a sus limosneros”.

 Claustro del ex convento y ex hospital de san Hipólito en la ciudad de México.

Claustro del ex convento y ex hospital de san Hipólito en la ciudad de México.

A los setenta años de edad Bernardino Álvarez enfermo gravemente y fue tratado por los médicos más importante de la Nueva España, al examinarle este dijeron que no le daban más de tres horas de vida, pero el Venerable Bernardino les replico que él no moriría hasta dentro de diez días, recibió los últimos sacramentos y al día siguiente le visitaron los médicos esperando encontrarle muerto y le encontraron aún vivo y el venerable les dijo: “no es llega aún la hora hasta el día de san Hipólito”. Falleció el venerable Bernardino Álvarez fundador de la Orden de la Caridad de san Hipólito el día 12 de agosto de 1584 después de mediodía en la víspera de la fiesta de san Hipólito. Su entierro fue muy concurrido por ser en la fiesta del patrón de la ciudad de México y acudieron tanto el Virrey de la Nueva España como el Arzobispo de México y los miembros de la Audiencia, fue sepultado al pie del altar mayor del templo de san Hipólito.

La Orden de San Hipólito duró todo el periodo colonial siguiendo los designios de su fundador, destacándose por su pobreza y atención desinteresada a los enfermos, pero en las primeras décadas del siglo XIX al promulgarse la Constitución de Cádiz de 1812 esta decretó la supresión de las ordenes hospitalarias y al ponerse en vigor esta ley en Nueva España la Orden de la Caridad de san Hipólito es suprimida y se extingue hacia 1821, años después morirá el último religioso Hipólito dentro del que fuera el ex hospital de san Hipólito. Con la supresión de la Orden también cayó en el olvido el proceso de canonización de su fundador Bernardino Álvarez, y actualmente es uno de los Venerables más desconocidos en México y menos recordados por la iglesia.

Altar mayor del templo de san Hipólito en el cual fue sepultado el Venerable Bernardino Álvarez.

Altar mayor del templo de san Hipólito en el cual fue sepultado el Venerable Bernardino Álvarez.

Actualmente lo que es el ex convento y ex hospital de san Hipólito es usado como un salón de fiestas en el que se han celebrado las bodas de la crema y nata de la sociedad mexicana, así como también es usado como locales comerciales. El venerable Bernardino Álvarez por su aporte en el cuidado de los enfermos mentales es considerado precursor de la psiquiatría en México y debido a esto el Hospital General de Psiquiatría de la ciudad de México lleva su nombre.

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André Efrén

Bibliografía:
– Demeneghi, Teresa, “Más de cien años en san Hipólito desde 1892”, México, editorial Demeneghi, segunda edición, 1994.
– Días de Arce, Juan, “Libro de la vida del próximo evangélico el venerable padre Bernardino Álvarez patriarca, y fundador de la sagrada religión de la Caridad y San Hipólito mártir, en esta Nueva España, Confirmada y aprobada por nuestro santísimo padre Inocencio Duodécimo”, México, Imprenta de don Cristóbal y don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, reimpresión, 1762.

Consultado en línea (01/09/2016):
– Suárez, Marcela, “La infraestructura de la beneficencia novohispana: los hermanos de la caridad de san Hipólito y la hacienda del hospital”, archivo pdf, colección caleidoscopio.

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Los Mártires Anglicanos de Oxford

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Óleo retrato de Hugh Latimer.

Óleo retrato de Hugh Latimer.

Este grupo de mártires es conformado por los obispos anglicanos Hugh Latimer, Nicholas Ridley y Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury, quienes fueron ejecutados en la hoguera entre 1555 y 1556, acusados de herejía durante el reinado de María I de Inglaterra, conocida como “La Sanguinaria” por echar abajo la Reforma en la Iglesia de Inglaterra e iniciar una brutal persecución contra los principales propulsores del anglicanismo. Estas persecuciones conocidas como “persecuciones marianas” tuvieron un efecto contraproducente que alimentó el fervor anticatólico del pueblo inglés y tuvo como dolorosas secuelas la persecución hacia la Iglesia Católica en los reinados posteriores. Si bien los tres obispos son muy polémicos por algunas causas que expondré a continuación, son considerados mártires de la intolerancia religiosa de la época y la Comunión Anglicana conmemora su memoria el 16 de octubre.

Es mi afán de presentar a los mártires de todas las iglesias unidas en la fe de Cristo, pero divididas por las acciones de los hombres, para valorar su testimonio y su martirio por defender sus convicciones religiosas. Sin embargo, el espacio contextual que rodea este episodio de la Reforma Protestante es compleja y necesita estar bien analizada siempre con el objetivo de reparar viejas heridas y discordias que separan a los cristianos unos de otros. El ecumenismo es una necesidad hoy muy importante para la comunicación con los miembros de otras denominaciones cristianas, no por ello ha de ser fácil debido a las intransigencias de unos y la ambigüedad de otros, aunque no se pierde la esperanza, solo Dios dirá cuando volveremos a ser Un Solo Cuerpo, pero nosotros como creyentes sin importar a que iglesia pertenezcamos (católica, ortodoxa, anglicana o reformada) debemos actuar tal y como Cristo nos enseñó para vivir en Comunión. Este artículo tiene como objetivo no solo presentar a los mártires y narrar sus historias, es de ponernos a reflexionar seriamente nuestro pasado, analizar las acciones de quienes nos antecedieron y seguir adelante en camino a la unidad total.

Biografías de los tres mártires: Hugh Latimer, obispo de Worcester
Latimer nació en una familia de agricultores de Thurcaston, Leicestershire, la fecha de su nacimiento es desconocida; John Foxe coloca una cifra entre 1480 y 1494. Comenzó sus estudios de gramática latina a la edad de cuatro años, pero no se sabe lamentablemente nada más de su infancia. En su juventud estudió en la Universidad de Cambridge y el 2 de febrero de 1510 fue nombrado miembro de la Universidad de Clare. Recibió el grado de Maestría en Artes y fue ordenado sacerdote de la Iglesia Católica el 15 de julio de 1515. En 1522 fue nominado a ser predicador y capellán de la Universidad. El ejercicio de sus funciones no le impidió continuar sus estudios y doctorarse en teología en 1524. Al principio fue detractor de las ideas reformistas que comenzaban a propagarse por las universidades. Sobre todo las ideas de Philipp Melanchthon (colaborador importante de Lutero y figura importante en la Reforma Alemana), se consideraba a sí mismo como “obstinado papista”; pero un recién converso al protestantismo Thomas Bilney escuchó la discusión y dio su propia confesión. Las palabras de Bilney tuvieron gran impacto en Latimer, que desde entonces se convirtió en defensor da las ideas reformadas.

Grabado de Nicholas Ridley y Hugh Latimer quemados en la hoguera.

Grabado de Nicholas Ridley y Hugh Latimer quemados en la hoguera.

Unido al grupo de reformadores, comenzó a predicar la necesidad de la traducción de la Biblia al inglés, siendo una idea arriesgada ya que la Traducción del Nuevo Testamento realizada por William Tyndale había sido prohibida. A principios de 1528, fue amonestado por el cardenal Wolsey pero al año siguiente el Canciller cayó en desgracia al no poder negociar la anulación del matrimonio entre Enrique VIII y su legítima esposa Catalina de Aragón, por el contrario Latimer ascendió en reputación y en el Adviento de 1529 predicó dos importantes sermones en la Iglesia de San Eduardo.

En 1535 fue nombrado obispo de Worcester, y comenzó a promover las enseñanzas de la reforma y un proceso de iconoclastia en su diócesis. El 22 de mayo de 1538, con la insistencia de Lord Thomas Cromwell predicó el sermón final durante la ejecución del Franciscano Fray John Forest, que fue quemado en la hoguera por negarse a reconocer el divorcio del rey con la reina (de quien era confesor) y por no retractarse en su defensa de la Primacía Papal. Durante el acto, Latimer insistió al condenado en retractarse de sus ideas, logrando la negativa del religioso. Pero se opuso a los Seis artículos de la Declaración de 1538 sobre la Doctrina de la Iglesia Anglicana, ya que todavía observaba alguna influencia del catolicismo romano.

En resumen, Latimer señalaba la necesidad de romper toda conexión con la Iglesia Romana, no solo de manera jurídica, sino de manera teológica y doctrinal. Su oposición lo obligó a renunciar al obispado y a ser encarcelado brevemente en la Torre de Londres. Al sucederle a Enrique VIII su hijo Eduardo VI, Latimer fue reivindicado y que el monarca había tomado una dirección importante en la Iglesia Anglicana, aboliendo el celibato obligatorio entre el clero y la misa, por lo que fue nombrado predicador de la corte ocupando este puesto hasta 1550. Fue nombrado capellán de la duquesa de Suffolk. Estuvo promoviendo el protestantismo hasta la muerte de Eduardo y la subida al trono de María I supuso un fuerte revés a la política emancipadora de la Iglesia, en su reinado Latimer sería ejecutado junto a su compañero de martirio Nicholas Ridley como narraremos más adelante.

Óleo retrato de Nicholas Ridley.

Óleo retrato de Nicholas Ridley.

Nicholas Ridley, obispo de Londres y Westminster
Ridley nació alrededor del año 1500 en Tynedale, Northumberland siendo hijo segundo de Christopher Ridley. En su infancia fue educado en la Real Escuela Secundaria de Newcastle y el Pembroke College, donde obtuvo la maestría en Artes en 1525. Poco después Ridley fue ordenado sacerdote y viajó a La Soborna de París para realizar sus estudios superiores. Versado en hermenéutica bíblica, se opuso a la supremacía papal en la Iglesia Inglesa, graduándose en 1537 y llamado por el arzobispo de Canterbury Thomas Cranmer a servir como uno de sus capellanes, para después nombrarlo vicario en Kent.

En 1540 se convirtió en uno de los Capellanes del Rey y profesor de Pembroke College y al año siguiente se tituló como Doctor en Teología. En 1543 fue primeramente acusado de herejía, pero como Cranmer había decidido apoyar firmemente la Reforma, Ridley fue reivindicado. En 1547 se convirtió en obispo de Rochester, y poco después de ser nombrado como tal, comenzó a retirar los altares y sustituirlos por mesas para celebrar la Cena del Señor. En 1548 ayudó a Cranmer a compilar el Libro de Oración Común, que fue providencial para la liturgia en la nueva Iglesia Reformada. El 1 de abril de 1550 fue consagrado obispo de Londres y Westminster, y en este puesto jugó un papel importante en la controversia de las vestimentas, en las que Cranmer promulgó el ordinal de que la vestidura eclesiástica fuera el alba y la sobrepelliz, así como el uso de la capa pluvial en los servicios litúrgicos. Entre los opositores se encontraba John Hooper, quien debatió con Ridley argumentando que el uso de las vestiduras era anti bíblico y pro católico. Pero Ridley argumentó la necesidad de la Iglesia en la situación en la que vivía, contra argumentando las preposiciones de Hooper.

A la muerte de Eduardo VI, se designó sucesora de la corona a Lady Jane Grey contraviniendo la ley de sucesión, pero con el apoyo de los reformadores entre ellos el obispo de Londres, incluso en un sermón el 9 de julio de 1553 en que declaraba a las princesas María e Isabel como bastardas. Al ser proclamada María I como reina, la reforma se echó abajo y Ridley sería arrestado junto con otros simpatizantes de Jane. A Latimer y a Ridley les esperaba compadecer ante el tribunal que los juzgarías por herejía.

Detalle de Thomas Cranmer (1489-1556) en la iglesia de San Nicolás de Sevenoaks, Kent (Reino Unido).

Detalle de Thomas Cranmer (1489-1556) en la iglesia de San Nicolás de Sevenoaks, Kent (Reino Unido).

Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury
Thomas Cranmer nació en Aslockton en 1489, siendo hijo de Thomas y Agnes Cranmer en una familia con riquezas pero modesta ya que no pertenecía a la aristocracia, su hermano mayor John heredó las propiedades de sus padres, mientras Thomas y Edmund decidieron entrar al clero. Probablemente asistió a la escuela primaria de su pueblo y a la edad de catorce años fue enviado al Jesus College en Cambridge, donde alcanzó el grado de bachiller en artes. En ese tiempo en Inglaterra comenzaron a influir notablemente en los centros educativos las ideas humanistas, sobre todo de Erasmo de Róterdam. Progresó en los estudios sin retardos y terminó el curso en tres años. Poco después de obtener la maestría en artes en 1515 fue elegido para una beca que le brindaba el colegio, en algún momento después se casó con una mujer llamada Joan. Debido a que no era sacerdote, fue obligado a abandonar su beca y buscar el puesto de profesor adjunto en el Buckingham Hall. Cuando su esposa murió en el primer parto, el Jesus College le devolvió la beca y fue ordenado sacerdote de la Iglesia Católica en 1520.

Después de varios servicios diplomáticos al servicio del rey Enrique VIII, en enero de 1532 fue nombrado embajador ante el Imperio Sacro Romano y la corte de Carlos V, se hospedó en Ratisbona y pasó por la ciudad luterana de Núremberg donde observó por primera vez los efectos de la reforma protestante. Su estancia en Alemania influyó mucho en el pensamiento de Cranmer. Mientras acompañaba a Carlos V en Italia recibió la carta real el 1 de octubre de 1532 informándole su nombramiento como arzobispo de Canterbury para sustituir al fallecido William Warham. El nombramiento estuvo asegurado debido a la influencia de la familia de Ana Bolena, ya que el rey quería anular el matrimonio con Catalina de Aragón, para casarse con ella y así poder engendrar un heredero varón para sucederlo en el trono. Volvió a Inglaterra en enero de 1533, ya que Enrique pagó personalmente todas las bulas papales para que fuera consagrado y su entronización ocurrió el 30 de marzo.

Mientras Cranmer trabajaba en la nulidad del matrimonio, el monarca se casó en secreto con su amante Ana en presencia de pocos testigos cercanos. El 23 de mayo declaró en contra de la ley de Dios la unión entre la primera esposa y Enrique por lo que emitió una amenaza de excomunión si éste no se mantenía alejado de Catalina. El papa Clemente VII se enfureció con tal atrevimiento y el 9 de julio emitió formalmente la excomunión. El 7 de septiembre, nació Isabel, siendo bautizada por el arzobispo Cranmer y siendo él mismo su padrino. Cuando se emitió el Acta de Supremacía, fue recibida con no pocas críticas hacia la política real y la autoridad del Arzobispo de Canterbury, por lo que Thomas Cromwell se hizo cargo de la Vicerregencia, incluso de los asuntos espirituales. Cranmer con una política cada vez más separada de Roma, comenzó a preparar los trabajos teológicos para la doctrina de la iglesia independiente. Las ideas reformistas comenzaban a influir a la Iglesia pero los obispos se dividieron entre los radicales (quienes querían proponer reformas más profundas) y los conservadores (quienes no deseaban perder la identidad católica y la unión con el Papa).

Cuando el 2 de mayo Ana Bolena fue arrestada y enviada a la Torre de Londres, el arzobispo envió una carta al monarca expresando sus dudas sobre su culpabilidad, tuvo que escucharla en confesión y fue el único que expresó pesar por su muerte (fue ejecutada dos días después de que Cranmer pronunciaba la nulidad del matrimonio). Fue responsable de expedir los diez puntos doctrinales que el rey intentó definir como doctrina de la Iglesia. Los primeros cinco artículos trataban sobre el reconocimiento de solo tres sacramentos de los tradicionales siete: el bautismo, la Eucaristía y la Penitencia, pero los otros puntos establecían las funciones de las imágenes, los ritos, ceremonias y el purgatorio. El documento causó mucha controversia, ya que algunos clérigos como Latimer vieron esto como una influencia del catolicismo. A pesar del complot de parte de los conservadores de hacer caer en desgracia a Cranmer, siguió siendo fiel al rey, y siguió empleando los servicios de los obispos disidentes.

"Thomas Cranmer en la Puerta del Traidor", lienzo historicista de Frederick Goodall, Torre de Londres, Reino Unido.

“Thomas Cranmer en la Puerta del Traidor”, lienzo historicista de Frederick Goodall, Torre de Londres, Reino Unido.

En 1544 publicó el primer oficio religioso en lengua vernácula autorizada, y en las letanías se eliminó la veneración de los santos. Hoy sobrevive con algunas modificaciones en su magna obra el “Libro de Oración Común”, además de que en la Cámara de los Comunes se logró frenar los efectos de la Acta de los Diez Puntos. En 1547 auxilió a bien morir a Enrique VIII y para mostrar su pesar y su rechazo a la Iglesia Católica, se dejó crecer la barba. A lo largo de los años evolucionó la formación teológica de Cranmer, ya que con ayuda de Bucero logró definir la teología eucarística, negando la presencia real de Cristo y la transubstanciación. El Libro de Oración Común y el Ordinal se hizo obligatorio lo que provocó malestar entre ciertos sectores. En la Catedral de San Pablo el 21 de julio de 1549, Cranmer predicó un sermón defendiendo la visión reformadora de la Iglesia pero para Bucero y otros teólogos reformadores, fue una decepción, ya que defendía el ceremonial, así como las vestiduras romanas y creían que el cambio estaba tornándose lento.

Cranmer no pudo hacer reformas tan radicales por el conflicto entre los liberales y los conservadores y el problema de sucesión de Eduardo VI a su muerte en 1553 acabaría con los planes de los protestantes de alinear a la Iglesia de Inglaterra. Pues Lady Jane Grey acabaría ajusticiada tras el ascenso de María I, quien ejercía un tremendo odio hacia Cranmer y aversión evidente al anglicanismo.

Juicio y ejecución
El 14 de septiembre el arzobispo fue arrestado y conducido a la Torre de Londres donde se uniría con sus compañeros Hugh Latimer y Nicholas Ridley. Fueron enjuiciados el 13 de noviembre y acusados de traición. Declarados culpables fueron condenados a muerte; antes, durante todo febrero de 1554 fueron ajusticiadas Jane Grey y otros rebeldes y el 8 de marzo fueron transferidos a la Prisión de Oxford para ser enjuiciados por segunda vez, ahora acusados de herejía.

Hugh Latimer y Nicholas Ridley conducidos a la hoguera. Lienzo historicita de Hermann Schweder.

Hugh Latimer y Nicholas Ridley conducidos a la hoguera. Lienzo historicita de Hermann Schweder.

El 14 de abril de 1554, los fiscales del tribunal enviados por el Papa, examinan el caso, Latimer como no podía compadecer de forma oral, se defendió de las acusaciones por escrito, declarando la doctrina de la transubstanciación y de la presencia real de Cristo en la Eucaristía era “anti-bíblica”. El veredicto de los jueces falló en contra y fueron condenados a ser quemados en la hoguera. La sentencia se cumplió para Ridley y Latimer el 16 de octubre de 1555, siendo conducidos afuera de la ciudad donde estaba la pira, obligando a Cranmer a presenciar la ejecución. En medio de las llamas los testigos podían escuchar las exhortaciones que Latimer le dirigía a su compañero de martirio, insistiendo en que la llama de la reforma no desaparecerá en Inglaterra.

El 4 de diciembre Roma autorizó privar a Cranmer del fuero eclesiástico para entregarlo a la justicia secular. De ahora en adelante comenzó una serie de retractaciones aceptando la teología católica en un momento de debilidad, incluida la transubstanciación y la primacía del papa. En ese sentido la Ley canónica permitía la absolución del condenado, pero María no podía conceder el perdón y decidió utilizar el ejemplo de Cranmer para los demás protestantes. Su última retractación fue firmada el 18 de marzo, aun así María negó el indulto; el 21 de marzo de 1556 fue escoltado a la Capilla de la Universidad para hacer una retractación pública.

En la homilía instó al pueblo presente en el servicio a ser obediente al rey y la reina, pero tuvo un final inesperado al tachar al Papa de enemigo de Cristo y Anticristo por lo que fue bajado del púlpito y conducido a la pira. Al iniciarse la quema, atado a la estaca, Cranmer extendió la mano derecha (con la que había firmado su retractación) al fuego, mientras la llamaba indigna, condenándola a ser quemada primero, sus palabras finales fueron: “Señor Jesús, recibe mi espíritu… veo los cielos abiertos y a Jesús sentado a la diestra de Dios”.

Grabado coloreado de la ejecución del arzobispo Cranmer.

Grabado coloreado de la ejecución del arzobispo Cranmer.

Memoria
Fue conmemorado como mártir al acabar la persecución y John Foxe introdujo su memoria en el Libro de los Mártires, si bien fue Cranmer una figura polémica, finalmente prevaleció como humanista con flaquezas y fortalezas, en su intento de reformar la Iglesia inglesa. Es conmemorado el 21 de marzo y sus demás compañeros el 16 de octubre.

Durante la época victoriana fue señalado con un monumento conmemorativo el lugar donde fueron quemados, en el caso de la familia de Cranmer, en el exilio publicaron sus homilías y su Libro de Oración Común fue usado tras la restauración de Isabel I de la independencia de la Iglesia Anglicana de la Romana. Junto con William Laud, Thomas Cranmer es el Arzobispo de Canterbury que se ha venerado como santo por la Iglesia Anglicana; y miles son recordados como mártires en la persecución de María “la Sanguinaria”, martirizados por oponerse a la implantación del catolicismo, pero estas persecuciones fueron un irónico preludio para las persecuciones posteriores, esta vez hacia los católicos.

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René

Webs consultadas (12/08/16):
https://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_Cranmer
https://en.wikipedia.org/wiki/Hugh_Latimer
https://en.wikipedia.org/wiki/Oxford_Martyrs
https://en.wikipedia.org/wiki/Nicholas_Ridley_(martyr)
https://en.wikipedia.org/wiki/Church_of_England

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