Beato José Polo Benito, sacerdote y mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato en su hábito de sacerdote.

“La Sangre de los Mártires es semilla de nuevos cristianos” Tertuliano

Hablar de la persecución religiosa durante la Segunda República Española y más concretamente la Guerra Civil (1936-1939), es un tema que ha suscitado un debate profundo que involucra medir los alcances políticos, sociales y culturales en los que ha trascendido, quizá como un episodio triste dentro de la Historia de España, y sobre todo de aquellas personas que fueron testigos de los acontecimientos y que aún hoy los que viven todavía hacen memoria de viejas heridas características de una guerra fratricida. Sin embargo para la Iglesia es un episodio glorioso, no por la envergadura y las circunstancias violentas donde miles de personas fueron asesinadas, torturadas y perseguidas por su fe, sino porque a pesar de ello, el testimonio de los mártires prevaleció como luces en medio de la oscuridad del odio y de la división. En todos los casos, la valentía de aquellas víctimas queda afianzada con el perdón, con lo que hoy podríamos tomar el ejemplo para nuestra vida cristiana, más ahora que nunca en una sociedad cambiante, secularizada y dinámica, en el que seguir a Cristo es un reto y el tiempo es oportuno para anunciar el Evangelio.

El Beato José Polo Benito, sacerdote y deán de la Catedral Primada de Toledo, fue uno de muchos testigos de la fe, y si bien fue martirizado en un contexto bélico, los motivos del martirio son claros en cuanto al odio habido contra la religión, sus valores y la doctrina cristiana.

Al hablar de los mártires, todavía en la actualidad se engloban viejas etiquetas como “Mártires de la Cruzada” (nombre dado por el franquismo) o “Mártires de la Guerra Civil”, adjetivos incorrectos ya que no estuvieron englobados dentro de una causa política así como tampoco dentro de ninguna guerra (como es el caso de los combatientes). Independientemente de las víctimas de la represión de ambos bandos (tanto “nacional” como republicana), aún dentro de un conflicto armado, los testigos de la fe fueron víctimas del desprecio por la religión católica como consecuencia de una lucha ideológica, que la veía como una “opresora” de las conciencias, como “opio” del pueblo, y por ello, las fuerzas políticas frente-populistas para cumplir sus aspiraciones políticas veían necesario exterminar toda expresión religiosa.

Toledo, ocupado por el ejército republicano el 21 de julio al 27 de septiembre de 1936 (durante las acciones militares contra el Alcázar de Toledo), fue una “Ciudad mártir” ya que durante los setenta y dos días los milicianos comunistas se dedicaron a cazar al clero diocesano, a los religiosos y a cientos de seglares señalados por católicos comprometidos o derechistas, sin contar con la persecución en los pueblos aledaños y en todo el territorio de La Mancha.

Fotografía del Beato y sus compañeros de sacerdocio.

Primeros años y estudios en el seminario
José Polo Benito nació el día 27 de enero de 1879, a las dos de la tarde en Salamanca, en la portería del palacio de Almarza, siendo hijo de Don Juan Antonio Polo González, oficial de una fábrica de jabón y de Ventura Benito Ruano, los dos naturales de la provincia de Salamanca.

Fue bautizado días después en su casa debido a la necesidad que había en ello, de manos del sacerdote Jerónimo Custo. Fue confirmado el 14 de marzo de 1889 por el obispo Don Tomás Jenaro de Cámara y Castro.

Al entrar en el Seminario Diocesano de Salamanca cursó los cuatro años de latín y el primer año de filosofía; se trasladó a Ciudad Rodrigo donde cursa el segundo año y el tercero de filosofía así como el primer año de teología. En 1897 vuelve a su ciudad natal para terminar sus estudios teológicos y canónicos; al completar su doctorado recibe las órdenes menores en diciembre de 1901, al año siguiente recibe el orden del subdiaconado, el 6 de junio de 1903 José Polo Benito es ordenado diácono y en la segunda semana de Cuaresma de 1904, recibe finalmente la ordenación sacerdotal.

Ministerio sacerdotal
Su actividad pastoral comenzó siendo coadjutor de la Parroquia de Sancti Spiritus de Salamanca ese mismo año y en 1905 es nombrado Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca así como capellán de las Religiosas franciscanas presentes en la ciudad; en 1907 es nombrado Secretario de Cámara del Obispado y en 1908 canónigo y examinador sinodal.

En 1911 se traslada a Plascencia como maestrescuela de la Catedral y al año siguiente es nombrado secretario del Gobierno Eclesiástico así como administrador de fondos diocesanos y en 1918 deán de la Catedral. Se distinguió en la diócesis por sus obras sociales, ya que en el periodo de la posguerra establece cocinas de caridad para con familias necesitadas.
El Cardenal Primado de Toledo Enrique Reig Casanova lo nombra el 25 de enero de 1923 Canónigo y Deán de la Catedral de Toledo, cargo que ocupará hasta el momento de su martirio.

En Toledo, no sólo enfatizó su ocupación pastoral, sino que también participó en actividades culturales; reanimó la vida religiosa catedralicia y dio un importante énfasis en la predicación, dentro y fuera de la ciudad. Ingresó a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo el 5 de abril de 1925. Era considerado un hombre prudente y diligente, más con los cargos que ocupó, pero también era una persona intelectual; ya con anterioridad se había encargado de la edición del periódico “La Semana Católica”, por encargo del obispo de Salamanca Cámara, en el que enfatizó la participación política de la comunidad católica. Sin embargo no fue un personaje político, ni que se entrometía activamente en ninguna campaña política; mas bien era un polemista y apasionado escritor que abarcaba su compromiso con la sociedad y la inculturación de los valores cristianos.
También había dirigido la revista “Las Hurdes” durante su estancia en Plascencia y el periódico “El Regional”. Compaginaba sus labores periodísticas con el gobierno y la administración de la diócesis, aunque participó notablemente en varios eventos, como el Congreso Eucarístico Internacional de Viena, el Congreso Social de las Asociaciones del Norte, en la Asamblea de la Buena Prensa celebrada en la ciudad de Zaragoza, y en el Congreso de Previsión Social de Barcelona.

Durante su estancia en Toledo fue elegido Vicepresidente del Consejo del Patronato de Previsión, Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos y también ocupó la presidencia de la Asociación de la Esclavitud de Nuestra Señora del Sagrario y la dirección de las Peregrinaciones a Roma y Oriente. Su esfuerzo y labor pastoral le valieron ser galardonado con la Cruz de Oro del Santo Sepulcro de Jerusalén.

Era estrecho colaborador con los Periódicos “ABC” y “Mundo Católico”, así como un prolífico escritor del que destacan sus libros: “Feminismo Social”, “La Emigración en Béjar”, “Del Periodismo Católico”, “El Hogar Jurdano”, “Crónica del Congreso Nacional a favor de las Jurdes”, “Plascencia por Jesús Sacramentado”, “El Libro del Congreso Internacional Eucarístico”, “Las Crónicas de un año de acción”, “El Falso Rembrandt”, “Guerra y Amor”, “El Problema Social del campo de Extremadura” y “Jesucristo vuelve”.

Testigos señalan de él como un hombre piadoso, afanoso en cumplir sus deberes, bondadoso y estimado por los fieles toledanos. Renovó el baldosado de la catedral, y supervisó la construcción del Rosario monumental a Nuestra Señora del Sagrario, del que era un grandísimo devoto. Sin embargo más allá del horizonte se asomaba una gran tormenta, una locura social y política, del cual resultaría una guerra fratricida, en la que la Iglesia Católica como institución se tendría que alinear, pero que muchos miembros ofrendarían sus vidas como víctimas del odio indiscriminado, fruto del radicalismo ideológico; entre ellas se encontrará José Polo Benito, quien además será martirizado dentro de un contexto confuso, característico de la acción bélica.

Combate en el alcázar de Toledo.

Guerra Civil en Toledo
Como hemos recordado anteriormente, la Guerra Civil Española estalló tras el fallido golpe de Estado el 18 de julio de 1936, la descomposición de la Segunda República Española deriva en una radicalización del panorama en las fuerzas contendientes, por un lado surgen las milicias republicanas, armadas desde los propios sindicatos con ideología marxista, anarquista y socialista; por el otro lado elementos del Ejército, aliado con las élites conservadoras y algunas de ideología fascista. La acción militar se suma con la famosa violencia surgida en ambas retaguardias, en que se hace prioritaria la necesidad de garantizar la unanimidad política del territorio dominado por ambos bandos.

Pero se suma esto a la implantación del anticlericalismo y anticatolicismo existentes desde las cúpulas gubernamentales, iniciada al proclamar la República en 1931. Recordemos como hecho trascendente la expulsión del Cardenal Pedro Segura y Sáez, Arzobispo de Toledo y Primado de España el 31 de mayo del mismo año. Sin embargo su fase violenta y total (con excepción de las víctimas católicas de la Revolución de Asturias de 1934) inició con el conflicto.

Durante los días 19 y 20 de julio, el Ministerio de Guerra del ejército republicano intentó hacerse con las municiones de la Fábrica de Armas de Toledo, a lo que el comandante de la ciudad, el coronel José Moscardó respondía con evasivas. Finalmente el 21 de julio se proclamó el estado de guerra y se hicieron los preparativos para resistir a las fuerzas gubernamentales que les enviara el gobierno de Madrid. Al día siguiente una columna del general Riquelme llega a la ciudad y la ocupa obligando a sus defensores a encerrarse en el edificio del Alcázar de Toledo, sede de la Academia de la Infantería.

En los 72 días en que las milicias republicanas ocupan la capital de la Provincia de Castilla-La Mancha, se dedicarán a cazar a los considerados derechistas y miembros del clero, contabilizándose más de 500 víctimas (sin contar los ejecutados durante las represalias del bando “nacional”).

Puerta del Cambrón, lugar del martirio del Beato.

Detención y martirio del Beato José Polo Benito
El deán fue detenido durante los primeros días de la ocupación de Toledo, junto a él fue detenido su sobrino Antonio Martín Poveda, así como los vecinos del segundo piso de arriba donde se hospedaba, y trasladado por los milicianos al edificio de la Diputación Provincial donde se congregaron más de veinte arrestados. Ahí comenzó a confortar a sus compañeros y les instó a prepararse para el martirio, así como reconciliarse con Dios con admirable entereza. Don Luis Moreno Nieto atestigua que cuando fue sacado del inmueble para ser trasladado, escoltado por guardias de asalto, se encara con el jefe del piquete: «Si me van a matar, no finja por compasión; dígamelo.

El 25 de julio fue trasladado a la prisión de Gilitos, donde se organizaron los presos en confortarse mutuamente y el rezo del rosario; hay testimonios de que a los propios guardias, les gustaba oírle en sus catequesis y admiraban su elocuencia; pero lo peor estaba por venir, y Don José Polo Benito iba a ser víctima de un acto de represalia por una acción fallida de guerra.

El 22 de agosto, un avión de la Legión Cóndor vuela sobre el cielo del Alcázar generando temor entre los sitiadores; ese mismo día aparecen provenientes de Madrid un trimotor y un caza que arroja sus bombas supuestamente sobre los sitiados, ya que muchas de ellas caen fuera del recinto, los nacionales responden con disparos de ametralladora y fusiles, obligando a la aviación republicana a volar alto. A las seis de la tarde vuelve el avión alemán suministrando víveres a los defensores del alcázar, mientras el mando republicano empieza a verificar los daños causados por la explosión que cayó en sus propias posiciones.

No se sabe el número de fallecidos, pero el accidente fue el pretexto perfecto para que la milicia roja perpetre una venganza por el error. El populacho efervescente se aposta en las afueras de la Prisión exigiendo el asesinato de los detenidos, el patio del recinto se convirtió en un hervidero, los milicianos sacaban a los presos de sus celdas (entre ellos los dos hijos del Coronel Moscardó Luis y Carmelo) y los ataban de dos en dos; supuestamente para trasladarlos a otra prisión, pero en realidad los iban a ejecutar en las afueras de la ciudad (que recordemos era amurallada).

Cuando están los verdugos dispuestos a trasladar a sus víctimas, Carmelo Moscardó (que tenía dieciséis años) fue salvado gracias a la intervención de un miliciano. Junto con Luis fue atado el deán que estaba dando la absolución a los detenidos; en total el grupo que iba a ser asesinado estaba conformado por 80 personas, entre ellas el hermano Cipriano José y otros miembros de la comunidad marista de Toledo.

Fueron conducidos hacia la Puerta del Cambrón mientras a distancia se encontraba un camión que portaba las ametralladoras. Previamente los ejecutores previnieron de apagar las luces que iluminaban el lugar y ahuyentar a los vecinos de la barriada; era clara señal de que no querían testigos del crimen que iban a cometer.

Era la festividad de la Octava de Nuestra Señora del Sagrario y cuando caminaban por las calles de Toledo Don José Polo dirigía a sus compañeros el rezo del rosario; ya atravesada la Puerta, fueron separados dos grupos, unos fueron alineados en la explanada posterior del Matadero, cerca del Puente de San Martín, otros fueron conducidos a la fuente de Salobre.
Cuando están a punto de disparar, el mártir con su conocida entereza y actitud les increpa: «Dios es testigo del crimen colectivo que van a consumar. Dios les pedirá cuenta; Él, en nombre de todos, les perdona.»
Todavía tuvo voz para exhortar a los presentes, y uno a uno fueron cayendo, abatidos bajo los disparos de las ametralladoras. La poca iluminación que había en el lugar era la de los focos de los camiones que apuntaban a la escena del martirio; después de la primera descarga, son rematados con tiros de pistola, pero al mártir no le dieron el tiro de gracia, sino que uno de los milicianos con la culata de su fusil le golpea la cabeza hasta que se la abre.

La mañana siguiente los cadáveres fueron trasladados hasta el depósito del Cementerio de Nuestra Señora del Sagrario donde es inhumado en la fosa 42, número 15, cadáver 6. Terminada la guerra fue trasladado al cementerio de los canónigos, de la Basílica de Santa Leocadia.

Exhumación de los restos del Beato.

Con motivo de su beatificación, el 21 de septiembre de 2007 fue exhumado para hacer un reconocimiento canónico de sus restos. La ceremonia estuvo presidida por el Cardenal Primado de Toledo Antonio Cañizares junto con el sacerdote Jorge López Teulón, postulador de la causa de los mártires toledanos. El cuerpo apareció incorrupto, momificado y revestido con sus ornamentos sacerdotales, pero con sus órganos internos intactos; y finalmente fue trasladado a la Capilla de los Mártires de la Catedral, donde actualmente es venerado.

El 28 de octubre de 2007 se celebró en Roma la ceremonia de beatificación, junto con más de 400 mártires españoles y durante el pontificado del Papa Emérito Benedicto XVI.

René

Enlaces Consultados (19/02/19)
https://web.archive.org/web/20090403012924/http://www.persecucionreligiosa.es/exh_polo_benito/exh_polo_benito.html
https://www.persecucionreligiosa.es/index.php/beatos/271-polo-benito-jose
https://www.religionenlibertad.com/blog/38882/viva-cristo-rey–beato-jose-polo-y-2.html
https://www.persecucionreligiosa.es/images/beatos/toledo/colaborador_abc.pdf

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1 comentario en “Beato José Polo Benito, sacerdote y mártir

  1. Muchísimas gracias, René, por iniciar de nuevo la publicación de artículos en el blog y por escribir sobre un beato mártir español, muy querido para mi y del que tengo una importante reliquia «ex ossibus», regalo de la archidiócesis toledana.
    Don José fue realmente un hombre de Dios, lo cual demostró durante toda su vida sacerdotal y un verdadero mártir de Cristo.
    A mí me encantará escribir algún artículo alguna vez que otra, pero mis circunstancias personales no son las mismas de cuando escribía en el blog casi a diario. De todas formas, prometo hacerlo.
    Un abrazo y gracias de nuevo.

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