San Gregorio VII, papa y reformador

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Grabado decimonónico coloreado del Santi. Fuente: Archivo Prisma.

A finales del primer milenio y principios del segundo, la Iglesia Católica había sufrido la corrupción moral y política tanto por la balanza de poder entre la aristocracia romana y el Imperio como por el relajamiento espiritual entre el clero como consecuencia de la primera problemática. San Gregorio VII es quizás uno de los más importantes Pontífices de la Edad Media tanto por la reforma que lleva su nombre (que llevó a un enfrentamiento con los emperadores alemanes por la cuestión de las investiduras eclesiásticas) como por la cimentación del poder central dentro del papado que acarrearía numerosos problemas para el mismo durante los siglos venideros; su carácter inflexible e incorruptible, su deseo de renovar a la Cristiandad Occidental y su manera de actuar un tanto apasionada le granjearon la enemistad entre quienes no aceptaban sus medidas (quizás debido a su falta de tacto político) y la malquerencia entre los historiadores críticos de la Autoridad papal (aún si la motivación que lo impulsó no era de ambición sino de candoroso celo por el bien espiritual), sin embargo hoy su figura puede ser estudiada desde un punto de vista imparcial y más equilibrado para dilucidar poco a poco el contexto en que vivió y que ciertamente condicionó sus acciones.

Orígenes y carrera eclesial temprana
Hildebrando de Soana nació en la aldea de Rovaco, en el sur de la Toscana aproximadamente en el 1015, de una familia modesta de la cual no tenemos datos seguros. El futuro papa comenzó sus estudios en el Monasterio benedictino de Santa María en el Aventino (Roma) siendo sus preceptores Lorenzo (Obispo de Amalfi) y Juan de Graciano (futuro papa Gregorio VI) quienes le inducirían a abrazar con enorme celo la reforma que nacía dentro del ambiente monacal y que él iba a extender a toda la Iglesia. Durante el conflicto con los tres papados de Benedicto IX en 1045 y con la elección de Graciano como pontífice, Hildebrando es nombrado su secretario, con lo que comienza su labor reformista apoyado por San Pedro Damián; sin embargo el emperador Enrique III aconsejado por San Odilón de Cluny convoca al Concilio de Sutri que depone a Benedicto IX, a su rival Silvestre III e incita a Gregorio VI a renunciar debido a su compra simoníaca de la Sede Papal; en el destierro es seguido por su fiel servidor quien lo acompañará en su lecho de muerte en 1048.

La sede romana en los momentos iniciales de la vida de Hildebrando atravesaba numerosas dificultades y escándalos desde principios del siglo X poco después de salir del vergonzoso periodo conocido como “Pornocracia” o Saeculum obscurum, es decir, cuando con la instalación del Papa Sergio III en el 904 la Sede de Roma estuvo sometida al poderío de las familias romanas y muchos obispos cortesanos fueron impuestos por la influencia de mujeres senatoriales como lo son Teodora y Marozia (quienes ejercieron de amantes sobre los candidatos). Tras la muerte de Juan XII en el 963 y con la intervención del emperador se inauguró otro periodo donde las elecciones pontificias eran dominadas por el poder secular; si bien hubo muchas iniciativas de reforma auspiciadas por la Orden Benedictina, éstas eran muy puntuales y tenían alcances limitados, el combate a la compraventa de cargos eclesiásticos y la imposición del celibato clerical eran las principales causas que impulsaron la reforma gregoriana y la querella de las investiduras. En los años previos a la ascensión de Hildebrando al Solio tenemos que destacar el famoso Privilegio Othonis del que los emperadores germánicos hicieron uso para imponer en contraposición a los patricios romanos a los Sucesores de Pedro (quienes tenían que ser confirmados por los primeros), siendo abolido por el Sínodo de Letrán en 1059, lo que provocará numerosas fricciones a futuro.

Según algunos cronistas, después del fallecimiento de su preceptor, el monje Hildebrando se hace afín al movimiento promovido por la abadía de Cluny. Durante los papados de San León IX (a quien convenció para que después de su elección en la dieta de Worms fuera confirmado por el clero y el pueblo romano), Víctor II y Esteban IX actuó como legado papal en Francia y Alemania, sin embargo con la muerte de este último en 1058 la aristocracia romana apoyada con actos simoniacos hace elegir a Juan de los Condes de Tusculum como el antipapa Benedicto X. El joven clérigo convocó una nueva reunión con los disidentes y con el apoyo de la emperatriz Inés de Poitou se elige en Siena a Nicolás II quien recompensó al reformador nombrándolo archidiácono de la Iglesia Romana, ejerciendo de facto el control de la administración eclesiástica. Junto con Anselmo da Baggio apoya al movimiento patarino milanés encabezado por San Arialdo de Milán, que se había levantado contra el Arzobispo Guido da Velate (por haber auspiciado la compraventa de cargos clericales). Era el prototipo del hombre de Estado, moral, intransigente, incorruptible y con el deseo de reformar completamente a la Cristiandad; en 1061 Hildebrando influye en la elección de da Baggio como nuevo pontífice (quien toma el nombre de Alejandro II), siendo el responsable de la reestructuración del proceso de elección en la que los participantes de la misma sean ahora en adelante los cardenales, privando a la nobleza romana de influir en los cónclaves.

Expulsión de San Gregorio VII y entronización del antipapa Clemente III. Iluminación medieval.

Elección a la Silla de Pedro y actuación pontifical
A la muerte de su protector el 21 de abril de 1073, el archidiácono fue elegido por aclamación popular (aunque se debate si fue auspiciado por intereses particulares o fue una reacción espontánea) siendo confirmada por un segundo proceso a cargo de los miembros del clero; a pesar de todo, el nuevo sucesor siente el peso de la responsabilidad sobre la Iglesia ya que probablemente era sexagenario y le tocaba regir en un ambiente delicado para los intereses de la Santa Sede con respecto al equilibrio en la Cristiandad Occidental. El 22 de mayo del mismo año recibió la ordenación sacerdotal y fue consagrado el 29 de junio. Eligió como nombre pontificio el de Gregorio VII en honor a Juan de Graciano y como homenaje al papa San Gregorio I. Entre sus primeros actos está la reconciliación con el Reino normando de Sicilia y la organización de una cruzada para liberar Tierra Santa de los selyúcidas. En 1074 convoca un concilio en Letrán donde prohíbe la venta de cargos eclesiásticos bajo amenaza de excomunión y confirmó el celibato obligatorio de los sacerdotes lo que provocó una reacción dispar en la Europa Cristiana; la lucha contra el nicolaísmo presentó muchas objeciones en Alemania pero al final se pudo obtener una victoria completa, donde los sacerdotes que tuvieran esposa o vivieran en concubinato fueron sancionados con la prohibición de oficiar y muchos fueron exiliados; el emperador Enrique IV encontró en el papa un enemigo a su poderío en Italia y un líder influyente del creciente movimiento que propugnaba por la libertad de la Iglesia de la sumisión al Sacro Imperio. También la Universidad de París vio la política papal como inaceptable e irracional ya que condicionaba la validez de los sacramentos con el estado de gracia de los ministros; sin embargo el Pontífice no cedió. Su postura fue rechazada por la nobleza romana siendo víctima de un intento de asesinato durante la Navidad de 1075 por parte de un tal Censio mientras oficiaba en la Basílica de Santa María la Mayor, sin embargo el jerarca fue rescatado por el pueblo que se amotinó afuera del lugar cerrando las salidas para los atacantes, como gesto de caridad cristiana Gregorio perdonó al criminal y se interpuso para evitar que fuera linchado por la multitud; por si fuera poco meses antes había publicado el famoso Dictatus Papae, en el cual prácticamente sometía todas las jurisdicciones civiles y religiosas a la Autoridad papal, por lo tanto en contra de la práctica del cesaropapismo se revierten los papeles y sienta un precedente para la centralización del gobierno eclesiástico presidido por el Obispo de Roma en virtud de su primacía apostólica; uno de los puntos más importantes es que ninguna autoridad puede estar por encima del Pontífice (más que Dios) además de que reafirma la Ortodoxia inerrable de la Iglesia Romana por encima de las iglesias locales.

El comienzo de la Querella de las Investiduras radicó en la negativa del Emperador a prescindir del privilegio concedido a su antecesor Otón I de nombrar obispos que muchas veces se interpretaba de que partidarios suyos y clérigos indignos escalaran en los escalafones clericales como cuando impuso como Arzobispo de Milán al clérigo Tebaldo (opositor a la Pataria milanesa) quien mantendría una postura desafiante hacia Roma.

Medallón del Santo en la galería de Papas de la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

La actitud de Enrique produjo que Gregorio le amenazara de excomunión y liberase a sus súbditos del juramento de vasallaje, por lo que el monarca convocó en 1076 un Sínodo en Worms donde depone al pontífice e incita a los obispos a elegir un nuevo papa. Gregorio VII responde el 22 de febrero confirmando la amenaza, llegando incluso a incitar a los príncipes alemanes a proceder a una nueva elección.

La resolución pone en una situación delicada al Emperador que decide mediante una estratagema política conseguir la absolución del papa, los príncipes alemanes aprovechando el conflicto fortalecieron el partido anti imperial y los sajones se sublevaron, solo Lombardía se mantuvo fiel a Enrique y los opositores a la reforma gregoriana esperaban que la intervención real les permitiera conservar sus privilegios. Convocada una Dieta en Augsburgo para tratar el asunto, Gregorio se refugió en el castillo de Canossa (propiedad de la condesa Matilde, fiel defensora de los derechos de la Santa Sede) por temor a caer prisionero a manos de las tropas imperiales. Enrique IV no se presentó ante él con un ejército sino como penitente y esperó durante tres días a las puertas de la fortaleza mientras Gregorio deliberaba debido a las implicaciones políticas que surgirían, aunque como sacerdote no podía negar la absolución de quien ha demostrado arrepentimiento. Con desconfianza el 28 de enero de 1077 le liberó de la excomunión, pero a condición de presentarse en el concilio al año siguiente. En el V Sínodo de Letrán de 1078 el pontífice condenó la simonía y la investidura laica pero en Alemania la prometida Dieta no se celebró por lo que en el conflicto de Enrique con el pretendiente Rodolfo de Suabia abandonó su política de neutralidad y lanzó de nuevo contra el primero la segunda excomunión el 7 de marzo de 1080. Esta segunda sentencia no tuvo el apoyo popular que comenzó a cuestionarse si la actuación pontifical tuviera motivos frívolos; la mayoría de los jerarcas apoyaron las pretensiones del monarca y en el Consejo de Brixen declararon depuesto a Gregorio eligiendo como papa rival a Guibert de Rávena quien asumió como Clemente III.

Al año siguiente un ejército avanzó sobre la Ciudad Eterna a pesar de los intentos de las fuerzas de Matilde de Toscana de bloquear sus esfuerzos en los Alpes. Roma se rindió en 1084 y Gregorio VII se refugió en el castillo de Sant´Angelo donde se negó a negociar con el emperador, entonces Enrique entra el 21 de marzo para entronizar al antipapa y el 31 se coronó formalmente. Fue cuando el papa experimentó el abandono de muchos cardenales que se pasaron al bando del usurpador declarándole depuesto y excomulgado durante el sínodo de Letrán del 24 del mismo mes, aún así no desistió en sus convicciones.

Exilio y fallecimiento
Los alemanes no se establecieron mucho tiempo puesto que la alianza del Papado con el ducado normando de Sicilia (dirigido por Robert Guiscardo) forzaron a Enrique a retirarse a Civita Castellana; sin embargo los aliados se dedicaron al saqueo provocando la ira del pueblo romano contra el pontífice. Obligaron a Gregorio VII a retirarse primeramente a Montecassino y luego al castillo de Salerno donde falleció el 25 de marzo de 1085 pronunciando la famosa frase: «He amado la justicia y odiado la iniquidad, por eso muero en el destierro». Antes de su muerte absolvió a todos los sometidos a la censura excepto a Guibert y al Monarca. A pesar de que durante todo su pontificado se ocupó de la expansión de la reforma gregoriana también intentó la reconciliación con la Iglesia Ortodoxa (que había roto la comunión con Roma en 1054) cuando entabló una relación epistolar con el emperador bizantino Miguel VII Ducas más que nada preocupado por la expansión islámica por Oriente, así mismo buscó restaurar la comunión con la Iglesia Armenia sin éxito; a pesar de su intransigencia con el Sacro Imperio Romano Germánico trató de evitar un conflicto por similares motivos con los monarcas Felipe I de Francia y Guillermo I de Inglaterra, lo que demuestra que no era insensato en sus acciones. Sus sucesores Víctor III, Urbano II, Pascual II y Gelasio II tuvieron que enfrentar este asunto durante varios años más hasta que en el Concordato de Worms en 1122 el papa Calixto II y el emperador Enrique V (sucesor de Enrique IV) lograron llegar a un acuerdo, las reclamaciones del Papado se moderaron y se reconoció la asesoría secular para los nombramientos episcopales aunque la simonía y otros abusos fueron condenados definitivamente.

Urna con los restos del Santo. Catedral de Salerno, Italia.

La figura de San Gregorio VII sería muy criticada tanto por sus opositores políticos como por los historiadores seculares, pero no se puede negar que la importancia de esta Pontífice en la Historia de la Iglesia significó el fortalecimiento del poder religioso dentro del inestable panorama feudal europeo.

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El cardenal César Baronio introdujo su memoria en el Martirologio Romano dándole el título de beato, sería canonizado en 1728 por el Papa Benedicto XIII O.P. para disgusto de los galicanos franceses que defendían la independencia eclesiástica del país galo con respecto a Roma. Sus reliquias se veneran en la catedral de Salerno.

René

Bibliografía (13/10/20)
• Butler A. (1965) Libro de los Santos de Butler Volumen II. México, D.F. Collier’s International-John W. Clute, S.A.

Enlaces consultados (14/10/20)
• https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Gregorio_VII
• https://it.wikipedia.org/wiki/Papa_Gregorio_VII

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