Beato Alojzije Stepinac, arzobispo mártir (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato del Beato en su atuendo arzobispal.

Una de las beatificaciones más controvertidas durante el Papado de San Juan Pablo II es la del cardenal croata Aloysius Stepinac, arzobispo de Zagreb, elevado a los altares el 3 de octubre de 1998. La figura de Stepinac es uno de los principales puntos de tensión con la Iglesia Ortodoxa Serbia puesto que su papel durante la Segunda Guerra Mundial en el Estado títere de Croacia (aliada con las potencias del Eje) sigue siendo discutido en relación con los crímenes contra las poblaciones serbias y judías del territorio. Los territorios de los Balcanes han sido una fuente de discordia desde la desaparición de los imperios Otomano y Austrohúngaro debido a la disparidad ideológica y nacionalista de los distintos pueblos eslavos residentes. Las luchas de religión no son la excepción a la regla, siendo los serbios cristianos ortodoxos que han hecho parte de su identidad, los croatas hicieron del catolicismo parte de su cultura nacional más exacerbada, mientras los bosnios permanecieron islamizados.

Primeros años y carrera eclesiástica temprana
Luis Víctor Stepinac (Alojzije Viktor en croata) nació el 8 de mayo de 1898 en la aldea de Brezariá, entonces perteneciente al Estado Austrohúngaro de Croacia-Eslavonia siendo el quinto de nueve hijos del matrimonio conformado por Josif Stepinac (un adinerado viticultor) y Barbara Peniá (apellido de soltera). La familia Stepinac como muchas de su tiempo, era profundamente católica y esto influyó enormemente en el joven para que después abrazara la vocación sacerdotal. En 1906 tuvieron que mudarse a Krasei, donde Aloysius estudió en la Escuela primaria local, posteriormente asistió a la Escuela secundaria de Zagreb donde también se inscribió en el Liceo e hizo una solicitud a la edad de 16 años para ingresar en el Seminario.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 tuvo que ser reclutado por el Ejército Austrohúngaro para ser enviado en 1917 al Frente Italiano, donde comandó a soldados bosnios en el campo de batalla. En julio de 1918 fue capturado por el ejército italiano siendo recluido en un campo de concentración para prisioneros de guerra hasta el 6 de diciembre del mismo año. En la primavera de 1919 regresó a su casa con el rango de teniente matriculándose en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Zagreb durante un semestre, sin embargo, tuvo que dejar la carrera para ayudar a su padre en el cultivo de sus viñedos; como éste insistió en que se casara, se comprometió en 1923 con la maestra Marija Horvat, aunque después rompió el compromiso para inclinarse finalmente por la carrera eclesiástica.

Para ese momento, tras la desintegración de los imperios centrales (Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano) se formó una unión entre los pueblos eslavos de los Balcanes (serbios, croatas, bosnios y eslovenos) que el 1 de diciembre de 1918 proclamó el nacimiento del Reino de Yugoslavia presidido por Pedro I de Serbia como monarca reinante hasta su muerte en 1921. La ascensión de su hijo Alejandro I al poder significaría el inicio de un periodo de inestabilidad política, debido principalmente a los crecientes movimientos nacionalistas surgidos entre los croatas y los eslovenos, así como la rivalidad del naciente estado con la Italia fascista por algunas disputas territoriales. Precisamente durante este periodo, Aloysius ingresó en el Collegium Germanicum et Hungaricum de Roma (1924) para estudiar para el sacerdocio, y ahí conoció al futuro cardenal austriaco Franz Konig, con quien entabló una fructífera amistad; poco después y gracias a una beca cursó en la Pontificia Universidad Gregoriana adquiriendo los doctorados en Filosofía y Teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 26 de octubre de 1930 de manos del arzobispo Giuseppe Palica junto con Franco Eeper, quien a la muerte de Stepinac lo sucedería como Arzobispo de Zagreb; el 1 de noviembre de ese mismo año celebró su primera misa en la Basílica de Santa María la Mayor, regresando al año siguiente a su patria donde deseaba servir a la gente común como párroco. A pesar de esto, fue llamado por el Arzobispo Antonio Bauer para ejercer el cargo de maestro de ceremonias de la Catedral, también bajo su auspicio se estableció la rama arquidiocesana de la organización benéfica de Cáritas y por encargo de su pastor ejerció la administración en las parroquias de Samobor y Sveti Ivan Zelina. Pronto se convirtió en un nacionalista convencido aun cuando no militó en la Acción Católica y en otras organizaciones croatas, por lo que no fue impedimento para ser considerado como sucesor de Monseñor Bauer en la sede de Zagreb; el 24 de junio de 1934 fue consagrado como obispo coadjutor con la aprobación del rey Alejandro I, quien a pesar de sospechar de las ideas autonomistas de Stepinac accedió en virtud de sus pasados méritos como miembro de la Legión Yugoslava durante la Primera Guerra Mundial.

Ministerio episcopal en la decadente Yugoslavia y elevación a la Arquidiócesis de Zagreb
La situación se estaba descomponiendo después de una crisis política como producto del asesinato de Stjepan Radio y otros líderes del Partido Campesino Croata en junio de 1928, por lo que al año siguiente el monarca disolvió el Parlamento nacional y se erigió como dictador buscando uniformizar la pluralidad cultural existente, lo que le acarreó una creciente impopularidad afianzada con el crecimiento de la pobreza durante la Gran Depresión que afectó una economía dependiente de las potencias perjudicadas. Por otro lado, la política represiva estatal tuvo como consecuencia la fundación de organizaciones terroristas como la Ustacha Croata y la Organización Revolucionaria Macedonia siendo responsables del asesinato de Alejandro I en Marsella el 9 de octubre de 1934, generando un panorama de agitación en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Tras el terrible suceso el obispo Stepinac, junto con el obispo griego Dionisio Njaradiy y el obispo de Liubliana Gregorio Roman fueron autorizados por la Santa Sede para asistir al funeral del rey celebrado bajo el rito ortodoxo serbio en Belgrado, también fue uno de los firmantes del Memorándum de Zagreb ante la Regencia donde se exigía una amnistía para los presos políticos, restricción en la acción de grupos paramilitares autorizados por el gobierno y elecciones libres, también propuso el abordaje de la “cuestión croata” que luchaba por la autonomía en contra del predominio administrativo por parte de Serbia. La hostilidad mutua entre los yugoslavos radicaba no solo en pretensiones históricas de soberanía con recelos y roces culturales, también se combinaban las diferencias religiosas que no permitían coexistir en armonía, lo que en un futuro se convertiría en detonante para una tragedia mayor.

Poco antes de su elevación a la sede de Zagreb, patrocinó en julio de 1937 una peregrinación a Tierra Santa, donde bendijo un altar dedicado al Beato Fray Nikola Tavelic, quien sufrió martirio en Jerusalén el 14 de noviembre de 1391 por rechazar convertirse al Islam. De hecho, se convirtió en patrocinador de su causa de canonización proponiendo la construcción de un monumento en la colina de Velebit, con vista al mar Adriático. Tras la muerte de Monseñor Bauer el 7 de diciembre de 1937, aunque por debajo de los cuarenta años, Aloysius Stepinac fue nombrado su sucesor siendo el arzobispo más joven que ha tenido la Iglesia Católica Croata; sin embargo, a pesar de que durante los primeros años de su ministerio episcopal se había desempeñado en la atención pastoral de sus fieles y en algunos encargos administrativos de la Arquidiócesis, fue considerado como relativamente inexperto y no logró gozar del respeto y autoridad en virtud de su cargo demostrado en el fracaso de subordinar las organizaciones católicas locales bajo su tutela en un intento de mantenerse al margen de la política. A pesar de haber participado en las elecciones parlamentarias de 1938 donde se hizo clara la victoria de la Unión Radical Yugoslava (de corte fascista), también tuvo que someterse a una operación debido a una apendicitis aguda.

La convivencia entre católicos y ortodoxos pasaba por sus peores momentos, siendo el ejemplo más claro cuando en 1931 el Sínodo de la Iglesia Serbia nombró al misionero de los Cárpatos rusos Dositeo Vasich como primer obispo de la recién fundada diócesis de Zagreb, lo que provocó un amplio rechazo entre la mayoría y que el jerarca fuera blanco de insultos y agresiones en vía pública. Hasta la invasión alemana y la formación de estados satélite en 1941, la Iglesia Católica local luchó arduamente por una posición más equitativa a su homónima oriental. Como cualquier eclesiástico conservador anterior al Concilio Vaticano II (que puso en énfasis el diálogo ecuménico) los puntos de vista de Stepinac eran críticos con respecto al protestantismo, el comunismo, la masonería y la Iglesia Ortodoxa; en una ocasión llegó a comentar con el Príncipe Pablo (quien desempeñaba la regencia ante la minoría de edad de Pedro II) que “lo ideal sería que los serbios volvieran a la fe de sus padres, es decir, inclinar la cabeza ante el representante de Cristo, el Santo Padre” puntualizando lo siguiente: “el bizantinismo ha desempeñado un papel espantoso en la historia de esta parte del mundo.” Aun cuando la Conferencia Episcopal había seguido la larga tradición de lealtad al Estado y colaboración con las autoridades establecidas, el Arzobispo de Zagreb consideraba al gobierno totalmente anticatólico debido a la no ratificación del Concordato por parte de Parlamento como consecuencia de la presión ejercida por los serbios que veían peligrar su posición de poder. Tampoco ayudaba el panorama mundial cuando de manera acelerada Europa parecía caer de nuevo en el abismo de un conflicto internacional auspiciado por las potencias fascistas encabezadas por la Alemania Nazi.

Retrato del Beato en su atuendo arzobispal.

La Iglesia Croata en la Segunda Guerra Mundial
Tras la invasión de Polonia en septiembre de 1939 por parte de los alemanes y la consecuente declaración de guerra de Francia e Inglaterra, Yugoslavia buscó mantener una política de neutralidad apoyada por el gobierno británico. Ante las victorias del Tercer Reich en el frente pronto el país se vio rodeado por las fuerzas del Eje en marzo de 1941 por lo que la Regencia tomó la nefasta decisión de unirse al Pacto Tripartito, lo que provocó protestas en Belgrado. El día 27 un Golpe de Estado depuso al Príncipe Pablo y el nuevo régimen rompió el acuerdo, provocando la ira del Führer que reaccionó ordenando la invasión de Yugoslavia; el ejército nacional no pudo detener las avanzadas germanas principalmente por la deserción de los regimientos croatas que nunca dudaron en hacer realidad sus sueños independentistas; el 10 de abril, coincidiendo con la ocupación de Zagreb y apoyados por el Partido Ustacha, el militar Slavko Kvaternik proclamó la creación del Estado Independiente de Croacia bajo una monarquía a cargo de Tomislav II pero que en la práctica el control del poder lo ejercería de facto el líder de la organización terrorista Ante Pavelić; dos días después el Arzobispo Stepinac juró lealtad a los recién estrenados gobernantes reuniéndose con el dictador poco después.

El optimismo se vio acrecentado con la protección del nuevo estado a la Libertad de la Iglesia y la política de no tolerancia hacia la Ortodoxia Serbia que veían más como una organización política que como una institución religiosa. Anteriormente había expresado en su diario en términos muy duros hacia el cristianismo oriental, diciendo que “el cisma es la mayor maldición de Europa, casi mayor que el protestantismo”, por consiguiente es entendible que con la separación croata de la Yugoslavia derrotada, se denunciara esta realidad de pluralidad religiosa. La clasificación en la actitud del arzobispo ante los críticos varía considerablemente, desde la pasividad ante los crímenes cometidos contra los serbios, judíos y gitanos a pesar de algunas evidencias de ayuda puntual, hasta la presunta colaboración con el régimen de Pavelić que llevaría a socavar la credibilidad de la jerarquía romana después del conflicto. Las pruebas analizadas en este último punto son la carta pastoral emitida el 28 de abril donde instaba a los fieles a orar por el gobierno y al clero a cumplir este mismo deber, además de que Stepinac actuara como mediador epistolar ante el Vaticano para que reconociera formalmente a la joven nación, cosa que no se podía aceptar en medio de una situación de guerra, pero que Pío XII respondió con el envío de un visitador apostólico.

El calor de la bienvenida pronto se convirtió en una desilusión al saber de las primeras masacres perpetradas por la milicia Ustacha contra los serbios y los judíos con el apoyo explícito de muchos clérigos, no se podía negar los hechos, sin embargo se consideraron obras de individuos exaltados y no como una obra de limpieza étnica perfectamente organizada. En pocas palabras, aunque se temía por la cadencia propagandística y parecía que las reacciones de los altos mandos eran condenatorias en un primer instante para obligar a los elementos irregulares a acomodarse a la jerarquía militar, la ingenuidad o tibieza del alto clero no favoreció la situación ni detuvo los actos atroces contra las minorías desprotegidas.

Las denuncias del Arzobispo podrían considerarse como tibias desde el punto de vista político; cuando el 14 de mayo de 1941 recibió la noticia de la primera masacre de Glina contra la población serbia local, Stepinac escribió una misiva privada al Primer Ministro en los siguientes términos: Justo ahora recibí la noticia de que los Ustae en Glina ejecutaron sin juicio e investigación 260 serbios. Sé que los serbios cometieron algunos crímenes importantes en nuestra patria en estos últimos veinte años. Pero considero que es mi responsabilidad de obispo alzar la voz y decir que esto no está permitido según la enseñanza católica, por lo que le pido que emprenda las medidas más urgentes en todo el territorio del Estado Independiente de Croacia, de modo que no se mate a un solo serbio a menos que se demuestre que cometió un delito que justifica la muerte. De lo contrario, no podremos contar con la bendición del cielo, sin la cual debemos perecer.

Ante el anuncio de la aplicación de leyes raciales que privaban de sus derechos a los judíos croatas, intentó por lo menos salvar a aquellos que se habían convertido al catolicismo en una carta a Artkovic el 23 de abril, pero al no conseguirlo envió otra misiva el día 22 de mayo para protestar contra las mismas. Apoyó la labor del sacerdote Dragutin Jesih (quien era párroco de Ščitarjevo y sería asesinado en 1944 por la milicia ustacha al negarse a delatar a las familias que había auxiliado); incluso, llegó a estar involucrado directa o indirectamente como cuando intercedió por la liberación del rabino Miroslav Alom Freiberger, arrestado por orden de Himmler en su visita a Zagreb e insatisfecho por la falta de resolución del régimen en la aplicación de la Solución Final (al final Freiberger sería enviado en 1943 al campo de concentración de Auschwitz y asesinado poco después). Es conocida la carta pastoral del 24 de mayo de 1942 donde habló en términos generales de su postura con respecto a la discriminación étnica, sin explicitar sobre los serbios masacrados u obligados a abandonar sus poblaciones: Todos los hombres y todas las razas son hijos de Dios; todo sin distinción. Aquellos que son gitanos, negros, europeos o arios tienen los mismos derechos (…) por esta razón, la Iglesia Católica siempre había condenado, y sigue condenando, toda injusticia y toda violencia cometida en nombre de las teorías de clase, raza o nacionalidad. No es permisible perseguir a los gitanos o judíos porque se cree que son una raza inferior.

El Beato con el dictador Ante Pavelić.

Entre los intentos de exterminio se sumaba a que las autoridades fascistas promovieron un proceso de conversión forzada del que estuviera involucrado de manera recíproca el clero simpatizante (con casos de algunos miembros que participaron en numerosos asesinatos) sumado al silencio de los jerarcas. La abstención a la denuncia de persecución religiosa contra los ortodoxos serbios se debía primordialmente a que en gran medida beneficiaba a la Iglesia Católica la uniformidad confesional. A pesar de la pérdida patrimonial y humana que suponía la destrucción de la identidad serbia en el país, la Ustacha pronto se dio cuenta de que sus políticas pro-católicas habían resultado infructuosas, ni la eliminación del 85% del clero ortodoxo (junto con tres obispos martirizados) ni la aglomeración de los serbios para obligarlos a abandonar su fe pudieron satisfacer las expectativas de un Estado Croata Católico Nacional. Como una aparente “concesión” entre los supervivientes, se patrocinó la creación de una Iglesia Ortodoxa Croata separada del Patriarcado de Serbia bajo el liderazgo del Metropolitano Hermógenes Maksimov, que duró desde su implantación en 1942 hasta la caída de la Croacia nazi en 1945; sólo la Iglesia Rumana reconoció esta autocefalía ya que la dictadura de Ion Antonescu estaba en plena colaboración con el Eje.

Según la investigadora judía de origen bosnio Esther Gitman (superviviente del Holocausto), tras analizar numerosos documentos sobre la actuación de Stepinac, concluyó que con su ayuda (sea directa o indirectamente) pudieron salvarse 6000 judíos. Amiel Shomrony, secretario del rabino Freiberger, presentó su caso ante la Yad Vashem para que el Arzobispo de Zagreb fuera reconocido póstumamente como Justo entre las Naciones durante los años 70, otra petición fue realizada en 1994 por parte de Igor Primorac, siendo apoyada por Gitman; sin embargo, la organización rechazó la postulación argumentando que la protocolaria relación con el gobierno genocida impide su inclusión en esta categoría.

En su conducta con los serbios, el sacerdote franciscano Aleska Benigar afirmaba en un libro sobre él que ya en 1941 enviaba a sus sacerdotes una instrucción secreta en los siguientes términos: «Cuando las personas de fe judía u ortodoxa vienen a vosotros, que están en peligro mortal y desean convertirse al catolicismo, recibidlas, salvad la vida de las personas. No les exijan tener ningún conocimiento religioso especial, porque son cristianos ortodoxos como nosotros, y la fe judía es aquella de la que el cristianismo tiene sus raíces. El papel y la tarea de los cristianos es principalmente salvar a las personas. Cuando este tiempo de locura y salvajismo haya pasado, los que se convierten por creencia permanecerán en nuestra Iglesia, mientras que otros, cuando pase el peligro, volverán a los suyos». Los investigadores han dudado de la veracidad de la información, ya que Benigar no cita la fuente, quedando en clara contradicción con las opiniones anteriormente expresadas y siendo la medida cuestionable ante las políticas públicas de rechazo a la conversión forzada (que contradecía las instrucciones recibidas de la Santa Sede), o su fomento por lo menos dentro de los cánones de la Iglesia que estipulan después de una debida instrucción.

Otro punto para tener en cuenta con respecto a esta cuestión son los informes enviados por Monseñor Alojzije Misic O.F.M., Obispo de Mostar denunciando los crímenes que en su diócesis la Ustacha cometía como represalia por la violencia ejercida por la resistencia yugoslava, detallando en una carta enviada el 7 de noviembre de 1941 la magnitud del exterminio. Después del asesinato de siete sacerdotes eslovenos en el famoso Campo de la muerte de Jasenovac, Stepinac escribió el 24 de febrero de 1943 una carta a Pavelić con duros términos: Esta es una mancha vergonzosa y un crimen que clama al cielo por venganza, ya que todo el campamento de Jasenovac es una falta vergonzosa para el Estado Independiente de Croacia… todo el público, y especialmente los familiares de los sacerdotes asesinados, piden una compensación y satisfacción y piden que los asesinos, que son la mayor desgracia para Croacia, sean llevados ante un tribunal de justicia.

Aunque las exhortaciones eran apenas conversaciones o misivas privadas, entre 1942 y 1943 se conocen denuncias públicas tardías, que no disiparon las dudas de la complicidad de la Arquidiócesis de Zagreb con los crímenes cometidos; además no se ha encontrado evidencia de que el exterminio contra los ortodoxos serbios fuera denunciado directamente. Ivo Goldstein comenta que en comparación con la situación de los judíos en Francia, Países Bajos, Eslovaquia, Italia, Dinamarca y aún en la misma Alemania, donde la magnitud de la tragedia fue menor debido a la coordinación entre las distintas autoridades eclesiásticas para su ayuda y protección, en Croacia el 80% de su población fue exterminada junto con casi toda la población romaní y aproximadamente la quinta parte de los serbios.

Con el fin del conflicto acercándose y la balanza a favor de las fuerzas aliadas, también el gobierno fascista resentía que pronto la resistencia al mando del Mariscal Josif Broz Tito derrumbaría los proyectos de independencia entre los croatas. La retirada de la Ustacha hacia la frontera con Austria y la entrada de los partisanos comunistas en Zagreb el 8 de mayo de 1945 pusieron fin al Estado Independiente con su integración en la llamada República Popular Federativa de Yugoslavia.

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René

Enlaces consultados (26/11/20)
•https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/07/13/card.html
•https://es.wikipedia.org/wiki/Aloysius_Stepinac
•https://hr.wikipedia.org/w/index.php?title=Bla%C5%BEeni_Alojzije_Stepinac&fbclid=IwAR3oXvdGqQ1wuBk5W4P3OnNyoZ6nAVHnnvCxuBo5MO8sxt9UojwQl5lOsgc
•http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/homilies/1998/documents/hf_jp-ii_hom_19981003_croazia-beatification.html
•https://www.religionenlibertad.com/personajes/627061976/Una-judia-investigo-quien-salvo-a-su-familia-y-hallo-que-el-cardenal-martir-Stepinac-ayudo-a-miles.html
•https://www.religionenlibertad.com/opinion/875784467/Stepinac-un-pastor-que-no-hizo-descuentos-sobre-la-verdad.html

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