Santa Fotina “la Samaritana”, y compañeros, mártires

Icono ortodoxo griego de Santa Fotina, "la Samaritana".

Icono ortodoxo griego de Santa Fotina, “la Samaritana”.

Hoy es una de las diversas fechas en las que se conmemora a un grupo de mártires de nombre Fotina, José, Víctor, Sebastián, Anatolio, Focio, Fótide, Parasceve y Ciríaca. Sobre este grupo existen varias passio griegas cuya historicidad es muy escasa. Se trata de narraciones legendarias, una “mera fabularum consarcinatio”, según el bolandista Delehaye, discordantes a veces entre ellas mismas y redactadas en épocas muy diversas. En el relato, los personajes son estrictamente tratados con vínculos de parentesco o de amistad, pero, naturalmente, no hay prueba de que esto sea así.

Se dice que Fotina es la mujer samaritana a la cual Jesús pidió agua en el pozo de Jacob (Juan, 4, 6-42); José y Víctor serían sus hijos naturales, Fótide, Parasceve y Ciríaca son presentadas como sus hermanas o cuñadas -según versiones- y Sebastián y Anatolio como dos oficiales del ejército, que fueron evangelizados por Víctor. En algunas versiones, Anatolio es transformado en “Anatolia” y pasa a ser una de las mártires femeninas del grupo. De Focio no se precisa nada; quizás pudiera ser también un oficial del ejército. Es muy difícil establecer la historicidad de estos personajes. Pero, antes de proseguir con esto, vamos a presentar el pasaje de la samaritana en el Evangelio de Juan, para que a todo lector no le quede duda de a qué personaje del Nuevo Testamento nos estamos refiriendo.

La samaritana
“[Jesús] llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dió Jacob a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres. Entonces la samaritana le dijo: “¿Cómo tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana? Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos”.

Jesús le respondió y dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: “Dame de beber”, quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”. Ella le dijo: “Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva? Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?” Respondióle Jesús: “Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed; mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”. Díjole la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua”.

Jesús y la samaritana en el pozo de Jacob. Lienzo decimonónico en la catedral de Rouen (Francia).

Jesús y la samaritana en el pozo de Jacob. Lienzo decimonónico en la catedral de Rouen (Francia).

Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”. Replicóle la mujer y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Bien has dicho: “No tengo marido”; porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad”. Díjole la mujer: “Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”. Díjole la mujer: “Yo sé que el Mesías – es decir el Cristo – ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo”. Jesús le dijo: “Yo lo soy. Yo que te hablo”.

En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?” Entonces la mujer, dejando su cántaro, se fue a la ciudad, y dijo a los hombres: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será éste el Cristo?”. Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo. (…) Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: “Él me ha dicho todo cuanto he hecho”. Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y muchos más creyeron a causa de su palabra, y decían a la mujer: “Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Hasta aquí el texto evangélico que hace referencia a la mujer samaritana, que la tradición cristiana -más conocida en el mundo ortodoxo que en el católico- ha querido identificar con la mártir Santa Fotina, de la cual hablamos hoy.

Sinaxis del 26 de febrero: Santos Porfirio de Gaza, y los mártires Foto, Fotina, Fótide y Sebastián.

Sinaxis del 26 de febrero: Santos Porfirio de Gaza, y los mártires Foto, Fotina, Fótide y Sebastián.

Passio de los mártires
Las narraciones de estas passios sustancialmente pueden resumirse de la siguiente manera: Fotina, después del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, se retiró a Cartago con su hijo José -en torno al año 66- desarrollando una intensa actividad evangelizadora para extender el cristianismo. Su otro hijo – Víctor -, se dedicó a la milicia, y después de los éxitos obtenidos contra los ávaros, llegó a comandante militar en Atalia (Asia Menor).

El gobernador de esta región, Sebastián, era amigo íntimo de Víctor y un día le mandó llamar y le dijo que había llegado a su conocimiento que tanto él, como su madre y su hermano eran cristianos, y que como amigo le aconsejaba someterse a los deseos del emperador y denunciar a los cristianos para hacerse con su patrimonio. Además era aconsejable que su madre y su hermano abandonaran la predicación en público, limitándose a mantener su fe en secreto.

Pese a las buenas intenciones del gobernador, Víctor replicó que deseaba ser apóstol como sus familiares. El gobernador se retiró, decepcionado, y en cuatro días Víctor no volvió a verle. En cuanto se encontró de nuevo con él, éste le dijo: “Sólo la fe de los cristianos es auténtica, no hay otra fe”. Ante la sorpresa de Víctor, se limitó a añadir: ”Cristo está llamándome”. La leyenda dice que en aquellos cuatro días Cristo se le había aparecido y lo había dejado ciego para advertirle del trato a los cristianos. Sólo cuando Sebastián había accedido a convertirse había recuperado la vista, por lo cual se hizo inmediatamente bautizar.

Cuando Nerón fue informado de la conversión del gobernador de Atalia, mandó que detuvieran a Sebastián y a Víctor y los llevaran a su presencia. Deportaron también de Cartago a Fotina y a José. Durante la noche que estuvo esperando el juicio Víctor vio a Cristo en sueños y éste le dijo: “A partir de ahora te llamarás Fotino, porque tú iluminarás a muchos otros para que crean en mí”. Tras se interrogados y obligados a sacrificar a los dioses sin éxito, a Sebastián y Fotino les aplastaron los dedos y les descoyuntaros los nudillos. Posteriormente les dejaron ciegos y los enviaron a prisión.

Fotina y José habían sido reunidos con otras cinco hermanas dispuestas para juicio. Los nombres de esta smujeres eran, según la leyenda, Anatolia, Fótide, Parasceve, Ciríaca y Thais. Todas ellas fueron enviadas bajo el custodio de Domnina, hija de Nerón, en un período de tiempo que duró tres años. Durante todo aquel período de tiempo Fotina logró convertir al cristianismo a Domnina y a sus esclavas. En cierta ocasión descubrió que una envenenadora le había emponzoñado la comida para matarla, y la perdonó.

Secuencia del martirio de los Santos: las mujeres y José, recluidos en prisión.

Secuencia del martirio de los Santos: las mujeres y José, recluidos en prisión.

Por aquellos días optó Nerón por deshacerse de los tres varones, debido a la gran expectación que causaban. Sebastián, Fotino y el joven José fueron crucificados, y mientras pendían de las cruces se les azotó con correas. Los tuvieron así varias horas, tras las cuales los bajaron, les cortaron las piernas, que fueron arrojadas a los perros, y los desollaron vivos. Murieron tras una atroz agonía.

Cuando supo que Fotina había convertido a su hija, Nerón mandó también despellejarla y arrojarla a un pozo seco para dejarla morir allí. No contento con ello, mandó coger a las cinco hermanas, cortarles los pechos y despellejarlas vivas. Hecho esto, puso fin a las cinco hermanas mandando que fueran decapitadas, excepto a Fótide, a quien aplicó una muerte atroz: fue atada por los pies a dos árboles en tensión, que al ser soltados, la descuartizaron.

Sólo quedaba Fotina con vida. Mandó sacarla del pozo donde aún seguía, y la encarceló durante veinte días más. Tras ese tiempo la mandó llamar de nuevo y le exigió sacrificar a los dioses para salvar su vida. Se dice que ella le escupió al rostro y le gritó: “¡Oh, el más impío de los ciegos; tú, hombre libertino y estúpido! ¿Crees que soy tan necia como para consentir en renunciar a mi Señor y sacrificar a ídolos tan ciegos como tú?”. Tras ello, Nerón mandó que fuera de nuevo arrojada el pozo y esta vez sellado. En este enterramiento en vida, Fotina murió al cabo de poco tiempo.

Crítica a la passio
A poco que se analice críticamente este relato, fácilmente se descubrirá por qué no puede ser aceptado como válido. En primer lugar, es muy difícil identificar a Santa Fotina con la mujer samaritana del relato evangélico. Fotina, nombre griego que significa “iluminadora” (con tal sentido los rusos la llaman Svetlana), ya debía ser una mujer madura cuando habló con Jesús (pues el Evangelio dice que ya había estado casada y enviudada, y en aquel momento vivía con otro hombre), debíamos suponer una avanzadísima edad en el momento de su martirio. Además ello la convertiría en la primera mártir que hubiera conocido en persona a Cristo, si excluimos a Pedro y los otros apóstoles. Demasiadas coincidencias para lo que no es más que otra leyenda piadosa.

Icono ortodoxo griego de Santa Fotina y compañeros mártires.

Icono ortodoxo griego de Santa Fotina y compañeros mártires.

Eso hace que identificar históricamente a la mártir con la samaritana sea una tarea imposible. Algunos críticos han puesto en dudas incluso la existencia de Fotina, presentando este nombre como una derivación o corrupción de Focio, mientras que sin embargo, otros piensan que es al revés, o sea, que Focio y Fótide son nombres añadidos por analogía a Fotina.

Fotina también es presentada como Santa Iluminada (φωτέινη, en griego, como decíamos, significa “iluminadora” o “iluminada”), aunque con pruebas muy débiles. Esta Iluminada es una santa muy venerada en la región italiana de Umbría, concretamente en Martana y Montefalco, que celebran su fecha el 23 de noviembre; y esto lo hacen porque la passio de esta Santa Iluminada presenta muchos puntos idénticos con las otras passios de Fotina. Sin embargo, recordemos que esta Santa Iluminada es también considerada por no poco hagiógrafos como un desdoblamiento de la mártir Santa Fermina de Amelia. Mejor dejémoslo ahí.

Desde muy antiguo existen testimonios de culto a Fotina en la isla de Creta, pero aun así, repetimos que es muy difícil establecer que sea la verdadera samaritana de la que habla San Juan en su evangelio. Todas estas soluciones presentan ciertos aspectos persuasivos, pero no pueden sustentarse en ninguna documentación histórica. La misma conmemoración de este grupo de mártires es presentada en fechas diferentes: 26 de febrero, 20 de marzo, 6 de mayo o 20 de agosto.

Algunos, como Ciríaca, Parasceve y Focio, fueron Santos muy venerados en Oriente, pero los testimonios existentes sobre ellos para nada los relaciona con Fotina. Puede ser que los anónimos autores de las passios hayan incluido en sus narraciones a estos Santos – que ya eran conocidos previamente – creando con Fotina una ligazón de parentesco o de amistad, procedimiento que no es insólito en los antiguos relatos hagiográficos. En este caso se trataría de personajes ficticios – que sin embargo existieron realmente – pero que nada tuvieron que ver con ella, o sea, ficticios en esta relación o grupo. De este tipo de casos ya hemos visto varios: Cecilia-Valeriano-Tiburcio, Quirino-Balbina, Simplicio-Faustino-Beatriz, etc…

Cántaro de la Samaritana. Iglesia del pozo de Jacob, Israel.

Cántaro de la Samaritana. Iglesia del pozo de Jacob, Israel.

Y bueno, si nos metemos ya en detalles como que el emperador Nerón jamás tuvo una hija llamada Domnina -diminutivo de Domna, variante de Domina, que significa “señora” y que viene a indicar claramente un seudónimo parlante-; la exageración de las torturas descritas, que hubiesen bastado para matar al mártir con una sola; el cambio de sexo y rol de Anatolio-Anatolia según versiones; la aparición de alguna otra mártir como Parasceve o Thais que son difíciles de identificar, vemos que, en resumen, el relato de la passio no puede darse por histórico.

Culto y reliquias
A pesar de lo brumoso y complicado que resulta identificar a este grupo de mártires, lo cierto es que ellos, y en particular Fotina como cabecilla del grupo, siguen siendo muy venerados en el mundo ortodoxo, que no vacila en seguir identificando a esta mártir con la samaritana del pozo de Jacob. Sin embargo, también en el cristianismo católico se la celebra, en particular en Filipinas, donde se produce también esta identificación y hasta se le dedican pasos procesionales en Semana Santa, lo que constituye toda una anomalía ya que, en la tradición católica, lo común ha sido no identificar a Fotina con la samaritana, e incluso ignorar la existencia de la primera. Entre los ortodoxos es muy venerada y considerada muy milagrosa, habiendo un gran recuento de prodigios y milagros obrados por esta santa mártir.

La tradición ortodoxa establecen que sus reliquias fueron veneradas en Constantinopla, en dos santuarios distintos, donde obraban milagros con los fieles, aunque actualmente parece que ya no existen. El primer hallazgo de las reliquias se produjo cerca de Blaquerna, donde se apareció a un ciego llamado Abraam -quien la describió como una mujer muy anciana, vestida de lino y con un rostro agradable y encantador- y, tocándole los ojos con una vela encendida, le devolvió la vista -haciendo, pues, honor a su nombre, “iluminadora”- y le encargó que recuperara sus restos.

Pues bien, existen presuntas reliquias de esta Santa, como es el cráneo venerado en Montenegro, un fragmento del cráneo venerado en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma y, lo que ya es el colmo, su presunto cántaro en la iglesia del pozo de Jacob, que se dejó cuando fue a anunciar a su pueblo que había encontrado al Mesías. También hay un pie incorrupto en el monasterio Iveron del Monte Athos y otro fragmento de cráneo en el monasterio Grigoriou, entre otras reliquias dispersas. Dejamos a juicio de los lectores el ponderar la autenticidad de las mismas.

Fragmento del cráneo de la Santa -hueso superior- en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Fragmento del cráneo de la Santa -hueso superior- en la Basílica de San Pablo Extramuros Roma (Italia).

En la iconografía, aparece siempre como una mujer llevando un cántaro, ya sea en solitario o junto al pozo de Jacob, escuchando la palabra de Cristo.

Conclusiones
Es prácticamente imposible dar por bueno que Santa Fotina, la mártir, sea la misma mujer samaritana que encontró a Cristo en el pozo de Jacob. No existe ninguna prueba que lo avale salvo una passio fantasiosa sin validez histórica. Lo más probable es que se trate de un grupo de mártires históricos que, a juzgar por su temprana veneración, sufrieran martirio en lugares diferentes, en momentos diferentes, y que por el simple arbitrio de los redactores de sus passios, acabaron siendo emparentados y unidos en un solo grupo, sin más.

Y desde luego, si aceptamos que Santa Fotina existió, mucho más debemos aceptar que la mujer samaritana, que oyó la palabra del Maestro y que debió transformar su vida, es tan real como que aparece inmortalizada en las Sagradas Escrituras.

Cráneo de la Santa. Monasterio Zdrebaonik, Danilovgrad (Montenegro).

Cráneo de la Santa. Monasterio Zdrebaonik, Danilovgrad (Montenegro).

Dejo la película copta realizada sobre la vida de la Santa, que por supuesto, fusiona la vivencia de la samaritana con la passio de la mártir y sus compañeros. Un largometraje sencillo y sin pretensiones, aunque bello, didáctico y ameno para quien se precie.

Meldelen

Bibliografía:
- VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlaces consultados (12/08/2014):

http://www.aciprensa.com/evangelio/lectura.php?id=838

http://mediterraneanworld.typepad.com/the_archaeology_of_the_me/2008/10/blindness-dreams-and-relics.html

http://www.snhell.gr/references/synaxaristis/search.asp

Beatos Pedro de Zúñiga, Luis Flores y compañeros mártires

Luneta con la imagen del Beato Luis Flores.

Luneta con la imagen del Beato Luis Flores.

Introducción
Los Beatos Pedro de Zúñiga y Luis Flores están inscritos en el calendario propio de México aunque no son nativos de este país. Esto se debe a que vivieron en la ciudad de México, durante la época del virreinato y por ello se les considera como propios. Luego de la reforma Litúrgica emanada del Concilio Vaticano II su celebración fue omitida lastimosamente hasta finales la década de los ochenta en que fue restituida. Ellos, al igual que otros misioneros fueron a Japón para llevar la Buena nueva y como era de esperarse, sufrieron por ello el martirio. Junto con ellos fueron sacrificados otros trece compañeros.

Beato Luis Flores
Nació en Amberes en 1565 hijo de una familia española que luego emigro por razones desconocidas primero a España y luego a México, donde luego de discernir su vocación, ingreso al convento dominico de San Jacinto en la capital. Profeso y ordenado sacerdote, se ofreció como misionero oriente, a donde fue enviado. En 1602 va a las Islas Filipinas, desarrollando un fecundo trabajo apostólico en la provincia de Nueva Segovia, todavía necesitada de evangelización. Luego de varios años de servicio y tras un retiro espiritual al conocer la noticia de las dificultades de la cristiandad japonesa, del martirio de misioneros y creyentes, se ofreció para ir a Japón; obtenida la licencia, se asocio al Beato Pedro de Zúñiga para ir al Japón.

Beato Pedro de Zúñiga
Nació en Sevilla en 1580, siendo hijo de Álvaro de Zúñiga, Marques de Villamanrique, VI Virrey de la Nueva España y de Teresa de Villa marina. Al ser nombrado su padre a este cargo y marchar a México dejo a su hijo a cargo de los duques de Medina Sidonia. Al parecer estudio en la Universidad de Santa María de Jesús, en Sevilla. A los 23 años, con la oposición de su familia, ingreso a la orden agustina profesando en 1604, luego en una fecha incierta es ordenada sacerdote en Sevilla por tratos con un misionero decide serlo el mismo también combatiendo nuevamente la oposición de su familia.

Llega a Manila en 1610 trabajando con mucho celo en la providencia de Papamga mientras estudiaba el idioma japonés, En 1618 se introduce clandestinamente en Japón con su hermano de hábito, el mexicano y también Beato Bartolomé Gutiérrez, pero fueron localizados. Al conocer el gobernador de Nagasaki que era hijo de un antiguo Virrey de México, lo dejo huir. Y así volvió a Manila de este trance y sabedor de que los fieles de Nagasaki reclamaban su presencia, se puso de acuerdo con el Beato Luis Flores para volver a Japón.

Escultura del Beato Pedro de Zúñiga representando su martirio.

Escultura del Beato Pedro de Zúñiga representando su martirio.

Martirio
Para volver a entrar a Japón, contrataron a un capitán de un barco japonés y cristiano, que a su vez contrato una tripulación también japonesa y cristiana. El capitán no revelo la verdadera identidad de los sacerdotes que iban disfrazados de japoneses, partieron de Manila el 13 de junio de 1620 navegando una ruta llena de dificultades por el clima y la falta de víveres. En Farmosa, luego de proveerse de víveres, fueron detectados por un barco de piratas holandeses los cuales asaltaron la nace sospechando que se trasladaron misioneros. En Firando se hizo el desembarco y los prisioneros fueron entregados a las autoridades locales con la delación de la sospecha de que eran sacerdotes. El gobierno japonés pidió pruebas de ello y los piratas torturaron a los dos misioneros para que revelaran su identidad. Así pasaron por varios tribunales hasta que en uno fue reconocido el Beato Pedro de Zúñiga, que declaro su condición y luego vistió su habito. Luego fue enjuiciado el capitán, que defendió a sus marineros aclarando que ellos no sabían la verdad. El juez decidió perdonarlos a todos ellos si abjuraban del cristianismo pero ellos no aceptaron. El capitán, lleno de pena suplico el perdón a su equipo de trabajo por no haberles dicho con claridad el proyecto, pero ellos, de común acuerdo, le decían que nada tenían que perdonar, pues por esta oportunidad les llegaba la manera de ganar la corona del martirio.

La condena se ejecuto el 10 de agosto de 1622 en la Colina de Nagasaki. Los dos misioneros y el capitán fueron condenados a la hoguera y el resto de los prisioneros fueron degollados. Para prolongar el martirio de los que iban a morir quemados luego de atarlos en el poste se tuvo cuidado de poner la leña a cierta distancia, para que el calor fuera llegando paulatinamente, luego, cuando el fuego crecía la leña era retirada para reiniciar el tormento, que se prolongo por dos horas. Es creencia que cuando los mártires son atormentados, no sufren. En este caso quiso Dios que ese sufrimiento lo padecieran estos dos sacerdotes, en su ejecución, a tal grado que mutuamente se van manifestando su impotencia.

A los cuatro días del martirio, cuando ya no había guardias, los fieles pudieron hacerse de las reliquias de los quince mártires para darles digna sepultura. El cuerpo del Beato Luis Flores fue sepultado en la casa de una viuda donde solía celebrar misa mientras que el del Beato Pedro de Zúñiga, fue enviado de Macao y sepultado en la Iglesia de la compañía. A continuación se dan los datos de los restantes Beatos mártires.

Escultura del Beato Luis Flores.

Escultura del Beato Luis Flores.

Beato Joaquín Hirayama
Era el capitán del Barco, se convirtió al cristianismo por influencia de otro mártir, el Beato Baltasar Torres S.J. vivió un tiempo en Filipinas donde se caso y adopto el apellido Díaz con el que era conocido. Igual que toda la tripulación que contrato, era cofrade del Santísimo Rosario.

Beato León Sukeyemon
Era piloto o contra maestro de la nave.

Beato Juan Soyemon
Era el secretario del Barco.

Beato Miguel Díaz
Algunas fuentes lo hacen español emigrado a Filipinas donde vive como mercader o marino. Otros opinan que era japonés y que había tomado el apellido español.

Beatos Antonio Yamada o Yamanda, Marcos Takenoshima o Takeyinika, Pablo Sankichi, Juan Yago o Yano, Juan Nagata Matakichi, Bartolome Mohioye o Monfiore, eran todos ellos simples marineros y no se conocen datos precisos de su vida.

Beato Tomas Kanayagi o Coyanghi
Se formo como catequista en el Colegio Jesuita y llego a ejercer este apostolado. Se marcho a vivir a Manila y deseoso de volver a Japón se alisto en la embarcación de Beato Joaquín Hirayama.

Beatos Santiago Matsuo Denshi y Lorenzo Rokuyemon o Bokeyamon
Algunas fuentes no los consideran marineros, sino más bien pasajeros.

Culto
Unido este grupo al conformado por el Beato Alfonso de Navarrete y 204 compañeros fueron beatificados por el Beato Pio IX el 7 de julio de 1867 al celebrarse los 1800 años del martirio de San Pedro y San Pablo. En México el 19 de agosto se celebra la memoria litúrgica, únicamente de los Beatos Luis Flores y Pedro de Zúñiga.

Oración
Señor nuestro Jesucristo que les das fortaleza para conseguir el triunfo a quienes predican fielmente tu nombre, concédenos, por los meritos de los beatos mártires Pedro y Luis, perseverar firmemente en la fe y después de una vida llena de buenas obras, conseguir la gloria eterna. Tú que…

Humberto

Bibliografía:
- TREVIÑO, J.G. M. Sp. S., Clamor de Sangre, Editorial la Cruz, México, D. F, 1986 pp 108-110.
- VVAA, Año Cristiano VIII, agosto, Editorial BAC, Madrid, 2005 pp 703-707.

“Katherine of Alexandria” (2014): crítica de una adaptación cinematográfica

Una de las portadas de la película.

Una de las portadas de la película.

Hace unos meses, esta servidora se estrenaba en el campo de la crítica cinematográfica de películas de Santos con el título de “Santa Bárbara” (2009) de Carmine Elia. Hoy, apenas unos días después de su esperado lanzamiento, se presenta la oportunidad de hablar sobre una producción británica inspirada en la vida y martirio de una Santa que es tan conocida, famosa y venerada como lo ha sido Santa Bárbara a lo largo de los siglos de existencia de la cristiandad: Santa Catalina, mártir de Alejandría en Egipto, celebérrima patrona de filósofos, estudiantes y sabios, conocida por su martirio en la rueda de cuchillas.

Esta película, que ha sido lanzada directamente a su formato DVD sin pasar por la gran ni por la pequeña pantalla, es importante al ser la última película en la que apareció el ya fallecido Peter O’Toole, un actor de renombrada talla y fama mundial. Además, para que los lectores no se pierdan, es importante hacer notar que esta producción ha aparecido con dos títulos: el original Katherine of Alexandria (“Catalina de Alejandría”), que hace referencia a la auténtica protagonista de la película; y el posterior y más comercial Decline of An Empire (“La Decadencia de un Imperio”), título con el que ha sido comercializada en Estados Unidos.

Ficha técnica
Título: Katherine of Alexandria – Decline of An Empire
Web oficial: http://katherineofalexandria.com/
Año: 2014
Duración: 108 minutos
Productora: Katherine of Alexandria Ltd.
Colaboración: Lionsgate
Director: Michael Redwood
Reparto: Nicole Keniheart (Catalina), Peter O’Toole (Galo), Julien Vialon (Majencio), Samantha Beckinsale (Vita), Edward Fox (Constancio Cloro), Jack Goddard (Constantino), Joss Ackland (Rufo), Steven Berkoff (Liberio), Tony O’Brien (Justo), Jean Marlow (Elena), Kate Gartside (Teodora)

Sinopsis
“¿Por cuál fuerza divina tal pureza en cuerpo y alma nos fue concedida sobre esta tierra? Entiendo que no había idiomas que ella no pudiera hablar, ni poemas que no conociera, ni rincón de la mente humana que no hubiera sondeado. ¿Fue un deseo de los dioses crear y admirar esta Santa desde las alturas celestiales? ¿O quizá nació para que los mortales la contemplemos y nos maravillemos de su conocimiento, belleza, y, ¡ay!, de su eventual sufrimiento?” (Galo)

Acercamiento a la historia real de Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo IV, que fue la primera mujer en criticar públicamente a los dioses romanos, ayudando a convertir a la nueva religión, el cristianismo, a infinidad de personas antes de morir ajusticiada.

Trailer:

Resumen y crítica
ATENCIÓN: A partir se este punto se desvelan detalles importantes de la trama (spoilers).
Esta película pretende ser una versión de la vida de Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir cristiana de la Antigüedad, ampliamente conocida y venerada desde entonces. En principio, lo que uno esperaría de una película sobre la Santa, es que se tratase de una adaptación cinematográfica de la passio de la Santa, es decir, de la leyenda en torno a su vida y martirio (ver artículo para más información). Aún así, habría que advertir y recordar a los telespectadores que se trata de una ficción, ya que realmente desconocemos el mínimo detalle acerca de la vida real de la Santa. Sin embargo la presente película no se trata, en ningún caso, de la adaptación literal de la passio de la Santa, documento carente de todo valor histórico, sino que es una versión personal del director. La trama es bastante fiel a la figura de Catalina, tomando bastantes detalles de la passio, pero se trata de una adaptación realista, creíble, sin los elementos fantásticos ni milagrosos que abundan en la passio, presentándonos una trama más verosímil, por lo que los que esperen ver la historia de la Santa tal cual la han leído en los libros y la han visto en cuadros y esculturas, deben saber que no van a encontrar tal cosa, sino una historia adaptada de forma que nos muestra a una mujer santa, pero real, que debido a su valor y sabiduría acaba sufriendo un terrible martirio. Daremos un rápido recorrido sobre la trama y una crítica en general, y cada cual, después de visionarla, que juzgue por su cuenta.

La trama
“Roma es un reptil moribundo, y tú eres uno de sus más insignificantes venenos”. (Catalina)
Catalina (Nicole Keniheart) -llamada en la película Caterina o Ekaterina- es la hija de una tribu nómada de árabes del desierto egipcio. Durante una acampada en la costa de Alejandría, su familia se encuentra con una avanzadilla del emperador Majencio (Julien Vialon), el cual, cautivado por la belleza, elocuencia y atrevimiento de la adolescente -que no vacila en enfrentarse a él y llamarle “veneno”-, decide secuestrarla para su satisfacción personal, ordenando matar al resto de la familia, salvo a un chico joven -el futuro Constantino (Jack Goddard)- que se había criado con ella. Llevada a palacio, y fascinado por el talento de la muchacha, que sabe hablar y escribir en varios idiomas, la pone bajo el custodio de Galo (Peter O’Toole), bibliotecario de Alejandría, ordenándole que la instruya en sus costumbres, religión, sabiduría y literatura; aprovechando la facilidad de idiomas de Catalina para usarla como traductora en palacio.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

Quince años después, la bonita adolescente se ha convertido en una mujer cuya belleza sólo es superada por su sabiduría. Para complacerla, Majencio le ha construido una biblioteca para ella sola y le ha traído todos los libros y obras fundamentales de la literatura grecolatina, con la esperanza de que ella acceda a cohabitar con él, ante la consternada emperatriz Vita (Samantha Beckinsale), su esposa, que se debate entre los celos y la perplejidad al no entender cómo simplemente su marido no la toma como a cualquier esclava y se deshace de ella. Catalina rechaza a Majencio, y aprovecha su tiempo escribiendo libros sobre su fe, proclamado al único Dios todopoderoso y saliendo a predicar a los más pobres y desfavorecidos de Alejandría, a los que convierte al cristianismo. Molesto por esta actitud, Majencio la hace encerrar en prisión de vez en cuando, para escarmentarla, pero las noches pasadas en la celda no hacen mella en el ánimo de la valiente mujer. Los libros de Catalina cruzan el mar, llegan a los confines del Imperio, son leídos y asimilados por gentes de todas partes del Mediterráneo, y para cuando los senadores y notables de Roma se dan cuenta, alarmados, de lo que ha sucedido, se encuentran con que los escritos de Catalina, además de contener las verdades de la fe cristiana, denuncian a Roma, a sus dioses, e incitan a la rebelión.

Uno de esos lugares adonde han llegado los escritos de Catalina -pasados por contrabando en las naves mercantes- es el Muro de Adriano, en Caledonia (actual Escocia), en Britania, donde el emperador Constancio Cloro (Edward Fox) combate a los bárbaros con ayuda de un joven comandante, Constantino. Casi todos los bárbaros varones han sido ya liquidados por las tropas romanas, por lo que son las mujeres -madres, hijas, hermanas, parientes, esposas- las que han tomado las armas contra sus enemigos, quienes, perplejos, se encuentran con que no pueden hacer frente a su enconada resistencia. Estas mujeres bárbaras dicen seguir las enseñanzas de una cristiana egipcia llamada Ekaterina, y ostentan un símbolo parecido a una especie de rueda con puntas. Constantino, que se había unido al ejército romano desde joven con la esperanza de encontrar a quienes asesinaron a su familia y se llevaron a su amiga de la infancia, reconoce en este símbolo un dibujo que ella solía hacer sobre las rocas de la playa, y cae en la cuenta de que Ekaterina, “la profeta” como la llaman sus seguidores, es su amiga Catalina, la que ha estado buscando todo este tiempo.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

En Roma ha cundido la alarma por los escritos transgresores de la cristiana egipcia, muy difíciles de controlar ya que ella los copia en diversos idiomas. Cuando una delegación de senadores romanos llega a Alejandría para consultar el tema con Majencio, son recibidos por la emperatriz Vita, quien reconoce enseguida que esos panfletos son de Catalina. El estilo de la culta cristiana es tan poético y profundo que, en principio, Vita no ve nada peligroso en él, pero cuando Catalina es convocada a hablar con ella y con los senadores, admite abiertamente que ella no da culto a sus dioses y que no cree en ellos. Vita busca entonces una solución y propone que Catalina se enfrente, en una audiencia pública, a los más sabios e instruidos senadores de Roma, para que sea derrotada, humillada y avergonzada por ellos en público, y así, sea desacreditada y olvidada como farsante y charlatana. Esta solución le parece a la emperatriz mucho más aceptable que ejecutarla en público, como querrían los senadores, pues así la convertirían en mártir y sólo lograrían la rebelión y la furia de sus innumerables seguidores, lo que no convenía al Imperio en un momento de debilidad política, con dos emperadores enfrentados y el ejército dividido y sin moral. De hecho, para forzar más las cosas, intentan presionar a Catalina para que se deje vencer por los sabios, pero ella se niega rotundamente a mentir y a contribuir a una farsa. Entonces, envían a un soldado, que le da una brutal paliza, y la encierran en prisión; para que el día de la audiencia tenga un aspecto lamentable que contribuya a empeorar su imagen. En la celda, es visitada por un arrepentido y conmovido Galo, quien está obligado a asistir a la audiencia como rival suyo, pidiéndole perdón por lo que tiene que hacer y adivirtiéndole que, si no se deja vencer, la matarán. “Conozco las palabras falsas que podrían salvarme, le dice Catalina, pero una muerte natural, de anciana, al cabo de los años, no parece ser apropiada para una alma como la mía. Jamás renegaré de mi Padre”.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

El día en que Catalina es llamada ante los eruditos de Roma, está harapienta, magullada y sin poder mantenerse en pie. Esto satisface a los eruditos porque creen que será fácil vencerla, pero se encuentran con una enconada resistencia por parte de la Santa, la cual, recurriendo a su cultura y a su inmensa fe, deshace los argumentos de sus contrincantes y los hace enmudecer de consternación, mientras es jaleada por sus discípulos, que están en la sala. Galo, iluminado, se adelanta y proclama que Catalina dice la verdad, atrevimiento que pagará con su vida. En cuanto Majencio descubre lo que ha sucedido, monta en cólera y ordena que sea ejecutada con crueldad: siendo destrozada en una rueda de púas.

Cuando la noticia de la muerte de Catalina llega a oídos de Constantino, él, consternado, quiere desertar del ejército, pero Constancio Cloro le nombra su sucesor. No le queda más remedio que asumir la púrpura imperial y encontrarse con Majencio en el puente Milvio, cerca de Roma, donde ha sido convocado. Pero cuando están uno frente a otro, Constantino reconoce en Majencio al hombre embozado que secuestró a Catalina y mató a su familia. Furioso, lo asesina, vengándose del daño hecho; y emprende un viaje a Alejandría con las mujeres bárbaras seguidoras de Catalina para encontrar su cuerpo. Allí, rodeado de sus seguidores, la hace enterrar en el monte Sinaí, y hace solemne promesa, sobre la tumba de Catalina, de honrar su memoria permitiendo que todos puedan acudir allí a venerarla sin miedo, asegurando que no habrá más persecuciones de cristianos y que en adelante, todos podrán rezar a Dios en paz y libertad, como ella quería.

Semejanzas y divergencias con la passio
Quienes conozcan a fondo la leyenda de Santa Catalina, habrán comprendido a estas altura que esta película es muy fiel a algunos aspectos de la misma, aunque otros los adapta libremente. Eso no está mal en absoluto porque, como ya hemos indicado, la passio de Santa Catalina es un relato fantasioso, inverosímil y de nulo valor histórico, cuya adaptación fiel y literal hubiese resultado un tanto ingenua. La versión de Michael Redwood nos ofrece una visión más verosímil, por lo menos en cuanto respecta a la trama de la Santa.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Por ejemplo, hay diferencias en el origen de la Santa: en la passio era una princesa, hija de una reina siciliana y un príncipe samaritano, pagana en origen y conversa por un ermitaño. En la película es hija de una tribu nómada árabe, que ha sido cristiana desde siempre. Es más creíble lo segundo respecto a lo primero, ya que príncipes y princesas no había ya a esas alturas del Imperio, ya plenamente provincializado; pero también es verdad que el nombre de Ekaterina -pura, inmaculada- es griego y no parece el más lógico en una muchacha árabe. En cualquier caso, en lo demás se ha respetado considerablemente la passio: la Santa es una mujer culta, instruida, muy sabia, que se enfrenta a los eruditos que ostentan el poder -no son cincuenta y no son filósofos propiamente dichos, como en la passio, sino que son unos diez y son más bien senadores, bibliotecarios y sabios en general, lo que es casi lo mismo- y que sufre un terrible martirio en una rueda de púas.

En el martirio tenemos una diferencia sustancial, y es que estamos acostumbrados a los lienzos y esculturas de la princesita castamente arrodillada entre ruedas de cuchillas que se rompen sin tocarla, mientras angelitos del cielo bajan a salvarla. Naturalmente, esto pretende ser una película histórica y no una copta -que sí hubiese adaptado este tipo de pasajes literalmente, como se ve en la película de Santa Damiana-; por tanto, la protagonista de la película no elude el tormento: Catalina muere en la rueda, no descuartizada, troceada ni fileteada en una rueda de cuchillas estrictamente; sino en otra variante de rueda que también existía en la época: la rueda de púas, de rotura -breaking wheel, en inglés- es decir, en una rueda-plataforma lanzada desde gran altura que, efectivamente, al final de la secuencia del martirio se rompe, sólo que el cuerpo de la ajusticiada se rompe con ella. Un punto fuerte a favor de la película que destruye las fantasías milagreras de las passio y nos da un baño de auténtica realidad: la de los mártires cristianos que hallaron una muerte horrible por confesar a Jesucristo.

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Por lo demás, el punto fuerte de la película es la interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina: el católico medio, devoto de la Santa, quedará estupefacto al ver lo acertada y fiel que está la figura de la mártir en la película, es imposible no reconocer a Catalina en la actuación de esta actriz rumana, hasta ahora desconocida. Desde el primer instante de la película no nos cabe duda de que estamos ante una Santa, de hecho, los paganos que la rodean, como se constata a lo largo de la película, creen que están ante una diosa encarnada en mujer mortal. Y no es de extrañar con el aura sobrenatural que rodea a Catalina en toda la película, una mujer en la que la belleza es sólo un accesorio sin importancia: serena, inspirada, inalterable, habla con una dicción lenta y solemne que hace que todos los que la oyen se queden escuchándola embobados, eruditos y realeza incluida. Habla poco, pero cuando habla dice todo un mundo. En personas viles o malvadas no malgasta palabras salvo que se vea forzada a ello. Su mensaje es para los pobres y sufrientes del mundo. Y ante la adversidad, la tortura o el sufrimiento, se entrega a su destino mansamente, sin resistencia, sin gritos, como si desde el principio supiera lo que le esperaba. De hecho, que de niña pintara ya un símbolo semejante a una rueda de púas es una insinuación de que tiene el don de profecía y sabía cómo iba a morir. “La profeta”, la llaman los suyos, y esto viene reforzado en otra escena en la que profetiza la condenación del alma de Majencio. Indiferente a los requerimientos sexuales del emperador, que no sabe obligarla ni someterla; y a los celos de su esposa Vita, que está perpleja ante una mujer que es incapaz de mentir para salvar la vida.

Nicole Keniheart es Santa Catalina de Alejandría, la ha interpretado con una grandeza y dignidad que ridiculiza a muchas actrices que han interpretado a Santas en la pantalla; y sólo por ella vale la pena verse esta película. Todo un aplauso para el director que ha mostrado el máximo respeto por la dignidad de esta mártir cristiana y la ha llevado a la pantalla dignamente, sin caer en el cliché facilón de presentar a una cara dulce, inocente y bonita pero con nula inteligencia; y buscándole un “novio” o pareja sentimental. Catalina brilla por sí sola y no necesita a nadie más. Su mejor escena: la disputa con los eruditos, que logra ponerte los pelos de punta y que es, sin duda, el clímax de la película.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

El despropósito histórico
Pero no todo es positivo en esta película, y también tiene aspectos negativos que deben ser criticados. Se puede decir, tranquilamente, que las partes de Constantino y los bárbaros sobraban totalmente en esta película. Y no sólo porque es bastante inverosímil que en el siglo IV de nuestra era, los bárbaros -las bárbaras, perdón- aposentadas en el extremo norte del Imperio hubiesen oído hablar de una cristiana predicadora egipcia, fueran capaces de leer, fueran capaces de leer en griego, de hablar latín -inglés en la película (!!)- con sus enemigos y convertirse al cristianismo. Esto no tiene nada de histórico, pues no ya la romanización, sino la evangelización de Britania e Hibernia, como sabemos, también fue muy posterior.

Por si esto no fuese suficiente despropósito histórico, el director, que tanto respeto y acierto ha mostrado en adaptar la figura de Catalina, la ha fastidiado totalmente con la de Constantino (sí, Constantino I, el Grande, al que Lactancio y Eusebio calificaron erróneamente de “primer emperador cristiano”, que no lo fue hasta el lecho de muerte). Es de perogrullo recordar que Constantino y Catalina no vivieron en la misma época y, aunque lo hubieran hecho, difícilmente se hubieran conocido un militar de alta promoción romano, hijo de emperadores, emperador y padre de emperadores; y una cristiana de Egipto martirizada en una rueda. Pero bueno, esta modificación histórica, en pro de la trama de la película, se tolera. Lo que no se tolera es la total alteración de hechos históricos que son bien conocidos y relevantes para la historia romana y del cristianismo, en pro de una versión totalmente inventada, salida de los delirios personales del director. Sabemos que Constantino era hijo de Constancio Cloro y de Flavia Julia Helena -Santa Elena-, y que heredó el Imperio tras derrotar a Majencio en la batalla del puente Milvio. ¿Por qué en la película, Constantino “el Grande” es simplemente un comandante militar cualquiera, hijo de una tribu nómada árabe de Egipto, y Constancio Cloro le elige sucesor aún después de que haya manifestado su deseo de desertar, haya vilipendiado en público a los dioses romanos y a la Roma misma, confesado que se unió a la milicia sólo por venganza y por encontrar a su amiga perdida de la infancia? Esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué va a todas partes sin apenas escolta, sin distintivo ni uniforme, las bárbaras le pegan palizas, los soldados se ríen de él y hasta los harapientos cristianos de Alejandría quieren esconderle el cuerpo de Catalina? Está claro que los personajes estirados, solemnes y grandilocuentes no son buenas adaptaciones, pero la del Constantino de esta película parece una broma de mal gusto por parte del director.

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo la Santa (Nicole Keniheart).

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo de la Santa (Nicole Keniheart).

La adaptación del emperador Majencio es todavía peor, mostrándonos a un lunático cobarde, psicópata y tiránico que se pasa la película chillando y dando bastonazos a la gente de su alrededor -Catalina incluida- y mirando a todo el mundo como si estuviera rodeado de idiotas. ¿A qué viene esto? ¿Por qué todos los emperadores perseguidores de cristianos son retratados como una mini-copia del estereotipo de Nerón? Lógicamente, todos los emperadores no son Nerón -más bien, lo que la mentalidad cristiana pensaba de Nerón- y por tanto, resulta ridículo retratar a un emperador romano como un pelele loco y desequilibrado mental. Por no mencionar que su esposa no se llamaba Vita -sino Valeria Maximila- y que seguramente tampoco coincidió con la época del martirio de Santa Catalina, que suele ubicarse durante el reinado de Maximino Daia. Y por no mencionar que murió en batalla, no a pedradas por parte de un histérico y amargado Constantino.

En las escenas de batallas entre romanos y bárbaras no me meto, tampoco en la triste y limitada recreación de la ciudad de Alejandría. Digamos simplemente que Alejandro Amenábar, en su obra maestra “Ágora”, hizo un muchísimo mejor trabajo en ese sentido, aunque también contaba con mayor presupuesto, porque, no lo olvidemos, estamos ante una película independiente que ha estado años estancada en postproducción debido a la falta de inversores. Así que ese pequeño desliz que tiene en algunas recreaciones y decorados se lo vamos a permitir, siendo cierto también que los vestuarios están bastante conseguidos.

El tema de la religión: claramente no estamos ante una película religiosa. Parece que el director -o los inversores o los productores, vete a saber- tienen miedo de que se note que es una película sobre una Santa mártir cristiana. ¿Por qué, si no, llegado el momento del lanzamiento, cambian el título original de la película -Katherine of Alexandria-, que hace referencia a la Santa, por el génerico Decline of An Empire, y pasan a anunciarla como una película militar de romanos y una historia del emperador Constantino, cosa que no es, eliminando a la Santa de la sinopsis y de la portada de la película, para poder comercializarla en Estados Unidos? Una clara muestra de la presión del marketing y lo banal de lo comercial en nuestra sociedad: la historia de una mártir cristiana no vende, pero la de unos bárbaros dándose de tortas con romanos en Britania mientras Constantino lo ve todo, sí. De vergüenza.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Lo irónico es que NO es una película de romanos con bárbaros, sino de una mártir cristiana. Pero hasta bien llegada la mitad de la película no se dice que Catalina es cristiana. De hecho, la palabra Jesús es apenas mencionada dos veces, y ninguna de ellas por Catalina, que, sin embargo, sí habla de un “Dios único todopoderoso” al que ella llama “Padre”. Estrictamente hablando, igual hubiese podido referirse a Jesucristo, que al Sol Invicto o al dios egipcio Atón, porque no hay más especificaciones. Sabemos que es cristiana porque así es mencionado por algunos personajes de la película, aunque de nuevo, no refiriéndose a ella, sino a sus seguidores. Esto puede excusarse si consideramos que la película está hecha desde el punto de vista de los paganos -que creen que es una diosa reencarnada, los que la admiran; o un demonio poseído, los que la odian-; paganos que no sabían gran cosa del cristianismo ni les importaba, salvo su rebelión política a la religión de Estado.

Otro error típico de las películas históricas es pecar de anacronismo, es decir, introducir valores contemporáneos en contextos donde éstos aún no existían. Que una persona criada en un palacio imperial incite a la sedición política contra el Estado romano es bastante inverosímil, más tratándose de una Santa cristiana. Pero además, algunas de las razones aducidas por ella para denunciar a los dioses romanos -por ejemplo, que son un mero préstamo de la mitología griega- eran sobradamente conocidas no sólo por la gente culta, sino también por la gente de a pie: la virtud amalgamante y sincrética de Roma, que fagocitó e incorporó sin problemas los dioses y religiones de las tierras conquistadas, era vox populi y hasta es aducida como argumento por la propia emperatriz Vita en la película, por lo que no se entiende por qué luego este razonamiento, en boca de Catalina, logra escandalizar a los senadores. Tal realidad era obvia para los contemporáneos.

Por último, una gran crítica a la postproducción: hay muchas escenas originales, rodadas para la película, que han sido eliminadas en la versión final. Esto suele suceder, lo inaceptable es que hayan sido escenas dedicadas a la Santa, que en mi modesta opinión eran imprescindibles, como la visita de la emperatriz a su celda, la quema de su biblioteca, su cuerpo arrojado a las cenizas de esa biblioteca, y cómo los seguidores lo recogen y lo honran. En cambio, las escenas de peleas con bárbaros han sido todas incluidas. Una lástima, una ocasión perdida en una película donde sobran romanos y faltan escenas de la protagonista. Menos bárbaras. Más Catalina.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Conclusiones
Estamos ante una excelente versión de la vida y martirio de una famosísima Santa cristiana que, hasta día de hoy y pese a que está rodeada de leyenda, sigue siendo venerada por toda la cristiandad católica y ortodoxa. No es una película religiosa ni devota -aunque sí inspiradora e impactante-, sino más bien una ficción pseudohistórica cuya virtud es rendir un sentido homenaje a una mujer de gran talento y sabiduría que fue brutalmente asesinada por desafiar al Estado opresor; un mensaje que sí es recurrentemente aceptable para telespectadores creyentes de todas las religiones, y no creyentes también. Estableciendo una analogía con la filósofa neoplatónica, alejandrina también, Hipatia, que también fue salvajemente asesinada por sus creencias, podemos decir, salvando las obvias distancias, que Catalina es la Hipatia cristiana, como Hipatia es la Catalina pagana.

Por desgracia, todo lo que concierne a la Santa es la parte buena de la película; la parte mala, la que sobra, la que aburre, son las interminables escenas de peleas de bárbaras con romanos y Constantino dando vueltas por el campamento mientras los soldados hacen el payaso en sus ratos libres. No entiendo las intenciones del director al llenar la película con esta morralla pseudohistórica que no tiene pies ni cabeza. Aparte de esto, es una película interesante, fascinante, y recomiendo verla. Ha salido directamente comercializada en DVD como Decline of An Empire en Estados Unidos, con audio en inglés y subtítulos en inglés y en español, aunque no se descarta que se hagan versiones para Europa y otros países y que -Dios lo quiera- mantengan su título original, Katherine of Alexandria, para hacer justicia a la que es la auténtica protagonista de la película.

Le doy un 8 sobre 10 a la película. Le hubiese dado el 10 rotundo de no ser por las bárbaras, por Constantino y las peleas de romanos que no vienen a cuento; porque la parte dedicada a la Santa es fantástica, la recreación de la disputa y el martirio son excelentes, y la actriz que la ha interpretado lo merece. Lástima que las películas independientes respondan mucho al capricho de un director que tiene una pobre documentación histórica de la época que pretende recrear; pero que al mismo tiempo ha dotado a la figura de la Santa de un acierto y dignidad inmejorables. Os la dejo aquí con subtítulos en español: no os la perdáis.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

LO MEJOR: La interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina. La escena de la disputa con los eruditos.

LO PEOR: Las escenas en Britania. La penosa adaptación de las figuras de Constantino y Majencio. La total tergiversación histórica de una parte absolutamente prescindible de la película.

“Mi queridísimo Padre,
mantengo que toda la gente que vive en la tierra son Tus hijos.
Ésta es Tu tierra, protégela. Permíteme descansar en paz”
. (Catalina)

Meldelen

Beato Bartolomé Díaz Laurel y compañeros mártires

Imagen del Beato en el Santuario de San José de Gracia, en Guadalajara (México).

Imagen del Beato en el Santuario de San José de Gracia, en Guadalajara (México).

Introducción
La Iglesia de México, hasta hace 22 años, celebraba en su Calendario Propio a San Felipe de Jesús y los Beatos Bartolomé Díaz Laurel y Bartolomé Gutiérrez como a los únicos mexicanos elevados al honor de los altares. Posteriormente esa lista se ha extendido con otros Santos y Beatos. El culto de esos dos últimos Bienaventurados ha pasado por etapas de vigencia y también de total olvido. En efecto, antes del Concilio Vaticano II, tenían celebraciones litúrgicas, tanto en el Oficio Divino como en la Santa Misa, sin embargo, dado que las rúbricas establecen que el culto a los Beatos es restringido a ciertos lugares y no obligatorio, luego de las reformas emanadas de este Concilio, sus nombres fue literalmente olvidados y no es improbable que hasta en los lugares unidos a su memoria haya sucedido lo mismo. Fue en la segunda mitad de la década de los años ochenta del pasado siglo, que sus nombres fueron reintegrados al Calendario oficial de México, junto con los también mártires y Beatos Luis Flores y Pedro de Zúñiga, que aunque no son nativos de la Patria Mexicana, vivieron cierto tiempo en ella. Dicho Calendario los recuerda en lo particular, aunque históricamente sus nombres van unidos a los de otros mártires con los padecieron en Japón. Por ello al recordarse el 16 de agosto al Beato Bartolomé, es oportuno agregar los nombres y algunos pormenores de los otros Beatos que murieron junto a él.

Biografía
El origen de este Beato se ha ido perdiendo con el paso del tiempo al grado de decirse que es originario de México, sin referirse un lugar preciso, aunque se supone que como San Felipe de Jesús, también es oriundo de la Ciudad de México. Últimamente la Arquidiócesis de Acapulco, Guerrero, ha comenzado a promover su culto en su circunscripción a tono de lo sugerido por San Juan Pablo II, que pidió no olvidar la memoria de los testigos de Cristo de cada comunidad cristiana. Con argumentos respetables se ha propuesto la posibilidad de que Bartolomé sea oriundo de este puerto. La fecha de su nacimiento es desconocida, datándose únicamente a finales de la segunda mitad del S. XVI. Hay sin embargo otra tesis que defiende que Bartolomé tenía por apellido Díaz y que Laurel era un apodo. Así consta en los libros de la parroquia de Santa María , que no registran a algún Bartolomé Díaz Laurel, pero sí un Bartolomé Díaz, y suponiendo que Laurel fuera el apodo, existe la opinión de que esta persona sería nuestro Beato. La teoría pues, lo hace originario del Puerto de Santa María y que nació el 19 de enero de 1593, emigrando desde muy niño a México en compañía de su familia y que por ello se le tiene como mexicano.

El Beato Bartolomé Díaz atendiendo a una cristiana enferma. Óleo contemporáneo.

El Beato Bartolomé Díaz atendiendo a una cristiana enferma. Óleo contemporáneo.

No hay mucha información sobre su vida, se entiende que antes de entrar en religión se dedico a la medicina y que profesó como hermano lego en la Orden Franciscana en Morelia, Michoacán, el 18 de octubre de 1617. Pronto pidió ser enviado a las misiones pero el permiso tardaría en llegar. En 1619 se le manda a Filipinas, donde estaría hasta el año de 1623. Vivió en el convento que su orden tenía en Manila, allí fue destinado al hospital y aquí perfeccionó sus estudios de medicina, aprendiendo también allí la lengua japonesa.

Fue asignado al Beato Francisco de Santa Marta como enfermero y catequista, desarrollándose entre ambos una solida amistad. Ingresaron en Japón en 1622 a pesar de los graves peligros y se dedicaron a atender las comunidades desasistidas. Recorrieron ciudades y aldeas y cuando la persecución arreciaba, vivían escondidos con muchas privaciones en el bosque. Gracias a la tenacidad de ambos se les unió un joven cristiano que les fue de gran ayuda y que llegaría como ellos a la meta del martirio: el Beato Antonio de San Francisco, que obtuvo la admisión a la orden Seráfica.

Bartolomé era el guía y vanguardia del sacerdote y su labor era intensa y llena de méritos, estaba encargado de la programación de visitas e itinerarios a los pueblos, portar los enseres litúrgicos, catequizar a los fieles y también se desempeño con mucha caridad como enfermero, visitando las chozas con gran constancia para cuidar a sus pacientes y evangelizarlos; preparó a muchos niños a hacer la Primera Comunión.

Ambos religiosos fueron apresados y llevados a la cárcel a consecuencias de la traición de un apostata, que los delató, luego sería encarcelado también el Hermano Antonio que se presentó espontáneamente. En medio de sus tribulaciones se animaban en la prisión confiando sus vidas a Dios; condenados a muerte, fueron llevados a Nagasaki donde fueron unidos a otro grupo de 12 cristianos prisioneros. Siete de ellos fueron condenados a morir en la hoguera y los otros ocho a morir degollados. El Beato Bartolomé fue de los que murieron quemados. La sentencia fue ejecutada el 17 de agosto de 1627. Sus cenizas fueron arrojadas al mar.

Martirio del Beato Bartolomé Díaz.

Martirio del Beato Bartolomé Díaz.

Beato Francisco de Santa María
Es el único sacerdote de este grupo y nació en Montealbanejo de la Mancha y perteneciente al Arzobispado de Toledo. Desde muy joven entró con los franciscanos descalzos donde profesó y se ordenó sacerdote. Se ofreció para ir a las misiones de Japón y fue aceptado. Vivió un tiempo en México, donde conoció al Beato Bartolomé Díaz Laurel. En 1619 marcharon juntos en Filipinas y tenían cuatro años en este lugar, cuando fue enviado al Japón, también en compañía de Bartolomé Díaz. Con el apoyo de éste, ejercicio su ministerio de manera heroica y constante, evangelizando pueblos, aldeas; cuidando su vida porque estaba consciente de la falta de misioneros y la trascendencia de su labor. Por ello, muchas veces tuvo que vivir en el bosque, las montañas, pasando privaciones pero con la alegría del que cumple su deber. Pronto se les unió a él y su compañero un joven de nombre Antonio, que catequizaba las pequeñas comunidades. Este fue el tenor de vida durante cuatro años.

En la primavera de 1627 estaba con el Beato Bartolomé en la casa del Beato Gaspar Vaz celebrando la Eucaristía; delatados por un apostata, fueron detenidos y encarcelados. Ya en prisión, se les unió el Beato Antonio que se presentó espontáneamente. Allí vivieron en comunidad dedicados a la oración, animándose a perseverar en la fe. Juzgados todos los prisioneros, a los religiosos y a cuatro cristianos se les condenó a morir quemados. Así el sacerdote fue sacrificado como un holocausto de aroma agradable a Dios el 17 de agosto de 1627 y sus cenizas fueron luego arrojadas al mar.

Beato Antonio de San Francisco
Nativo de Japón. No se conoce su apellido y más detalles de su origen. Trabajó como catequista en la labor misionera de los Beatos Francisco de Santa María y Bartolomé Díaz Laurel. La vida apostólica de ambos le indujo a pedir su ingreso en la orden, pero el P. Francisco la postergó. Cuando el sacerdote y el religioso fueron apresados, él no estaba presente. Movido por el intimo deseo del martirio corrió a la casa del gobernador y le dijo: “Tienes una gran cantidad de espías, delatores y verdugos por las recompensas que ofreces; pues bien, aquí está un delator que viene a denunciar a un adorador de Cristo: yo, que desde hace mucho me dedico a sostener fieles y convertir paganos. Quiero mi recompensa: ser asociado a mi querido padre y mis hermanos y padecer con ellos sus padecimientos y muerte”. Ya preso y en premio a su constancia y valor, el Beato Francisco de Santa María lo admitió en la orden franciscana. Condenado a morir quemado, luego de ello, sus cenizas fueron arrojadas al mar.

Beata Magdalena Kiyota, terciaria dominica y mártir japonesa.

Beata Magdalena Kiyota, terciaria dominica y mártir japonesa.

Beatos Gaspar Vaz y María de Vaz
Eran un matrimonio cristiano ejemplar, cuya casa daba siempre protección a los misioneros; ambos eran terciarios franciscanos. Descubiertos cuando el P. Francisco iba a celebrar misa, permanecieron firmes en la fe y luego fueron apresados y sentenciados a muerte. Gaspar fue condenado a morir en la hoguera y María fue decapitada.

Beata Magdalena Kiyota
Mujer de clase social alta y emparentada con el rey de Bungo, por lo que algunos santorales la refieren “de sangre real”. Era viuda y también terciaria dominica, dedicándose a una vida de oración, penitencia y caridad bajo la dirección del Beato Dominico Castellet. En su casa tenía un oratorio privado donde se celebraba la misa discretamente. Descubierta, tuvo el valor y coraje para permanecer fiel a Cristo en medio de las tribulaciones.

Beato Cayo Jixemon o Xeimon
Nació en las Islas de Amacusen. Desde joven tuvo una inquietud religiosa que lo llevo a ser bonzo, pero cuando conoció a Cristo, se hizo bautizar, siendo ejemplar creyente y un buen catequista y terciario dominico. Murió quemado vivo.

Beata Francisca Pinzokere
Mujer virtuosa, viuda y terciaria dominica, llevaba una vida de oración y modestia. Tenía un oratorio en su casa. Cuando fue arrestada, mostró gran serenidad. Fue quemada viva.

Beato Francisco Kurubioye
Cristiano Fervoroso oriundo de Chicungo. Unido a los padres dominicos de quienes fue ayudante y catequista. Acusado de hospedar a los misioneros rehusó apostatar a cambio de salvar la vida. Murió decapitado.

Beata Francisca Pinzokere, terciaria dominica y mártir japonesa.

Beata Francisca Pinzokere, terciaria dominica y mártir japonesa.

Beato Francisco Kuhioye o Cufioye
Era miembro de una familia pagana de Chicungo y amigo del Beato Gaspar Vaz, trabajaba de carpintero. Por la amistad con el anterior, se hizo prestanombre de una casa para los misioneros y cuando estos fueron delatados se le acusó de encubrirlos, por lo que fue encarcelado. Allí en la cárcel pidió el bautismo y tras una preparación, se lo administró el Beato Francisco de Santa María, tomado entonces el nombre de Francisco e inscribiéndose también en la Tercera Orden. Fue quemado vivo.

Beato Luis Matzuo Soyemon
Era un cristiano fervoroso, terciario franciscano. Puso su casa al servicio de los misioneros; descubierto y arrestado se le invito a apostatar a lo que se negó. Murió decapitado.

Beato Martín Gómez
Conforme a una usanza vigente entonces, se apropió del apellido español. Era un japonés muy fervoroso y terciario franciscano. Daba generosa hospitalidad a los misioneros por lo que fue apresado. Resistió las llamadas a apostatar. Murió decapitado.

Beato Tomas Wo Jinyemon
Vecino de Nagasaki, cristiano fervoroso y terciario franciscano, fue sorprendido dando alojamiento a misioneros en su casa, por lo que fue arrestado y apresado, no quiso apostatar. Murió decapitado.

Beato Lucas Kiyemon
Nació en Fingen en 1599, hijo de una familia acomodada; conoció a los franciscanos en Meaco y se bautizó y profesó como terciario franciscano. A la muerte de sus padres, se dedicó a repartir generosamente su herencia entre los pobres y el hospital de Meaco, donde también colaboraba como catequista. Fue exiliado en la persecución de 1618. Volvió a Japón y fue vecino del Beato Gaspar Vaz, a quien construyó un escondite para los misioneros. Arrestado con este Beato, fue acusado de no delatar a los religiosos. No quiso apostatar. Murió decapitado.

Beato Miguel Kizayemon
Oriundo de Conga, fue abandonado por sus padres y entonces un español lo recibió como sirviente. Confiado al franciscano Francisco Rojas, fue instruido en la fe cristiana y bautizado. Se inscribió luego en la Tercera Orden de San Francisco y vivió luego en Nagasaki con el Beato Lucas Kiyemon, trabajando como carpintero y construyendo escondites para los misioneros. Descubierto y apresado se mantuvo fuerte en la tribulación. Murió decapitado.

Imagen del Beato en el Santuario de San José de Gracia, en Guadalajara (México).

Imagen del Beato en el Santuario de San José de Gracia, en Guadalajara (México).

Culto
Este grupo de mártires fue unido a otro mayor, encabezado por el Beato Alfonso Navarrete y 204 compañeros entre sacerdotes y religioso misioneros y nativos, laicos, niños, matrimonios, ancianos, un conjunto muy representativo de estos creyentes que murieron en la tierra del sol naciente. Su Beatificación realizada por el Beato Pio IX se realizó el 7 de julio de 1867, al celebrarse los diecinueve siglos del martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. El culto del Beato Bartolomé fue concedido para México y también Sevilla lo cuenta en su Calendario Propio. En 1980 la Diócesis de Jerez al ser erigida, lo incluyó en su calendario propio, pues el Puerto de Santa María que está dentro de su jurisdicción, es el lugar de que la teoría española adjudica como lugar de origen al Beato Bartolomé. Como dato interesante cabe mencionar que el Martirologio Romano recuerda el martirio de estos fieles y misioneros el 27 de agosto. La celebracion litúrgica de México contempla únicamente al Beato compatriota, celebrándolo el 16 de agosto con el grado de memoria opcional.

Oración
Concédenos, Dios nuestro por la intercesión del bienaventurado mártir Bartolomé, cuyo glorioso martirio celebramos, que, imitando su ejemplo, te agrademos por nuestra humildad y por nuestra constancia en la fe. Por…

Humberto

Bibliografía:
- TREVIÑO, Jorge, G M.Sp.S, Clamor de Sangre, Editorial la Cruz, México D.F., 1986, pp. 140-141.
- VVAA, Año Cristiano VIII agosto, Editorial BAC Madrid 2005, pp 1002-1007.
- VVAA, Diccionario de los Santos, Volumen I, Ediciones San Pablo, Madrid pp 306- 301.

124 nuevos beatos mártires coreanos (1791-1888)

Lienzo de algunos de los nuevos Beatos.

Lienzo de algunos de los nuevos Beatos.

En el día de hoy, el Santo Padre Francisco, que está de visita apostólica en Corea del Sur, beatifica a ciento veinticuatro mártires, todos ellos seglares, a excepción del sacerdote chino Santiago Chu Mum-mo.

Para entender mejor cómo fue la persecución de los cristianos en Corea, recomiendo que, antes de seguir leyendo este artículo, recordemos el escrito sobre los Santos Mártires de Corea, publicado en este blog el 30 de marzo del 2011. Así, nos ahorraremos repetir en este artículo los sucesos de aquella cruenta persecución. Sin embargo, quiero incidir que fueron los propios coreanos quienes introdujeron el cristianismo en su país, concretamente, algunos académicos nativos que en el siglo XVII conocieron el evangelio en China y que cuando regresaron a su país, extendieron su fe. El cristianismo fue visto como una religión peligrosa por parte de las autoridades coreanas que practicaban el confucionismo.

Los confucianos no aceptaban que los cristianos se autodenominaran “amigos del Señor de los Cielos”, ya que esto implicaba una relación con la Divinidad basada en la igualdad; por eso, trataron de impedir que la fe cristiana se propagara, llegando incluso a prohibir la publicación de libros católicos. La persecución tuvo varios episodios álgidos en el siglo XIX, siendo martirizados más de diez mil coreanos, de los cuales ciento tres están ya canonizados, entre ellos, varios misioneros franceses.

La primera persecución fue en el año 1791, cuando los nobles Pablo Yun Ji-chung y Santiago Kwong Sang-yeon, quemaron sus tablas ancestrales y aceptaron el libro de los evangelios. Ambos fueron decapitados. La segunda persecución fue en el año 1801, cuando cientos de cristianos fueron ejecutados y muchísimos otros tuvieron que huir a China. Como podemos ver en el listado de los mártires, el grupo más numeroso de los beatificados hoy sufrieron el martirio en ese año. Algo parecido ocurrió en los años 1839, 1846 – cuando fue martirizado San Andrés Kim Tae-gom, que es el primer santo coreano – y en el año 1866, año en el cual fueron asesinados más de ocho mil cristianos.

Vidriera contemporánea de los Beatos Pablo Yun y Santiago Gwon.

Vidriera contemporánea de los Beatos Pablo Yun y Santiago Gwon.

La Iglesia Católica coreana es hoy en día, una iglesia en expansión y sin ningún género de dudas, sus cimientos están puestos sobre la sangre de sus mártires: “Sanguis martyrum, semen christianorum” (la sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos). Quiera Dios que esto mismo ocurra en los países en los cuales hoy en día son sacrificados miles de cristianos, como en Medio Oriente, Asia y África. La propia Iglesia Católica coreana tiene abierto otro proceso de beatificación para otros ciento treinta y tres mártires.

En este artículo es imposible dar algunos detalles concretos sobre cada uno de estos nuevos beatos y por eso, sólo me voy a limitar a dar alguna breve pincelada de dos de ellos, aunque eso no quiere significar absolutamente nada. Digamos algo del beato Pablo – que encabeza la lista – y del beato sacerdote Santiago.

Beato Pablo Yun Ji-chung
Había nacido en el año 1759 en el seno de una familia noble en Janggu-dong. Desde muy niño se dedicó a los estudios, realizando su primer examen de Estado en la primavera del año 1783. Fue en ese tiempo cuando, a través de un hijo de la hermana de su padre, conoció los principios del cristianismo. Empezó a leer libros cristianos y se bautizó en 1787, después de haber estado casi tres años como catecúmeno. El mismo enseñó posteriormente el catecismo a su madre, a un hermano y a otros miembros de su familia. Junto con su pariente Agustín Yu Hang-geom, se dedicó a evangelizar a su pueblo. Y como era un hombre muy inteligente y digno de toda confianza, consiguió buenos frutos.

Fue en el año 1790 cuando Pablo quemó sus tablas ancestrales cumpliendo una orden que había dado el obispo Gouvea de Pekin, quién prohibió a los cristianos compaginar los ritos paganos con los ritos cristianos. Cuando su madre murió en el verano del año siguiente, por expreso deseo de la misma, hizo sus funerales según el rito católico en lugar del rito confuciano. Pronto se corrió la voz sobre ambas cuestiones – quema de las tablas ancestrales y rito funerario católico -, por lo que en la corte real se pusieron furiosos.

Al enterarse Pablo de que habían ordenado su arresto, se refugió en Gwangchoen, pero el magistrado de Jinsan arrestó a un tío suyo. Al enterarse Pablo, salió de su escondite y en octubre de 1971 se entregó al magistrado. Este, en un principio, trató de persuadirlo para que abandonara su fe, pero él – al igual que su primo Santiago Gwon Sang-yeon, se negaron en rotundo, por lo que ambos fueron conducidos ante el gobernador de Jeongu.

Sepulcro de la Beata Águeda Yun Jeom-hye, seglar mártir, 1801.

Sepulcro de la Beata Águeda Yun Jeom-hye, seglar mártir, 1801.

Pablo y Santiago fueron interrogados y torturados para que delataran a otros cristianos, pero ellos permanecieron mudos, defendiendo su fe con determinación y con la intención de no hacer ningún daño a la Iglesia. Pablo se dedicó a rebatir la irracionalidad de los ritos confucianos y a explicar la doctrina de la Iglesia, cosa que enfureció aun más al gobernador, que redobló los castigos: “Servimos a Dios como nuestro gran Padre y no podríamos adorarlo si desobedeciéramos sus mandamientos”, decían.

El gobernador los envió a la corte real donde fueron condenados, tanto él como su primo Santiago, a morir decapitados. Ambos fueron llevados fuera de la Puerta Sur de Jeonju, siendo decapitados mientras rezaban, el 8 de diciembre de 1791 (13 de noviembre por el calendario lunar).

Beato Santiago Chu Mum-mo
El padre Santiago nació en el año 1752 en la localidad de Su-Tcheou, provincia de Jiang Nan, en China. Sus padres murieron cuando él era un niño, siendo criado por su abuela. Como era cristiano, entró en el seminario de Pekín donde fue ordenado de sacerdote.

Como el obispo Gouvea de Pekín tenía el deseo de enviar sacerdotes a Corea para atender a la naciente comunidad cristiana y el padre Santiago tenía muchas afinidades con los coreanos, fue enviado gustoso a evangelizar Corea. Así que se fue de Pekín en el año 1794, reuniéndose con dos enviados secretos que habían enviado desde Corea: Sabas Ji Hwang y Juan Pak. Esperó que el río Amrok se congelara a fin de poder cruzarlo, pero mientras tanto se dedicó a evangelizar el distrito de Liao-dong. En la fecha prevista, se reunió con los enviados secretos en un pueblo fronterizo, entrando disfrazado en Corea el día 24 de diciembre de 1794.

Marchó a Seoul y se hospedó en la casa de Matías Choe In-gil, donde estudió el idioma coreano. Celebró su primera misa con los católicos coreanos el día de Pascua de 1795. Poco tiempo después fue descubierto por lo que tuvo que esconderse en casa de Columba Kang Wan-suk, aunque sus enviados secretos fueron capturados y martirizados. Escribió el catecismo en coreano.

Tumba del Beato Agustín Jeong Yak-jong, mártir, en Majae (Corea).

Tumba del Beato Agustín Jeong Yak-jong, mártir, en Majae (Corea).

Estuvo seis años como misionero en Corea aumentando el ese tiempo el número de cristianos, de cuatro mil a diez mil. Pero cuando en el año 1801 se desató oficialmente la persecución y fueron apresados y torturados muchos católicos coreanos para que delataran el lugar donde se escondía el sacerdote, el padre Santiago, pensando que los cristianos estaban siendo perseguidos por su culpa, decidió volver a China, aunque cambió de opinión y se entregó: “Tengo que compartir el destino de mi rebaño y mitigar su persecución y el martirio”.

El 11 de marzo se presentó y fue inmediatamente interrogado. A pesar de que lo torturaron cruelmente, supo mantener su firmeza, respondiendo con sabiduría y prudencia: “La única razón por la que vine a Corea era porque me encanta el pueblo coreano. Las enseñanzas de Jesús no son el mal. Hacer daño a las personas o a la nación está prohibido por los Diez Mandamientos y por lo tanto, no puedo delatar a las personas que pertenecen a la Iglesia”. Fue condenado a muerte según la ley militar. La ejecución tuvo lugar en Saenamteo, cerca del río Han, el 31 de mayo de 1801 (19 de abril por el calendario lunar). Su cabeza fue colgada en lo alto de la Puerta del Campo.

Se dice que en el momento de la decapitación: “El cielo claro se oscureció de repente y una violenta tormenta sopló sobre las rocas, siendo la visibilidad de solo una pulgada, como si fuera una ducha de pesada agua. En el momento de la ejecución, las nubes se dispersaron y un arco iris brillante apareció en el cielo. Luego desapareció por el noreste”.

Tumba del Beato Antonio Jeong Chan-mun en Jinju, Gyeongsang del Sur.

Tumba del Beato Antonio Jeong Chan-mun en Jinju, Gyeongsang del Sur.

Listado de los nuevos beatos mártires coreanos

Año 1791.- Beatos Pablo Yun Ji-chung y Santiago Gwon Sang-yeon.

Año 1793.- Beato Pedro Won Si-jang.

Año 1795.- Beatos Pablo Yun Yu-il, Mateo Choe In-gil y Sabas Ji Hwang.

Año 1798.- Beato Pablo Yi Do-gi.

Año 1799.- Beatos Francisco Bang, Lorenzo Pak Chwi-deuk, Santiago Won Si-bo y Pedro Jeong San-pil.

Año 1800.- Beatos Francisco Bae Gwan-gyeom, Martín In Eon-min y Francisco Yi Bo-Hyeon.

Año 1801.- Beatos Pedro Jo Yong-sam, Bárbara Sim A-gi, Juan Choe Chang-hyeong, Agustín Jeong Yak-jong, Francisco Javier Hong –Gyo-man, Tomás Choe Pil-gong, Lucas Hong Nak-min, Marcelino Choe Chang-ju, Martín Yi Jung-bae, Juan Won Gyeong-do, Santiago Yun Yu-o, Bernabé Gim I-u, Pedro Choe Pil-je, Lucía Yun Un-hye, Cándida Geong Bok-hye, Tadeo Jeong In-hieok, Carlos Geong Cheol-sang, Santiago Chu Mun-mo, Pablo Yi Guk-seung, Columba Gang Wan-suk, Susana Gang Gyeong-bok, Mateo Gim Hyeon-u, Bibiana Mun Yeong-in, Juliana Gim Yeon-i, Antonio Yi Hyeon, Ignacio Choe In-cheol, Águeda Han Sin-ae, Bárbara Jeong Sun-mae, Águeda Yun Jeom-hye, Andrés Gim Gwang-ok, Pedro Gim Jeong-duk, Estanislao Han Jeong-heum, Matías Choe Yeo-gyeom, Andrés Gim Cheon-ae, Francisco Gim Jong-gyo, Felipe Hong Pil-ju, Agustín Yu Hang-geom, Francisco Yun Ji-heon, Juan Yu Jung-cheol, Juan Yu Mun-seok y Pablo Hyeon Gye-heum.

Tumba del Beato Tadeo  Ku Han-seon en Haman-gun, Corea.

Tumba del Beato Tadeo Ku Han-seon en Haman-gun, Corea.

Año 1802.-Beatos Francisco Gim Sa-jip, Gervasio Son Gyeong-yu, Carlos Yi Gyeong-do, Simón Gim Gye-man, Bernabé Jeong Gwang-su, Antonio Hong Ik-man, Tomás Han Deok-un, Simón Hwang Il-gwang, León Hong In, Sebastián Kwon Sang-mun, Lutgarda Yi Sun-i y Mateo Yu Jung-seong.

Año 1814.-Beato Pío Gim Jin-hu.

Año 1815.-Beatos Alejo Gim Si-u, Águeda Magdalena Gim Yun-deok, Francisco Choe Bong-han, Simón Gim Gang-i y Andrés Seo Seok-bong.

Año 1816.-Beatos Francisco Gim Hui-seong, Bárbara Ku Seong-yeol, Ana Yi Sim-i, Pedro Ko Seong-dae, José Ko Seong-un, Andrés Gim Jong-han y Santiago Gim Hwa-chun.

Año 1819.-Beatos Pedro Jo Suk y Teresa Kwon.

Año 1827.-Beatos Pablo Yi Gyeong-eon y Pablo Pak Gyeong-hwa.

Año 1828.-Beato Ambrosio Gim Se-bak.

Año 1835.- Beato Ricardo An Gun-sim.

Tumba del Beato Matias Pak Sang-geun, seglar mártir en 1867. Diócesis de Masan, Corea.

Tumba del Beato Matias Pak Sang-geun, seglar mártir en 1867. Diócesis de Masan, Corea.

Año 1839.- Beatos Andrés Yi Jae-haeng, Andrés Pak Sa-ui, Andrés Gim Sa-geon, Job Yi Il-eon, Pedro Sin Tae-bo, Pedro Yi Tae-gwon, Pablo Jeong Tae-bong, Pedro Gim Dae-gwon, Juan Cho Hae-song, Anastasia Gim Jo-i, Bárbara Sim Jo-i, Anastasia Yi Bong-geum y Brígida Coe.

Año 1840.- Beatos Protasio Hong Jae-yeong, Bárbara Choe Jo-i, Magdalena Yi Jo-i, Santiago Oh Jong-rye y Maria Yi Seong-rye.

Año 1866.- Beatos Tomás Jang, Tadeo Ku Han-seon, Pablo Oh Ban-ji, Marcos Sin Seok-bok y Esteban Gim Won-jung.

Año 1867.- Beatos Benito Song, Pedro Song, Ana Yi, Félix Pedro Gim Gi-ryang, Matias Pak Sang-geun y Antonio Jeong Chan-mun.

Tumba de los Beatos Pedro Yi, Lucas Gim y Jacobo Heo en Daegu, Corea.

Tumba de los Beatos Pedro Yi, Lucas Gim y Jacobo Heo en Daegu, Corea.

Año 1868.- Beatos Juan Yi Jeong-sik, Martín Yang Jae-hyeon, Pedro Yi Yang-deung, Lucas Gim Jong-ryun, Santiago Heo In-baek, Francisco Pak, Margarita Oh y Victorino Pak Dae-sik

Año 1888.-Beato José Pedro Yun Bong-mun.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (02/08/2014):

http://newsaints.faithweb.com/martyrs/Korea2.htm

http://www.koreanmartyrs.or.kr/index.php