El Señor de la Penitencia de Mexicaltzingo

Vista de la imagen completa. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Vista de la imagen completa. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Introducción
Hasta hace unos años, la semana laboral en Guadalajara era compaginada con devociones que los tapatíos dedicaban a un día especial. En efecto, el lunes se visitaba, en la Catedral Metropolitana, la Capilla del Señor de las Aguas, para honrar a Dios Padre, por lo que dicha capilla también se le conoce como del Padre Eterno. El martes, San Antonio de Padua era visitado en su parroquia de la Colonia Moderna. El miércoles estaba dedicado a Santa Edwiges, en la parroquia de San Juan de Dios o de la Santa Cruz. El jueves estaba dedicado a Santa Filomena, recibiendo culto en la parroquia de San Pío X en la Colonia Morelos: el fervor era tan grande que este templo se conoció popularmente como Santa Filomena; vestigio de este fervor es la estación del tren eléctrico que pasa por afuera de este templo y que se conoce oficialmente como Santa Filomena. Concluía este peregrinar de templos los viernes, con la visita al templo parroquial de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, para venerar un crucifijo, llamado “El Señor de la Penitencia” y suplicarle su ayuda y protección. Si bien la devociones antes mencionada continúan con sus días establecidos, la afluencia ha mermado, pero el cariño de los devotos continúa y permanece de frente ante el paso del tiempo, la secularización y la indiferencia religiosa; con menor cantidad de personas pero con un compromiso por vivir la fe con mayor calidad.

Mexicaltzingo
La Ciudad de Guadalajara se fundó el 14 de febrero de 1542, luego de un itinerario que sus moradores hicieron para buscar el lugar más apropiado y fue en el valle de Atemajac donde finalmente se asentó la población. El fundador de la ciudad fue Cristóbal de Oñate, quien puso el nombre a la ciudad en honor a la ciudad donde nació Nuño Beltrán de Guzmán, principal colonizador de estas tierras del occidente de México. Entre los días 14 y 16 del mismo mes y año, se fundó el barrio de Mexicaltzingo, creado por el Virrey Antonio de Mendoza para que lo habitaran los indígenas que el mismo trajo para sofocar la rebelión de los indígenas caxcanes en el cerro del Mixtón, la que puso en peligro la conquista de México. Luego de este episodio, ellos se quedaron a vivir en ese lugar y por ello recibió el nombre de Mexicaltzingo, que significa “donde están las casitas de los mexicanos”.

Detalle del rostro de la imagen. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

Detalle del rostro de la imagen. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

La ciudad entonces fundada tenía como eje el río de San Juan de Dios, que dividía al poniente este barrio y al oriente el barrio de Analco, creado para ser habitado por los españoles. Como 1.5 km. Al norte estaba el centro de la incipiente ciudad y más al norte se ubicaba el barrio de Mezquitán. Al comienzo del S. XVII, Mexicaltzingo era atendido espiritualmente en una capilla de adobe dedicada a San Juan Bautista, la cual era dirigida por los frailes franciscanos, quienes habitaban el convento de San Francisco de Guadalajara. En este lugar tiene su origen la historia del Santo Cristo sobre quien trata ese artículo.

El Señor de la Penitencia
Como todas las imágenes famosas y antiguas, la historia del Señor de la Penitencia tiene parte de leyenda y parte de historia. Se cuenta que hacia finales del S. XVI, en el referido convento de San Francisco, moraba un religioso que tenía muchas ganas de tener un Crucifijo; en una ocasión el portero atendió a unas personas que llegaron buscando a tal hermano para venderle un crucifijo de tamaño natural que representaba a nuestro Señor muerto en la cruz. El portero avisó al superior, quien atendió a los visitantes diciéndoles que un fraile, por su voto de pobreza, no podía tener una imagen propia, por lo que era imposible que el hermano que buscaban comprara la imagen pues estaba limitado por su voto. Más los personajes no se desanimaron, insistiendo en dejar allí la imagen de Cristo y que luego de un tiempo, regresarían por el pago del mismo. El religioso que deseaba la imagen entonces rogó tanto al superior que aceptara, que éste finalmente accedió y la imagen se quedó en el convento.

Detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

El M.I. Sr. Cango. Don Luis Enrique Orozco Contreras, en su magnífica obra de varios tomos “Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo”, refiere al respecto que es muy probable que la imagen date de 1585 y que lo más seguro es que fuera elaborada en los talleres de Matías y Luis de la Cerda en Pátzcuaro, donde los misioneros se surtían de imágenes del Señor y de la Santísima Virgen para llevarlas en sus correrías apostólicas. Se tiene casi por seguro que fue Fray Lorenzo de Zúñiga quien consiguió esta imagen con otra muy semejante para traerlas a Guadalajara. La segunda de ellas permaneció en la iglesia del convento desde fines del S. XVI hasta la madrugada del 14 de abril de 1936, en que un incendio destruyó gran parte del templo, quemando totalmente esta imagen conocida como Señor de los Desamparados.

La otra imagen, la que nos concierne, estuvo colocada en el ángulo noroeste del convento, al pie de una escalera del antecoro del claustro y es de este lugar donde obtiene su nombre, pues cuando los estudiantes coristas no sabían dar la lección a sus maestros o cometían alguna falta, eran enviados a rezar su penitencia en lugar ante este Cristo, por esta causa se le quedó el nombre del Señor de la Penitencia. Este Cristo fue luego trasladado a una capilla llamada De Profundis, que era donde se velaba a los difuntos.

A comienzos del S. XVII, la imagen se hallaba en mal estado y desgastada por los efectos del tiempo, estaba desfigurada y apolillada. Esto hizo que los frailes la retiraran del culto público en el convento y encargaran a un indio vecino de Mexicaltzingo, responsable de estos menesteres, que se deshiciera de misma y la incinerara, para obtener cenizas y usarlas en el Miércoles de Ceniza. Este hombre quedó tan prendado del Crucifijo, que rogó a los frailes que mejor se la regalaran como finalmente sucedió. Le llevó entonces a su domicilio y viéndola tan picada, determinó llevarla al Convento de Jesús María, para que las monjas la restauraran, le hicieran una cabellera y la dotaran de un cendal. (Cabe recordar que en ese convento, atendido por las madres dominicas, es donde se venera a Nuestra Señora del Rayo, de quien ya se ha escrito un artículo.)

La imagen colocada en su altar. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

La imagen colocada en su altar. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

En este lugar la imagen del Crucificado se renovó a si sola, quedando como recién hecha, ante la admiración de todos. Allí el Señor de la Penitencia curó a una monja paralítica y se dice que otra monja se desposó con este Cristo, de cuya imagen se desprendió la mano derecha de la cruz, presentándole el dedo anular para colocar el anillo de sus desposorios eternos. La religiosa tomó entonces el nombre de Sor María de Jesús de la Penitencia. (No hay una fecha precisa del suceso que se puede ubicar no antes de 1722 en que se fundó el convento de Jesús María y no después de 1762, en que el párroco del Sagrario Metropolitano, de donde dependía entonces la ermita de Mexicaltzingo, daba cuenta a la curia de lo abrumado que se sentía por el gran número de devotos que visitaban a ese milagrosa imagen. La tradición refiere el año de 1760).

El indígena llevó luego la imagen a su casa, donde ésta recibía muchas visitas y peregrinaciones, pues muchísimos llegaron atraídos por la noticia de la restauración milagrosa; entonces la Sagrada Mitra determinó que fuera colocada en la pequeña capilla de San Juan Bautista de Mexicaltzingo para ser allí venerada. Esta capilla fue ampliada por disposición del Siervo de Dios Don Fray Antonio Alcalde, Obispo de Guadalajara quien luego la erigió en parroquia el 29 de julio 1782. Este mitrado, aparte de tener un gran amor a Nuestra Señora de Guadalupe, tuvo un particular afecto al Señor de la Penitencia a quien visitaba con cierta frecuencia, al grado que a su muerte, dejó estipulado en su testamento, que era su voluntad que su carroza fuera donada a esta parroquia para ser “estufa” del Santísimo Sacramento. Además de su bolsillo hizo una donación para la edificación del curato de la parroquia, cuyo edificio tuvo una construcción que resultó defectuosa, por lo que se han tenido que hacer más restauraciones: en 1844, 1858, 1880 y 1912. Durante la gestión del Señor Cura, el M.I. Sr. Cango y Mons. Don Hermión Aranda (1994-2003) se continuó con la construcción de las torres inconclusas de la iglesia, terminándose hasta la fecha únicamente la torre oriente tras muchos desacuerdos.

Mas la historia de esta imagen todavía incluye otra renovación: el 11 de octubre de 1872. Ya el párroco de esta iglesia había constatado en la tradicional bajada del Santo Cristo en el Martes de Carnaval que la pintura de la imagen sufría un grave deterioro y pasó que en la fecha referida, siendo ya muy noche y estando el templo cerrado, unos vecinos se percataron de que las ventanas de la iglesia despedían mucha luz; temiendo un incendio, avisaron entonces al sacristán y éste al párroco, quienes con unos vecinos ingresaron al recinto y constataron que del templete donde estaba la imagen brotaba un resplandor notabilísimo pero no de fuego. Esperando que llegara el día para despejar el enigma, se dieron cuenta que la imagen no solo estaba intacta sino inexplicablemente restaurada. Se levantó una relación canónica de lo sucedido pero lamentablemente se ha perdido.

Otro detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Otro detalle del busto de la imagen. Fotografía: Peregrino Zapopano.

Descripción de la imagen
La imagen del Señor de la Penitencia es de tamaño natural y está elaborada en Tzatzengui, pasta de caña de maíz. La obra en sí es realista y expresiva, lo que le ha causado la devoción de quienes lo veneran. Representa a Nuestro Señor Jesucristo muerto en la cruz, está sangrante pero no causa desagrado. Representa con crudeza los tormentos que el Señor padeció al ser sacrificado por nosotros, resaltando de manera particular las huellas de la flagelación. El tono de su piel es blanco, tiene la particularidad de pender en forma “Y” de la cruz. La delgadez de su cuerpo acusa origen patzcuareño y por la forma piramidal del abdomen, lo marcado de las costillas, la herida del costado muy abierta y la abundante sangre renegrida, se acentúa su estilo tarasco. La sangre de las heridas es profusa en todo el cuerpo y está bañado lastimosamente en ella desde el cuello.

Su semblante tiene una mezcla de dolor y angustia que despiertan veneración y respeto, su gesto es una mezcla de virilidad, ternura y compasión. Un fino bigote está sobre los labios y se pierde en una barba partida a la mitad, la cual está tallada. Sobre su cabeza se coloca una peluca postiza y se le sobrepone una corona de plata dorada con las tradicionales tres potencias. Su cintura aparece cubierta por cendales de diferentes colores, bordados y adornados con primor artístico. La cruz es de madera pintada de negro y de forma rolliza, de palos delgados; tanto la cabeza de la cruz como los brazos rematan en cantoneras de plata; el asta lleva en la parte superior el letrero tradicional de INRI.

Culto
En un principio, la imagen del Señor de la Penitencia se cubría con un velo, el cual se descorría los viernes para ser venerada, costumbre que se mantuvo hasta muy entrado el S. XIX; esto tuvo como resultado que el día dedicado a su culto fuera el viernes. El día de su fiesta desde antiguo es el Jueves de Ascensión, fiesta que ha sido trasladada a domingo con la reforma del calendario litúrgico. Fray Luis del Refugio Palacio refiere en sus apuntes que en el S. XIX, cada viernes del año era innumerable la afluencia de peregrinos al templo desde el amanecer hasta que era cerrado y que el día de la fiesta, la iglesia no daba cabida a todos los devotos que iban a visitarlo.

Otra vista de la imagen colocada en su altar.  Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

Otra vista de la imagen colocada en su altar. Archivo de Peregrino Zapopano, órgano de difusión de la guardia de honor de Nuestra Señora de Zapopan.

En 1971 se creó la guardia de Honor del Señor de la Penitencia; en 1972 se celebró con esplendor el primer centenario de la segunda renovación, fecha en que se ciño su cabeza con una corona de oro elaborada por el afamado orfebre Manuel Peregrina. Esta ceremonia la presidió el entonces Arzobispo Primado de México, Cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Actualmente la imagen del Señor de la Penitencia preside el retablo del altar mayor, ubicado en la hornacina superior. Cada año, como es tradicional, el Martes de Carnaval, la imagen, que está a la intemperie, es bajada y se limpia con bolitas algodón, las que son luego distribuidas como reliquias entre sus devotos.

En octubre de 2007, con motivo de las bodas de oro sacerdotales del ahora Arzobispo Emérito de Guadalajara, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, se reunieron luego de una procesión, varias imágenes célebres del Señor Crucificado hechas de pasta de caña de maíz en la Catedral de Guadalajara. De esta manera, el Señor de la Penitencia volvió a la Iglesia Madre de la Diócesis una vez más luego de mucho tiempo, pues en otras ocasiones ya había sido llevado para pedirle su protección durante el temporal de lluvias. En 1809 se le hizo en esa misma iglesia un novenario para pedirle por la independencia de España, que estaba entonces bajo el dominio de los franceses.

Vista completa del altar mayor, con el Cristo coronándolo. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

Vista completa del altar mayor, con el Cristo coronándolo. Fotografía: Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo.

Este jubileo dio pie para dar una revisión profunda a la escultura, la que se encontró deteriorada nuevamente. La comunidad parroquial no contaba con fondos para hacer una restauración adecuada, pero hizo un gran esfuerzo para recabar fondos con que pagar los gastos de la misma, la que finalmente pudo hacerse con un resultado exitoso. Esta vez, sin necesidad de sucesos sobrenaturales, el Señor de la Penitencia luce como nuevo en su sede. Esta restauración la hizo Felipe Flores con el método tradicional con que fue elaborada; se descubrió entonces al revisarse la espalda, que la imagen era hueca, sostenida por una penca de maguey, la que se llenó de haces de caña de maíz y con ello se vino abajo la conseja que aseguraba que al renovarse, se había transformado en una materia sólida y pesada.

En el año 2008, el referido Arzobispo Cardenal Juan Sandoval, elevó al grado de Santuario Diocesano del Señor de la Penitencia a la Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo; no es posible dejar de referir que en el interior de esta Iglesia se conserva la pila bautismal donde recibió el primer sacramento San José Jenaro Sánchez Delgadillo, uno de los Santos Mártires mexicanos. También conviene destacar que la Beata María Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco vivió en este barrio y por influencia del Hospital sostenido por las Damas de las Conferencias de San Vicente de Paul, nació su carisma fundacional de la Congregación de la Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres.

Un signo característico de esta devoción tiene su origen el 27 de abril de 1896, cuando un robo sacrílego despojó a la imagen de una corona de espinas de oro, los clavos y algunas sortijas puestas en sus dedos. El mortificado párroco aunó el disgusto de los tapatíos por este crimen y para desagraviar a Dios por este suceso, implementó un acto de desagravio que causó la práctica piadosa de imponer cada viernes la Corona del Señor de la Penitencia a los peregrinos que la visitaban. El Arzobispo de Guadalajara, Don José de Jesús Ortiz, además de aprobar este acto de piedad, concedió 100 días de indulgencia a los que la practicaran. Al ser impuesta la corona se dice: “Veneramos Señor tu corona, adoramos tu gloriosa Pasión, concédenos la gracia de la conversión”.

Fachada de la parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, México, donde se venera la imagen.

Fachada de la parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, México, donde se venera la imagen.

Cada viernes se celebran en esta iglesia cuatro misas debido a la gran afluencia de devotos: 8.00. 12.00, 19.00 y 20.00. Quienes visitan al Señor de la Penitencia en este día, se les coloca su corona lo invocan con esta plegaria:

“¡Oh Dios de suma bondad
pues eres toda clemencia,
de nosotros ten piedad,
Señor de la Penitencia!”

Humberto

Bibliografía:
– HÍJAR ORNELAS, Tomás de, Bicentenario del Templo Parroquial de Mexicaltzingo. Fe, Historia y Arte, Guadalajara, Jalisco, 2008.

Apolo, un Santo de la época apostólica

San Apolo (Apolonio), mártir en Egipto con Marciano y compañeros (5 de junio).

San Apolo (Apolonio), mártir en Egipto con Marciano y compañeros (5 de junio).

“Fue muy útil a aquellos que por obra de la gracia se convirtieron en creyentes”. (San Lucas).

Apolo (en griego Απόλλων) es una divinidad de la antigua religión griega, dios de la medicina, de la música y de la profecía, que también fue venerado en la religión romana. Cuando se piensa en este nombre, hoy en desuso en la anagrafía, se piensa en el dios grecorromano. La tradición cristiana recuerda algunos Santos de nombre Apolo, entre los cuales está el gran colaborador de San Pablo.

Escuchemos la catequesis de SS. Benedicto XVI en la cual, el 31 de enero de 2007, presentaba a la audiencia general del miércoles algunos colaboradores de San Pablo: Bernabé, Silvano y Apolo: “Queridos hermanos y hermanas: siguiendo con nuestro viaje entre los protagonistas de los orígenes cristianos, dedicamos hoy nuestra atención a algunos otros colaboradores de San Pablo. Debemos reconocer que el Apóstol es un ejemplo elocuente de hombre abierto a la colaboración: en la Iglesia él no quiso hacerlo todo solo, sino que tuvo muchos y diversos colegas. No podemos referirnos a todos estos preciosos ayudantes, porque son muchos. Basta recordar, entre otros, a Epafras (cfr Col 1,7; 4,12; Fm 23), Epafrodito (cfr Fil 2,25; 4,18), Tíquico (cfr At 20,4; Ef 6,21; Col 4,7; 2 Tm 4,12; Tt 3,12), Urbano (cfr Rm 16,9), Cayo y Aristarco (cfr At 19,29; 20,4; 27,2; Col 4,10). Y mujeres como Febe (cfr Rm 16, 1), Trifena y Trifosa (cfr Rm 16, 12), Pérside, la madre de Rufo — del la cual San Pablo dice: “También es mi madre” (cfr Rm 16, 12-13) — y no olvidemos a cónyugues como Prisca y Aquila (cfr Rm 16, 3; 1Cor 16, 19; 2Tm 4, 19). Hoy, entre esta gran lista de colaboradores y colaboradoras de San Pablo, dirigimos nuestro interés a tres de estas personas, que han desarrollado un papel particularmente significativo en la evangelización de los orígenes: Bernabé, Silvano y Apolo.

Bernabé significa “hijo de la exhortación” (At 4,36) o “hijo de la consolación” y es el sobrenombre de un judío levita nativo de Chipre. Establecido en Jerusalén, fue uno de los primeros que abrazaron el cristianismo después de la resurrección del Señor. Con gran generosidad vendió un campo de su propiedad, entregando lo obtenido a los Apóstoles para las necesidades de la Iglesia (cfr At 4,37). Fue a hacerse garante de la conversión de Saulo en la comunidad cristiana de Jerusalén, la que aún desconfiaba del antiguo perseguidor (cfr At 9,27). Enviado a Antioquía de Siria, fue a encontrarse con Pablo en Tarso, donde éste se había retirado, y con él estuvo un año entero, dedicándose a la evangelización de aquella importante ciudad, en cuya Iglesia Bernabé era conocido como profeta y doctor (cfr At 13,1).

Santos Isaac y Apolo, mártires en Nicomedia de Bitinia.

Santos Isaac y Apolo, mártires en Nicomedia de Bitinia.

Así pues, Bernabé, en el momento de las primeras conversiones de los paganos, entendió que era la hora de Saulo, el cual se había retirado a Tarso, su ciudad. Allí fue a buscarlo. De este modo, en aquel importante momento, devolvió a Pablo a la Iglesia; le dio, en este sentido, al Apóstol de los Gentiles. De la Iglesia antioquena Bernabé fue enviado a misión junto a Pablo, en lo que se llama el primer viaje misionero del Apóstol. En realidad, se trató de un viaje misionero de Bernabé, siendo él el verdadero responsable, al cual Pablo se unió como colaborador, tocando las regiones de Chipre y de la Anatolia centro-meridional, en la actual Turquía, con las ciudades de Atalia, Perga, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (cfr At 13-14). Junto a Pablo fue al llamado Concilio de Jerusalén, donde, después de un profundo examen de la cuestión, los Apóstoles con los Ancianos decidieron desligar la práctica de la circuncisión de la identidad cristiana (cfr At 15,1-35). Solo de esta manera, al fin, han hecho posible oficialmente la Iglesia de los paganos, una Iglesia sin circuncisión: somos hijos de Abraham simplemente por la fe en Cristo.

Los dos, Pablo y Bernabé, entraron en conflicto a inicios del segundo viaje misionero, porque Bernabé era de la idea de que había que tomar como compañero a Juan Marcos, mientras que Pablo no quería, separándose el joven de ellos durante el viaje precedente (cfr At 13,13; 15,36 – 40). También entre los Santos hay conflictos, discordias, controversias. Esto me parece muy consolador, porque vemos que los Santos “no han caído del cielo”. Son hombres como nosotros, con problemas también complicados. La santidad no consiste en no haberse equivocado nunca, en absoluto. La santidad crece en la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad a recomenzar, y sobre todo en la capacidad de reconciliación y perdón. Y así Pablo, que era más bien áspero y amargo en los enfrentamientos con Marcos, al final se reencuentra con él. En las últimas Cartas de San Pablo, a Filemón y la segunda a Timoteo, el propio Marco aparece como “mi colaborador”. No es pues el no haberse equivocado nunca, sino la capacidad de reconciliarse y perdonas, lo que hace Santos. Y todos podemos seguir este camino de santidad. En cualquier caso Bernabé, con Juan Marcos, volvió a Chipre (cfr At 15,39) en torno al año 49. Desde ese momento se pierde su rastro. Tertuliano le atribuye la Carta a los Hebreos, a lo que no le falta verosimilitud porque, siendo de la tribu de Leví, Bernabé podía tener interés en el tema del sacerdocio. En la Carta a los Hebreos se interpreta de modo extraordinario el sacerdocio de Jesús.

San Apolo (Apolonio) de Bawit, abad.

San Apolo (Apolonio) de Bawit, abad.

Otro compañero de Pablo fue Silas, forma helenizada de un nombre hebreo (quizá Sheal, “llamar, invocar”, que es la misma raíz del nombre “Saulo”), del cual deriva la forma latinizada Silvano. El nombre de Silas está citado sólo en el Libro de los Hechos, mientras que el nombre Silvano aparece sólo en las Cartas paulinas. Era un judío de Jerusalén, uno de los primeros en hacerse cristiano, y en aquella Iglesia gozaba de gran estima (cfr At 15,22), siendo considerado profeta (cfr At 15,32). Le fue encargado comunicar “a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia” (At 15,23) las decisiones tomadas en el Concilio de Jerusalén, y de explicarlas. Evidentemente se le consideraba capaz de llevar a cabo cierta mediación entre Jerusalén y Antioquía, entre hebreos-cristianos y cristianos de origen pagano, y así servir a la unidad de la Iglesia en la diversidad de ritos y de orígenes.

Cuando Pablo se separó de Bernabé, tomó a Silas como nuevo compañero de viaje (cfr At 15,40). Con Pablo llegó a Macedonia (a las ciudades de Filipo, Tesalónica y Berea) donde se detuvo, mientras que Pablo continuó hacia Atenas y después Corinto. Silas se reunió con él Corinto, donde cooperó en la predicación del Evangelio, de hecho, en la segunda Carta dirigida a Pablo en esa Iglesia, se habla de “Jesucristo, que hemos predicado entre vosotros yo, Silvano y Timoteo” (2 Cor 1,19). Se explica así como él llegó a ser co-autor, junto con Pablo y Timoteo, de las dos Cartas a los Tesalonicenses. Esto me parece también importante. Pablo no ejerce de “solista”, de puro individuo, sino junto a estos colaboradores en el “nosotros” de la Iglesia. Este “yo” de Pablo no es un “yo” aislado, sino un “yo” entre “nosotros” de la Iglesia, entre el “nosotros” de la fe apostólica. Y Silvano es al fin mencionado en la Primera Carta de Pedro, donde se lee: “Os he escrito por medio de Silvano, hermano fiel” (5,12). Así vemos la comunión de los Apóstoles. Silvano sirve a Pablo, sirve a Pedro, porque la Iglesia es una y el anuncio misionero es único.

Estampa devocional de San Apolonio, mártir romano, perteneciente a la serie de Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional de San Apolonio, mártir romano, perteneciente a la serie de Alberto Boccali (“Bertino”).

El tercer compañero de Pablo del que queremos hacer memoria es llamado Apolo, probablemente abreviatura de Apolonio o Apolodoro. A pesar de tratarse de un nombre de raigambre pagana, era un ferviente hebreo de Alejandría de Egipto. Lucas, en el Libro de los Hechos, lo define como “un hombre culto, versado en las Escrituras… lleno de fervor” (18,24-25). La entrada de Apolo en la escena de la primera evangelización tuvo lugar en la ciudad de Éfeso: fue a predicar y tuvo la fortuna de encontrar a los cónyugues cristianos Priscila y Aquila (cfr At 18,26), que lo introdujeron a un conocimiento más completo de la “vida de Dios” (cfr At 18,26).

De Éfeso pasó a Acaya, llegando a la ciudad de Corinto, aquí llegó con el apoyo de una carta de los cristianos de Éfeso, que recomendaban a los corintios el darle buen acogimiento (cfr At 18,27). En Corinto, como escribe Lucas, “fue muy útil a todos los que, por obra de la gracia, se habían convertido en creyentes; confutaba virgorosamente a los judíos, demostrando públicamente a través de las Escrituras que Jesús es el Cristo” (At 18,27-28), el Mesías. Su éxito en esta ciudad tuvo un aspecto problemático, porque algunos miembros de aquella Iglesia, fascinados por su forma de hablar, se oponían a otros en su nombre (cfr 1 Cor 1,12; 3,4-6; 4,6). Pablo, en la Primera Carta a los Corintos, muestra aprecio por lo hecho por Apolo, pero reprende a los Corintios por lacerar el Cuerpo de Cristo dividiéndose en facciones enfrentadas. Ello trae una importante lección: ya sea yo o ya sea Apolo – dice- no somos otra cosa que diakonoi, esto es, simples ministros, a través de los cuales habéis venido a la fe (cfr 1 Cor 3,5). Cada uno tiene una tarea diferenciada en el campo del Señor: “Yo he plantado, Apolo ha regado, pero es Dios el que ha hecho crecer tanto… somos, pues, colaboradores de Dios, y y vosotros sois el campo de Dios, el edificio de Dios” (1 Cor 3,6-9).

Vuelto a Éfeso, Apolo resistió la invitación de Pablo de volver enseguida a Corinto, retrasando el viaje a una fecha posterior que ignoramos (cfr 1 Cor 16,12). No tenemos más datos suyos, aunque algunos estudiosos piensan que puede ser el autor de la Carta a los Hebreos, de la cual, según Tertuliano, era autor Bernabé.

Estampa devocional de San Apolonio el Apologista, mártir romano.

Estampa devocional de San Apolonio el Apologista, mártir romano.

Estos tres hombres brillaron en el firmamento del testimonio del Evangelio por un punto en común más que por las características propias de cada uno. En común, además de su origen judío, tuvieron la dedicación a Jesucristo y al Evangelio, junto al hecho de haber sido los tres colaboradores del apóstol Pablo. En esta misión evangélica original encontraron el sentido de su vida, y así se nos presentan como modelos luminosos de desinterés y generosidad. Y repensamos, al final, esta frase de San Pablo: ya sea Apolo, ya sea yo, somos todos ministros de Jesús, cada cual a su manera, porque es Dios quien hace crecer. Esta palabra vale también hoy para todos, sea el Papa, sean los cardenales, los obispos, los sacerdotes, los laicos. Todos somos humildes ministros de Jesús. Sirvamos al Evangelio cuanto podamos, según nuestros dones, y opremos a Dios para que haga crecer hoy su Evangelio, su Iglesia”.

El Martirologio Romano (M.R.) nombra algunos Santos de nombre Apolo o Apolonio:

San Apolonio, filósofo y mártir de Roma (21 de abril)

San Apolonio, mártir en Sardi (10 de julio)

Santos Apolonio y Filemón, mártires en Egipto (8 de marzo)

Santos Marciano, Nicandro, Apolonio (Apolo) y compañeros mártires en Egipto (5 de junio)

San Apolonio mártir, venerado el 10 de abril: “En Alejandría de Egipto, San Apolonio, sacerdote y mártir”.

San Apolonio de Bawit, abad, venerado el 22 de octubre. Vivió en el siglo IV, probablemente entre los años 316 y 395. Ermitaño, de origen egipcio, tras un primer momento de soledad y aislamiento en torno a cuarenta años en la Tebaida, como otros padres del desierto, se convirtió en guía-abad de un cenobio cerca de Hermópolis. Hay que recordar que su retorno a la vida eclesial y civil es similar al que hizo San Antonio el Grande, cuando dejó el desierto para combatir a Julián el Apóstata.

Icono copto de los Santos Apolo y Abib.

Icono copto de los Santos Apolo y Abib.

Entre otros Santos de nombre Apolo que no aparecen en el Martirologio Romano, recordamos a:

- Apolo (Apolonio), ermitaño en Nitria.

- Apolo, mártir en Bitinia, con Isaac y compañeros.

- Apolo de Pelusio, ermitaño.

- Apolo obispo, recordado con el obispo Alejo en Bitinia.

- Apolo, colaborador de San Pablo.

Finalmente, las Iglesias Orientales recuerdan a:

- Apolo “el Pastor”, monje, venerado en la Iglesia Copta el 30 de enero.

- Apolo, venerado en la Iglesia Copta el 13 de octubre.

Concluyendo, la figura de Apolo nos recuerda que cada uno de nosotros tenemos un papel en la venida del Reino de Dios, el cual llega por la gracia, como recuerda San Pablo: “Yo he plantado, Apolo ha regado, pero es Dios quien ha hecho crecer… somos pues colaboradores de Dios, y vosotros sois el campo de Dios, el edificio de Dios”. (1 Cor 3,6-9).

“En una comunidad parroquial fue anunciado que en la noche solemne del sábado de Pascua el Mesías regresaría. El Reino de los Cielos sería llevado a pleno cumplimiento: había llegado el fin de los tiempos. El Mesías había comunicado su misión a la comunidad.

El sábado todos se reunieron. Las mujeres habían preparado la cena, los hombres habían ensayado largamente la música, los cantos y las danzas. Sabían que aquella noche, finalmente, el Mesías iba a llegar. La fiesta comenzó…

Lienzo de San Apolonio, obispo, obra de Girolamo Romani "Il Romanino". Basílica de los Santos Faustino y Jovita, Brescia (Italia).

Lienzo de San Apolonio, obispo, obra de Girolamo Romani “Il Romanino”. Basílica de los Santos Faustino y Jovita, Brescia (Italia).

Medianoche: ¡de aquí a poco tiempo le veremos!
La una de la mañana: su llegada era inminente.
Las dos: los corazones latían más fuertes.
Las tres: el cansancio empezó a hacerse sentir.
Las cuatro: algunos comenzaron a perder el ánimo.
Las cinco: se dormían y bostezaban todos… aún no llegaba…

A mediodía, ¡el Mesías llamó finalmente a la puerta! Entrando, dijo educadamente: “Perdonadme, pero me he encontrado un niño que estaba llorando y me he detenido a consolarlo…”

Mientras haya niños que lloran, el Mesías no llegará…” (extraido de “Il Gufo”).

Damiano Grenci

Bibliografía:
– AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 12 voll., Città Nuova, 1990.
– C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142.
– Sitio web de “il Gufo”
– Sitio web de la Santa Sede
– Sitio web de Wikipedia
– Damiano Marco Grenci, collezione privata di immaginette sacre, 1977 – 2008.

Santos Fausta y Probo, dos cuerpos santos venerados en Walderbach

Santa Fausta, mártir romana, venerada en este altar de Walderbach,

Santa Fausta, mártir romana, venerada en este altar de Walderbach,

Introducción
La historia de la Iglesia, de todos los tiempos y de todos los lugares, desde la edad apostólica hasta nuestros días, ha señalado el testimonio de innumerables cristianos que han sido arrestados, torturados y asesinados en odio a Cristo. El martirio ha sido siempre considerado por los cristianos como un don, una gracia, un privilegio, la plenitud del bautismo, porque se es “bautizado en la muerte de Cristo”. El Concilio Vaticano II así lo enseña: “Ya desde los primeros tiempos, algunos cristianos han sido llamados, y otros lo serán siempre, a dar este máximo testimonio de amor ante los hombres, y especialmente ante los perseguidores. Por eso el martirio, con el cual el discípulo se asimila a su maestro que libremente acepta la muerte por la salvación del mundo, y con el cual se asemeja a él en el derramamiento de sangre, es apreciado por la Iglesia como don insigne y suprema prueba de caridad. Aunque a pocos se les concede, todos deben estar, sin embargo, prestos a confesar a Cristo ante los hombres y a seguirlo por el camino de la cruz durante las persecuciones, que nunca faltan a la Iglesia” (LG 42).

Los “cuerpos santos”
Las catacumbas romanas, abandonadas durante un largo período a causa de las invasiones bárbaras, fueron redescubiertas a partir del año 1578, suscitando un enorme entusiasmo en el pueblo cristiano. Debe saberse que las catacumbas son los cementerios de la primitiva comunidad cristiana, en las cuales fueron enterradas también muchos mártires: ellos fueron testimonio vivo y concreto de los cristianos, pues vivieron tan profundamente su fe, que aceptaron la muerte antes que traicionar al Señor.

San Probo, mártir romano, venerado en este altar de Walderbach.

San Probo, mártir romano, venerado en este altar de Walderbach.

De ahí que muchas iglesias hayan deseado tener un signo de este testimonio heroico, siguiendo algunos criterios de identificación y con el consenso de los sumos pontífices, por lo que extrajeron de las catacumbas muchos “cuerpos santos” destinados a la pública veneración. El redescubrimiento de las catacumbas en el siglo XVI fue considerado un suceso providencial para la Iglesia, capaz de subrayar fuertemente el culto de los Santos y de sus reliquias en un momento en que era fuertemente cuestionado. El pueblo cristiano acogió siempre estas sagradas reliquias en un clima de fiesta y con gran devoción: éstos constituían, de hecho, para los fieles, señal de la fidelidad al Señor, hasta el extremo del sacrificio, y la expresión de la comunión con la Iglesia de Roma “que precede en la caridad a todas las Iglesias”.

Con la donación de un cuerpo santo se ofrecían también indicaciones precisas sobre qué culto darle: el cuerpo santo debía ser custodiado en la iglesia con respeto y con decoro, sus reliquias debían ponerse en veneración con la posibilidad de celebrar su recuerdo únicamente durante la misa en honor de todos los santos mártires.

Fausta y Probo: dos cuerpos santos venerados en Walderbach
En el caso específico de los cuerpos santos de Walderbach, ¿qué podemos decir? En primer lugar, que no se han conservado datos específicos al respecto. La iglesia de Walderbach ciertamente es una iglesia monástica de la orden cisterciense entre los años 1143-1803. Ciertamente hay que atribuir a los monjes cistercienses la llegada de las reliquias de los mártires de las catacumbas romanas (¡supongo!). En 1808 la iglesia se convirtió en la iglesia parroquia de la ciudad de Walderbach.

Detalle de las reliquias de Santa Fausta.

Detalle de las reliquias de Santa Fausta.

Las dos santas reliquias se conservan en los altares laterales, y son los primeros altares que flanquean el altar mayor: a la derecha está el mártir Probo y a la izquierda la mártir Fausta. Esto en relación a la ubicación respecto al altar donde se conserva la presencia real de Cristo: el Santísimo Sacramento. Ellos son, de hecho, un signo de la sequela Christi, el martirio como camino de fidelidad valiente, de adhesión al mensaje cristiano.

Existen otros cuerpos santos venerados en Italia que llevan el mismo nombre, pero que no tienen nada que ver con estas reliquias:

- Fasta (Fausta) – iglesia de San Antonio – Salandra (MT)
– Fausta – Santuario Virgen de las Nieves – Frosinone
– Mártires (Carísima, Venerando, Leto, Victorio y Probo) – capilla de San Jorge en el Santuario de las Siete Iglesias – Monselice (PD)
– Probo – capilla patronal de Carnate (MI) – siglo XVII
– Probo – cartuja de Padula (SA)
– Probo – parroquia de los Santos Pedro y Pablo – Monasterolo (CN)

¿Qué más cabe decir? Concluyo con el poema de Juan Bautista Marino (1569-1625):

Detalle de las reliquias de San Probo.

Detalle de las reliquias de San Probo.

¡Saludos, flores de los mártires!
Mártires generosos, almas bellas,
Embellecidas por llagas ásperas e hirientes,
Casi antes que el sol, el cielo visteis;
Pisasteis la tierra ante que las estrellas,
Plantas olorosas y delicadas,
Que por lozanía, distéis la primera flor;
Piedras, que en la gran fábrica celestial,
Fuisteis elegidas para fundar historias nuevas:
Luchasteis ya con bárbaros furores:
Como las primeras plantas, como los dolores de madre
Vertisteis la sangre como si fuera leche.
¡Oh!, en el triunfo, acogisteis lo inmortal,
De vuestras victorias y de vuestros honores
Bandas insignes rasgadas y descubiertas.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015

Beato Pablo Pedro Gojdic, obispo greco-católico mártir

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Martirologio Romano: “En Leopoldov de Eslovaquia, el beato Pablo (Pedro) Gojdic, obispo y mártir que, siendo pastor de la eparquía de Presov, durante el régimen contrario a Dios (comunista) fue encarcelado sufriendo toda clase de pruebas, de modo que, tratado atrozmente pero manteniendo la palabra de Cristo en una confesión constante, pasó a la vida gloriosa en el año 1960”.

Nació en Ruske Pekljany (Eslovaquia) el día 17 de julio del año 1888, en el seno de una familia sacerdotal católica de rito bizantino, siendo su padre el sacerdote Esteban Gojdic y su madre, Ana Gerberyová. En el bautismo le impusieron el nombre de Pedro. Los estudios primarios los hizo en Cigelka, Bardejov y Presov, ingresando en el seminario eparquial en el año 1907 a fin de realizar los estudios de teología. Concluyó sus estudios en la universidad de Budapest, siendo ordenado de sacerdote él y dos hermanos suyos por el obispo Juan Valyi, el 27 de agosto de 1911. Su primer destino pastoral fue ser coadjutor de su propio padre en su localidad natal. Después de este breve período de tiempo pastoral, fue destinado como prefecto de la escuela infantil de la eparquía, maestro de religión en la escuela secundaria de Presov, protokolistom y archivero diocesano y, desde 1917, canciller-secretario del obispado.

Pero él no quería ser un sacerdote secular, de hecho era célibe y quería abrazar la vida religiosa ya que la austeridad monacal era para él el camino perfecto para servir a Dios. Por eso, cogiendo de improviso a todos, el 22 de julio de 1922 ingresó en el monasterio de San Nicolás en Chernecha Hora, perteneciente a la Orden Basiliana de San Josafat, monasterio que estaba cerca de Mukachevo en la Transcarpacia. Allí tomó el nombre de Pablo e hizo la profesión religiosa temporal el 10 de marzo de 1924. Los votos solemnes los emitió el 28 de noviembre de 1926.

Icono del beato.

Icono del beato.

Pero como dice el refrán: “el hombre propone y Dios dispone” y por eso, el 7 de septiembre de 1926 fue nombrado administrador apostólico de la eparquía de Presov tomando como consigna de su trabajo apostólico el ser un padre para los huérfanos, un apoyo para los pobres y un consuelo para los afligidos; por todo esto, sus fieles decían de él “que era un hombre con un corazón de oro”. Prestó especial atención a la formación espiritual de los sacerdotes y de los seglares, fomentó la participación en el culto divino, construyó orfanatos, apoyó la enseñanza en los colegios y en el seminario y aprovechando el XI aniversario del nacimiento de San Cirilo, su primer acto como administrador apostólico fue una carta pastoral en la que recordaba el papel del santo como apóstol de los eslavos, siempre fiel al obispo de Roma.

El 7 de marzo de 1927 fue nombrado obispo titular de Harpasa siendo consagrado en la basílica romana de San Clemente el día 25 del mismo mes y año. Algunos días después visitó las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo y fue recibido en audiencia privada por el Papa Pío XI el cual, teniendo en sus manos la cruz pectoral, le dijo: “Esta cruz será el símbolo de otras pesadas cruces que el buen Dios querrá poner sobre tus espaldas durante tu ministerio pastoral”. En el año 1939 le hicieron responsable de la administración apostólica de Mukachevo, convirtiéndose su actividad pastoral en una denuncia de los abusos cometidos por el gobierno eslovaco. Viendo que esto podía ser perjudicial para la Iglesia, presentó su renuncia pero el Papa no se la aceptó y no solo eso, sino que al año siguiente lo nombró obispo titular de Presov, siendo entronizado el día 8 de agosto de 1940. Sentía un ferviente amor por la Eucaristía y desde que estuvo en Budapest se había consagrado al Corazón de Jesús y como, asimismo, era muy devoto de la Santísima Virgen, puso la eparquía bajo la protección de la Virgen de Klokocov. El 15 de enero de 1946 fue confirmado en su jurisdicción respecto a todos los católicos de rito bizantino en todo el territorio checoslovaco.

Primera tumba en la prisión de Leopoldov.

Primera tumba en la prisión de Leopoldov.

Se distinguió como protector de los judíos, prestando su ayuda a los refugiados y a los prisioneros, llegando incluso a conseguir la liberación de muchos que estaban encarcelados en campos de concentración. Este fue uno de los motivos por los que estaba en el punto de mira de las autoridades eslovacas, ya que otros obispos católicos no aprobaban esta labor humanitaria, se mostraron hostiles con él y no entendían sus desvelos por los judíos. Por eso, las autoridades lo veían como un obispo distinto a los demás.

Cuando los comunistas llegaron al poder en el año 1948, comenzó un período de presión primero y persecución después contra la Iglesia Católica en todo el país, y de manera muy especial contra los católicos de rito bizantino, a fin de que se pasasen a la ortodoxia. Él se resistía a cada oferta que le hacían, diciendo: “Ya tengo sesenta y dos años y estoy dispuesto a sacrificar todos mis bienes e incluso ni residencia, pero jamás traicionaré mi fe porque quiero que mi alma se salve”. El 28 de abril del 1950 la Iglesia Católica de rito bizantino fue declarada ilegal y prohibida, al obispo Gojdic le ofrecieron la posibilidad de salir del país, pero él se negó, por lo que fue detenido y en un simulacro de juicio celebrado el 11 de enero de 1951 en Bratislava, fue condenado por alta traición a cadena perpetua, despojado de todos sus derechos civiles y encarcelado. Los judíos escribieron una carta al presidente de la nueva república solicitando su liberación, pero fue en balde. De esta manera comenzó su “vía crucis”, y para mantener en secreto su lugar de encarcelamiento, fue pasando por varias cárceles de la antigua Checoslovaquia y países limítrofes, hasta que terminó con su muerte.

Exhumación de los restos.

Exhumación de los restos.

Estuvo en las cárceles de Praga-Ruzyne, Valdice, Ilawa y Leopoldov, y en todas ellas fue sometido a torturas físicas y psicológicas, y a trabajos forzados. Nunca se quejó, y siempre que le era posible, celebraba la Eucaristía en la clandestinidad dentro de la cárcel. En el año 1953 el gobierno decretó una amnistía, por lo que le conmutaron la cadena perpetua por veinticinco años de prisión; él ya tenía sesenta y seis años de edad y no quiso acogerse a ella, además de por su inutilidad, porque su salud se iba deteriorando progresivamente. Le ofrecieron otras amnistías debido a su edad y a su salud, pero también las rechazó, diciendo que era mejor recibir la corona del martirio que disfrutar de libertad los últimos años de su vida.

En la prisión de Ruzyne, a fin de doblegarlo, el régimen comunista le hizo la propuesta de convertirlo en Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Checoslovaquia, con sede en Presov, si él renegaba de su fe católica. Él se negó, argumentando que la renuncia a su fe supondría un verdadero escándalo, un terrible pecado contra Dios y una traición a la Santa Sede. Si otros habían sufrido por su fe, él también estaba dispuesto a sufrir por ella.

Urna actual del beato.

Urna actual del beato.

En el año 1958, la Santa Sede pudo localizarlo en la prisión de Ilawa y, con motivo de su setenta cumpleaños, el venerable Papa Pío XII le envió un telegrama de felicitación, asegurándole que la Iglesia jamás olvidaría a tan heroico hijo; este telegrama, recibido en momentos de tanto sufrimiento, fue para el obispo Gojdic como un bálsamo, como un aliciente, un acicate. Como su enfermedad se agravaba y los médicos no atinaban con lo que padecía, lo llevaron a una clínica de Brno, donde se le diagnosticó un cáncer terminal. De allí lo trasladaron a la cárcel de Leopoldov, donde pasó los últimos días de su vida, muriendo el 17 de julio de 1960, el mismo día de su cumpleaños, con setenta y dos años de edad. Testigo ocular de su muerte fue la enfermera Frantisek Ondruska, quien confirmó la serenidad del obispo en los últimos momentos de su vida. Fue sepultado en la misma prisión, en una tumba que ni siquiera llevaba su nombre, sino el número 681.

El 29 de octubre del año 1968, las autoridades checas autorizaron la exhumación de sus restos, que fueron trasladados desde la prisión de Leopoldov hasta la cripta de la catedral de Presov, siendo definitivamente trasladados a la catedral el 15 de mayo del año 1990. Ese mismo año, el 27 de septiembre, fue rehabilitado oficialmente.

Monumento en el cementerio de Leopoldov en memoria de los beatos Pedro Pablo Gojdic y Dominick Metodio Trcka.

Monumento en el cementerio de Leopoldov en memoria de los beatos Pedro Pablo Gojdic y Dominick Metodio Trcka.

Constatando su creciente fama de santidad y de mártir, el arzobispo de Pittsburg de los bizantinos obtuvo de la Congregación para las Causas de los Santos el “nihil obstat” para incoar la Causa de beatificación, la cual se inició a nivel diocesano el 17 de julio del 1998 en la capilla de la eparquía de Presov. El decreto que reconocía el martirio fue promulgado el 28 de septiembre del año 2001, siendo beatificado por San Juan Pablo II el 4 de noviembre del mismo año, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, junto con el Beato Dominick Metodio Trcka, del que escribimos ayer. El 27 de enero del año 2008, las autoridades israelíes le otorgaron el título de “Justo entre las Naciones” por su labor a favor de los judíos en la época del Holocausto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Ciudad del Vaticano, 1999
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (03/03/2015):
– http://baziliani.net
– www.gojdic.wbl.sk
– http://test.grkatpo.sk

Beato Dominick (Metodio) Trcka, sacerdote redentorista de rito bizantino mártir

Icono del Beato.

Icono del Beato.

Hoy quiero escribir sobre este beato católico de rito bizantino, martirizado por los comunistas checos ya que precisamente hoy celebramos su fiesta. Dominick nació el día 6 de julio del año 1886 en la localidad de Frydlant nad Ostravici (Chequia) siendo el último de los siete hijos que tuvieron el matrimonio formado por Tomás Trcka y Frantiska Sterbova, dos buenos cristianos que educaron a sus hijos dentro de la fe de la Iglesia Católica. De pequeño, asistió a la escuela de su pueblo pasando posteriormente al instituto menor de Mistek y en el curso 1902/1903 comenzó a frecuentar la clase sexta del instituto del jovenado redentorista de Cervenka. Sabemos que un jovenado es un centro en el que durante un tiempo están algunos religiosos, después de su profesión, bajo la dirección de un maestro. Estos contactos con los redentoristas hicieron que naciera en él el deseo de ingresar en dicha Congregación y por eso, en el mes de agosto de ese mismo año entró como novicio en el convento de Bilsko, siendo su maestro de noviciado el padre Jozef Loch. Terminado este período realizó la profesión simple el día 25 de agosto del año 1904.

Como quería ordenarse de sacerdote, realizó los estudios de filosofía y teología en el seminario de Oborist y fue allí donde conoció en profundidad el mensaje que los hermanos Cirilo y Metodio llevaron a tierras eslavas, su escritura y donde sintió la vocación de trabajar por la unidad de la Iglesia como sacerdote de rito bizantino. Se ordenó de sacerdote de rito latino en Praga el día 17 de julio del año 1910 y posteriormente regresó a Oboriste para terminar sus estudios de teología. Al terminarlos, regresó a Praga y se puso bajo la dirección espiritual del padre Fratisek Polepil, bajo cuya guía hizo el segundo noviciado con la intención de prepararse como misionero, tarea que inició en diciembre del año 1914 en Svata Hora, asumiendo la responsabilidad de director espiritual de los emigrantes croatas, eslovenos y rutenos.

Foto realizada en Svata Hora.

Foto realizada en Svata Hora.

El 2 de agosto del año 1918, estando en Svata Hora, fue enviado por el superior general de los redentoristas a Brno a fin de trabajar con los fieles católicos de rito bizantino. Como en aquellos tiempos estaban en conflicto Polonia y Ucrania, tuvo que esperar unos meses para iniciar esta nueva misión. En esta nueva tarea apostólica pudo cumplir su deseo de celebrar la Divina Liturgia Bizantina y trabajar con los fieles de tradición eslava. Llegó rápidamente a su destino y se dedicó diligentemente al aprendizaje de la nueva lengua, de la nueva cultura oriental y de las ceremonias del nuevo rito, ayudado por el entonces novicio Nikolaj Charnecky, al que también hoy veneramos como beato mártir redentorista. Fue entonces cuando cambió su nombre de Dominik por el de Metodio, santo apóstol de los eslavos al que admiraba y veneraba profundamente.

Cuando en enero del 1920 fue fundado el convento redentorista de Stanislavov, fue allí destinado y allí encontró tanto trabajo por hacer que no tenía tiempo para realizar como él quisiera la misión que tanto deseaba. A partir del mes de diciembre de 1921 estuvo trabajando en la diócesis de Presov donde principalmente se dedicó a reconstruir y, mediante misiones populares, consolidar la conciencia católica entre los fieles de rito bizantino, que se veían minusvalorados tanto por los católicos latinos como por los ortodoxos. Pero los tiempos no eran fáciles y el estado de guerra permanente supuso difíciles contratiempos en su tarea misionera. El gobierno eslovaco consideraba como sospechosos a los redentoristas de Michalovce, por ser checos, hacer propaganda checa y por tener fama de ser unos fanáticos religiosos, lo que equivalía a decir que no eran ortodoxos. Cualquier actuación que tuvieran valía como excusa para intentar expulsarlos del país. A partir del año 1940 la situación fue a peor cuando el obispo de Presov escribió una carta pastoral y el padre Trcka fue acusado de difundir la carta que consideraban iba contra su estado.

Foto realizada en Stropkov.

Foto realizada en Stropkov.

La Congregación del Santísimo Redentor decidió en diciembre de 1945 crear una viceprovincia redentorista de rito bizantino en Michalovice, independiente de la de rito latino y pusieron al padre Trcka como primer superior viceprovincial. El aceptó la nueva responsabilidad y puso en marcha todas las iniciativas y propuestas que consideraron oportunas: fundó los conventos de Stropkov y Savinov, reconstruyó la iglesia de Stropkov y se dedicó a la formación de los novicios y de los religiosos jóvenes. Todos sus proyectos no los pudo llevar a cabo porque cuando el Partido Comunista tomó el poder, aumentó la hostilidad contra los redentoristas: controlaban todos sus pasos y sus sermones y más de una vez fue llamado el padre Trcka a comisaría acusándoles de utilizar sus predicaciones para fomentar la hostilidad de los fieles contra el gobierno. Como no se fiaban de los religiosos, el 19 de julio de 1948 invadieron y registraron el convento aunque no encontraron absolutamente nada que comprometiera la actividad de los redentoristas.

Pero la tensión iba en aumento y el padre Trcka, como superior de los redentoristas de rito bizantino fue quién más padeció las consecuencias. Los comunistas cerraron el jovenado de Michalovice y prohibieron la edición de una revista que periódicamente publicaban los redentoristas, disolvieron la viceprovincia bizantina y todos los religiosos tuvieron que integrarse en la de rito latino. El padre Trcka tuvo que marcharse a Sabinov, donde de manera clandestina, siguió dirigiendo a su viceprovincia. Esto duró hasta que el 13 de abril del 1950, los comunistas checos suprimieron toda actividad religiosa en el país.

Relicario de la beatificación.

Relicario de la beatificación.

De una patada tiraron la puerta del convento de Sabinov, dispersaron a los religiosos y al padre Trcka y al hermano Nikifor se los llevaron a Podoline acusándoles de espionaje. El motivo era que habían encontrado el pasaporte y una carta dirigida al padre en la cual Roma le agradecía su actividad apostólica en la región oriental de Eslovaquia. Lo acusaron de querer huir del país por el solo hecho de tener el pasaporte y por haber visitado una peluquería para arreglarse la barba con la intención – según ellos -, de camuflarse. Se inventaron un intento de fuga con identidad y pasaporte falso y lo sometieron a un juicio sumarísimo, donde lo condenaron a doce años de cárcel.

En Podoline estuvo poco tiempo pues junto con otros cuatro sacerdotes redentoristas, fue encerrado en la tristemente célebre cárcel de Leopoldov, donde estuvo cuarenta días sin permitírsele calzarse, sin asistencia religiosa y sin dejarlo descansar ni de día ni de noche porque constantemente lo sometían a interrogatorio utilizando métodos psíquicos y físicos degradantes. Los cinco religiosos estuvieron incomunicados y pasados los cuarenta días los trasladaron al campo de internamiento de Bac. Cuando en el mes de septiembre se cerró este campo, todos fueron trasladados a Podolinec. En esta ciudad tuvo una cierta libertad, pudo recuperarse del shock traumático sufrido y se dice que recuperó de nuevo su buen humor y la sonrisa. Dejaban que recibiera visitas, que disfrutara de una cierta tranquilidad pero siempre con la incertidumbre de qué le volvería a suceder.

El 21 de abril de 1952 lo llevaron de nuevo ante el tribunal y el procurador del estado lo acusó de colaborar con el obispo Pablo Pedro Gojdic (del que escribiremos mañana), en la distribución de propaganda ilegal contra el estado y de enviar información secreta a Roma, por lo que había que condenarlo por alta traición y espionaje. Como consideraron que era una persona peligrosa lo encerraron, lo sometieron a trabajos forzados y le impusieron una importante multa que, obviamente, no pudo pagar. Entonces fue cuando comenzó su “Vía Dolorosa” que culminaría en el martirio.

Icono del Beato.

Icono del Beato.

Eliminaron su nombre, le adjudicaron el número 2535 y se lo llevaron a Llava, en cuya cárcel fue encerrado. Como en aquella prisión había muchos ancianos, el padre Trcka se dedicó a cuidar de los más débiles y de manera clandestina pudo celebrar la Eucaristía. Se puso de acuerdo con un sobrino suyo para que mediante contraseñas le facilitase las especies para la consagración: “Te pido algún limón y uvas pasas porque aquí no tenemos frutas. Envíame de vez en cuando unos panes, un dulce y también un bollo de trigo puro con levadura y el agua, sin grasa ni sal”. El sobrino entendía que le estaba pidiendo el pan y el vino para celebrar la Eucaristía.

El 22 de abril del 1958 fue llevado de nuevo a la cárcel de Leopoldov, la cual habían destinado como prisión para religiosos y donde estaban encerrados dieciocho sacerdotes, de los cuales, cinco estaban enfermos. Como en la noche de Navidad del 1958 tuvo la ocurrencia de cantar un villancico, fue confinado en una celda de castigo y aislamiento, en la que contrajo una grave pulmonía que lo llevó a la muerte el día 23 de marzo de 1959. Al día siguiente lo enterraron en el cementerio de la cárcel. En el mes de abril la familia quiso llevarse los restos a su pueblo natal, pero los comunistas lo impidieron aunque les dieron el consuelo de conocer la tumba dentro del cementerio de la prisión, en la que había dos hileras de sepulturas en el suelo. Estaba enterrado en la séptima tumba de la primera fila.

Cuando en el año 1968 fue nuevamente restaurada la Iglesia Católica de rito bizantino, la Congregación solicitó el traslado de los restos desde el cementerio de la prisión a Michalovice. La exhumación se realizó el 16 de octubre del 1969. La tumba fue identificada por los familiares y por unas monjas de Sladeckvce. El funeral se celebró al día siguiente en la localidad de Topol’any, cercana a Michalovice. Cuando en el año 1990 cayó el régimen comunista, el padre Dominik (Metodio) Trcka fue rehabilitado por el tribunal regional de Kosice y de esta manera se reconoció que había sido encarcelado de manera injusta y que injusta también fueron su condena y su muerte.

Urna de las reliquias.

Urna de las reliquias.

Su Causa de canonización fue abierta en la diócesis de Presov. La promulgación del decreto de martirio se realizó el 24 de abril del año 2001, siendo beatificado por San Juan Pablo II el día 4 de noviembre del mismo año.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (02/03/2015):
– www.grkat.nfo.sk
– www.redemptoristi.nfo.sk
– www.trcka.nfo.sk