Santa Basilisa, niña mártir de Nicomedia

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Hoy se celebra la fiesta de una jovencísima mártir que murió con sólo nueve años de edad en tiempos de Diocleciano y en la ciudad de Nicomedia. De esta niña, llamada Basilisa (en griego, “reina”, “soberana”) y que no debe ser confundida con otras santas y mártires del mismo nombre, se sabe realmente muy poco.

Pasión de la Santa
Nos dice la passio que el juez Alejandro, habiendo sabido que era cristiana, mandó traerla a su presencia. Cuando, delatada y arrestada, la tuvo ante sí, quedó anonadado al ver ante él una niña tan pequeña. La ley le obligaba a juzgarla con el mayor rigor, pero el prefecto, compadecido de sus pocos años, intentó ser lo más blando posible para evitarle la muerte. Hablándole con dulzura, le expuso la conveniencia de hacer tan sólo un pequeño sacrificio a los dioses de Roma, para calmar sus iras, y podría regresar a casa. Pero, con sólo nueve años, Basilisa ya tenía inculcado el temor al infierno, y dijo: “Creo en Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador de las almas. ¡Alabado sea Dios! Permaneceré cristiana sea cual sea tu resolución.” Alejandro se asombró de la respuesta firme y segura de la niña. Muy a su pesar decidió recurrir a la tortura, pensando que aquella frágil criatura no resistiría el dolor, acabaría convenciéndola y así lograría salvarla de la muerte.

Primero mandó abofetearla, por lo cual ella dio gracias a Dios. Luego, desnuda y atada a una columna, la hizo azotar con varas hasta que, convertido su cuerpo en una llaga, dio gracias de nuevo a Dios por lo que estaba sufriendo, y se desmayó. Alejandro esperó pacientemente a que se recuperara y luego mandó que le taladraran los pies, la colgaran de un palo cabeza abajo y le echaran sobre la cabeza azufre y plomo derretido. Como esto no impresionara a la pequeña, la colgaron sobre una fogata hasta casi asfixiarla y achicharrarle las piernas. Basilisa no exhaló una sola palabra de arrepentimiento, es más, se dice que, trazando la señal de la cruz sobre las llamas, se vio libre de morir quemada. Cada vez más impaciente, Alejandro la hizo encerrar en un horno, de donde también salió ilesa, y fue lanzada a los perros y a los leones, que tampoco la dañaron.

Conmovido, Alejandro no pudo resistir más tiempo aquello y, echándose a los pies de la niña, empezó a llorar y dijo: “¡Esto es obra de tu dios, que te protege! Por él perdóname todo el mal que te he hecho. Reza por mí de ahora en adelante a tu dios, pues yo también creo en él.” Basilisa le exhortó a ser constante en la fe y, llena de alegría, hizo llamar a al obispo Antonio y puso bajo su tutela a Alejandro, al que con el tiempo, instruyó y bautizó.

La Santa hace brotar el manantial de las rocas. Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

La Santa hace brotar el manantial de las rocas. Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Sin embargo, la niña no pudo resistir la dura prueba a la que había sido sometida. Estuvo algún tiempo convaleciente, pero jamás pudo recuperarse de sus heridas. Poco tiempo después de la conversión de Alejandro, falleció. Esto se narra de la siguiente manera: Basilisa abandonó la ciudad y marchó al campo, donde, sintiendo sed, oró y obtuvo que brotara un manantial de unas rocas. Puesta de rodillas en la roca y sumida en oración, pidió a Dios una muerte en paz, apacible, y al poco entregaba el alma. Sabiendo de su muerte, el obispo Antonio le dio sepultura, la cuidó y levantó un monumento en el manantial.

Culto y memoria
Esta passio griega, escrita por Niceforos Gregoras, es un documento de carácter oratorio, con algunas particularidades biográficas que no merecen mucha consideración. El por qué hay que tomar con mucho cuidado este relato es evidente: una niña de tan corta edad hablando portentosamente y comportándose como adulta; torturas terribles que surten poco o ningún efecto; conversiones relámpago de notables públicos; elementos milagrosos y muertes portentosas. No cabe decir mucho más.

Sin embargo, hay testimonios de que en el siglo XIV el culto a la Santa era muy importante en Constantinopla, especialmente en el monasterio de Santa María, cercano al palacio imperial de Blaquerna. La Santa era especialmente invocada por las madres jóvenes incapaces de amamantar a sus bebés y contra los sabañones.

Sinaxis de los Santos venerados el 3 de septiembre. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Sinaxis de los Santos venerados el 3 de septiembre. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

El Sinaxario Constantinopolitano hace mención de ella el día 3 de septiembre, diciendo que sufrió martirio en Nicomedia en tiempos del emperador Diocleciano. Siguiendo esta fecha, el Sinaxario Alejandrino de Miguel obispo de Atrib y Malig, la menciona el 6 del mes Tut (3 de septiembre), diciendo que la mártir apenas tenía nueve años de edad cuando, por no haber querido renegar de su fe, fue sometida a atroces tormentos, tras los cuales, murió. Baronio la introdujo en el Martirologio Romano también el 3 de septiembre. En el nuevo calendario de la Iglesia Ortodoxa Rusa, sin embargo, es venerada el 16 de septiembre.

Meldelen

Bibliografía:
- VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlaces consultados (26/08/2014):
- http://www.pravmir.ru/cerkov-chtit-pamyat-muchenicy-vasilissy-nikomidijskoj

Beato Bartolomé Gutiérrez y compañeros mártires

Imagen del Beato Bartolomé en el Santuario de San José de Gracia, Guadalajara (México).

Imagen del Beato Bartolomé en el Santuario de San José de Gracia, Guadalajara (México).

Introducción
Además de San Felipe de Jesús y los Santos Mártires Mexicanos, el santoral de México nos ofrece en sus historias la vida de unos beatos oriundos de este país que dieron testimonio de Cristo en el Japón durante la época del Virreinato. Se trata de los Beatos Bartolomé Díaz Laurel, Pedro de Zúñiga y Luis Flores y del insigne misionero Bartolomé Gutiérrez, de quien trata este artículo. Éste bienaventurado encabeza otro grupo de mártires de los cuales se refieren unas breves noticias.

Beato Bartolomé Gutiérrez Rodríguez
Nació en la ciudad de México el 4 de septiembre de 1580, hijo de Alonso Gutiérrez y Ana Rodríguez. Fue bautizado en la parroquia de Sagrario Metropolitano. Con 16 años ingresa a la orden agustina; hizo sus estudios en el convento de Yuriria, Michoacán, profesando el 1 de junio de 1597. Ordenado sacerdote, fue trasladado a Puebla al convento de San Agustín. Por estas fechas ya tenía deseos de ser misionero y mártir, sus hermanos de religión se burlaban de él porque era muy gordo y no podría soportar las fatigas del misionero. Pero el respondía con jocosidad: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón donde moriré por la Fe de Cristo”. Sus palabras resultaron proféticas.

El 22 de febrero de 1606 se embarcó en Acapulco y llego a Filipinas el 1 de mayo siguiente. Allí, los superiores al ver sus cualidades, lo nombraron maestro de novicios, desempeñando este cargo durante un sexenio. Tenía una gran facilidad para los idiomas, era un buen latinista y aprendió pronto el japonés a pesar de las dificultades de esta lengua. En 1612 se embarca a Japón y en 1613 es nombrado prior del convento de Usuki; como dominaba bien el idioma japonés, se entregó de lleno a la evangelización, teniendo pronto a su cargo una gran comunidad de fieles. En 1614 hubo un decreto de expulsión para los religiosos y en noviembre de este año el Beato Bartolomé fue capturado y expulsado de Japón, volviendo a Filipinas, donde nuevamente fue maestro de novicios. En Japón la persecución recrudeció a raíz del martirio del Beato Fernando de San José Ayala, OSA y las demandas de refuerzos llegaban a Manila porque los fieles ocupaban pastores. Algunas crónicas precisan que se pedía la vuelta del Padre Bartolomé Gutiérrez porque este había dejado un buen recuerdo. Así, el provincial designó que volviera a Japón acompañado del Beato Pedro de Zúñiga, regresando ambos a tierra de misión el 12 de agosto de 1618.

Martirio del Beato Bartolomé Gutiérrez.

Martirio del Beato Bartolomé Gutiérrez.

Ejerció un ministerio ejemplar entre sus fieles, estimulando por su fervor, sosteniendo a los débiles en la fe, predicando y administrando los sacramentos a escondidas. Venció innumerables peligros para llevar a Cristo a los creyentes y para no ser detenido, vivía en los campos y bosque; vivió pobremente, padeció las inclemencias del clima y también el hambre. A esto él añadió ayunos, vigilias y tales maceraciones, que aquel joven robusto de 25 años, se convirtió en un hombre enjuto y seco que no parecía tener más que huesos y piel.

De él se platica que Dios lo protegió de manera milagrosa cuando se escondía. En una ocasión escapó de sus perseguidores gracias a que una araña tejió su telaraña en un rincón de la casa donde se escondía. Otra vez salió al encuentro de sus captores tocando un instrumento musical sin ser notado por ello. También sucedió que una buena mujer lo escondió en su casa, llegaron los guardias y le preguntaron por él, entonces ella sufrió un ataque de nervios y se reía mucho, pensaron los oficiales que quería congraciarse con ellos mientras les señalaba que adentro y lo tomaron a burla y se marcharon sin revisar. Así fue que desarrolló su apostolado hasta 1629, en que llego a Nagasaki como gobernador un hombre llamado Tacanga. Este fue un cruel perseguidor y redobló las pesquisas y castigos. También respiraba mucho odio contra el Beato Bartolomé y los agustinos porque en el reino de Bungo habían fundado el primer convento y para acabar de componerla, el religioso había convertido al cristianismo a varios familiares suyos.

Víctima de una traición, el Beato Bartolomé fue sorprendido y arrestado el 10 de noviembre de 1629, junto con el catequista y ahora Beato Juan Shozaburo y otros tres auxiliares con los que fue enviado a la cárcel de Nagasaki, allí se reunieron pronto con él los religiosos agustinos Francisco de Jesús Terrero y Vicente de San Antonio Carvalho. Desde 1618 él había sido el sostén y promotor de la comunidad cristiana local, ahora ya detenido, el Tirano Tacanga se alegró porque iba a escarmentarlo para infundir miedo en el reino. Luego fue trasladado a la cárcel de Omuro, por considerarse que era un lugar más cruel.

Estampa devocional del Beato Bartolomé Gutiérrez.

Estampa devocional del Beato Bartolomé Gutiérrez.

En su traslado fue notoria su tranquilidad y resignación así como la alegría con que cantaba himnos a Dios en acción de gracias. Aquí languideció durante dos años. En 1630 tuvo la oportunidad de escribir al provincial: “por estar al presente por horas y momentos esperando la muerte” dando noticias no menos interesantes sobre sus compañeros y circunstancias de su prisión. En 1631 vuelve a Nagasaki en compañía de sus hermanos de hábito Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio así como el Jesuita Antonio Ixda, encontrado en la prisión al hermano franciscano Gabriel de la Magdalena. Los hicieron sufrir la tortura del agua sulfurosa en el Monte Unge, fueron llevados al lago de Arima, de aguas hirvientes, con las que eran bañadas sus carnes hasta escaldarlos y desollarlos creyendo que así renegarían de la fe. Esta dolorosísima prueba, de la que muchos salían apostatando, fue ganada por los mártires. Los suplicios fueron verdaderamente espantosos y se prolongaron por un mes, repitiéndose el castigo por lo menos dos veces al día, lo que tuvieron que padecer, todo el cuerpo hecho una llaga, no es fácil de imaginar.

Al ver que no se lograba ningún retroceso, fueron devueltos a Nagasaki, donde se les condenó a morir en la hoguera. Todavía la víspera, Tacanga les ofreció la libertad si apostataban, pero permanecieron firmes en la fe. La sentencia se llevó a cabo el 3 de septiembre de 1632. Al llegar al lugar del suplicio, entonaron, como era la costumbre entre quienes eran sacrificados, el salmo 116 “Laudate Dominum omnes gentes”, luego los ataron con lazos muy frágiles, para que se pudieran romper si decidían renegar. La leña era verde y llena de lodo para que ardiera con dificultad. Al ser encendido el fuego, el Beato Vicente Carvalho sacó su crucifijo y levantándolo en alto exclamo “¡Adelante valerosos soldados de Jesucristo! ¡Viva nuestra fe y por ella valerosamente muramos!”.

El Beato Bartolomé Gutiérrez dejo varios escritos. Explicación de la doctrina cristiana la Relación del suceso de la prisión y dichoso fin de los bienaventurados mártires Pedro de Zúñiga y Luis Flores y la Relación del martirio que padecieron otros religiosos en el Japón en el mes de septiembre de 1622. Este grupo de misioneros cierra el elenco de os mártires encabezados por el Beato Alfonso de Navarrete.

Imagen del Beato Vicente Carvalho.

Imagen del Beato Vicente Carvalho.

A continuación se refiere una breve semblanza de los beatos martirizados junto Beato Bartolomé Gutiérrez.

Beato Vicente de San Antonio Simoes de Carvalho
Nació en 1590 en Albufeiora, Portugal, siendo sus padres Antonio Simoes y Catalina Pereiro, quienes le dieron una buena educación. Ingresó con los agustinos en el convento de Santa María de Gracia, donde profesó y fue ordenado sacerdote. En 1621 estuvo en México, en 1622 en Filipinas y en 1623 en Japón; por casi seis años se consagró al ministerio en secreto y logró mucho fruto, burlando, también la vigilancia de los espías hasta que finalmente fue capturado.

Beato Francisco de Jesús Terrero Pérez
Nació en 1590 en Villa Mediana, Palencia, siendo hijo de Pedro Terrero y María Pérez, ambos de ascendencia noble y familias ricas. A los 8 años quedó huérfano y fue educado por dos tíos suyos que eran sacerdotes; con 16 años ingresa a la orden de San Agustín en Valladolid, luego de profesar en esa orden, hizo estudios sacerdotales recibiendo por fin el presbiterado. En 1621 estuvo en México, luego se trasladó a filipinas y por ultimo a Japón, donde fue vicario Provincial. Estudió el japonés para poder transmitir el Evangelio, su apostolado lo hacía de noche y con muchos peligros, tuvo que vivir en una cueva para no ser descubierto. Las crónicas dicen que bautizó cerca de 7000 fieles.

Beato Antonio Ixhida Kyutaku S.J.
Nació en el año de 1570 en Ximabaro, reino de Arima. Con 19 años ingreso a la Compañía de Jesús, donde profesó y fue ordenado; como conocía de fondo las religiones paganas y tenía buena elocuencia, su ministerio se valió de esto para tener mucho provecho. Desafiaba los peligros para llevar el consuelo a los cristianos encarcelados, burlando la vigilancia de los soldados.

Beato Jerónimo de la Cruz Jo ó de Torres
Nació en Nagasaki, de joven estudió con los padres franciscanos que lo enviaron a Filipinas para continuar sus estudios; una profeso fue ordenado sacerdote y su ministerio lo hacía entre sus compatriotas exiliados con abundancia de buenos resultados. Entonces cambio su apellido Jo por el español de Torres. El Beato amaba mucho a su patria y oraba a Dios suplicándole el fin de las persecuciones. En 1628 volvió a Japón para ayudar con su ministerio a sus hermanos perseguidos. Breve fue su trabajo, pues fue apresado en 1629.

Detalle de la imagen del Beato Gabriel de la Magdalena en Sonseca, Toledo (España).

Detalle de la imagen del Beato Gabriel de la Magdalena en Sonseca, Toledo (España).

Beato Gabriel de la Magdalena Tarazona Rodríguez
Nació en Sonseca, Toledo en octubre de 1567, hijo de Pedro Tarazona e Isabel Rodríguez. Recibió el bautismo el 22 de octubre del mismo año y la confirmación el 16 de junio de 1571. Estudio y ejerció la medicina y a los 30 años ingresó como hermano lego en la orden Franciscana, en la rama alcantarina. Su ardiente amor a Cristo y la salvación de las almas le hicieron ir a Japón, a donde llegó en 1606. Estuvo en Osaka, donde se dedicó a curar almas y cuerpos. En 1613 se desató una persecución, muchos religiosos fueron expulsados pero él logró esconderse en Nagasaki; su fama era tal que se decía que por sus conocimientos de medicina, podría ser médico del propio emperador.

Tuvo fama de tener gran religiosidad, de hacer curaciones milagrosas, de levitar mientras oraba y tener el don de la bilocación. En 1630 fue apresado y llevado a la cárcel de Omura, de donde fue sacado para curar al propio Gobernador y su familia, así como para atormentarlo luego con las aguas sulfurosas. Murió en la hoguera y sus cenizas, como las de sus compañeros, fueron arrojadas al mar.

Culto
Estos beatos integran un numeroso grupo de 205 mártires encabezados por el Beato Alfonso Navarrete y fueron elevados al honor de los altares el 7 de julio de 1867 por el Beato Pio IX. El Beato Bartolomé Gutiérrez recibe culto litúrgico en México el 2 de septiembre con el grado de memoria opcional y las oraciones de la misa y la liturgia de las horas se refieren únicamente a él.

Oración
Te suplicamos, Señor Dios omnipotente que, por la intercesión de tu bienaventurado mártir Bartolomé nos libres de todas las desgracias corporales y que purifiques nuestras almas de todo mal pensamiento. Por…

Humberto

Bibliografía:
- MARTÍNEZ PUCHE, José A. Nuevo Año Cristiano, Septiembre, Editorial Edibesa, Madrid 2001.
- TREVIÑO, J.G. M. Sp.S, Clamor de Sangre, Editorial la Cruz, México, D.F. 1986 ppm 147-153.
- VVAA, Año Cristiano, IX Septiembre, Editorial BAC, Madrid 2005, pp 54-61.

Beatos Mártires de los Sagrados Corazones

Estampa devocional actual de los mártires.

Estampa devocional actual de los mártires.

Beatos Teófilo Fernández de Legaria y IV compañeros mártires del siglo XX en España, religiosos de los Sagrados Corazones

“Llegará un momento en el que os quiten la vida… Os lo digo de antemano para que, cuando llegue la hora, recordéis que ya os lo había anunciado yo” (Jn 16,2-4).

El pasado 13 de octubre de 2013 tuvo lugar en Tarragona la multitudinaria beatificación de los mártires del s. XX en España, entre tantos testigos que dieron su vida por lo que creían, se encuentran cinco religiosos de los Sagrados Corazones que dieron sus vidas en el año 1936, en los primeros meses de la Guerra entre hermanos que asoló España. También otros nueve religiosos de esta congregación perdieron sus vidas por la Fe en Cristo, sus causas de beatificación están paradas ya que no se saben bien las causas concretas de sus muertes ni tampoco el lugar donde fueron enterrados sus restos.

Beato Teófilo Fernández de Legaria Goñi (1898-1936)
Nació el 5 de Julio de 1989, en Torralba del Río (Navarra). Lo bautizaron con el nombre de Benjamín. Su padre, se llamaba Tomás, era labrador y tenía unas recias costumbres cristianas. Su madre, se llamaba Fermina, todos lo conocían como “Doña Fermina” ya que estuvo de maestra más cincuenta años en el pueblo. Con tan solo diez años, el párroco del pueblo propone a sus padres que el niño vaya al seminario diocesano, sus padres después de considerar la propuesta deciden enviarle a Miranda de Ebro (Burgos). Allí estaba su primo el P. Ignacio de la Cruz Baños, religioso de los SS.CC. Durante estos años de estudios sobresale por sus excelentes calificaciones. A los diecisiete años inicia el noviciado en San Miguel del Monte, convento muy próximo al pueblo de Miranda. El Padre Provincial al ver sus excelentes cualidades lo envía al recién fundado colegio de Santurce (Vizcaya). En este lugar se dedica por completo a los niños, pero también saca tiempo para conseguir el título de maestro nacional en Vitoria. Más adelante inicia los estudios de Teología, para terminar de completarlos en Torrelavega y Roma, donde finalmente se doctora.

El 22 de Septiembre de 1925 es ordenado sacerdote. Un año de servicio militar en Tetuán como capellán en el batallón. En poco tiempo es nombrado Prior y Director del Colegio. A su labor de dirección y profesoral añade la preparación de la licenciatura en filosofía y letras. Se examina en Salamanca donde conoció a D. Miguel de Unamuno. Llegado Mayo de 1931, empiezan a arder parroquias y colegios religiosos, entre ellos también fue invadido, saqueado y quemando uno de los Sagrados Corazones en el barrio de Argüelles. El P. Teófilo, con la ayuda del P. Gonzalo Barrón, consiguió sofocar el fuego. Para contrarrestar políticas de educación que excluían todo lo proveniente de lo religioso, el P. Teófilo y varios amigos fundaron en 1933 la Hermandad de San Isidoro de Sevilla de Doctores y Licenciados de Ciencias y Letras. El Beato Teófilo era el capellán consiliario. En 1935 se hace cargo como Superior del Seminario de San José de Filosofía y de Teología en El Escorial. Durante su breve Superiorato dejó un grato recuerdo entre sus alumnos y hermanos. Su actividad fue increíble; su celo, extraordinario, inculcando en los alumnos una veneración y amor grandes hacia el sacerdocio y la congregación de Sdos. Corazones.

Composición con las fotografías de los mártires.

Composición con las fotografías de los mártires.

Al producirse en julio el alzamiento nacional estaba en El Escorial con profesores y jóvenes estudiantes. Convirtió con el permiso del alcalde, el seminario en hospital de sangre, quedándose él como director del hospital y los profesores y jóvenes como enfermeros. “Tienen ustedes a su disposición todas las camas, habitaciones e, incluso, las subsistencias de la casa. Pueden contar con la huerta”. Ante el peligro que corrían, a los pocos días se llevaron a Madrid, en camiones, a los profesores y estudiantes. El se quedó cuidando la casa con cuatro Hermanos laicos, ya de edad.

A los tres días llegó un miliciano con heridos, y reconoció al P. Teófilo, por haber recibido de él muchos favores en Madrid, siendo Superior del Colegio. Lo denunció y exigió que desapareciese de la Casa. Aquella misma noche vinieron con dos coches y mientras cenaba él con médicos y enfermeros se lo llevaron, pistola en mano. Sin juicio alguno, fue conducido a las afueras de El Escorial, a tres kms., y en el lugar llamado “La Piedra del Mochuelo”, después de haberle dejado rezar y escribir unas líneas a su madre. Testigos presenciales dan fe de que en la breve carta a su madre y hoy desaparecida, decía: “Adiós. No paséis pena. Muero por Dios y la paz de mi Patria. Adiós”. Lo fusilaron por la espalda mientras iba a ponerse en el paredón. Su cuerpo, con el de otros tres sacerdotes de El Escorial, que asesinaron minutos después, apareció al día siguiente, en dicho lugar. Fue inhumado en el Cementerio de San Lorenzo de El Escorial. Tenía 38 años de edad.

Beato Isidro Íñiguez de Ciriano Abechuco (1901-1936)
Nació en Legarda (Alava), el 8 de marzo de 1901, fue bautizado con el nombre de Juan. Su familia era humilde y profundamente cristiana, de gran piedad y moralidad. A muy corta edad se sintió llamado al sacerdocio. Profesó el 22 de junio de 1919. Ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925. Austero para sí mismo, pero afable y caritativo con todos. Doctor en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana de Roma. Desempeñó las cátedras de dicha asignatura y de Teología Moral en nuestro Seminario de El Escorial, con gran éxito y aprecio de sus alumnos y hermano, al igual que el Beato Teófilo. El Padre Bernabé Ibarreta, compañero suyo y alavés como él, nos dejo este testimonio de él: “Sobresalió en todo por su modosidad, es decir, sobresalir precisamente por no sobresalir en nada… siempre tranquilo… recatadísimo… constante en el trabajo, dominaba su genio”.

Al declararse la guerra civil siguió en El Escorial, cambiando su actividad de profesor, por la de enfermero, como uno más de sus alumnos y hermanos, pues la casa se convirtió en hospital de sangre. Pero el día nueve de Agosto fue llevado en un camión a Madrid con otros compañeros y religiosos estudiantes a la Dirección General de Seguridad. Luego, puesto en libertad, quedó en plena calle sin conocer a nadie y con apenas un poco de dinero en el bolsillo. Se refugió en una pensión, de la que apenas salía, pues no conocía nada de Madrid. Se dedicó a las prácticas religiosas. Pero pronto vería coronados sus deseos de martirio.

El Beato Gonzalo Barrón en uno de sus multitudinarios sermones. Cerro de los Angeles, Madrid (España).

El Beato Gonzalo Barrón en uno de sus multitudinarios sermones. Cerro de los Angeles, Madrid (España).

El día 2 de Octubre se presentaron en la pensión unos milicianos y el mismo Padre Isidro les abrió la puerta. Al verle le dijeron “tú eres cura”. Y no lo negó, admitiendo que lo era, y sintiéndose honrado y satisfecho de su profesión. Se lo llevaron con otros dos religiosos. Les hicieron un simulacro de juicio en la checa de la calle de Fomento y se les condenó por ser sacerdotes. Aprovechando las horas de la oscuridad, en la noche del 1 al 2 de octubre, los asesinos dieron muerte sangrienta al P. Isidro. Apareció fusilado en la mañana del 2 de octubre en la carretera del Este de Madrid. Reconocido su cadáver fue inhumado en el Cementerio de Madrid. Tenía 35 años de edad.

Beato Gonzalo Barrón Nanclares (1899-1936)
“Quiero ser el pobre trovador de las misericordias del Corazón de Jesús
Nació en Ollauri (La Rioja), el 24 de octubre de 1899. Fue bautizado con el nombre de Fortunato. Estudio en la escuela Apostólica de los SS. CC de Miranda de Ebro, dejando constancia de tener una actitud muy alegre y piadosa. Profesó el 5 de agosto de 1917. Ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1923. Fue en vida y en muerte muy estimado por el Cardenal Segura y por el apóstol mundial del Reinado del Corazón de Jesús; P. Mateo Crawley, a ambos acompaño en sus visitas pastorales por España. (Reinado Social 1939, n. 186, hace un cálculo de sermones predicados por él en los 13 años de sacerdocio de más de 15.000?!). Aunque nos parezca exagerado, todas las noticias hablan de que su ardiente celo le daba tiempo y fuerzas para todo. Su buena fama de erudito y gran orador, llegó hasta los oídos de los anarquistas y comunistas de Andalucía, quienes se plantearon incluso incluirlo como diputado en sus listas. Ha sido el apóstol de la Entronización del Sagrado Corazón y de la Adoración Nocturna en el Hogar en España. Llegó a reunir 40.000 adoradores nocturnos.

La guerra le sorprendió en Madrid en su domicilio habitual. Era muy conocido en Madrid a causa de su predicación en el Cerro de los Ángeles (Madrid), y fue muy buscado, por lo que cambiaba de lugar de vez en cuando. No soportaba estar encerrado sabiendo que había tantos que sufrían o necesitaban de la ayuda espiritual. Solía decir en público, al ver lo que se estaba haciendo con sus compañeros: “Soy sacerdote, mejor es morir que estar así, sin trabajar por las almas” y “El apóstol a nadie se niega, es todo para las almas y qué bien si el complemento de este apostolado fuese el martirio!”. Por esto salió de la Delegación de Honduras, donde estuvo algún tiempo refugiado.

En una de sus salidas de la casa le fueron siguiendo por la calle hasta que lo rodearon y detuvieron. Era el 1 de septiembre 1936. Le hicieron un simulacro de juicio, en el que declaró, según un testigo amigo suyo, que era sacerdote y que había predicado varias veces en el Cerro de los Ángeles, porque esta era su misión. A continuación se llevo a dar el tristemente célebre “paseo” y al día siguiente apareció fusilado en los altos del Hipódromo, en las afueras de Madrid. Tenía 37 años de edad.

Restos mortales de los mártires, en el día de su inhumación (27-11-2010).

Restos mortales de los mártires, en el día de su inhumación (27-11-2010).

Beato Eladio López Ramos (1904-1936)
Nació en Laroco (Orense), el 16 de noviembre de 1904. Fue bautizado con el nombre de José Leoncio. Desde muy pequeño conocía la congregación, ya que su misma intento ingresar de joven en ella, no pudo por causa de sus quebradiza salud. Cuatro de sus hijos ingresaron en ella, destacando al P. Victorio quien fuera muy conocido por formar a muchas generaciones de sacerdotes. Profesó el 9 de septiembre de 1924. Ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1929, en El Escorial. Terminados sus estudios fue enviado al Colegio de Madrid, como profesor de niños. Más tarde fue dedicado al sacro ministerio en la iglesia de Cristo Rey, aneja al colegio. En febrero de 1936, ingresó en la Cartuja “Aula Dei” de Zaragoza. Probó la nueva vida, pero la falta de salud le hizo volver a Madrid, reintegrándose de nuevo en la vida ordinaria del ministerio sacerdotal, mostrando un grande amor por el recogimiento y la oración, dejando fama de vida interior y de piedad intensa.

Al producirse la revolución por todos conocida, en Julio de 1936, tuvo que abandonar el colegio y refugiarse en una pensión, no sin antes haber declarado claramente que era un sacerdote y que estaba dispuesto a realizar el sacrificio de su vida, si el Señor se lo pedía. La dueña de la pensión era católica practicante, pero tenía al servicio de la pensión una muchacha de ideas antirreligiosas. Conociendo el carácter sacerdotal del P. Eladio no temía expresar su saña antirreligiosa diciendo que a los sacerdotes había que matarlos a todos. Denunció la estancia del P. Eladio en la pensión y su carácter sacerdotal y los milicianos del Ateneo Libertario procedieron a detenerlo. Era el 7 de agosto de 1936. Se presentaron en la pensión preguntando por los sacerdotes que había en ella. Eran tres. Y se los llevaron, pero los dejaron en libertad, de momento, y volvieron por ellos al día siguiente. Cuando fueron a su habitación, confesó llanamente que no tenía documentación y que era sacerdote, dijo: “Soy sacerdote hagan de mí lo que quieran”. Esa misma noche fue condenado a muerte y fusilado, apareciendo su cadáver en la mañana del día 8 de agosto de 1936. Fue reconocido por su Superior Provincial, en el Depósito Judicial. Tenía 32 años de edad.

Beato Mario Ros Ezcurra (1910-1936)
“Su característica fue ser servicial con los demás”
Nació en Lezáun (Navarra), el 30 de abril de 1910. Fue bautizado con el nombre de Luis. Sus padres venían de una noble familia, en el que el ambiente que se respiraba era religioso. Dos de sus tíos más cercanos, eran religiosos de esta congregación de los Sagrados Corazones. Profesó el 15 de agosto de 1929. Ordenado sacerdote el 21 de julio de 1935. Hizo sus estudios en la Escuela Apostólica de los SS.CC. en Miranda de Ebro. Muy sencillo en el trato y muy sincero. “No sabía mentir”, que decía él mismo. Ordenado sacerdote en 1935, fue enviado al Colegio de Madrid, de donde al año siguiente tuvo que salir y refugiarse en la Pensión “María Isabel”, propiedad de unos tíos suyos. Su misma tía, Dª Paulina Larumbre, dueña de esta citada pensión, contaba: “Mi sobrino rezaba el santo Rosario, visitaba al Santísimo Sacramento que conservábamos en casa, distribuía la Sagrada Comunión en casa y también a personas que vivían fuera. Le oí frecuentemente decir que él nunca negaría que era sacerdote y religioso aunque le mataran y que sea lo que Dios quiera”.

La noche del 13 al 14 de agosto de 1936 fue detenido en dicha Pensión, se despido consolando a su tía con estas palabras: “Adiós, tía; no te preocupes que luego vengo”. Se le hizo un simulacro de juicio en el que declaró ser “religioso de los SS.CC., y sacerdote”. En la noche del 14 al 15 fue sacado de la Checa de Bellas artes, no sin antes dar a escondidas la absolución a sus compañeros, fue llevado a las afueras de Madrid y fue brutalmente fusilado. Su cadáver se encontró al día siguiente, con el rostro destrozado por las balas. Fue reconocido por sus tíos e inhumado en el Cementerio. Tenía 26 años de edad y su sacerdocio recién estrenado.

Capilla de S. Damian de Molokai y Martires del s.XX.

Capilla de S. Damian de Molokai y Martires del s.XX.

Después de que la congregación de los Sagrados Corazones, reuniese estos testimonios y decidiera unir todas estas causas de beatificación en una sola, pasaron muchos años. El 13 de Julio de 1963, en Madrid, diócesis en la que pasaron sus últimos días los Beatos, se clausuro el proceso diocesano ordinario. Esta causa fue revisada y decretada como valida el día 31 de Enero de 1992. En Roma, en la Congregación para la causa de los Santos, permaneció hasta el día 3 de Julio de 2009, cuando el Papa emérito Benedicto XVI, aprobó el decreto de martirio y con ello la beatificación de los 5 mártires de los Sdos. Corazones. La ceremonia de Beatificación se celebro conjuntamente con la de numerosos grupos de mártires del S. XX en España, el día 13 de Octubre de 2013 en Tarragona (España), fue presidida por el Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el Cardenal Angelo Amato.

En la actualidad sus restos mortales se pueden venerar en la capilla de San Damián de Molokai, en la parroquia de los Sagrados Corazones de Madrid. Estos restos fueron exhumados de sus respectivos lugares de enterramiento, para su reconocimiento y unificación, volvieron a inhumarse el 27 de Noviembre de 2010. Junto a los cinco nichos donde descansan cada uno de ellos, se puede leer en una austera placa conmemorativa: RELIGIOSOS DE LOS SAGRADOS CORAZONES MÁRTIRES DE LA FE 1936.

David Garrido

Bibliografía:
- APARICIO, Osvaldo, SSCC, Religiosos de los Sagrados Corazones, mártires del s.XX en España. Tipografía Vaticana, Roma, agosto 2012.

Enlace consultado (27/08/2014):
- www.sscc.es

Santos José de Arimatea y Nicodemo, discípulos del Señor

Imagen procesional de San Nicodemo venerada en la ciudad de Marikina (Filipinas).

Imagen procesional de San Nicodemo venerada en la ciudad de Marikina (Filipinas).

Introducción
Jesucristo, al predicar el Evangelio se hizo un nutrido grupo de seguidores. Además del Colegio Apostólico, podemos recordar al grupo de los 72 discípulos, al conjunto de mujeres que le servían, y sin duda tuvo muchos simpatizantes y amigos fuera de estos círculos, como lo fueron San José de Arimatea y San Nicodemo, ambos miembros activos del Sanedrín que juzgó y condenó a muerte al Redentor, acción que ambos jamás apoyaron y tampoco aprobaron. El mensaje del evangelio dio frutos de vida eterna en sus corazones y ahora, son un ejemplo a seguir, pues esa es la principal función de un santo en la Iglesia.

San Nicodemo
El Capítulo 3 del Evangelio de Juan nos habla de este santo por primera vez. El detalle más interesante luego el bello diálogo que hace Jesús con él, es que va a buscarlo de noche para platicar con él, buscando la protección de la oscuridad para pasar desapercibido y no ser identificado.

Nicodemo sabe que Jesús tiene un mensaje trascendente y una misión precisa. Como maestro de la Ley, seguramente ha repasado los escritos del Pentateuco y de los Profetas y entrevé que Jesús es el Mesías. Pero no está seguro y quiere estarlo. Por eso cuando está frente a Él, le dice: “Maestro, sabemos que vienes de parte de Dios, porque nadie puede realizar los signos que tú haces Si Dios no está con el” (Jn. 3,1). No es el caso repetir toda la escena y el diálogo en este momento, sin embargo, es preciso reconocer que este episodio da origen a una bella catequesis sobre el bautismo, cuya utilidad sigue siendo actual para administrar el primero de los sacramentos. El conocimiento de Nicodemo sobre Cristo fue creciendo seguramente y tuvo la oportunidad de defenderlo cuando se opone a que se aprenda a Jesús “¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle oído y sin saber lo que hace?”. (Jn. 7, 51).

Tumba de los santos Nicodemo, Abibo y Gamaliel en la catedral de Pisa, Italia.

Tumba de los santos Nicodemo, Abibo y Gamaliel en la catedral de Pisa, Italia.

La Fe de Nicodemo fue creciendo con el paso del tiempo, al grado de que cuando Cristo ha muerto en la cruz y es abandonado por todos, da la cara por su amigo. Ya no es a escondidas sino a plena luz, sin miedo, sin resquemor. En compañía de San José de Arimatea, se encarga de desclavar el Sagrado Cuerpo de Cristo de la Cruz y darle sepultura. De su cuenta corrió también aportar las resinas y esencias para embalsamarlo.

Los rastros de Nicodemo se pierden en la historia. Se refiere que hacia el año 451, cuando se descubrieron las reliquias de San Esteban Protomártir, también se encontraron las de San Gamaliel, San Abibo y las de nuestro Santo. Alguna tradición lo hace autor del Evangelio de Nicodemo, que es la refundición de otros dos apócrifos: Actas de Pilato y descenso de Cristo a los Infiernos. Sus reliquias tuvieron un altar en la Catedral de Parma, actualmente se hallan en la Catedral de Pisa.

San José de Arimatea
Los datos biográficos entresacados del Evangelio son realmente pocos. Podemos afirmar que es oriundo de Arimatea, ciudad de Judea, es un hombre justo que esperaba el reino de Dios e integrante del Sanedrín. Por lo que se deduce, tenía cierta relación con Pilato, si no, no se hubiera presentado con tanta confianza a reclamar el cuerpo del Maestro. Seguramente tenia desahogo económico, porque regaló el Sepulcro nuevo para sepultar al Señor en él. Es imposible no aceptar que también él conocía a Cristo, pues solamente un verdadero amigo, no se avergüenza de él. Aunque los Evangelios solo narran el episodio de su protagonismo de desclavar de la cruz al Señor y darle sepultura, podemos tener certeza de que la experiencia de Cristo en la vida de esta sanedrita fue intensa, para poder aceptarlo en su corazón.

Imagen de San José de Arimatea con el cuerpo de Cristo. Hermandad de Santa Marta, Sevilla (España).

Imagen de San José de Arimatea con el cuerpo de Cristo. Hermandad de Santa Marta, Sevilla (España).

Fuera de los Evangelios no se conoce más sobre su vida y su destino; los Apócrifos del Pseudo-evangelio de Pedro, las Actas de Pilato y un extraño documento del S. IV llamado La Venganza del Redentor lo envuelven en fantasticas leyendas. Posteriormente las redacciones caballerescas y la leyenda del Santo Grial, que era una copa donde José de Arimatea había depositado la Sangre de Jesús al lavar su cuerpo antes de sepultarlo, lo hacen protagonizar unas aventuras novelescas.

Baste reconocer en este hombre al discípulo por el que el cuerpo del Señor, no paró en una fosa común como se hacía con los ajusticiados y que por su intervención, la tumba que hoy esta vacía y sigue hablando de la Resurrección, fue una aportación suya a toda la cristiandad.

Culto
A estos dos santos es frecuente verlos representados en la escena del descendimiento de la Cruz y la sepultura de Cristo, los pasos de Semana Santa en España son una rica demostración de ello. La veneración de ambos en los calendarios se remonta hasta el s.X por lo menos. Con la actualización del Martirogio Romano en el año 2000, la memoria de ambos santos ha sido unida. En efecto, anteriormente se recordaba a San Nicodemo el 3 de agosto en el aniversario del descubrimiento de sus reliquias y a San José de Arimatea el 17 de marzo. Actualmente la fecha asignada para su celebración es el 31 de agosto.

Presunta tumba de San José de Arimatea en Glansbury, Reino Unido.

Presunta tumba de San José de Arimatea en Glansbury, Reino Unido.

Oración
Oh Dios, que en tu infinita bondad elegiste a los Santos José de Arimatea y Nicodemo para sepultar en un sepulcro nuevo el cuerpo de tu amado Hijo descendido de la Cruz, haz que nosotros, hechos semejantes y sepultados junto con tu mismo Hijo en la muerte, resucitemos con él a la vida que no tiene fin. El, que vive…

Humberto

Bibliografía
- VV.AA, Año Cristiano VIII, agosto, Editorial BAC, Madrid 2005 pp. 1150-1158.

Las Iglesias bizantinas y el Rito bizantino (VII)

Diácono de rito bizantino.

Diácono de rito bizantino.

En el anterior artículo de esta serie sobre las Iglesias y el Rito Bizantino, hablamos de los sacramentos de la iniciación: Bautismo y Crismación. Hoy queremos escribir aunque solo sean unas líneas sobre el Sacramento del Orden Sagrado, sacramento de vital importancia en la vida de la Iglesia, porque a través de él se mantiene la sucesión apostólica y recibimos la gracia mediante la administración del resto de los sacramentos. En Oriente, este sacramento es tan importante, como lo es en Occidente.

Los griegos, cuando hacen referencia a este Sacramento utilizan las palabras “cheirotonia” y “cheirothesia”, que significa “imposición de las manos” y siempre que es administrado – ya sea para la consagración de un obispo o la ordenación de un sacerdote o un diácono – se realiza dentro de una celebración episcopal de la Divina Liturgia, lo cual es lógico – igual que en Occidente -, ya que es el obispo el que administra el sacramento, o sea, quién puede completar esta acción en nombre de la Iglesia Universal. En estas tres órdenes mayores, el acto de la ordenación se realiza en el altar.

Quienes reciben previamente las órdenes menores son el subdiácono, el lector y en algunas Iglesias, el cantor. Estas órdenes, al igual que en Occidente, no son consideradas en si mismas como sacramento, por lo que se administran no en el interior del iconostasio, sino en la nave del templo.

Las órdenes menores
Cantor
El cantor es quién canta las respuestas y los himnos en las celebraciones litúrgicas. Si se hace cargo de componer la música para un servicio litúrgico, se denomina “protopsaltis” (προτοψάλτης). En la actualidad, en muchos lugares el cantor es sustituido por el coro y en estos casos, o es el director del coro o el es que lleva la voz cantante. Suele llevar sotana.

Ordenación de un sacerdote.

Ordenación de un sacerdote.

Lector
Previamente a ser ordenado como lector, el candidato que va vestido con sotana – en el caso de que no lo esté -, es tonsurado por el obispo en señal de que entra en el estado clerical. La ordenación se realiza a través de la “cheirothesia”, a diferencia de la “cheirotonia” que es la que se utiliza en la ordenación de diáconos, sacerdotes y obispos. Después de ser tonsurado, el lector es investido con un corto “phelonion” que es el que se pone cuando lee la Epístola. Este “phelonion” es reemplazado por un “sticharion” (vestidura larga y estrecha, con mangas sueltas y que se ajusta al cuello), que normalmente es el que lleva cuando actúa dentro de las celebraciones litúrgicas. Si el aspirante es un monje, la tonsura puede realizarla el archimandrita de su monasterio. El día anterior a la ordenación, el candidato debe asistir al Oficio de Vísperas y, después de la cena, guardar el ayuno eucarístico. Si está casado, debe abstenerse esa noche de tener relaciones maritales con su esposa. El día de su ordenación, el ordenante, de pie ante el obispo y con la cabeza agachada, es tonsurado en forma de cruz, se le impone el pequeño “phelonion” y el obispo, imponiéndole una mano, recita la oración de la ordenación.

Subdiácono
El subdiáconado es la última de las órdenes menores. La ordenación se realiza fuera del iconostasio y no es necesario que sea dentro de la celebración de la Divina Liturgia. Durante la Hora Sexta y después del canto del salmo 90, el lector que va a ser ordenado, se presenta ante el obispo acompañado de dos subdiáconos y, realizando tres postraciones, se para ante el obispo. Este realiza tres veces la señal de la cruz sobre su cabeza, le impone la mano derecha sobre la misma y reza la oración de la ordenación. El nuevo subdiácono besa la mano del obispo y se postra ante él.

Como el subdiácono sirve al obispo en las celebraciones litúrgicas, coge una toalla, una jarra con agua y una palangana, con la que el obispo se lava y se seca las manos. Terminado el canto de la Hora Sexta, el nuevo subdiácono permanece en el templo hasta el momento del “Querubicon” (o “Canto de los Ángeles”, que se realiza después del canto del Evangelio), cuando él y los otros dos subdíaconos le lavan de nuevo las manos al obispo. En la Gran Entrada, el subdiácono va al final de la procesión y se queda fuera del iconostasio hasta el final de la “anáfora” (canon). El subdiácono viste el “sticharion” y el “orarion” (una estrecha estola de unos tres metros de largo, que se pone alrededor de la cintura, con los dos extremos a lo largo de los hombros, formando una cruz en la espalda y metiéndola por delante bajo la sección que está alrededor de la cintura). Quién no desee ser célibe, debe casarse antes de recibir este Orden sagrado, aunque en algunas ocasiones, a discreción del obispo, puede hacerse antes de ordenarse de diácono.

Ordenación de un sacerdote.

Ordenación de un sacerdote.

Las órdenes mayores
Diácono
Al igual que en Occidente, el diaconado es el grado menor dentro de las Órdenes Mayores. Diácono (en griego διάκονος) significa “sirviente”, pues ayuda al sacerdote y al obispo en la celebración de los divinos oficios: dirige las oraciones colectivas (letanías), lee las Sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, mantiene el decoro de la celebración, puede tocar la mesa de las ofrendas y el altar, presentar las ofrendas al celebrante, salir y entrar en el iconostasio, elevar las Sagradas Especies después de la Consagración y, siempre, con la autorización del sacerdote o del obispo que preside, puede realizar otras tareas, como la administración de la Eucaristía.

La ordenación la realiza el obispo junto al altar imponiéndole las manos (“cheirotonia”) mientras pronuncia la oración de la ordenación. Sus vestiduras son el “sticharion” de mangas anchas, el “orarion” (que se envuelve alrededor del cuerpo cubriéndose el hombro izquierdo del que cae hasta a nivel del suelo tanto por detrás como por delante). Cuando el diácono dirige las oraciones o amonesta a los fieles, tiene un extremo de su “orarion” en su mano derecha y lo levanta. Durante la preparación de la Comunión, el diácono se pone el “orarion” al estilo en el que lo llevan los subdiáconos. Otro ornamento es la “epimanikia”, que son unos puños que se ponen en las muñecas y que se atan con una cuerda.

En las Iglesias bizantinas desde siempre ha existido el diaconado permanente, o sea, que no es un paso intermedio hacia el sacerdocio. Estos diáconos están al frente de grupos educativos y administran las obras sociales, asistenciales y misionales de la Iglesia. A meros niveles administrativos, el diácono principal de una catedral se denomina “protodiácono”, el que va permanentemente unido a un obispo, se llama “archidiácono” y si es monje, “hierodiácono”. En Grecia hay la costumbre de besar la mano a los diáconos, aunque no existe ninguna prescripción a este respecto.

Consagración de un obispo.

Consagración de un obispo.

Sacerdote
El presbiterado es el segundo Orden Sagrado, intermedio entre el episcopado y el diaconado. En las Sagradas Escrituras, presbítero es sinónimo de obispo y hacía referencia al ordenado que estaba al frente de una iglesia local. A partir del siglo II es cuando se hace la distinción entre un Orden y el otro.

La ordenación de un presbítero siempre la realiza un obispo dentro de la celebración de la Divina Liturgia, inmediatamente después de la Gran Entrada, significando con esto que el nuevo sacerdote participa ya plenamente en la consagración. Durante el servicio de la ordenación sacerdotal, un sacerdote presenta al diácono candidato, quién se arrodilla apoyando la cabeza en el altar. El obispo pone su estola y su mano derecha sobre la cabeza del ordenando mientras recita la oración sacramental. Al finalizar la ordenación, todo el pueblo exclama la palabra griega “Axios”, como muestra de que el ordenando ha recibido al Espíritu Santo.

El obispo entrega al ordenando – que ya lleva puestos el “sticharion”, el “orarion” y las “epimanikias” – sus vestiduras sacerdotales: “epitrakhelion” (o estola propia del sacerdote y del obispo y que se pone alrededor del cuello), la correa o “zona”, con la que se ciñe la cintura y el “phelonion” (el equivalente a la casulla occidental).

Consagración de un obispo.

Consagración de un obispo.

Los sacerdotes, diríamos que sustituyen a los obispos, en la celebración de la Divina Liturgia y del Oficio Divino y administrando los sacramentos del Bautismo, Crismación, Confesión, Matrimonio, así como los funerales. Si se le encomienda una parroquia, su responsabilidad pastoral incluye la predicación así como la administración de los sacramentos. El sacerdote puede utilizar el “exorason” que es una sotana monástica más ancha, que puede ponerse sobre la sotana común y en la tradición rusa pueden llevar la cruz pectoral sobre el pecho. El presbítero está siempre bajo la jurisdicción de su obispo y en el altar de su parroquia está puesto el “antimensión”, que es un paño firmado por su obispo y sobre el que se colocan las Sagradas Especies durante la celebración de la Divina Liturgia.

En la tradición bizantina los sacerdotes pueden ser célibes o casados. Obligatoriamente, todos los sacerdotes monjes tienen que ser célibes, pero quienes no lo son, no tienen esa obligación. Si un sacerdote enviuda, no puede casarse de nuevo. Un sacerdote que sea arcipreste, en la tradición eslava, puede utilizar la “mitra” y el “nabedrennik” (un paño rectangular usado en la cadera derecha).

Quienes se preparan para recibir el Sacramento del Orden (sacerdocio), al igual que en Occidente, lo hacen en seminarios donde reciben una importante formación humanística, filosófica y teológica.

Obispos revestidos con el sakko y el omophorion.

Obispos revestidos con el sakko y el omophorion.

Obispo
El episcopado es la plenitud del Sacramento del Orden Sagrado. El sacerdote candidato a obispo recibe la plenitud del sacerdocio mediante la imposición de las manos “cheirotonia” por parte de tres obispos, lo que le asegura la sucesión apostólica. En caso de urgente necesidad puede actuar un solo obispo consagrante. Todos los obispos son iguales en dignidad sacramental, aunque a nivel administrativo algunos pueden recibir el título de patriarca, metropolita o arzobispo. Al recibir la plenitud del sacramento, puede administrarlo al resto de los fieles varones. El procedimiento para la consagración de un obispo se realiza mediante dos etapas: la primera es la elección del candidato y la segunda es el propio rito de la consagración durante la celebración de la Divina Liturgia.

El proceso de elección puede tener varias variantes en función de las tradiciones de cada una de las Iglesias Ortodoxas de rito bizantino: elección por parte de un consejo diocesano, elección por parte de un Sínodo de obispos o por la designación directa por parte del Patriarca. Todo candidato al episcopado ha de ser célibe y normalmente, solo se eligen entre los monjes. Cuando en algún caso ha sido elegido como candidato un varón casado, su esposa ha ingresado en un monasterio profesando los votos monásticos. Sin embargo, desde el punto de vista canónico, solo se requiere que ella de su consentimiento a la separación de ambos, aunque no al divorcio. En la tradición eslava, si el candidato no es un monje, previamente a la consagración ha de realizar los votos monásticos.

Antimension serbio del siglo XVII.

Antimension serbio del siglo XVII.

Como he dicho antes, la “cheirotonía” se realiza dentro de la Divina Liturgia y normalmente, en domingo o en la celebración de determinadas fiestas. El candidato debe estar en vigilia la noche anterior y antes de ser consagrado ha de hacer pública profesión de fe. Después del “Trisagio” (himno dedicado a la Santísima Trinidad en el que se repite tres veces la palabra santo), el ordenando se arrodilla delante del altar apoyando su frente en el mismo, sobre su cabeza se coloca el libro abierto de los Evangelios, el obispo consagrante principal coloca su mano sobre su cabeza y el resto de los obispos consagrantes, colocan las manos sobre los evangelios o sobre el obispo situado inmediatamente antes. Se dice la oración consagratoria mediante la cual, el Espíritu Santo desciende sobre el nuevo obispo quién recibe en ese momento la plenitud del Orden Sagrado. El nuevo obispo se reviste con los ornamentos episcopales y es presentado al pueblo, quién en el momento de la imposición del “omophorion” repite tres veces la aclamación “Axios”.

Obispo revestido con una mantiya azul.

Obispo revestido con una mantiya azul.

A excepción del “phelonion” y el “nabredennik”, un obispo lleva las mismas vestiduras que un sacerdote. Al “phelonion” lo reemplaza el “sakkos” (túnica con mangas anchas y un distinto patrón de recorte, que llega por debajo de las rodillas y que se sujeta a los lados mediante botones o cintas. Era una vestidura utilizada por los emperadores bizantinos y es parecida a una dalmática del rito latino). Sobre los hombros lleva el “omophorion” como símbolo de su autoridad espiritual y eclesiástica, que a veces es sustituido por el “pequeño omophorion”, que es un ornamento parecido al “epitrakhelion”. El “omophorion” es el equivalente al “palio” en el rito latino. Sobre su cabeza lleva la mitra bizantina y junto a su cruz pectoral puede colgarse un “engolpion”, que es un medallón con un icono en el centro. Asimismo, utiliza el báculo.

He procurado abreviar al máximo el artículo y no detenerme en cuestiones teológicas, porque este Sacramento tiene el mismo significado tanto en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero