Casiana, Sofía, Melania y Maura, monjas ascetas de la montaña de Ceahlău

Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

En octubre de 2012, Carmen Avram, una reportera de noticias rumanas en el canal Antena3 hizo público un gran documental sobre los ascetas del monte Rarău, un pico de unos 1400 metros situado entre Moldavia y Transilvania. El título de la grabación era Pustnicii României – Între Cer și pământ (“Los ermitaños de Rumanía – entre el Cielo y la tierra”). Sus entrevistas revelaron la existencia de un mundo apenas conocido, normalmente considerado como propio de otros tiempos. Ella debatió con algunos monjes retirados, pero también con un hombre que alimentaba incluso con los ascetas más ocultos. Éste le habló sobre un monje que recientemente había fallecido a la edad de 130 años y le mostró vagamente los peñascos donde algunas monjas y monjes vivían su vida ascética, ocultos para el mundo y conocidos prácticamente sólo por Dios.

Los anacoretas y ermitaños de las montañas de Rumanía están esparcidos por todas partes hasta hoy. En cualquier caso, muchos de ellos están ubicados en torno a un monte llamado Ceahlău (1907 m), en la misma región que Rarău. Se cree que esta montaña es la antigua Kogaion, la montaña sagrada de los sacerdotes dacios. En las alturas, a los pies del monte Ceahlău han existido, a lo largo de los tiempos, diferentes eremitorios o sketas, pequeñas comunidades monásticas cuya memoria ha permanecido aunque los lugares en sí hayan desaparecido. Entre ellos son conocidos el eremitorio (sihăstria) de Dragoș (siglos XIV-XV), de Hangu (ss. XIV-XVII), Sihăstria Ceahlău (ss. XV-XVIII), Poiana Ceahlăului (ss. XVI-XVIII), Sihăstria Peon (ss.XV-XX). Los ascetas más famosos que han vivido aquí fueron la monja Maura y el monje Peon.

En este artículo hablaremos de cuatro monjas: Casiana, Sofía, Melania y Maura, que vivieron mayormente en el siglo XVII en esta área. Sus vidas son narradas brevemente por el archimandrita Ioanichie Bălan, en su Paterikon rumano.

Icono ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Icono ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Venerable skemamonja Casiana de la sketa de Sofía, en el monte Ceahlău
La venerable skemamonja Casiana vivió en el siglo XVII y procedía de la comunidad monástica de Topolița, cerca de Târgu Neamț, una ciudad comercial (târg) en el centro de Moldavia. Se retiró al valle del río Bistrița, que era un lugar donde habitualmente vivían muchos ermitaños y severos ascetas. Su lugar de retiro se conoce como bosques de Hangului.

Junto a algunas hermanas ascetas, ella construyó una sketa en el valle del río Buhalnița, conocida posteriormente como “la sketa Casiana”, por su nombre, y ella permaneció allí hasta que partió al Señor. La vida de las monjas consistía en cantar las habituales 7 Laudae, la lectura individual de los Salmos, una sola comida al día y una actitud silenciosa. El nombre de Casiana fue conocido en el valle de Bistrița por el poder de su oración. Ella se fue al Señor a mediados del siglo XVII.

Skemamonja Sofía
La skemamonja Sofía vivió en el siglo XVII. Sus primeros años son desconocidos. Ella se hizo monja en el mismo monasterio Topolița. Después de vivir un tiempo allí, decidió retirarse al mismo valle del río Bistrița, como su predecesora Casiana. Allí vivió durante años con sus discípulas, y se estableció finalmente en la parte oriental del monte Ceahlău, en la elevada meseta cercana a la aldea llamada Răpciune.

Debido a que estaba rodeada de muchas monjas discípulas, se sintió urgida por Dios a fundar una sketa, ya que allí había ya demasiadas monjas ermitañas, en los bosques cercanos, y era difícil para ellas sostener una vida litúrgica constante. La skemamonja Sofía hizo pues, construir, una pequeña iglesia de madera dedicada a San Juan el Teólogo, patrono de los místicos. Las celdas fueron organizadas alrededor de la iglesia y alojaron en torno a veinte monjas, que vivían una vida muy dura, distinta de la habitual regla monástica, porque eran monjas ermitañas.

Este santo lugar fue llamado, en su nombre, la Sketa Sofía, y duró casi dos siglos en Ceahlău. Sofía fue madre espiritual en este eremitorio durante unos 30 años, asistiendo a muchos. Algunos de ellos se retiraron posteriormente a lo agreste, permaneciendo allí hasta la muerte, en ayuno y oración. Otros marcharon a la soledad de los bosques sólo durante los grandes ayunos, y entonces regresaban a un eremitorio.

La skemamonja Sofía fue venerada por la santidad de su vida y por su sabiduría espiritual, tanto por laicos como por monjes. Ella partió al Señor hacia finales del siglo XVII. A principios del siglo XIX, la Sketa Sofía estaba casi abandonada, por lo que la iglesia de madera fue trasladada al monasterio de Durău.

Fresco ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Fresco ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Venerable Skemamonja Melania de Sihăstria Durău-Ceahlău
La palabra rumana “sihăstria” procede del griego ”hesychia”, es decir, silencio. En la mentalidad rumana, “sihăstrie” es un pequeño monasterio, normalmente una sketa, situada en un lugar de difícil acceso. La Venerable Melania vivió en el siglo XVII en el eremitorio de Sihăstria Durau. La tradición dice también que la skemamonja Melania fundó otra sketa en el lado occidental de la montaña de Ceahlău, conocida como Sihăstria Melaniei o Sihăstria Durău.

Sobre Melania se sabe algo más. Fue bautizada con el nombre de Mariana, y se cree que era hija de un príncipe o, al menos, un noble de Iași, la capital de Moldavia. Ella quería ser esposa de Cristo, y abandonó secretamente el hogar paterno junto a dos fieles sirvientas. Ellas fundaron un refugio en la cima del monte Ceahlău, sobre el actual monasterio Durău. Vivieron allí muchos años, casi ignoradas por todos. Con el tiempo, a su alrededor se fueron asentando otras monjas, de modo que necesitaron una iglesia adecuada. Por ello, alrededor de la iglesia de madera en honor a la Anunciación de la Virgen, fue fundado el eremitorio (sihăstria) de Melania, que fue el eremitorio de monjas más severo en el monte Ceahlău. En torno a la abadesa Melania se juntaron treinta monjes del monasterio y ermitaños, formando una famosa comunidad exicasta femenina. Algunos vivían en común y otros solos, en cabañas de madera alrededor el eremitorio. El único lugar común era la iglesia.

Melania fue famosa por practicar la oración de Jesús. Formó a muchos discípulos y alcanzó el nivel espiritual de los grandes exicastas de Moldavia. Se unió pacíficamente a Cristo tras dar el último beso a sus hijas espirituales.

Venerable Maura de Ceahlău
La monja Maura vivió posteriormente, en los siglos XVII-XVIII. Fue criada por sus padres en una aldea del valle de Bistrița, no lejos del monte Ceahlău, en una muy piadosa atmósfera de oración, ayuno y asistencia regular a los servicios litúrgicos. Su nombre de pila era María. En verano sus padres la llevaban frecuentemente en peregrinación a los grandes monasterios del condado de Neamț, y le permitían ir a las sketas de monjas en torno a la montaña de Ceahlău que ya hemos mencionado, y también al eremitorio de Silvestre, y a Durău, que se convirtió en el más famoso eremitorio de monjas del Moldavia durante el siglo XVIII.

Vista del monte Ceahlau desde su lado oriental.

Vista del monte Ceahlau desde su lado oriental.

Ella decidió convertirse en monja cuando cumplió los veinte años de edad. Primero vivió en el eremitorio Silvestre de monjas, llamado también “Schitișor” (pequeña sketa) donde había unas pocas almas amantes de Cristo bajo la dirección de un abad gentil y humilde. Sólo unos pocos años después ella tomó el skema monástico y fue llamada Maura. Fue conocida por ser muy ascética, gentil y humilde, amante del silencio y la oración. En su ejercicio ascético, dormía sólo unas pocas horas durante la noche, sentada en una silla, hacía cientos de postraciones y reverencias, comía sólo una vez al día, al atardecer, y normalmente pan seco y verduras, y bebía sólo agua.

Para lograr un silencio todavía más intenso, construyó para sí misma una pequeña celda cerca del bosque. El nivel espiritual de Maura aumentó de tal modo que los pájaros y los animales salvajes la querían y se volvieron mansos en su presencia, siendo especialmente honrada por las ciervas. Los ancianos dicen que Maura siempre caminaba alrededor de la montaña de Ceahlău e incluso en ocasiones iba a las aldeas con una cierva siguiéndole. Otra santa mujer que fue muy cercana a los animales salvajes fue Santa Teodora de Sihla, que obtenía su alimento de los pájaros.

Muchas monjas de la región de Ceahlău se reunieron en torno a Maura y vivieron según su modo de vida, en incesante oración, amor, humildad, una única comida diaria al atardecer, largas vigilias nocturnas y lectura del Salterio y otros santos libros.

Peregrinación y liturgia en Ceahlau el 6 de agosto de 2013. -6-august-2013

Peregrinación y liturgia en Ceahlau el 6 de agosto de 2013.
-6-august-2013

Maura se retiró a una ascesis todavía más severa del eremitorio de Silvestre a un claro llamado Ponoare, bajo la cima del monte Ceahlău. Aquí estuvo acompañada sólo por una discípula y su querida cierva. Incluso así, la encontraron pronto las monjas y creció nuevamente una comunidad en torno a ella, así que construyeron en el claro una pequeña iglesia de madera dedicada a la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor. Hoy, ese claro es llamado “Poiana Maicilor” (el claro de las monjas, literalmente, “de las madres”). En este oasis de paz y oración, Maura vivió hasta que partió hacia el Señor.

Sintiendo cercano su final, dio a sus hijas los últimos consejos y, tras su fallecimiento, las monjas la enterraron en el claro. Sus reliquias permanecen ocultas hasta hoy. Actualmente una nueva sketa, llamada Poiana Maicilor, se ha construido en el lugar de la antigua sketa de la Monja Maura (desde 1997). La iglesia tiene como patrona a Santa Teodora de Sihla y la Protección de la Virgen (Pocrov). Hoy viven en esta sketa once monjas.

El nombre de sketas y pequeñas iglesias de madera en la montaña de Ceahlău es cada vez mayor e incluye asentamientos tanto de monjas como de monjes. Sólo la sketa de Durău ha resistido al paso del tiempo, con permanencia ininterrumpida hasta el siglo XX.

Vertiente oriental del monte Ceahlau. Fotografía: Paul Pătrăţanu.

Vertiente oriental del monte Ceahlau. Fotografía: Paul Pătrăţanu.

Veneración
No hay veneración pública de las monjas mencionadas en este artículo. Aunque aún no han sido canonizadas, sus vidas son conocidas entre los peregrinos que visitan los santos lugares de esta área. Su memoria se mantiene en pequeñas oraciones devotas ortodoxas llamadas “akathist”, una especie de equivalente oriental europeo del rosario.

La vida ascética en la montaña de Ceahlău se vive intensamente hasta hoy, tanto en su más misterioso y silencioso aspecto, lejos de los ojos del mundo, sino también en la común vida monástica. En 1992 el patriarca Daniel, que era entonces metropolita de Moldavia y Bucovina, inició el establecimiento del monasterio en el monte Ceahlău, siendo su principal fundador. El asentamiento está construido en una meseta de la montaña, rodeada por altos peñascos. Los materiales de construcción fueron transportados por helicópteros del ejército rumano y a expensas del ejército y del príncipe Dimitrie Sturdza, descendiente de la familia principesca de Moldavia, pero también de otros donantes de Rumanía y del extranjero. En agosto de 1993 la iglesia estaba terminada, siendo dedicada a la Fiesta de la Transfiguración del Señor y a San Esteban el Grande, príncipe de Moldavia. La consagración tuvo lugar el 28 de agosto en presencia del metropolita, junto a un grupo de obispos, sacerdotes y diáconos.

Vista general del monte Ceahlau, Rumanía.

Vista general del monte Ceahlau, Rumanía.

El lugar es difícilmente accesible durante el invierno. Pero en verano es habitual que haya peregrinaciones en torno al 6 de agosto, el día de la Transfiguración.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Ioanichie Bălan, Patericul Românesc, Editura Mănăstirii Sihăstria, 2005, pp. 226-230 and 257-259.
– Vasile Dumitrache, Mânăstirile și schiturile României pas cu pas, editura Nemira, Bucharest 2002.

Enlaces consultados (26/04/2014):
– www.eurotv.md/stire-sfintii-care-strajuiesc-ceahlaul
– http://alpinet.org/main/poteci/puncte_ro_t_poiana-maicilor_id_2172.html
– www.youtube.com/watch?v=wy-Y7wS33jI
– www.biserici.org/index.php?menu=BI&code=389
– http://ortodoxiepenet.blogspot.de/2011/08/liturghie-arhiereasca-pe-muntele.html
– http://ziarullumina.ro/actualitate-religioasa/ceahlau-muntele-rugaciunii

San Leoncio de Monemvasia, eremita

Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Hay que decir que estamos hablando de un santo venerado a nivel local, que no aparece ni en los sinaxarios ni en los menologios bizantinos.

San Leoncio vivió en la última etapa de los emperadores Paleólogos, concretamente, en tiempos de Constantino XI, que fue el último emperador bizantino (1449-1453). Se cree que nació en el año 1377 y era originario de Monemvasia – ciudad ubicada en una pequeña península de la costa este del Peloponeso -, siendo hijo del gobernador de toda la zona del Peloponeso, por lo que pertenecía a una familia noble y muy piadosa que lo educó en los principios de la moral ortodoxa. Fue un niño muy normal aunque cuando comenzó su educación escolar, mostró mucha diligencia, sintiendo verdadero placer tanto por los estudios de letras como por los de ciencias. En pocos años se convirtió en un excelente científico que quiso marchar al extranjero a fin de aprender idiomas.

Cuando terminó sus estudios, su padre lo envió a Constantinopla para que se codeara con los filósofos más sobresalientes a fin de conseguir una experiencia que él creía necesaria para poder dedicarlo a un trabajo funcionarial de alto rango dentro del palacio imperial. Fue tal la sabiduría y sensatez que adquirió Leoncio que el propio emperador sentía por él un afecto especial. Pero su padre murió y Leoncio tuvo que regresar a su tierra natal. Este admirado filósofo tuvo que abandonar la fastuosidad de la corte y regresar con su madre Teodora, quién al quedar viuda, quiso ingresar en un monasterio para dedicar el resto de sus días a la oración y la penitencia. Así, Leoncio se convirtió en el heredero de todas las posesiones de sus padres. El obedeció a su madre y esta ingresó en un monasterio.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Aunque contrajo matrimonio no llevó una vida mundana, sino que manifestaba un cierto fanatismo hacia todo lo que significara una vida virtuosa y de piedad. El matrimonio tuvo tres hijos, pero a él siempre le rondaba por la cabeza aquellas palabras de Cristo: “El que deje su casa, sus hermanos, padres, mujer, hijos y posesiones por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna” (Marcos, 10, 29), por lo que intentó y consiguió convencer a su esposa para que se quedara con sus hijos y todas sus propiedades y él pudiera dedicarse a llevar una vida dedicada enteramente a Dios viviendo como eremita.

Se encontró con un santo ermitaño llamado Menidi que fue para él un excelente maestro en las enseñanzas de Cristo y a quién siguió llevando una vida ascética con tanto ahínco, rigor, humildad y paciencia que rápidamente se ganó la admiración de todos. Pero como aun se sentía insatisfecho, se marchó al Monte Athos donde encontró a unos monjes, ascetas como él con quienes compitió en humildad y obediencia, convirtiéndose en un subordinado de los mismos, aunque era considerado por los eremitas atonitas como un ser excepcional, superior en virtud a todos ellos.

Como se sintió sobrevalorado, huyó de nuevo al Peloponeso, donde vivía en absoluta soledad, dedicado únicamente a la oración y al ayuno. Cuando fue descubierto, marchó hacia el norte, concretamente al Monte Klokos que está cercano a Aigio, donde pasó el resto de su vida. Durante el invierno el frío era intensísimo y en el verano, el calor era insoportable, pero él todo lo sobrellevó con infinita paciencia y fortaleza de ánimo. Sufrió todo tipo de tentaciones y llegó a sentir lo que los místicos llaman “la aridez del alma”. Jamás perdió el ánimo, siempre continuó en su camino de soledad y oración y Dios lo recompensó con el don de milagros.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

En aquel tiempo, los hermanos de Constantino Paleólogo – Tomás y Demetrio – eran los déspotas del Peloponeso. Como sentían por Leoncio gran admiración y respeto por ser un hombre de Dios, le construyeron una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel y algunas celdas anexas que con el devenir de los siglos se ha convertido en el actual monasterio de los Arcángeles. Le consiguieron abundantes reliquias de la Pasión y de algunos santos e incluso Demetrio terminó sus días siendo monje del mismo.

Sin quererlo, sin buscarlo, Leoncio se convirtió en un nuevo padre del desierto alrededor del cual se juntaron muchos otros eremitas. Murió en el año 1452 con setenta y cinco años de edad, siendo sepultado en una cueva en la que había vivido muchos años como ermitaño. Es recordado el día 11 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bogiazidis, H., “El beato Leoncio de Monemvasia”, Atenas, 1923
– Papadopoulos, A., “El santo Leoncio Paleólogo Mamonas”, Thessaloniki, 1940
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (02/04/2015):
– www.kalavrytanews.com/2012/07/blog-post_2813.html

Nuestra Señora de Guanajuato

Imagen de Nuestra Señora de Guanajuato sin sus habituales ropas que la cubren.

Imagen de Nuestra Señora de Guanajuato sin sus habituales ropas que la cubren.

Esta imagen de Nuestra Señora es considerada por muchos la más antigua en el territorio mexicano, a pesar, claro está, de que algunas otras también se disputan este título, pero lo que se cuenta de Nuestra Señora de Guanajuato es lo que muchos la consideren tal cual.

Todo esto nos lleva a empezar con nuestro relato, pues de esta imagen se dice, como de muchas otras, que hacia el año 714, durante la invasión musulmana a la península Ibérica, la imagen de Nuestra Señora se encontraba en Granada y, para que no fuera destruida por los musulmanes, fue escondida durante 800 años en una cueva y que, a pesar de permanecer tantos siglos escondida, la imagen permaneció incólume. Posteriormente, en el siglo XVI, dice la leyenda que la imagen fue encontrada de nuevo y se le entrego al emperador Carlos V, quien decidió donarla al pueblo de Guanajuato, en la Nueva España, en 1556, pero como un año después, en 1557, fue la época en que Carlos V abdico en favor de su hijo Felipe II, fue a este quien le toco expedir la Cédula Real por la cual obsequiaba dicha imagen al pueblo de Guanajuato. Este obsequio se explica debido a que Guanajuato, en esa época, era uno de los minerales más ricos de la Nueva España, y del cual la corona tenía grandes ganancias.

Le toco a un noble granadino, de nombre Don Perafán de Rivera, que había sido nombrado Alcalde Mayor, Juez de Minas de Guanajuato, llevar la imagen hasta su destino final, pero cuenta la leyenda que, estando ya cerca de dicha población, en un lugar llamado “La Yerbabuena”, perdió el camino don Perafán y su comitiva. Siendo ya de noche, don Perafán dio la orden que se sacara la imagen de la Virgen de la caja en que venía y, poniéndola sobre un tambor y encendiéndole dos velas, le suplicaron los ayudara a encontrar el camino hacia Guanajuato. A la mañana siguiente, la comitiva pudo divisar a dos palomas blancas, y fue un indicio de que estaban cerca de la población, y guiándose por estas aves, lograron llegar a Guanajuato un 8 de agosto de 1557.

A la llegada de la imagen, esta fue entronizada en la capilla de indios mexicanos conocida como “Los Hospitales”, que había sido fundada por don Vasco de Quiroga, donde estuvo hasta 1696, fecha en que se le construyó su nuevo y actual templo.

Plegaria a Nuestra Señora de Guanajuato para encontrar el camino.

Plegaria a Nuestra Señora de Guanajuato para encontrar el camino.

Cuando la imagen llegó a Guanajuato llevaba una rosa en su mano del mismo material de la imagen, y posteriormente se le agregó un rosario, esto causó, según narran algunas fuentes, que posteriormente, cuando la imagen iba tomando fama y devoción entre los pobladores, la Orden de Predicadores de Santo Domingo dijera que como se trataba de una Virgen del Rosario, les correspondía a ellos tener la imagen y administrarla, ya que dicha advocación era propia de su orden, ante tal demanda, se decidió entonces, para evitar más problemas y reclamos, retirarle tanto la rosa como el rosario, y sustituir estos por un cetro. La imagen posee una hermosa peana de plata donada en 1737 por José de Sardaneta y Legaspi.

En honor de que la imagen de la Virgen, se suponía, procedía de Santa Fe de Granada, se le concedió a la ciudad de Guanajuato el nombre de Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, así pues, la ciudad la honra por sus muchos favores que le ha concedido, se dice que en 1748 y 1854 libró a la ciudad de Guanajuato de unos terribles truenos que se escuchaban debajo de la tierra (¿temblores quizá? o ¿derrumbes por las minas?). En 1811 fue la ciudad atacada por una guerrilla y acudieron a la Virgen, y los invasores vieron un enorme ejército y en medio de este, a Nuestra Señora, por lo que decidieron huir.

De la misma manera se habla de que, en varias ocasiones, cuando la población se encontraba en una terrible sequía, se sacó en procesión a la imagen y al poco tiempo comenzó a llover, aun antes de terminar la procesión o poco después de haber sido regresada a su templo la imagen de la Virgen de Guanajuato.

Nuestra Señora de Guanajuato como luce revestida con ropa.

Nuestra Señora de Guanajuato como luce revestida con ropa.

Un milagro más que se narra trata sobre unos ladrones que intentaron robar las joyas que adornan la imagen y que, intentando romper el vidrio que la protege con fuertes golpes, no pudieron romperlo y que, al darse cuenta el sacristán por el ruido e ir a ahuyentarlos, este fue apuñalado varias veces, pero en su desesperación invocó a Nuestra Señora de Guanajuato y no sólo no murió, sino que en poco tiempo estuvo recuperado y pudo regresar a sus actividades.

El templo de Nuestra Señora de Guanajuato fue elevado a Basílica menor por S.S. Pío XII en 1957. Hace poco se decidió hacer una rosa de oro para restituirla a la mano de la Virgen como originalmente la llevaba, esta fue bendecida por S.S. Benedicto XVI en 2012 durante su visita a Guanajuato.

Nuestra Señora de Guanajuato es celebrada especialmente en la fiesta de su Patrocinio el segundo domingo de noviembre y en el mes de mayo, en memoria de que fue coronada un 31 de mayo y de que, como sabemos, mayo es el mes de María.

André Efrén

Beato Ignacio Maloyan, arzobispo católico armenio mártir

Fotografía del Beato Choukrallah (Ignacio) Maloyan.

Fotografía del Beato Choukrallah (Ignacio) Maloyan.

Shoukrallah Maloyan (en armenio Իգնատիոս Մալոյան) nació en Mardin (Turquía) el día 8 de abril del año 1869, en el seno de una familia católica armenia, llamándose sus padres Melkon y Farides Maloyan. Desde adolescente mostró al párroco de la localidad sus deseos de hacerse monje, por lo que fue enviado al monasterio libanés de Nuestra Señora de Bzommar, de la localidad del mismo nombre situada al norte de Beirut, donde se encuentra la sede patriarcal de la Iglesia Católica Armenia y que está regida por la Congregación Patriarcal de Bzommar, fundada en el año 1750. Cuando fue tonsurado como monje de la Orden Patriarcal de Bzommar, adoptó el nombre de Ignacio en honor de San Ignacio de Antioquía.

Terminó sus estudios de teología en el mes de agosto del año 1896, siendo ordenado de sacerdote en la iglesia del mismo convento en la festividad de la Transfiguración. Al año siguiente y hasta el 1910, o sea, durante trece años fue párroco de la comunidad armenia católica de Alejandría y de El Cairo, ganándose el cariño de sus feligreses y el respeto de los musulmanes egipcios.

El Patriarca Armenio, Su Beatitud Boghos Bedros XII Sebbaghian lo nombró secretario patriarcal en el año 1904, pero por un problema que le afectó a los ojos y a su capacidad respiratoria, su estancia en la sede patriarcal fue solo de meses, teniendo que regresar a su feligresía en Egipto adonde, como he dicho, se quedó hasta el año 1910. Fue entonces cuando el Patriarca lo envió a la diócesis de Mardin, a fin de poner orden entre un clero que actuaba con total anarquía.

El Sínodo Patriarcal Católico Armenio, reunido en el Vaticano el 22 de octubre de 1911, lo nombró arzobispo de Mardin y, con la aquiescencia de la Santa Sede, fue consagrado como tal. De esta manera, volvió a su localidad natal como obispo, haciéndose cargo de su desvastada diócesis, poniendo orden en el clero, restaurando la práctica sacramental y fomentando la devoción al Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen.

Monumento en honor al Beato.

Monumento en honor al Beato.

Como ya comentábamos en el artículo de ayer y en el de San Gregorio de Narek, en el verano del 1915 comenzó el genocidio armenio; el gobernador turco Resit Bey lo inició en la división administrativa de Diyabakir Vilayet, creada en el año 1867, persiguiendo y masacrando a los cristianos armenios (monofisitas) y asirios (nestorianos), lo que le valió el apelativo de “el carnicero de Diyarbakir”. El día 3 de junio de 1915, Mahmdouh Bey, jefe de la policía de Mardin, registró la sede del arzobispo Ignacio, acusándolo de tener armas y, siendo infructuosos los registros, detuvo al arzobispo y otras personalidades católicas armenias.

Sometido a interrogatorio para que se declarara culpable de guardar armas y se convirtiera al Islam, como el arzobispo se negó, Mahmdouh Bey le golpeó con la culata de su pistola y lo envió a la cárcel. Fue encadenado, le propinaron una terrible paliza y con unas tenazas le arrancaron las uñas de los pies. Mientras lo maltrataban, le obispo susurraba: “Señor, ten misericordia de mí y dame fuerzas”, y solicitó la absolución a los sacerdotes que estaban presentes durante la paliza.

Seis días más tarde su madre lo visitó en la cárcel y en vez de animar a su hijo, tuvo ella que ser animada por el obispo mártir. Asimismo animó a sus sacerdotes y fieles para que aceptasen el martirio si esta era la voluntad de Dios. Todos se absolvieron mutuamente y el arzobispo, con un poco de pan y vino que le llevó su madre, celebró clandestinamente la Eucaristía y la repartió entre los sacerdotes y los fieles.

Al día siguiente se ordenó la deportación forzosa al desierto del arzobispo, clero y fieles de la archieparquía, atándolos con cadenas, cuyo destino final era la localidad kurda de Aderchek, donde en unas cuevas cercanas a la ciudad asesinaron a más de cien personas ante los ojos del obispo. La caravana de deportados la conformaban unas cuatrocientas víctimas, entre las cuales iba el arzobispo y catorce sacerdotes.

Lienzo del Beato a partir de su fotografía.

Lienzo del Beato a partir de su fotografía.

Mahmdouh Bey le ofreció nuevamente al arzobispo Ignacio el salvar su vida si se convertía el Islam. El arzobispo hizo profesión de obediencia al gobierno turco, pero se negó a renegar de su fe cristiana: “Te he dicho antes y te digo ahora que viviré y moriré por mi fe y por la Iglesia Católica. Me enorgullezco de la cruz de mi Dios y Señor Jesucristo”. Enfurecido el jefe de policía, ordenó que se llevaran a los deportados a un valle distante, a unas cuatro horas de camino y allí, entre los días 10 y 11 de junio, asesinó a unas doscientas víctimas, y al arzobispo lo mató de un tiro en el castillo de Zerzevan. Tenía cuarenta y seis años de edad. Desnudaron los cadáveres, se repartieron sus ropas, los rociaron con gasolina y los quemaron.

Incoada la Causa del arzobispo Ignacio Maloyan, San Juan Pablo II aprobó el decreto de martirio el día 24 de abril del año 2001, beatificándolo en la Basílica de San Pedro el día 7 de octubre del mismo año. El Patriarcado Católico Armenio tiene también incoada la Causa de beatificación de cuarenta y tres de estos mártires y el Patriarcado Caldeo tiene incoada la Causa a otros catorce mártires.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Nazlean, J., “Los acontecimientos religiosos y políticos en Oriente Medio entre 1914-1928”, Beirut, 1960.
– Teodik, C., “El calvario del clero armenio”, New York, 1985.
– Ternon, Y., “Mardin dans la guerre mondiale”, Mazda Publishers, 2006.

Enlaces consultados (31/03/2015):
– www.azg.am/wap/?nl=AM&id=2001101815&Base_PUB=0
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20011007_beat-maloyan_en.html
– en.wikipedia.org/wiki/Patriarchal_Congregation_of_Bzommar

Canonización de los mártires del Genocidio Armenio

Cadáveres de refugiados armenios víctimas de la epidemia de tifus en el bosque lindero a la Santa Sede de Echmiadzín.

Cadáveres de refugiados armenios víctimas de la epidemia de tifus en el bosque lindero a la Santa Sede de Echmiadzín.

La canonización que hoy realiza la Iglesia Apostólica Armenia en la Santa Sede de Etchmiadzin, es sin lugar a dudas, la canonización más masiva de la historia de la Iglesia, pues se canoniza al más del millón y medio de víctimas inocentes masacradas por los turcos en el Asia Menor entre los años 1915-1923, en lo que se ha venido en denominar el “Genocidio Armenio”.

La Iglesia Armenia no tiene un método o norma establecido para realizar una canonización en el sentido en el que, aunque distintos, los tienen las Iglesias Católica y Ortodoxa. Durante los últimos quinientos años, esta Iglesia no ha realizado canonización alguna, ya que el último santo reconocido oficialmente fue San Gregorio de Datev, monje y teólogo armenio que vivió a caballo entre los siglos XIV-XV y esto ha sido debido, en gran medida, a las divisiones internas existentes en esta Iglesia que ha hecho que el Santo Sínodo haya llevado siglos sin ni siquiera reunirse al completo. Dada la complejidad de esta canonización que tiene muchas implicaciones políticas, los patriarcados de Etchmiadzin y Antelias llevan muchos años trabajando en ella, concretamente, desde el 1989, o sea, desde el setenta y cinco aniversario de la masacre.

Armenios ejecutados en Constantinopla, junio de 1915.

Armenios ejecutados en Constantinopla, junio de 1915.

En el mes de septiembre de dicho año se reunieron todos los obispos pertenecientes a los Patriarcados armenios de Etchmiadzin, Cilicia (Antelías), Jerusalén y Constantinopla, así como todos los obispos de la diáspora tomando la decisión de canonizar a todas las víctimas del genocidio. Tras largas deliberaciones decidieron canonizarlos colectivamente, como anteriormente ya se había hecho con los mil treinta y seis mártires de la batalla de Vartanants o como la propia Iglesia Católica lo ha hecho con los mártires de Otranto.

¿Pero qué fue el genocidio armenio? Fue la masacre de aproximadamente un millón y medio de armenios que, en varias fases, se inició cuando desapareció el llamado imperio otomano. Primero fue con el sultán Abdul Hamid II, luego con el régimen nacionalista de los llamados “Jóvenes Turcos” y finalmente con el mismísimo Kemal Ataturk, el llamado padre de la actual Turquía. Es cierto que desde 1894, en el período de declive del sultanato turco, se inició esta persecución contra los armenios, pero los hechos prosiguieron con muchísima más intensidad y crueldad una vez entrado el imperio otomano en la primera Guerra Mundial, especialmente a partir de la batalla de Sarikamis en enero del año 1915.

Niño armenios, víctimas de la masacre de Erzerum.

Niño armenios, víctimas de la masacre de Erzerum.

Desde entonces, los turcos acuciados por esta derrota ante los rusos y por la presión británica en el Cáucaso, iniciaron a partir del mes de abril una serie de actuaciones para acabar con el cristianismo en Anatolia. Es cierto que había comunidades armenias en otras partes del imperio, incluso en Estambul, pero allí la situación no fue tan dramática. Aunque a partir de agosto del 1915 se empezaron a conocer estos crímenes gracias a la denuncia del obispo armenio de Salónica y del Patriarca de Constantinopla, la comunidad internacional no consiguió detenerlos incluso presionando a Turquía. Aunque al finalizar la Guerra se firmaron unos tratados de paz, Turquía los incumplió sistemáticamente y los armenios siguieron sufriendo todo tipo de vejaciones y exterminaciones hasta desaparecer prácticamente en toda la Anatolia turca. Eso a pesar de que los británicos (que fueron quienes más se preocuparon de estas deportaciones y masacres) amenazaran al gobierno turco con juzgarles como genocidas al finalizar la guerra, cosa que al final, por diversas y complejas razones políticas tampoco se hizo.

Los armenios eran cristianos, culturalmente muy bien preparados, con cierta presencia en las actividades públicas y en su mayor parte, pertenecientes a una clase media que estaba repartida por todo el imperio otomano, pero especialmente en la parte asiática del mismo, o sea, la península de Anatolia. En el año 1915, las autoridades turcas cerraron sus escuelas y sus organizaciones sociales, profanaron sus iglesias, destruyeron sus monasterios, profanaron las tumbas de los santos, dispersaron su patrimonio e iniciaron contra los armenios una persecución sin precedentes, tanto por el hecho de ser armenios como por el hecho de ser cristianos. Primero fueron episodios de violencia y humillaciones aisladas en determinadas localidades; más adelante siguieron las deportaciones masivas al desierto cuyo principal objetivo no era trasladar a esta población sino destruirla, trenes repletos de deportados, masacres y sepulturas en inmensas fosas comunes. Muchísimos miles de personas murieron de hambre durante las interminables caminatas a través del desierto, cuyo último destino era Der-el-Zor, en Siria.

Mujer armenia llorando a su hijo, muerto de hambre.

Mujer armenia llorando a su hijo, muerto de hambre.

Es cierto que parte de la población turca se opuso a estos planes y que incluso los kurdos se esforzaron en algunos lugares para salvar a los armenios, pero el aparato del estado turco fue mucho más resolutivo que quienes se oponían. Los supervivientes, unos quinientos mil, fueron los armenios que lograron escapar y asentarse en Siria, el Líbano y en lo que era la Armenia independiente, luego anexionada por la URSS, quién siguió también persiguiendo a los armenios tanto por motivos religiosos como étnicos.

Como se desconoce no solo el número exacto de víctimas (hombres, mujeres, niños, y ancianos de todo tipo de profesiones) y como se desconocen la inmensa mayoría de los nombres, la canonización no podrá ser nominal. Además, la ausencia en la Iglesia Armenia de una metodología concreta para las canonizaciones y la abrumadora tarea de documentar la vida de cada una de las víctimas hace que sea prácticamente imposible el declararlos santos en el sentido propio del término. Se canonizan como pueblo que muere por su fe, no como persona una a una; repito: algo parecido a lo de los mártires de Otranto que fueron masacrados por ser cristianos.

Mujer armenia con quemaduras y lesiones en el cuerpo, fruto de la tortura.

Mujer armenia con quemaduras y lesiones en el cuerpo, fruto de la tortura.

Desde el punto de vista teológico, desde el momento de la canonización, ya no podremos hablar de víctimas, sino de mártires, ya no se rezará por ellos, sino que se les rezará a ellos. Cierto es que con esta canonización se hace también justicia, pero esta justicia debería extenderse a que toda la comunidad internacional reconociera aquel genocidio, al igual que se ha reconocido el genocidio nazi contra los judíos. En la Conferencia de París del año 1920 se reconoció este Genocidio, pero en la actualidad no llegan a una treintena de países los que han firmado este reconocimiento. España, por ejemplo, no lo ha hecho.

Como ha dado a conocer el prefecto de los archivos vaticanos, la Santa Sede, en honor de la Iglesia Apostólica Armenia, publicará en un libro una serie de documentos y testimonios procedentes de sus propios archivos, en los que se expone la enorme masacre de cristianos armenios llevada a cabo por los turcos. En la rueda de prensa dada por monseñor Sergio Pagano, explicó que en algunos de esos documentos se relatan actos de tal barbarie perpetrados por los soldados turcos contra las mujeres armenias embarazadas, que le hicieron sentir vergüenza como hombre, como por ejemplo, que los soldados turcos jugaban a los dados para adivinar el sexo del niño antes de matar al feto con una bayoneta, una vez extraído del vientre de la madre.

Quiero terminar este artículo con algunas frases extraídas de la Carta Encíclica de Su Santidad Karekin II, Patriarca y Katholicós de la Iglesia Armenia sobre el centenario del genocidio y la proclamación de sus mártires como santos.

Cabezas cortadas de armenios masacrados.

Cabezas cortadas de armenios masacrados.

“Cada día del año 2015 será un día de recuerdo y devoción para nuestro pueblo, un recuerdo a la memoria de nuestros mártires, delante de los cuales, con humildad nos arrodillaremos en oración, ofreciendo incienso por las almas de nuestras víctimas inocentes que yacen en tumbas sin nombres, pues aceptaron morir en vez de repudiar su fe y su nación. Por eso, realmente, “el sendero de los justos es como la luz del alba, que va en aumento hasta que es pleno día” (Proverbios, 4, 18)

(…)Hemos continuado viviendo aunque algunos nos querían muertos, porque Tú, ¡oh Señor! has querido que nuestra gente – condenada a muerte por un plan genocida – lograra vivir y resurgir, de tal modo que te podemos presentar esta justa conciencia de humanidad y de derecho de gentes, para liberar al mundo de la callosa indiferencia de Pilato…… Como Pontífice de los armenios, quiero anunciar a nuestra gente que el 23 de abril de 2015, durante la celebración de la Divina Liturgia, nuestra Santa Iglesia ofrecerá un servicio especial para canonizar a sus hijos e hijas que han aceptado el martirio como santos “por la fe y por la patria” y proclamará anualmente el 24 de abril como Jornada de recuerdo de los Santos Mártires del Genocidio…

Collage con distintas fotos mostrando detalles del genocidio.

Collage con distintas fotos mostrando detalles del genocidio.

¡Oh pueblo armenio, embellecido desde lo alto como una nación mártir, pero como una nación resurgida; vive con coraje, avanza con seguridad, con tu mirada dirigida hacia el monte Ararat que contiene el Arca y con el corazón inquebrantable ten alta tu esperanza. El aliento y el mensaje del Señor están dirigidos a ti: “Aunque no seas fuerte, fuiste fiel a mi palabra y no has traicionado mi nombre… retén lo que tienes para que nadie te quite la corona de la victoria” (Apocalipsis, 3, 8-11)

(…) Desde el santo altar de Etchmisdzin roguemos a Dios por la paz, la seguridad y el bienestar de nuestra patria, de nuestro amado pueblo en todo el mundo y sobre todo, por la luz eterna y la paz para las almas inocentes de los Santos Mártires del Genocidio. Puedan el amor y la hermandad, la justicia y la verdad reinar sobre toda la humanidad y puedan los caminos de los justos irradiar, orientar y difundir la luz hasta el alba de un día nuevo, que traiga la paz y la felicidad al mundo entero…”

Santos mártires armenios del Genocidio, rogad por nosotros.

Este artículo lo he realizado utilizando diversas informaciones publicadas en diversos medios de comunicación durante varios meses.

Ravished Armenia” (1919): Película sobre el genocidio

Vídeo de la canonización:

Antonio Barrero

Enlace consultado (22/04/2015):
– http://armeniangenocide100.org/es/