Santa Eufrasia Eluvathingal, religiosa de rito malabar

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Santa Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús, nació el 17 de octubre del año 1877 en la aldea de Kattor, perteneciente a la diócesis de Trichur, en la India, siendo hija de Antonio y Kunjethy, católicos de Rito Siro-malabar, quienes le impusieron el nombre de Rosa en el bautismo, celebrado el día 15 del mismo mes de octubre. Frecuentó la escuela elemental de su localidad y la profunda devoción que tenía su madre a la Santísima Virgen, se la inculcó desde niña a su hija Rosa, llegando a tener esta devoción mariana gran influencia en la futura vida de nuestra santa. Su madre le hababa también frecuentemente de Santa Rosa de Lima, de su forma de vida y de sus virtudes y esto influyó asimismo en los deseos de Rosa de querer llegar a la santidad aunque viviendo de manera escondida y tranquila.

Conforme crecía, empezó a despreocuparse de las cuestiones materiales, estando cada vez más interesada por todo lo relacionado con la vida religiosa. Se dice que con sólo nueve años de edad, se le apareció la Virgen María y ante Ella, Rosa se consagró a Jesús y que, a pesar de la fuerte oposición de su padre, que quería casarla con un hombre rico para mantener el estatus social de la familia, determinó que quería ser religiosa. Y de hecho, aunque desde pequeña su salud era muy débil, ya en su casa vivía como tal, pues compaginaba los estudios y la ayuda a su madre, con una intensa vida de oración, el rezo diario del rosario y la abstinencia de comer carne. Pero en su casa ocurrió una desgracia: una hermana menor murió de muerte súbita y eso hizo cambiar radicalmente la oposición de su padre, que accedió a que Rosa ingresase en un convento. Él mismo la acompañó personalmente para que ingresara en el colegio anexo al convento, que en Koonammavu tenía la Congregación de la Madre del Carmelo, fundada por San Kuriakose Elías Chavara. Allí permaneció por espacio de nueve años, siempre con el propósito de entrar en el convento.

He dicho anteriormente que era débil de salud y este estado físico le ocasionaba a veces dolores muy intensos. En una ocasión tuvo un ataque particularmente doloroso y eso puso a las monjas en la disyuntiva de si podría o no continuar allí, pero Rosa tuvo una visión de la Sagrada Familia y de forma milagrosa y repentina se recuperó y pudo continuar. El 10 de mayo de 1897 tomó el velo de postulante adoptando el nombre de Sor Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús y el 10 de enero del año siguiente, vistió el hábito religioso e inició el noviciado.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Era humilde, caritativa y hasta cariñosa, renunciaba a cualquier comodidad y sobre todo era devotísima de la Santísima Virgen, la cual la recompensó con una intensa alegría interior, que le hacía olvidar los dolores que le producían sus continuos achaques, sufrimientos que ella aceptaba, de los que nunca se quejó y los cuales, como ella misma más tarde dejó por escrito, la convertían en una esposa doliente con Jesús Crucificado. El 24 de mayo del año 1900, fue fundado el convento de Ollur, en la archieparquía de Trichur y en él, junto con otras tres hermanas, emitió sus votos solemnes, algo que le produjo una alegría indescriptible, pues desde ese momento ya sí que era una verdadera virgen consagrada.

Apenas realizada la profesión solemne fue nombrada ayudante de la maestra de novicias y desde el año 1904, por espacio de nueve años, tuvo la responsabilidad de ser la maestra del noviciado del convento de Ollur. A esa tarea se entregó con tanto empeño que de sus manos salieron futuras religiosas que al ver como su maestra llevaba una extrema vida de humildad, pobreza, penitencia, obediencia y abandono total en las manos de Dios, la tomaron como ejemplo y llevaron una vida santa.

Aunque ella quería pasar lo más desapercibida posible, fue elegida superiora de ese mismo convento de Santa María en Ollur; por humildad no quiso asumir esta responsabilidad, pero después de tener una nueva vivencia interior, la asumió, compró una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, la puso en el lugar más honorífico del convento y se confió totalmente a Él. De esta manera, ocupó esa responsabilidad desde el 1913 al 1916, cuando fue destinada a Manalur, aunque a causa de su salud, tuvo que regresar pocos meses después al convento de Ollur. Allí permaneció hasta su muerte, viviendo como religiosa cuarenta y ocho años, observando una vida tan recta y ejemplar que la gente la conocía como la “Madre oración” y las monjas de su comunidad como el “Tabernáculo móvil”, ya que siempre estaba en la presencia de Dios e irradiaba esta presencia en todo su entorno. Gran parte de su vida la pasaba junto al Sagrario y ante los pies de la Virgen, por lo que se convirtió en una apóstol de la Eucaristía y del rosario, que rezaba diariamente.

De esa unión completa con Cristo, le venía su capacidad de darse totalmente a los demás, encarnando plenamente el lema de su Congregación: “Permanecer unidas a Dios en la contemplación y consagradas a Dios en la acción”. Era tanta su entrega que acostumbraba a decir: “No os olvidaré, ni siquiera después de la muerte”.

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Como buena religiosa malabar tenía un profundo sentido de Iglesia, por lo que sufría por los problemas de la Iglesia de su tiempo, ofreciendo todos sus sufrimientos y oraciones por la unión de todos los cristianos de la India. Como bien sabemos, en el estado de Kerala viven tanto los cristianos malabares como los malankares y aunque los primeros son todos católicos, entre los segundos hay católicos y ortodoxos. Estas oraciones por la unidad de las Iglesias se las inculcaba a sus religiosas y a cuantos convivían con ella. Era un apóstol de la unidad y del ecumenismo.

Enferma, pero abandonada en los brazos de Dios, moría santamente el 29 de agosto del año 1952. Fue sepultada en el cementerio, pero en el año 1990 fue exhumada y trasladada a la capilla del convento. Todos quienes la conocieron estaban convencidos de su santidad, creciendo su fama sobre todo por los presuntos milagros que se realizaban junto a su sepulcro.

Durante toda su vida religiosa, prácticamente fue dirigida espiritualmente por el obispo Juan Menacherry, quién le ordenó revelarle todos los aspectos de su vida espiritual, bien de manera oral o escrita, guardando todas sus cartas. En total, se conservan 94 cartas manuscritas. Cuando este obispo murió entregó estas cartas a su sucesor, Mor Jorge Alappatt, quién se las entregó al superior de la Congregación de las Carmelitas de Trichur, diciéndole estas palabras, que fueron proféticas: “Guárdelas, porque las necesitará”. De hecho, estos documentos no solo nos revelan la espiritualidad de Santa Eufrasia, sino que sirvieron en la Causa de su beatificación y canonización.

Tumba de la Santa.

Tumba de la Santa.

El proceso diocesano de su Causa fue iniciado por la Eparquía de Trichur en el año 1988 terminando tres años más tarde. El decreto que convalidaba el proceso diocesano se emitió con fecha de 16 de noviembre de 1991. Fue declarada Venerable el día 5 de julio del año 2002. La promulgación del decreto que reconocía el milagro previo a la beatificación fue de fecha 26 de junio del 2006, siendo beatificada el domingo día 3 de diciembre del año 2006. El decreto reconociendo el segundo milagro previo a la canonización, fue promulgado el pasado 8 de abril y finalmente, fue canonizada por el Papa Francisco el día de ayer en la Plaza de San Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VITHUVATTICAL, L. “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (13/10/2014):
– http://euphrasia.in
– www.mothereuphrasiacmc.org

San Kuriakose (Ciríaco) Elías Chavara, sacerdote de rito malabar

Estampa devocional del Santo.

Estampa devocional del Santo.

Hoy, el Papa Francisco canoniza en la Plaza de San Pedro del Vaticano a seis beatos, dos de rito malabar y cuatro de rito romano. A partir de hoy vamos a escribir sobre cada uno de estos seis nuevos santos y hoy lo hacemos sobre San Kuriakose Chavara, sacerdote de rito malabar.

San Kuriakose Elías Chavara es el cofundador de los Carmelitas de María Inmaculada; nació el día 8 de febrero del año 1805, en Kainakari, estado de Kerala (India), en el seno de una familia católica de Rito Siro-malabar, formada por Iko Chavara y Mariam Chothirakkunel. En el bautismo, celebrado nueve días más tarde en la parroquia de Alappuzha, se le impuso el nombre de Kuriakose, o sea, Ciríaco; y después de realizar sus estudios primarios en su localidad natal, inició los estudios eclesiásticos en Pallipuram, bajo la guía del sacerdote Tomás Palackal, que era el rector del seminario, poniendo especial empeño en el estudio de la liturgia, del latín y de las lenguas habladas en la India y distinguiéndose entre sus compañeros por su espíritu de piedad y de caridad.

Fue ordenado sacerdote en Arthunkal el 29 de noviembre de 1829, celebrando su primer Divino Qurbana en la parroquia de Chennamkary. El 11 de mayo de 1831 empezó a colaborar con el padre Palackal y con el padre Tomás Porukara en la fundación de los Siervos de María Inmaculada, con la intención de dedicarse a llevar una vida monástica, pero abierta a un apostolado ejercido fuera del convento. El primer monasterio lo fundaron en Mannanam en el año 1831. Muertos los padres Palackal en el 1841 y Porukara en el año 1849, la Congregación quedó exclusivamente bajo su responsabilidad, lo que hizo que el 8 de diciembre de 1855 la convirtiera en la Congregación de los Siervos de María Inmaculada del Carmelo (Carmelitas de María Inmaculada), emitiendo los votos de la Tercera Orden de los Carmelitas Descalzos, tomando el nuevo nombre de Kuriakose Elías de la Sagrada Familia.

Posteriormente, él mismo recibiría la profesión de otros diez sacerdotes, llegando a ser el primer prior de la Congregación, que en el año 1861 se agregaba a la Orden de los Carmelitas Descalzos, formando la Congregación de los Terciarios Carmelitas Descalzos de Rito Siro-malabar. Durante su etapa de prior de la nueva Congregación demostró tener unas extraordinarias dotes de formador y enseñante religioso, una espiritualidad fundamentada en un amor intenso a la Sagrada Eucaristía, una devoción filial a la Santísima Virgen, un acatamiento total y absoluto a la Iglesia Católica – recordemos que todos los malabares son católicos -, un gran espíritu de oración y de sacrificio y una sensibilidad muy particular hacia los nuevos métodos de evangelización en la India.

Monasterio de Mannanam, Kerala (India).

Monasterio de Mannanam, Kerala (India).

Puso especial empeño en la predicación de ejercicios y retiros espirituales, en la dirección espiritual de los fieles, imprimiendo estos sentimientos a los miembros de su Instituto, quienes ayudaban al Vicario Apostólico de Verapoly y a los misioneros europeos carmelitas que evangelizaban el estado de Kerala. Hay que destacar la labor del padre Leopoldo Beccaro, que desde el año 1864 fue su director y confesor, así como maestro de los nuevos novicios y con el cual, en el año 1866 fundaba en Konammavu en primer convento femenino de la Orden Tercera Carmelitana, del cual en el año 1887 – cuando fue reorganizada la jerarquía de Rito Siro-malabar -, surgieron dos Congregaciones, una malabar y otra latina. La de Rito Malabar se difundió de manera autónoma por muchas diócesis malabares, aunque en el siglo XX se reunificó en un único Instituto denominado “Instituto de la Madre del Carmelo”, mientras que la latina formó a las Carmelitas Teresianas de Verapoly, ciudad en la que establecieron su Casa-Madre.

Fue muy importante la actividad desarrollada por San Kuriakose durante los desórdenes causados por el intruso pseudo-metropolita caldeo Tomás Rochos, el cual se las arregló para atraerse a una parte de las parroquias de Rito Malabar, originando un cisma dentro de la Iglesia. En esa coyuntura, en el año 1861, el Vicario Apostólico Baccinelli, le impuso por obediencia la responsabilidad de ser el Vicario General de los católicos de Rito Malabar. En esta responsabilidad, trabajó intensamente a fin de recomponer la unidad, sufriendo, rogando, empeñándose, predicando y actuando con muchísima prudencia para eliminar las consecuencias del cisma.

Cuando el metropolita caldeo se marchó en el año 1863, su antiguo secretario se fue de Bagdad (Iraq) a la India con la intención de seguir la senda del primer metropolita intruso. Kuriakose intentó convencerlo de que aquella intromisión era perjudicial para la Iglesia, pues aunque las Iglesias Caldea y Malabar tienen el mismo origen litúrgico y son dos Iglesias católicas, sin embargo son independientes y autónomas. A pesar de esta intensa actividad, siempre tenía tiempo para componer algunas obras de carácter espiritual, tanto en prosa como en verso, en lengua malayalam, obras que fueron editadas poco después de su muerte, a excepción de algunos escritos pastorales y litúrgicos que él mismo, en vida, trató de publicar.

Pintura de la muerte del Santo.

Pintura de la muerte del Santo.

Siempre se preocupó de manera muy especial por la formación de las personas de las castas más bajas de la India, abriendo una escuela gratuita en el año 1846 en Mannanam, creando un original sistema de enseñanza denominado “a la escuela y a la iglesia”. Este sistema tuvo gran éxito en las llamadas “pallikudam” (escuelas) del estado de Kerala. Estaba convencido de que la educación de los niños, sin distinción de sexo, era fundamental para conseguir elevar el nivel social de los más desfavorecidos. A él se debe la fundación de la primera imprenta católica en la India y de ella salió el primer periódico escrito en lengua malayalam.

Era un sacerdote que irradiaba y practicaba una intensa caridad fraterna, especialmente, con las castas más bajas de la India; en definitiva, era un hombre de Dios. Esa caridad y esa atracción que ejercía hicieron que su Congregación floreciera hasta el punto de que atravesara las fronteras de su propio país. Hoy los Carmelitas de María Inmaculada están asentados en la India y en algunos países limítrofes.

Después de una breve enfermedad, murió en Konammavu el día 3 de enero del año 1871, con sesenta y seis años de edad, rodeado de sus hijos, del vicario general de la diócesis y del padre Leopoldo Beccaro. En el año 1889, sus restos fueron trasladados a la nueva Casa central de la Congregación en Mannanam, donde su sepultura es muy visitada tanto por los cristianos malabares, malankares y latinos, como por personas de otros credos religiosos.

El mismo padre Beccaro previendo su proceso de beatificación, escribió su biografía en lengua malayalam inmediatamente después de su muerte. El proceso informativo fue iniciado por el arzobispo de Changanacherry, Mar Mateo Kayukattu el 3 de enero de 1958 y en el año 1971 fue enviada toda la documentación a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. La Causa fue introducida oficialmente en Roma el 15 de mayo de 1980, mientras que el decreto de reconocimiento de sus escritos ya había sido firmado el 12 de octubre del 1973. Fue declarado venerable el día 7 de abril de 1984 y solemnemente beatificado por San Juan Pablo II, el día 8 de febrero del 1986, en Kottayam (India) durante la celebración del Divino Qurbana (Santa Misa), en Rito Siro-malabar. En un artículo publicado el día 23 del mes pasado de octubre reprodujimos una foto de dicha ceremonia. El pasado 3 de abril el Papa Francisco promulgó el decreto de reconocimiento del milagro requerido para su canonización.

Sepulcro actual del Santo.

Sepulcro actual del Santo.

Repito que hoy, festividad de Cristo Rey, será canonizado por el Papa Francisco, junto a los beatos Eufrasia Eluvathingal, Juan Antonio Farina, Ludovico Palmieri de Casoria, Amato Ronconi y Nicolás Saggio de Longobardi, sobre los cuales seguiremos escribiendo a partir de mañana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BECCARO, L., “Ciriaco Elía Chavara” (traducción al italiano), Roma, 1974
– MACCA, V. G., “Bibliotheca sanctórum, Primer Apéndice”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987

Sierva de Dios Mercedes de Jesús Egido Izquierdo, O.I.C

Fotografía de la Madre Mercedes de Jesús.

Fotografía de la Madre Mercedes de Jesús.

Pregunta: Hola!! En primer lugar daros las gracias por la página Web, Enhorabuena. Al ver la entrada de la Santa Beatriz de Silva y al ver el nombre de otras concepcionistas venerables, me parece que podéis también incluir a la Sierva de Dios Madre Mercedes de Jesús Egido, que llevo a cabo un proceso de renovación de la Orden de la Inmaculada y actualmente está en proceso de beatificación. Su vida y sus escritos son muy interesantes, cargados de muchos deseos de amar a Dios y seguirle. Simplemente es una sugerencia, por si quereis publicar su vida en vuestra página. Os dejo esta dirección donde os podeis informar de su vida: www.monjasconcepcionistasdealcazar.com. Atentamente, un abrazo.

Respuesta: Con mucho gusto escribimos sobre la S. D. Madre Mercedes de Jesús, reformadora de la Orden de la Inmaculada Concepción. Qué mejor oportunidad que esta para escribir sobre ella, ya que en agosto de este mismo año se ha cumplido el décimo aniversario de su fallecimiento. Sirva este artículo para que se conozca más su persona, obra, espiritualidad y proceso de beatificación.

Infancia
En los albores de una España convulsa, nacía en Salamanca la niña María del Rosario Egido Izquierdo. Era el día 29 de marzo de 1935, y para el matrimonio formado por don Ildefonso y doña Carmen, era la sexta hija de los nueve que llegaron a tener. Para las costumbres de la época se le bautizó tarde, el día 21 de abril en la parroquia del Sancti Spiritu. Sus padrinos fueron sus dos abuelos paternos.

Mientras la niña iba creciendo, a la misma vez iba empapándose de las buenas costumbres que la familia tenía, sobre todo del ambiente cristiano que en este hogar se respiraba. Sus padres fueron sus verdaderos maestros, de ambos aprendió muchas cosas que a lo largo de su vida le marcarían en su vocación religiosa. No dejaba de ser una niña, y como tal hacía las travesuras típicas de esta edad. Su madre a veces les culpaba por cosas que ella no había hecho; apenada y temerosa de Dios, no llevaba la contra a su madre y refugiada en sí misma decía: “El día del Juicio se sabrá”.

La Madre Mercedes de Jesús fotografiada con otras dos compañeras el día de su toma de hábito.

La Madre Mercedes de Jesús fotografiada con otras dos compañeras el día de su toma de hábito.

Los duros años de la posguerra afectaron también a esta familia, por lo que el matrimonio, en vista de la difícil situación, decidió internarla a ella y a su hermana en el colegio de las Hijas de San Vicente de Paúl. En este colegio fue feliz, aunque le costó acostumbrarse a vivir separada de su querida familia. Tenía una rica personalidad, siempre se mostraba alegre y para su corta edad era muy sensata, además de consciente. Así la describían tanto las compañeras como las religiosas. Aparte también se le recuerda como una niña muy inteligente, con 11 años llevaba tres cursos de adelantado a lo que su edad correspondía.

El día 2 de mayo de 1943 tomó la comunión en este colegio y para María del Rosario (Madre Mercedes de Jesús) fue uno de los días más felices de su vida. Recordaba con felicidad como la noche anterior no durmió nada, pensando que recibiría a Jesús Sacramentado. Este hecho nos dice mucho de la personalidad que estaba definiendo, sólo contaba con ocho años cuando recibió la primera comunión. En este colegio fue madurando y su pequeña alma se llenaba de grandes anhelos. En 11 de mayo de 1946 hizo la confirmación en la parroquia de Sancti Spiritu de Salamanca, donde fue bautizada.

El deseo de las Hermanas e incluso de sus padres era que hiciese los estudios de magisterio, como la mayoría de las señoritas de la época. Ella no era reacia a hacerlos, cualidades no le faltaban, pero Dios tenía para ella otros planes. Sin terminar los estudios superiores, abandonó el colegio para irse a Madrid junto a su familia. Allí su padre emprendió un negocio y toda la familia ayudaba para que éste marcharse bien. En este tiempo tuvo un pequeño periodo de “enfriamiento” en la vida religiosa. Gracias a unas predicaciones de los Padres Redentoristas, que removieron su espíritu y la empujaron a una sincera confesión, volvió otra vez a retomar sus piadosas costumbres y a frecuentar los sacramentos.

Vocación
Desde sus años en el colegio, la Sierva de Dios anhelaba ser misionera y ayudar a los niños negritos, muchas noches se imaginaba las catequesis que daría a estos niños. Pero como hemos visto por un tiempo esta idea se fue enfriando, hasta que a la edad de 15 años se afianzó su vocación y prometió a Dios ser virgen y dedicarse a hacer el bien al prójimo. En esta etapa en la que Dios iba fecundando su alma se dedicó a cumplir lo que había prometido, y ayudaba a todas aquellas personas que lo necesitaban, aparte también acudía con frecuencia al Santo Rosario, a las novenas, a las adoraciones eucarísticas etc. Solía tener la curiosa costumbre de quedarse sola en la iglesia cuando todo el mundo salía, entonces ella recorría uno por uno los altares rezando un Padrenuestro, este hecho llevó al sacerdote a llamarla cariñosamente “la niña de los altares”.

La Madre Mercedes de Jesús en Roma.

La Madre Mercedes de Jesús en Roma.

En el año 1950 dos de sus hermanas mayores ingresaron en el monasterio de las Concepcionistas Franciscanas de La Puebla de Montalbán (Toledo). Madre Mercedes de Jesús aún tenía deseos de ser misionera, pero todo cambió cuando sus hermanas y el director espiritual de éstas le propusieron que también podría ser misionera junto a ellas. Ella reflexionó mucho sobre esta frase y en su interior se preguntaba: “Si lo importante es salvar almas, ¿no querría Dios que lo hiciese desde el monasterio?”. Después de pensarlo y pensarlo, decidió que sería monja de clausura, pero tuvo que esperar tres años para poder ingresar en el monasterio, y mientras esperaba pasó por el doloroso trago de perder a su padre, don Ildefonso.

El día 25 de octubre de 1953, día de Cristo Rey, la Sierva de Dios ingresó en el monasterio de la Puebla de Montalbán. Tenía 18 años y un espíritu dispuesto a obrar el bien dentro y fuera de esos muros. En los trabajos más humildes y sencillos era cada día más fiel y crecía más en santidad. Un año después, el 27 de abril de 1954, tomó el hábito, y el 12 de mayo de 1955 hizo su profesión temporal junto a sus hermanas Sor Espíritu Santo y Sor Presentación, que hacían su profesión solemne. Ese día fue inmensamente feliz y pidió a Dios que su madre también gozase de esa dicha siendo algún día monja. Dios se lo concedió: Doña Carmen, estando viuda y con sesenta años, ingresó como monja hasta los casi cien que llegó a vivir como tal.

En las tareas que se le encomendaban, en el silencio, en la penitencia etc; fue buscando agradar solamente a Dios. Entre otras tareas desempeño también la de maestra, con 21 años. Finalmente hizo la profesión solemne el 16 de mayo de 1958, tomando el definitivo nombre en religión de Mercedes de Jesús.

La Madre Mercedes de Jesús con las nuevas reglas de la Orden de la Inmaculada Concepción.

La Madre Mercedes de Jesús con las nuevas reglas de la Orden de la Inmaculada Concepción.

Reforma y vuelta a las fuentes
En enero de 1964 fue traslada al monasterio de Alcázar de San Juan (C. Real), a petición de la Madre Mª Ana Alberdi (también en proceso de beatificación). En este pueblo del corazón de La Mancha, la Sierva de Dios fue muy feliz. Sus virtudes fueron reconocidas, fue elegida abadesa sin tener la edad canónica suficiente. En este monasterio del Sagrado Corazón, Madre Mercedes de Jesús recibió la inspiración divina a través un sueño-visión de resucitar el verdadero carisma fundacional de su Orden. Esta idea ya estaba madurando en su interior desde unos años atrás, pero la interpretación de este sueño fue el empujón que necesitaba. Ella echaba de menos la espiritualidad propia con la que un día, casi quinientos años atrás, Santa Beatriz de Silva fundó la Orden de la Inmaculada Concepción. Con el fin de no extenderme en exceso, diré que el carisma fundacional de esta Orden, por hechos históricos y reformas de las diferentes órdenes, derivó en las reglas franciscanas, quedando muy limitado el carisma de Santa Beatriz de Silva. El Concilio Vaticano II animó mucho a Madre Mercedes de Jesús a comenzar de una vez la magna tarea de “volver a las fuentes”, y aunque sabía que no sería un camino de rosas, emprendió la restauración, despertando por esta razón algunas divisiones internas. Pasaron unos intensos años de oración y sacrificios, incluso viajó a Roma para entrevistarse con el cardenal Pironio (en proceso de beatificación), le presentó personalmente sus objetivos con respecto a la restauración. En 1981 se comenzó en el nuevo monasterio de la Inmaculada y de Santa Beatriz de Silva (Alcázar de San Juan), el “experimento” de vida monástica puramente concepcionista, así se refería a esta prueba Madre Mercedes. Más tarde se le sumaría un segundo monasterio filial a éste, que sería el del Creador y la Inmaculada en Campo de Criptana, fundado por la Sierva de Dios.

A lo largo de su vida contó con incondicionales ayudas, como la de los obispos de Ciudad Real, que aprobaron sus nuevos estatutos. El día 8 de septiembre de 1996 fue un gran día de gozo, la Sagrada Congregación de los religiosos y vida consagrada había aprobado estas modificaciones en las Constituciones Generales de la Orden; se suprimía la espiritualidad franciscana que un día se le añadió, y se sustituían por la espiritualidad mariana de Santa Beatriz de Silva, la fundadora. Con esta nueva forma de vida y renovado carisma que de ahora en adelante adoptaban, vivían dentro de la Orden de la Inmaculada Concepción, siendo solamente Concepcionistas. Madre Mercedes de Jesús, dichosa, vio cumplida la tarea que se le encomendó. Restaurada su querida Orden, decía: “¡Gloria a Dios, que por bien empleados están los 27 años que costó conseguirlo!”.

Fotografía de la Madre Mercedes de Jesús.

Fotografía de la Madre Mercedes de Jesús.

Últimos años y proceso de beatificación
Su vida de penitencia y sacrificio, además de los sufrimientos que padeció por la “vuelta a las fuentes”, debilitaron mucho a Madre Mercedes. Sufría con ejemplar paciencia los dolores y molestias que le ocasionaba su enfermedad, estos dolores los unía a los de Cristo por la salvación de los hombres y por las vocaciones. Se ofrecía ella misma a Jesús así: “Toma mi vida, Señor, calladamente, a favor de mis hermanos. ¡Quiero morir, como tú, en silencio, para que otros vivan! ¡Vivir muriendo!”. En esta enfermedad quería dar ejemplo y por ello no dejó nunca de atender ninguna obligación que tenía. Poco a poco ya no podía resistir más estos duros dolores y después de unos exámenes médicos, le diagnosticaron un severo carcinoma que afectaba gravemente a varias partes de su cuerpo.

Como es lógico, todas las religiosas se turnaban para atenderla en lo que serían sus últimos días en la tierra. La Sierva de Dios Madre Mercedes de Jesús, muy consciente de todo, seguía la misa, el rosario, el novenario, etc, desde su habitación. Uno de sus últimos días, mientras rezaba el rosario, tuvo fuertes tentaciones del demonio, a sus hijas les dijo que lo venció con el Amor. El día 2 de agosto ya se encontraba muy enferma, por lo que recibió la comunión y la extremaunción. Al día siguiente, 3 de agosto de 2004, Madre Mercedes, con 69 años edad y 51 de vida religiosa, moría santamente rodeada de sus hijas. Entre otras palabras, antes de morir dijo: “Doy gracias a Dios porque me ha permitido cumplir mi misión”.

Sus hijas decían que hasta para morir coincidió con Santa Beatriz de Silva, ya que ésta también murió en los primeros días de agosto, en el novenario dedicado a San Lorenzo. Murió en olor de santidad, el funeral estuvo repleto de gente que se acercó desde muy lejos a rendirle sus respetos y a acompañar a sus huérfanas hijas. Fue enterrada en el pequeño cementerio que las Hermanas Concepcionistas tienen en el monasterio de Alcázar de San Juan. En su austera sepultura, que está pintada a mano, se puede leer: “Nació para morir el día 29 de marzo de 1935, murió para vivir el día 3 de agosto de 2004″.

Sepulcro de la Sierva de Dios. Agosto 2014.

Sepulcro de la Sierva de Dios. Agosto 2014.

Fueron muy numerosas las peticiones que llegaron a las Concepcionistas para que se abriera su causa de beatificación. Abriéndose el proceso diocesano en el mismo monasterio hace unos años, en noviembre del año pasado fue clausurado y enviado a Roma. La Madre Mercedes de Jesús fue declarada Sierva de Dios y, según algunas fuentes, su proceso de beatificación está bastante avanzado.

David Garrido

Bibliografía:
“Madre Mercedes de Jesús: el retorno al Origen Santo”, Concepcionistas de Alcázar de San Juan.

Enlace consultado (16/11/2014):
– www.monjasconcepcionistasdealcazar.com

San Juan Berchmans, religioso S.J.

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en "Galerie illustrée de portraits" S.J., 1893.

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en “Galerie illustrée de portraits” S.J., 1893.

Introducción
La juventud ha sido destinataria particular de la atención de la Iglesia, pues su formación implica la forja de los adultos de las próximas generaciones, quienes tendrán en sus manos el progreso de la sociedad y de la misma iglesia. Hasta hace unos cuantos años la protección de los muchachos estaba alentada por la vida de tres jóvenes jesuitas: San Luis Gonzaga, que ostenta de hecho el Patronato sobre la juventud, San Estanislao de Kotska y San Juan Berchmans. Estos tres modelos ofrecen todavía muchos ejemplos a los muchachos de hoy para poder santificarse en su estado de vida.

Ahora toca a San Juan Berchmans, un joven con origen distinto a los otros dos referidos, pues no es de origen noble como ellos, sino del común del pueblo. Su vida nos inspira a ser responsables en nuestras obligaciones y a seguir con la sonrisa en el rostro aunque las dificultades quieran ensombrecerla.

Infancia
Juan fue el primero de cinco hijos habidos en el matrimonio de Juan Berchmans con Isabel Van der Hover. Nació el 13 de marzo de 1599 en Diest, Bélgica. Su padre era un maestro zapatero que también trabajaba en la alcaldía de la ciudad, donde conoció a su esposa, que desde muy pronto comenzó a estar enferma. Por ello, Juan, desde pequeño, tuvo que adaptarse a esta situación: no haciendo travesuras o escándalos, cuidando a sus hermanos, ayudar en los quehaceres domésticos. Con diez años cumplidos fue colocado como trabajador en la casa de un sacerdote vecino para ayudar en los gastos familiares. Este hombre, viendo las cualidades del pequeño, lo acogió con gusto en su casa.

Dos años después, con 13 años cumplidos se trasladó a vivir a Malinas, trabajando como empleado de un canónigo y cuidando a dos chicos holandeses. Tres años posaron cuando en el lugar se fundó un colegio jesuita al que decidió entrar. Su padre no estuvo de acuerdo y movió cielo y tierra para impedir su decisión, pero ésta ya estaba tomada; algo muy curioso para su progenitor, dada la docilidad del adolescente y su singular amabilidad. Con cinco meses de novicio, le llegó la noticia de que su madre estaba moribunda y que se requería su presencia pero no fue; envió en cambio una carta piadosa que causó lástima en el corazón de sus papás. Unos meses posteriores a la muerte de su madre, su padre ingresó al seminario, ordenándose poco tiempo después.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 - 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 – 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Religioso
Juan siempre fue un muchacho amable y alegre, le apodaron “el hermano alegre”. Fue un joven aplicado al estudio y responsable en sus obligaciones, cuando no alcanzaba a estudiar, dedicaba tiempo al estudio en su habitación hasta bien entrada la noche. Siempre jovial y atento con los demás, era escogido por ello como un ejemplo a presentar cuando había visitas en el colegio. Se decía de él que si alguien andaba de mal humor su sola compañía lo disipaba. Obediente a las indicaciones de su maestro de novicios, siempre trató de hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria. Cada servicio que le solicitaban, era un servicio a Cristo Jesús.

El muchacho tenia buena presencia, pues era rubio, de mediana estatura, faz alargada, ojos castaños, rasgados y saltarines, a través de los cuales se brotaba la inocencia de su alma. Era considerado un ángel en medio de los hombres. Fervoroso en la oración y muy práctico en las cosas espirituales decía: “Hablar sin ton son de cosas espirituales, molesta”; supo vivir en comunidad, pero también descubrió sus dificultades: “Mi mayor penitencia: la vida común”.

Tenía una inteligencia abierta a la erudición y la cultura. Dominar el inglés, el francés y el alemán le guiña el ojo; además del flamenco, habla el italiano desde que se fue a Roma a estudiar, el latín lo dominó por disciplina clerical. Le gustaba también estudiar el griego.

Tuvo un gran amor a la Santísima Virgen María, a quien le mostraba una tierna devoción llena de confianza y de cariño filial. Un año antes de morir firmó con su sangre: “afirmar y defender donde quiera la Inmaculada Concepción de la Virgen María”. Un estribillo que diariamente repetía era: “Quiero amar a María”. Tuvo esta convicción: “Si logro amar a María tengo segura mi salvación; perseveraré en la vida religiosa, alcanzar cuanto quisiere; en una palabra seré todopoderoso”.

Roma
En 1596 fue enviado al Colegio Romano que tenía la Compañía de Jesús en la Ciudad Eterna. Allí sobresalió por las virtudes que ya han sido descritas y particularmente por su aplicación al estudio. El 8 de julio anterior a su muerte pronunció un discurso en un certamen público al que asistieron grandes personalidades. Allí mostró su habilidad para hablar el latín, su buena memoria, su habilidad retórica, todo conforme a los cánones establecidos; con voz suave llena de seguridad, de tono amable con posiciones valientes, modestia y humor que fue lo demostró con su pericia. Alguien del público comento: “Si no es porque lo supiera cierto, juraría que este no es un joven sino un ángel”. Un mes después el 6 de agosto, tuvo que presentarse a una discusión semejante en el Colegio Griego. Al verse impedido el presidente del evento, Juan fue invitado como sustituto; allí también se echó al bolsillo al público por su participación encantadora.

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Espiritualidad
Juan tuvo como divisa cumplir siempre lo mejor posible sus obligaciones, a pesar de sus deficiencias físicas y de sus enfermedades. Conforme al espíritu de San Ignacio de Loyola siempre tuvo presente: “Buscar y hallar a Dios en todo. Amar y servir en todo”. Fue siempre obediente, dedicado al estudio, atento al necesitado. Todo ello impresionando gratamente a quienes lo conocieron.

Sin embargo hay que proponer un punto muy delicado. Este entusiasmo fue el que causo su enfermedad y muerte. San Ignacio de Loyola siempre consideró primordial la salud del individuo y en esto, San Juan Berchmans, debió ser más precavido, abierto y preciso para con sus superiores y ellos mismos también debieron prestar más atención a ésto.

Muerte
En agosto de 1599, luego del certamen en el colegio, tuvo que ser ingresado a la enfermería del colegio por unos dolores de cabeza. El padre Cepari, Rector del mismo, ya se había dado cuenta meses antes de estos malestares y de su cansancio crónico, fuera de él, nadie lo había notado en la casa; pero Juan no tenía en cuenta sino servir sobre todas las cosas, sobre el estudio, la desgana y las molestias corporales, así servía a Dios y consagraba su dolor uniéndolo a la Pasión de Cristo.

Los días siguientes su situación se tornó más pesimista hasta que murió de total agotamiento. Pasadas las 8 de la mañana del 13 de agosto de 1599, a la edad de 25 años entrego su alma a Dios; sus últimas palabras fueron: “Jesús, María”. En sus manos tenía un crucifijo, el rosario y el libro de las reglas de la Compañía de Jesús. Fue colocado en un catafalco en la vecina iglesia de San Ignacio, a donde acudió de repente una conglomeración de gente. En medio del tumulto, luego del servicio religioso, los presentes, de manera indiscreta y rapaz, arrancaron gran parte de su ropa y del recubrimiento del catafalco para llevársela como reliquia, tuvieron que volver a vestir el cuerpo y se descubrió que faltaba un dedo del pie. Todo ello debido a la gran fama que tenía su personalidad.

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Culto
San Juan Berchmans fue sepultado en la iglesia de San Ignacio. Fue beatificado el 9 de mayo de 1865 por el Beato Pio IX y canonizado el 15 de enero de 1888. La compañía de Jesús celebra su memoria litúrgica el 26 de noviembre.

Humberto

Bibliografía
– MARTINEZ PUCHE, J. Antonio, Nuevo Año Cristiano, Noviembre, EDIBESA, Madrid, pp. 448-452.
– VVAA, Año Cristiano, VIII agosto, BAC, Madrid, 2005 pp. 415-419.

Santa Águeda Yi So-sa, mártir coreana

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

El próximo 25 de noviembre se celebra la festividad de una mártir coreana, Águeda Yi So-sa -que no debe ser confundida con Águeda Yi Kannan, a la cual ya le dedicamos un artículo en el blog- que fue una de los 79 mártires de la persecución de 1839. De hecho, fue, junto a su hermano Pedro Yi Ho-yong, la primera en ser capturada y la que más tiempo pasó en prisión, luego de sufrir un terrible martirio por su fe.

Una laica coreana
Águeda Yi (o Yi Águeda, como era llamada en realidad) nació el año 1784 en Kuwul, cerca de Inchon, en la provincia coreana de Kyonggi, el mismo año en que era bautizado en Peking el primer católico coreano, Yi Sung-hun. Nuestra protagonista, que compartía el nombre asiático Yi con el griego de Águeda en honor a la mártir de Catania, como tantas otras cristianas y mártires de su época y patria, era una mujer de corazón amable y de buenas maneras, que siempre traía luz y alegría a los de su casa. Sin embargo, en su juventud no recibió una educación religiosa adecuada. Esto se debió al hecho de que su padre no era católico y de que su madre, aunque era catecúmena, realmente no entendía gran cosa del catecismo.

A la edad de diecisete años, Águeda se casó con un hombre que no era católico, por lo que su vida se distanció de la fe. Pero sucedió que no pudo tener hijos y, entristecida por esta situación, buscó algo con que llenar el enorme vacío de su vida. Este vacío fue a llenarlo su hermano, Ho-yong, que nació dos años después de que ella se casara. Él, que era diecinueve años menor que ella, fue siempre su gran fuente de alegría. Esto se hizo más patente cuando, un año apenas después de su nacimiento, el joven marido de Águeda murió, dejándola viuda tan sólo después de tres años de matrimonio y sin ningún hijo. Esta tragedia provocó en Águeda una gran inseguridad y le hizo desconfiar de su futuro. Necesitaba descubrir que su vida tenía valor, tenía algún sentido, y darle con ello estabilidad. Y esta sensación vino a intensificarse cuando su padre murió poco tiempo después de su marido.

Triste vida familiar
Vista la situación, Águeda decidió fortalecerse y decidió abandonar la casa de su marido para regresar a la de sus padres. Lo hizo tanto por retornar a los orígenes de su fe, como por el hecho de sentirse responsable de su hermano pequeño, Ho-yong. De hecho, se sentía agradecida de que su madre hubiera hecho bautizar a su padre antes de su muerte, facilitándole un tránsito pacífico. Sin embargo, la vida en el hogar era muy dura. Ella tenía que cuidar de su madre y de su hermano, pero además, la poca herencia que el padre les había dejado pronto se esfumó; por lo que se vio obligada a trabajar de costurera para poder mantener a la familia.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

En medio de todas estas dificultades, Águeda nunca perdió su serenidad. Se dedicó a estudiar la doctrina católica y a enseñarla a su hermano pequeño. Juntos afrontaron la pobreza y vivieron una vida de amor a Dios y de obediencia a los mandamientos. El ejemplo de los mártires de la persecución de 1801 y su eterna victoria a través de la muerte se mantenía viva en sus corazones. Como modelaban su vida en función de la de los mártires, los demás católicos los veían como una familia católica modelo.

En el Diario Gihae escrito por Hyon Song-mun se dice de Águeda Yi: “Después de que su padre murió, Águeda perdió todas sus propiedades. Vivía con su anciana madre y su hermano pequeño en una extrema pobreza. Las dificultades que tuvo que soportar están fuera de toda descripción. A pesar de su pobreza, a ella se la veía siempre serena y con una sonrisa feliz. Es imposible relatar toda su bondad, sus bellas palabras, sus buenas obras. Ella era humilde y cortés, de modo que todos la alababan, la querían y la admiraban por la belleza de sus acciones”.

Martirio
Águeda Yi fue arrestada por la policía junto con su hermano en febrero de 1835, siendo ambos arrojados a la prisión. El interrogatorio al que fueron sometidos se desarrolló mediante tortura, pues la intención del comisario de policía era forzarlos a renegar de su fe y a denunciar a otros creyentes como ellos. Sin embargo, ellos replicaron: “Dios es nuestro Padre y no podemos traicionarlo. Si te damos los nombres de otros creyentes, les perjudicaremos, de modo que tampoco lo haremos”. El comisario dio orden de torturarlos, y la forma de tortura empleada era tan brutal que había sido prohibida por decreto real en 1732, pero de nuevo reintroducida especialmente para el interrogatorio de los católicos.

Águeda fue apaleada hasta que su carne colgó a tiras y sus piernas quedaron dolorosamente retorcidas y deformadas, pero permaneció firme. Como se negaba a renegar de Dios y de su fe, los verdugos la desnudaron, la colgaron del techo con los brazos atados a la espalda, y la golpearon por todo el cuerpo con un palo. Pocos días después la volvieron a sacar para golpearla hasta que su cuerpo no fue más que un desecho ensangrentado. Pero las únicas palabras que ella dijo al torturador fueron: “No puedo traicionar a la Iglesia”.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

El comisario, dándose cuenta de que no iba a tener éxito, llevó a hermano y hermana de nuevo ante el tribunal, que juzgó el caso y emitió sentencia. Pero pasaron los cuatro años siguientes en la cárcel porque la sentencia no fue confirmada por el rey. En estos cuatro años, y a pesar de que Pedro y Águeda estaban en celdas separadas, de vez en cuando los guardias les permitían reunirse y los hermanos aprovechaban estas ocasiones para fortalecerse el uno al otro y hacer solemne promesa de que morirían juntos, como mártires, el mismo día. Pero Pedro no pudo cumplir la promesa: malherido, con los huesos rotos y fuera de lugar por las palizas, sucumbió a la debilidad y a la enfermedad: “Hubiese querido morir por la espada, admitió, pero ya no quiero nada que no sea la voluntad de Dios”, y falleció el 2 de noviembre de 1938, a los 36 años de edad, siendo el primero de los 103 santos mártires coreanos.

Seis meses después de la muerte de Pedro Yi Ho-yong, llegó la confirmación real de cumplir con la sentencia. Así que el 24 de mayo de 1839, Águeda fue sacada de prisión, junto con otros ocho católicos que habían sido arrestados después de ella. Los llevaron al lugar de ejecución, más allá de la Pequeña Puerta Oriental, y allí los decapitaron. Águeda tenía 56 años de edad. Se dice que se santiguó reverentemente justo antes de que le cortaran la cabeza.

Fue canonizada el 6 de mayo de 1984 en la plaza Yoido, en Seúl, por el papa San Juan Pablo II. Como ya hemos dicho al inicio del artículo, su festividad, la suya y la de su hermano, se celebra el próximo día 25 de noviembre, pero ante la imposibilidad, por razones de calendario, de publicarlo en ese día, los recordamos hoy.

Meldelen

Enlaces consultados (17/11/2014):
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/211
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/219