Beato Pedro de Asúa y Mendía, sacerdote mártir

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Hoy, día de su beatificación, queremos escribir este artículo sobre el Beato Pedro de Asúa y Mendía, arquitecto y sacerdote mártir de la diócesis de Vitoria.

Pedro de Asúa y Mendía, nació en Valmaseda (Vizcaya) el día 30 de agosto del año 1890, siendo el penúltimo de seis hermanos, hijos del matrimonio formado por don Isidro Luís de Asúa y San Millán y doña Francisca Mendía Conde. Fue bautizado por el coadjutor de su parroquia el día 4 de septiembre, quién le impuso los nombres de Pedro León Juan. Cuando tenía cuatro años, ingresó en el Colegio de las Hijas de la Cruz en Valmaseda para recibir la instrucción primaria y en él permaneció hasta que cumplió los nueve. Era un niño inocente, respetuoso, juicioso y dócil a quién le gustaba asistir a las ceremonias religiosas que se celebraban en la capilla del colegio.

Recibió el sacramento de la Confirmación el día 23 de julio del año 1899 e hizo su Primera Comunión el día de la Inmaculada del año 1900. Desde ese año hasta el 1906 estudió en el colegio de Orduña, preocupándose cada vez más por sus estudios y teniendo informados de ellos a sus padres mediante una relación epistolar bastante estrecha. Era además muy desprendido con sus compañeros y es por esto por lo que quiero transcribir unas palabras que sobre él escribió su buen amigo y compañero Ignacio María Smith: “En la época en la que fui encargado de la procura – nombre que dábamos a una especie de economato que teníamos para proveernos de los objetos imprescindibles para los estudios – era frecuente la aportación de Pedro con sus vales, pues las monedas no nos servían para las transacciones, para socorrer las necesidades de otros compañeros, hecho no insólito en él, pero que no abundaba en los demás”.

Conseguido el título de bachiller en el año 1906, como era un gran amante de la naturaleza, observando la belleza y el orden de las construcciones naturales y como además le entusiasmaban las matemáticas, marchó a Madrid para estudiar arquitectura, consiguiendo terminar la carrera en el año 1914, cuando tenía veinticuatro años de edad. El título oficial de arquitecto, le fue expedido por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el día 11 de marzo del 1915. Compaginaba sus estudios de arquitectura con la música, algo que le venía de familia porque ambos padres eran grandes aficionados musicales. Las vacaciones las pasaba en Valmaseda, donde seguía participando en la escolanía de la parroquia y, junto con su grupo de amigos, en las diversiones y romerías propias de la época estival. Aunque tenía muchas amigas, no se le reconoce ninguna relación especial con ninguna de ellas, lo que no fue obstáculo para que conociera los problemas propios de esa etapa juvenil; en este sentido, le escribía a un amigo que se encontraba en Cuenca: “Debes tener cuidado de no intimar demasiado con personas que no lleven una vida honesta y, si bien es verdad que a veces no hay más remedio que trabar amistad con ellas, no es menos cierto que esa amistad debe reducirse entre ciertos límites prudenciales, que sin pecar de grosero sirven para darse uno a respetar”.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Conseguida la titulación, en el mismo año 1915, dirigió la construcción del “Coliseo Albia” de Bilbao y terminado este, en el año 1917 realizó diversos trabajos en Madrid, principalmente dirigiendo reformas de casas y construyendo el frontón “Jay-Alay”. Posteriormente, marchó de nuevo a su pueblo natal para construir las “Escuelas Mendía”, un proyecto de uno de sus tíos, que finalizó en el otoño del 1920, fecha en la que ingresó en el seminario. Sus trabajos como arquitecto lo compatibilizaba con sus obras de apostolado y – como era un enamorado de la Eucaristía, que recibía diariamente y ante la cual pasaba largas horas de adoración en el Sagrario -, con su entrega a la obra de la “Adoración Nocturna Española”, quiso extender esta devoción en todos los ambientes donde se movía. Con solo veintisiete años de edad era todo un apóstol de la Eucaristía. Un joven arquitecto que amaba su profesión, a quién la vida se le mostraba sin tropiezos ni dificultades pero que estaba dispuesto a dejarlo todo para “ser sacerdote en el mundo, ya que hacen falta sacerdotes celosos y cultos”. Se lo comunicó a sus padres y ellos, complacidos, le dieron su bendición.

Como había estudiado latín, ingresó directamente como alumno externo en los cursos de Filosofía del Seminario de Vitoria. Como asimismo tenía profundos conocimientos de Lógica, Psicología Experimental y Ética, solo le quedaba estudiar Metafísica General y la Especial, en los tres campos de la realidad: el mundo, el hombre y Dios. En el Seminario de Vitoria permaneció un año. Sin que se sepa el por qué, el año siguiente, se matriculó como alumno externo en el Seminario Conciliar de Madrid, cursando el primero de Teología: Teología fundamental, Teología Dogmática, Lengua Hebrea y Arqueología. Al año siguiente volvió a Vitoria matriculándose como alumno interno en el Seminario Conciliar, donde terminó sus estudios teológicos. El Rector del Seminario definió brevemente su comportamiento: “A pesar de que Don Pedro de Asúa reunía relevantes cualidades personales y sociales, no pretendió nunca ni singularidades ni excepción alguna respecto de la disciplina del Seminario, apareciendo en todo como uno de tantos”. Trabajo, sencillez, compañerismo y oración.

En el último curso se plantea la idea de acondicionar mejor el Seminario de Vitoria, le encargan la confección de los planos del nuevo Seminario, hace sus primeros croquis de las plantas y cómo sería la fachada y recaba la ayuda de otro arquitecto. Compagina estos trabajos profesionales con sus estudios y preparación para recibir las Órdenes Sagradas. El 5 de abril de 1924 fue ordenado de diácono y el 14 de junio, de sacerdote. Cantó su Primera Misa solemne, en su localidad natal, el día 27 de junio, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Determinados cuales serían los terrenos donde se construiría el nuevo seminario, se colocó la primera piedra el 28 de abril de 1926; la construcción del seminario duraría casi cuatro años y medio. Dejó de ser arquitecto para ser sacerdote y ahora, que ya lo era, trabajaba de nuevo como arquitecto, aunque sin cobrar ni un solo céntimo en concepto de honorarios. Además, se sabe que más de una factura las pagó él de su propio bolsillo. Dirigía las obras con toda amabilidad, aun cuando algún trabajador se hubiera equivocado al realizarlas, su paciencia era inalterable, su modestia y simpatía no tenían limitaciones; todos los trabajadores apreciaban en él un conjunto de virtudes que sobresalía de lo corriente, de lo ordinario. Aunque pertenecía a una noble y rica familia y había adquirido un importante prestigio y renombre como arquitecto, jamás se observó en él el menor atisbo de vanidad, sino todo lo contrario. El 28 de septiembre de 1930 fue bendecido e inaugurado el nuevo Seminario, asistiendo al acto el rey Alfonso XIII. Roma lo premió dándole el título de Camarero Secreto Supernumerario, lo que suponía darle el título de Monseñor, título que jamás utilizó.

Durante la época de la República él fue el arquitecto de la diócesis: arregló iglesias en ruinas, reparó casas e instalaciones parroquiales, dirigió las obras de las escuelas de Guecho, hizo los planos de una reforma en el Seminario de Santiago de Compostela, los planos del Seminario de Oviedo y otras muchas obras más. Esto le dio la posibilidad de relacionarse con muchos sacerdotes, de abonar personalmente muchas de esas obras cuando las parroquias no disponían de medios económicos y de aprovechar su presencia en los pueblos para hacer comprender a los sacerdotes y seglares comprometidos, la importancia de la catequesis y del apostolado en la Acción Católica. Aun así, a pesar de ocupar este puesto de arquitecto, su mayor anhelo era ser nombrado párroco de la parroquia más humilde de la diócesis, por lo que tuvieron que insistirle una y otra vez para que entendiera que esa también era una forma de trabajar, de prestarle un gran servicio a su diócesis. El quería ser como el santo cura de Ars y como no le fue posible hacerlo en un pueblo o aldea, se dedicó al apostolado en su pueblo natal, al que acudía siempre que tenía algún tiempo libre.

Como sacerdote era humilde en extremo, pacífico aun en las mayores contrariedades, de una prudencia exquisita, generoso con todos sin hacer distinción alguna, comprensivo, piadoso y que llevaba una vida espiritual conforme en todo con lo dictaminado por el Derecho Canónico para un sacerdote secular. Un rasgo que ya desde niño le caracterizó fue su amor a la Eucaristía y eso lo expresaba no solo en el modo en el que oficiaba la Santa Misa y en su predicación, sino en sus asiduas visitas para orar ante el Sagrario. Tenía por costumbre cada vez que iba a un pueblo para visitar unas obras, pasarse antes por la parroquia para visitar al Santísimo. La Eucaristía era el foco que iluminó toda su vida sacerdotal. Suyas son estas palabras: “Qué queremos expresar al decir que Cristo está personalmente en la Eucaristía? Que ahí está el Verbo Divino unido a su sacratísima Humanidad, en la que habita, como dice San Pablo, la plenitud de la divinidad corporalmente. Por tanto, está en su compañía la Santísima Trinidad, porque no puede separarse una Persona de otra, ya que son un solo Dios…”. Como consecuencia de estos sentimientos eucarísticos, fundó la Adoración Nocturna en Valmaseda.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

En su pueblo no solo desarrolló una intensa actividad sacerdotal, sino que también realizó una importante acción social. Apremiaba a los ricos para que pusieran sus bienes al servicio de los más necesitados, daba ejemplo viviendo tan modestamente que incluso llevaba una sotana raída y desteñida por el tiempo, jamás se puso el capisayo de Monseñor, los pobres siempre eran bien acogidos en su casa, visitaba asiduamente a los enfermos, consideraba escandaloso que la Iglesia se apartara de las clases trabajadoras y defendía con ahínco no solo el derecho del hombre y de la mujer al trabajo, sino que este tenía que ser justamente remunerado. Dos derechos: trabajo y justa remuneración. Decía que “el ideal de una sociedad cristiana era estar bien organizada, para dar trabajo a todos los que quieran trabajar y retribuirlos debidamente. Los esfuerzos de todos, deben encaminarse en este sentido”. Y consecuente con esto, realizó numerosas gestiones a favor de trabajadores que, o bien tenían problemas económicos familiares, o habían sido tratados injustamente en sus trabajos. También por eso, le encantaba predicar dando a conocer las enseñanzas de las encíclicas “Rerum novarum” de León XIII y “Quadragessimo anno” de Pío XI.

Realizó otras muchas actividades docentes, como consiliario de la Asociación de ex alumnos maristas, como apóstol de la Acción Católica y como director de retiros espirituales, pero para no alargar en exceso este artículo no incidiré en estas actividades apostólicas llevadas a cabo por Don Pedro. Sin embargo, no me resistir a añadir que era miembro de la Tercera Orden Franciscana.

Últimos días de su vida
El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil y el País Vasco, desde el punto de vista geográfico, estaba en el llamado bando republicano. Aunque era muy conocido y querido en Valmaseda, fue llamado varias veces por el “Frente Popular” para que se presentase en el Ayuntamiento de la localidad. Él, intuyendo que las cosas podían ir a peor, comentó un día en la parroquia: “Hay que estar preparado para todo, aun para el sacrificio de la vida, por si el Señor nos la exige”. El 25 de agosto fueron a buscarlo a su casa, pero no lo encontraron porque estaba en Bilbao. De Bilbao marchó a Erandio a casa de unos familiares y allí, el día 29 de agosto, a las tres y media de la tarde fue detenido en casa de sus tías y montado en un auto, lo llevaron a Liendo (Cantabria), donde llegaron a las once de la noche. Lo hicieron descender del coche y custodiado por unos milicianos lo hicieron adentrarse por un camino a la derecha de la carretera. Mientras ascendía, Don Pedro iba rezando: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Virgen Inmaculada, recíbeme en tus brazos”. Al llegar a una pequeña explanada, fue fusilado. Dos tiros atravesaron su cabeza y un tercero le destrozó la clavícula derecha. Los milicianos arrastraron el cadáver y lo tiraron al foso de un calero antiguo. Un vecino de Liendo, que escondido había presenciado toda la escena, por miedo no dijo nada.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Veinticuatro días más tarde, pasó por el lugar un pastor, quién asomándose al fondo del pozo, vio el cadáver y lo puso en conocimiento del Ayuntamiento de Liendo y del juez municipal. Recogieron el cadáver y sus pertenencias: una boina, un reloj, dos pañuelos unas tijeras y tres duros de plata que llevaba en el bolsillo pequeño de su chaqueta. Le dieron sepultura y allí permaneció durante dos años. Mientras tanto, su familia vivió temiéndose lo peor pero sin tener confirmación alguna. Cuando Vizcaya y Cantabria fueron tomadas por las tropas de Franco, sus familiares haciendo pesquisas se enteraron de que en el juzgado municipal de Liendo había depositado un reloj con las iniciales P.A. Indagando, tuvieron conocimiento de los hechos y supieron donde estaba sepultado. El 31 de julio de 1938, fue exhumado y llevaron los restos a Valmaseda, siendo inhumado en el cementerio de su localidad natal. Actualmente, desde el 11 de abril de 1956, se encuentra sepultado en la capilla del Seminario de Vitoria.

A nivel diocesano, el Proceso Informativo se inició el 14 de diciembre de 1960, concluyéndose, el 24 de mayo de 1962. El Nihil Obstat se dio el 30 de septiembre del 2005. El Papa Benedicto XVI ordenó la promulgación del Decreto de martirio, el 27 de enero de 2014 y su beatificación es en el día de hoy, 1 de noviembre del 2014, en la catedral de Santa María, en Vitoria (España).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CASIERI, A., “Bibliotheca sanctórum, I Apéndice”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– GOICOECHEAUNDIA, J., “Arquitecto y sacerdote: Mons. Pedro de Ansúa y Mendía”, Gráfico-Editora, S.L., San Sebastián, 1944.

El Señor de la Misericordia de Ocotlán, Jalisco

Vista de la venerada imagen en Ocotlán, Jalisco (México).

Vista de la venerada imagen en Ocotlán, Jalisco (México).

Introducción
La Región Ciénega del Estado de Jalisco comprende varios municipios que están en torno a la rivera de la Laguna de Chapala, el lago más grande de México. Por esta razón esta zona es rica en tierras fértiles que hacen de la agricultura una actividad económica muy fuerte junto con la ganadería. La cabeza de esta región se encuentra en el municipio de Ocotlán, que tiene rango de ciudad y cuya etimología de origen náhuatl significa: “lugar donde abundan los ocotes”. En esta localidad está la Parroquia del Señor de la Misericordia, que alberga una imagen de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, misma que le da nombre a la iglesia y que es el tesoro más preciado de los habitantes de Ocotlán.

Historia
Luego de la Guerra de Independencia, la vida social de Ocotlán tuvo un deterioro moral entre sus habitantes. Las crónicas refieren como hacia el año de 1847 (año de la invasión norteamericana en México), las costumbres se habían degradado, tornándose en vicios y crímenes, sucediendo asaltos y asesinatos a plena luz del día, los valores cristianos se habían perdido en las luchas que se hicieron por obtener la independencia de España; la vida cristiana se enfrió y la indiferencia religiosa con el libertinaje sentaron su presencia en los corazones de los habitantes del lugar. Más la mano de Dios, que siempre se hace presente en el destino de la humanidad, se manifestó para que en medio del dolor y el sufrimiento, los que estaban alejados volvieran a su presencia. Él siempre busca que el que ha perdido su amistad vuelva a recuperarla y que quien como el Hijo Prodigo, ha caído en el pecado, experimente con su arrepentimiento, el perdón, su misericordia y la reconciliación.

El Párroco de Ocotlán, Julián Martin del Campo, narra en carta del 3 de octubre de 1847 al Gobernador de la Mitra de la Diócesis de Guadalajara y en otra fecha el 4 de octubre al Obispo Diocesano, el fenómeno que ocurrió en ese lugar dando origen a esta advocación del Señor de la Misericordia. En sábado 2 de octubre de 1847. un gran temblor de tierra azotó la región como a la 7:15 de la mañana, mismo que tuvo una réplica como entre las 9.00 y las 10:00; los destrozos causados fueron terribles, pues además de caerse la iglesia parroquial y el curato, todas las viviendas se vinieron abajo, quedando los moradores de Ocotlán a la intemperie; hubo desgajamiento de cerros, los animales huyeron a los potreros sin control alguno y quedaron muchos heridos y damnificados; entre los días 2 y 3 fallecieron cuarenta y seis personas. La situación a que quedo reducida la población no se podía describir.

Pintura en la parroquia de Ocotlán reproduciendo la aparición.

Pintura en la parroquia de Ocotlán reproduciendo la aparición.

No bien pasaron las veinticuatro horas de la catástrofe, como era domingo, el pueblo se reunió en lo que quedaba del templo o más bien dicho, en el cementerio que estaba en el atrio para participar en la misa. Entonces, como entre las nueve y diez de la mañana, ocurrió que en el cielo se figuró en una nube la imagen exacta y perfectamente definida de Jesucristo Crucificado por espacio de una media hora, mientras cerca de dos mil personas eran testigos de ese suceso, las cuales, de rodillas, imploraban con lágrimas en los ojos, misericordia a Dios con gritos incontenibles. Dicho acontecimiento con palabras parecidas fue notificado por José Antonio Jiménez, Alcalde de la Villa, al Gobierno del Estado. A estos testimonios se unen otros veintinueve, los cuales se integraron a un expediente que está resguardado en el Arzobispado de Guadalajara. Dichos testimonios se efectuaron el día 4 de octubre siguiente y recaban noticias sobre lo que vieron otras tantas personas entre ellos, los dos sacerdotes del lugar y otros ciudadanos que se consideraron por su probidad, como dignos para deponer la noticia bajo juramento. Todos los cuales coinciden en una aparición en el cielo de una cruz formada de nubes muy reluciente y sobre ella, la perfecta imagen de nuestro Redentor, misma que parecía descender sobre los presentes, causando honda emoción y llevando a todos a llorar por sus pecados e invocar la misericordia divina. La visión desapareció luego de poco más de media hora, mientras el crucificado movía su brazo derecho.

Como consecuencia de estos sucesos, el Obispo de Guadalajara, Don Diego Aranda y Carpinteiro se hizo presente en el lugar para dar apoyo material y espiritual a sus fieles, mandando también que se hiciera una investigación para dejar asentado el prodigio y poder emitir una sentencia eclesiástica al respecto, la que aunque se hizo, no tuvo el dictamen oficial. Así en 1871, los vecinos de Ocotlán pidieron por escrito al Párroco que se hiciera otra investigación, recabando testimonios de los sobrevivientes de ese año para tener una formal opinión de la Jerarquía. Entre los treinta y cinco testimonios sobresalen los de diez mujeres y de cinco sacerdotes, todos coincidieron que era cierta la piadosa creencia de la aparición del Señor Crucificado.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Hecho este expediente, el caso fue retomado en 1911, en que el Arzobispo de Guadalajara, Don José de Jesús Ortiz hizo una vista pastoral a Ocotlán, pidiendo al P. José María Cornejo el estudio del hecho histórico de la aparición del Señor de la Misericordia. Dicho sacerdote, analizando los expediente y en base a tres líneas:
1. Si hay información testimonial que obra en actas y esto es afirmativo,
2. si tales hechos son sobrenaturales y
3. si es factible aprobar la devoción que la Parroquia de Ocotlán profesa a una imagen llamada “Señor de la Misericordia”, emitió un juicio favorable, en el que vale la pena transcribir lo siguiente: “para este fin, basta que el hecho no sea un fraude o una alucinación y que sea históricamente cierto, esto último es evidente; en cuanto a lo demás las circunstancias de modo, lugar, tiempo, hace imposible cualquier suposición de fraude o ficción, o engaño o superchería, así como hacen imposible suponer la alucinación de un hecho que a plena luz del día presenciaron más de dos mil personas. Haciendo un esfuerzo de incredulidad, se podría decir que la cruz y hasta la imagen de Nuestro Señor Jesucristo que se dieron en el cielo fueron una de tantas formas caprichosas de las capas atmosféricas, las corrientes de aire, la desigualdad condensación y la multiforme expansión de los vapores de aire y los variadísimos efectos de la reflexión y refracción de la luz solar, concediendo que así hubiera sido, es decir, calificado este hecho de puramente natural, nadie negará que en aquellas circunstancias fue un medio de que Dios Nuestro Señor se valió para significar su Misericordia con su pueblo… fenómeno natural es el arcoíris y eso le bastó a Dios nuestro Señor para significar su alianza y misericordia al afligido Noé”.

Por esto expuesto, con Edicto del Arzobispo Don José de Jesús Ortiz, fechado el 29 de septiembre de 1911, se aprueba el culto y veneración de los fieles de Ocotlán a la venerada imagen, señalando en dicho edicto que la aparición no tenía duda, reservando un dictamen sobre el carácter milagroso a la Santa Sede. Dicho edicto dispone que “Para que nunca se desatienda la misericordia del Señor con aquel pueblo, queremos y mandamos que todos los fieles se congreguen y juren solemnemente en la presencia de Dios, por si y por sus descendientes, que año por año, celebrarán el 3 de octubre, con el esplendor posible, con acciones de gracias, la expresión de su reconocimiento a la multitud y grandeza de los favores recibidos”. Siendo este el origen de la fiesta en honor del Señor de la Misericordia. Cabe señalar que la legislación litúrgica impide que sea declarado o constituido o jurado por Patrón de un lugar a ninguna de las personas de la Santísima Trinidad; este juramento entonces no es para declarar Patrón de Ocotlán al Señor de la Misericordia, sino para jurarle vasallaje de amor, fidelidad y gratitud por parte de sus habitantes.

Monumento afuera de la parroqua en el espacio que ocurrió la aparición.

Monumento afuera de la parroqua en el espacio que ocurrió la aparición.

Descripción de la imagen
La imagen actual del Señor de la Misericordia es el resultado de un proceso que los fieles de esta ciudad siguieron para lograr una efigie que fuera lo más idéntica a la que se apareció en el cielo la mañana del 3 de octubre de 1847. La primera que se veneró fue una pintura que se presentó al Obispo en su vista pastoral en noviembre de ese año. La siguiente imagen es un crucifijo que actualmente se halla en la Capilla del Santísimo Sacramento en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de esa ciudad. La posterior es otra que se halla en la Sacristía de esta parroquia y la actual, que se halla en el altar mayor.

Ésta es una obra de Antonio Robledo, natural de Ocotlán, que data de finales del S. XIX y principios del S. XX y que cuando el autor la labró, lo hizo bajo la estricta vigilancia de varios testigos oculares y que cuando iba a poner mano sobre dicha escultura, oraba de rodillas pidiendo al cielo luz y acierto para realizar la imagen que se le había pedido. La tradición popular asegura que esta imagen de Nuestro Señor Jesucristo es idéntica a la que se apareció en el cielo. La descripción de la misma la hace el M.I.Sr. Cango. Don Luis Enrique Orozco Contreras en su libro de Los Cristos de Caña de Maíz y otras venerables Imágenes de Nuestro Señor Jesucristo: “Este Santo Cristo es casi del tamaño natural, los músculos de los brazos, antebrazos, piernas y tibias aparecen bien modelados y las formas de pies y de manos son perfectas. No tiene exageradas las costillas, ni aparece un Cristo sangriento. Son muy patentes, pero discretas, las llagas de sus rodillas, de los hombros y la herida del costado. Su rostro es hermoso y con manifiestas señales de dolor, con los ojos bajos, el ceño un poco fruncido, la nariz recta, la boca cerrada y la llaga de la mejilla izquierda poco sangrante. La cabeza dulcemente inclinada sobre el hombro derecho y el pie derecho sobre el izquierdo. Lleva sobrepuestas una peluca y porta la tradicional corona de espinas con las potencias hecha de oro”. Con motivo del 150° aniversario de la aparición se hizo una revisión y restauración de la imagen, que consistió en fumigación, limpieza de la cruz y la imagen, quitar los retoques y descubrir el color original, resane de grietas y craqueladuras, repintar la sangre, hidratación de la imagen. El trabajo estuvo a cargo del Escultor Felipe de Jesús Flores Domínguez y se realizó entre el 24 de julio y 20 de agosto de 1997.

Culto
Los habitantes de Ocotlán tienen un fervor enorme por este Santo Cristo y han tratado de varias maneras hacer patente ese cariño. Hacia 1936, el 3 de octubre, en un acto sin precedente, la imagen fue coronada y por tal motivo se compuso el himno en su honor. La coronación fue realizada por el Excmo. Sr. Obispo de Tabasco, Dr. Don Vicente Camacho, en sustitución del prelado diocesano Don José Garibi Ribera, quien por obstáculos que malintencionadamente pusieron hombres maliciosos para impedirlo, no pudo realizar la ceremonia. En 1947 se celebró el centenario de la aparición con un derroche de esplendor en honor al Señor de la Misericordia. En 1997, con la dirección del Párroco Don Rafael Martínez Sainz, ahora Obispo Auxiliar emérito de Guadalajara, se efectuó la celebración del siglo y medio de esta aparición con bastante fruto espiritual y alegría externa.

Decoración del templo parroquial durante el novenario a la venerada imagen.

Decoración del templo parroquial durante el novenario a la venerada imagen.

Cada año, el 20 de septiembre se hace la renovación del juramento de vasallaje al Señor de la Misericordia, en que los ocotlenses manifiestan el gran amor que profesan al Señor de la Misericordia, jurando por la Santa Cruz y los Santos Evangelios, celebrar en su nombre y el de las generaciones venideras, el 3 de octubre como fiesta. Tras un solemne novenario, las fiestas en honor del Señor de la Misericordia concluyen el 3 de octubre; estas celebracines tienen la particularidad de que todos los ciudadanos se unen por gremios para tomar un día de la novena, con el significativo detalle que cada día se cambian los adornos de la iglesia parroquial, apareciendo cada uno de ellos con diversos y muy hermosos arreglos compuestos por cortinajes, flores, luces y accesorios, rivalizando con el diseño del día anterior pero con el afán de honrar al Señor de la Misericordia.

Humberto

Bibliografía
– VVAA, Una mirada al pasado, 150 años de Misericordia. Impre-Jal, Guadalajara, Jalisco, 1998.

Ermita de Nuestra Señora de Belén en Liétor, Albacete

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.dipualba.es

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.dipualba.es

En la provincia de Albacete, a 61 Km de distancia de la capital provincial, se encuentra el serrano pueblo de Liétor. En la actualidad cuenta con unos 1400 habitantes, y aunque no está muy claro el origen de su fundación, se cree que fue en el siglo X cuando empezó a formarse el nucleo urbano. Después del período de ocupación musulmana, en la reconquista, bien entrado el siglo XIII, fue cuando Liétor tomo su mayor auge. La orden de Santiago se estableció aquí por ser este un territorio fronterizo con los reinos musulmanes. Y ya se sabe, establecida aquí una orden religiosa-militar como la de Santiago, trajo consigo muchos adelantos y privilegios en forma de lujosas casas palaciegas, iglesias, conventos o ermitas. Hasta nuestros días han llegado parte de estos edificios religiosos y civiles, formando un rico patrimonio en esta localidad. Entre todo este patrimonio histórico artístico y religioso, el más destacado y por ello el más famoso de la provincia es la ermita de Nuestra Señora de Belén.

Historia
Se tiene constancia escrita de esta ermita en el siglo XV, más tarde, a mediados del siglo XVI, concretamente en el año 1570 se menciona en una relación de bienes, al matrimonio que formaban el entonces alcalde Alfonso de Tobarra “el Bermejo” y María Sánchez Alcantud como constructores que la terminaron de construir con su propio patrimonio. Aunque cabe la posibilidad que ya existiese en ese emplazamiento otra construcción religiosa de dimensiones más reducidas, dedicada a otra devoción. También se tiene constancia de las herencias y limosnas que los vecinos de este pueblo daban para ayudar a sufragar los gastos de esta construcción. Como por ejemplo los padres de la señora María Sánchez Alcantud, Juan y María, que en el año 1567 dejaron de testamento dos ducados “a la obra de Nuestra Señora de Belén”.

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Desde este periodo, y hasta el siglo XVIII es mucho lo que se sabe con certeza documentada de las limosnas, encargos de misas solemnes y mandatos testamentarios destinados a finalizar la construcción o acondicionamiento interior de la ermita. A lo largo de estos siglos la construcción sufrió diversos avatares en los que se vio la posibilidad de reformar varias cosas como la puerta principal que fue sustituida por dos laterales, la añadidura del camarín de la Virgen y sacristía, los contrafuertes exteriores etc. Aunque no se tiene constancia de cuando se realizaron estas reformas, es probable que fuesen durante los primeros años del siglo XVIII.

El periodo que comprende entre los años 1729 y 1749 fue en el que esta Ermita gozo de mayor esplendor, tanto a nivel local como comarcal, se creé que supero en importancia y devoción a Nuestra Señora de Belén a todas las demás. Las pinturas que recubren su interior y hoy lucen, nos llegan precisamente de este periodo. La temática de las pinturas del retablo mayor, así como un inventario hecho en 1742 que la considera como bien dotada para celebrarse allí la Santa Misa, y que entre cuatro relicarios y tres cruces procesionales de plata, destaca sobre todo una notable imagen del Niño Jesús en su cuna. Se puede llegar a la conclusión que era frecuente la liturgia y peregrinación en Navidad, sobre todo en los cultos propios de estos días: Misa del Gallo, Natividad, Reyes etc. Hoy en día la romería se sigue celebrando en honor a la Virgen de Belén son los días 26 y 27 de diciembre.

Presbiterio de la ermita.

Presbiterio de la ermita.

Por desgracia, con el transcurso del tiempo y por diversos motivos que no son fáciles de citar por ser muy confusos (desamortización de Mendizábal, epidemias, etc), la ermita empezó a ser descuidada y poco frecuentada por los fieles que con anterioridad acudían en multitud, por esta razón empezó a deteriorarse considerablemente. Se derrumbaron partes del techo y también del coro, perdiéndose por consiguiente muchas pinturas. Al pasar los años de la Guerra Civil Española este estado de ruina se agravo en mayor media, por causa de las humedades, movimientos del edificio, filtraciones de agua de lluvia etc. Las pinturas laterales y del techo se deterioraron casi por completo y en definitiva se esperaba su total derrumbamiento.

Es a partir de 1972 cuando el pueblo, las instituciones y en especial el párroco Dº Francisco Navarro Pretel – impulsor de toda iniciativa llevada a cabo para la reconstrucción- toman conciencia de lo que puede llegar a suceder con esta “capilla Sixtina de la Mancha”, y ponen en marcha numerosas iniciativas para conseguir fondos para la restauración, consolidación y conservación del conjunto. Finalmente, en el decreto 893 del 5 de marzo de 1976, publicado en el Boletin Oficial del Estado Nº 103 de abril de este mismo año, era declarada esta ermita de Belén monumento histórico-artístico con carácter nacional. A partir de entonces se dieron grandes pasos para su definitiva restauración y puesta en valor. El 22 de diciembre de 1979, se inauguraba solemnemente tras acabar con tantos años de reformas.

Retablo de la Virgen del Carmen en la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Retablo de la Virgen del Carmen en la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Ermita
La actual ermita consta de una fachada muy sobria, más bien de estilo rural, en la que destaca la espadaña, las dos puertas laterales, y el bajo tejado a dos aguas. Es difícil encasillarla dentro de un estilo arquitectónico, pero podríamos decir que es renacentista. La planta es rectangular de 23 x6,5 m. Cuatro característicos arcos apuntados o de diafragma, que sujetan la cubierta de madera. El presbiterio y el coro lo forman los balaustres de madera torneada. El pulpito poligonal está situado en el lateral opuesto al lado del Evangelio. El presbiterio está más elevado que el resto de la nave, y en él se encuentra el altar mayor junto al camarín de la Virgen y la puerta de acceso a la sacristía.

Pero sin lugar a dudas por lo que esta ermita es tan conocida, es por sus pinturas populares al fresco que alberga. El autor es desconocido (Maestro de Liétor, según la tradición) y fechadas en el siglo XVIII. El maestro de Liétor se esmero mucho en decorar este recinto sagrado de paredes lisas, nada parece estar fuera de lugar, bien sean los elementos arquitectónicos, los fondos, los diferentes santos etc. En todos los muros del interior de la ermita, salvando el altar mayor, está pintado de fondo de las escenas religiosas, un rico tapiz o cortinaje que envuelve todo el recinto, abriéndose o cerrándose dando paso a ver los diferentes retablos, capilla o hornacinas (todos pintados). Estos cortinajes o tapices no llegan hasta el suelo, sino que llegan hasta un zócalo a media altura de la pared. Este zócalo, que si rodea toda la ermita, tiene la función de hacer mirar al feligrés hacia el altar mayor, utilizando el engaño visual – línea de fuga- que tan recurrido fue por los pintores del barroco. Los cuatro arcos de diafragma están también decorados muy ricamente, con elementos vegetales en su mayoría, pero también con algunos angelotes, cartelas con inscripciones latinas que están mal escritas en mayoría y las castellanas están hechas de una forma muy ruda. También hay elementos arquitectónicos que imitan el mármol.

Vista de la imagen de la Virgen de Belén venerada en la ermita de Liétor.

Vista de la imagen de la Virgen de Belén venerada en la ermita de Liétor.

Las pinturas de dividen en diferentes partes:
– El camarín y el presbiterio están dedicados al tema de la Virgen, en diferentes pinturas se puede ver la Anunciación, la Sagrada Familia, la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel y por último la Inmaculada Concepción en el propio camarín. A la derecha del camarín nos encontramos dos grandes representaciones de Santa Marta y San Pablo, y a la izquierda encontramos a San Agustín y Santa Mónica de idénticas dimensiones.

- 2º tramo, consiguiente al presbiterio, está dedicado a la Pasión de Cristo, lo forman las pinturas del Bautismo (preparación a la vida pública), el prendimiento por los soldados romanos, la negación de San Pedro, el Vía Crucis, el Ecce Homo. El techo también contiene símbolos propios de la Pasión como la Cruz, la escalera, los dados, los tres clavos etc. Los retablos de estos tramos son dos, que bien es cierto que ambos se alejan del tema de la Pasión. Uno es el dedicado a San Antonio de Padua y sus tentaciones; y otro a tres Santas mártires, Santa Bárbara en el centro y Santa Águeda y Santa Mónica a ambos lados. El pulpito también lo podemos encontrar en este tramo, representados en él están los padres y doctores de la Iglesia.

- 3º tramo, parte del evangelio. No tiene este tramo un tema propio, aparecen representados: San Miguel, San Juan Evangelista y la Virgen del Carmen. En el lado opuesto a estas pinturas se pueden ver las hornacinas con Santa Teresa, Santa Ana, San Juan de la Cruz y Santo Domingo de Guzmán. En la parte del techo las pinturas han desaparecido y solo quedan algunas cartelas haciendo referencia a la construcción de la ermita y la devoción de sus vecinos. El tercer arco, que pertenece a estos tramos, aparecen la Virgen y el Niño, San Francisco de Asís predicando a los pajarillos y San Pascual Baylón pintados en las enjuntas.

- 4º tramo, bajo coro. Éste representa una gran variedad temática que no está relacionada entre sí. Están representados aquí los estigmas de San Francisco de Asís, Santa Catalina de Alejandría, San Juan Bautista, San Cirilo. También aparecen San Bartolomé y Santa Lucía flanqueando una escena de la Adoración de los Reyes Magos. Por último, cerrando el ciclo pictórico e iconográfico, aparece un esqueleto que hace alusión a las postrimerías.

Detalle de la Muerte y los Santos Catalina de Alejandría, Cirilo y Bartolomé. Fotografía: Andrés Campillo Castejón.

Detalle de la Muerte y los Santos Catalina de Alejandría, Cirilo y Bartolomé. Fotografía: Andrés Campillo Castejón.

Esta ermita es por tanto una de las principales, si no la principal ermita decorada en su totalidad por pinturas populares del siglo XVIII, suman casi unos 600 m decorados. Desde el punto de vista artístico no sigue ninguna norma o corriente, sino la que el pueblo lo quiso dar en su máxima expresión.

Adjunto este video para los interesados, se puede ver desde el minuto 34.

David Garrido

Enlaces consultados (26/10/2014):
– www.dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1320494.pdf
– www.lietor.es

Beato Miguel Rúa, presbítero SDB

Estampa tradicional del Beato.

Estampa tradicional del Beato.

Introducción
El carisma del fundador de una congregación religiosa debe ser acogido y amado entre sus miembros, pues son los receptores y transmisores del mismo para las futuras generaciones dentro de esa comunidad. Por ello cuando muere el fundador, es vital que quien continúa a la cabeza de la obra, esté lleno de este espíritu para proseguir y fortalecer el proyecto iniciado y echado a andar. La Congregación Salesiana también experimentó este proceso con la muerte de San Juan Bosco, luego de lo cual, fue elegido el Beato Miguel Rúa como Rector Mayor de los Salesianos, quien como veremos, fue mano a mano con el Santo Fundador, ambos distintos pero unidos e inseparables. Don Bosco inició la obra, Don Rúa la guió, el primero tiene la simpatía, el segundo el don de la organización.

Infancia
El Beato Miguel Rúa nació en Turín el 9 de junio de 1837, hijo de Juan Bautista Rúa y de Juana María Ferrero, fruto de un segundo matrimonio que le dio el cuarto lugar entre los hijos procreados, uniéndose a la prole que ya había engendrado Juan Bautista de su primer matrimonio, del que sobrevivieron tres vástagos de los cinco que tuvo con su primera esposa. Recibió el bautismo dos días después de haber venido a este mundo en la parroquia de los Santos Simón y Judas Tadeo. Desde pequeño tuvo un aspecto frágil pero con gran fortaleza interior; a la edad de ocho años murió su padre y bajo el cuidado de su madre, hizo los estudios primarios y de catecismo en una escuela local; luego estudió con los hermanos de las Escuelas Cristianas, donde conoció a Don Bosco, que iba a confesar semanalmente a los alumnos. Estos se le acercaban en remolino para juguetear con él y pedirle algún regalo: estampas o medallas. Miguelito tenía como nueve años entonces y se le acercó para pedirle algo también, pero Don Bosco no le dio nada, extendió entonces su mano izquierda mientras con la derecha hacia como que la cortaba, dándole a entender que tomara la mitad. El niño no comprendió ese signo hasta cinco años después en que tuvo la oportunidad de preguntar la razón del gesto, Don Bosco le contesto: “Mira, Rúa, quería decirte que un día iría a medias contigo. Los comprenderás más tarde”.

Don Bosco invitó a Miguelito a conocer a la obra que estaba fundando y éste aceptó. En 1852 concluyó el bachillerato con buen rendimiento y pronto se convirtió en el asistente de Don Bosco, revisando sus escritos y transcribiéndolos, organizando su correspondencia y destacando por su dedicación. Decían de Miguel que era santo como Don Bosco, con la diferencia de que este tenía cuarenta años y el otro dieciséis. El 24 de septiembre de ese año ingresó como interno al Oratorio y escuchó de San Juan Bosco esta admonición: “Comienzas una vida nueva, pero antes de llegar a la meta, hay que atravesar el desierto y el Mar Rojo, si me ayudas lo pasaremos uno y otro y llegaremos a la Tierra Prometida”.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

Salesiano
Don Rúa estudiaba asiduamente con resultados excelentes, en tanto daba clases al alumnado, a quienes explicaba con buen dominio el sistema métrico decimal. En 1855 emitió privadamente sus votos de pobreza, castidad y obediencia; por entonces estudiaba filosofía. Entonces Don Rúa invito a su Madre a ir Oratorio para ayudar en las tareas domésticas, porque Mamá Margarita está enferma. Cuando ésta murió, el propio Don Bosco la reemplazo con su trabajo: era un signo de aprecio hacia Miguel y su madre, a quien el Santo consideraba como su primogénito.

En varias de sus idas a Roma acompañó al Santo fundador en sus entrevistas con el Beato Pio IX. Se dice que en la primera visita, besó dos veces la mano del Papa, una de su parte y otra por sus compañeros. En este tiempo Rúa era ya estudiante de Teología. El 9 de diciembre de 1859 Don Bosco anunció a sus colaboradores el proyecto de iniciar la Congregación Salesiana, fueron invitados a participar diecisiete colaboradores, que eligieron a Don Bosco Rector Mayor y Don Rúa, fue designado como director espiritual. Entonces comenzó a tomar fuerza un elogio que hizo el fundador sobre su Secretario. “Si Dios me dijera hágame una lista de las mejores cualidades que quiere para sus religiosos, yo no sé qué cualidades me atrevería a decir, que ya no las tenga Miguel Rúa”.

En diciembre de ese mismo año, recibió las órdenes menores junto con el subdiaconado; en marzo de 1860 el diaconado y, el 29 de julio siguiente fue ordenado sacerdote. En el Oratorio los chavales le hicieron un homenaje que le conmovió y les dijo: “Les puede asegurar que ya los amaba, pero en adelante los amaré mucho más, y si el Señor me ayuda, todas mis energías serán empleadas es su provecho espiritual y temporal”.

Un estilo propio
En octubre de ese año la dirección escolar y espiritual del alumnado quedó a su cargo, en donde puso su propio estilo: entusiasmo, firmeza, alegría y disciplina, por lo cual comenzó el aumento notorio del alumnado. En 1863 es Director del Colegio de Mirabello, una vez que obtuvo el título de profesor concedido por el Ministerio de Educación. Dos años estuvo al frente de esta obra tratando de que fuera un lugar alegre, con disciplina, con ambiente familiar y piadoso, como Don Bosco quería. Como él, siempre estaba rodeado de niños atraídos por su amabilidad. Don Cerruti, enviado a colaborar a su lado decía: “Mi dolor se endulza con el pensamiento de que había de encontrar allí, una copia exacta de mi maestro”.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

En 1865 en llamado en Turín para colaborar como Prefecto de la Casa, pues el titular estaba enfermo y el Rector Mayor se veía desbordado por tanta actividad. Entonces fue cuando comenzó a ser el brazo derecho de Don Bosco, se encargó de los asuntos administrativos y de la correspondencia; en tanto era el titular del cargo, tuvo que dirigir también los talleres con 350 aprendices. Don Bosco estaba entonces muy ocupado en la construcción del Santuario de María Auxiliadora, cuyos gastos le mantenían absorbido el tiempo. Como su trabajo dio buenos resultados, a esas tareas Don Bosco le encomendó también la responsabilidad de la edificación de dicho santuario, también le delegó el seguimiento de “Las Lecturas Católicas” y la propia correspondencia del Santo Fundador. Entonces, bajo el peso de tanto trabajo, cayó literalmente en brazos de un amigo, a la entrada del Oratorio.

Su enfermedad era muy grave: una peritonitis avanzada que en ese tiempo ni siquiera se pensaba en curar mediante operaciones quirúrgicas. Por ello se le administraron los últimos sacramentos. Don Bosco no estaba ese día y al llegar por la tarde, le salieron al encuentro muchos jóvenes alarmados que le pusieron al tanto de la situación. Extrañamente el Santo se puso a bromear y dijo: “Voy a cenar”, luego de lo cual subió a la habitación del enfermo, quien al verlo le dijo: “Deme la Extremaunción y su bendición que me siento morir”. Le respondió serenamente Don Bosco: “Tú tranquilo, que no te marcharas sin mi permiso. No sabes la de cosas que tienes que hacer todavía”. Tres semanas después estaba curado y en su puesto de trabajo.

Fue conociendo todas las responsabilidades, fogueándose en todos los cargos que Don Bosco le encomendaba. Fue Inspector Provincial de los Colegios entre 1870 y 1872; echo mano a cuantas iniciativas comenzaban: Cooperadores Salesianos o la organización de la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora; comenzaba a cumplirse el todo “a medias” que Don Bosco había pactado con él, pues él no tomaba resoluciones sin el visto bueno de Don Rúa.

En 1886 acompañó a San Juan Bosco a Barcelona, por esta razón compró “La Imitación de Cristo” en España y una gramática, con lo que sacó a Don Bosco de apuros. Se dice que allí le echo mano para un milagro: una mujer con su hijo enfermo se acercó para pedir la bendición de María Auxiliadora, la que una vez dada obtiene la curación para el muchacho. El mérito se le apunto a Don Bosco, que decía bromeando: “Si Don Rúa quisiera, podría hacer milagros”.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

Sucesor de Don Bosco
En 1885 San Juan Bosco platicaba con Don Juan Cagliero y le preguntó que a su muerte quién le podría remplazar y éste le respondió: “Don Rúa, no hay otro”. Don Bosco confirmo entonces que era su brazo derecho. El 8 de diciembre de 1885 viviendo que su salud decaía rápidamente, el Santo lo nombra su Vicario General, dándole autoridad y plenos poderes para gobernar. La noche entre el 30 y 31 de enero de 1888, el Santo de la Juventud está agonizando, en torno suyo están sus más cercanos colaboradores y Don Rúa le habla al oído: “Denos una vez más su bendición, yo le tomaré las manos y pronunciaré la formula”. Levanta la mano del moribundo e invoca la protección de la Auxiliadora sobre todos los Salesianos presentes y esparcidos por todo el mundo. Después Don Bosco vive su propia Pascua.

Tres semanas después, el Papa León XIII recibe a Don Rúa y le dice: “Usted es el sucesor de Don Bosco; él es un santo y no dejará de ayudarlo desde el cielo”. Para entonces, el Consejo Superior de los Salesianos solicitó al Pontífice que confirmara como nuevo Rector Mayor a Don Rúa, exponiendo entre las causas, haber sido colaborador íntimo del fallecido, tener eximia virtud y reconocida habilidad en el gobierno. El Papa dio su aprobación. Dos meses luego de la muerte de Don Bosco, acompaña en su salida a una expedición misionera que parte para Sudamérica. Se le preguntó que si iba a ir a ese continente pero el contestó que como Don Bosco no había ido allá, lo más seguro es que tampoco el iría. Hasta en eso tendría semejanza.

Fotografía del Beato en su despacho.

Fotografía del Beato en su despacho.

Su programa de trabajo se podría sintetizar en estas palabras: “Continuaré la obra de Don Bosco, especialmente en favor de los jóvenes pobres y abandonados y de las misiones”. Su manera de hablar será la de un vicario, pues no dirá: “Yo les digo, yo les aconsejo” sino “Don Bosco nos enseñaba, Don Bosco quería, Don Bosco decía”. Durante su gestión, los Oratorios se enriquecieron con gimnasios y círculos sociales, las escuelas profesionales tuvieron programas teóricos-prácticos, abriéndose a los retos de la época. Junto a los Colegios dispuso internados; gracias a su interés, los enfermos leprosos, por entonces rechazados y exclusivos de la sociedad, vieron a su lado decenas de salesianos y de FMA. Las obras salesianas pasaron de 64 a 341, la misiones se triplicaron y Don Rúa visito entre 1890 y 1900 países de Europa, Asia y África. A él se debe la presencia de Salesianos en México. En 1897, en el Capítulo General comunicó su deseo de retirarse y dejar el cargo. De los 213 presentes recibió la misma cantidad de votos para que continuara en el cargo sin apelación posible.

Espiritualidad
Hombre de gran fe, tuvo un muy grande amor por los salesianos a quienes decía. “Todos los días, todos los instantes de mi jornada, yo los consagro a ustedes; yo rezo por ustedes, pienso en ustedes, trabajando por ustedes como una madre lo hace por su hijo. Solo les pido una cosa: hágase todos santos, grandes santos”. Vivió pobremente, pidió mucho pero nunca para sí mismo; se conformaba con lo último: el último lugar, la última sotana, el último pan. Sobresale por su bondad y ciertas capacidades para conocer de antemano ciertos sucesos. Transmitía confianza a quienes lo trataban, como Superior siempre actuaba con prudencia, caridad y paternidad. Gran amante de la Santísima Virgen María, durante su gobierno tuvo el consuelo de ver coronada a María Auxiliadora en su Basílica de Turín, en cuya ceremonia fue incapaz de controlar sus emociones.

Cadáver del Beato en sus funerales.

Cadáver del Beato en sus funerales.

En 1909 hubo un terremoto en Calabria donde murieron cincuenta salesianos; su salud ya deteriorada no le impidió hacerse presente para dar apoyo y consuelo a los damnificados, pero su salud se viene entonces abajo. Su voluntad férrea le hace continuar la práctica de sus penitencias, cuando se tiene la delicadeza de ofrecerle mejores alimentos por su enfermedad, lo minimiza diciendo que solo está enfermo de sus piernas. En 1910, aunque está consciente de su próximo fin, no quiere estar encamado, prefiere estar recostado en un diván para atender a las visitas. Muchos se llenan de esperanza de poder celebrar sus bodas de oro sacerdotales en julio, pero en abril todo está consumado. El Jueves Santo recibe el Viatico y recomienda: “Gran amor a Jesús Sacramentado, viva devoción a María Auxiliadora, gran respeto a los pastores de la Iglesia”. Recomendaciones hechas por Don Bosco hacía tiempo y que “yo también les dejo”.

Luego de varias crisis que arman revuelo en la casa, vuelve en sí y pide perdón humildemente por haber perturbado la paz. A su lado estaba Don Albera para acompañarlo y darle fortaleza; el 5 de abril llega un telegrama de San Pio X con una bendición que le produce mucha alegría. A los que estaban a su lado les pedía que le rezaran jaculatorias y le dieran constantemente a la absolución. Por fin la mañana del 6 de abril su alma dejó el cuerpo para ir con Don Bosco y María Auxiliadora. Sus últimas palabras fueron: “Salvar mi alma, salvar mi alma, eso es todo, eso es todo”. Fue sepultado en Valsalice junto a Don Bosco y luego inhumano en la Basílica de Turín en mayo de 1939, donde veinte años antes habían sido trasladados los restos de Don Bosco.

Culto
Murió Don Rúa como un santo y siguiendo el camino de San Juan Bosco, también subió al honor de los altares. El 29 de octubre de 1972, el Beato Pablo VI lo beatificó en una ceremonia en la Basílica de San Pedro, recordando que hasta en la Santidad Don Bosco y Don Rúa, habían ido a medias. Su celebración litúrgica tiene asignada la fecha del 29 de octubre, aniversario de su beatificación, pues el aniversario de su muerte casi siembre ocurre en la Semana Santa o de Pascua.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Oración
Dios Padre omnipotente, el Beato Miguel Rúa, sacerdote, heredero espiritual de San Juan Bosco, ayudó con su ministerio a los jóvenes a descubrir tu imagen grabada en su alma: concédenos también a nosotros, llamados a educar a la juventud, dar a conocer el verdadero rostro de Cristo tu Hijo, que…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 45-52.
– VVAA, Año Cristiano, IV, abril, Editorial BAC, Madrid 2003 pp. 123-133.

Santas Trifenia y Cirila, mártires

Vidriera de Santa Cirila, mártir romana.

Vidriera de Santa Cirila, mártir romana.

Hoy se conmemora en el Martirologio Romano a una mártir, romana también, de nombre Cirila; una Santa de la que, ciertamente, es difícil aportar datos que sean verídicos o creíbles, aunque sus reliquias parecen estar bien localizadas.

Dos versiones
La legendaria passio Polychronii, que puede datarse en los siglos V-VI, la presenta como hija del emperador Decio. Después de la muerte de su padre, junto con su madre Trifonia (o Trifenia) – cuya fiesta se celebra el 18 de octubre -, recibieron el bautismo de manos del presbítero Justino; después de que abrazaran voluntariamente la fe al ver que tanto Decio como Valeriano habían muerto miserablemente, poseídos por un demonio, como castigo divino por haber hecho torturar y ejecutar a los cristianos.

Arrestada por orden del emperador Claudio (268-270), se negó a sacrificar ante los dioses y a contraer matrimonio, manifestando ser cristiana y no querer a otro esposo más que a Cristo. Por ello, fue condenada a morir decapitada, aunque otras versiones dicen que fue estrangulada. Su cuerpo, que Claudio quería echar a los perros para que se lo comiesen, fue sepultado por Justino el 28 de octubre, junto al de San Lorenzo, en el cementerio de Ciríaca. Poco antes del martirio de Cirila, su madre, la emperatriz Trifonia, venerada también como Santa, había expirado pacíficamente mientras estaba sumida en la oración.

Sin embargo; hay otras tradiciones que muestran una versión totalmente distinta del martirio de estas dos Santas, Trifenia y Cirila, que mantienen, sin embargo, el que la primera era madre de la segunda. Pero en esta versión los hechos no suceden en Roma, ni Trifenia es emperatriz ni esposa de Decio, ni, consecuentemente, Cirila es hija de éste tampoco. Esta tradición, que las ubica también en tiempos de Decio (s.III), dice que Trifenia nació en la ciudad de Cízico, Helesponto, junto al mar de Mármara, en Asia Menor. Contrajo matrimonio y dio a luz una niña a la que puso por nombre Cirila. Su primera preocupación fue bautizarla y consagrarla a Cristo.

En cuanto su hija llegó a la adolescencia, se dedicó a predicar el Evangelio junto a ella, por toda la ciudad. Arrestadas por tratar de convertir al cristianismo a la población, tanto ella como su hija comparecieron ante las autoridades. Pero ellas, y pese a halagos y amenazas, tan sólo se burlaron de las deidades paganas. Por ello fueron sometidas a tortura. Las acostaron sobre planchas de hierro al rojo vivo, luego las colgaron de un árbol y las hirieron con lanzas. Finalmente, fueron expuestas a las bestias en el anfiteatro, donde un toro las mató a cornadas. Se las conmemora juntas el 31 de enero, y son patronas de las mujeres que encuentran dificultad en criar a sus hijos.

Martirio de Santa Cirila. Grabado de Antonio Tempesta para "Istoria de monte sante vergini romane nel martirio". Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Martirio de Santa Cirila. Grabado de Antonio Tempesta para “Istoria de monte sante vergini romane nel martirio”. Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

Problemática
Una vez vistas las dos versiones que se atribuyen a estas dos Santas -siendo la primera más conocida que la segunda-; cabe decir, sin embargo, que al menos la primera versión peca de una gran inverosimilitud. En primer lugar, la esposa de Decio no se llamaba Trifonia ni Trifenia ni nada que se le parezca: se llamaba Herenia Cupresenia Etruscila -sí, el nombrecito también se las trae- y efectivamente murió en el año 251, poco después que su marido y su hijo mayor, y casi al mismo tiempo que su hijo menor. No se sabe que tuviese ninguna hija llamada Cirila, y mucho menos que fuese cristiana.

Es muy típico que a los emperadores perseguidores les atribuyan esposas e hijas cristianas que acaban siendo víctima de sus parientes -caso de Adriano, Trajano, Diocleciano, Maximiano Daia…- pero, como hemos visto en otros casos, estos relatos pertenecen al terreno de la leyenda, siendo un invento devoto y piadoso -presente, por ejemplo, en la célebre Leyenda Áurea- para edificar al lector, y no teniendo absolutamente ningún vínculo ni coincidencia con la realidad histórica. Es pues una mera fábula, sin más.

La segunda versión, la de la madre e hija predicadoras en Asia Menor, sí es más verosímil y, en principio, no vemos en ella nada que nos motive a dudar de su autenticidad. Sin embargo, algún problema genera también esta versión, puesto que, como veremos, no coincide la ubicación actual de las reliquias.

Reliquias
Aunque el relato -en su primera versión- que hemos leído, dice que Santa Cirila fue enterrada al lado de San Lorenzo en el cementerio de Ciríaca; en los Itinerarios del siglo VII, se dice que su sepulcro estaba en el cementerio de San Hipólito en la vía Tiburtina. Esta discrepancia no tiene mucha importancia, dada la cercanía de una catacumba a la otra. En el siglo VIII, el Papa Pablo I trasladó el cuerpo de la mártir a la iglesia de San Silvestre, en Roma.

Martirio de Santa Trifenia. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de Santa Trifenia. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Sin embargo, en el libro de Giovanni Sicari “Reliquie Insigni e Corpi Santi a Roma”, se dice que sus restos estaban en la cripta de San Adrián en la iglesia de Santa María in Cosmedin: que allí fueron encontrados en el año 1717 y que fueron puestos en un cipo romano excavado en un pozo que servía de base a la mesa del altar. Visto lo visto, la mártir habría sido sepultada por Justino en el cementerio de Ciríaca, muy cerca de San Lorenzo, o en el cementerio de San Hipólito, como dicen los Itinerarios del siglo VII. Que su cuerpo fue llevado por Pablo I a la iglesia de San Silvestre in Capite, conforme lo indicaba una antigua lápida puesta en el pórtico de la iglesia. Sin embargo, en las guías del siglo XVIII se dice que la mitad de los restos estaban en San Pedro en el Vaticano, y la otra mitad, en San Silvestre in Capite. No se conoce la fecha del traslado a Santa María in Cosmedin, donde ya es indicada por Bruzio en el códice Vaticano Latino 1185, folio 192. Pero, para más inri, en el Inventario general de las reliquias de Roma, realizado en el año 1870, sus restos no aparecen en ninguna de las iglesias de Roma, aunque actualmente, por lo que parece, están en el altar mayor de Santa Maria in Cosmedini, aunque tuvo su sepulcro en la cripta de esta misma iglesia.

Iconografía
La iconografía de ambas Santas no está muy desarrollada; siendo mártires poco conocidas. En el Menologio de Basilio II podemos ver a Santa Trifenia siendo destripada a cornadas por un toro salvaje. También hay alguna representación de Santa Cirila como una doncella con la palma del martirio; pero lo más curioso es el tratamiento de su iconografía que da la Orden carmelita: estamos ante una de tantas mártires de la Antigüedad que los carmelitas se agencian como propia, cuando esto no tiene ningún fundamento histórico. Basándose en que era -supuestamente- una virgen consagrada, la toman como propia y la representan vestida como una monja carmelita, al entender que ésta era la única orden religiosa existente desde tiempos del profeta Elías, presunto fundador de la Orden, y por tanto, si Cirila -y otras tantas mártires- habían sido vírgenes consagradas, eso quería decir “monjas” y forzosamente tendrían que haber sido carmelitas. De ahí que aparezca a veces como monja carmelita, coronada -por su presunto linaje imperial- y con una espada o tajo en el cuello aludiendo a su martirio.

Sepulcro de Santa Cirila. Cripta de Santa Maria in Cosmedin, Roma (Italia)l

Sepulcro de Santa Cirila. Cripta de Santa Maria in Cosmedin, Roma (Italia)l

En realidad, como decía, esto no tiene nada de histórico. No es más que una divagación de la mitología fundacional de la Orden carmelita, que, lejos de remontarse al profeta Elías como se pretendía, fueron fundados en el siglo XIII por San Simón Stock. Luego imposible que hubiese sido carmelita Santa Cirila; pero es que también imposible que hubiese sido monja: el monacato no existía en la Antigüedad romana. Las vírgenes consagradas eran eso, vírgenes consagradas, pero no monjas.

Igual de ridículo es el tratamiento de “princesa” que se le da a la Santa en algunos textos: aun cuando hubiese sido realmente hija del emperador Decio, cosa que sabemos que es falsa, a las hijas e hijos de los emperadores romanos no se les daba tratamiento de príncipes ni de princesas. Esta nomenclatura es medieval. Sólo a algunas esposas de emperadores, también mal llamadas “emperatrices”, se las reconocía con el excelso honor de “Augusta”. Nada más.

Conclusiones
La existencia histórica de Santa Cirila está fuera de toda duda, pero algunas noticias hagiográficas son falsas. Ni era hija del emperador Decio, ni su madre, Santa Trifenia o Trifonia, fue emperatriz de Roma. Desde luego mucho menos fue monja carmelita ni “princesa” de ningún tipo, sino una mártir romana de la que no se sabe gran cosa con certeza, que estaba junto a San Lorenzo -o San Hipólito- en Roma, y cuyas reliquias siguen conservándose en la actualidad. Sin embargo, Santa Trifenia es ignorada en todas las fuentes hagiográficas antiguas, siendo reseñada por primera vez por Beda y de ahí pasó al resto de fuentes, añadiendo la leyenda de su naturaleza de emperatriz romana. Muchos estudiosos dudan siquiera que se trate de una mártir real o, de haber existido, que haya sido siquiera Santa.

La presencia en Roma de Santa Cirila también dificulta aceptar la segunda versión de la passio, mucho más creíble, como auténtica. O estamos hablando de otra Santa Cirila y otra Santa Trifenia -lo cual parece difícil, siendo cierto además que también se las considera madre e hija en esta segunda versión-; o sus reliquias fueron trasladadas de Asia Menor a Roma, lo que parece complicado, o realmente no eran oriundas del Helesponto, sino mártires romanas. Además, está la complicación de que realmente existen dos Santas Trifonias o Trifenias, ambas romanas, ambas mártires. Una, la que se dice que era la mujer de Decio y madre de Santa Cirila; y la otra, una viuda. Se cree que las dos están sepultadas en la iglesia de San Silvestro in Cápite, porque ambas constan en la lápida antigua que está puesta en el pórtico de la Iglesia, lápida que indica qué Santos están allí enterrados.

Vista del altar mayor del templo. En él se conservan las reliquias de los Santos Coronado, Hilario y Cirila, mártires.

Vista del altar mayor del templo. En él se conservan las reliquias de los Santos Coronado, Hilario y Cirila, mártires.

Por supuesto, no cabe confundir a nuestra Santa de hoy, Santa Cirila de Roma, con Santa Cirila mártir de Cirene, de la cual hablaré en otra ocasión; ni a su presunta madre, Santa Trifenia o Trifonia, con otra Santa de nombre similar, Santa Trifina, a la cual ya le dediqué un artículo en los inicios de este blog.

Meldelen

Bibliografía:
– VORAGINE, Jacobus de, The Golden Legend: Readings of the Saints, Ed. Princeton University Press, USA 1993.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.