Beata Irene Stefani, virgen misionera de la Consolata

Foto de la beata en el 1914.

Foto de la beata en el 1914.

Aurelia Mercedes Stefani (así se llamaba) nació en Anfo, en el Val Sabbia (Brescia) el día 22 de agosto del 1891, siendo hija de Juan Stefani y Anunciata Massari, personas que profesaban una fe muy profunda y muy valiente. Era la quinta de doce hermanos y fue bautizada al día siguiente de su nacimiento. Era una niña muy guapa y muy viva y desde muy joven demostró una fuerte sensibilidad hacia el apostolado entre sus compañeras, sus familiares y las personas mayores que ellas, todo unido a una fuerte dimensión caritativa, algo que la caracterizó sobremanera a lo largo de toda su vida. Constantemente pensaba en los pobres, ayudaba a los ancianos, cuidaba a los enfermos, reservándose siempre los trabajos más pesados y más humildes. Esta forma de ser, esta entrega a los demás estaba tan arraigada en ella que con solo trece años de edad ya le dijo a sus padres: “Yo seré misionera”.

Este deseo tuvo que posponerlo a causa de la muerte de su madre, lo que hizo recaer sobre ella la tarea de educar y catequizar a sus hermanos más pequeños. Su propia familia y su parroquia, en la que estaba fuertemente comprometida, fueron sus primeros campos de apostolado y por eso allí la conocían como “el ángel de los pobres”. Finalmente, el 19 de junio del año 1911, cuando tenía diecinueve años de edad pudo realizar su deseo. Dejó su pueblo y se marchó a Turín ingresando en el Instituto de las Misioneras de la Consolata, que un año antes había sido fundado por el beato José Allamano. El fundador la recibió con los brazos abiertos y junto con otras compañeras, vistió el hábito religioso el día 12 de enero del 1912 tomando el nombre de Irene. El 29 de enero del año siguiente, hizo la profesión religiosa y anotó lo que sería su lema de vida: “¡Solo Jesús! ¡Todo con Jesús, toda para Jesús, todo para Jesús y nada para mi!”.

Acabada su preparación, a finales de ese mismo año marchó entusiasmada hacia Kenia, siendo plenamente consciente de las dificultades que le esperaban, ya que la evangelización del país estaba en sus inicios y prácticamente no existían ni escuelas ni servicio sanitario. A Kenia llegó en el mes de enero del 1915 y se encontró un panorama realmente desolador: tuvo que adaptarse a una cultura nueva, tuvo que deshacerse de determinados prejuicios previos, tuvo que aprender un idioma nuevo que le era totalmente desconocido. Pero no se acobardó y con total humildad y llena de fe y esperanza se reafirmó en su lema: “Jesús es el Salvador y vino a salvar también a los hijos de este pueblo”. Al poco tiempo de llegar, los efectos de la Primera Guerra Mundial también llegaron a las colonias de ambos bandos y esto hizo que, de manera involuntaria, muchos misioneros se vieran implicados.

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Su actividad misionera se vio marcada por dos hitos o etapas fundamentales en los cuales se manifestó su personalidad humana y religiosa. El primero fue el pasado en lo que eufemísticamente podríamos llamar los hospitales militares, organizados para atender a los portadores africanos enrolados para transportar el material bélico entre las colonias británica y alemana durante la Primera Guerra Mundial. Sor Irene tuvo que realizar labores de enfermera de la Cruz Roja tanto en Kenia como en Tanzania en esos hospitales de campo, en los que fueron atendidos muchísimos miles de nativos que fueron movilizados por los ingleses para defender y ensanchar sus fronteras. En grandes carpas eran hacinados los enfermos, sin ningún criterio sanitario, muchas veces maltratados y prácticamente abandonados a su suerte. En aquellas miserables condiciones, faltando de todo, ella tuvo que suplir la falta de medicamentos y de médicos, mostrándose como una religiosa cercana que daba consuelo y cariño a los allí “hospitalizados”. Entre tantas lenguas y dialectos, con un hedor insoportable, estaban mezclados enfermos de todo tipo que padecían heridas y enfermedades muy distintas.

Estuvo en estos “hospitales” en Voi, Kilwa y Dar-el-Salaam en Tanzania. Eran en realidad un infierno donde ella parecía ser el único ángel que los lavaba, medicaba, vendaba llagas y heridas, distribuía la comida y otras muchas más actividades, haciéndolo con un cariño y una delicadeza que a todos dejaba desconcertados. Era la caridad personificada, capaz de conquistar la admiración de muchos musulmanes, de muchos médicos sin escrúpulos e incluso de algunos torturadores que sin ambages decían: “Esta hermana es un ángel”. Aprendió las palabras fundamentales en diferentes lenguas a fin de poder consolar y animar a los enfermos a muchos de los cuales, incluso les hablaba de Jesús. A muchos preparó para el bautismo y se pueden estimar en más de tres mil personas las que voluntariamente fueron bautizadas estando en peligro de muerte.

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

La segunda gran etapa de su vida misionera transcurrió en la misión de Ghekondi (Kenia) entre los años 1920 al 1930. Allí, entre los agikuyus, se entregó totalmente a la evangelización con un inagotable espíritu apostólico. En un ambiente que era completamente refractario a la enseñanza, ella fue una maestra infatigable que incluso iba por el campo buscando a jóvenes y adultos para que asistieran a la escuela. Hacía de enfermera, de partera, de visitadora familiar y a todos llevaba palabras y acciones llenas de afecto y de solidaridad. Asimismo, salvó a muchísimos niños que eran abandonados por sus padres para que practicaran con ellos la brujería. Tanto era su trabajo, tanto era su amor que empezaron a conocerla y llamarla “Nyaatha”, que significa “madre misericordia”.

Acogía y agasajaba con innumerables atenciones a todas las hermanas que llegaban a la misión, ya fuera para quedarse o que simplemente estuviesen de paso. Seguía amorosamente la pista a todos aquellos que se veían obligados a emigrar a Nairobi o a Mombasa y a cuantos se desperdigaban por otras aldeas y lo hacía escribiéndoles numerosas cartas, haciendo de intermediaria entre ellos y sus analfabetas familias. A los nativos cristianos los exhortaba a seguir firmes en la fe e incluso alentó a quienes llegaron a ser los primeros seminaristas nativos.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Como todo el día se lo pasaba trabajando, después de jornadas agotadoras, esta labor epistolar la realizaba por la noche a la luz de una linterna. Su deseo de dar a conocer a Cristo y su evangelio le quemaba el alma, por lo que acudía a todas partes aunque a veces fuera recibida con ofensas. Cuando tenía unos treinta y nueve años de edad, sintió una especie de llamada interior que le exigía el sacrificio supremo de su vida, a lo que se ofreció de manera voluntaria. Solo dos semanas después de este “ofrecimiento”, asistiendo a un enfermo de peste que murió en sus brazos, contrajo la misma enfermedad que en muy pocos días hizo que ella también muriese. Era el 31 de octubre de 1930 y, como he dicho, tenía treinta y nueve años de edad. Al difundirse la noticia de su muerte, los nativos acudieron en masa a la misión para verla por última vez, superando el supersticioso temor que en aquel tiempo sentían hacia los muertos.

Este heroico testimonio fue evidenciado por todos los africanos, cristianos o no, quienes manifestaban que no había muerto por la enfermedad, sino que había muerto por amor. Era realmente una “Nyaatha”, una mujer que era toda misericordia, toda compasión, toda bondad.

Medio siglo después de su muerte, en el año 1984, su Causa de beatificación fue incoada en las diócesis de Nyeri (Kenia) y Turín (Italia). El “Nihil obstat” se recibió el 24 de julio de 1985. Fue declarada Venerable mediante decreto del Papa Benedicto XVI fechado el 2 de abril del 2011. El decreto que reconoció el milagro previo a la beatificación fue promulgado el 13 de junio del pasado año y finalmente será beatificada mañana en Nyeri (Kenia) en una ceremonia presidida por el cardenal tanzano Policarpo Pengo.

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Sus restos, exhumados en el año 1995, se veneran en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Mina, G.P., “Suor Irene narrata dai suoi africani”, Grugliasco, 1988
– Patta, A., “Un’assistente sociale nella vigna di Dio”, La Spezia, 1990
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (26/04/2015):
– www.irenestefani.altervista.org
– www.suorirenestefani.org

Santa Juana Emilia de Villeneuve, fundadora

Lienzo-retrato de la Santa.

Lienzo-retrato de la Santa.

Nació en Toulouse (Francia) el día 9 de marzo del 1811, siendo la tercera hija del marqués Louis de Villeneuve y de su esposa, Rosalie Avessens, ambos pertenecientes a la nobleza. Cuando sólo tenía cinco años de edad, debido a la precaria salud de su madre, la familia tuvo que marchar al castillo de Hauterive, situado en las cercanías de Castres, donde su padre tenía una empresa de procesamiento de cuero en la que daba empleo a un numeroso grupo de trabajadores. Su padre tenía un profundo sentimiento social que llevó a la práctica organizando curso de aprendizaje para los jóvenes, creando organizaciones asistenciales y ayudando de numerosas maneras a todos los necesitados. Fue un gran ejemplo para Juana Emilia.

Educada y cuidada por su madre con la ayuda de sus dos hermanas mayores, creció en un ambiente profundamente cristiano en el que se realizaban numerosas obras de caridad. Pero la muerte de su madre, ocurrida en el año 1825 cuando ella solo tenía catorce años de edad y la consiguiente dependencia de las tres hermanas de la custodia de la abuela paterna que vivía en Toulouse, hizo que desde ese momento ellas entraran en contacto con un género de vida mucho más mundano, distinto al vivido hasta ese momento. Tres años más tarde, murió su hermana mayor llamada Octavia, y esa desaparición, ocurrida en plena juventud, la golpeó dolorosamente.

Desde ese momento, Juana Emilia se orientó hacia las obras de piedad, confiando profundamente en la Santísima Virgen a la que consideraba su confidente, a quien contaba todas sus alegrías, todas sus dudas y todas sus tristezas. Confió su dirección espiritual a un jesuita residente en Toulouse, el padre Le Blanc, quien la guiaría mientras estuvo en aquella ciudad.

Primera sepultura de la Santa.

Primera sepultura de la Santa.

Cuando murió su abuela, con diecinueve años de edad, retornó al castillo de Hauterive, y allí comenzó a vivir una vida apartada, con la sola compañía de algunas antiguas amigas, especialmente de Coralie de Gaïx. Al confiar su padre plenamente en ella, la puso al cuidado de la casa y de la organización de la misma, lo que le dejaba plena libertad para llevar a cabo su responsabilidad como alcalde de Castres. Ella cumplía con esa misión, pero la compaginaba con la realización de obras de caridad, con la organización de pequeñas comunidades juveniles, con todo tipo de obras sociales y con la ayuda a los sacerdotes locales de tal manera que se ganó el apelativo de “señora vicepárroco”.

Cuando comunicó a su padre su decisión de entrar en las Hijas de la Caridad, este le pidió que reflexionara y que pospusiera su decisión durante cuatro años, pero Dios tenía otros proyectos para ella. Este tiempo de discernimiento no sirvió más que para reforzar su determinación, pero por inspiración de “un buen hombre” de aquella zona, reorientó su decisión determinando la creación de una nueva fundación, de una nueva familia religiosa. Cierto es que tuvo dudas, pero con el estímulo del arzobispo de Albi y junto con dos compañeras, el día 8 de diciembre del año 1836, vistió el hábito azul y profesó los votos religiosos; de esta manera surgió la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, las “hermanas azules”, como aun se las conoce.

Tumba renovada de la Santa.

Tumba renovada de la Santa.

Desde ese momento, Juana Emilia será la madre María y su primera obra será un taller de costura en el que enseñarles un oficio a las jóvenes más pobres y desatendidas, se encargó de la asistencia a los encarcelados y a las prostitutas, abrió escuelas en las localidades vecinas a Castres, en las cuales, las maestras eran las propias hermanas, se ocupó de los huérfanos, de las niñas, de los enfermos… realizará junto con sus compañeras toda una verdadera obra social inspirada en parte, en las obras que realizaba su propio padre.

En el año 1844 encontró al padre Libermán y con él, proyectó enviar hermanas de su Congregación a África “para dar a conocer a Dios y hacerlo servir y amar por los africanos”. Cuatro de ellas se embarcaron en el año 1847 con destino a Senagambia (lo que hoy es Senegal y Gabón), conocida en aquellos tiempos como el sepulcros de los hombres blancos. En 1846 abrió una casa-refugio en Castres a fin de acoger a las muchachas desorientadas, a las que había que tratar “con una santa dulzura y con un santo afecto”. Guió a su congregación con celo y energía, con dinamismo pero con mucho cariño. Se hacía querer y por eso era conocida – y no solo por las hermanas -, como la “Madre Buena”.

En el 1852 obtuvo el decreto que hacía de la congregación un Instituto de “derecho pontificio”, todo un privilegio que siempre había deseado ya que amaba profundamente a la Iglesia. Un año más tarde, sin que nadie pudiese preverlo, dimitió de su cargo como Superiora General, manifestando que ella también no tenía otra aspiración que la “felicidad de obedecer”. Fue sustituida por la hermana Hélène Delmas.

Urna con las reliquias de la Santa el día de su beatificación.

Urna con las reliquias de la Santa el día de su beatificación.

En el año 1854 se extendió por Castres una epidemia de cólera; de entre todas las hermanas de la casa, ella sola contrajo la enfermedad y así, el 2 de octubre, rodeada de sus hijas, murió en dicha ciudad, siendo la última persona víctima de la epidemia. En sus escritos, ella misma nos dice cual fue su verdadero carisma: “Las hermanas tienen como único objetivo procurar por todos los medios posibles la gloria de Dios y la salud de las almas, marchando siempre bajo la bandera de María. Nada debe desalentarlas cuando se trate de alejar a las pobres víctimas del peligro o de sustraerlas del abismo. Este es el propósito de esta Congregación y en cuanto a las obras que habrán de realizar, Dios no pone límites a nuestro celo, ni barreras a nuestra dedicación. Todo sea por la salvación de las almas, ya que de esta manera no correremos el riesgo de distorsionar nuestro objetivo”. Por esto, a los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, ella agregó el de “trabajar para la salvación de las almas”.

Cuidar a los enfermos, atender a quienes eran abandonados y vagaban por las calles de Castres, educar a la juventud, visitar y atender a los presos, hacer realidad la justicia, la paz, el respeto y el cuidado de todos cuantos lo necesitasen, sin pedir nada a cambio, salvo una pequeña oración. Ese era el carisma de su Congregación. En la actualidad, su Congregación persigue estos mismos objetivos: la sanidad, la educación, las obras sociales, la ayuda a las parroquias… y por eso se encuentran presentes no solo en Europa, sino también en África, Asia y América. En Roma, la Congregación tiene una casa llamada “Il Romitello” en la que se atienden a los peregrinos que llegan a la ciudad eterna.

Urna con las reliquias de la Santa en la iglesia.

Urna con las reliquias de la Santa en la iglesia.

Su Causa de beatificación se inició en la diócesis de Albi en el año 1948, finalizándose el proceso informativo en el mes de febrero del 1950. Fue declarada Venerable mediante decreto emitido por San Juan Pablo II el día 6 de julio de 1991. El 17 de diciembre del 2007 se promulgó el decreto que aprobaba el milagro previo a la beatificación, ceremonia que se llevó a cabo en Castres (Francia) el día 5 de julio del año 2009. El día 6 de diciembre del año pasado fue promulgado el decreto reconociendo el segundo milagro, siendo canonizada por el Papa Francisco hace cuatro días en la Plaza de San Pedro.

Como el artículo parece algo corto, demos algunos datos acerca del milagro que ha llevado definitivamente a Santa Juana Emilia de Villeneuve a los altares. En el año 2008, Emilia María de Souza, una niña de unos nueve meses de edad, jugando con un ventilador recibió una fuerte descarga eléctrica que lo dejó totalmente paralizada. Cuando llegaron los sanitarios, la niña estaba en parada cardiorrespiratoria, por lo que el médico dijo a sus padres que estaba muerta. Aún así, intentaron reanimarla, y como a los veinte minutos mostró leves señales de vida, se la llevaron a la sección de pediatría del hospital Dom Malan. Pero así y todo, los médicos se reafirmaron en que, si la niña sobrevivía, quedaría ciega, sorda y muda e incluso incapacitada para caminar.

Ceremonia de beatificación de la Santa.

Ceremonia de beatificación de la Santa.

Aconsejados por Sor Ana Celia de Oliveira, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción que conocía a la familia, sus padres, inmediatamente, comenzaron una novena a la Madre Juana Emilia de Villeneuve, terminándola el día 29 de mayo. En la tarde del día siguiente, el estado clínico de la niña había cambiado por completo, y actualmente es una niña guapísima, completamente normal. El dictamen de los médicos dice textualmente: “Paro cardíaco respiratorio prolongado después de una descarga eléctrica… debiendo considerarse la total ausencia de consecuencias neurológicas que la ciencia no puede explicar”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bernoville, G., “Émilie de Villeneuve, fondatrice des Soeurs Bleues de Castres”, París, 1949
– Rapetti, G., “Emilie de Villeneuve, Suor María”, Milán, 1953.
– VV. AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Enlace consultado (25/04/2015):
– www.cic-castres.org

Santa María Alfonsina Danil Ghattas, virgen fundadora

Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

Maryam Sultanah Danil Ghattas nació el 4 de octubre del año 1843 en Jerusalén, siendo hija de Daniel Meo-Francis Issa y Catalina Antoun Youssef. Fue bautizada el día 19 de noviembre de ese mismo año y confirmada por el Patriarca Latino de Jerusalén el día 18 de julio de 1852.

Deseosa de consagrarse a Dios en la vida religiosa, en el año 1856, con catorce años de edad, ingresó como postulante en la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición y el 30 de junio del 1860 tomó los hábitos, cambiando su nombre por el de María Alfonsina. Dos años más tarde realizó su profesión religiosa. Debido a que conocía perfectamente el árabe, su principal tarea fue la de catequista en las escuelas parroquiales, primero en Jerusalén y posteriormente en Belén. Durante esta experiencia educativa fundó la Confraternidad de las Hijas de María y de las Madres Cristianas, asociaciones que aún en el día de hoy están operativas en Tierra Santa.

A partir del 6 de enero del 1874, tuvo varias apariciones de la Santísima Virgen, que le pidió fundase la Congregación de las Hermanas del Rosario para que atendiera a las niñas palestinas y para que estuvieran al servicio de las actividades que organizaba el Patriarcado Latino de Jerusalén. La misma Virgen le habló del padre José Tannous, un sacerdote que pertenecía al Patriarcado Latino, a fin de que fuera su director espiritual y le ayudase en esta tarea. Por eso, en el año 1880, después de haber estado en la Congregación de las Hermanas de San José por espacio de veinticuatro años, tomó al padre Tannous como su director espiritual, y con su aprobación y obtenida las regulares dispensas eclesiásticas, junto con otras cinco jóvenes se marchó a una modesta casa donde el propio Patriarca les impuso el hábito de postulantes el día 15 de diciembre de 1881. El conseguir la dispensa del voto de obediencia a la Congregación de las Hermanas de San José y la autorización para ingresar en la nueva Congregación del Santo Rosario no le fue nada fácil, aunque la Santa Sede se la concedió el 12 de octubre del 1880.

Primer sepulcro de la Santa.

Primer sepulcro de la Santa.

Así, el 6 de octubre del 1883 ingresó en la Congregación de las Hermanas del Rosario, recibiendo el hábito de las manos del vicario patriarcal, y el 7 de marzo del año siguiente realizó la profesión religiosa junto con otras ocho hermanas, en una ceremonia presidida por el propio Patriarca. Desde ese momento y hasta el día de su muerte, participó activamente en la fundación de escuelas, confraternidades y talleres, tanto en Palestina como en Jordania, y colaboró en otros trabajos que ya estaban en marcha. No desempeñó tareas de relieve en su comunidad aun siendo la fundadora de la Congregación, llevando este rol en silencio y dejando en las manos del padre Tannous todo lo relativo a la organización de la misma.

En el mes de julio de 1885 marchó a Jaffa y fue en esa ciudad donde se produjo el famoso milagro del rosario. Una niña llamada Nathira cayó dentro de un profundo pozo y habiendo sido llamada la hermana María Alfonsina, ésta le echó su rosario al pozo y se fue a rezarlo a la iglesia en compañía de otras niñas. Terminado el rezo del rosario, Nathira había salido del pozo diciendo que el rosario había formado como una especie de escalera por donde ella pudo escalar y salir. Un año más tarde, fue a fundar una casa y una escuela a Beit Sahour; y en 1887, otra en Salt, que fue la primera fundación realizada en la entonces Transjordania. Después estuvo en Naplouse, aunque por razones de salud tuvo que regresar a Jerusalén. Una vez restablecida, fue a Zababdeh y más tarde, en 1892, a Nazaret donde estuvo cuidando al padre Tannous hasta el día de su muerte.

Exhumación de los restos de la Santa.

Exhumación de los restos de la Santa.

En el año 1893 abrió un taller en Belén para dar trabajo a las muchachas pobres y desocupadas de aquella población, donde permaneció trabajando de manera incansable por espacio de quince años. En el 1909 volvió a Jerusalén, donde permaneció hasta el 1917, año en el que se fue a Ain-Karem, con la intención de fundar un orfanato. Allí, los últimos años de su vida los vivió de una forma más o menos clandestina, apartada, dedicada a la oración, y allí murió el 25 de marzo del año 1927 rezando el rosario.

La simplicidad de su vida y su amor por el aislamiento hasta el punto de que no se la considerase fundadora de su Congregación, no impidieron a los que vivían juntos a ella que captasen sus virtudes y su santidad. Esta fama de santidad fue confirmada con hechos prodigiosos realizados tanto en vida como después de su muerte.

El proceso informativo diocesano fue abierto en el año 1986 por el Patriarcado Latino de Jerusalén y terminadas la investigación de su vida y obra, las actas fueron remitidas a la Santa Sede a fin de que se preparase la “Positio” sobre sus virtudes y su fama de santidad. Después de un estudio exhaustivo de su Causa, el Papa San Juan Pablo II ordenó la promulgación del decreto sobre las virtudes heroicas, confiriéndole el título de Venerable, el día 15 de diciembre de 1994.

Urna actual de la Santa.

Urna actual de la Santa.

La promulgación del decreto que reconocía el milagro previo a la beatificación se realizó el 3 de julio del año 2009, siendo beatificada por el cardenal Angelo Amato en Nazaret el 22 de noviembre de ese mismo año. El milagro de la canonización fue reconocido mediante decreto fechado el 6 de diciembre del año pasado y finalmente, ha sido canonizada por el Papa Francisco, el pasado día 17 (hace tres días) en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Angelini, G., “Las Hermanas del Santo Rosario en Jerusalén”, Roma, 1898
– Duvignau, P., “La Madre María Alfonsina y la Congregación del Rosario”, Jerusalén, 1975.
– Stolz, B., “Madre María Alfonsina del Rosario”, Jerusalén, 1935.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlace consultado (25/04/2015):
– www.rosary-cong.com

Santa María Cristina Brando, virgen fundadora

Lienzo-retrato de la Santa.

Lienzo-retrato de la Santa.

Adelaida Brando nació en Nápoles el día 1 de mayo del año 1856, en el seno de una familia napolitana religiosa y acomodada, siendo hija de Juan José Brando y de Concetta Marrazzo. Su padre era un hombre muy conocido y estimado en su ciudad, pues ocupaba un puesto de importante responsabilidad en el Banco de Nápoles. Fue educada cristianamente no sólo en la escuela, sino también en el seno de su vida familiar; por eso, la noche de Navidad del año 1868, cuando Adelaida apenas tenía doce años de edad, se consagró a Dios arrodillada a los pies del Niño Jesús, haciendo voto de perpetua virginidad.

Deseando entrar en el convento de las Hermanas Sacramentinas, se vio obstaculizada por la voluntad de su padre, el cual, sin embargo dejó que se acercara con su hermana María Pía al convento de las Clarisas de Fiorentine a Chiaia. Allí cayó gravemente enferma en dos ocasiones, por lo que se le permitió salir del monasterio a fin de recuperarse físicamente.

El día 11 de abril del año 1875 entró finalmente en las Sacramentinas del monasterio de San José dei Ruffi, y al año siguiente, el 4 de mayo, vistió el hábito tomando el nombre de María Cristina de la Inmaculada Concepción. Pero en el año 1877, siempre por motivos graves de salud, tuvo que abandonar a las Hermanas Sacramentinas, retirándose como huésped en el Conservatorio de las Teresianas de Torre del Greco situado en la colina denominada “Mater Dei”. Con su hermana María Pía, que también había dejado el convento por motivos de salud y con otras compañeras, se fueron a vivir a un apartamento cercano a Ventaglieri y posteriormente, a Montemiletto.

Estampa ilustrada de la Santa en adoración eucarística.

Estampa ilustrada de la Santa en adoración eucarística.

Bajo la tutela de don Rafael Ferraiolo y de don Polidoro Schioppa y aconsejada por San Ludovico de Casoria y por el siervo de Dios Miguel Ángel Longo, María Cristina se fue definitivamente a Casoria en el año 1884, siendo hospedada por el canónigo Maglione. En esta localidad, además de dedicarse a la adoración de la Eucaristía, se dedicó a la catequesis y a la enseñanza de los niños. Allí compró una casa y el 19 de febrero de 1893 se puso la primera piedra de la iglesia. En esta casa de Casoria reservó para sí una pequeña celda desde cuya ventana podía ver directamente el altar de la capilla y en la que, normalmente, dormía sentada en una silla.

Quienes la conocieron, la llamaban la “Madre Santa”, debido a su dulzura y bondad, su modestia, sencillez y el candor de su corazón. Tenía la capacidad de ejercer una fascinación extraordinaria sobre las personas que se dirigían a ella y en especial, con las religiosas de su Instituto, que eran sus hijas espirituales. Fue para ellas una verdadera madre, que las guiaba en la verdad, la mansedumbre y la justicia, ganando con facilidad sus corazones, pues era realmente una mujer santa.

El día 7 de julio de 1903, la Sagrada Congregación de los Obispos y Religiosos aprobó el Instituto de las Hermanas Víctimas Expiatorias de Jesús Sacramentado, fundado por ella en Casoria. El 14 de enero de 1906 enfermó gravemente, muriendo en la mañana del día 20, festividad de San Sebastián.

El carisma de Santa María Cristina Brando era profundamente eucarístico, se sentía víctima reparadora ante el Santísimo Sacramento, alegrándose por sentir dentro de sí a Jesús Sacramentado hecho pan y vino compartido con los hombres. Siempre cultivó en su alma la presencia de Jesús, vivo y verdadero, que había puesto su morada entre los hombres para acompañarlos hasta el fin de los tiempos. Vivió una adoración continua, pero no solo para deleitarse con las infinitas manifestaciones de su afectuosa intimidad, sino para reparar las ofensas que Jesús recibiese en el Sacramento de la Eucaristía. Su estilo de vida estaba caracterizado por un deseo de ofrecimiento y de inmolación a fin de atraer a los hombres hacia la salvación que supone el Pan Eucarístico. Para ella, Jesús dignificaba a todos aquellos que se alimentaban con su Pan.

Sepulcro de la Santa.

Sepulcro de la Santa.

Ella misma llegó a escribir: “El objetivo principal de nuestro trabajo es reparar los ultrajes que recibe el Sagrado Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento del altar, sacramento que es recibido con irreverencia y falta de cuidado en numerosas ocasiones, mediante comuniones sacrílegas… Tenemos que ser sublimes víctimas de la adoración perpetua y de la reparación al Divino Corazón, terriblemente ofendido en el Santísimo Sacramento”.

Desde el año 1927 al 1940 se realizaron los procesos ordinarios sobre la fama de santidad, los escritos y sobre el “non cultu”. El 4 de mayo de 1972 se introdujo la Causa de beatificación y entre ese año y el siguiente se realizó el proceso apostólico. El 2 de julio de 1994 se promulgó el decreto que reconocía sus virtudes heroicas, por lo que fue declarada Venerable. El 20 de diciembre del año 2001 se promulgó el decreto reconociendo el milagro previo a la beatificación, siendo beatificada por San Juan Pablo II el día 27 de abril del año 2003. El decreto que reconocía el milagro previo a la canonización fue aprobado el 17 de septiembre del año pasado, siendo canonizada por el Papa Francisco el 17 de mayo, o sea, anteayer.

Detalle de la urna de la Santa.

Detalle de la urna de la Santa.

El Instituto fundado por ella, que cuenta con el privilegio de tener siempre expuesto el Santísimo Sacramento, trabaja en el apostolado de la catequesis, en la educación, en casas de retiro espiritual, en orfanatos y asilos de ancianos. Cuenta en la actualidad con unas trescientas hermanas de votos perpetuos y con cerca de treinta casas, prácticamente todas en Italia, aunque con presencia también en Brasil, Colombia, Filipinas e Indonesia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cappasso, G., “Una ricostruttrice d’Amore, Madre Cristina Brando”, Nápoles, 1983
– Casieri, A., “Vittima Espiatrice”, Roma, 1972
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Enlace consultado (24/04/015):
– www.mariacristinabrando.it

   

Santa María de Jesús Crucificado Baouardy, carmelita descalza

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Santa María Baouardy de Jesús Crucificado (سانت مريم البواردي يسوع المصلوب), nació en Abellyn (Cheffa-Amar), que se encuentra en Galilea, entre Nazareht y Haifa, el día 5 de enero del año 1846. Sus padres, mayores de edad y sin hijos, eran palestinos católicos de rito melquita, y como el tener descendencia era una de sus mayores aspiraciones, decidieron ir en peregrinación a Belén para pedirle a San José la gracia de poder tener hijos; Dios los recompensó teniendo dos a quienes impusieron los nombres de Mariam y Pablo. Con tres años de edad se quedó huérfana, haciéndose cargo de ella un tío suyo, quien, separándola de su hermano Pablo, al que no llegó a ver nunca más, la llevó a Alejandría (Egipto), donde hizo su primera comunión.

Cuando tenía doce años de edad, sus tíos acordaron su matrimonio con un joven, pero como ella quería permanecer virgen, el día en el que se iba a concretar oficialmente el compromiso, se presentó con el pelo cortado, lo que supuso una ofensa para la familia del que iba a ser su prometido, la cual se marchó enfurecida. Un amigo musulmán de los tíos la atosigaba constantemente para que abandonara el catolicismo y se convirtiese al Islam, pero como ella se negaba una y otra vez, en un momento de furor religioso, el musulmán la hirió gravemente en la garganta con un golpe de cimitarra y creyendo que la había matado, la envolvió con unos trapos y la dejó abandonada a las afueras de la ciudad. Era el 7 de septiembre del año 1858.

Curada milagrosamente por la Virgen, que se le apareció en sueños y que le dijo que sería hija de San José y, posteriormente, de Santa Teresa, se fue a trabajar como sirvienta a Alejandría, después a Jerusalén y a Beirut, donde conoció a las Hermanas de San José que la llevaron a Marsella. En esta ciudad francesa, en el mes de mayo de 1865 ingresó en la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición, siendo admitida como postulante, pero dos años más tarde, comprobando las monjas algunos hechos excepcionales en su vida, la juzgaron más idónea para la vida contemplativa que para la vida activa, por lo que le aconsejaron entrar en un monasterio de clausura. Como digo, por aquel entonces ya empezaron a mostrarse en ella una serie de hechos extraordinarios que siguieron ocurriéndole a lo largo de toda su vida. De hecho, el 29 de marzo del año 1867 recibió por primera vez los estigmas de la Pasión, visibles a los ojos y que fueron examinados por sacerdotes y por médicos.

Icono griego de la Santa venerado en el Carmelo de Belén.

Icono griego de la Santa venerado en el Carmelo de Belén.

Junto con la madre Verónica de la Pasión, que había sido su maestra de novicias en la Congregación de San José de la Aparición, ingresó en el Carmelo descalzo de Pau como monja conversa el día 27 de julio de ese mismo año, tomando el nombre de María de Jesús Crucificado. El 21 de agosto de 1870, marchó hacia Mangalore (India) donde el vicario apostólico, monseñor Efrén M. Garrelon, había abierto el primer monasterio carmelita hindú de clausura. Allí, el 21 de noviembre del 1871 emitió sus votos, llegando a ser su director espiritual el mismísimo vicario apostólico. Inmediatamente comenzaron a manifestarse en ella unas extraordinarias manifestaciones de misticismo a las que no se encontraban ninguna explicación – entre ellas, la aparición del ángel de la guarda en forma de un hermoso joven al que ella llamaba Juan Jorge -, por lo que su propio director espiritual la creyó endemoniada, poseída por espíritus malignos, y en septiembre del 1872 la obligó a retornar al Carmelo de Pau en Francia. Ella lo hizo de manera sumisa, sin ni siquiera juzgar a quienes consideraban que estaba poseída por el demonio.

Sintiéndose empujada a fundar un monasterio de carmelitas descalzas en Belén, trabajó duramente para realizar su sueño, hasta que en agosto del 1875 pudo partir hacia Palestina. El monasterio fue inaugurado de manera provisional en una casa el día 24 de septiembre, y el 21 de noviembre del año siguiente ya la comunidad entraba en el monasterio definitivo, que en unos terrenos conseguidos de manera providencial, había sido construido según sus propias indicaciones y bajo su personal dirección, ya que ella misma trabajó en su construcción. El monasterio tenía tres torreones dedicados a las Tres Divinas Personas. En aquellos momentos ya pensaba en la fundación de un nuevo monasterio en Nazareth, aunque esta idea no se concretizaría hasta el año 1910, algunos años después de su muerte, ocurrida en Belén el 26 de agosto del año 1878, después de recibir los sacramentos de manos del propio obispo melquita, besar la cruz y pronunciar las palabras: “Jesús, eres mi misericordia”.

Icono griego de la Santa.

Icono griego de la Santa.

Aunque siempre fue una monja muy sencilla, la vida espiritual de Santa María de Jesús Crucificado Baouardy estuvo enriquecida por innumerables hechos extraordinarios. Era muy humilde y casi analfabeta, pero sabía aconsejar e incluso explicar cuestiones teológicas con una claridad meridiana, fruto de una intensa e íntima comunión con Dios, fruto de su fe y sobre todo, fruto de un amor que la consumía. Aunque con muchas faltas de ortografía pues, como vuelvo a decir, prácticamente era analfabeta, escribió una obra sobre el Espíritu Santo que es considerada como uno de los mejores escritos teológicos.

Sus éxtasis eran frecuentísimos, así como sus levitaciones, como Santa Teresa de Jesús experimentó la transverberación del corazón, tuvo el don de profecía (gracias a una de ellas se logró evitar un atentado contra el Papa León XIII) y aunque sus virtudes estaban tan a la vista y eran tan sólidas – entre ellas la obediencia y la humildad -, a veces, daba la impresión de que el propio demonio tenía un cierto poder obsesivo sobre ella.

Durante un largo período de tiempo participó en los sufrimientos de la Pasión de Cristo. En el 1867, especialmente durante la Cuaresma, aparecieron en su cuerpo los estigmas de la Pasión y sólo en el 1876, después de haberle pedido insistentemente al Señor que aquellos signos exteriores desaparecieran, éstos lo hicieron, aunque siguió sufriendo los mismos dolores, pero sin manifestaciones externas. Deseaba ardientemente padecer los sufrimientos de la Pasión pero que nadie se diera cuenta de que los portaba en su propio cuerpo.

Su causa de beatificación se inició en el año 1919, siendo enviado el proceso informativo a la Santa Sede en el año 1922. La introducción de la Causa fue firmada el 18 de mayo de 1927, siguiendo el proceso un curso especial. En este sentido, parece particularmente interesante la “Alia nova positio super virtutibus” del 1944, en la cual se emitieron dos informes positivos, uno teológico y otro psicológico, sobre los fenómenos sobrenaturales que le ocurrieron en vida.

Sepulcro de la Santa en el Carmelo de Belén.

Sepulcro de la Santa en el Carmelo de Belén.

Fue declarada Venerable el 27 de noviembre del año 1981 y beatificada por San Juan Pablo II el 13 de noviembre de 1983. El decreto, reconociendo el milagro previo a la canonización, fue emitido el 6 de diciembre del año pasado y finalmente fue canonizada en el día de ayer por Su Santidad, el Papa Francisco. La mayor parte de sus reliquias se encuentran en el Carmelo de Belén, aunque su corazón incorrupto (que estaba físicamente herido por la transverberación) fue enviado al Carmelo de Pau, de donde fue robado y arrojado a un río. Su fiesta se celebra el 25 de agosto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Estrate, P., “La vida de sor María de Jesús Crucificado”, París, 1913.
“Positio super introductione Causae”, Roma, 1924,
“Alia nova positio super virtutibus”, Roma, 1944.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.