San Nicolás Saggio de Longobardi, fraile mínimo

Detalle del Santo en gloria en un lienzo barroco. Capilla del Santo en Paola, Cosenza (Italia).

Detalle del Santo en gloria en un lienzo barroco. Capilla del Santo en Paola, Cosenza (Italia).

Nació en Longobardi (Cosenza), una pequeña ciudad en la costa del mar Tirreno, el día 6 de enero de 1649, siendo el primogénito de los cinco hijos que tuvieron Fulvio Saggio y Aurelia Pizzini, recibiendo el nombre de Juan Bautista Clemente el día de su bautismo en parroquia de Santa Domenica virgen y mártir. Su familia era muy pobre y muy sencilla y poco tiempo pudo frecuentar la escuela, por lo que desde niño tuvo que ayudar a su padre en los trabajos del campo, aunque siempre lo hizo llevando una vida muy austera similar a la de San Francisco de Paula, de quien era muy devoto y cuyo culto estaba muy extendido en Longobardi, ya que allí existía un antiguo convento de frailes mínimos.

El 3 de mayo del año 1668 recibió el sacramento de la Confirmación en la misma parroquia donde fue bautizado, de manos de monseñor Luís de Morales, obispo de Tropea; es en ese mismo período de tiempo cuando se adhirió a la Tercera Orden de los Mínimos en la iglesia del convento de la Asunción. Sin embargo, dando ejemplo como un sencillo cristiano, continuó trabajando en el campo toda su adolescencia y juventud.

Teniendo algo menos de veinte años, fue al convento y vistió el hábito religioso, presentándose así vestido en la casa paterna, recibiendo el rechazo de sus padres. Su madre, airada, se lo arrancó y en ese mismo momento, su hijo quedó ciego, recuperando la vista cuando sus padres, arrepentidos por lo que habían hecho, le permitieron entrar en el convento. Cumplidos los veinte años, en el 1670, entró como hermano oblato en el proto-convento de Paola, donde el 28 de septiembre comenzó el noviciado bajo la guía del padre Juan Paletta, tomando el nombre de fray Nicolás de Longobardi. Cuando hizo la profesión simple el 29 de septiembre de 1671, fue enviado al convento de su pueblo donde ejerció los oficios de sacristán, hortelano, cocinero y mendicante (salía del convento a pedir limosnas).

Pila donde fue bautizado el Santo.

Pila donde fue bautizado el Santo.

Ejerciendo esos mismos oficios, durante los años 1673 al 1677, estuvo en los conventos de San Marco Argentano, Montalto Uffugo, Cosenza, Spezzano della Sila y Paternò, en los cuales fue la admiración de los frailes por su espíritu de piedad y por llevar una vida ejemplar conforme a la Regla de la Orden. Desde el 1677 hasta la primavera del 1679, llamado por el padre provincial, estuvo en el convento de Paola, ejerciendo como acompañante del mismo en sus visitas pastorales a los conventos de la provincia de San Francisco. Ese mismo año, a instancias del Corrector General de la Orden, fray Pedro Curti de Cosenza, fue enviado al convento de San Francesco da Paola ai Monti, en Roma, donde ejerció de sacristán, portero y compañero del anciano párroco Ángel de Longobardi.

En el 1683 hizo una peregrinación a pie hasta el Santuario de Loreto, con el doble objetivo de acrecentar su devoción mariana y solicitar a la Virgen la liberación de la ciudad de Viena que estaba asediada por los turcos. En este Santuario se acrecentó aun más su amor a la Virgen y a la Eucaristía hasta tal punto que según los frailes de la Orden, fue allí como un “buen hombre” pero de allí regresó “como un santo”. En este período de tiempo escogió como su director espiritual al padre Juan Bautista de Spezzano Piccolo, ejerciendo el oficio de portero desde el año 1684 hasta el 1692.

Relicario en la iglesia de San Nicolás, Marina de Longobardi (Cosenza).

Relicario en la iglesia de San Nicolás, Marina de Longobardi (Cosenza).

Aunque era un simple hermano lego prácticamente analfabeto, se vio favorecido por diversas gracias que lo convirtieron en un verdadero místico, llevando a ser visto en éxtasis por los frailes en numerosas ocasiones. En la Ciudad Eterna solía aprovechar su tiempo libre para visitar las iglesias de la ciudad, asistir a los enfermos y socorrer a los pobres. Su fama de santidad se difundió por toda la ciudad, convirtiéndose el convento en un continuo ir y venir de personas que solicitaban su ayuda.

Después de doce años de permanencia en Roma, en el año 1692, a instancias del padre Antonio Constantini de Castrovillari, Corrector Provincial de Calabria y con el beneplácito del Papa Inocencio XII, fue enviado nuevamente al protoconvento de Paola, donde por espacio de dos años recibió una “especial purificación espiritual”, siendo enviado de nuevo al convento de Longobardi para ocuparse de la ampliación y restauración tanto del convento como de la iglesia conventual, cosa que hizo mediante la recogida de limosnas. Como recompensa, recibió desde Roma el cuerpo de Santa Inocencia, una de las mártires recién extraída de las catacumbas.

En el otoño de 1967, se reincorporó de nuevo a la comunidad de San Francesco di Paola ai Monti, a petición de los mismos frailes de dicha comunidad. Allí ejerció de sacristán, de hortelano, de encargado del reloj y toque de campanas y cuantas tareas surgieran en el convento. A todos siguió edificando con su ejemplo, con su humildad, con sus continuos éxtasis y con la mente puesta siempre en Dios. Cuando murió su director espiritual, se puso bajo la dirección de otros cuatro religiosos de la misma comunidad: los padres Antonio Via da Celico, Francisco Ricardo de Rivello, Pablo Accetta de Longobucco y Alberto Gullo de Cosenza. Entre los años 1700 al 1709, a estos oficios comunitarios añadió las visitas a los enfermos y, de noche, las visitas a pie a las llamadas “Sette Chiese” de Roma (San Pedro del Vaticano, San Paolo fuori le Mura, San Giovanni in Laterano, San Lorenzo fuori le Mura, Santa María Maggiore, Santa Croce in Gerusalemme y San Sebastiano fuori le Mura).

Reliquias en la capilla del Santo en Paola (Cosenza).

Reliquias en la capilla del Santo en Paola (Cosenza).

En el mes de enero del año 1709 durante el tormentoso pontificado de Clemente XI, ofreció su vida por la Iglesia y para que se evitase un nuevo saqueo de la ciudad de Roma. Cayó enfermo y viendo próxima su muerte solicitó los últimos sacramentos. Su pequeña y simple celda se convirtió en un peregrinaje continuo. Por allí pasaron numerosos cardenales y obispos de la Curia, los nobles Felipe Colonna, Marcantonio Borghese, Augusto Chigi y muchos otros. En la medianoche del 2 al 3 de febrero murió en su celda, de una infección pulmonar, exclamando: “Al paraíso, al paraíso”. Tenía cincuenta y nueve años de edad y fue sepultado en una sencilla tumba en el convento.

Nueve años después de su muerte, el propio Vicariato de Roma instruyó el proceso ordinario de beatificación. En dicho proceso se narra como el “hermano Nicolás fue “transverberado” por un ángel con una flecha en llamas recibiendo de Jesús el anillo nupcial de los místicos”. Su cuerpo fue exhumado y colocado en un ataúd de plomo dentro de otro de ciprés y puesto en una capilla de la iglesia de San Francisco de Paula. Al proceso iniciado en la propia Roma se unieron los procesos de las diócesis de Cosenza y de Tropea, que fueron aceptados por la Sagrada Congregación de Ritos, el 14 de diciembre del año 1720. Iniciado el proceso apostólico, fue declarado Venerable por el Papa Clemente XIV el 26 de febrero del año 1771 y beatificado por el Papa Pío VI el 17 de septiembre del año 1786 en la Basílica Vaticana.

El milagro para la canonización fue realizado en el año 1938, cuando un albañil cayó de lo alto de un andamio quedando milagrosamente ileso. La investigación de este milagro, por diversos motivos, ha durado muchísimo tiempo y fue el 13 de diciembre del año 2012 cuando el equipo médico de la Congregación para las Causas de los Santos, lo declaró científicamente inexplicable, siendo aprobado mediante decreto papal el día 3 de abril del presente año. El pasado domingo fue canonizado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– FRANGELLA, E., “Il Beato Nicola da Longobardi”, Cosenza, 1950.
– ROBERTI, G.M., “Cenni storici del B. Nicola da Longobardi, nel II Centenario Della morte”, Roma, 1907.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città Nuova Editrice, Roma, 1989.

Enlace consultado (23/10/2014):
– www.giovaniminimi.it

San Amato Ronconi, terciario franciscano

Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Aunque sus principales biógrafos fueron Sebastián Serico de Saludecio (humanista del siglo XVI), Francisco Modesti y José Silbini, la historia que nos ha llegado hasta nuestros días es principalmente mediante la tradición oral popular, ya que con anterioridad a la escritura de estas “Vita”, no se ha encontrado ningún documento escrito, salvo su testamento. Sin lugar a dudas, aunque nadie duda de la historicidad de este nuevo santo, los relatos de su vida están contagiados por elementos fantasiosos.

San Amato nació en el seno de una rica familia de Saludecio, población de la diócesis de Rímini, en un lugar llamado Monte Orciaro, alrededor del año 1226, siendo el segundo hijo de un matrimonio formado por Félix Roncone y de una santa mujer conocida familiarmente por el nombre de Santuccia. Se quedó huérfano siendo aun niño por lo que tuvo que irse a vivir a casa de su hermano mayor Jerónimo, trabajando como jornalero agrícola en casa de un terrateniente.

Desde joven, Amato quería vivir el espíritu evangélico conforme a la espiritualidad franciscana vivida en el pequeño convento de Formosino, convento que había sido fundado por el propio San Francisco y sus hermanos menores y que se encuentra en el monte Formosino, entre los castillos de Mondaino y de Montegridolfo. San Francisco era su modelo de vida, atrayéndole especialmente su simplicidad, su caridad y su austeridad, por lo que ingresó en la Tercera Orden del Seráfico Padre. También le atrajo sus ansias de peregrinación porque estuvo en Rímini para venerar las reliquias de San Gaudencio, en el Monte Titano para venerar las de San Marino y, según la tradición, hasta cuatro veces en Compostela para venerar las reliquias del apóstol Santiago Zebedeo. En una de estas visitas, su biógrafo dice que en Galicia resucitó a un muerto.

Vestía como un peregrino: una túnica amarrada con un cinturón de cuero a la cintura y una especie de esclavina sobre sus hombros. Unas sandalias, una bolsa al hombro para llevar sus objetos personales, un bastón para ayudarse en el camino y la célebre concha de Santiago que llevan los peregrinos compostelanos. En el camino, hacía sus correspondientes paradas para ganarse el sustento ayudando a los agricultores y ganaderos en el campo. Lo normal en todo peregrino de la época.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

San Amato vivía con su hermana Clara en una casa en el Monte Orciaro, casa que su hermano mayor, Jerónimo, le había dado como parte de la herencia de su padre. Su cuñada, Lansberga, le propuso matrimonio con su hermana Inés y ante la negativa de Amato – que quería vivir en castidad -, difundió una calumnia según la cual, Amato renunciaba al matrimonio con Inés porque mantenía relaciones incestuosas con su hermana Clara. Pudo demostrarse su inocencia, pero dice la tradición que ante esta falsa acusación, Amato se flagelaba la espalda con las ventanas de su cuarto cerradas, pero que esto fue visto por uno de sus vecinos. Comía poco, llevaba una vida de ruda penitencia y, como acabo de decir, diariamente se flagelaba.

La casa de Amato, que estaba junto al camino que iba desde Rímini a Roma pasando por Urbino, se convirtió en un verdadero hospicio u hospital para los peregrinos que por allí pasaban y que se paraban a comer o a descansar. Él les daba la bienvenida, los acogía y cuando los suministros se agotaban, se reponían milagrosamente. Uno de los milagros que se cuenta es que, estando un día sin nada que llevarse a la boca, envió a su hermana Clara a recoger las legumbres que habían sembrado aquella misma mañana. Aunque la hermana se quedó extrañada, fue a la huerta y regresó con una enorme carga de nabos y otras hortalizas que, como he dicho, habían sido plantados aquella misma mañana. La noticia del milagro se corrió y los propios nobles del lugar acudieron a él solicitándoles su asesoramiento e intercesión. Fue precisamente por esta ola de entusiasmo despertada alrededor suya, por lo que se quitó de en medio y comenzó algunas de sus peregrinaciones.

En una de ellas – se dice que en la última que realizó a Compostela – tuvo una visión angélica que le ordenaba regresar a Italia porque su vida llegaba a su fin. Él lo hizo y se presentó en el monasterio de San Julián en Rímini, comunicando esta revelación a un monje benedictino llamado Salvio, al que le solicitó permanecer en el hospicio del Monte Orciano. El día 10 de enero del año 1292, Amato donó todos sus bienes a los monjes benedictinos y les dejó dicho en el testamento que, cuando muriese, su cuerpo fuera enterrado en la capilla del hospicio. Allí, en una humilde celda y sobre un jergón de paja, murió el 10 de mayo del 1292, con unos sesenta y seis años de edad. Su cadáver estuvo expuesto durante varios días a fin de que los fieles lo veneraran. No sólo no se descomponía sino que exhalaba una agradable fragancia y los enfermos que se acercaban a tocarlo, con su tacto quedaban sanados.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Después de realizados los ritos funerarios, fue sepultado en el Monte Orciaro, en la capilla del hospicio. La veneración de los fieles fue inmediata y prueba de ello es que el 26 de mayo del 1304 – sólo doce años después de su muerte -, el cardenal Francisco de San Eusebio, delegado del Papa Benedicto XI, confirmaba la donación hecha en el testamento al monje Salvio, denominándolo “prior del hospital del beato Amato”, y concediendo indulgencias a quienes visitasen su sepulcro.

Los datos más ciertos de su vida se encuentran en su testamento, que fue publicado en Rímini en el año 1862, por Tonini, L., bajo el título de “La Rímini del siglo XIII”. En él se dice: “Vir honestus et religiosus frater Amatus de tercio ordine beati Francisci” (no necesita traducción), propietario y fundador del hospital de Santa María del Monte Orciano cercano al castillo de Saludecio, ha realizado cesión solemne de dicho hospital y de todas sus propiedades a los monjes benedictinos de San Julián y de San Gregorio en Conca de Rimini, queriendo ser sepultado en la capilla del mismo hospital”. La carta lleva fecha del 10 de enero del 1292, siendo el único documento que nos dice en qué siglo vivió y murió.

En el año 1330, con ocasión de un incendio en la capilla del hospital, sus reliquias fueron llevadas a Saludecio y fue en esta ocasión donde tuvo lugar el famoso milagro del olmo. Aunque sea de manera breve, tendremos que narrarlo. El traslado se hizo en un carro tirado por bueyes y después de la ceremonia fúnebre, los bueyes que llevaban el cuerpo del santo se negaron a tirar del carro. El vaquero, exasperado, clavó un cuchillo en el suelo y más calmado, por mucho que tiraba para sacarlo, no podía. En el lugar nació repentinamente un olmo y ante este prodigio, todos aplaudieron espontáneamente. Desde ese momento es conocido como el “olmo de San Amato”. El olmo fue rodeado por un muro en medio de la plaza donde había enraizado, aunque posteriormente fue colocado junto a la primera casa de la acera izquierda de la calle principal que iba a la plaza.

Amato fue beatificado por el Papa Pío VI el día 17 de mayo del año 1776, concluyendo un proceso que había iniciado el propio municipio de Saludecio dos años antes. En el mes de septiembre del año 1804 el cuerpo del entonces beato fue puesto en su capilla de la parroquia del lugar dentro de una sencilla urna de hierro. El 3 de mayo del año 1930, su cuerpo incorrupto fue reconocido canónicamente y se puso en una urna realizada por unos orfebres de Faenza. En las paredes de la capilla están colgados numerosos exvotos, símbolos de los favores recibidos desde el día de su muerte, pues desde el siglo XIII hasta nuestros días, los habitantes de Saludecio cuentan innumerables milagros realizados por el santo. Es considerado como milagroso el hecho de que la urna hubiese quedado completamente intacta durante el bombardeo que sufrió Saludecio en el mes de agosto del año 1944 y que arrasó completamente la iglesia parroquial. Cuando los vecinos, un mes más tarde, tuvieron acceso a las ruinas encontraron la urna intacta, sin ni siquiera ninguno de sus cristales rotos.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

El proceso de canonización fue promovido desde el año 1997 por la propia parroquia y por una Asociación creada al efecto: la “Pía Unión del Beato Amato”. La investigación diocesana se completó en el mes de mayo de 1999. El decreto reconociendo el milagro previo a la canonización fue promulgado el día 15 de abril de este año y la canonización fue realizada por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, el pasado domingo. Su fiesta se celebra en Saludecio el día 10 de mayo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LUCHESSI, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– RENZI, D., “Vita del beato Amato Ronconi di Saludecio con aggiunta di preghiere”, Miramare, 1933.
– UGHI, G., “Cenni sulla vita, le opere e i miracoli del beato Amato Ronconi di Saludecio”, Saludecio, 1892.

San Ludovico Palmentieri de Casoria, fraile franciscano

Retrato del Santo.

Retrato del Santo.

Nació el 11 de marzo del año 1814 en Casoria (Nápoles), siendo el tercero de cinco hijos de Vicente Palmentieri y Cándida Zenga, quienes en el bautismo le impusieron el nombre de Arcángel. Su familia era muy pobre y muy pronto tuvo que abandonar la escuela para trabajar como aprendiz de un carpintero napolitano, permaneciendo poco tiempo en el taller porque mostraba gran inclinación hacia la vocación sacerdotal. Entró en el seminario para iniciar los estudios eclesiásticos, pero la pobreza familiar lo empujó hacia la vida religiosa ingresando en los Frailes Menores Alcantarinos el 17 de junio del año 1832. Vivió el noviciado en el convento de San Juan del Palco en Vallo di Lauro, cercano a Nola, donde cambió su nombre de Arcángel por el de Ludovico y estudió en el convento de Afragola Sant’Angelo en Nola y en el de San Pietro ad Aram en Nápoles, siendo ordenado sacerdote el 4 de junio del año 1837.

Como mostraba unas notables dotes intelectuales, en el año 1841 y por espacio de cinco años, se le encargó enseñar filosofía, física y matemáticas, pero su amor al prójimo lo llevó a montar una enfermería y una farmacia para atender a los frailes enfermos. Asimismo, se prodigó en la difusión de la Tercera Orden Franciscana en todo el Reino de Nápoles. De hecho, con un préstamo que le dio la familia Pellegrini, compró una pequeña casa en Scudillo di Capodimonte, y a pesar de la escasez de medios económicos, construyó otra enfermería-farmacia donde se atendía a los enfermos.

El 9 de noviembre del 1854, el sacerdote genovés Juan Bautista Olivieri – fundador de la Obra de la redención de esclavos -, le insinuó la idea de atender al rescate y a la educación cristiana de los niños negros que eran vendidos como esclavos y a esta obra se dedicó con entusiasmo recogiendo ese mismo día a dos chicos negros llamados José Rab y José Morgian, a los que se llevó al pequeño convento que había creado en Scudillo, llamado “de la Palma”. Los sanó y educó, obteniendo unos resultados tan prometedores que lo afianzó en este ministerio. Este experimento le indujo a proyectar el envío de misioneros a África reclutados entre esos niños, proyecto que él sintetizó con la frase: “África debe convertir a África”. Como sede escogió el pequeño convento de “La Palma”, donde debían prepararse a los niños negros que voluntariamente quisieran volver a África como misioneros.

Sandalias del Santo.

Sandalias del Santo.

Fernando II, rey de las Dos Sicilias le había dado su aprobación el día 20 de febrero del año 1856 y había puesto esta iniciativa bajo su protección. En agosto de ese año, en “La Palma” ya había nueve niños y jóvenes negros a los cuales se les estimulaba para los estudios. De ellos, cinco fueron bautizados el día 12 de octubre por el cardenal arzobispo de Nápoles. El 9 de febrero de 1857 conseguía que el rey Fernando rescatase a doce niños y para eso se embarcó rumbo a El Cairo. Habiendo desembarcado en Alejandría, aprovechó la ocasión para visitar Jerusalén y una vez conseguido el rescate de los doce niños, se los llevó a Nápoles y se los presentó al rey.

Este primer núcleo de futuros misioneros aumentó progresivamente. En 1858, ya eran treinta y ocho jóvenes negros, de los cuales, diez fueron bautizados por el cardenal arzobispo. En 1859, ya eran cuarenta y cinco y el número siguió creciendo hasta los sesenta y cuatro. Financieramente, no solo fue ayudado por el rey y fieles privados del Reino de Nápoles, sino de otros lugares de Europa, donde se puso en marcha una iniciativa para promover la recogida de fondos para colaborar en el rescate de los niños esclavos negros.

Como era lógico, el convento de “La Palma” se quedó pequeño e intentó conseguir un edificio anexo. Como el intento resultó fallido, intervino el rey Fernando, expropiando el edificio y entregándoselo al padre Ludovico. Entretanto, el 16 de marzo de 1858, había obtenido del definitorio y del General de la Orden la aprobación del Reglamento que debía promover la actividad de su Obra. En colaboración con la hermana Anna Lapini, fundadora de las Hermanas Estigmatinas, diseñó en Florencia en el año 1859 el mismo tipo de trabajo para rescatar y organizar a las niñas negras tratadas como esclavas. Crearon el colegio de las niñas africanas (Morette), en la casa que las estigmatinas tenían en Capodimonte, inaugurándolo el 10 de mayo de 1859 con doce niñas de color y otras niñas pobres de la ciudad.

Grupo escultórico del Santo en la iglesia de la Madonna in Trivio, Roma.

Grupo escultórico del Santo en la iglesia de la Madonna in Trivio, Roma.

Cuando los Borbones fueron derrocados, aconsejado por el beato Papa Pío IX, no solo continuó con su obra, sino que participó activamente en la reconciliación de los vencedores y vencidos del antiguo régimen. Exponente del movimiento napolitano neo-guelfo para defender el catolicismo de los asaltos del agnosticismo liberal, instituyó en Nápoles en el año 1864 una Academia de religión y de Ciencias, para la cual obtuvo la adhesión de escritores ilustres de todas las regiones italianas, aunque este intentó falló por falta de organización. Lo mismo le ocurrió al periódico “La Carità”, fundado el mismo año con la misma intención y con un programa similar al de la Academia. No desanimado y sabiendo que las clases medias y altas necesitaban también una formación cristiana, en 1866 fundó un colegio al que llamó por el mismo nombre – La Caritá -, con la intención de educar católicamente a dichos jóvenes.

A pesar de que sus actividades no tuvieron siempre buenos resultados, todas estas generosas tentativas consiguieron la admiración de muchos, incluso de los anticlericales, entre ellos los partidarios del liberal Luigi Setttembrini, consiguiendo que en el año 1863 le otorgaran la cruz de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro.

Pero la caridad y entrega de San Ludovico no se limitó solo a la creación de colegios misioneros – en Afragola, Casoria, Nola, Piano di Sorrento, Eboli, Montecorvino, etc. -, sino que además promovió numerosas obras de beneficencia a favor de los huérfanos, los sordomudos, los que tenían algún tipo de deficiencia, los enfermos y los pobres en general, para los cuales fundó diversas instituciones – escuelas primarias, talleres de artesanía, una imprenta, escuelas de música, etc. -, cuyo funcionamiento encargaba a las dos Congregaciones que él mismo había fundado: los Terciarios Franciscanos Regulares – llamados, “biggi” por el color gris de sus hábitos y que atendían a los hombres – y la Congregación de las Elisabetinas, que se encargaban de las mujeres. El día de Pentecostés del año 1867 el párroco de Sant’Agata le hizo entrega de un antiguo monasterio de carmelitas descalzos cercano a Sorrento, que acondicionó como un orfanato, donde los párrocos de las localidades vecinas llevaban a los huérfanos de sus parroquias y donde además montó una granja y unas escuelas de formación agraria. En Asís, en una casa contigua a la Basílica de San Francisco, fundó un hospicio para niños ciegos y sordos y otro para ancianos. Podríamos contar otras muchas fundaciones más, incluso en la lejana Florencia, pero como siempre digo, no quiero alargar en exceso el artículo.

Fotografía coloreada del Santo en su hábito de franciscano.

Fotografía coloreada del Santo en su hábito de franciscano.

Obtuvo de la Congregación de “Propaganda Fide” la estación africana de Schedall (pequeña ciudad egipcia al sur de Asuán, en la frontera tradicional con Nubia), a fin de montar allí la residencia de sus futuros misioneros. Tuvo que ir personalmente a Egipto a fin de tomar posesión de la misma y así, el 12 de noviembre de 1865 se embarcó en Trieste rumbo a Alejandría a donde llegó seis días más tarde. Desde allí prosiguió viaje a El Cairo y después, en barco, hasta Asuán. El día 5 de enero del año siguiente llegó a Asuán y prosiguió montado en camello, hasta Schedall, donde inmediatamente puso en marcha su obra. Acondicionó la estación como una casa-instituto para sus misioneros y en un hospital. El 8 de enero inició el viaje de regreso a Nápoles.

En Nápoles, un incidente puso a prueba su extraordinaria paciencia: el 30 de agosto de 1866, San Ludovico fue detenido junto con un hermano de su Congregación acusados de haber enterrado en el jardín de la casa de las Hermanas Estigmatinas de Capodimonte a dos niños negros que habían muerto de cólera, violando así los reglamentos sanitarios. Inmediatamente salieron en su defensa los liberales Mateo Renato Imbriani, Luís Settembrini y Gino Capponi, demostrando que la denuncia puesta contra ellos era falsa y consiguiendo que ambos religiosos fueran absueltos y puestos en libertad dos días más tarde. Luís Settembrini llegó a afirmar: “Señores, hablo con franqueza. Yo no creo en los milagros, pero hoy siento dentro de mi un milagro y es que me siento conmovido por defender a un fraile, cuya caridad reconozco y admiro”. A esto, ese mismo año, se unió el fracaso de sus proyectos misioneros, ya que el superior de la misión de Schedall le comunicaba el día 8 de octubre, que tenía que cerrarla por falta de medios económicos. Fracasados algunos intentos, San Ludovico no pudo reabrirla y el 2 de abril del 1867 se la restituía a “Propaganda Fide”.

Pero de desanimarse, nada: continuó con la educación de los niños negros y en el 1881 presentaba a “Propaganda Fide” un nuevo proyecto que le fue aprobado y por el cual sus hermanos del Instituto de San Rafael de Nápoles seguirían dedicados a la preparación de misioneros negros al igual que se hacía en Scudillo (“La Palma”).

En octubre del año 1882 tuvo una genial idea: para celebrar en toda Italia el séptimo centenario del nacimiento de San Francisco, organizó desde el 27 de septiembre al 29 de octubre más de cinco mil almuerzos y cenas multitudinarias para los pobres. Con tal motivo, en toda Italia se erigieron monumentos al Santo Seráfico de Asís, procurando él que uno de ellos fuera en Nápoles. El 3 de octubre fue inaugurado uno en Posillipo, aprovechando la ocasión para organizar una gran comida para más de cinco mil pobres.

Durante los nueve últimos años de su vida sufrió de una litiasis vesicular de la que tuvo que ser operado en varias ocasiones; esta enfermedad jamás lo apartó de su actividad apostólica, pero cansado, agotado, aunque con muchos proyectos “in mente”, la muerte lo sorprendió en el hospicio de Posillipo el día 30 de marzo de 1885, Lunes de Semana Santa. Fue sepultado en el cementerio municipal pero dos años más tarde, su cuerpo fue exhumado y sepultado en la iglesia de dicho hospicio, donde aun se encuentra.

Urna del Santo en procesión por las calles de Nápoles, Italia.

Urna del Santo en procesión por las calles de Nápoles, Italia.

En la archidiócesis de Nápoles se inició el proceso diocesano el 29 de agosto del mismo año de su muerte, finalizando el 20 de mayo de 1893. Sus escritos fueron aprobados por un decreto de fecha 7 de septiembre del 1903, introduciéndose su Causa en Roma el 13 de marzo de 1907. Fue declarado Venerable el 13 de febrero de 1964 y beatificado en la Plaza de San Pedro por el Papa San Juan Pablo II, el 18 de abril de 1993. El decreto del reconocimiento del milagro previo a la canonización fue promulgado el día 15 del pasado mes de abril y el pasado domingo, fue canonizado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro. Su fiesta se celebra el 30 de marzo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CAPECELATRO, A., “Vita del Venerabile padre Ludovico da Casoria”, Nápoles, 1993.
– CONIGIO, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (17/10/2014):
– http://lavocedelsanto.altervista.org/beatoludovicodacasoria

San Juan Antonio Farina, obispo y fundador

Fotografía del Santo en su atuendo episcopal.

Fotografía del Santo en su atuendo episcopal.

Juan Antonio Farina nació en Gambellara, una localidad de la provincia italiana de Vicenza, el día 11 de enero del año 1805, siendo el segundo de cinco hermanos, frutos del matrimonio formado por Pedro Farina y Francisca Bellame, personas honestas y de buena posición económica. La infancia de Juan transcurrió en ese ambiente familiar de piedad, caracterizada por una simple aunque profunda fe, rica en valores religiosos y humanos. Al morir su padre de muerte prematura, su madre y hermanos fueron acogidos por un tío paterno, el sacerdote don Antonio Farina, quién ayudó a afianzar aun más la formación humana y cultural de sus sobrinos, dándoles al mismo tiempo un ejemplo formidable como buen sacerdote.

Con catorce años de edad entró en el seminario diocesano de Vicenza donde inició y finalizó los estudios para ordenarse de sacerdote, ordenación que recibió el 15 de enero del 1827. Recién ordenado y conseguido un certificado que le habilitaba para enseñar en las escuelas primarias, fue nombrado capellán de la parroquia de San Pedro en Vicenza, cuya feligresía era de las más extensas y pobres de la ciudad – y en la que estuvo por espacio de diez años -, y profesor del propio seminario diocesano, por espacio de dieciocho años, impartiendo clases de griego, latín, gramática y humanidades. En 1830 fue profesor de teología pastoral y de métodos de catequesis. En el curso escolar 1830-1831 fue director adjunto de la Facultad de Teología y posteriormente, bibliotecario del seminario. Aun después de cesar como profesor del seminario, continuó dedicándose a la educación de los seminaristas hasta el año 1845.

En el año 1831 se le encargó la dirección de la “Pía Obra de Santa Dorotea” y la “Escuela de Caridad”, fusionando ambas obras parroquiales en una sola que se dedicó a la educación de las niñas de Vicenza. En el año 1836, a fin de asegurarse de que en este empeño hubiese maestras de probada vocación, dedicadas íntegramente a la educación de las niñas pobres, fundó el Instituto religioso de las “Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones”, quienes fueron conocidas como las “Doroteas de Vicenza”. El nuevo Instituto religioso – que fue aprobado por el Papa Gregorio XVI el día 1 de marzo del 1839, además de ocuparse de la formación de las niñas faltas de recursos económicos, se ocupó también de las niñas ciegas, sordomudas y con deficiencias síquicas, así como de los enfermos y de los ancianos. Ningún sufrimiento, ninguna forma de marginación quiso que quedara excluida de su labor apostólica. Las normas elaboradas por San Juan Antonio estuvieron en vigor hasta el año 1905, año en el que el Instituto obtuvo la aprobación pontificia definitiva por parte de San Pío X.

Grabado-retrato del Santo en su juventud.

Grabado-retrato del Santo en su juventud.

En el año 1841 fue nombrado canónigo de la catedral de Vicenza y un año más tarde, siendo aun un sacerdote muy joven, fue propuesto junto con otros seis compañeros para el nombramiento como obispo de Feltre y Belluno. La intensa actividad apostólica en la parroquia, en el seminario y en su Instituto, no impidió que siguiera estudiando literatura y ciencias, siendo miembro de varios institutos culturales como la Academia de la Sagrada Elocuencia, la Universidad de las Ciencias o la Academia Olímpica. Era tal su actividad y compromiso en el campo educativo que fue nombrado director del Royal College de Vicenza en el año 1841.

El 25 de mayo del año 1850 fue nombrado obispo de Treviso. Fue consagrado en la catedral de Vicenza el día 19 de enero del año 1851. Siendo obispo de dicha diócesis, el beato Papa Pío IX lo nombró “prelado doméstico”, le fue conferido la Orden de la Corona de Hierro y el título de barón del Imperio. Allí desarrolló una intensa y precursora acción pastoral para la formación del clero y del laicado a fin de conseguir colaboradores en la evangelización de la diócesis. Organizó en toda la diócesis una red de asociaciones de caridad para ayudar a los más necesitados, cofradías dedicadas a la ayuda de los sacerdotes pobres y enfermos y organizaciones educativas para la juventud.

Desde el 1 de mayo de 1852 hasta el 4 de octubre de 1858 visitó todas las parroquias de la diócesis. En Treviso pudo seguir la trayectoria del seminarista José Santo – el futuro Papa San Pío X – al que ordenó de sacerdote el 18 de septiembre del 1858 en la catedral de Castelfranco Veneto y quién, como he dicho anteriormente, dio la aprobación definitiva a las normas de su Instituto. En el año 1856 participó en una conferencia de obispos italianos y tres años más tarde, participó en el consejo provincial de Venecia. Se distinguió por sus numerosas iniciativas de carácter caritativo y social y, como dije antes, por su dedicación a la formación del clero y de los jóvenes.

El 18 de junio del año 1860 fue trasladado a la diócesis de Vicenza, en la cual, por espacio de veintiocho años, o sea hasta su muerte, no obstante la complejidad del momento histórico, realizó un amplio programa pastoral, que en aquellos tiempos era completamente innovador y que consiguió que se le conociera como el “obispo de la caridad”. Celebró un sínodo diocesano, visitó todas las parroquias de la diócesis, siguió empeñado en la formación del clero y de los jóvenes seglares, reformó los estudios y la disciplina del seminario diocesano y creó numerosas cofradías con fines espirituales y caritativos y entre diciembre de 1869 y junio del 1870 participó en el Concilio Vaticano I, siendo uno de los defensores del dogma de la infalibilidad pontificia.

Relicario del Santo en Vicenza.

Relicario del Santo en Vicenza.

Quiero hacer hincapié en su faceta de fundador. Siempre estuvo pendiente del desarrollo de su Instituto, de la formación espiritual y preparación profesional de las hermanas, pues quería garantizarse que las niñas recibiesen una educación integral. Escribió las Reglas de su Instituto inspirándose en las de las “Hijas de la Caridad” de Santa Magdalena de Canossa. El 25 de octubre de 1836 las sometió a la aprobación de su obispo, lo que consiguió rápidamente. El 11 de noviembre comenzaba su andadura el Instituto de “Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones”, obteniendo el decreto de alabanza – como dije anteriormente – del Papa Gregorio XVI el 1 de marzo de 1839. Los objetivos principales eran la educación de las jóvenes y la asistencia social a los más necesitados. El fruto más importante de su Instituto fue Sor Bertilla Boscardín, que fue canonizada por San Juan XXIII en el año 1961.

Supo esquivar mediante una serie de trucos la Ley de Supresión Religiosa promulgada el 7 de julio de 1866: apelando a diversas autoridades civiles e incluso ante el rey Vittorio Emanuele II, consiguiendo una declaración de la Santa Sede en la que se decía que su Instituto aun no había recibido la aprobación papal e incluso registrándose en el censo como un ciudadano normal, un ciudadano cualquiera. Con esas artimañas, consiguió que el 20 de septiembre de 1868 se reconociera por decreto a su Instituto como un “establecimiento público dedicado a la educación”, declarándose así que estaba exento de la supresión. Superado este obstáculo, él siguió extendiendo su Instituto por diversas provincias de la región del Véneto. A su muerte, el Instituto tenía trescientas treinta hermanas y cuarenta y ocho casas abiertas: escuelas primarias, escuelas de sordomudos y ciegos, jardines de infancia, un internado de niñas de escuela secundaria, catorce hospitales, cinco residencias de ancianos, comedores para pobres, etc. Pero aunque su trabajo era reconocido por todos, no se libró de sufrir algunas acusaciones injustas, a las cuales hizo frente en silencio, perdonando y realizando siempre lo que le dictaba su conciencia.

En el mes de octubre de 1886 sufrió de una grave enfermedad que lo dejó muy debilitado, muriendo en Vicenza de un ataque de apoplejía el día 4 de marzo del año 1888. Fue sepultado en el cementerio municipal de la ciudad, aunque diez años más tarde, sus restos fueron trasladados a la iglesia de su Instituto en la ciudad. Allí permanecen.

Urna con la figura que contiene los restos del Santo.

Urna con la figura que contiene los restos del Santo.

Su Causa de Beatificación y Canonización se inició en la diócesis de Vicenza en el año 1990. Con decreto del 23 de abril de 1993, la Congregación para las Causas de los Santos declaró la validez de las actuaciones diocesanas. La “Positio super virtutibus” fue consignada el 6 de julio de 1999. El 24 de abril del año 2001 fue declarado Venerable. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 4 de noviembre del año 2001 y canonizado el domingo pasado por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– GALIARO, L., “Mons. Giovanni Antonio Farina, vescovo di Vicenza e fondatore”, Vicenza, 1959
– RUMOR, S., “L’Istituto delle Suore Maestre di Santa Dorotea e il fondatore barone Giovanni Antonio Farina, vescovo”, Vicenza, 1978.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Santa Eufrasia Eluvathingal, religiosa de rito malabar

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Santa Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús, nació el 17 de octubre del año 1877 en la aldea de Kattor, perteneciente a la diócesis de Trichur, en la India, siendo hija de Antonio y Kunjethy, católicos de Rito Siro-malabar, quienes le impusieron el nombre de Rosa en el bautismo, celebrado el día 15 del mismo mes de octubre. Frecuentó la escuela elemental de su localidad y la profunda devoción que tenía su madre a la Santísima Virgen, se la inculcó desde niña a su hija Rosa, llegando a tener esta devoción mariana gran influencia en la futura vida de nuestra santa. Su madre le hababa también frecuentemente de Santa Rosa de Lima, de su forma de vida y de sus virtudes y esto influyó asimismo en los deseos de Rosa de querer llegar a la santidad aunque viviendo de manera escondida y tranquila.

Conforme crecía, empezó a despreocuparse de las cuestiones materiales, estando cada vez más interesada por todo lo relacionado con la vida religiosa. Se dice que con sólo nueve años de edad, se le apareció la Virgen María y ante Ella, Rosa se consagró a Jesús y que, a pesar de la fuerte oposición de su padre, que quería casarla con un hombre rico para mantener el estatus social de la familia, determinó que quería ser religiosa. Y de hecho, aunque desde pequeña su salud era muy débil, ya en su casa vivía como tal, pues compaginaba los estudios y la ayuda a su madre, con una intensa vida de oración, el rezo diario del rosario y la abstinencia de comer carne. Pero en su casa ocurrió una desgracia: una hermana menor murió de muerte súbita y eso hizo cambiar radicalmente la oposición de su padre, que accedió a que Rosa ingresase en un convento. Él mismo la acompañó personalmente para que ingresara en el colegio anexo al convento, que en Koonammavu tenía la Congregación de la Madre del Carmelo, fundada por San Kuriakose Elías Chavara. Allí permaneció por espacio de nueve años, siempre con el propósito de entrar en el convento.

He dicho anteriormente que era débil de salud y este estado físico le ocasionaba a veces dolores muy intensos. En una ocasión tuvo un ataque particularmente doloroso y eso puso a las monjas en la disyuntiva de si podría o no continuar allí, pero Rosa tuvo una visión de la Sagrada Familia y de forma milagrosa y repentina se recuperó y pudo continuar. El 10 de mayo de 1897 tomó el velo de postulante adoptando el nombre de Sor Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús y el 10 de enero del año siguiente, vistió el hábito religioso e inició el noviciado.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Era humilde, caritativa y hasta cariñosa, renunciaba a cualquier comodidad y sobre todo era devotísima de la Santísima Virgen, la cual la recompensó con una intensa alegría interior, que le hacía olvidar los dolores que le producían sus continuos achaques, sufrimientos que ella aceptaba, de los que nunca se quejó y los cuales, como ella misma más tarde dejó por escrito, la convertían en una esposa doliente con Jesús Crucificado. El 24 de mayo del año 1900, fue fundado el convento de Ollur, en la archieparquía de Trichur y en él, junto con otras tres hermanas, emitió sus votos solemnes, algo que le produjo una alegría indescriptible, pues desde ese momento ya sí que era una verdadera virgen consagrada.

Apenas realizada la profesión solemne fue nombrada ayudante de la maestra de novicias y desde el año 1904, por espacio de nueve años, tuvo la responsabilidad de ser la maestra del noviciado del convento de Ollur. A esa tarea se entregó con tanto empeño que de sus manos salieron futuras religiosas que al ver como su maestra llevaba una extrema vida de humildad, pobreza, penitencia, obediencia y abandono total en las manos de Dios, la tomaron como ejemplo y llevaron una vida santa.

Aunque ella quería pasar lo más desapercibida posible, fue elegida superiora de ese mismo convento de Santa María en Ollur; por humildad no quiso asumir esta responsabilidad, pero después de tener una nueva vivencia interior, la asumió, compró una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, la puso en el lugar más honorífico del convento y se confió totalmente a Él. De esta manera, ocupó esa responsabilidad desde el 1913 al 1916, cuando fue destinada a Manalur, aunque a causa de su salud, tuvo que regresar pocos meses después al convento de Ollur. Allí permaneció hasta su muerte, viviendo como religiosa cuarenta y ocho años, observando una vida tan recta y ejemplar que la gente la conocía como la “Madre oración” y las monjas de su comunidad como el “Tabernáculo móvil”, ya que siempre estaba en la presencia de Dios e irradiaba esta presencia en todo su entorno. Gran parte de su vida la pasaba junto al Sagrario y ante los pies de la Virgen, por lo que se convirtió en una apóstol de la Eucaristía y del rosario, que rezaba diariamente.

De esa unión completa con Cristo, le venía su capacidad de darse totalmente a los demás, encarnando plenamente el lema de su Congregación: “Permanecer unidas a Dios en la contemplación y consagradas a Dios en la acción”. Era tanta su entrega que acostumbraba a decir: “No os olvidaré, ni siquiera después de la muerte”.

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Como buena religiosa malabar tenía un profundo sentido de Iglesia, por lo que sufría por los problemas de la Iglesia de su tiempo, ofreciendo todos sus sufrimientos y oraciones por la unión de todos los cristianos de la India. Como bien sabemos, en el estado de Kerala viven tanto los cristianos malabares como los malankares y aunque los primeros son todos católicos, entre los segundos hay católicos y ortodoxos. Estas oraciones por la unidad de las Iglesias se las inculcaba a sus religiosas y a cuantos convivían con ella. Era un apóstol de la unidad y del ecumenismo.

Enferma, pero abandonada en los brazos de Dios, moría santamente el 29 de agosto del año 1952. Fue sepultada en el cementerio, pero en el año 1990 fue exhumada y trasladada a la capilla del convento. Todos quienes la conocieron estaban convencidos de su santidad, creciendo su fama sobre todo por los presuntos milagros que se realizaban junto a su sepulcro.

Durante toda su vida religiosa, prácticamente fue dirigida espiritualmente por el obispo Juan Menacherry, quién le ordenó revelarle todos los aspectos de su vida espiritual, bien de manera oral o escrita, guardando todas sus cartas. En total, se conservan 94 cartas manuscritas. Cuando este obispo murió entregó estas cartas a su sucesor, Mor Jorge Alappatt, quién se las entregó al superior de la Congregación de las Carmelitas de Trichur, diciéndole estas palabras, que fueron proféticas: “Guárdelas, porque las necesitará”. De hecho, estos documentos no solo nos revelan la espiritualidad de Santa Eufrasia, sino que sirvieron en la Causa de su beatificación y canonización.

Tumba de la Santa.

Tumba de la Santa.

El proceso diocesano de su Causa fue iniciado por la Eparquía de Trichur en el año 1988 terminando tres años más tarde. El decreto que convalidaba el proceso diocesano se emitió con fecha de 16 de noviembre de 1991. Fue declarada Venerable el día 5 de julio del año 2002. La promulgación del decreto que reconocía el milagro previo a la beatificación fue de fecha 26 de junio del 2006, siendo beatificada el domingo día 3 de diciembre del año 2006. El decreto reconociendo el segundo milagro previo a la canonización, fue promulgado el pasado 8 de abril y finalmente, fue canonizada por el Papa Francisco el día de ayer en la Plaza de San Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VITHUVATTICAL, L. “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (13/10/2014):
– http://euphrasia.in
– www.mothereuphrasiacmc.org