Beata Juliana de Norwich, mística inglesa

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Icono de la Santa.

Icono de la Santa.

Pregunta: No me queda claro si para la Iglesia Católica, Juliana de Norwich es Santa, aunque se la menciona con mucha frecuencia. Le ruego me saquen de dudas. Muchísimas gracias desde Argentina.

Respuesta: No se la venera como santa, sino como beata, aunque jamás ha sido beatificada oficialmente. Juliana de Norwich es una mística inglesa que vivió aproximadamente entre 1342 y 1430, años muy difíciles para la Iglesia, que estaba desgarrada por el Cisma después del regreso del Papa desde Avignon a Roma, años también muy difíciles para todos aquellos que sufrieron las consecuencias de una larga guerra entre Inglaterra y Francia. De ella no se conoce su nombre de bautismo, ni siquiera los de su familia. Sobre su existencia, además del libro de las “Revelaciones” – escrito o dictado por ella -, existe otro testimonio coetáneo, que fue descubierto el pasado siglo en la autobiografía de Margery Kempe, que es otra santa mujer de aquellos tiempos.

Según esta autobiografía, en el año 1413 Margery había ido a la ermita de Norwich a fin de visitar a la “señora Juliana” – se supone que era la santera o cuidadora de la ermita – para pedirle consejo y ayuda espiritual, o sea, que nuestra beata era conocida en vida como la “señora Juliana”, nombre que se mantuvo después de su muerte. Es posible que este nombre lo adoptara en honor de San Julián, que era el santo al que estaba dedicada la iglesia, en la cual transcurrió gran parte de su vida, iglesia que pertenecía al monasterio de Santa María y San Juan que las monjas benedictinas tenían en Carrow, dentro de la ciudad de Norwich. Hay quienes defienden que Juliana era una de esas monjas, pero esta hipótesis es poco probable.

Todo lo que realmente se sabe de ella está en el texto de las “Revelaciones”, en el que dice, refiriéndose a ella misma, que “es una criatura sencilla que no conoce las letras”, algo similar a lo que dice Santa Catalina de Siena, quien de sí misma dice que es una iletrada en su libro más notable: “El Diálogo”. De esta obra de la Beata Juliana nos han llegado dos versiones, una corta y otra larga. Se considera que la versión breve es la más antigua, aunque la larga fuese editada en primer lugar, concretamente en el año 1670 por parte del monje benedictino Serenus Cressy. El texto breve fue editado por primera vez en el año 1911 por Harford y se encuentra en el British Museum de Londres. En el siglo pasado se hicieron muchas ediciones de esta obra, de la cual todos deducen que su autora debió tener una personalidad excepcional.

Escultura de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Escultura de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Juliana, que merece ser recordada por sus continuas declaraciones de lealtad hacia las enseñanzas de la Iglesia Católica, es la primera escritora que utiliza el lenguaje vulgar inglés cuando escribe, cuestión que añade un especial interés lingüístico por esta obra, en la que Juliana, como mística, ocupa un puesto preeminente.

La fecha crucial de su vida fue el 8 de mayo del año 1373. Con anterioridad a esa fecha sólo sabemos que ella se dedicó a cuidar tiernamente de su madre y que era una mujer muy piadosa. Esto último, que era muy piadosa, se deduce por sus afirmaciones en las que dice que, antes de tener las revelaciones, ella pedía a Dios tres dones: una visión material de la Pasión de Cristo, participar en sus sufrimientos como lo había hecho la Santísima Virgen y tener la experiencia personal de padecer una enfermedad corporal, que la purificase de cualquier apego a las cosas terrenales. Las dos primeras gracias las pedía si ésa era la voluntad de Dios, pero la tercera la solicitaba sin reserva alguna, pues quería sufrir por los pecados de los hombres, para asemejarse a los padecimientos de Cristo y porque anhelaba ardientemente tener a Dios consigo misma. Estos deseos, expresados por ella misma, nos hacen suponer que la disponibilidad de su alma para recibir la gracia de Dios era total, por lo que se encontraba preparada para recibir extraordinarias gracias místicas.

Y esto fue lo que pasó. La enfermedad que ella había ardientemente solicitado la golpeó de manera imprevista el día 8 de mayo del 1373, aunque algunos autores afirman que fue el día 13, o sea, cinco días más tarde; es lo mismo. No se sabe con exactitud cuál fue esa enfermedad, pero tuvo que ser suficientemente grave, porque estuvo a punto de morir: “Me quedé así tres días y tres noches y al cuarto día, después de recibir todos los sacramentos de la Santa Iglesia, pensé que no vería el alba de la mañana siguiente. Pero después quedé lánguida durante dos días y dos noches, aunque a la tercera noche pensé nuevamente que me moría, por lo que se me vinieron a la cabeza algunos pensamientos, como por ejemplo, por qué habría de morir si aun era muy joven. Pero estuve de acuerdo, con todo mi corazón, en que se realizase la voluntad de Dios. Llamé al sacerdote para que estuviese conmigo en mis últimos momentos y él me puso la cruz delante de mi vista diciéndome: “Te he traído la imagen de tu Creador y Salvador; quédate con ella y verás cómo te reconforta”. Intenté hacerlo y lo conseguí, pero, realmente, no se cómo”. Esta imagen de Cristo siempre estuvo presente en su vida; ella la veía siempre goteando sangre por el rostro.

Icono de la Santa en su scriptorium, redactando su obra.

Icono de la Santa en su scriptorium, redactando su obra.

Según nos lo dice ella misma en el capítulo XVII de su obra, fue entonces cuando recordó su deseo de experimentar en su cuerpo los sufrimientos de Cristo: “La visión de los dolores de Cristo me llenó de pena, porque aunque yo bien sabía que Él había sufrido una sola vez, era como si Él quisiera mostrármelo y llenarme con ese pensamiento. Así que pensé: yo sé bien poco qué sufrimientos son los que yo quería y, como una desgraciada, me arrepentí pensando: si yo hubiera sabido lo que era esto, me lo habría pensado antes de pedirlo. Porque me parecía que mis penas habían superado los sufrimientos del cuerpo. Yo pensé: ¿hay algún sufrimiento como éste? Y yo misma me respondía con este razonamiento: el infierno es un sufrimiento peor porque allí no hay esperanza. Pero, Señor, de todos los sufrimientos que me han de llevar hacia la salvación, el peor de todos es verte sufrir a Ti”.

Ésta fue la primera de las dieciséis “Revelaciones,” y se refiere a la mañana siguiente de su misteriosa enfermedad e improvisada curación. “La primera comenzó muy de mañana; eran cerca de las cuatro de la madrugada y esta visión continuó en un proceso lleno, claro y neto, una detrás de otra hasta las nueve de la mañana”. La última aparición tuvo lugar la noche siguiente y cuando finalizó, retornaron los síntomas de la enfermedad, por lo que Juliana comenzó a tener dudas sobre la realidad de sus experiencias y deseó “conocer qué significado le daba Nuestro Señor a todo esto”. Tuvo que esperar más de quince años antes de recibir una respuesta directa y ella misma nos lo cuenta: “¿Quieres conocer el designio de tu Señor sobre estas cosas? El Amor. Apréndetelo bien: el amor era su designio. ¿Qué fue lo que te mostró? El Amor. ¿Por qué te lo mostró? Por Amor. Quedátelo dentro y aprenderás y conocerás más cosas”.

Estas visiones fueron para Juliana como “semillas celestiales plantadas por el mismísimo Cristo en lo más íntimo de mi alma”, y así se desarrollaron interiormente durante todo el curso de su vida. Todo el libro no es otra cosa que un comentario sobre aquello que le fue mostrado, durante aquellas horas, en su lecho de enferma, cuando tenía treinta y un años de edad. Pero ella vivió mucho más tiempo, recluida en aquella ermita junto a la iglesia de San Julián de Norwich, aunque ayudada por dos mujeres, que en los últimos años de su vida atendieron todas sus necesidades. Durante toda su vida, Juliana fue continuamente visitada por multitud de personas de todas las clases sociales, que acudían a ella para solicitarle consejo.

Vidriera contemporánea de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Vidriera contemporánea de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Posiblemente, el libro fue escrito por algún clérigo a quien ella se lo iba dictando, personaje que al mismo tiempo la fue instruyendo en las vidas de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia. Posiblemente, este mismo clérigo le hizo llegar los escritos de su contemporánea Santa Catalina de Siena, los cuales quizás ella conoció, pero que no tuvieron ninguna influencia que adulterara la originalidad de Juliana. El libro que Juliana escribió o dictó fue la más dulce exposición de lo que es el amor divino escrito en lengua inglesa. Algunos capítulos son realmente sublimes y poseen un mensaje válido para todos los cristianos de todos los tiempos.

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La división del libro en dieciséis “Revelaciones” puede parecer como algo artificial, aunque no deja de ser un detalle secundario. Cubre todas las fases de la actitud de todo cristiano con respecto a Dios y a sus hermanos, los hombres, insistiendo de manera particular en la sabiduría y en la bondad de Dios: “Yo puedo hacer bien todas las cosas. Yo haré bien todas las cosas y tú verás, por ti mismo, que todas las cosas pueden hacerse bien”.

La fecha se su muerte se sitúa en el año 1430. La beata Juliana de Norwich nunca ha sido oficialmente beatificada y ni siquiera ha recibido culto público, aunque siempre se la ha llamado beata, siendo recordada el día 13 de mayo.

Aun así, sin estar oficialmente reconocida como beata, el Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del miércoles día 1 de diciembre del 2010, dijo de ella: “Recuerdo con gran alegría el viaje apostólico que realicé al Reino Unido en septiembre pasado. Inglaterra es una tierra que ha dado a luz a muchas figuras ilustres, que por su testimonio y por su enseñanza adornan la historia de la Iglesia. Uno de ellos, tan venerada por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana es Juliana, la mística de Norwich, de quién me gustaría hablar esta mañana aunque las noticias que tenemos sobre su vida no son muchas y derivan, principalmente, del libro en el que este tipo de piadosa mujer reunió el contenido de sus visiones. Cuando en el año 1373 Juliana enfermó gravemente, recibió dieciséis revelaciones centradas en el amor de Dios. Inspirada por el amor divino, optó por una decisión radical. Como una antigua anacoreta eligió vivir dentro de una celda, situada cerca de la iglesia de San Julián en la ciudad de Norwich. Los anacoretas se dedicaban a la oración, a la meditación y al estudio. De este modo, tenían una gran sensibilidad humana y religiosa que causaba admiración en la gente y por eso, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, deseosas de consejos y de consuelo, la buscaban devotamente. En su libro “Revelaciones del Amor divino” hay un mensaje de optimismo fundado en la certeza de que somos amados por Dios y protegidos por su Providencia. Juliana compara el amor divino con el amor materno y este es uno de los mensajes más característicos de su teología mística. La ternura, la solicitud y la dulzura de la bondad de Dios con nosotros es tan grande que, para nosotros, peregrinos en la tierra, evocan el amor de una madre por sus hijos”.

Icono de la Beata con su gato, que la acompañaba en la soledad de su celda de reclusa.

Icono de la Beata con su gato, que la acompañaba en la soledad de su celda de reclusa.

“Juliana de Norwich entendió el mensaje central de la vida espiritual: Dios es amor y solo cuando nos abrimos totalmente a ese amor y dejamos que se convierta en la única guía de la vida, todo se transforma, se encuentra la verdadera paz y la verdadera alegría y se es capaz de difundirlas alrededor. En el Catecismo de la Iglesia Católica se recogen unas palabras de Juliana de Norwich cuando expone el punto de vista de la fe católica sobre la existencia del mal y del sufrimiento de los inocentes, teniendo en cuenta que Dios es sumamente bueno. En los misteriosos designios de la Providencia, Dios es capaz de obtener incluso del mal un bien mayor, como escribió Juliana de Norwich: “Aprendí por la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe y, por tanto, debía creer con firmeza y plena convicción en que todo habría terminado bien”. Las promesas de Dios son siempre más grandes que nuestras expectativas. Si entregamos a Dios, a su gran amor, los deseos más puros y más profundos de nuestros corazones, nunca quedaremos defraudados. Éste es el mensaje que Juliana de Norwich nos transmite”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Molinari, P., “Iulian of Norwich”, Londres, 1958.
– Warrack, G., “Revelations of Divine Love”, Londres, 1901.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (05/07/2015):
– http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2010/documents/hf_ben-xvi_aud_20101201.html

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Santos Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa y Jorge, mártires mozárabes

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Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Hoy conmemoramos a un grupo de mártires cordobeses, ejecutados en tiempos de Al-Andalus, que tuvieron contacto con las Santas Flora y María, vírgenes y mártires de las cuales hemos ya escrito, y murieron al año siguiente del martirio de éstas, en 852, en tiempos del emir Abd-Al- Rahman II, cuarto omeya gobernante de Al-Andalus.

Conocemos muy bien la historia de este grupo de mártires gracias a la misma fuente por la que conocimos la de Flora y María y otros mártires mozárabes, es decir, a través de San Eulogio. Siguiéndole a él y completando con otras informaciones, iremos reconstruyendo los sucesos en torno al martirio de estos cristianos cordobeses.

Contexto histórico
Es muy importante recordar que no puede aplicarse a estos mártires el mismo contexto que los mártires de la Antigüedad. La comunidad mozárabe residente en Al-Andalus nunca dejó de sentir y de transmitir de generación en generación una conciencia de reducto cristiano frente al resto de la sociedad andalusí, mayoritariamente musulmana, además de la comunidad judía. Parte de esta conciencia fue su resistencia a la aculturación, es decir, a las presiones para que abandonaran las lenguas latinas y romance en pro del árabe, lengua oficial religiosa y administrativa.

Cualquier chispa bastaba para hacer estallar el polvorín de esta difícil convivencia cultural y religiosa, y esa chispa fue la ejecución de San Perfecto, sacerdote cordobés que fue decapitado en 850 por declarar que Mahoma era un falso profeta. Aunque habían existido precedentes, esto generó una reacción en cadena que llevó a 48 cristianos cordobeses a desafiar deliberadamente las leyes contra la blasfemia, la apostasía y el proselitismo cristiano, siendo conscientes, en todo momento, que tal actitud les reportaría la muerte, y deseándolo. Poco antes de la fecha que nos ocupa, el mismo año de su muerte -852- el emir Abd-Al-Rahman II logró que un concilio de obispos mozárabes prohibiera estas actitudes, pero como no se condenó específicamente la actitud de los mártires, hubo todavía algunos martirios más hasta el fin de la resistencia, en 859.

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Dos matrimonios mozárabes
Entre ellos contamos a Aurelio, hijo de un musulmán cordobés y de una cristiana, que le instruyó en su religión. Al quedar huérfano, fue acogido por una tía cristiana hasta que tuvo edad de casarse. Entretanto, según nos dice San Eulogio, estudió literatura árabe forzado por sus parientes y asimiló la cultura en la que había nacido y crecido, manteniéndose cristiano en la intimidad.

Tomó por esposa a una cristiana llamada Sabigoto, un nombre visigodo que ciertamente se nos antojará raro a los oídos, pero que era una manifestación de su fe cristiana. En realidad su nombre de nacimiento había sido Natalia, nombre latino asociado al paganismo, por ser hija de musulmanes y musulmana también, hasta que su madre, enviudando de su primer marido, se casó en segundas nupcias con un cristiano. Instruida por su padrastro, abrazó la fe cristiana y se hizo bautizar, momento en que había cambiado de nombre. “A esta Sabigoto, nos cuenta San Eulogio, aceptándola por esposa el piadoso joven Aurelio, una vez firmados los esponsales y cruzados entre ambos los regalos de boda según la ley, recibieron el sacramento ante el sacerdote conforme la prescripción de la Iglesia y, convenidos, vivieron algún tiempo ocultamente como cristianos, sin atreverse a revelar en público su fe, un poco por respeto humano, sin dejar por eso de ser fervorosos.” Aquel matrimonio tuvo dos hijas, a las que naturalmente educaron como cristianas pese a que en su calidad de ricos, estaban emparentados con gente importante de la ciudad, de cultura y fe árabe.

Por su parte, Liliosa, también cristiana, era la esposa de Félix, amigo cristiano de Aurelio, que por miedo al tormento y a la muerte, había renunciado a su fe ante el juez. Avergonzado por ello, no asistía a las asambleas y había ocultado su apostasía a los demás. “Casó este con una hija de padres cristianos llamada Liliosa, pero que en público simulaba practicar la ley musulmana. Tan íntimamente convivían y se amaban y se compenetraban estos matrimonios, que unos mismos eran sus afectos y sus sentimientos, tanto en las prosperidades como en las adversidades”.

Como vemos, se trataba de una pareja de matrimonios cristianos que vivían su fe de forma discreta e incluso oculta, lo cual era lo más viable en una sociedad multicultural como la andalusí que, si bien era tolerante con los dimníes (judíos y cristianos) estaba lejos de ser un oasis de paz e igualdad entre todas las confesiones, como ya hemos avanzado.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Una paz inestable
Entonces empezó a haber los conflictos de religión ya mencionados en la ciudad emirada, por lo que cambió la situación de los dos matrimonios. Aurelio fue testigo, cierto día cuando iba al mercado de cómo humillaban a un cristiano llamado Juan, llevándolo por las calles mientras era insultado y golpeado con cuerdas: Azotado sin compasión, iba montado en el lomo de un jumento, de espaldas, encorvado sobre el aparejo de la bestia bajo el peso insoportable de las cadenas que colgaban de sus pies; le precedían pregoneros de burla y le paseaban por toda la ciudad, escarneciéndole toda la chusma entre gritos e injurias. Decían las gentes que no castigaban a aquel reo como merecía su crimen, pues quien con tan grande irreverencia había blasfemado de su Profeta, convenía que muriese con la muerte más afrentosa. Tal espectáculo conmovió al futuro atleta hasta desear ardientemente el martirio (…)”, cuenta San Eulogio.

Entonces, Aurelio volvió a casa y contó a su esposa lo que había presenciado y le propuso “(…) ante todo, observando la continencia y la caridad más perfectas, entreguémonos a la oración para ir más fácilmente a la práctica de la santidad. Sea ahora mi hermana la que fue mi esposa, conviértase el lecho conyugal en afecto fraterno, crezcan las obras de nuestras almas, engendremos los frutos del espíritu y renunciando al cieno de la unión corporal, se esfuerce el alma sobre todo, en producir hijos de salud perdurable, sin entregarnos a los deleites de la carne. Así, de algún modo, con la meditación de estos trabajos, podremos merecer dignamente el premio del martirio”. Sabigoto aceptó esta propuesta de renunciar a la satisfacción sexual conyugal y en prepararse física y mentalmente para el martirio. Y así, según Eulogio, “(…) Se acuestan en cama distinta pero rezan juntos. Sus camas lucen ropas de diversos colores para así ocultar en público, su vida; más en sus habitaciones interiores, extienden sobre el desnudo ladrillo sus lechos y los cubren sólo con el cilicio, durmiendo separados. Ayunaban muchas veces, oraban sin cesar y durante la noche meditaban los salmos, que sabían de memoria; vencían el sueño con el trabajo de manos, evitando así los lazos y asechanzas del demonio; curaban a los enfermos y repartían limosnas entre los más necesitados.”

Y además, visitaban a los prisioneros cristianos en las cárceles, donde conocieron a San Eulogio, autor de su vida, que se dedicaba a este menester: “Aurelio visitaba a los hombres y Sabigoto visitaba a las mujeres. (…) Allí le conocí yo; allí trabé amistad con él y allí me preguntó con instancia lo que debía hacer con sus bienes y de dos hijas que les había dado el cielo.” Eulogio les aconsejó, sin reparos, el renunciar a sus bienes y a sus hijas porque no debían tener ningún obstáculo para salvar sus almas, pero para evitar que los primeros fueran incautados por el fisco y las segundas, convertidas al Islam, aconsejó vender los primeros y repartir el precio obtenido, y entregar a sus dos hijas, aún niñas -una tenía cinco y otra ocho años-, al monasterio de Tábanos, donde serían mantenidas en la fe cristiana.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Fue precisamente en la prisión donde conocieron a las mártires Flora y María, quienes, como ya vimos, habían sido condenadas a muerte por sacrílegas. Sin embargo, las dos mujeres, luego de haber flaqueado inicialmente y haber sido fortalecidas y consoladas por Eulogio, tenían el semblante tan alegre y decidido que parecían estar a punto de recibir un premio. Ellos quedaron profundamente impresionados por ello. Tras el martirio de Flora y de María, Sabigoto las vio en un sueño en la gloria divina y éstas le aseguraron que obtendrían el mismo premio si persistían en la fe, por lo que tras esto, definitivamente se desprendieron de todo y entregaron a sus hijas al monasterio: “Una parte del precio de sus haciendas lo separaron para sus hijas y, todo lo demás, lo destinaron a socorrer a los menesterosos. Dedicáronse a visitar los monasterios de varones y mujeres, en especial el cenobio Tabanense, porque la observancia y regularidad de sus moradores eran conocidísimas en todo Occidente”.

A su propuesta se unió Jorge, un monje de origen sirio, nacido en Belén, que había sido enviado a África por limosna, el cual era diácono y erudito por su conocimiento del latín, del griego y del árabe; y que había llegado a Al-Andalus para evangelizar aquellas tierras. También Félix y Liliosa quisieron unirse al martirio: “Allí, con ellos, hablé al venerable Félix y a su muy santa consorte Liliosa. Ellos también habían vendido sus bienes y hecho donación de su importe a los santos lugares y a los pobres, estando preparados para soportar toda clase de tormentos por amor de Jesucristo”.

Detención
Naturalmente, y a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad romana, estamos en una época donde la religión cristiana no era perseguida, sino tolerada, legal, aunque la convivencia fuese, desde luego, inestable y convulsa. Esto hacía que, como ya adelantamos, cualquier chispa hiciese saltar por los aires la frágil paz, por lo que nuestros mártires de hoy -hay que decirlo- hubieron de buscar por ellos mismos el martirio provocando a las autoridades, como queda atestiguado por Eulogio.

“Empezamos a preguntarnos mutuamente cómo llegaríamos a la tan codiciada corona del martirio y, como por inspiración divina, determinamos que nuestras hermanas fuesen a la iglesia con la cara descubierta, lo cual diera ocasión a que las apresaran, como en efecto, así sucedió, pues al volver ellas el templo, se presentó un oficial que había presenciado el acto religioso de las mujeres y que preguntó a sus maridos qué significaba aquel acudir de las mujeres a los santuarios de los cristianos. Ellos les respondieron que era costumbre de los fieles visitar las iglesias y venerar devotamente las casas de los mártires, pues como cristianos que somos, llevamos en alto con mucha honra, el estandarte de la fe. Sin pérdida de tiempo, el delator corrió ante el juez contándole falsamente quienes éramos y qué hacíamos (…)” Recordemos que, hasta ese momento, nuestros protagonistas de hoy habían fingido exteriormente ser musulmanes y seguir estos ritos, por lo que la presencia de Sabigoto y Liliosa en los templos cristianos a cara descubierta -y no con velo, propio de las mujeres musulmanas- debió chocar considerablemente a quien les había conocido hasta ese momento.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

“Presentada, pues, la acusación al juez y enterado éste de que Aurelio era el autor del hecho, resentido en su interior, mandó compareciesen cuanto antes los acusados en su presencia. Los soldados, acordonaron en seguida la vivienda del venerable Aurelio, donde estaban reunidos todos los mártires (…) Inmediatamente, maridos y esposas, como invitados a un festín nupcial, se ponen en camino. Van alegres, saltando de contento; hubiérase creído que esperaban en el tribunal del juez, recompensas en vez de tormentos. Viendo San Jorge que los soldados no le apresaban, les interpeló de este modo: “(…) ¿Por qué obligáis a la fuerza a adorar a un falso profeta, a quienes la santa fe cristiana reclama como suyos? ¿Para qué os empeñáis en arrastrar con vosotros, a la perdición, a los predestinados a la vida, siendo vosotros enemigos de Dios? ¿Es que no podéis entrar en los infiernos sin llevarnos por compañeros? ¿Acaso no os van a atormentar los fuegos eternales, sin que nosotros estemos en ellos? ¡Idos vosotros, marchad en buena hora, hijos de perdición, allá donde gocéis con vuestro capitán Mahoma, las delicias del tártaro! (…)”. Naturalmente, al provocar Jorge a los soldados, “apenas hubo pronunciado estas palabras, las manos de los verdugos se lanzaron sobre el monje para castigar su insolencia. Derribándole al suelo, le surcaron el cuerpo con muchos garfios, dándole patadas y puñetazos. Como Santa Sabigoto, creyéndole ya muerto, dijese: “Arriba, hermano, vámonos”, el monje habló así: “Todo esto, hermana, contribuye a acrecentar los méritos y a hacer más preciosa la corona”. Los musulmanes lo levantaron del suelo medio muerto y le arrastraron, juntamente con los otros mártires, hasta el estrado del juez”.

Y así lograron los cinco ser apresados y comparecer ante el juez, ellas por revelarse como cristianas, Aurelio, como instigador, y Jorge por haberse referido a Mahoma como un falso profeta.

Juicio
Sigue refiriendo Eulogio que en principio, el juez les trató de forma amable, preguntándoles por qué habían abandonado la fe musulmana y renunciaban de aquella manera a la vida ventajosa y cómoda que habían adquirido. Pero ellos respondieron: “(…) Todo culto o religión que no reconoce la divinidad de Jesucristo, que no profesa la esencia de Dios trino, que rechaza el bautismo, que desprecia a los adoradores de Jesucristo y deroga el sacerdocio, le consideramos falso y reprobable”, por lo cual el juez los mandó a la cárcel, cargados de cadenas, tras avisarles de que les daba cinco días para reflexionar, en los cuales reuniría al consejo para decidir sobre su suerte. Narra en este punto Eulogio diversos prodigios que supuestamente habrían acontecido en la prisión, como la visita de ángeles, la revelación de la dicha que iban a ver en el Paraíso, y que se les soltaran milagrosamente las cadenas, quedando libres ante el estupor de los guardias, que no se atrevieron a volver encadenarlos.

Cinco días después, ante los nuevos jueces, daba la impresión que tenían más empeño ellos en morir que los jueces a condenarles: “En el momento de sacarlos a presencia del juez, la venerable Sabigoto empezó a preparar con santos consejos a su marido, exhortándole, instruyéndole y confortándole. Fueron introducidos en el palacio, los carearon con los oficiales mayores, se les ofrecieron riquezas y les prometieron honores de todo lo cual gozarían si renegaban a su fe. Persistiendo ellos, inmóviles, confesando la fe, los magistrados les entregaron a los verdugos para que los rematasen.”

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Siendo ya sentenciados a muerte los dos matrimonios, sin embargo, el tribunal aún quiso dejar libre a Jorge, pero éste redobló sus descalificativos contra el Islam, para asegurarse de que no le respetaran la vida: “Determinaron soltar a San Jorge porque los oficiales y magnates del palacio no le habían oído proferir injuria alguna contra el profeta. Más este ilustre maestro de santidad, tan pronto como se percató de que le dejaban libre y que no moriría con un solo golpe de cimitarra, exclamó juntamente con sus compañeros: “(…) ¿Por qué pensáis que abrigo en mi pecho buenos sentimientos acerca del seducido por el demonio, vuestro falso profeta? Para que lo sepáis bien, os digo claramente de aquel ángel que, transformándose en espíritu de luz, se apareció a vuestro legislador: le tengo yo por un demonio y a vuestro profeta como el hombre más abyecto, pues fue él, crédulo ministro del Anticristo y laberinto de todos los vicios; el cual, no solo se lanzó a si mismo al piélago infernal, sino que a vosotros, seguidores de sus vanas doctrinas, os ha entregado a las llamas eternas”. Naturalmente, esto provocó la irritación de los magistrados que habían determinado soltarlo, por ello, finalmente se resolvió que fuera degollado, por maldecir al Profeta y declarar abyecta su religión.

Martirio y sepultura
Así pues, los cinco cristianos fueron decapitados, según dice Eulogio: “(…) mataron primero a San Félix, después a San Jorge, luego a Santa Liliosa y, los últimos, a los atletas Aurelio y Sabigoto, el 27 de julio de la era 890”, lo que equivale al año 852, como decíamos, en tiempos de Abd-al-Rahman II, el cual moriría el 22 de septiembre de ese mismo año.

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Los cuerpos de los cinco ajusticiados permanecieron insepultos durante tres días. Luego fueron robados, recogidos y depositados en diferentes lugares: “San Jorge y San Aurelio se conservan en el cenobio de Peñamelaria; el de San Félix en el de San Cristóbal sito al otro lado del Guadalquivir. Los restos de Santa Sabigoto, están reunidos en la basílica de los Tres Santos (Fausto, Jenaro y Marcial). En la iglesia de San Ginés descansa Santa Liliosa y las cabezas de San Jorge y Santa Sabigoto están en otra parte”.

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Conclusión
Realmente poco es lo que se puede añadir a lo narrado por San Eulogio, que constituye la fuente principal para conocer a los mártires mozárabes que fueron coetáneos suyos. Es muy importante remitirse a sus obras para ampliar la información sobre ellos, que esta servidora, forzosamente, ha tenido que recortar en demasía para no alargar más el ya prolongado artículo.

Las matizaciones hechas por San Eulogio sobre la ubicación de las reliquias de los mártires deben ser actualizadas según su estado hoy en día: en verdad, del grupo de mártires que hemos tratado hoy, sólo se conservan las reliquias de Santa Sabigoto (Natalia), que están en la urna de reliquias en la iglesia de San Pedro de Córdoba, junto a muchos otros mártires cordobeses (caso de Flora y María), pero no su esposo San Aurelio ni sus compañeros de martirio Félix, Liliosa y Jorge, cuyas reliquias se han perdido.

Meldelen

Bibliografía:
– S. RUIZ, Agustín, Obras completas de San Eulogio, edición bilingüe latín-castellano, Real Academia de Córdoba, 1959.

Enlace consultado (23/07/2014):
– www.santiebeati.it/dettaglio/64550

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Emigdio, obispo mártir

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Busto-relicario en plata, obra del orfebre Pietro Vannini. Museo Diocesano de Ascoli Piceno.

Busto-relicario en plata, obra del orfebre Pietro Vannini. Museo Diocesano de Ascoli Piceno.

San Emigdio es el patrono de Ascoli Piceno, en Italia. Nació en Tréveris (la actual Trier en Alemania), pero después de bautizarse, como lo hizo sin el consentimiento de sus padres, tuvo que abandonar su patria para librarse de la persecución de los mismos, ya que estos eran paganos. Andando, atravesó Europa, llegando a Milán acompañado por tres amigos llamados Euplo, Germán y Valentín; y en Milán fue ordenado de sacerdote por el obispo San Materno. Desde allí partió hacia Roma, quedándose en casa de un tal Graciano, al que curó a una hija que estaba paralítica y convirtió al cristianismo. En Roma, aunque él se manifestaba como cristiano, creyeron que era hijo de un dios y lo llevaron al templo de Asclepio, donde curó a numerosos enfermos. En la ciudad eterna recibió la consagración episcopal por parte del Papa San Marcelo I, quien lo envió a evangelizar la región de Ascoli Piceno. Allí, convirtió a muchos paganos, entre ellos a Polisia, hija Polimio, prefecto de la ciudad, por lo que fue decapitado en el año 303, junto con sus tres compañeros, en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Sant’Emidio Rosso.

Así de breve es lo que sabemos sobre él y esto, gracias a una “passio” redactada en el siglo XI por un monje franco después de que se descubrieran las reliquias del santo. Sin embargo, hay quienes han defendido – sin argumentos convincentes -, que esta biografía había sido escrita por su compañero Valentín, que fue martirizado junto a él. Desde luego es difícil que alguien pueda escribir algo después de muerto. Tan descarado era el tema que el propio Baronio (que ya sabemos las tragaderas que tenía), lo puso en cuarentena. De todos modos existen documentos que, aunque no nos hablan de su vida, garantizan que recibía culto desde el siglo VII.

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El hagiógrafo F. Lanzoni (+ 1929) consideró a esta “passio” como un documento “sin ningún género de dudas, tardío y fantasioso, que no nos aporta ninguna información segura sobre la historia y la edad del primer obispo de Ascoli Piceno”. De forma aun más tajante, los bolandistas en su “Comentario al Martirologio Romano”, la definieron como “a falsario supposita et ineptis fabulis referta” (compendio de fábulas ineptas establecidas por un falsificador).

San Emigdio bautiza a Polisia. Conjunto escultórico sobre el sarcófago del Santo. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

San Emigdio bautiza a Polisia. Conjunto escultórico sobre el sarcófago del Santo. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

De San Emigdio – que con anterioridad al siglo VII era un completo desconocido -, se comenzó a tener también otras noticias a partir del siglo XI; por ejemplo, un documento enviado por el Papa San León IX a la catedral de Ascoli Piceno el día 1 de julio del 1052, bajo el título “Sanctae Dei genitricis Virginis Mariae et beatissimi Christi martyris Emigdii”, o un diploma enviado por el emperador Enrique III, el 27 de mayo del 1056 en el que dice: “In honorem beatae Dei genitricis Mariae et in qua requiescit corpus Sancti Emigdii”. El traslado de las reliquias del santo y de sus tres compañeros parece que se realizó en tiempos del obispo Bernardo II – alrededor del año 1000 -, desde las llamadas catacumbas de las Grutas de San Emigdio hasta la cripta de la catedral.

Pero también Lanzoni se pregunta el por qué en el siglo XI, la catedral tenía ese título y argumentando un caso similar ocurrido en Padova, creyó que “podría afirmarse con bastante fundamento que entre los años 996 al 1052, se encontraron los restos de un San Emigdio que se consideró como el primer obispo de la ciudad, aunque no sabemos, o quizás nunca se sabrá, en qué circunstancias se desarrollaron aquellos acontecimientos”.

Brazo relicario de San Emigdio. Pennisi, Acireale (Italia).

Brazo relicario de San Emigdio. Pennisi, Acireale (Italia).

En los Estatutos Municipales redactados en el año 1377 e impresos en lengua vernácula en el año 1496, en dos secciones bastante largas, se expone un esquema muy preciso acerca de cómo ha de celebrarse la solemnidad del santo, definido como patrono, protector y defensor de la ciudad y de todos los habitantes de Ascoli Piceno. Se le dio esta definición porque se atribuye a su intercesión el que la ciudad no fuese destruida en el año 409 por el rey godo Alarico I, y porque en el año 1038, atendiendo a la invocación del obispo de la ciudad, San Emigdio envió una plaga que hizo huir a las tropas de Conrado II. El 4 de junio del 1462, el Papa Pío II, recordó en un Breve Pontificio el “gran concurso de forasteros provenientes de toda Italia, que acudían a dicha fiesta, ya fuera porque tenían una devoción muy particular al santo obispo, ya fuera por los numerosos y casi diarios milagros que se verificaban sobre su tumba”.

En ese mismo siglo XV, se acuñaron monedas con su efigie, el orfebre Pietro Vannini lo representó en una escultura de plata que se conserva en el museo diocesano, en la que aparece con un rostro imberbe, sin barba y revestido con ornamentos episcopales. Con esta misma actitud fue pintado por Carlos Crivelli. También en ese tiempo ya se recitaba en aquella diócesis un Oficio litúrgico en su honor, oficio que era considerado “ab inmemorabili” y que fue editado en Ancona en el año 1522.

Moneda o medalla del siglo XV con la efigie del santo.

Moneda o medalla del siglo XV con la efigie del santo.

Después del espantoso terremoto que sacudió a la región italiana de Las Marcas en el año 1703, en el cual la ciudad de Ascoli Piceno no sufrió daño alguno, se acordó la extensión del culto de San Emigdio a toda la Iglesia Universal. Esta tentativa que partió del arzobispo de Trier y del obispo de Ascoli Piceno, tuvo buena acogida en muchísimas ciudades italianas, que introdujeron la festividad del santo en sus diócesis y lo eligieron como patrono. En ese tiempo, se difundió una nueva iconografía que lo representaba en una actitud de sostenimiento de un muro que se balanceaba como consecuencia de los temblores producidos por un terremoto. En este sentido, el santo es reconocido como protector contra los temblores sísmicos.

Los restos del santo, junto con los de sus compañeros, se encuentran dentro de un precioso sarcófago romano en la cripta de la catedral de Ascoli Piceno, en el cual están grabadas las palabras: “Cum sociis aliis Emigdius hic requiescit” (Aquí descansa Emigdio con sus otros compañeros). En Ascoli Piceno su fiesta se celebra el día 5 de agosto, aunque en otras diócesis italianas se le conmemora algunos días más tarde. El último reconocimiento de sus reliquias se realizó el 2 de julio de 1959, en tiempos del obispo Morgante, pudiéndose comprobar que en el sarcófago existían cuatro esqueletos de varones que habían sido decapitados.

En la ciudad que lo considera como su primer obispo, lo celebran con un folklore muy particular basado en algunos de los pasajes de su “passio”. Se hace una representación poética de la leyenda de la joven Polisia, que teje con hilos de oro dentro de una gruta, donde se refugió para librarse de las iras de su padre. Esta solemnidad del 5 de agosto, que he dicho anteriormente está regulada por los Estatutos Ciudadanos del 1377, incluye actos tan espectaculares como la llamada “corsa dell’agnello” y la “quintana” (carreras de lanchas en una laguna y carreras ciclistas).

Sarcófago romano que conserva las reliquias de San Emigdio y sus tres compañeros. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

Sarcófago romano que conserva las reliquias de San Emigdio y sus tres compañeros. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

Hasta finales del siglo pasado, los ciudadanos de Ascoli, la noche anterior se paseaban por las calles cantando serenatas y el día de la fiesta se adornaba con hojas de albahaca que se vendía en el entorno de la catedral. Después de la bendición de los cirios impartida por el obispo local, en la plaza de la catedral, un heraldo lee en un dialecto local un saludo que la ciudad dedica a su santo patrono y a continuación se desarrolla un festival local por las principales calles de Ascoli Piceno.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Masdeu, G., “Defensa critica de las actas antiguas del mártir San Emigdio, obispo de Ascoli Piceno”, Ascoli Piceno, 1794 y reeditado en 1987.
– Rodilossi, A., “Ricognizione canonica delle sacre reliquie di S. Emigdio e compagni martiri”, Ascoli Piceno, 1959.
– VV.AA. (Ambrasi, D., Negri Arnoldi, F. y Fabiani, G.), “Bibliotheca sanctórum, tomo IV, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Marcial, obispo de Limoges en el siglo III

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Estatua del Santo. Iglesia de San Marcial, Busserolles (Francia)

Estatua del Santo. Iglesia de San Marcial, Busserolles (Francia)

Pregunta: Aquí en México, en la ciudad de Oaxaca se venera por patrón a san Marcial obispo el 3 de julio, yo tengo entendido que este santo fue evangelizador en Francia, pero buscando información respecto a él, me doy cuenta de que todo son leyendas y más leyendas de que fue el niño de la canasta de panes y peces o de que sirvió en la última cena y realmente ninguna información que encuentro me dice con claridad exactamente quien y que hizo san Marcial más lo que ya dije que fue obispo y evangelizador en las Galias. ¿Podéis darme luz en esta legendaria cuestión sobre la vida de san Marcial obispo? Os lo agradezco mucho desde ya.

Respuesta: Todas las leyendas que se cuentan sobre San Marcial son absolutamente falsas, son el fruto de las mentes de unos monjes de finales del Primer Milenio que quisieron enaltecer a su patrono inventando tales patrañas. Vamos a intentar escribir sobre San Marcial pero ciñéndonos a lo que realmente sabemos, distinguiendo lo que es cierto de lo que es falso. Empecemos diciendo que todos los hagiógrafos reconocen en San Marcial al gran evangelizador de la región francesa del Limousin y al fundador de la sede episcopal de Limoges, pero su origen, la época en la que vivió y los hechos relatados de su vida, han sido y son objeto de innumerables controversias.

San Gregorio de Tours (538-594) es el primero que lo menciona por su nombre en su “Historia francorum” y el que hace algunas precisiones sobre el papel que jugó en la evangelización de aquellas tierras. Según San Gregorio, Marcial habría llegado a las Galias en el siglo III junto con un grupo de misioneros que fueron enviados a aquellas regiones por San Fabián, quien era el obispo de Roma. Sigue diciendo San Gregorio que se trataba de un grupo de siete hombres, que fueron los futuros fundadores de las iglesias locales de las Galias, estando entre ellos – además de San Marcial-, San Saturnino (Toulouse), San Trófimo (Arlés), San Dionisio (París), San Gaciano (Tours), San Pablo (Narbonne) y San Austremonio (Clermont). Marcial, acompañado por dos sacerdotes que provenían de Oriente, evangelizó la región del Limousin.

 San Marcial recibe el bastón de San Pedro. Palacio de los Papas, Avignon (Francia)

San Marcial recibe el bastón de San Pedro. Palacio de los Papas, Avignon (Francia)

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Sabemos también con certeza que después de muerto fue sepultado en Limoges “extra muros”, en la vía Agrippa, o sea, fuera de la ciudad y que su tumba muy pronto se convirtió en meta de peregrinaciones ya que estaba en la ruta del Camino de Santiago. El sepulcro estaba custodiado, protegido, por algunos clérigos y conforme el culto al santo fue creciendo, en el siglo VII, se construyó sobre el mismo la Abadía de San Marcial. Hasta aquí es lo único que puede darse como cierto.

En los siglos X y XI, los monjes que habitaban la abadía, queriendo hacer aun más popular a su santo patrono, hicieron correr la voz de que San Marcial era uno de los setenta y dos discípulos de Cristo y escribieron dos textos: “Vita antiquior” (finales del siglo X) y “Vita prolixior” (principios del siglo XI) donde pusieron negro sobre blanco los principales episodios de esta falsa leyenda. O sea, que fueron estos monjes quienes se inventaron estas trolas.

Según esta “Vita prolixior”, San Marcial era un joven hebreo, hijo de Marcelo y de Isabel, que un día escucharon predicar a Cristo. Los tres se bautizaron y, posteriormente, Marcial abandonó a sus padres para seguir al Maestro, ¡¡¡ya que era necesario que, junto a Cristo, hubiese personal suficiente para que, de entre ellos, pudiera elegir a los doce apóstoles!!! Para más “inri”, se dice que Marcial era pariente de San Pedro. Siguiendo a su pariente Pedro, estuvo presente en la realización de numerosos milagros por parte de Cristo, entre ellos la resurrección de Lázaro, estuvo sirviendo la mesa en la Última Cena, era el que llevaba la jofaina que contenía el agua en el lavatorio de los pies e incluso estuvo presente en la Ascensión de Cristo. Y ya, como remate, llega a decir que era uno de los niños que estaban presentes cuando Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. ¿Pero en qué estamos? ¿Era un niño o era un “candidato” a uno de los Doce? ¡El colmo de los despropósitos!

Sarcófago de San Marcial. Cripta de su iglesia en Limoges (Francia)

Sarcófago de San Marcial. Cripta de su iglesia en Limoges (Francia)

Pero aun hay más, porque sigue diciendo esta “Vita prolixior”, que después de la Ascensión, Marcial acompañó a su pariente Pedro hasta Antioquía, donde se encontró con los santos Austricliniano y Alpiniano, quienes serían sus futuros compañeros. Estuvo también con San Pedro en Roma y fue allí donde Pedro lo envió a las Galias con sus dos compañeros. Como Alpiniano murió en Elsa durante el viaje, Marcial volvió a Roma para que San Pedro le pusiera otro acompañante, pero San Pedro le regaló su bastón con el cual, Marcial resucitó a Alpiniano y por fin se marcharon a las Galias. Por el camino iban haciendo milagros a diestro y a siniestro: liberó a una endemoniada, reanimó a un muchacho que había sido estrangulado por el demonio y otras extravagancias por el estilo. Cuando llegaron a Limoges, los tres fueron encarcelados aunque fueron liberados por un ángel y una vez liberado, Marcial fundó la catedral de la ciudad, la cual dedicó a San Esteban.

En Limoges convirtió a casi todos los habitantes y a una famosa matrona romana llamada Susana y a su hija Valeria, la cual había hecho voto de castidad y fue decapitada por el duque de Aquitania. O sea, esa “Vita prolixior” que se inventa tantas trolas llega incluso a crear un ducado en Aquitania en el siglo I. Pero sigamos contando: San Marcial construyó una basílica sobre la tumba de Valeria y con la ayuda de un tal Esteban – que era el que había decapitado a Valeria, pero que después se convirtió al cristianismo -, se dedicó a evangelizar la región llegando incluso hasta lo que hoy son las actuales Burdeos, Poitiers e incluso Mauritania (¡y eso que Mauritania estaba en lo que hoy es Libia!). Cuando Marcial, de vueltas a Limoges, murió, fue sepultado por Alpiniano, quien le sucedió como obispo.

Sepulcro del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Sepulcro del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Como podemos comprobar, este texto de fábula hace de San Marcial un discípulo de Cristo, un pariente de San Pedro, el primer misionero en las Galias y varias cosas más, como que la iglesia de Limoges fue fundada en el siglo I, y no en el siglo III, como dice San Gregorio de Tours.

La cuestión de la apostolicidad de San Marcial inventada en el siglo X, se convirtió en algo imprescindible a principios del siglo XI en tiempos del abad Odolrico. El principal defensor de esta apostolicidad fue el cronista Ademaro de Chabannes (986-1043), contra el cual surgió Benedicto de Cluse. El entonces obispo de Limoges, Giordano, quien al principio se mostró reticente, terminó aceptando la opinión de Odolrico y de los partidarios de la apostolicidad. Pero ¿por qué lo hizo? Pues por conveniencia, ya que así podía reivindicar derechos de primacía para su diócesis de Limoges.

Posteriormente, los sínodos de Poitiers, París, Limoges y Bourges reconocieron solemnemente esta “presunta” apostolicidad de San Marcial, aunque en toda Francia seguían existiendo muchos eclesiásticos que lo negaban, que no aceptaban estas tesis, porque estaban en contradicción con lo escrito por San Gregorio de Tours cuatro siglos antes.

Urna de las reliquias del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Urna de las reliquias del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Esta cuestión fue nuevamente debatida por muchos estudiosos e incluso en el año 1854, el obispo de Limoges le solicitó al beato Papa Pío IX que le otorgara a San Marcial los honores de discípulo directo de Cristo, pero el papa se negó.

Estas controversias duraron hasta finales del siglo XIX, pues entonces las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar de la sepultura de San Marcial confirmaron lo dicho por San Gregorio de Tours, o sea, que aquel enterramiento y las construcciones de su entorno eran de finales del siglo III o principios del IV, lo que ponía fecha definitiva a la muerte de San Marcial. La arqueología, como en muchísimas otras ocasiones, ponía las cosas en su sitio, o sea: nada de discípulo de Cristo, nada de pariente de San Pedro, nada de asistente a la Última Cena, ni ninguna otra trochería más.

La fiesta de San Marcial se celebra el 30 de junio y el 10 de octubre; esta última fecha como del traslado de las reliquias. En el Martirologio Romano, San Marcial y sus dos compañeros son conmemorados el 30 de junio, o sea, su fiesta no es el 3 de julio aunque en Oaxaca lo celebréis en esa fecha.

Cráneo del santo. Limoges (Francia).

Cráneo del santo. Limoges (Francia).

La iconografía de este santo es muy pobre, aunque en la “Vita prolixior” aparece una miniatura que lo representa como si fuese un evangelista escribiendo al estilo de San Lucas. Con posterioridad, aparecieron algunas representaciones en las que aparece vestido con ornamentos pontificales e incluso con el bastón milagroso con el que resucitó a Alpiniano. Junto a él se pinta a Santa Valeria, quien le lleva su cabeza después de haber sido decapitada.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Arbellot, F., “Dissertation sur l’apostolat de Saint Martial et sur l’antiquité des églises de France”, Sociedad de arqueología e historia del Limousin, Limoges, 1855.
– Arbellot, F., “Manuscrit inédit des miracles de Saint Martial”, Limoges, 1852.
– Hooremann, P., “San Marcial en tiempos del abad Odolrico”, Bruselas, 1949.
– Gaborit, J. R., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXXIII)

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Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Pregunta: Os envío esta foto en la que un sacerdote ortodoxo lleva colgada de la cintura dos bolsas. Os rogaría me indicaseis si son ornamentos litúrgicos. Gracias desde Holanda.

Respuesta: Pues sí lo son y te estás refiriendo al “epigonation” y al “nabedrensk”. El “epigonation”, llamado también “palitsa” es un losange en forma de rombo de unos treinta centímetros de lado, hecho de tela fuerte y resistente, que normalmente va adornado con bordados y con una cruz o una imagen. Lo llevan los obispos y algunos sacerdotes colocado a la altura de la rodilla derecha atado por una cinta que pasa por el hombro izquierdo o que está atada a la cintura. Hasta el siglo XII sólo lo llevaban los obispos, pero con posterioridad se les concedió a los “protosincellos” y a otros dignatarios eclesiásticos. El “epigonation” deriva del pañuelo o servilleta que se usaba en Roma como parte integrante de algunas vestimentas ceremoniales, como por ejemplo, cuando un cónsul inauguraba los juegos en el circo.

En la liturgia bizantina rusa existe otra especie de “epigonation”, que es alargado y rectangular, llamado “nabedrensk” (bolsa). Esta es la primera insignia que en la Iglesia Ortodoxa Rusa se concede a algunos sacerdotes en premio a sus méritos. Si el sacerdote que es así honrado tiene además el derecho de llevar el “epigonation” (como es el caso de esta foto), entonces suspende el “nabedrensk” sobre el otro costado.

Pregunta: Buenos días, quisiera saber algo sobre San Juvencio Mártir, y su iconografía. Muchísimas gracias y enhorabuena por el blog.

Respuesta: San Juvencio aparece en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de junio con esta anotación: “Romae Joventi” y en esa misma fecha fue incluido en el Martirologio Romano. Los hagiógrafos críticos dicen que el nombre no es más que una mala transcripción del nombre de San Jovita, mártir de Brescia, que en el Martirologio Jeronimiano se conmemora el 16 de febrero, llamándolo “Juventiae”. Por otro lado quiero decirte también que a San Evencio, obispo de Pavía, también se le llama Juvencio, pero este nombre es incorrecto.

Resumiendo, que San Juvencio como tal santo histórico, no existe, luego sobre su iconografía no se puede decir nada. ¿Puede existir algún cuerpo santo con ese nombre? Es posible, pero yo no lo conozco.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Pregunta: ¿Es cierto que algunas confesiones protestantes veneran en Jerusalén otra supuesta tumba de Cristo distinta a la que se encuentra en la Basílica de la Anástasis? Gracias desde Canadá.

Respuesta: Es cierto y vamos a intentar explicarlo. El evangelio de San Juan nos dice: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie” (Juan, 19, 41) y de hecho, actualmente en Jerusalén hay un huerto con una tumba y dentro de ella dos cámaras funerarias: es la llamada “Tumba del Huerto”. Pero San Juan escribió su evangelio en el siglo I y ahora estamos en el siglo XXI, luego en este tiempo “ha llovido mucho” como para que las cosas sigan igual. Esa tumba se puede visitar, existe dentro de ella una cruz bizantina pintada en la pared acompañada de las letras griegas Alfa y Omega (Principio y Fin) y cerca del sepulcro hay un pequeño promontorio en el que con un poco de imaginación puede adivinarse una especie de calavera. Estos signos son más que suficientes para que algunas confesiones protestantes – especialmente, evangélicos y mormones -, den por hecho que ese es el lugar señalado por San Juan, lo que hace que varios cientos de miles de personas la visiten cada año. La tumba fue adquirida en el año 1894 por una asociación británica que pagó por ella unas dos mil libras esterlinas de la época.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Esta tumba está aproximadamente a medio kilómetro de la Basílica del Santo Sepulcro. Fue encontrada por un campesino en el año 1867 dentro de sus tierras y como por entonces los otomanos empezaron a permitir la llegada de peregrinos extranjeros a Tierra Santa, algunos protestantes que al llegar a Jerusalén se encontraron con la Basílica de la Anástasis totalmente abandonada y disputada entre católicos y ortodoxos y como ellos buscaban cierta paz interior, vieron el cielo abierto cuando se descubrió esa tumba, que estaba a las afueras de la ciudad y que coincidía con lo que había escrito Juan en su evangelio. Un argumento más fue que la Basílica del Santo Sepulcro estaba dentro de la ciudad cuando todos sabemos que la crucifixión se realizó en el Gólgota, que estaba extramuros. Pero otra vez hay que recordar cómo estaban las cosas en el siglo I y como estaban en el siglo XIX.

Cierto es que cuando Jesús murió alrededor del año 30 de nuestra Era, el Gólgota estaba extra muros de Jerusalén, pero también es cierto que entre los años 41 al 44, Herodes Agripas construyó las murallas de esa parte de la ciudad dejando el Calvario dentro de la misma. Cuando Santa Elena encontró el sepulcro de Cristo en el año 326 se encontró con que existía una tradición no interrumpida de obispos que mantenían la tradición de que aquel era el lugar donde Cristo había muerto y había sido sepultado, aun a pesar de la construcción del templo de Venus que hizo el emperador Adriano cuando quiso rehacer la ciudad de Jerusalén al estilo de cualquier otra ciudad romana. No nos olvidemos que previamente, el emperador Tito había destruido la ciudad en el año 70.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Pregunta: ¿Me podríais decir qué mártires españoles beatificados están sepultados dentro del cementerio madrileño de Aravaca? Muchas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Pues en distintas fosas comunes de ese cementerio están sepultados varios beatos mártires españoles. Como preguntas cuales son, solo te daré sus nombres sin entrar en explicaciones acerca de sus vidas y de sus martirios. Son éstos:

Beatos Germán Martín Martín, sacerdote salesiano y Dionisio Ullivarri Barjuán, coadjutor salesiano, ambos fusilados el 30 de agosto de 1936 y beatificados el 28 de octubre del año 2007.

Beatas Melchora Adoración Cortés Bueno, María Severina Díaz-Pardo Gauna, María Dolores Barroso Villaseñor, Estefanía Saldaña Mayoral y María Asunción Mayoral Peña, Hijas de la Caridad, fusiladas el 12 de agosto de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del 2013.

Beatos Pablo Martínez Esteban, Braulio Álvarez Palacín, Luís Moreno Aliende y Aniceto Pablos Carvajal, maristas. Los dos primeros fueron fusilados el 24 de julio de 1936, el tercero lo fue el 26 de agosto y el cuarto, el 3 de noviembre del mismo año. Los cuatro fueron beatificados el 13 de octubre del año 2013.

Beatas Aurelia Arámburri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta y Agustina Peña Rodríguez, Siervas de María, fusiladas el 12 de diciembre de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del año 2013.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

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Beatos Juan Antonio Pérez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro del Cotillo, Justo González Lorente y Pascual Aláez Medina, Misioneros Oblatos de María Inmaculada y Cándido Castán San José, seglar, fusilados el 24 de julio del 1936 y beatificados el 17 de diciembre del año 2012.

Como verás, son bastantes por lo que este cementerio es lugar de peregrinación de muchos devotos que van a visitar las fosas comunes donde están sepultados para encomendarse a ellos.

Antonio Barrero

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