Beata Margarita Bays

Retrato de la Beata.

Retrato de la Beata.

Pregunta: Hola, soy Tey y vivo en Tailandia. Me gusta su sitio Web. Quisiera saber la historia de la beata suiza estigmatizada Margarita Bay. Gracias.

Respuesta: Margarita Bays nació el 8 de septiembre (día de la Natividad de la Virgen) del año 1815 en La Pierraz, aldea de la parroquia de Siviriez, en el cantón de Friburgo (Suiza), siendo hija de unos campesinos muy humildes y piadosos. Durante dos o tres años frecuentó la escuela primaria aprendiendo a leer y a escribir. Posteriormente, hizo un período de aprendizaje como sastra ejerciendo la profesión tanto en su propia casa o yendo a casas de familias de la aldea, donde trabajaba por horas. Al mismo tiempo, ayudaba en las tareas domésticas de su hogar e incluso en las labores del campo.

Desde muy joven manifestó su predilección por la soledad y la oración, siendo esta una característica de toda su vida, aunque la compaginaba con algunas actividades en su parroquia sobre todo atendiendo a los enfermos y a los niños, a los cuales acompañaba a un pequeño santuario mariano cercano a su aldea. Aunque se le solicitó que se hiciera religiosa, decidió permanecer en el mundo y santificarse como seglar virgen en el seno de su familia y ayudando a su parroquia, donde como he dicho dedicaba parte de su tiempo al servicio de Dios y del prójimo.

Asistía diariamente a misa, siendo esta asistencia la mayor alegría de su jornada diaria en la parroquia, donde además – y especialmente los domingos -, permanecía largas horas de oración delante del Santísimo Sacramento. Tenía una devoción profundísima a la Pasión de Cristo y a la Santísima Virgen, manifestando esta devoción con el rezo diario tanto del rosario como con la práctica del Vía Crucis. Especialmente le agradaba hacer largos y fatigosos viajes a pie a los santuarios cercanos, donde meditaba y revivía los misterios del rosario. Se hizo terciaria franciscana y visitaba con periodicidad el monasterio cisterciense de la “Fille-Dieu”, que está cercano a Romont y donde en más de una ocasión puso de manifiesto su carisma de profecía.

De su profunda vida interior surgían espontáneamente todas sus formas de hacer apostolado. Por ejemplo, todos los domingos por la tarde reunía a todos los niños de la aldea para jugar con ellos, para formarlos en la vida cristiana, enseñarles el catecismo y algunas oraciones, anticipando de esta manera el llamado método de los oratorios. Todos los años, por Navidad, montaba un belén en su casa y todas las tardes del mes de mayo celebraba con los niños y la gente del pueblo el mes de María, realizando así con ellos unas prácticas religiosas que no organizaba la propia parroquia. En ese ambiente, fundó en su aldea la “Obra de la Santa Infancia” y la de “Propaganda de la Fe”. Visitaba con tanto celo a los enfermos, que incluso llegó a curar a más de uno y a los moribundos los preparaba para una buena muerte. Era tal su actividad que sus vecinos decían de ella que trabajaba más que un sacerdote.

Habitación donde vivió la Beata.

Habitación donde vivió la Beata.

Pero cuando tenía treinta y cinco años de edad su vida se vio truncada por un dolor de estómago – que aunque era crónico en ella -, derivó en un doloroso cáncer intestinal. Desconcertada por los cuidados que requería, suplicó fervientemente a la Virgen que la curara, pero que para compensar esa cura le obtuviera la posibilidad de padecer los sufrimientos de la Pasión de Cristo, que le compensara un sufrimiento por el otro, que le intercambiara la enfermedad por ese tipo de sufrimiento que la identificaría más con Jesús. Y su oración fue escuchada, pues se curó milagrosamente el mismo día en el que el beato Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre de 1854), quedando desde aquel día profundamente transformada su vida, pues todos los viernes se sumía en un profundo éxtasis durante los cuales sufría los padecimientos de la Pasión, apareciendo los estigmas tanto en sus manos como en sus pies y costado.

Aunque ella en un principio escondía las heridas, inevitablemente fue descubierta, corriéndose la voz por todo el cantón de Friburgo. Entonces ella, solicitó a Cristo y a la Virgen, que los éxtasis ocurrieran durante la noche a fin de que no atrajese la atención de los demás. De esa manera y hasta su muerte, sin ser molestada, el Señor la hizo partícipe de los dolores de la Pasión, que poco a poco se fueron extendiendo a toda la semana, aunque los momentos culminantes eran todos los viernes. En estos momentos tan dolorosos, desde el punto de vista físico, recibió el apoyo unánime de toda su familia, que se mostraba muy unida en torno a ella.

Interior de la urna-relicario de la Beata.

Interior de la urna-relicario de la Beata.

Aun así, profunda y constantemente dolorida pero consolada por la Comunión diaria, continuó intentando llevar una vida normal, participando en la vida parroquial y en todas sus actividades apostólicas. Murió como ella misma había deseado, en la octava de la fiesta del Sagrado Corazón, el viernes 27 de junio del año 1879 a las tres de la tarde. Su fama de santidad, de la que ya gozaba en vida, aumentó desde el mismo momento de su muerte.

El proceso ordinario de su Causa fue introducido en el año 1929, pero como se cometieron algunos errores de procedimiento, tuvo que realizarse un proceso adicional cumpliendo todas las reglas canónicas. Este segundo proceso fue iniciado en el año 1953. La Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dio el “nihil scripsit” el día 25 de noviembre del 1956 y el decreto de “non cultu”, el 9 de marzo de 1957. La “Positio” sobre la introducción de la Causa se inició el 18 de noviembre de 1975 y el decreto que validaba el proceso diocesano se dictaminó el 13 de diciembre de 1985. Fue declarada venerable el día 10 de julio del año 1990 y promulgado el decreto que validaba el milagro previo a la beatificación, el 23 de diciembre de 1993. Finalmente, fue beatificada por San Juan Pablo II el día 29 de octubre del año 1995. Su fiesta se celebra el 27 de junio.

Relicario de la Beata en la capilla de su pueblo natal.

Relicario de la Beata en la capilla de su pueblo natal.

En la homilía de su beatificación, el Papa dijo de ella: “Otra católica suiza ha peleado la buena batalla de la fe. Margarita Bays era una seglar humilde cuya vida, como dice el apóstol Pablo, estuvo escondida con Cristo en Dios. Fue una mujer sencilla, que llevó una vida ordinaria como cualquiera de nosotros puede llevar; que no hizo cosas extraordinarias y, sin embargo, su existencia fue en silencio un largo paseo por el camino de la santidad. La Eucaristía fue su alimento y su fuerza y en la meditación de los misterios de la Pasión de Cristo, transformó su unión con Dios… En la catequesis inculcó a los niños de su pueblo el mensaje del evangelio, se dedicó a los pobres y a los enfermos y sin salir de su país, su corazón estuvo abierto a toda la Iglesia y a todo el mundo. Caminó humildemente con Dios, todos los actos de su vida estuvieron inspirados en el amor y de esta manera, nos invita a hacer de nuestras vidas, una vida amorosa”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Horner, S., “Marguerite Bays, lumière sur nos chemins”, Friburgo, 1954.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Enlace consultado (24/11/2014):
– www.marguerite-bays.ch


O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

San Jacob, patriarca del Antiguo Testamento

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

El nombre de Jacob (en hebreo, יעקב, que significa “talón”), le fue impuesto porque al salir del seno de su madre tenía cogido con su mano el talón de su hermano gemelo Esaú (Génesis, 25, 26). Sin embargo, Yahvé le cambió ese nombre por el de “Israel”: “… Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido” (Génesis, 32, 27-28).

Los eventos de su vida vienen narrados en el libro del Génesis. Su madre se llamaba Rebeca y era estéril, aunque gracias a las oraciones de su padre Isaac, ella quedó encinta y parió a dos gemelos: Esaú y Jacob, los cuales ya se empujaban en el seno materno, presagio de las luchas fraternas que les esperaban en vida: “Y sus hijos luchaban dentro de ella y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Yahvé. Y Yahvé le respondió: dos naciones hay en tu seno y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro y el mayor servirá al menor”. (Génesis, 25, 22-23). Esaú nació el primero, por lo que le pertenecía la primogenitura, pero este se la vendió a su hermano menor por un plato de lentejas en un momento en el que estaba hambriento y cansado: “Y amaba Isaac a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje de lentejas y volviendo Esaú del campo, cansado y hambriento, dijo a Jacob: te ruego que me des de comer de ese guiso porque estoy muy cansado. Y Jacob le respondió: Véndeme hoy tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí que me voy a morir, ¿para qué pues me servirá la primogenitura? Entonces Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis, 25, 28-34).

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Estando su padre Isaac ya viejo y enfermo, antes de morir, quiso dar su bendición a su hijo primogénito, o sea, a Esaú, pero Jacob, aconsejado por su madre Rebeca, se camufló y haciéndose pasar por su hermano consiguió la bendición: “Mira, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Yahvé ha bendecido; Dios te de el rocío del cielo y los bienes de la tierra, abundancia de trigo y de mosto. Que te sirvan los pueblos y que las naciones se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren” (Génesis, 27, 27-29). Todos recordamos esta historia bíblica y cómo Esaú quiso vengarse de su hermano intentando matarlo, por lo que Jacob, con la bendición de Isaac, escapó marchándose a Paddan Aram, donde se desposó con algunas mujeres de la familia de Labán.

Durante el viaje a Betel, Dios se le apareció en sueños en la famosa visión de la “escala de Jacob”, por la que subían y bajaban los ángeles y en cuya parte superior estaba el mismísimo Yahvé, que le prometía una especial protección: “Y llegando a un cierto lugar, durmió allí porque ya el sol se había puesto. Cogió piedras de aquel paraje y las puso en su cabecera acostándose en aquel lugar. Y soñó con una escalera, que estaba apoyada en la tierra y que su extremo tocaba el cielo y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí que Yahvé estaba en lo alto de ella y le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac; la tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y se extenderá al occidente, al oriente, al norte y al sur y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí que Yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente, Yahvé está en este lugar y yo no lo sabía. Y tuvo miedo y dijo: ¡Qué terrible es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo. Y levantándose por la mañana, tomó la piedra que había puesto en la cabecera y la alzó como señal y derramó aceite encima de ella. Y llamó a aquel lugar Bet-el, aunque antes se llamaba Luz” (Génesis, 28, 11-19). Jacob hizo voto de reconocer siempre a Yahvé como su Dios y de volver a Betel para transformar el lugar en un santuario.

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

En casa de Labán, Jacob se enamoró de Raquel y para conseguirla como esposa sirvió a su tío durante siete años, quién pasado este tiempo lo engañó dándole a Lía, su hermana mayor. A fin de conseguir a Raquel, Jacob estuvo al servicio de Labán otros siete años, transcurridos los cuales tuvo a Raquel como esposa. Pero como Raquel era estéril, las dos hermanas, siguiendo las costumbres mesopotámicas de la época, dieron a Jacob a sus criadas Bala y Zelfa. Con las cuatro mujeres, Jacob tuvo doce hijos. Los hijos de Lía eran Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. De Raquel tuvo a José y posteriormente a Benjamín. De Bala – que era la criada de Raquel -, tuvo a Dan y Neftalí y de Zelfa – que era la criada de Lía -, tuvo a Gad y Aser (Génesis, 35, 23-26). De Lía tuvo a su hija Dina. Raquel murió al dar a luz a Benjamín durante el retorno desde Mesopotamia, cerca de Belén, en el camino de Éfrata donde Jacob la sepultó. Pero antes he dicho que Raquel era estéril y si lo era, ¿cómo dio dos hijos a Jacob? La Biblia nos da la respuesta: “Y se acordó Dios de Raquel y la oyó y le concedió hijos. Y concibió y dio a luz un hijo y dijo: Dios ha quitado mi afrenta y llamó a su hijo José, diciendo: Añádame Yahvé otro hijo” (Génesis, 30, 22-24). Y, en efecto, tuvo a otro hijo, a Benjamín, aunque murió en el parto.

Jacob se vio obligado a recurrir a la astucia y al engaño para compensar el daño sufrido por Labán y a escapar sigilosamente con su familia y sus bienes después de haber trabajado como pastor durante veinte duros años; fue el mismo Dios quién le mandó marcharse. Labán lo alcanzó, pero reconciliándose, hicieron las paces. A Jacob se le apareció una multitud de ángeles en Mahanaim y en contra de todos sus temores, su hermano Esaú le salió al encuentro con espíritu fraterno, para reconciliarse con él. Jacob se estableció en Siquém, en la tierra de Canaán, donde su hija Dina fue deshonrada por Siquém, el hijo de Hemor, rey de Siquém. Pero aunque hubo un intento de reparar tal deshonra, los hermanos de Dina, especialmente Rubén y Simeón, cogiendo una espada, la vengaron dolosa y bárbaramente, arrasando sus tierras, robando sus ganados y llevándose cautivos a sus mujeres e hijos. Jacob los reprendió y protegido por Yahvé abandonó Siquém.

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Dios le ordenó que cumpliera la promesa hecha en Betel y Jacob, recogiendo todos los ídolos que eran venerados por su gente los enterró bajo una encina cercana a Siquém. Habiendo llegado a Betel, Dios se le apareció nuevamente renovándole la promesa de tener una descendencia numerosa, de la que saldrían algunos reyes y que tomarían posesión de la tierra de Canaán. Jacob quedó amargado por el incesto de su primogénito Rubén, Raquel murió y Esaú sepultó a su padre Isaac. He resumido al máximo todos estos hechos, recomendando al mismo tiempo leer los capítulos 25-35 del Génesis, ya que en este punto, la historia de Jacob se entrelaza con la historia de José, el cual fue vendido por sus hermanos, alcanzó un alto cargo en Egipto e hizo venir a Jacob y a toda su familia asignándoles las tierras de Jessen. Jacob, antes de morir, bendijo a los dos hijos de José, Efraím y Manasés. Dio asimismo su bendición a cada uno de sus doce hijos y con espíritu profético reveló el futuro de las doce tribus. Muerto Jacob, José embalsamó su cuerpo que fue llevado solemnemente a Canaán y sepultado en Mambre, cerca de Hebrón, en la tumba de Abrahán e Isaac.

Las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob lleno de una afectuosa humanidad y muy inteligente en la defensa de su familia y de su pueblo, persuadido como estaba de vivir en la presencia de un Dios que le había escogido para realizar las promesas hechas a Abrahán e Isaac. Nunca, ni en los momentos más trágicos de su vida, vaciló en su fe en Dios. Vivió íntimamente unido a Yahvé, quién le había dicho: “He aquí que yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis, 28, 15). Esta Providencia Divina queda representada en la célebre “escala de Jacob” y en el voto de adorarle siempre como a su único Dios. Existen otros muchos pasajes en los cuales Dios le muestra su predilección y Jacob muestra su fidelidad, pero para no alargar el artículo recomiendo de nuevo leer los capítulos mencionados del libro del Génesis.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Sin embargo, Jacob también tuvo sus sombras, como la adquisición de la primogenitura por un plato de lentejas aprovechándose de la debilidad de su hermano, el engaño a su padre Isaac para conseguir de él su bendición y la debilidad mostrada ante sus hijos Simeón y Leví cuando vengaron de manera tan dolorosa la deshonra de su hermana Dina. Es verdad que las debilidades de su juventud pueden atribuirse en parte a su madre Rebeca, pero aun así, las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob como un Patriarca escogido por la Divina Providencia para guiar a su pueblo, haciendo que la historia de la Casa de Jacob se convierta en la historia de Israel.

Jacob destaca por su amor al prójimo, incluso a los no pertenecientes al pueblo de Israel, porque tiene predilección por los inocentes, porque perdona con facilidad las ofensas y sobre todo, porque su religiosidad es inquebrantable, vivida en una comunión constante con su Dios. Por eso es exaltado por los profetas Oseas y Malaquías, por eso es recordado en los libros de la Sabiduría, del Eclesiástico y en el de Judith e incluso en el Nuevo Testamento. Leer Hebreos, 11, 9-21; Mateo, 11, 8; Lucas, 13, 28, etc. San Lucas, refiriéndose al Mesías llega a decir: “Y reinará sobre la Casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin” (Lucas, 1, 33). También los Santos Padres de la Iglesia recurren frecuentemente a las páginas de la Biblia. La bendición obtenida por Jacob en sustitución de Esaú, así como aquella en la que Jacob bendice a los hijos de José cruzando los brazos, es tomada como sustitución de la Antigua por la Nueva Alianza.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Los guantes que en la Edad Medía se ponían los obispos se comparaban a aquellos de pelo usado por Jacob para obtener la bendición paterna. De hecho, el “Pontificale Romano”, en el momento de su bendición, dice lo siguiente: “Reviste, Señor, mis manos de la pureza de Cristo bajado del Cielo, para que como Jacob, vuestro predilecto, con las manos cubiertas con la piel de un cabrito, obtuvo la bendición de su padre ofreciéndole una agradable comida, del mismo modo, yo merezca la bendición de vuestra gracia para la oblación que mis manos hagan de la santa hostia”. La piedra sobre la que reposó su cabeza y que después ungió con aceite, es símbolo del altar donde se inmola el Santo Sacrificio y es por esto, por lo que en la consagración de una iglesia, en el momento de la bendición del altar se cantaba la antífona: “Assumpsit Jacob petram”.

Según San Agustín y San Isidoro de Sevilla, la piedra que Jacob ungió prefigura simbólicamente al mismo Cristo, cuyo nombre significa exactamente eso: “Ungido”. Otros, más rebuscados, dicen que esta piedra prefigura al evangelista San Juan que, apoyando su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, recibió la revelación de los secretos del cielo. Honorio de Autum – geógrafo y teólogo francés del siglo XII -, dice que las quince gradas de la escala de Jacob simbolizan la virtud, que los ángeles que subían representan la vida contemplativa y que los que bajaban, la vida activa. De Lía y de Raquel se hace simbolismo con Marta y María, las hermanas de Lázaro: una simboliza la vida activa y la otra, la contemplativa. María era la preferida de Jesús así como Raquel era la preferida de Jacob.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Con respecto al culto, Jacob ha seguido la misma suerte que el resto de los Patriarcas del Antiguo Testamento, especialmente, Abrahán y José, a veces con el añadido del rey David, según la genealogía marcada en el evangelio de San Mateo, 1, 1-17. Los menologios griegos lo conmemoran el 19 de diciembre o en el domingo anterior a la Navidad, mientras que los latinos lo conmemoran, junto con Abrahán e Isaac, el tercer domingo de Adviento. El Menologio de Basilio lo señala el 16 de diciembre, el calendario siro-maronita el 29 de diciembre. La Iglesia Armenia lo conmemora el sábado anterior al segundo domingo después de la Transfiguración. Los coptos lo festejan el 2 de septiembre y el Sinaxario Constantinopolitano lo conmemora en el Domingo de los Santos Padres, el 18 de diciembre junto con David y el 20 de diciembre, junto con Ananías, Azarías, Misael y Daniel.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cavalletti, S., “El sueño profético de Jacob y los nombres divinos”, Revista Antonianum, XXXIII, 1958.
– Holt, T.M., “Los Patriarcas de Israel”, Nashville, 1964.
– Santa Biblia.
– Schedl, Cl., “Historia del Antiguo Testamento, tomo I”, Roma, 1959.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.


O Sapiéntia,
Quae ex ore Altíssimi prodiísti,
Attíngens a fine usque al finem,
Fórtiter suaviterque dispónens ómnia:
Veni
Ad docéndum nos viam prudéntiae.
O Sabiduría,
Que brotaste de los labios del Altísimo,
Abarcando del uno al otro confín,
Y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
Ven
Y muéstranos el camino de la salvación.

Santa Albina de Cesarea, virgen y mártir

Lienzo barroco de la Santa. Catedral de Gaeta, Italia.

Lienzo barroco de la Santa. Catedral de Gaeta, Italia.

En el mes de octubre publicamos un extenso artículo sobre una conocida virgen y mártir de Cesarea de Palestina, de nombre Reparata, con una passio muy famosa y patrona de diversos lugares como Niza (Francia) y Florencia, Pisa (Italia); de la cual concluimos que sólo era el desdoblamiento legendario de otra mártir, también de Cesarea de Palestina, cuyo nombre era Albina. Pues bien, esta Santa Albina, virgen y mártir de Cesarea, es de la cual hablaremos hoy, aprovechando que es el día de su fiesta.

No es la primera vez que en hagiografía ocurre que el desdoblamiento legendario de una Santa se hace más famoso que la Santa original misma, y por eso Reparata es mucho más famosa y conocida que Albina, de la cual se sabe poquísimo y lo que se sabe, es prácticamente lo mismo que se sabe de Reparata. Los datos van poco más allá de una passio fantasiosa sin crédito histórico. Pero vamos a recopilar las referencias que tengamos y a partir de ahí, que cada cual haga su juicio.

Para narrar la historia de la Santa vamos a seguir, naturalmente, su passio, descrita en un manuscrito conservado en la abadía de Montecassino. Esta passio fue introducida por el cardenal Baronio en el Martirologio Romano “por tratarse de un documento muy antiguo de la Iglesia de Gaeta”.

Passio de la Santa
Como se suele decir de tantas otras, se comenta acerca de Albina -nombre latino que significa “blanca”, en el sentido de pura, inmaculada- que nació en Cesarea de Palestina el año 238, en el seno de una ilustre familia, siendo una muchacha de extraordinaria belleza y rara inteligencia, y que, conforme a su ideal cristiano, transcurría las horas diurnas y nocturnas dedicándose al ayuno, a la oración y a las limosnas.

Debido a su fe cristiana, la joven sufrió el martirio en el año 250, en tiempos del emperador Cayo Mesio Quinto Decio, quien había ordenado que todos los ciudadanos del Imperio hicieran acto de fidelidad al emperador y a la fe de los dioses bajo pena de muerte, haciéndolo luego plasmar en el documento conocido como libellum. De aquellos que fueron detenidos, el papa San Fabián de Roma fue condenado a muerte, mientras otros muchos cristianos abjuraron y fueron llamados los lapsi, los caídos en el error. De esto ya hemos hablado en otras ocasiones, así que no le dedicaremos más rato.

Martirio de la Santa. Grabado de Bartholomaus Hübner.

Martirio de la Santa. Grabado de Bartholomaus Hübner.

De este modo, Albina, como era conocida por ser hija de ilustre familia y se sabía que era cristiana, fue detenida al negarse a sacrificar a los dioses y sometida a diversas torturas ante los ojos del emperador Decio, pero nunca accedió a abjurar de su fe. Se dice que la joven, llena del Espíritu Santo, no tenía miedo de las torturas y que -cómo no-, por un prodigio divino, éstas no hicieron efecto en su cuerpo.

Así pues, derramaron plomo fundido sobre ella, pero éste se endureció al contacto con su cuerpo. Le vertieron en la boca aceite hirviendo, pero éste se enfrió al tocar sus labios. Le acercaron antorchas al cuerpo y éstas se apagaron al rozarla. Después de todo ello, fue llevada a un horno, desnudada, untada con aceite y arrojada a las llamas, pero éstas se extinguieron y fue imposible reavivarlas.

Después de ello, el césar trató de convencerla con lisonjas, con oro y plata, con promesas de poder, pero ella se declaró esposa del Señor y nada pareció persuadirla. “Yo nunca dejaré de confesar mi fe en Cristo, mi Señor, exclamó, en el cual confía mi alma y en honor del cual elevo mis alabanzas”. Tales palabras son consideraras su testamento espiritual.

De modo que se dio orden de que fuera golpeada hasta la sangre con bastones nudosos, pero éstos cayeron de las manos de los verdugos y los brazos se les quedaron secos (!!). Así que finalmente fue llevada al exterior de la ciudad y decapitada, según la tradición, al atardecer del 16 de diciembre del año 250. Si consideráramos ciertas las fechas dadas, en ese momento Albina tenía sólo doce años de edad, es decir, era poco más que una niña.

Culto y reliquias
Para evitar que se le diera culto de mártir, se dice que fue el mismo Decio quien mandó colocar su cuerpo, junto con el de otros mártires, sobre una barca que abandonó a la deriva en el mar, esperando que se perdiera; pero un ángel enviado por el Señor lo guió hasta las playas de Scauri en Minturno, Italia. Esta versión pretende justificar la presencia de las reliquias de la Santa en las cosas italianas, cuando la mártir habría sufrido y muerto en Palestina; al igual que ocurre con su desdoblamiento legendario, Santa Reparata.

Detalle de las Santas Albina y Eupuria en el fresco de Brandi en la cripta de la catedral de Gaeta, Italia.

Detalle de las Santas Albina y Eupuria en el fresco de Brandi en la cripta de la catedral de Gaeta, Italia.

Consciente de la dificultad de esta tesis, otra hipótesis quiere que sea asociada a Monte d’Oro, cerca de una capilla dedicada a Diana en el año 248, para poder hacerla vivir en Scauri su fe y su martirio. Es decir, que según esta versión, la Santa no habría vivido ni muerto en Palestina, sino en Italia, por lo que no habría habido traslado de reliquias.

Sea como fuere, los restos de Santa Albina fueron primero custodiados por varios devotos del obispo y del clero de Minturno, quizá en la localidad de Castro Argento, quizá en la primera iglesia edificada en honor de San Pedro. En 590 el sagrado cuerpo fue finalmente trasladado a Formia -en Campania- para su conservación -de suerte que a menudo es más conocida como “Santa Albina de Formia” que como “Santa Albina de Cesarea”-, y llevado a Gaeta en 618 para salvarlo de la invasión sarracena junto con el cuerpo de San Erasmo.

Urna con el cráneo de la Santa. Iglesia de la Santa en Scauri, Italia.

Urna con el cráneo de la Santa. Iglesia de la Santa en Scauri, Italia.

En 842, el cuerpo de la Santa, con el de otros Santos, tuvo que ser ocultado en una pequeña iglesia cerca del puerto marítimo, todavía llamada Santa María del Parco o Santa María Asunta, de la cual hoy sólo quedan ruinas. En 917, expulsados los sarracenos de la llanura del Garigliano, fueron devueltos y de ahí, con tal de darles una sepultura más digna, el obispo Bono, el patricio imperial Juan I y su hijo Docibile II edificaron en Gaeta la catedral, consagrada solemnemente por el papa Pascual II en 1106.

En 1786, bajo el altar mayor de la catedral, fueron colocados los restos de la Santa junto con los de otros Santos, en una urna con el siguiente epígrafe:

CORPUS S. ALBINAE VIRGINIS ET MARTYRIS FORMIIS PASSAE – CAJETAM DELATUM ATQUE SUB ARA MAXIMA IN RUDI URNA CONDITUM – DIGNITATES ET CANONICI SEDE VACANTE EAMDEM ARAM RESTAURANTES IN URNA NOBILIORI FORMA EXPOLITA REPONENDUM CURARUNT. IDIBUS APRILIS MDCCLXXXVI.

En el año 2012 se hicieron reconocimientos a los restos de San Erasmo y también a los otros Santos que ocupaban el sarcófago – Eupuria, Albina, Casto, Secundino, Probo, Inocencio y Marciano-. Actualmente, según se lee en la web de la catedral de Gaeta, los restos de todos estos Santos están en el altar de la cripta de la catedral; aunque según otras informaciones, parece que el traslado se ha dado al revés: de la cripta al altar mayor, tras el reconocimiento. Sea como fuere, allí están. Sólo el craneo de la Santa ha permanecido en Scauri de Minturno.

Altar mayor de la catedral de Gaeta, Italia. Actual sepulcro de la Santa y otros Santos.

Altar mayor de la catedral de Gaeta, Italia. Actual sepulcro de la Santa y otros Santos.

Conclusión
Como podemos ver, se sabe muy poco de esta mártir que celebramos hoy y que Baronio introdujo en el Martirologio sólo por la antigüedad del documento que la conmemoraba; pero que reproduce una leyenda que utiliza muchos elementos comunes de otras “passios” y que hace que esta mártir, Albina de Cesarea, se confunda con Santa Reparata, igualmente originaria de Cesarea, hasta el punto de que la segunda sea probablemente un desdoblamiento de la primera.

Hay demasiados elementos difíciles de creer en este relato que, ya lo hemos comentado otras veces, son meros clichés sin rigor histórico: que a una hija de familia noble se la someta a tantas y tan vergonzosas torturas en público, que el emperador en persona se ocupe de su proceso, que los tormentos no tengan efecto en ella, que el cuerpo abandonado en una barca navegue milagrosamente hasta costas lejanas… si hiciésemos una lista de todas aquellas mártires de las que se cuenta exactamente lo mismo, no acabaríamos, empezando por su alter ego Reparata.

Es probable que tras este difuso personaje exista una mártir real, pero actualmente es casi imposible vislumbrarla. Y digo “casi” porque al menos, ahí están sus reliquias, en Scauri y en Gaeta, que hasta día de hoy, reciben el culto y la devoción de sus fieles.

Cripta de la catedral de Gaeta (Italia). En el altar estaban los restos de la Santa junto a otros compañeros. Fotografía: Louise Shapcott.

Cripta de la catedral de Gaeta (Italia). En el altar estaban los restos de la Santa junto a otros compañeros. Fotografía: Louise Shapcott.

Es importante recordar, como hacemos siempre, que existen otras Santas y mártires de nombre Albina, pero son mártires de las catacumbas que no deben ser confundidas con nuestra mártir de hoy, la cual, por cierto, carece de iconografía específica, siendo simplemente representada como una doncella con la palma del martirio.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (11/12/2014):
– http://ordovirginumsicily.blogspot.com.es/2012/01/santa-vergine-consacrata-del-mese-di.html
– http://revolution.forumnews.it/?p=9721
– http://www.santuarioannunziata.it/index.php/foto

Santos Adventor, Octavio y Solutor, mártires de Turín

Lienzo decimonónico de los mártires de Turín con la Virgen y el Niño. Diócesis de Turín, Italia.

Lienzo decimonónico de los mártires de Turín con la Virgen y el Niño. Diócesis de Turín, Italia.

San Máximo, obispo de Turín en el siglo V, en su sermón número 12 invitaba a sus feligreses a celebrar solemnemente el natalicio de todos los santos mártires, exhortándoles a honrar de manera especial a “aquellos que derramaron su sangre entre nuestras casas… siendo especialmente venerados aquellos cuyas reliquias poseemos”. Pero aunque San Máximo no menciona ningún nombre ni da detalle alguno sobre su martirio, está claro que tanto él como quienes le escuchaban conocían la historia de estos mártires, que no les quedaba tan lejana en el tiempo.

¿Quiénes eran estos mártires turineses que el santo obispo no menciona por sus nombres, pero que sin embargo, San Ennodio de Pavía (+531), en su viaje de Pavía a Briançon a finales del siglo V, dice haber visitado en su basílica a lo largo de su camino? Porque San Ennodio de Pavía si que nos dice que se trata de los mártires Adventor, Octavio y Solutor. En esta estrofa de San Ennodio identificamos fácilmente a los mártires de Turín a los que hacía referencia San Máximo un siglo antes: “Octavii meritis da, Adventor, redde, Solutor, candida ne pullis vita cadat maculis”. Y los identificamos gracias al Martirologio Jeronimiano que en los inicios del siglo VI, dice el 20 de noviembre: “Taurinis civitate, sanctórum Octavi, Solutoris et Adventoris” (en la ciudad de Turín, los santos Octavio, Solutor y Adventor).

Una “passio” de mediados del siglo V, dependiente de la “passio” de San Mauricio de Agaune (el de la Legión Tebea), que fue escrita entre los años 432 y el 450, trata de completar a su manera aquello que no dice ni San Máximo, ni San Ennodio, ni el Martirologio Jeronimiano, porque según esta “passio”, estos tres mártires turineses habían sido soldados de la famosa Legión Tebea, los cuales, durante la masacre a la que esta se vio sometida en Agaune, consiguieron escapar.

La Virgen se le aparece a los tres mártires. Pintura de Luigi Vacca (XVIII-XIX), iglesia de los santos mártires, Turín.

La Virgen se le aparece a los tres mártires. Pintura de Luigi Vacca (XVIII-XIX), iglesia de los santos mártires, Turín.

Adventor y Octavio fueron capturados en Turín y allí mismo fueron asesinados, mientras que Solutor, que era más joven y más ágil, aunque estaba herido, consiguió escapar, escondiéndose en un foso de arena. Fue descubierto y decapitado a orillas del Doria Riparia (afluente del río Po), en medio de un pantano que ¡milagrosamente se secó! Una matrona cristiana de Ivrea llamada Juliana, recogió los cuerpos de los tres mártires y los sepultó en las cercanías de Turín, construyendo sobre sus sepulcros una pequeña capilla, convertida posteriormente en una basílica a finales del siglo V, en tiempos del obispo Víctor. Como vemos, la historia de estos tres santos es parecida a la de San Alejandro de Bérgamo.

¿Por qué el escritor de esta “passio” relaciona a estos tres mártires con la Legión Tebea? Esto no puede explicarse, aunque es muy probable que, siguiendo la costumbre de los hagiógrafos del Piamonte en aquellos tiempos, todos los mártires de los cuales no se conocía con detalles sus historias, quedaban automáticamente relacionados con la Legión Tebea. La Legión Tebea era como un saco en el que cabían todos los mártires no suficientemente identificados; era lo que hoy denominamos: “un cajón de sastre”.

Como he dicho antes, el Martirologio Jeronimiano conmemora a estos tres santos mártires el día 20 de noviembre, cosa que también hace el Martirologio Romano, pero en el Jeronimiano, el 15 de marzo aparecen un Octavio y un Solutor, intercalados en una larga lista de mártires africanos. Estos dos mártires africanos debemos identificarlos con estos sobre los que estamos escribiendo hoy.

Miniatura del códice de Bérgamo.

Miniatura del códice de Bérgamo.

Desde siempre, ha ciudad de Turín ha venerado a estos tres santos. En el año 1006 la antigua basílica que se había erigido sobre sus sepulcros fue renovada e incorporada a un monasterio benedictino dedicado a San Solutor y que fue construido por el obispo Gezón. Al primer abad, llamado Román, le sucedió San Goslino, que murió en el año 1061. Las reliquias de estos tres santos mártires se conservaban en una preciosa urna y cerca de ella, hasta el año 1536, estuvieron las tumbas de la matrona Santa Juliana y del abad San Goslino. En ese año, los franceses ocuparon Turín, destruyeron el monasterio y la iglesia, arrasando al mismo tiempo cuatro suburbios de la ciudad y once iglesias.

Los cuerpos de los santos se salvaron y fueron transferidos al interior de la ciudad, concretamente al Priorato de San Andrés y colocados provisionalmente en la capilla de la Consolata. En el año 1568, el Comendador de la Abadía de San Solutor, con el permiso del Papa San Pío V, donaba a los jesuitas todos los bienes de la abadía a condición de que erigiesen un templo en honor a los tres mártires. Construido el templo, el 19 de enero del 1575, con el permiso del Papa Gregorio XIII, se hizo el solemne traslado de las reliquias, puestas en una urna de nogal revestida de bronce dorado. En esta solemne ceremonia intervino todo el episcopado de la región del Piamonte, el duque Emanuele Filiberto, la nobleza al completo y un inmenso gentío. Aquiles Gaglialdi, que fue el primer rector de la iglesia dejó por escrito toda esta tramitación y todos estos actos.

Estos tres mártires son considerados como los santos protectores de la ciudad de Turín y normalmente, se les representa vestidos de soldados y con la corona del martirio. Así aparecen, junto a los santos Máximo, Juan Bautista y Segundo, en una miniatura de un códice de Bergamo de tiempos de Amadeo VI.

De la antigua basílica no queda traza alguna ya que como he dicho fue destruida por los franceses, pero la actual está decorada con mármoles de distintos colores y bronces barrocos, portando en su fachada unas bellas esculturas atribuidas a Borelli. El interior está adornado con frescos del pintor y arquitecto Andrea Pozzo, de Taricco y de Federico Zuccari. En el año 1629 el coro fue decorado con los frescos de Isidoro Bianchi. En el año 1730, Filippo Juvarra diseñó y realizó el altar mayor, en el cual, Gregorio Guglielmi en el 1766 pintó un cuadro con la Virgen y los tres santos.

Altar mayor. Aparece la urna de los mártires.

Altar mayor. Aparece la urna de los mártires.

El pasado siglo, el pintor y litógrafo italiano Francesco Gonin pintó los frescos del ábside y Luigi Vacca pintó el “Martirio de San Adventor y el martirio de San Solutor en presencia de Santa Juliana”. La urna se encuentra en el altar mayor de la iglesia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cardinali, A. y Cigniti, B., “Bibliotheca sanctórum, tomo II, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (30/11/2014):
– www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4241

Beatos Juan Descalzo y Juan “Paniagua” de Sacramenia

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Aunque inevitablemente este tenga que ser un artículo corto, pues poco se sabe de ellos, quiero escribir sobre estos dos sencillos beatos cuya festividad conmemoramos hoy, día 14 de diciembre.

Beato Juan Descalzo, fraile franciscano
El beato Juan Descalzo era llamado así porque, incluso antes de ingresar en la Orden Franciscana, debido a su gran espíritu de pobreza y de mortificación, andaba siempre descalzo. Su casa era llamada la “casa del descalzo”. Gonzaga y posteriormente Wadding y De Moustier, dicen que era uno de los compañeros de San Francisco, pero esto no es cierto, no es exacto. De una leyenda escrita en el año 1364, se deduce que Juan Descalzo nació alrededor del 1278 en la diócesis de Saint Pol de Léon, en la Bretaña francesa, y si San Francisco había fallecido en el año 1226 –cincuenta y dos años antes-, difícilmente pudo ser un compañero suyo.

Nació en el seno de una familia pobre y cuando fue bautizado le impusieron el nombre de Yannig, que en bretón significa “pequeño Juan”. Pronto quedó huérfano y tuvo que trabajar con un familiar haciendo de albañil y de carpintero. Desde muy joven se dedicaba a hacer el bien, ayudar a todos, pedir limosnas y repartirlas, a hacer obras de caridad y cuando tuvo la edad apropiada, marchó a Rennes, donde realizó los estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en el año 1303, ejerciendo de párroco y de canónigo en la catedral de la diócesis. Durante trece años ejerció su apostolado entre sus feligreses diocesanos, llevando siempre una vida austera, de penitencia, de pobreza y como dije al principio, caminando siempre descalzo ya fuera invierno o verano. Pasado ese tiempo, ingresó en la Orden de los Frailes Menores, donde permaneció por espacio de treinta y tres años, siendo siempre un ejemplo de virtud y dedicándose especialmente al apostolado de la confesión y de la dirección espiritual. Aunque vestía el rudo hábito religioso, continuó siempre andando descalzo.

Sentía una predilección especial por los pobres y los enfermos, asistió a los habitantes de Quimper durante el asedio de Carlos de Blois en los años 1344-1345, al año siguiente estaba en Cornualles asistiendo a las víctimas de la hambruna que asoló la región en 1346 y era tanta su entrega y su generosidad que habiéndose dedicado por completo a socorrer a los enfermos de Quimper afectados por la peste – quienes veían en él a su ángel protector -, se contagió, muriendo en el convento de Santa María Magdalena de aquella ciudad en el año 1349. En este y en otros conventos de la provincia había estado viviendo durante este tiempo y en todos ellos dio muestras de santidad.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Fue sepultado en la capilla de San Antonio de la iglesia anexa al convento. Como en su sepulcro se realizaban numerosos milagros, este se convirtió rápidamente en meta de peregrinación especialmente de quienes estaban afectados por problemas de cefaleas y jaquecas. Actualmente sus reliquias se veneran en la catedral de San Corentino, en Quimper.

Siendo canonizado de viva voz por el pueblo llano, el Martirologio Franciscano lo conmemora el 14 de diciembre, o sea, hoy, aunque aun sigue en curso ante la Congregación para las Causas de los Santos la confirmación de su culto “ab immemorabili”, habiéndose realizado ya la llamada “sesión histórica” en la cual fueron presentados todos los documentos referentes a su vida y milagros, sobre todo del siglo XIV.

Beato Juan “Paniagua” de Sacramenia, eremita
El beato Juan “pan y agua” fue descubierto dentro de una gruta perteneciente a los monjes cistercienses del monasterio “Scala Dei”, cuando en el año 1142 fueron llamados por el rey Alfonso VII mientras estaban preparando la fundación del monasterio de Sacramenia, en la provincia de Segovia. O sea, toda su vida había sido un eremita que había vivido en la primera mitad del siglo XII en unas montañas cercanas a la ciudad de Segovia.

Era un anciano, vestido de harapos, físicamente encorvado, que había pasado la mayor parte de su vida haciendo penitencia y viviendo en soledad y oración a imitación de San Juan Bautista. Durante toda su vida se había alimentado únicamente de pan y agua y a esto se debe el nombre popular por el que era conocido por los vecinos que vivían en su entorno, quienes acudían a él ya que tenía fama de realizador de milagros. Hoy diríamos que era una especie de curandero.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Descubierto por los monjes, fue admitido en el nuevo monasterio de Sacramenia, aunque murió antes de cumplir lo que podríamos llamar el año de noviciado. En ese poco tiempo fue tal su fama de santidad acompañada de la realización de milagros, que los monjes, solo dos años después de su muerte dedicaron el monasterio a “Santa María y a San Juan de Sacramenia”. Sus reliquias fueron veneradas inmediatamente después de su muerte y actualmente se encuentran detrás de una sencilla lápida en el monasterio. Los menologios cistercienses también lo conmemoran el día de hoy y es considerado como protector contra la sequía y para conseguir abundantes cosechas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Acta Ord. Min., “Un documento inédito del siglo XIV: la vida de San Juan Descalzo, de los frailes menores”, Roma, 1910.
– Henriquez, C., “Menologium cistertiense”, Amberes, 1630
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.