Contestando a algunas breves preguntas (XX)

Lienzo retrato de San Francisco de Montmorency-Laval.

Lienzo retrato de San Francisco de Montmorency-Laval.

Pregunta: Me gustaría saber qué es un anatema. Muchísimas gracias.

Respuesta: Anatema es la máxima sanción que puede tomar la Iglesia contra un miembro de la misma. Es incluso peor que la excomunión. Ser anatematizado significa ser separado al completo, ser expulsado de la Iglesia. Con la excomunión, un cristiano es separado de la comunión eclesial, pero sigue siendo miembro de la Iglesia y si se arrepiente de lo hecho, vuelve al seno eclesial. El anatema es literalmente expulsado y esto normalmente se hace cuando dicha persona es contumaz en una herejía o en un cisma. La anatematización es el último recurso y siempre es precedida de numerosos intentos para hacer razonar a quien está en un error de fe.

Pregunta: Sé que el Papa Francisco ha canonizado a varios beatos utilizando la llamada “canonización equipolente”. Otros muchos Papas también lo han hecho. ¿Me podrían explicar en qué consiste este tipo de canonización? Muchas gracias.

Respuesta: En la Iglesia Católica, el único que tiene potestad para canonizar es el Papa como Sumo Pontífice, quién antes escucha la opinión de la asamblea de cardenales mediante la celebración de un Consistorio. Esto es lo habitual; pero el Papa también puede canonizar a un beato, sin utilizar este medio, mediante lo que tu has denominado “canonización equipolente”, utilizada por la Iglesia en numerosas ocasiones. Por este medio, el Papa Francisco ha canonizado a los beatos Ángela de Foligno (el 9 de octubre del 2013), Pedro Favro (el 17 de diciembre del 2013) y José de Anchieta, María de la Encarnación Guyart y Francisco de Montmorency-Laval (el 3 de abril de este año). Cinco en total. También exoneró del preceptivo milagro a San Juan XXIII, aunque su canonización se realizó de la forma habitual.

Ilustración contemporánea de San José de Anchieta.

Ilustración contemporánea de San José de Anchieta.

Mediante este método, el Papa exonera al beato de la “realización oficial” de un milagro, pero poniendo como requisitos que dicho beato reciba culto desde muy antiguo (culto inmemorial), que exista fama de que de forma no interrumpida ha realizado diferentes prodigios y que existan testimonios fiables de historiadores dignos de todo crédito acerca de las virtudes o el martirio del mencionado beato. Todos estos requisitos se han cumplido en estos cinco casos y en otros casos anteriores. El Papa, mediante este método, canoniza extendiendo el culto al nuevo santo a toda la Iglesia Universal, aunque no exista ninguna sentencia formal definitiva, aunque no se haya concluido el proceso jurídico ordinario, ni se hayan realizado las ceremonias habituales de toda canonización. Este nuevo santo lo es a todos los efectos igual a los canonizados mediante el proceso habitual.

Los dos Papas anteriores también utilizaron este método de canonización (Santa Inés de Bohemia y Santa Hildegarda de Bingen) y por enumerar sólo a los canonizados en el siglo XX mediante este método, recordemos a San Efrén el Sirio (en 1920), San Alberto Magno (en 1931), Santa Margarita de Hungría (en 1943), San Gregorio Barbarigo (en 1960), San Juan de Ávila (en 1970), Santos Nicolás Tavelic y compañeros mártires (en 1970) y a los santos Marcos de Krizevci, Esteban Pongracz y Melchor Grodziecki (en 1995).

Sobre este tema podríamos hablar mucho más, pero al tratarse de contestar brevemente a la pregunta que tú haces, con esto creo que es suficiente.

Gloria de Todos los Santos. Predela de la Pala de Fiésole, obra de Fra Angelico.

Gloria de Todos los Santos. Predela de la Pala de Fiésole, obra de Fra Angelico.

Pregunta: Hola, ¿es verdad que existen más de diez mil santos en la Iglesia Católica? Creo que existe una lista de ellos: el Acta Sanctorum. ¿Esto es real? Saludos desde Argentina.

Respuesta: Estimado amigo, no existe una lista completa de los santos venerados por la Iglesia Católica y ella misma lo reconoce cuando en el listado de cada día del año añade la coletilla de: “y en otros muchos lugares, otros muchos santos mártires, confesores y santas vírgenes”. No existe un listado completo ni puede haberlo. Pero además, yo quisiera hacerte una consideración: cuando la Iglesia nos presenta a un santo como modelo de vida, nos está garantizando que él goza de la presencia de Dios. ¿Cuántos cientos de miles de millones de seres humanos están ya ante la divina presencia? Pues todos ellos son santos, aunque no se les haya reconocido a nivel individual. Es por esto por lo que el día 1 de noviembre de todos los años celebramos la Fiesta de Todos los Santos.

Pregunta: ¿Los cristianos de Hungría son mayoritariamente católicos? Muchas gracias.

Respuesta: Comprenderás que nosotros no llevamos un recuento de los cristianos húngaros, pero por el número de diócesis existentes parece que sí.

Catedral de Esztergom, Hungría.

Catedral de Esztergom, Hungría.

Las diócesis de la Iglesia Católica son:
Arzobispado de Eger.
Diócesis sufragáneas: Debrecen-Nyiregyhára y Vác
Arzobispado de Esztergom-Budapest.
Diócesis sufragáneas: Gyór, Hajdúdorog (para los católicos de rito bizantino) y Székesfehévár.
Arzobispado de Kalocsa-Kecskemét.
Diócesis sufragáneas: Pécs y Szeged-Csanád.
Arzobispado de Veszprém.
Diócesis sufragáneas: Kaposváy y Szombathely.
Exarcado apostólico de rito bizantino de Miskolc.
Ordinario militar.

Las diócesis de las Iglesias Ortodoxas son:
Diócesis de Szentendre (dependiente del Patriarcado Ortodoxo Serbio).
Diócesis de Gyula (dependiente del Patriarcado Ortodoxo Rumano).
Como puede deducirse, mayoritariamente es católica (rito latino y rito bizantino). Las dos diócesis ortodoxas pertenecen a Patriarcados vecinos.

El dios egipcio Horus combatiendo a su tío Set en forma de cocodrilo. Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

El dios egipcio Horus combatiendo a su tío Set en forma de cocodrilo. Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Pregunta: Casi siempre que vemos una imagen de San Jorge, el santo aparece matando a un dragón, cosa que sabemos que es un mito, pero he oído decir que este mito tiene unas ciertas connotaciones egipcias. ¿Qué quiere decirse con eso?

Respuesta: Los temas iconográficos no son mi fuerte, pero yo también he leído algo sobre este tema. En la leyenda del mito de Osiris se dice que este dios fue traicionado por su hermano Set, que sentía envidia al ver que todos los honores se los llevaba Osiris. La vengar su muerte, su hijo Horus luchó contra su tío Set en el desierto de Ker-Aha, muy cercano al Cairo. La escena de esta lucha aparece en todos los templos dedicados a Horus, en el que se le representa con la cabeza de un halcón arponeando a un cocodrilo que representa a su tío Set. Para los egipcios esta escena representaba la lucha entre el bien y el mal; y esta lucha es la que la iconografía cristiana ha pretendido representar con el combate entre San Jorge y el dragón.

Hay algunas representaciones que dan la impresión de que existe una cierta conexión entre ambos mitos, ya que en algunas imágenes, San Jorge aparece luchando contra un cocodrilo en vez de un dragón y para más INRI, en el Museo parisino de El Louvre se conserva una representación de San Jorge en la que el santo tiene el rostro de un halcón. No puede dudarse de que hay algunas similitudes entre estas representaciones.

Pero no olvidemos otros detalles que pudieran apoyar esta hipótesis del parecido entre estos dos mitos. Se dice que San Jorge luchó con el dragón en una ciudad de Libia. Libia geográficamente está junto a Egipto y bien pudo llegar a ella la tradición egipcia del dios Horus. Además se dice que San Jorge hirió primero al dragón y luego lo encadenó; casualmente, en la leyenda de Horus también se dice que este hirió a su tío y después lo encadenó. Extraño es, ¿verdad?

Pues para más INRI aun, un eminente egiptólogo, el profesor Hans Goedicke defiende que el nombre de Jorge-George deriva de la palabra Horus, ya que en egipcio, el nombre de este dios es Hor y se pronuncia “Jor”. Para mí lo que está claro es que esta leyenda es sólo eso: leyenda, mito, cuento chino. No es un hecho histórico.

Sepulcro del Beato Lesmes en la catedral de Burgos, España.

Sepulcro del Beato Lesmes en la catedral de Burgos, España.

Pregunta Muy buenas. Mi abuela, cada vez que tenía problemas de riñones invocaba a San Lesmes el limosnero. Siempre creí que era San Lesmes, el patrono de Burgos, pero resulta que no. Según ella está enterrado en la catedral de Burgos. ¿Sabéis algo de este santo?

Respuesta: Te estás refiriendo al Beato Lesmes (Adelelmo), que es el que está enterrado en la catedral burgalesa. Fue un sacerdote, amigo y limosnero de San Julián obispo de Cuenca, que oficialmente, no está ni siquiera beatificado y que no debe confundirse con el otro San Lesmes, que fue un monje de origen francés y que también está sepultado en Burgos, aunque no en la catedral.

Se dice que nació en Burgos y que cuando San Julián de Cuenca empezó a predicar lo acompañaba, siendo su único sirviente y limosnero. Se afirma que fue sacerdote, aunque eso no se puede probar y que se dedicaba a repartir las limosnas entre los necesitados de la diócesis que regía San Julián. También hacía cestos y con el dinero que conseguía al venderlos, compraba comida para los pobres. Era tanto el trabajo que realizaba cargando el trigo que compraba y repartía que terminó con problemas en la columna vertebral, los riñones y con una enfermedad crónica en el vientre. Cuando murió San Julián, volvió a Burgos y allí siguió realizando la misma tarea de ayuda a los pobres. Se dice que murió en el año 1218 y, efectivamente, está sepultado en la catedral de Burgos.

Precisamente por esto de su enfermedad es por lo que es invocado por quienes padecen de problemas óseos, lumbalgias y problemas renales. La gente, buscando remedio a su enfermedad, iba para refregar la espalda por su sepulcro y como esto ocasionaba problemas de paso en la catedral, su sepulcro fue trasladado a la capilla de San Juan de Sahagún. En el sepulcro se dice: “Aquí yace el beato Lesmes, hijo de Burgos y abogado del dolor de riñones”. Como te he dicho más arriba ni está beatificado ni canonizado, pero popularmente se le conoce tanto como beato Lesmes como San Lesmes.

Antonio Barrero

Santos Eustaquio, Teopista, Teopisto y Agapio, mártires de Roma

Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

San Eustaquio en realidad se llamaba Plácido y era un rico y victorioso general del emperador Trajano, el cual aunque era pagano, tenía una gran bondad natural, por lo que se dedicaba a hacer grandes obras de beneficencia. Un día, mientras estaba de caza, siguió a un ciervo grande y hermoso que, asentándose sobre una gran roca, se volvió hacia él. Entre su gran cornamenta llevaba una cruz luminosa y sobre ella, la figura de Cristo quién le dijo: “Plácido, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesús, a quién tu no conoces, pero a quién con tus obras me honras”. Plácido se quedó pasmado y cuando se recuperó, fue invitado a ser bautizado junto con el resto de su familia. En el bautismo, Plácido se cambió el nombre por el de Eustaquio (Ευστάθιος), su esposa por Teopista y sus hijos tomaron el nombre de Teopisto y Agapio.

Vuelto a su casa, tuvo que soportar una gran prueba, pues una enfermedad – posiblemente la peste – le quitó todos sus criados, sus caballos e incluso el resto de su ganado. Lo poco que le quedó, le fue quitado por unos ladrones. Por todo ello, decidió emigrar a Egipto, pero durante el viaje, no teniendo suficiente dinero como para pagárselo, tuvo que aceptar que su esposa cohabitara con el capitán del barco, el cual se había enamorado de ella. Cuando pudo bajar a tierra, continuó el viaje a pie con sus dos hijos. Poco después, un león intentó arrebatarle a uno de ellos; y un lobo, al otro, pero salvados por los habitantes de aquel lugar, los dos jóvenes crecieron en la misma localidad, aunque sin tener conocimiento el uno del otro.

Habiéndose quedado solo, Eustaquio se estableció en una aldea vecina llamada Badiso, ganándose el sustento diario con su trabajo. Pasados quince años y habiendo invadido los bárbaros los confines del Imperio, el emperador Trajano se acordó de Plácido y lo hizo venir. Dos comisionados enviados por el emperador lo encontraron y lo llevaron a Roma. Fue puesto de nuevo al frente de las tropas imperiales y, encontrándolas insuficientes, hizo que fuesen reclutados nuevos soldados. Entre los nuevos reclutas y sin conocerse entre sí, se encontraron sus hijos, fuertes y bien educados, a los cuales hizo suboficiales cercanos a él.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Rechazados los invasores y recuperado el territorio perdido, las tropas se detuvieron en una lejana aldea por un corto espacio de tiempo. En aquella aldea estaba Teopista, que allí se había refugiado cuando murió el capitán del barco; y que llevaba una vida de aldeana, cultivando un huerto ajeno y viviendo en un estrecho habitáculo. Los dos suboficiales – o sea, sus hijos -, le solicitaron hospitalidad. Allí, contándose el uno al otro sus propias vidas, los dos hermanos se reconocieron, pero Teopista, que también los reconoció, les ocultó sin embargo su identidad. Al día siguiente, al presentarse Teopista ante el general para pedirle que la llevase a su tierra natal, reconoció en él a su propio esposo. De esta manera, la familia volvía a reunirse.

Mientras tanto, Adriano sucedió a Trajano, el cual le dio la bienvenida en Roma al general vencedor, o sea, a Eustaquio (Plácido), a quién invitó a dar gracias a los dioses en el templo de Apolo. Eustaquio se negó a participar en dicho rito, argumentando que era cristiano, por lo que, junto con su familia, fue condenado a morir atacado por las fieras en el circo. Las fieras ni los tocaron, por lo que fueron introducidos dentro de un buey de bronce al rojo vivo. Aunque murieron de asfixia al instante, el fuego no consiguió quemarles ni uno solo de sus cabellos. Sus cuerpos fueron recogidos por los cristianos, quienes les dieron honrosa sepultura. Sobre sus sepulcros, una vez conseguida la paz de Constantino, se erigió un oratorio donde cada año, el día 1 de noviembre era celebrado su “dies natalis”.

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Hasta aquí, la leyenda de estos santos, que tuvo un éxito extraordinario en la Edad Media. Existieron y nos han llegado multitud de redacciones y versiones en lenguas antiguas: griego, latín, armenio, siríaco, georgiano, copto, eslavo, etc., así como en lenguas modernas: italiano, francés, castellano, inglés, alemán, etc., cada una de ellas con diversos matices, pero todas concordantes en el fondo. W. Meyer argumentando sobre el hecho de que se trata de un mártir romano, defiende que la versión original de esta leyenda es la escrita en latín.

Sin embargo, el hagiógrafo Delehaye, nombrado tantas veces en este blog, lo excluye de una manera absoluta, ya que ni la “Depositio martyrum Ecclesiae Romanae” ni el Martirologio Jeronimiano dicen absolutamente nada sobre estos mártires, por lo que deduce que la versión original es la griega. Delehaye dice que el autor de esta leyenda no se basó en ningún dato real – ni histórico, ni litúrgico -, sino que se basó en los motivos más recurrentes de la novelística popular y de la hagiografía cristiana. En esta obra (leyenda de San Eustaquio) distingue claramente tres relatos o historias: la conversión milagrosa, las aventuras familiares y el martirio. El relato de este último entra de lleno en el llamado género de las “passios” legendarias o romances, de las que también hemos hablado tantísimas veces.

El relato del ciervo milagroso repite un motivo que aparece a menudo en la hagiografía cristiana: San Meinulfo, San Juan de Mata, San Félix de Valois, San Fantino, San Humberto de Lieja… y que tiene sus raíces en la literatura indígena de muchos lugares de Europa; y lo mismo argumenta en el tema de las aventuras familiares de Eustaquio. El primer motivo recurrente se dio en la India en el caso de Buda y desde allí, pasó a la novelística universal. También se encuentra en la antigua literatura griega, en la árabe, armenia, judía… y en muchísimos romances medievales e incluso en las “Homilias pseudoclementinas” y en la leyenda de los Santos Xenofonte, María e hijos. Concluyendo su estudio, Delehaye dice que ningún texto hagiográfico es más conocido que el de San Eustaquio, pero que al mismo tiempo, ningún otro se ha revelado con menor valor histórico.

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Sin embargo, gracias a la habilidad del narrador de esta leyenda, Eustaquio se impuso a la credibilidad popular, que llegó a hacer de él un personaje real. La primera pista que tenemos sobre un culto en su honor es la “diaconia Sancti Eustachii” o Basílica de San Eustaquio que aparece nombrada, en los inicios del siglo VIII, en unos documentos del Papa Gregorio II. El “Liber Pontificalis” la menciona en las biografías de los Papas San León III y Gregorio IV. Era conocida como “basílica platana” porque estaba rodeada de plátanos entre las ruinas de las termas de Nerón y de Alejandro Severo “iuxta templum Agrippae”. Fue reconstruida durante el pontificado de Celestino III, quién la consagró el 12 de mayo del año 1196, después de haber puesto bajo el altar mayor los presuntos cuerpos de Eustaquio, su esposa e hijos.

La celebridad de este santo explica el resurgimiento de otras leyendas, como aquella que identifica el lugar del prodigio del ciervo en los montes de Mentorella, donde está el santuario de Santa María in Vulturella, que es el lugar más alto de la región italiana del Lazio. Existe otra leyenda que hace descender al santo desde la casa de Octavia hasta la del emperador Octaviano Augusto.

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

La leyenda dice que su festividad se celebraba el día 1 de noviembre, fecha en la que también aparece en las “Corbeise maius” del siglo XII, en posteriores ediciones del Martirologio Jeronimiano y en las Actas de los santos del mes de Noviembre. Después de la conmemoración de todos los santos en esa fecha, fue trasladada al día siguiente. El 20 de septiembre aparece en algunos evangeliarios romanos de mediados del siglo VIII y en el Sinaxario de Constantinopla. En esta fecha pasó al Martirologio Romano en la edición que hizo el cardenal Baronio en el año 1586. Finalmente, fue incluido en la lista de los llamados Santos Auxiliadores, siendo el protector de los cazadores y de los arqueros.

Sobre su iconografía se podría escribir otro artículo, porque no creo que exista ningún santo más representado que él, pero como este tema no es mi fuerte, ni siquiera lo esbozo. Total, si posiblemente se trata de un grupo ficticio de mártires…

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DELEHAYE, “Les Passions des martyrs et les generes littéraires”, Bruselas, 1921.
– DANIELE, I., “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.
– KRAPPE, A.H., “La leyenda de San Eustaquio”, L’Aquila, 1928.
– MONTEVERDI, A., “La leyenda de San Eustaquio”, Bérgamo 1910.

Santa Ariadna o Adriana de Frigia, mártir

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

El mismo día que celebrábamos la festividad de Santa Agatoclia, esclava mártir, se celebraba también la festividad de otra esclava cristiana y mártir, ésta llamada Ariadna (o Adriana) en Frigia. Como era imposible escribir sobre las dos en el mismo día, hemos reservado a la segunda para el día de hoy.

Muchas son las discusiones que los críticos hagiográficos han realizado sobre esta mártir de Frigia. Existen algunas “Actas” legendarias, muchas de ellas escritas entre los siglos V y VI por parte de algún que otro redactor muy poco hábil.

Passio de la Santa
Esta leyenda, conocida más por la tradición ortodoxa que la católica, hace referencia a una joven esclava denominada Ariadna (en griego, “indómita, indomable”) -aunque a veces también aparece llamada Adriana- que servía a un decurión -oficial romano al mando de una decuria, es decir, un pelotón de diez soldados- llamado Tértulo o Tertulio, en la ciudad frigia de Promisia, en Frigia Salutare.

En tiempos de Adriano, la esposa de Tértulo dio a luz un hijo varón. Con objetivo de festejar este feliz acontecimiento, el oficial hizo un sacrificio en honor a los dioses. Todos los esclavos de su domus estaban obligados a asistir, pues se trataba de una ceremonia de capital importancia, un ritual sagrado. Pero Ariadna, que era ferviente cristiana, se negó a asistir y a comer los alimentos ofrecidos a los dioses, tanto por no participar en los rituales paganos como por no romper el ayuno que seguía.

Y es que que los emperadores Adriano y Antonino Pío habían promulgado un edicto de persecución contra los cristianos en el cual se contemplaba la pena de muerte a quienes se negasen a comer los alimentos ofrecidos a los dioses, prometiendo a quienes los delatasen, recibir parte de los bienes que se incautaran a estos cristianos o al menos, 400 denarios.

Tértulo, indignado ante tal injuria y descubriendo su fe cristiana, la castigó severamente, apaleándola con una vara hasta romperle varios huesos, y abofeteándola hasta desfigurarle la cara. Repitió este macabro trato varias veces, y luego le arrancó trozos de carne con ganchos de hierro. Culminó su ira encerrándola en un cuarto y dejando que sufriera hambre, por espacio de un mes. Quizá hubiera muerto en este encierro, de no ser porque Tértulo fue denunciado al magistrado Gordio, siendo acusado de estar escondiendo a una cristiana.

La Santa, fusionándose con las rocas de la montaña. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

La Santa, fusionándose con las rocas de la montaña. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Tértulo fue a juicio y fue hábilmente defendido por un tal Nicágoras, de suerte que fue absuelto después de argumentar que la esclava Ariadna era parte de la dote de su esposa y que él no tenía conocimiento de su fe cristiana. Entonces llamaron a Ariadna ante el tribunal y ella se proclamó cristiana, procedente de una familia cristiana y que, por tanto, se negaba a sacrificar a los dioses. Condenada a la tortura del caballete, fue salvada gracias a la intervención del pueblo que se apiadó de su juventud, acusando a Gordio de estar cometiendo una ilegalidad. Esto concitó las iras del magistrado quién, de mala gana, concedió a Ariadna un plazo de tres días para que pudiese rectificar: sacrificar a los dioses y salvarse.

Al finalizar los tres días, Ariadna se fugó hacia una zona montañosa. Tértulo reparó en ello, montó en cólera y mandó tras ella a varios de sus hombres, que la alcanzaron en un monte cercano. Ella, sabiendo el castigo que le esperaba si la atrapaban, volvió la vista al cielo y exclamó: “¡Dios mío, ayúdame a escapar de mis enemigos!”. Entonces se abrió una grieta en la montaña, en la que la esclava se metió y desapareció para siempre, pues el boquete se cerró de nuevo ante la estupefacción de los soldados, que presos de una suerte de locura, se mataron unos a otros con las lanzas.

Entonces, Gordio dio una orden al cabecilla de los guardianes del templo, para que rompieran esa roca y la extrajesen de ella, con la intención de mostrar ante el pueblo el poder que tenían los dioses. Pero se desarrolló una terrible tormenta y aparecieron dos ángeles del cielo que dispersaron al populacho muerto de miedo. Así termina la leyenda de Ariadna.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Icono ortodoxo ruso de la Santa.

Interpretación de la passio
Según algunos críticos, Ariadna debe identificarse con una Santa María, esclava y mártir mencionada en el Martirologio Romano el día 1 de noviembre, de la cual sí que se poseen las “Actas” latinas, conocidas como “Passio Sanctae Mariae ancillae”.

Esta identificación parece apoyada por el Sinaxario de Sirmond (Αριάδνη ή υπηρέτρια Μαρία). Estos críticos dicen que la “passio” de Ariadna es la misma que la de María, aunque con algunas variantes, escritas con la intención de elevar la moral a los cristianos en tiempos de persecución. Sin embargo, otros admiten la existencia histórica de Ariadna, aunque le niegan todo valor a sus “Actas” por considerarlas anacrónicas e irrealistas.

Franchi de’ Cavalieri demuestra la fiabilidad de este documento, que salvo en algunos pasajes, tiene un indudable tinte de autenticidad, como puede verse confrontándolo con algunos documentos literarios de los siglos II-III. Parece, pues, que el redactor se sirvió de fuentes contemporáneas a Ariadna, interpolándolas en su obra con pasajes de épocas claramente más tardías. Franchi di’ Cavalieri, examinando la narración del martirio de Ariadna – descubierta en el año 1899 por parte de Juan Mercati en el códice Vaticano-greco 1853 -, la divide en cinco partes, de las cuales, dos seguramente son auténticas, mientras que existen dudas sobre la autenticidad de las otras tres.

Las partes correspondientes a la defensa de Tértulo y el interrogatorio de Ariadna ante el tribunal son, sin ningún género de dudas, auténticas, por la extraordinaria viveza y precisión del texto, y por el recuerdo de un procedimiento (processo coram populo), que fue anterior a las persecuciones de Diocleciano. Pero la última parte, en la que la Santa huye y consigue refugiarse milagrosamente en la roca, es la más sospechosa, ya que no se puede comprender cómo Ariadna consigue la corona del martirio, sin haber muerto como mártir. Se podría concluir que el autor de esta “passio” se dejó influenciar por otras leyendas, como la de Santa Tecla o la de Santa Bárbara, mártires que también huyeron y fueron milagrosamente acogidas por la roca viva. No cabe duda de que estas dos Santas -Tecla y Bárbara- sí que tienen el título de mártires, y en el caso de Tecla, su intento de fuga fue para preservar su virginidad -la roca la protegió de ser violada por sus perseguidores, aunque murió enterrada por ella-, mientras que si nos ceñimos al texto, Ariadna no corrió este peligro. O eso nos hace creer el mismo, yendo por delante lo que ya sabemos sobre la ilegalidad de la ejecución de una virgen en el derecho romano y cómo se recurría a la violación ritual para solventar este problema. En el caso de Bárbara, sólo el fantástico episodio de la roca que la traga es comparable, ya que ella huía del maltrato de su padre Dióscoro, no de una posible violación.

Icono ortodoxo griego de la Santa. Obsérvese la montaña abriéndose para acogerla.

Icono ortodoxo griego de la Santa. Obsérvese la montaña abriéndose para acogerla.

Otro dato interesante, histórico, que encontramos en la passio es la mención de un dineral como 400 denarios para recompensar la delación de los cristianos. Semejante cifra nos lleva a una época anterior a la crisis monetaria del siglo III. El edicto mencionado ciertamente fue publicado, pero no por el emperador, sino, probablemente, por un magistrado a nivel local.

El Martirologio Romano la conmemora el 17 de septiembre, mientras que el Sinaxario Constantinopolitano la recuerda al día siguiente y después, junto con Santa Hripsime, el día 27 del mismo mes. En Rusia y en Grecia es especialmente venerada todavía a día de hoy, existiendo muchos iconos sobre ella. Es bastante más desconocida en el mundo católico, a pesar de que Ariadna es un nombre no tan raro entre las mujeres.

Conclusión
Generalmente se asume que parte de la passio de Santa Ariadna -la parte que es creíble- es una copia de la passio de Santa María, esclava y mártir de la cual hablaré en otra ocasión. La otra parte, la fantástica de la esclava fugada y absorbida por la roca de una montaña, es un motivo recurrente en otras passio, como vemos en el caso de Santa Bárbara y Santa Tecla. Por lo demás, parece que estamos ante un relato que es histórico en parte, por lo que no cabría descartar que estemos ante una mártir real, auténtica, a pesar de los detalles fantásticos, que cabe desechar.

¿Se puede considerar mártir a Santa Ariadna si no murió como mártir, sino que desapareció “tragada por la montaña”? (o simplemente logró escapar, como es el caso de la otra esclava, Santa María). Lo cierto es que ambas son consideradas mártires en razón de que confesaron su fe en Cristo y sufrieron maltratos y torturas por ello, sin ceder al edicto imperial.

Himno de alabanza a la Santa Mártir Ariadna
(de San Nicolás Velimirovich)

La justa doncella Ariadna
servía a su amo honorablemente
pero servía a Dios antes que a un hombre.

Esclava en el cuerpo, pero no en el alma;
no deseó la esclavitud espiritual
y no dio culto a los ídolos.

Ella se inclinó ante Dios Creador
se inclinó ante Cristo Salvador
pero no ante los ídolos.

Vidriera de la Santa. Cementerio de Montparnasse, París (Francia).

Vidriera de la Santa. Cementerio de Montparnasse, París (Francia).

Fue torturada por su Señor
y aceptó la tortura con gran alegría,
con alegría y agradecimiento.

Dios misericordioso, con su ojo que todo lo ve
vio el santo sufrimiento de Santa Ariadna
y ordenó a la roca sin vida
ocultar a su sufriente virgen
como ya hizo con Tecla y con Juan.

Ariadna, virgen siempre bendita
ayúdanos con tus oraciones
ante el trono de Dios misericordioso;
y, en compañía de la Santa Madre de Dios,
ayúdanos con tus oraciones.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1987.

Virgen de la Paciencia de Oropesa del Mar

Imagen de la Virgen de la Paciencia, patrona de Oropesa del Mar, Castellón (España).

Imagen de la Virgen de la Paciencia, patrona de Oropesa del Mar, Castellón (España).

Una de las historias entrañables que nos da la mariología valenciana es la de la Virgen de la Paciencia de Oropesa del Mar.

Se cuenta que en el año 1619 llegaron unos galeotes moros a esta localidad y atacaron el pueblo, arrasando el castillo y la iglesia con sus imágenes interiores. Destrozada la imagen de la Virgen del Rosario del s.XVI que se veneraba en la conocida como Capilla de la Defensa, el Conde de Cervelló, señor de Oropesa, recogió todos los pedazos y los llevó al Convento de las Carmelitas Descalzas de Valencia para ser entregada a las monjas del Convento de San José y Santa Teresa de Valencia.

En el año 1588, fray Ambrosio Mariano de San Benito, fraile carmelita descalzo colaborador de Santa Teresa de Jesús en sus fundaciones, había fundado este monasterio de la Orden de los descalzos del Carmen. El lugar escogido para la construcción del nuevo convento fue la plaza del Portal Nou y, aunque era de dimensiones reducidas y sufrió un incendio, disponía de iglesia, claustro, salas conventuales y huerto. Este fue por tanto el lugar en que restauraron la imagen de la Virgen y, quizás por la paciencia con que la que fueron repuestas sus piezas, se la rebautizó con el nombre de la Virgen de la Paciencia. Se trataba de una talla en madera de ciprés, de 57 centímetros y datada a finales del siglo XVI aproximadamente, coincidiendo con la repoblación de Oropesa. Además, en torno al año 1630 se construyó una ermita en los huertos del convento para su veneración.

La imagen fue acogida entonces en el convento durante más de tres siglos pero, al llegar el período de la Guerra Civil, la imagen hubo de ser escondida en la casa particular de la familia Marco Prats, cuya vivienda estaba situada frente a la Puerta de los Hierros de la Catedral de Valencia. Tras acoger esta familia a dos hermanos religiosos, la vivienda fue objeto de continuos registros policiales hasta que, en agosto de 1936, unos milicianos se presentaron en el domicilio para llevárselos detenidos. Fue en uno de los asaltos cuando un miliciano golpeó la imagen contra la pared y la cabeza de la escultura rodó por el suelo, partiéndose en varios trozos que la familia conservó. Terminada la contienda en 1939, la imagen se recompuso y dicha imagen permaneció en Valencia hasta el 3 de octubre del año 1964 en que regresó a Oropesa, 345 años después de su devoción, bajo grandes festejos tras haber insistido largamente el párroco de Oropesa para su retorno a la localidad castellonense.

Detalle del busto de la imagen. Oropesa del Mar, Castellón (España).

Detalle del busto de la imagen. Oropesa del Mar, Castellón (España).

En el año 2007, el número de religiosas del convento carmelita era mínimo y la orden vendió el convento a un industrial valenciano para construir en su lugar un hotel de lujo. Pero la anécdota es que las monjas vaciaron las obras de arte del convento y arrancaron de una manera poco respetuosa los zócalos cerámicos de todo el monasterio, lo que llevó a que muchos de ellos se rompieran. Enterados los medios de comunicación del destrozo, intervino la Administración, y en la actualidad los azulejos se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Valencia en depósito, mientras la Justicia establece la titularidad y la responsabilidad de los daños sufridos. Las monjas finalmente se han trasladado al convento que la Orden del Carmen tiene en la cercana población de Serra.

Como colofón a esta historia, la Virgen de la Paciencia será coronada canónicamente el cinco de octubre próximo, día de su fiesta. El obispo de la Diócesis, Casimiro López Llorente, ha decidido igualmente con un decreto que se destine a obras de caridad, a través de Cáritas parroquial, al menos una cantidad igual al coste de la diadema o corona y que la coronación canónica sirva de ocasión para que su ermita se convierta en sede y centro de un genuino culto litúrgico y de activo apostolado cristiano.

La iglesia parroquial de la Virgen de la Paciencia de Oropesa, que es la casa de la imagen, es austera y sencilla en su edificación, contando con una serie de capillas en los laterales que rodean la nave central. En la capilla de la Virgen podemos ver algunos azulejos de bonita factura que datan del siglo XVIII y que pertenecían a la localidad de Alcora, rodeando la imagen de la patrona de la localidad.

Altar de la patrona en la iglesia parroquial. Oropesa del Mar, Castellón (España).

Altar de la patrona en la iglesia parroquial. Oropesa del Mar, Castellón (España).

En la actualidad se conservan dos copias de ésta en Oropesa, una para ser procesionada y otra para ser venerada en la parroquia. Una tercera copia se donó al convento de San José de Valencia, hoy ubicado en la localidad de Serra, y una cuarta imagen se entregó al museo diocesano de la catedral de Segorbe.

Salvador

Santa Agatoclia, esclava y mártir

Imagen de la Santa venerada en Mequinenza, España.

Imagen de la Santa venerada en Mequinenza, España.

Hoy conmemoramos la vida y martirio de una esclava cristiana llamada Agatoclia, nombre que en griego significa “famosa por su bondad”. Veremos que esta mártir es una figura controvertida tanto en su ubicación geográfica como cronológica, que son totalmente desconocidas; planteando con ello un complejo problema hagiográfico. Pero además, se trata de otro de esos casos en que un Santo extranjero -o de ubicación indeterminada- es “adoptado” por una población local, ya que al ser la patrona de la ciudad aragonesa de Mequinenza (España), localmente se cree que era oriunda de este lugar, cuando no existe la menor prueba de ello.

Passio de la mártir
Así dice, simplemente, el Martirologio Romano de ella, el 17 de septiembre: “Eodemdie sanctae Agatocliae, ancillae cuiusdam mulieris infidelis, quae longo tempore verberibus aliisque aerumnis ab ea vexata ut Christum negaret, oblata demum iudici et saepius laniata, cum in confessione fidei persisteret, excisa lengua in ignem proiecta est”. Y traduzco: “En el mismo día se hace memoria de Santa Agatoclia, esclava de una tal mujer pagana, la cual acosada por ésta durante un largo espacio de tiempo con bastones y otros tormentos a fin de que negase a Cristo, finalmente fue conducida ante el juez y nuevamente torturada porque persistía en la confesión de su fe, se le cortó la lengua y fue arrojada al fuego”.

Desarrollando un poco más estos escuetos, aunque interesantes datos, siguiendo tradiciones tanto católicas como ortodoxas, se nos dice que fue una esclava al servicio de un noble cristiano llamado Nicolás. Su esposa, Paulina, quien realmente era la que se ocupaba de la manutención de los esclavos, la aborreció profundamente desde el primer momento y se encargó personalmente de martirizarla. Fueron ocho larguísimos años los que Agatoclia pasó en manos de Paulina. La domina era una ferviente pagana, que sentía muchísima devoción por sus dioses, y veía el cristianismo como una secta que acabaría enfureciendo a los dioses por la irreverencia con la que los trataba, descargando su ira sobre paganos y cristianos.

Cierto es que su marido, Nicolás, era cristiano, lo había sido, en realidad, pues para verse libre de la persecución había apostatado. Y Paulina, como su dueña, podía hacer lo que deseara con aquella esclava, aquella cristiana que, según su mentalidad romana, atraería la desgracia a la casa, pues renunciaba a participar en los ritos sagrados del hogar y mostraba desprecio a la religión imperial. Durante ocho años trató Paulina de que Agatoclia tuviese respeto por los dioses que velaban por el bien del hogar. Cuando las palabras no sirvieron, empezó a golpearla brutalmente y a hacerla caminar sobre piedras afiladas.

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Por su parte, Agatoclia antes moriría que mostraría respeto alguno por aquellos dioses que, como todo cristiano contemporáneo consideraba, eran impíos y simples ídolos. Su fe era la cristiana, una fe que se había difundido rápida y generosamente entre los esclavos y otros miembros marginales de la sociedad, y que había tardado más en tocar a la aristocracia. Los abusos y malos tratos de su ama no la hicieron reconsiderar en absoluto sus convicciones. Cada golpe, cada azote o puntapié, cada sufrimiento que Paulina le propinaba, ella lo ofrecía a Dios como sacrificio expiatorio. No esperaba ayuda de nadie: era una esclava, y su vida no valía nada. Así pues, el martirio de Agatoclia fue uno de los más largos de las mártires antiguas: duró ocho años, al cabo de los cuales decidió Paulina entregarla a las autoridades.

Ni promesas ni amenazas conmovieron el ánimo de Agatoclia, pues si ocho años de continuos abusos no habían podido vencerla, menos la habrían de asustar las torturas de los tribunales. Fue atormentada con la mayor crueldad. Primeramente la golpearon con varas hasta romperle las costillas. Llegado a este punto, se le instó a que sacrificase a los dioses, y no profiriendo ella sino injurias contra las efigies de mármol, le cortaron la lengua para que callara. Finalmente, fue arrojada a una hoguera, donde se consumió.

Cabe decir que otra versión, menos generalizada, afirma que Paulina no entregó nunca a Agatoclia a las autoridades, sino que fue ella misma la que se encargó de acabar con la esclava, partiéndole las costillas con una vara primero, cortándole la lengua después y encerrándola en un cuarto oscuro para que muriera de hambre. Pero, bien porque otros esclavos le pasaban alimento, bien porque Agatoclia se había fortalecido a base de palos, la cautiva no moría, y Paulina, impaciente, acabó ella misma con su largo martirio asesinándola.

Grabado de las Santas Claudia, Hortensia y Agatoclia. Ésta última lleva brazaletes de esclava (dcha.)

Grabado de las Santas Claudia, Hortensia y Agatoclia. Ésta última lleva brazaletes de esclava (dcha.)

Documentación y fuentes
Este relato horrible, truculento, es similar en ciertos puntos a la presunta vida y martirio de Santa Matrona (Madrona) de Tesalónica, esclava que también fue asesinada por su ama o a causa de su ama, aunque en este caso era judía, no pagana. Pone de relieve la terrible e injusta situación a la que estaban sometidos los esclavos en la Antigüedad, que no eran seres humanos en el sentido estricto de la palabra según la mentalidad contemporánea -instrumenta vocalia, los llamaba Cicerón, “las herramientas que hablan”- y como tal se podía hacer con ellos lo que se quisiera, aunque un exceso de brutalidad o crueldad estaba mal visto socialmente, como indigno de la nobleza.

Dejando aparte estas cuestiones y centrándonos en la Santa, es cierto que el día 1 de septiembre es conmemorada por el Sinaxario Constantinopolitano, que dice: “En este mismo día, memoria de los santos mártires Agatoclia, Calixta, Hermógenes y Evodo”, es decir, que le atribuye algunos compañeros de martirio, aunque tampoco los ubica ni cronológica ni geográficamente. Pero es el Martirologio Romano el que hace mención sólo de Agatoclia el día 17 de septiembre -o sea, hoy- y en los términos en que nos hemos referido al inicio de su passio. Es decir, en los Sinaxarios formaba parte de un grupo y no se dan más detalles; en el Martirologio, está ella sola y se añade la terrible historia de su maltrato y martirio como esclava.

Los bolandistas dicen que la inserción de Agatoclia en el Martirologio Romano es obra del cardenal Baronio, quien la copió de algunos menologios griegos. Es cierto que la breve noticia que da el Martirologio Romano concuerda sustancialmente con lo dicho en la passio (actualmente perdida), pero que también está contenida en los sinaxarios y menologios griegos. De estas fuentes griegas es posible inferir algunos datos, como que era esclava (¡¡o quizás hija!!) de los cónyuges Nicolás y Paulina, el primero cristiano, pero la segunda, pagana, aunque ambos eran apóstatas conforme lo dice el Menologio de Basilio. Agatoclia habría sido asesinada por su propia dueña (¡¡o madre!!). Así que, pese a las diferencias sustanciales entre unas menciones y otras, parece ser común en todas las fuentes la mención de Agatoclia asesinada a manos o a causa de quienes tenían su tutela, ya fuesen amos o parientes carnales.

Valorando lo que es el relato en sí, no existen elementos suficientes como para enjuiciar la historicidad de estas noticias, tanto más cuanto que esta mártir ha sido objeto de fuerte objeciones, hasta que un descubrimiento arqueológico realizado en el año 1936 disipó algunas de estas dudas. En 1936 fue descubierta en Atenas una piedra de mármol con una inscripción funeraria realizada por un cierto Andrés, lector de la iglesia de Santa Agatoclia. Esta piedra funeraria fue datada como del siglo VI.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Los motivos de las dudas no eran infundados, ya que la mención de Agatoclia falta en varios manuscritos de los sinaxarios griegos y también es omitida en la homilía de Teófanes Kerameus, en la cual sí que habla de la celebración de los mártires Calixta, Hermógenes y Evodo, pero sin hacer mención a Agatoclia.

Sin embargo, el hecho de mayor peso es la omisión en el Martirologio Jeronimiano, que no la menciona el 1 de septiembre, y que el 25 de abril dice: “Syracusae Evodi, Hermogenis et Callistae”. A la omisión del nombre de Agatoclia se une de manera inesperada la indicación geográfica de Siracusa, como lugar de culto de los tres mártires. A este propósito, Lanzioni, avanzó la hipótesis de que el término “Agatoclia” no fuese nada más que un apelativo de Siracusa, ya que esta era la ciudad del tirano Agatocles (!!!). Esta hipótesis, que intentaría conciliar lo que dice el Martirologio Jeronimiano con las fuentes griegas, no es confirmada por ningún documento o testimonio que pruebe el uso de este apelativo hacia la ciudad de Siracusa, revelando sin ningún género de dudas, una preconcebida convicción sobre la no historicidad de esta mártir. Delehaye no comparte esta hipótesis, por cierto.

Volviendo al descubrimiento arqueológico realizado en Atenas en 1936, hay que decir que aunque esta iglesia de Santa Agatoclia fue destruida, la inscripción es de una enorme importancia, ya que permite datar la fundación de dicha iglesia y, por lo tanto, el origen del culto a la Santa, en una época bastante antigua, lo que confirmaría la existencia histórica de la Santa y la legitimidad de su culto.

La inclusión del nombre de esta santa en el Martirologio Español es fruto de la fantasía de Juan Tamayo Salazar, el cual, arbitrariamente, se atrevió incluso a fijar la fecha de su martirio en el año 94, en tiempos de Domiciano. Sin ningún fundamento, por supuesto, ya que como hemos dicho, desconocemos la ubicación cronológica y geográfica de la mártir, aunque el Martirologio Jeronimiano la mencione en Siracusa y tuviese una iglesia en Atenas. Quizá, debido a esta inclusión de Tamayo Salazar, esta mártir ha sido “adoptada” como vecina y patrona de la ciudad aragonesa de Mequinenza, donde sigue recibiendo un importante culto a día de hoy y de donde podemos inferir la iconografía de la Santa: una doncella de pie sobre una hoguera, sosteniendo en su mano su propia lengua amputada, mientras un ángel le trae la corona y sostiene la palma del martirio, con triple corona de virgen -otra suposición- y de mártir.

Ofrenda floral a la Santa. Iglesia de Mequinenza, España.

Ofrenda floral a la Santa. Iglesia de Mequinenza, España.

Conclusiones
En resumen, y para poner un poco de orden a todas estas ideas, decir que Santa Agatoclia es una mártir cristiana a la que no podemos poner fecha ni lugar de existencia, porque éste es desconocido. Lo mismo para los compañeros que se le asocian en algunos textos -Calixta, Hermógenes, Evodo- de los cuales no tenemos datos. En cierto momento se los asocia con la ciudad de Siracusa, aunque lo cierto es que no se puede profundizar más en ello. La cronología permanece oscura, siendo el año 94 -época de Domiciano- una fecha inventada por un hagiógrafo español.

Se ha dudado mucho de la existencia histórica de esta mártir, pero lo cierto es que en Atenas tuvo dedicada una iglesia ya en el siglo VI, lo que evidencia un culto muy antiguo y, por tanto, confirmando que estamos ante una mártir real, de la que se dice que era esclava o hija de un apóstata y una pagana, y que murió a manos o por culpa de quienes, ya como amos o como padres, deberían haberla protegido.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Città Nuova, Roma 1984.