“Su sudor se hizo como coágulos de sangre”

"Gethsemané", obra de Adam Abram, muestra a Jesús postrado en el Huerto de los Olivos.

“Gethsemané”, obra de Adam Abram, muestra a Jesús postrado en el Huerto de los Olivos.

“Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como coágulos de sangre que caían en tierra” (Lucas, 22, 44).

La hematidrosis es lo que le ocurrió a Jesús al inicio de su Pasión. El sudor de sangre que padeció Jesús en el Huerto de los Olivos no fue un hecho aislado, sino que fue un primer episodio que tuvo una repercusión muy grave en todos los acontecimientos ocurridos con posterioridad durante su martirio. De la hematidrosis o sudoración de sangre en realidad no se sabe mucho. Es verdad que en algunas enfermedades pueden originarse fenómenos parecidos y que a lo largo de la historia se han dado algunos casos. Aunque algunos científicos dicen que se trata de un fenómeno psicogénico, bien es cierto que actualmente se admite que es un fenómeno fisiológico, cuyo origen puede estar en graves alteraciones psíquicas.

Terminada la cena y hechas las últimas recomendaciones a sus discípulos, Jesús se fue a orar al Huerto de los Olivos, concretamente al lugar denominado Getsemaní, pasando previamente por el torrente Cedrón. Aquella noche no era como otras muchas noches en las que Jesús se había acercado a orar a ese lugar, cosa que hacía cada vez que subía a Jerusalén. Todos estaban tristes por lo que el Maestro les había comunicado que iba a suceder; todos tenían miedo, y Jesús también lo tenía. Llegados allí, les conminó a que estuviesen vigilantes y en oración, mientras que él, algo más alejado, se postraba en tierra realmente abatido. San Marcos nos lo dice textualmente: “Mi espíritu está triste, hasta el punto de morir” (Marcos, 14, 34). Jesús estaba angustiado, lleno de pavor, su naturaleza humana luchaba contra la muerte. Se sentía morir de puro sufrimiento moral.

Jesús confortado por un ángel. Óleo de Carl Heinrich Bloch.

Jesús confortado por un ángel. Óleo de Carl Heinrich Bloch.

Jesús, que siempre se mostró con un autodominio que desconcertaba a los escribas y fariseos, estaba abatido. Era un hombre que sabía lo que habría de sucederle porque también era Dios y, como hombre, estaba hundido. Sabía que sería torturado hasta la muerte, pero lo que aún era peor, que sería traicionado, negado y abandonado por sus amigos; y esta terrible agonía fue la que le produjo la hematidrosis. El futuro, para Él era presente, o sea, conocía todo lo que le iba a suceder en los próximos días y horas. Él lo aceptaba, pero su naturaleza humana se rebelaba y esa resistencia la expresó con una reacción fisiológica extraordinaria: se puso lívido, acongojado, entró en agonía y sudó sangre.

Aquellos a quienes Él quería, lo abandonaban, lo vendían, lo negaban, incluso, pedirían su muerte y Él, que lo sabía, se encontraba completamente solo, lleno de terror, sabiendo además que ni siquiera Dios podía hacer nada para impedirlo, ya que ése era su destino, para eso exactamente había venido al mundo. Estaba abandonado por los suyos y estaba abandonado por Dios. Terrible.

Todo esto lo hirió de muerte y su naturaleza humana estalló de terror, de angustia y sudó sangre. Lo narra perfectamente el evangelista Lucas que, precisamente, era médico: “Y sumido en agonía, su sudor se hizo como coágulos de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas, 22, 44). San Lucas no habla de “gotas de sangre” sino de “coágulos de sangre”, ya que en su evangelio utiliza la palabra θρόμβος, que significa coágulo, trombo, de la cual deriva la palabra trombosis.

Ante esto, ni los Santos Padres se pusieron de acuerdo: para unos era una cosa natural, para otros, sobrenatural; e incluso para algunos, una metáfora. Algunos, en Occidente, llegaron incluso a quitar este texto del evangelio, pero en Oriente siempre se mantuvo el texto íntegro. En eso precisamente se basó Arrio para negar la divinidad de Cristo, diciendo que Dios no podía caer humanamente tan bajo, ni tener esa debilidad. Quizás por esto, en algunos manuscritos se quitó la palabra θρόμβος y se cambió por “gotas de sangre”. En Concilio de Trento puso las cosas en su sitio.

Jesús en agonía en el Huerto de los Olivos. Fotograma de la película "La Pasión" (Mel Gibson, 2004).

Jesús en agonía en el Huerto de los Olivos. Fotograma de la película “La Pasión” (Mel Gibson, 2004).

Esta hematidrosis, desencadenada porque se sentía morir a consecuencias de un sufrimiento que en aquel momento era moral, no era físico, no era un milagro. Fue un fenómeno que le ocurrió en una circunstancia extrema. La sangre de miles de vasos capilares rotos, se mezcló con el sudor y le salió por todos los poros del cuerpo y cayó al suelo. Pero al ser la sangre más densa que el sudor, la que se detuvo entre las arrugas de la piel y el vello, se coaguló; y esos coágulos formados sobre su piel también cayeron al suelo, arrastrados por el sudor; y es por eso por lo que Lucas dice: “Y su sudor se hizo como de coágulos de sangre que caían hasta la tierra”.

El evangelista no dice cuanto tiempo duró este fenómeno, pero pudo durar “una hora”: “¿No habéis podido velar una hora conmigo?” (Mateo, 25, 40), o sea, duró bastante tiempo, porque el concepto de hora que tenemos actualmente (una hora es sesenta minutos), no era el concepto que existía en la Palestina de aquel tiempo, que seguía el horario romano. Tampoco se puede saber cuánta sangre perdió, pero alguna orientación sí se puede tener. La cantidad de sangre perdida estuvo en relación con el tiempo que duró el fenómeno; y además, la perdió por todo el cuerpo, pues por todo el cuerpo sudamos, en mayor o menor medida, y para que se formen coágulos se necesita una cantidad considerable de sangre. El sufrimiento moral y el estrés que le produjo este fenómeno fue tan grave que, desde ese momento, Jesús se quedó sin fuerzas físicas y repercutió gravemente en su organismo durante todos los días y horas que le quedaron de Pasión. Jesús sufrió lo que los médicos denominan un shock hipovolémico (grave pérdida de sangre y líquido que hace que el corazón sea incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo), que a su vez le provocaba una sed terrible y una fiebre espantosa. Por eso, desde ese momento y durante toda la Pasión, tuvo un grave bajón de presión arterial, con la consiguiente pérdida de fuerzas, mareos y fatigas.

"Jesús en el jardín de Gethsemané", lienzo de Heinrich Hofmann (1890).

“Jesús en el jardín de Gethsemané”, lienzo de
Heinrich Hofmann (1890).

Pero este fenómeno, en el que estallaron miles de vasos capitales, dejó toda la piel de su cuerpo terriblemente dolorida, todo su cuerpo quedó en “carne viva” y por lo tanto, muy debilitada para sufrir los innumerables golpes y latigazos que aún le esperaban hasta su muerte. Humanamente, no puede explicarse cómo pudo soportar los malos tratos, la flagelación, la coronación de espinas ni el llevar el patíbulo sobre sus hombros camino del Calvario. ¡Y aún no había empezado lo que denominamos “la Pasión”!

“Yo soy un gusano, no soy un hombre; oprobio de los hombres y despreciado por el pueblo” (Salmo, 22, 7).

Antonio Barrero

Bibliografía:
- CABEZÓN MARTÍN, C., “Así murió Jesucristo”, Edicel, Centro Bíblico Católico, Madrid, 2003.
- HERMOSILLA MOLINA, A., “La Pasión de Cristo vista por un médico”, Sevilla, 1984.
- Sagrada Biblia de Jerusalén.

Misa Crismal

Procesión de entrada en la misa crismal. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Procesión de entrada en la misa crismal. Catedral de Santiago de Compostela, España.

En uno de estos días que preceden al Triduo Pascual, se celebra en todas las catedrales del mundo una misa muy especial, única en el año, extraña para algunos, llena de significado para otros. Es la llamada “misa crismal”, que aunque debería celebrarse en la mañana del Jueves Santo, suele adelantarse a los días anteriores a ella, a fin de facilitar la mayor participación de los presbíteros diocesanos. En ella destacan dos momentos muy importantes que no se repiten en otra misa del año: la renovación de las promesas de los sacerdotes diocesanos, y la bendición, por parte del obispo que preside, de los santos óleos que hasta la siguiente misa crismal servirán para la administración de los sacramentos en todo el territorio diocesano.

Unidos al obispo
En esta misa cobra especial importancia la participación de toda la diócesis: sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos. Es en ella donde se pone de manifiesto la unión de todos los bautizados entre sí y con el obispo diocesano: una misma familia diocesana, una sola iglesia particular que se reúne junto a su obispo, quien es a la vez pastor supremo y siervo de todos. Los sacerdotes diocesanos o pertenecientes a institutos de vida consagrada tienen aquí especial importancia pues, tras la homilía, renuevan sus promesas sacerdotales.

En el caso de los párrocos o superiores religiosos, además recogen los óleos bendecidos al final de la misa, los cuales les van a servir para la administración de los sacramentos en sus respectivos destinos pastorales (parroquias, casas religiosas, etc,…).

Misa crismal en Santander (España) en el año 2009.

Misa crismal en Santander (España) en el año 2009.

También los diáconos, como ministros diocesanos, miembros de la jerarquía y servidores del obispo, tienen un papel destacado en la celebración, sobre todo en la procesión con los santos óleos y su bendición. Ellos, junto a los presbíteros y el obispo ponen de manifiesto la plenitud y unidad del Orden sacerdotal que en esta celebración cobra especial significación, pues todos ellos renuevan y profundizan la conciencia de ser ministro de Jesucristo, en virtud de la consagración sacramental y de la configuración con Él, Cabeza y Pastor de la Iglesia [1].

Y por último, el pueblo fiel es también protagonista, pues es testigo de lo que allí ocurre, ora por el obispo y demás ministros diocesanos y participa de la celebración gracias a su sacerdocio bautismal. Así, todos, ministros ordenados y laicos, participan, cada uno a la manera a la que ha sido llamado (Hebreos, 5, 4), del único sacerdocio real de Cristo.

Los santos óleos
Si la renovación de las promesas de los sacerdotes es un momento especial, la bendición de los santos óleos tiene una gran significación (en realidad se consagra el crisma y se bendicen los otros dos). Ahí se pone especial énfasis en la gran fuerza de los sacramentos como instrumentos de santificación de todo el Pueblo de Dios. En efecto, los santos óleos usados en algunos de los sacramentos, son aquí bendecidos/consagrado y puestos en las manos de los sacerdotes, para la administración de los mismos durante el año en toda la diócesis.

Vasijas de los santos óleos. Catedral de Compostela, España.

Vasijas de los santos óleos. Catedral de Compostela, España.

Son tres: el santo crisma (se llama así porque es el único que se consagra, es decir, se “hace santo”), el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos. El primero es una mezcla muy pura de aceite de oliva y perfume, y los otros dos son sólo aceite (se permite en casos especiales el uso de aceite de otras plantas si no hay de oliva). Cada uno se emplea en momentos sacramentales distintos. Así, el crisma se emplea en el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal (excepto en la ordenación de diáconos, pues aunque reciben el sacramento no tienen funciones sacerdotales [2]) y, con menos frecuencia, en la consagración de altares e iglesias. El óleo de los catecúmenos es usado en el sacramento del bautismo. Y, por último, como su propio nombre indica, el óleo de los enfermos se utiliza en la Unción.

El empleo del óleo-aceite en los sacramentos nace de la misma Sagrada Escritura. Era muy habitual el uso de aceites en el día a día del pueblo judío, como en la curación de enfermos (Is., 1, 6; Lc., 10, 34), en estética (Ez., 16, 9; Am., 6, 6), en ofrendas (Ex., 29, 2; Lev., 2, 1 ss), en la iluminación de las casas (Mt 25 1ss) y lugares de culto (Ex., 27, 20 y 35, 1ss), en la preparación de un cadáver para la sepultura o para recibir a los invitados (Lc., 7, 46). Como su precio era elevado, era muy estimado y reservado para lo mejor, incluyendo la unción de cosas santas, o personajes notables como reyes, profetas y sacerdotes. Esto último podemos verlo en la unción mandada por Dios para consagrar a los sacerdotes, sucesores de Aaron (Ex 29), en la unción del rey Sául (1 Sam 10, 1), del rey David (1 Sam 16, 13; 1 Cro 11, 3; Sal., 89,21) y de Salomón (1 Cro., 29, 32). Encontramos asimismo numerosos textos de unción de otros reyes de Israel o Judá a lo largo de la Sagrada Escritura.

Estuche que guarda los oleos en una parroquia.

Estuche que guarda los oleos en una parroquia.

También, como hemos dicho, se ungían los utensilios que iban a ser destinados a una función santa, de culto, como altares (el de Jacob en Gn., 18, 28), u otras cosas santas (como la tienda del encuentro o demás enseres santos en Ex 40, 8ss). Igualmente podemos encontrar textos que nos hablan sobre el uso del aceite como signo de purificación o sanación en enfermos (Lev 14; Mc 6, 13). Pero el texto más importante, sobre el que se fundamenta el sacramento de la Unción de enfermos está en la carta de Santiago: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometidos pecados, le serán perdonados” (St 5,14-15).

¿Y por qué en la actualidad el aceite es considerado algo santo, algo usado en la santificación de personas o cosas? ¿No es algo, como hemos visto, más propio del Antiguo Testamento? Todo ello participa y bebe del Cristo, que, no lo olvidemos, significa en griego “el Ungido”. Jesús es el Ungido de Dios, es el rey, profeta y sacerdote, condiciones que heredamos en el bautismo por nuestra incorporación a Él y porque el Espíritu actúa en nosotros de llevándonos a una vida nueva [3]. No puede, por tanto, obviarse el uso de aceite en la liturgia.

Jesús es Cristo, “ungido”, porque el Espíritu es su Unción y todo lo que sucede a partir de la Encarnación mana de esta plenitud (Cf. Jn 3, 34). Cuando por fin Cristo es glorificado (Jn 7, 39), puede a su vez, de junto al Padre, enviar el Espíritu a los que creen en él: Él les comunica su Gloria (Cf. Jn 17, 22), es decir, el Espíritu Santo que lo glorifica (Cf. Jn 16, 14). La misión conjunta y mutua se desplegará desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será unirlos a Cristo y hacerles vivir en él [4].

El Papa Benedicto XVI insufla su aliento sobre el crisma.

El Papa Benedicto XVI insufla su aliento sobre el crisma.

Todo esto, que puede parecer confuso, nos lo aclaró Benedicto XVI en la homilía de esta misa en el 2010: “Ser cristiano quiere decir proceder de Cristo, pertenecer a Cristo, al Ungido de Dios, a Aquel al que Dios ha dado la realeza y el sacerdocio. Significa pertenecer a Aquel que Dios mismo ha ungido, pero no con aceite material, sino con Aquel al que el óleo representa: con su Santo Espíritu. El aceite de oliva es de un modo completamente singular símbolo de cómo el Hombre Jesús está totalmente colmado del Espíritu Santo” [5].

Las lecturas de este día
En este día tan especial las lecturas son de las que llegan al alma (Is   61, 1-3.6a.8b-9; Sal 88, 21-22.25.27; Ap 1, 4b-8; Lc 4, 16-21). Se refieren todas a un mismo personaje, el Ungido, el mismo Cristo, aunque es prefigurado en el isaítico siervo de Yahvé y en el rey David. Podíamos pensar por ello que estamos ajenos a lo que allí entonces se dice, que simplemente se nos anuncia la llegada del Mesías, su misión y su manifestación en la sinagoga de Nazaret. Sin embargo las lecturas tienen un mayor calado, como podemos extraer de la lectura del Apocalipsis. También se nos menciona a nosotros los bautizados, el pueblo salvado por medio de su sangre, un Reino sacerdotal (Ap 1, 5). Y la pregunta que ahora se nos puede lanzar es: ¿para qué somos ungidos en el bautismo entonces? Pues precisamente porque participamos de Cristo rey, sacerdote y profeta, y así hemos de profesar y actuar: siendo los que con Cristo llevemos la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18). El Papa Francisco, en su conocidísima homilía de su primera misa Crismal, afirmaba al hilo de esto, con la claridad y sencillez que le caracterizan: “La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite… y amargo el corazón” [6].

Reparto de los santos óleos para las respectivas parroquias.

Reparto de los santos óleos para las respectivas parroquias.

Evidentemente, dentro del Pueblo de Dios, la responsabilidad mayor, por ser ministerio ordenado, recae en el sacerdote y el obispo. Ellos reciben una unción en la recepción del sacramento del Orden, la unción del sacerdocio ministerial, de la que el laico, religioso no ordenado y diácono carecen. Es por ello que la renovación de sus promesas tiene en esta misa un gran significado. Con ellas el sacerdote renueva su consagración, su entrega a la santificación, unción, del rebaño a él encomendado. La unción, por tanto, del sacerdote, tiene como objetivo la unción del pueblo fiel. El sacerdote ungido unge a su vez; su santidad, santifica.

Obispo: ¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa’ de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia?

Presbíteros: Sí, quiero.

Misa crismal en la catedral de Compostela.

Misa crismal en la catedral de Compostela.

Obispo: ¿Deseáis permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas?

Presbíteros: Sí, quiero.

David Jiménez


[1] Pastores dabo vobis, 25.
[2] Catecismo Iglesia Católica, 1574.
[3] Catecismo Iglesia Católica, 1241.
[4] Catecismo Iglesia Católica, 690.
[5] Benedicto XVI, Homilía de la Santa Misa Crismal, 1/04/2010.
[6] Francisco I, Homilía de la Santa Misa Crismal 28/03/2013.

La Semana Santa en México (II)

Procesión del Silencio al estilo sevillano en la ciudad de San Luis Potosí, México.

Procesión del Silencio al estilo sevillano en la ciudad de San Luis Potosí, México.

En México existe una gran variedad de tradiciones y costumbres en torno a la Cuaresma y la Semana Santa; ya en el artículo anterior se desarrolló el origen y celebración de la presentación teatral de la Pasión del Señor que se realiza en México y en especial en la localidad de Ixtapalapa, y aunque representar de esta forma el Vía Crucis es una de las más recurridas en México; también existen otras tradiciones, como es el caso de las cofradías, las cuales se pueden dividir en dos tipos: las cofradías de tipo sevillano y las cofradías de penitentes, muchas de ellas con orígenes coloniales.

La cofradías se inician a la llega de los españoles y es así que Hernán Cortés funda la Cofradía de la Santa Vera Cruz hacia 1526 en acción de gracias por haber llegado al nuevo mundo. Hacia 1537, en el convento de San Agustín de la ciudad de México se funda la Cofradía y Hermandad del Nombre de Jesús. En 1582, en el convento de Santo Domingo de la misma ciudad de México, se fundan la Cofradía del Descendimiento y Sepulcro de Jesús y la Cofradía del Rosario.

Durante esta época la mayoría de las cofradías eran para españoles, por eso es que fray Pedro de Gante funda la primera cofradía para indios en la capilla de San José de los Naturales; posteriormente, en este mismo lugar, aparecerían ocho cofradías más. En Toluca surgieron cuatro cofradías de indios, una de mulatos y otra para cualquier casta que quisiera ingresar, llamada Cofradía de Santa Febronia. Desde 1575 se encuentran datos de que en la capilla de San José de los Naturales algunas de las cofradías de indios acostumbraban hacer flagelaciones durante la Semana Santa y que existía una cofradía de españoles que desfilaban vestidos de morado mientras cargaban pesadas cruces.

Procesión de la Cofradía de las Ánimas, una de las cofradías de penitentes en Taxco, Guerrero.

Procesión de la Cofradía de las Ánimas, una de las cofradías de penitentes en Taxco, Guerrero.

Se tiene registro de que las procesiones de la Semana Santa en la Nueva España se iniciaron formalmente hacia 1585 por iniciativa de los religiosos carmelitas. Fray Elías de San Juan Bautista fue quien inició las procesiones con la forma sevillana, éstas, a su vez, comenzaron a distinguirse en dos tipos: las “Procesiones de Sangre” y los “Pasos de la Pasión”. Las procesiones de sangre incluían severas penitencias, como los azotes y flagelaciones.

Las procesiones de penitentes o de sangre actualmente se siguen realizando en algunas poblaciones mexicanas, como por ejemplo en Taxco, Guerrero, en Atotonilco, Guanajuato y en algunos municipios del estado de México y ciertas comunidades indígenas, esto muy a pesar de la continua prohibición por parte de la Iglesia Católica, quien enérgicamente ha intentado erradicarlas, pero sin mucho resultado, puesto que en muchos sitios de estos ya se hacían prácticas de este estilo desde el periodo prehispánico, por lo que las penitencias corporales muchas veces se convierten en una tradición ya de esas poblaciones.

La Semana Santa en Taxco, Guerrero
En el estado mexicano de Guerrero existe una población de nombre Taxco donde, en pleno siglo XXI, cada Semana Santa se puede ver varios grupos de procesiones de penitentes en honor de la Pasión del Señor. Desde el Miércoles de Ceniza hasta el Viernes Santo existen varias procesiones en las que los participantes se van flagelando de diversas maneras con el rostro cubierto. Entre las hermandades más famosas que realizan este tipo de prácticas están los Encruzados, las Ánimas y los de la Flagelación.

La procesión de los Cristos, en Taxco, Guerrero.

La procesión de los Cristos, en Taxco, Guerrero.

En la Hermandad de los Encruzados sólo participan hombres, quienes van cargando a sus espaldas inmensos rollos de varas espinosas y velas en las manos. La Hermandad de las Ánimas puede tener hombres o mujeres, siempre van vestidos totalmente de negro y con el rostro cubierto, van descalzos y en los tobillos levan largas y pesadas cadenas que arrastran por el camino, totalmente inclinados y llevando velas encendidas en ambas manos. La hermandad de la Flagelación, también llamados de la Cruz de San Andrés, son hombres que cargan una cruz de madera de aproximadamente metro y medio de altura; durante los descansos en las procesiones, suelen arrodillares y golpear sus espaldas desnudas con una “disciplina”, que consistentes en pequeños mazos con tachuelas que desgarran y sangran su piel.

El Jueves Santo, a las once de la noche, se realiza otra tradición por las calles de Taxco, llamada “la procesión de los Cristos”, donde se reúnen las imágenes de Cristo consideradas más milagrosas de la región y la ciudad en una multitudinaria procesión que sale del templo de la Santa Veracruz: esta procesión es acompañada con flagelantes y penitentes. Las celebraciones del viernes que consisten en la procesión de las Tres Caídas y la del Santo Entierro en ambos casos son acompañados por ánimas, flagelantes y penitentes.

Como ya mencioné, estas sangrientas tradiciones han sido criticadas y prohibidas por la Iglesia año tras año, pero desgraciadamente ha sido en vano, pues no se han podido erradicar y en el caso de Taxco es mucho menos probable que suceda, debido a que estas prácticas se han convertido en uno de los atractivos turísticos más ofertados y famosos de la región, siendo que el Gobierno se ha aprovechado de esto para difundirlo y atraer turismo nacional y extranjero a ver estas sangrientas procesiones: al grado es atractivo que hasta existe un monumento en la ciudad dedicado a los flagelantes y penitentes de Semana Santa.

La Semana Santa en las comunidades indígenas
La Semana Santa para los indígenas ha tenido mucho arraigo en sus tradiciones desde la evangelización del siglo XVI, para muchas culturas la Semana Santa tiene una relación muy importante con las cosechas y con la muerte, debido a que para ellos la muerte es precedida por la vida y, de esa forma, también de las cosechas.

Celebración de la Semana Santa en una comunidad Raramuri.

Celebración de la Semana Santa en una comunidad Raramuri.

Las celebraciones de los raramuris de Chihuahua
A partir del Domingo de Ramos, en la comunidad raramuri, se comienza a escuchar el solitario sonar de un tambor y, desde ese día hasta el Sábado Santo, ya no se tocará ningún otro instrumento musical. Las festividades de esta semana, en especial en los pueblos que no tienen un sacerdote, recaen en el gobernador o siríame del pueblo, quien dará los sermones en los días santos. Las mujeres, por su parte, forman un grupo que es llamado moréame, que son las encargadas de llevar en procesión la imagen de la Virgen de los Dolores y el incienso. Los mestles son quienes se encargarán de dirigir los rezos y cantos religiosos. Y el capitán de los moros que funge como gobernador durante esta semana.

Los raramuri hacen una danza tradicional para estos días, la danza de los moros y los fariseos: cada grupo se integra de entre treinta y cuarenta hombre jóvenes. El miércoles santo el grupo de los fariseos van al río, donde se maquillan con cal y llevan espadas de madera: este grupo representa a quienes traicionaron a Cristo; y por otro lado los moros representan a quienes acompañaron a Cristo hasta el Calvario. El jueves santo los moros y fariseos terminan de hacer los arreglos del camino, por el cual será el paso de la cruz, y en la noche de ese día se baja el crucifijo de la iglesia y se cubre con una manta, y será velado hasta la madrugada por una cuadrilla de guardias con arco, pues ellos piensan que, si no lo cuidan, el diablo puede llevarse la imagen de Cristo. El viernes santo los moros lavan con cuidado la imagen de la Virgen para que esté lista para la procesión. Por otra parte, los fariseos confeccionan dos muñecos con zacate y demás hierbas secas que representaran al demonio y a Judas en las procesiones. Por la tarde, los fariseos, llevando los muñecos, van de casa en casa pidiendo kórima, que consiste en alimentos o bebidas, en medio de bailes y bromas a los habitantes. A la media noche salen dos procesiones: una con el Cristo de la iglesia, aún con el velo que lo cubre, y la otra con la imagen de la Virgen Dolorosa, hasta encontrarse ambas. El sábado santo aparecen los pascoleros, quienes, maquillados de blanco y rojo en el rostro, realizan la danza de la pascola o baile de la Resurrección, vuelven los instrumentos musicales a las celebraciones y se queman las figuras de Judas realizadas por los fariseos.

Quema de Judas el Sábado de Gloria.

Quema de Judas el Sábado de Gloria.

Conclusión
Las celebraciones en torno a la Semana Santa, desde el inicio de la evangelización en el siglo XVI, han sido uno de los ejes más importantes de festejos en México, ya sea en mayor o menor manera, la Pasión de Cristo es recordada, ya sea en algunos sitios con las procesiones de cofradías y penitentes, o con la representación teatral del Vía Crucis; del mismo modo, también en muchos lugares aún tiene gran importancia el recuerdo de los viernes de Cuaresma, especialmente en relación a imágenes milagrosas de Cristo y María, y el sexto viernes en algunos sitios aún se hace la memoria del Viernes de Dolor, aunque debido a las disposiciones del Concilio Vaticano II, en gran parte de los lugares la tradición de los viernes de cuaresma ha desaparecido, quedando solamente en lugares donde la costumbre y el arraigo logró perdurar. En las comunidades indígenas, como ya mencioné, la Semana Santa es una de las celebraciones más esperadas por su fuerte relación con la muerte y las cosechas, además de que el sacrificio de Cristo recordaba muchas veces las penitencias y sacrificios que ellos realizaban anteriormente a sus dioses, lo que logró una aceptación más rápida de estas celebraciones litúrgicas. Por otro lado, la Pascua es algo deslucida en relación al Viernes Santo, pues mientras las procesiones y celebraciones no faltan durante la Semana Santa, la Pascua trae consigo el regreso a las actividades cotidianas, aunque algunas tradiciones hay en relación a la resurrección, como la quema de los Judas y, en la ciudad de México, hasta hace algunos años, era tradición el sábado santo que los habitantes se arrojaran agua en símbolo de enviar bendiciones a sus conocidos: esta práctica fue prohibida tajantemente por las autoridades debido a que, desde hace algunos años, la capital del país sufre de un terrible escasez de agua potable. La Pasión de Nuestro Señor se ha convertido en una tradición de fuerte arraigo en la población, aunque no falta nunca los lugares donde la Iglesia ha puesto poco empeño y se usa como tiempo de descanso.

André Efrén

El Domingo de Ramos en la Iglesia Ortodoxa

Procesión de las Palmas en Bucarest (Rumanía).

Procesión de las Palmas en Bucarest (Rumanía).

El tiempo de cuarenta días de la Gran Cuaresma en la Iglesia Ortodoxa finaliza con el Domingo de Ramos, una fiesta que se considera una de las “fiestas imperiales” (es decir, relacionadas con la actividad de Cristo, como la Natividad, la Circuncisión, la Transfiguración, la Resurrección, etc). Consecuentemente, los libros litúrgicos que, como siempre que sucede una fiesta en domingo, ponen en primer plano la importancia del domingo como día de la Resurrección, en esta ocasión tienen un Typikon especial.

La importancia del Domingo de Ramos reside en sus símbolos para la historia de la salvación. Jesús, que ya era muy famoso en Judea y que había resucitado a Lázaro en Betania un día antes, llega a la gran ciudad sabiendo que pronto será condenado por la misma gente que ahora lo recibe y ejecutado por los romanos, con quienes no había tenido prácticamente nada que ver anteriormente.

En los últimos días de la Gran Cuaresma, los himnos ponen su acento en la futura muerte de Cristo, que él había anunciado repetidamente, como nos dicen los Evangelios. Es más, en el sábado de Lázaro (la víspera del Domingo de Ramos) los autores del libro del Triodion recuerdan la ira de los fariseos debido al milagro que Jesús había obrado, resucitando a su amigo de Betania. Al combinar los textos de los Evangelios con la himnografía de la Iglesia, que es de hecho una especie de comentario bíblico y poético, podemos entender por qué la entrada en Jerusalén era, al mismo tiempo, un acto de coraje y de condenación de todas las falsas esperanzas mesiánicas. Jesús era completamente consciente de que sus oponentes en Jerusalén, que criticaban incluso el hecho de que Él curara en sábado, como si pretendiese ofender las normas del Sabbat al hacer esto. Pero también sabía que muchas facciones judías intentarían ocultarse bajo su sombra y transformarlo en un Mesías -en quien realmente era-, pero en uno de corte político. Así que él puso en escena, como un gran maestro, una entrada simbólica.

Celebración del Domingo de Ramos en Rusia.

Celebración del Domingo de Ramos en Rusia.

Primero, Él delegó en sus discípulos el encontrar un joven asno, que nunca hubiese sido montado, para su trayecto. Podría haber ido simplemente a pie, como seguramente había hecho muchas veces, pero eligió montar a un animal humilde, es más, prefirió un pollino en lugar de un semental, para que su entrada fuera como la de un emperador, aunque careciendo de gloria mundana. Juan el Evangelista -cuya versión es leída durante la Divina Liturgia (Jn 12, 1-19)- relata este episodio en pocas palabras, comenzando con la unción de María, hermana de Lázaro, como previsión del entierro de Cristo. Poco después, en pocos versículos, habla del suceso de la entrada citando una profecía de Zacarías (9,9): “No temas, hija de Sión, mira que tu Rey viene, sentado en un pollino de asna” (Jn 12, 15). El evangelista hace notar que esta profecía fue comprendida por los discípulos sólo después de su glorificación, y que toda esta multitud estuvo allí debido al milagro que Jesús había obrado en Betania.

Los otros evangelistas narran un poco más sobre dicho suceso (Mt 21, 1-16; Mc 11, 1-11; Lc 19, 28-44), empezando con la historia del pollino, siguiendo con la entrada, citando tanto la profecía de Zacarías como las palabras de la multitud: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Salmo 117, 26), y terminando con el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo, que causó mayor furia en los círculos de fariseos y sacerdotes. Cuando éstos pidieron a Jesús que calmara a la multitud, Él respondió con el salmo mesiánico: “De la boca de los niños y de los que aún maman fundaste la fortaleza“. (Salmo 8,2). Podemos decir que Jesús provocó intencionadamente este escándalo. De hecho, intentó desafiar a sus oponentes a una reflexión. Había mostrado ser consciente de ser el Mesías prometido, pero había rechazado la propuesta de los celosos nacionalistas. Al entrar en Jerusalén, la multitud desordenada gritaba: “¡Hosanna!” (que en hebreo significa “¡Sálvanos!”). De modo que Él era el Salvador y así entraba en conflicto con la ideología romana del Imperio; ya que Octavio Augusto era llamado en aquel tiempo “Soter” (que es el equivalente griego de “Salvador”).

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de sauce en Giurgiu, Rumanía.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de sauce en Giurgiu, Rumanía.

El Synaxarion de la fiesta interpreta las palmas cortadas de los jardines para dar la bienvenida a Jesús como una premonición de la victoria de Cristo contra la muerte, “porque era costumbre que los hombres victoriosos en las guerras fueran honrados y acompañados en procesiones triunfales con ramas de árboles verdes”, y esto sigue interpretándose al pollino de asna como símbolo de los paganos convertidos al cristianismo.

La liturgia del Domingo de Ramos difiere de la habitual en los domingos en algunos puntos. El libro del Evangelio no es sacado para la veneración durante el servicio matutino, como es habitual. La Divina Liturgia tiene antífonas especiales, como sucede en las grandes fiestas, y termina con la bendición de ramas frescas de árboles, que se consagran con agua bendita y se comparten con todos los participantes de la fiesta. Las palmas, muy habituales en los países mediterráneos, pero bastante raras en el norte, son sustituidas por ramas de sauce en Rumanía o abedul en Rusia, Ucrania, Polonia y Bielorrusia. Muchos cristianos usan estas ramas en sus hogares, poniéndolas en las puertas, cerca de los iconos, plantándolas en sus jardines como símbolo de frescura y abundancia. Algunas veces estas ramas incluso llegan a echar raíz y crecer como nuevos árboles, como yo mismo he podido ver, debido a la abundancia de lluvias primaverales y las facultades de los sauces. A veces se organizan procesiones desde la iglesia, en recuerdo de la multitud que acompañó a Cristo en la entrada a Jerusalén.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Tanto en las casas como en los monasterios esta fiesta se celebra con la autorización para comer pescado y beber vino, como fortalecimiento antes de Semana Santa, que es fuertemente ascética en todo lo que tiene que ver con la comida y la bebida. La Semana Santa, de hecho, empieza unas pocas horas después de la liturgia, el domingo por la noche con el servicio matutino del Lunes Santo. De hecho, como hice notar en el otro artículo, durante este tiempo los servicios matutinos tienen lugar la tarde anterior y los servicios nocturnos a mediodía. El tiempo ya no tiene paciencia, ya no puede esperar al Señor, que no resucitó tres días después de su crucifixión, sino que lo hizo antes, al tercer día, al amanecer.

El nombre popular para el Domingo de Ramos en Rumanía es “Floriile”, que recuerda a la antigua fiesta romana de las flores, “Florilia”, que ocurría a inicios de primavera. Este hecho nos recuerda que muchas fiestas cristianas reemplazaron a las precristianas, la mayoría de veces cambiando su significado, pero a menudo manteniendo los rituales folclóricos. Este día es la onomástica de todos los que tienen nombre de flor (Florina, Violeta, etc.) a falta de un santo patrón. Según algunas tradiciones populares, si el Domingo de Ramos sale soleado, también lo será el día de Pascua. También, si la Semana Santa es lluviosa, eso es signo de que será un año rico y abundante.

Procesión de las Palmas en Jerusalén.

Procesión de las Palmas en Jerusalén.

Troparion (Himno de la Fiesta):
Al resucitar a Lázaro de entre los muertos antes de tu Pasión, confirmaste la Resurrección universal, ¡oh Cristo Dios! Como los niños con las palmas de la victoria, clamamos a Ti, el Vencedor de la muerte: ¡Hosanna en las alturas! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Mitrut Popoiu

Santas Visia y Sofía de Fermo: un enigma por resolver

Estampa de Santa Sofía, mártir de Fermo, perteneciente a la serie de ilustraciones de Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa de Santa Sofía, mártir de Fermo, perteneciente a la serie de ilustraciones de Alberto Boccali (“Bertino”).

Últimamente me está dando por meterme en camisa de once varas a la hora de hablar de mis queridas mártires, y para no perder costumbre, aprovechando que hoy, día 12 de abril, se celebra a las Santas Visia y Sofía, voy a seguir complicándome la vida hablando de esta pareja de vírgenes mártires, ambas veneradas en la catedral de Fermo (Italia) que plantean un problema hagiográfico todavía sin resolver. Adelanto que yo tampoco lo resolveré porque ni soy una gran hagiógrafa ni tengo el don de la ciencia infusa, pero al menos podemos presentar los datos que tenemos gracias al trabajo de investigadores previos y, como siempre, que cada cual saque sus conclusiones.

Santa Sofía, virgen mártir de Fermo
Muy poco es lo que se sabe de esta Santa, y ofrece muy poca certeza. La tradición local de la ciudad de Fermo asegura que fue una virgen conciudadana que, en el año 250, en tiempos de la séptima persecución de Decio, sufrió el martirio, siendo probablemente decapitada. Esto se deduce porque su cráneo se conserva en dicha catedral de Fermo. A esta virgen mártir vecina de Fermo se la conmemora localmente el día 30 de abril.

Sin embargo, el hagiógrago Lanzione sostiene que esta virgen mártir Sofía de Fermo no es más que un desdoblamiento de la viuda mártir Santa Sofía de Roma -la madre de las niñas mártires Pistis, Elpis y Ágape, de las que hablé el mes pasado-. No parece posible, tampoco, identificarla con otras mártires del mismo nombre.

Baronio, haciendo gala de su habitual escaso rigor, introdujo a la mártir de Fermo en el Martirologio Romano apoyándose únicamente en una lista de Santos venerados en Fermo. Esta lista fue transmitida por monseñor Giulio Ricci de Fermo al “hermano Flaminio” el día 5 de agosto de 1581. El tal Flaminio era sacerdote del Oratorio y amigo de Baronio; lo que hace pensar que la introducción de esta mártir en el Martirologio fue más un asunto de favor entre amigos que una decisión seria y meditada.

Para más inri, la dicha lista no daba ninguna información sobre esta presunta mártir de Fermo, por lo que es imposible ampliar detalles sobre la misma. Aparte del cráneo conservado en una urna en la catedral de esta ciudad italiana, nada más parece poder saberse sobre esta enigmática y oscura mártir.

Martirio de Santa Sofía de Fermo. Grabado de Jacques Callot.

Martirio de Santa Sofía de Fermo. Grabado de Jacques Callot.

Santa Visia (o Vissia), virgen mártir de Fermo
Si se sabe poquísimo de la mártir Sofía de Fermo, menos es lo que se sabe de su presunta compañera, conmemorada el 12 de abril en el Martirologio Romano: nada. Sin embargo, en la catedral de Fermo hay una lápida con el siguiente elogio dedicado a la mártir: “Firmi in Piceno Sanctae Vissiae virginis et martiris, quae nobilibus orta natalibus virginitatem martyrio illustravit, patriam suam magis ipsa nobilitavit. Eius sacrum caput honorifice asservatur in hac Ecclesia Metropolitana, ubi corpus etiam conditum esse perhibetur”. Vamos, que fue una virgen noble que adornó su virginidad con el martirio y contribuyó así a ennoblecer su ciudad natal, Fermo, en cuya catedral se conservan su cuerpo y su cráneo.

Esto lo confirma el historiador Ughelli, que en el segundo tomo de su obra “Italia Sacra”, hablando de la diócesis de Fermo, dice que el cuerpo de la Santa se conserva en la catedral. Por otra parte, Ferrari, en su “Catalogus sanctorum Italiae”, habla de “sagradas reliquias” de Visia en la iglesia madre de Fermo y en efecto, en la catedral de Fermo, entre los muchísimos relicarios que se guardan, hay una urna barroca de ébano decorada con metal dorado que contiene el cráneo de la Santa.

Concluyendo
Es la coincidencia de dos urnas con dos cráneos de vírgenes mártires locales lo que ha hecho pensar que pudieron ser martirizadas, si no juntas, al menos sí en la misma época, y por decapitación; aunque lo cierto es que esto es sólo una presunción: no hay prueba de ello, ni ninguna tradición que las vincule en un mismo martirio. Lo único que comparten, junto a la virginidad, el martirio y el ser presuntamente oriundas de Fermo, es que Baronio las introdujo a ambas el día 12 de abril, a pesar de que Sofía era venerada localmente el día 30, pero ello no parece obedecer a ninguna vinculación concreta, sino a una decisión unilateral de Baronio.

En resumen: poco más puede decirse de estas vírgenes mártires de Fermo que, aún hoy, constan en el Martirologio juntas el día 12 de abril. Se sabe muy poco de ellas, sus cráneos se conservan en la catedral de Fermo, y se las considera vírgenes mártires, pero no se sabe si vivieron en la misma época, fueron martirizadas juntas, o cómo. Posiblemente Santa Visia sí sea una mártir local, pero, ¿y Sofía? ¿Será realmente un desdoblamiento de la célebre viuda mártir romana, o es también una mártir local? Son enigmas que, a día de hoy, siguen sin respuesta.

Meldelen

Bibliografía:
- VVAA, Bibliotheca sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Città Nuova Editrice, Roma 1987.

Enlace consultado (24/03/2014):

http://www.santiebeati.it/Detailed/91652.html