Martyrium: las mártires de la pureza

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Detalle de Santa María Goretti en la galería de Santos del Santuario de San Girio, Potenza Picena (Italia). Fotografía: Damiano Grenci.

Con este apelativo se conoce a un grupo de mártires (todas mujeres) que responden al perfil de mujer joven asesinada brutalmente durante un intento de violación (la Iglesia las engloba dentro de la causa martirial in defensum castitatis, “en defensa de la castidad”, grupo creado recientemente). El término fue acuñado a principios del siglo XX, cuando se hizo famoso el terrible caso de Santa María Goretti, una niña campesina italiana que había sido brutalmente masacrada por su joven vecino cuando ella rechazó primero el acto sexual, y luego se resistió enconadamente a la agresión. Sin embargo, este término de mártires de la pureza resulta un tanto impreciso en muchos casos, incluso inadecuado, por una serie de razones que, desde mi estricta opinión personal, expondré a continuación:

1. El término “mártires de la pureza” excluye a todas aquellas santas nacidas antes de María Goretti que fueron también asesinadas en un intento de violación. Semejante exclusión es injusta e incomprensible, pero es un hecho aunque muchos lo desconozcan. Se podría corregir incluyéndolas, pero esto parece complicado tratándose de santas muy antiguas, y algunas casi legendarias: Santas Eutalia, Dula, Eufrasia de Nicomedia, Domnina y sus hijas Verónica y Proscudia, Pelagia de Antioquía, Irene de Tesalónica, Saturnina de Arrás, Belina de Landreville, Tomaide de Egipto, Solangia de Bourges, Úrsula y compañeras, Sofía de Fermo, Laura de Constantinopla y compañeras trinitarias mártires; y las Beatas Margarita de Lovaina (2 de septiembre) y Marquesina Luzi.

Hay una tendencia, actualmente en boga, que pretende considerar a Santa Inés de Roma como la primera mártir de la pureza. Esto es incorrecto, probablemente algo devocional y piadoso nacido de los bellos escritos de San Ambrosio y otros autores al exaltar el candor de una niña virgen. Pero no es una mártir de la pureza, ni de serlo de facto, estaría incluida dentro de ellas, por ser anterior a María Goretti. Inés fue víctima de un proceso judicial romano basado en el edicto de persecución a partir de la denuncia de un prometido rechazado, si es que damos su legendaria historia por cierta. Pero las causas de su martirio no tendrían en principio nada que ver con la defensa de la pureza ni de la castidad, aunque así lo diga San Ambrosio, porque se trata de otro contexto histórico.

2.- El término “mártires de la pureza” excluye sistemáticamente a los varones, por entender que sólo la mujer tiene una integridad física y sexual que proteger (este concepto, ya se ve, es machista y perjudica tanto a ellas como a ellos). Existen algunos santos varones que fueron martirizados por rechazar el trato sexual, aunque no en un intento de violación, se ha de hacer notar: San Pelayo de Córdoba y San Carlos Lwanga, junto con sus compañeros, mártires de Uganda.

3.- El término “mártires de la pureza” excluye a todas aquellas mujeres de vida ejemplar que murieron en un intento de violación, aunque al ser esposas, viudas o madres de familia, no son vírgenes, pero también fallecen en la defensa de la integridad física, que tampoco es exclusiva de la virgen. Me consta que algunas mujeres entre las mártires de China y Japón, y otras de la Guerra Civil Española, responderían a este perfil.

Detalle de una estatua de la Beata Albertina Berkenbrock, virgen y mártir brasileña, con los atributos de pureza y martirio.

4.- Por último, aunque esto ya no lo digo yo, tanto desde algunos colectivos feministas como desde dentro de la propia Iglesia hay voces que sugieren que el término “mártires de la pureza” es anticuado y han propuesto denominaciones alternativas como “mártires de la integridad física” o “mártires de la dignidad de la mujer”, que no han prosperado hasta la fecha. El caso de la Beata Pierina Morosini, que sí llegó a ser violada antes de la muerte, tendría algo que decir al respecto. Hoy en día los partidarios de estas propuestas más modernas enfocan el martirio de estas personas como una defensa de la dignidad y de la integridad física más del hecho simplemente virginal y casto de la cuestión. Creen, y probablemente con razón, que esto calaría más entre la gente en el mundo actual en el que vivimos, que el ancestral tópico de la defensa de la virginidad como el (casi) único bien valioso de una mujer.

Pero vamos a ver concretamente las que sí están consideradas como mártires de la pureza: Santa María Goretti, Beatas Pierina Morosini, Antonia Mesina, Albertina Berkenbrock, Teresa Bracco, Lindalva Justo de Oliveira, Karolina Kozkówna, Marie-Clémentine Anwarite Nengapeta, Siervas de Dios Josefina Vilaseca, Concetta Lombardo, Santa Scorese, Marisa Porcellana, María Vieira, Angelina Zampieri, Marisa Morini, María de San José Parrá Flores, Coleta Meléndez Torres, Elena Spirgevidutè, Anna Kolesarova, Bodi María Magdolna, Verónica Antal, Isabella Cristina Mrad Campos, María Israel Bogotá Baquero, Bárbara Umiastauskaite, Marta Obregón Rodríguez, Esmeralda Rebenaque Rebenaque, y seguramente muchas más que desconozco.

Meldelen

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Martyrium: desollamiento

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Grabado de 1679 en un libro de viajes sobre Asia donde se narra la triste historia de una esclava polaca que, al intentar huir del harén de su amo persa, fue desollada y su piel exhibida ante el resto de esclavas para disuadir de otro intento de fuga.

Horrible y contundente, el desollamiento o despellejamiento consiste en desprender la piel del cuerpo, sin la cual no podemos vivir, para que al rato sobrevenga la muerte por hemorragia y asepsis. Esta horrenda y dolorosa forma de muerte –en tanto que mártires cristianos- se ha hecho muy conocida a través de la iconografía de San Bartolomé, apóstol a quien se atribuye esta forma de tormento y muerte (pero que no todas las versiones aceptan).

El desollamiento podía aplicarse por partes (cabeza, manos, pies) o de forma completa: en la Edad Media bastaba con hacer un gran corte en forma de T en la espalda e ir tirando de los bordes del corte para sacar la piel entera, aunque ello ya dependía de la habilidad del verdugo para hacerlo de una sola pieza y causando la menor hemorragia posible. Semejante pena era aplicada por delitos de traición, lesa majestad, o por robar en monasterios e iglesias (la piel arrancada era expuesta en público para escarmiento de todos). Probablemente en la Antigüedad semejante atrocidad no difirió demasiado de esto.

Tenemos apenas dos casos mencionados en cuanto a desollamiento completo, el de Santa Fotina, quien fue despellejada y arrojada a un pozo para dejarla morir, y el de Santa Julita, que lo fue antes de ser decapitada. Despellejamiento por partes, especialmente el cráneo, incluiría a todas las santas que mencioné en el artículo de los cabellos arrancados, porque también es desollamiento. Ejemplos claros: Santa Gliceria de Heraclea, Santa Helicónide (28 de mayo).

Desollamiento del rostro y cabeza de la Santa. Grabado de Antonio Tempesta (1609) para "Historia delle sante vergini romane". Pitts Theology Library, Emory University, Atlanta, EEUU.

Desollamiento del rostro y cabeza de la Santa. Grabado de Antonio Tempesta (1609) para «Historia delle sante vergini romane». Pitts Theology Library, Emory University, Atlanta, EEUU.

Esto se realizaba a cuchillo, pero no solamente: existían otros instrumentos que provocaban el desprendimiento de la piel (y de la carne también) que no tenían un efecto completo: los garfios de hierro, las úngulas, las garras de gato, los rastrillos, pinzas de hierro, o a veces simplemente trozos de cerámica rota, tejas o vidrios. Se aplicaban sobre el cuerpo arañándolo y se llevaban por delante piel, trozos de carne y hasta vísceras si se aplicaban sobre el estómago, además de provocar tremendas hemorragias. Fueron atormentadas de este modo las santas: Martina, Cándida de Cartago, Eulalia de Mérida, Teódota, Fausta de Cízico, Irene de Tesalónica, Hermíone, Sebastiana, Zoe de Atalia, su esposo Hesperio y sus hijos Ciríaco y Teódulo; Victoria de Córdoba, Parasceve de Iconio, Marta de Astorga, Águeda, Prisca, Dorotea, Marina (Margarita) de Antioquía, Aquilina de Persia, Arquelaide, Cristina de Bolsena, Regina de Alesia, María la Esclava, Rebeca, Teodosia de Tiro, Marcionila, Constanza, Faustina, Bárbara, Oliva de Palermo y muchísimas otras.

San Blas también lo fue, por ello se le representa con un peine, lo que le ha valido el patronato sobre los cardadores de lana. La passio menciona a siete mujeres que, por asistirlo en la cárcel, sufrieron el mismo martirio que él. Igualmente, San Andrés Bobola sufrió el desollamiento de sus manos.

Detalle del martirio de las siete mujeres de Sebaste en un retablo gótico dedicado a San Blas, obra de Martín de Soria. Iglesia de Luesia, Zaragoza (España).

Los ortodoxos tienen gran veneración a una virgen búlgara, Santa Zlata de Maglene (más conocida por ellos como la Neomártir Crisa), quien, secuestrada por un grupo de jóvenes turcos y habiendo rechazado insistentemente casarse con el cabecilla de ellos (lo que hubiera implicado su forzosa conversión al Islam), fue colgada de un árbol y le fueron arrancando la piel a tiras hasta desollarla por completo.

Meldelen

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Martyrium: violencia de género

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Las Santas romanas Rufina y Segunda fueron denunciadas a las autoridades romanas por sus pretendientes después de haber sido rechazados. Grabado español del siglo XIX.

Tanto te quiero, que te asesino.
Alguno se extrañará de esto, pero la violencia de género no es un invento del siglo XX, aunque el término para definirla sí lo sea. También entre las Santas y Beatas hay mujeres que padecieron esta situación o murieron por culpa de ella, y son honradas como mártires. Dejaremos aparte el caso de Santa Rita por no ser ella mártir, pero que sí fue una mujer maltratada por su marido, y pasaremos a las que perdieron la vida a causa de estos malos tratos, o por la intervención de su prometido o marido contra ellas.

En primer lugar, las que fueron denunciadas a las autoridades. Aquí se parte de la base de no permitir a una mujer que disponga libremente de su vida, en la Antigüedad, los relatos nos hablan de vírgenes cristianas cuyo ideal era consagrarse a una vida contemplativa –antes de la aparición del monacato, por cierto- y que fueron denunciadas por las autoridades, o directamente castigadas por sus pretendientes. Otras veces, aunque no pretendieran consagrarse, lo que no querían era desposarse con un pagano, porque no iba a permitirles ejercer su religión ni criar a sus hijos en ella. Entregarlas a las autoridades era la vía más rápida de vengarse de ellas por su negativa, ya que las ponía en el compromiso de faltar a su fe o someterse a la tortura y la muerte. Son las Santas Lucía, Victoria y Anatolia, Rufina y Segunda, Calíope, Flavia Domitila, Inés, Tárbula de Persia y María de Persia.

El caso de Santa Juliana de Nicomedia es particular, al existir versiones que defienden que fue casada por la fuerza con un prefecto, y no queriendo tener contacto carnal con él hasta que se convirtiera, él se vengó iniciando contra ella un proceso judicial en el que él mismo fue su juez. Otras versiones la equiparan a las anteriores mártires, yo suelo preferir la primera por ser más verosímil y no parecer copiada del resto de las actas.

El caso también de Santa Hripsime, donde el rey de Armenia es a la vez el rechazado y el juez de la mártir, junto con todas sus compañeras.

Santa Sushanik (Susana) de Armenia, esposa de un gobernador, decidió abandonar el domicilio conyugal cuando su marido se convirtió a la religión persa. Él, para vengarse, la persiguió, capturó, y encerró en una celda, donde permanecería seis años padeciendo hambre, sed y la tortura, y sin poder ver a sus hijos. Murió a inicios del séptimo año sin haber podido salir de allí.

Santa Maxellendis, asesinada por un pretendiente despechado. Detalle de una vidriera decimonónica en Cambrai, Francia.

Santa Sara de Antioquía, casada y madre de dos hijos, fue denunciada por su propio marido, el senador Sócrates, a las autoridades, que la hicieron quemar viva a ella y a los dos niños.

Santa Anastasia estuvo casada y su marido la maltrataba encerrándola en habitaciones cerradas, privándola de alimento y bebida y ordenando a los esclavos que la golpearan frecuentemente. Hubiera muerto de no ser por el fallecimiento repentino de éste y su consecuente liberación. Las causas de su martirio no tienen que ver con esto, pero sí fue una mujer maltratada.

De Santa Tecla también hay otras dos versiones, una que ya estaba casada, y otra que tan sólo estaba prometida, en ambos casos, al decidir abandonar la casa conyugal para ir en pos de San Pablo, fue denunciada a las autoridades, aunque no por su marido, sino por su propia madre.

En segundo lugar, las que eran directamente asesinadas por sus pretendientes. Los casos de mujeres que rechazaban el matrimonio en pro de una vida contemplativa y que lo pagaban con su vida se multiplicaron sobreotodo en la Edad Media, pero también antes y después. Pero esta vez ya no eran llevadas a los tribunales, pues no existía ninguna causa que las pudiese inculpar, sino que eran directamente asesinadas por pretendientes rechazados. Este caso es muy triste porque, por contrapartida, a muchas mujeres las enviaron al convento en contra de su voluntad, donde languidecieron toda la vida, mientras que a otras que sí querían les imponían matrimonios desagradables o finales trágicos. Es el caso de las Santas Maxellendis, Winifred (también llamada Santa Ginebra), Valeria de Limoges, Zlata de Maglene (Neomártir Crisa) e Irene de Portugal: único caso en que el pretendiente respetó la voluntad de ella de entrar en un convento, pero luego, habiendo oído calumnia de que ella mantenía relaciones deshonestas con otros hombres desde el convento, sin más la encontró y la mató.

También las Santas Úrsula (según la tradición, hubiera salvado la vida de haber aceptado ser la concubina del caudillo huno, al rechazarlo, éste la mató de un flechazo); Engracia de Badajoz y Dimpna (rechazó el matrimonio con su propio padre, aceptado por la cultura celta, pero considerado en la cristiana como incesto).

Finalmente, las esposas que fueron asesinadas por sus maridos, por rivalidades familiares y desavenencias con la vida piadosa de ellas: Santa Godeleva y la Beata Camilla Gentili de Rovellone.

Santa Godeleva estrangulada por orden de su marido. Relieve medieval en Nuremberg, Alemania.

Hay que tener en cuenta que existen muchas vírgenes mártires de las cuales se dice que sufrieron el martirio porque rechazaron los amores de este prefecto, de aquel emperador, de aquel otro… pero no todos los casos valen. La mayoría de veces son simples leyendas piadosas que se repiten simplemente por edificación. Por tanto, NO fueron víctimas de ningún hombre despechado Santas como Águeda, Dorotea, Ágape, Quione e Irene, o Filomena, de la que también se ha dicho, sin el menor fundamento, entre otras. (Todos aquellos casos en los que se ha querido calumniar a prefectos y emperadores merecerían un artículo aparte).

Dejamos aparte todos los casos de santas que rechazaron el trato sexual, las conocidas como “mártires de la pureza”, y todas las que lo fueron de facto antes de que apareciera este término, porque también merecerían un artículo aparte, siendo también víctimas de esta violencia de género.

Meldelen

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Martyrium: dolor de muelas

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Martirio de Santa Apolonia. Lienzo barroco a partir del original de Jacob Jordaens (ca.1648). Wellcome Library, Londres (Reino Unido).

La dentadura, ese precioso mecanismo para alimentarnos tan útil como frágil, fue también víctima de atroces torturas a lo largo de toda la Historia. Al estar hechos de esmalte, los dientes son más delicados y se rompen con más facilidad que cualquier hueso, no era raro que se recurriese a destrozarlos para causar dolor, y hecho esto el daño era irreparable. Además desfiguraba la belleza de una sonrisa, aunque tampoco vayamos a creer que el mundo antiguo –y el medieval, y el moderno- estaba plagado de boquitas celestiales, la salud y la higiene dental son cosas del siglo XX y no antes, ciertamente.

Los santos que fueron torturados en la boca se invocan para los dolores de muelas y otros males bucales, pero la tradición quiso que esta intercesión se confiara únicamente a una sola Santa, la mártir Apolonia de Alejandría, que en todo caso no deja de ser una figura muy especial por sí sola.
La tradición nos dice que era una virgen de avanzada edad cuando, en el contexto del motín de Alejandría en tiempos de Felipe, fue torturada en la boca y quemada viva. El arte nos ha legado la imagen de diversos rufianes arrancándole los dientes con tenazas, pero sabemos por la misma carta de Dionisio de Alejandría que esto no fue así. A Santa Apolonia le destrozaron, no sólo los dientes, sino las mandíbulas y la parte inferior de la cara a golpes de piedra, lo cual es más horrible si cabe. Algunas versiones sostienen que ella era diaconisa y que probablemente habría predicado por la tumultosa Alejandría, sede de odios raciales y querellas religiosas, por lo que a juicio de aquellos salvajes, a cada golpe de piedra estarían castigando aquella boca que les había predicado. Otras versiones, menos creíbles, hablan de un juicio y de una sentencia a ser flagelada en la boca, por esto de la predicación, pero realmente estaba prohibido azotar en la cara y antes se sacaba un ojo que se rompía un diente de este modo. El dolor que debió experimentar sólo lo podemos imaginar, sabiendo que antes prefirió arrojarse a una pira que exponerse a seguir siendo torturada.

Al igual que Santa Apolonia, en la passio de las Santas Digna y Emérita se menciona que fueron castigadas siendo golpeadas con piedras en la boca, porque se entendió que habían blasfemado al afirmar que los dioses paganos no eran más que estatuas.

Lo mismo le ocurrió a Santa Áurea de Ostia (20 de mayo), a la cual, según la passio, le destrozaron mandíbula y dientes con una piedra por haber increpado a su juez.

Sin embargo, ellas no fueron las única mártires que padecieron este horrendo trato. Así pues, a Santa Devota de Córcega también le rompieron los dientes y la mandíbula, probablemente a puñetazos, como sí que sabemos que hicieron con Santa Dorotea de Capadocia.
Del mismo modo, a Santa Julia de Córcega la abofetearon con tanta violencia que también le rompieron muchísimos dientes. Fueron abofeteadas, también, Santa Águeda y Santa Benedicta de Origny, aunque no sabemos si con lesiones mandibulares o dentales.
El padre de Santa Augusta de Serravalle dio orden que le rompieran a su hija los dos dientes delanteros, para destrozar su sonrisa y afearla para siempre. Esperaba así escarmentarla, pero fue en vano.
A Santa Febronia de Nisibe le rompieron diecisiete dientes durante el tormento, antes de que se desmayara. No está claro el cómo, es probable que usaran un cincel y un martillo para ir hundiendo y desprendiendo las piezas dentales como se labra una piedra.
La extracción de los dientes con unas tenazas sí que ocurrió en los casos de Santa Anastasia la Romana y a Santa Caritina. También se menciona respecto a Santa Eufemia, mártir de Calcedonia; y a Santa Sotera, mártir romana, siendo ambas abofeteadas hasta que arrojaron sangre por boca y nariz. Pero en general este proceder de usar tenazas era algo costoso y demasiado sofisticado, por lo que era más fácil recurrir a la violencia pura y dura, a puño descubierto, como le ocurrió a San Andrés Bobola.

Martirio de Santa Apolonia. Relieve neoclásico tallado en madera de una iglesia francesa.

Huelga decir que los dientes, al tener una función en el habla, al romperse o perderse influía notablemente en la capacidad para expresarse de una persona, lo cual tenía sus serias consecuencias en los procesos judiciales, sobretodo en la Edad Media, cuando no poder responder a las acusaciones por tener la boca destrozada, era como aceptar la culpabilidad.

Meldelen

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Martyrium: apuñalamiento

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Martirio de Santa Justina. Óleo de Giulio Cesare Procaccini.

Se entiende por apuñalamiento el golpear con un puñal, pero dentro de esta categoría se incluyen los golpes dados por otros instrumentos cortos y afilados, por ejemplo –esta vez sí- la espada. No fue general como método de ejecución en Roma ni tampoco después, normalmente, apuñalar a alguien es resultado de una violencia súbita, brutal y sistemática, más propia del asesinato que de un proceso de sentencia y condena desde las leyes de un Estado. Sin embargo está también considerado como martirio, ya que no importa el género de muerte sino el motivo de la muerte.

En la antigua Roma, cuando se dictaba “la muerte por espada”, se refería a que la persona sentenciada debía morir atravesada por una espada. No tiene nada que ver con la decapitación, como ya aclaramos en el artículo anterior. Y además lo que se solía hacer era atravesar directamente el corazón. Las mártires más conocidas que murieron de este modo son: Santa Justina de Padua, Santa Victoria, Santa Eufemia, Santa Atenea, las 33 compañeras de las Santas Hripsime y Gayane, las compañeras de Santa Úrsula, Santa Basila de Roma (20 de mayo), Santas Fusca y Maura (13 de febrero).

A Santa Anisia la detuvieron unos soldados cuando se dirigía a la asamblea cristiana, y como no quisiera dejar que la tocaran ni le levantaran el velo, uno de ellos le atravesó el estómago con la espada y la dejó morir así.

Santa Salsa de Tipasa, mártir africana, después de ser linchada y apedreada por la multitud, fue rematada a espada, probablemente siendo apuñalada.

Otras veces, la espada debía atravesarse en la garganta. Aquí es fácil confundirlo con el degollamiento y de hecho a veces las dos Santas más conocidas que fueron apuñaladas en la garganta (Santa Inés y Santa Lucía) aparecen siendo degolladas.

Como particularidad podría incluirse aquí la muerte por lanza, que actúa también como apuñalamiento, porque se atravesaba a la víctima hasta morir. Fueron atravesadas con lanzas Santa Anatolia, Santa Córdula, Santa Greciniana, Santas Marta y María en Asia Menor. También San Andrés Bobola fue punzado con lanzas, aunque no murió de esto.

Pero fuera de la época antigua y entrando ya en la Edad Media y más allá, encontramos casos particulares de violencia sistemática, que tienen dudosa atribución como martirio, pero que la veneración ha sentado como tal.

Martirio de Santa Victoria. Relieve en bronce de Nicolas Sébastien Adams.

Santa Teodosia de Constantinopla: religiosa bizantina que, por su oposición al emperador iconoclasta, fue torturada, exhibida desnuda y rematada siendo apuñalada en la garganta con un cuerno de cabra.

Santa Maxellendis: fue una joven francesa que rechazó a su prometido por entrar en un convento. Como no lograra convencerla, en un arranque de ira él la atravesó con su espada.

Beata María Dolorosa de Brabante (17 de junio): también llamada María la Miserable, limosnera medieval que fue injustamente acusada de robar, enterrada viva y atravesada con una estaca.

Beata Panacea de’Muzzi: (12 de mayo) asesinada por su madrastra, que la apuñaló con un huso en el cuello y en el pecho.

Beata Camila Gentili Rovellone: mujer piadosa y caritativa que vivió en la Italia del siglo XV y al que su marido, en un arranque de ira contra su paciencia y serenidad, apuñaló en la garganta y en el pecho hasta causarle la muerte.

Beata Margarita de Lovaina (2 de septiembre): muchacha de vida virtuosa que trabajaba en una posada de esta ciudad, fue apuñalada mientras se resistía al intento de violación de un grupo de bandidos.

Santa Teresa Zhang-He: madre de familia en la China de la rebelión boxer, que por no querer adorar a los ídolos, fue apuñalada hasta la muerte con sus dos hijos.

Santa Rosa Fan-Hui: maestra de catequesis en la China de la rebelión boxer, fue víctima de una violencia brutal, siendo apuñalada en la cara y en el cuerpo con espadas y cuchillos.

Santa Lang-Yang: joven madre catecúmena en la China de la rebelión boxer, fue atacada en su propia casa y atada a un árbol, donde la atravesaron repetidamente con una lanza, como aún respirara después de esto la quemaron viva con su hijo de siete años, Pablo Lang-Fu.

Rasalama: mártir protestante de Madagascar, que fue alanceada hasta la muerte durante la persecución de la reina Ranavalona I.

El atributo más característico de la mártir María Goretti es el chal con el que suelen cubrirle las heridas por puñal del pecho, vientre y espalda. Lienzo de la Santa en el santuario de Loreto, Italia.

Santa María Goretti: uno de los casos más brutales que se conocen fue el de esta niña campesina italiana, mártir de la pureza, que por rechazar el trato sexual con un joven que vivía en su casa, fue apuñalada un total de 14 veces en pecho, vientre y espalda con un punzón de hierro afilado. Los piadosos relatos que hablan de ella suelen obviar (o desconocen) el hecho de que la destripó por completo, aun así, no murió hasta pasadas 24 horas del horrible suceso, después de sufrir una intervención quirúrgica sin anestesia.

Beata Karolina Kozkówna: mártir de la pureza, por resistirse a una agresión sexual por parte de un soldado ruso en la Polonia de la II Guerra Mundial, fue apuñalada repetidamente en cabeza, piernas, manos, costado y cuello con una bayoneta; y luego abandonada a la muerte por desangramiento.

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