Siervo de Dios Gabriel García Moreno, presidente de Ecuador y mártir

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Retrato del Siervo de Dios.

Es un caso atípico en las causas de beatificación hablar del Doctor Gabriel García Moreno, quien fue presidente constitucional de Ecuador durante dos periodos y un periodo interino. Sin embargo es más identificado con la política conservadora y con un gobierno controvertido que sin embargo fue pilar para un proyecto nacional dentro de la nación; devotísimo católico practicante promovió la Consagración de la Nación al Sagrado Corazón de Jesús y la protección de la Influencia de la Iglesia en la vida social ecuatoriana, pero para muchos grupos liberales que aspiraban al poder consideraban un obstáculo su gobierno centralizador y de alguna manera justificaron su asesinato que paralizó su programa modernizador y de alguna manera tuvo consecuencias negativas para las siguientes décadas.

En 1939 la Iglesia Católica abrió su proceso de beatificación por vía del martirio, y aunque muchos ya lo consideran “Siervo de Dios”, actualmente su causa no ha avanzado en absoluto, y ha generado controversia en la cual algunos sectores consideran justa su canonización pero otros consideran justificado su martirio como “tiranicidio” por su política conservadora y su finalidad represiva contra la izquierda liberal, tanto que en 1959 el escritor masónico Benjamín Carrión publicó un libro titulado García Moreno, el Santo del Patíbulo dando a entender los argumentos por los que el presidente mártir no debiera ser beatificado. La presente semblanza histórica se centra en su naturaleza religiosa pero también se tratarán los principales aspectos políticos de su gobierno, sin embargo esta causa es inusual ya que fuera de aquellos santos que fueron monarcas, pocos hombres de gobierno en un régimen democrático han sido considerados candidatos a la santidad, como Giorgio La Pira, Julius Nyerere, Robert Schuman y otras figuras públicas.

Primeros años
Gabriel Gregorio Fernando José María García y Moreno y Morán de Buitrón nació el 24 de diciembre de 1821 en Guayaquil, Ecuador siendo el último de ocho hermanos y pertenecientes a una familia realista que cayó en desgracia durante las guerras de Independencia de gran parte del territorio colonial español. Su padre Gabriel García era originario de Villaverde, León y su madre Mercedes Moreno era hija del regidor perpetuo del Ayuntamiento de Guayaquil.

Su madre, a raíz de las circunstancias decidió educar a su hijo Gabriel y a la edad de siete años ya sabía leer y escribir, en su niñez, Gabriel es un niño tímido y recibió una educación religiosa a cargo del Padre Betancourt, perteneciente a la Orden de los Mercedarios del antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, dentro de la Iglesia de la Concepción de la misma ciudad. A la edad de catorce años Gabriel se muda a Quito a matricularse en el Colegio de San Fernando de los Padres Dominicos, donde logró dominar el Latín, ahí cursó la secundaria gracias a una beca otorgada por el gobierno del presidente Vicente Rocafuerte. Para acceder a ella García Moreno debía encargarse de la enseñanza de la gramática en los cursos inferiores.

Por cierto momento se interesó por el sacerdocio e incluso llegó a recibir las órdenes menores, pero pronto se dio cuenta de su interés en la vida política en vez de una carrera eclesiástica e ingresó en la Universidad Central de Quito para estudiar jurisprudencia. Aprendió de manera autodidacta el francés, el inglés y el italiano y en 1844 obtuvo su doctorado.

Fotografía de Gabriel García Moreno.

Vida matrimonial
El 4 de agosto de 1846 se unió en sagrado matrimonio por poder con Rosa Ascázubi (miembro de una familia rica y asociada a la política), mientras Gabriel tenía 25 años, su cónyuge 37.
En 1850 viaja con su hermano Pedro Pablo a Europa donde aprende una instrucción técnica para el desarrollo económico del país, pero también se percata del proceso de descristianización a raíz de los gobiernos liberales como los que experimentarán en la mayoría de los países. Es en esta etapa donde forma su ideario conservador dispuesto a aplicarlo en su periodo presidencial, y vuelve a su patria convencido del reinado social de Jesucristo. En 1855 vuelve a viajar a Europa, donde asistió a La Soborna de París concurriendo a cursos de física, botánica, historia y geología.

Tuvo con su esposa cuatro hijos, que no sobrevivieron pues posiblemente sufrieron una enfermedad hereditaria por vía paterna, también a su madre le llegó la muerte el 18 de octubre de 1865 al final del primer periodo presidencial de su esposo. Seis meses después de enviudar el Doctor García Moreno contrajo matrimonio nuevamente con la sobrina de su difunta esposa, Mariana del Alcázar de 29 años y con ella tuvo tres hijas que no sobrevivieron y un hijo varón que llegó a la edad adulta, don Gabriel María García del Alcázar.

Vida política y crisis ecuatoriana (1859-1860)
En la vida pública obtuvo varios cargos, como Rector de la Universidad Central, Alcalde de la Ciudad de Quito, Senador de la República en el Congreso de 1858, Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de Chile y Ministro de Hacienda. En sus inicios políticos fue periodista fundador de El Zurriago, El Vengador, El Diablo, La Nación, El Primero de Mayo y la Unión Nacional. Fue crítico a las políticas liberales de los presidentes José María Urbina y Francisco Robles, quienes impulsaron reformas anticlericales en medio de un ambiente nacional inestable, como la expulsión de la Compañía de Jesús promovida por la Asamblea Constituyente y apoyada por el gobierno vecino de Colombia.

La guerra entre Ecuador y Perú (1858-1860), significó un desprestigio total de la administración liberal, por lo que dio origen a una guerra civil en el país. Como miembro del Senado Gabriel fue responsable de que se quitaran las facultades extraordinarias de Robles. Con el traslado de la capital a Guayaquil se exteriorizó la división interna que llevó a los opositores de Robles encabezados por García Moreno desconocieran al Poder Ejecutivo y se conformaran gobiernos autónomos, siendo el de Guillermo Franco en la provincia de Guayaquil, el de Jerónimo Carrión en Cuenca, el de Manuel Carrión en Loja, y el de Quito con García Moreno con la jefatura del triunvirato. Sin embargo, esto no resolvió los problemas del país, ya que el autoproclamado Jefe Supremo Guillermo Franco había concretado un tratado por el cual la Amazonia es cedida a Perú, lo que provocó el rechazo.

Don Gabriel García Moreno para lograr la unificación de la nación, formó una alianza con el General Juan José Flores, expresidente de la República y antiguo adversario político de Moreno. El 24 de septiembre de 1860 lograron la toma de Guayaquil derrotando a las tropas franquistas y la adhesión de las provincias al Gobierno Provisorio que convocó una nueva Asamblea Constituyente.

Sagrado Corazón de Jesús, cuadro comisionado por el presidente Moreno al pintor Rafael Salas con motivo de la Consagración.

Primera Presidencia
Siendo el objetivo de éste blog la divulgación biográfica y hagiográfica de las vidas de los santos, como un punto de aclaración considero fundamental hacer un estudio sintetizado de sus obras de gobierno para enfocarnos en su vida espiritual, que más delante de este presente artículo se abordará, sin embargo no se puede separar su actividad gubernamental con su ideario conservador y su profunda convicción religiosa, así como la necesidad de un gobierno fuerte en Ecuador, desgastados en conflictos internos y externos, por lo tanto el autor se ceñirá a los aspectos socio-políticos primeramente antes de converger en su ideario cristiano, su vida espiritual y el análisis de su asesinato como “martirio” y los motivos que impulsaron su causa de beatificación.

Mientras era jefe político de Quito, Gabriel García Moreno instó a la acción militar y rechazó el tratado, finalmente se recuperaría el territorio ecuatoriano en la zona oriental. Triunfante el Golpe de Estado y el conflicto regional de Guayaquil, fue nombrado Jefe Supremo del Gobierno, con la obligación de formar la Asamblea Constituyente, instalándose en Quito el 10 de enero de 1861. Dicho congreso lo consideró capaz de gobernar el país frente a la revolución encabezada por el expresidente Urbina y las invasiones de Perú y Colombia, por lo que en votación general fue elegido Presidente Constitucional.

Durante su mandato se redactó una nueva constitución basada en varios aspectos en la de 1852; a pesar de su tendencia liberal, la nueva Carta Magna fue en realidad un asunto de compromiso que originó un sistema conservador con tendencias liberales. Tenía un espíritu de legalidad que en realidad era poco idóneo en un Ecuador convulsionado por el espíritu anárquico que dejó el periodo de crisis, por lo que el nuevo mandatario no permitió que su aplicación interfiera con la acción gubernamental. Se puede decir que actuó por encima de las leyes pero permitió prevalecer algunos aspectos como:
• La adquisición de la ciudadanía con los requisitos de ser casado, tener veintiún años y saber leer y escribir.
• La elección popular con sufragio directo y secreto.
Luchó contra el regionalismo, el regalismo, el militarismo y la anarquía, la incultura y el liberalismo ateo. Constituyó el acceso a la educación en todos los niveles, construyó carreteras y reorganizó la hacienda pública. Para pacificar al país utilizó la represión directa contra las revoluciones liberales y anarquistas, llegando incluso a fusilar a los líderes implicados, pero esa “dureza” queda contrastada con el número de indultos que concedió.

Suscribió un nuevo Concordato con la Santa Sede en 1862 y fue ratificada al año siguiente, así como impulsar la educación a través de las instituciones religiosas como la Compañía de Jesús y otros institutos religiosos (ya entonces en 1851 había escrito un opúsculo en defensa de los jesuitas). También impulsó la educación obligatoria y la alfabetización, así como la necesidad de abrirse a las nuevas ciencias en vista del excesivo número de médicos y juristas.

El problema principal de Ecuador en relación con la política internacional fue su conflicto con el país vecino de Colombia gobernado por el político liberal Tomás Cipriano de Mosquera, quien anhelaba reconstruir la idea de la Gran Colombia de Bolívar, cosa que para Moreno era inadmisible por las diferencias ideológicas entre los dos regímenes. Mientras Mosquera era anticlerical y perseguidor acérrimo de la Iglesia, Moreno era conservador y en relación estrecha con la Santa Sede. A pesar de que en el conflicto armado resultó vencido Moreno, logró mantener la independencia nacional y ratificó el acuerdo de paz en los Tratados de Pinaquí. Al concluir su primer mandato fue sucedido por Jerónimo Carrión (1865-1867), Pedro José de Arteta ante la dimisión del primero(1867-1868) y Javier Espinoza (1868-1869).

Plaza de la Independecia de Quito, lugar del atentado contra Moreno.

Presidencia Interina (1869) y segundo periodo constitucional (1869-1875)
Aunque el primer periodo terminó con una nación pacificada, la amenaza de una revolución no desapareció y más cuando García Moreno acepto la candidatura a la presidencia con el apoyo del Partido Conservador (fundado por él) y la mayoría del pueblo ecuatoriano. Los Generales Urbina y Franco (quienes anteriormente se habían distanciado) se unieron, y planearon una confrontación que amenazaba con poner el panorama en caos; viendo la pasividad del presidente Espinoza, Moreno decidió asumir el poder mediante un golpe de Estado apoyado por los militares, el pueblo y sobre todo el clero. El éxito del movimiento y la pacificación permitieron convocar una nueva Asamblea y reformar la constitución. La nueva Carta Magna establecía el papel del catolicismo como formador de la identidad nacional:
 Se establecía que para acceder a la ciudadanía tenías que profesar la religión católica, saber leer y escribir, ser casado o mayor de veintiún años.
 El voto para la elección del presidente de la República es secreto y directo para los ciudadanos en pleno ejercicio.
 Se establece el periodo presidencial a seis años de ejercicio con la posibilidad de reelección.
Sometida a referéndum nacional, la Constitución de 1869 fue aprobada por 13, 640 votos contra 514. El 30 de julio de 1869 fue entronizado en la investidura en la Catedral de Quito.

Durante este segundo periodo, se consolidaron las obras comenzadas en su primer mandato, ya que se fomentó la construcción de carreteras, la introducción del ferrocarril, la instrucción pública y gratuita de todos los habitantes de Ecuador, así también el crecimiento demográfico. El 30 de agosto de 1869 con el apoyo de los jesuitas, se fundó la Escuela Politécnica como primer centro especializado para la formación de ingenieros, arquitectos y profesores de tecnologías y ciencia. En 1872 fue levantado el Observatorio Astronómico de Quito que fue considerado como el primero y el más avanzado del territorio sudamericano.

Se patrocinó la fundación de una Academia para las Bellas Artes y escuelas para indígenas incluso financiando la alimentación, la vestimenta, útiles escolares así como otras ayudas sociales. La capacitación de las mujeres con la Escuela Femenina de Obstetricia produjo grandes oportunidades laborales y la reducción de la tasa de mortalidad prematura entre neonatos.
En política exterior, protestó firmemente contra la Abolición de los Estados Pontificios en 1870, siendo Ecuador el único país en enviar protesta formal al gobierno unificado de Italia. Con este acto estrechó contactos con el Papa Pío IX y así también permitió al país entrar en el ámbito internacional.

Política Religiosa
Buscó cimentar en la Iglesia el pilar fundamental de la identidad nacional, con un objetivo de convertirla en un instrumento del Estado, reduciendo su papel en la vida social y concentrándola más bien en el plano educacional. Sin embargo la firma del Concordato permitió la reforma del clero, que García Moreno (un católico devoto) consideraba indisciplinado; posibilitó la reorganización territorial y administrativa, así como la fundación de nuevas diócesis y el trabajo misionero.

Buscó la identificación nacional con los símbolos religiosos y devociones tradicionales. En 1861 se declaró patrona a Nuestra Señora de la Merced y durante su segundo periodo presidencial lanzó el proyecto de consagrar a la patria al Sagrado Corazón de Jesús, siendo una iniciativa primeramente de los obispos y después aprobada por el Congreso; finalmente Ecuador fue oficialmente consagrado al Corazón de Jesús en 1873.

Hemos mencionado la defensa férrea de los ignacianos durante su gestión y el apoyo de éstos a la instrucción pública como proyecto estatal, pero también fueron necesarias las gestiones para traer a las Hijas de la Caridad y las Hermanas de la Providencia, quienes se hicieron cargo de la educación primaria, mientras que la Compañía de la educación secundaria. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas (fundados por San Juan Bautista de la Salle) también jugaron un papel fundamental en la fundación de colegios y escuelas por todo el país.

Altar de Nuestra Señora de los Dolores, donde expiró el Presidente Moreno.

Vida Espiritual
La vida espiritual del Presidente García Moreno esta constatada en las últimas páginas con anotaciones personales del Libro La Imitación de Cristo de Tomás de Kempis: “Oración cada mañana, y pedir particularmente la humildad. En las dudas y tentaciones, pensar cómo pensaré en la hora de la muerte. ¿Qué pensaré sobre esto en mi agonía? Hacer actos de humildad, como besar el suelo en secreto. No hablar de mí. Alegrarme de que censuren mis actos y mi persona. Contenerme viendo a Dios y a la Virgen, y hacer lo contrario de lo que me incline. Todas las mañanas, escribir lo que debo hacer antes de ocuparme. Trabajo útil y perseverante, y distribuir el tiempo. Observar escrupulosamente las leyes. Todo ad majorem Dei gloriam exclusivamente”.

Durante un tiempo antes de su vida política estuvo alejado de la religión pero un compañero ateo le reprochó de defender a la Iglesia con sus escritos y no practicar sus preceptos, lo que fue un golpe de gracia para Don Gabriel, quien desde ese entonces procuraría llevar una vida interior santa, y una vida de fe coherente. Era un hombre de oración y asistía a misa todos los días (inclusive durante su ocupación como primer mandatario), fue devoto del Santo Rosario y procuraba confesarse una vez a la semana, así como asistir a ejercicios espirituales una vez al año. En casa fue siempre un esposo y un padre amoroso donde derramaba toda su ternura. No permitió que el trabajo absorbiera su tiempo que dedicara a su familia y la práctica religiosa.

Últimos días y martirio
Fueron convocadas las elecciones presidenciales a finales de 1874, y los partidarios de Moreno le instaron a que lanzara de nuevo su candidatura ya que la constitución le permitía un nuevo mandato consecutivo. La postulación de García Moreno fue aceptada con la condición de que se hicieran elecciones honestas y libres, pero la prensa liberal encabezada por Juan Montalvo hizo eco de sus críticas al presidente, acusándolo de perpetuarse en el poder.

Los liberales, instigados por las logias masónicas internacionales tenían motivos suficientes para planear el asesinato de Moreno, principalmente debido a que era el único gobernante del mundo que profesaba públicamente el catolicismo, y porque había prohibido las instituciones masónicas en el país. Las logias habían concretado la muerte del presidente implicando a miembros de la hermandad de Perú, Chile y dentro del propio país. Con la Constitución de 1869, la promoción exclusiva de la religión católica y la prohibición de la proliferación de sectas, lo convirtieron en un enemigo público de estas sociedades secretas, más cuando en el mismo año se promulgó una ley en la cual todo ecuatoriano que profesara como miembro de una logia masónica sea consignado a juicio militar. Él sabía que era odiado por los liberales, y el peligro al que se exponía por su normativa política. Consideraba un honor ser injuriado, calumniado y perseguido por la causa de Cristo, puesto que había hecho lo posible para extender su Reinado Social.

Las elecciones tuvieron lugar del 3 al 5 de mayo de 1875 y Gabriel García Moreno es reelegido por casi unanimidad de votos, por lo que fue reelegido para un tercer mandato, del cual no pudo acceder ya que meses después sería asesinado brutalmente por sicarios instigados por sus enemigos políticos. El 17 de julio del mismo año escribe una carta al Sumo Pontífice Pío IX donde expresa lo siguiente: Ahora que las logias de los países vecinos, instigadas por las de Alemania, vomitan contra mí toda especie de injurias atroces y de calumnias horribles, procurando sigilosamente los medios de asesinarme, necesito más que nunca de la protección Divina para vivir y morir en defensa de nuestra Religión santa, y de esta pequeña República, que Dios ha querido que siga yo gobernando. También en otra parte de la misiva se puede leer: ¡Qué fortuna para mí, Santísimo Padre, la de ser aborrecido y calumniado por causa de Nuestro Divino Redentor, y qué felicidad tan inmensa para mí, si vuestra bendición me alcanzara del cielo el derramar mi sangre por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros!. El 4 de agosto escribe a su amigo Juan Aguirre, presintiendo quizá su fin ya cercano: “Voy a ser asesinado. Soy dichoso de morir por la santa fe. Nos veremos en el cielo”.

El 6 de agosto, Gabriel se levantó a las cinco de la mañana para ir a la Iglesia de Santo Domingo en Quito, donde escuchó misa y fervorosamente comulgó, regresando a su domicilio se dispuso a terminar su mensaje que iba a ser leído ante el Congreso. Después de realizar una visita a su suegra, fue a la Catedral donde pasó en oración ante el Santísimo Sacramento. Dentro del recinto catedralicio es avisado por uno de sus colaboradores que en el palacio de gobierno le esperaba alguien para tratar con él un asunto de urgencia. Al salir y atravesar la Plaza principal sube por las escalinatas del sur del Palacio y en el atrio un hombre llamado Faustino Rayo se abalanza sobre él donde comienza a agredirlo a machetazos. «¡Asesino!», gritó el presidente sobre su atacante pero aparecieron más sicarios desde las columnas y con sus revólveres disparaban contra la víctima, quien al intentar apoyarse en el barandal del atrio es empujado por Rayo y cayó 4 metros hasta la Plaza. Los conjurados se dirigen hacia él y continúan martirizándolo a tiros y puñaladas, gritando: «¡Muere! ¡Verdugo de la Libertad!». Entonces el presidente mártir pronuncia su famosa frase: «¡Dios no muere!»

En el cuartel vecino, al enterase de lo que sucedía, salió la tropa a aprehender a los asesinos. El instigador es detenido en la pileta de la Plaza y posteriormente fue fusilado. Moribundo Don Gabriel fue trasladado a la Catedral y recostado al pie del altar de Nuestra Señora de los Dolores donde se le trató de dar los últimos auxilios que fueron inútiles, entonces recibió sus últimos sacramentos, además de que perdonó a sus asesinos. Como no podía hablar, las preguntas del sacerdote confesor fueron respondidas con gestos corporales como ligeros movimientos de cabeza. Finalmente a los pocos minutos, el Mandatario expiró, cubriendo de luto a la nación.

A pesar de que dos de los implicados fueron fusilados, uno más encarcelado y los demás lograron fugarse, inclusive los acérrimos enemigos de Moreno asintieron su muerte; había perecido el mandatario que logró modernizar al país, el pueblo sintió que perdió al Padre de la Nación y la Iglesia a su Integrísimo Defensor. En su pecho llevaba una reliquia de la Santa Cruz, un escapulario del Sagrado Corazón y un rosario con una medalla del papa Pío IX y el Concilio Vaticano I, todo teñido de sangre fresca. Al día siguiente, el cadáver embalsamado del presidente fue ataviado con su traje militar, la banda presidencial y el sombrero de comandante, expuesto en la Catedral Metropolitana de Quito. El día 9 de agosto se celebraron las exequias en su honor y por la noche se realizó el entierro.

Tumba del Presidente Gabriel García Moreno.

Destino de los restos mortales y apertura de la causa de beatificación

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Después de la muerte del presidente Moreno, Ecuador volvió a un periodo inestable que se hizo más evidente durante el movimiento alfarista de 1895, sin embargo el estado del país no influyó notablemente la desaparición del cuerpo como muchos historiadores han supuesto. En 1883 los restos mortales fueron exhumados de la Catedral y trasladados a la Iglesia de Santa Catalina durante la remodelación del recinto, permaneciendo escondidos durante un siglo junto con su corazón, que fue colocado en una urna y llevado al Monasterio de las Madres del Buen Pastor.

La apertura de su causa de beatificación ocurrió en 1939, con el objetivo de recopilar los documentos y testimonios posibles para que pueda ser elevado a los altares; si bien tiene el título de Siervo de Dios, su proceso de reconocimiento por vía del martirio está actualmente paralizado. Las causas de su detención son debido a que la Iglesia Ecuatoriana no ha completado la fase de recopilación de datos, por lo que los registros no pueden ser enviados a la Congregación para las Causas de los Santos y someterlos al análisis competente que permita la beatificación. Sin embargo entre los fieles está creciendo una sincera devoción y la fama de milagros que por obra del presidente mártir se están realizando.

En la conmemoración del centenario de su muerte, numerosos juristas, clérigos, historiadores y medios de comunicación impulsaron la búsqueda de su tumba, siendo encontrada el 16 de abril de 1975 en la anteriormente mencionada Iglesia de Santa Catalina con los documentos pertinentes que permitieron obtener su identificación. El 6 de agosto del mismo año fueron trasladados solemnemente a la Catedral Metropolitana donde fueron colocados junto con los restos del primer presidente de Ecuador Don Juan José Flores.

Se concluye este extenso artículo, con un análisis del legado espiritual, y material del Doctor Gabriel García Moreno, siendo un caso excepcional en comparación con grandes hombres de estado como Tomás Moro (aunque sea su análisis anacrónico debido a certezas contextuales entre ambos), la figura del mandatario mártir de la fe, hombre de extraordinarias facetas y sentido de liderazgo por un proyecto nacional, hacen de él un modelo de integridad moral y de amor a su pueblo. Aunque también como todo ser humano, contiene errores que permiten ver no a un santo glorificado, sino a un hombre con intereses y pasiones mortales. El tiempo y la gracia de Dios dirán si algún día la Iglesia pueda conmemorar a nuestro mártir en la lista de los santos y si su testimonio puede ser tomado por los políticos de hoy y en beneficio de las próximas generaciones.

René

Enlaces consultados (19/11/18)
• http://santidad-ecuador.blogspot.com/2017/07/dr-gabriel-garcia-moreno-martir-de-la-fe.html
• https://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_García_Moreno
• http://especiales.elcomercio.com/planeta-ideas/ideas/4-mayo-2014/martires-purgatorio-garciamoreno-beatificacion
• https://www.circulo-pio-ix.org/2017/08/07/garcía-moreno-presidente-mártir/
• https://www.hogardelamadre.org/revista-hm/articulos/testimonios/4783-gabriel-garcia-moreno

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Beata Madre Carlota de la Visitación, religiosa mártir

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Fotografía de la Beata.

El pasado sábado 10 de noviembre de 2018 en la famosa Iglesia de la Sagrada Familia de Barcelona, fueron beatificados el Padre Teodoro Illera del Olmo y 8 compañeros de la Congregación de San Pedro ad Vincula, 3 cooperadores laicos, así como 3 religiosas capuchinas de la Madre del Divino Pastor y una religiosa franciscana de los Sagrados Corazones.

Si bien con permiso de Ana María, que a causa de su labor docente no ha podido escribir sobre las mártires de la Guerra Civil Española, hoy hablaré de una de las religiosas martirizadas durante éste periodo que pertenece a una congregación muy poco conocida, la Madre Carlota Duque Belloso, quien fue asesinada en medio de la persecución religiosa, que fue llevada a cabo por las asociaciones frente-populistas leales al gobierno de la II República, y que sabiendo que quedan excluidas las otras 3 religiosas y los demás mártires de la causa, dedico este pequeño artículo a la que es considerada la primera beata oriunda de la provincia y diócesis de Valladolid.

Primeros años y profesión religiosa
Baudelia Duque Belloso
(nombre de pila) nace en Nava del Rey, Valladolid el 22 de mayo de mayo de 1872 siendo la mayor de seis hermanos, a los seis años queda huérfana de padre. Mientras la situación familiar era delicada, en ese mismo momento la Beata Carmen del Niño Jesús, aconsejada por su director espiritual funda en la misma localidad una casa perteneciente a la recién fundada Congregación de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones.

El Ayuntamiento local vio con agrado la labor pedagógica de las religiosas, que fundaban una casa fuera del ámbito malagueño original y les encomendaron la administración del antiguo Hospital de San Miguel, así pudieron dedicarse a la educación de las niñas.

Como pequeño paréntesis la historia de la Congregación nace de la vida espiritual de la Beata Carmen del Niño Jesús González Ramos, quien con el sacerdote capuchino Fray Bernabé de Astorga, fundó el instituto el 8 de mayo de 1884 basado en la espiritualidad franciscana pero con una peculiar devoción de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tenía como objetivo la educación y orientación de la infancia y la juventud, pero también de la asistencia espiritual y material de los desamparados, los abandonados y los ancianos según el espíritu de San Francisco de Asís.

En Nava del Rey se había abierto el colegio de San José, en la calle Manuel Salvador Carmona en junio de 1897 y su labor duró hasta los años cincuenta del siglo XX, la asistencia del Hospital cesó en 1928, por lo que Baudelia quedó prendada por el carisma y la estima que la Congregación tenía en la población. Con quince años solicitó su ingreso en el noviciado de Antequera, emitiendo sus primeros votos en 1889 y profesando con el nombre de Sor Carlota de la Visitación. Fue fiel colaboradora de la madre Carmen y a pesar de que le valiese algunas incomprensiones, amó mucho el carisma y la vocación que Dios le ha dado.

Logo y lema de la Beata.

Vida religiosa y colaboración con el carisma de la fundadora
En 1893 la madre Carlota emitió sus votos perpetuos, para ese momento la consolidación de la fundación y la aprobación pontificia fueron una cruz para la madre fundadora. No faltaron incomprensiones por parte de las mismas religiosas de su Instituto, cuyas casas se extendían por las provincias de Málaga, Castilla y Cataluña. Las hermanas incluso llegaron a acusar a la Madre Carmen de malgastar los bienes de la comunidad que dirigieron a Roma, lo que a sugerencia del Cardenal Antonio María Cascajares convoca en mayo de 1897 un capítulo general en Valladolid donde se eligió una nueva Superiora General y la Madre Carmen fue consejera hasta su muerte dos años más tarde. En 1894 terminó sus estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Sevilla y fue la primera maestra calificada de la Congregación.

Mientras los problemas afligían a la congregación, la madre Carlota fue directora del recién fundado Colegio de Santa Ángela de Osuna de 1894 a 1897, de ahí en julio del mismo año fue elegida Secretaria General. Ejerció como tal hasta 1900 y en 1908 fue elegida Consejera General. Era considerada como una mujer piadosa, bien educada pero de firmes convicciones y queda demostrado que a pesar de las dificultades siempre permaneció fiel a la vida religiosa.

Siguió con el paso de los años gobernando las comunidades de Calasparra, Sentmenat, Papiol, Torregrosa, Miralcamp, Valladolid, Boadilla de Rioseco, así como en Macanet de Cabrenys y dirigiendo colegios, incluso en 1934 completó un manuscrito sobre la madre fundadora titulado: “Vida, virtudes y milagros de la Madre Carmen del Niño Jesús”, en sus páginas reflejaba muy bien del espíritu de la congregación. Después de terminar su periodo escolar, todavía daba clases de piano y a veces bordaba, pero siempre estuvo dispuesta a servir al Señor con fidelidad.

Contexto y precedentes de la persecución religiosa en España
La situación política de España se estaba deteriorando, la Caída de la Monarquía Alfonsina y la Proclamación de la II República Española en 1931, la Iglesia vivió un periodo de acoso por parte del laicismo imperante en la administración republicana. Se dejó a la Iglesia a merced del Estado, se limitaron las expresiones religiosas, se aprobó una constitución que suprimía el presupuesto de culto, se prohibió a las congregaciones religiosas ejercer actividades económicas, industriales o de enseñanza bajo amenaza de que sus bienes pudieran ser nacionalizados, se tomaron medidas de disolución y expulsión de la Compañía de Jesús, además de que las expresiones de anticlericalismo se multiplicaron con las quema y profanación de conventos e iglesias en todo el país.

El primer chispazo de persecución religiosa ocurrió con el llamado Octubre Rojo Español de 1934, que durante dos semanas, los revolucionarios comunistas y anarquistas llevaron a cabo un fallido movimiento contra el Gobierno derechista, y cuyo fuerte fue la provincia de Asturias. El resultado fue que treinta y cuatro miembros del clero fueron asesinados. En 1936 y tras las elecciones generales, el Frente Popular obtuvo el poder, la situación nacional ya estaba caldeada, y de nuevo se repitió la violencia anticlerical que en el año de 1931, sin embargo, el asesinato del diputado de la oposición monárquica José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936 fue el punto de quiebre de la descomposición gubernamental. El 18 de julio el Ejército al mando del General Mola organizó un fracasado golpe militar con que dio inicio a la guerra civil, y con ella la gran represión y persecución religiosa que suministrará a la Iglesia Católica un gran número de mártires, entre ellos 12 obispos, un administrador apostólico, más de 6000 sacerdotes, 283 religiosas y un número indeterminado de seglares, asesinados simplemente por ser cristianos. Entre las víctimas estará la Madre Carlota, quien sufrirá martirio en la Provincia de Cataluña, donde le sorprende el estallido del conflicto.

Guerra Civil y martirio
Al inicio de la contienda, la Madre Carlota estaba en el Colegio Serafín de Asís de Vilanova de Bellpuig (Lérida) de donde las religiosas son expulsadas por las autoridades, entonces decide refugiarse con algunas amigas en la misma localidad, pero viendo los problemas que les podía causar decide irse a Barcelona donde espera pasar desapercibida. La señora de Ballester le ofreció su domicilio en la Diagonal 367, para que acogiese a las jóvenes dispersas, sin embargo los porteros del departamento pertenecían a la CNT, e inmediatamente la denunciaron como religiosa al comité de Clot. En la madrugada del 14 de noviembre, los milicianos suben hasta donde estaban hospedadas y practican un registro.

En el domicilio estaba estacionado un camión y al poco rato suben a él Sor Carlota y todas las refugiadas, escoltadas por el piquete de milicianos anarquistas. Ya a punto de partir les pregunta a los patrulleros a dónde las llevaban. A mataros, respondieron. Y ¿por qué?, les volvió a preguntar sonriendo. Pues porque sois monjas, replicaron. No, la única monja soy yo, éstas otras son estudiantes, repuso la mártir. Los patrulleros admirados de su serenidad y en camino al lugar de la ejecución, pararon el camión y dejaron libres a las muchachas que le acompañaban. En la misma caravana iba el sacerdote Enrique Bayón, catedrático del Seminario, quien también estaba detenido, las conducen hasta el barrio de Casa Antúnez, a orillas de la playa.

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Cuando se levantan los fusiles para ejecutar a las víctimas les ofrecen la libertad a cambio de renegar de su fe, a lo que sor Carlota responde con un sonoro: ¡Viva Cristo Rey!, recibiendo la descarga que inmediatamente le causó la muerte. Sus cadáveres fueron ingresados al Hospital Clínico siendo registrado el de nuestra mártir con el número 352 B. El estado del cuerpo era lamentable, ya que media cara estaba carbonizada y una pierna estaba desprendida pero fue identificado por el anillo que llevaba con las iniciales BD (Baudelia Duque). Sus restos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de Montjuic por lo que se perdieron entre cientos de cuerpos de ejecutados.

Beatificación de los Mártires. Iglesia de la Sagrada Familia, Barcelona, España.

Causa de Beatificación
Nuestra mártir fue incluida en la causa de Beatificación junto con trece mártires de distintas congregaciones que operaban en la entonces diócesis de Barcelona. Quien encabeza la causa es el Padre Teodoro Illera del Olmo junto con otros hermanos de la Congregación de San Pedro ad Vincula.

La apertura del caso está fechada el 8 de mayo de 2006 y el 26 de octubre del mismo año se otorgó el permiso de incluir en la causa a los tres laicos que habían ayudado a los hermanos de San Pedro. El proceso diocesano se abrió en Barcelona el 25 de enero de 2007 y finalizó el 26 de octubre de 2010; el 27 de junio de 2012 se otorgó la validación de los procesos de investigación entregados por la arquidiócesis de Barcelona a la Congregación para las Causas de los Santos. La Positio super martyrio fue emitida en 2016 y examinada por los consultores teológicos de la misma Congregación. Finalmente el 18 de diciembre de 2017 el Papa Francisco, recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, quien era hasta hace poco prefecto del mismo departamento, para aprobar el decreto, en el cual los dieciséis Siervos de Dios podrían ser declarados mártires.

Como comenté al principio del artículo, la ceremonia de beatificación de Sor Carlota junto con sus compañeros de la causa se efectuó el 10 de noviembre de 2018 en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu (sucesor del Cardenal Amato como prefecto para las Causas de los Santos).

René

Enlaces consultados (12/11/18)
• http://www.santiebeati.it/dettaglio/97770
• https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/beatificada-navarresa-carlota-20181111182529-nt.html
• https://www.religionenlibertad.com/blog/53131349/10.11.-Sagrada-Familia.05—la-martir-Carlota-de-la-Visitacion-Duque.html
• http://religiosasmartiresenlaguerra.blogspot.com/2011/09/franciscanas-de-los-sagrados-corazones.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Cruz Laplana y Fernando Español, mártires

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Beato Cruz Laplana y Laguna, Obispo de Cuenca.

De los mártires de la Guerra Civil Española beatificados el 28 de octubre de 2007, hoy se hablará de los Beatos Cruz Laplana y Laguna, obispo de la diócesis de Cuenca, y su vicario Fernando Español, ambos asesinados el 8 de agosto de 1936 como resultado de la persecución religiosa llevada a cabo por el Frente Popular contra la “Quinta Columna” (es decir aquellas personas que simpatizaran con el Alzamiento militar pero no se habían sublevado dentro del territorio republicano).

La ceremonia de beatificación no estuvo exenta de polémica, tanto que España atraviesa por un proceso de revalorización sobre el alcance de los efectos de la guerra civil, y no faltan voces que hablan de víctimas políticas o por lo menos ven injusta la exclusión de la memoria de las víctimas del bando franquista, en cuanto acusan a la Iglesia Católica en general de afinidad con el Golpe de Estado de 1936 y la Dictadura. El Obispo Cruz Laplana no se salva tampoco de la controversia, sobre todo después de la proclamación de la II República Española, de la que se podría considerar desafecto. Lo que es innegable es que el testimonio de los Mártires Españoles del Siglo XX ha de servir al propósito de no abrir viejas heridas y divisiones, sino sembrar semillas de perdón y reconciliación.

Biografía de Cruz Laplana Laguna, obispo de Cuenca
Don Cruz Laplana nació en Plan, Huesca el 3 de mayo de 1875, a los 11 años sintió la llamada vocacional al sacerdocio e ingresó en el Seminario de Barbastro en 1886, de donde se formó en ciencias profanas y sagradas, doctorándose en Derecho Canónico y Teología en la Universidad Pontificia de Zaragoza.

Beato Cruz Laplana Laguna

Fue ordenado sacerdote en 1898, siendo nombrado Profesor en el Seminario de Zaragoza y párroco de la Iglesia de San Gil (cargo del que estuvo de 1902 a 1912), donde fue reconocido por su caridad y su desprendimiento material, así como un formador eficiente del culto, fomentando la práctica de los sacramentos y la adoración Eucarística. Brilló por su celo pastoral y su dedicación a la evangelización de los más humildes.

También se ha de destacar por su templanza y austeridad, ya que personalmente se privaba de comer en exceso, y no tomaba café ni helado a pesar de que le gustaban mucho, tampoco se afanó en tener coche propio. El 30 de noviembre de 1921 es nombrado por el Papa Benedicto XV Obispo de Cuenca, siendo consagrado en la Catedral-Basílica del Pilar el día 26 de marzo de 1922 de manos del Cardenal Juan Soldevilla y Romero (asesinado en 1923 por esbirros anarcosindicalistas por su apoyo al sindicalismo católico).

El domingo de ramos de ese mismo año tomó posesión de la diócesis en medio de un ambiente propicio para el anticlericalismo. Trabajó con energía en la renovación de la diócesis y cuidó la formación integral de los seminaristas, promovió las asociaciones piadosas, y fomentó la formación cristiana de los seglares a través de Acción Católica.

Los ánimos estaban caldeados por los ataques anticlericales dirigidos por el profesor Rodolfo Llopis en los periódicos, quien llegó a Cuenca tres años antes de la entronización del Obispo Cruz en calidad de Profesor de la Escuela de Magisterio, en los cuales promovía la educación atea y propició la acción de la masonería en los ambientes oficiales (Llopis sería Ministro de Instrucción Pública durante la Segunda República y fracasó en su intento de encabezar el Socialismo Español durante la Transición). El prelado combatió enérgicamente esta tendencia mediante acciones y cartas pastorales claras y directas, lo que sus críticos consideran posicionamiento político ante el declive de la monarquía española.

Beatos Cruz Laplana y Laguna, Obispo de Cuenca y Fernando Español Berdié, sacerdote, mártires.

De hecho, al proclamarse en 1931 la República, se declaró no partidario de la misma y muchos acusadores expresaban que dicha participación había sido promovida a los jóvenes de Acción Católica. En realidad, el objetivo de Monseñor Laplana era formar seglares consecuentes con los principios evangélicos en el auxilio de los más necesitados, en la preservación de la identidad social cristiana y en la participación política, sin involucrarse en la militancia partidista.

También se prueba como evidencia de la participación política una frase sacada de contexto de la biografía del Obispo Mártir expresada por Sebastián Cirac en la cual en las elecciones de febrero de 1936 apoyó la candidatura de José Antonio Primo de Rivera: “Por voluntad expresa del Señor obispo fue presentado Don José Antonio Primo de Rivera en la candidatura de las derechas”. Sin embargo, el mismo Cirac testificaría bajo juramento durante el proceso de beatificación que el Doctor Cruz “nunca en su vida intervino en política o tuvo aficiones por los partidos o caciques políticos. Su ejemplo, su preocupación y hasta su intervención, aconsejando, estuvo exclusivamente promovido por las necesidades de salvar a la Iglesia y a las almas”.

En los días previos al conflicto militar estuvo invitado a la consagración episcopal de un obispo auxiliar para Tarazona lo que le hubiera permitido estar a salvo de los desmanes y crímenes que cometerían las milicias populares del Frente Republicano, sin embargo lo declinó y en los primeros días de la guerra incluso la autoridad civil del momento le facilitó la posibilidad de abandonar la diócesis a lo que él se negó, prefiriendo compartir la suerte de su rebaño, decía: “No puedo marcharme por temor al peligro. Mi deber está aquí, cueste lo que cueste”.

Beato Fernando Español, sacerdote.

Biografía de Fernando Español Berdié, sacerdote
Nació en Anciles, Provincia de Huesca el 11 de octubre de 1875, y estudió Derecho en la Universidad. Estuvo exento del servicio militar para poder terminar su doctorado en Derecho Civil y Canónico, sin embargo cayó enfermo en 1898; en el periodo de convalecencia maduró su vocación sacerdotal e ingresó al Seminario de Barbastro donde se dedicó a estudiar exclusivamente las asignaturas de Latín y la Sagrada Teología. En 1901 recibió la ordenación sacerdotal.

Fue párroco del Pueblo de Ornella y luego pasó a ser coadjutor de Benasque; en 1907 fue nombrado párroco de Gruatau y ahí se dedicó con esmero a la catequesis de los niños, la predicación, la formación de los jóvenes, de los matrimonios, el cuidado de los enfermos y vivía santamente como un sencillo párroco de pueblo, rezando y con tiempo para leer. En 1921 fue nombrado Párroco de la Parroquia de San Esteban de Plan y estaba apenas comenzando sus labores sacerdotales cuando recibe una carta de Monseñor Laplana ofreciéndole ser su secretario particular.

Aceptada la invitación se traslada a Cuenca, opositó y ganó la dignidad de maestro de Ceremonias de la Catedral, que ejerció bastantes años, hasta su martirio, también fue profesor del Seminario y el obispo premió sus servicios con una canonjía de gracia. Él era exacto en el cumplimiento de sus deberes, así como bondadoso y comprensivo, lo que ganó el afecto de todos los fieles.

Cuando estalló la guerra civil, no estaba dispuesto a abandonar a su obispo, por lo que sufriría las privaciones junto a él, y por último, ganaría junto a él la gloriosa palma del martirio.

Lienzo del Beato Cruz Laplana y demás mártires, obra de Víctor de la Vega. Catedral de Cuenca, España.

Comienzo de la Guerra Civil, detención y martirio
Al producirse el 18 de julio de 1936 el Alzamiento militar, la guarnición de Cuenca no secunda el Golpe de Estado, el comandante Francisco García de Ángela permaneció fiel al gobierno de Madrid. Poco después llegan las milicias anarquistas mandadas por Cipriano Mera, con lo que comienzan los desmanes y la orgía de sangre de la que los beatos perecerían.

El 19 de julio, piquetes de milicianos armados rodean la Catedral y el Palacio Episcopal, controlando el acceso y la salida, y al día siguiente ocurre una explosión en la puerta del Palacio.

En la mañana del 28 de julio, hombres armados exigieron entrar al interior del edificio; en ese momento el Obispo estaba orando en su capilla privada y al oír el tumulto se dirigió al Sagrario y sumió las formas. Terminado el acto, salió a recibir a los asaltantes vestido con sus insignias episcopales y les preguntó:
– ¿Qué queréis?
– ¿Que qué queremos? – contestó el que dirigía a los milicianos -Pues encerrarte, pero antes que nos des dinero-
-Cuando queráis voy con vosotros, pero dinero no tengo- Repuso Monseñor Laplana.
Registraron todo, hasta llegar a la caja fuerte que abrieron, hallando en su interior dinero, títulos y valores. El oficial se volvió donde el obispo y le increpó:
-¡Así que no tenías dinero, eh!-
-Dije que no lo tenía y no lo tengo. Eso no es mío; son bienes de mi diócesis y de fundaciones piadosas, que os ruego respetéis pues es el recurso de muchas necesidades y el depósito que dejaron antepasados nuestros- respondió el prelado.

Lo llevaron a empujones junto con su mayordomo Manuel Laplana y su familiar Fernando Español sin más equipaje que un modesto hatillo de ropa en la mano y vestido con su indumentaria eclesiástica. Los condujeron escoltados hasta el edificio del Seminario de Cuenca, convertido mitad en cárcel, mitad en cuartel para la guardia civil. Encarcelados con ellos estaban muchos sacerdotes.

Capilla del Beato Cruz Laplana en la catedral de Cuencua, España.

Mientras estaba alojada la Guardia Civil, las turbas no se atrevieron a hacer ningún daño a los presos, sin embargo cuando está a punto de terminar el mes de julio, los guardias civiles tuvieron que volver a Madrid.

Pasaron los días y a las diez de la noche del día 7 de agosto, el Comité decidió ejecutar al obispo. A medianoche suena la entrada de un autobús. Hombres armados suben donde estaba encerrado monseñor Cruz Laplana obligándolo a que salga pues van a fusilarle. Fernando Español insiste en ir con él, pero los milicianos le detienen y querían dejarlo preso.
-Si vas, te mataremos a ti también-
-Pues me matáis pero yo no le abandono- Respondió el canónigo.

Los condujeron pasando el Puente de la Sierra, al cruce de Villar de Olalla. En el trayecto, el obispo iba exhortando a los milicianos: “Se que me vais a matar…¿creéis que no hay cielo? ¡Hay cielo, hijos míos!… ¿creéis que no hay infierno? ¡Hay infierno, hijos míos!… Me podéis matar. El cuerpo os lo dejo, pero el alma irá al cielo. Yo os perdono y en el cielo rogaré por vosotros”.

En el kilómetro 5 de la carretera se les obligó a bajar, y los mártires se arrodillaron y se absolvieron mutuamente. Luego un miliciano se le acercó al obispo haciendo un ademán de querer degollarlo, el jefe del Piquete, Emilio Sánchez Bermejo lo apartó: -A éste lo mato de un tiro-
El obispo Laplana levantó la mano para bendecirles diciendo: -Yo os perdono y desde el cielo rogaré por vosotros-
Una bala atravesó la mano y dio de lleno en la sien, matándolo instantáneamente, después caía acribillado Fernando Español. Los cadáveres fueron abandonados por los ejecutores, y al día siguiente fueron sepultados en una fosa común del cementerio de Cuenca.

Controversia en su beatificación
Con la beatificación de Cruz Laplana, su secretario Fernando Español y los demás mártires de la causa el 28 de octubre de 2007, se presentó una controversia y un debate político sobre la Memoria Histórica, y más aún con el dolor actualmente de muchas familias que vivieron en carne propia, la guerra y la represión nacional posterior a ella.

En particular, la polémica radica en la resonancia política de esta beatificación y más aún en el posicionamiento de Cruz Laplana con respecto a la República. Aunque no es el único mártir polémico, es el más significativo. En un punto de vista meramente personal considero la controversia como una oportunidad para ver a aquellas personas que veneramos como santas de una manera más humana. Más aún si tenemos en cuenta el contexto en el que se desarrollaron los acontecimientos, podremos notar que el tema del martirio durante la persecución religiosa en la Guerra Civil aún hoy es puesto bajo una consigna ideologizada por ambas partes. Por parte del bando vencedor, la persecución religiosa da una estela de legitimidad al levantamiento y a la necesidad de una centralización ideal basada en la civilización cristiana, y los valores nacionales, por ello en muchas partes de España, al hablar de los mártires cristianos viene la etiqueta de “Caídos por Dios y por España”. Por parte del bando republicano, y más aún al hablar de la represión del Frente Popular, la Administración de la II República tuvo un marcado tinte anticlerical desde un principio con la Separación de Poderes Iglesia-Estado, que se fue radicalizando con el paso del tiempo, tanto como un impedimento para el progreso, así como una lucha entre el control de las conciencias.

La beatificación estuvo acompañada con el debate público de la “Ley de la Memoria Histórica” aplicada el mismo año con el gobierno de Rodríguez Zapatero, en tanto se abrían viejas heridas entre los supervivientes o los descendientes de las víctimas y la discusión histórica sobre el alcance a largo plazo de las consecuencias de la Guerra Civil. En el plano religioso, la beatificación fue vista como un posicionamiento político en el tema; y en tanto con el beato biografiado, su glorificación presentaba objeciones de la opinión pública que presentaba al mártir como un jerarca de extrema derecha. Sin embargo en la causa se tiene el testimonio del Alcalde Socialista de Cuenca Antonio Torrero González (partícipe de los hechos de Cuenca en 1936) que declara: “D. Cruz Laplana, como tal D. Cruz Laplana, no había nada contra él, como contra el otro señor (D. Fernando Español); el meterse con ellos fue por ser Obispo, por ser Sacerdote. Yo, desde luego, puedo resaltar que el Sr. Obispo, en política, huía de toda ella. La impresión en que se le tenía en Cuenca era que era buena persona, y no se le tenía odio alguno”.

El primer edil, que participó en el saqueo del Palacio episcopal, declara: “en el Palacio (episcopal) no se encontró absolutamente nada, ni de cartas, ni de periódicos, ni de armas, nada que pudiera ser comprometedor para el Sr. Obispo”. “Mi opinión sobre la muerte de los dos (Beatos Cruz Laplana y Fernando Español) es que murieron como santos”.

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René

Enlaces consultados (25/10/18)
– https://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_Laplana_y_Laguna
– https://jesusconlacaña.es/08/08/2017/beatos-cruz-laplana-y-fernando-espanol-martires-y-ejemplo-de-fe/
– http://hispaniamartyr.org/
– http://hagiopedia.blogspot.com/2013/08/beatos-cruz-laplana-y-laguna-y-fernando.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Leónidas Feodorov, exarca greco-católico y mártir

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Icono ruso del Beato.

Últimamente este autor que os escribe ha tenido la tendencia de escribir sobre los santos y mártires de la Iglesia Ortodoxa de Rito Bizantino, como habrán comprobado en los anteriores artículos, y si bien esta página hagiográfica es para el conocimiento de todos los santos y temas concernientes a la santidad, liturgia, y ritos de todas las confesiones cristianas, he querido retomar la mirada hacia la Iglesia de Oriente para la promoción de sus valores y su espiritualidad.

Sin embargo, hoy también hablaré de los mártires greco-católicos (es decir unidos a la Iglesia de Roma pero conservando el rito de Constantinopla) que vivieron siempre en constante hostilidad por parte del gobierno zarista primero, después bajo el telón de acero del yugo soviético, y a pesar de que la Iglesia Greco-Católica Ucraniana tiene su corona en sus mártires del siglo XX, hoy hablaremos del Beato Leónidas Feodorov, quien pertenecía a la incipiente y minoritaria Iglesia Católica Bizantina Rusa; un movimiento nacido del seno de la Iglesia Ortodoxa Rusa en base a las ideas del filósofo ruso Vladimir Sergeyevich Solovyov, quien influenciado por Dante, instó a que el mundo necesitaba un zar “universal” y que la Iglesia necesitaba del Obispo de Roma como jerarca universal, y aunque en el 1900 murió siendo cristiano ortodoxo, no ocultó sus simpatías a favor de la Unión con la Iglesia de Roma.

Por lo tanto es objetivo de éste artículo llenar este vacío del blog, escribiendo sobre nuestro beato de hoy, que a pesar de unirse al catolicismo (inclusive en un principio pensaba ser sacerdote de rito latino), procuró conservar la Liturgia bizantina y la espiritualidad rusa rica en cuanto a tradición. Sin embargo murió durante la persecución soviética contra el cristianismo, en el afán del comunismo de acabar con el llamado “opio del pueblo”. Espero que el ejemplo de nuestros mártires nos dé una mirada más allá del ámbito cotidiano de la fe, sobre todo en aquellos testimonios que por encima de los sufrimientos humanos causados por el odio y la división, dan fe de que la humanidad también está llena de grandeza y de valor más allá de lo material.

Una mirada a la historia del cristianismo en Rusia
Como sabemos por los artículos publicados en este blog, el cristianismo llegó a finales del primer milenio de nuestra era, en parte debido a la evangelización de misioneros provenientes de la Sede de Constantinopla, y ejemplo de ello es el trabajo incansable de los misioneros San Cirilo y San Metodio (de quienes queda pendiente escribir), que su trabajo con la traducción de las Sagradas Escrituras al antiguo eslavo eclesiástico abrió el camino para la evangelización de las zonas de lo que eran el Principado de Kiev y las zonas de Bulgaria y Serbia. Existe evidencia de la consagración de un obispo para Nóvgorod por parte de San Ignacio o San Focio en Constantinopla entre los años 866-867.

Visita y bautismo de la Santa en Constantinopla. Miniatura de la Crónica de Radzwill.

Entre el 945 y el 957, el cristianismo bizantino había tomado fuerza entre algunos miembros de la nobleza de Kiev, y aunque la religión ancestral era la oficial, la Princesa Santa Olga fue bautizada, convirtiéndose en la primera gobernante cristiana de la Rus. Su nieto San Vladimiro en el año 988 adoptó oficialmente el cristianismo ortodoxo como religión de estado y convocó a un masivo bautismo en el Quersoneso oficiado por los misioneros bizantinos. He de decir que por parte de misioneros latinos también hubo infructuosas encomiendas de evangelización, sin embargo Kiev adoptó el rito de Constantinopla y su sucesión apostólica es dada por Bizancio.

Cuando se produce la famosa ruptura entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Católica Ortodoxa en el año 1054, el Principado seguía teniendo contacto con el Papado romano, pero paulatinamente siguió a Constantinopla en el cisma, por ese entonces ya estaba conformada la jerarquía eclesial y también una creciente actividad monacal. Durante los siguientes siglos, la evangelización llegará progresivamente, pero en conflicto con los incursores tártaros de religión musulmana.

Al principado de Kiev, seguiría el de Vladimir, el de Nóvgorod, el de Pskov y finalmente el moscovita, donde la Iglesia contribuyó enormemente en la cultura, en conexión siempre con su homóloga bizantina. Poco antes de la caída de Constantinopla, la unión del Concilio de Florencia en 1445 y su aceptación por parte del metropolitano Isidoro, provocó controversias y ocurrió lo mismo en la capital constantinopolitana, donde los monjes griegos acusaron a la Iglesia Católica de caer en la herejía. Basilio II, príncipe de Moscú, se había comprometido inicialmente a aceptar la supremacía papal, pero rechazando el acuerdo, depuso a Isidoro y nombró como metropolitano a Jonás, quien rechazó el catolicismo y provocó la independencia de la Iglesia Rusa con respecto a Constantinopla. Este evento es considerado como el primer intento de unión. Durante el periodo tumultuoso entre el 1598 y el 1613, fueron frecuentes las acciones por parte de Polonia, de implantar el catolicismo en Rusia, pero fueron intentos infructuosos, en ese tiempo, el metropolitano Job se convirtió en el primer Patriarca de Moscú y de toda Rusia, autorizado por el patriarcado de Constantinopla (que se encontraba sometido al dominio otomano).

Omitiendo la famosa unión de Brest, en donde nace la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, y donde los obispos que se unieron conservando el rito bizantino sufrieron el acoso de los obispos latinos polacos, hablaré de la Iglesia Católica Griega Rusa.

Fresco ortodoxo ruso de estilo naturalista representando al zar Nicolás II y su familia.

A las ideas del filósofo Soloviev se adhiere en 1893 el sacerdote ortodoxo Nikolai Tolstoy, quien entra en comunión con la Santa Sede a través del Patriarcado Greco-Católico Melquita de Antioquía y al retornar a Rusia, trató de conformar a una comunidad a su alrededor, no por ello la policía zarista dejó de acosar a los fieles católicos de rito bizantino, aun así en 1909, a raíz del decreto de tolerancia fomentado por el zar Nicolás II, se celebró la primera Divina Liturgia Católica para conmemorar la Pascua Ortodoxa.

La razón de que algunos fieles ortodoxos para entrar en comunión con la Santa Sede, era de que realmente Roma y Moscú nunca estuvieron formalmente separadas, sino que solo fue una ruptura de facto siguiendo la línea de la Iglesia de Constantinopla. Aún hoy los católicos rusos se refieren a sí mismos como miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa en comunión con Roma.

El sacerdote Eustaquio Susalev, que pertenecía a la Iglesia de los Viejos Creyentes (los que no aceptaron la reforma litúrgica del patriarca Nikon) entró también en comunión con Roma, por lo que la naciente comunidad greco-católica quedó clasificada en dos corrientes: los que celebraban el rito según la reforma nikoniana y los que seguían la liturgia rusa medieval.

El arzobispo greco-católico ucraniano de Lviv, con la autorización del papa Benedicto XV, nombra en 1917 al sacerdote Leónidas Feodorov (de quien más adelante hablaremos) como exarca, pero el inicio de la Revolución Bolchevique y la persecución del estado comunista casi aniquiló a la Iglesia Greco-Católica, y los dos exarcas nombrados murieron víctimas de los gulag.

A la caída de la URSS, la Iglesia se va reconstruyendo lentamente, pero también algunas comunidades dispersas en la diáspora van muriendo o entrando en comunión con el Patriarcado de Moscú, las parroquias que se declaran católicas rusas son atendidas por sacerdotes ordenados de otras iglesias bizantinas, ex-sacerdotes ortodoxos o sacerdotes latinos con capacidades bi-rituales. Hasta marzo de 2017 no se ha nombrado ningún obispo o exarca, y esto influye a los conflictos entre la Santa Sede y el Patriarcado de Moscú, por el asunto de Ucrania, disputa que lleva varios años, además de la pretensión de la Iglesia Ortodoxa Rusa de administrar eclesialmente los territorios que antes pertenecían al Estado Soviético; entonces la falta de atención del Vaticano a las iglesias orientales rusas, se hace más que evidente en la necesidad de una autoridad competente para su pastoreo y administración de los sacramentos, así como la conservación de su espiritualidad.

Icono ruso del Beato.

Biografía del Beato Leónidas Feodorov
Leónidas nació en San Petersburgo, Rusia el 4 de noviembre de 1879 dentro de una devota familia ortodoxa rusa. Su padre Iván, fue el dueño de un restaurante moderadamente exitoso, que fracasó y murió al poco tiempo, su madre Lyuba Feodorov crió al niño como madre soltera poco después de la muerte de su marido. Aunque crió a su hijo como un devoto de la Iglesia Ortodoxa Rusa también lo indujo a la lectura de los novelistas de la época, entre ellos Víctor Hugo, Émile Zola, Alejandro Dumas y otros autores; en 1901 se matriculó en la Escuela Teológica de San Petersburgo para ordenarse como sacerdote ortodoxo, pero después de mucho examen de conciencia dejó la academia en 1902 para abrazar el catolicismo.

Trayectoria espiritual
Inició su viaje a Roma pasando por Lviv (ya que el imperio austrohúngaro gobernaba la parte occidental de Ucrania), donde conoce al Venerable Andrés Sheptytsky, metropolitano de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana quien bendijo su misión. El trato entre el recién converso Feodorov y el metropolitano fue fraternal, convirtiéndose Sheptytsky en consejero espiritual y mentor. El 30 de julio de 1902, el ortodoxo Leónidas fue recibido en la Iglesia Católica en la Iglesia del Gesú en Roma. Posteriormente se trasladó al colegio jesuita de Anagni con el nombre de Leónidas Pierre para mantener a raya a la policía secreta del zar.

Como la embajada rusa amenazó con prohibirle la entrada a Rusia si continuaba con los jesuitas en 1907 fue obligado a abandonar el colegio y se trasladó al Colegio de Propaganda Fide en Roma. Aunque en el principio pensaba ordenarse sacerdote de rito latino, llegó a la conclusión de que debe permanecer fiel a la liturgia bizantina y al legado espiritual ruso. Con la bendición del Papa San Pío X fue transferido a la naciente Iglesia Católica Bizantina de Rusia, lo que provocó que fuese desheredado de sus protectores jesuitas y dependiese del obispo Sheptytsky de Lviv.

Escribió sobre su conversión: “La gracia del Señor, que brilló sobre mí en el momento que ya estaba perdiendo la fe, produjo una nueva revolución en mí y me recordó al Salvador vivo, real y crístico del mundo. La Iglesia Católica fue para mí no sólo una fuente de verdad eterna cognoscible, sino que también se convirtió para mí en una nueva fuente de Siloé, de la cual salí completamente renovado.”

En 1908, tras el acoso de la policía zarista, se trasladó a Suiza de donde en 1910 se graduó en la Escuela Teológica de Friburgo. El 25 de marzo de 1911, fue ordenado sacerdote de rito bizantino en Constantinopla por el obispo greco-católico búlgaro Mikhail Mirov.

Pasó los siguientes años como hieromonje en Bosnia y Ucrania donde fue tonsurado con el nombre Leónidas el 12 de marzo de 1913. Durante ese tiempo trabajó para el Metropolitano de Galicia donde publicó artículos teológicos para una revista italiana y otra de Praga, cada año era enviado a Rusia para informarse de la situación de los católicos bizantinos rusos que eran constantemente acosados por la Okhrana (policía secreta). En vísperas de la Primera Guerra Mundial regresó a San Petersburgo, siendo arrestado y exiliado a Tobolsk, Siberia, ya que era considerado una amenaza para el Estado (la religión oficial era la Ortodoxia).

Retrato naturalista ruso del Beato.

La Revolución Bolchevique y la persecución contra los católicos de rito bizantino
Con la Revolución de Febrero de 1917, el Gobierno Provisional decretó una amnistía para todos los presos políticos, y entonces el sacerdote Feodorov volvió a la capital donde se inauguró el primer sínodo de la Iglesia Católica Rusa bajo la dirección del Metropolitano de Galicia, aunque después como sabemos, el horizonte político no albergaba un destino mejor para los católicos de rito bizantino y con la Revolución de Octubre del mismo año, la hostilidad hacia el cristianismo se volvió la prioridad del Estado socialista naciente. En esos momentos fue nombrado exarca de los católicos bizantinos rusos el 1 de marzo de 1921 y se rumoró que fue consagrado secretamente como obispo. A pesar que desde un principio los bolcheviques eran tolerantes, a partir de 1922 comenzó una persecución abierta contra la Iglesia Católica (a la par que continuaba la hostilidad contra la Iglesia Ortodoxa). Las autoridades bolcheviques prohibieron a los sacerdotes enseñar la religión a menores de 18 años y ordenaron confiscar los objetos litúrgicos con pretexto de “aliviar el hambre del pueblo ruso” y la creación de consejos laicos para reducir al sacerdote como un mero empleado parroquial, y tanto el Exarca como el Arzobispo Latino de Vilna se negaron a permitirlo por lo que en la primavera de 1923 fueron convocados a un consejo (o una parodia de juicio) en Moscú acusados de actividades contrarrevolucionarias y como es habitual, se les acusó de oponerse a las medidas que las autoridades bolcheviques habían dispuesto.

En medio del juicio y a pesar de que el Arzobispo Cieplak y su auxiliar Monseñor Constantino Budkiewicz contaban con abogados para la defensa, el Exarca Leónidas se defendió solo ante las acusaciones. Su aspecto impresionaba a los presentes en la sala, que hasta entonces tenían la idea de que el Catolicismo era la “religión de los polacos”, ya que estaba vestido con una túnica negra y tenía crecida la barba, como el aspecto de un sacerdote ortodoxo. Argumentó que los greco-católicos habían acogido a la Revolución con alegría y defendió la acción de la Iglesia Católica en auxilio de la hambruna.

El veredicto para los sacerdotes de rito latino y el arzobispo de Vilna eran la condena a muerte, mientras que para el Exarca eran diez años de prisión en el gulag de Solovki. Sólo por presión internacional el arzobispo Cieplak fue liberado pero su auxiliar el Siervo de Dios Constantino Budkiewicz fue ejecutado en el campo de tiro de Lubianka.

Años en el exilio, liberación y fallecimiento
El afán del gobierno soviético había provocado alboroto en el medio internacional, ya que buscaba el nuevo gobierno ser reconocido por las naciones y potencias mundiales, por lo que se detuvo por instantes en su maquinaria sanguinaria y represiva, por lo que el arzobispo de Vilna no sufrió la sentencia dictadas por el tribunal, a pesar del asesinato de su vicario. Pero Leónidas no pudo salvarse de la sentencia siendo exiliado a Solovki y luego a Lefortovo.

En 1926, tras la derrota comunista en la guerra ruso polaca, se aprovechó la oportunidad para intercambiar a los sacerdotes polacos a cambio de los prisioneros comunistas en Polonia, por lo que también exigieron la liberación del Exarca de los Greco-Católicos Rusos, que fue concedida con la prohibición de visitar las ciudades de Leningrado, Moscú, Kiev, Kazán, Nóvgorod y cualquier ciudad marítima, por lo que se trasladó a Kaluga donde el párroco latino del lugar lo recibió como a un hermano, ahí podía celebrar la Divina Liturgia sin restricciones. Regresando a Mohiliov, recordando que había sido recibido con cariño en 1922, se dispuso a atender a la población local, ya que la zona de Bielorrusia había sido originalmente greco-católica pero en 1839 fueron forzados a unirse a la Iglesia Ortodoxa.

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Por promover la Unión con Roma, fue detenido, bajo el pretexto de abandonar Kaluga sin permiso de las autoridades fue detenido y estuvo detenido en el campo de Solovki en el antiguo monasterio donde había una capilla en el cual se celebraba la Divina Liturgia Católica en Rito Bizantino alternando el servicio con los sacerdotes de rito latino, como comenzaba a escasear el vino de consagrar, entonces con moler las uvas pasas podían hacer vino para continuar con el culto, pero tras la ordenación de un nuevo sacerdote greco-católico más, la práctica llegó a oídos de las autoridades y detuvieron en noviembre de 1928 el culto clandestino.

El 19 de enero de 1929 las autoridades revisando las habitaciones decomisaron todo material litúrgico, excepto lo más elemental para celebrar la Eucaristía y aun así siguieron con la celebración del Santo Sacrificio haciendo de una piedra de molino un improvisado altar.

En la Pascua de 1929 se les permitió a los ortodoxos y judíos celebrarla y no se atrevieron a prohibírselo a los católicos rusos pero fue la última vez que se celebraba una Divina Liturgia públicamente.

A pesar de ser trasladados a la Isla de Anzer los comisarios de la penitenciaría no lograron detener el culto, el Exarca oraba por la conversión de Rusia a pesar de las tribulaciones y la persecución, a pesar de que durante el día trabajaba cortando leña en condiciones míseras despojado de su hábito clerical.

El 6 de agosto de 1929 fue trasladado de la Prisión a un pueblo cercano a la ciudad de Pinega donde se alojó en la cabaña en la que vivía un sacerdote ortodoxo que le prestó la biblioteca, en la que él enseñaba la catequesis, pero esta acción no pasó desapercibida a las autoridades que lo exilian a Poltava a pesar de estar enfermo y que padecía de un asma cardíaco y de gastritis con dificultad para hablar, Ya en 1932 el gobierno lo eximió de trabajo forzoso y en noviembre de 1933 fue entregado un certificado de que había cumplido la pena. Eligió vivir sus últimos días en Vyatka, lugar donde durante la época zarista eran exiliados los prisioneros políticos y esperaba encontrarse ahí con sus antiguos compañeros.

Icono ruso del Beato.

Cansado y después de soportar torturas, vejaciones y el trabajo forzado, exiliado, perseguido primero por el gobierno zarista, después por el gobierno bolchevique, el Exarca Leónidas Feodorov partió de éste mundo a la Casa del Padre el 7 de marzo de 1935 completamente desamparado y sin ni siquiera un sacerdote para auxiliarlo en sus últimos momentos, pero durmiendo plácidamente en el eterno reposo en medio de un convulso momento para el Cristianismo en la URSS, fue un sacerdote que conservó siempre la espiritualidad rusa y su anhelo monástico pero con una fidelidad inquebrantable a la Sede de Pedro y sus sucesores. Finalmente fue enterrado en la localidad por unos campesinos piadosos, tenía cincuenta y cinco años.

Al ser abierta su causa de Beatificación, fue declarado Siervo de Dios en noviembre de 1997, junto con los mártires de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, después de un examen por la Congregación para la Causa de los Santos, finalmente fue beatificado por el Papa Juan Pablo II durante la Divina Liturgia celebrada en Lviv junto con el Beato Nicolás Charnetsky y otros mártires ucranianos. Su fiesta es el 27 de junio.

René

Enlaces consultados (24/12/17)
• https://ru.wikipedia.org/wiki/Фёдоров,_Леонид_Иванович
• http://holyunia.blogspot.mx/2009/04/blessed-exarch-leonid-feodorov-1879.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Nicolás II zar de Rusia y su familia, polémicos mártires

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Fresco ortodoxo ruso de estilo naturalista representando al zar Nicolás II y su familia.

En este blog hemos visto algunos santos que son polémicos y cuya canonización en si es controvertida y genera un gran debate en la sociedad, un ejemplo claro es la glorificación de la Familia Imperial Romanov como Strastoterpets (Portadores de la Pasión) por parte de la Iglesia Ortodoxa fuera de Rusia en 1981 y la Iglesia Ortodoxa Rusa en el año 2000.

La Familia Imperial Rusa, tras la revolución rusa de 1917 fue destronada y brutalmente asesinada en 1918, con ella se desintegró el Imperio Ruso que durante 300 años ha sido gobernado por zares autócratas y pasó de una monarquía decadente a una república socialista dictatorial y represiva.

Si bien en un mártir no se juzgan sus actos políticos y religiosos que conllevan su vida y su martirio, en este caso está claro que van de la mano con el contexto. Y al final del artículo nos hacemos la incómoda pregunta ¿fue realmente martirio o un mero asesinato político? ¿Era el zar una víctima más de la represión comunista o un emperador déspota y autoritario cuyo caos que llevó a la Revolución era su responsabilidad?

Hoy trataremos sobre el Zar Nicolás II, su esposa y sus hijos; dejando a sus demás familiares también canonizados para otra ocasión. Si bien trataremos sus vidas por separado, el tema que nos compete es su canonización y los motivos contextuales de ella.

Icono ortodoxo ruso de naturalista representando al zar Nicolás II, su esposa la zarina Alexandra y el zarevich Alexei Romanov.

San Nicolás II de Rusia (Nicolás Alexandrovich Romanov)
Pasando a los datos biográficos hablaremos brevemente sobre Nicolás II Zar de Rusia y último monarca del imperio ruso. Nació en el palacio de Alejandro en San Petersburgo, en el Imperio Ruso el día 18 de mayo (6 en el antiguo calendario) de 1868, siendo el hijo mayor del zar Alejandro III de Rusia y su esposa María Feodorovna, teniendo 5 hermanos menores. En 1881 tras el asesinato de su abuelo el Zar Alejandro II se convierte en heredero al trono de Rusia (zarévich) y en 1884 se celebró la ceremonia de la mayoría de edad de Nicolás. Finalmente en 1890 fue de gira mundial visitando Egipto, La India, Singapur y Japón, donde fue víctima de un intento de asesinato.

A pesar de ser heredero al trono, y asistir a las reuniones del Consejo de Estado, Nicolás no tenía la madurez necesaria ni estaba preparado para convertirse en nuevo Zar. En esa época a pesar de establecer un régimen autoritario y represivo, el Zar Alejandro III sufría de mala salud, a pesar de que la industrialización procuró alcanzar a todos los sectores de la sociedad rusa de aquel momento, la desigualdad de los beneficios entre la nobleza rusa y la servidumbre, era patente. Las aspiraciones a la libertad política eran reprimidas por la fuerza militar zarista por considerarla un enemigo a su autoridad.

El 26 de noviembre de 1894, se casó con la princesa Alix de Hesse, quien al principio fue muy reticente debido a que ella era fervorosamente luterana, pero junto con su hermana Isabel (que también terminaría siendo mártir) fue recibida en la Iglesia Ortodoxa Rusa en 1892 cambiando su nombre por el de Alexandra Feodorovna. La boda se ofició poco después de la muerte del zar Alejandro, por lo que fue considerado su sucesor en el trono y formalmente coronado como Nicolás II.

A pesar de mostrar su admiración por la democracia en una visita a la Cámara de los Comunes en Inglaterra en 1893, durante su periodo como heredero, como gobernante no estaba dispuesto a concebir la idea de compartir el poder con las demás fuerzas políticas, que amenazaban el sistema autocrático de Rusia. En los asuntos eclesiásticos promovió la canonización del ermitaño ruso Serafín de Sarov, pero mientras él exigía como plazo máximo un año, la emperatriz exigió que se realizase dentro de una semana. Finalmente San Serafín fue canonizado en el verano de 1903 y la familia imperial se trasladó para presidir la ceremonia.

El zar Nicolás II rodeado de su familia al completo: la zarina Alexandra, las grandes duquesas Olga, María, Tatiana y Anastasia; y el zarevich Alexei.

En los asuntos exteriores fortaleció la alianza con Francia, siguiendo la política de su padre, pero tenía intereses imperiales sobre la zona de Manchuria, lo que chocó con los intereses de otra potencia en construcción: El Imperio Japonés. La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) pesó para el Imperio Ruso no solo el costo en vidas humanas y recursos, sino que cargó con el peso de la humillación por la derrota. Para ese entonces el descontento social con el régimen era evidente para su eventual caída.

Durante su reinado también se hizo famoso el acto del llamado Domingo Sangriento, ocurrido en enero de 1905, en la que el sacerdote socialista Jorge Gapon encabezó una procesión hacia el palacio de invierno al frente de miles de personas, cantando el himno nacional y fuera de la idea de que era una turba revolucionaria, eran gente fiel a la Familia Imperial, con iconos en sus manos y retratos portátiles del zar. Nicolás no se encontraba en ese momento y las calles estaban bloqueadas por la infantería y los cosacos. Los manifestantes pedían una monarquía constitucional, pero la reacción militar fue arbitraria; el ejército abrió fuego contra la muchedumbre causando numerosos muertos y heridos, y retirándose los manifestantes entre maldiciones al régimen.

En 1913, se celebraron en toda Rusia el tercer centenario de la Dinastía Romanov, pero ya no en una monarquía absoluta tras la revolución de 1905, sino que integrada una Cámara Representativa conocida como la Duma, aunque no logró satisfacer las demandas de las clases sociales obrera, campesina y la mediana burguesía.

Fotografía de la zarina Alexandra Feodorovna, año 1905.

A pesar de ser aconsejado contra la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, el ejército fue enviado al frente, pero el entusiasmo inicial quedó ensombrecido tras la batalla de Tannenberg, en que las fuerzas alemanas aniquilaron prácticamente al ejército Imperial. Entre 1915 y 1916 la guerra empeoró la situación de Rusia, y un nuevo poder amenazaba el Estado, con el surgimiento del movimiento bolchevique, que derrocaría a la Monarquía e instaurará un régimen dictatorial totalitarista.

Santa Alexandra Feodorovna Romanova (Alix Victoria Louise Helena Beatriz de Hesse y el Rin)
Nació en Darmstadt, Ducado de Hesse el 6 de junio de 1872, siendo hija de Luis IV Gran Duque de Hesse y del Rin y de la Princesa Alicia de Reino Unido; por lo tanto era descendiente de la Reina Victoria y del Príncipe Consorte Alberto.

Fue bautizada el 1 de julio en la Iglesia Luterana siendo sus padrinos el Príncipe de Gales y el zar Alejandro III y sus madrinas la emperatriz Dagmar de Dinamarca y la Princesa Beatriz de Reino Unido. Era de carácter alegre y con muy buen humor, pero la muerte de su madre y su hermana menor, convirtieron su alegría en amargura, y de una chica extrovertida a una chica tímida y callada. A pesar de la presión familiar, rechaza casarse con el hijo mayor del príncipe de Gales, además de que se enamora del entonces zarévich Nicolás. A pesar de la oposición de la familia imperial acabaron accediendo al matrimonio, pero antes Alix se convirtió al cristianismo ortodoxo junto con su hermana Isabel y tomó el nombre de Alexandra. En el duelo por la muerte del Zar Alejandro III, la pareja se casó el 26 de noviembre de 1894 en el Palacio de Invierno de San Petersburgo.

El reinado de Nicolás y Alexandra están marcados por el conservadurismo ante las nuevas olas de cambio que exigían los tiempos. La pareja se hizo extremadamente impopular y la timidez de la emperatriz fue interpretada por el pueblo ruso como signo de desinterés e indiferencia por la situación de Rusia. El 16 de Mayo de 1896 fueron coronados como zar y zarina de Rusia en Moscú. Tuvieron 5 hijos:

Los cinco hijos de los zares: las grandes duquesas Olga, María, Tatiana y Anastasia, y el zarevich Alexei.

Santa Olga Nikolaevna, Gran Duquesa
Nacida en 1895 en Tsárskoye Selo, era una joven de carácter autocrático y prepotente a veces, adoraba a su padre y con él tuvo una relación muy estrecha; a pesar de que amaba a su madre, a veces tuvieron roces por la mala conducta de Olga. Como resultado de su educación religiosa, a los veinte años, donó parte de su fortuna y se dedicó a las obras de caridad, como los nobles a veces hacían, sin embargo cuando en el plano político aparece el monje siberiano Grigori Rasputín, la familia fue obligada a aceptarla como amigo; incluso aún con el escándalo de que el vidente la había visitado a ella y a sus hermanas vestidas en camisón.

Durante la Primera Guerra Mundial, ella y sus hermanas así como su madre, se convirtieron en enfermeras de la Cruz Roja y se dedicaron a atender a los heridos en batalla. Sin embargo la sensibilidad de Olga por el panorama la influyeron a administrarse arsénico, que era considerado como tratamiento para los trastornos nerviosos y depresivos.

Santa Tatiana Nikolaevna, Gran Duquesa
Nació en San Petersburgo en 1897, tenía un talento natural de liderazgo, pero al igual que sus hermanos, se crió con cierta austeridad, dormían todos en una misma habitación y ella no estaba acostumbrada a ser tratada como “Su Alteza Imperial”. Durante la Primera Guerra Mundial, encabezó los comités de la Cruz Roja Internacional y al igual que su hermana, cuidaba de los heridos y enfermos en el frente.

Iconos ortodoxos rusos de estilo naturalista representando a las Grandes Duquesas Romanov: de izquierda a derecha, Anastasia, Tatiana, María y Olga.

Santa María Nikolaevna, Gran Duquesa
Nacida en San Petersburgo en 1899, María fue una muchacha extrovertida, bonita y coqueta; tuvo un amor filial con su padre, pero una relación difícil con sus hermanas, que la excluían de los juegos que realizaban, ya que nunca se metía en problemas por ello. Tenía un gran amor por los enfermos y heridos, sin embargo eran demasiado jóvenes para entrar en la Cruz Roja, por lo que convivía con los soldados que iban al frente.

Santa Anastasia Nikolaevna, Gran Duquesa
Nació el 18 de junio de 1901, en San Petersburgo; como la familia Romanov esperaba un heredero al trono, se decepcionaron rápidamente por el nacimiento de Anastasia, porque anhelaban un varón, sin embargo, la recién nacida recibió el título de princesa o Gran Duquesa. Ella junto con sus hermanos fue educada en una vida sencilla, incluso en los campamentos dormían sin almohadas (excepto cuando estaban enfermos), tomaban baños de agua fría, además de que tomaron parte en actos de caridad con los necesitados.

Cuando aparece en escena el famoso starets siberiano Grigori Rasputín; la familia fue obligada por insistencia de la Emperatriz a aceptar al místico como amigo cercano de la familia, y los criados se horrorizaron por la visita de éste a las niñas que andaban en camisón, lo cual estaba prohibido, y provocó el chismorreo del populacho con satíricas pornográficas que afectó al prestigio del gobierno de los Romanov, pero junto con su hermana María, también se destacó por su interés por los soldados, ya que no podía (por su corta edad) ingresar a la Cruz Roja, convivía con los que partían a defender a la Rusia Zarista durante la Primera Guerra Mundial.

Icono ortodoxo ruso del zarevich Alexei Romanov.

San Alexis Nikolayevich Zarévich
Nació el 12 de agosto de 1904 en el Palacio de Invierno de San Petersburgo y fue bautizado el 3 de septiembre en la Capilla del recinto de manos del Padre Yanishev, durante la ceremonia, la homilía fue pronunciada por el famoso San Juan de Kronstadt y como el país estaba en guerra con Japón, todos los comandantes y soldados fueron nombrados padrinos honorarios.

Pero pronto, y como confirmó un examen genético de 2009, comenzó a desarrollar la hemofilia B, que venía de herencia por parte de su madre. Debido a esto, recibió cuidados intensivos, ya que su sistema no podía producir proteínas necesarias para la coagulación de la sangre. A principios de octubre de 1912 tuvo una crisis, que varias veces estuvo a punto de llevarlo a la muerte. Desesperada, la emperatriz recurrió a los servicios del curandero siberiano Grigori Rasputín, quien tenía fama de milagrero, por lo que a partir del 19 de octubre el zarévich comenzó a mejorar. Esto ganó a Rasputín una aliada en la corte, pero Alexis sabía que no podía llegar a la edad adulta, por lo que le gustaba contemplar la naturaleza. Cuando estalló el conflicto internacional, el zar se convirtió en el Comandante Supremo del Ejército Imperial, y Alexis participó con energía en la vida militar, se dice que se negó a comer en un banquete y prefirió almorzar con los soldados.

Tras el asesinato de Rasputín, la zarina temía por la vida de su hijo, sin embargo con la Revolución Rusa de 1917 sabemos que la familia imperial fue derrocada y exiliada, y cuando triunfó el movimiento comunista así como el inicio de la Guerra Civil Rusa, los Romanov se convirtieron en la bandera del Ejército Blanco, por lo que los bolcheviques planearon el asesinato.

Icono ortodoxo ruso que representa el martirio de los Romanov.

Revolución Rusa y ejecución de la familia Romanov
Con la revolución de febrero de 1917, y la abdicación del Zar Nicolás II, la familia fue detenida y exiliada a Tobolsk por el presidente Kerensky, ya que había aumentado el índice de violencia y querían salvaguardarlos de una posible amenaza, ya que podemos observar en las fotografías, en los primeros meses de cautiverio fue liviano y la familia gozaba de visitas y libertad de movimiento. Al ascender Vladimir Lenin al poder mediante un golpe de estado en octubre, esto cambió. En las zonas más alejadas del panorama político, los exiliados zaristas, apoyados por Estados Unidos, y otras potencias extranjeras, comenzaron a organizarse en el Ejército Blanco, que entre otras cosas, pedía la restauración de la monarquía. También la Iglesia Ortodoxa, que había sido de antaño aliada del Estado monárquico, apoyó espiritualmente el movimiento, desencadenado una brutal persecución y una guerra civil, en que las milicias rojas con el mando unificado combatieron los numerosos alzamientos de los cosacos, y los regimientos zaristas.

Tras acercarse el ejército rebelde a Tobolsk, la familia fue evacuada a Ekaterimburgo a principios de 1918, y fue sometida a duras pruebas de encarcelamiento, por lo que se racionó la comida y se tuvieron que dejar la mantequilla y el café. Las niñas habían escondido las joyas detrás de sus ropas y en las almohadas, para trasladarlas con ellas. Fueron alojados en la famosa Casa Ipatiev, pero con el propósito de evitar que escaparan se les prohibió mirar afuera y sólo pocas ocasiones podían salir al baño bajo estricta vigilancia, no podían ir a la Divina Liturgia de la Iglesia más cercana y se les denegó la lectura del periódico.

En los círculos bolcheviques se planeó el asesinato por temor a que al ser liberados, ya que el Ejército Blanco se acercaba y la paranoia sobre los resultados de la contienda era más que evidente. Lenin y el círculo más cercano del Partido Comunista, acordaron la muerte del zar, pero causó un acalorado debate sobre la necesidad también de matar a los hijos y la esposa. El comandante Yurovsky quedó a cargo de la guardia, y reforzó la vigilancia, por lo que hasta cometido el crimen había más de 300 custodios patrullando el recinto.

Los cadáveres de los Romanov tras la masacre de Ekaterinburgo. Lienzo de I. Dzhembulat (s.XX).

Lev Trotsky, quien en ése momento era comandante del ejército rojo (conformado por algunos disidentes del ejército imperial y milicias) aprobó la resolución, así como la Junta Comunista de los Urales (jurisdicción a la que pertenecían los prisioneros). La noche del 17 de julio de 1918, el zar y su esposa, junto con sus hijos y servidores, fueron escoltados por los esbirros de Yurovsky al sótano de la casa, donde fueron brutalmente asesinados y luego sus cadáveres sacados, intentaron quemarlos y destruir toda evidencia, pero terminaron enterrando sus restos a la intemperie.

Controvertida canonización: ¿Mártires o víctimas políticas?
El debate se abrió al caer el comunismo en los años 90, cuando la Iglesia Ortodoxa, se vio finalmente libre del sometimiento del Estado soviético. La discusión giraba en torno al motivo de la muerte, ya que a pesar de que en sus horas finales, las víctimas habían demostrado su devoción (frente a sus ejecutores hicieron la señal de la cruz antes de caer acribillados), no exenta la responsabilidad y la debilidad del monarca ante los problemas internos y externos que desembocaron en la revolución. Y a esto se sumó el cisma que hubo dentro de la Iglesia Ortodoxa (recordemos que muchos sacerdotes abanderaron la causa anticomunista y apoyaron a la restauración monárquica durante la guerra civil rusa) con la sumisión del Patriarcado de Moscú al gobierno totalitarista. La Iglesia Ortodoxa Rusa del Extranjero, conformada por migrantes y exiliados de la URSS que se refugiaron en América y en varios estados europeos, rompió relaciones con la Iglesia Oficial en 1927 y no fue hasta el 2007 cuando se reestableció la comunión durante el Patriarcado de Alejo II.

Icono ortodoxo ruso de los Romanov.

Tras años de persecución por parte del gobierno bolchevique contra la Iglesia, tras la caída de la URSS fueron rehabilitadas muchas de las víctimas, entre ellas las que son conocidas como los Santos Mártires y Confesores de Rusia (quienes en su mayoría fueron asesinados durante el conflicto armado de 1918 y las purgas de las dictaduras de Stalin y Khrushchev) y a pesar de que se consideraba al monarca como un devoto cristiano, un padre de familia ejemplar y fiel marido, para algunos sectores de la Iglesia, causaba controversia el hecho de que los errores de su gobierno y las consecuencias de esto (aunque el análisis histórico y la evaluación son entidades más complejas) entreabría la puerta a la duda.

No faltaron tampoco voces que compararon el asesinato con un acto ritual (con la excusa de que los principales promotores de la revolución eran de herencia judía); aun así no se podían considerar a Nicolás y su familia como mártires, ya que no fueron asesinados por su fe religiosa, sino por el temor de que los disidentes al Estado naciente bolchevique los tomasen como bandera de la contrarrevolución.

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Tras la Perestroika y la conformación del Estado ruso moderno, la memoria histórica de lo que fueron años de represión política y social motivaron un fervor nacionalista (de la cual la identidad de Rusia como nación cristiana ortodoxa contribuyó en parte) y se rehabilitaron las figuras del zar y su familia. Anteriormente habían sido canonizados en 1981 como “mártires” por parte del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero (que en ese momento no estaba en comunión con el Patriarcado de Moscú), pero finalmente en el año 2000 el Patriarcado de Moscú glorificaba a Nicolás II y a sus hijos, su esposa y parientes como “Portadores de la Pasión (quienes aceptaron con resignación y fortaleza cristiana el martirio asimilándose a Cristo) y junto con ellos fueron canonizados los que conocemos como Mártires cristianos de la Rusia comunista. Con este acto estalla la devoción popular aunque también la controversia, como vemos en las imágenes, la variedad de iconos se expandió e incluso fuera de Rusia.

Panteón de los Romanov en la llamada Iglesia de la Sangre, Ekaterinburgo (Rusia).

Sus restos fueron encontrados inicialmente encontrados a las afueras de Ekaterimburgo en los años 70, pero el temor a las autoridades hizo que se inhumaran aunque años después fueron encontrados y analizados por científicos forenses, quienes determinaron con el ADN el parentesco y la identidad de cada uno; en 1998, los restos del zar, su esposa y dos de sus hijas fueron enterrados en la Catedral de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo. En 2007 fueron encontrados los restos del zarévich y de otra de sus hijas, en 2008 científicos forenses nacionales y extranjeros confirmaron las identidades y fueron sepultados junto a su familia. Se atribuyeron a ellos numerosos milagros, y exhalaciones de mirra en sus iconos, la devoción y el fervor popular siguen hasta la actualidad de manera latente.

René

Webs consultadas (18/08/17)
– https://en.wikipedia.org
– www.nytimes.com/…/nicholas-ii-and-family-canonized-for-passio
– https://orthodoxwiki.org/Nicholas_II_of_Russia

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