Beatos Genaro Fueyo Castañón y tres compañeros, mártires de Nembra

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Beato Genaro Fueyo.

Beato Genaro Fueyo.

El pasado 8 de octubre en la Catedral de Oviedo, se realizaba la ceremonia de beatificación de los llamados mártires de Nembra, cuya causa estaba conformada por el sacerdote diocesano Genaro Fueyo Castañón, párroco de la localidad y tres compañeros seglares pertenecientes a la Adoración Nocturna, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa en la Guerra Civil Española, una etapa turbulenta en que la contienda entre hermanos derramó sangre en la vida de personas inocentes. Estos mártires de muchos durante este periodo estarían condenados al olvido de no ser por el trabajo documental del sacerdote Ángel Garralda quien recopiló información sobre la persecución religiosa en Asturias durante el tiempo breve que la Segunda República ocupó la zona.

Genaro Fueyo Castañón, sacerdote diocesano
Nació en el barrio de Linares, del puerto de Pajares el 23 de enero de 1864 siendo hijo de Ramón Fueyo Barros e Isabel Castañón Díaz. Junto con él fue criado junto a cinco hermanos, entre ellos uno que falleció siendo monje del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia). En el año de 1851 el obispo Ignacio Díaz Caneja erigió un seminario adecuado a las necesidades de la diócesis, en el convento de Santo Domingo de Oviedo; como resultado hubo un gran florecimiento vocacional y en 1862 se levanta el Seminario Menor de Valdediós. Genaro fue estudiante del seminario y fue ordenado sacerdote junto con noventa alumnos más en el año 1892. Al año siguiente fue nombrado párroco de Congostinas donde residió hasta 1899. El año anterior el puesto de párroco de la comunidad de Nembra quedó vacante, y el pueblo estaba habitado por 171 familias, aproximadamente 800 habitantes. En 1899 el cabildo de la Catedral de Oviedo nombra al padre Genaro para la parroquia de Santiago de Nembra, puesto en el que estaba al momento de su brutal martirio.

La gente decía de él como un sacerdote amable, de apariencia seria pero con un buen sentido de humor, además de que era desprendido de las cosas materiales y todo lo daba a los necesitados, era un sacerdote ejemplar y devoto. Ayudaba a las familias que sufrían necesidad en busca de trabajo y convirtió su curato en un semillero de vocaciones religiosas con 100 jóvenes que optaron por la vida religiosa. Promovió fuertemente la Adoración Nocturna, siendo fruto de ello los tres seglares que serían martirizados junto con él y en la Sala Parroquial se promovió una escuela para los hijos del Sindicato Católico.

Durante la Revolución de Asturias en 1934, fueron asesinados treinta y un religiosos y sacerdotes así como siete seminaristas (de los que en su debido momento hablaré), y tuvo que esconderse debido al aviso de unas mujeres de la parroquia en la que informaban de la llegada de los milicianos. Se refugió en Murias con su hermano Cesáreo y al terminar la revuelta tuvo que hacer una declaración ante el obispado el 27 de noviembre de ese año sobre sus datos personales y su fecha de ordenación, ya que el archivo diocesano fue quemado durante el saqueo de la Catedral y otros edificios religiosos.

Al estallar la Guerra Civil Española, Asturias quedó brevemente bajo el control de la II República, pero separada del resto del territorio dominado por el Ejército Republicano, aunque escaso un año duró la Campaña de Asturias, la persecución ejercida por los milicianos contra el clero fue despiadada. El padre Genaro no encontró motivos para huir, no había hecho daño a nadie ni había delatado a nadie, siendo detenido y encarcelado hasta el 20 de octubre donde sufrirá un cruel martirio que narraremos a continuación.

Beato Isidro Fernández Cordero

Beato Isidro Fernández Cordero

Isidro Fernández Cordero, laico, tesorero del Sindicato Católico Minero y Adorador Nocturno
Nacido en Murias fruto del matrimonio entre Buenaventura Fernández y Florentina Cordero, tenía 42 años cuando sufrió martirio por odio a la fe. Contrajo matrimonio en 1922 con Celsa García, cuando contaba con 28 años y ella 25. Tuvieron siete hijos, de los cuales tres se ordenaron sacerdotes. Trabajaba en un comercio mixto (con bar incluido) pero para poder solventar los gastos de la familia tuvo que pedir trabajo como minero en la Hullera Española.

El 24 de julio de 1936 se presentaron en su casa cuatro milicianos, a la hora de la cena y notificaron a Isidro que debía presentarse al Comité. Fue acusado de “ser un rezador” y fue encarcelado en la Sala de Guardia de la Adoración Nocturna, de la cual él ha sido tesorero. Fue liberado de manera provisional, pero fueron continuamente hostigados, tanto él como sus compañeros de prisión de presentarse al Comité, con amenazas de comprometer a su familia ante su negativa. A primeros de agosto volvieron a abrir la cárcel y a detener a los que creían opositores a los intereses revolucionarios de las milicias.

Para esconderse Isidro se fue a una cabaña al monte La Brañella, pero su hermana le insistió que huyera; a lo que él respondió: “Si no me presento, se vengarán con mi familia. Siempre nos han acusado de ser unos carcas y unos rezadores, por lo que se ve el único delito del que nos acusan es de ser católicos, y esto es un honor para nosotros. Delitos no tenemos ninguno, por lo tanto, nada nos pueden hacer, y de esta manera salvamos a nuestra familia de las molestias o escarnios que quisieran hacer. Dios sabe por qué nos tiene aquí y en sus manos estamos; si Él lo permite, por algo será”. Al entregarse, estuvo preso dos meses y diez días, rezando continuamente el rosario y a veces recibiendo visita de sus familiares.

Beato Segundo Alonso González

Beato Segundo Alonso González

Segundo Alonso González, laico y presidente de la Adoración Nocturna
Nació en Cabo, perteneciente a la parroquia de Nembra el 13 de mayo de 1888, siendo el quinto de seis hijos de un matrimonio compuesto por entre Manuel Alonso e Isabel González. Tres de sus hermanos fueron religiosos y él se casó a la edad de 23 años con María Lobo Alonso el 21 de octubre de 1911. Justo cuando cumplía sus bodas de plata matrimoniales fue martirizado junto con su párroco en la misma parroquia. Tuvieron la pareja doce hijos de los cuales sobrevivieron siete y la última, María, falleció al nacer junto con su madre en 1926, y aunque comenzó a trabajar en una finca, se vio en la necesidad de pedir empleo en la Hullera Española. Siendo profundamente religioso, fue mayordomo en una capilla dedicada a Santo Domingo de Guzmán, y fue presidente de la Adoración Nocturna, así como del Sindicato Católico de Mineros y de la Cofradía del Santo Rosario.

Cuando comenzó la Guerra Civil, le incitaron a huir a León, pero él se negó, al detenerle le preguntaron por las “armas” y las imágenes y las personas comprometidas, pues creían los milicianos que habían detenido a alguien importante. Durante los días de julio que estuvo preso lo torturaron y lo sometieron a malos tratos, pero a finales del mes fue puesto en libertad.

La libertad duró poco ya que el 11 de agosto de 1936 fue detenido y fue conducido a la cárcel en medio de burlas soeces y en las noches fue de nuevo torturado, según testigos supervivientes, mientras más lo molían a palizas, Segundo rezaba con más fervor.

Beato Antonio González Alonso.

Beato Antonio González Alonso.

Antonio González Alonso, laico y Tarsicio de Adoración Nocturna
Nació el 11 de abril de 1912 siendo hijo de Severino González y Josefa Alonso, siendo el octavo de sus hermanos, y desde joven asistía a la escuela que tenían los padres dominicos en Mejorada (Valladolid); su familia vivía de la labranza y del cuidado del ganado vacuno. Su padre pertenecía a la Adoración Nocturna, impulsada fervientemente por el Padre Genaro y él cursó hasta 1927 Humanidades con muy buenos resultados, ingresando como postulante. Anhelando ser fraile de la Orden de los Predicadores ingresó en el convento de Santo Tomás en Ávila, pero enfermó de tuberculosis y tuvo que ser devuelto a casa. Por consejo de los médicos y los padres dominicos decidió que su vocación no era la religiosa. Asistía a misa diariamente y auxiliaba como monaguillo, también pertenecía a los Tarsicios de la Adoración Nocturna, en 1935 decidió estudiar Magisterio en la Escuela Normal de Oviedo pero solo alcanzó a estudiar el primer curso.

El 20 de julio de 1936, él y su hermano Cristóbal fueron hechos prisioneros, tras negarse terminantemente a blasfemar y a destruir los objetos religiosos aún bajo amenaza de muerte. Su martirio lo narraremos ahora, antes de pasar al martirio del párroco y de sus compañeros.

Martirio
A Antonio González lo sacaron del encierro el 11 de septiembre de 1936 y lo llevaron en coche hasta Moreda, sus últimas horas las pasó junto con su hermano llegando a decirle: “Yo tengo una ocasión para dar mi vida a Dios en calidad de mártir; no quisiera desaprovechar esta gracia, pero tú haz lo posible para seguir viviendo y atender a nuestros padres. Yo desde el cielo pienso pedir mucho por la familia”. En el trayecto pasó por delante de su casa donde su madre estaba sentada en la puerta, donde alcanzó a gritar en voz alta: “¡Adiós Madre, hasta el cielo!”. Fue llevado al Puerto de San Emiliano, entre Mieres y Sama, donde por negarse a blasfemar, según indicó el chofer del coche en que fue llevado al lugar del martirio, le mutilaron la lengua. Al no escuchar ni un solo disparo, se cree que como las víctimas de anteriores días, fue asesinado a palos y despeñado a la mina. Sus restos nunca fueron encontrados.

Parroquia de Nembra (España) a la cual pertenecían los mártires.

Parroquia de Nembra (España) a la cual pertenecían los mártires.

La noche del 20 de octubre, Don Genaro Fueyo que para ese entonces contaba con 72 años es llevado al interior de la Parroquia de Nembra, donde junto con sus verdugos se encontraban ya Isidro y Segundo. Los milicianos que eran siete forasteros y siete pertenecientes a Nembra, entre ellos cinco mujeres les dan a escoger el lugar de sepultura y el orden en que van a ser asesinados.

El párroco escoge ser el último para alentar a sus compañeros, mientras que los dos seglares cavan la tumba de él junto al altar donde celebraba la misa, después de cavar sus propias tumbas los milicianos les apuñalan como si fueran a matar cerdos y los descuartizan, los dejan desangrarse mientras las mujeres recogían la sangre, según decían “para hacer morcillas para los carcas”. Don Genaro mantenía el semblante sereno y no habló más que para absolver y ayudarlos a bien morir. Por acto siguiente, al anciano sacerdote lo apalearon y lo escarnecieron y cuando tendieron a desangrarle les reprochó diciendo que no podía creer que sus propios feligreses estuvieran haciendo lo que acababa de ver pero que pediría a Dios por ellos. Lo irónico del relato martirial es que los mismos asesinos todos ellos habían sido bautizados por el presbítero mártir y algunos recibido la Sagrada Comunión de sus manos. Fueron sepultados en las fosas cavadas para tal efecto, tras la conquista de la zona sus restos fueron exhumados hallándose incorruptos.

Beatificación de los mártires de Nembra en Oviedo, España.

Beatificación de los mártires de Nembra en Oviedo, España.

Beatificación
Como comentaba en un principio, su testimonio de fe hubiera quedado olvidado tras la guerra de no ser por el trabajo del sacerdote jesuita Ángel Garralda, quien recogió y recopiló información sobre cada uno de ellos y contribuyó a la causa de beatificación. El 21 de enero el papa Francisco aprobó el decreto de martirio de los siervos de Dios, y como había comentado anteriormente fueron beatificados en la catedral de Oviedo el día 8 de octubre de 2016 en representación del papa por el cardenal Angelo Amato.

René

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Enlaces consultados (16/10/16)
– www.iglesiadeasturias.org/home/presentacion/279-beatos-nembra/2284-un-testimonio-de-fe-y-de-perdon
– https://gloria.tv/article/aEXEerUr4hpF2jRAPU9V3dyyk
– es.catholic.net/op/articulos/61932/genaro-fueyo-castan-y-compaeros-venerables.html

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Contestando a algunas breves preguntas (XXXVII)

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Convento de Santa Juana en Cubas de la Sagra, España.

Convento de Santa Juana en Cubas de la Sagra, España.

Pregunta: Me gustaría saber si tenéis información sobre las monjas que creo fueron martirizadas en el convento de Santa María de la Cruz, en Cubas de la Sagra (Madrid), conocido también como el convento de Santa Juana. Conozco la cripta y el túnel que sale de esta y que sirvió de escape durante la guerra civil, pero no tengo más información que la pintura de las siete mártires que se encuentra en la cúpula de la capilla.

Respuesta: Las Clarisas del monasterio de Santa María de la Cruz en Cubas de la Sagra, al comienzo de la Guerra Civil, fueron expulsadas y buscaron refugio en casas particulares hasta que fueron detenidas por los milicianos republicanos. Ellos las fusilaron en un lugar desconocido el día 28 de octubre de 1936. Sus restos mortales no han sido encontrados.

Estos son los nombres de las mártires y sus fechas de nacimiento:
Sor Francisca Saldías (Sarasate, Navarra, 1877)
Sor Isabel Valenciano (Ágreda, Soria, 1890)
Sor Rosa Domínguez (Borja, Zaragoza, 1887)
Sor Ángeles Aguarón (Borja, Zaragoza, 1893)
Sor Rosario Domínguez (Sos, Zaragoza, 1900)
Sor Adelaida Marcos (Tarazona, Zaragoza, 1889)
Sor Crescencia Manzanal (Valtierra, Burgos, 1901)
Sor María Luisa Fernández (Madrid, 1866)

Pregunta: Os ruego me informéis si es cierto que se ha reabierto el proceso de los tres mártires trinitarios de Argel, que aunque se inició hace casi cuatro siglos, estaba paralizado. También os agradecería me facilitéis alguna información sobre ellos.

Estampa de los tres mártires trinitarios de Argel.

Estampa de los tres mártires trinitarios de Argel.

Respuesta: Bueno, pues te responderemos brevemente. Si que es cierto que el proceso de los frailes trinitarios Bernardo de Monroy, Juan del Águila y Juan de Palacios, conocidos como los mártires de Argel en el siglo XVI, se ha reabierto concretamente el día 14 del pasado mes de septiembre. Estos tres trinitarios fueron martirizados en las mazmorras de aquella ciudad africana, en la cual estaban realizando su misión evangelizadora de redención de cautivos.

Fray Bernardo de Monroy era natural de Carrión de Calatrava (Ciudad Real), localidad donde había nacido en el año 1559. Fray Juan del Águila era abulense, nacido en el año 1563 y Fray Juan de Palacios era nativo de la localidad vizcaína de Villanueva de Presa, en la que nació en el año 1560. Los tres pertenecían a la Provincia de Castilla de la Orden Trinitaria y los tres fueron enviados a Argel, donde consiguieron liberar a más de cien cautivos. Pero cuando iban a embarcarse de vueltas a España fueron detenidos los tres y todas las personas a las que habían liberado, como represalia porque en Calvi (Francia) habían bautizado a una niña argelina. Aunque el rey de España realizó numerosas gestiones ante el sultán otomano, estas fueron en vano. Quedaron en Argel y ellos continuaron atendiendo a los cristianos cautivos, algunos de los cuales consiguieron liberar.

En el año 1612 fundaron el primer hospital africano y con la ayuda de San Simón de Rojas, que desde España les enviaba todo lo que podía, siguieron rescatando cautivos, enviándolos a la península ibérica. Aunque su labor consistía en la práctica de la caridad cristiana, fueron maltratados hasta el extremo por los musulmanes argelinos. Fray Juan del Águila murió como consecuencia de estos maltratos el 5 de junio del 1613; el 20 de septiembre de 1616, por las mismas causas, murió también Fray Juan de Palacios y el 31 de julio de 1622, murió Fray Bernardo de Monroy, el cual estuvo encerrado en una mazmorra con el agua hasta el cuello por espacio de cinco años. El cuerpo de este último consiguió ser evacuado a España y actualmente se encuentra en el convento trinitario de Andújar.

Fue San Simón de Rojas el que inició el proceso en el año 1623, en el que testificaron numerosas personas liberadas por los tres mártires. Tres años más tarde, toda la documentación conseguida se envió a Roma, pero como en la iglesia madrileña de la Trinidad se puso un cuadro de los tres mártires, Roma decidió que este acto contravenía más normas dictadas por el Papa Urbano VII y paralizó el proceso. Cuatro siglos ha estado paralizado pero como el Papa San Juan Pablo II simplificó bastante la normativa, se ha solicitado la reapertura, la cual fue aceptada por el arzobispo de Toledo. La documentación recopilada era monumental, lo que da una idea de lo importante que fue esta Causa para la Orden Trinitaria. Así que, como te dije al principio, la Causa ha sido reabierta.

El Papa Francisco en Lampedusa, Italia.

El Papa Francisco en Lampedusa, Italia.

Pregunta: ¿Es verdad que el Papa Francisco ha realizado dos milagros? Gracias desde México.

Respuesta: ¡Ya estamos! ¿Por qué no lo dejaremos tranquilo y nos dedicamos a rezar por él, que es lo que la Iglesia necesita? Se por donde va tu pregunta porque yo he oído no solo dos, sino cuatro y, aunque este no es un tema de mi devoción, voy a intentar contestarte.

El primero se refiere a la curación de una niña norteamericana llamada Ave, que había nacido con el síndrome de Down, con problemas de visión y audición y con dos huecos en el corazón. Su familia la llevó a Roma para que viera al Papa en una de sus audiencias. Allí, el padre de la niña la entregó a los servicios de seguridad papal, quienes la llevaron al papamóvil para que Francisco la besara. El Papa le preguntó al padre de la niña cual era su nombre y cuantos meses tenía y fue entonces cuando éste le contó lo del problema del corazón. Cuando terminaron su visita a Roma, los padres y la niña regresaron a Arizona y allí llevaron a la pequeña al cardiólogo para que le realizase una revisión de rutina. Fue entonces cuando el médico comprobó que había desaparecido el problema cardíaco, ya que uno de los huecos se había cerrado y el otro estaba a punto de cerrarse. Enseguida los padres hicieron correr la voz de que se trataba de un milagro del Papa, del que se hizo eco casi la totalidad de la prensa norteamericana.

Y el segundo que te cuento es lo que pasó en el mes de marzo del año pasado cuando el Papa Francisco besó la reliquia de la sangre coagulada de San Jenaro y esta se licuó de manera inesperada. Tu sabes que la sangre del santo se licua en alguna fecha del año (de esto ya hemos escrito en este blog), pero ante un Papa y fuera de esa fecha, no ocurría desde el año 1848, ni siquiera cuando estuvieron en Nápoles para venerarla los dos papas anteriores, o sea, San Juan Pablo II y Benedicto XVI. También en este caso, sobre todo en Italia, se empezó a hablar de milagro.

Procesión en Nájera (La Rioja) de las reliquias de los Santos Juan, Ciro y Antígono, mártires de las catacumbas.

Procesión en Nájera (La Rioja) de las reliquias de los Santos Juan, Ciro y Antígono, mártires de las catacumbas.

Pregunta: ¿Es verdad que las reliquias de los santos patronos de Nájera son las de los santos Juan y Ciro de Alejandría?

Respuesta: No. Las reliquias de los santos Juan y Ciro de Alejandría están mayoritariamente en Nápoles.

Tú sabes que los patronos de la localidad riojana de Nájera son los santos mártires Juan, Ciro y Antígono, pero estos tres santos, cuyas reliquias se conservan en tres arcas de madera, son mártires procedentes de las catacumbas romanas de San Calixto, de las que fueron extraídas en el siglo XVII tal y como lo certifican las “auténticas” existentes en estas tres arcas. Cuando estas reliquias vinieron a España, fueron depositadas en el convento logroñés de la Madre de Dios y desde allí, posteriormente, fueron llevadas a la iglesia de la Santa Cruz de Nájera, donde se custodian en la capilla de San Prudencio.

Pregunta: Muchas gracias por esta página de la que soy un asiduo visitante. Yo tengo un hermano gemelo y ambos estamos muy delgados. El otro día, un sacerdote amigo nos dijo que teníamos a dos santos patronos: San Gemelo y San Flaco y nos quedamos de piedra. ¿Es cierto que existen estos dos santos o es guasa?

Respuesta: Ja,ja,ja. Suena a cachondeo y nunca se me había ocurrido este tema, pero revisado el santoral tengo que decirte que es cierto o “casi cierto”, porque existe San Gemello (o Gemelo) y San Flaco. Vamos a ver algo sobre cada uno de ellos.

Detalle del martirio de San Gemelo de Ancira. Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Detalle del martirio de San Gemelo de Ancira. Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

San Gemelo (Gemello) de Ancira, mártir
Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el día 10 de diciembre, aunque lo que dicen parece ser nada más que un resumen de una “passio” que se ha perdido y no ha llegado a nuestros días. Por lo tanto, es imposible reconstruir brevemente su vida sobre la base de un texto que se limita a decir que Gemello fue arrestado en Ancira de Galacia en tiempos del emperador Julián el Apóstata y que después de una larga serie de tormentos (astillas en los dedos, latigazos, quemaduras con hierro al rojo vivo, etc.), fue crucificado en Edessa. Pero en este relato hay algo que no cuadra, porque un viaje de Julián hasta Edessa está lejos de ser cierto, de ser algo históricamente probado, ya que esa ciudad no se encontraba en el camino que en el año 362 llevó al emperador hasta Antioquía.

Hay testimonios muy fiables de culto a San Gemelo desde muy antiguo, ya que el autor de la “passio” de San Teodoro Siceota (passio que está muy bien documentada), dice que en la ciudad de Siceos – también en Galazia -, existía en el año 613 un templo dedicado a su memoria. San Gemello no fue mencionado en los martirologios medievales occidentales y fue Baronio el que tomando la anotación del Menologio de Sirleto, lo introdujo en el Martirologio Romano el día 10 de diciembre. Luego, San Gemelo es un santo real, histórico.

San Flaco, sacerdote de Le Mans
De este otro no podemos decir lo mismo. Unas tradiciones que son posteriores al año 1693 y que no tienen autoridad histórica alguna, dicen que San Flaco era un sacerdote que había vivido en Le Mans entre los años 673 al 679, que era el confesor de las monjas de la abadía de Santa Escolástica y rector de un hospital para indigentes, cuya fiesta se celebraba el día 17 de septiembre.

Sin embargo, en los siglos precedentes al XVII, los documentos litúrgicos de aquella región, o sea, desde el siglo XII hasta el 1693, a quién recuerdan ese día 17 de septiembre es a San Flocello y en Le Mans lo que existía era una capilla dedicada a San Flocello y no a San Flaco; esta capilla llegó a convertirse en parroquia pero fue destruida en el año 1576. Quiero decir con esto, que muy probablemente, San Flaco no es más que un desdoblamiento de San Flocello, vamos, que no existió.

Antonio Barrero

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Beatas María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferrís, mártires cistercienses

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Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Ayer, nuestro compañero Antonio nos presentó la historia del Beato Pío Heredia Zubía y sus dieciocho compañeros, mártires cistercienses, recién beatificados. Entre los mismos había dos religiosas, las únicas mujeres del grupo, de las cuales esta servidora hablará hoy para hacerles un homenaje, no sólo en tanto que mujeres mártires, sino también en tanto que naturales de su ciudad natal, Algemesí, y por tanto, paisanas de esta que os escribe.

Necesariamente el artículo habrá de ser corto para no explayarse en demasiados detalles, quien desee ampliar la información al respecto, recomiendo la consulta de la bibliografía remitida al final del artículo y en particular, la visita al excelente blog Algemesí en la memoria, también citado, para ampliar con datos y fotografías más concretas.

Beata María Micaela Baldoví Trull
Como decíamos, nació en Algemesí (Valencia, España) el 28 de abril del año 1869, por lo que contaba con 67 años de edad en el momento de su martirio. Su nombre civil fue María de la Salud Baldoví Trull, hija de Juan Bautista y Joaquina, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime y confirmada en 1879. Aunque de niña no fue a centros educativos, ni tampoco estudió en su juventud, poseía una gran capacidad intelectual que ella misma se encargó de cultivar y ampliar, destacando ante todo en su autodominio.

Fotografía de la Beata Micaela.

Fotografía de la Beata Micaela.

Ingresó en la Orden cisterciense en 1892, en el monasterio de Gratia Dei en La Zaydía, Valencia, haciendo sus votos solemnes un año después, con 24 años de edad. Desempeñó las tareas de tornera, ropera y mayordoma; y finalmente, siendo muy fiel a las observaciones monásticas de la Orden, fue elegida como abadesa de La Zaydía desde 1917 a 1921. Años después, queriendo extender el Císter, fundó en su ciudad natal, Algemesí, un nuevo monasterio, Fons Salutis, al cual se trasladó el 30 de octubre del año 1927 con otras seis monjas, comunidad de la que fue la primera abadesa.

Sin embargo, al estallar la Guerra Civil en 1936, la comunidad se vio obligada a retirarse del monasterio. Esto ocurrió el 21 de julio, de modo que en la madrugada del día 22, tras oír misa y consumir todas las formas del sagrario, la comunidad abandonó el monasterio y la madre Micaela se fue a vivir con sus hermanos, Juan Bautista y Encarnación. Por desgracia, a los cuatro meses, el 16 de octubre las dos hermanas fueron detenidas y encarceladas precisamente en Fons Salutis, el mismo monasterio que ella había fundado y que ahora era usado como cárcel. Incluso le dieron como calabozo la misma celda que había ocupado como abadesa.

Los diversos interrogatorios a los que fue sometida durante su encierro le causaron un gran sufrimiento, pues fueron muy duros con ella. Pero, no abstrayéndose en sí misma, se dedicaba a consolar y a animar a las demás religiosas prisioneras, oraba sin cesar y se la veía besar las paredes de su celda, como santificando su propia prisión. De esta actitud valiente y ejemplar nos quedan diversos testimonios de gente que coincidió con ella:

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

“Yo fui detenida y llevada al convento de Fons Salutis, convertido en prisión, creo que el 26 de octubre de 1936, y me encerraron en la celda que habían ocupado María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas, que las mataron el día anterior. Una vez en la celda, la Madre Micaela, que estaba en la de al lado, me llamó golpeando el tabique y preguntándome quién era y qué ocurría en la calle. Luego, un carcelero llamado Pedro Fernández abrió las celdas y hablé con ella, la cual se mostraba muy animosa y valiente y me dijo: “¡Quién me iba a decir que este convento que yo fundé iba a ser mi prisión, ocupando la misma celda de abadesa y de presa!”; y añadió que, cuando llegara el momento de la muerte, debíamos gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, y las demás contestar: “¡Viva!”. Este fue el tema de la conversación durante los días que convivimos juntas en la prisión, mostrándose siempre muy animosa”. (Josefa Giner Botella, detenida)

“Yo estaba ocupando el cargo de jefe del Cuerpo de Guardia, que vigilaba el monasterio-cárcel, donde estaba detenida M. Micaela. Cuantas veces fui a abrir la celda en que ella se encontraba, la vi encogida, pero sin perder el ánimo, más bien estaba como muy recogida interiormente. Algunas veces arrodillada y otras rezando”. (Pedro Fernández López, carcelero)

Fotografía de la Beata Natividad.

Fotografía de la Beata Natividad.

Finalmente, el 9 de noviembre de 1936, en torno a las nueve de la noche, la fusilaron a ella y a su hermana Encarnación en la carretera de Benifaió, en el término municipal de Almussafes. Parece que Encarnación murió al instante, pero la madre Micaela quedó con vida y agonizó durante toda la noche, hasta que, al amanecer, la remataron machacándole la cabeza. Sus restos, enterrados en el cementerio de Benifaió, fueron posteriormente trasladados a Algemesí e inhumados en el mismo Fons Salutis, en 1974.

Al terminar la guerra, tras una larga investigación, sus cuerpos fueron hallados, exhumados y recuperados. Con gran horror, encontraron las dos cabezas separadas del resto del cuerpo, con lo que se cree que fueron decapitadas, probablemente post-mortem.

Beata María de la Natividad Medes Ferrís
Al igual que la madre Micaela, Úrsula Medes Ferrís -tal era su nombre civil- nació en Algemesí, el 18 de diciembre de 1880 -por lo que tenía 56 años en el momento de su martirio-, hija de José y Vicenta María, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime al día siguiente y confirmada el 1 de agosto de 1891. Ingresó en la Orden del Císter en el monasterio de La Zaydía de Valencia, el 6 de octubre de 1915, profesando al año siguiente. Nacida en una familia numerosa, con dos hermanos carmelitas descalzos -Ernesto, sacerdote, y Vicente, religioso no clérigo-, ella destacó por ser una religiosa sencilla, de carácter afable, que se incorporó al monasterio de Fons Salutis de Algemesí cuando éste fue fundado en 1927.

Cuando por la guerra hubo de abandonarlo, marchó a refugiarse a su casa natal, propiedad de su hermano José, labrador, donde también se alojaron sus dos hermanos religiosos, Ernesto y Vicente. Allí pasaron unos meses, compaginando la vida cristiana y trabajando en el campo. Pero pronto fueron denunciados al comité revolucionario local, se cree que por parte de una vecina suya, vendedora ambulante de prensa, que precisamente pertenecía a la célula comunista de Algemesí.

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

El caso es que al atardecer del día 11 de noviembre se presentaron allí unos enviados del comité local, exigiendo a la esposa de José, una mujer llamada Purificación Esteve Martínez, que entregara a las personas que tenía escondidas, y la amenazaron muy gravemente si no lo hacía. Después de un inútil forcejeo, tuvieron que entregarse los tres, siendo sor Natividad conducida al mismo Fons Salutis, que ahora iba a ser su cárcel. Sus dos hermanos fueron en cambio recluidos en el convento de las Bernardas de la Villa, que también se usaba de prisión.

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La estancia duró poco: el mismo día de su detención fue juzgada y condenada a muerte. A las once de la noche, la metieron en un coche con su hermano Ernesto, mientras que Vicente y José ocupaban otros dos coches respectivamente. Marcharon a la carretera de Alcúdia a Carlet y, a la altura del término de Alcúdia, a unos 8 kilómetros de Algemesí, mataron a los cuatro hermanos, siendo en torno a la madrugada del 12 de noviembre de 1936. Un testigo ocular afirma que el padre Ernesto, en nombre de sus hermanos, habló así a los asesinos, que los habían hecho avanzar atados y a golpes de culata: “Sabemos que nos vais a matar, pero moriremos con gusto por la religión y por España. ¡Viva Cristo Rey!”. Los asesinaron mediante tiros en la nuca. Más tarde, los cadáveres aparecieron con las manos atadas: Vicente con las manos sobre la cabeza, Ernesto y José atados, y el de sor Natividad estaba partido en tres pedazos. Esto se explica, según su biografía, porque su cadáver “cayó en medio de la carretera, y no se dignaron apartarla, por lo que habiendo pasado un camión, la cortó en varios pedazos”.

Terminada la guerra, la viuda de José, Purificación, exhumó los restos de su marido y los tres hermanos y los enterró en el cementerio de Algemesí. En 1940 los dos carmelitas descalzos fueron llevados al panteón de los Mártires de la comunidad carmelita del desierto de las Palmas.

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Beatificación
El proceso de declaración de martirio y beatificación de la madre Micaela y sor Natividad se inició en Valencia en 1962 por parte de la Orden Cisterciense, y, como sabemos, fueron beatificadas finalmente en el día de ayer, después que se unificara su causa con la del Beato Pío Heredia Zubía el 2 de marzo de 2001. Los dos hermanos carmelitas también fueron incluidos en la causa de 34 mártires carmelitas descalzos de la provincia de Aragón y Valencia. Finalmente, el hermano seglar, José Medes Ferrís, fue beatificado el 21 de marzo de 2001 por el papa San Juan Pablo II dentro de un numeroso grupo de mártires valencianos, como seglar de Acción Católica.

Actualmente, las dos mártires estaban sepultadas en el mismo monasterio que fundaron, donde vivieron y estuvieron prisioneras; aunque lleva largo tiempo cerrado por falta de vocaciones, habiendo sido trasladadas las restantes monjas, pocas y muy ancianas, a otro lugar. En principio se pensaba reaprovechar el edificio para instalar allí el colegio diocesano de María Auxiliadora, aunque hasta el día de hoy dicho traslado no se ha efectuado y el monasterio sigue cerrado, con el sepulcro de las dos nuevas Beatas dentro. Quizá, con motivo de la beatificación, se realicen algunas nuevas gestiones al respecto.

Meldelen

Bibliografía:
Las monjas mártires de Fons Salutis, opúsculo publicado por el monasterio de Santa María de Viaceli.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2007, pp. 472-475.

Enlace consultado (03/10/2015):
– http://algemesienlamemoria.blogspot.com.es/2015/02/martires-de-fons-salutis.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Pío Heredia Zubía y dieciocho compañeros mártires

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Icono de los Beatos.

Icono de los Beatos.

Todos ellos eran monjes del monasterio cisterciense de “Santa María de Viaceli”, situado en el municipio cántabro de Cóbreces y dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, situado en Algemesí (Valencia), los cuales fueron martirizados en el año 1936.

Los sesenta monjes de esta comunidad de Viaceli, perseguida y ultrajada, eran casi todos jóvenes que estaban en período de formación; todos quedaron a merced de las arbitrariedades del comité local del Frente Popular, quienes creyendo que los monjes guardaban armas y dinero en el monasterio, registraron el mismo y cachearon a los monjes en diversas ocasiones. En ese ambiente, en el que incluso les prohibieron las celebraciones litúrgicas, a partir del 23 de agosto, el padre abad puso a salvo a cuantos monjes y estudiantes les fue posible.

La tarde del 8 de septiembre de 1936 fueron registrados y arrestados los treinta y ocho monjes que quedaban en la comunidad y aunque quisieron fusilarlos de manera inmediata en las costas del Mar Cantábrico, se libraron gracias a la intervención de un capitán de carabineros, por lo que los llevaron prisioneros al colegio de los salesianos de la calle Viñas, que habían convertido en cárcel. Algunos miembros de la comunidad permanecieron detenidos en el propio monasterio, pero en la carretera que va desde Santander a Oviedo, el día 21 de septiembre, fusilaron a los padres Eugenio García Pampliega y Vicente Pastor Garrido, cuyos cadáveres dejaron abandonados en la cuneta. Fueron sepultados en una aldea llamada Rumoroso, perteneciente al municipio cántabro de Renedo de Piélagos y el 16 de junio de 1940 fueron exhumados y trasladados al claustro del monasterio.

Mártires de Viaceli en 1936.

Mártires de Viaceli en 1936.

Los que fueron encarcelados en Santander, de manera discreta, siguieron llevando vida comunitaria y gracias a la mediación de don Ángel Aldasoro que se ofreció como fiador de los monjes, fueron liberados escondiéndose en algunas casas, pero el día 1 de diciembre, el prior del monasterio, padre Pío Heredia Zubía y otros doce monjes fueron nuevamente detenidos, encarcelados y violentamente maltratados. Con especial ensañamiento trataron al padre prior, insultándolo y dándoles terribles palizas a fin de que denunciara a las personas que les habían ayudado, aunque él no se achicaba y continuamente repetía al comisario que lo interrogaba y maltrataba: “Hijo, usted puede matarme, pero tiene que saber que mi vida pertenece a Dios” y constantemente alentaba a sus compañeros diciéndoles: “Preparaos para morir por Cristo”. Absolutamente todos permanecieron tranquilos y seremos de ánimos aunque tenían la completa certeza de que iban a ser asesinados por el mero hecho de ser monjes cistercienses. Aceptaron morir por la fe y de manera fehaciente, manifestaron en numerosas ocasiones a sus verdugos que les perdonaban.

El día 3 de diciembre de 1936, a primeras horas de alba, sacaron de la cárcel a siete religiosos con las manos atadas a la espalda y los llevaron al acantilado donde se encontraba el faro desde donde fueron arrojados contra las rocas y el mar. Personas que estuvieron presentes en esta escena y que con posterioridad dieron testimonio, han manifestado que todos afrontaron el martirio con una gran serenidad y dignidad. Estos mártires eran: el padre prior, Pío Heredia Zubía (que tenía sesenta y un años de edad), el sacerdote Amadeo García Rodríguez (de treinta y un años), el sacerdote Valeriano Rodríguez García (de treinta años), el sacerdote Juan Bautista Ferrís Llopis (de treinta y un años), el estudiante profeso simple Álvaro González López (de veintiún años), el novicio Marcelino Martín Rubio (de veintitrés años) y el oblato postulante Antonio Delgado González (de veintiún años).

Padre Pío Heredia.

Padre Pío Heredia.

Al día siguiente padecieron el mismo martirio otros cinco miembros de esta comunidad: el hermano lego de votos perpetuos Eustaquio García Chicote (de cuarenta y cinco años de edad y que era el vice-maestro de los hermanos legos), el hermano lego Ángel de la Vega González (de sesenta y ocho años), el hermano lego profeso simple Ezequiel Álvaro de la Fuente (de diecinueve años), el hermano lego profeso simple Eulogio Álvarez López (de veinte años) y el novicio Bienvenido Mata Ubierna (de veintiocho años).

Como en aquellos días se encontraba en Santander el deán de la catedral de Canterbury, parece que los milicianos evitaban utilizar el Faro de Cabo Mayor como lugar de suplicio y por eso, según la declaración de algunos testigos, los sacaron en barcazas a altamar, donde difícilmente los pudieran ver y allí los tiraron a las aguas del Cantábrico. De hecho, varios días después, el mar devolvió a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se cree que eran de los monjes. Don Carlos Iruretagoyena escribió: “Unos días después del 3 de diciembre, parece que el mar arrojó a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se supone fueran de los religiosos cistercienses, porque eran bastantes. Tres de los cadáveres tenían los brazos atados a la espalda y otros, algún trozo de cuerda todavía en sus muñecas y uno tenía la boca cosida con alambres. Según la versión de algunas personas que recogieron los cadáveres, se supone que el cadáver que tenía la boca cosida era el del padre Pío”.

Con absoluta certeza no se sabe si fueron arrojados desde el Faro, ahogados en el mar o fusilados en las tapias del cementerio de Ciriego, ya que hay indicios de que pudo ser de cualquiera de esas formas; lo que se sabe con certeza es que fueron asesinados por ser monjes cistercienses. No se sabe donde fueron sepultados, aunque en la lista de los cadáveres sepultados en el cementerio de Ciriego, figuran hasta treinta y cuatro desconocidos aparecidos en diversas playas santanderinas.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

El hermano lego Leandro Gómez Gil (profeso de votos simples y de veintiún años de edad) fue encarcelado como todos los demás y cuando lo liberaron buscó refugio con otro grupo de monjes, pero fue descubierto y él no ocultó su condición de religioso. Golpeado y herido brutalmente, fue fusilado al día siguiente y sepultado en el cementerio de Santander.

El sacerdote leridense y postulante del monasterio de Viaceli, José Camí Camí (de veintiocho años) acababa de haber sido admitido en el monasterio y se preparaba para iniciar el noviciado. Fue arrestado y martirizado de manera especialmente cruel: amarrado a un coche, fue arrastrado durante trece kilómetros hasta el cruce de Torres de Segre y allí lo fusilaron. Antes de recibir el golpe de gracia, tuvo la fuerza y el valor de perdonar y bendecir a sus verdugos, los cuales les pasaron el coche varias veces por encima del cuerpo.

Otros tres monjes murieron lejos de Santander. Sus nombres son: el subdiácono Santiago Raba Ríos (de veintiséis años de edad) que fue enrolado de manera forzosa en la milicia republicana y que al declararse religioso, fue amenazado si no abjuraba de la fe y que al negarse, fue sacrificado; el estudiante de teología y profeso de votos simples Ildefonso Telmo Duarte (de veinticuatro años), que fue arrestado y destinado al batallón republicano en el frente, donde encontró la muerte a manos de un miliciano que le hizo estallar una bomba en la mano; el sacerdote Lorenzo Olmedo Arrieta (de cuarenta y ocho años), monje de Viaceli y superior del monasterio de Santa María de Huerta, que fue arrestado en la zona controlada por los milicianos, encarcelado y ultrajado, siendo martirizado en Jadraque (Guadalajara). Cuando se inició la Causa de beatificación estos tres religiosos fueron incluidos en la misma; sin embargo, durante los trabajos de preparación de la “Positio” se comprobó la escasez de pruebas y documentos y, aunque hay constancia de sus martirios, por falta de argumentos suficientes, fueron excluidos de la Causa.

Estampas de los beatos.

Estampas de los beatos.

A los monjes de la Abadía de Viaceli fueron unidas en el mismo proceso, dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, perteneciente a la misma Orden Cisterciense: las madres María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferris. Ambas eran naturales de Algemesí (Valencia) y monjas del monasterio “Fons Salutis” cuando fueron martirizadas. Las dos procedían del monasterio de La Zaydía y ambas fundaron el monasterio “Fons Salutis”.

El 22 de julio de 1936 la comunidad fue expulsada del monasterio que fue convertido en cárcel, por lo que las monjas tuvieron que buscar refugio en las casas de sus familiares. La madre Micaela se refugió en la casa de su hermana Encarnación y la madre Natividad en la casa de su hermano José, pero fue inútil porque fueron detenidas entre los días 18 y 20 de octubre. Junto con otros familiares, fueron encerradas en su propio monasterio, que había sido convertido en cárcel y allí permanecieron unos días esperando el martirio. La noche del 9 de noviembre, la madre Micaela y su hermana Encarnación fueron sacadas y fusiladas en la carretera, un kilómetro antes de llegar a Benifaió. A la madre Micaela la dejaron moribunda y así estuvo toda la noche hasta que a la mañana siguiente la remataron con un golpe en la cabeza. Fueron sepultadas en el cementerio de esa localidad, del que fueron exhumadas en el año 1974 y colocadas en el coro del monasterio “Fons Salutis”, donde actualmente se encuentran.

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En la noche del día 10, sacaron a la madre Natividad y a sus tres hermanos y todos, fueron fusilados también en la carretera de Alzira a Carlet. A la mañana siguiente, el cadáver de la madre Natividad apareció cortado en tres pedazos. La madre Natividad también está sepultada en el coro del monasterio “Fons Salutis”.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

En el año 1962, los miembros del Capítulo General de los Trapenses decidieron la incoación de la Causa de los monjes de Viaceli, se iniciaron los procesos informativo y diocesano, los cuales se vieron temporalmente interrumpidos, reiniciándose el 30 de noviembre de 1995. El “Nihil obstat” fue concedido el 13 de junio de 1996, siendo iniciada la causa el día 8 de febrero del 1997. El proceso diocesano quedó validado el 16 de junio del año 2000 y el 2 de marzo del año siguiente, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos decretaba unir esta Causa con las de las dos monjas mártires del monasterio “Fons salutis” de Algemesí, que había sido incoada en el arzobispado de Valencia en el año 1962. La “Positio” se terminó el 8 de diciembre del año 2003. El decreto reconociendo el martirio fue promulgado por el Santo Padre Francisco el día 22 de enero de este año y en el día de hoy, este grupo de diecinueve mártires cistercienses serán beatificados en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander, presidiendo la ceremonia el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Serán conmemorados anualmente el día 4 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moreno, D. P., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova editrice, Roma, 2000.
– Ruiz Carvajal, J. y De Pascual, F.R., “La Espera Liberadora”, Abadía de Viaceli, 2015.

Enlaces consultados (03/09/2015):
– www.cistercium.es
– www.monasteriocarrizo.es

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Beatas Facunda Margenat, Fidela Oller y Josefa Monrabal, religiosas mártires

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Estampa de las tres Beatas.

Estampa de las tres Beatas.

En el día de hoy, el Papa Francisco va a beatificar a tres religiosas mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939) pertenecientes al Instituto las Hermanas de San José de Girona o Hermanas Veladoras, la primera de las cuales, la hermana Facunda Margenat, que fue asesinada en solitario en Barcelona; y las otras dos, la madre Fidela Oller y la hermana Josefa Monrabal, fueron ejecutadas juntas en Valencia. Vamos a dedicarles el artículo de hoy a estas nuevas Beatas para que sean más conocidas.

Ellas tres son las únicas mártires de este Instituto de San José de Girona, que fue fundado por la Venerable María Gay i Tibau en 1870 y cuya misión era el cuidar de los enfermos en sus propias casas, a las que acudían al caer la noche y de las cuales salían para regresar al convento al amanecer, de ahí que las llamaran “les vetlladores” o “les germanes vetlladores”, es decir, las hermanas veladoras. Debido a su importante labor de cuidar por las noches a los enfermos, una tarea que desempeñaban tanto en domicilios como en hospitales, fueron muy respetadas durante la Guerra Civil, ya que todos podían apreciar su valía y aportación. Ésta fue la razón de que sólo estas tres monjas, y ninguna más, fueran víctimas de la persecución anticlerical. Vamos a hablar de ellas para conocerlas mejor.

Beata Facunda Margenat Roura
Nació en Girona en 1866, siendo la hija menor del matrimonio de Domingo y Rosa, quienes la llamaron Catalina. Pasó su infancia y juventud dedicada a las labores del hogar, pero admiraba profundamente la labor de “les Vetlladores”, por lo que decidió ingresar en este Instituto a los 18 años de edad, momento en que cambió su nombre por el de Facunda.

Fotografía de la Beata Facunda Margenat Roura.

Fotografía de la Beata Facunda Margenat Roura.

Tras dos años de noviciado, hizo su primera profesión en 1898 e inició su labor entre los enfermos de Girona. Un año después la destinaron a Palafrugell, donde estuvo hasta 1903, momento en que pasa a Malgrat del Mar, donde trabajó en el hospital y dedicó su tiempo libre a enfermos que estaban en sus domicilios, momento en que emitió sus votos perpetuos. Conoció a la entonces hermana Fidela Oller, que sería mártir como ella, en 1921, estando en Palamós, en el hospital municipal, de donde pasó a Sant Feliu de Guíxols nueve meses. En 1929 fue destinada a Barcelona, pero cayó enferma y estuvo dos años muy delicada, llegando a ingresar en la clínica del Remedio, a cargo de las Hermanas de San José. Tras recuperarse, solicitó poder cuidar de nuevo de los enfermos, por lo que la enviaron a velar a uno que vivía en calle Valencia, número 259. Y aquí le pilló la guerra.

La familia del enfermo al que cuidaba, preocupada por su seguridad, le ofreció poder quedarse con ellos y fingir que era un miembro más de la familia, para lo cual la misma dueña de la casa le facilitó sus propias ropas. Sin embargo, a pesar de estar vestida de seglar y con esta tapadera, un descuido fatal de la sirvienta doméstica iba a causar su detención y asesinato. En efecto, a esta criada, que trabajaba en el domicilio de día y volvía a casa por la noche, no se le ocurrió otra cosa que decirle a su marido: “Mira, la hermana se ha vestido de seglar y se ha quedado en la casa del enfermo”. Obviamente no lo hizo con mala intención y no pensó en el daño que aquello iba a provocar. Su marido no respondió, pero parece que fue él quien denunció a la religiosa.

Así, el día 9 de agosto de 1936, llegó un grupo de milicianos al domicilio preguntando por “una tal Facunda” a la portera, a lo cual ella replicó que no sabía que hubiese nadie de aquel nombre allí. Pero ellos ya lo sabían: “Está en tal piso”. Subieron a capturarla y la hicieron bajar a rastras, porque tenían prisa y querían llevársela rápido. La hermana Facunda, sin embargo, estaba ya muy mayor y no podía correr, por lo que aquellos hombres acabaron por empujarla y mandarla rodando escaleras abajo. La levantaron de un tirón y a rastras la metieron también en un coche, que se dirigió al tristemente famoso paraje de La Rabassada, donde tantas ejecuciones se estaban dando en aquellos días, en una curva cerrada del camino de Barcelona a Sant Cugat muy preferido por los milicianos, porque allí se amortiguaba bastante el sonido de los disparos. Y allí, sin más, pusieron fin a su vida asesinándola, aunque hay ciertas discrepancias entre la fecha exacta de su muerte, ya que en distintas fuentes consta tanto el día 9, como el 8, el 24 o incluso el 29, estableciendo su detención el día 26 y no el 9. Estaba a punto de cumplir los 70 años de edad.

Ilustración de la Beata Facunda Margenat a partir de una fotografía suya.

Ilustración de la Beata Facunda Margenat a partir de una fotografía suya.

El cadáver de la hermana Facunda fue trasladado al Hospital Clínico de Barcelona, donde estuvo tres días y, como nadie vino a reconocerla ni a reclamarla, fue arrojada a una fosa común de algún cementerio de Barcelona, de suerte que no se ha podido localizar hasta hoy y, por tanto, no se han recuperado sus restos.

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La comunidad religiosa no supo qué había ocurrido con ella, pero meses después de terminada la guerra, se presentó la sirvienta doméstica que, involuntariamente, había delatado a la mártir, en la Clínica del Remedio, llevando un fajo de ropa y afirmando que había sido de la hermana Facunda. Gracias al testimonio de esta mujer se han podido conocer los detalles de la denuncia, detención y martirio; no quedando nada más, salvo aquel hatillo de ropa, para constar el martirio de la Beata.

Beata Fidela Oller Angelats
Nacida en Banyoles, provincia de Girona, en 1869, iba a cumplir los 67 años en el momento de su ejecución, siendo la mayor de cuatro hermanos, hija de Lorenzo y Margarita, a la que llamaron Dolores. El padre regentaba una industria familiar de alfarería de tejas, ladrillos y losetas, en un ambiente familiar muy cristiano donde Dolores recibió una sólida educación religiosa, que la llevaron a él y a un hermano suyo, marista, a optar por la vida religiosa.

Tras un intento fallido, Dolores ingresó en el noviciado a los 22 años de edad, en 1892, tomando el nombre de Fidela. Estuvo de novicia dos años, emitiendo los votos temporales en 1894 y los perpetuos en 1902. Inició su apostolado en Girona pero en 1912 pasó a Malgrat, donde fue superiora hasta ser trasladada a Campodron en 1917, siendo también superiora hasta 1921, año en que fue destinada a Palamós, donde conoció a la hermana Facunda, también mártir. En 1926 fundó una comunidad en la localidad valenciana de Gandia, siendo también superiora aquí, momento en que la alcanzó la persecución.

Fotografía de la Beata Fidela Oller Angelats.

Fotografía de la Beata Fidela Oller Angelats.

Gandia fue centro revolucionario durante la guerra y ello supuso que los milicianos implantasen un auténtico reino de terror, llegando a quemar la Colegiata. A la madre Fidela, por ser superiora, le exigieron que entregara el dinero de la comunidad y las escrituras de la casa-convento, pero ella ya los había remitido a Girona. Así estuvo viviendo, en un continuo sobresalto, hasta que el 27 de agosto regresaron a por ella. Pero en ese momento no pudieron capturarla porque se había ocultado en un piso de la familia de la hermana Josefa Monrabal, su compañera de martirio como veremos, por lo que la comunidad entera fue arrestada y llevada a la sede local de la CNT.

Beata Josefa Monrabal Montaner
Nacida en Gandia en 1931 y con 35 años de edad en el momento de su muerte, es la más joven y también la única valenciana entre las tres mártires. Siendo educada muy cristianamente, la hija menor de Vicente y Clara, pasó a ser catequista de niños en su parroquia. A la muerte de su hermano Vicente, acaecida cuando tenía 17 años, supo ser una nueva madre para los hijos de la viuda, sus sobrinos. Desde muy joven sintió la vocación religiosa y deseaba ser carmelita, pero su padre no se lo permitió, alegando que sólo la tenía a ella como hija y que la quería demasiado para dejarla ir al convento. Ya se había resignado a esto cuando en 1926 llegaron las Hermanas de San José a Gandia y trabó amistad con ellas, admirada de las labores que desempeñaban. Dos años después, moría su padre de derrame cerebral y, no oponiéndose su madre a ello, Josefa ingresó en el Instituto en 1928, en el noviciado de Girona, haciendo su primera profesión en 1931.

Fue destinada a Vila-Real y finalmente, hizo la profesión perpetua en Girona en 1934, regresando posteriormente a Vila-Real a proseguir con su tarea. Aquí la pilló la guerra, y aunque en principio los milicianos les permitieron seguir ejerciendo su tarea sin símbolos religiosos externos, luego cambiaron de parecer y las expulsaron, tras lo cual prendieron fuego a la capilla, las imágenes y los ornamentos de la misma. Después de ocurrido esto, a las religiosas se les permitió regresar con sus familias, por lo cual Josefa se puso en marcha hacia Gandia, acompañada de otra religiosa.

Fotografía de la Beata Josefa Monrabal Montaner.

Fotografía de la Beata Josefa Monrabal Montaner.

En el tren se encontró, precisamente, con los que iban a ser sus asesinos. Entre ellos estaba un joven llamado Pepe, que había sido vecino suyo, amigo suyo de la infancia, y hasta trabajador en la fábrica de curtidos de piel que había regentado el padre de Josefa. Este Pepe había marchado a Barcelona a unirse a los milicianos, donde, tras cometer un atentado, se le había condenado a muerte, de la cual se libró gracias a la intercesión de los jesuitas de Gandia, siéndole condonada por cadena perpetua. Pero a inicios de la guerra había sido puesto en libertad y en ese momento regresaba a Gandia con unos milicianos, para cruzarse fatídicamente con la madre Fidela y la hermana Josefa, a quienes asesinó.

Martirio de las dos Beatas
Cuando la hermana Josefa llegó a Gandia se refugió, con su madre, en casa de un hermano suyo llamado Andrés, y fue luego a visitar a la comunidad de su Instituto, a las que encontró muy alteradas. Viendo el peligro que corría la madre Fidela, continuamente molestada por los milicianos, le ofreció refugiarse con ella, cosa que acabó aceptando ante el consejo de las demás monjas. Se trasladaron a un piso de la calle Baix, donde se encerraron de tal modo que sólo podían recibir comida a través del patio interior de la casa, mediante ayuda de una vecina que disponía los alimentos en una cesta y la izaba hasta donde estaban ellas.

Pero esta situación sólo duró hasta la noche del 28 al 29 de agosto, momento en que aparecieron por allí dos coches con cuatro milicianos y una miliciana, quienes preguntaron si allí había monjas. El vecino de abajo contestó que no, salvo que fueran monjas las dos que vivían en el piso superior. Subieron a por ellas y, al rato, las hicieron bajar.

En principio sólo pretendían arrestar y llevarse a la madre Fidela, en calidad de superiora de la comunidad, pero la hermana Josefa se negó a ello. Avisada de que, si se empeñaba en seguir con ella, correría su misma suerte, Josefa respondió: “Donde va la madre, voy yo también. Yo no la abandono”. Entonces se las llevaron, y aunque Josefa pidió que le dejaran despedirse de su madre, que vivía allí cerca, no se lo permitieron, diciendo que iban a volver enseguida. Lo cual era mentira, por supuesto.

Capilla con el sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Capilla con el sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Entre blasfemias, palabras obscenas y empujones, las metieron en uno de los coches, usando tanta violencia que a la madre Fidela le rompieron un brazo. Las llevaron a las afueras de Gandia ante la vista de muchos vecinos, los cuales, sin embargo, no intervinieron para nada, temiendo que también los detuvieran a ellos. Marcharon por la carretera de Gandia hasta el término municipal de Xeresa, en un lugar llamado La Pedrera, no muy lejos de la ciudad.

Allí, la noche del 29 de agosto de 1936, en torno a las diez y media, fueron las dos asesinadas juntas, como se sabe gracias al testimonio de una vecina de nombre Matilde, que vivía en una casa de campo cercana. Esta mujer oyó un disparo, y a continuación una voz de mujer que gritó: “¡Pepe, no nos mates! ¡Pepe, no nos mates!” Era, con toda probabilidad, la voz de Josefa, suplicando por su vida al que había sido amigo en su infancia y que ahora se trocaba en su asesino. Después de esto sonó una descarga, y Matilde ya no pudo oír nada más.

Reconocimiento y sepultura
A la mañana siguiente, Matilde supo que habían fusilado a dos religiosas la noche anterior, de modo que temió por la vida de una tía suya, también monja, a la que estaban esperando en casa. No siendo capaz de reconocer los cadáveres ella misma, envió a una hija suya, una niña de diez años de edad, a que hiciera la penosa tarea en su lugar (!!). La niña explicó a su madre que vio dos monjas, una gruesa con una herida en el riñón derecho, todavía sangrante -la hermana Josefa- y la otra, la madre Fidela, que tenía una herida en la cabeza. Por los indicios, – Josefa presentaba una herida por arma de fuego en el lado izquierdo del cuello y en la región lumbar; y Fidela, tres heridas por arma de fuego, ninguna de ellas letales,- se supo que no habían muerto en el acto, sino que agonizaron durante toda la noche hasta morir desangradas.

Detalle del sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Detalle del sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

La familia de Josefa supo de la muerte de ésta por los rumores que se corrieron por toda Gandia. Acudieron rápidamente a Xeresa para recuperar su cuerpo, pero ya la habían enterrado en el cementerio local a las nueve de la mañana, junto a la madre Fidela, y no les permitieron recuperar su cuerpo. Allí estuvieron hasta el final de la guerra, momento en que fueron trasladadas al cementerio de Gandia, a finales de julio de 1939. En el momento de la exhumación, entre los diversos cuerpos que ocupaban la fosa común, aparecieron los dos de las religiosas atados. El sepulturero explicó que las había atado una a la otra para que luego fuera más fácil reconocerlas.

Todos los restos de los asesinados de Gandia fueron enterrados juntos en el Panteón de los Mártires, erigido por el Ayuntamiento en el mismo cementerio. Aquí estuvieron las dos Beatas hasta que, en 1973, se las trasladó al nicho del panteón de su comunidad, en el mismo cementerio.

Beatificación
Como decíamos al principio del artículo, en el día de hoy el papa Francisco va a beatificar a estas tres mártires, dos catalanas y una valenciana, dos ancianas y una joven todavía, dos martirizadas juntas y otra en solitario, del Instituto de las Hermanas de San José de Girona, las cuales fueron asesinadas simplemente por el hecho de ser religiosas, y a pesar de la importantísima labor que realizaban en hospitales y domicilios con los enfermos.

El Papa Francisco firmando el decreto de beatificación de las tres mártires.

El Papa Francisco firmando el decreto de beatificación de las tres mártires.

También, como hemos apuntado anteriormente, las reliquias de la Beata Facunda no han podido ser recuperadas, mientras que la Beata Fidela y la Beata Josefa están sepultadas juntas en la capilla del Instituto en Gandia.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Edibesa, Madrid 2006.

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