Beatos Pío Heredia Zubía y dieciocho compañeros mártires

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Icono de los Beatos.

Icono de los Beatos.

Todos ellos eran monjes del monasterio cisterciense de “Santa María de Viaceli”, situado en el municipio cántabro de Cóbreces y dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, situado en Algemesí (Valencia), los cuales fueron martirizados en el año 1936.

Los sesenta monjes de esta comunidad de Viaceli, perseguida y ultrajada, eran casi todos jóvenes que estaban en período de formación; todos quedaron a merced de las arbitrariedades del comité local del Frente Popular, quienes creyendo que los monjes guardaban armas y dinero en el monasterio, registraron el mismo y cachearon a los monjes en diversas ocasiones. En ese ambiente, en el que incluso les prohibieron las celebraciones litúrgicas, a partir del 23 de agosto, el padre abad puso a salvo a cuantos monjes y estudiantes les fue posible.

La tarde del 8 de septiembre de 1936 fueron registrados y arrestados los treinta y ocho monjes que quedaban en la comunidad y aunque quisieron fusilarlos de manera inmediata en las costas del Mar Cantábrico, se libraron gracias a la intervención de un capitán de carabineros, por lo que los llevaron prisioneros al colegio de los salesianos de la calle Viñas, que habían convertido en cárcel. Algunos miembros de la comunidad permanecieron detenidos en el propio monasterio, pero en la carretera que va desde Santander a Oviedo, el día 21 de septiembre, fusilaron a los padres Eugenio García Pampliega y Vicente Pastor Garrido, cuyos cadáveres dejaron abandonados en la cuneta. Fueron sepultados en una aldea llamada Rumoroso, perteneciente al municipio cántabro de Renedo de Piélagos y el 16 de junio de 1940 fueron exhumados y trasladados al claustro del monasterio.

Mártires de Viaceli en 1936.

Mártires de Viaceli en 1936.

Los que fueron encarcelados en Santander, de manera discreta, siguieron llevando vida comunitaria y gracias a la mediación de don Ángel Aldasoro que se ofreció como fiador de los monjes, fueron liberados escondiéndose en algunas casas, pero el día 1 de diciembre, el prior del monasterio, padre Pío Heredia Zubía y otros doce monjes fueron nuevamente detenidos, encarcelados y violentamente maltratados. Con especial ensañamiento trataron al padre prior, insultándolo y dándoles terribles palizas a fin de que denunciara a las personas que les habían ayudado, aunque él no se achicaba y continuamente repetía al comisario que lo interrogaba y maltrataba: “Hijo, usted puede matarme, pero tiene que saber que mi vida pertenece a Dios” y constantemente alentaba a sus compañeros diciéndoles: “Preparaos para morir por Cristo”. Absolutamente todos permanecieron tranquilos y seremos de ánimos aunque tenían la completa certeza de que iban a ser asesinados por el mero hecho de ser monjes cistercienses. Aceptaron morir por la fe y de manera fehaciente, manifestaron en numerosas ocasiones a sus verdugos que les perdonaban.

El día 3 de diciembre de 1936, a primeras horas de alba, sacaron de la cárcel a siete religiosos con las manos atadas a la espalda y los llevaron al acantilado donde se encontraba el faro desde donde fueron arrojados contra las rocas y el mar. Personas que estuvieron presentes en esta escena y que con posterioridad dieron testimonio, han manifestado que todos afrontaron el martirio con una gran serenidad y dignidad. Estos mártires eran: el padre prior, Pío Heredia Zubía (que tenía sesenta y un años de edad), el sacerdote Amadeo García Rodríguez (de treinta y un años), el sacerdote Valeriano Rodríguez García (de treinta años), el sacerdote Juan Bautista Ferrís Llopis (de treinta y un años), el estudiante profeso simple Álvaro González López (de veintiún años), el novicio Marcelino Martín Rubio (de veintitrés años) y el oblato postulante Antonio Delgado González (de veintiún años).

Padre Pío Heredia.

Padre Pío Heredia.

Al día siguiente padecieron el mismo martirio otros cinco miembros de esta comunidad: el hermano lego de votos perpetuos Eustaquio García Chicote (de cuarenta y cinco años de edad y que era el vice-maestro de los hermanos legos), el hermano lego Ángel de la Vega González (de sesenta y ocho años), el hermano lego profeso simple Ezequiel Álvaro de la Fuente (de diecinueve años), el hermano lego profeso simple Eulogio Álvarez López (de veinte años) y el novicio Bienvenido Mata Ubierna (de veintiocho años).

Como en aquellos días se encontraba en Santander el deán de la catedral de Canterbury, parece que los milicianos evitaban utilizar el Faro de Cabo Mayor como lugar de suplicio y por eso, según la declaración de algunos testigos, los sacaron en barcazas a altamar, donde difícilmente los pudieran ver y allí los tiraron a las aguas del Cantábrico. De hecho, varios días después, el mar devolvió a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se cree que eran de los monjes. Don Carlos Iruretagoyena escribió: “Unos días después del 3 de diciembre, parece que el mar arrojó a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se supone fueran de los religiosos cistercienses, porque eran bastantes. Tres de los cadáveres tenían los brazos atados a la espalda y otros, algún trozo de cuerda todavía en sus muñecas y uno tenía la boca cosida con alambres. Según la versión de algunas personas que recogieron los cadáveres, se supone que el cadáver que tenía la boca cosida era el del padre Pío”.

Con absoluta certeza no se sabe si fueron arrojados desde el Faro, ahogados en el mar o fusilados en las tapias del cementerio de Ciriego, ya que hay indicios de que pudo ser de cualquiera de esas formas; lo que se sabe con certeza es que fueron asesinados por ser monjes cistercienses. No se sabe donde fueron sepultados, aunque en la lista de los cadáveres sepultados en el cementerio de Ciriego, figuran hasta treinta y cuatro desconocidos aparecidos en diversas playas santanderinas.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

El hermano lego Leandro Gómez Gil (profeso de votos simples y de veintiún años de edad) fue encarcelado como todos los demás y cuando lo liberaron buscó refugio con otro grupo de monjes, pero fue descubierto y él no ocultó su condición de religioso. Golpeado y herido brutalmente, fue fusilado al día siguiente y sepultado en el cementerio de Santander.

El sacerdote leridense y postulante del monasterio de Viaceli, José Camí Camí (de veintiocho años) acababa de haber sido admitido en el monasterio y se preparaba para iniciar el noviciado. Fue arrestado y martirizado de manera especialmente cruel: amarrado a un coche, fue arrastrado durante trece kilómetros hasta el cruce de Torres de Segre y allí lo fusilaron. Antes de recibir el golpe de gracia, tuvo la fuerza y el valor de perdonar y bendecir a sus verdugos, los cuales les pasaron el coche varias veces por encima del cuerpo.

Otros tres monjes murieron lejos de Santander. Sus nombres son: el subdiácono Santiago Raba Ríos (de veintiséis años de edad) que fue enrolado de manera forzosa en la milicia republicana y que al declararse religioso, fue amenazado si no abjuraba de la fe y que al negarse, fue sacrificado; el estudiante de teología y profeso de votos simples Ildefonso Telmo Duarte (de veinticuatro años), que fue arrestado y destinado al batallón republicano en el frente, donde encontró la muerte a manos de un miliciano que le hizo estallar una bomba en la mano; el sacerdote Lorenzo Olmedo Arrieta (de cuarenta y ocho años), monje de Viaceli y superior del monasterio de Santa María de Huerta, que fue arrestado en la zona controlada por los milicianos, encarcelado y ultrajado, siendo martirizado en Jadraque (Guadalajara). Cuando se inició la Causa de beatificación estos tres religiosos fueron incluidos en la misma; sin embargo, durante los trabajos de preparación de la “Positio” se comprobó la escasez de pruebas y documentos y, aunque hay constancia de sus martirios, por falta de argumentos suficientes, fueron excluidos de la Causa.

Estampas de los beatos.

Estampas de los beatos.

A los monjes de la Abadía de Viaceli fueron unidas en el mismo proceso, dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, perteneciente a la misma Orden Cisterciense: las madres María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferris. Ambas eran naturales de Algemesí (Valencia) y monjas del monasterio “Fons Salutis” cuando fueron martirizadas. Las dos procedían del monasterio de La Zaydía y ambas fundaron el monasterio “Fons Salutis”.

El 22 de julio de 1936 la comunidad fue expulsada del monasterio que fue convertido en cárcel, por lo que las monjas tuvieron que buscar refugio en las casas de sus familiares. La madre Micaela se refugió en la casa de su hermana Encarnación y la madre Natividad en la casa de su hermano José, pero fue inútil porque fueron detenidas entre los días 18 y 20 de octubre. Junto con otros familiares, fueron encerradas en su propio monasterio, que había sido convertido en cárcel y allí permanecieron unos días esperando el martirio. La noche del 9 de noviembre, la madre Micaela y su hermana Encarnación fueron sacadas y fusiladas en la carretera, un kilómetro antes de llegar a Benifaió. A la madre Micaela la dejaron moribunda y así estuvo toda la noche hasta que a la mañana siguiente la remataron con un golpe en la cabeza. Fueron sepultadas en el cementerio de esa localidad, del que fueron exhumadas en el año 1974 y colocadas en el coro del monasterio “Fons Salutis”, donde actualmente se encuentran.

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En la noche del día 10, sacaron a la madre Natividad y a sus tres hermanos y todos, fueron fusilados también en la carretera de Alzira a Carlet. A la mañana siguiente, el cadáver de la madre Natividad apareció cortado en tres pedazos. La madre Natividad también está sepultada en el coro del monasterio “Fons Salutis”.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

En el año 1962, los miembros del Capítulo General de los Trapenses decidieron la incoación de la Causa de los monjes de Viaceli, se iniciaron los procesos informativo y diocesano, los cuales se vieron temporalmente interrumpidos, reiniciándose el 30 de noviembre de 1995. El “Nihil obstat” fue concedido el 13 de junio de 1996, siendo iniciada la causa el día 8 de febrero del 1997. El proceso diocesano quedó validado el 16 de junio del año 2000 y el 2 de marzo del año siguiente, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos decretaba unir esta Causa con las de las dos monjas mártires del monasterio “Fons salutis” de Algemesí, que había sido incoada en el arzobispado de Valencia en el año 1962. La “Positio” se terminó el 8 de diciembre del año 2003. El decreto reconociendo el martirio fue promulgado por el Santo Padre Francisco el día 22 de enero de este año y en el día de hoy, este grupo de diecinueve mártires cistercienses serán beatificados en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander, presidiendo la ceremonia el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Serán conmemorados anualmente el día 4 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moreno, D. P., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova editrice, Roma, 2000.
– Ruiz Carvajal, J. y De Pascual, F.R., “La Espera Liberadora”, Abadía de Viaceli, 2015.

Enlaces consultados (03/09/2015):
– www.cistercium.es
– www.monasteriocarrizo.es

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Beatas Facunda Margenat, Fidela Oller y Josefa Monrabal, religiosas mártires

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Estampa de las tres Beatas.

Estampa de las tres Beatas.

En el día de hoy, el Papa Francisco va a beatificar a tres religiosas mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939) pertenecientes al Instituto las Hermanas de San José de Girona o Hermanas Veladoras, la primera de las cuales, la hermana Facunda Margenat, que fue asesinada en solitario en Barcelona; y las otras dos, la madre Fidela Oller y la hermana Josefa Monrabal, fueron ejecutadas juntas en Valencia. Vamos a dedicarles el artículo de hoy a estas nuevas Beatas para que sean más conocidas.

Ellas tres son las únicas mártires de este Instituto de San José de Girona, que fue fundado por la Venerable María Gay i Tibau en 1870 y cuya misión era el cuidar de los enfermos en sus propias casas, a las que acudían al caer la noche y de las cuales salían para regresar al convento al amanecer, de ahí que las llamaran “les vetlladores” o “les germanes vetlladores”, es decir, las hermanas veladoras. Debido a su importante labor de cuidar por las noches a los enfermos, una tarea que desempeñaban tanto en domicilios como en hospitales, fueron muy respetadas durante la Guerra Civil, ya que todos podían apreciar su valía y aportación. Ésta fue la razón de que sólo estas tres monjas, y ninguna más, fueran víctimas de la persecución anticlerical. Vamos a hablar de ellas para conocerlas mejor.

Beata Facunda Margenat Roura
Nació en Girona en 1866, siendo la hija menor del matrimonio de Domingo y Rosa, quienes la llamaron Catalina. Pasó su infancia y juventud dedicada a las labores del hogar, pero admiraba profundamente la labor de “les Vetlladores”, por lo que decidió ingresar en este Instituto a los 18 años de edad, momento en que cambió su nombre por el de Facunda.

Fotografía de la Beata Facunda Margenat Roura.

Fotografía de la Beata Facunda Margenat Roura.

Tras dos años de noviciado, hizo su primera profesión en 1898 e inició su labor entre los enfermos de Girona. Un año después la destinaron a Palafrugell, donde estuvo hasta 1903, momento en que pasa a Malgrat del Mar, donde trabajó en el hospital y dedicó su tiempo libre a enfermos que estaban en sus domicilios, momento en que emitió sus votos perpetuos. Conoció a la entonces hermana Fidela Oller, que sería mártir como ella, en 1921, estando en Palamós, en el hospital municipal, de donde pasó a Sant Feliu de Guíxols nueve meses. En 1929 fue destinada a Barcelona, pero cayó enferma y estuvo dos años muy delicada, llegando a ingresar en la clínica del Remedio, a cargo de las Hermanas de San José. Tras recuperarse, solicitó poder cuidar de nuevo de los enfermos, por lo que la enviaron a velar a uno que vivía en calle Valencia, número 259. Y aquí le pilló la guerra.

La familia del enfermo al que cuidaba, preocupada por su seguridad, le ofreció poder quedarse con ellos y fingir que era un miembro más de la familia, para lo cual la misma dueña de la casa le facilitó sus propias ropas. Sin embargo, a pesar de estar vestida de seglar y con esta tapadera, un descuido fatal de la sirvienta doméstica iba a causar su detención y asesinato. En efecto, a esta criada, que trabajaba en el domicilio de día y volvía a casa por la noche, no se le ocurrió otra cosa que decirle a su marido: “Mira, la hermana se ha vestido de seglar y se ha quedado en la casa del enfermo”. Obviamente no lo hizo con mala intención y no pensó en el daño que aquello iba a provocar. Su marido no respondió, pero parece que fue él quien denunció a la religiosa.

Así, el día 9 de agosto de 1936, llegó un grupo de milicianos al domicilio preguntando por “una tal Facunda” a la portera, a lo cual ella replicó que no sabía que hubiese nadie de aquel nombre allí. Pero ellos ya lo sabían: “Está en tal piso”. Subieron a capturarla y la hicieron bajar a rastras, porque tenían prisa y querían llevársela rápido. La hermana Facunda, sin embargo, estaba ya muy mayor y no podía correr, por lo que aquellos hombres acabaron por empujarla y mandarla rodando escaleras abajo. La levantaron de un tirón y a rastras la metieron también en un coche, que se dirigió al tristemente famoso paraje de La Rabassada, donde tantas ejecuciones se estaban dando en aquellos días, en una curva cerrada del camino de Barcelona a Sant Cugat muy preferido por los milicianos, porque allí se amortiguaba bastante el sonido de los disparos. Y allí, sin más, pusieron fin a su vida asesinándola, aunque hay ciertas discrepancias entre la fecha exacta de su muerte, ya que en distintas fuentes consta tanto el día 9, como el 8, el 24 o incluso el 29, estableciendo su detención el día 26 y no el 9. Estaba a punto de cumplir los 70 años de edad.

Ilustración de la Beata Facunda Margenat a partir de una fotografía suya.

Ilustración de la Beata Facunda Margenat a partir de una fotografía suya.

El cadáver de la hermana Facunda fue trasladado al Hospital Clínico de Barcelona, donde estuvo tres días y, como nadie vino a reconocerla ni a reclamarla, fue arrojada a una fosa común de algún cementerio de Barcelona, de suerte que no se ha podido localizar hasta hoy y, por tanto, no se han recuperado sus restos.

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La comunidad religiosa no supo qué había ocurrido con ella, pero meses después de terminada la guerra, se presentó la sirvienta doméstica que, involuntariamente, había delatado a la mártir, en la Clínica del Remedio, llevando un fajo de ropa y afirmando que había sido de la hermana Facunda. Gracias al testimonio de esta mujer se han podido conocer los detalles de la denuncia, detención y martirio; no quedando nada más, salvo aquel hatillo de ropa, para constar el martirio de la Beata.

Beata Fidela Oller Angelats
Nacida en Banyoles, provincia de Girona, en 1869, iba a cumplir los 67 años en el momento de su ejecución, siendo la mayor de cuatro hermanos, hija de Lorenzo y Margarita, a la que llamaron Dolores. El padre regentaba una industria familiar de alfarería de tejas, ladrillos y losetas, en un ambiente familiar muy cristiano donde Dolores recibió una sólida educación religiosa, que la llevaron a él y a un hermano suyo, marista, a optar por la vida religiosa.

Tras un intento fallido, Dolores ingresó en el noviciado a los 22 años de edad, en 1892, tomando el nombre de Fidela. Estuvo de novicia dos años, emitiendo los votos temporales en 1894 y los perpetuos en 1902. Inició su apostolado en Girona pero en 1912 pasó a Malgrat, donde fue superiora hasta ser trasladada a Campodron en 1917, siendo también superiora hasta 1921, año en que fue destinada a Palamós, donde conoció a la hermana Facunda, también mártir. En 1926 fundó una comunidad en la localidad valenciana de Gandia, siendo también superiora aquí, momento en que la alcanzó la persecución.

Fotografía de la Beata Fidela Oller Angelats.

Fotografía de la Beata Fidela Oller Angelats.

Gandia fue centro revolucionario durante la guerra y ello supuso que los milicianos implantasen un auténtico reino de terror, llegando a quemar la Colegiata. A la madre Fidela, por ser superiora, le exigieron que entregara el dinero de la comunidad y las escrituras de la casa-convento, pero ella ya los había remitido a Girona. Así estuvo viviendo, en un continuo sobresalto, hasta que el 27 de agosto regresaron a por ella. Pero en ese momento no pudieron capturarla porque se había ocultado en un piso de la familia de la hermana Josefa Monrabal, su compañera de martirio como veremos, por lo que la comunidad entera fue arrestada y llevada a la sede local de la CNT.

Beata Josefa Monrabal Montaner
Nacida en Gandia en 1931 y con 35 años de edad en el momento de su muerte, es la más joven y también la única valenciana entre las tres mártires. Siendo educada muy cristianamente, la hija menor de Vicente y Clara, pasó a ser catequista de niños en su parroquia. A la muerte de su hermano Vicente, acaecida cuando tenía 17 años, supo ser una nueva madre para los hijos de la viuda, sus sobrinos. Desde muy joven sintió la vocación religiosa y deseaba ser carmelita, pero su padre no se lo permitió, alegando que sólo la tenía a ella como hija y que la quería demasiado para dejarla ir al convento. Ya se había resignado a esto cuando en 1926 llegaron las Hermanas de San José a Gandia y trabó amistad con ellas, admirada de las labores que desempeñaban. Dos años después, moría su padre de derrame cerebral y, no oponiéndose su madre a ello, Josefa ingresó en el Instituto en 1928, en el noviciado de Girona, haciendo su primera profesión en 1931.

Fue destinada a Vila-Real y finalmente, hizo la profesión perpetua en Girona en 1934, regresando posteriormente a Vila-Real a proseguir con su tarea. Aquí la pilló la guerra, y aunque en principio los milicianos les permitieron seguir ejerciendo su tarea sin símbolos religiosos externos, luego cambiaron de parecer y las expulsaron, tras lo cual prendieron fuego a la capilla, las imágenes y los ornamentos de la misma. Después de ocurrido esto, a las religiosas se les permitió regresar con sus familias, por lo cual Josefa se puso en marcha hacia Gandia, acompañada de otra religiosa.

Fotografía de la Beata Josefa Monrabal Montaner.

Fotografía de la Beata Josefa Monrabal Montaner.

En el tren se encontró, precisamente, con los que iban a ser sus asesinos. Entre ellos estaba un joven llamado Pepe, que había sido vecino suyo, amigo suyo de la infancia, y hasta trabajador en la fábrica de curtidos de piel que había regentado el padre de Josefa. Este Pepe había marchado a Barcelona a unirse a los milicianos, donde, tras cometer un atentado, se le había condenado a muerte, de la cual se libró gracias a la intercesión de los jesuitas de Gandia, siéndole condonada por cadena perpetua. Pero a inicios de la guerra había sido puesto en libertad y en ese momento regresaba a Gandia con unos milicianos, para cruzarse fatídicamente con la madre Fidela y la hermana Josefa, a quienes asesinó.

Martirio de las dos Beatas
Cuando la hermana Josefa llegó a Gandia se refugió, con su madre, en casa de un hermano suyo llamado Andrés, y fue luego a visitar a la comunidad de su Instituto, a las que encontró muy alteradas. Viendo el peligro que corría la madre Fidela, continuamente molestada por los milicianos, le ofreció refugiarse con ella, cosa que acabó aceptando ante el consejo de las demás monjas. Se trasladaron a un piso de la calle Baix, donde se encerraron de tal modo que sólo podían recibir comida a través del patio interior de la casa, mediante ayuda de una vecina que disponía los alimentos en una cesta y la izaba hasta donde estaban ellas.

Pero esta situación sólo duró hasta la noche del 28 al 29 de agosto, momento en que aparecieron por allí dos coches con cuatro milicianos y una miliciana, quienes preguntaron si allí había monjas. El vecino de abajo contestó que no, salvo que fueran monjas las dos que vivían en el piso superior. Subieron a por ellas y, al rato, las hicieron bajar.

En principio sólo pretendían arrestar y llevarse a la madre Fidela, en calidad de superiora de la comunidad, pero la hermana Josefa se negó a ello. Avisada de que, si se empeñaba en seguir con ella, correría su misma suerte, Josefa respondió: “Donde va la madre, voy yo también. Yo no la abandono”. Entonces se las llevaron, y aunque Josefa pidió que le dejaran despedirse de su madre, que vivía allí cerca, no se lo permitieron, diciendo que iban a volver enseguida. Lo cual era mentira, por supuesto.

Capilla con el sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Capilla con el sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Entre blasfemias, palabras obscenas y empujones, las metieron en uno de los coches, usando tanta violencia que a la madre Fidela le rompieron un brazo. Las llevaron a las afueras de Gandia ante la vista de muchos vecinos, los cuales, sin embargo, no intervinieron para nada, temiendo que también los detuvieran a ellos. Marcharon por la carretera de Gandia hasta el término municipal de Xeresa, en un lugar llamado La Pedrera, no muy lejos de la ciudad.

Allí, la noche del 29 de agosto de 1936, en torno a las diez y media, fueron las dos asesinadas juntas, como se sabe gracias al testimonio de una vecina de nombre Matilde, que vivía en una casa de campo cercana. Esta mujer oyó un disparo, y a continuación una voz de mujer que gritó: “¡Pepe, no nos mates! ¡Pepe, no nos mates!” Era, con toda probabilidad, la voz de Josefa, suplicando por su vida al que había sido amigo en su infancia y que ahora se trocaba en su asesino. Después de esto sonó una descarga, y Matilde ya no pudo oír nada más.

Reconocimiento y sepultura
A la mañana siguiente, Matilde supo que habían fusilado a dos religiosas la noche anterior, de modo que temió por la vida de una tía suya, también monja, a la que estaban esperando en casa. No siendo capaz de reconocer los cadáveres ella misma, envió a una hija suya, una niña de diez años de edad, a que hiciera la penosa tarea en su lugar (!!). La niña explicó a su madre que vio dos monjas, una gruesa con una herida en el riñón derecho, todavía sangrante -la hermana Josefa- y la otra, la madre Fidela, que tenía una herida en la cabeza. Por los indicios, – Josefa presentaba una herida por arma de fuego en el lado izquierdo del cuello y en la región lumbar; y Fidela, tres heridas por arma de fuego, ninguna de ellas letales,- se supo que no habían muerto en el acto, sino que agonizaron durante toda la noche hasta morir desangradas.

Detalle del sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

Detalle del sepulcro de las Beatas Fidela y Josefa. Gandia, España.

La familia de Josefa supo de la muerte de ésta por los rumores que se corrieron por toda Gandia. Acudieron rápidamente a Xeresa para recuperar su cuerpo, pero ya la habían enterrado en el cementerio local a las nueve de la mañana, junto a la madre Fidela, y no les permitieron recuperar su cuerpo. Allí estuvieron hasta el final de la guerra, momento en que fueron trasladadas al cementerio de Gandia, a finales de julio de 1939. En el momento de la exhumación, entre los diversos cuerpos que ocupaban la fosa común, aparecieron los dos de las religiosas atados. El sepulturero explicó que las había atado una a la otra para que luego fuera más fácil reconocerlas.

Todos los restos de los asesinados de Gandia fueron enterrados juntos en el Panteón de los Mártires, erigido por el Ayuntamiento en el mismo cementerio. Aquí estuvieron las dos Beatas hasta que, en 1973, se las trasladó al nicho del panteón de su comunidad, en el mismo cementerio.

Beatificación
Como decíamos al principio del artículo, en el día de hoy el papa Francisco va a beatificar a estas tres mártires, dos catalanas y una valenciana, dos ancianas y una joven todavía, dos martirizadas juntas y otra en solitario, del Instituto de las Hermanas de San José de Girona, las cuales fueron asesinadas simplemente por el hecho de ser religiosas, y a pesar de la importantísima labor que realizaban en hospitales y domicilios con los enfermos.

El Papa Francisco firmando el decreto de beatificación de las tres mártires.

El Papa Francisco firmando el decreto de beatificación de las tres mártires.

También, como hemos apuntado anteriormente, las reliquias de la Beata Facunda no han podido ser recuperadas, mientras que la Beata Fidela y la Beata Josefa están sepultadas juntas en la capilla del Instituto en Gandia.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Edibesa, Madrid 2006.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXXIII)

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Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Pregunta: Os envío esta foto en la que un sacerdote ortodoxo lleva colgada de la cintura dos bolsas. Os rogaría me indicaseis si son ornamentos litúrgicos. Gracias desde Holanda.

Respuesta: Pues sí lo son y te estás refiriendo al “epigonation” y al “nabedrensk”. El “epigonation”, llamado también “palitsa” es un losange en forma de rombo de unos treinta centímetros de lado, hecho de tela fuerte y resistente, que normalmente va adornado con bordados y con una cruz o una imagen. Lo llevan los obispos y algunos sacerdotes colocado a la altura de la rodilla derecha atado por una cinta que pasa por el hombro izquierdo o que está atada a la cintura. Hasta el siglo XII sólo lo llevaban los obispos, pero con posterioridad se les concedió a los “protosincellos” y a otros dignatarios eclesiásticos. El “epigonation” deriva del pañuelo o servilleta que se usaba en Roma como parte integrante de algunas vestimentas ceremoniales, como por ejemplo, cuando un cónsul inauguraba los juegos en el circo.

En la liturgia bizantina rusa existe otra especie de “epigonation”, que es alargado y rectangular, llamado “nabedrensk” (bolsa). Esta es la primera insignia que en la Iglesia Ortodoxa Rusa se concede a algunos sacerdotes en premio a sus méritos. Si el sacerdote que es así honrado tiene además el derecho de llevar el “epigonation” (como es el caso de esta foto), entonces suspende el “nabedrensk” sobre el otro costado.

Pregunta: Buenos días, quisiera saber algo sobre San Juvencio Mártir, y su iconografía. Muchísimas gracias y enhorabuena por el blog.

Respuesta: San Juvencio aparece en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de junio con esta anotación: «Romae Joventi» y en esa misma fecha fue incluido en el Martirologio Romano. Los hagiógrafos críticos dicen que el nombre no es más que una mala transcripción del nombre de San Jovita, mártir de Brescia, que en el Martirologio Jeronimiano se conmemora el 16 de febrero, llamándolo «Juventiae». Por otro lado quiero decirte también que a San Evencio, obispo de Pavía, también se le llama Juvencio, pero este nombre es incorrecto.

Resumiendo, que San Juvencio como tal santo histórico, no existe, luego sobre su iconografía no se puede decir nada. ¿Puede existir algún cuerpo santo con ese nombre? Es posible, pero yo no lo conozco.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Pregunta: ¿Es cierto que algunas confesiones protestantes veneran en Jerusalén otra supuesta tumba de Cristo distinta a la que se encuentra en la Basílica de la Anástasis? Gracias desde Canadá.

Respuesta: Es cierto y vamos a intentar explicarlo. El evangelio de San Juan nos dice: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie” (Juan, 19, 41) y de hecho, actualmente en Jerusalén hay un huerto con una tumba y dentro de ella dos cámaras funerarias: es la llamada “Tumba del Huerto”. Pero San Juan escribió su evangelio en el siglo I y ahora estamos en el siglo XXI, luego en este tiempo “ha llovido mucho” como para que las cosas sigan igual. Esa tumba se puede visitar, existe dentro de ella una cruz bizantina pintada en la pared acompañada de las letras griegas Alfa y Omega (Principio y Fin) y cerca del sepulcro hay un pequeño promontorio en el que con un poco de imaginación puede adivinarse una especie de calavera. Estos signos son más que suficientes para que algunas confesiones protestantes – especialmente, evangélicos y mormones -, den por hecho que ese es el lugar señalado por San Juan, lo que hace que varios cientos de miles de personas la visiten cada año. La tumba fue adquirida en el año 1894 por una asociación británica que pagó por ella unas dos mil libras esterlinas de la época.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Esta tumba está aproximadamente a medio kilómetro de la Basílica del Santo Sepulcro. Fue encontrada por un campesino en el año 1867 dentro de sus tierras y como por entonces los otomanos empezaron a permitir la llegada de peregrinos extranjeros a Tierra Santa, algunos protestantes que al llegar a Jerusalén se encontraron con la Basílica de la Anástasis totalmente abandonada y disputada entre católicos y ortodoxos y como ellos buscaban cierta paz interior, vieron el cielo abierto cuando se descubrió esa tumba, que estaba a las afueras de la ciudad y que coincidía con lo que había escrito Juan en su evangelio. Un argumento más fue que la Basílica del Santo Sepulcro estaba dentro de la ciudad cuando todos sabemos que la crucifixión se realizó en el Gólgota, que estaba extramuros. Pero otra vez hay que recordar cómo estaban las cosas en el siglo I y como estaban en el siglo XIX.

Cierto es que cuando Jesús murió alrededor del año 30 de nuestra Era, el Gólgota estaba extra muros de Jerusalén, pero también es cierto que entre los años 41 al 44, Herodes Agripas construyó las murallas de esa parte de la ciudad dejando el Calvario dentro de la misma. Cuando Santa Elena encontró el sepulcro de Cristo en el año 326 se encontró con que existía una tradición no interrumpida de obispos que mantenían la tradición de que aquel era el lugar donde Cristo había muerto y había sido sepultado, aun a pesar de la construcción del templo de Venus que hizo el emperador Adriano cuando quiso rehacer la ciudad de Jerusalén al estilo de cualquier otra ciudad romana. No nos olvidemos que previamente, el emperador Tito había destruido la ciudad en el año 70.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Pregunta: ¿Me podríais decir qué mártires españoles beatificados están sepultados dentro del cementerio madrileño de Aravaca? Muchas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Pues en distintas fosas comunes de ese cementerio están sepultados varios beatos mártires españoles. Como preguntas cuales son, solo te daré sus nombres sin entrar en explicaciones acerca de sus vidas y de sus martirios. Son éstos:

Beatos Germán Martín Martín, sacerdote salesiano y Dionisio Ullivarri Barjuán, coadjutor salesiano, ambos fusilados el 30 de agosto de 1936 y beatificados el 28 de octubre del año 2007.

Beatas Melchora Adoración Cortés Bueno, María Severina Díaz-Pardo Gauna, María Dolores Barroso Villaseñor, Estefanía Saldaña Mayoral y María Asunción Mayoral Peña, Hijas de la Caridad, fusiladas el 12 de agosto de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del 2013.

Beatos Pablo Martínez Esteban, Braulio Álvarez Palacín, Luís Moreno Aliende y Aniceto Pablos Carvajal, maristas. Los dos primeros fueron fusilados el 24 de julio de 1936, el tercero lo fue el 26 de agosto y el cuarto, el 3 de noviembre del mismo año. Los cuatro fueron beatificados el 13 de octubre del año 2013.

Beatas Aurelia Arámburri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta y Agustina Peña Rodríguez, Siervas de María, fusiladas el 12 de diciembre de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del año 2013.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

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Beatos Juan Antonio Pérez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro del Cotillo, Justo González Lorente y Pascual Aláez Medina, Misioneros Oblatos de María Inmaculada y Cándido Castán San José, seglar, fusilados el 24 de julio del 1936 y beatificados el 17 de diciembre del año 2012.

Como verás, son bastantes por lo que este cementerio es lugar de peregrinación de muchos devotos que van a visitar las fosas comunes donde están sepultados para encomendarse a ellos.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Ricardo Gil y Antonio Arrué, orionistas mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

“Prefiero morir antes que traicionar”.

La congregación de los Hijos de la Divina Providencia, fundada por San Luis Orione, fue una de las congregaciones religiosas que menos desastres sufrió – gracias a Dios- durante la Guerra Civil española, esto se debe a que la Pequeña Obra estaba empezando por aquel tiempo a echar sus raíces en España cuando estalló el conflicto entre hermanos. Aun así, la Pequeña Obra de la Divina Providencia cuenta entre sus miembros santos con estos dos beatos mártires que murieron perdonando. A continuación conoceremos sus vidas, obras y causa.

Beato Ricardo Gil Barcelón
El veintisiete de octubre de 1873 nacía en Manzanera (Teruel) el niño Ricardo Gil Barcelón. Sus padres eran Francisco Gil y Francisca Barcelón, estos formaban una familia muy numerosa junto a sus nueve hijos. La familia provenía de un noble linaje, tenían su propio escudo heráldico y el lema familiar decía: “Prefiero morir que traicionar” (como vemos, encaja con el estilo de vida que vivió el Beato Ricardo), su posición era acomodada, pero lejos de mostrarse altivos e indiferentes con las clases sociales más desfavorecidas, todos colaboraban con una ejemplar caridad y piedad cristiana, sobre todo Doña Francisca que se ocupaba de dirigir un dispensario y repartía medicinas a más de una treintena de enfermos que estaban a su cargo.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

El joven Ricardo realizó sus estudios en la escuela elemental de Torrijas (Teruel) donde se trasladó la familia a los pocos años de haber nacido él. Siempre destacó por ser un alumno aplicado y cariñoso, dispuesto siempre a ayudar a los compañeros. A los doce años ingresó como alumno en el seminario de Teruel, pero en el año 1889, con dieciséis años, abandonó el seminario para ser alumno de la Escuela Normal de Teruel. Esto ocurrió por expreso deseo de su padre, que quería que el joven estudiase la carrera de maestro. De esta escuela más tarde fue expulsado, el motivo fueron las discusiones con el director, que era un anticlerical que a menudo ridiculizaba la Fe del joven. No contento con eso, también se mofaba de la Religión y de las personas que formaban la Iglesia, esto a Ricardo le ocasionó no pocos problemas porque era un firme defensor de la Fe Católica y de los valores transmitidos por sus padres.

A los veinte años empezó a servir en el servicio militar y fue enviado a Filipinas, corría el año 1893 y a partir del año 1896 este país torno en un ambiente de guerra “revolución filipina”, donde al Beato Ricardo le tocó participar. Combatiendo en esta guerra, se vio en una ocasión envuelto en grave peligro de muerte, al ser consciente del grave peligro que corría, se encomendó a la Virgen del Carmen con sencillas oraciones que aprendió de niño, y contra toda posibilidad de salir de ese lugar con vida, salió, y lo hizo ileso. Desde entonces y probablemente gracias a este hecho, él empezó a madurar la idea de ser sacerdote. Decidido, empezó sus estudios en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Manila). En todas las materias: Sagrada Escritura, Dogmática, Moral, etc, fue calificado con sobresalientes calificaciones. Terminando estos estudios y contra su propia voluntad, fue por segunda vez reclamado para prestar sus servicios en la guerra contra los Estados Unidos. Finalmente el día tan esperado para él, día de su ordenación sacerdotal, tuvo lugar el veinticuatro de septiembre de 1904. El obispo de Manila, sabedor de la conducta del nuevo sacerdote, le confió cargos importantes, como el de capellán de la Delegación Apostólica.

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Empujado por sus deseos de servir más de cerca a los más pobres, volvió a España en 1905, colaborando con distintas parroquias de Valencia pasó una temporada. Después marchó hasta su pueblo, Torrijas (Teruel), y aquí se dedicó a buscar la manera concreta de continuar su servicio a los necesitados, sin encontrar como hacerlo según como Dios lo deseaba, busco agradarlo en la Orden Dominica y en los Terciarios Capuchinos, pero a los pocos meses abandonó, viendo que Dios no quería un claustro para él. En vista de que no encontraba respuesta, se decidió a peregrinar andando hasta Roma, como los antiguos peregrinos que buscaban alguna gracia especial, corría el año 1909 cuando empezó este camino en busca de respuestas, y ¡vaya que si las encontró! Llegando a Roma casi tres meses después de su partida, visitó la tumba de San Pedro y gracias a la caridad de algunos sacerdotes vivió por algunas semanas.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

El día tres de febrero de 1910 la Divina Providencia quiso que fuera el día en el que él Padre Ricardo encontrara respuesta a sus preguntas. Acercándose este a rezar hasta la iglesia de San Felipe Neri, la encontró cerrada y en vista de esto empezó a rezar de rodillas a sus puertas, mientras estaba sumido en esta fervorosa oración, pasó por la puerta un sacerdote que, atraído por la devoción del Padre Ricardo, se atrevió a preguntarle “¿Y usted quién es?», “Soy un hijo de la Divina Providencia”, respondió sin tan siquiera mirar hacia atrás el Padre Ricardo. “Entonces me pertenece porque yo también soy y he fundado una Congregación cuyos religiosos se llaman Hijos de la Divina Providencia”. Este sacerdote resultó ser Don Luis Orione y desde este providencial encuentro el Padre Ricardo se sintió aceptado en una auténtica familia, fiel al carisma que buscaba.

San Luis Orione vio en él sobradas cualidades para confiarle muchas responsabilidades dentro de la naciente fundación; asistente del seminario, profesor de idiomas, rector del santuario de la Virgen de la Cadena y hasta abanderado de la fundación en España. A mediados del año 1928 fue víctima de una grave acusación de asesinato, le ocasionó graves daños morales y físicos como la cárcel, todo esto fue infundado y, después de un juicio, salió libre de cargos sin culpabilidad ninguna. Tuvo deseos de ser misionero en Argentina y en cierta forma Don Orione accedió a concedérselo cuando le encargó volver a España para introducir su obra. Regresó en el año 1931 y desde entonces se estableció en Valencia, donde colaboraba acogiendo a los más pobres en la parroquia de San Sebastián. Un día, al salir de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, se encontró con el joven Antonio Arrué Peiró, que en ese momento se encontraba sin rumbo en la vida.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

Beato Antonio Arrué Peiró, aspirante orioniano
Nació en Calatayud (Zaragoza) el día cuatro de abril de 1908. Le bautizaron con el nombre de Antonio Isidoro. Sus Padres eran Antonio y Águeda, tenían una economía desahogada y unos ricos valores cristianos. Trabajó como ebanista al terminar los estudios primarios. Antes de cumplir veinte años, la tragedia familiar se cebó en su familia, sus padres y su hermana murieron. Estas pérdidas tan seguidas y repentinas ocasionaron en el joven Antonio una depresión que para muchos más bien parecía que estaba loco. Esta infundada “locura” le llevó a ingresar en un manicomio, pero Antonio escapó en dos ocasiones porque era sabedor de que no tenía problemas mentales; él tenía deseos de ser misionero.

Con veintitrés años abandonó Calatayud y marchó en busca de otra vida a Valencia. En esta ciudad tuvo un encuentro con el Padre Ricardo Gil que, en cierto modo, adivinó en el rostro del joven la ayuda que necesitaba nada más verlo. Desde este momento Antonio pasó a ayudar y colaborar con todo lo que el Padre Gil le proponía, ayudaba a misa, colaborara con los pobres, socorría a los enfermos etc. Era conocido por su extrema humildad y caridad, su trabajo desinteresado no tenia límite. Aunque era un chico de pocas palabras, fue creciendo notablemente en piedad y en deseos de pertenecer a la familia de Don Orione. Considerado óptimo y adecuado, Don Luis Oriene dio su aprobación para que empezara un “noviciado casero”, donde el Padre Ricardo fue su principal maestro. Del año 1931 al 1936 transcurrió este período de estudios y formación.

Martirio
En los albores del guerra entre hermanos, ya el Padre Ricardo Gil fue amenazado y señalado por su modo de actuar. Era un sacerdote conocido en toda Valencia por su labor. Estallada ya la guerra, su casa de la calle Zamenhoff fue varias veces registrada, aquí no se encontró nada por lo que culpabilizarlo de nada. Él decía que su casa siempre estaba abierta para cualquiera que necesitase algo de comer o de vestir, o de él mismo.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

El día uno de agosto de 1936, a las diez de la mañana, un grupo de milicianos armados se presentó en su casa con un orden de registro en la que el motivo era encontrar las bombas que el Padre Ricardo guardaba. Después de tirar todas las pertenencias del Padre por la ventana, fue inmovilizado y conducido a una camioneta. Antonio, que estaba en la calle haciendo unos recados, vio la algarabía montada y acudió a socorrer a Dº Ricardo. Las vecinas intentaron impedírselo, pero Antonio contestó: “Tengo que irme: el P. Ricardo tiene necesidad de mí”, “Le prometí no abandonarlo nunca; ha llegado el momento de ser fiel a esta promesa”. Al llegar ante los milicianos fue también arrestado y conducido a la camioneta, la gente del barrio inmediatamente después salió a socorrerlos, gritando a los captores que los orionistas también eran pueblo y su caridad no tenía límite con los pobres.

Después de someterlos a interrogatorios, fueron declarados enemigos de la revolución por no querer ser miembros de la FAI. El día tres de agosto los condujeron a ambos a la playa de El Saler, fue tentado por última vez a gritar viva la FAI para salvar su vida y la del joven Antonio. El Padre Ricardo se negó y gritó: “¡Viles los que se esconden!”, a continuación levantó su crucifijo y en voz alta dijo: “Viva Cristo Rey. El miliciano, enfadado, apuntó a Dº Ricardo y dijo: “Muere, cura”, así le disparó un tiro. Antonio, en vista de la situación, corrió para socorrer al Padre y al acercarse al cuerpo moribundo de sacerdote, recibió un golpe brutal en la cabeza con la culata del fusil. De esta manera murieron los dos y sus cuerpos fueron recogidos de la playa y llevados al depósito del hospital. Un doctor, que casualmente era cuñado de Dº Ricardo, reconoció los cadáveres y comprobó que el Padre aún llevaba el cilicio puesto. Los cuerpos de los mártires fueron sepultados en día cinco de agosto en el cementerio general de Valencia.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

En 1962 se inició la causa de beatificación en la diócesis de Valencia, durante años se recogió todo tipo de documentación y la causa siguió su ritmo, aunque con algunos períodos de no avance. En el año 2000 se entrega la positio a Roma, en 2012 se aprobó el decreto de súper martirio. Finalmente, bajo el pontificado del Papa Francisco, fueron beatificados en Tarragona el trece de octubre de 2013, junto a otros quinientos veinte beatos mártires del s.XX. Sus restos mortales no han podido ser encontrados y por ello no han podido ser exhumados para venerar sus reliquias. Por diferentes obras en el cementerio de Valencia, el lugar exacto de sus sepulturas se perdió. Eso sí, aún se conservan reliquias de segunda clase como: un cáliz, cartas etc.

David Garrido

Bibliografía:
– María Encarnación González Rodríguez, Quiénes son y de dónde vienen, 2013, editorial EDICE.
– Aurelio Fusi, Los Beatos márires orionistas, editorial VELAR, 2013.

Enlace consultado (18/07/2015):
– www.donorione.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXXII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Sede de Etchmiadzin (Armenia).

Santa Sede de Etchmiadzin (Armenia).

Pregunta: Se que en este blog, al que sigo diariamente, habéis escrito sobre la Iglesia y el Rito Armenio, sobre algunos de sus santos e incluso sobre la canonización masiva de los Mártires del Genocidio del 1915, pero aunque fuera en líneas generales, ¿me podríais decir alguna otra cosa sobre cómo se encuentra ahora esa antigua Iglesia?

Respuesta: Tú mismo lo has dicho: ya hemos escrito sobre esta Iglesia, pero como nos pides algunos datos actualizados, aunque sea de manera muy breve, vamos a contestarte. Hay que decirte en primer lugar que Armenia es un país relativamente pequeño ya que después de todas las dominaciones a las que se ha visto sometido, apenas le quedan algo más treinta mil kilómetros cuadrados. En el país, la religión predominante es la cristiana, cuya cabeza visible es Su Santidad Karekin II, Catholicós Patriarca Supremo de todos los armenios, que cuenta con unos quince mil templos entre iglesias y pequeños monasterios repartidos por todo su territorio.

Sabemos que Armenia fue el primer Estado que adoptó formalmente el cristianismo como su religión, cosa que hizo en el año 301, o sea, cuando en el Imperio Romano aun era perseguida la nueva religión y que dos años más tarde, en el 303, se erigía en Etchmiadzin lo que hoy llamamos la Santa Sede de la Iglesia Apostólica Armenia, cuyo templo principal data de finales del siglo V. La Sede de Etchmiadzín, situada muy cerca de la capital Yereván, tiene un importante museo donde se conservan reliquias tan importantes como la supuesta lanza de Longinos, una mano de San Gregorio el Iluminador, reliquias de San Judas Tadeo y otras.

Lanza de Longino, llevada por San Judas Tadeo a Echmiadzin, Armenia.

Lanza de Longino, llevada por San Judas Tadeo a Echmiadzin, Armenia.

El principal complejo monástico es el de Mair Dadiar y las iglesias más importantes, las de Santa Hripsima (donde se encuentran los restos de esta mártir del siglo III) y el templo de Santa Gayane. Aunque actualmente se encuentra en suelo turco, Armenia considera como suyo el Monte Ararat, sobre el cual según la tradición, se posó el arca de Noé una vez acabado el Diluvio Universal. De la madera de este arca hay supuestas reliquias en la Santa Sede de Etchmiadzin (!!!!).

Pregunta: ¿Es cierto que un religioso español expulsado de México durante la Cristiada, murió martirizado en la Guerra Civil Española? Muchísimas gracias.

Respuesta: Si que es cierto. Es posible que haya algún otro caso, pero yo conozco el del Operario Diocesano Beato Isidoro Bover Oliver. El era natural de Vinaroz (Castellón) provincia situada en el País Valenciano y como te he dicho pertenecía a este Instituto religioso desde el año 1910. Fue ordenado de sacerdote dos años más tarde y destinado al seminario mexicano de Cuernavaca, desde el cual, posteriormente fue trasladado a Tacubaya. En el mes de octubre del año 1924 fue expulsado de México y una vez en España, fue nombrado prefecto del seminario de Tortosa, en Tarragona y posteriormente, como director espiritual del mismo seminario. Cuando en España se inició la Guerra Civil en 1936, él se marchó a su pueblo natal, siendo detenido el día 22 de julio y encerrado en la cárcel de Castellón. Junto con el beato Francisco Carceller Galindo, fue fusilado en el cementerio de la localidad el día 2 de octubre. Fue uno de los componentes del primer grupo de beatos del Instituto de Sacerdotes Operarios Diocesanos, ya que fue beatificado en el año 1995. Sus restos se encuentran en Tortosa.

El Papa Francisco saludando a la multitud en su audiencia del pasado 27 de marzo.   Fotografía: Christopher Furlong/Getty Images.

El Papa Francisco saludando a la multitud en su audiencia del pasado 27 de marzo. Fotografía: Christopher Furlong/Getty Images.

Pregunta: Estoy entusiasmado con las tranquilas pero profundas reformas que el Papa Francisco está llevando a cabo en la Iglesia. Todos los días rezo por él pero quisiera saber si existe alguna oración especial. Si es así, por favor, indíquenme cual es. Gracias desde Chile.

Respuesta: Pues si que la hay y es esta:

“Oremus pro Pontifice nostro Francisco”:
Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.

Oremus: Deus, omnium fidelium pastor et rector, famulum tuum Franciscum, quem pastorem Ecclesiae tuae praeesse voluisti, propitius respice: da ei, quaesumus, verbo et exemplo, quibus praeest, proficere: ut ad vitam, una cum grege sibi credito, perveniat sempiternam. Per Christum, Dominum nostrum. Amen.

En castellano:
Oremos por nuestro Pontífice Francisco.
El Señor lo guarde y lo conserve con vida, para que sea dichoso en la tierra y no lo entregue a la saña de sus enemigos.

Oremos: Oh Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira con bondad a tu siervo Francisco, a quién has elegido pastor de tu Iglesia; concédele que su palabra y su ejemplo sean provechosos al pueblo que él preside, para que llegue a la vida eterna junto con el rebaño que le ha sido confiado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Mártires de Chamical, La Rioja (Argentina).

Mártires de Chamical, La Rioja (Argentina).

Pregunta: ¿Me podríais facilitar alguna información acerca de cómo va la Causa de beatificación de los siervos de Dios Carlos Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, que fueron martirizados en el mes de julio del año 1976? Os quedo muy agradecido desde Argentina

Respuesta: Lo que sabemos sobre los llamados mártires riojanos es lo que recientemente ha publicado la diócesis de La Rioja acerca de lo que en la misma se está haciendo para que Roma reconozca el martirio de estos tres siervos de Dios. El obispo Marcelo Daniel Colombo clausuró el pasado 15 de mayo la instrucción diocesana de esta Causa que investiga la muerte del franciscano conventual Carlos de Dios Murias, del sacerdote Gabriel Longueville y del padre de familia Wenceslao Pedernera. Una vez concluida esta instrucción, todas las actuaciones serán presentadas en la Congregación para las Causas de los Santos.

Como tu bien sabes, los dos sacerdotes fueron secuestrados y asesinados en Chamical el día 18 de julio de 1976 mientras que el seglar Wenceslao fue asesinado en Sañogasta, delante de su propia familia, el día 25 de julio de ese mismo año. En ese acto, el obispo riojano recordó lo que el propio Papa Francisco había dicho el día 4 de agosto del año 2006, cuando era cardenal arzobispo de Buenos Aires: “Una iglesia que fue perseguida, una iglesia que se fue haciendo sangre, que se llamó Wenceslao, Gabriel y Carlos, testigos de la fe que predicaban y que dieron su sangre por la Iglesia, por el pueblo de Dios, por la predicación del Evangelio y, finalmente, se hace sangre en su pastor. (Se estaba refiriendo al obispo mártir Angelelli). Pienso que ese día alguno se puso contento, creyó que era su triunfo, pero la verdad es que fue el día de la derrota de los adversarios. Los primeros cristianos tenían una frase muy linda: “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”, luego la sangre de estos hombres que dieron sus vidas por la predicación del Evangelio es un triunfo verdadero y hoy clama por la vida, por la vida de esta iglesia riojana que hoy es depositaria”.

Lugar del martirio del siervo de Dios Carlos de Dios Murias.

Lugar del martirio del siervo de Dios Carlos de Dios Murias.

Estas palabras del entonces arzobispo Bergoglio (hoy Papa Francisco), nos puede dar una idea de cuales son sus intenciones. Estoy seguro de que, sin saltarse los procedimientos ordinarios, el Papa imprimirá celeridad a este proceso que finalizará con el reconocimiento del martirio de estos tres Siervos de Dios.

Pregunta: ¿Qué significa la palabra Homoousios? Gracias.

Respuesta: Esta es una pregunta más teológica que hagiográfica, lo que quiere decir que un teólogo podría explicártelo infinitamente mejor, pero aunque sea de forma breve te diré que esta palabra viene del griego “ομοούσιος”, que significa “misma esencia” o “misma sustancia”. Esta palabra es utilizada en el Credo Niceno cuando decimos que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre. Cierto es que este término no aparece en las Escrituras, pero en el Concilio de Nicea se decidió que era la mejor forma lingüística de expresar las relaciones entre las Tres Divinas Personas.

 Sepulcro del siervo de Dios Wenceslao Pedernera en Sañogasta, La Rioja (Argentina).

Sepulcro del siervo de Dios Wenceslao Pedernera en Sañogasta, La Rioja (Argentina).

Esta palabra, en dicho Concilio, entró en competencia con otra muy parecida: Homoiousios, que significa “esencia similar” o “sustancia similar”, que fue la defendida por los llamados arrianos moderados o semi-arrianos, pero que podríamos decir que tenía trampa, ya que de alguna forma daba a entender que la naturaleza no era exactamente la misma entre las Divinas Personas. El Concilio lo zanjó. Como te he dicho más arriba, un teólogo te lo habría explicado muchísimo mejor.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es