Sierva de Dios Leonor Sánchez López, mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de la Sierva de Dios.

Foto de la Sierva de Dios.

Aunque el artículo sea corto, debido a los pocos datos que podemos aportar de nuestra mártir, y a pesar de lo poco conocida fuera del entorno de la diócesis de Orizaba, me atrevo con permiso de nuestra querida colaboradora Ana María a dar aunque sea de manera breve algunas pinceladas. Así al mismo tiempo conocer el contexto en que se desarrollaron los hechos que llevaron a su asesinato en 1937, siendo abierta su causa de beatificación el día 14 de junio de 2013 como conmemoración del XIII aniversario de la erección de la diócesis.

Contexto
Como había explicado de manera breve las circunstancias que rodearon el asesinato del Padre Darío Acosta, durante el gobierno en el Estado de Veracruz del general Adalberto Tejeda, la Iglesia Católica y el gobierno estatal protagonizaron una hostilidad mutua, promovida por sectores anticlericales de la entidad. Más aún con la promulgación de la Ley 197 o conocida como Ley Tejeda que reducía el número de sacerdotes que podían prestar servicio para el culto.

A pesar de que el conflicto armado (1926-1929) había terminado con el frágil acuerdo entre los obispos mexicanos y el gobierno de Emilio Portes Gil (sucesor del presidente Calles), en algunos estados de la República Mexicana continuaba la persecución religiosa, tal es el caso de Veracruz, Tabasco y otras entidades. El obispo Rafael Guízar y Valencia, protestó contra las medidas dictadas, y los ánimos se encendieron con el asesinato en el Puerto de Veracruz del Padre Darío Acosta (1931), entonces el prelado al recibir respuesta negativa del gobierno a sus protestas, decretó la suspensión del culto que duró hasta 1937. Mientras se volvió al culto clandestino, celebrándose la Santa Misa en casas particulares, los templos permanecían cerrados, y los que eran descubiertos en actos religiosos eran detenidos y encarcelados. También se utilizó la represión directa.

Sepulcro de la Sierva de Dios.

Sepulcro de la Sierva de Dios.

En Xalapa (que es la sede gubernamental y capital del estado) tras el atentado contra el gobernador, se atacan las iglesias con palos, pistolas y botes de gasolina. Fueron golpeados sacerdotes y fieles y la situación empeoró. El obispo fue desterrado de su diócesis y se refugió en la capital del país. Se llegó a profanar el venerado Cristo Negro de Otatitlán decapitando la imagen y mandándola a quemar pero como era de madera de nacastle pudo sobrevivir al fuego. Años después el gobierno devolvió la cabeza original y le esculpieron otra en sustitución.

En Orizaba es conocido el caso que relataremos más adelante y que la policía llega a disparar contra algunos fieles que asistían a la Santa Misa, en este altercado nuestra Sierva de Dios fue vilmente asesinada.

Orígenes y martirio de Leonor Sánchez López
Sobre nuestra mártir sus orígenes se saben son humildes, nacida en 1918 (en pleno apogeo de la lucha revolucionaria) en Orizaba, Veracruz, siendo hija de Don Encarnación Sánchez, obrero textil de la fábrica de Cocolapan y de Doña Catalina López, ama de casa, esta es la única información que se ha logrado conseguir, no se conoce de su infancia y de su juventud, ya que se encuentra su causa de beatificación en la fase de investigación. Se sabe que cuando la persecución religiosa estalló en el Estado ella asistía a misa de manera clandestina, esto iba a ser causa de su muerte.

El 7 de febrero de 1937 efectivamente se asistió a la Eucaristía en la casa del canónigo y párroco de la Iglesia de San Miguel Pbro. José María Flores, era una mañana oscura y fría y en pequeños grupos, hombres, mujeres y niños se dirigían al domicilio para participar en la celebración. Se ocupó el corredor y al final una tarima servía de altar. Mientras los fieles oraban por la reanudación del culto público y recibían los sacramentos; a mitad de la celebración irrumpió en el recinto la policía, que con lujo de violencia amenazaba a los fieles obligándoles a abandonar el lugar.

Inscripción conmemorativa en honor a la Sierva de Dios.

Inscripción conmemorativa en honor a la Sierva de Dios.

Comenzaron a quitar el altar y a desvestir de sus ornamentos litúrgicos al sacerdote celebrante, así como tomando presos a los asistentes que intentaron defenderse y escapar. En medio de la confusión los policías comenzaron a disparar y la joven Leonor de 19 años tomó rápidamente el copón con las hostias consagradas e intentó escapar para evitar que el objeto sagrado cayera en manos de los gendarmes. Fue descubierta por el policía Agustín Saldaña quien le disparó intencionadamente hiriéndola en la zona lumbar y la mano izquierda. Sintiéndose malherida salió de la residencia del padre Flores hacia la esquina de las calles de Sur 5 y Oriente 10, entonces ocupada por un expendio de leche. Ahí recibió una segunda descarga de pistola, cayendo desangrada en el acto. En la acera se quedó en una dolorosa agonía hasta que fue recogida por miembros de la Cruz Roja que la llevaron al Hospital Civil, donde los médicos intentaron salvarle la vida, todo fue inútil. Aun así pudo hablar requiriendo la presencia de su padre y la de algún sacerdote para poder recibir los sacramentos, lo que le fue negado rotundamente. Minutos después falleció entre el dolor y la consternación de los habitantes de Orizaba.

Entretanto el celebrante y 73 fieles fueron conducidos a punta de bayoneta a la Inspección de la Policía para después de los interrogatorios ingresar en la cárcel municipal. Al día siguiente una multitud de personas fue en procesión por las calles cargando el féretro de la joven martirizada, entre los silenciosos rezos del rosario pasaron por el palacio municipal, como signo de protesta, cantando después alabanzas a Cristo Rey y a María Santísima de Guadalupe; los comercios se cerraron en señal de luto y finalmente la joven fue sepultada en el cementerio Juan de la Luz Enríquez de la ciudad. Se dice que en su sepelio participaron 10 000 personas y su martirio fue el comienzo de su triunfo, ya que su asesinato desató una ola de indignación en la que miles pedían que de nuevo se abrieran los templos. Un grupo de obreros derribó la puerta principal de la Parroquia para que el gobierno no la volviera a cerrar y marcó el fin de las hostilidades hacia la fe católica.

Fotografía y vela para la Sierva de Dios.

Fotografía y vela para la Sierva de Dios.

Hasta que se exhumaron sus restos en 2013 descansó en el cementerio municipal bajo el siguiente epitafio: «La Mártir Leonor Sánchez aquí reposa en paz ¡Acuérdate de nosotros en el cielo donde moras! Murió en el señor el 7 de febrero de 1937. Orizaba agradecida R.I.P.»

El 14 de junio de 2013, el obispo Marcelino Hernández Rodríguez (actualmente es obispo de Colima), inició la causa de beatificación, trasladando sus restos a la catedral en una procesión desde el cementerio. Actualmente se encuentran en una urna en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en la sede catedralicia. Esperamos todos los veracruzanos que su martirio pueda ser reconocido para que se pueda convertir en la primera laica mexicana en ser proclamada beata (junto con María de la Luz Cirenia Camacho González).

René

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Enlaces consultados (20/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_Sánchez_López
-leonorsanchezlopez1937.blogspot.com/
-www.diocesisdeorizaba.com/contenido/icont.php?noticia_id=3956
-www.elmundodeorizaba.com/noticias/local/1327344-n1

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San Mateo Correa Magallanes, presbítero y mártir

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Infancia
Nació en Tepechitlán, Zacatecas, el 22 de julio de 1866, fueron sus padres Rafael Correa y Concepción Magallenes, recibió las aguas lustrales al día siguiente de su nacimiento, donde fueron sus padrinos el párroco del lugar Procopio del Toro y Luisa Correa. Recibió el sacramento de la Confirmación por ministerio del Obispo Ignacio Mateo Correa, don de otro sacerdote, el señor cura Jesús Roble, fue su padrino. Sus estudios primarios fueron auspiciados por el padre Eufemio Estey en Jerez, Zacatecas, terminándolos en Guadalajara, Jalisco en 1879. En 1881 se va a vivir a Zacatecas para ingresar en el seminario donde fue admitido gratuitamente a cambio de desempeñar la función de portero del plantel, por su buena conducta y excelente aplicación, obtuvo una beca y así fue inscrito como alumno interno.

Sacerdote
Fue ordenado sacerdote el 20 de agosto de 1893, cantando su primera misa en Fresnillo, Zacatecas, el 1 de septiembre siguiente. Fue capellán de la Hacienda de Trujillo por un lapso de 18 meses, en 1897 fue capellán de Valparaiso, Zacatecas, por otro espacio de tiempo igual fue vicario cooperador allí mismo, después se desempeñó como capellán en Mezquitic, Jalisco.

De 1898 de 1905 fue párroco de Concepción del Oro, Zacatecas, allí trabó amistad con la familia Pro Juárez, dando la primera comunión al Beato Miguel Agustín Pro. En este último año se le nombró párroco de Colotlán, Jalisco; en 1910 tuvo que huir por causa de la revolución a León, Guanajuato, dond ese entregó de lleno al trabajo pastoral. La persecución carrancista coincide con su ministerio como párroco de Noria de los Ángeles, Zacatecas, de 1914 a 1917. En diciembre de este año es nombrado párroco de Huejúcar, Jalisco donde permaneció tres años, pues en 1920 es nombrado párroco de Guadalupe Zacatecas, donde permaneció hasta 1922, porque es enviado a trabajar en Tlaltenango, Zacatecas, En 1923 regresó a Colotlán como párroco y vicerrector del Seminario, en 1926 es enviado nuevamente como párroco a Valparaiso, coincidiendo su llegada a ese lugar en un momento en que la A.C.J.M. local recolectaba firmas para pedir al Congreso de la Unión la derogación de las leyes persecutorias que el Presidente Plutarco Elías Calles había promulgado en contra de la Iglesia Católica.

Fotografía en su hábito sacerdotal.

Fotografía en su hábito sacerdotal.

Tiempos de persecución
El 2 de marzo de 1926 llegó a Valparaiso el General Eulogio Ortiz, que al enterarse de las gestiones de los jóvenes de la Acción Católica, como represalia, mandó capturar a San Mateo Correa, al padre José Rodolfo Aguayo y a los jóvenes Vicente Rodarte, Pascual. R. Padilla y Lucilo J. Caldera, este último, presidente de la A.C.J.M.
Al presentarse ambos sacerdotes ante el General Ortiz, éste les preguntó: “¿cuál es su labor aquí?” y el Santo le contestó: “Labor de paz”, a lo que el militar disgustado le restregó el manifiesto con las firmas recabadas; el padre Rodarte intervino diciendo: “El padre no tiene que ver nada, acaba de llegar”, a lo que el militar le replicó: “¿no sabe nada? ¡Llegando y haciendo lumbre!”. Luego los amenazó con llevarlos a presos a Zacatecas por sediciosos y como les preguntó si tenían modo de trasladarse, y ellos le dijeron que no, los amenazó: “pues irán a pie”, a lo que san Mateo Correa respondió: “¡Con gusto, mi General!”

En tanto, el pueblo, enterado de estas circunstancias arbitrarias se exaltaba y los sacerdotes trataban de calmarlo, pues se tomaban determinaciones delicadas para impedir la extradición de los detenidos, maquinando un plan que hizo temer al General Ortiz y sus soldados, al grado que salieron del lugar precipitadamente, dejando incluso la mesa servida. Luego, desde la Hacienda de san Mateo el General Ortiz mandó al Presidente municipal de Valparaiso, que enviara a los sacerdotes junto con los muchachos a Zacatecas. En este lapso de tiempo se integró un comité de varias damas que se entrevistaron con el General Ortiz, pero éste las trató mal y nada se pudo resolver. Incluso, ellas lograron entrevistarse con el Gobernador del Estado, Leonardo Reséndiz, pero tampoco se llegó a un arreglo positivo; entonces, el Obispo diocesano, Ignacio Plascencia y Moreira, aconsejó a los sacerdotes que acataran la orden y fueran a la Capital.

El 8 de marzo los acusados llegaron a Zacatecas y se entrevistaron con el Gobernador, que les recomendó que se ocultaran pues se esperaba que de un día para otro, el General Ortiz dejara la ciudad. El día 10 fueron notificados por el Gobernador, que no había remedio y que se debían presentar ante Ortiz que no se iba de Zacatecas. Al presentarse ante él, les reclamó su tardanza en ir ante él, ellos se excusaron diciendo que no tenían dinero para pagar los gastos del traslado, el militar entonces se burló diciendo: “¡Pobrecito clero mexicano, tan pobre está!”. Luego regañó muy duramente a los jóvenes y los hizo consignar junto con los sacerdotes. Los cinco estuvieron presos hasta el 13 de marzo en un cuartel inmundo, luego fueron trasladados a la cárcel de Santo Domingo, donde permanecieron hasta el día 16, cuando pudieron recibir visitas y asistencia. Ese día el juez de distrito ordenó su liberación pues no había delito que perseguir, eso causó la ira del General Ortiz, quien se sintió burlado y juró entonces vengarse en la persona de San Mateo Correa Magallanes.

Reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas, México.

Reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas, México.

Todos regresaron a Valparaiso el 17 de marzo, siendo recibidos con grandes muestras de afecto. Ese día el Santo presidió el rezo del Rosario en la Parroquia y predicó sobre el amor a los enemigos. Desde esa fecha se dedicó a su ministerio con mayor empeño, trabajando con mucho celo no solo en la cabecera parroquial, sino en todas las rancherías a donde iba, entonces se dedicó de lleno a catequizar a sus parroquianos; este trabajo logró que muchos descarriados volvieran a la vida de la fe, que los enemigos de la Iglesia reconocieran sus errores y que los grupos de la A.C.J.M. crecieran en cantidad y en calidad; la labor desarrollada por estos jóvenes era intensa, por lo que varios de ellos estuvieron siendo observados y luego apresados para ser llevados a la Ciudad de México, donde por faltas de pruebas de delitos que perseguir, tuvieron que ser puestos en libertad, siendo esto un nuevo fracaso para el General Ortiz, que era quien orquestaba todo este proyecto pues estaba seguro que San Mateo Correa era el autor intelectual del trabajo hecho por los jóvenes.

Martirio
El 30 de enero de 1927, estando el Santo en San José de la Sauceda una persona le pidió que fuera a auxiliar a su madre moribunda, el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para llevarlo como viático y se hizo acompañar por Don José María Miranda. Al legar a la Mesa de San Pablo, divisaron que la tropa venía en dirección contraria a ellos, por lo que su compañero sugirió a San Mateo que se devolvieran, el Párroco no lo consideró oportuno pues esto levantaría sospechas, convinieron entonces que el Señor Miranda se haría pasar por el Patrón y el sacerdote como el sirviente, por lo que llevaría las riendas del carro. Al encontrarse con la tropa, dirigida por el Mayor José Contreras y que venían derrotados por los cristeros en Huejuquilla, Jalisco, pasaron inadvertidos, hasta que un agrarista que conocía perfectamente al Señor Cura Mateo Correa los delató. El Señor Miranda trató de continuar con el plan, pero al ser revisado el saco del sacerdote, se encontró el Manual de párrocos con su nombre inscrito. Fueron entonces detenidos y se les dio la facultad de continuar en su carruaje atrás o delante de la tropa, circunstancia que San Mateo aprovechó para ir a la capilla de la Hacienda y resguardar la Sagrada Forma.

Detalle de las reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas.

Detalle de las reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas.

Luego se les condujo a Fresnillo, Zacatecas, donde se les encarceló. Allí San Mateo fue burlado soezmente por su condición de sacerdote por los demás prisioneros. Tres días después fueron conducidos a Durango en el tren del General Ortiz, el Santo fue amable con los soldados que lo resguardaban y les hizo algunos regalos. Llegaron a Durango del 3 de febrero, luego fueron conducidos a la Jefatura militar que estaba en el edificio que había sido Seminario. Aquí también San Mateo se ganó la confianza de los presos, a quienes dio regalos y buenos consejos. Todo este tiempo trató de llevar una vida normal, conviviendo con los demás y cumpliendo con su obligación de rezar el Oficio Divino, pero a pesar de esto, el Santo no podía ocultar su inquietud.

El 5 de febrero se le reprendió por no haber aseado su celda, entonces, pidió con humildad una escoba y se puso a barrer. Esa noche, después de merendar rezó el rosario y luego fue llevado ante el General Ortiz, que le mandó confesar unos reos que iban a ser fusilados y le dijo que luego dispondría de él. Una vez cumplida esta encomienda, el General le exigió que le revelara la confesión de los condenados, a lo que el Santo se negó: “¡Jamás lo haré!”, respondió; “¿Cómo que jamás lo hará?”– vociferó el militar- “¡Voy a hacer que lo fusilen de inmediato!”, “Puede hacerlo”, respondió el mártir, y continuó: “Pero no ignore usted, General, que un sacerdote debe guardar el secreto de la Confesión. Estoy dispuesto a morir”.

El Santo con sus compañeros seminaristas.

El Santo con sus compañeros seminaristas.

El día 6 de febrero, por la madrugada, los soldados condujeron al sacerdote al panteón a un lugar solitario para ser fusilado, donde luego de ser ajusticiado, permaneció insepulto tres días. Algunas personas con sentimientos de piedad se propusieron darle cristiana sepultura pero cuando llegaron a donde estaba el cuerpo, éste ya había sido enterrado por los soldados, solamente hallaron su sombrero y una mascada. Allí permaneció enterrado hasta que luego de un tiempo se le sepultó en una tumba.

Culto
San Mateo Correa Magallanes integra el grupo de mártires encabezados por San Cristóbal Magallanes Jara, mismos que fueron beatificados por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y que también él canonizó el 21 de mayo de 2000. Actualmente las reliquias de San Mateo Correa se veneran en la capilla de San Jorge de la catedral de Durango.

Humberto

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Bibliografía:
– Conferencia del Episcopado Mexicano, Viva cristo rey, editada por ella misma, México, D. F. 1991, pp. 45-52.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Ángel Darío Acosta Zurita, sacerdote y mártir veracruzano

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Estampa popular del Beato.

Estampa popular del Beato.

Entre los mártires de Cristo Rey que fueron beatificados el 20 de Noviembre de 2005, se encontraban diez seglares y tres sacerdotes, uno de ellos recién ordenado cuando por azares de la historia, le tocó sufrir el martirio mientras desempeñaba su ministerio sacerdotal. Cariñosamente llamado por los fieles como “el Padre Darío”, nuestro beato sigue siendo muy querido por los fieles de la diócesis de Veracruz. Hoy, realizando mi primera colaboración en este blog, me propongo dar algunas pinceladas sobre su vida, ya que en México sigue siendo muy desconocido.

Biografía
Ángel Darío Acosta Zurita nació el 14 de diciembre de 1908, en el municipio de Naolinco, Veracruz, siendo hijo de Don Leopoldo Acosta y de Doña Dominga Zurita; su nacimiento y su infancia se esconden en un completo silencio, realmente se sabe muy poco de ella, a excepción de algunos testigos que convivieron con la familia en su estancia en el pueblo.

El 23 de diciembre fue bautizado en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol por el señor Cura Ambrosio Díaz, siendo sus padrinos don Eliseo Pelayo y la señora Julia A. Dorantes; se sabe que a los seis años junto con su hermana María Elisa y otros niños del catecismo en la misma parroquia, hizo su primera comunión y posteriormente hizo su confirmación en manos del obispo San Rafael Guízar y Valencia durante una visita pastoral y misión a Naolinco.

La familia del Beato estaba conformada por él, su hermana Elisa, y sus tres hermanos Heriberto, Vicente y Leopoldo. Nada distinguía a Darío de los demás, tenía los rasgos de un verdadero mexicano. Según testigos que lo conocieron hablan de su “estatura regular”, que era “moreno” y que tenía “cabello semi-ondulado”. Dos compañeros del seminario hablaban de “que era de físico fuerte para jugar muy bien el futbol como defensa”, “fuerte de carácter, buen futbolista y capitán del equipo”. Sobre su personalidad y carácter “había nobleza en él” (Sra. Delfina Ojeda Vda. De Gómez), “se veía bondadoso”, “en plena juventud, extrovertido, de carácter afable y bondadoso, sencillo, servicial, cumplido con el reglamento del seminario” (Monseñor Lehonor Arroyo). (Datos tomados del libro Darío, joven mártir veracruzano de Yvon Langlois).

Beatificación de Mártires en el Estadio Jalisco, México.

Beatificación de Mártires en el Estadio Jalisco, México.

Su padre era carnicero de oficio, pero en la persecución religiosa, se apoderaron de su ganado, dejando a la familia en penurias económicas y al poco tiempo deprimido, falleció. Todavía Darío muy joven cuando tuvo que acompañar a su madre a Xalapa, para ganarse el pan de cada día, y trataba de ayudarla en los quehaceres de la casa, mientras en la iglesia, por un tiempo sirvió de acólito en la misa y en las ceremonias; se podía notar en él un fervor ingenuo y una piedad sincera.

Desde hacía tiempo deseaba ser sacerdote, y sentía en su interior la llamada de Cristo al ministerio sacerdotal; cuando Monseñor Guízar y Valencia vino a Naolinco a reclutar seminaristas para prepararle para el sacerdocio, el obispo no seleccionó al joven Darío, pues consideraba que por su juventud y por la situación económica que pasaba la familia, esta lo requería. La pena para él fue inmensa y se sumió en una depresión. Fue entonces cuando su madre, acompañada por el señor Cura Miguel Mesa, fueron a suplicar que lo aceptaran en el seminario; la nobleza del prelado y considerando la vocación seria del muchacho hizo que lo aceptaran, primero como alumno externo y más tarde, por su excelente conducta, consiguió una beca que le permitió ingresar formalmente como seminarista. Según testigos fue dedicado sobre todo a los estudios y a los ejercicios espirituales.

San Rafael Guízar fotografiado entre seminaristas.

San Rafael Guízar fotografiado entre seminaristas.

Pero la Iglesia vivía sus peores momentos en el país, pues como sabemos, el General Plutarco Elías Calles en su política anticlerical comenzaba a cerrar seminarios y templos. Los altos prelados decretaron la suspensión de cultos y parecía que se retrocedía en el tiempo y se volvía a la época de las catacumbas: los sacerdotes oficiaban la misa en casas particulares, algunos salieron exiliados, los que se quedaban andaban a salto de mata y si eran capturados eran asesinados. La actuación de los obispos era del todo confusas, cuando comenzó la guerra cristera algunos apoyaron a los rebeldes, otros condenaron los actos y algunos permanecieron neutrales.

El seminario se tuvo que mudar a una casa particular en la Ciudad de México, en el centro de Coyoacán, pero apenas los seminaristas habían sido instalados, las autoridades exigieron el desalojo del edificio. En 1927 el obispo los alojó en un edificio abandonado que servía como cine, siendo el único seminario que quedaba abierto en el país. Pero al asalto de dos trenes de pasajeros por parte de los cristeros provocó la reacción inmediata del gobierno, expulsando a los obispos con la acusación de responsabilidad. Monseñor Guízar también partió al destierro, temporalmente en Texas, dejando al padre Justino de la Mora como responsable.

Estampa contemporánea de San Rafael Guízar.

Estampa contemporánea de San Rafael Guízar.

Todo este tiempo Darío vivió en el anonimato junto a sus compañeros de clases mientras la tormenta de la persecución se iba agitando. En 1928 se comenzó a hablar con los obispos para llegar a un acuerdo pero el 17 de julio de ese mismo año fue asesinado el general Álvaro Obregón, presidente reelecto de la República y el 1 de diciembre fue elegido gobernador del Estado de Veracruz el general Adalberto Tejeda. Tras el diálogo con los prelados, se acordó la reanudación del culto pero el calvario estaba lejos de haber terminado, en especial en los estados de Tabasco, Veracruz y algunos casos aislados.

El seminarista Ángel Darío Acosta fue ordenado sacerdote en el estado de Veracruz a manos de San Rafael Guízar y Valencia el 25 de abril de 1931, su madre no pudo asistir a la ceremonia por encontrarse su hermano Vicente enfermo, pero asistieron sus hermanos Heriberto y Leopoldo. El 24 de mayo en la fiesta de Pentecostés cantó su primera misa y dos días después fue nombrado vicario de la parroquia (actualmente catedral y sede de la diócesis de Veracruz), no pudiendo desempeñar durante largo tiempo este nuevo ministerio porque dos meses después fue llamado al cielo, aunque según atestiguaron varias personas ante el tribunal eclesiástico “pasaba mucho tiempo en el confesionario”. Este caso nos recuerda al del Cura de Ars en su ministerio sacerdotal, celebraba la misa con mucho fervor pero no iba a pasar mucho tiempo antes de que llegara inminentemente el momento del martirio.

El 25 de julio su madre vino a visitarlo y llegaba en el momento en que el padre Darío celebraba la Eucaristía, no pudiendo quedarse largo tiempo porque tenía mucho trabajo ministerial. El gobierno de Tejeda se caracterizó por una continua hostilidad hacia la Iglesia, publicó la conocida como Ley Tejeda o ley 197, que reducía el número de sacerdotes en el estado, en Xalapa ocurrieron varios eventos trágicos; un ex-seminarista y fanático religioso de nombre José Ramírez intentó asesinar al gobernador y entonces. éste furioso, acusó a todo el clero del atentado y varios grupos de anticlericales atacaron las iglesias de la capital del estado con pistolas y machetes así como botes cargados de gasolina. Pero en el puerto de Veracruz no estaban al tanto de lo ocurrido en Xalapa y seguían en sus puestos. Ese día había más niños que nunca preparándose en el catecismo de la tarde: cuatro mil abarrotaban las naves de la iglesia.

Fotografía de San Rafael Guízar, ya como obispo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Fotografía de San Rafael Guízar, ya como obispo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

El párroco Mora, los vicarios Landa, Rosas y el mártir estaban en sus puestos, cuando a las seis de la tarde aparecieron cuatro o cinco hombres (otros testigos hablan de diez) vestidos con gabardinas militares que comenzaron a disparar desde el comulgatorio. Al Padre Rosas no le pegaron porque se cubrió con el púlpito aunque no evitó ser rozado por una bala en la pierna. El padre Darío estaba dos o tres metros frente a ellos. La Sra. Delfina (una de los testigos) oyó muy bien lo que dijo él a aquellos hombres: “Si algo quieren conmigo, acompáñenme a la sacristía”. Antes de llegar le dispararon por la espalda y bañado en su sangre, exclamó “¡Jesús!”. Hubo una gran confusión, se escuchaban gritos de pánico y de horror y una testigo llamada Josefa Salum narraba: “Éramos como quince catequistas, sucedieron cosas horribles, balazos, Lucía Quiroga fue herida (ya falleció); la orden fue que todos los niños se tiraran al suelo. Un muchacho de la Acción Católica, le pegó un tiro en el fémur al tal Aguirre y por eso lo agarraron, hubo otro que agarraron y los llevaron a la policía pero los dejaron escapar”. Algunos niños se lesionaron al correr, por causa de los tropiezos hubo muchos heridos. El padre Landa fue herido y lo trasladaron al hospital, y el padre Darío estaba tendido con la boca abierta, el párroco apareció y pidió que a él lo mataran también pero los asesinos habían huido. El mártir tenía 23 años y solo dos meses había servido de vicario.

Al enterarse de lo ocurrido el obispo Guízar no tardó en protestar y envió una carta fulminante al gobernador: “Señor Tejeda: Ya Veracruz fue regada con sangre de Mártires, y en ella fructificará para que brillen la Verdad y la Justicia; y para la Religión, lejos de extinguirse en mi amada diócesis, con tal excelente poda brote con más vigor, a pesar de los esfuerzos de los tiranos que se estrellarán ante la roca inexpugnable de Dios”.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

Veneración
El asesinato del padre Darío se propagó por toda la ciudad como una llamarada, todos condenaban el asesinato salvaje cometido por esbirros del gobierno estatal, de inmediato fue considerado mártir de la fe y venerado. Inicialmente fue sepultado en el cementerio municipal (lo que actualmente es Reino Mágico) y después sus restos fueron trasladados a la catedral.

El obispo (recién fallecido en 2013) José Guadalupe Padilla Lozano inició la Causa de beatificación, que llegó a su culminación con la ceremonia de beatificación el 20 de noviembre de 2005 en el Estadio Jalisco de Guadalajara, durante el pontificado de Benedicto XVI, encabezada por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins.

René Alejandro

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Bibliografía:
– Langlois, Y., “Darío, joven mártir veracruzano”, 1999.

Enlaces consultados (12/01/2016):
– beatoangeldario.mex.tl/1323009_Vida-del-Beato.html
– www.santuariodelosmartiresdecristo.org/wp/beatos-martires

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San Pedro Esqueda Ramírez, presbítero y mártir

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Infancia
Nació el 29 de abril de 1887 en la ciudad de San Juan de los Lagos, Jalisco; fueron sus padres Margarito Esqueda y Nicanora Rodríguez. Ese mismo día fue hecho hijo de Dios por el Bautismo, recibiendo el nombre de Pedro en honor de San Pedro de Verona, que se celebraba en esa fecha. La confirmación la recibió el 10 de julio de ese mismo año por ministerio del Obispo Fray Ramón María Moreno Castañeda O.C.
Aunque pobres, sus padres eran muy buenos cristianos; esta pobreza los hizo cambiar de domicilio varias veces, hasta que el párroco de la ciudad acomodó a su padre en la casa del diezmo, lo que habla muy bien de la honradez Margarito, que se mantuvo en el lugar mucho tiempo por la confianza que se le tenía. Además de Pedro, la familia tuvo otras dos hijas: Valeria y María Dolores, los tres educados con esmero en los principios cristianos.

Pedro comenzó a estudiar a los cuatro años, cuando tenía seis, comenzó la primaria. Fue un alumno aprovechado y aplicado, por lo que varias veces recibió premios. Niño sencillo, su infancia se vio marcado por las privaciones y la enfermedad. En efecto, padeció la viruela y quedó muy debilitado por ello, al grado de tener que apoyarse en la pared para poder caminar. Le sobrevenían hemorragias y tuvo una debilidad muy marcada. Además su alimentación fue muy deficiente: frijoles, tortillas y atole, la leche era un lujo que no podía darse su familia.

Pedro fue integrante del grupo de monaguillos y del coro de la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los lagos, alternando cada semana estas actividades. Entonces sufrió el desprecio de algunos porque vestía calzón de manta largo. Hizo su Primera Comunión a los ocho años, a esta edad le gustaba hacer altares y jugar a celebrar misa. Por este tiempo le gustaba rezar el rosario dos veces al día: uno ante la imagen de la Virgen en la basílica y otro en casa con su familia. Se desatacaba por su alegría aunque como niño era corajudo y bastante tímido. Le tenía miedo a los saldados y a la policía.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Vocación
Al terminar la primaria, trabajó en una zapatería, su vocación sacerdotal comenzó a aflorar, pero tenía miedo de decírselo a su padre, por lo que le confió a su mamá este secreto, quien hablo con su esposo y éste le dijo: “Sí, aunque pida limosna, dile a Pedro que hable conmigo”. Allí en san Juan de los Lagos había un Seminario Menor, donde comenzó sus estudios. En 1908 los superiores lo enviaron a Guadalajara a concluir sus estudios. Allí tuvo por compañero al Beato Anacleto González Flores. En 1914 a causa de la persecución carrancista, el Seminario fue incautado, por lo que Pedro tuvo que esconderse y volvió a su tierra, donde colaboraba en la vida parroquial.

El 19 de noviembre de 1916 fue ordenado sacerdote por ministerio del Obispo de Tehuntepec, Ignacio Plascencia y Moreira, en la capilla del Hospital de la Santísima Trinidad fundado por la Beata Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco. A los seis días la autoridad eclesiástica determinó enviarlo como vicario a su ciudad natal y a que diera clases en el Seminario Menor si le era posible. El 1 de diciembre siguiente tuvo la alegría de celebrar su primera misa en el altar de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.

En febrero de 1918 murió su padre, sus madre y sus hermanas se dedicaron entonces a elaborar tortillas y atole y costuras para vivir honestamente, así se le marcó la pauta al que sería llamado “Pastor de los pobres”. Es oportuno recordar cómo su madre influyó para que Pedro tuviera en su corazón la semilla del deseo del martirio. Durante el conflicto religioso en Jalisco (1917-1921), dos sacerdotes de San Juan de los Lagos hicieron una fiesta en la que participó San Pedro y que causó la molestia del Presidente Municipal, que pretendía encarcelar a los sacerdotes. Este hombre aconsejó a Doña Nicanora para que advirtiese a su hijo del problema, quien le respondió: “Que le hagan lo que quieran, ojalá fuera mártir”. La cosa no pasó a mayores y su madre no vivió para ver a su hijo como mártir. Ella murió en 1922, estaba toda encorvada y su hijo, unas semanas antes de que muriera se acercó para recibir su bendición. Ella le dijo entonces: “Qué dicha si mi hijo fuera mártir”. Su fallecimiento le causó honda pena al santo, que le lloró profusamente.

Imagen en la parroquia de San Juan Bautista, lugar de su ministerio.

Imagen en la parroquia de San Juan Bautista, lugar de su ministerio.

Ministerio
Por once años San Pedro Esqueda realizó su ministerio en la Parroquia de San Juan Bautista. Su párroco le apodó el santito y refería al arzobispado que tenía bajo su cargo a un sacerdote muy piadoso.
Su celó por las almas fue grande, así como su caridad para con los pobres, a quienes cedía los regalos que recibía o daba el dinero que le llegaba. Nunca se le vio de mal humor. Sin duda alguna su ministerio sacerdotal se volcó sobre los niños, a quienes preparaba a recibir la Primera comunión y a querer profundamente al Señor sacramentado, por lo que organizó la “Cruzada Eucarística”. También se esmeró en organizar el grupo de monaguillos. Siempre andaba rodeado de niños. Con quienes jugaba cubriéndolos con su manteo, dejándoles ver solo sus pies. Les hacía fiestas en la Navidad y les conseguía muchos regalos. Es notoria la dedicación que tuvo al catecismo, formando un buen equipo para realizar este apostolado. Cuando sobrevino la persecución de 1926, se dirigió a los pequeños con estas palabras: “Niños, ahora ya no hay doctrina, pídanle a Dios por lo sacerdotes, quién sabe cuantos moriremos”.

Tenía buena fama entre los feligreses que le quería mucho y que le decían “el Padre Pedrito”. Dedicado a su ministerio, destacaba por su humildad y mansedumbre. Fue un sacerdote de costumbres puras y conducta intachable, nunca fue criticado por causa de impureza o de avaricia.. Piadoso al celebrar la misa, diligente en los grupos que se le encomendaban. Dedicaba tiempo considerable al confesionario y fustigaba a la mala prensa porque consideraba el mal que esta causaba en el entorno social de entonces. Le gustaba hacer reuniones con los padres de familia quienes aconsejaba: “Cuiden mucho de sus hijos y denles buen ejemplo”. Amaba tiernamente a la Santísima Virgen María y con su celo sacerdotal procuraba inflamar en todos los corazones este cariño. De igual manera se preocupaba de que el Santísimo Sacramento fuera amado y respetado, se refería a él llamándolo “El Amo”.

Detalle del Santo en una estampa devocional de los mártires mexicanos.

Detalle del Santo en una estampa devocional de los mártires mexicanos.

También tuvo esmero en su atención a los enfermos, al grado que una vez se cayó de un caballo por ir a atender a uno. Esa vez se sintió cercano a la muerte pues dio indicaciones a su hermana Valeria sobre algunos puntos si le llegara la muerte. Se refieren algunos hechos sobrenaturales de curación a algunas personas. Le gustaba ser invitado a comer a las casas de los pobres o llegaba de sorpresa para comer lo que hubiera. Había lugares donde hacían fiesta por el simple detalle de su llegada. Por esto, muchas personas le ayudaban incondicionalmente en sus empresas.

La persecución religiosa de 1926
El 31 de julio de 1926 el episcopado de México decretó la suspensión de culto público debido a la legislación de la Ley Calles, que procuraba reprimir y someter a la Iglesia Católica. El Arzobispo de Guadalajara Don Francisco Orozco y Jiménez autorizó a su sacerdotes a que si querían esconderse lo hicieran o que se congregaran en las grandes ciudades. El Párroco de San Juan de los Lagos se escondió, quedando entonces San Pedro Esqueda a cargo de la parroquia. Por entonces escribía a alguien: “Desde que están cerrados los templos, me siento afligido por penas continuas. Ahora por esta causa, ahora por esta otra, padecemos tentaciones que antes no teníamos”. Se dispuso a vivir en una casa donde lo primero que hizo fue instalar un oratorio. Decía: “Sin el Santísimo Sacramento, la situación de este pueblo sería triste e intolerable”. Como arreciara la persecución, tuvo que esconderse en Jalostotitlán, Jalisco. Reflexionaba entonces: “Los pecadores de este tiempo y de esta nación, humillémonos delante de Dios, reconociendo nuestros crímenes personales y los de la nación mexicana, pidamos perdón con un corazón contrito y humillado”.

Como muchos fieles se desplazaban a Jalostotitlán y sus vidas peligraban, determinó volver a San Juan de los Lagos y cuando lo hizo, al buscar asilo, las puertas se le cerraron. Como sus hermanas le objetaran su proceder, les respondió: “Dios me trajo, Dios sabrá”. Obtuvo protección con la familia Macías. San Pedro Esqueda tenía miedo de morir y hasta tuvo constantemente pesadillas por esta razón, pero finalmente mostró resolución y aceptación de su destino. A alguien que le aconsejaba que se escondiera porque le preocupaba su integridad, le respondió: “Duerma su sueño tranquilo, que si me matan, me matan el cuerpo, pero no el alma”. Por precaución hizo cavar un foso en el suelo de su recámara, donde escondía los enseres para celebrar misa, los ornamentos litúrgicos, los santos óleos, los libros notariales y un espacio para él.

Detalle de la imagen yacente del Santo junto a su sepulcro.

Detalle de la imagen yacente del Santo junto a su sepulcro.

Martirio
El 17 de noviembre de 1927 celebró la misa con mucha devoción, y algunas personas refieren que se veía en su rostro la disposición de morir. Al día siguiente, un grupo de soldados dirigido por el Teniente Santoyo arribó a la casa donde se escondía, con lujo de violencia entraron a buscar al sacerdote que apenas se había alcanzado a esconder y a cubrir su escondite con tablas. Fue sacado del subterráneo con golpes y la fuerza. Lueho El Coronel Gonzáles Romeo lo interrogó y a continuación lo golpeó en la cara varias ocasiones, hiriéndole el rostro por ello. Luego lo llevaron a la casa del abad, donde estuvo encarcelado e incomunicado. Durante los días que estuvo prisionero lo azotaban bárbaramente, al grado que hubiera muerto por esta causa.

El 22 de noviembre, la tropa se dispuso ir a San Miguel el Alto, Jalisco, llevándose al santo consigo. Lo sacaron de su encierro a empellones y al bajar de las escaleras del edificio lo empujaron con fuerza por ellas al grado que se quebró el brazo de derecho al caer. En todos estos tormentos siempre manifestó tranquilidad de ánimo. Lo llevaron a pie hasta la salida de la ciudad y luego lo amarraron y montaron en un caballo. Allí, a la salida de la ciudad el santo tuvo tiempo todavía para hacer algunos encargo y envíar varios recados. Llegaron a Teocaltitán, donde había un mezquite de cuyas ramas colgaba mucho rastrojo. Fue bajado del caballo y el Coronel le ordenó que se subiera al árbol, el santo mostró entonces mucha humildad e intentó cumplir la orden pero no pudo por la lesión del brazo. Hizo varios intentos inútilmente. Al parecer la intensión del militar era quemar vivo al sacerdote cuando estuviera sobre el árbol, pero como no se pudo subir, el Coronel sacó su pistola, disparó sobre él y lo mató de tres tiros.

Los habitantes de Teocaltitán le dieron sepultura en el panteón local luego de velarlo en un salón de la escuela. En 1938 los habitantes de San Juan de los Lagos, tras varios años e intentos, obtuvieron el permiso para exhumar sus restos y llevarlos a esta ciudad, más los habitantes de Teocaltitán no lo aceptaron y adelantándose, lo desenterraron y con cuidado y los resguardaron en secreto en una casa. Por gestiones del Párroco de Jalostotitlán, que presionó a sus feligreses y a quienes participaran en la maniobra, se logró dar con el paradero de los restos, que fueron finalmente llevados a San Juan de los Lagos el 21 de noviembre de ese mismo año, siendo reinhumado en la parroquia de San Juan Bautista, donde había ejercido su ministerio sacerdotal.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

Culto
San Pedro Esqueda integra el grupo de mártires encabezado por San Cristóbal Magallanes, mismos que fueron beatificados por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y que también él mismo canonizó el 21 de mayo de 2000. Actualmente se ha erigido un Santuario a San Pedro Esqueda a unas cuantas cuadras de la Catedral Basílica de san Juan de los Lagos. En este lugar están sepultadas sus reliquias, que se han convertido en meta de peregrinaciones.

Humberto

Bibliografía:
– CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA, ¡Viva Cristo Rey!, editada por ella misma, México, 1991, pp. 65-71.

– DIOCESIS DE SAN JUAN DE LOS LAGOS, Tierra de Mártires, Impre-Jal. Guadalajara, Jalisco, 2002, pp. 72-81.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, mártires de Cajonos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen oficial de la beatificación, pintura hecha por Nicéforo Urbieta en 2002.

Imagen oficial de la beatificación, pintura hecha por Nicéforo Urbieta en 2002.

Introducción
La evangelización de los pueblos conforme a la voluntad de Cristo antes de su Ascensión ha venido realizándose en cada época y región del mundo desde el principio de la Iglesia. Este proceso conlleva muchas dificultades, tanto para el evangelizador como para el evangelizado, pues se enfrentan dificultades culturales, incomprensión y rechazo, dando consecuencia el odio, la persecución, la cárcel y la muerte. Quienes abrazan la fe cristiana y dejan antiguas costumbres, algunas de ellas contrarias al Espíritu del Evangelio, son señalados como traidores de su gente y padecerán la animadversión y también el martirio.

Se habla actualmente de la inculturación del Evangelio y este es un reto a vencer desde muy antiguo, pues inoportunamente se ha llegado a considerar este proceso celebrando la liturgia en los idiomas nativo, cuando lo correcto es que la cultura receptora, para fortalecerla, debe ser permeada por el Evangelio, dándole así mayor proyección y más plenitud. Debe amalgamarse en la vida ordinaria del individuo que es neófito para que su persona, desde su experiencia, descubra, viva y se asemeje a Jesucristo.

En México la población indígena ha recibido con alegría, convicción y esperanza la Palabra de Dios pero la labor hecha hasta ahora ha sido insuficiente. Faltan misioneros y sobre todo, el cabal testimonio de quienes llamándose cristianos no viven como tales. Si así fuera, los hermanos indígenas se podrían adherir con mayor facilidad y prontitud. Oaxaca, en la región suroeste de México es un terreno fértil que se ha ganado para Cristo, pero falta fortalecer y animar a los bautizados, atraer y convences a quienes son indiferentes o no conocen a Cristo, incluso, hacer volver a quienes han abandonado la fe católica. Al evocar en este artículo a los Beatos mártires de Cajonos: Juan Bautista y Felipe de los Ángeles, indígenas nativos de esta zona, sirva para que su ejemplo e intercesión sea una luz que anime a continuar esta tarea.

Referencia histórica
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles son dos indígenas de origen zapoteca, originarios de la Sierra norte de Oaxaca. Nacieron alrededor del año de 1660 en San Francisco Cajonos. El primero se casó con Josefa de la Cruz, con quien tuvo una hija llamada Rosa; el segundo se enlazó con Petrona de los Ángeles, procreando dos hijos: Juan y Nicolasa. Ambos pertenecían a esta Vicaría de Cajonos, atendida por los padres dominicos Gaspar de los Reyes y Alonso de Vargas. Ambos tuvieron una vida íntegra como ciudadanos, como esposos y como personas. Desempeñaron por ello los cargos de topil, juez de tequío, mayor de vara, regidores, presidente, síndico y alcalde. Tenían un aprecio por las costumbres civiles de su pueblo y eran responsables como ciudadanos en los cargos que la comunidad les designaba. Igualmente fueron evangelizados, bautizados y catequizados constantemente. En el ambiente eclesiástico fueron acólitos, sacristán menor y mayor y topilillo.

Traslado de las reliquias en la ceremonia de beatificación.

Traslado de las reliquias en la ceremonia de beatificación.

Finalmente desempeñaron los cargos de fiscal, cargo civil y eclesiástico instituido a instancias del III Concilio Provincial Mexicano en 1585, responsabilidad designada a alguien por sus costumbres irreprochables que ayudaban al párroco al cuidado de las costumbres públicas. Era su oficio propio inquirir los delitos y vicios que perturbaban la moral comunitaria: amancebamientos, adulterios, divorcios indebidos, perjurios, blasfemias, infidelidades, etc.

Martirio
El 14 de septiembres ambos fiscales descubrieron que en San Francisco Cajonos se reunió un gran número de personas se reunieron para hacer cultos ancestrales e idolátricos. Dieron la voz de alerta a los padres dominicos que acompañados por el Capitán Antonio Rodríguez, sorprendieron a los congregados, los dispersaron y se apropiaron de la ofrenda que fue resguardada en el convento. Al día siguiente, el pueblo se amotinó, por lo que los padres, el capitán y los fiscales se resguardaron en el convento. Durante casi todo el día hubo negociaciones entre los sediciosos y las autoridades recluidas en el convento sin llegar a un acuerdo. Ante el peligro de que se incendiara el lugar y todos fueran asesinados, finalmente el Capitán Rodríguez decidió entregar a los fiscales al pueblo con la condición de que se les respetaría la vida, arreglo que no estuvieron de acuerdo los padres dominicos.

Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles pidieron la absolución y la comunión y se entregaron dócilmente luego de deponer sus armas. Ambos aceptaron la perspectiva de morir y Juan Bautista decía: “Vamos a morir por la ley de Dios. Como yo ya tengo a su Divina Majestad, no temo nada ni he de necesitar armas”. Luego, cuando se vio en las manos de sus verdugos, les dijo: “Aquí estoy, si me han de matar mañana, mátenme ahora”. Fueron torturados tremendamente, fueron azotados sin compasión y como podían mirar hacia arriba del convento, ambos les decían: “Padres, encomiéndennos a Dios”. Sus captores se burlaban de ellos diciéndoles: “¿Te supo bien el chocolate que te dieron los padres?”. Pero ellos nada respondían.

Ceremonia de la beatificación.

Ceremonia de la beatificación.

El 16 de septiembre, los verdugos condujeron a Juan Bautista y Jacinto a San Pedro, donde siguieron azotándolos y luego los encarcelaron. Los invitaron a apostatar de la fe católica a cambio del perdón, mas ellos contestaron: “Una vez que hemos profesado el Bautismo, continuaremos siempre a seguir la verdadera religión”. Luego los condujeron a la sierra, subiendo y bajando laderas, hasta el monte Xagacía, donde amarrados los despeñaron, casi los degollaron y mataron a machetazos, sus corazones fueron arrancados y echados a los perros, que no se los comieron. Los verdugos Nicolás Aquino y Francisco López bebieron sangre de los mártires, para animarse y fortalecerse, según costumbre de beber sangre de animales de caza, pero también como signo de odio y coraje, según un dicho ancestral que dice: “Me voy a tomar tu sangre”. Y luego los sepultaron en el mismo monte, desde entonces llamado “Monte Fiscal Santos”.

Algunos opinan que los fiscales no son mártires sino delatores de sus paisanos y traidores a su cultura; pero es claro que los fiscales estaban designados civil y religiosamente para el ejercicio de un cargo público en el pueblo y en la comunidad religiosa. Más aún, desde el principio en el proceso civil que se llevó a cabo entre 1700-1703 y en el proceso eclesiástico hasta el día de hoy, viene la fama de martirio y de santidad, que finalmente la Iglesia reconoce con la beatificación.

Culto
En 1889 sus restos mortales fueron trasladados a la catedral de Oaxaca, fueron beatificados por San Juan Pablo II el 1 de agosto de 2002. En 2003 se realizó la primera misa en su honor precisamente en el lugar donde fueron martirizados y sepultados originalmente. Su celebración litúrgica ha sido dispuesta que se conmemore el 18 de septiembre.

Sepulcro en la catedral de Oaxaca, México.

Sepulcro en la catedral de Oaxaca, México.

Oración
Dios todopoderoso y eterno, que concediste la gracia de morir por Cristo a tus Beatos mártires Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, ven en ayuda de nuestra debilidad, para que podamos dar con nuestra vida, el mismo testimonio de ti que ellos no dudaron en dar con su muerte. Por…

Humberto

Enlace consultado (15/09/2014):
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20020801_los-angeles_sp.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es