San Pedro II, arzobispo de Tarantasia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono del Santo.

Icono del Santo.

Nació en el año 1102 en la villa de Saint-Maurice-de-l’Exil, siendo el segundo de los cinco hijos de unos padres muy piadosos y caritativos, que daban hospedaje a cuantos religiosos pasaban por su pueblo. Por esto, desde su infancia, conoció a algunos monjes cartujos y a algunos cistercienses pertenecientes a la recién fundada Abadía de Bonnevaux, cercana a su casa. En esta abadía, cuando tenía veinte años de edad, acompañado de su hermano Lamberto, tomaron el hábito cisterciense. Años más tarde, el más pequeño de los hermanos y su padre ingresaron también en la abadía, mientras que su madre y su hermana, tomaron el velo monacal en la abadía cisterciense de San Pablo de Izeaux. O sea, de los siete miembros de la familia, seis se hicieron religiosos cistercienses.

En el año 1120, algunos monjes de la Abadía de Bonneveaux habían fundado el monasterio de Mazan en la región de Vivarais y el de Montpeyroux en Alvernia y en el 1132, bajo los auspicios del arzobispo Pedro I de Tarantasia, hicieron la fundación de Tamié en la región de Saboya, nombrando a Pedro como abad, el cual se prodigó sin límites en conseguir para su abadía todo tipo de bienes, tanto espirituales como materiales. El arzobispo San Pedro I de Tarantasia, promotor de esta fundación, había sido un antiguo monje de Citeaux y abad de La Ferté.

En el 1140, cuando murió el santo arzobispo Pedro I, le sucedió Isdraël – que era capellán del conde de Saboya -, pero que poco a poco se mostró indigno para ocupar este cargo hasta el punto de que la Santa Sede lo depuso del mismo. Entonces, se apeló a Pedro (que como he dicho era abad de Tamié), el cual, en un principio se mostró renuente a aceptar el cargo, aunque finalmente tuvo que hacerlo ante la insistencia de los abades de Citeaux y de Bonnevaux y, sobre todo, de San Bernardo de Claraval. Y así, siguiendo el ejemplo de su antecesor San Pedro I, conservó el hábito monacal y mantuvo en todo lo posible durante toda su vida, el cumplimiento personal de la Regla Cisterciense. Reformó el Capítulo de su catedral recurriendo a los Canónigos Regulares de la Abadía de San Mauricio de Agaune, viviendo con ellos en comunidad. Esta vivencia la compaginó con la visita pastoral a todas las parroquias de su diócesis, prodigándose en la realización de obras sociales y en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Confirmación.

Abadía de Tamié.

Abadía de Tamié.

En el año 1153, el Papa Eugenio III – que había sido antiguo monje de Claraval -, delegó en él la solución de una disputa entre el obispo de Maurienne y los señores de La Chambre. Dos años más tarde, el Papa Adriano IV, de acuerdo con el santo obispo Amadeo de Lausanne, le encargó el restablecimiento de la paz entre los Premonstratenses de Lac-de-Joux y los monjes de Lieu-Poncet, los cuales dependían de la Abadía de San Claudio. Como, según su biógrafo, en esta abadía se le atribuyeron la realización de algunos milagros, comenzó a difundirse por toda la región su fama de santidad. Huyendo de esto, decidió dejar su diócesis para esconderse en el monasterio cisterciense de Lucella, en la diócesis de Basilea, aunque allí fue descubierto camuflado como un monje más, dedicado a las labores agrícolas del monasterio. Contrariado, retornó a su diócesis dedicándose plenamente a sus deberes pastorales.

Deseoso siempre de practicar la caridad, transformó su palacio episcopal en una casa de acogida para los pobres; su mesa siempre estaba dispuesta para los más necesitados, con los cuales compartía todo cuanto tenía. Pero, dada la cantidad de menesterosos que acudían a él, pronto se dio cuenta de la necesidad de instituir obras y organizaciones de caridad, entre las cuales cabe destacar el llamado “Pan de Mayo”, que sobrevivió hasta la llegada de la Revolución Francesa y que consistía en la distribución de un plato de sopa caliente a cuantos acudían al que había sido el palacio episcopal. Su biógrafo dice que en más de una ocasión fue tan grande el número de necesitados que acudían, que la sopa se multiplicaba de manera milagrosa; algo similar al célebre milagro que llevó a la canonización a San Juan Macias.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Asimismo agrandó el llamado “Hospicio del Pequeño San Bernardo”, en la célebre Colonne-Joux, que como sabemos es un puerto de montaña que separa Tarantasia (en la Saboya francesa) del Valle de Aosta en Italia. Este hospicio había sido fundado por San Bernardo de Menthon a fin de proteger a los peregrinos contra los bandidos y las inclemencias del tiempo, pero que con el paso de los años se fue deteriorando, por lo que San Pedro II de Tarantasia lo reconstruyó. Quién desee más información sobre este emplazamiento, lea este enlace.

Por su forma de ser y de actuar consiguió tener una gran autoridad moral en toda aquella región: el conde de Saboya lo llamaba para recibir sus consejos y en más de una ocasión recurrió a él para que intermediara en alguna disputa. Así, restableció la paz entre el conde y el obispo San Guerino de Sión, quién había sido abad del monasterio cisterciense de Aulps. En el año 1156 redactó un tratado de alianza entre el abad de San Mauricio de Agaune y el del monasterio de Nuestra Señora de Abondance. Ese mismo año, en San Segismundo, resolvió otra discrepancia entre el obispo de Ginebra y el conde del Ginebrino (lo que hoy sería el alcalde), acerca de los respectivos derechos o competencias de cada uno de ellos sobre aquella ciudad.

Relicario con el húmero del Santo.

Relicario con el húmero del Santo.

Pero su más importante actividad fue aquella que llevó a cabo en defensa de la unidad de la Iglesia cuando en el año 1159, a la muerte del Papa Adriano IV, después de la elección de Alejandro III, cuatro cardenales fieles al emperador se reunieron eligiendo a uno de ellos que tomó el nombre de Víctor IV. Entonces, en la ciudad de Crema, el emperador Federico Barbarroja convocó a un cierto número de obispos y arzobispos a los cuales les propuso la oportunidad de convocar un concilio. Allí se presentó San Pedro II de Tarantasia, acompañado de los abades de Claraval, de Morimond y de otros abades cistercienses para encontrarse con el emperador, el cual iba avanzando camino de Milán y suplicarle que respetase a aquella ciudad y a sus habitantes. En el “seudoconcilio” convocado por Barbarroja en Pavía a principios del año 1160, los cardenales fieles al emperador reconocieron a Víctor IV como legítimo Papa. Pedro, prácticamente solo, se enfrentó al emperador y al antipapa y se marchó a Tarantasia y a las regiones vecinas de Borgoña, Alsacia y Lorena para predicar la unión en torno al legítimo Papa Alejandro III. Su biógrafo nos dice que en esta campaña de defensa del legítimo Papa, realizó numerosos milagros y curaciones.

Tuvo la valentía de presentarse de nuevo ante el emperador para responsabilizarle de la desunión de la Iglesia, pero éste se mostró inflexible. De todos modos, gracias a sus enormes esfuerzos, fue reuniendo en torno a sus tesis a muchos obispos y abades cistercienses, como al obispo Enrique de Baeuvais – hermano del rey de Francia y antiguo monje de Claraval -, al abad Lamberto de Citeaux, a Felipe de Aumône, a San Elredo de Rievaulx y a otros. Finalmente, gracias a sus esfuerzos, en el mes de mayo del 1163, en el Concilio de Tours, los reyes de Francia y de Inglaterra reconocieron solemnemente la legítima autoridad del Papa Alejandro III, el cual se había refugiado en Francia huyendo de la persecución ejercida contra él por Federico Barbarroja. Este siguió en sus treces y a la muerte del antipapa Víctor IV, hizo elegir a otro que tomó el nombre de Pascual III.

En el año 1165, el Papa Alejandro III llamó a Roma a San Pedro de Tarantasia, el cual realizando un triunfal viaje por toda Italia, se presentó ante el Papa acompañado por Gualberto, futuro obispo de Aosta. Digo que este viaje fue triunfal, porque a su paso por las ciudades de Pavía, Bolonia, etc., la población se echaba a la calle para recibirlo; dice asimismo su biógrafo que durante este viaje, el santo realizó numerosas curaciones por el camino. A su vuelta, en Tolosa (Toulouse), logró imponer la paz entre el conde Raimundo V y el conde Humberto III de Saboya. También en ese mismo año intervino eficazmente en una disputa jurisdiccional entre el conde de Forez y la Iglesia de Lyon, consiguiendo que llegaran a un acuerdo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

En el 1170, cuando el emperador se encontraba en Besançon, fue nuevamente a verlo a fin de convencerlo para que firmase la paz con la Iglesia Romana, pero nuevamente fracasó en el intento. Era capaz de poner de acuerdo a multitud de contendientes, pero con el emperador, no lo conseguía. Un año más tarde, durante una estancia de reposo en la Gran Cartuja, hizo división de los bienes materiales de la Iglesia de Tarantasia, determinando la parte que quedaba reservada para los canónigos y la pequeña porción que dejó a la administración del propio obispo.

Sus últimos años de vida fueron particularmente activos. El 12 de febrero del 1173 estaba presente en el castillo de Montferrand (en Alvernia), acompañado de los obispos de Ginebra y de Maurienne y de un numeroso grupo de nobles de la región de Saboya, donde consiguió que firmaran un acuerdo el rey Enrique II de Inglaterra y el conde Humberto III de Saboya; este acuerdo estaba relacionado con el proyecto matrimonial entre la princesa Alicia de Saboya y Juan sin Tierra. Pocos días más tarde, lo encontramos en Limoges, donde por espacio de doce días se quedó en la corte del rey de Inglaterra, realizando diversas curaciones de las que nos ha llegado información gracias al clérigo escritor Gautier Map. Los contactos que tuvo con este rey tuvieron como objetivo el abordar un acercamiento con el rey de Francia, más que deseable ya que los eventos provocados por los cruzados en Tierra Santa se estaban precipitando. Y parece ser que estos contactos no fueron inútiles, pues el 23 de agosto de ese mismo año, el Papa – después de haberlo consultado con el obispo Ponce de Clermont, el abad Alejandro de Citeaux, el prior de la Gran Cartuja y el Gran Maestro del Temple -, delegó en él para que negociara la paz entre el rey de Inglaterra y sus hijos, a los cuales se había unido el rey de Francia y así, el Miércoles de Ceniza del año 1174, el santo obispo Pedro II impuso la ceniza al rey de Inglaterra y a su séquito en la abadía cisterciense de Mortemer, en Normandía.

Urna con la pierna derecha del Santo.

Urna con la pierna derecha del Santo.

De retorno a su diócesis, el arzobispo Pedro II realizó diversas paradas deteniéndose en el monasterio de Hautes-Bruyères (dependiente de la abadía de Fontevrault, en la diócesis de Evreux), en la ciudad de Montmorency, en la abadía cisterciense de Vaux de Cernay, en la abadía de Longuay que está cercana a Langres y finalmente, en Lyon donde fue testigo de una donación realizada por Ulderico de Villars a favor de los cistercienses de Chassagne. Una vez llegado a Tarantasia, recibió un nuevo encargo del Papa ante los monjes de Bellevaux, lo cual hizo que de nuevo tuviese que viajar, pero llegando a su lugar de destino se vio atacado por un violento estado febril, llegando a duras penas al monasterio, donde murió pocos días más tarde, el 14 de septiembre del año 1174, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Fue sepultado en la iglesia de Bellevaux junto al altar dedicado a la Santísima Virgen. Godofredo de Auxerre, que entonces era abad de Hautecombe, quién frecuentemente había estado en contacto con él, escribió su “Vita” con la intención de solicitar su canonización. De hecho, fue canonizado por el Papa Celestino III el 10 de mayo del año 1191, o sea, solo diecisiete años después de su muerte.

preguntasantoral_anticopia_articulo20160127

San Pedro II de Tarantasia, San Bernardo y San Guillermo arzobispo de Bourges, son los únicos tres santos canonizados de la Orden de Citeaux. Su fiesta fue fijada el día 11 de septiembre, pero muy pronto fue trasferida al 8 de mayo. Los cistercienses lo conmemoran el día de su muerte, el 14 de septiembre. La Abadía de Tamié, de la cual fue su primer abad, poseo tres reliquias insignes del santo: la cabeza, la pierna izquierda y un húmero, mientras que la iglesia de San Jorge de Vesoul, conserva la pierna derecha. El resto de reliquias están muy repartidas.

Como hemos podido comprobar siguiendo este breve relato de su vida, fue un obispo que vivió como un monje, un hombre de Iglesia, tremendamente trabajador y conciliador, muy caritativo y con fama de taumaturgo aun en vida.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Godofredo de Auxerre, “Vita Sancti Petri Tarentasiensis”, Biblioteca de Troyes, siglo XII.
– Burnier, A., “Histoire de l’abbayé de Tamié”, Chambery, 1865.
– Dimier, A., “Saint Pierre de Tarentaise”, Ligugé, 1935
– Dimier, M.A., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– Lenssen, S., “Aperçu historique sur la vénération des Saints cisterciens dans l’ordre de Citeaux”, Collectanea Ordinis Cisterciensis III, 1939.
– Múller, G., “San Pedro arzobispo de Tarantasia”, Crónicas cistercienses III, 1891.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Rabano Mauro, arzobispo de Maguncia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Santo ante el papa Gregorio IV.

El Santo ante el papa Gregorio IV.

Rabano (o Hrabanus) Mauro fue uno de los más famosos pensadores cristianos de la Edad Media, actuando como obispo, teólogo, escritor y filántropo en la era post-carolingia; es conocido como el “Preceptor Germaniae”, “el maestro de Alemania.”

Su vida
Existen diferentes opiniones sobre sus orígenes; los biógrafos más antiguos creían que era escocés o inglés, pero según nuevas investigaciones, nació de una noble familia franca llamada los Magnencio, de Maguncia, aunque la fecha de su nacimiento sigue siendo incierta, aunque en algún momento alrededor del año 780. Sus padres, Waluram y Waltrat, lo llamaron Rabano (Hrabanus, es decir, “cuervo” en alemán antiguo) y le dieron una educación básica En el año 791 lo enviaron al monasterio benedictino de Fulda como “oblatus puer”, es decir, “niño dedicado a la Iglesia” y allí recibió la tonsura como monje y estudió en la escuela del monasterio. Fue ordenado de diácono en el año 801 y Ratgar, su abad, le envió al año siguiente, junto con otro monje llamado Haimon, a Tours, con el fin de completar los estudios bajo Alcuino, el famoso maestro del imperio franco de Carlomagno. Allí, en la corte, pasó un corto espacio de tiempo. Alcuino le dio el apodo de “Mauro“, en recuerdo del nombre del discípulo predilecto de San Benito de Nursia. Permaneció allí durante dos años y regresó a Fulda.

Abad y profesor en Fulda
En el año 814 Rabano fue ordenado sacerdote y poco después, posiblemente debido a un malentendido con el abad Ratgar, tuvo que abandonar Fulda hasta la muerte de su superior en el 817, cuando regresó. Rabano veneró profundamente a San Bonifacio, el “Apóstol de los alemanes” que era quién fundó la abadía de Fulda y que ejerció más tarde como obispo de Maguncia. En el 819, durante el centenario del monasterio, la iglesia fue consagrada de nuevo y a ella se llevaron en procesión las reliquias de San Bonifacio. Él mismo, en el año 822 se convirtió en abad del mismo. Llevaba una vida ascética muy dura y nunca comía carne ni bebía vino. Durante estos años, la abadía en Fulda tuvo alrededor de 600 monjes y otros 200 en los monasterios filiales. Trató de aumentar el número de reliquias en el monasterio, ya que era una persona que veneraba sobremanera a los santos más antiguos. En paralelo como maestro y después, como líder de la escuela, fue profesor durante veinte años, convirtiéndose en aquel tiempo la escuela en una de las mejores de las tierras germánicas, teniendo entre sus estudiantes a Walafrid Estrabón, Lupo de Ferrieres y Otfried de Weissenburg. Además de dirigir la vida espiritual y cultural del monasterio, se dedicó a recopilar manuscritos para la biblioteca.

Picto-poema mostrando a Cristo en la Cruz. "De Laudibus sanctae crucis", obra del Santo.

Picto-poema mostrando a Cristo en la Cruz. “De Laudibus sanctae crucis”, obra del Santo.

Arzobispo de Maguncia
Él pudo haber interferido en los asuntos políticos relacionados con las disputas entre los reyes Lothar I y Ludwig el alemán y por ellos se vio obligado a abandonar la abadía en el año 842, cuando se retiró a St. Petersberg, convento cercano a Fulda, donde permaneció unos cinco años. El mismo Ludwig, quien lo obligó a renunciar, lo nombró posteriormente arzobispo de Maguncia en junio del año 847, siendo el cuarto sucesor de su querido San Bonifacio. No era muy joven en ese momento, tenía alrededor de sesenta y cinco años, pero aún así disfrutaba de una buena salud y en esta posición, actuó como primado entre los obispos de Alemania, presidiendo tres concilios provinciales en los años 847, 848 y 852, en los cuales se debatieron diferentes temas relacionados con la teología, cuestiones disciplinarias o administrativas tales como cambiar el obispado de Hamburgo a Bremen a causa de los ataques vikingos, combatiendo las herejías y prohibiendo a los obispos el ir de caza.

Como supervisor local de la Iglesia en Maguncia, atendía la preparación de los párrocos, para lo cual compuso varias obras cortas y también apoyó la construcción de cerca de treinta nuevas iglesias. Rabano fue también un filántropo y esto quedó atestiguado sobre todo durante la hambruna del año 850, cuando ofreció comida diaria a trescientas personas pobres, según nos lo mencionan los “Annales Fuldensis”. Como él mismo nos lo describe en sus últimas cartas, pronto empeoró su salud: ya no podía leer ni escribir como antes y tuvo que quedarse en la cama. Murió el 4 de febrero del año 856 en Winkel im Rheingau (la actual Hessen, en Alemania central), teniendo casi ochenta años de edad, siendo enterrado en el monasterio de St. Alban de Maguncia.

Tratado de Verdún , año 843, partición del Imperio Carolingio. El Santo fue arzobispo aproximadamente de toda la zona coloreada en amarillo.

Tratado de Verdún , año 843, partición del Imperio Carolingio. El Santo fue arzobispo aproximadamente de toda la zona coloreada en amarillo.

Escritos
Los escritos de Rabano fueron muy bien recibidos en la teología occidental de la Edad Media y se recogieron en seis volúmenes latinos de Patrología (107-112), superando así a San Isidoro de Sevilla (cuatro volúmenes) y a Alcuino (dos volúmenes). Hay cuestiones que nos hacen pensar que Rabano pudo ser un pensador original o quizás simplemente un recopilador, o incluso que plagió, pero la forma de escribir de ese momento no se puede comparar con una visión moderna. En cualquier caso, él es el autor, a través de su misión y de la escritura, de la unificación de la Iglesia alemana en cuanto a la mentalidad y las costumbres, y esta es la razón por la cual así se le llamaba en el siglo XIX, y así fueron reevaluadas sus obras: “Maestro de Alemania”(praeceptor Germaniae).

De su predecesor San Bonifacio, Rabano heredó una especial veneración hacia la Santa Cruz. En el centenario del martirio de San Bonifacio, en el año 854, erigió un monumento a la cruz escribiendo el texto “Santa Cruz sálvanos” a ambos lados de la misma. Su primer escrito, del año 810, también lo dedicó a la Santa Cruz, el cual comprende veintiocho poemas recogidos bajo el título “Laudibus Sanctae Crucis”, su obra escrita más famosa, cuyo original se conserva en el Codex Vaticanus Reginensis latinus 124, con 61 páginas. Por este trabajo y muchos otros poemas, es considerado, junto con Gottschalk y Walafrid Estrabón, como uno de los más importantes poetas alemanes de la Edad Media.

Iluminación de la obra del Santo "De laudibus Sanctae Crucis", siglo XI.

Iluminación de la obra del Santo “De laudibus Sanctae Crucis”, siglo XI.

Como ya se ha señalado, estaba preocupado por la preparación de sus sacerdotes, para quienes escribió ya en el año 819, a petición del arzobispo de Maguncia Haistulf, el “De institutione clericorum”. Los temas tratados son: la jerarquía de la Iglesia, los sacramentos, los servicios litúrgicos diarios (Laudae), los períodos de ayuno, los diferentes dogmas, las ropas sacerdotales y la preparación para el servicio litúrgico. Otro tema es la introducción en la lectura bíblica, donde citó a los Padres occidentales de la Iglesia y a la filosofía antigua. Este trabajo fue un manual importante para el clero en Occidente durante la Edad Media.

En St. Petersberg, escribió alrededor del año 842 la obra enciclopédica “De rerum naturis” o “De universo”, en veintidós volúmenes, después de las “Etymologiae” de San Isidoro de Sevilla. Conforme a la visión medieval de la vida escribió primero sobre Dios, sobre las jerarquías celestiales, los Sacramentos y sólo después, acerca de las cosas mundanas como el universo, la tierra, los seres humanos, los animales, sobre otras cosas y sobre las deidades paganas.

La tradición asigna a Rabano Mauro la confección del himno “Veni Creator Spiritus”, dedicado al Espíritu Santo, utilizado aun hoy en día por la Iglesia Católica, cantándose tanto en gregoriano como con música polifónica, aunque existen discusiones acerca de si el himno fue escrito enteramente o solo en parte por Rabano. Hay quienes opinan que este himno fue escrito con ocasión del Concilio de Aachen en el año 809, al mismo tiempo que se impuso la teología del “Filioque” dentro del Credo. Este himno es uno de los pocos himnos dirigidos directamente al Espíritu Santo en la Iglesia de Occidente, y es que ya desde el siglo X se cantaba durante el servicio litúrgico de Tercia y en las Vísperas de Pentecostés. Desde el siglo XI también se utiliza durante las ceremonias de la elección de un nuevo Papa, en la consagración de los obispos, la ordenación de sacerdotes, en la Confirmación, la dedicación de iglesias, etc. Este es el texto de este himno:

Martirologio de Rabano Mauro. Cod. Cantó. 458.

Martirologio de Rabano Mauro. Cod. Cantó. 458.

Veni, creator Spiritus,
Mentes tuorum visita,
Imple superna gratia,
Quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
Altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, caritas,
Et spiritalis unctio.

Tu septiformis munere,
Digitus paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
Sermone ditans guttura.

Accende lumen sensibus,
Infunde amorem cordibus,
Infirma nostri corporis
Virtute firmans perpeti.

Hostem repellas longius
Pacemque dones protinus;
Ductore sic te praevio
Vitemus omne noxium.

Per te sciamus da Patrem
Noscamus atque Filium,
Teque utriusque Spiritum
Credamus omni tempore.
Amen.

Ven Espíritu Creador;
Visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
Que Tú mismo has creado.

Tú llamado Paráclito,
Don de Dios altísimo,
Fuente viva, fuego, caridad
Y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
Pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos,
Infunde tu amor en nuestros corazones
Y con tu perpetuo auxilio,
Fortalece nuestra frágil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,
Danos pronto tu paz,
Siendo Tú mismo nuestro guía
Evitaremos todo lo que es nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre
Y también al Hijo y que en Ti,
Que eres el Espíritu de ambos,
Creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre
Y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador,
Por los siglos de los siglos.
Amén.

El Santo (izqda.) y su maestro Alcuino, abad de la abadía de San Martín (dcha.) entregando la obra "De laudibus sanctae crucis". Iluminación del manuscrito en Fulda, Alemania.

El Santo (izqda.) y su maestro Alcuino, abad de la abadía de San Martín (dcha.) entregando la obra “De laudibus sanctae crucis”. Iluminación del manuscrito en Fulda, Alemania.

Otras obras escritas por él son los comentarios a los libros bíblicos, un Martirologio, algunos versos, homilías y algunas cartas ocasionales.

preguntasantoral_anticopia_articulo20160111

Veneración
Poco después de su muerte fue venerado como un santo, fue honrado en la fecha de su fallecimiento, el 4 de febrero, aunque hoy sólo es venerado en Alemania y especialmente en la región alrededor de Maguncia. En el año 1515 sus huesos fueron trasladados por Albrecht von Brandenburg, arzobispo de Maguncia, a Halle y más tarde a Aschaffenburg. Posteriormente las reliquias se perdieron y actualmente se desconoce donde se encuentran. El templo Walhalla en Regensburg, erigido en 1842 como un santuario por la nación alemana, le dedica una placa a su memoria. Llevan su nombre algunas iglesias y varias escuelas en el oeste de Alemania, en la región del Rin, lo que honra tanto su vida como su sagrada memoria.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Vera Schauber, Hanns Michael Schindler, Heilige und Patrone im Jahreslauf, Pattloch, München, 2001
– Inga Dammer, Birgit Adam, Das grosse Heiligenlexikon. Patronate, Gedenktage, Leben und Wirken von mehr als 500 Heiligen, Augsburg, 1999
– Erhard Gorys, Lexikon der Heiligen, dtv Verlag, München, 1997
– Hiltgard L. Keller, Reclams Lexikon der Heiligen und der biblischen Gestalten, Reclam, Ditzingen, 1984.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos de las Lauras de las Grutas de Kiev (VI)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono de San Atanasio el recluso.

Icono de San Atanasio el recluso.

San Atanasio el recluso
Poco es lo que se sabe sobre San Atanasio el recluso de las Lauras de las Grutas de Kiev. El relato de su vida está inscrito en la “Carta del humilde obispo Simón de Vladimir y Suzdal a Policarpo, monje de las Grutas”.

En ella se dice que el monje Atanasio residía en las grutas cercanas y que según la tradición, murió después de sufrir una larga enfermedad. Tres días después de su muerte, los monjes lo encontraron vivo, sentado y con lágrimas en los ojos porque se había visto en la ultratumba (el más allá). No les contó nada de lo que había visto después de la muerte, pero exhortó a todos a que se dedicaran por completo a la oración, a la penitencia y a la obediencia. El se encerró en una pequeña gruta donde vivió durante doce años hasta que murió en el año 1176.

Su cuerpo incorrupto se venera en las Grutas de San Antonio y su memoria, a nivel individual, se celebra el 2 de diciembre y, junto a todos los santos de las grutas cercanas, el 28 de septiembre. No debe confundirse con su homónimo Atanasio de las grutas lejanas (las de San Teodosio).

San Juan el gran sufridor
San Juan vivió en el siglo XII, en completa ascesis, en las grutas de San Antonio (grutas cercanas). Antes de morir escribió su propia biografía (Vita), utilizando un estilo hagiográfico edificante, contando que desde su juventud había decidido conservarse puro, pero que sufría muchísimo a causa de las tentaciones de la carne, las cuales no podía vencer ni con el hambre, ni con la sed y ni siquiera llevando encima enormes cadenas.

Tumba de san Atanasio el recluso..

Tumba de san Atanasio el recluso.

Un día, bajó a las grutas donde estaba sepultado San Antonio, el fundador del monasterio, rogándole fervorosamente para que le ayudara a vencer estas tentaciones. Al día siguiente escuchó una voz que le decía: “Juan, tienes que encerrarte aquí dentro, para poder debilitar en la oscuridad y en el silencio, las pasiones que te atormentan; si lo haces, el Señor te ayudará por la intercesión de sus santos aquí sepultados”. Desde aquel momento, Juan se estableció dentro de la gruta y solamente, después de treinta años, logró vencer las pasiones carnales. Su lucha fue tremenda, varias veces fue preso del deseo de abandonar la gruta y el monacato.

Entonces, decidió llevar una ascesis aun más intensa, más rígida, por lo que excavó un foso, entró en el al inicio de la Gran Cuaresma y se cubrió de tierra hasta el pecho. Pasó toda la Cuaresma en esa posición, pero aun así, el fuego de la pasión carnal no dejaba en paz a su cuerpo aun estando exhausto.

En una ocasión durante esa Cuaresma, lo aterrorizó una visión del diablo cuyo objetivo era sacarlo de la gruta. Esta visión consistió en la aparición de una horrible serpiente que, vomitando fuego y cubriéndolo con llamas, trataba de tragarlo. Esta visión y su correspondiente lucha le duró varios días y la noche de Pascua, la serpiente agarró con sus fauces a Juan por la cabeza. Entonces el santo, desde lo más profundo de su corazón invocó al Señor diciéndole: “Dios y Salvador mío, ¿por qué me has abandonado? Ten piedad de mí, oh Dios de misericordia. Líbrame de mi inmundo pecado para que no caiga en las redes del maligno. Líbrame de la boca del enemigo, arremete contra él con un rayo y expúlsalo”.

Icono de San Juan el gran sufridor.

Icono de San Juan el gran sufridor.

De repente, de manera imprevista, brilló un rayo y la serpiente desapareció y una luz divina envolvió al monje y le dijo: “Juan, aquí esta la ayuda, presta atención a fin de que no te ocurra lo peor, que es sufrir por toda la eternidad”. El santo se postró en tierra diciendo: “¿Por qué me has dejado tanto tiempo sufrir este tormento? La respuesta fue: “Te he mandado tentaciones para probar tu resistencia, para que pases al crisol como pasa el oro. El Señor asigna una prueba difícil a sus siervos fuertes y tenaces, mientras que a los que son débiles, los prueba con mayor facilidad. Invoca en tu ayuda a San Moisés el húngaro, que está aquí sepultado, porque él te socorrerá en tu lucha”.

San Juan el gran sufridor murió en el año 1160 después de haber recibido la gracia de poder dominar las pasiones de la carne. En las leyendas de las Lauras de las Grutas de Kiev se conservan algunas de las enseñanzas que Juan, el gran sufridor, dejó a la comunidad monástica. Su cuerpo incorrupto reposa en las Grutas de San Antonio y su memoria se recuerda el día 18 de julio. Recuerdo de nuevo que él mismo escribió su propia biografía.

Tumba de San Juan el gran sufridor.

Tumba de San Juan el gran sufridor.

Santos Sisoes y Teófilo, monjes reclusos
Los cuerpos de los santos Sisoes y Teófilo, monjes del monasterio de las Lauras de las Grutas, están expuestas a la veneración de los fieles en una galería cercana al antiguo refectorio, escavado en la roca, inserto en el complejo subterráneo de las grutas de San Antonio. De ninguno de los dos santos existe mucha información histórica, no se conoce la época en la que vivieron aunque en los repertorios hagiográficos vienen colocados entre los siglos XII y XIII.

De San Sisoes no se encuentra mención alguna en la descripción que hace el monje Kal’nofojskij sobre las Grutas de Kiev ni tampoco aparece nada en la obra del alemán M. J. Herbinius, titulada “Religiosae Kijovienses Cryptae”. El metropolita San Filareto Gumilevskij sostiene que las reliquias de San Sisoes se pusieron en las grutas en el año 1675, a fin de ser veneradas por los fieles. De hecho, es recordado en una composición anónima de finales del siglo XVII, a saber el canon del oficio litúrgico dedicado a los monjes venerados en las grutas cercanas, diciendo de él que “destacó por su ayuno” (Oda V del Troparion III).

Icono de San Teófilo el recluso.

Icono de San Teófilo el recluso.

No obstante la tradición hagiográfica del monasterio de las Lauras de las Grutas recuerda a otro monje del mismo nombre, venerado en las grutas lejanas (las de San Teodosio) cuya vida ascética se caracterizó por el ayuno y cuya fiesta se celebra el día 6 de julio. En algunos manuscritos del siglo XVIII que informan sobre la lista de los santos rusos, el San Sisoes de las grutas de San Antonio es mencionado con apelativos como “ayunador”, “kanonarchist” (un término que según la tradición estudita indica un determinado rol en el interior del coro monástico) y algún otro apelativo más. En la mayor parte de los repertorios hagiográficos del siglo XIX, San Sisoes es mencionado como “recluso”. Sin embargo, en la última edición de los menologios, entre los santos monjes venerados en las grutas cercanas inscritos en la lista de los santos rusos (editado en Moscú en el año 1987), son recordados dos monjes de nombre Sisoes: uno con el apelativo de “recluso” y otro con el apelativo de “kanonarchist”.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151210

A San Teófilo, en esos mismos documentos, se le denomina “el recluso”, aunque el hieromonje Kal’nofojskij no califica como “taumaturgo”, o sea, como hacedor de milagros y así es celebrado en los cánones en honor de los santos monjes de las grutas de San Antonio (Oda V, troparion IV). Pero sin embargo no olvidemos que la antigua tradición hagiográfica del monasterio de las Lauras de las Grutas existen algunas noticias sobre otro monje del mismo nombre, inscrito en el relato del monje San Marcos el sepulturero, del que ya hemos hablado en algún artículo de esta serie.

Por último tenemos que decir que siempre dentro de este mismo complejo subterráneo, en una sub-rama secundaria fueron descubiertas el 24 de mayo del año 1853, algunas inscripciones del siglo XI, una de las cuales decía: “Señor, ven en socorro de tus siervos Teodosio y Teófilo. Amen. Ad multos annos” (curiosamente, esto último escrito en latín). En los menologios más modernos, en estas grutas vecinas son recordados tres monjes con este mismo nombre.

Tumbas e iconos de los santos Sisoes y Teófilo, reclusos.

Tumbas e iconos de los santos Sisoes y Teófilo, reclusos.

Los Santos Sisoes y Teófilo son mencionados en la lista de los santos monjes de las Grutas de Kiev del año 1762, con la cual se sancionaba de manera definitiva y canónica el culto a los santos venerados en aquel complejo monástico y cuya celebración litúrgica corresponde el 24 de octubre. Sus nombres están también inscritos en las dos celebraciones comunes en las que son recordados todos los monjes de las Lauras de las Grutas, o sea, el segundo domingo de la Gran Cuaresma y la de los santos de las grutas cercanas, o sea, el 28 de septiembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Strelbitsky, M., “Рассказы о жизни и деловой подвижника Святых Отцов Печерского”, Kiev, 1962
– Cernigovskij, F., “Российские святые”, Sant Petersburgo, 1861.
Paterikon del monasterio de las Grutas de Kiev
– VV.AA, “Bibliotheca sanctórum orientalium, I y II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlace consultado (08/09/2015):
– http://lavra.ua

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Moisés el Etíope, monje mártir de Scete

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

San Moisés el Etíope es conocido también como San Moisés el Moro o San Moisés el Negro. La historia más reciente del centro monástico de Scete de Ediciones J. Cl. Guy, concluye diciendo que allí existieron tres santos monjes del mismo nombre: Moisés de Scete, Moisés de Calamo y Moisés el Etíope, a los que conocemos gracias a los autores que describieron los recuerdos de sus visitas realizadas a los monjes de Egipto a finales del siglo IV y principios del V, especialmente Paladio de Galacia y Casiano el monje, (J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964). A esto habría que añadir los testimonios de Sozomenos y los de la colección alfabética de los “Apophthegmata Patrum”. O sea, que estas son las fuentes que tenemos para conocer a nuestro santo de hoy.

Así, a Moisés de Scete lo conocemos solo a través de Casiano que, sin embargo, por otra parte, no proporciona ningún elemento hagiográfico preciso, salvo que vivió en Scete entre los años 390 al 400 y que gozaba de gran fama. Casiano, incluso, nos habla de Moisés de Calamo – un desierto cercano al Mar Rojo -, del que dice que su vocación monástica habría sido causada por un motivo similar a la de Moisés el Etíope, o sea, escaparse del mundo para librarse de una condena por asesinato.

Con respecto a Moisés el Etíope tenemos algo más de información gracias a la “Historia Lausiaca” (de Paladio de Galacia), en la que se dice que era natural de Etiopía, negro y muy alto. Había sido esclavo de un patrono que lo había despedido porque lo había cogido realizando pequeños robos y que al quedar en libertad, gracias a su fortaleza física y perspicacia, se convirtió en el cabecilla de una banda de ladrones que operaba a las orillas del Nilo, estando acusado de cometer algunos asesinatos durante sus pillajes. En este relato hay algo que no cuadra, porque si en aquella época un patrono cogía a un esclavo robando, lo normal es que lo castigara o matara y no que lo soltara.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Basándonos en esta “Historia Lausiaca”, a título de ejemplo, es interesante recordar la vida “poco edificante” que Moisés llevaba antes de su conversión y por eso mencionemos el episodio que cuenta del pastor del cual Moisés quería vengarse porque le había impedido cometer una fechoría. Esto es lo que cuenta: “Moisés intentaba por todos los medios matar al pastor y habiéndose enterado de que este estaba en la otra orilla del Nilo, se puso la ropa sobre la cabeza y cogió la espada con los dientes para atravesar el río a nado y llegar hasta él. El pastor lo vio venir y se escondió en una cueva y Moisés, no pudiendo hacer lo que pretendía, mató a cuatro de sus mejores carneros, los ató con una cuerda e intentó de nuevo atravesar el Nilo llevándoselos detrás de sí. Una vez alcanzada la orilla, llegó a una aldea, los despellejó y después de haberse comido toda la carne que pudo y haber vendido las pieles para comprar vino, se fue a donde estaba su pandilla, a unas cincuenta millas de distancia”.

Pero en un momento de su vida, quizás huyendo del castigo por sus crímenes, decidió visitar el monasterio de Scete donde estaba de abad San Macario el Grande. Allí, al comprobar la paz monástica y la benevolencia de los monjes, fue tocado por la gracia, se arrepintió de sus crímenes y decidió quedarse con ellos dedicándose a llevar una vida de penitencia y de ascetismo con un ardor superior a la fortaleza que había tenido durante su vida de bandido. Fue tonsurado como monje y fue ordenado de sacerdote por el obispo de Alejandría y después, deseando vivir en una mayor soledad, se retiró al desierto de Petra. Pero como las tentaciones le asaltaban violentamente, se volvió a Scete a visitar a San Isidoro, que lo alentó y le permitió reanudar sus esfuerzos de búsqueda de la perfección pero ejercitando más la virtud de la humildad.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Paladio de Galacia, refiriéndose a la muerte de Moisés, dice que murió con setenta y cinco años de edad teniendo junto a él a setenta y ocho discípulos, pero no hace alusión a la destrucción de este monasterio de Scete por parte de los bárbaros que, según el “Apophthegmata Patrum”, mataron a Moisés porque se había negado a huir cuando estos llegaron. Según J.- Cl. Guy, esta invasión tuvo lugar alrededor del año 407 y no en el año 395, fecha que durante un tiempo ha sido la aceptada por los historiadores. Los hechos ocurrieron así: sabiendo que unos bandidos iban a atacar el monasterio, dijo a los monjes que no rechazaran a los asaltantes, que evitaran cualquier violencia y que se escondieran en un lugar seguro. Mientras, él se quedó con siete discípulos suyos, encontrando la muerte a manos de quienes actuaban cómo él lo había hecho antes de su conversión. Los otros monjes que lo acompañaban también murieron martirizados. La tradición dice que él mismo manifestó que tenían que cumplirse las Escrituras que dicen que: “Quién a hierro mata, a hierro muere” (Mateo, 26, 52).

El “Sinaxario Alejandrino” del obispo Miguel de Atrib y Malig, conmemora a San Moisés el Etíope el día 24 de ba’unah (18 de junio) y la información que le dedica concluye con el martirio sufrido por Moisés y siete de sus discípulos que también se habrían negado a huir ante la invasión de los bárbaros: uno de los siete se escondió detrás de una especie de estera, aunque retomó el coraje cuando vio a un ángel que le esperaba con una corona en las manos. En este mismo texto se dice que el cuerpo del santo descansaba en el monasterio de al-Baramous. La traducción ge’ez del “Sinaxario Alejandrino” conserva esta anotación en el día correspondiente al 24 sane, añadiendo como es habitual, un “salam” de cinco versos en honor de Moisés y de sus compañeros mártires. سلام salām es una palabra árabe que literalmente significa “paz”.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el 28 de agosto con una anotación directamente dependiente de Paladio de Galacia, por lo que no hace alusión al martirio, al contrario de lo que hace el “Sinaxario Alejandrino”, que recoge la información del “Apophthegmata Patrum”. En los martirologios medievales de Occidente, San Moisés es un completo desconocido. Sin embargo, el cardenal Baronio, sabiendo que estamos ante un santo de la Iglesia Universal, lo incluyó en el Martirologio Romano el día 28 de agosto. Se le considera como el santo patrono de la “no violencia”. Sus reliquias se encuentran, junto con las de San Isidoro, en el monasterio al-Baramous.

San Moisés el Negro es muy venerado en Egipto ya que tiene fama de taumaturgo. Se cuentan muchos milagros realizados por su intercesión en pleno siglo XX. Yo, a título de ejemplo voy a relatar muy brevemente tres de ellos. Uno: el esposo de la señora Mimi Hanna llevaba dos años padeciendo una hernia de disco, la cual le producía un dolor insoportable que le obligaba a dormir en el suelo o sobre una tabla y que incluso llegó a paralizarle la pierna derecha. La situación empeoraba y los médicos que lo atendían se veían impotentes ante este sufrimiento. La familia estaba desesperada. Un día los visitó un monje que les dio un pequeño icono de San Moisés el Negro. Aquella noche el dolor se intensificó aun más y la familia pidió al santo la curación de su padre. Cuando este finalmente se quedó dormido vio en sueños que estaba en una iglesia y que se le acercaba un sacerdote negro muy alto que le dio la Eucaristía y que con aceite le dio una refriega en la espalda, piernas y pies mientras invocaba a la Santísima Trinidad. Al despertarse a la mañana siguiente contó el sueño a sus hijos y cuando estos se dispusieron a ayudarlo para bajar de la cama, comprobaron estupefactos, que el padre se levantó solo sin ningún tipo de dolor. La familia acudió a su parroquia y contó lo sucedido al párroco.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Otro: en el mes de septiembre de 1996, Abdel Habib Jadallah fue avisado de que su hijo Sameh de catorce años, compitiendo con otros chiquillos de su edad, se había subido a una palmera de unos quince metros de altura de la que cayó fracturándose la base del cráneo. Fue llevado al hospital Bani Mazar y los médicos comprobaron la fractura y una hemorragia craneal, aparte de otras lesiones menos graves. Aunque el chaval estaba en coma, los médicos Ibrahim Hanna Fahim y Essam Fahmy decidieron trasladarlo a El Cairo. Su padre se encomendó a San Moisés y, a pesar de que conocía a todos los sacerdotes de la zona, vio que se le acercó un sacerdote desconocido, de gran estatura. Le dijo que rezara por su hijo que estaba en el hospital al mismo tiempo en el que el sacerdote le dio una palmadita en el hombro diciéndole que no tuviera miedo. Todos los presentes vieron la escena, pero aun así, uno de los presentes fue a buscar un pañuelo que había tocado las reliquias de San Moisés y lo colocó encima de Sameh. A los veinte minutos, el joven salió del coma y bajo el asombro de los médicos, pudo ser tratado, recuperándose completamente, quedando sin secuela alguna.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151022

Otro: La madre del brigadier Samir Azer Hanna, de setenta años de edad, desde diciembre de 1997 a febrero de 1998, tuvo que recibir sesiones de radiación en su pierna derecha, pero el 17 de febrero, se cayó en su casa y se rompió el cuello de la pierna en la que estaba recibiendo la radiación. Fue evacuada al hospital de las fuerzas armadas, donde la operaron y donde le diagnosticaron que además tenía un cáncer en la glándula tiroides. En el hospital comenzaron a tratarla pero, después de un mes de hospitalización, vieron que no respondía al tratamiento de rehabilitación que hacía dos veces al día. El domingo 21 de marzo, estando caminando dentro del hospital, sintió un dolor terrible y al llevarla al servicio de Rayos X pudieron comprobar que la articulación artificial que le habían implantado se había desplazado tres centímetros y medio. Por recomendación del cirujano que había realizado la operación, el Doctor Mohamed Khairy, le dieron anestesia general para operarla de nuevo. Los médicos avisaron a la familia de que la operación revestía especial gravedad a causa de los problemas cardíacos de la paciente.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

El 22 de marzo, uno de sus hijos fue al monasterio al-Baramous solicitándoles a los monjes un poco de aceite de una de las lámparas que alumbraba el sepulcro de San Moisés. Se marchó de nuevo a El Cairo y ungió la pierna de su madre. La mañana del 24 de marzo, al pasar la revisión médica comprobó que al estirarle el médico la pierna a la paciente, esta no sentía ningún dolor y al hacerle las pruebas médicas pertinentes comprobaron que, inexplicablemente, la pierna estaba completamente curada y que no necesitaba ninguna otra atención médica, ni siquiera para el corazón y tiroides.

Antonio Barrero

Película copta del Santo:

Bibliografía:
– Budge, E.a.W., “El libro de los santos de la Iglesia Etiópica”, Cambridge, 1928
– Casiano, “De institutis coenobiorum”, edic. J.- Cl. Guy, Paris, 1965
– J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964
– Paladio de Galacia: “Historia Lausiaca”, XX edic. C. Butler, Cambridge, 1904.
– Sauget, J.M., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città Nuova Editrice, Roma, 1989.

Enlaces consultados (18/09/2015):
– http://days.pravoslavie.ru/Life/life4535.htm
– www.chjoy.com/vb/showthread.php?t=45261

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Cirilo de Tesalónica, monje mártir griego del siglo XVII

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego  del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Durante el reinado de Solimán el Magnífico (1520-1566), un cristiano ortodoxo de de la Eparquía de Pelagonia en el Asia Menor, llamado Peio, se trasladó a Salónica, donde más tarde se casó con una joven llamada Parasceve. Ambos eran cristianos muy piadosos, de fe profunda y muy pronto fueron bendecidos teniendo un hijo en el 1544 al que pusieron el nombre de Ciríaco.

Cuando Ciríaco tenía diez años murieron sus padres, viéndose obligado a vivir con los hermanos de su madre que eran de diferentes religiones: uno era un cristiano ortodoxo mientras que el otro era musulmán y fue éste el que ejerció la patria potestad. Este pariente entregó a Ciríaco a un artesano también musulmán para que lo enseñara en el oficio de curtidor de pieles de animales.

Mientras tanto, el otro tío de Ciríaco, que era un cristiano ortodoxo muy devoto, lo convenció para que dejara el oficio de curtidor y siguiera a ciertos monjes del Monte Athos que estaban en Tesalónica en aquel momento. Así que, con catorce años de edad, Ciríaco se fue a la Montaña Sagrada, siendo tonsurado como monje en el monasterio de Hilandar, donde cambió su nombre de Ciríaco por el de Cirilo.

Sin embargo, debido a que Cirilo era menor de edad, le estaba prohibido vivir en el monasterio, por lo que se fue a vivir a un metochion (dependencias) del mismo, donde llevó vida ascética por espacio de ocho años. Con veintidós años de edad, viajó a Tesalónica con otros dos monjes de su monasterio, donde se volvió a ver con su tío cristiano. Al pasar – acompañado por su primo, el hijo de su tío cristiano -, por la zona de la acrópolis de Tesalónica, se encontró con su maestro musulmán de quién había aprendido el oficio de curtidor. Este musulmán llamó a otros turcos para arrestar al monje Cirilo, acusándolo de haber renunciado al Islam para convertirse al cristianismo.

Icono ortodoxo griego con el martirio del Santo.

Icono ortodoxo griego con el martirio del Santo.

El monje Cirilo fue llevado ante un juez llamado Alí, quién le invitó a abandonar su “inútil religión” para volver al “sagrado” Islam. Como Cirilo se negó, fue encarcelado con la esperanza de que reconsiderase su postura. A la mañana siguiente fue de nuevo llevado ante el juez y, como no cambiaba de idea ni con lisonjas ni con amenazas, fue condenado a morir en la hoguera, siendo llevado desde allí al lugar de la ejecución que estaba en el hipódromo de la ciudad, cerca de la antigua iglesia de los Santos Constantino y Elena. Antes de su muerte, Cirilo oró diciendo: “Agradezco, Señor, amarte por este fuego que pronto me va a consumir y me va a enviar hacia Ti”.

Entonces, Cirilo fue abordado por un valí turco, quién hizo un último intento de convencerlo para que se pasara al Islam, diciéndole a Cirilo: “Pobre diablo, deberías haber aceptado la propuesta del cadí por la que se te prometieron grandes regalos. Encontrarías a nuestro Dios y a nuestro profeta, el amado de Dios, el Misericordioso. Puesto que no estabas convencido quizás ahora lo estés. Debes negar a Cristo y aceptar las propuestas del juez. Aquí hay caballos, ropas finas y un montón de regalos para ti con nadie con quién compartirlos. Si lo haces y no eres rebelde, no tendrás problemas, estarás en posesión de todas estas cosas que te van a encantar. Si necesitas dinero también lo recibirás porque tenemos mucho más de lo que nadie podrá imaginar. Si no tienes mujeres, también serás afortunado, así que ¿por qué no te convences? ¿Por qué no das tu consentimiento? ¿No es suficiente todo esto para ti? Cuánto más te haría feliz, ¡dilo!, porque vamos a cubrir todas tus necesidades”.

Cirilo le respondió: “Valí, no necesito nada, ni tesoros ni gloria, ni nobles caballos ni ropa perecedera. Todo esto es polvo, todo esto es estiércol. Pienso en todo esto como si fuera humo. Vosotros sois los hijos de la perdición, los seguidores del siervo malo que buscan otras cosas. Cristo, para mi, es el verdadero tesoro, es mi riqueza, es mi vida, es mi amor, es mi Dios. Cristo para mi es todo en todas las cosas. Nada puede separarme de su amor: ni el fuego, ni la espada, ni el hambre, ni el mundo y sus riquezas, ni las cosas presentes ni las futuras. Por eso, lucharé por mi fe hasta mi último aliento. Ahora que has oído estas cosas de mi boca, haz valí lo que piensas hacer: cortar, masacrar, quemar, castigarme con el fuego, desmembrarme, castigarme sin piedad, apuñalarme sin cesar, torturarme con dureza, sin escatimar nada. Pero de ninguna manera voy a hacer que reniegue de la verdadera fe de los cristianos”. Después de oír esto, el valí ordenó echar a Cirilo al fuego y de esta manera fue sacrificado por el amor de Jesucristo, el 6 de julio del 1566.

Cofre con reliquias del Santo.

Cofre con reliquias del Santo.

La única fuente que nos relata este martirio y el Servicio compuesto en su honor se conservan en el manuscrito 347 del monasterio Dionisios de la Montaña Sagrada. Está escrito con eruditas palabras y es de un autor anónimo, posiblemente el mismo autor del “Martyrion”, datado entre finales del siglo XVII y principios del XVIII.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151014

Cuando en el año 1972 el viejo edificio de la iglesia de los Santos Constantino y Elena, en la plaza del Hipódromo fue demolido para construir una nueva iglesia, en los cimientos de la misma se encontró el testimonio de este sacrificio. Fue descubierto un ataúd de arcilla donde estaban mezclados unos huesos y tejidos calcinados junto con cenizas. La combinación de este importante descubrimiento, junto con la única fuente que cuenta el martirio de San Cirilo, converge significativamente con la identificación del mismo Cirilo.

Altar en el lugar del martirio.

Altar en el lugar del martirio.

Apolithikon del tercer tono
En la descendencia divina de Salónica, se percibe al venerable mártir Cirilo por su lucha contra el fuego y por el hallazgo de sus sagradas reliquias, las cuales santifican a todos aquellos que lo anhelan. Por tanto, bendito Cirilo, intercede ante Dios para que nos conceda gran misericordia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Papagheorghios, P., “Oficio litúrgico en honor de todos los santos de Tesalónica”, Atenas, 1958
– Paputsakis, S., “El neomártir Cirilo de Tesalónica según el códice atonita 347”, Revista Gregorio Palamas, 1977.
– Paschalides, S., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998
– Perantonis, I., “Catálogo de los neomártires que han dado testimonio de su fe en Cristo hasta la caída de Constantinopla en el año 1867”, Revista “Theologhia”, 1989.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es