San Barlaám Cikojskij, eremita del siglo XIX

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Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Basilio Fedotovich Nadezhin (ése era su nombre de pila) nació en el año 1774 en el seno de una familia campesina en la localidad de Morezovo, distrito de Rudka Lukyanovka en la provincia de Nizhnij-Novgorod. De su juventud tenemos muy pocas noticias: que fue autodidacta, que estaba casado con Daria Alekseeva, aunque no tenían hijos, por lo que adoptaron a un huérfano, pero que deseoso de vivir en soledad, después de dejar atendida económicamente a su familia abandonó en secreto su casa y nunca supieron nada más de él.

En el año 1811 se acercó a las Lauras de las Grutas de Kiev deseando vivir allí como un simple peregrino, pero como no tenía documentación alguna, las autoridades lo confundieron con un vagabundo y lo enviaron a Siberia. Fue deportado a la región del lago Bajkal, en los confines de Mongolia, permaneciendo allí por espacio de seis años, durante los cuales se dedicó a hacer guardia ante las iglesias de algunos poblados y finalmente, en la iglesia de la Resurrección situada en el centro comercial de Kjakhta, cuyo sacerdote, el padre Aetiya Razsohina fue su director espiritual.

Logró establecerse en un lugar solitario cercano al río Cikoj, en el interior de un bosque que cubría las cumbres del macizo montañoso de Zabajkal, viviendo allí como ermitaño durante cinco años, dedicado a la oración, soportando la dureza del clima y de la soledad. Para vencer las tentaciones llevaba siempre puesto un cilicio de hierro y en su tiempo libre se dedicaba a escribir textos religiosos que regalaba a los que se encontraba por aquellos entornos. Inevitablemente, cuando se dieron cuenta de su existencia, algunos lugareños se acercaban a visitarlo, mientras que por su parte, él abandonaba la soledad cuando deseaba participar en la Eucaristía, cosa que hacía en la ciudad de Urluk, donde se hospedaba en casa del diácono local, o de dos ciudadanos piadosos llamados Makarova y Luzhnikova.

Tumba en el año 2002 antes de la exhumación.

Tumba en el año 2002 antes de la exhumación.

Finalmente, algunos lugareños se unieron a él para vivir como eremitas y gracias a la ayuda de algunos benefactores de Kjakhta, obtuvieron los medios necesarios para construir las humildes y sencillas edificaciones que necesitaban como comunidad. En el 1826 construyó una capilla que dedicó a San Juan Bautista, tres celdas colectivas y consiguió algunos libros litúrgicos. Pero como la policía aun lo buscaba, finalmente lo encontraron y encarcelaron, aunque los habitantes de Kjakhta se solidarizaron con él y recurrieron a las autoridades eclesiásticas.

Basilio fue llamado entonces por el metropolita Miguel II (Burdukov) de Irkutsk quién vio que le era útil tenerlo al frente de un eremitorio pues en aquellos lugares había vecinos animistas y otros que eran seguidores de la Iglesia de los Viejos Creyentes. En este sentido, le propuso a Basilio tonsurarse como monje, le construyó un eremitorio en mejores condiciones, consiguiendo que nueve monjes se fueran a vivir con él. El 5 de octubre de 1833 recibió la tonsura monástica cambiando su nombre por el de Barlaám, fue ordenado de diácono y poco después, de presbítero.

En el lugar de la pequeña capilla del eremo (monasterio) construyó una iglesia e inició una actividad misionera entre los tártaros y los animistas – a muchos de los cuales bautizó -, y mantuvo buenas relaciones con los Viejos Creyentes. En el año 1838 fue elevado a la categoría de “stroitel” (administrador de un monasterio recién fundado) y le fue confiado el encargo de construir una iglesia más grande. Al año siguiente, lo nombraron egumeno del nuevo monasterio.

Primera urna.

Primera urna.

La actividad misionera de Barlaám se intensificó con la construcción de una escuela que contribuyó al debilitamiento del “raskol” (cisma) de los Viejos Creyentes, los cuales comenzaron a enviar allí a sus hijos, gracias a lo cual, muchos padres volvieron al seno de la ortodoxia. El mismo Barlaám visitaba los pueblos más alejados proponiendo a los Viejos Creyentes que recibieran a un sacerdote “edinoverij”, o sea, a un sacerdote que perteneciendo a la Iglesia Ortodoxa tenía autorización para celebrar en los antiguos ritos.

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En el año 1845, el Santo Sínodo lo honró concediéndole una cruz pectoral de oro, pero ese mismo año su salud comenzó a fallarle. Aún así quiso emprender un viaje a Urluk a fin de atender pastoralmente a los feligreses de aquella ciudad. Retornó más enfermo y el 23 de enero del 1846 murió con setenta y un años de edad. Sobre su tumba hicieron una pequeña construcción de ladrillos e hierro y en el monasterio conservaron con devoción sus objetos personales, especialmente, su cilicio.

Nunca fue canonizado oficialmente ni gozó de culto litúrgico, pero a principios del siglo XX sobre su tumba se celebró una solemne “panihida” (un funeral) cuando muchos habitantes de la región de Zabajkal venían en peregrinación solicitándole gracias, ya que estaban convencidos de conseguirlas si oraban junto a su tumba. Extraoficialmente existía una cierta aprobación de culto, que fue confirmado cuando su nombre fue incluido en el elenco de los santos de Siberia, señalándose el 10 de junio como la fecha de su conmemoración. Eso fue en el año 1984, considerándose como el año de su canonización. Sus reliquias fueron exhumadas en el mes de agosto del año 2002.

Urna actual.

Urna actual.

El escritor e historiador Eugenio Pogozev (Poseljanin) en su obra sobre los ascetas rusos del siglo XIX, facilita un retrato de San Barlaám: “Casi siempre estaba arrodillado y con las manos cruzadas sobre el pecho, puestos los hábitos monásticos y con el rostro enmarcado dentro de una larga barba”. San Barlaám Cikojskij está incluido en el icono oficial que representa a todos los santos de Siberia, el cual se conserva en la catedral de Tobol’sk desde el año 1984.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Archimandrita Melecio, “El eremita Barlaám de Cikoj”, Irkutsk, 1894
– Poseljanin, E., “Los ascetas rusos del siglo XIX”, Sant Petersburgo, 1910
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlace consultado (24/08/2015):
http://days.pravoslavie.ru/Life/life6482.htm
– www.pravoslavie.ru/put/print4081.htm

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Santa Teodora de Salónica, la Miroblita

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Santa Teodora de Salónica (o Tesalónica), nació en la isla de Egina, al suroeste de Atenas, en el año 812, perteneciendo a una familia muy bien considerada pues su padre era sacerdote, su hermano era diácono y tenía una hermana monja en un monasterio de su localidad. Su madre murió al darla a luz y su propio padre la bautizó imponiéndole el nombre de Ágape, encargándole su cuidado a su madrina Ana. Con la tranquilidad de haber dejado a su hija en buenas manos, su padre se hizo monje, viviendo como ermitaño.

Pero conforme Ágape fue creciendo, cada vez se veía más claro que seguiría los pasos de su familia, ya que cada vez se mostraba más piadosa y caritativa. Al mismo tiempo, destacaba por su belleza física, lo que dio pie a que algunos vecinos la pretendieran como esposa, fastidiando continuamente a su padre, que quería llevar vida eremítica. Finalmente, aunque era una niña, por voluntad propia y de su padre, Ágape contrajo matrimonio con un hombre rico, bueno y justo, con el cual tuvo tres hijos, aunque dos murieron siendo muy pequeños.

En ese período de tiempo, merodeaban por el golfo Sarónico – donde se encuentra la isla de Egina -, unos piratas árabes provenientes de la isla de Creta. Aunque de sus incursiones no se encuentra documentación histórica alguna, algunos textos hagiográficos – como las “vitas” de Santa Teodora, de San Lucas de Steirion y de Santa Anastasia de Egina -, dicen que devastaron la isla. Por estos textos se saben que las incursiones fueron frecuentes, que crearon el terror entre los habitantes de la isla y que muchos de sus habitantes murieron en los saqueos, entre ellos su hermano el diácono. En la “vita” de San Lucas se dice que la mayor parte de la población de la isla de Egina emigró a los litorales vecinos de las Fócides y del Peloponeso, a la región de Ática y a Tebas de Beocia.

Icono de santa Teodora y de su hija Santa Teopista.

Icono de santa Teodora y de su hija Santa Teopista.

La “vita” de Santa Teodora, escrita por un clérigo llamado Gregorio, nos dice que Ágape, su esposo y su hija Teopista estaban entre estos emigrantes, pero que se refugiaron en la ciudad de Salónica, ya que era una ciudad importante y se consideraba que estaba suficientemente protegida por su patrón San Demetrio. De ahí le viene a nuestra santa el origen de su epíteto. De su padre dice, que buscando más tranquilidad y sabiéndose adversario de los iconoclastas que en aquel período detentaban los poderes eclesiásticos e imperial, se marchó a una localidad más solitaria en la zona meridional de Toropa. El biógrafo de la santa no entra en muchos detalles porque se le nota más interesado en describir las circunstancias históricas y eclesiásticas de la época que en narrar la vida de la santa, y es por ese motivo por el que le da más importancia a todo lo relacionado con la religiosidad que con su vida privada, desplazando intencionadamente la vida de su marido, del que solo dice que murió después de vivir con ella unos años en la ciudad de Tesalónica.

Pero volviendo un poco hacia atrás, remarquemos que la pérdida de dos de sus tres hijos le produjo tales aflicciones que la marcaron para toda su vida. Este fue uno de los motivos por los que, poco antes de enviudar, decidió ofrecer a su hija Santa Teopista a un pequeño monasterio dedicado al evangelista San Lucas que se encontraba cerca de la puerta Casandreótica de la ciudad y en el que estaba como egumena una conocida suya llamada Catalina, que era hermana de San Antonio el Confesor, a la sazón, arzobispo de Tesalónica. En este punto, el biógrafo interrumpe el relato de la vida de la santa, para relatar la vida de San Antonio – pariente suyo, que fue el primer arzobispo tesalonicense después de finalizar la segunda fase de la época iconoclasta -, dedicando nueve capítulos a explicar esta época desde los tiempos del emperador León III hasta la oposición que realizó San Antonio que, aunque primero lo condujo al exilio, posteriormente fue promovido al arzobispado, donde se mantuvo hasta su muerte acaecida el 2 de noviembre del año 844.

Monasterio de Santa Teodora en Tesalónica.

Monasterio de Santa Teodora en Tesalónica.

A la muerte de su esposo, Ágape no se debilitó en su fe, sino que después de haber distribuido todas sus riquezas, decidió también abrazar la vida monástica. Se marchó al monasterio dedicado a San Esteban y se presentó ante la egumena Ana. El archivero del arzobispado de Tesalónica, Juan Stauracio, identifica a esta Ana con la madrina que, a instancias de su padre, la crió en Ugina. Ágape tomó los hábitos de monja y cambió su nombre por Teodora, destacándose por su obediencia, humildad y frugalidad en las comidas. Del relato de la vida ascética que Santa Teodora llevaba en el cenobio de San Esteban – y en el cual, su biógrafo, hace mucho hincapié -, se puede deducir que el cenobitismo era considerado entonces como el camino más seguro para santificarse dentro de la vida monástica. Esto es particularmente interesante si se tiene en cuenta que pocos decenios antes, en un texto hagiográfico de origen atonita sobre San Pedro del Monte Athos, se propone como ideal de vida monástica el “idiorithmos” (cada monje debía seguir su propio camino aunque participase en algunas actividades comunitarias), mientras que el cenobitismo se consideraba como “demoníaco”.

Teodora vivió en el monasterio de San Esteban durante cincuenta y cinco años, desde el año 837 (cuando entró con veinticinco años) hasta su muerte en el año 892, o sea, que en total vivió ochenta años. Durante todo este tiempo, su vida fue un modelo de virtud para todas las monjas. Su biógrafo nos hace llegar algunas anécdotas, como por ejemplo, que la abadesa Ana, para educarla en la vida monástica, le imponía trabajos muy severos que ella aceptaba de manera resignada y con mucha fuerza de voluntad.

Primera tumba de Santa Teodora encontrada en unas excavaciones arqueológicas en Tesalónica.

Primera tumba de Santa Teodora encontrada en unas excavaciones arqueológicas en Tesalónica.

Contaré dos casos: en cierta ocasión, un recipiente grande de agua cayó al suelo donde ella dormía y Teodora, sin notificárselo a nadie, trasladó su estera de dormir a otro lugar. Esto fue visto por la egumena como un acto de egoísmo y le impuso la penitencia de pasar la noche en el patio del monasterio durante una tormenta de nieve. Algunas monjas pensaron que Teodora se iba a congelar, pero a la mañana siguiente la vieron con apariencia tan normal que algunas la compararon con los Cuarenta Mártires de Sebaste, que fueron condenados a morir en un lago helado. La otra anécdota está relacionada con su hija Teopista y es que, aunque Teodora estaba en un monasterio, no podía renunciar a los sentimientos maternos que sentía por su hija. Al comprobarlo la egumena Ana, consideró que Teodora estaba violando los votos, por lo que la castigó a permanecer en silencio por espacio de quince años, los cuales ella cumplió a rajatabla, sin abandonar ninguna de sus obligaciones comunitarias.

Cuando murió Ana en el año 868, Santa Teodora fue propuesta y elegida como nueva abadesa del monasterio. Durante los años de su egumenato se dedicó a mejorar la vida de las monjas y a atender a los muchos necesitados que acudían solicitando ayuda, aunque dada su avanzada edad no pudo hacer todo lo que hubiera deseado. Murió el 29 de agosto del año 892, siendo tanta su fama de santidad que solo un año después de muerta – el 3 de agosto del 893 -, se hizo el traslado de las reliquias. Eso sucedió así porque inmediatamente después de su muerte ocurrieron hechos prodigiosos de los cuales mencionaré solo dos: estando de cuerpo presente, un diácono que tenía graves problemas intestinales (por los síntomas que se describen en la biografía se deduce que era cáncer de colon), se curó de inmediato al darle un beso en la frente, cosa que también le ocurrió a un moribundo llamado Juan, al que acercaron al ataúd para que besara a la santa. Por estos y otros hechos milagrosos, su culto se difundió tan rápido entre los habitantes de la ciudad, que la Iglesia inmediatamente la reconoció como santa.

Urna de las reliquias de Santa Teodora.

Urna de las reliquias de Santa Teodora.

De su cuerpo, de su tumba y de sus iconos se desprendía un delicioso aroma y por este extraordinario evento inmediatamente después de su muerte se le concedió el sobrenombre de “miroblita”. Es interesante y curioso hacer notar que este fenómeno es mencionado en varios textos muchos años antes de que se mencionara en el caso de San Demetrio que, podríamos decir, es el más célebre de todos. El caso de San Demetrio es mencionado por primera vez por Juan Kameniatis en el siglo X, o sea, un siglo más tarde. Relacionado con esto, también se describen numerosos milagros y yo solo relataré uno de ellos: Sobre la tumba de Santa Teodora pusieron una lámpara de aceite, ordenando a una monja que diariamente repusiera el aceite para que la lámpara no se apagase. Cuando la monja fue a realizar esta tarea por vez primera, comprobó que la lámpara seguía encendida y tan llena de aceite que incluso rebosaba. Este fenómeno continuó ininterrumpidamente durante dos años seguidos, siendo utilizado el aceite sobrante como medicina para curar a los enfermos.

Inmediatamente después de ser reconocida la santidad de Teodora, el monasterio de San Esteban tomó el nombre de la Santa y como en él estaba sepultada, se convirtió en meta de peregrinación durante todo el período bizantino. Esto es mencionado en numerosos documentos del Monte Athos incluso después de la caída de Constantinopla, como por ejemplo, en la “Vita” de San Gregorio Palamas escrita por el patriarca San Filoteo Kokkinos o en el “Chronikon” de Jorge Sfrantzes. Según esta última fuente, sabemos que en el monasterio de Santa Teodora entró como monja la madre de Nicolás Cabasilas. Hay testimonios de varios personajes europeos occidentales que visitaron Tesalónica a lo largo del siglo XV, los cuales, al hablar del monasterio expresaban su asombro por el hecho de que estaba expuesto el cuerpo incorrupto de la santa. Pero este monasterio e incluso los restos de la santa sufrieron numerosos y graves daños, en el año 1430, durante el último asedio de la ciudad por parte de los turcos, aunque con posterioridad, el monasterio conoció años mucho mejores llegando a estar formada su comunidad por más de doscientas monjas. Algunos arqueólogos del siglo XX, identifican este monasterio con aquel monasterio pequeño dedicado a Santa Sofía, que es mencionado en un “firmán” del sultán Mahoma el Conquistador. Recordemos que un “firmán” era una orden o un decreto publicado por algunos soberanos musulmanes.

Tapa de la urna de las reliquias de Santa Teodora.

Tapa de la urna de las reliquias de Santa Teodora.

La “vita” de Santa Teodora de Tesalónica escrita por el clérigo Gregorio ha llegado hasta nosotros en dos versiones: una es la original y otra es retocada. Este mismo autor escribió también la llamada “Narración”, o traslado de las reliquias que como dije anteriormente se hizo al año siguiente de su muerte. Digamos también que dos autores eclesiásticos importantes como Juan Stauracio y Nicolás Cabasilas compusieron algunos “encomios” (textos de alabanza) en honor a la santa. Finalmente, el primer oficio litúrgico en su honor fue editado por primera vez en Moscopol en el año 1731.

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Su sinaxario se incluyó en el Sinaxario Constantinopolitano el día 5 de abril y hasta hace muy poco tiempo hubo quienes defendieron la tesis de que dicho sinaxario estaba dedicado a una Teodora anterior a esta de la cual estamos tratando. Hoy está demostrado que dicho sinaxario se refería a una sola persona: Teodora de Tesalónica, la Miroblita, la cual encontramos representada en un fresco del siglo XI en el pórtico de la iglesia de Santa Sofía en Tesalónica.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cabasilas, N., “Encomio en honor de nuestra madre Teodora la Miroblita”, Moscopol, 1731.
– Kazhdan, A., “Teodora de Tesalónica”, Oxford, 1991
– Papageorghiou, P., “Vida de Santa Teodora de Tesalónica”, Bruselas, 1902
– Paschalides, S., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1999
– San Nicodemos el Agiorita, “Sinaxarion”, Tesalónica, 1989.

Enlace consultado (27/08/2015):
– www.imth.gr
– www.monastiria.gr/index.php?option=com_content&view=article&id=401&lang=de

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Santos de las Lauras de las Grutas de Kiev (V)

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Grabado de San Alipio el iconógrafo.

Grabado de San Alipio el iconógrafo.

San Alipio el Iconógrafo
San Alipio fue un monje de las Lauras de las Grutas de Kiev que vivió en el siglo XII. Era de origen ruso y es considerado como uno de los iconógrafos rusos más antiguos, oficio que, a instancia de sus padres, aprendió desde muy joven de unos buenos pintores griegos que llegaron a Kiev alrededor del año 1084, con el encargo de pintar y decorar la catedral de la Asunción del complejo monástico de las Grutas.

En un principio, fue un sencillo aprendiz de brocha gorda, pero muy pronto empezó a aprender el arte de la pintura de iconos y al terminar su trabajo como decorador, ingresó como monje en el propio monasterio que estaba pintando, siendo tonsurado por San Nicón en el año 1087, ordenado de sacerdote y continuando, ya como monje, su mismo oficio pintando nuevos iconos. Se le atribuye también el don de sanación, ya que realizaba algunos ungüentos curativos con las mismas plantas y minerales que utilizaba para hacer sus pinturas.

Murió el 17 de agosto del año 1114 y a él se le atribuyen diversos iconos que se veneran en la catedral de Rostov, en el monasterio de la ciudad de Sven y en la catedral de la Dormición de la Virgen del Kremlin de Moscú. Algunos críticos también le atribuyen los iconos de las llamadas “Cuevas de la Virgen” y el de San Yaroslavl Oranta, que se encuentra en la Galería Tretiakov. Sus festividades litúrgicas, según el calendario juliano, se celebran los días 17 de agosto y 28 de septiembre y su cuerpo incorrupto se encuentra en los subterráneos de las Grutas de San Antonio. En el año 1982, en la fachada de la catedral de la Asunción, se puso en su memoria una placa conmemorativa de bronce con su retrato en un bajorrelieve.

Urna de San Alipio el Iconógrafo.

Urna de San Alipio el Iconógrafo.

En el arte iconográfico ruso se establecieron unos cánones muy particulares en la representación de los santos. A finales del siglo XVI – aunque entre los pintores estaban los famosos seglares Dionisio y sus hijos Vladimiro y Teodosio, el pintor Procoro de Gorodec y algún otro -, la mayoría de los iconos eran pintados por monjes, que consideraban esta tarea como su única ocupación. Los pintores de iconos que al mismo tiempo eran venerados como santos, llegaron a formar un grupo de santos monjes que eran a su vez pintados, de manera solitaria y con uno de sus iconos entre sus manos y este es el caso de San Alipio, que es pintado con un icono de la Madre de Dios que él mismo pintó.

San Anastasio el Diácono, monje mártir
Muy poco se sabe de este santo monje, diácono mártir que vivió en las Lauras de las Grutas en la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII. De él no se conocen ni su fecha de nacimiento ni la de su muerte. Se hace conmemoración suya a nivel individual el día 22 de enero (al igual que San Anastasio el Persa) y, de manera colectiva, con el conjunto de los santos sepultados en las Cuevas de San Antonio, el 28 de septiembre. Evidentemente, está sepultado en las Cuevas de San Antonio.

Icono de San Anastasio el diácono.

Icono de San Anastasio el diácono.

Se llamaba Atanasio Kalnofiysky y era hermano del venerable San Tito. En el año 1638, en los subterráneos de las Cuevas de San Antonio se puso una indicación que dice: “Tito el anciano, con su hermano en Cristo Anastasio, el hacedor de milagros”. Se sabe que era diácono porque en un calendario manuscrito del siglo XVI así se le denomina. Aunque según el Kontakion y el Troparion, murió como mártir, no se conocen las circunstancias de su martirio; en estos textos litúrgicos también se dice expresamente que se mostraba muy diligente en los servicios divinos y que todas las peticiones que hacía al Señor, les eran concedidas.

Su canonización se realizó en el siglo XVII cuando el archimandrita Barlaám Jasinski estableció la celebración de los santos de las cuevas cercanas. Esto fue confirmado por el Santo Sínodo de la Iglesia Rusa mediante decretos emitidos en la segunda mitad del siglo XVIII.

San Policarpo el archimandrita
No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, aunque las “Crónicas” dicen que a principio de los años sesenta del siglo XII, con la bendición del abad Aquindino, ingresó en el monasterio tonsurándose como monje. Después de haber tenido una larga experiencia espiritual y mostrar un don especial de razonamiento, fue elegido archimandrita del monasterio en el año 1171, participando activamente en las discusiones teológicas acerca de si los miércoles y los viernes debían considerarse como días santos en los cuales había que guardar un ayuno especial.

Urna de San Anastasio el diácono.

Urna de San Anastasio el diácono.

Su santa vida no solo inspiró el respeto de todos los miembros de la comunidad, sino también de muchos seglares y clérigos de Kiev que acudían a él solicitándoles consejo y dirección espiritual. Fue amigo personal del príncipe San Rostislav Mstislávich de Kiev, al que exhortaba para que siguiera los pasos de su padre, San Mstislav el Grande, hombre justo que había deseado ingresar como monje en las Grutas, pero al que le fue imposible hacerlo. Rostislav quiso ingresar en el monasterio, pero San Policarpo le persuadió para que no lo hiciera, haciéndole ver la necesidad de que cumpliera con sus deberes como príncipe de Kiev; aun así, siempre tuvo reservada una celda en el monasterio a la que se retiraba a rezar de vez en cuando.

San Policarpo murió de edad muy avanzada el 24 de julio del 1182, siendo sepultado en los subterráneos de las cuevas cercanas (San Antonio). No debe confundirse con otro santo archimandrita del mismo nombre pero que vivió en el siglo XIII y que, junto con el monje Casiano, es uno de los autores de la llamada “Paterik Pecherskij”, uno de los mejores ejemplos de la literatura hagiográfica, que es una de las principales fuentes históricas y etnográficas del los siglos XII y XIII, la cual nos proporciona los datos que conocemos de este Policarpo sobre el que estamos escribiendo.

Urna de San Policarpo el archimandrita.

Urna de San Policarpo el archimandrita.

Existe un grabado del siglo XVII, conocido como el “retrato iconográfico de San Policarpo”, que fue publicado en el “Paterikon” en el año 1760. Al igual que hizo con la reconstrucción del cráneo de San Néstor el Cronista, Sergey Nikitin, que es un moderno forense y experto criminólogo ruso, muy conocido por sus reconstrucciones plásticas en base a estudios anatómicos de restos humanos y que tiene una galería de reconstrucciones escultóricas de personajes históricos famosos, entre los años 1986 al 1990 hizo una reconstrucción de las facciones de San Policarpo.

San Nicón, egumeno de las Lauras de las Grutas
Las noticias biográficas que tenemos sobre San Nicón no son tan exiguas, estando recogidas en las obras del analista Néstor. Nicón fue uno de los primeros que se agregó a la vida monástica que comenzaba a florecer a orillas del río Dnepr, en las proximidades de Kiev, donde el monje Antonio había reunido a un grupo de unos quince monjes. Según el mencionado Néstor, en las Grutas de Kiev brillaron por su santidad tres hombres: Antonio, Teodosio y Nicón.

Grabado de San Nicón, egumeno de las Grutas.

Grabado de San Nicón, egumeno de las Grutas.

San Antonio dio a Nicón el encargo de cumplir el ritual de la tonsura, con el cual se admitía a los nuevos aspirantes a la vida monástica. Este mismo Néstor hace referencia a un episodio que fue determinante en el destino de San Nicón: un día tonsuró a Barlaán Vysatic y a Efrén, que eran el tesorero y el favorito del príncipe Izjaslav Jaroslavic, aunque lo hizo sin el consentimiento del príncipe. Cuando este le preguntó como se había atrevido a tonsurar a dos amigos suyos sin su consentimiento, él le respondió que lo había hecho con el consentimiento del Rey de los Cielos. Izjaslav no se dejó impresionar y ordenó que Barlaán y Efrén retornaran a palacio y que el monasterio fuera destruido. Pero antes de que su orden fuera llevado a cabo por parte de sus soldados, su esposa lo convenció para que desistiera y para que diera permiso a San Antonio a fin de que continuase viviendo con sus monjes en aquel lugar.

Pero para Nicón no hubo perdón y le obligó a emprender un largo viaje a lo largo del río hasta llegar al Mar de Azov. Allí, Nicón se detuvo cerca de Tmutorokan (la actual Taman), donde construyó una iglesia en honor de la Santísima Virgen, alrededor de la cual comenzó a florecer una nueva comunidad, muy querida por todas las poblaciones cercanas.

Urna de San Nicón, egumeno de las Grutas.

Urna de San Nicón, egumeno de las Grutas.

Después de la muerte de Rostislav en el año 1065, la gente de Tmutorokan, enviaron a San Nicón como portavoz ante el príncipe Svjatoslav de Chernigov, solicitándole que nombrase a su hijo Gleb como príncipe de su territorio. Cumplida su misión, en aquellas mismas circunstancias se encontró con Teodosio, que era el nuevo egumeno de las Lauras de las Grutas de Kiev, quién le solicitó que volviera con él. Nicón aceptó la invitación y volvió a Kiev donde ocupó el puesto de mayor rango después de San Teodosio, quién le hizo el encargo de completar la instrucción de sus monjes, aunque también a veces se dedicó a escribir y a encuadernar libros.

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Pero en el año 1068 estallaron en Kiev unos disturbios a consecuencia de los cuales, Izjaslav fue derrocado por su joven hermano Svjatoslav. Sin comerlo ni beberlo, San Nicón se vio involucrado y fue desterrado lejos de la ciudad. De nuevo se marchó a Tmutorokan, donde el príncipe Gleb lo acogió con todos los honores, siendo incluso muy bien tratado por su sucesor, Romano Svjatoslavic. Cuando en el año 1078, Romano fue asesinado por Oleg de Chernigov, nuevamente San Nicón retornó a su monasterio en Kiev y, dado que San Teodosio ya había muerto y que el nuevo egumeno Esteban no cumplía correctamente con sus funciones, la comunidad monástica lo eligió como egumeno.

Icono de San Teodoro el Silencioso.

Icono de San Teodoro el Silencioso.

Uno de sus empeños principales fue la restauración de la iglesia del monasterio, la cual decoró y adornó de manera muy artística. En esta obra, realizada en el 1083, estuvieron trabajando algunos artistas griegos que fueron los que enseñaron al joven Alipio, del que hemos escrito al principio de este artículo. San Nicón murió con ochenta y seis años de edad el día 23 de marzo del año 1088, siendo sepultado en las grutas de San Antonio. Inmediatamente, su sepulcro se convirtió en meta de peregrinaciones aunque su inclusión en el catálogo oficial de los santos de la llamada “Pequeña Rusia” no se llevó a cabo hasta el año 1643 por obra de San Pedro Mogila. En el año 1762, junto con otros once santos de las Lauras de las Grutas, fue directamente canonizado por el Santo Sínodo de la Iglesia Rusa, quién ordenó inscribir su nombre en todos los calendarios. Su fiesta se celebra el día de su muerte y en la festividad general de los santos de las grutas cercanas.

San Teodoro el Silencioso
San Teodoro el Silencioso, monje de las Lauras de las Grutas de Kiev, vivió en el siglo XIII. De él se tiene muy poca información salvo que observó durante toda su vida una estricta ascesis de silencio, no participando nunca en las charlas o debates que se realizaban en el monasterio, dirigiendo todos sus pensamientos a Dios y no abriendo la boca salvo para cantar las alabanzas divinas. Según el “Paterikon” alcanzó una altísima perfección espiritual y tuvo el don de milagros, don que continuó después de su muerte, junto a su tumba en los subterráneos de las cuevas lejanas o de San Teodosio, donde aun se conserva su cuerpo incorrupto.

Urna de San Teodoro el Silencioso.

Urna de San Teodoro el Silencioso.

Se le conmemora individualmente el 17 de febrero y junto con todos los santos de las Grutas Lejanas, el 28 de agosto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Strelbitsky, M., “Рассказы о жизни и деловой подвижника Святых Отцов Печерского”, Kiev, 1962
– Cernigovskij, F., “Российские святые”, Sant Petersburgo, 1861.
Paterikon del monasterio de las Grutas de Kiev
– VV.AA, “Bibliotheca sanctórum orientalium, I y II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlaces consultados (10/08/2015):
– http://lavra.ua

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San Joaquín, el “Papoulakos” de Ítaca, monje atonita

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Juan –ése era su nombre de pila-, nació en el pequeño pueblo de Kalyvia Polyktorion, en Ítaca, en el año 1786, siendo hijo de Ángel, natural de la isla y de Inés, que provenía de Preveza; ambos eran fieles cristianos ortodoxos. Pasó una infancia muy difícil pues su madre murió cuando él aun era niño, por lo que su padre se volvió a casar con una mujer que fue para Juan una auténtica madrastra, que lo maltrataba y castigaba. Aun así, Juan destacó entre los niños de su edad, pues era muy bondadoso, nunca faltaba a la iglesia e incluso dedicaba grandes ratos a la oración. Le gustaba sobremanera leer, especialmente los libros del Nuevo Testamento. Esta forma de ser y de actuar de Juan, enfurecía aun más a la madrastra, la cual convenció a su padre para que el niño dejase de estudiar y lo pusiera a trabajar.

Cuando tuvo diecisiete años de edad comenzó a trabajar como marinero y en uno de sus viajes, cuando el barco estaba atracado en uno de los muelles del Monte Athos abandonó el barco y se marchó al monasterio Vatopedi a orar. Cautivado por lo que vio en el monasterio, por la solemnidad de la liturgia, el recogimiento de los monjes y por la charla con algunos de ellos, con el consentimiento del abad convenció al capitán del barco y se quedó en el monasterio. Esto contrarió a su padre, pero alegró a la madrastra que vio una forma de deshacerse del joven. Ingresó como monje en el monasterio Vatopedi cambiando su nombre de Juan por el de Joaquín. En el monasterio vivió durante veinte años, desempeñando diversos menesteres, desde los más humildes hasta la responsabilidad de la administración del monasterio. Dentro de los límites monásticos existía una academia atonita y en ella también desempeñó funciones docentes y administrativas. Fue un modelo de virtud y espiritualidad para el resto de los monjes.

Relicario del cráneo del santo en Ítaca (Grecia).

Relicario del cráneo del santo en Ítaca (Grecia).

Cuando en el año 1821 estalló la revolución griega, con la autorización y bendición del padre abad, dejó el monasterio y se fue como misionero al Peloponeso. Su principal preocupación era la población civil, que a menudo era perseguida y tenía que vagar de un lugar a otro desabastecida de alimentos, ropas y de asistencia espiritual. Acompañado por el padre Juan Makris de Cefalonia, visitó muchas de las islas del Mar Jónico, donde muchas familias esperaban ser destruidas ya que parte de esas islas estaban ocupadas por los ingleses, que eran enemigos de la ortodoxia y del helenismo y otras, por los otomanos, que en aquellos momentos eran algo más condescendientes con los griegos. Como él se sentía profundamente ortodoxo y profundamente griego, estuvo visitando casi todas las islas, predicando la palabra de Dios, evitando la islamización de la gente, ayudando a los pobres y mostrándose disponible a todos cuantos necesitaran de él.

Cuando la calma volvió a Morea y Rumelia, Joaquín que era conocido con el sobrenombre o apodo de “Papoulakos” (abuelito), intentó llevar una vida más retirada, más tranquila volviendo a su Ítaca natal. Vivía de manera muy pobre, en un bosque llamado “Afentikos Logos”, medio desnudo, haciendo continuos ayunos y orando incesantemente, pero compaginando esta vida eremítica con otra más apostólica llevando consuelo y esperanza a todos los habitantes de la isla. Durante cuarenta años, estuvo visitando todos los pueblos y todos los hogares de la isla, afianzando a la gente en la fe, volcado de nuevo en socorrer a los pobres y enfermos y ayudando a reconstruir algunas iglesias que habían sido demolidas; por eso, el “Papoulakos” se convirtió en la persona más famosa y querida de la isla.

Primera sepultura del santo junto a la iglesia de Santa Bárbara, Ítaca (Grecia).

Primera sepultura del santo junto a la iglesia de Santa Bárbara, Ítaca (Grecia).

Tuvo el don de profecías y el de sanación, impidió la comisión de asesinatos y otros actos de venganza y tuvo la habilidad de conseguir que todos aquellos que hacían algo malo, se arrepintieran y cambiaran de vida; de esta forma, se ganó los corazones del pueblo, quién lo consideraba como un santo. Se cuenta una anécdota que tiene todos los visos de verosimilitud: un día, estando delante del gobernador inglés solicitándole permiso para continuar con su labor apostólica, le predijo un terremoto y a pesar del interés que mostró en convencer al gobernador, el orgulloso inglés despreció lo que le decía el anciano monje. En ese momento se produjo el terremoto que estrelló la silla del gobernador, el cual cayó inconsciente. Cuando se levantó el arrogante inglés, cayó de rodillas a los pies del monje y le dio permiso para continuar con su trabajo asegurándole que no sería molestado.

Más tarde, el santo vivió en una especie de celda y posteriormente, en una pequeña casa en el barrio Rahi Kioni, en el cual instó a los residentes a que construyeran su propio templo, que una vez terminado, fue dedicado a la Anunciación. También reparó la iglesia de Santa Bárbara, alrededor de la cual construyó varias celdas para monjes y albergues para peregrinos. En Anogi, pueblecito construido en la montaña, se propagó una epidemia de peste, los vecinos acudieron al “Papoulakos” y este, mediante la oración, consiguió que desapareciera la epidemia.

Interior de la tumba.

Interior de la tumba.

De San Joaquín se cuentan numerosas actuaciones interesantes, algunas de ellas anecdóticas, como la del inglés y el terremoto a la que hice referencia antes. Haré mención de algunas otras: Un día, estando en el Monte Athos, se reunió con un hombre que prácticamente estaba esclavizado por un médico a cambio de que tratara y curara a su esposa, que estaba gravemente enferma. El monje Joaquín decidió dejar sus menesteres en el monasterio y habló con el médico a fin de reemplazar al padre de familia que estaba esclavizado. El médico aceptó el cambio y a fin de que tuviera una apariencia exterior más digna, le proporcionó ropa y unos zapatos nuevos, los cuales inmediatamente fueron repartidos por el monje entre los pobres. El médico, viendo el comportamiento del santo, reconoció su error y dispensó de su trabajo al esposo de la mujer enferma.

Otra: En el año 1848 hubo una gran hambruna en los pueblos de la isla de Ítaca y en algunas islas vecinas. Las pocas cosechas que se recogían de legumbres y frutas apenas podían aliviar el hambre. En ese tiempo atracó en uno de los puertos de la isla un barco que venía desde Galaxidi cargado de maíz. Los mafiosos del mercado negro intentaron hacer negocio explotando a los vecinos hambrientos. “Papoulakos”, que no tenía un céntimo, se mostró dispuesto a pagar todo el cargamento de maíz, consiguiendo que este fuera distribuido entre la población que, de esta manera, tuvo pan para varias semanas. Cuando el capitán del barco le reclamó el dinero, él le dijo que no había sido capaz de conseguirlo, por lo que fue denunciado ante la policía inglesa que lo reprendió severamente al considerar que había cometido un fraude. Joaquín solicitó una pequeña prórroga y una vez conseguida, recurrió a los abades de los monasterios del Monte Athos, quienes les hicieron llegar el dinero con el cual pudo abonar la mercancía en un precio justo y no en el precio que pretendían los mafiosos.

Reliquias del santo en el monasterio Vatopedi, Monte Athos, Grecia.

Reliquias del santo en el monasterio Vatopedi, Monte Athos, Grecia.

Otro: Cuando parte de la llamada “Grecia vieja” quedó liberada del yugo otomano, las islas jónicas continuaron bajo dominio inglés. Joaquín estimulaba a los nativos griegos a que lucharan por sus tierras aunque de manera pacífica, sin derramamiento de sangre. Debido a esto recibió más de una amenaza por parte de los ingleses, amenazas que él aceptaba sin quejas ni resentimientos, dando muestras de una enorme paciencia que, sin embargo, no lo hicieron desistir de sus luchas contra el dominio inglés.

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De él se cuentan numerosos milagros y predicciones y también voy a relatar brevemente solo dos de ellos: Dennis Paxinos nos cuenta que San Joaquín sanó a una señora y a su hijo. La madre sufría piorrea oftalmía y el niño, convulsiones eclámpticas; ambos acudieron a él el cual se los llevó a un lugar aislado para que nadie los viera y allí se puso a orar; después los bendijo con una vara haciendo la señal de la cruz y ambos quedaron instantáneamente curados y sin secuelas. La madre quiso agradecer la curación dándole una cierta cantidad de dinero, que él rechazó.

Otro: El capitán Lambros Raftopoulos necesitaba madera para terminar el barco que estaba construyendo. En una barcaza, se puso rumbo a Venecia a fin de conseguirla, pero pasados tres meses, como no daba señales de vida, todos pensaban que la barcaza se había hundido. Recurrieron a “Papoulakos”, el cual se marchó a orar a un lugar solitario y cuando volvió les dijo que en pocos días llegaría junto con la madera. La predicción se hizo realidad a los tres días.

Urna con las reliquias del santo. Ítaca (Grecia).

Urna con las reliquias del santo. Ítaca (Grecia).

El viernes 1 de marzo del año 1868 se sintió gravemente enfermo y con calma anunció a quienes estaban junto a él que muy pronto tendría que hacer el viaje a la eternidad. Llamó al monje Agapios para que lo confesara y se quedara junto a él orando en silencio. La noche la pasó en oración y hacia las cinco de la madrugada del sábado día 2 de marzo, se quedó definitivamente dormido. Su multitudinario funeral fue organizado por el propio obispo, siendo sepultado en la iglesia de Santa Bárbara conforme él mismo había pedido. Tras su muerte siguieron produciéndose numerosos prodigios, diez de los cuales están perfectamente documentados. El egumeno del monasterio Vatopedi quiso exhumar sus restos y una vez concedido el permiso del Patriarcado Ecuménico, lo hicieron el 23 de mayo del 1992. A instancias del obispo de Ítaca y de los monjes de Vatopedi se inició el proceso de canonización, glorificación que fue aprobada por el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico mediante decreto fechado el 19 de marzo de 1998. Su festividad se celebra el día 2 de marzo y el 23 de mayo se conmemora el traslado de sus reliquias.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Elder Joseph, “San Joaquín de Vatopedi, llamado el Papoulakos”. Monasterio Vatopedi, 1998.
– Kanellos, K., “Osios Joaquín de Ítaca”, Ítaca, 2000.

Enlaces consultados (10/08/2015):
– http://anavaseis.blogspot.com.es/2012/03/1786-1868.html
– www.pistos.gr/enhmerwsh/ekklhsiastika/o-osios-iwakeim-o-papoulakis-o-batopaidinos
– http://pneumatikotita.blogspot.com.es/2007/05/blog-post_23.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Nonoso, abad del Monte Sorate

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura del santo en el monasterio de Thierhaupten (Alemania).

Escultura del santo en el monasterio de Thierhaupten (Alemania).

Conocemos a San Nonoso a través de “Los Diálogos” de San Gregorio Magno. Cuando en el verano del año 593, a petición de algunos amigos, se prestó a escribir las historias milagrosas de algunos santos italianos, pidió a Maximiano obispo de Siracusa, que le informase acerca de todos los milagros que se producían en su diócesis a fin de darlos a conocer. Y le pedía en particular que le informase “de domno Nonnoso abbate, qui iuxta domnum Anastasium de Pentumis fuit” (del señor abad Nonoso, que estaba junto al señor Anastasio de Pentumis), sobre el cual ya el obispo de Siracusa le había hablado con anterioridad. Maximiano informó a San Gregorio Magno sobre todo lo que sabía, quién a su vez también escuchó al viejo monje Laurión de Suppentonia, que había vivido bajo el gobierno del santo abad Anastasio, que era amigo de Nonoso. Pero desafortunadamente, todo lo que San Gregorio nos cuenta se reduce a tres milagros que habría realizado Nonoso, sin hacer ninguna referencia cronológica que nos permita establecer con exactitud como fue la vida de este santo abad.

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Según el bolandista Morica, San Nonoso “debería haber vivido en la primera mitad del siglo VI”, o sea, que sería contemporáneo de San Benito de Nursia, aunque esto no signifique que el monasterio de Sorate fuera una fundación benedictina ni que San Nonoso, fuera un discípulo de San Benito.

San Gregorio Magno pone a San Nonoso en estrecha relación con San Anastasio, al decir: “Qui nimirum Anastasius vitae venerabilis viro Nonnoso praeposito monasterii quod in Soractis monte situm est, et propinquitate loci et morum magnitudine et virtutum studiis adsidue iungebatur” (“Ciertamente, Anastasio, se encontraba a menudo con Nonoso, hombre de vida venerable, superior del monasterio situado en el monte de Soracto, tanto por la cercanía del lugar como por la grandeza de sus costumbres y el ejercicio de sus virtudes”). Es por esto por lo que al decirle San Gregorio al obispo Maximiano “del señor abad Nonoso, que estaba junto al señor Anastasio de Pentumis”, evidentemente se estaba refiriendo a que ambos monasterios, el de Nonoso y el de Anastasio, eran monasterios vecinos. El profesor Hartmann interpreta erróneamente esta frase de San Gregorio diciendo que Anastasio primero fue abad de Sorate y posteriormente de Suppentonia, pero de los textos de San Gregorio no se puede extraer esta conclusión. Tampoco hay razones para ver en Anastasio – como hace Hartmann -, a un abad muy severo bajo el cual estaba Nonoso, que era el prior del monasterio.

Cráneo del santo en el Museo diocesano de Bamberg (Alemania).

Cráneo del santo en el Museo diocesano de Bamberg (Alemania).

Menos aun se puede deducir de estos textos gregorianos lo que defiende Morica: que Nonoso, después de su priorato en Sorate se marchó a Suppentonia, donde sucedió a Anastasio como abad. Pero no nos liemos en esto, en si uno sucedió al otro o si estuvo debajo del otro, porque de todos modos en este tema no hay nada claro.

San Gregorio Magno es también el primero que habla del monasterio de Sorate y lo hace de forma genérica, sin hacer ninguna apelación específica, en su obra “Los diálogos”. La primera vez que se hace mención de este monasterio vinculándolo a San Silvestre es bastante más tarde, en un documento del Papa Gregorio II, cuyo pontificado fue del 715 al 731. A finales del siglo VI, en las cercanías del monasterio estaba una pequeña iglesia dedicada a San Andrés, la cual fue anexionada por el emperador Carlomagno en el 747 al monasterio de San Andrés “in Flumine”. Además, a los pies de este monte llegó incluso a fundarse un tercer monasterio dedicado a San Esteban, o sea, que finalmente, en el monte Sorate o en sus cercanías nos encontramos hasta tres monasterios.

Cuando los sarracenos invadieron parte de Italia, la vida monacal decayó, pero una vez pasada esta invasión, estos monasterios volvieron a florecer en vida y en santidad, aunque entre el 1439 y el 1443 pasaron a depender del monasterio de San Pablo en Roma y en el 1548, el Papa Pablo III los agregó a la abadía delle Tre Fontane, a la que pertenecieron hasta su total extinción.

Primitiva piedra sepulcral que se encuentra en iglesia de Molzbichl (Austria).

Primitiva piedra sepulcral que se encuentra en iglesia de Molzbichl (Austria).

Dicho todo lo anterior y volviendo a la vida de San Nonoso, recordemos que hemos dicho que lo que sabemos de él se deduce de tres milagros que le son atribuidos cuando estaba en Sorate. El primero de ellos es parecido al atribuido a San Gregorio el Taumaturgo, quién con su fe movió a una enorme roca que impedía la construcción de una iglesia. Recordemos la frase de Cristo de que la “fe mueve montañas” (Mateo, 17, 20). San Nonoso hizo algo parecido: el monasterio estaba sobre la cima del monte, en una especie de esquina y en su entorno faltaba un cierto espacio donde pudiera cultivarse un huerto, ya que todo estaba ocupado por una gran roca que había que eliminar. Era tan enorme que ni siquiera una cincuentena de pareja de bueyes podían mínimamente moverla. Entonces, el santo se llevó toda la noche en oración y a la mañana siguiente la enorme piedra había desaparecido, quedando libre un buen espacio de terreno en el que los monjes pudieron crear y cultivar un huerto.

El segundo milagro consistió en la reconstrucción de una lámpara de vidrio que el santo tenía en sus manos y que al caérsele al suelo, se hizo en mil pedazos. La ferviente oración del santo hizo que todos los trozos, por pequeños que fuesen, se juntaran, restituyendo íntegra la lámpara y librándose así de una reprimenda que le habría echado el abad. Dice San Gregorio Magno que este milagro era parecido a uno que hizo San Donato, el obispo mártir de Arezzo, que reconstruyó un cáliz de vidrio que se le había roto en pedazos.

El tercer milagro nos hace recordar al profeta Eliseo que hizo inacabable el aceite de la viuda. (Leer el capítulo 4 del Segundo Libro de los Reyes). En el huerto del monasterio había muy pocos olivos y consecuentemente, la cosecha de aceitunas era muy escasa y el aceite, también. Entonces el abad ordenó a todos los monjes que visitaran a los agricultores vecinos a fin de pedirles aceite. Nonoso le rogó humildemente al abad que retirase esta orden, la cual habría podido poner en apuros a más de un monje. Conseguido el permiso del abad, ordenó recoger las escasas aceitunas que tenían los olivos del monasterio, las molió y el poco aceite recogido lo hizo verter en pequeñas cantidades en absolutamente todos los recipientes que había en el monasterio. Estuvo toda la noche orando y a la mañana siguiente, todos los recipientes estaban completamente llenos. Ante esto, San Gregorio elogia la humildad de Nonoso, su mansedumbre y su capacidad de calmar con su afabilidad el mal carácter que tenía el abad.

Sepulcro del santo en la cripta de la catedral de Freising (Alemania).

Sepulcro del santo en la cripta de la catedral de Freising (Alemania).

Si antes dije que no se sabía con exactitud en qué fecha exacta había vivido, es lógico que tampoco se conozca la fecha exacta de su muerte, aunque si se sabe que fue sepultado en Sorate. Desde allí, en la época de las invasiones sarracenas que llegaron a devastar el monasterio a finales del siglo IX, su cuerpo fue trasladado a Suppentonia, desde donde en el 1052, el obispo Nitkero lo transfirió en Freising, en la Baviera alemana. Encontrado a mediados del siglo XII durante las labores de reconstrucción de la catedral, fue colocado en la cripta en el año 1161, pero al cabo del tiempo se olvidó el sitio exacto donde se había puesto. En el 1708 gran parte de las reliquias fueron reencontradas y después de una semana durante la cual se celebraron unas solemnísimas fiestas, fueron puestas en un sarcófago nuevo en la misma cripta de la catedral. El cráneo del santo y el resto de su cuerpo se veneran en Bamberg ya que fueron llevados a aquella ciudad en una fecha difícil de concretar. O sea, los restos del santo están mayoritariamente repartidos entre estas dos ciudades alemanas.

Tienen particular devoción al santo los enfermos de riñón que practican el curioso rito de la “reptatio per criptam”, gateando a cuatro patas tres veces alrededor del sarcófago, mientras le rezan unas oraciones especiales invocando su ayuda. Este antiguo y raro ritual ya está descrito en el antiguo “Libellus miraculorum”, traducido al alemán y publicado en las “Actas sanctórum”.

San Nonoso no figura en los martirologios antiguos, apareciendo su nombre por vez primera en el gran “Legendario austríaco” del siglo XII. Posteriormente se incluyó en el Martirologio de Usuardo el día 2 de septiembre, o sea, hoy y de él pasó al Martirologio Romano. Es el patrono principal de las diócesis de Nepi y Sutri y co-patrono de la de Freising.

San Nonoso. Weikert Hofen, Dachau, Baviera (Alemania).

San Nonoso. Weikert Hofen, Dachau, Baviera (Alemania).

En Sorate su culto fue interrumpido a causa de la ruina del monasterio, pero a mediados del siglo XII, por iniciativa de un monje cisterciense llamado Andrés de San Buenaventura, volvió a reiniciarse. El 7 de agosto del 1655 obtuvieron de la Sagrada Congregación de Ritos la facultad de celebrarle misa propia y tres años más tarde, un oficio propio.

El 20 de noviembre de aquel mismo año, el sacerdote francés Pedro Naude estuvo de peregrinación en Sorate donde contó que en una ciudad de Baviera, de la que no recordaba el nombre, se celebraba la festividad del santo, comprometiéndose a comunicar el nombre de esta ciudad una vez que estuviese de vuelta a su destino. Y lo hizo, porque el 23 de enero del 1660 envió a Sorate una carta firmada por el vicario general de la diócesis de Freising en la que confirmaba que allí estaban las reliquias, carta que estaba acompañada por unas lecciones propias del Segundo Nocturno del oficio de Maitines que allí se recitaban. Al recibir la carta, los monjes de Sorate solicitaron algunas reliquias que les fueron enviadas en el año 1661. El 2 de septiembre del 1664, fue consagrado al santo el primer altar del monasterio y comenzó a celebrarse de nuevo su fiesta. Desde Sorate, su culto se extendió posteriormente por toda Italia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Analecta Bolandista, LVI (1938)
Analecta Bolandista, LXXXII (1964)
– Mastrocola, M., “Il monachesimo nelle diocesi di Civittà Castellana, Orte e Gallese fino al sec. XII”, Viterbo, 1962
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città Nuova Editrice, Roma, 1989.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es