Sierva de Dios Teresa Enríquez, la “Loca del Sacramento”

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Lienzo-retrato de la Sierva de Dios.

Lienzo-retrato de la Sierva de Dios.

A menudo nos hemos preguntado, en este mismo blog, cómo un proceso de canonización puede alargarse tanto en el tiempo, más todavía cuando el candidato o candidata gozó en vida de una gran fama de santidad por sus actos de fe y caridad. La Sierva de Dios Teresa Enríquez reúne todas estas condiciones para que este caso no deje de ser llamativo, casi quinientos años después de su muerte ha sido muy poco el avance que ha tenido para verla finalmente en los altares. Pionera en muchas cosas como el culto al Santísimo Sacramento, y conocida sobre todo por sus obras de caridad para con los más desfavorecidos, este breve artículo seguro que servirá para conocer mejor su obra y a la vez extender su devoción dentro y fuera de España, esperando que no se tarde mucho en reconocer su santidad, ya que la causa está abierta y avanza poquito a poco.

Teresa Enríquez de Alvarado nació en el año 1450, probablemente en Medina de Rioseco (Valladolid), aunque ni el lugar ni tampoco la fecha se pueden precisar con exactitud. Sus padres eran Dº Alonso Enríquez de Quiñones y María de Alvarado y Villagrán. La familia pertenecía a la nobleza ya que su padre era almirante y señor de muchas villas, estaba emparentado con la realeza, su sobrino era el rey Fernando el Católico. Dª María, madre de Teresa, murió al poco tiempo de nacer ella, por lo que la Sierva de Dios se crió junto a su abuela paterna. Muchas fuentes apuntan que esto ocurrió así debido a que Dº Alonso no llegó nunca a contraer matrimonio y por ello Teresa no pasó su infancia con la familia materna, también existe la duda, a pesar de que es poco probable, que fue hija ilegítima. Su abuela, Dª Teresa de Quiñones, y algunas personas del servicio se dedicaron de su educación y de que conociese el catecismo y es que para postre vivían en un monasterio de la orden franciscana que estos, sus abuelos, habían fundando junto a un hospital.

Era una niña muy guapa, como también lo fue de mayor, despegada de los elogios y protagonismos dedicaba parte de su tiempo a repartir caridad y a asistir a prácticas devocionales con sus abuelos. Decían los habitantes de Medina de Rioseco que la misma Santa Ana y la Virgen niña asistían a las procesiones del pueblo cuando abuela y nieta iban a estas en determinadas ocasiones como Semana Santa.

Antiguo convento concepcionista, hoy Ayuntamiento.

Antiguo convento concepcionista, hoy Ayuntamiento.

En el año 1471, cuando la joven Teresa Enríquez tenía alrededor de veintiún años, entró en la corte Real, aquí conoció al que sería su marido, Dº Gutiérrez de Cárdenas que era un noble y político, alcalde de Toledo y afamado por sus dotes diplomáticas. El consejo que daba a los Reyes Católicos era muy tenido en cuenta, a él se le debe el nombramiento del Cisneros como cardenal primado de esta ciudad. Cuando contrajeron matrimonio éste era valido de la princesa Isabel (Isabel la Católica). Ambas dos fueron grandes amigas, Teresa Enríquez fue dama de su séquito por su condición de noble, pero no sólo esto las unía ya que compartían los mismos gustos y las mismas inquietudes. Nos ha llegado que los hijos de las dos se criaron de niños juntos y que ellas mismas socorrieron en el hospital de Córdoba a numerosos heridos de la guerra de la conquista Granada. Desde este momento, tal vez por conocer de cerca los desastres y consecuencias de la guerra, incrementó su caridad con los más necesitados.

Dº Gutierre de Cárdenas era señor de muchas villas y tierras, en las provincias de Andalucía contaba con muchas, sobre todo en Sevilla donde llegó a vivir el matrimonio y sus hijos, pero en la provincia de Toledo y más concretamente en el pueblo de Torrijos donde acumulaban muchas propiedades. En 1503 muere su marido y desde este momento decide abandonar toda esta vida en la corte real. Nunca le había gustado, rehuía a todo ese tipo de privilegios y por ello decidió retirarse a Torrijos a dedicarse enteramente a las obras de caridad. Ya establecida en este pueblo toledano daba todos los día de comer a las familias que se acercaban a su puerta, también les proporcionaba un trabajo en sus tierras y además de todo esto vendía si hacía falta algunas de sus valiosas pertenecías para comprar ganado y semillas a las familias que se habían quedado sin nada a causa de catástrofes meteorológicas. No satisfecha con esto fundó y se encargo de sufragar los gastos de la Colegiata de Torrijos y el convento de la Concepción, decidió donarles el edificio a la muerte de su hijo y fundarlo para las hijas espirituales de Santa de Beatriz de Silva, que conoció en vida gracias a la reina Isabel la Católica, desde entonces profesó un gran afecto hacía la fundadora. Pero no solo fue este el único convento de religiosas que fundó, fueron muchos y en muchos sitios del reino y todos Concepcionistas. También se conocen varias capillas catedralicias fundadas por ella, como por ejemplo; la de la Virgen de la Antigua en Toledo y otra en la iglesia de San Lorenzo y San Dámaso en Roma aparte de dos hospitales para desamparados, el de la Santísima Trinidad y el de la Consolación.

Cuerpo incorrupto de la Sierva de Dios.

Cuerpo incorrupto de la Sierva de Dios.

Todo este rosario de fundaciones y dotaciones para el beneficio de pobres, trabajadores y religiosas no la hicieron tan “famosa “como su devoción, propagación y exaltación del Santísimo Sacramento. Era muy devota y fue pionera en fundar la Hermandad del Santísimo Sacramento, hermandades y cofradías sacramentales que rápidamente se extendieron por España (sobre todo en Sevilla), America y Europa con el fin adorar a Jesús bajo las dos especies del pan y el vino. Se extendieron gracias también a la aprobación por bula del Papa Julio II que vio con buenos ojos que Teresa Enríquez las promoviera y sufragara. Con esto, y sin saberlo ella, dio protagonismo a los laicos y muy especialmente a las mujeres dentro de las cofradías que fueron surgiendo después de esta, la que fue la primera de este tipo.

Los últimos años de su vida los pasó viviendo muy austeramente, vivía prácticamente como una de la monjas concepcionistas que tanto estimaba, vestía con una especie de hábito de color pardo, pasaba largas horas de oración ante el sagrario y procuraba enviar a personas a adorar al Santísimo en sagrarios que no recibían adoradores y que ella pensaba que estaban abandonados. Antes de morir socorrió a muchas jóvenes huérfanas en peligro de perderse, les dio una educación y un trabajo, así como a los niños “clerizones” o también “Mozos del coro”, que eran niños que formaban coros y recibían una educación.

Primitiva tumba de don Gutiérrez de Cárdenas y Teresa Enríquez.

Primitiva tumba de don Gutiérrez de Cárdenas y Teresa Enríquez.

Agotada por su magno trabajo para el bien de las almas, murió santamente el día cuatro de marzo de 1529 a los setenta y nueve años. Dejó en su testamento todo muy bien detallado para que a su muerte, todas sus pertenecías pasaran a la Iglesia y con ellas se siguieran haciendo obras de caridad a los pobres y actos en adoración al Santísimo Sacramento. La “loca del Sacramento” o “la embriagada del vino celestial”, como así la apodó curiosamente el Papa Julio II por su fomento y devoción al cuerpo de Cristo bajo las dos especies, fue enterrada junto a su marido en el convento franciscano donde ya él descansaba, posteriormente se trasladó a la colegiata de Torrijos y desde allí al antiguo convento de la Franciscanas Concepcionistas. Ahora su cuerpo incorrupto descansa en el nuevo monasterio de estas mismas religiosas, ya que el anterior ahora es el ayuntamiento de Torrijos.

En el año 2001 se reabrió oficialmente la causa diocesana de canonización, se clausuró un año después, en 2002 y más tarde el proceso diocesano fue aprobado en Torrijos y enviado a Roma donde se está estudiando en la actualidad. Se la presenta como una mujer muy hermosa, ricamente vestida y haciendo el vino para la Eucaristía con sus propias manos. Como curiosidad diré que esta candidata a los altares era tía de dos grandes santos, como San Francisco de Borja o San Juan de Ribera.

David Garrido

Enlaces consultados (26/01/2016):
– http://archicofradiasacramentaldepasion.blogspot.com.es/2011/02/teresa-enriquez-de-alvarado-la-loca-del.html
– www.lavozderioseco.com/teresa-enriquez-la-loca-del-sacramento/

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Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Ita de Killeedy

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Icono ortodoxo de la Santa.

Icono ortodoxo de la Santa.

Santa Ita (conocida también como Ida, Meda, Mita o Ytha y como “la Brígida del Munster”) nació en el año 480 en Drum, localidad del condado de Waterford (Irlanda), siendo hija de Cennfoelad – que era descendiente de Felim el legislador -, y de su esposa Necta. La familia formaba parte del noble e influyente clan Deisi. Al bautizarla se le impuso el nombre de Deirdre (Dorotea), aunque asumió el nombre de Ita cuando entró en religión. Desde muy pequeña mostró siempre un carácter muy individualista pero también una tendencia sobrenatural hacia la oración, lo que unido a sus ansias de saber, belleza física, pureza de alma, voz suave y habilidad hacia los trabajos textiles y la música, hizo que todos la admiraran. Una leyenda dice que siendo muy pequeña tuvo un sueño en el cual un ángel le entregó tres piedras preciosas y aunque ella intentó descifrar ese simbolismo, no lo consiguió hasta que otro ángel se le apareció también en sueños, indicándole que estas tres gemas significaban los dones que recibiría del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Esta visión y su tendencia a la soledad y a la oración hicieron que desde niña sintiese la vocación a la vida religiosa, aunque se encontró con el rechazo de su padre que pretendía casarla con un joven noble de su misma posición social. Deirdre se resistió a las pretensiones de su padre y a fin de que Dios la liberara de aquel destino, retirada en sus aposentos, realizó tres días de riguroso ayuno. La tercera noche, su padre tuvo un sueño en el cual un ángel le dijo que su hija estaba predestinada a la vida religiosa y que a través de ella, mucha gente encontraría la salvación. A la mañana siguiente, Cennfoelad llamó a su hija y le manifestó su deseo de respetar su decisión y una vez convencida la familia, el obispo San Declan de Ardmore le impuso el velo de las vírgenes.

Escultura de la Santa, obra de Seamus Murphy. Bantry, Cork,  Irlanda.

Escultura de la Santa, obra de Seamus Murphy. Bantry, Cork, Irlanda.

Así, con dieciséis años de edad y acompañada de su hermana Fiona, siguiendo la orientación de tres luceros que las guiaban, marcharon hacia el oeste. Primero acamparon en lo alto de las montañas Galtee, más adelante lo hicieron en las montañas Mullaghareirk y la tercera y última parada la realizaron en Cluain Creadhail, hoy conocido como Killeedy, que significa “Iglesia de Santa Ita”, donde se asentaron. Killeedy es una baronía de Glenquin, perteneciente al condado de Limerick, situada a los pies de Sliabh Luachra.

Allí fueron recibidas por el jefe de la tribu local quién se mostró dispuesto a facilitarles unos terrenos para que ellas construyeran un convento, aunque Ita le insistió en que solo aceptaría unos cuatro acres de tierra, terrenos más que suficientes como para que pudiese asentarse su comunidad. Como he dicho, aquel asentamiento fue conocido como Cill Ide (Killeedy), convirtiéndose en un próspero centro de espiritualidad.

Como a Ita se le atribuyeron muchos milagros, entre ellos, la resurrección de uno de sus hermanos que había muerto en una batalla y la curación de un ciego, fueron muchas las mujeres que acudieron a unirse a ella para entregar sus vidas a Dios. En la instrucción de sus nuevas hijas ella promovió el concepto de que “los santos son los amigos del alma”, un lema que ya era antiguo y que llegó a Irlanda procedente de Egipto y Palestina. Pero la labor de Ita no se limitó a la vida contemplativa y a la enseñanza de sus religiosas, sino que también se dedicó al cuidado de los enfermos y ancianos y a la asistencia social a los más desfavorecidos. En este sentido, cultivó sus cuatro acres de tierra y montó una granja lechera en Boolaveeda donde conseguía alimentos que distribuía entre los pobres.

Detalle de la Santa en una vidriera de la iglesia de San Kieran, Ballylooby, Irlanda.

Detalle de la Santa en una vidriera de la iglesia de San Kieran, Ballylooby, Irlanda.

Asimismo, creó una escuela para la formación de los niños, escuela por la que pasaron muchos futuros eclesiásticos, entre ellos, San Brendan el Navegante, al que Ita acogió cuando solo tenía un año de edad. El santo se jactaba de que Ita le había inculcado “el tener un corazón puro, una vida espiritual simple, una fe inquebrantable en Dios y la dedicación a los actos generosos ya que la caridad era la virtud más agradable a Dios. Y lo que más le ofendía era una boca llena de odio, un corazón lleno de resentimiento y la adoración de las cosas materiales”, aunque hay quienes relatan este hecho diciendo que el santo le manifestó a Ita que las tres cosas que eran más agradables al Señor eran “la verdadera fe practicada con un corazón puro, una vida religiosa sencilla y el tener gran generosidad inspirada en la caridad”, a lo que Ita le respondió diciendo que las que Dios más detectaba eran “un rostro ceñudo, obstinarse en la realización de acciones ilícitas y tener excesiva confianza en el dinero”.

Santa Ita es conocida como la “madre adoptiva de los santos irlandeses”, ya que, por ejemplo, se comportó como tal con San Brendan, San Cummíam o con San Mochoemoc, entre otros. Santa Ita, aun siendo mujer, fue muy solicitada como director espiritual, lo que da a entender que la Iglesia Celta era mucho más avanzada que otras iglesias cristianas, ya que reconocía las cualidades de liderazgo de las mujeres. Algo parecido ocurrió con Santa Brígida, ya que ambas fueron en realidad los dos puntales más firmes de la primitiva Iglesia Celta: Brígida fundando conventos por diversas regiones de Irlanda e Ita, aunque quedándose solo en uno, instruyendo a los que posteriormente sería sus mejores apóstoles. Ita era más asceta, más austera, mientras que Brígida era más activa.

Ilustración de la Santa con su simbología mística. Obra de Richard King (1974).

Ilustración de la Santa con su simbología mística. Obra de Richard King (1974).

El símbolo de Santa Ita es una cruz con un corazón en el centro de un pequeño laberinto. Ella lo concebía como una forma de unir su amor al amor de Cristo: “nuestros corazones, nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos, deben moverse cada vez más profundamente en el corazón de la cruz. Por lo tanto, como la rueda de la humanidad está formada por medio de Cristo, por quién todo fue hecho, nuestra espiral debe brotar desde el borde más externo en el que moramos con todas las preocupaciones de este mundo e instemos a nuestros corazones para que se introduzcan hacia el centro a medida en que poco a poco reemplacemos nuestros pensamientos mundanos por los sentimientos del deseo de la Sabiduría. En el corazón de la cruz encontraremos a nuestro propio corazón, ya que él ha sido creado por Dios, redimido por Cristo y mantenido en el amor por el Espíritu Santo”.

Al igual que le ocurrió a otros muchos santos, Santa Ita predijo su propia muerte. Sintiéndola próxima, reunió a toda su comunidad y les pidió que todos los clérigos y laicos de Killeedy pidieran al cielo por su alma. En aquellos momentos llegaron unos monjes de Clonmacnoise solicitándole que bendijera agua para llevarla a su abad Aengus que estaba muy enfermo. Ella lo hizo y después de que se fueran los mensajeros ella dijo a sus monjas que el abad moriría antes de que estos llegasen al monasterio. En efecto, así ocurrió.

Santa Ita murió en enero del año 570 (se dice que el día 15), siendo sepultada en su convento. Los “Annales de Inisfallen”, escritos en el año 1092, hace mención de su muerte en el año 571, con la frase siguiente: “Muerte de Ita de Cluain, madre adoptiva de Jesucristo y de Brendan”. En la actualidad, junto a las ruinas de Cill Ide – que es una iglesia que existía en el lugar donde estaba el monasterio de Killeedy y que fue destruida por los vikingos en el siglo IX -, existe un lugar señalado por una cruz que marca el lugar donde estaba su presunta tumba, lugar que es visitado por muchos peregrinos. Cercano a esta presunta tumba existe un pozo del cual los peregrinos sacaban agua ya que se le atribuía poderes para curar las enfermedades de los niños, especialmente la viruela.

Lugar de la presunta tumba de la santa.

Lugar de la presunta tumba de la santa.

En algunas partes de Irlanda se dice que “la Navidad no termina hasta que no llega la festividad de Santa Ita”. El culto a la santa es especialmente importante en Waterford y Limerick, donde se la conoce como “el reluciente sol de las mujeres del Munster”. La memoria de Santa Ita no está incluida en el Martirologio Romano, aunque a petición del obispo Butler de Limerick, el Papa Pío IX concedió a Irlanda el poder celebrar su fiesta, con misa propia, el día 15 de enero. Junto con San Munchin, es co-patrona de la diócesis de Limerick.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Annales de Inisfallen”, ed. S. Mac Airt, Dublín, 1951.
– Boyle, L., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988
– Plummer, C., “Vitae sanctórum Hiberniae, II”, Oxford, 1910
– Ryan, J., “Irish monasticism”, Dublin, 1931.

Enlace consultado (04/01/2016):
– www.megalithicireland.com/Tobar%20na%20Molt,%20Ardfert,%20Kerry.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Eudocia Mahankova, “loca por Cristo” (Santa Dunyasha)

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Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

La información que se tiene sobre su vida es bastante inconsistente ya que no existe ninguna prueba documental y muchos de los detalles de su biografía están cubiertos de leyendas. Expondré lo que de cierto se sabe sobre ella.

Eudocia Mahankova, a quién desde pequeña se la conoció como Dunya, nació en el año 1870 en la localidad de Chudinov, perteneciente a la provincia rusa de Orenburg, en lo que ahora es la región de Chelyabinsk, en el seno de una familia campesina formada por Ticón Mahanek y Daría. Cuando Dunya tenía solo siete años de edad, su madre murió y su padre contrajo segundas nupcias con una mujer que le dio dos hijos, pero que fue una verdadera madrastra para la niña. Como en realidad no existía ninguna relación afectiva entre Dunya y su madrastra, su padre la llevó a un pueblo cercano donde se puso a trabajar como niñera en casa de una familia que tenía hijos pequeños. Ella, como no era rencorosa y tenía muy buen corazón, cuando le daban un día de descanso, iba a su pueblo a llevarles algunas golosinas a sus dos hermanastros.

Un día, cuando iba a su casa, fue atacada por un ladrón y arrastrada hasta una cabaña en un bosque a fin de que le ayudara como criada en el cuidado de una pequeña huerta. Cuando la niña no estaba labrando la tierra, la tenía abandonada, a veces atada a un abedul, hasta el punto de que un cierto día fue atacada por un lobo que de un mordisco le arrancó las falanges de algunos dedos. La leyenda dice que estando atada al abedul durante varios días, fue atacada por los insectos que le produjeron una gran hinchazón en el cuerpo y que por la noche se le acercó un lobo que quiso ayudarla a cortar las cuerdas que la ataban al árbol y fue por eso por lo que le dañó los dedos. Estas heridas de los dedos nunca se le curaron.

Una noche, mientras dormía dentro de la cabaña, tuvo un sueño en el que escuchó unas voces que le pedían que dedicara su vida a Dios y creyendo que ese era su destino, cuando ya llevaba retenida unos dos años, consiguió escapar encontrando en su camino un icono de la Santísima Virgen, icono que hoy se encuentra en la iglesia de San Demetrio en Troitsk. Una de las leyendas dice que ese icono ya ella lo había visto anteriormente entre los cuernos de una de las vacas que cuidaba en aquella pequeña granja. Ella también contaba que aunque el ladrón la hacía trabajar duramente, nunca intentó violarla, por lo que una vez muerto, lo vio en el cielo con un ramo de “flores del paraíso” como recompensa por respetar su virginidad.

En la primera fila, en el centro, está la Santa.

En la primera fila, en el centro, está la Santa.

Cuando tuvo unos veinte años de edad, vivió como vagabunda en Yachmenkov y como Dunya se ofrecía a atender a los necesitados en sus casas, parte de la población la admiraba pero otra parte la tenía como una desequilibrada. Cerca de la Yachmenkov, en una cueva, vivía un ermitaño llamado Anastasio perteneciente a la secta de los “Viejos Creyentes”. Ella lo visitaba a menudo y el ermitaño la enseñó a leer y escribir. Pasado un tiempo, el ermitaño le reveló que en realidad era una mujer que había llevado una vida mundana, pero que se había disfrazado de hombre para vivir en soledad como eremita. Algunas personas del pueblo se percataron de las visitas de Dunya al ermitaño y comenzaron a levantarle calumnias, llegando a denunciarla a la policía. La detuvieron y en la cárcel la torturaron vertiendo sobre ella más de cuarenta cubos de agua helada. Dice la leyenda que, una mujer que estaba presente durante la tortura llegó a decir: “Si Dunya es inocente, que mi hija se congele” y así sucedió, pues mientras que a Eudocia no le ocurrió nada, la hija de esa mujer murió de frío.

Al haber sido alfabetizada por el ermitaño, se dedicó a leer las Sagradas Escrituras (especialmente el Libro de los Salmos), biografías de santos y a aprenderse de memoria numerosas oraciones que repetía casi continuamente. Llevaba una vida conforme al evangelio y poco a poco, la gente comenzó a recurrir a ella para pedirle consejo y ayuda. Toda su vida la pasó viviendo como una “loca por Cristo”, vagabunda, sola y dedicando muchísimo tiempo a la oración. Trabajaba sin cobrar, solo pedía lo justo para poder subsistir y pasaba horas interminables en el templo de la Ascensión Chudinovskikh. Como no disponía de vivienda, por las noches se quedaba a dormir dentro o en el atrio de la iglesia.

Sepulcro de la Santa. Fuente: www.foto-planeta.com

Sepulcro de la Santa. Fuente: www.foto-planeta.com

Aunque no disponía de medios económicos, ayudada por la Sociedad Imperial Ortodoxa Palestina – sociedad que se había creado para ayudar a los peregrinos necesitados -, realizó algunos viajes a Jerusalén y a los lugares más sagrados de Italia: Roma, para venerar las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo y Bari, para venerar la de San Nicolás, del cual era muy devota. En estos viajes acumuló ciertas experiencias que posteriormente le sirvieron para ayudar a los demás.

En el año 1922, las autoridades decidieron cerrar las iglesias y ella, que no tenía lugar donde habitar fue llevada a un hospital psiquiátrico al considerarse que estaba loca. Como curiosidad digamos que en el año 1924 fue incluida en la llamada “Lista consolidada de las personas privadas de sus derechos electorales en las elecciones a los soviets de Chudinov”. Ella aparecía en el número 43 de la lista calificándola como “monja servidora del culto”, cosa que nunca fue.

El 25 de noviembre de ese mismo año, el periódico “Pravda” publicó un artículo titulado “La santa Dunya”, en el que un autor anónimo se burlaba de ella diciendo que era una loca que engañaba a todos los tontos de la región en la que vivía. Aunque este artículo era despectivo da a entender cómo la santidad de Dunya traspasaba las fronteras y era estimada incluso en otras regiones rusas. Perseguida por el régimen soviético, en el año 1939 fue internada en la cárcel, pero después de pasados unos años, fue puesta en libertad volviendo a la localidad de Chudinov, donde murió en paz el 5 de marzo del año 1948, con setenta y ocho años de edad. Algunas personas que estuvieron presentes en el momento de su muerte, como por ejemplo, la señora Irina Pavlovna, dicen que después de su muerte, su rostro se volvió terso desapareciéndole todas las arrugas propias de su edad.

Un obispo ortodoxo venerando el sepulcro de la Santa.

Un obispo ortodoxo venerando el sepulcro de la Santa.

Se le atribuyen numerosos milagros realizados en vida e incluso el don de profecía, pero el principal signo de su santidad es la cantidad de gente que atrajo a la Iglesia para que se reconciliara con Dios. Se dice que profetizó la destrucción del templo de la Ascensión, cosa que ocurrió en los años treintas del siglo XX. En el año 1903, mientras se celebraba la canonización de San Serafín de Sarov con la asistencia de toda la Familia Imperial Rusa, ella visitó el monasterio de Sarov donde veneró las reliquias del santo. Se dice que durante esta visita, en el banquete que se ofreció después de la celebración religiosa, cuando el zar Nicolás II estaba sentado a la mesa, Dunya se le acercó con unas toallas. El zar se puso de pié y, bromeando, las colocó en el asiento de su silla diciendo que el trono no se pierde. Ella le contestó: “Si se pierde, Señor, y el momento está cerca. Prepárate, Señor, pues te llegarán grandes sufrimientos”. Todos sabemos que la Familia Imperial Rusa, que está canonizada por la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue asesinada en Ekaterimburgo en la noche del 17 al 18 de julio del año 1918.

La tumba de Eudocia Mahankova está situada en el antiguo cementerio de la localidad de Chudinov, a unos treinta kilómetros de la ciudad de Ekaterimburgo. En torno a ella se ha construido una pequeña capilla en forma de invernadero para proteger a los visitantes de las inclemencias del tiempo, capilla que se ha convertido en un lugar de peregrinación, no solo de la gente que vive en la región de Chelyabinsk, sino de otras regiones de Rusia. Muy cerca de la tumba de Eudocia, en la misma región de Chelyabinsk (concretamente en Chebarkul) existe otra tumba considerada milagrosa: la del niño Vyacheslav Krasheninnikov, pero de este caso escribiremos en otro artículo.

Sepulcro de la Santa.

Sepulcro de la Santa.

Eudocia Mahankova, oficialmente, aun no está canonizada pues se está en la fase de recopilación de documentos, pero muchos fieles ortodoxos ya la consideran una santa, debido a la vida que llevó y a los milagros que se han producido junto a su tumba. En una de las fotos que acompaña el artículo podemos ver como un obispo ortodoxo venera la tumba de la “santa”. Estos milagros, se transmiten de boca en boca y abarcan todo tipo de eventos: curaciones de enfermedades, resolver disputas familiares, solucionar problemas financieros básicos, etc. Hay un dicho que dice: “no existen problemas graves que no los pueda solucionar Dunyaska”.

Antonio Barrero

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Bibliografía:
– Berezhnov, A.S., “Leyenda de Eudocia Chudinovskij”, Emanzhelinsk, 2013
– Lobashëv, A., “La fe conquistada”, Chelyabinsk, 2007.

Enlaces consultados (14/12/2015):
– http://troitsk-eparchy.ru/
– www.xn--74-6kca2cwbo.xn--p1ai/tourism/mystery/mogila_dunyashi

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora (II)

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Escultura que la ciudad de Salamanca (España) levantó en su honor (21/11/2014). Fotografía: Miguel Veny, 2015.

Escultura que la ciudad de Salamanca (España) levantó en su honor (21/11/2014). Fotografía: Miguel Veny, 2015.

“Os veréis en peligro, pero no temáis. Si tenéis Fe, Esperanza y Caridad venceréis las dificultades”.

Últimos años de vida y muerte
Aunque en la debilidad se hizo fuerte durante todos estos años, la edad iba avanzando y las fuerzas iban mermando como es ley de vida. En los últimos años sufrió varias caídas que la deterioraron físicamente, siempre gozó de buena salud y por ello parecía que seguía gozando de la misma salud de hierro de siempre. No por ello dejó de trabajar ni un solo día y sus desvelos eran mayores con el fin de mantener floreciente la comunidad de Zamora. Durante los meses de verano de 1905 se agrava la situación cuando empieza a sentir inapetencia y rechazo por toda clase de comida, aparte no podía pasar ningún alimento, derivando esto en una fuerte irritación de vientre. El día uno de agosto de 1905 el malestar físico en Madre Bonifacia era patente, una semana después, el día ocho, sintiéndose mal pide ser confesada y asistida por un sacerdote. Ya era consciente de su inminente partida y encuentro definitivo con Dios, no paraba de repetir jaculatorias propias de esa hora e invocar a Jesús, María y José. Ese mismo día, a las diez y media de la noche muere santamente rodeada de sus hijas, en silencio, como el mismo San José del que fue tan fiel hija, el santo patriarca la asistió para que tuviera una buena muerte como el mismo.

Su funeral fue multitudinario, la ciudad de Zamora, la comunidad y todo el clero de la catedral se despidieron de la Madre Bonifacia, que fue enterrada en tierra sencilla en el cementerio de San Atilano de esta ciudad. Todos los que la conocieron en vida la tenían por santa, pero al parecer ni después de su muerte en la casa madre de Salamanca se mostraron conformes con reconocer su trabajo y reconocimiento como la primera Sierva de San José. Querían condenarla al olvido hasta tal punto que borraron y arrancaron su nombre y firma de los libros fundacionales de la casa madre de Salamanca. Pero como ella misma profetizo, la unión definitiva de las dos casas llego tan solo dos años después de su muerte. Queda claro que la antipatía que sentían por ella impidió claramente el desarrollo de su obra.

La Santa en el pozo de la Casa de Sta Teresa.

La Santa en el pozo de la Casa de Sta Teresa.

El gran “tesoro”
Más de treinta años parece que estuvo condenado al olvido el trabajo sencillo y oculto de esta Santa, pero Dios y en especial la Hermana Socorro Hernández, quisieron que se hiciera justicia en algún momento con la Madre. Y como si de un cuento de piratas se tratase, la Hermana Socorro, fiel compañera de la fundadora, decidió guardar una cajita que valía más que un tesoro de oro y plata. Esta cajita contenía documentos, cartas, anotaciones de la madre, fotografías y un sinfín de documentos valiosísimos que demostraban que Santa Bonifacia y el Padre Francisco Butinyà habían sido los fundadores de esta congregación. Sor Socorro Hernández la enterró detrás del altar de la capilla de la candelaria de Zamora, con el fin de que algún día pasada la tormenta se descubriese la autentica realidad que lo toco vivir a la fundadora. El tres de febrero de 1936 se encontró por fin esta cajita gracias al testimonio de una hermana muy anciana y al empeño de la superiora general de las Siervas de San José que buscaba la verdad de los orígenes. Este descubrimiento causo verdadera alegría en todas las casas de la congregación. Pronto se empezó a alabar su figura y trabajo, pero todo esto quedo paralizado por causa de la guerra civil. No fue hasta 1941 cuando se la reconoce como la verdadera madre fundadora y reconociendo sus virtudes deciden trasladar sus restos mortales a Salamanca, a la casa madre “casa de Santa Teresa de Jesús, donde hoy en día se pueden venerar en un artístico sepulcro. Con este broche final se hacía justicia a tantos amargos desprecios y marginación que recibió por parte de su misma familia.

Proceso de canonización
El ocho de junio de 1954, en la iglesia de San Juan Bautista, después de estudiarse su vida a fondo gracias a los documentos de la cajita, recoger varios testimonios y escuchar peticiones para la apertura de su proceso de canonización, se inician los trámites necesarios para conducirla hacia los altares. En el año 2000 fueron reconocidas por el papa sus virtudes heroicas, en 2002 se reconoció un primer milagro como valido, siendo el nueve de noviembre de 2003 cuando San Juan Pablo II la beatifico en la plaza de San Pedro. El veintisiete de marzo de 2010 el papa emérito Benedicto XVI hizo público el decreto de canonización, teniendo la ceremonia lugar el día 23 de octubre de 2011. La fecha en la que se celebra su fiesta es el mismo día de su nacimiento, el seis de junio.

Sepulcro de la Santa en la capilla de la casa madre.

Sepulcro de la Santa en la capilla de la casa madre.

De manera breve veremos los dos milagros reconocidos en esta causa. El que se utilizo para la beatificación se trata de la curación milagrosa de un calcinoma en el hígado de ocho centímetros que un señor tenía diagnosticado como incurable. Esperando el momento de morir, tenía setenta y tres años, las Siervas de San José hicieron varias novenas y doblaron sus oraciones por esta causa y el mismo día del cumpleaños de este señor el calcinoma desapareció de manera rápida, sin intervención y duradera. La ciencia no lo pudo explicar.

El segundo milagro que se aprobó para la canonización tiene que ver con la curación de un chico joven de la Republica Democrática del Congo. Este padecía una grave enfermedad por espacio de tres años, fue operado de urgencia en un hospital de las SSJ, agravándose también por fiebre tifoidea nada parecía tener solución por lo que se le opero hasta tres veces. Cuanto todo llegaba a su fin, las hermanas empezaron una novena y una serie de ofrecimientos a la Beata Bonifacia. Este chico de la noche a la mañana se sintió más sano que nunca y empezó a hacer su vida normal hasta hoy.

Vista del tapiz en el día de su canonización.

Vista del tapiz en el día de su canonización.

Después de su canonización han sido y son muchas las personas, incluida la Conferencia Episcopal Española, obispos de otros países, colectivos de mujeres, ayuntamientos etc los que proponen que Santa Bonifacia sea declarada como patrona de las mujeres trabajadoras.

En la actualidad las Siervas de San José siguen cumpliendo la voluntad de Santa Bonifacia, están extendías por los cinco continentes: Cuba, Argentina, Filipinas, Italia, Congo, Papua Nueva Ginea etc. Siguen atendiendo preferentemente a la mujer pobre y sin recursos, anunciando el evangelio a través de la santificación del trabajo, educando con justicia y solidaridad para dignificar a todas aquellas mujeres y hombres para liberarlos. En definitiva, en estos talleres de Nazaret (así se les llama a sus casas) siguen invitando el trabajo de la Sagrada Familia con el esfuerzo, la fe y el amor.

David Garrido

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Bibliografía:
– Agradecimiento a la hermana Adela de Cáceres. S.S.J, por su ayuda y aporte de material biográfico.
– HERNÁNDEZ ROJO, Socorro, SSJ, Biografía de la M. Bonifacia Rodríguez, fundadora de las Siervas de San José.
– ROJAS GONZÁLEZ, Ninoska, SSJ, Vida nueva con Él: Tierra de Encuentros.

Enlace consultado (10/12/2015):
– http://semanasantaymas.blogspot.com.es/search?q=bonifacia
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20031109_castro_sp.html

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O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato de la Santa que sirvió para el tapiz de la canonización.

Retrato de la Santa que sirvió para el tapiz de la canonización.

“Anda buscando Jesús quien padezca en Él; quien le ame, quien le siga”.

En la mitad del siglo XIX, en plena época de cambios para España, la histórica ciudad de Salamanca fue testigo del nacimiento de la niña Bonifacia Rodríguez de Castro. Este nacimiento ocurrió la madrugada del cinco al seis de Junio del año 1837. La familia que la trajo al mundo era muy humilde y trabajadora, el feliz matrimonio formado por Juan y María Natalia se dedicaban a la sastrería, eran muy caritativos y piadosos. De los seis hijos que llegaron a tener solo Bonifacia que era la primogénita y su hermana Agustina llegarían hasta la edad adulta. Cuatro días después de nacer, sus padres la bautizaron en la catedral viaje de la ciudad, siguiendo la tradición de ponerle el nombre del santo del día. Este nombre que significa “haciendo el bien” fue todo un resumen de su vida, ya que ella se dedico por completo a hacer el bien.

Mientras va creciendo su infancia es igual a la de cualquier niña. Sus padres y su abuelo Alejo se esmeraron por transmitirle unos valores sólidos y cristianos que le hicieron ser una mujer de provecho. A medida que iba creciendo se iba empapando de la cultura de su barrio que era el de la catedral y la clerecía, esto le permitió adquirir una cultura que no era corriente ver en mujeres de su clase. Durante este tiempo y en el mismo barrio, tomó contacto con la Compañía de Jesús, lo que le permitió también crecer más en la fe. Participaba de todo aquello que organizaba su parroquia, alistándose más tarde en las jóvenes Hijas de María.

Cuando Bonifacia era adolescente, quince años tenía, la vida de esta familia sufre un duro revés debido a la muerte de Dº Juan, su padre. Poco tiempo antes de sufrir está perdida, la joven Bonifacia empezó a aprender el oficio de cordonera y por consiguiente se ganaba su propio sueldo para ayudar en casa. Sin saberlo ella, Dios la estaba guiando para la vocación que ella misma con su trabajo tenía que levantar de la nada. Perfecciono este trabajo durante un tiempo en Ávila, con las Adoratrices. Dominado el oficio de cordonera y bordadora regresó a Salamanca y aquí, junto a su madre Dña María Natalia alquila una pequeña casa donde establece un pequeño taller de cordonería, pasamanería y labores de costura. Gracias a Dios el trabajo no les falta y con mucho esfuerzo se dan a conocer por su buena labor en toda la ciudad. No por trabajar prácticamente todo el día descuidan su vida espiritual, como es costumbre en madre e hija, asisten las primeras a las celebraciones de la clerecía, frecuentan los sacramentos y son participes de todas las actividades piadosas que se organizan. La compaginación entre el trabajo y la oración hacen despertar en Bonifacia la vocación a la vida contemplativa.

Auténtico retrato de Santa Bonifacia.

Auténtico retrato de Santa Bonifacia.

Vocación religiosa
Entre las largas horas que pasaba rodeada de hilos, telas y agujas, Bonifacia intuía que Dios la preparaba para algo. Poco a poco el modesto taller que madre e hija pusieron en marcha, recibía peticiones de jóvenes mujeres sin recursos que querían trabajar, en este taller además de buscar una pequeña forma de ingresos económicos también buscaban una familia. Casi por casualidad de este taller, en pleno trabajo, surgen unas reuniones en las que además de orar se habla de todo y sobre todo de la importancia de los cambios que las mujeres de la época estaban empezando a dar, sobre todo en el ámbito laboral. Con el visto bueno de un joven sacerdote jesuita, que se llama Dº Francisco Butinyà i Hospital nace la Asociación de la Inmaculada y San José. Bonifacia tenía a San José mucha devoción, lo consideraba maestro de vida y con su ejemplo y el de la Sagrada Familia cuando trabajaban en la carpintería quería invitar esta armonía de oración y trabajo para la asociación de la que había sido nombrada por sus compañeras como hermana mayor. Pasaba el tiempo y este taller se llenaba de mujeres de diferentes clases sociales, inquietas por mejorar la situación que les había tocado vivir.

Desde este centro de apostolado ya se hizo recia su decisión de ser religiosa, por su especial devoción a la Virgen María sintió que estaba llamada a la Orden de Santo Domingo y tal fue así que ya se disponía a tomar el hábito en el monasterio de las Dueñas de Salamanca. Pero como Dios tenía planes diferentes para ella, quiso que antes de ingresar en esta orden lo consultara con su director espiritual, que era el Padre Francisco Butinyà sj.

Congregación de las Siervas de San José
El Padre Butinyà, muy inquieto con el apostolado de los trabajadores/as, vio con buenos ojos la decisión de Bonifacia de hacerse religiosa, pero a la vez le dijo que en otro sitio daría mayor gloria a Dios y este sitio seria una nueva congregación femenina que ambos serian los encargados de levantar por el bien de las almas y gloria de Dios. Como Bonifacia no buscaba su propio bienestar y a la vez se sentía atraída por el mensaje de santificar el trabajo, pues con ilusión acepto a llevar a cabo este divino trabajo. Poquito a poco el Padre Buntinyà y ella fueron haciendo participes de esta innovadora idea a las demás trabajadoras del taller, estas mujeres aceptaron formar parte de esta naciente congregación. Con la ayuda del Obispo Fray Joaquín Lluch y Garriga se aprobó el nuevo instituto, fue el día siete de enero de 1874, tres días más tarde empezaron las siete mujeres la vida en común y entre el grupo de las siete primeras también estaba María Natalia (madre de Bonifacia) que paso a llamarse Sor María del Carmen. Elegida Madre Bonifacia como superiora, muy a su pesar, no cambio su nombre y al poco de echar a andar esta forma novedosa de vida contemplativa fue recibiendo vocaciones, todas atraídas por el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret que invitaban. Aquí acogían a mujeres pobres sin recursos para que llevaran alguna ayuda a sus familias.

La Santa trabajando en su taller, bajo la mirada de la Sagrada Familia.

La Santa trabajando en su taller, bajo la mirada de la Sagrada Familia.

Como no era de extrañar, este carisma basado en el trabajo no fue bien entendido ni recibido por el clero diocesano salmantino y pronto surgieron voces en contra. A esto se le suma el destierro de los jesuitas de España, con ellos el Padre Butinyà y también el traslado del Obispo Lluch y Garriga a la sede de Barcelona. Madre Bonifacia se encuentra sola, con una congregación naciente que guiar y sin estos dos fuertes pilares. A pesar de esto siguen manteniendo correspondencia con ella y sus consejos desde la distancia son los mismos, incluso mayores, ya que la invitan en repetidas ocasiones a viajar a tierras catalanas para fundar nuevas casas de las Siervas de San José.

Revolución en la Congregación
Establecidas en el colegio de Los Ángeles y con una casa alquilada en Salamanca, que a la sazón fue de Santa Teresa de Jesús y que en la actualidad habitan, comienza a fraguarse un rosario de conflictos internos. Por muchas de ellas y por muchos de los nuevos sacerdotes que se encargan de la asistencia a la nueva obra, no se entiende la novedosa forma de seguir a Jesús siendo estas religiosas-trabajadoras. No es una congregación típica como las demás y por ello dudan de que pueda seguir hacia delante. Tanta gravedad adquiere el asunto que los asesores eclesiásticos y algunas de las Siervas de S. José (azuzadas por ellos) exigen realizar cambios que de llevarlos a cabo cambiarían el origen de la congregación. Madre Bonifacia se opone firmemente y por ello es objetivo de graves acusaciones que tienen que ver con su liderazgo, cultura, carácter etc. Ella lleva todo esto con mucho dolor, pero al mismo tiempo abrazada a su cruz da por respuesta a sus hijas fieles estas palabras: “Seamos nosotras mudas por voluntad para todo lo que sea alabar a Dios y darnos buenos consejos, perdonarnos y consolarnos mutuamente”.

Tanto sufrimiento y dobles intenciones no llegaron solo hasta aquí, nada más lejos de la realidad, a mediados del año 1882 Madre Bonifacia viaja a Gerona por insistencia del Padre Butinyà para extender el carisma que el ya había fundado por estas tierras más industrializadas pero a la vez con las misma carencias con respecto a la situación laboral de la mujer. Quería que tomara contacto con las nuevas casas y con sus superioras. Es aquí donde recibe la noticia de que ha sido sustituida como superiora general de las Siervas de San José. El dolor y la humillación se pueden ver en su rostro y se extiende a la comunidad catalana, fue un acto de traición orquestado vilmente. De regreso a Salamanca, se incorpora obediente para no causar más fracturas, por espacio de seis meses observa como toda la obra cambia y ella misma es tratada con los mayores desprecios con el fin de verla marcharse de una vez. Por boca de una Sierva de San José sabemos que “le hicieron mil perrerías”. Pongámonos en situación, si ella calló y soporto todo esto es porque estaba segura de Dios: “¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús, sobre todo contemplando en su pasión! ¡Qué ejemplos nos da! ¿Por qué al verlo a El tan callado y padeciendo no guardamos nosotras ese precioso silencio? Cuando el Evangelio refiere las calumnias de que acusaban al Señor, dice que Jesús callaba. Pues calló, Hermanas, para enseñarnos a todos a guardar silencio.” Estas personas con su obcecación y falta de visión le dieron la espalda a su proyecto (proyecto Dios) y no solo a ella sino también a las mujeres que confiaban en esta obra para dejar atrás siglos de menosprecios, marginación, anulación, condiciones laborales precarias etc.

Pintura de la Santa. Fuente: www.rafareina blogspot.com.

Pintura de la Santa. Fuente: www.rafareina blogspot.com.

Los talleres de Nazaret en Zamora
En el varano del año 1883, el obispo Narciso Martínez Izquierdo da la autorización conjunta con el obispo de Zamora para la apertura de una casa de las Siervas de San José en esta ciudad. El veinticinco de julio de este mismo año, Bonifacia emprende este viaje acompañada de su madre para llevar toda su ilusión, confianza y trabajo al nuevo Taller de Nazaret. Aquí se reencuentra con los orígenes de su fundación y como si empezara de cero empieza a tejer una nueva comunidad donde ella es la maestra de novicias y de talleres a la vez. Desde aquí intenta el acercamiento con sus hermanas de Salamanca, ya perdonadas por ella, pero a pesar de que no recibe respuesta no se desanima y persevera en ello, pensaba que cuando ella muriera llegaría la unión. Es sabedora de que esta obra no se entiende y asimila de buenas a primeras. Mientras que en Salamanca se están haciendo gestiones para borrar el carisma fundacional, en Zamora está renaciendo el proyecto común de los Talleres de Nazaret tal y como lo concibieron el Padre Butinyà y Bonifacia para el mundo del trabajo.

En 1889 logra otro de sus sueños, se trata del Colegio de Desamparadas de Zamora. Bonifacia, como todo lo que sale de ella, no enseña de una forma tradicional sino que enseña como una madre desde el cariño y el cuidado intenta que estas niñas huérfanas aprendan a desarrollarse como mujeres trabajadoras, responsables, independientes y autónomas, poniéndoles a su servicio todos los medios con los que ella dispone. Todas sus hijas coincidían en que la Madre quería para ellas que no estuviesen en desventaja por el hecho de ser mujeres. Durante este periodo murió su madre, sintió mucho su pérdida pero a la vez la tenia gran esperanza de que estuviera en un sitio privilegiado al lado de Jesús.

Icono con escenas de la vida de la fudadora de SSJ.

Icono con escenas de la vida de la fudadora de SSJ.

El día uno de julio de 1901 el Papa León XIII aprobó pontificiamente a las Siervas de San José, pero dejando excluida de la casa madre a la casa de Zamora por residir allí Bonifacia. Esto supuso para ella el mayor de los golpes y desconsuelos. Después de tan duro trato quiso conseguir autorización del obispo para ir hasta Salamanca y hablar con sus hermanas, pero no fue atendida, y por esa razón se personó ella misma en las puertas de la casa madre, al abrirle la puerta le dijeron “tenemos órdenes de no recibirla”. Así, sin más, volvió para Zamora donde, no dando detalles a sus hijas para no preocuparlas, solamente dijo: “No volveré a esta tierra donde me vio nacer, ni a la querida casa de Santa Teresa”.

Hasta aquí hemos visto como transcurrió la vida llena de rosas y espinas de Santa Bonifacia, una mujer adelantada a su tiempo que veló por el desarrollo de la mujer y que como hemos visto su obra no fue entendía ni comprendía en la sociedad ni entre las personas que le toco vivir. En el siguiente articulo veremos la parte final de su vida, que fue como el grano de trigo que muere entre la tierra para luego dar fruto.

David Garrido

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Bibliografía:
– Agradecimiento a la hermana Adela de Cáceres. S.S.J, por su ayuda y aporte de material biográfico.
– HERNÁNDEZ ROJO, Socorro, SSJ, Biografía de la M. Bonifacia Rodríguez, fundadora de las Siervas de San José.
– ROJAS GONZÁLEZ, Ninoska, SSJ, Vida nueva con Él: Tierra de Encuentros.

Enlace consultado (07/12/2015):
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20031109_castro_sp.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es