Santa María Magdalena de Xico

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Vista de la imagen original de la Santa. Xico, México.

Vista de la imagen original de la Santa. Xico, México.

Xico es una población situada en las faldas del Cofre de Perote en la zona centro del Estado de Veracruz. Su nombre proviene de las palabras náhuatl Xicotl, Xicochimalco “Nido de Jicotes”. Su clima es una variante entre el templado-húmedo con una temperatura anual de 19°C. Durante la época prehispánica este lugar era un centro fortificado y ceremonial. Actualmente este centro arqueológico recibe poca atención por parte del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) y los visitantes apenas pueden percibir su paradero, encontrándose en un estado deplorable y sus ruinas entre la maleza.

Xicochimalco formó parte de la Ruta de Hernán Cortés en 1519 en su camino hacia Tenochtitlán (la capital del Imperio Azteca) y describe en su Segunda Carta al Rey de España que el acceso a esta zona era difícil y donde aproximadamente vivían 5000 o 6000 guerreros. Entre 1525 y 1530 algunas familias de Xico Viejo se mudaron hacia el valle, lejos de la ciudad fortificada para evitar conflictos con los españoles y lo que fue Xicochimalco quedó desértico hasta apenas unas cuantas décadas que se volvió a poblar.

Vista de la imagen procesional de la Santa. Xico, México.

Vista de la imagen procesional de la Santa. Xico, México.

En 1540 llegaron al lugar los frailes franciscanos que dieron traza a la población al estilo español, estableciendo barrios y distritos respectivamente. Para 1580 los españoles forzaron a la población indígena de los alrededores (bastante diezmada por el proceso de Conquista) a vivir en la nueva ciudad y como muestra de gratitud eximieron a la ciudad del reparto de los latifundios, solo respetando la obligación de cumplir con los impuestos de la Corona.

La población es muy religiosa, destacándose el culto de Santa María Magdalena, patrona del municipio, quien se destaca por sus fervorosas fiestas y bailes que se realizan en el mes de julio así como el sincretismo cultural de estas tradiciones.

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La venerada imagen
Las tradiciones referentes a la aparición de la venerada imagen de la Santa provienen de fuentes orales del siglo XIX, divagándose entre sí unas a otras, pero la Iglesia ha respetado el arraigo cultural que la población xiqueña tiene y ha conservado.

Como he expresado anteriormente, a mediados del siglo XVI, llegaron a la población un grupo de frailes franciscanos con el fin de evangelizar la zona. Fundaron la actual Xico dejando atrás a la ciudad original. Allí los frailes construyeron una pequeña capilla dedicada a San Miguel Arcángel (otras fuentes dicen que a San Francisco).

Un día apareció una mula cargando en su lomo dos cajas, permaneciendo cuatro días sin que nadie la moviera de su lugar. Al principio los pobladores no le ponían atención ya que la mula era un medio de transporte habitual y que Xico estaba en la ruta comercial con la Ciudad de México; pero después de ese lapso de tiempo el cuidador de la capilla sintiendo compasión con el animal al verlo sin descansar, lo hizo pasar al recinto para que descansara y quitó las cajas. Pero ésta huyó hacia un rumbo desconocido. El cuidador guardó las cajas para que se abrieran en presencia de los demás frailes. Así lo hicieron y en la primera caja encontraron repleta de cirios y la otra contenía nuestra venerada imagen de Santa María Magdalena. Este acontecimiento fue considerado un milagro y se decidió nombrar como nueva patrona del poblado a Santa María Magdalena.

Vista del vestuario de la imagen procesional de la Santa. Xico, México.

Vista del vestuario de la imagen procesional de la Santa. Xico, México.

Desde aquella época se siguió celebrando triduos y fiestas en su honor. Años más tarde se decidió crear una imagen para que pueda salir en procesión mientras que la original quedó a los pies del altar mayor y desde entonces está resguardada en la nave principal del templo. La nueva imagen se solía vestir cada año pero esta tradición ha ido cambiando, hasta que todo el mes de julio se cambiaba de ropaje con motivo de su festividad. Los lugareños cada año le donan vestidos en agradecimiento a algún favor recibido, solo durante el año 26 familias pueden donar los vestidos con que se va a vestir a la imagen durante el transcurso de las fiestas, pero los demás se pueden apartar con antelación.

Fiestas de Santa María Magdalena
Durante todo el mes de julio la festividad de la Santa es una tradición llena de folclor y espiritualidad. Hay actividades religiosas, como misas, triduos, novenas y rosarios así como culturales, entre ellas la danza (sobre todo con influencia prehispánica), espectáculos de música, venta de artesanías y en un punto destacado la gastronomía.

Imagen procesional de la Santa entre los devotos. Xico, México.

Imagen procesional de la Santa entre los devotos. Xico, México.

En el periodo del 19 al 23 de julio, es el lapso más importante en las festividades de la Santa Patrona, llegando a ser famosa la procesión por las calles entre alfombras de aserrín pintado y arcos de flores. Se clausura la tradición con una misa solemne en conmemoración litúrgica de nuestra Santa y con la llamada “Xiqueñada” donde se sueltan a los toros en la calle (de una u otra forma similar a la Pamplonada en España en honor de San Fermín), en este acto hay mucha afluencia de gente y mucho alcohol, por lo que los lugareños ya no lo recomiendan.

René

Webs consultadas (17/05/16)
– www.trotamexico.com/es/articulo/veracruz/xico/fiestas/lu/fiestas-patronales-maria-magdalena/
https://es.wikipedia.org/wiki/Xico_(Veracruz)
– www.xico.com.mx/?page_id=68

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San Timoteo, discípulo de San Pablo y obispo mártir de Éfeso (II)

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Icono ortodoxo del Santo.

Icono ortodoxo del Santo.

Continuando con lo escrito en el artículo anterior, tenemos que decir que aunque lo más verosímil es lo que nos aportan las Sagradas Escrituras, existe otro controvertido documento muy antiguo, escrito en la segunda mitad del siglo II por Polícrates, obispo de Éfeso, denominado: “El martirio de San Timoteo, primer patriarca de la metrópolis de Éfeso”. En este texto, a los datos aportados por las Sagradas Escrituras, se le añade la información de que Timoteo llegó a Éfeso durante el reinado del emperador Nerón, que allí vivió y trabó amistad con San Juan Evangelista, siendo martirizado en tiempos de Domiciano durante las fiestas a Dionisios – las llamadas “Catagogia” -, en las cuales se cometían atrocidades violentas de todo género y durante las cuales, San Timoteo intentó disuadir al pueblo consiguiendo todo lo contrario, o sea, exasperarlo aun más, siendo atacado por el populacho con piedras y palos hasta darle muerte en una colina cercana a la ciudad, donde posteriormente fue sepultado. Continúa diciendo el texto: “Actualmente, aun hoy en día, se venera su “Martyrion” en un lugar llamado Pione”. Pero en la conclusión de su obra, el obispo Polícrates, olvidando todo lo que había escrito anteriormente, concluye diciendo que el martirio fue un 22 de enero en tiempos del emperador Nerva (97-98).

Este documento, publicado y estudiado por Usener en el año 1877 y por Keil en el 1934, fue posteriormente ásperamente criticado por el hagiógrafo jesuita Hipólito Delehaye, quién en su obra “Les Actes de Saint Timotée” deploraba que los dos estudiosos anteriores hubieran sobrevalorado “esta historia de ficción, hecha con parches dentro de un acuerdo marco”. Pero en realidad, ya en el siglo XII – antes que Usener y Keil -, el historiador benedictino Sigeberto de Gembloux, en su obra “De scriptoribus ecclesiasticis”, aceptaba como auténticos los escritos del obispo Polícrates, e incluso el Patriarca Focio, a mediados del siglo IX hacía lo mismo. Pero Eusebio de Cesarea, en su “Historia Ecclesiastica” desarrollando y revisando todo lo escrito por Polícrates sobre la permanencia en Éfeso del santo apóstol y evangelista Juan, cuenta que precisamente en Éfeso el evangelista disponía ya de los tres primeros evangelios sinópticos y que después de haber retornado de su exilio en Patmos durante el reinado de Nerva, encontrándose vacante la “sacratísima sede de la Gran Metrópolis de Asia” aceptó ser el obispo de aquella ciudad hasta su muerte, acaecida en tiempos del emperador Trajano. De hecho, trata de resaltar la importancia de Éfeso, magnificando a esta Iglesia fundada por el apóstol Pablo y que tuvo como sus primeros obispos al evangelista Juan y a Timoteo.

Martirio del Santo. Miniatura del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio del Santo. Miniatura del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Todos estos datos son elementos lógicos, inscritos en un contexto histórico determinado, o sea, el polémico período en el que se debatían los derechos de las Iglesias Apostólicas, desarrollado – en lo referente a Éfeso -, durante y después del Concilio de Calcedonia, que sabemos se celebró en el año 451. El canon 28 de este Concilio había sancionado la absorción de los derechos efesinos por parte de Constantinopla, aunque Éfeso solicitó el apoyo de Alejandría a fin de defenderse de las intromisiones constantinopolitanas. En el 474, en un sínodo celebrado en Asia, el patriarca Pablo de Alejandría solicitó restituir a la Iglesia de Éfeso sus antiguos derechos como Iglesia Apostólica y, de hecho, los cánones árabes del Concilio de Nicea establecieron este orden de preeminencia: primero estaba Roma (Pedro y Pablo), la segunda era Alejandría (Marcos) y la tercera era Éfeso (Juan). Como he dicho, es en este contexto histórico donde se encuadra la grandilocuente exaltación de Éfeso y el relato del presunto episcopado del evangelista Juan en esa ciudad, esto último relatado en la obra del obispo Polícrates a la que hemos hecho mención anteriormente.

Según nos dice Eusebio de Cesarea en su obra “Historia Ecclesiastica III”, San Pablo dice que fue Timoteo el primero que ocupó la sede episcopal de Éfeso. Pero lo cierto es que no lo dice de manera explícita, y de hecho, en su discurso a los ancianos efesinos, Pablo les llama “obispos de la grey de Dios” y sin lugar a dudas, hasta el año 63 a la cabeza de esta Iglesia estuvo este consejo de ancianos, al que San Pablo se dirigió en su conmovedor saludo de Mileto: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado durante todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con total humildad y con muchas lágrimas y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos…” (leer Hechos, 20, 17-38). De esto se desprende que si su llegada a Éfeso fue en el año 63, el rito de la imposición de las manos a Timoteo por parte de los “ancianos” (Primera Timoteo, 4, 14), tiene un significado muy particular, que es la transmisión del poder sagrado desde un episcopado colegial a un episcopado individual: del episcopado de los ancianos, al episcopado de Timoteo.

Urna con las reliquias del Santo. Termoli, Italia.

Urna con las reliquias del Santo. Termoli, Italia.

Sin embargo, en base a los datos recogidos sobre el episcopado efesino de San Timoteo, algunos historiadores y exégetas, especialmente De Ambroggi, han supuesto que el “ángel de la Iglesia de Éfeso” al que se alaba en el libro del Apocalipsis por su oposición a los nicolaítas, tiene que ser San Timoteo: “Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: yo conozco tus obras y tu arduo trabajo y paciencia y que no puedes soportar a los malos y has probado a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido y has tenido paciencia y has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de donde has caído y arrepiéntete y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti y quitaré tu candelero de su lugar si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco” (Apocalipsis, 2, 1-6) ¡San Juan alabando a San Timoteo! Pero tenemos que decir que en la actualidad se tiende a no identificar a los Ángeles de las Siete Iglesias con sus respectivos obispos, sino a ver en ellos de manera simbólica el espíritu de estas iglesias y la imagen de su vivificante unidad.

A principios del siglo VI se daba a conocer por primera vez en Oriente el “Corpus Dionysiacum” (cuatro tratados bastante extensos, atribuidos a San Dionisio el Areopagita, dedicados a un discípulo llamado Timoteo y una decena de cartas breves). Estos escritos, especialmente el “De divinis nominibus” y en “De mystica teología” van dirigidos a un Timoteo al que denomina “colega en el sacerdocio”. Un siglo más tarde, San Juan Damasceno identificaba lógicamente a este personaje con “el santísimo apóstol y primer obispo de Éfeso, Timoteo” y en consecuencia lo consideraba presente en la visita que los apóstoles habían realizado al sepulcro de la Santísima Virgen en Getsemaní, visita que es descrita en el “De divinis nominibus” antes mencionado e incluso llegaba a añadir que había estado presente, que era testigo de la Asunción de Nuestra Señora. Bueno… a esta leyenda no hay que echarle mucha cuenta y, de hecho, no existe ningún otro testimonio seguro en los escritos de los primeros siglos de la Iglesia.

Detalle de la urna y reliquias de Termoli, Italia.

Detalle de la urna y reliquias de Termoli, Italia.

Con respecto al tema de las reliquias de San Timoteo, tenemos que decir que su historia es un tanto dramática. En el año 356, el prefecto de Egipto Artemio quién era también plenipotenciario del emperador Constanzo, en las persecuciones arrianas contra los practicantes de la ortodoxia, robó las reliquias del santo a los efesinos para, junto con las reliquias del apóstol Andrés y del evangelista Lucas, enriquecer la Basílica de los Apóstoles de Constantinopla, basílica que había sido construida por el propio emperador Constanzo para que sirviera de mausoleo de los emperadores bizantinos. Las reliquias del santo fueron puestas en dicha basílica el día 1 de junio del año 356.

Según el Martirologio Jeronimiano, a finales del siglo IV, desde esa basílica constantinopolitana fueron enviadas a Milán parte de las reliquias de los Santos Andrés (9 de mayo) y Lucas (27 de noviembre). En la “Analecta Bolandista, XXXI”, publicada en el año 1912, dice Hipólito Delehaye, que en aquella ocasión fueron enviadas también a Milán parte de las reliquias de San Timoteo. De esta manera se explicaría la anotación que hace el Martirologio Jeronimiano ese mismo día 9 de mayo: “Constantinopoli, natale sancti Timothei” refiriéndose al traslado de las reliquias a Milán en el año 395 para la dedicación de la Basílica de los Santos Apóstoles en la Puerta Romana.

En el año 536, el emperador Justiniano rehizo de manera aun más espléndida el “Apostoleion” de la mencionada basílica que había sido destruido por un incendio, aunque las reliquias de los tres santos habían quedado intactas ya que estaban dentro de la llamada “mesa mística”, que era en realidad un altar macizo hecho de plata. Finalmente, el 12 de abril del año 1204, cuando los cruzados saquearon las iglesias de Constantinopla, se le perdieron la pista a las reliquias de San Timoteo, aunque al año siguiente, dos dientes del santo habían sido enviados a un monasterio de Soissons, en Francia. Pero el 7 de mayo de 1945, de manera totalmente casual, las reliquias del santo fueron encontradas en la catedral de Termoli: estaban enterradas a un metro de profundidad bajo el pavimento actual, junto al muro exterior de la absidiola derecha de la mencionada catedral. Junto a las reliquias se encontró una inscripción del siglo XIII que indicaba que en el año 1238 fueron puestas allí por el obispo Esteban y su capitulo catedralicio. Existe un libro maravilloso escrito por Ferrua, A., titulado “Las reliquias de San Timoteo” en el que se describe la fiabilidad del descubrimiento y los motivos por los cuales, durante la Edad Media, estas reliquias habían sido llevadas a esta ciudad portuaria situada a orillas del Mar Adriático. Pequeñas porciones de estas reliquias han sido repartidas a otras iglesias.

Detalle de la urna del Santo. Termoli, Italia.

Detalle de la urna del Santo. Termoli, Italia.

Todos los calendarios medievales conmemoran a San Timoteo el 22 de enero. En el elogio que del mismo se hace en los Sinaxarios Constantinopolitanos se inserta la afirmación de que junto a San Pablo, fue también San Juan quienes hicieron a Timoteo obispo de Éfeso. El Martirologio Jeronimiano lo conmemora el 27 de septiembre diciendo: “In Epheso natale sancti Timothei discipuli, ad quem Paulus apostolus scripsit”. Muy probablemente, esta fecha representa alguna tradición occidental anterior, o al menos independiente de la fecha existente en las “Actas” efesinas. El día 1 de junio, en el Martirologio Jeronimiano también se menciona el traslado realizado por el emperador Constanzo en el año 356. El Martirologio Romano lo conmemora el 24 de enero. En el nuevo calendario litúrgico de la Iglesia Universal promulgado el 14 de febrero del 1969 por parte del Beato Papa Pablo VI, su fiesta se señala el 26 de enero, junto con San Tito que, como sabemos, fue otro discípulo de San Pablo. Sobre San Tito escribiremos en otra ocasión.

Antonio Barrero

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Apolitikon


Bibliografía:
– De Ambroggi, P., “Le epistole pastorali di San Paolo a Timoteo e a Tito”, Roma, 1953.
– Delehaye, H., “Les Actes de Saint Timothée”, Manchester, 1939.
– Ferrua, A., “Le reliquie di San Timoteo”, Civiltà Cattolica, 1947.
– Lucchesi, J., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuona Editrice, Roma, 1990
– Spicq, C., “Saint Paul. Les Epîtres Pastorales”, Paris, 1947.
– Usener, H., “Acta s. Timothei”, Bonn, 1877.

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San Timoteo, discípulo de San Pablo y obispo mártir de Éfeso (I)

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Ya va siendo hora de que escribamos sobre uno de los principales evangelizadores del siglo I, de la era de los apóstoles: San Timoteo, obispo mártir de Éfeso, a quién nuestros hermanos ortodoxos le dan el calificativo de apóstol, cosa que en realidad, lo fue. Hoy me propongo hacerlo y lo haremos en dos artículos. Para ello, inevitablemente, nos tenemos que basar fundamentalmente en las Sagradas Escrituras, ya que estas son las fuentes más fiables sobre su vida y su ministerio. Vamos a basarnos, sobre todo en esta primera parte, en los trabajos de monseñor Giovanni Lucchesi, profesor del seminario de Faenza y director de la biblioteca “Cardinale Gaetano Cicognani” de la misma ciudad.

Que San Timoteo tuvo una estrecha relación con el apóstol Pablo, lo muestra el hecho de que fueron íntimos colaboradores en la predicación del evangelio y en las continuas menciones que el apóstol de los gentiles hace de él en diferentes textos del Nuevo Testamento: “Hijo mío queridísimo y fiel en el Señor” (I Corintios, 4, 17), “Hermano nuestro y ministro de Dios en la predicación del evangelio de Cristo” (I Tesalonicenses, 3, 2), “Mi colaborador” (Romanos, 16, 21), “Mi genuino hijo en la fe” (I Timoteo, 1, 1), “Mi hijo querido” (II Timoteo, 1, 1). Alaba su desinterés y su espíritu de sacrificio al seguirlo: “Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviarles muy pronto a Timoteo para tener noticias vuestras y experimentar yo mismo un alivio, porque no encuentro a otro que tome tan a pecho como él vuestros asuntos. Todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús y ya sabéis que él ha dado pruebas de su virtud, porque sirvió conmigo a la causa del Evangelio, como un hijo junto a su padre” (Filipenses, 2, 19-22). Asimismo, de él recuerda con conmoción las lágrimas con las que lo saludó por última vez: “Al acordarme de tus lágrimas, siento un gran deseo por verte a fin de que mi felicidad sea completa” (II Timoteo, 1, 4). Pero no solo tenemos estos textos, sino que las mismas fuentes hagiográficas del uno son las del otro. Quién nos da a conocer a San Pablo nos da también a conocer a San Timoteo y si no, releamos nuevamente el Libro de los Hechos de los Apóstoles y todas las cartas de San Pablo, a excepción de las escritas a los Gálatas, Efesios y Tito.

Alrededor del año 47, en la ciudad de Listra, perteneciente a la colonia romana de Licaonia, San Pablo había convertido a dos mujeres judías: a Loida y a su hija Eunice, esta última, mujer de un griego, o sea, que con toda probabilidad perteneciente a una rica familia. Estas habían educado de manera piadosa a su respectivo hijo y nieto Timoteo, según el culto de las Sagradas Escrituras, aunque sin circuncidarlo: “…recuerdas que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús…” (II Timoteo, 3, 14-17). Cuando en el año 50 San Pablo volvió a Listra, el joven Timoteo que había sido testigo de los extraordinarios acontecimientos acaecidos durante la primera visita del apóstol y de las persecuciones y padecimientos que había sufrido, ya era cristiano. Los fieles de aquella región dieron buenas pruebas de ello y Pablo lo llevó consigo, circuncidándolo por causa de los judíos, ya que como sabemos, su padre era griego y por lo tanto, pagano: “Después llegó a Derbe y a Listra y he aquí que había allí un cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer creyente, pero de padre griego; Los hermanos que estaban en Listra y en Iconio daban buen testimonio de él. Quiso Pablo que este fuese con él y tomándole, le circuncidó a causa de los judíos que había en aquellos lugares, ya que todos sabían que su padre era griego” (Hechos, 16, 1-3).

Relicario del santo conservado en la diócesis de Fort  Worth, Texas (EEUU).

Relicario del santo conservado en la diócesis de Fort Worth, Texas (EEUU).

Muchos exégetas bíblicos creen que fue en aquellos momentos cuando tuvo lugar la ordenación del joven Timoteo, a través de la designación profética, de su solemne profesión de fe delante de muchos testigos y la imposición de las manos por parte de Pablo y del colegio de ancianos. Para afirmar esto se basan en los siguientes pasajes bíblicos: designación profética: “Hijo mío, te hago esta recomendación, conforme a lo que se dijo de ti por inspiración de Dios, a fin de que luches valientemente” (I Timoteo, 1, 18); solemne profesión de fe delante de muchos testigos: “Pelea el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe en presencia de numerosos testigos” (I Timoteo, 6, 12); imposición de las manos por parte de Pablo: “Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos” (II Timoteo, 1, 6) e imposición de las manos por parte del colegio de ancianos: “No malogres el don espiritual que hay en ti y que te fue conferido mediante una intervención profética, por la imposición de las manos del presbiterio” (I Timoteo, 4, 14). Es en estos textos bíblicos donde aparecen por primera vez una ordenación sagrada. Desde aquel momento, toda la vida de Timoteo estuvo ligada a la vida de Pablo, del cual fue su hijo, su colaborador, su compañero de viajes, su confidente, su amigo y su heredero.

Mientras cruzaban Macedonia en el año 51, Silas y Timoteo permanecieron en Berea durante algún tiempo aunque Pablo los llamó junto a si a Atenas: “Inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar, quedándose allí Silas y Timoteo. Y los que se habían encargado de conducir a Pablo, le llevaron a Atenas, aunque recibiendo la orden para que Silas y Timoteo viniesen hacia él lo antes posible”. (Hechos, 17, 14-15). Desde Atenas, San Timoteo es enviado a Tesalónica para confirmar en la fe a los cristianos de aquella ciudad: “Por eso, no pudiendo soportarlo más, resolvimos quedarnos en Atenas y enviaros a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el anuncio de la Buena Noticia de Cristo y lo hicimos para afianzaros y confortaros en la fe”. (I Tesalonicenses, 3, 1-2) y posteriormente lo envía también a Corinto y es en esta ciudad, donde junto a Pablo y Silas firma las dos cartas a los tesalonicenses.

Relicario del cráneo del Santo en Termoli, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Termoli, Italia.

Durante el tercer viaje apostólico, Timoteo se queda con Pablo en Éfeso, por espacio de un año y medio y desde allí, el apóstol lo envía a Corinto para recordarle a aquella iglesia los principios de la vida en Cristo: “…Por esta misma razón, os envié a Timoteo, mi hijo muy querido y fiel en el Señor; él os recordará mis normas de conducta, que son las de Cristo, y que yo enseño siempre en todas las Iglesias”. (I Corintios, 4, 17), recordándoles que cuando llegue pueda estar entre ellos sin temor alguno porque trabaja en la misma obra en la que trabaja él: “Si llega antes Timoteo, procurad que permanezca entre vosotros sin ninguna clase de temor, porque él trabaja en la obra del Señor de la misma manera que yo”. (I Corintios, 16, 10).

Poco antes de abandonar Éfeso para marchar hacia Occidente, San Pablo hizo que Timoteo y Erasto le precedieran en Macedonia y más allá, quizás desde Filipos, escribió junto con Timoteo su segunda carta a los corintios, recordándoles todo lo que los dos habían hecho. Desde Corintos, San Pablo escribe a los romanos a los cuales les envía saludos de Timoteo: “Os saludan Timoteo mi colaborador, Lucio, Jasón y Sosípatros, mis parientes”. (Romanos, 16, 21), el cual lo acompañará en su viaje de retorno a través de Macedonia y lo precederá en Jerusalén: “Y le acompañaron hasta Asia, Sosípater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe y Timoteo. Y de Asia: Tiquico y Trofimo. Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas”. (Hechos, 20, 4-5), donde el apóstol Pablo pretendía llegar antes de la fiesta de Pentecostés. Pero en Jerusalén, Pablo fue arrestado y conducido como prisionero a Cesarea y posteriormente, a Roma. Durante este primer aprisionamiento en Roma, ocurrido entre los años 61 al 63, Timoteo siempre estuvo cerca de su maestro, firmando con él las cartas a los colosenses, a los filipenses y a Filemón. En la mente del apóstol estuvo el enviarlo a Filipo a fin de que lo alegrase trayéndole buenas noticias de aquella comunidad: “Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviaros muy pronto a Timoteo para tener noticias vuestras y experimentar yo mismo un alivio”. (Filipenses, 2, 19).

Solo con posterioridad a estos acontecimientos, narrados en el libro de los Hechos de los Apóstoles, es cuando San Pablo escribe sus dos cartas a Timoteo: la primera, cuando Pablo liberado retorna a Asia habiéndolo dejado como cabeza de la comunidad de Éfeso, donde espera poderlo ver de nuevo: “Aunque espero ir a verte pronto, te escribo estas cosas”. (I Timoteo, 3, 14) y la segunda, estando ya de nuevo en prisión en Roma esperando su martirio. En esta carta es San Pablo el que manifiesta esperar que Timoteo vaya a verlo:”Ven a verme lo más pronto posible”. (II Timoteo, 4, 9), llevándole libros, los rollos de pergamino y una capa que se dejó olvidada en la casa de Carpo en Tróades. En estas dos cartas, San Pablo recuerda a Timoteo las normas que ha de seguir en el gobierno de la Iglesia efesina, lo exhorta a leer las Sagradas Escrituras y le deja su testamento espiritual.

Reliquias del Santo. Iglesia de los Santos Cosme y Damián, Mainz, Alemania.

Reliquias del Santo. Iglesia de los Santos Cosme y Damián, Mainz, Alemania.

En todos estos textos de San Pablo se nos permite seguir la vida y la actividad apostólica de San Timoteo por espacio de unos veinte años y sobre todo, se nos permite comprender el inmenso cariño que le mostraba como hijo espiritual suyo. En realidad, especialmente en las cartas que a él le escribe, se revela una extraordinaria ternura de San Pablo hacia quién consideraba su hijo, su confianza en confiarle las más importantes iglesias que él había fundado, su sensación de tranquilidad, sus in interrumpidas oraciones por él, su preocupación por su salud material y espiritual, su aliento para cuando en el futuro se viera solo, el recuerdo de los años vividos juntos, su testamento espiritual y su deseo de no morir sin verlo de nuevo. Timoteo era realmente el hijo de Pablo y entre ellos existía un amor parecido al existente entre Jesús y el “discípulo amado”.

Antonio Barrero

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Himnos bizantinos a San Timoteo

Bibliografía:
– De Ambroggi, P., “Le epistole pastorali di San Paolo a Timoteo e a Tito”, Roma, 1953.
– Delehaye, H., “Les Actes de Saint Timothée”, Manchester, 1939.
– Ferrua, A., “Le reliquie di San Timoteo”, Civiltà Cattolica, 1947.
– Lucchesi, J., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuona Editrice, Roma, 1990
– Spicq, C., “Saint Paul. Les Epîtres Pastorales”, Paris, 1947.
– Usener, H., “Acta s. Timothei”, Bonn, 1877.

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La Cátedra de San Pedro

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La Cátedra de San Pedro. Conjunto escultórico de Gian Lorenzo Bernini. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fotografía: J. Albertos.

La Cátedra de San Pedro. Conjunto escultórico de Gian Lorenzo Bernini. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fotografía: J. Albertos.

La fiesta que celebramos hoy, es una fecha singular dentro del calendario litúrgico. No celebramos directamente una fiesta sobre algún misterio cristológico ni mariano, ni tampoco hacemos memoria de algún santo canonizado por la Iglesia. Hoy la mirada se dirige hacia un encargo, hacia el encargo que Nuestro Señor realizó a san Pedro (y sólo a él): “¡tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia! (Mt 16, 18)”. Por tanto, recordamos la autoridad de san Pedro y sus sucesores, los Papas, y su pastoreo sobre todo el Pueblo de Dios. Por tanto es un momento para acordarnos de nuestro pontífice, orar por él y su ministerio, y por toda la Iglesia que guía.

El que reciba este nombre tan peculiar de “Cátedra”, es por el gran significado que recibe el asiento sobre el que se sienta el Papa, sitio en el que preside, gobierna, administra, pastorea y enseña a toda la Iglesia universal. Nos recuerda que el asiento-ministerio del elegido como Papa es patrimonio de toda la Iglesia que debe llenar de temor y temblor a quien en éste se siente.

La tradición nos cuenta que en el retablo construido por Bernini en la basílica de san Pedro se encuentra el asiento de san Pedro, la Cátedra. Sin embargo la historia nos narra que en realidad se trata de un trono del siglo IX, regalado por el rey Carlos el Calvo al papa Juan VIII, usándose en numerosas ceremonias pontificias durante siglos. En el siglo XVII se incorporó al retablo de Bernini y allí sigue desde entonces.

Cristo entrega las llaves a San Pedro. Obra de Pietro Perugino.

Cristo entrega las llaves a San Pedro. Obra de Pietro Perugino.

La función de “Pedro”
Muchas veces se olvida que el Papa es un obispo más a la vez que diferente. Es el obispo de Roma, sede de san Pedro. Es “elegido y proclamado”, pero no “es ordenado como Papa”, no recibe ninguna ordenación sacramental como algunos creen, sino que en el cónclave es elegido por los cardenales (que aunque actualmente no es habitual, podrían elegir de obispo de Roma a alguno no presente en dicho cónclave).

El sucesor de san Pedro, se sitúa junto al resto de los obispos, el llamado “Colegio Apostólico o Episcopal”, diverso pero unido, y juntos forman los cimientos de la Iglesia: por eso, cuando la Iglesia católica afirma que la función del Obispo de Roma responde a la voluntad de Cristo, no separa esta función de la misión confiada a todos los Obispos, también ellos “vicarios y legados de Cristo”. El Obispo de Roma pertenece a su colegio y ellos son sus hermanos en el ministerio. También se debe afirmar, recíprocamente, que la colegialidad episcopal no se opone al ejercicio personal del Primado ni lo debe relativizar [1].

No puede haber Iglesia “apostólica” sin sus sucesores, los obispos, como tampoco la puede haber sin el sucesor del que Cristo eligió como primero de todos, san Pedro, piedra que sostiene toda la Iglesia. El Colegio Apostólico está incompleto sin su primado, el Papa, y no tiene autoridad si no está junto a él [2], aunque sí puede ejercer un gobierno o pastoreo en funciones, como por ejemplo, en Sede vacante (tiempo entre cónclaves). Esto también se aplica para el caso del reconocimiento en el número y la validez de los sacramentos entre algunas iglesias cristianas, como por ejemplo con los cristianos ortodoxos, cuyos sacramentos son válidos para la Iglesia católica, aunque no reconozcan el primado de Pedro y, por tanto, no estén en plena comunión. Sus sacramentos son válidos porque mantienen un vínculo apostólico (la llamada sucesión apostólica). Así un bautismo, por ejemplo, realizado por un sacerdote ortodoxo es plenamente reconocido por la Iglesia sin más problema.

Escultura de San Pedro en su cátedra y cúpula de la Basílica Vaticana. Roma, Italia.

Escultura de San Pedro en su cátedra y cúpula de la Basílica Vaticana. Roma, Italia.

La autoridad del Papa no menoscaba la autoridad de los obispos en sus respectivas diócesis, que tienen autoridad ordinaria. Cada uno de los obispos, como miembros del Colegio está obligado a velar por toda la Iglesia (sollicitudo omnium Ecclesiarum), aunque ejercen su autoridad en la porción del Pueblo de Dios que se les encomienda (diócesis normalmente). La potestad el Papa es “personal”, la del Cuerpo de los Obispos, “colegial”. El poder del Papa no es el resultado de una simple adición numérica, sino el principio de unidad y de conexión del cuerpo episcopal.

Si echamos un vistazo a los documentos eclesiales veremos que la figura del sucesor de san Pedro, como las de cualquier obispo, tiene unas funciones de enseñar, regir y santificar (triple munera) que tienen, por su papel de primado, unos matices que hay que nombrar:

1. Primado. El que san Pedro fuera constituido como el primero entre los apóstoles y que sus sucesores, los Papas, conserven esta función, es motivo de separación entre los cristianos. Ortodoxos y anglicanos, por citar un par de ejemplos, discrepan frontalmente con dicha doctrina eclesial católica. Es un punto doctrinal que tiene incluso definición dogmática promulgada en el Concilio Vaticano I [3]:
a. Por lo tanto, si alguien dijere que el bienaventurado Apóstol Pedro no fue constituido por Cristo el Señor como príncipe de todos los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante; o que era éste sólo un primado de honor y no uno de verdadera y propia jurisdicción que recibió directa e inmediatamente de nuestro Señor Jesucristo mismo: sea anatema. (Capítulo 1)
b. Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia, o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este misma primado: sea anatema.(Capítulo 2)

La imagen de San Pedro engalanada. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

La imagen de San Pedro engalanada. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

Pero aunque este lenguaje de siglos pasados es algo duro, es verdad de fe esta doctrina, con lo cual interpela al creyente, católico o no. Ha de entenderse el primado como roca de unidad, como veremos a continuación, y no como piedra de discusión. Conocedora de esta dificultad, y para disipar las reservas de los no católicos hacia el primado, el santo Papa Juan Pablo II escribió en la encíclica sobre ecumenismo Ut unum sint (1995): Estoy convencido de tener al respecto [la comunión plena de los cristianos] una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva. Durante un milenio los cristianos estuvieron unidos por la comunión fraterna de fe y vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el consentimiento común, la que moderaba cuando surgían disensiones entre ellas en materia de fe o de disciplina [4].

2. Es vínculo de unidad, de caridad y de paz. Cada obispo es principio y fundamento visible de unidad en el rebaño a él encomendado (iglesia particular) [5]. El Papa es también fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de todos los fieles [6]. Así, el vínculo de toda la Iglesia pasa por unirse al Pastor máximo del rebaño del Pueblo de Dios. Si un clérigo, religioso, fiel o grupo de fieles, va por libre, no está en comunión plena con la Iglesia universal. La unidad se encuentra en el seguimiento del sucesor de san Pedro, elegido Pastor y Piedra de la Iglesia por el mismo Cristo. Esta función es muy importante en determinados lugares, como por ejemplo en la comunista China, donde existen obispos fieles a la sede petrina y otros pertenecientes a la llamada Iglesia popular china, dependiente del gobierno. Cada eucaristía tiene valor si está unida a la sede de Pedro: toda válida celebración de la Eucaristía expresa esta comunión universal con Pedro y con la Iglesia entera, o la reclama objetivamente, como en el caso de las Iglesias que no están en plena comunión con la Sede Apostólica [7].

Medalla de Pablo II (1470), reverso mostrando la Tribuna Petri.

Medalla de Pablo II (1470), reverso mostrando la Tribuna Petri.

3. Cabeza de la jerarquía y de la Iglesia. Como el principal entre los sucesores de los apóstoles, ejerce el papel de Cabeza de la Iglesia peregrinante. Es el vicario de Cristo en la tierra. La diversidad de funciones y ministerios del Cuerpo de la Iglesia se reúnen bajo su única autoridad, que es propia (no deriva de nadie), suprema (no hay otra por encima de él, aunque es subordinado a la Palabra de Dios y la fe católica), plena (total, sin restricciones jurisdiccionales), inmediata (si lo desea no necesita intermediarios) y universal (en toda la Iglesia, sobre pastores y fieles) [8].

4. Pastor de la Iglesia. No sólo ejerce una función de autoridad, sino también la del cuidado de la grey de Cristo a él encomendada: “apacienta mis corderos” (Jn 21, 16). Esta tarea debe ser el principal desvelo del que se sienta en la cátedra de Pedro, pues ni una sola de las ovejas debe perderse: “¡Ay del pastor inútil que abandona las ovejas! ¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo!” (Zac 11, 17). Apacentar el rebaño es proporcionarle un alimento sólido de vida espiritual, y en este alimento está la comunicación de la doctrina revelada para robustecer la fe [9].

5. Custodio de la doctrina y la Tradición eclesial. También san Pedro recibió el encargo de velar por las enseñanzas y la Tradición eclesial: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19). Pero el Papa no puede ejercer esta función como dueño, sino como guardián, custodio de lo recibido por Cristo. No puede, por tanto, cambiar nada a su arbitrio: No decide según su arbitrio, sino que es portavoz de la voluntad del Señor, que habla al hombre en la Escritura vivida e interpretada por la Tradición; en otras palabras, la episkopé del Primado tiene los límites que proceden de la ley divina y de la inviolable constitución divina de la Iglesia contenida en la Revelación. El Sucesor de Pedro es la roca que, contra la arbitrariedad y el conformismo, garantiza una rigurosa fidelidad a la Palabra de Dios: de ahí se sigue también el carácter martirológico de su Primado que implica el testimonio personal de la obediencia de la cruz [10].

Espíritu Santo en la vidriera superior de la  Cátedra. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

Espíritu Santo en la vidriera superior de la Cátedra. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

El gobierno de la Iglesia
El gobierno que el Papa ejerce en toda la Iglesia está supeditado a su función de vínculo de la unidad y de Pastor Supremo. En otras palabras, sus actos de gobierno no lo son al modo absolutista, sino que son actos de servicio a la Iglesia. Es por ello que el Papa es el servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios): Su potestad debe ser siempre para realizar actos de gobierno encaminados al bien de la Iglesia: promulgar leyes, nombrar obispos y superiores, establecer diócesis o removerlas, crear estructuras pastorales, etc. Dichas tareas se ejercerán de distintos modos según las circunstancias y tiempos. Un ejemplo claro de ello son las diferencias canónicas (leyes) que suelen existir entre la Iglesia católica latina y las católicas orientales, que son fruto de las diferencias históricas entre dichos ámbitos católicos.

El oficio magisterial
El sucesor de san Pedro tiene como ministerio fundamental enseñar la verdad revelada, exponerla a todos los hombres, custodiar la doctrina y corregir los posibles errores: El sucesor de Pedro cumple esta misión doctrinal mediante una serie continuada de intervenciones, orales y escritas, que constituyen el ejercicio ordinario del magisterio como enseñanza de las verdades que es preciso creer y traducir a la vida (fidem et mores). Los actos que expresan ese magisterio pueden ser más o menos frecuentes y tomar formas diversas, según las necesidades de los tiempos, las exigencias de las situaciones concretas, las posibilidades y los medios de que se dispone, las metodologías y las técnicas de la comunicación; pero, al derivar de una intención explícita o implícita de pronunciarse en materia de fe y costumbres, se remiten al mandato recibido por Pedro y se revisten de la autoridad que Cristo le confirió. El ejercicio de ese magisterio puede realizarse también de modo extraordinario, cuando el sucesor de Pedro -solo o con el concilio de los obispos, en calidad de sucesores de los Apóstoles- se pronuncia ex cathedra sobre un punto determinado de la doctrina o la moral cristiana [11].

Óleo del Santo por Pedro Pablo Rubens (s.XVII).

Óleo del Santo por Pedro Pablo Rubens (s.XVII).

El magisterio ordinario suele ejercerlo el Papa mediante palabras, escritos e iniciativas autorizadas e institucionales de orden científico y pastoral. Si hablamos ya del modo extraordinario nos referimos a lo que suele denominarse magisterio “ex cathedra”. Este magisterio se reserva para las definiciones dogmáticas de primer nivel. Se refiere a verdades que pertenecen al depósito de la fe y son de obligada creencia para todos los fieles, como por ejemplo la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de María (Pío IX, 1854) o el de la Asunción (Pío XII, 1950). Como dichos dogmas son de una grandeza e importancia extraordinarias la Tradición ha reconocido que el sucesor de Pedro goza en dichas definiciones, solo o con el Colegio Episcopal reunidos en concilio, de un carisma especial, de una asistencia del Espíritu Santo que suele denominarse Infalibilidad: El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia [12].

Este modo extraordinario no quiere decir que el Papa no goce de la asistencia del Espíritu Santo en su magisterio ordinario. También en dicha enseñanza el Papa es maestro de la verdad aunque no llegue a proclamar una definición infalible y definitiva. A dicho magisterio ordinario los fieles deben adherirse con espíritu de obediencia religiosa que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.

David Jiménez

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[1] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 5 (31-10-1998).
[2] CIC 336
[3] Pastor aeternus 1 y 2
[4] Ut unum sint, 95
[5] LG 22
[6] LG 23
[7] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 11 (31-10-1998).
[8] CIC 331
[9] JUAN PABLO II. Catequesis sobre la misión doctrinal del sucesor de Pedro (10-3-1993)
[10] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 7 (31-10-1998).
[11] JUAN PABLO II. Catequesis sobre la misión doctrinal del sucesor de Pedro (10-3-1993)
[12] Pastor aeternus 4.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXXV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Diácono cantando en Pregón Pascual ante el Cirio Pascual.

Diácono cantando en Pregón Pascual ante el Cirio Pascual.

Pregunta: Mi pregunta es muy simple. Qué se debe hacer con los restos del cirio pascual (acaso se debe echar al tacho) o ¿puede ser conservado en un lugar especial ya que es un signo visible que ha sido consagrado? Muchas gracias

Respuesta: A mi no me suena que haya ninguna norma eclesial al respecto. Yo he visto de todo: acumularlos en el trastero de la parroquia, reutilizarlo si no se ha consumido mucho, donarlo a alguna comunidad religiosa monástica (ten en cuenta que en ellas no suele usarse en bautizos, confirmaciones o funerales, como si ocurre en las parroquias, con lo que se apañan con un cirio más pequeño) y otras cosas por el estilo, como por ejemplo, volverlos a fundir. Sin embargo, creo que dado lo que significa, hay que tratar con respeto el cirio sobrante.

En Roma, con los restos del cirio principal de la Basílica de San Pedro, hace años se hacían unos medallones muy elaborados y cotizados que el propio Papa bendecía. Se ofrecían como regalos de Estado, a visitas importantes, etc. Es posible que exista el ritual de la bendición de estos medallones, pero yo no lo conozco.

Pregunta: Mi pregunta es la siguiente: si me podían sugerir información sobre el beato Diego de Cervantes, mercedario. Ya que no tengo ningún santo con mi nombre, me conformaré con quién tenga mi apellido. Muchas gracias.

Respuesta: Lo he buscado en toda la bibliografía que tengo y no he encontrado nada de nada. Incluso he llamado personalmente a los mercedarios de Barcelona y de Madrid y ellos tampoco saben nada. De todos modos, en una página italiana se dice esto: “No se sabe en qué época en concreto vivió aunque se dice que estuvo en tierras africanas donde consiguió la libertad de más de cuatrocientos prisioneros. No se sabe la fecha de su muerte y antes era recordado el día 20 de octubre”. Actualmente la Orden no lo conmemora porque no está oficialmente beatificado.

Estampa del Beato Diego de Cervantes, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa del Beato Diego de Cervantes, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Pregunta: ¿Es verdad que Herodes está canonizado? He oído hablar de San Herodes y me he quedado perplejo. Gracias.

Respuesta: ¡Cómo para no quedarse!, ja,ja. Ni el Herodes de los Santos Inocentes de Belén ni el Herodes que decapitó al Bautista están canonizados. Como dicen en mi pueblo: “tú has oído campanas, pero no sabes donde”.

Me explico: Habrás oído hablar de los 72 discípulos de Cristo y en la larga lista de ellos existe un Herodes que pertenecía a este grupo y a quién los griegos conocen como San Herodes el apóstol. Se dice que después de la Ascensión del Señor, se dedicó a difundir el evangelio asociado a los apóstoles, especialmente, a Pedro y que después del martirio del apóstol Andrés, fue elegido obispo de Patras. Desde su nueva responsabilidad, mostró toda una serie de cualidades: caridad, prudencia, fogosidad en la predicación del evangelio, etc., pero fue apresado por unos judíos y por unos paganos, quienes lo golpearon salvajemente y apedrearon hasta la muerte. Con el martirio selló su fe en Jesús. San Herodes (o Herodión), se conmemora el día 10 de noviembre.

El cardenal Baronio lo identifica con el personaje saludado por San Pablo en la Epístola a los Romanos: “Saluda a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor” (Romanos, 16, 11), diciendo que como era pariente de San Pablo, por lógica, era oriundo de Tarso y que fue San Pablo quién lo ordenó de sacerdote y posteriormente, de obispo.

Icono ortodoxo griego de San Herodes o Herodión, apóstol mártir.

Icono ortodoxo griego de San Herodes o Herodión, apóstol mártir.

Pregunta: Soy peruano. ¿Me podríais facilitar alguna información sobre Fray Diego Ruiz Ortiz? Muchísimas gracias.

Respuesta: Pues aunque sea brevemente, algo podemos decirte. Este fraile agustino nació en Getafe (Madrid) en el mes de julio del año 1532 y con apenas dieciséis años de edad llegó a Perú instalándose en una casa que actualmente está ocupada por un convento. En el Capítulo del 1563 lo destinaron a Yanacache, cerca de La Paz. Aprendió el quechua y el aymara y marchó como misionero a Puná, aunque después lo destinaron a Capiñora.

Llevaba una vida de oración y penitencia, era muy austero y muy caritativo por lo que fácilmente, se ganó la confianza de los indios. Pero un día se le ocurrió predicar contra el adulterio que cometía el cacique inca Tito Cusi, el cual se había separado de su esposa Evangelina y se había unido a Angelina Polanquilaco. Y esta fue su perdición, pues un día, el inca lo invitó a un banquete y él no se presentó porque sabía que la comilona terminaría en borrachera, como realmente ocurrió. Él reprendió a Tito Cusi y su concubina ordenó a los capitanes de su ejército y al secretario Pando que matasen a Fray Diego.

Cuando fueron a buscarlo lo encontraron rezando, pero ellos, en vez de respetar su intimidad, comenzaron a insultarlo y a golpearlo, lo sacaron al campo, lo desnudaron, le ataron las manos a la espalda y lo dejaron a la intemperie para que se muriese de frío. Como no murió, le ataron los brazos hasta el punto de descoyuntarle los huesos, le partieron varias costillas y ya de noche, echaron agua en las cuerdas para que se ajustasen y así, fueran más dolorosas las ataduras.

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En esto, murió el Inca y le pidieron a Fray Diego que lo resucitase. El fraile solicitó que le dejasen celebrar la Santa Misa por esta intención y entonces lo desataron aunque como consecuencia del martirio sufrido, él no podía mover los brazos ya que estaban descoyuntados. A golpes se los pusieron en su sitio y él celebró la Misa. Pero como cuando acabó la Misa el muerto no había resucitado, de nuevo lo ataron a una cruz y lo azotaron. Posteriormente lo abofetearon, le partieron la barbilla y lo llevaron a rastras hasta Mancaray, donde el inca Túpac Amaru se estaba coronando. Lo llevaron al lugar donde ajusticiaban a los malhechores, le clavaron espinas en las uñas de las manos y de los pies y con un machete le golpearon la cabeza matándolo.

Grabado del martirio de Fray Diego Ruiz Ortiz, empalado y alanceado.

Grabado del martirio de Fray Diego Ruiz Ortiz, empalado y alanceado.

Ya muerto, pisotearon el cadáver, le cortaron la cabeza y lo pusieron encima de una roca enorme para que las fieras se lo comieran. Rociaron su cuerpo con salitre y chicha. Era el año 1571, por lo que el padre Diego tenía treinta y nueve años de edad. Cuando la región fue conquistada y se fundó la Nueva Vilcabamba, en el lugar de la ejecución construyeron una iglesia donde enterraron sus restos. Allí estuvo hasta el año 1595, año en el que lo trasladaron a Cusco. El 28 de agosto del 1598 fue solemnemente sepultado junto al altar mayor del convento y allí fue venerado hasta el 1826, año en el que se le perdieron la pista a las reliquias. En el siglo XVII se inició el proceso de canonización, pero este cayó en el olvido; se ha reiniciado en el año 1991. Existe un grabado, que es el que publicamos en el blog, en el que el mártir aparece empalado, pero yo, buscando y rebuscando información, no he encontrado nada que explique esta forma de martirio.

Pregunta: Hola, he viajado hasta Braga (Portugal) tratando de localizar reliquias de San Vicente mártir. Concretamente, mi interés se centra en su brazo derecho. Sabemos que el brazo izquierdo, incorrupto permanece en la Catedral de Valencia (varias fuentes confirman la autenticidad de este dato). Sin embargo, con su brazo derecho existen diferentes versiones contradictorias entre sí. Varias son las fuentes (entre ellas la Wikipedia) que señalan que el derecho se encuentra en la Catedral de Braga. Pero esta tarde he preguntado allí y me han comentado que no tienen conocimiento de que la reliquia del brazo derecho del santo mártir se pueda encontrar en la catedral de esta ciudad portuguesa. Agradecería si pueden darme alguna información al respecto. Gracias de antemano y enhorabuena por su labor.

Respuesta: En principio te digo que, con un permiso especial del obispado, yo he estado fotografiando todos los relicarios de la catedral de Braga y allí no lo he visto, aunque si te digo que si vives en Braga o puedes ir allí de nuevo, no dejes de visitar la iglesia de San Vicente, pues te sorprenderás por sus magníficos murales hagiográficos vicentinos en cerámica. Se que esto no tiene nada que ver con la reliquia, pero supongo que tienes especial interés por este santo y por eso te lo comento.

Mano derecha incorrupta de San Vicente mártir. Catedral de Lisboa, Portugal.

Mano derecha incorrupta de San Vicente mártir. Catedral de Lisboa, Portugal.

También estuve en la catedral de Lisboa, que es la que conserva la mayor parte de los huesos del santo mártir, pero estos se quemaron a consecuencia de un incendio y todos los huesos quemados que pudieron recuperarse están dentro de una arqueta relicario. En otra arqueta, de la que incluyo una foto, está una mano incorrupta, luego si en Valencia está la izquierda, esta debe ser la derecha, lo que puede indicar que el resto de los huesos del brazo derecho estén en la otra arqueta mencionada anteriormente. Espero haberte complacido.

Antonio Barrero

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