San Lot, llamado el Justo

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Fuga de Lot y su familia de Sodoma y Gomorra. Fresco de Rafael Sanzio. Logge di Raffaello (XVI), Vaticano.

Fuga de Lot y su familia de Sodoma y Gomorra. Fresco de Rafael Sanzio. Logge di Raffaello (XVI), Vaticano.

Pregunta: Al leer el libro del Génesis, junto al profeta Abrahán nos encontramos a su sobrino Lot. ¿Lot es venerado como santo por la Iglesia y por el Islam? Muchas gracias.

Respuesta: Quiero contestarte a esta pregunta pero como la respuesta no es excesivamente corta, voy a aprovechar tu pregunta para hacer un artículo sobre este personaje bíblico, aunque el artículo si que lo sea.

Lot era hijo de Aram y sobrino de Abrahán. Como tú muy bien dices, su vida está descrita en el Libro del Génesis: él, en primer lugar, siguió a su abuelo Tareh en su marcha desde Ur hasta Haran y, posteriormente, a su tío Abrahán en su viaje a Canaán. Para evitar las disputas entre sus propios pastores, entre él y Abrahán se repartieron el territorio, por lo que Lot terminó viviendo en la pecadora ciudad de Sodoma.

Cayó prisionero de una coalición enemiga aunque fue liberado por la intervención de su tío, el cual de nuevo tuvo que interceder por él ante Dios cuando el Señor se propuso destruir a Sodoma y Gomorra. Puesto milagrosamente a salvo, Lot se refugió en Segor y luego en las montañas donde, por el engaño incestuoso de sus propias hijas (mantuvo relaciones sexuales con sus hijas en lo que hoy se conoce como la cueva de Lot, que se encuentra justo por encima del borde oriental del Mar muerto), se convirtió en el ancestro de los moabitas y de los ammonitas: “Y Yahvé me dijo: no molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot” (Deuteronomio, 2, 9) y “Hasta los asirios se aliaron con ellos y prestaron ayuda a los descendientes de Lot” (Salmo, 83, 9). En esa cueva, a la que antes nos hemos referido, la tradición musulmana dice que fue donde se mantuvieron esas relaciones incestuosas, mientras que otras tradiciones cristianas dicen que fue su lugar de enterramiento.

La cueva de Lot, que se encuentra justo por encima del borde oriental del Mar Muerto.

La cueva de Lot, que se encuentra justo por encima del borde oriental del Mar Muerto.

Pero las fuentes rabínicas no se ponen de acuerdo sobre Lot, porque mientras unos lo describen como un rebelde, impío, vicioso, usurero, sin conciencia, otros nos lo presentan como hospitalario y como intercesor ante Dios a favor de Sodoma. En la propia Biblia se le llama “el Justo”: “Cuando eran exterminados los impíos, la Sabiduría libró a un justo, escapado del fuego que caía sobre las cinco ciudades” (Sabiduría, 10, 6) y también lo propone como modelo de rectitud en medio de la corrupción del mundo. San Pedro, en su Segunda Epístola nos lo reafirma: “En cambio, libró a Lot el Justo, que estaba afligido por la conducta licenciosa de esos hombres sin ley” (II Pedro, 2, 7). Ya, durante los primeros siglos del cristianismo, tanto Tertuliano, como San Agustín, San Ambrosio y San Juan Crisóstomo, nos lo proponen como un hombre justo y sobre todo, como un hombre hospitalario.

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Y de hecho, el Justo Lot ha recibido culto en la Iglesia, especialmente en Oriente. En los primeros siglos del cristianismo existía una cierta veneración hacia él, en la región en la que Lot había vivido. Eso queda demostrado por dos inscripciones dedicatorias del siglo VI, encontradas en el año 1913 en la iglesia de los santos Lot y Procopio en Mekhayyat sobre el Monte Nebo, en los que se invoca en griego al mismo tiempo tanto a Dios como a Lot (“Άγιος του Θεός”, “Άγιος Λωτ”).

Mezquita de Beni Na’im, donde se encuentra el cenotafio de Lot.

Mezquita de Beni Na’im, donde se encuentra el cenotafio de Lot.

Existe además un mosaico en la iglesia greco-ortodoxa de Madaba que dice que al sur del Mar Muerto está el “santuario de San Lot”, muy cercano a la ciudad de Balak, conocida también como Segor, que es el lugar que se salvó gracias a la intervención de este patriarca. En un antiguo leccionario encontrado en el año 1911, por el arcipreste Kekelidze en la iglesia de San Jorge de la localidad caucasiana de Lah’ili, se indica que allí se conmemoraba la fiesta de San Lot, ya que en él se escribe el día 9 de octubre: “En Galilea, las memorias de los patriarcas Abrahán y el justo Lot”. Existe otro leccionario georgiano custodiado en la Biblioteca Nacional de París que en ese mismo día (el 9 de octubre), se dice: “Sobre el Gólgota, en las cercanías de Belén, las conmemoraciones de los patriarcas Abrahán y el justo Lot y la deposición del apóstol Andrés. En estos dos leccionarios encontramos la confirmación de que en el calendario utilizado por los georgianos de Jerusalén poco antes de la invasión árabe del siglo VII, ambos patriarcas eran conmemorados.

Los sinaxarios bizantinos también lo recuerdan el 9 de octubre, mientras que los martirologios medievales separan las conmemoraciones de Abrahán y de Lot, poniendo a uno el día 10 y al otro el día 12 del mismo mes de octubre. Además, en estos martirologios, el calificativo que le dan al santo no es el de “justo” sino el de “profeta”. Finalmente, los bolandistas lo mencionan el 10 de octubre poniendo simplemente su nombre, pero sin apelativo alguno. En los martirologios actuales, no aparece.

Cenotafio de Lot en la mezquita de Beni Na’im.

Cenotafio de Lot en la mezquita de Beni Na’im.

En Oriente, el tema es distinto, porque no solo sobrevive la memoria de los topónimos Bahr Lût (Mar Muerto), Qubbet Lût y Kefr Lût, sino también su culto. En el monasterio de Santa Cruz, al oeste de Jerusalén, la memoria del patriarca Lot se mantiene aun viva en una gruta, donde existe un altar y algunas pinturas que reproducen algunos de los pasajes bíblicos.

En el Corán, el nombre del profeta Lot es mencionado veintisiete veces, en los pasajes en los que se relatan como fue enviado a la gente de las ciudades destruidas de Sodoma, Gomorra, Zeboiyim, Zoar y Adma. En la mezquita de Beni Na’im (a cinco kilómetros al este de Hebron) los musulmanes veneran su tumba, en cuyo cenotafio existe un título o rótulo que lo llama “apóstol de Dios”. En Nebi Yakin, al sur de Beni Na’im existen supuestas unas huellas de pies que le son atribuidas y que reciben cierta veneración.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bagatti, B., “The Town of Nebo (Khirbet el-Mekhayyat)”, Jerusalem, 1949.
– Sagrada Biblia.
– Saller, S., “Lot venerado como santo”, Tierra Santa XXIII, 1948.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Aconsejo leer este artículo:
– http://www.christusrex.org/www1/ofm/mad/articles/SallerLot.html

 

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San Juan Evangelista y el Logos

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San Juan en Patmos, óleo de Diego de Silva y Velázquez (1618). National Gallery de Londres, Reino Unido.

San Juan en Patmos, óleo de Diego de Silva y Velázquez (1618). National Gallery de Londres, Reino Unido.

El Logos, un término lleno de misterio
Hoy, festividad del evangelista San Juan, nos vamos a adentrar en uno de los temas más profundos de la cristología del cuarto evangelio. Se trata del término griego “Logos”, un término que aparece en distintas ocasiones en los escritos de este evangelista. De hecho, el párrafo más conocido donde aparece este término es el prólogo (o capítulo primero) del evangelio joánico. Se trata de una maravillosa y madurada composición teológica en forma de himno que ha causado y causa admiración, perplejidad, confusiones, controversias y hasta herejías. Es un capítulo, cuyo comienzo leemos en la solemnísima misa del día de Navidad y en algún que otro día de este tiempo litúrgico. Otros lugares donde aparecen son la Primera Carta de Juan (1 Jn. 1, 1) y en el complejo libro del Apocalipsis (Ap. 19, 13).

Logos” es un término griego muy usado en la filosofía clásica que significa “ciencia, estudio, discurso racional” (de ahí su uso en muchas lenguas modernas como componente nominal del título de muchas disciplinas del saber, como teo-logía, antropo-logía, geo-logía, etc). Según algunos autores esta palabra se diviniza en la filosofía alejandrina, queriendo expresar algo así como “sabiduría divina”. Las controversias gnósticas de los primeros siglos del cristianismo habrían influido en que san Juan introdujera este término para la lucha contra esta herejía. Otros piensan que, aunque es un término indudablemente griego, su significado teológico en san Juan tiene más bien un origen rabínico y que se asimila al mismo Dios y su Ley (o Torá), pues todo lo que se dice del “Logos” en el primer capítulo joánico decían los rabinos de ésta: su importancia en el origen del mundo, su preexistencia, su ser en el mismo Dios… La expresión del v. 17: “Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo”, da a entender que, al menos el evangelista tuviera presente esta semejanza. No hay que olvidar que este Evangelio también tiene tintes apologéticos antijudíos (Jn. 5,10; 5,31; 7,51; 8,17; 9,1-41; 10,32-36…).

Sea como fuere, el caso es que Juan fue el evangelista que lo usó de manera intencionada en las polémicas antignósticas y antijudías, apropiándoselo y dándole un nuevo significado cristológico que influyó posteriormente de una manera decisiva. La Vulgata de San Jerónimo traduce “Logos” por “Verbum”, traducción que al español resulta “Verbo o Palabra” (esta última es la que últimamente suele usarse más).

"Dios bendiciendo el Séptimo Día", lienzo de William Blake (ca. 1805).

“Dios bendiciendo el Séptimo Día”, lienzo de William Blake (ca. 1805).

Cualquiera que se introduce en este término queda fascinado por su riqueza, complejidad teológica y profundidad espiritual. Trataré con estas breves líneas de facilitar una aproximación al misterio de rodea a este término Logos, tan inalcanzable como cercano a la vez. Tomaré para ello como fuente principal el ya mencionado himno cristológico del prólogo de Juan.

¿Qué o quién es el Logos?
Es la pregunta que uno se hace cuando se acerca a este primer capítulo de san Juan. Como todo buen prólogo, da la impresión que el evangelista redactó este capítulo tras haber ya concluido su evangelio, pues es como un resumen de todo lo que en él quiere transmitirnos. Entonces, parece ya claro que si el evangelio nos habla de Jesús, este misterioso “Logos” debe ser el mismo Salvador, aunque nos aturde la manera en que la redacción nos habla de Él, con unos conceptos casi simbólicos o abstractos para un lector moderno. Partamos ahora de que no sabemos si se refiere a Jesús o no. Vayamos descubriéndolo.

Lo primero que se nos dice del Logos es que existe desde el principio y que era Dios (Jn. 1,1). Se identifica el “Logos-Palabra” con Dios. No es una idea nueva, ya hemos dicho. La Palabra de Dios se identifica con su esencia en la tradición veterotestamentaria (Is. 55,11). Decir que la Palabra es el mismo Dios no es descabellado para quien conoce los libros sapienciales. Es un lenguaje conocido para cualquier judío de la época.

A continuación, Juan nos habla de nuevo de la divinidad del Logos, pero esta vez mencionándonos su acción: “por medio de Él se hizo todo”. Antes se nos dijo que el Logos es Dios, ahora que es ser Creador. La “Palabra” es creadora. La Palabra tiene una dimensión cósmica. ¿Y quién es Creador sino el mismo Dios? Era impensable en aquella época que Dios no fuera el Creador. También, después de hacer una alusión a Juan el Bautista, se nos dice que el Logos es “vida y luz”, dos términos que nos evocan el Génesis.

"El Anciano de los Días", lienzo de William Blake.

“El Anciano de los Días”, lienzo de William Blake.

Pero hasta el momento no se nos cuenta nada extraordinario que un judío no pudiera aceptar. No en vano, lo que venimos leyendo de este capítulo nos recuerda a lo que se decía de la Sabiduría bíblica, que unía Sabiduría con Yahvé hasta hacerlo uno. Incluso Juan era considerado un profeta más y bien puede anunciar al mismo Dios. Lo que ya nos hace el texto algo novedoso, algo eminentemente cristiano, son los versículos posteriores.

En el 13 se nos dice algo muy importante, pero que incluso con matices, puede ser aceptado también por un judío: “los que aceptan la Palabra les da Dios el poder de ser sus hijos”. No es algo absolutamente nuevo en el Antiguo Testamento. Yahvé llama hijos a sus fieles en varias ocasiones (Ex. 4, 22; Dt. 32, 6; Jer. 31, 9; Os. 11, 1). La diferencia cristiana es que somos hijos de Dios por el Hijo, gracias a Él, gracias a su venida y acción salvífica. En el Antiguo testamento, el apelativo “hijo” no es tanto una condición rotundamente filial, sino algo más creatural.

Resumiendo. Las características que Juan va asignando al Logos van poco a poco desvelándonos quién es éste: es preexistente, es Dios, es Creador. Todo ello nos dan como resultado que el Logos es identificado con Dios. Pero, de momento, ni rastro de Jesús. ¿Es Jesús este Logos? Sigamos.

El Logos encarnado
Lo sobrecogedor y ya plenamente cristiano viene a continuación. El versículo 14 es el que trajo de cabeza a los teólogos de los primeros siglos debido a la ruptura total con el pensamiento judío y helenista imperante en esa época. En él se nos dice: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada (o acampó, según traducciones) entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”. Esto es lo trascendental y que nos debe dar pavor, vértigo y asombro: Dios se encarna, Dios se hizo uno de nosotros, Dios vivió entre nosotros (la imagen de poner su morada, de acampar entre nosotros es preciosa). El hecho de que Dios se haga hombre (Lc 1, 32-35) y pase por uno de tantos (Fp. 2, 6-7) es un acontecimiento que no está presente en ninguna otra religión. Que Dios-Logos se haga cercano, accesible, uno de nosotros es de una trascendencia absoluta que conmueve las entrañas de la Creación.

Es curioso que los demás evangelios partan de la existencia terrena de Jesús para luego concluir, por sus hechos, milagros y resurrección que ese hombre llamado Jesús es el mismo Dios. En Marcos, por ejemplo no se habla de la divinidad de Jesús hasta el final del evangelio, con su propia confesión y la del centurión (Mc. 14,62; 15,39). Aquí no, aquí Juan, impaciente, nos lanza la bomba desde el comienzo: “el Logos es Dios” (Jn. 1,1), es preexistente, anterior a todo. “El Prólogo de Juan nos sitúa ante el hecho de que el Logos existe realmente desde siempre y que, desde siempre, él mismo es Dios. Así pues, no ha habido nunca en Dios un tiempo en el que no existiera el Logos. El Verbo ya existía antes de la creación” [1]. Luego el testimonio del mismo Jesús va confirmando esta preexistencia. El mismo Jesús diría de sí mismo: “Antes de que Abrahán naciera, yo soy” (Jn. 8,58). En la oración final dirigida al Padre en la Última Cena, Jesús habla con rotundidad de la gloria que Él tenía junto al Padre antes “que el mundo fuese” (Jn. 17,5.24). También recordamos el “¡Señor mío y Dios mío!” en la conmovedora confesión de Tomás (Jn. 20, 28). Ahora, por tanto, sí. Ya sabemos quién es el Logos. Ahora podemos unir Logos con Jesús. ¡El Logos es Jesús! ¡El Logos se ha hecho carne! [2]

Cristo del mosaico bizantino de la Deesis. Iglesia de Santa Sofía, Estambul, Turquía.

Cristo del mosaico bizantino de la Deesis. Iglesia de Santa Sofía, Estambul, Turquía.

Sería muy interesante, después de leer este versículo 14, enlazarlo con el comienzo de la primera carta de Juan pues nos da la razón de esta noticia tan impactante: “lo que existía desde el principio, lo que hemos visto y oído… os lo anunciamos… “ (1 Jn. 1,1 ss). El Logos por tanto es algo que se ve y se toca, no algo abstracto-racional, sino algo que les llegó a los testigos por los sentidos. Era algo, como luego veremos, que no podía ser aceptado por muchos. Surgirían las llamadas herejías cristológicas que hicieron muchísimo daño a la Iglesia y que sólo se superaron después de los cinco primeros concilios aproximadamente: de Nicea (325), Constantinopla I (381), Éfeso (431), Calcedonia (451) y Constantinopla II (553). Sería muy largo ahora, y no es objeto del presente artículo, el explicar cada una de las herejías que surgieron en torno al “Logos”, sus refutaciones, los escritos de los Padres y las definiciones dogmáticas de cada concilio. Baste decir que versaron sobre la naturaleza humana y/o divina de Jesús, sobre su relación de igualdad o subordinación con el Padre y sobre el encaje trinitario del propio “Logos”. Ahora vemos claro la doctrina católica, pero hay que pensar que la teología de entonces estaba en pañales y que fue normal que surgieran discrepancias en temas tan nucleares.

El Logos revelado
El himno cristológico del Logos termina con una afirmación que merece la pena no desdeñar: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (v.18). En efecto, hasta la llegada de Jesús Dios era el inaccesible, el lejano, el que raramente se daba a conocer. Ahora con Jesús, todo cambia. Dios se hace accesible al hombre, Jesús lo da en bandeja a todos los que lo deseen. “Lo que había sido revelado ya anteriormente, pero que en cierto sentido se hallaba cubierto por un velo, ahora, a la luz de los hechos de Jesús, y especialmente y especialmente en virtud de los acontecimientos pascuales, adquiere transparencia, se hace claro y comprensible” [3].

Cubierta de una carta pastoral.

Cubierta de una carta pastoral.

Conviene aquí traer a colación un bello párrafo de la Constitución Dogmática Dei Verbum, del Vaticano II, que me permito transcribir íntegro dada la claridad con que nos explica esto que venimos diciendo: “Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, “últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo”. Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, “hombre enviado, a los hombres”, “habla palabras de Dios” y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna. La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13) [4].

Es decir, Jesucristo es el Logos, la Palabra definitiva del Padre, lo que Él quiere revelarnos, decirnos, por puro amor, para nuestra salvación. El Logos no se encarnó para darse una vuelta por el mundo de los hombres a ver qué tal iban las cosas. Se encarnó por nuestra salvación. Ese Logos, esa Palabra definitiva, ese Jesús, es transmisión directa del Padre, Verbo de vida y luz. Y es su última Palabra antes de la parusía. Eso es lo que realmente celebramos en estos días navideños y no asuntos de pastores, abetos, comilonas y regalos. Ahora nos toca a nosotros acoger esa salvación que se nos ofrece. Y si no lo hacemos, entonces, ¿para qué Jesús ha nacido, predicado, padecido tormentos y muerto en la Cruz?

David Jiménez


[1] Benedicto XVI. Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, 6
[2] Benedicto XVI. Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, 7
[3] San Juan Pablo II. Catequesis 3/6/1987, 2
[4] Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Dei Verbum, 4.

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San Jacob, patriarca del Antiguo Testamento

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Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

El nombre de Jacob (en hebreo, יעקב, que significa “talón”), le fue impuesto porque al salir del seno de su madre tenía cogido con su mano el talón de su hermano gemelo Esaú (Génesis, 25, 26). Sin embargo, Yahvé le cambió ese nombre por el de “Israel”: “… Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido” (Génesis, 32, 27-28).

Los eventos de su vida vienen narrados en el libro del Génesis. Su madre se llamaba Rebeca y era estéril, aunque gracias a las oraciones de su padre Isaac, ella quedó encinta y parió a dos gemelos: Esaú y Jacob, los cuales ya se empujaban en el seno materno, presagio de las luchas fraternas que les esperaban en vida: “Y sus hijos luchaban dentro de ella y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Yahvé. Y Yahvé le respondió: dos naciones hay en tu seno y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro y el mayor servirá al menor”. (Génesis, 25, 22-23). Esaú nació el primero, por lo que le pertenecía la primogenitura, pero este se la vendió a su hermano menor por un plato de lentejas en un momento en el que estaba hambriento y cansado: “Y amaba Isaac a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje de lentejas y volviendo Esaú del campo, cansado y hambriento, dijo a Jacob: te ruego que me des de comer de ese guiso porque estoy muy cansado. Y Jacob le respondió: Véndeme hoy tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí que me voy a morir, ¿para qué pues me servirá la primogenitura? Entonces Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis, 25, 28-34).

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Estando su padre Isaac ya viejo y enfermo, antes de morir, quiso dar su bendición a su hijo primogénito, o sea, a Esaú, pero Jacob, aconsejado por su madre Rebeca, se camufló y haciéndose pasar por su hermano consiguió la bendición: “Mira, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Yahvé ha bendecido; Dios te de el rocío del cielo y los bienes de la tierra, abundancia de trigo y de mosto. Que te sirvan los pueblos y que las naciones se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren” (Génesis, 27, 27-29). Todos recordamos esta historia bíblica y cómo Esaú quiso vengarse de su hermano intentando matarlo, por lo que Jacob, con la bendición de Isaac, escapó marchándose a Paddan Aram, donde se desposó con algunas mujeres de la familia de Labán.

Durante el viaje a Betel, Dios se le apareció en sueños en la famosa visión de la “escala de Jacob”, por la que subían y bajaban los ángeles y en cuya parte superior estaba el mismísimo Yahvé, que le prometía una especial protección: “Y llegando a un cierto lugar, durmió allí porque ya el sol se había puesto. Cogió piedras de aquel paraje y las puso en su cabecera acostándose en aquel lugar. Y soñó con una escalera, que estaba apoyada en la tierra y que su extremo tocaba el cielo y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí que Yahvé estaba en lo alto de ella y le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac; la tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y se extenderá al occidente, al oriente, al norte y al sur y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí que Yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente, Yahvé está en este lugar y yo no lo sabía. Y tuvo miedo y dijo: ¡Qué terrible es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo. Y levantándose por la mañana, tomó la piedra que había puesto en la cabecera y la alzó como señal y derramó aceite encima de ella. Y llamó a aquel lugar Bet-el, aunque antes se llamaba Luz” (Génesis, 28, 11-19). Jacob hizo voto de reconocer siempre a Yahvé como su Dios y de volver a Betel para transformar el lugar en un santuario.

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

En casa de Labán, Jacob se enamoró de Raquel y para conseguirla como esposa sirvió a su tío durante siete años, quién pasado este tiempo lo engañó dándole a Lía, su hermana mayor. A fin de conseguir a Raquel, Jacob estuvo al servicio de Labán otros siete años, transcurridos los cuales tuvo a Raquel como esposa. Pero como Raquel era estéril, las dos hermanas, siguiendo las costumbres mesopotámicas de la época, dieron a Jacob a sus criadas Bala y Zelfa. Con las cuatro mujeres, Jacob tuvo doce hijos. Los hijos de Lía eran Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. De Raquel tuvo a José y posteriormente a Benjamín. De Bala – que era la criada de Raquel -, tuvo a Dan y Neftalí y de Zelfa – que era la criada de Lía -, tuvo a Gad y Aser (Génesis, 35, 23-26). De Lía tuvo a su hija Dina. Raquel murió al dar a luz a Benjamín durante el retorno desde Mesopotamia, cerca de Belén, en el camino de Éfrata donde Jacob la sepultó. Pero antes he dicho que Raquel era estéril y si lo era, ¿cómo dio dos hijos a Jacob? La Biblia nos da la respuesta: “Y se acordó Dios de Raquel y la oyó y le concedió hijos. Y concibió y dio a luz un hijo y dijo: Dios ha quitado mi afrenta y llamó a su hijo José, diciendo: Añádame Yahvé otro hijo” (Génesis, 30, 22-24). Y, en efecto, tuvo a otro hijo, a Benjamín, aunque murió en el parto.

Jacob se vio obligado a recurrir a la astucia y al engaño para compensar el daño sufrido por Labán y a escapar sigilosamente con su familia y sus bienes después de haber trabajado como pastor durante veinte duros años; fue el mismo Dios quién le mandó marcharse. Labán lo alcanzó, pero reconciliándose, hicieron las paces. A Jacob se le apareció una multitud de ángeles en Mahanaim y en contra de todos sus temores, su hermano Esaú le salió al encuentro con espíritu fraterno, para reconciliarse con él. Jacob se estableció en Siquém, en la tierra de Canaán, donde su hija Dina fue deshonrada por Siquém, el hijo de Hemor, rey de Siquém. Pero aunque hubo un intento de reparar tal deshonra, los hermanos de Dina, especialmente Rubén y Simeón, cogiendo una espada, la vengaron dolosa y bárbaramente, arrasando sus tierras, robando sus ganados y llevándose cautivos a sus mujeres e hijos. Jacob los reprendió y protegido por Yahvé abandonó Siquém.

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Dios le ordenó que cumpliera la promesa hecha en Betel y Jacob, recogiendo todos los ídolos que eran venerados por su gente los enterró bajo una encina cercana a Siquém. Habiendo llegado a Betel, Dios se le apareció nuevamente renovándole la promesa de tener una descendencia numerosa, de la que saldrían algunos reyes y que tomarían posesión de la tierra de Canaán. Jacob quedó amargado por el incesto de su primogénito Rubén, Raquel murió y Esaú sepultó a su padre Isaac. He resumido al máximo todos estos hechos, recomendando al mismo tiempo leer los capítulos 25-35 del Génesis, ya que en este punto, la historia de Jacob se entrelaza con la historia de José, el cual fue vendido por sus hermanos, alcanzó un alto cargo en Egipto e hizo venir a Jacob y a toda su familia asignándoles las tierras de Jessen. Jacob, antes de morir, bendijo a los dos hijos de José, Efraím y Manasés. Dio asimismo su bendición a cada uno de sus doce hijos y con espíritu profético reveló el futuro de las doce tribus. Muerto Jacob, José embalsamó su cuerpo que fue llevado solemnemente a Canaán y sepultado en Mambre, cerca de Hebrón, en la tumba de Abrahán e Isaac.

Las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob lleno de una afectuosa humanidad y muy inteligente en la defensa de su familia y de su pueblo, persuadido como estaba de vivir en la presencia de un Dios que le había escogido para realizar las promesas hechas a Abrahán e Isaac. Nunca, ni en los momentos más trágicos de su vida, vaciló en su fe en Dios. Vivió íntimamente unido a Yahvé, quién le había dicho: “He aquí que yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis, 28, 15). Esta Providencia Divina queda representada en la célebre “escala de Jacob” y en el voto de adorarle siempre como a su único Dios. Existen otros muchos pasajes en los cuales Dios le muestra su predilección y Jacob muestra su fidelidad, pero para no alargar el artículo recomiendo de nuevo leer los capítulos mencionados del libro del Génesis.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Sin embargo, Jacob también tuvo sus sombras, como la adquisición de la primogenitura por un plato de lentejas aprovechándose de la debilidad de su hermano, el engaño a su padre Isaac para conseguir de él su bendición y la debilidad mostrada ante sus hijos Simeón y Leví cuando vengaron de manera tan dolorosa la deshonra de su hermana Dina. Es verdad que las debilidades de su juventud pueden atribuirse en parte a su madre Rebeca, pero aun así, las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob como un Patriarca escogido por la Divina Providencia para guiar a su pueblo, haciendo que la historia de la Casa de Jacob se convierta en la historia de Israel.

Jacob destaca por su amor al prójimo, incluso a los no pertenecientes al pueblo de Israel, porque tiene predilección por los inocentes, porque perdona con facilidad las ofensas y sobre todo, porque su religiosidad es inquebrantable, vivida en una comunión constante con su Dios. Por eso es exaltado por los profetas Oseas y Malaquías, por eso es recordado en los libros de la Sabiduría, del Eclesiástico y en el de Judith e incluso en el Nuevo Testamento. Leer Hebreos, 11, 9-21; Mateo, 11, 8; Lucas, 13, 28, etc. San Lucas, refiriéndose al Mesías llega a decir: “Y reinará sobre la Casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin” (Lucas, 1, 33). También los Santos Padres de la Iglesia recurren frecuentemente a las páginas de la Biblia. La bendición obtenida por Jacob en sustitución de Esaú, así como aquella en la que Jacob bendice a los hijos de José cruzando los brazos, es tomada como sustitución de la Antigua por la Nueva Alianza.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Los guantes que en la Edad Medía se ponían los obispos se comparaban a aquellos de pelo usado por Jacob para obtener la bendición paterna. De hecho, el “Pontificale Romano”, en el momento de su bendición, dice lo siguiente: “Reviste, Señor, mis manos de la pureza de Cristo bajado del Cielo, para que como Jacob, vuestro predilecto, con las manos cubiertas con la piel de un cabrito, obtuvo la bendición de su padre ofreciéndole una agradable comida, del mismo modo, yo merezca la bendición de vuestra gracia para la oblación que mis manos hagan de la santa hostia”. La piedra sobre la que reposó su cabeza y que después ungió con aceite, es símbolo del altar donde se inmola el Santo Sacrificio y es por esto, por lo que en la consagración de una iglesia, en el momento de la bendición del altar se cantaba la antífona: “Assumpsit Jacob petram”.

Según San Agustín y San Isidoro de Sevilla, la piedra que Jacob ungió prefigura simbólicamente al mismo Cristo, cuyo nombre significa exactamente eso: “Ungido”. Otros, más rebuscados, dicen que esta piedra prefigura al evangelista San Juan que, apoyando su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, recibió la revelación de los secretos del cielo. Honorio de Autum – geógrafo y teólogo francés del siglo XII -, dice que las quince gradas de la escala de Jacob simbolizan la virtud, que los ángeles que subían representan la vida contemplativa y que los que bajaban, la vida activa. De Lía y de Raquel se hace simbolismo con Marta y María, las hermanas de Lázaro: una simboliza la vida activa y la otra, la contemplativa. María era la preferida de Jesús así como Raquel era la preferida de Jacob.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Con respecto al culto, Jacob ha seguido la misma suerte que el resto de los Patriarcas del Antiguo Testamento, especialmente, Abrahán y José, a veces con el añadido del rey David, según la genealogía marcada en el evangelio de San Mateo, 1, 1-17. Los menologios griegos lo conmemoran el 19 de diciembre o en el domingo anterior a la Navidad, mientras que los latinos lo conmemoran, junto con Abrahán e Isaac, el tercer domingo de Adviento. El Menologio de Basilio lo señala el 16 de diciembre, el calendario siro-maronita el 29 de diciembre. La Iglesia Armenia lo conmemora el sábado anterior al segundo domingo después de la Transfiguración. Los coptos lo festejan el 2 de septiembre y el Sinaxario Constantinopolitano lo conmemora en el Domingo de los Santos Padres, el 18 de diciembre junto con David y el 20 de diciembre, junto con Ananías, Azarías, Misael y Daniel.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cavalletti, S., “El sueño profético de Jacob y los nombres divinos”, Revista Antonianum, XXXIII, 1958.
– Holt, T.M., “Los Patriarcas de Israel”, Nashville, 1964.
– Santa Biblia.
– Schedl, Cl., “Historia del Antiguo Testamento, tomo I”, Roma, 1959.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.


O Sapiéntia,
Quae ex ore Altíssimi prodiísti,
Attíngens a fine usque al finem,
Fórtiter suaviterque dispónens ómnia:
Veni
Ad docéndum nos viam prudéntiae.
O Sabiduría,
Que brotaste de los labios del Altísimo,
Abarcando del uno al otro confín,
Y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
Ven
Y muéstranos el camino de la salvación.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Enoc, patriarca del Antiguo Testamento

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Elías y Enoc. Icono del siglo XVII que se encuentra en el Museo de Historia de Sanok, en Polonia.

Elías y Enoc. Icono del siglo XVII que se encuentra en el Museo de Historia de Sanok, en Polonia.

Pregunta: No he encontrado el santo de Enoc en el Martirologio Romano publicado en la web del Vaticano. Tampoco en ningún otro santoral de Internet. ¿Por qué no se considera santo a este destacado patriarca del Antiguo Testamento, que incluso fue nombrado por San Pablo y San Judas en sus epístolas? Gracias.

Respuesta: Sobre el patriarca Enoc (Henoc) es poquísimo lo que menciona la Biblia. Sólo el Libro del Génesis, en el capítulo 5, habla directamente sobre él, aunque bien es verdad que por su condición de “hombre justo”, es mencionado y alabado en otros textos sagrados. Enoc era hijo de Jared, el séptimo descendiente de Adán: “Vivió Jared ciento sesenta y dos años y engendró a Enoc. Y vivió Jared después de que engendró a Enoc, ochocientos años más y engendró a hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared, novecientos sesenta y dos años y murió. Vivió Enoc sesenta y cinco años y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc, trescientos sesenta y cinco años. Caminó pues Enoc con Dios y desapareció porque le llevó Dios”. (Génesis, 5, 18-12).

El escritor del Génesis dice que Enoc caminó con Dios, o sea, siguió sus mandatos y por eso Yahvé se lo llevó; le da el mismo tipo de muerte a Enoc que posteriormente se le da a Elías: “Y aconteció que yendo ellos hablando – Eliseo y Elías – he aquí que un carro de fuego con caballos apartó a los dos y Elías subió al cielo en un torbellino”. (II Reyes, 2, 11). Dios se los lleva, Dios interviene en la muerte del justo y así lo afirma el salmista: “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque Él me tomará consigo” (Salmo, 49, 15).

La expresión de alabanza “caminó con Dios” es atribuida entre los patriarcas, tanto a Enoc como a Noé. El Libro del Eclesiástico repite esta alabanza: “Enoc agradó al Señor y fue trasladado; él es modelo de conversión para las generaciones futuras”. (Eclesiástico, 44, 16) y esta alabanza al justo es completada y comentada por otro Libro Sagrado: “Porque se hizo agradable a Dios, el justo fue amado por Él y como vivía entre los pecadores, fue trasladado de este mundo. Fue arrebatado para que la maldad no pervirtiera su inteligencia ni el engaño sedujera su alma. Porque el atractivo del mal oscurece el bien y el torbellino de la pasión altera una mente sin malicia. Llegado a la perfección en poco tiempo, alcanzó la plenitud de una larga vida. Su alma era agradable al Señor y por eso, Él se apresuró a sacarlo de en medio de la maldad. La gente ve esto y no lo comprende; ni siquiera se les pasa por la mente”. (Sabiduría, 4, 10-14).

Traslado de Enoc. Relieve esmaltado.

Traslado de Enoc. Relieve esmaltado.

Ya en el Nuevo Testamento, San Pablo incide en este tema celebrando la fe de Enoc: “Por la fe, Enoc fue trasladado, de modo que no vio la muerte y no se le halló porque Dios le trasladó. Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor testimonio de haber agradado a Dios”. (Hebreos, 11, 5) y San Judas, dice: “A ellos se refería Enoc, el séptimo patriarca después de Adán, cuando profetizó: “Ya viene el Señor con sus millares de ángeles, para juzgar a todos y condenar a los impíos por las maldades que cometieron, y a los pecadores por las palabras insolentes que profirieron contra él” (Epístola de San Judas, 1, 14-15). O sea, Enoc es considerado un patriarca justo y santo, que sigue la senda de Dios y al que el mismo Yahvé lo arrebata, llevándoselo.

La tradición cristiana ha intentado abordar la escasa información bíblica existente, pero con explicaciones muchas veces contradictorias. En los Apocalipsis apócrifos se le presenta como una especie de mago adivinador de los misterios de la tierra, del cielo y del destino. En la traducción de la Vulgata, se añade al texto del Génesis, la frase “translatus est in paradisum” (trasladado al paraíso), una adición que no aparece en el texto original y que muchos han querido interpretar, entre ellos Santo Tomás de Aquino, no como una referencia a su tranquila muerte, sino como un traslado del aun Enoc vivo al paraíso terrenal. Incluso algunos han querido interpretar el texto del Apocalipsis, 11, 3: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio”, como que el escritor del texto sagrado se estaba refiriendo a Enoc y a Elías (que habían sido llevados al cielo), en el sentido de que vendrían a luchar contra el Anticristo al final de los tiempos. Tertuliano, en su obra “De anima”, lo dice textualmente: “translatus est Henoc et Elias, nec mors forum reperta est, dilata scilicet, caeterum morituri reservantur, ut Antichristum sanguine suo extinguant”, o sea, que Enoc y Elías están reservados para dejarse ver algún día en el mundo y vencer al Anticristo con su muerte.

Es distinta de este apócrifo de Enoc, una obra escrita en latín –ahora perdida -, pero cuyas huellas se han encontrado en el panteón de Godofredo de Viterbo, que murió en el año 1191, y en la que se recogen muchas noticias fabulosas sobre la estancia de Enoc y de Elías en el paraíso terrenal.

En el Islam, Enoc es identificado con el misterioso personaje Idris, del cual se hace mención dos veces en el Corán: “Idris fue uno de los primeros profetas mandado a las primeras generaciones de la descendencia de Adán. Desafortunadamente no se sabe mucho de él. Ha sido revelado que el fue el primero a quién se le reveló la ciencia de los números y que le fue dada mucha sabiduría. También se dice que Idris fue el hombre a quien conocen los judíos y cristianos como Enoc. Y Alá es quién mejor lo sabe”.

Dios se lleva a Enoc al cielo. Grabado de Gerard Hoet.

Dios se lleva a Enoc al cielo. Grabado de Gerard Hoet.

Enoc es puesto a veces entre los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Por ejemplo así lo trata Oecumenius, obispo de Trikka en su obra “Comentarios al Apocalipsis” de inicios del siglo VI. La Iglesia Copta celebra su fiesta el día 22 de enero y su asunción a los cielos, el día 19 de julio. En algunos menologios siríacos es conmemorado el primer martes posterior a la Pascua y el 7 de julio. La Iglesia Apostólica Armenia lo conmemora el 30 de julio. No está inscrito en el Martirologio Romano.

No quiero terminar el artículo sin hablar del Libro de Enoc, que es un libro inter-testamentario, que forma parte del canon bíblico de la Iglesia Ortodoxa Etíope, pero que no es aceptado como canónico por las demás iglesias cristianas, a pesar de haber sido encontrado en algunos de los códices de la “Septuagésima”. Los judíos etíopes lo incluyen en la Tanaj, a diferencia de los demás judíos actuales, que lo excluyen. Posiblemente la mayor parte del texto date del siglo I, aunque consta de varias partes escritas entre los siglos III antes de Cristo y el I después de Cristo. En esta web, puede leerse.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– El Corán
– ESPOSITO, M., “Un apócrifo de Enoc y de Elías”, Editorial Città di Vita, 1947
– Sagrada Biblia
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo IV”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Enlaces consultados (17/09/2014):
http://www.hameldb.com/foreign/henoc/
http://en.wikipedia.org/wiki/Enoch_(ancestor_of_Noah)
http://www.nurelislam.com/profetas/idris.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Gedeón, juez de Israel

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Gedeón selecciona a los 300 combatientes. Grabado de Christian Eduard Böttcher.

Gedeón selecciona a los 300 combatientes. Grabado de Christian Eduard Böttcher.

Hoy celebra la Iglesia la festividad de San Gedeón, juez de Israel. Siguiendo nuestra costumbre de escribir de vez en cuando sobre personajes del Antiguo Testamento, hoy quiero hacerlo sobre este personaje, muy importante para el pueblo de Israel y que es venerado como santo por parte de las Iglesias cristianas.

Su nombre hebreo (גדעון) es interpretado como “el que aplasta”, o simplemente, como “guerrillero”. Vivió en la primera mitad del siglo XI antes de Cristo y es una de las mayores figuras que, con la cualidad de juez, gobernó al pueblo de Israel (leer los capítulos 6 al 8 del Libro de los Jueces).

Era hijo de Joás, que pertenecía al clan de Abiézer, de la tribu de Manasés. Estaba en su patria, Ofrá, en el límite meridional de la llanura de Esdrelón, cuando un ángel del Señor se le apareció invitándole a abanderar las libertad de su pueblo, que en aquel momento soportaba continuas invasiones de bandas de ladrones madianitas, amalecitas y otros nómadas, que desde Transjordania se abalanzaban a Cisjordania “como las langostas se abalanzan sobre los cultivos” (Jueces, 7, 12). “El ángel del Señor fue a sentarse bajo la encina de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiézer. Su hijo Gedeón estaba moliendo trigo en el lagar para ocultárselo a los madianitas. El ángel del Señor se le apareció y le dijo: El Señor está contigo, valiente guerrero. Perdón, respondió Gedeón; si el Señor está con nosotros ¿Por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando nos decían: El Señor nos hizo salir de Egipto? Ahora Él nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián…” (Jueces, 6, 11 y siguientes).

Gedeón selecciona a los 300 en la fuente de Midrash. Biblia Alba de 1430.

Gedeón selecciona a los 300 en la fuente de Midrash. Biblia Alba de 1430.

Gedeón, que hasta entonces había sido capaz de mantener la fe en el verdadero Dios, en Yahvé – aunque su padre se había inclinado por dar culto al dios Baal, al igual que mucha gente de su tribu -, confortado por este signo de particular benevolencia divina, emprendió la obra de liberación religiosa de su pueblo, destruyendo el altar de Baal y transfiriendo inmediatamente esa liberación al plano político. Para eso, reunió a veintidós mil hombres de todas las tribus del norte, obtuvo una nueva señal de la divina complacencia y por mandato de Yahvé, redujo el número de sus soldados a diez mil y posteriormente, a trescientos. Así nos lo cuentan las Escrituras: “A la mañana siguiente, Gedeón se levantó de madrugada con la gente que lo acompañaba y acamparon en Jarod. Madián había acampado más al norte, al pie de la colina de Moré, sobre el valle. Entonces el Señor dijo a Gedeón: “la gente que te acompaña es demasiado numerosa para que yo ponga a Madián en sus manos. No quiero que Israel se gloríe a expensas mías diciendo “es mi mano la que me salvó”. Por eso, proclama ante el pueblo que el que tenga miedo o tiemble, que se vuelva”. Así, Gedeón los puso a prueba y muchos se volvieron quedando solo diez mil. Luego el Señor dijo a Gedeón: “Todavía hay demasiada gente; ordénales que bajen hasta el borde del agua y allí te los pondré a prueba. Irán contigo solamente los que yo te indique; los otros, no te acompañarán”. Gedeón hizo que la gente bajara hasta el agua y el Señor le dijo: “A todos los que beban con la lengua, como lamen los perros, los pondrás a un lado y a todos los que se arrodillen para beber, los pondrás al otro lado”. Los que lamieron el agua llevándosela a la boca, fueron trescientos; el resto de la tropa, en cambio, se arrodilló para beber. Y el Señor dijo a Gedeón: “Yo os voy a salvar con estos trescientos hombres y pondré a Madián en tus manos. Que el grueso de la tropa, regrese cada uno a su casa”. Los trescientos hombres recogieron los cántaros de toda la tropa y también sus trompetas, mientras Gedeón despedía a los otros israelitas, quedándose solo con esos trescientos. El campamento de Madián estaba en el valle, debajo del suyo”. (Jueces, 7, 1-8). ¿Quién no recuerda este episodio que nos contaban cuando éramos niños y nos enseñaban los primeros apuntes de las Sagradas Escrituras?

Victoria de Gedeón sobre los madianitas. Lienzo de Nicolás Poussin.

Victoria de Gedeón sobre los madianitas. Lienzo de Nicolás Poussin.

Y así, de noche, tocando trompetas y rompiendo cántaros, irrumpió sobre el ejército enemigo, el cual se dio a la fuga, cayendo en manos de algunos efraimitas que habían acudido en auxilio de Gedeón, quienes asimismo tomaron como prisioneros a los dos jefes madianitas, Oreb y Zeeb, matando al primero en la peña de Oreb y al segundo en el lagar de Zeeb. Posteriormente fueron a Transjordania – o sea, cruzaron el Jordán – capturando y matando a otros dos reyezuelos madianitas: Zeba y Salmana. Conseguida la victoria sobre Madián, retornó a su tierra, donde su pueblo entusiasmado por la victoria, le ofreció la corona de rey: “Los hombres de Israel dijeron a Gedeón: “Gobiérnanos tú y después de ti, que nos gobiernen tu hijo y tu nieto, ya que nos salvaste del poder de Madián”. Pero Gedeón les respondió: “Ni yo os gobernaré ni tampoco mi hijo; solo el Señor os gobernará”. (Jueces, 8, 22-23). Puso a Yahvé como dominador de su pueblo y se contentó con que le regalasen algunos objetos de oro.

Gedeón vivió otros cuarenta años durante los cuales, su país gozó de los beneficios de un largo período de prosperidad y de paz. Murió en su patria siendo anciano y teniendo numerosos hijos: “El país estuvo tranquilo durante cuarenta años, mientras vivió Gedeón… Gedeón tuvo setenta hijos propios porque tenía muchas mujeres. La concubina que tenía en Siquém también le dio un hijo a quién puso el nombre de Abimélec. Gedeón, hijo de Joás, murió después de una feliz vejez y fue enterrado en la tumba de su padre Joás, en Ofrá de Abiézer” (Jueces, 8, 28-32).

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

Las hazañas de Gedeón fueron celebradas siglos más tarde: “… Porque se confabulan de corazón y han hecho alianza contra Ti. Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos; Gebal, Amón y Amalec… Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; pon a sus príncipes como a Zeba y a Salmana…” (Salmo 82). Este salmo de Asaf, que se recuerda los viernes en el Oficio de Maitines, es una plegaria pidiendo la destrucción de los enemigos de Israel. También el profeta Isaías se suma a este elogio: “Porque tú quebraste su pesado yugo y la vara de su hombro y el cetro de su opresor, como en el día de Madián” (Isaías, 9, 4) y “Levantará Yahvé de los ejércitos un azote contra él como la matanza de Madián en la peña de Oreb y alzará su vara sobre el mar como hizo por la vía de Egipto” (Isaías, 10, 26).

Ya en el Nuevo Testamento es San Pablo quien alaba de fe de Gedeón: “¿Y qué más digo? Porque me faltaría el tiempo hablando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas, que por su fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron el filo de la espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en las batallas y pusieron en fuga a los ejércitos extranjeros” (Hebreos, 11, 32-34). Pero los elogios hacia Gedeón no finalizan en San Pablo. San Agustín, en su Sermón 108 lo llama “elegido por la gracia y santo” y también otros Santos Padres – como por ejemplo, San Ambrosio y San Gregorio Magno -, lo llaman “hombre justo querido por Dios, santo y en muchos aspectos, semejante a Cristo”.

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

En la Edad Media, tanto en el simbolismo como en las artes, se reproducen el doble milagro de Gedeón: cuando pide a Dios un signo y el ángel con su bastón hizo salir fuego de una roca: “El ángel del Señor le dijo: “toma la carne y los panes ácimos, deposítalos sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo”. Así lo hizo Gedeón. Entonces, el ángel del Señor tocó la carne y los panes ácimos con la punta del bastón que llevaba en la mano y salió de la roca un fuego que los consumió. En seguida, el ángel del Señor desapareció de su vista” (Jueces, 6, 20-21) y cuando Gedeón solicita a Dios una nueva prueba: “Gedeón dijo a Yahvé: “si realmente vas a salvar a Israel por mi intermedio como me lo has prometido, concédeme esto que te pido. Voy a tender un vellón de lana sobre la era; si cae rocío solamente sobre el vellón y todo el resto queda seco, sabré que tu salvarás a Israel por mi intermedio tal y como me lo has dicho”. Y así sucedió: Gedeón se levantó de madrugada, exprimió el vellón para sacarle el rocío y llenó con él una copa de agua. Después dijo a Dios: “No te enojes conmigo si me atrevo a hablarte nuevamente. Quisiera hacer otra prueba con el vellón: que sólo el vellón quede seco y todo el suelo se cubra del rocío”. Y así lo hizo Yahvé aquella noche: solo el vellón quedó seco, mientras que el suelo estaba cubierto de rocío” (Jueces, 6, 36-40).

De este texto, algunos exégetas bíblicos han hecho estas interpretaciones: una primera que ve en el vellón de Gedeón un símbolo de la nación judía favorecida por el rocío divino, mientras que las otras naciones quedaban áridas y posteriormente, otra interpretación en la que por su obstinación contra el mensaje de Cristo, Israel es abandonada por la gracia divina, que a su vez, se extiende sobre el resto de las naciones. Pero existe otra interpretación aun más popular: como la zarza ardiente de Moisés que arde sin consumirse (Éxodo, 3, 2), el vellón de Gedeón viene a ser como un símbolo de la maternidad virginal de María: el vellón lleno del rocío es la imagen de la Virgen fecundada por el Espíritu Santo, que desciende sobre ella como el rocío lo hizo sobre el vellón. Jesús en su seno es “como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra” (Salmo 72, 6). Cuando el terreno se mantuvo seco, simboliza que su virginidad quedó intacta: “Dominus sicut pluvia in vellus descendit, matris fecunditatis attulit, virginitatem non abstulit”, como escribía San Honorio de Arlés o como dice el Psalterio de Petersburgo del siglo XIII: “Virginitas est vellus, verbum ros, arida tellus est caro virginia” (La virginidad es el vellón, el Verbo es el rocío y la tierra árida es la carne de la Virgen). Vemos que estos textos han sido tomados como previsiones de la venida del Mesías.

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

Tumba de Gedeón en la cordillera de Gidonum, Itamar, Asentamiento israelí en las montañas de Samaría.

En el siglo XV, el vellón de Gedeón fue el emblema del Vellón de Oro de los duques de Borgoña. La corporación de curtidores de pieles de Pontoise, lo adoptó como insignia de sus estandartes, con una banda de un blanco inmaculado que decía: “Vellus Gedeonis copertum rore”. Finalmente, digamos que San Gedeón, junto con San Josué, es conmemorado en el Martirologio Romano el día 1 de septiembre pero que sin embargo, los menologios griegos lo recuerdan en el día de hoy y la Iglesia Etiópica lo celebra el 12 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Sagrada Biblia
– TAMISIER, R., “El Libro de los Jueces en la Santa Biblia”, París, 1949.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es