Beato Pío Alberto del Corona, obispo fundador

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Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Hoy es beatificado en San Miniato (Italia) el Venerable Siervo de Dios Pío Alberto del Corona, obispo dominico y fundador de las Hermanas Dominicas del Espíritu Santo. Por este grato motivo, queremos dedicarle este artículo en esta fecha tan señalada.

Alberto del Corona nació el 5 de julio del año 1837 en Livorno, en un barrio muy popular llamado “Venezia”, siendo hijo de José Del Corona y de Ester Bucalossi, ricos comerciantes de calzado. Fue bautizado tres días más tarde en la catedral de la ciudad, donde le impusieron el nombre de Alberto Francisco Filomeno. Fue el cuarto y último hijo del matrimonio ya que su madre murió cuando el niño solo tenía dos años de edad. De su infancia no se sabe prácticamente nada; solo existe una carta que revela que estuvo algún tiempo en Tremoleto junto a unos antiguos zapateros. Su hermana Teresa fue quién hizo las veces de madre. A pesar de ser muy joven, sentía verdadera pasión por la música, a la que siempre amó y con la cual se deleitaba, aunque no fue capaz de adaptarse a sus estudios. También sentía atracción por las ciencias, en especial, por las matemáticas.

Con diez años de edad fue estudiante externo de los padres barnabitas en el Colegio de San Sebastián, donde se le dieron muy bien las asignaturas de letras y donde fue educado por espacio de cinco años. Tuvo tal pasión por los estudios que tuvieron que prohibirle en más de una ocasión que estudiase, proponiéndole que compaginara los estudios con las distracciones. Esto fue para él “como si le quitaran la vida”. El 16 de abril del 1851, hizo la Primera Comunión en la iglesia de los barnabitas, y desde ese momento mostró un especial amor hacia la Eucaristía, amor que siempre caracterizaría su espiritualidad.

Con catorce años de edad se inscribió como aspirante en las Conferencias de San Vicente de Paúl, siendo destinado a la distribución de ayuda a las familias pobres y a enseñar la catequesis durante las clases de la tarde en la iglesia de los dominicos; en el cumplimiento de estas tareas, se ganó los elogios del Beato Federico Ozanam, que estuvo en Livorno en el año 1853. Estuvo asociado a la Tercera Orden Dominica durante los años 1851 al 1854, cuando en el convento de Santa Catalina estaba como prior el padre Domenico Verda y como párroco, el padre Constancio Mori. Tenía un carácter muy vivo, un talento muy versátil que desde muy pequeño estaba inclinado hacia la piedad, lo que hacía que a veces pusiera su casa patas arriba montando púlpitos para predicar, altares, etc. Su mayor placer era escuchar la palabra de Dios en la iglesia, por lo que asistía a todos los sermones, sin moverse como si fuera una estatua, siempre mirando fijamente al predicador para luego repetir, palabra por palabra, el sermón que había escuchado.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Sintiendo la llamada a la vida religiosa, Alberto tomó su decisión estando en Montenero, un santuario mariano cercano a Livorno. Teniendo dudas acerca de si marchar con los barnabitas o con los dominicos, se decidió por estos últimos debido a su devoción a Santa Catalina de Siena y a la atracción por la vida dominicana, que era monástica y apostólica al mismo tiempo, vida dividida entre la oración, el estudio y la predicación. La partida de su amigo Hugo Becherini, que dejó Livorno para tomar el hábito en el convento de San Marcos donde cambió su nombre por el de Ludovico el día 27 de mayo del 1854, fue un estímulo para su decisión y con diecisiete años de edad, o sea, ese mismo año, entró como postulante en el convento de San Marcos en Florencia. Aunque dejó contento su casa paterna, su naturaleza y el cariño a los suyos se impuso y pasó llorando en el convento sus ocho primeros días.

El 1 de febrero del año 1855, vigilia de la Purificación de Nuestra Señora, después del canto de Vísperas, vistió el hábito dominicano tomando el nombre de Pío Tomás. El 3 de noviembre del 1859 hizo su profesión religiosa, consiguiendo una dispensa de veintiún meses requerida por las leyes imperantes en la región de Toscana, dispensa que fue verdaderamente extraordinaria “por ser fray Pío Del Corona un joven de una capacidad intelectual poco común y una conducta ejemplar”.

Como las humanidades las había estudiado con los padres barnabitas, fray Pío continuó con sus estudios filosóficos y teológicos y el 20 de noviembre del 1859 recibió el título de lector, o sea, se había laureado. Fue ordenado de sacerdote y el 12 de febrero del 1860, con solo veintitrés años de edad, celebró su Primera Misa en la iglesia de San Marcos de Florencia. Inmediatamente fue destinado a impartir clases de filosofía, teología y lenguas, teniendo entre sus alumnos a estudiantes tan excepcionales como el padre Ambrosio Luddi, quién llegaría a ser obispo de Asís y a monseñor Donato Velluti, que llegaría a ser arzobispo titular de Patrasso.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Desde los primeros años de su sacerdocio se reveló en él una especial cualidad como orador y como escritor, predicó el Adviento en la catedral de Florencia y publicó la obra “Elevazioni sull’Eucaristia e i quattro cardini della felicità” (Las elevaciones sobre la Eucaristía y los cuatro pilares de la felicidad). Entre los años 1872 y 1874 ejerció la responsabilidad de prior en el convento de San Marcos y tras la expulsión de los religiosos, se esforzó muchísimo para recuperar el convento de Santo Domingo en Fiesole, que más tarde compró y reabrió el 10 de noviembre del 1879.

Diez años antes, el encuentro que tuvo con la señora Elena Bonaguidi, lo indujo a realizar una inspiración que había tenido mientras leía la vida de Santa Paula de Roma y que era, fundar una Comunidad que reflejara la fundada por la Santa en el Aventino. Esta inspiración se materializó el 12 de noviembre del 1872, cuando con la aprobación del padre Vicente Jandel – que era el general de la Orden -, se inauguró la pequeña comunidad de Villa Nuti, en la calle florentina de Santa Marta.

Entre los años 1875 y 1878 se construyó en la vía Bolognese un monasterio más grande el cual se puso bajo la advocación del Espíritu Santo y el 28 de octubre ingresaron las primeras diez terciarias las cuales vistieron el hábito religioso de las propias manos del padre fundador. En los primeros años del pontificado del Beato Pío IX se aprobó la fundación del nuevo monasterio, encargándose de la dirección espiritual monseñor Pío Del Corona – que ya había sido consagrado obispo en el 1875 -, permitiéndosele que lo visitase cada dos meses. El 21 de junio del 1881 fue terminada y bendecida la nueva capilla del monasterio, que posteriormente, el 7 de junio del año 1906 fue consagrada de manera solemne por el propio fundador. A este monasterio, casi recién construido, comenzó a denominársele “Asilo”. Esta comunidad, que había estado bajo la jurisdicción del obispo de Florencia, fue transferida a la jurisdicción de la Orden Dominica el 5 de septiembre del 1912.

De cuerpo presente.

De cuerpo presente.

Como hemos dicho anteriormente, en el mes de noviembre del 1874, el Beato Papa Pío IX nombró al padre Pío Alberto obispo titular de Draso y coadjutor de monseñor Aníbal Barabesi, obispo de San Miniato. Este último, teniendo serios problemas con algunos sacerdotes de su diócesis, fue invitado por la Santa Sede para que dimitiera, pero como se negó le pusieron un obispo auxiliar para que buscara la paz entre el clero y se encargara de la tarea de gobernar espiritualmente la diócesis, dejando para Barabesi solo las tareas económicas y administrativas. Fue consagrado obispo el día 3 de enero del 1875 en la iglesia romana de San Apolinar e hizo su ingreso en San Miniato el día 18 del mismo mes, ganándose muy pronto el cariño y la estima de todos hasta el punto de que el Papa, en un Breve Pontificio se complacía alabando su prudencia y su caridad. En un principio, la convivencia entre los dos obispos fue difícil y problemática, pero muy pronto llegaron a convertirse en dos grandes amigos. Barabesi, hasta su muerte, continuó viviendo en el palacio episcopal y cobrando el estipendio que el Reino de Italia tenía asignado a todos los obispos, mientras que el Beato Pío Alberto se vio obligado a vivir de las donaciones de sus feligreses, hospedándose fuera del obispado.

Durante su episcopado realizó numerosas visitas pastorales a los centros parroquiales y sociales de la diócesis, estuvo muy atento a la formación del clero, impartiendo él mismo algunas clases a los seminaristas. En este tiempo escribió e imprimió “La Pequeña Summa Teológica” e “Historias y doctrinas evangélicas”, dos obras ricas en doctrina y en piedad. En 1887 predicó la Cuaresma en San Miniato y consagró la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Periódicamente, enviaba cartas pastorales tanto al clero como a los fieles y él mismo predicaba las misiones en la diócesis, visitaba los hospitales y las cárceles, llegando incluso a dar ejercicios espirituales a un grupo de presos. Dio clases de religión en el Colegio de Santo Tomás de Aquino en San Miniato, interesándose por los estudiantes, seglares y clérigos, no solo intelectualmente sino espiritualmente. Cuando el colegio fue cerrado a causa de sus deudas, él, aunque no estaba obligado, se hizo cargo de buscar el dinero para saldarlas.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Cuando en el año 1897 murió monseñor Barabesi, a pesar de su negativa, fue nominado obispo de San Miniato, nombramiento que fue recibido con mucho júbilo tanto por el clero, como por los religiosos y los fieles de la diócesis. En 1899 fue nombrado asistente al Solio Pontificio y el 18 de enero del año 1900 celebró las bodas de plata de su consagración episcopal. Cuando el 4 de agosto de 1906 se acercó al “Asilo” para celebrar la festividad de Santo Domingo, comenzaron a manifestársele los síntomas de una enfermedad hepática de la que nunca se recuperaría. A esto se le unió una ceguera prácticamente total que le obligó a solicitar ser relevado del gobierno de la diócesis, pidiendo retirarse al convento de Santo Domingo a fin de prepararse para la muerte en la quietud de su claustro.

San Pío X le aceptó la renuncia desligándolo de toda responsabilidad pastoral y el 14 de septiembre del 1906 nombró al entonces arzobispo de Pisa como administrador apostólico de la diócesis de San Miniato. Más tarde, en el 1908, fue elegido el nuevo obispo en la persona de monseñor Carlos Falcini, siendo elevado nuestro Beato a la dignidad de arzobispo de la sede titular de Sardica. Desde el 1906 al 1912, alternó su estancia entre el convento de Santo Domingo de Fiesole y el monasterio del “Asilo” en Florencia y como la ceguera le impidió tanto el leer como el escribir, se dedicó por completo a la meditación y a la oración, aunque en el 1908 se sometió a una operación de cataratas que le permitió, de manera parcial, el reiniciar la publicación de algunas otras obras. En Santo Domingo observaba estrictamente la Regla, siendo un verdadero modelo de vida para todos los frailes del convento. El 3 de noviembre de 1909 celebró las bodas de oro de su profesión religiosa y el 12 de febrero del año siguiente, el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal. Estos dos acontecimientos le procuraron todo tipo de felicitaciones, incluida una carta personal del propio Papa. Tanto el convento de Santo Domingo como el monasterio del “Asilo” se disputaban el honor de la celebración de esta Misa de oro, pero él se sustrajo a toda fiesta y se retiró durante tres días al convento de los pasionistas en Galluzzo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

No obstante en empeoramiento de su salud, el 18 de febrero de 1912 se empeñó en iniciar la predicación de los ejercicios espirituales de las Hermanas del Asilo, pero la creciente fiebre le obligó a renunciar al sexto día. Con la esperanza de mejorar su salud cambiando de aires, volvió a Santo Domingo, aunque esta última tentativa para recuperar la salud resultó completamente inútil por lo que, como continuaba agravándose su enfermedad, el 29 de julio decidió retornar al “Asilo”, que era el lugar elegido para morir. Hemos de tener en cuenta que entre Florencia y Fiesole hay solo unos diez kilómetros de distancia, pero mientras Florencia está en la vega del río Arno, Fiesole se encuentra en un lugar más alto.

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El 15 de agosto del 1912, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, el mismo día que él había profetizado, rodeado de sus hijas, murió en Florencia. Fue sepultado en el cementerio de Soffiano en Florencia, aunque el 21 de octubre de 1925 su cuerpo fue trasladado a la cripta de la iglesia del “Asilo”, donde aun descansa.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Su Causa de beatificación fue incoada en la diócesis de Florencia en el año 1941, concluyéndose el proceso informativo en el año 1959. El decreto validando sus escritos fue publicado el 3 de diciembre de 1971 y el que validó todo el proceso informativo, el 4 de junio del 2004. Fue declarado Venerable el 9 de octubre del año 2013 y el 17 de septiembre del año pasado fue decretada la aprobación del milagro previo a la beatificación, ceremonia que, como dije al principio, se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Enlace consultado (19/08/2015):
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San Barsoum al-‘Uryan el desnudo

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Icono copto del Santo.

Icono copto del Santo.

Barsoum (Barsauma), cuyo nombre en siríaco significa “hijo del ayuno”, nació en El Cairo a mediados del siglo XIII en el seno de una rica familia. Su padre, al-Wagih Mufaddal, era un secretario de la administración civil en tiempos del reinado de Saragat al-Durr (1250-1252), la última reina de la dinastía ayyubida y también la única mujer que ha gobernado en toda la historia del Egipto islámico. La madre de Barsoum pertenecía a la familia de al-Tabban, que también era muy rica e influyente. Algunos historiadores, como Graf y Coquin, sostienen que Barsoum también era un funcionario al servicio de Saragat al-Durr, pero este dato no es confirmado por ninguna fuente hagiográfica. Según la datación más probable – que es la que defiende Kamil -, durante el reinado de Saragat al-Durr, Barsoum era solamente un niño.

Después de la muerte de sus padres, un tío materno se quedó con toda la herencia que le correspondía a Barsaum y él, que tenía unos veinte años de edad, en vez de hacer valer sus derechos ante las autoridades civiles, decidió dejar el mundo con todas sus comodidades y vivir pobremente a las afueras de la ciudad. Llevaba puesta solamente una capa arrugada que apenas lo cubría y de ahí le viene el apelativo de “el desnudo”. El historiador Mufazzal al-Mufaddal afirma que Barsoum se dedicó a llevar una vida ascética pero no en las afueras de la ciudad, sino dentro de la iglesia de Harat Zuwaylah de El Cairo.

Transcurridos cinco años, Barsoum se estableció en una gruta dentro de la iglesia de San Mercurio, en el Cairo Viejo. A excepción del Sinaxario Copto y de un Antifonario también copto, el resto de las fuentes históricas dicen que dentro de la gruta había una enorme serpiente que, gracias a las oraciones de Barsoum, se convirtió en un animal doméstico que convivió con él por espacio de unos veinte años, pasados los cuales, el santo se mudó a la terraza de la iglesia, en la que vivió otros quince años.

Tumba del Santo.

Tumba del Santo.

En el año 1301 los musulmanes desencadenaron contra los cristianos una terrible persecución y para identificarlos, les obligaron a ir vestidos de azul. Barsoum no hizo caso, siguió con su raída capa y un turbante blanco, por lo que fue arrestado y encarcelado. El hagiógrafo Coquin defiende que el motivo del arresto fue otro: el santo habría permanecido de manera ilegal dentro de un edificio público. En prisión estuvo menos de una semana, pasada la cual le permitieron que viviera donde y como quisiera. Él, entonces, se fue al monasterio de Sahran, en las cercanías de Hilwan, al sur de El Cairo y continuó llevando el turbante blanco sin mostrar ningún miedo a las autoridades musulmanas. Así anduvo durante unos quince años, muriendo el día 5 del mes nasi del año 1033 (28 de agosto del año 1317), o sea, que murió siendo anciano.

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Fue sepultado en el monasterio de Sahran, que inmediatamente fue llamado monasterio de San Barsoum, que se convirtió en meta de peregrinación de fieles tanto coptos y de otras tradiciones cristianas, como musulmanes. Al santo se le atribuyen más de treinta milagros tanto realizados en vida como después de muerto y su fama de santidad traspasó las fronteras de Egipto e incluso, de la Iglesia Copta. Así lo recuerda el historiador melquita Ibn al-Suqa’i, que fue contemporáneo suyo.

Detalle de la tumba del Santo.

Detalle de la tumba del Santo.

Aunque era un asceta, en verdad no fue un monje en el sentido estricto de la palabra y no tuvo ninguna autoridad eclesial. Aun así, San Barsoum es uno de los santos más populares en Egipto. De hecho, la Iglesia Copta lo compara con Moisés, San Juan Bautista, San Pablo el primer ermitaño y San Antonio abad.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Crum, W.E., “Barsauma the Naked”, Sociedad de Arqueología Bíblica, 1907
– Tawdrus, S., “La diócesis de Hilwan y el monasterio de San Barsauma el desnudo”, al-Qahira, 1972.
– VV.AA., “El gran santo Apa Barsauma el desnudo”, al-Qahira, 1988
– VV.AA., “Historia de la vida del gran Santo Amba Barsauma el desnudo, en la historia de los padres de la Iglesia Copta”, al-Qahira, 1936.
– Wadi, A., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlace consultado (23/08/2015):
– www.biblicalarchaeology.org

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San Cornelio, papa mártir

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San Cornelio. Giuseppe Franchi, Pinacoteca ambrosiana, Milán.

San Cornelio. Giuseppe Franchi, Pinacoteca ambrosiana, Milán.

Muerto el papa San Fabián, martirizado en el mes de enero del año 250, no fue posible elegir de inmediato a su sucesor porque la violenta persecución de Decio desaconsejaba cualquier elección, ya que el nuevo obispo de Roma sería inmediatamente eliminado. Consecuentemente, la sede vacante duró unos catorce meses, o sea, hasta marzo del año 251, en el que se atenuó la persecución, ya que el emperador había salido de Roma. Hasta ese momento, la iglesia romana había sido dirigida por un consejo de presbíteros, uno de los cuales era un tal Novaciano y, por mayoría, se decidió elegir al presbítero Cornelio como sucesor del obispo Fabián.

Según el capítulo XXII del “Liber Pontificalis”, el nuevo obispo era originario de la propia Roma y pertenecía a la “gens Cornelia”. Son insuficientes esta y otras afirmaciones provenientes de esta misma fuente y las noticias que podemos considerar como más fidedignas provienen de algunas cartas escritas por un contemporáneo suyo: San Cipriano de Cartago. Los méritos de Cornelio para acceder a la sede de Pedro no eran pocos, pues después de haber pasado por todos los grados de la jerarquía, había asumido el sumo pontificado no por su propia iniciativa sino, como nos lo cuenta el propio San Cipriano: “por su humildad, su prudencia y su bondad”.

Sin embargo, su elección fue contradicha por un grupo de clérigos capitaneados por Novaciano – quien pretendía ser el elegido -, los cuales lo calumniaron diciendo que Cornelio había traicionado su propia fe durante la persecución de Decio. Entonces, Novaciano se hizo elegir y consagrar como obispo de Roma originándose “un gravísimo cisma” según las palabras de Eusebio de Cesarea en su “Historia Ecclesiastica”.

Relicario en Carnac (Francia).

Relicario en Carnac (Francia).

Fuera de la ciudad de Roma, la situación se complicó sobremanera porque tanto uno (Cornelio) como el otro (Novaciano) comunicaron su elección al resto de las sedes episcopales. Casi todos los obispos quedaron perplejos y una muestra de ello es que, antes de reconocer a Cornelio como papa, el propio Cipriano – según nos cuenta en una de sus cartas -, envió a Roma a dos obispos para que “in situ” se informaran lo más exactamente posible acerca de lo que había sucedido. Informado puntualmente del desarrollo de los hechos, se posicionó a favor de Cornelio y se esforzó todo lo que pudo para que otros muchos obispos también reconocieran su autoridad, condenando el cisma provocado por Novaciano.

Pero la Iglesia de Antioquia no quiso aceptar a Cornelio, mostrándose más favorable a Novaciano, ya que compartía sus opiniones en relación a la admisión de los “lapsi” que habían abjurado durante la persecución de Decio. Cornelio escribió una larguísima carta al obispo Fabio de Antioquia, a fin de justificar su conducta, informarle del comportamiento de Novaciano y explicarle las deliberaciones del sínodo celebrado en Roma en el otoño del año 251, en el que se excomulgó a Novaciano y en el que participaron más de sesenta obispos, los cuales habían aceptado los cánones disciplinarios emitidos por un sínodo precedente celebrado en Cartago sobre este mismo tema de los “lapsi”. Según Eusebio, en esta carta se le informa también de la composición del clero romano: cuarenta y seis sacerdotes, siete diáconos, siete subdiáconos, cuarenta y dos acólitos y cincuenta y dos entre exorcistas, lectores y ostiarios.

Poco a poco, la situación se fue normalizando tanto dentro como fuera de Roma, aunque unos pocos sacerdotes se negaron a aceptar a Cornelio. Pero en junio del año 252, el emperador Treboniano Galo desencadenó una nueva persecución y culpando al Papa Cornelio de ofender a los dioses romanos y, consecuentemente, ser el culpable de una epidemia que sacudió a la ciudad, lo hizo encarcelar y condenar al exilio en Centumcellae (hoy, Civitavecchia), donde murió en el mes de junio del año siguiente, según nos lo cuenta el propio San Cipriano, quién en algunas de sus cartas le da el calificativo de mártir.

Lápida sepulcral en las catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

Lápida sepulcral en las catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

Este calificativo de mártir está confirmado por una inscripción encontrada en las catacumbas romanas de San Calixto, donde en su lápida sepulcral de mármol está grabada en latín la expresión “Cornelius ep(iscopus) martyr”. Este es un caso único en los primeros siglos del cristianismo, ya que normalmente, los nombres se escribían en griego. Su cuerpo permaneció durante algún tiempo en Civitavecchia, siendo a finales del siglo III cuando fue trasladado a las catacumbas de Calixto. Es muy probable que la fecha del 14 de septiembre recuerde este traslado, pero hay que decir que esta fecha coincide con la de su amigo, San Cipriano de Cartago. De esto, ya da testimonio San Jerónimo en su obra “De viris illustribus”.

Su sepulcro fue adornado en tiempos del Papa San Dámaso, que como sabemos, ocupó la sede de San Pedro entre los años 366-384, quien redactó unos versos en su honor. Aunque el “Liber Pontificalis” dice asimismo que fue el Papa Cornelio el que llevó lejos de las catacumbas los cuerpos de los apóstoles Pedro y Pablo, sepultando al primero en la colina Vaticana y al segundo en la Vía Ostiense, esta noticia no es digna de credibilidad y está únicamente basada en una “passio Cornelii”, que tiene escasísimo valor histórico.

Relicario en Kornelimünster (Alemania).

Relicario en Kornelimünster (Alemania).

Como sobre su breve pontificado podemos decir muy pocas cosas más, hablemos de sus reliquias. Según Styger, el traslado del cuerpo desde Civitavecchia hasta el cementerio de Calixto no se hizo antes de finales del pontificado del Papa San Cayo, o sea, antes del año 296; de hecho, los Papas del siglo III, desde Ponciano a Cayo están sepultados en la llamada “Cripta de los Papas” del cementerio de Calixto a excepción de Cornelio que, según el “Liber Pontificalis” fue sepultado “in cripta iuxta cymiterium Calisti”. Por eso hemos dicho que de aquí debemos deducir que el traslado de los restos del Papa Cornelio se llevó a cabo no antes de la muerte de San Cayo.

En el año 1852, De’Rossi encontró también esta cripta con el epígrafe sepulcral al que hemos hecho referencia y algunos frescos bizantinos. El fragmento de un epígrafe “(Cor)nelius Martyr” descubierto junto a la Vía Appia, no muy lejos de esta cripta, le permitió a este arqueólogo en el año 1849 identificar los restos de una Basílica que el Papa San León Magno había dedicado a San Cornelio a principios del siglo V. Es el “Liber Pontificalis” el que afirma: “Fecit autem basilicam beati Corneli episcopi et martyri iuxta Cemeterium Calisti, Via Appia”. Creo que no hace falta traducción.

A finales del siglo VIII, las reliquias de San Cornelio fueron trasladadas por el Papa Adriano I al territorio de Capracoro, en el “Agro Veiente”, territorio que Adriano había anexionado, junto con su casa paterna, a los bienes de San Pedro, llegando a ser una de las primeras “domuscultae” (una domusculta era una hacienda agrícola, relativamente grande, que entre los siglos VIII al X pasaron a ser patrimonio papal). Esta fue una iglesia magnífica en la que, junto con las reliquias de San Cornelio, se pusieron también las de los santos Papas Lucio, Félix e Inocencio. En una bula del Papa San León IX, emitida en el 1053 se fundó la “Cornelianum in Caprocoro”, que aunque era grande y rica tuvo una vida muy breve, pues el “Monasterium Sancti Corneli” ya estaba en ruinas en el año 1138, en tiempos de Adriano IV. En tiempos del Papa Gregorio IV, las reliquias del santo fueron trasladadas a la iglesia romana de Santa María in Trastévere.

Relicario en Arquennes (Francia).

Relicario en Arquennes (Francia).

En cuanto a la ubicación de su iglesia en Capracoro, podemos decir que se encontraba en la parte más meridional de la domusculta, en el lugar llamado S. Cornelia, actualmente conocido como Cento Uccelli, entre las vías Cassia y Flaminia.

A este santo se le han dedicado numerosas iglesias en diversos países europeos y, como es larga la lista, no las vamos a enumerar, aunque sin embargo no podemos pasar por alto a la abadía francesa de Compiègne, a la iglesia de Carnac, o a la célebre alemana Cornelimünster. Y sobre sus representaciones iconográficas tampoco me quiero extender, aunque si mencionar que la primera es del siglo VI junto a su sepultura en el cementerio de San Calixto y del mismo siglo, su representación en la procesión de los mártires en la Basílica de San Apolinar Nuevo de Ravenna. Parece que es anterior, un fragmento de retrato proveniente del monasterio de San Paolo fuori le Mure, pero como digo es un documento fragmentario y “dudoso”.

San Cornelio es representado a veces con un cuerno y este es el por qué según Jean Mathieu-Rosay: “En Bretaña, los ganaderos paganos adoraban a un tal Corneno, que era un horrible ídolo con cuernos. Los misioneros de la región de Carnac no lograban alejarlos de esa superchería y que se convirtieran al cristianismo y basándose en el sabio principio de que nunca se termina de suprimir lo que no se reemplaza, eligieron de entre la relación de santos cristianos el nombre que tenía más posibilidades de sustituir a Corneno. Y el escogido fue Cornelio. No eran tiempos para que los bravos bretones se fijaran en cuestiones de ortografía… aunque quedaba el problema de los cuernos, que como es natural, no cabían en la figura de un Papa. La solución consistió en que, en lugar de ponerlos en su cabeza, se los pusieron en las manos y de este modo, los bretones aceptaron a San Cornelio y le confiaron sus ganados”.

San Cornelio. Tabla del Maestro de Messkirch, (ca.1535), Alemania.

San Cornelio. Tabla del Maestro de Messkirch, (ca.1535), Alemania.

San Cornelio es también el santo patrono de quienes sufren enfermedades nerviosas, y en ese sentido, sigue diciendo Jean Mathieu-Rosay: “En cuanto al patronazgo de las enfermedades nerviosas, este surgió en la Edad Media. En aquella época se intentaba calmar a los epilépticos haciéndoles oler aromas imposibles, como por ejemplo, el de un cuerno quemado. Siendo así que San Cornelio era representado con un cuerno en la mano, se hizo de él una especie de caja mágica para sanar toda clase de enfermedades nerviosas. Sin investigar con mayor detenimiento la relación entre ambas cosas, se le “confió” la mencionada especialización suplementaria. Y todavía hoy, en la celebración de septiembre, los cristianos de la región llevan a sus familiares afectados de convulsiones para que sean bendecidos por los sacerdotes de la parroquia. El bueno de Cornelio, sin dudas rendido ante la fe de los que invocan su favor ante Dios, les corresponde con su intercesión”.

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Desde el siglo XII, hay testimonios de su culto en la iglesia romana de Santa María in Trastévere y que ya entonces gozaba de veneración popular lo atestigua las imágenes existentes tanto en el interior como en el exterior de la Basílica Vaticana. Su nombre figura en el canon de la Misa y su fiesta se celebra hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Aprile, R. y Gordini, G.D., “Bibliotheca sanctórum, tomo IV”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
Liber Pontificalis
– Rosay, J. M., “Los Papas: de San Pedro a Juan Pablo II”, Ediciones Rialp, Madrid, 1990.
– Styger, P., “Römische Märtyrergrüfte”, Berlín, 1935.
– Wilpert, J., “La cripta de los Papas y la capilla de Santa Cecilia”, Roma, 1910.

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Virgen de la Luz de Navajas

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Grabado de la Virgen de la Luz, patrona de Navajas, Castellón, España.

Grabado de la Virgen de la Luz, patrona de Navajas, Castellón, España.

Cuando en el año 1670 se realizaron unas reformas para sustituir el viejo retablo mayor de la iglesia parroquial de Navajas, apareció en un hueco una imagen de la Virgen en un relicario de madera dorado. Era una tablilla cuadrada de 20 x 20 centímetros en la que aparecía sobre fondo negro, la imagen de la Virgen cubierta por una toga. Sobre su autoría siempre se ha comentado que podría ser una pintura italiana del s.XVI.

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Se le adjudicó inicialmente la advocación de la Virgen del Sagrario, pero el pueblo fue consultado y por mayoría se eligió el de Virgen de la Luz. Es en el año 1810, cuando el pequeño icono de la Virgen fue escondido en la casa de un devoto de la Vall de Almonacid para regresar cuando aquellos abandonaron su asedio. En 1894 se bendijo su nuevo camarín que se había construido en la capilla del Sagrario del templo parroquial. Ya consolidada esta devoción, en 1904 fue aprobada canónicamente su cofradía. Es en julio de 1936 cuando fue destruido el icono y es por lo que fue repuesto en 1939 por una copia idéntica, al igual que el relicario actual.

En tiempos modernos se hizo pública la aparición en el Convento de las Dominicas de Castellón de un retablo que podría ser el original de la patrona de Navajas, obra de Juan de Juanes del siglo XVI, y que se daba por desaparecido desde la Guerra Civil Española. Este retablo fue posiblemente ocultado por temor a las represalias de los moriscos durante las revueltas moriscas de la sierra de Espadán y es el que hemos mencionado que se retiró durante unas obras en la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de Navajas en 1670.

La anterior advocación bien pudo ser la de la Inmaculada Concepción, ya que bajo este nombre está puesta la iglesia parroquial y era grande la devoción por esta advocación por parte de los reyes de Aragón, cosa que motivó que promocionaran su culto, regalando iconos de esta imagen en lugares de su influencia.

Procesión de la venerada imagen por las calles de Navajas, Castellón (España).

Procesión de la venerada imagen por las calles de Navajas, Castellón (España).

La iglesia de la Inmaculada de Navajas es un edificio construido en el siglo XVIII en mampostería que presenta planta de nave única con la fachada a los pies, con puerta de acceso tipo retablo, enmarcada por pilastras y cuerpo superior con hornacina para la imagen de la Virgen. Su construcción se largó desde  1792  a 1794 y se realizó sobre el asentamiento de otra anterior. La torre campanario es de 1795 aunque  se considera que es un templo sencillo que define tres naves con capillas poco profundas, crucero y cúpula. Posee un hermoso camarín de finales del XIX dedicado a la Virgen de la Luz, patrona de la villa. Además, la fuente de la Virgen de la Luz atrae desde tiempos remotos a los que buscan agua en su manantial.

Salvador Raga Navarro

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Alejandra, emperatriz romana y mártir

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Detalle del rostro de la Santa en un icono ortodoxo ruso, de estilo naturalista.

Detalle del rostro de la Santa en un icono ortodoxo ruso, de estilo naturalista.

Cuando el mes pasado hablábamos de Santa Serena, la presunta emperatriz romana y mártir que fue esposa de Diocleciano, no sólo concluimos que esta Santa no existía, que es totalmente legendaria y que nada tiene que ver con la emperatriz real, llamada Prisca, que no era cristiana y que no sufrió martirio; sino que además de su alter ego de Santa Serena, ha sufrido otro desdoblamiento, mucho más exitoso, que ha dado lugar a otra Santa, de nombre Alejandra, también emperatriz, mártir y esposa de Diocleciano, que tiene culto hasta hoy, especialmente en el mundo ortodoxo, pero que es tan inexistente como la primera. Hoy hablaremos de ella en previsión a las dudas e intereses que surgieron sobre ella cuando hablamos de Santa Serena, aunque se la conmemora, como veremos, el 21, 22 y hasta 23 de abril, junto con San Jorge, mártir de Capadocia.

Emperatriz de Roma y cristiana
Según una passio armenia, conectada con el ciclo de la leyenda de San Jorge, esta figura que tratamos, Alejandra, fue esposa de Diocleciano y por lo tanto emperatriz de Roma. En la leyenda de Santa Susana la vemos animando a la joven a perseverar en su decisión de no contraer matrimonio con Galerio, heredero del Augusto, aunque aquí asume en ocasiones la “piel” de Santa Serena o incluso se la llama directamente con su auténtico nombre, que era Prisca. Sin embargo la problemática de esta mártir es que existen varias leyendas, y ninguna de ellas es cierta.

En primer lugar reproduciremos la versión de Jacobo de la Vorágine en su Leyenda Áurea, que se inspira directamente en la passio armenia mencionada, aunque nótese que confunde términos -la passio, ya que La Vorágine se limitaba a copiar y reproducir-, llamando a la esposa del juez Alejandría y al propio juez lo llama Daciano, como el pretor enviado a Hispania, aunque aquí se le llama “rey persa” (??); en otras versiones, sin embargo, ella es la emperatriz Alejandra y el juez es el mismo emperador Diocleciano, establecido en Nicomedia, desde donde regía el Imperio.

Detalle de "La elección de la fe", óleo del pintor ruso Pavel Viktorovich Ryzhenkov, que muestra a la emperatriz Alejandra saliendo en defensa de San Jorge.

Detalle de “La elección de la fe”, óleo del pintor ruso Pavel Viktorovich Ryzhenkov, que muestra a la emperatriz Alejandra saliendo en defensa de San Jorge.

Se encontraba el soldado Jorge siendo torturado por órdenes y en presencia de Diocleciano. Girándose hacia su esposa Alejandra, que contemplaba en silencio la macabra escena, le dijo: “¡Oh esposa mía! Es tanta la rabia que siento al ver que no puedo con éste, que voy a morir de despecho.” Ella le respondió: “No me extrañaría nada, ¡oh tirano cruel! ¿No te dije infinidad de veces que dejaras de perseguir a los cristianos? ¿No te he advertido insistentemente que estas personas cuentan con la protección de su dios? Pues ahora te digo todavía más; presta atención a mis palabras: yo quiero hacerme cristiana.” Diocleciano exclamó: “¡Oh dolor! ¿Qué es lo que oigo? Pero, ¿es que también a ti te han seducido?”. A continuación, Alejandra hizo una defensa apasionada de los cristianos, reprendiéndole duramente por las acciones que estaba llevando contra ellos.

Diocleciano, indignadísimo, sin atender a su dignidad ni a su rango, mandó colgarla por los cabellos de una viga y que fuera azotada sin piedad hasta la muerte. En medio del tormento, mirando a Jorge, Alejandra gritó: “¡Oh Jorge, luz de la verdad! ¿Qué va a ser de mí? Pues voy a morir y no estoy bautizada.” Díjole el soldado: “No te preocupes por esto. La sangre que estás derramando tiene en este caso el mismo valor que el bautismo y equivale a una corona de gloria.” Al poco rato, y sin dejar de rezar mientras pudo, murió. En otra versión, sin embargo, Diocleciano la hace ejecutar a golpe de espada, siendo el 18 de abril de 303, el primer año de la persecución. Días después, fueron ejecutados los cristianos Apolo, Ísaco y Codrato, probablemente esclavos o funcionarios al servicio de Alejandra, quienes pese a su posición sufrieron igualmente el hambre y la decapitación.

Detalle de la Santa colgada de los cabellos y azotada. Iglesia de San Jorge, Rhazüns, Suiza.

Detalle de la Santa colgada de los cabellos y azotada. Iglesia de San Jorge, Rhazüns, Suiza.

Otra versión, más popular en la tradición ortodoxa, dice que Diocleciano optó por darle una muerte más digna a su esposa, que estuviera de acuerdo a su rango y linaje. Ordenó que unos soldados la llevaran al lugar donde debía ser decapitada. Mientras iba hacia allá, en un cierto momento la emperatriz, se giró hacia sus centinelas y les dijo: “Dejad que me recueste un momento en este muro, por piedad, pues estoy agotada.” Los soldados, respetuosos, la dejaron hacer, y en el mismo momento en que Alejandra se recostaba en el muro, se le fue la vida al instante, sin más.

Interpretación
Naturalmente, esta leyenda no se sostiene por ningún lado, no sólo por la realidad histórica, sino por las mismas incongruencias del texto, que lo mismo la llama Alejandría y la hace esposa de un tal rey Daciano, persa, como la llama Alejandra y la hace emperatriz de Roma y esposa de Diocleciano. Supuestamente, ella y sus sirvientes se habrían convertido al contemplar el martirio de San Jorge, pero presuntamente este mártir habría sido ejecutado en Palestina y, sin embargo, el texto ubica el martirio de Alejandra en Nicomedia, residencia de Diocleciano, por lo que supuestamente habría pasado un tiempo entre la muerte de San Jorge y su conversión, hasta que Diocleciano descubrió su fe y la hizo ejecutar con sus sirvientes, en Nicomedia. Sin embargo, la passio armenia insinúa que todo ocurrió simultáneamente. Por no hablar de la contradicción entre la versión que la muestra torturada y decapitada y la otra en la que, simplemente, se muere sola, sin más. En fin, un lío.

Lo cierto es que sí existe un grupo de mártires, llamados Alejandra, Apolo, Ísaco o Isacio y Codrato o Crotato, en Nicomedia, que son mencionados por un grupo relevante de fuentes hagiográficas, entre Martirologios, Sinaxarios y Menologios occidentales y orientales, y que son venerados, como decíamos, el 21 o 22 de abril, justo un día antes que San Jorge. Pero lo que sabemos de ella es esta leyenda descrita que, por supuesto, carece de todo fundamento histórico.

Martirio de la Santa en presencia de San Jorge. Lienzo de Giacopo Palma Il Giovane.

Martirio de la Santa en presencia de San Jorge. Lienzo de Giacopo Palma Il Giovane.

La realidad histórica
Ya la hemos mencionado anteriormente, en el artículo de Santa Serena e incluso en los artículos dedicados a analizar la leyenda de Santa Filomena, pero nunca está de más repetirlo. La persona que está detrás de esta inexistente Santa, llámese Alejandra o Serena, fue la emperatriz Prisca, la histórica esposa de Diocleciano, la cual, por Lactancio, sabemos que no era cristiana y que no murió mártir, luego todas estas leyendas sobre las peripecias de Alejandra-Serena se quedan en papel mojado.

En el año 305, Diocleciano renunció al Imperio y pasó sus poderes a Maximiliano Galerio, quien fue emperador hasta 311. Se decidió que su esposa sería Valeria, hija de Diocleciano y Prisco. Sin embargo, Valeria rechazó de inmediato a Galerio. Éste, despechado, mandó desterrar a Alejandra y a Valeria a Siria. En el año 313 murió Galieno. Su sucesor, Licinio, autorizó a las exiliadas a trasladarse a Nicomedia. Sin embargo mandó decapitar a la emperatriz y a su hija, y lanzar sus cuerpos al mar. En este crimen político, un asesinato derivado de las habituales luchas de poder, hay quien quiso ver el martirio de dos simpatizantes con el cristianismo, lo que no tiene ningún viso de realidad.

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Iconografía y culto
A pesar de la total inexistencia histórica de esta Santa y, consecuentemente, de la ausencia de reliquias que puedan considerarse auténticas, ha gozado de bastante culto y representación artística en el mundo ortodoxo, donde sigue siendo muy venerada y representada; en parte porque participa de la inmensa popularidad del mártir al cual viene asociada, el Gran Mártir Jorge, uno de los mártires antiguos más populares de todos los tiempos.

En los iconos aparece siempre como una santa reina o emperatriz, a menudo, anacrónicamente vestida con atributos y vestuario propios de una emperatriz bizantina, lo que no era. Suele portar la cruz del martirio y, a veces, una espada, aludiendo a su género de muerte. No es infrecuente que se hayan reutilizado iconos que representan a Santa Catalina de Alejandría y se haya cambiado su nombre por el de Santa Alejandra, ya bien sea porque ambas aparecen vestidas de igual manera -como princesas bizantinas- o porque haya habido alguna confusión con la palabra Alejandría, que aparece en la nomenclatura de ambas Santas -recordemos que en una de las versiones de la passio armenia no se la llama Alejandra, sino directamente Alejandría-. Con todo, es fácil reconocer cuando el icono ha sido reutilizado, porque ciertamente la rueda con púas es el atributo de Santa Catalina -y de San Jorge, si apuramos- pero no el de Santa Alejandra.

Santas María Magdalena y Alejandra emperatriz. Mosaico de Duzi en la catedral de Moscú, Rusia.

Santas María Magdalena y Alejandra emperatriz. Mosaico de Duzi en la catedral de Moscú, Rusia.

Nada más puede decirse de esta legendaria emperatriz mártir, salvo que, por más que se la venere aún hoy en día y que haya tantas y tan bellísimas obras de arte dedicadas a honrarla -particularmente en el naturalismo ruso-, es una figura que no existe, es totalmente irreal. Podríamos asumir la posibilidad de que Santa Alejandra de Nicomedia, mencionada como mártir junto a otros en esta ciudad, pueda ser una Santa real, pero desde luego, si así es, no sabemos absolutamente nada de ella.

Por supuesto, no cabe olvidar que existe otra Santa Alejandra, mártir de Amiso o de Ancira según el grupo al cual se la asocie, de la cual ya hemos hablado anteriormente y a cuyo artículo nos remitimos en caso de que alguna Alejandra que nos lea se sienta desmotivada al descubrir que nuestra protagonista de hoy, al menos tal cual la conocemos, no existe.

Meldelen

Bibliografía:
– DE LA VORÁGINE, Santiago, La leyenda dorada, vol I. Alianza Editorial, 2006.

Enlace consultado (12/09/2015):
– www.santiebeati.it/dettaglio/92739

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