San Cosme de Aitolia, monje mártir

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Se llamaba Constantino Anifantis y por su intensa actividad apostólica es conocido con el sobrenombre de “Ισαποστόλω” (igual a los apóstoles). Nació en el año 1714 en Taxiarchis, en Etolia, siendo sus padres epirotas. Después de haber recibido en el monasterio de Nuestra Señora Segditsas Pamassidos en su localidad natal una primera instrucción escolástica, se marchó al Monte Athos, a fin de frecuentar una escuela atonita, fundada hacía poco tiempo. Las clases que le dieron Eugenio Vulgaris y Nicolás Tzertzulis, le dejó tan entusiasmado que, no sintiéndose satisfecho con quedarse enclaustrado en ningún monasterio, decidió trabajar en todo el territorio griego, considerándolo globalmente como el ámbito de su labor apostólica. Influenciado por las enseñanzas de sus maestros, quiso contrastar el doble peligro – religioso y nacionalista – que amenazaba a toda Grecia, pero antes de dedicarse a tan amplia tarea, en el año 1758, tomó el hábito monacal en el monasterio Philotheou del Monte Athos, asumiendo el nombre de Cosme y se ordenó de sacerdote.

Hecho esto, se marchó a Constantinopla, donde el patriarca Serafín II – que era originario del norte de Epiro – consintió que se convirtiera en predicador itinerante, aunque le aconsejó acerca de cómo conseguir los objetivos que él se había propuesto, ya que el patriarca conocía en profundidad las condiciones en las que se encontraban las regiones situadas en las eparquías nor-occidentales de Grecia. Un hermano de Cosme, llamado Chrysanthos Aitolos, que era un eminente maestro y que entonces se encontraba en Constantinopla, quiso enseñarle las reglas del arte de la retórica, pero vio que Cosme no le daba a esto mucha importancia. Él prefería seguir un método de predicación muy personal basado en el contacto directo con quienes le iban a escuchar.

Se puso manos a la obra y desde 1759 hasta su muerte en 1779, o sea, durante veinte años, se dedicó a predicar de manera incansable. Con el permiso del patriarca comenzó a predicar en Constantinopla y en las ciudades y pueblos de Tracia a ambas orillas del Bósforo. Su primer viaje duró dos años, al final del cual volvió al Monte Athos y, consiguiendo otro permiso del nuevo patriarca Samuel Chantzeris, realizó un segundo viaje de dos años por Macedonia occidental, Tesalia y Etolia, su patria. El Monte Athos continuó siendo su punto de referencia y el lugar de donde partía cada vez que iba a realizar un nuevo viaje. Podríamos decir que iba al Monte Athos a “recargarse las pilas”.

Vida y martirio del Santo. Fresco ortodoxo griego.

Vida y martirio del Santo. Fresco ortodoxo griego.

Durante la guerra ruso-turca, hasta la firma del tratado de Kuçuk Kaynarca, o sea, desde el 1768 al 1774, tuvo que interrumpir su actividad misionera, por lo que se llevó encerrado en el Monte Athos durante todo este período de tiempo. Después de la firma del tratado de paz, reanudó su actividad visitando las islas del Mar Egeo, las cuales, a causa de la guerra, habían tenido que soportar numerosas adversidades. Volvió de nuevo al Monte Athos y con el permiso del patriarca Sofronio II, realizó su cuarto y último viaje, en el curso del cual visitó nuevamente Macedonia occidental, la región de Epiro, la del Eptaneso (siete islas del Mar Jónico), llegando finalmente a lo que en la actualidad es Albania.

Durante sus viajes casi siempre iba acompañado de un grupo de fieles discípulos entre los que había algunos sacerdotes, así como de una muchedumbre de seglares. Cada sermón era un rito: al llegar a una localidad, veía cual era el lugar más adecuado y alzando una cruz de madera comenzaba a predicar. Se dice que en Giromerí (Tesprocia, Grecia), su predicación fue seguida por más de once mil personas, entre los cuales hacía cincuenta sacerdotes. Sus enseñanzas eran muy simples en la forma, pero muy originales en el método y en los contenidos. Entablaba una discusión con los asistentes, durante la cual distribuía entre ellos unos papeles en los que iban anotadas las cuestiones que él quería recalcar. Era algo similar a cuando en la actualidad se reparten octavillas mientras se realiza un mitin. Muchas de esas anotaciones que él repartía (διδασκαλίες) han llegado hasta nosotros. Él improvisaba, no escribía sus homilías, aunque sus discípulos tomaban apuntes que podrían servirle en el futuro.

Entierro del Santo. Fresco ortodoxo griego en su iglesia de Kastoria (Grecia).

Entierro del Santo. Fresco ortodoxo griego en su iglesia de Kastoria (Grecia).

En una época en la que el pueblo griego vivía en la más completa ignorancia, las enseñanzas de San Cosme eran, cuando menos, muy oportunas. Enseñaba en las plazas de las aldeas y de las ciudades y con su método catequético instruía a la población sobre los fundamentos de la fe ortodoxa, daba consejos acerca de cómo debía vivirse de manera social y cristiana, de acuerdo con lo enseñado por las Escrituras y por los Santos Padres. Aconsejaba la confesión frecuente y sobre todo predicaba el amor en una doble vertiente: amor a Dios y amor al prójimo. Acostumbraba a decir: “Incluso Dios necesita un lugar para descansar. ¿Y cuál es este lugar? El amor. Si amamos a Dios y a todos nuestros hermanos, Dios vendrá a traernos la alegría y a infundir la vida eterna en nuestros corazones”.

Sus predicaciones no eran sólo sobre la ignorancia en cuestiones religiosas, ya que muchos sectores de la población griega iban en claro retroceso sociocultural y ante este problema, él tenía que pronunciarse: “¿No os dais cuenta de cómo nuestra estirpe se está volviendo cada vez más salvaje? Por la vía de la ignorancia todos nos estamos volviendo salvajes”. Ponía colaboración entre las personas allí donde no la había, llevaba la paz a las familias que estaban rotas, luchó por elevar la condición social de la mujer: “¿Cómo tratáis a las mujeres? ¿Cómo a un ser inferior? Pues yo os digo, hermanos míos, que si creéis que los hombres somos superiores a las mujeres, tendréis que hacer mejores obras que ellas, pero esto es imposible porque en el mundo hay más mujeres que hombres. ¡Existen tantas mujeres superiores a los hombres!”

Tumba del santo en Kolikontasi, Albania.

Tumba del santo en Kolikontasi, Albania.

Sin embargo, sólo en algunos casos excepcionales y esporádicos, las predicaciones de San Cosme podían elevar el nivel moral de la gente y esta fue la razón por la cual él le daba tanta importancia al papel de la educación. Por eso, suplicaba a sus oyentes que pusieran a su disposición una escuela, tratando de encontrar los medios necesarios de subsistencia y personas que se pusieran al frente de ellas. Así, a lo largo de sus veinte años de predicación, fundó diez escuelas secundarias y más de doscientas escuelas primarias, muchas más de las que había en todo el territorio griego.

La obra de San Cosme podría definirse como iluminadora, pero con características diferentes al fenómeno cultural que en aquella época se estaba dando en Occidente. El quería elevar el nivel de vida material y religioso de su tiempo, ampliando los horizontes espirituales de la nación griega, poniendo así freno a la islamización proveniente de algunos países limítrofes. El sentimiento nacional se hacía así aun más fuerte y Cosme era uno de los más convencidos defensores del rescate de ese sentimiento. Fue capaz de alimentar las esperanzas de liberación, con la aportación de algunas máximas proféticas y enigmáticas, esforzándose al mismo tiempo en la construcción de la nación griega y en la creación de núcleos revolucionarios en Suli y en Chimara, aunque sin alentar una sublevación popular que en aquellos momentos él consideraba que era prematura. Creía que los turcos eran inofensivos y no perdía la esperanza de poder llegar a acuerdos con ellos sin necesidad de recurrir a la fuerza.

Camiseta del santo, conservada dentro de un relicario en Préveza, Epiro, Grecia.

Camiseta del santo, conservada dentro de un relicario en Préveza, Epiro, Grecia.

En el curso de su cuarto y último viaje, el 24 de agosto del 1779, las autoridades turcas ahorcaron a San Cosme en el bosque de Berati en Albania, como consecuencia de una denuncia realizada por unos judíos y unos venecianos, según la cual, Cosme, con la complicidad de los rusos, incitaba a los griegos a que se sublevaran. Los asesinos que lo ahorcaron, le ataron una cuerda con una piedra al cuello y tiraron su cuerpo a las aguas del río Apso, donde fue encontrado tres días más tarde por un sacerdote llamado Marcos, párroco del monasterio de la Presentación de María en el Templo, situado en las cercanías de Kolikontasi; allí lo sepultó. Posteriormente, el gobernador de Iannina – Alí Paschá – a quién Cosme le había augurado una gloriosa carrera política, ordenó que en el lugar del martirio fuese construida una iglesia y un monasterio, donando a tal fin una parcela de terreno.

Alí Paschá, que estaba casado con una griega, no sólo era tolerante con el cristianismo, sino que realizó algunas tentativas para reconciliar a las dos religiones. Solicitó que la cabeza de San Cosme fuese puesta en un relicario de plata y fuera llevada a Iannina a fin de venerarla, y cuando un integrista musulmán le dijo que tal acto sería una infidelidad al Islam, Alí le respondió: “Si tu me presentas a un musulmán con el valor de este cristiano, te beso los pies”.

Relicario conservado en el monasterio Filoteo del Monte Athos.

Relicario conservado en el monasterio Filoteo del Monte Athos.

Las profecías realizadas por Cosme y su actividad milagrosa, indujeron a la población ortodoxa a considerarlo desde un principio como un santo. Poco tiempo después de su muerte, su discípulo Sapfirios Cristodoulitis compuso un oficio litúrgico en su honor, texto que se editó en Venecia en el año 1814 y que posteriormente fue inscrito en los sinaxarios bizantinos. Asimismo, muy pronto comenzaron a dedicarle iglesias, especialmente en la región griega de Epiro. En el año 1845, su nombre fue incluido en el sinaxario del Patriarcado de Constantinopla y en el año 1961, el Sínodo Patriarcal de Constantinopla lo reconoció oficialmente como santo. Su fiesta se celebra el 24 de agosto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CHISTOU, P.C., “Bibliotheca sanctórum orientaliun, volumen I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998
– Monje Moisés, “Misal Vatopeidino, primera edición”, Monasterio Vatopedi, 2007
– SARDELIS, K.,“Cosme Aitolo: bibliografía analítica”, Atenas, 1968.

Una familia de mártires

Ilustración del Beato Agustín Yu Hang-geom.

Ilustración del Beato Agustín Yu Hang-geom.

No solo en la antigüedad fueron martirizadas algunas familias enteras por defender su fe en Cristo; a lo largo de la historia de la Iglesia se han dado numerosos casos y yo quiero hoy detenerme en uno de ellos: un grupo de cinco mártires coreanos, todos miembros de una misma familia y que pertenecen al grupo de mártires beatificados por el Papa Francisco en Corea el pasado día 16 de agosto. Son los beatos Agustín Yu Hang-geom, su hijo mayor Juan Yu Jung-cheol, su nuera Lutgarda Yi Sun-i, su hijo segundo Juan Yu Mun-seok y su sobrino Mateo Yu Jung-seong.

Beato Agustín Yu Hang-geom
Nació en el año 1756 en Chonan, Jeonju, en el seno de una noble familia. Poco después de que la fe católica fuera introducida en Corea en el año 1784, se convirtió al cristianismo siendo el primer católico de la región de Jeolla-do. Un pariente suyo que vivía en Yanggeun y que se llamaba Francisco Javier Kwon fue quién le enseñó el catecismo. En su casa recibió el sacramento del bautismo de manos de Pedro Yi Seung-hun. Posteriormente regresó a su ciudad natal y allí comenzó a anunciar el Evangelio, especialmente entre los miembros de su propia familia, demás parientes y sirvientes.

Él lo era todo para todos, sin hacer distinción alguna. Todas las personas, fueran ricos o pobres eran iguales para él. Dio buen ejemplo poniendo en práctica la doctrina del amor predicada por Jesús, mostrando compasión, dando limosnas a sus vecinos pobres y agasajando a sus criados. Fue nombrado catequista de la región de Jeolla-do, cuando en la primavera de 1786, se reunieron en la clandestinidad los principales líderes cristianos, entre los cuales estaba Pedro Yi Seung-hun, que era quién lo había bautizado.

Agustín volvió a su tierra natal y como no existía clero, sin ser sacerdote, empezó a celebrar la Santa Misa y a administrar los sacramentos a los fieles, pero pasado algún tiempo, los líderes católicos – todos ellos eran seglares – fueron alertados de que esto era un sacrilegio porque no estaban ordenados, e inmediatamente dejaron de realizar tales prácticas. A partir de ese momento, se preocuparon principalmente, aunque en secreto, para que desde Pekín les enviasen algún sacerdote ordenado. Agustín participó activamente en este proyecto y facilitó el dinero necesario para enviar a Pablo Yun Yu-il a Pekín a finales del 1789.

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Cuando en 1790, Monseñor Gouvea, obispo de Pekín emitió un decreto prohibiendo a los católicos coreanos la realización de los ritos ancestrales, Agustín Yu enterró sus tabletas y cuando su primo Pablo Yun Ji-chung fue arrestado bajo la acusación de abandono de los ritos ancestrales, pasó de manera temporal a la clandestinidad. Más tarde, se presentó ante el gobernador de Jeonju, siendo puesto en libertad después de aparentar haber apostatado.

Cuando el sacerdote chino Santiago Zhou Wen-mo llegó a Corea a finales de 1794, Agustín Yu envió a su hermano menor para que le saliera al encuentro, invitándolo a visitar la región de Jeolla-do. En ese momento, la corte real había enviado una orden de arresto contra el padre Zhou y para evitar el riesgo de que fuera apresado, él comenzó a hacer las visitas pastorales locales. El padre Zhou se quedó en la casa de Agustín en Jeonju, administrando allí los sacramentos.

Al estallar la persecución, Agustín fue reconocido como el jefe de la Iglesia en la región de Jeolla-do, siendo el primero en ser arrestado. Desde Jeonju fue llevado a Seúl donde fue sometido a interrogatorios y torturas en la sede de la Jefatura de Policia y en el Ministerio de Justicia. Lo acusaron de ser uno de los coreanos que habían participado en la petición de misioneros al obispo de Pekín e intentaron que delatara a quienes habían colaborado con él. Como estaba decidido a morir como un mártir, no delató a nadie ni dijo nada que pudiese perjudicar a la Iglesia. Por eso, fue acusado de delito de traición a la patria y se ordenó su ejecución.

Ilustración del Beato Juan Yu Jung-cheol.

Ilustración del Beato Juan Yu Jung-cheol.

Fue trasladado de nuevo a Jeonju y en la Puerta Sur de la ciudad, el día 24 de octubre de 1801 (17 de septiembre por el calendario lunar), fue cortado a pedazos cuando solo tenía cuarenta y cinco años de edad. San Antonio Daveluy, obispo mártir en Corea, escribiendo sobre la cuestión de la apostasía de Agustín Yu, escribió: “La cuestión de la apostasía de Agustín Yu, es negada por la mayoría de la gente; por lo tanto, yo creo que recibió la palma de los mártires delante de Dios”.

Beato Juan Yu Jung-cheol
Juan Yu Jung-cheol, llamado también “Jong-seok”, nació en 1779 en Chonam y era el hijo mayor de Agustín Yu Hang-geom, de quién hemos hablado anteriormente. Lutgarda Yi Sun-i era su esposa y Juan Yu Mun-seok era su hermano menor. Su familia fue la primera que abrazó la fe católica cuando su padre, al poco tiempo de introducirse el catolicismo en Corea, fue catequizado y bautizado y él convirtió al resto de los miembros de su casa. A partir de entonces, su padre, se dedicó a anunciar el Evangelio, convirtiéndose su casa en el centro de evangelización de la región de Jeolla-do.

Fue en un ambiente tan cristiano donde Juan creció y recibió el sacramento del Bautismo. Prosiguió sus estudios durante mucho tiempo bajo la dirección de Estanislao Han Jeong-heum. De él se dice que “fue sincero y directo en su devoción, tenía una fe firme y una caridad ardiente y que, siendo aun joven, fue tratado como un adulto prudente por su fidelidad a su deber, su vida recta y su desprecio por todas las vanidades terrenales”. Con dieciséis años de edad, recibió su Primera Comunión de manos del padre Santiago Zhou Wen-mo, que vino a la aldea de Chonam en visita pastoral. A este y en presencia de su padre, le dijo: “Quiero vivir virgen”.

Dos años más tarde, Lutgarda Yi Sun-i también solicitó al padre Zhou vivir en virginidad. Al oírlo, el padre Zhou recordó lo que le había dicho Juan acerca de vivir una vida en celibato y arregló un matrimonio entre ellos. Juan y Lutgarda se casaron en octubre de 1797 y en presencia de toda su familia hicieron voto de vivir célibes, como si fueran hermanos. Mediante la oración, Juan y Lutgarda vencieron todas las tentaciones de romper sus promesas y prometieron morir juntos también en defensa de su fe. Mientras tanto, en Shinyu estalló la persecución en el año 1801 y en la primavera de ese año, Juan fue arrestado y llevado a la prisión de Jeonju.

Ilustración de la Beata Lutgarda Yi Sun-i.

Ilustración de la Beata Lutgarda Yi Sun-i.

Estando en prisión, su hermano Yu Mun-seok le llevaba la comida y como estaba prohibido que le proporcionasen ropa, la misma ropa de invierno tuvo que utilizarla en verano. El sufrimiento en la cárcel fue un verdadero castigo, pero sin embargo, con un corazón inquebrantable, Juan Yu defendió su fe hasta el final. A mediados de septiembre, otros miembros de su familia, incluyendo a su esposa Lutgarda y su hermano menor Yu Mun-seok fueron arrestados. Unos veinte días después, los guardianes pusieron en la misma celda a los dos hermanos. Por orden del jefe de la prisión, fueron colgados, muriendo ahorcados como mártires el 14 de noviembre del 1801 (9 de octubre por el calendario lunar). Juan Yu Jung-cheol tenía veintidós años de edad. Después de que Juan murió martirizado, su esposa Lutgarda reveló que a su casa había llegado una carta escrita por él, en la que decía: “Os exhorto a estimular y consolar a mi hermana. Reunámonos en el cielo”.

Beata Lutgarda Yi Sun-i
Lutgarda Yi Sun-i, también llamada “Yu hui”, nació en el año 1782 en el seno de una familia coreana noble. Desde niña, vivió en un ambiente muy piadoso. Carlos Yi Gyeong-do que fue martirizado en el 1801 y Pablo Yi Gyeong-eon, que también fue martirizado en el 1827, eran sus hermanos. Su esposo Juan – del que hemos escrito anteriormente -, murió también como mártir.

Mateo Yi Yun-ha, que era su padre recibió una herencia de su abuelo materno, quién era un reconocido estudioso de la época y con ella, educó y mantuvo a su familia. Mateo Yi se convirtió al catolicismo en el año 1784, cuando se reunió con Ambrosio Kwon, Francisco Javier Kwon y Pedro Yi Seung-hun. Fue en este ambiente familiar donde la madre de Lutgarda aprendió el catecismo y se bautizó, haciendo posteriormente ella lo mismo con su hija, que aun era una niña.

Cuando su padre murió en el 1793, Lutgarda siguió viviendo con su madre dedicándose a enseñar el catecismo en un lugar escondido. Dos años más tarde, recibió la Primera Comunión de manos del padre Zhou. Comunicó a su madre su intención de ofrecer su virginidad a Cristo y ambas se lo hicieron saber al padre Zhou. Como en aquella sociedad era muy difícil y estaba mal visto el permanecer soltero, el padre Zhou arregló el matrimonio con Juan Yu Jung-cheol, de quién hemos hablado anteriormente.

Los Beatos Juan y Lutgarda durmiendo en futones separados por la Biblia y un crucifijo, y con la luz encendida, para evitar tentaciones carnales. Ilustración contemporánea.

Los Beatos Juan y Lutgarda durmiendo en futones separados por la Biblia y un crucifijo, y con la luz encendida, para evitar tentaciones carnales. Ilustración contemporánea.

En septiembre de 1798, Lutgarda vio por primera vez a su futuro esposo y junto con Juan, hicieron voto de virginidad delante de sus padres. Cuando su esposo se veía tentado a romper su voto de castidad, ella le ayudaba mediante la oración y jamás lo rompieron. Al estallar la persecución en el año 1801, la policía irrumpió en Chonam, deteniendo a su suegro Agustín, a quién enviaron a Seúl y a su esposo Juan, a quién enviaron a Jeonju. Ella misma fue arrestada con el resto de la familia a mediados del mes de septiembre. Todos ellos fueron trasladados a Jeonju.

Ella era quién principalmente animaba a la familia diciéndoles que “todos juntos vamos a ir al Cielo”. Desde la cárcel escribió una carta a sus hermanas mayores: “Nosotros somos cinco personas que de manera unánime estamos firmemente resueltos en entregarnos completamente a Dios hasta el punto de morir como mártires. Al abrir nuestros corazones el uno al otro nos encontramos con el deseo ardiente de morir por Dios y así, todos nuestros pesares y todas nuestras angustias desaparecen. Cada día somos alimentados por la gracia y el amor divino, creciendo la alegría en nuestros corazones”. El director de la cárcel pidió a la corte que se hicieran cargo de estos presos y en respuesta, la corte real envió inmediatamente a un funcionario del gobierno de Jeonju para que se hiciera cargo del caso. A Lutgarda la condenó al exilio en Hamgyeong-do y aunque ella pidió que no la separaran del resto de la familia, no se lo concedieron.

Ilustración del Beato Juan Yu Mun-seok.

Ilustración del Beato Juan Yu Mun-seok.

Poco tiempo después, se escapó del lugar donde estaba exiliada, siendo detenida por los guardias. Lutgarda, loca de alegría, exclamó: “Ahora puedo morir como mártir”. La llevaron ante el gobernador, quién la condenó a muerte. Tras ser golpeada cruelmente, fue encerrada en la prisión, pero sus heridas se curaron en menos de una semana. El gobernador solicitó a la corte real que pronunciara la condena y muy pronto llegó la confirmación. El 31 de enero de 1802 (28 de diciembre de 1801 por el calendario lunar), fue llevada al campo de ejecución de Jeonju, siendo decapitada con solo veinte años de edad.

Beato Juan Yu Mun-seok
Juan Yu Mun-seok, llamado “Mun-cheol”, nació en 1784 en la familia de Agustín Yu Hang-geom, que, como hemos dicho anteriormente, murió mártir en el año 1801. Era hermano de Juan Yu Jung-cheol y cuñado de Lutgarda Yi Sun-i. Aprendió el catecismo de manos de su padre y como hemos dicho también anteriormente, su casa era el centro evangelizador de Jeolla-do. En este ambiente creció desde que era un niño.

Cuando el padre Zhou visitó la aldea de Chonam en 1795, Juan tenía once años de edad. Dos años más tarde, su hermano mayor se casó con Lutgarda Yi. Cuando la persecución se desató en el 1801 y su padre fue enviado a Seúl, parte de su familia fue arrestada y encarcelada en Jeonju, aunque él se libró. Por eso visitaba asiduamente la prisión llevándole la comida a su hermano.

Sin embargo, esta situación no duró mucho y así, a mediados de septiembre Juan Yu Mun-seok fue detenido junto al resto de sus parientes. Entonces, él hizo a los suyos la promesa de morir por la fe y se preparó para ese momento. Su cuñada Lurgarda, en la carta que hemos reseñado anteriormente, deja bien claro la determinación de los cinco miembros de la familia de dar la vida por Cristo. Como he dicho anteriormente, junto con su hermano Juan Yu Jung-cheol, fue ahorcado el 14 de noviembre de 1801 (9 de octubre por el calendario lunar). Era soltero y tenía diecisiete años de edad.

Ilustración del Beato Mateo Yu Jung-seong.

Ilustración del Beato Mateo Yu Jung-seong.

Beato Mateo Yu Jung-seong
Mateo Yu Jung-seong, llamado “Wan-seok” también era de familia noble de Jeonju. Cuando aun era un niño, su padre murió con treinta y cinco años de edad, haciéndose en parte cargo de su familia, su tío Agustín Yu Hang-geom; consecuentemente, era primo de los dos mártires mencionados anteriormente.

Mateo estuvo muy influenciado por su tío Agustín, quién convirtió a toda su familia. Cuando la persecución se desató en 1801 y su tío fue llevado a Seúl, pocos meses más tarde, a mediados de septiembre, Mateo y el resto de su familia fue detenido y encarcelado. Como se deduce del texto de Lutgarda, Mateo era uno de los cinco que habían determinado morir como mártires. Cuando el funcionario del gobierno se hizo cargo del caso de estos cinco mártires, Mateo fue exiliado a Hoeryeong, aunque inútilmente solicitó que no le apartaran del resto de la familia.

Mientras iba hacia el exilio, gritó ante una gran multitud de curiosos: “El gobernador nos envía al exilio en vez de castigarnos según la ley”. Entonces, el gobernador ordenó traerlo de vuelta y meterlo nuevamente en la cárcel. Allí fue duramente castigado y se dictó su sentencia de muerte. El firmó en ella, rubricándola de esta forma: “La fe católica ha sido transmitida de una generación a la siguiente en el seno de nuestra familia y así como mi tío Agustín y otros familiares tuvieron el honor de morir por Dios, yo también deseo morir como ellos. ¿Qué más puedo pedir?”. Concedido el permiso para ejecutar la condena, Mateo fue decapitado el 31 de enero de 1802 (28 de diciembre de 1801 según el calendario lunar). Tenía dieciocho años de edad y era soltero.

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Junto con estos mártires que han sido beatificados, murieron también Sin Huin, esposa de Agustín Yu Hang-geom y su hermana Yi Yuk-hui, aunque aun no han sido beatificadas. Los siete mártires están sepultados en el cementerio comunal de la montaña de los mártires, en Jeonju. A este cementerio se le conoce como el “Santuario de la montaña”.

Antonio Barrero

Enlace consultado (14/08/2014):
– www.koreanmartyrs.or.kr

San Pelayo, niño mártir

Imagen-relicario del Santo. Monasterio benedictino de San Pelayo, Santiago de Compostela (España).

Imagen-relicario del Santo. Monasterio benedictino de San Pelayo, Santiago de Compostela (España).

Aunque ya el 13 de octubre del año 2010 -¡hace cuatro años!-, publicamos un corto artículo sobre las reliquias de San Pelayo, creo que es conveniente escribir sobre este pequeño héroe hispano, muy popular sobre todo en Galicia, donde es conocido como “San Payo” y al que ya se le rendía culto en el bajo Miño sólo tres años después de su martirio. Su propio tío Hermoigio construyó un monasterio de benedictinas en Alveos, inmediatamente después de su muerte. Podríamos decir que San Pelayo es para Galicia lo que San Tarsicio es para Roma.

A lo largo de la historia varias ciudades han reclamado ser su lugar de origen: Córdoba, León, Salamanca, Oviedo… pero la realidad es que el niño nació en Alveos (Pontevedra), perteneciente a la diócesis de Tuy, en el año 912, siendo sobrino de Hermoigio, obispo de Tuy, que vivió en la primera mitad del siglo X. En una de las liturgias más antiguas, proveniente de la catedral de Tuy, hablando de San Pelayo, se dice: “Erat quidem huius Pelagii Patruus, Hermoygius Episcopus, Cordubae carcere tentus” (Era Hermogio obispo, ciertamente tío de este Pelayo, preso en la cárcel de Córdoba) y para remacharlo aún más, en el Oficio de Vísperas se dice: “Ortusque Galletia” (nacido en Galicia).

Cuando el ejército de Abderramán III atacó Galicia, entre los cristianos que apresaron y llevaron a Córdoba estaba el obispo Hermoigio, el cual, no pudiendo soportar los tormentos de la cárcel, dio como rehén en su lugar a su sobrino Pelayo. Hay autores que afirman que fue el propio padre de Pelayo quien, para rescatar a su hermano Hermoigio, llegó a un acuerdo con los musulmanes, dejando como rehén a su hijo Pelayo, mientas cumplía el pacto de llevar a Córdoba un cierto número de cautivos, que era una de las cláusulas de dicho compromiso. Habría que retroceder hasta el siglo X para poder comprender este tipo de acuerdos, pero la realidad es que no se explica cómo un padre o un tío pueda hacer eso. Con la intención de dar a esto una explicación, en una exhortación pastoral, el obispo de Tuy, Manuel María Vidal y Boullon (1861-1929) hizo la siguiente reflexión, poniéndose en el lugar del padre de Pelayo: “Mi hermano, como es obispo, podrá hacer más apostolado que mi hijo y entregándolo a él, en realidad me estoy entregando a mí mismo. Seguro que ésta es la voluntad de Dios”. Yo, desde luego, no comparto esta idea y menos que Hermoigio lo aceptara, ya que éste renunció al martirio por volver a su diócesis y dejó a su sobrino, que era un niño inocente, en manos de unos desalmados. A mí, aquella decisión me parece una barbaridad.

Martirio del Santo. Tabla del Maestro de Becerril.

Martirio del Santo. Tabla del Maestro de Becerril.

El mismo obispo Vidal y Boullón, aunque hace la reflexión anterior intentando justificar la decisión del padre de Pelayo, resalta la heroicidad del niño: “Fue entonces cuando se manifestó de un modo visible la heroica fortaleza de este santo niño, porque en vez de intimidarse ante los rudos trabajos que le esperaban en la prisión, lejos de su familia y en poder de aquellos infieles, aceptó generosamente el sacrificio de su libertad y aun el de su vida, por la libertad y la vida de su venerable tío…” ¿Qué decir? ¿Un niño tan pequeño era consciente de todo esto o se vio forzado a admitir una decisión de sus mayores? Fuera como fuese, lo cierto es que Pelayo fue hecho prisionero.

Lo que tenía de santo, Pelayo lo tenía también de hermoso, de bello y de ello hablaron los presos y los carceleros, quienes se lo comunicaron al califa. Éste, dado a mantener todo tipo de relaciones sexuales, movido por la lujuria hizo que llevaran a Pelayo a su presencia vestido lujosamente y adornado con valiosas joyas. Isabel Flores de Lemus, en su obra “Año Cristiano Ibero-Americano”, editado en Barcelona en el 1950, describiendo este hecho de manera literaria, lo narra de la siguiente forma: “El niño se acercó al califa, hizo las tres postraciones de rigor y besó la mano de Abderramán. El emir lo contempló con arrobo, admirando la belleza del adolescente cristiano”. El califa le propuso que renunciase a su fe y reconociera a Mahoma como el verdadero profeta. Si hacía eso, lo colmaría de riquezas. Le dio a escoger entre vivir con él rodeado de lujo y entre sus más allegados o ser encerrado en la cárcel. Si decidía quedarse en palacio, sacaría también de la cárcel a los cristianos que estaban allí encerrados y traería a sus padres desde Galicia para que viviesen cómodamente en Córdoba.

Imagen y relicario del Santo. Iglesia-seminario de San Pelayo, Córdoba (España).

Imagen y relicario del Santo. Iglesia-seminario de San Pelayo, Córdoba (España).

Pelayo tendría unos catorce años de edad y llevaba tres años en la prisión, por lo que la oferta, en sí misma, era muy tentadora. Pero aunque era sólo un joven, Pelayo tenía las ideas muy claras. Volviendo al relato de Isabel Flores, Pelayo dijo: “Todo lo que tú me ofreces es nada. Yo soy cristiano, lo fui y lo seré siempre. Nunca negaré a Cristo porque lo que tú me prometes, se acaba; y Cristo, a quien yo adoro, no tiene fin ni principio, pues con el Padre y el Espíritu Santo, es un Dios único y verdadero, que nos creó de la nada y que todo lo mantiene y gobierna con su poder”. El emir se levantó enfurecido e intentó tocar al niño, pero éste se apartó diciéndole: “Vete, perro, ¿te crees que soy alguno de tus afeminados mancebos?”

Abderramán, creyendo que el niño había reaccionado con la vehemencia propia de su edad, ordenó a algunos de sus sirvientes que, con lisonjas, lo ablandasen. Al seguir Pelayo en sus trece y comprobando el califa que la fe del joven era tan firme como su voluntad de no ceder a sus pretensiones homosexuales, ordenó colgarlo en unas garruchas de hierro, subiéndolo y bajándolo bruscamente a fin de martirizarlo. Viendo que Pelayo no cedía, ordenó que le cortasen algunas partes no vitales del cuerpo y finalmente lo decapitó con una cimitarra. Era el mediodía del domingo 26 de junio del año 925.

Los verdugos tiraron el cuerpo de Pelayo al río Guadalquivir, pero los cristianos lo recogieron, sepultándolo en la iglesia de san Ginés, mientras que su cabeza la llevaron a la iglesia de San Cipriano. Como dije anteriormente, tres años después de su muerte, su tío – quizás arrepentido -, le dedicó un monasterio en Alveos. A los ocho años del martirio, Blas Braca le erigió una iglesia en Solís (La Rioja) y en el 947 se le nombró co patrono de Coimbra. En Guimaraes hicieron lo mismo en el año 959. Entre el 960 y el 967, el rey Sancho I le construyó un monasterio en León para albergar sus reliquias y en el 969 le dedicaron en Oviedo el monasterio de San Juan Bautista, al que trasladaron la mayor parte de sus restos en el año 987, donde aun se veneran. Como vemos, San Pelayo comenzó a recibir culto público desde el mismo momento de su martirio.

Urna que contiene los restos de San Pelayo. Monasterio de benedictinas de Oviedo (España).

Urna que contiene los restos de San Pelayo. Monasterio de benedictinas de Oviedo (España).

Entre el 1147 y 1152 el monasterio de Antealtares de Santiago de Compostela lo adoptó como titular, llegando con el tiempo a ser el titular de más de quince monasterios benedictinos del norte de Hispania. Su festividad se celebra el día 26 de junio, fecha de su muerte.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– FLORES DE LEMUS, I., “Año Cristiano Ibero-Americano”, Barcelona, 1950.
– GIL, C., “Santos gallegos”, Editorial Porto, S.A., Santiago de Compostela, 1976.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X“, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Santos Verísimo, Máxima y Julia, mártires de Lisboa

Esculturas de los Santos (s.XVII). Convento de Santos-o-Novo, Lisboa (Portugal).

Esculturas de los Santos (s.XVII). Convento de Santos-o-Novo, Lisboa (Portugal).

Hoy se celebra la festividad de tres hermanos mártires, un varón y dos mujeres, de nombre Verísimo, Máxima y Julia, testimonios de fe cristiana de los que poco se sabe en realidad, puesto que su culto está envuelto en una neblina que sólo permite echar un vistazo a la permanencia de su memoria en la Iglesia portuguesa, al estar asociados a su capital, Lisboa.

Passio de los mártires
Según narra el Pasionario Hispánico, estos mártires vivieron en tiempos de Diocleciano y padecieron martirio en el año 303 en Lisboa. En aquella época, el prefecto de la ciudad convocó a sus habitantes a dar testimonio de la lealtad al Imperio mediante un sacrificio público, amenazando con severos castigos a quien no lo hiciere y prometiendo espléndidas recompensas a quienes así obraran.

Entre quienes se negaron a cumplir con el edicto fueron detenidos -otras versiones indican que se presentaron espontáneamente ante el prefecto, es decir, que se entregaron voluntariamente- tres hermanos llamados Verísimo, Máxima y Julia. Eran éstos, según una noticia hagiográfica muy reciente, nada menos que hijos de un senador romano que, habiendo recibido aviso de un ángel de que en Lisboa sería coronados como mártires, habían peregrinado a esta ciudad por mar, desembarcando en este puerto. Tras confesarse públicamente cristianos, se negaron a sacrificar a los dioses y rechazaron todas las lisonjas y las amenazas. Al oírlos, el prefecto los entregó a los lictores, que los azotaron, desgarraron sus cuerpos con garfios y los estiraron en el ecúleo. Después de sufrir también el ser heridos con clavos y quemados con láminas de hierro al rojo vivo, les ataron los pies a las colas de caballos y los arrastraron por toda la ciudad. Y como ninguno de estos tormentos venció la constancia de los tres hermanos, finalmente el prefecto decretó que murieran por la espada, siendo degollados.

Los Santos reciben profecía de su martirio a través de un ángel. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

Los Santos reciben profecía de su martirio a través de un ángel. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

Una vez ejecutados, sus cadáveres, en lugar de ser enterrados, los tiraron a las bestias salvajes, pero como éstos no los tocaran, los embarcaron y, atadas unas piedras a ellos, los hundieron en el mar. Esto, nuevamente, se reveló inútil para hacer desaparecer los cuerpos, pues antes de que la nave arribase de regreso al puerto, los cadáveres ya habían sido devueltos a la playa por el mar (!!) Entonces fueron los cristianos quienes, sobrecogidos por el ejemplo de los mártires, acudieron a recoger los cadáveres de sus hermanos en la fe y les dieron una digna sepultura. Más tarde, en el sepulcro de los mártires se erigió una iglesia, en honor a los ya llamados “Santos”.

Interpretación
Esto es cuanto narra la passio. Por las otras fuentes sólo sabemos sus nombres – no siempre correctamente escritos, aunque indudablemente latinos- que eran tres, y que fueron martirizados en Lisboa. Es interesante hacer notar el paralelismo de los sucesos ocurridos post mortem con lo que sabemos de San Vicente de Zaragoza -cuyo cadáver experimentó las mismas vicisitudes que los de nuestros protagonistas de hoy-, que sabemos murió en tiempos de Daciano y cuya tradición –la que ha llegado hasta nosotros- es contemporánea al propio martirio.

Esta passio, a juicio de Fábregas, fue compuesta probablemente en el siglo X, es una narración a la que Delehaye no le da mucha credibilidad. No sólo porque el pasaje referido a las peripecias de los cadáveres parece una mera copia de la passio de San Vicente mártir, sino porque también la sucesión de tormentos -los mismos que sufrió el mártir hispano- parece serlo. Además, el dato de que eran hijos de un senador romano y de que había peregrinado voluntariamente a Lisboa para recibir el martirio después de que un ángel se lo anunciara, no está incluido en la propia passio sino que, de hecho, pertenece a una tradición hagiográfica muy reciente. Dato absurdo pues, de haber sido realmente hijos de un senador romano -cosa no tan descabellada por la etimología de sus nombres-, jamás habrían sufrido tales tormentos.

Los Santos son azotados. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

Los Santos son azotados. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

Pero podemos aceptar fácilmente que son tres cristianos que sufrieron martirio por la fe en Lisboa en tiempos de Diocleciano, independientemente de cuáles fueran sus orígenes, si eran hermanos carnales o no entre sí, qué martirio sufrieron y qué vicisitudes tuvieran sus reliquias hasta su actual lugar de reposo.

Documentación y culto
La primera noticia segura que nos ha llegado de estos mártires es de mediados del siglo IX y la encontramos en el Martirologio de Usuardo, quien, en 858, viajó a través de diversas ciudades hispanas en busca de reliquias. Los testimonios litúrgicos se multiplican a lo largo de los siglos X y XI, siendo convergentes en la memoria a los tres hermanos el día 1 de octubre. El padre Miguel de Oliveira
mantiene la opinión de que “los santos mártires de Lisboa ya constaban en listas que se adjuntan unos 200 años después de su martirio”. La devoción a estos mártires se mantuvo dentro de la comunidad mozárabe, su eco llega hasta Osbern, que en la relación de la conquista de Lisboa menciona las ruinas del santuario a ellos dedicado.

Por tanto, es seguro que en la península Ibérica eran conocidos de mucho antes, porque las noticias de Usuardo las recogió él mismo en Córdoba, en un viaje que hizo en 858, como ya hemos indicado. Esto también lo confirma el hecho de que sus nombres están incluidos en la mayor parte de los calendarios hispánicos, que reflejan una tradición anterior a la invasión musulmana. Por ejemplo, sus nombres se leen en una inscripción encontrada en La Morera (Badajoz) y que con toda probabilidad procede de tiempos de los visigodos. También se conserva un himno dedicado a ellos, que por el estilo de su composición se puede datar como del siglo VII.

Los Santos son arrastrados por caballos. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

Los Santos son arrastrados por caballos. Tabla de Fernández García (1530), Museo Carlos Machado, Ponta Delgada, Azores (Portugal).

No está totalmente probado que recibieran culto en toda Hispania en la época visigoda, aunque sí lo recibieran muy probablemente en la región de Lisboa. Posteriormente, como lo demuestra el mencionado himno que, sin ningún género de dudas, se confeccionó para las celebraciones litúrgicas, sí fueron ya más conocidos en todo el territorio peninsular, cosa que también atestigua el descubrimiento de la inscripción de La Morera y el hecho de que se le incluyera en todos los textos mozárabes.

En la Edad Media fueron muy venerados en todo el territorio portugués y al menos se conocen siete iglesias erigidas en su honor. Como zonas de culto destacado podemos mencionar Coimbra, Braga y Porto. Concretamente en la diócesis de Porto, San Verísimo es patrón de las parroquias de Paranhos, Valbona, Nevolgilde, Lagares (Felgueiras) y Amarante.

Cuando el cardenal Cisneros restauró la liturgia mozárabe, los incluyó, pero sin dedicarles un oficio propio. Pocos años antes, en el 1475, el rey Juan II de Portugal, les edificó un nuevo templo en Lisboa, donde fueron puestas las reliquias. La fiesta de estos santos mártires, desde los inicios de su culto, siempre ha sido el 1 de octubre, como también hemos indicado anteriormente.

Reliquias e iconografía
En 1529, la comendadora doña Ana de Mendoça puso las reliquias de los mártires en un cofre de plata, en el lado derecho del altar de su santuario, con el siguiente epitafio: “Tumba de los santos mártires Verísimo, Máxima y Julia, hijos de un senador de Roma, que llegaron a esta ciudad para recibir el martirio por la revelación del ángel (…)”. Aquí son venerados hasta día de hoy.

Sepulcro de los mártires. Convento Santos-o-Novo, Lisboa (Portugal).

Sepulcro de los mártires. Convento Santos-o-Novo, Lisboa (Portugal).

La iconografía de los Santos se hace eco de esta leyenda, pues suelen aparecer representados como tres jóvenes peregrinos. Así los vemos en las bellísimas esculturas del siglo XVII que adornan su sepulcro, en el monasterio de Santos-o-Novo, en Lisboa.

Meldelen

Bibliografía:
– RIESCO CHECA, Pilar, Pasionario Hispánico. Ed. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995, pp. 265-267.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlace consultado (28/09/2014):
– www.evangelhoquotidiano.org

San Máximo Branković, metropolita

Fresco del Santo en su monasterio de Krusedol, Serbia.

Fresco del Santo en su monasterio de Krusedol, Serbia.

El metropolita Máximo Branković (en serbio, Ђорђе Бранковић/Максим, o Đorđe Branković/Maksim; en rumano Gheorghe Brancovici/Maxim) fue un gran hombre para la historia de Serbia, donde se le conoce como déspota (Jorge) Branković, el líder de la parte de Serbia que sobrevivió a la conquista otomana, gobernando entre 1486 y 1496. Posteriormente, como monje y metropolita de Valaquia, es importante por la renovación de la ortodoxia rumana a inicios del siglo XVI.

Primeros años
El primer ancestro conocido de Máximo es el sebastokrator Branko Mladenovic, comandante de Ohrid en tiempo del emperador Juan VI Cantacuzeno (1347-1354). El Branković fue su abuelo, el déspota Jorge (Đurađ I Branković) (1427-1456), famoso por la cruzada en Varna (1444). El sucesor en el trono fue Esteban Branković, que gobernó hasta la caída de Belgrado ante los turcos en 1459. Se casó con la princesa albanesa Angelina Aranit Komneni y tuvo tres hijas y dos hijos.

Jorge (Đorđe) Branković nació en 1461 en Albania, donde sus padres eran refugiados por causa de los turcos. Su padre murió en 1481 en el exilio. En esa época, Jorge, junto a su madre, su hermana María y su hermano pequeño Jovan (Juan) regresaron a Belgrado, trayendo consigo el ataúd de Esteban. Poco después, el rey Matías Corvino de Hungría le dio el título de Déspota de Serbia en 1486, como sucesor de su tío, Vuk Grgurević (fallecido el 16 de abril de 1485).

Gobernó una región conocida como Racszag (de Rascia, la actual central Vojvodina o Srem), poblada con los serbios refugiados tras la conquista otomana, y que fue formalmente una provincia del reino de Hungría. Como gobernante de los serbios y teniendo fuertes relaciones con los nobles húngaros, se casó con Isabel del Balzo, hija de Agilberto, duque de Nardò (Aragon) y sobrina del rey. Según esta biografía, escrita en el siglo XVI en el monasterio de Krušedol, permanecieron puros de su unión marital.

Santos de la familia Branković: Esteban, Angelina, Juan y Máximo. Icono de 1753.

Santos de la familia Branković: Esteban, Angelina, Juan y Máximo. Icono de 1753.

Jorge gobernó solo hasta 1493, y posteriormente junto a su hermano Jovan hasta 1496. En 1494, los dos hermanos conquistaron Sremska Mitrovica y aumentaron las posesiones serbias. En 1496 dejó a su hermano Jovan como único gobernante de los serbios, y tomó los votos monásticos en el monasterio de Kupinik (conocido también como Manasija), recibiendo el nombre de Máximo.

De acuerdo con la biografía de Krušedol, se convirtió pronto en arzobispo de Belgrado, mientras su hermano intentaba derrotar a los turcos y echarlos de sus tierras, pero la repentina muerte de éste en 1502 detuvo la reconquista serbia. Jovan fue el último déspota de los serbios en Srem. Jovan y Jorge fueron protectores y restauradores de diversos monasterios como Divoša, Shishatovać y Feneks y, junto con su madre Angelina, patrocinaron los monasterio de San Pablo, Hilandar y Esfigmenou del Monte Athos.

Monje y metropolita
Es posible que Jorge dejara su trono por los temores apocalípticos en 1492, que se corresponde con el año 7000 en el calendario bizantino. Este cálculo, asociado con la conquista turca, creó la imagen popular de que el fin del mundo estaba cerca. Poco después, Máximo se convertiría en metropolita de Belgrado, siendo ordenado, extrañamente, por los obispos moldavos. En esa época la Iglesia de Belgrado era el último resto de la vieja Iglesia Autocéfala de Serbia. Debido a que tanto el patriarcado de Constantinopla como la archidiócesis de Ochrid estaban bajo dominio turco, el metropolita de Belgrado no pudo ser consagrado por ellos, porque ello hubiera supuesto reconocer el dominio turco. Es más, en esa época los gobernantes en Moldavia no reconocían la jurisdicción de Constantinopla y Bogdan III el Ciego de Moldavia (1504-1517) prohibió el acceso del patriarca Joaquín a su país.

De acuerdo con otras fuentes, habría sido ordenado sólo de diácono y sacerdote en 1496 por el obispo Kalevit de Sofía y, tras la muerte de su hermano Juan, quedó como único heredero del trono, que rechazó. Cuando los turcos invadieron la tierra de nuevo, huyó con su madre a la corte del gobernante valaquio Radu el Grande (1504). En esa época, el patriarca de Constantinopla Nifón II oficiaba como metropolita de Valaquia y, según la Vida de Nifón, escrita por Gabriel, el protos del Monte Athos (en 1515), fue quien ordenó a Máximo de obispo. La hipótesis puede ser más creíble, porque se basa en una fuente independiente, escrita mucho antes de la biografía “oficial” del Santo. Incluso Nicolás Velimirovic, en su revisado Prólogo de Ochrid, omite escribir cualquier cosa sobre el obispado de Máximo en Serbia.

Monasterio de Krusedol, en Serbia.

Monasterio de Krusedol, en Serbia.

En 1505, como resultado del conflicto entre el patriarcado y el príncipe Radu el Grande de Valaquia, Nifón se retiró al Monte Athos y Máximo se convirtió en metropolita de Valaquia. Se cree que Máximo fundó la primera imprenta en Valaquia y dispuso la impresión de libros religiosos eslovenos. Probablemente a su llamada acudió el hieromonje Macario de Montenegro, que imprimió diversos libros de culto para Valaquia, e imprimió en Târgoviște, en 1508, el libro de la Liturgia, el primer libro impreso en tierra rumana. El monje siguió con el Oktoechos (el libro de los 8 Tonos, 1510), y el Tetraevangeliar (los Cuatro Evangelios, en 1512), ambos impresos después de que Máximo abandonara el país.

Desde la más alta posición eclesiástica, Máximo actuó como árbitro para resolver el conflicto entre Radu de Valaquia y Bogdan III de Moldavia, deteniendo una guerra fratricida, y posteriormente como emisario del príncipe Radu al rey Ladislao II de Hungría (del cual recibidó un amplio dominio en Transilvania) y de los sajones en Transilvania en 1507.

Un año después, Máximo cumplió la misma misión en Hungría para el nuevo príncipe valaquio, Mihnea (1508-1509). No regresó de Hungría, porque el gobernante rumano chocó con los boyardos, entre los cuales también había algunos señores feudales serbios. Como Máximo era serbio, quiso evitar la persecución, así que regresó a Serbia, donde ya había empezado a construir un monasterio en Krušedol, cerca de Novi Sad, en una tierra de la propiedad de su familia, con la ayuda de Neagoe Basarab de Valaquia y Basilio III Ioanovich de Moscú. Este monasterio, dedicado a la fiesta de la Transfiguración, se convirtió en el mausoleo de la familia Branković. En este tiempo, además, Máximo se convirtió en metropolita de Belgrado, como algunas fuentes rusas indican.

Libro de la Liturgia de Macario, año 1508.

Libro de la Liturgia de Macario, año 1508.

Máximo murió con sólo 55 años de edad, el 18 de enero de 1516. Su madre, Angelina, que era monja desde 1499, murió en el mismo monasterio en 1520. Junto con su hermano Jovan y otros miembros de la familia Branković, Máximo es mencionado como defensor de la fe en la Crónica de los Emperadores Constantinopolitanos, un trabajo histórico conocido también como manuscrito Massarelli, encontrado entre los papeles de Angelo Massarelli (1510–1566).

Veneración
Poco después de la muerte de Máximo, se documentaron diversos milagros en su tumba. Es más, su cuerpo fue encontrado incorrupto cuando el ataúd fue abierto en 1523, dos años después de que Belgrado cayese definitivamente en manos de los otomanos, de modo que la frontera se acercó a Krušedol. En los últimos años de Máximo el monasterio había albergado las tumbas de los últimos Branković y durante el siglo XVI se convirtió en un lugar de peregrinación para todos los serbios, que no veneraban sólo a Máximo como santo, sino también a su padre Esteban Branković (venerado desde 1484), su madre Angelina (desde 1523) y su hermano Jovan (desde 1505).

La Vita más conocida de Máximo Branković fue escrita en Krušedol, a mediados del siglo XVI, en el contexto político del gran peligro otomano. Se sabe bien que muchos gobernantes serbios fueron venerados como Santos poco después de su muerte, como Esteban Nemanja (+1196), el rey Esteban I (+1228), Esteban Uroš I y II (+1276 y 1321, respectivamente), o el príncipe Lázaro (+1389), y también es el caso de éste. Esta situación se debe al hecho de que los gobernantes eran personas muy piadosas, pero también porque no había una clara distinción entre un héroe y un santo en esta era.

Urna con las reliquias de Santa Angelina Branković. Monasterio Krusedol, Serbia.

Urna con las reliquias de Santa Angelina Branković. Monasterio Krusedol, Serbia.

En el siglo XVI, las reliquias de los tres miembros de la familia Branković fueron colocadas juntas en ataúdos en el altar del monasterio, hasta que los turcos profanaron el santuario y quemaron las santas reliquias en 1716, después de la batalla de Petrovaradin. Sólo el brazo izquierdo de Santa Angelina y otras reliquias menores pudieron salvarse y guardarse en diferentes iglesias serbias. Una pequeña reliquia de San Máximo se conserva hasta hoy en el monasterio Krušedol. El culto de los cuatro Branković está extendido por los Balcanes. San Máximo se celebra en el calendario ortodoxo el 18 o 31 de enero.

Troparion (himno) del Santo, el general para un jerarca:
Ejemplo de fe y vida de humildad, como maestro de abstinencia tú inspiraste y lideraste a tu grey, y a través de tu confianza en tus obras somos exaltados, por tu humildad elevándolo todo y por la pobreza, ganando la riqueza. Padre y jerarca Máximo, intercede con Cristo nuestro Dios para que nuestras almas sean salvadas.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Liviu Pilat, Mitropolitul Maxim Brankovići, Bogdan al III-lea şi legăturile Moldovei cu Biserica sârbă | p. 229–238 Analele Putnei VI, 2010, 1
– Hl. Nikolaj Velimirovic, der Prolog von Ochrid, Orthodoxe Quellen und Zeugnisse, Apelern, 2009
– Art. ” Брáнковичи” in Православная энциклопедия (Pravoslavnaya entsiklopediya), versión online, en: http://www.pravenc.ru/text/153337.html, consultada en 18.09.2014