Santa Catalina de Alejandría y el calendario

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Pregunta: Quiero mucho a Santa Catalina mártir, era la santa de mi abuela. He oído que la quitaron del Calendario Católico Romano de Santos, ¿por qué hicieron algo así? Filipinas

Respuesta: Antes que nada, te agradará saber que Santa Catalina de Alejandría (como suele llamarse, para distinguirla de las otras Santas Catalinas) vuelve a estar presente en el calendario, desde el año 2005, como Memoria Libre. Este problema de los “santos caídos del calendario”, se debe a que el Beato Pablo VI, en 1969, ordenó revisar el calendario litúrgico para suprimir del mismo a los santos de cuya existencia histórica no hubiese suficientes pruebas (lo que, atención, no implica descanonizarlos ni prohibir su culto), en pro de nuevos cultos a santos más contemporáneos que conocemos mejor. Aunque la idea en principio no es nada mala, se cometieron algunas injusticias al respecto, siendo el caso de Santa Catalina, la mártir, uno de ellos.

Hay una tendencia general a suponer que si la vida de un santo es legendaria, el santo también lo es (dicho en plata, si se cuentan muchas trolas de un santo, ese santo también está inventado) y yo fui la primera que, en otro tiempo, pecó de esto. Pues bien, esto no vale para todos los casos ni mucho menos. Hay que pensar que allá donde surge el culto a un santo, hay un origen que lo motivó. Detrás de una leyenda siempre hay una persona real cuya vida sirvió de inspiración a uno o a muchos, empezando un culto a esa persona por sus méritos. Que posteriormente los detalles de su vida se fueran perdiendo o se desconocieran, y tuvieran que ser reemplazados por relatos fabulosos y legendarios para tratar de rellenar ese vacío, no significa en absoluto que esa persona jamás haya existido.

En el caso de Catalina, es bien cierto que sus famosas actas son pura leyenda y que es poco creíble la princesa filósofa que se desposara místicamente con Cristo (¡nótese que este pasaje no estaba aún incluido en la Leyenda Áurea, es posterior!), derrotara a cincuenta filósofos en lid dialéctica y fuese torturada y ejecutada en la populosa Alejandría de Egipto. Pero eso no significa que no existiera esa mártir. Debió existir cuando la comunidad cristiana (y no una bandada de ángeles) se encargó de trasladar sus restos a donde hoy se emplaza el monasterio que lleva su nombre en la península del Sinaí, entre Egipto y Arabia. Si se llamaba realmente Catalina, si era joven o vieja, filósofa o esclava, ya son cosas que no sabremos nunca. Debió existir cuando, sin exagerar, se trate probablemente de una de las Santas más conocidas y veneradas en toda Europa desde la tardía Antigüedad hasta inicios del siglo XIX, y desde luego existen más representaciones artísticas de ella que de ninguna otra Santa, le supera únicamente la Virgen María.

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Santa Juana de Arco afirmó y refrendó hasta la muerte que era Catalina una de las santas que se le aparecían y le hablaban, llevando precisamente ella la voz cantante en la mayoría de las ocasiones. Naturalmente esto no hay modo de demostrarlo y si era verdad o no sólo Juana lo sabía. Pero permite hacerse una idea de la importancia que había alcanzado a nivel de devoción popular. No había nadie en toda la cristiandad que no hubiese oído hablar de ella o conociese algún episodio de su vida, y además, hasta hoy mismo, los ortodoxos siguen venerándola como Gran Mártir, el título martirial más alto concedido a los santos ortodoxos.

Además, Catalina estuvo mucho tiempo atrapada en las redes de los Bolandistas, hasta que al fin dieron su visto bueno a su existencia histórica, descartadas de una vez las extrañas teorías que pretendían identificarla con Hipatia. Las reliquias que se veneran de ella en el monasterio ortodoxo del Sinaí, que están prácticamente completas (el cuerpo está en un sarcófago, mientras que el cráneo y la mano derecha se guardan en relicarios separados), se consideran auténticas y recibieron el reconocimiento de Juan Pablo II, quien se trasladó en visita oficial hasta el Sinaí para venerarlas. Y finalmente el colofón fue restituir a esta Santa al calendario oficial.

La realidad es que el culto a Santa Catalina de Alejandría ha retrocedido considerablemente desde inicios del siglo XIX, pero no ha muerto ni mucho menos. En muchas partes (como en Valencia, por ejemplo) sigue teniendo iglesias consagradas a ella (antiguas y nuevas) y se le celebra fiesta cada 25 de noviembre. Y como ella, existen otras Santas que fueron retiradas del calendario y que debería considerarse su reincorporación, precisamente por lo que decía al principio, porque habiendo un culto muy antiguo e importante, y unas reliquias reconocidas como auténticas, y con ello habiendo pasado el filtro de los Bolandistas, no queda ya ninguna barrera por la que un santo debiera ser apartado del culto. Otra cosa es, naturalmente, una leyenda, y lo que ésta pueda decir. Ésa sí que es otra historia.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Pregunta: Me quedó una duda sobre Santa Catalina de Alejandría, decíais que su culto estuvo abolido después del Concilio y que luego más tarde se retomó, ¿me puedes explicar esto?. Me interesa mucho el tema, porque esta Santa fue patrona de mi pueblo y no sé por qué razón dejó de serlo. Como sabes mi calle se llama Santa Catalina, en honor suyo. España

Respuesta: El culto a Santa Catalina mártir, que yo sepa, nunca estuvo abolido. No se puede abolir un culto a menos que éste tenga algo contrario a la fe; y no es el caso. Tampoco puede prohibirse ni descanonizarse a un Santo. Lo que ocurrió es lo que he relatado en la consulta de arriba: que en tiempos del Beato Pablo VI se retiraron del calendario romano oficial algunos Santos considerados de dudosa existencia histórica, entre ellos, a Santa Catalina. Pero ello no implica ni la prohibición de su culto ni su “descanonización”, algo que sería inabarcable y, a lo sumo, tiránico, teniendo en cuenta de que esta Santa sigue siendo venerada y sigue siendo patrona de muchas ciudades, pueblos, asociaciones, universidades… que podían seguir celebrándola en el día de su fiesta (25 de noviembre) como siempre. Eso antes de que fuese oficialmente devuelta como Memoria Libre, recordemos, en el año 2005. Entre otras razones de peso, como la antigüedad de su culto y la ininterrumpida presencia y veneración de sus reliquias en el Sinaí (Egipto), la misma visita de San Juan Pablo II a este lugar y la pública veneración de las reliquias de la Santa por parte del mismo. Si esa Santa no existía, si la Iglesia hubiese querido prohibir su culto o descanonizarla, ¿a Santo de qué un Papa de Roma se pondría en ridículo fotografiándose con ellas o venerándolas? Hay que decir que como mínimo, hubiese sido algo hipócrita o contradictorio. Por esto y por otras razones supongo que fue devuelta al calendario oficial.

Sin embargo, culturalmente la gente ha interpretado esta retirada del calendario como una prohibición universal o como un descrédito de la Iglesia hacia estos Santos. Esto no es cierto y es descorazonador la cantidad de personas que afirman “este Santo no existe porque hasta la Iglesia lo tiró del calendario/prohibió su culto/lo quitó de sus fiestas luego dijo que no existía”, algo que ha sido muy aplicado al caso de Santos que ha interesado mucho descalificar, como Santa Filomena. La retirada de un Santo del calendario oficial no es un descrédito de la Iglesia hacia este Santo, sino una sustitución del mismo por un Santo más contemporáneo y conocido. Y eso no implica ni descréditos ni desprecios ni prohibiciones. La fiesta de estos Santos retirados sigue celebrándose de forma local en aquellos lugares donde existe su culto, con pleno consentimiento y autorización de la Iglesia. Un sentimiento de devoción sana y entrañable, de acuerdo a la fe, no puede ni debe prohibirse.

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Por ello, lamentaría mucho que la retirada del culto a Santa Catalina en tu ciudad se debiera a la influencia que tuvo esta reforma de los años 60, tan mal interpretada por algunos. La Santa sigue mereciendo el culto y el cariño de los cristianos, porque pese a su pasión y martirio envueltos en la leyenda, históricamente sus reliquias siempre han sido veneradas en el Sinaí, por Santos y Papas incluidos, como podemos ver.

Por último, decir que con esto he expresado mi opinión personal sobre lo poco que sé de este tema, y que animo a que los que saben más que yo me corrijan y completen. Sólo por citar un ejemplo final: el patrón de la ciudad donde ahora vivo es San Cristóbal, otro retirado del calendario, y su culto y fiestas no se han resentido ni lo más mínimo, como debe ser.

Meldelen

Beatos Francisco Pacheco y ocho compañeros jesuitas mártires

Pintura japonesa del siglo XVII representando el martirio de cristianos y misioneros en Nagasaki.

Pintura japonesa del siglo XVII representando el martirio de cristianos y misioneros en Nagasaki.

Francisco Pacheco nació en Ponte do Lima, localidad portuguesa perteneciente a la archidiócesis de Braga, en el año 1556, en el seno de una noble familia. Desde niño se sintió atraído por el ideal misionero e hizo voto de morir como mártir, ideal que se fue acrecentando con la lectura de algunos textos que llegaron a sus manos y que exaltaban la propagación de la fe en el Lejano Oriente. Su vocación misionera recibió un impulso decisivo cuando estudiando en Lisboa, se puso en contacto con algunos misioneros japoneses que volvían de Roma y marchaban de nuevo al Japón.

Con treinta años de edad, el 1 de enero de 1586, ingresó en la Compañía de Jesús y una vez realizados los votos y ordenado de sacerdote, después de pedirlo insistentemente, fue enviado al Extremo Oriente en el año 1592, siendo su primera etapa la India y después Macao, donde hasta finales del 1604 desempeñó el papel de lector en teología. Constantemente solicitaba permiso para que lo enviasen al Japón y, obtenido el cual, desempeñó su labor apostólica en Ozaca, Meaco y Tacacu, donde fue elegido superior de su comunidad y donde obtuvo un éxito considerable en cuanto a conversiones al cristianismo.

Después de algún tiempo, retornó a Macao para dirigir el Instituto que los jesuitas tenían en aquella ciudad, pero de vueltas al Japón, colaboró con el obispo Cerqueira, llegando a ser su vicario y, posteriormente, sustituyéndole como administrador apostólico. Se asentó en el puerto de Cochmotzu, en Arima y no en Nagasaki, hospedándose en la casa de unos fieles cristianos, ya que allí encontró más seguridad y porque además, esta localidad estaba cercana al mar, lo que le facilitaba mantener contactos con diversas comunidades cristianas japonesas.

En el año 1616 el emperador firmó un edicto por el que se perseguía el cristianismo y se ordenaba la expulsión de todos los misioneros extranjeros. En la zona de Arima, existía una cierta tranquilidad porque el gobernador inicialmente, no ejecutó los decretos imperiales de persecución a los cristianos, haciendo la vista gorda y dejando que los misioneros, de forma clandestina, ejercieran su apostolado, pero en el año 1625, visitó la corte imperial y al ver el trato que allí se daba a los cristianos, se asustó de su propia tolerancia y dio órdenes para que en su región se empezara a perseguirlos y así fue, porque después de unos años de tolerancia, la persecución se inició como en el resto del país.

Representación del beato Francisco Pacheco vestido como japonés.

Representación del beato Francisco Pacheco vestido como japonés.

Un cristiano apóstata denunció el escondite del padre Pacheco junto a los hermanos Matías Cisaiemon y Mancio Firozaiemon Araki, en cuya casa fueron capturados. Ambos hermanos fueron también martirizados y beatificados junto con el padre Pacheco. Análoga suerte sufrió su hermano coadjutor Gaspar Sadamatzu, que estaba escondido en una casa vecina perteneciente a los esposos Pedro Cioboie y Susana Araki, que murieron como mártires y también fueron beatificados.

Arrestados el 18 de diciembre de 1625, fueron llevados a la cárcel de Ximabara, donde en un principio, fueron tratados cruelmente, viviendo a la intemperie durante el crudo invierno y recibiendo comida mala y repugnante. Cuatro días más tarde también fueron arrestados el padre Juan Bautista Zola y otro grupo de cristianos. Pasado el invierno, los carceleros recibieron orden de darles un mejor trato. Sin embargo, aún en esas condiciones – malas o tolerables -, los sacerdotes, catequistas y los fieles que estaban en prisión hacían que transcurrieran sus jornadas como si vivieran en el seno de una comunidad monástica, con horarios comunes para levantarse, para orar e incluso, para hacer penitencia. Durante este tiempo en el que estuvieron prisioneros, con un permiso especial, admitió a sus catequistas en el seno de la Compañía de Jesús: a Pedro Rinscei, Pablo Xinsuki y Juan Kinsacu. El 15 de marzo de 1626, en una tercera redada fue apresado también el padre Baltasar de Torres.

El 17 de junio de 1626, cuando llevaban seis meses en prisión, el gobernador de Nagasaki lo trajo a su ciudad, junto con Juan Bautista Zola y algunos otros religiosos. En Nagasaki revisaron las causas abiertas a estos misioneros y a sus compañeros y dictaminó que fuesen quemados vivos. Así, en la colina de Nagasaki, el día 20 de junio fue quemado vivo junto con otros ocho religiosos jesuitas. A fin de que los cristianos no pudiesen recoger reliquias, sus cenizas fueron echadas al mar. Junto con el padre Francisco Pacheco, fueron martirizados:

El padre Baltasar de Torres, que había nacido en Granada, el 14 de diciembre de 1563 también en el seno de una noble familia. De niño estuvo en Ocaña, de donde su padre fue gobernador, estudiando en el colegio que la Compañía de Jesús tenía en aquella población toledana y donde sintió el deseo de hacerse jesuita. Con dieciséis años de edad, ingresó en el noviciado de Navalcarnero y hechos los votos, estudió filosofía en el colegio de Huete, siendo destinado posteriormente al de Cuenca como maestro de gramática. Luego estuvo en Alcalá de Henares estudiando teología y allí se le aceptó su solicitud de marchar a las misiones. Ordenado de diácono, con tres japoneses que volvían de Roma, marchó a Oriente, donde se ordenó de sacerdote. Llegó al Japón en el año 1600 y allí, desarrolló su apostolado en Meaco, Osaka, Ganga, Noto y en Zu. Cuando llegó la persecución de 1616 se quedó clandestinamente en el Japón hasta que fue arrestado, sometido a juicio y quemado vivo en la colina de Nagasaki.

Imagen del beato Francisco Pacheco en la iglesia de Santa María dos Anjos.

Imagen del beato Francisco Pacheco en la iglesia de Santa María dos Anjos.

Juan Bautista Zola, italiano nacido en Brescia, en el año 1575. Muy joven ingresó en la Compañía de Jesús y, habiéndose ofrecido para las misiones, en el año 1602 fue enviado a la India y dos años más tarde, al Japón. En 1614 se quedó de forma clandestina en el reino de Arima, donde continuó su trabajo apostólico. Pidió a dos compañeros jesuitas que fueron martirizados antes que él que intercedieran ante Dios para que le fuera concedida la gracia del martirio y ellos se lo prometieron por carta.

Pedro Rinscei, japonés de Arima, que desde muy pequeño se había criado con los jesuitas. De mayor, trabajaba como catequista con los misioneros jesuitas, siendo admitido en el seno de la Compañía de Jesús cuando estaba prisionero en la cárcel de Ximabara.

Vicente Kaun, que era un coreano que con trece años de edad marchó al Japón, donde educándose con los jesuitas, conoció el cristianismo y se convirtió. Hablaba el coreano, el japonés y el chino y era un insustituible catequista, colaborador de los misioneros.

Juan Kinsaku, que era natural de Cochmotzu. Se había criado con los misioneros convirtiéndose en un colaborador y catequista. Cuando los jesuitas fueron arrestados, habiendo podido conseguir la libertad, no quiso separarse de ellos y en la prisión de Ximabara fue admitido como miembro de la Compañía de Jesús por parte del padre Pacheco.

Pablo Xinsuki, que había nacido en Arima y que fue compañero del padre Pacheco, siendo un excelente catequista. También fue admitido en la Compañía de Jesús mientras estaba en la prisión.

Miguel Tozo, también de Arima, era ayudante del padre Baltasar de Torres, siendo apresado junto a él cuando le ayudaba en la celebración de la Santa Misa.

Gaspar Sadamatsu, natural de Omura, era un hombre muy culto y conocedor de las costumbres y religión japonesa. Convertido al cristianismo, ingresó en la Compañía de Jesús, ejerciendo su labor apostólica durante cuarenta años.

Estos nueve jesuitas, junto con otros ciento noventa y seis mártires más, o sea, doscientos cinco, que murieron dando testimonio de Cristo en Japón entre los años 1617 al 1632 y que pertenecían a diversas órdenes religiosas y diversas nacionalidades y que en su mayoría eran seglares japoneses, fueron beatificados en Roma por el beato Papa Pío IX, el día 6 de julio del año 1867. Del resto de estos mártires, por grupos, seguiremos escribiendo en próximos artículos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA. “Año Cristiano”, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 2003.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città N. Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (18/05/2014):

http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4873

¿Cómo eran sus rostros?

Reliquia del cráneo de San Eutiquio.

Reliquia del cráneo de San Eutiquio.

Desde que se inventó la fotografía, conocemos a la perfección cómo eran físicamente los Santos a los cuales veneramos, y nos da lo mismo si eran bajitos o altos, guapos o feos, con deficiencias físicas o sin ellas… aceptándolos tal y como eran. Pero de los Santos anteriores no conocemos su físico, salvo alguna que otra excepción, gracias a algún retrato pintado y, como hasta cierto punto es normal, siempre tendemos a idealizarlos. ¿Cuántas veces hemos oído decir: eres más bonito que un San Luís, sin saber en realidad si San Luís era guapo o feo y sólo comparándonos con las figuras idealizadas del mismo? Hoy en día, existen los suficientes conocimientos científicos como para hacernos una idea de cómo era el físico de un santo o beato estudiando sus restos, y esto se está haciendo. En este artículo vamos a exponer brevemente dos estudios muy recientes: un santo del siglo IX (San Eutiquio) y otro del siglo XIII (San Antonio de Padua). Vamos ya con ello, aunque como de San Eutiquio nunca hemos escrito, narraremos brevemente su vida.

San Eutiquio, obispo de Gortyna
Eutiquio era un obispo de Gortyna, en Creta, durante la invasión árabe del año 827. Los sarracenos se quedaron en la isla más de cien años, tomando posesión de todas sus pertenencias e impidiendo el ejercicio de cualquier autoridad eclesiástica que no fuera la musulmana. De este santo cretense, en realidad, a ciencia cierta, se sabe muy poco y la mayoría de los relatos que de él se cuentan, son sólo eso, leyendas populares con no mucha fiabilidad. Según estos relatos, temiendo la persecución de los musulmanes, Eutiquio y dos hermanos suyos se retiraron a una cueva de las muchas existentes en las montañas de Creta, a fin de llevar allí vida eremítica, aun a sabiendas de que los árabes torturaban a los monjes, como ocurrió con los que habitaban la iglesia rupestre de San Ciríaco, que fueron lanzados desde lo alto de la montaña. Se dice que Eutiquio y sus hermanos Casiana y Eutiquiano se salvaron, y que en aquella cueva – que durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizada como búnker por los alemanes -, se construyó con posterioridad la actual iglesia de la Transfiguración. Parte de los restos del santo se salvaron y permanecen en Creta, a pesar de los intentos de robo por parte de los cruzados, e incluso en los intentos de profanación durante la guerra cretense de 1645 a 1669.

Un científico cretense reconstruyendo la forma del cráneo del santo.

Un científico cretense reconstruyendo la forma del cráneo del santo.

Dicho lo anterior, digamos ahora que el cráneo de San Eutiquio se ha estudiado y que este estudio fue realizado por un grupo de científicos de la Universidad de Creta, del Instituto Cretense de Tecnología y del Hospital Universitario de Heraklion. El Instituto Tecnológico hizo la reconstrucción facial del santo mediante un modelo digital de su cráneo, creando con materiales sintéticos una copia exacta del mismo. Con esta copia sintética, los cirujanos plásticos reconstruyeron una copia de los músculos faciales y de la piel del rostro. Esta base de reconstrucción facial del cráneo fue una técnica desarrollada a mediados del siglo XX por el antropólogo y arqueólogo ruso Mihail Gerasimov (1907-1970) y que, con posterioridad, se ha visto mejorada por otros estudiosos. Así, se pudo esculpir la cabeza del santo, que fue presentada por un grupo interdisciplinario de científicos en una conferencia desarrollada el 11 de marzo del año pasado en el “Androgeus Hall” de Heraklion.

Con tal motivo, Makarios Douloufakis, metropolita de Gortyna y Arcadia, dio una conferencia de prensa donde resaltó la importancia de este trabajo, en el que se combinan las últimas tecnologías con la medicina forense e, incluso, con la mejor tradición iconográfica de este santo en la pintura bizantina. Combinando estos tres factores llegó incluso a enfatizar sobre el significado de la iconografía diciendo que un icono bizantino no debe percibirse simplemente como una imagen, sino como una especie de “canal de comunicación” entre las naturalezas divina y humana, divinizando la primera a la segunda, doctrina que ya fue insinuada por San Basilio Magno en el siglo IV cuando decía que “el valor de icono proviene de su prototipo, ya que veneramos el espíritu que él mismo icono nos muestra”. En este pequeño artículo mostramos la foto del cráneo del santo y la reconstrucción de cómo habría sido su rostro físico.

Esqueleto del Santo expuesto a la veneración. Basílica del Santo en Padua, Italia.

Esqueleto del Santo expuesto a la veneración. Basílica del Santo en Padua, Italia.

San Antonio de Padua
Sobre la vida de este popular santo católico del siglo XIII no vamos a escribir ahora, pues ya se publicó en este blog su biografía el día 13 de junio del año 2011. Dada la popularidad de este santo, existen multitud de imágenes suyas, no sólo a nivel de pinturas y esculturas, sino de cerámica, vidrieras, etc. Siempre se le ha representado como un santo “agradable a la vista”, pero en realidad se desconocía cómo era su rostro, cómo era su figura, aunque Giotto – casi contemporáneo suyo – nos dejó alguna imagen suya bastante parecida a la realidad.

El Departamento de Antropología de la Universidad de Padua, en colaboración con un grupo internacional de científicos, ha intentado reconstruir su rostro a partir de sus reliquias, conservadas en su basílica de Padua y que mostramos en una de las fotos de este artículo. A partir del cráneo y utilizando las técnicas científicas más modernas, se ha realizado una reconstrucción forense muy fidedigna de su rostro. El arqueólogo Luca Bezzi, miembro de “Arc-team Archaeology” y especialista en reconstrucción 3D, a partir de un modelo del cráneo, creó un prototipo tridimensional. Todos sabemos que la reconstrucción 3D es un proceso mediante el cual objetos reales son reproducidos en la memoria de una computadora, manteniendo sus características físicas, dimensiones, volúmenes y formas.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Para ello dispuso de toda la documentación existente en la basílica franciscana, que le fue facilitada por Fray Luciano Bertazzo, director del Centro de Estudios Antonianos. En esta reconstrucción también participó el diseñador de 3D, Cícero Moraes, brasileño de reconocido prestigio en el campo de la reconstrucción facial arqueológica, colaborador del laboratorio de Antropología y Odontología Forense de la Universidad de Sao Paulo, siendo este un proyecto que ha durado dos años y en el que se ha combinado la tecnología, la arqueología y la tradición.

En la realización de este trabajo se ha dado un caso muy curioso: a Cícero Moraes nunca se le dijo la identidad de la persona cuyo rostro tenía que reconstruir. Sólo se le informó de que se trataba de un varón de rostro caucásico, de treinta y seis años de edad. Moraes, que no se distingue por su religiosidad, estaba intrigado y conforme avanzaba en su trabajo, su intriga iba en aumento pues comprobaba que el rostro podría ser el de una persona nacida en la península Ibérica (recordemos que San Antonio era portugués). Cuando finalmente se le dijo que se trataba de San Antonio de Padua quedó tan maravillado que exclamó: “Yo, que no soy religioso, acabo de sentir una gran responsabilidad, ya que millones de personas de todo el mundo podrán ver la cara de un gran santo”.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Esta imagen, que también reproducimos aquí, fue presentada el pasado día 10 en un Congreso celebrado en el auditorio del Centro Cultural “Altinate San Gaetano” de Padua, quedando expuesta en la basílica del santo hasta el día 22 de este mes. Como podemos comprobar, su cara era redonda, con mofletes, sus ojos eran profundos y su nariz algo aplastada. Si comparamos esta cara mofletuda con las caras de las imágenes tradicionales, vemos que no se parece en nada con la imagen clásica del santo, ni siquiera en el estilismo de su figura. Tiene mucho más parecido con la imagen pintada por Giotto, aunque como todos sabemos, este pintor nació unos treinta años después de la muerte del santo: un rostro simpático, bonachón, con la tonsura tal y como la llevaban anteriormente los franciscanos y regordete. Recordemos que algunos historiadores dicen que el santo sufría de hidropesía – retención de líquido en los tejidos musculares -, y que por eso murió tan joven.

Antonio Barrero

Santa Afra de Brescia, matrona mártir

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Hace un tiempo, en este blog, la que os escribe publicó un artículo sobre Santa Afra, mártir de Augsburgo, virgen de Augusta a la que la tradición ha estigmatizado como prostituta arrepentida por una mala traducción de las fuentes, e hizo promesa en su momento de escribir sobre la otra mártir que comparte su mismo nombre. Ese momento ha llegado, pues existe también otra Santa de nombre Afra, matrona mártir en Brescia, menos conocida que su homónima de Augusta, pero de la que vale la pena hablar por el intrincado problema hagiográfico que plantea.

Se sabe muy poco de esta figura de la tradición cristiana, ya que comúnmente se la ha confundido con su homónima, Afra de Augusta, probablemente porque ambas comparten el símbolo de la lengua de fuego dividida en dos. La passio, basada en una leyenda medieval de los siglos VIII-IX, es de autor desconocido, y está insertada en las Actas de los mártires Faustino y Jovita. Es esta leyenda la que nos proponemos desarrollar aquí.

La esposa del pretor
La passio no incluye ninguna noticia precisa sobre la identidad de esta Santa ni los acontecimientos conectados con las primeras crónicas de la iglesia bresciana, que tuvieron que preceder al martirio. En algún códice aparece como “mulier quaedam” y en otros, como “uxor Italici”, o sea, mujer del notable bresciano quien, según la passio, fue el que trajo el simulacro de Saturno al anfiteatro para que los cristianos fueran despedazados por las fieras a los pies del ídolo. Así pues, según estos datos, Afra era la esposa de Itálico, pretor de la ciudad de Brescia. Por aquellos días se encargaba del proceso de los soldados Faustino y Jovita, renegados del ejército con el pretexto de ser cristianos y por ello, negándose a obedecer el edicto procedente de la autoridad de Roma.

Después de diversos tormentos, la sentencia se había concretado en el suplicio ad leones. En el anfiteatro se había colocado la estatua de Saturno, justo en el centro de la arena, a la cual iban a aferrarse los condenados que trataban de escapar de las zarpas de las fieras. Pero éstas, que teóricamente estaban incitadas por los verdugos, que no les dieron de comer durante varios días, se mostraron mansas ante los mártires cuando fueron sacadas a la arena, no mostrando la ferocidad propia de un felino que tiene hambre. Esto ya causó un gran impacto en la multitud, pero el golpe definitivo lo dio la propia intervención de Afra.

Bautizo de la Santa. Lienzo de Jacopo Bassano. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Bautizo de la Santa. Lienzo de Jacopo Bassano. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Ella presidía la tribuna junto a su esposo, y cuando soltaron cinco toros furiosos para que destrozaran a los dos cristianos, se levantó y trazó la señal de la cruz en el aire; y al punto los animales se calmaron y fueron a sentarse dócilmente a los pies de los mártires. Ante tal prodigio, los tres mil espectadores del anfiteatro de convirtieron, lo cual parece incluso más exagerado que la leyenda completa. Cuando Itálico, entre dolorido y decepcionado, preguntó a qué se debía aquello, Afra respondió: “Desde siempre he sido cristiana, aunque he venido ocultándotelo, y de hecho estoy bautizada, pues me convirtió a la fe el presbítero Apolonio”.

Itálico se vio obligado a denunciar a su esposa ante el emperador Adriano, quien la mandó torturar con una hoja de sierra -¡a pesar de que era la esposa de un notable de la ciudad!- al no querer renegar ella de sus creencias. No estuvo sola en su tormento, sino que la acompañó una fiel esclava cuyo nombre no se ha conservado, pero que es conocida con el sobrenombre de “Samaritana”. Una versión dice que Afra y su esclava murieron en medio de la tortura. Otra, la que ha tenido eco en las representaciones artísticas, afirma que tras la ejecución de Faustino y Jovita, Afra fue decapitada junto a Samaritana.

Culto, iconografía y reliquias
La iglesia que a finales del siglo III se dedicó a los santos Faustino y Jovita, donde yacían los restos de los mártires, era muy conocida por un epíteto específico que recordaba que estaba construida sobre el lugar del martirio, pero posteriormente asumió la titularidad de Santa Afra cuando. en el año 806, los cuerpos de los dos hermanos mártires fueron trasladados a otra iglesia en la ciudad.

Los hagiógrafos Lanzoni y Delehaye siempre defendieron que esta Afra era un desdoblamiento de la Afra de Ausburgo, cuya fiesta se celebra el 5 de agosto. Siempre se la representa ricamente vestida – familia noble – sosteniendo la palma del martirio. Ella, junto con Faustino y Jovita, es la patrona de la ciudad de Brescia. En esta ciudad tiene dedicada una iglesia donde se conserva una pintura de Paolo Veronese, en la que se recuerda la escena del martirio: está en actitud orante, con los ojos elevados al cielo, de donde vienen dos ángeles con la palma del martirio, mientras la rodean los verdugos martirizándola.

Martirio de la Santa. Óleo de Paolo Cagliari "Il Veronese". Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

Martirio de la Santa. Óleo de Paolo Cagliari “Il Veronese”. Iglesia de la Santa en Brescia, Italia.

En esta misma iglesia se conserva un cuadro de F. Bassano en el que se representa al obispo San Apolonio de Brescia administrando el bautismo a Afra en presencia de Faustino y de Jovita. Otra representación similar aparece en los frescos de la iglesia de santa María in Calchera, pero aquí San Apolonio está dando la comunión a Santa Afra.

¿Un desdoblamiento?
Ya hemos dicho que Lanzoni y Delehaye no dudan en afirmar que esta Santa Afra no es una mártir real, sino un desdoblamiento de la mártir de Augusta. Sin pretender cuestionar para nada el juicio de estos eminentes hagiógrafos, a cuyo criterio me someto, decir que sin embargo me veo obligada a afirmar que no se observan suficientes coincidencias como para afirmar que se trata de una sola persona. Lo único que comparten ambas Santas es el nombre, Afra -en latín, “africana”- y algunos elementos de iconografía: la lengua de fuego dividida en dos (?), la escena del bautismo por un obispo o presbítero -San Narciso en el caso de la mártir de Augusta, San Apolonio en el caso de la mártir de Brescia- y para de contar.

Las diferencias, en cambio, son numerosas: la de Augusta es una virgen injustamente considerada como prostituta-sacerdotisa de Venus, la de Brescia es una matrona romana, esposa de un pretor; la de Augusta muere quemada viva; la de Brescia es torturada con una sierra y decapitada; no coinciden ni el status, ni el martirio, ni las vicisitudes sufridas por una y por otra; no coincide la iconografía ni la ubicación de reliquias; tampoco los compañeros de martirio: la de Augusta muere sola, aunque después serán también martirizadas su madre y esclavas; la de Brescia es martirizada conjuntamente con su esclava y con los soldados Faustino y Jovita, a los que había defendido en la arena. Tampoco coinciden las fechas de veneración: aunque en muchos casos se dice que ambas son celebradas el 5 de agosto, lo cierto es que a la mártir de Brescia se la asocia con la fecha del 4 de mayo.

Busto-relicario de la Santa en su iglesia de Brescia, Italia.

Busto-relicario de la Santa en su iglesia de Brescia, Italia.

En resumen, ¿dos mártires, o una sola? ¿Es Santa Afra de Brescia una mártir histórica, o real, o es simplemente un desdoblamiento de la mártir de Augsburgo, como defienden los más prestigiosos hagiógrafos? Como adelantaba, no soy quién para discutirlo, pero como mínimo hay que admitir que las diferencias entre una y otra son más que notables. Que cada cual juzgue el asunto según crea conveniente.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova Editrice, Roma 1987.

La cabeza incorrupta de Santa Catalina de Siena

Vista del cráneo de la Santa, venerado en la iglesia de Santo Domingo, Siena (Italia).

Vista del cráneo de la Santa, venerado en la iglesia de Santo Domingo, Siena (Italia).

Sobre Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, ya se han publicado dos artículos en este blog, escritos por nuestro compañero Emmanuel; por lo tanto, yo no voy a incidir sobre su vida, pero sí quiero hacerlo hoy sobre su reliquia más insigne, de todos conocida: su cabeza incorrupta que se venera en la Basílica de Santo Domingo, en Siena; que yo he tenido la ocasión de venerar.

La cabeza de Santa Catalina fue separada del cuerpo en el año 1381, pues así lo quiso el Papa Urbano VI. En el mes de octubre de ese año, el Papa dio permiso para que la cabeza se separase del resto del cuerpo, siendo confiada a dos frailes de Siena que, en secreto, la llevaron a esta ciudad de la Toscana. La bolsa de seda que contuvo la reliquia durante el viaje se conserva en la celda de la Santa junto a su casa-santuario, donde también se conservaba el pomo del bastón que utilizaba para apoyarse y la lámpara que usaba por las noches, como enfermera voluntaria, en el hospital de Santa María della Scala.

Durante cuatro años, la cabeza estuvo encerrada en un armario de la sacristía de la iglesia de Santo Domingo, pero siendo consciente de este hecho, el Consistorio de la República ordenó que se le tributaran honores públicos a su ilustre paisana. Así, el 5 de mayo del 1385, se organizó una gran procesión que llevó la reliquia desde Santo Domingo hasta la iglesia del hospital de San Lázaro, a las afueras de la ciudad. Cerraba la procesión un grupo de monjas “Mantellate” y la propia madre de la Santa.

En la noche del 3 al 4 de diciembre de 1531, esta sagrada reliquia estuvo a punto de ser destruida, pues en la iglesia de Santo Domingo se originó un violento incendio. Sólo el coraje de fray Guillermo de Florencia puso a salvo la reliquia, ya que el fraile se envolvió en una sábana mojada y, a tientas, se internó en el fuego, cogiendo la reliquia y sacándola de entre las llamas.

En el año 1711, la cabeza fue colocada en una urna, obra de Giuseppe Piamontini, conocido orfebre florentino. Actualmente, esta urna se conserva en la Basílica de Santo Domingo, en una capilla situada a la derecha del altar mayor. Hasta entonces, la reliquia de la cabeza estuvo puesta en un busto de cobre repujado, que ahora se conserva en la capilla de las reliquias, a la derecha de la capilla que está embellecida por los frescos de Sodoma, en la misma Basílica.

Dedo de Santa Catalina, cuerdas usadas como disciplina y busto de cobre donde estuvo contenido el cráneo.

Dedo de Santa Catalina, cuerdas usadas como disciplina y busto de cobre donde estuvo contenido el cráneo.

En el año 1798, la cabeza de Santa Catalina fue llevada a la catedral de Siena, ya que un potente terremoto había dañado gravemente a la Basílica de Santo Domingo, a la cual volvió en el “Domingo in Albis” del año 1806. Esta sagrada reliquia fue sacada en procesión en el año 1857, con ocasión de la visita del beato Papa Pío IX a la ciudad de Siena, aprovechándose esta circunstancia para que el profesor Gaspero Mazzi le efectuase una revisión.

En el año 1931, por orden del podestá de Siena, Fabio Bargagli Petrucci, se rompieron los sellos (los sigilos) y se abrió el relicario a fin de que los profesores Mazzi, Raimondi, Lunghetti, Londini y Gori, comprobasen en qué estado estaba la reliquia. El relicario actual que contiene la cabeza de Santa Catalina es de este año – 1931 -, y es de plata engarzada por esmaltes, obra del orfebre florentino David Manetti, que lo realizó bajo el diseño de Angelo Giorgi, un platero muy conocido. Este precioso relicario fue donado por los frailes dominicos de Florencia a los frailes dominicos de Siena.

El 28 de abril del 1940, la reliquia fue llevada de nuevo a la Catedral, con ocasión de las primeras fiestas nacionales organizadas en honor de Santa Catalina. En 1996, con motivo del vigésimo quinto aniversario de la proclamación de Santa Catalina como Doctora de la Iglesia, la reliquia fue nuevamente puesta a la veneración de los fieles en la Catedral sienense y, finalmente, en el año 2000, con ocasión de la primera edición de las Fiestas Internacionales en honor de la patrona de Europa, la reliquia fue nuevamente trasladada en procesión al Duomo.

Mano de la Santa en el convento de las dominicas de Nápoles, Italia.

Mano de la Santa en el convento de las dominicas de Nápoles, Italia.

Otras reliquias caterinianas importantes, conservadas en esta misma Basílica, son: un dedo de la Santa, con el cual existía la tradición de bendecir a las Fuerzas Armadas Italianas, y algunas cuerdas que ella utilizaba a modo de disciplina. Un pie se conserva en la iglesia veneciana de los Santos Juan y Pablo, iglesia donde está sepultado fray Tomás Caffarini, que el es autor de la “Legenda Minor”. En la catedral de Siena se conservaba una costilla, la cual fue regalada al santuario de Santa Catalina en Astenet (Bégica), a petición de las monjas belgas, en el año 1985. Asimismo, en el monasterio de las Dominicas de Nápoles se conserva una mano.

También la casa-santuario tiene su reliquia: una pequeña porción de la escápula (omóplato) de Santa Catalina, visible dentro de un cofre tallado en la pared a la izquierda del altar mayor del oratorio del Crucifijo. Esta reliquia fue donada al santuario por la profesora Lidia Gori, hija del profesor Julio Gori, que fue uno de los que en el año 1931, hicieron el reconocimiento médico de la reliquia de la cabeza, al que me he referido con anterioridad.

Antonio Barrero

Bibliografía
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo III”, Città N. Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (16/05/2014):
– http://www.caterinati.org/