Santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, mártires de Roma

Mosaico de los Santos Cecilia, Valeriano y Tiburcio. Cripta de la Basílica de Santa Cecilia in Trastevere, Roma (Italia).

Mosaico de los Santos Cecilia, Valeriano y Tiburcio. Cripta de la Basílica de Santa Cecilia in Trastevere, Roma (Italia).

Pregunta: Buenos días. Quisiera saber algo más sobre San Valeriano de Roma, mártir y esposo de Santa Cecilia. Gracias por su atención.

Respuesta: No te vayas a creer que es fácil tratar sobre este tema, porque aunque estos tres santos mártires son mencionados en fuentes escritas muy antiguas (siglo V), sin embargo sus personalidades y existencia histórica no están exentas de ciertas dudas. El primer hecho está vinculado con la “passio” de Santa Cecilia, pero las incertidumbres dependen también de la autenticidad y del valor que se le puedan atribuir a las menciones que de ellos hace el Martirologio Jeronimiano. ¿Qué el Martirologio Jeronimiano plantea dudas? Pues si y para resolver este doble problema parece útil que examinemos a fondo ambas fuentes, aunque siempre quedarán estas dudas en las conclusiones que cada uno saque al leer estos argumentos.

En el Martirologio Jeronimiano estos tres santos son recordados en cuatro ocasiones: el 14 de abril como sepultados en las catacumbas de Pretextato en este orden: Tiburcio, Valeriano y Máximo. La segunda vez, el 21 de abril como sepultados en las catacumbas de San Calixto y en este orden: Valeriano, Máximo y Tiburcio. La tercera vez, el 11 de agosto, pero mencionando solo a Tiburcio y Valerio sepultados en el cementerio “ad duas lauras” en la vía Labicana y la cuarta vez, el 22 de noviembre, junto con Santa Cecilia, sin ninguna indicación geográfica y en el siguiente orden: Valeriano, Tiburcio y Máximo.

Tiburcio espía a Cecilia y Valeriano y contempla la aparición del Ángel. Pintura contemporánea en la iglesia de Santa Cecilia de Sao Paulo, Brasil.

Tiburcio espía a Cecilia y Valeriano y contempla la aparición del Ángel. Pintura contemporánea en la iglesia de Santa Cecilia de Sao Paulo, Brasil.

Sin ningún género de dudas, esta última mención depende de la “passio” de Santa Cecilia que es venerada en ese mismo día. La conmemoración del 11 de agosto debe considerarse como una pequeña pifia (error) del redactor del Martirologio dependiendo también de algún modo, de esta misma “passio” ya que a los dos mártires se le añade también el nombre de Cecilia. En realidad, el Tiburcio conmemorado en esa fecha es otro santo distinto al que estamos tratando en este artículo: es un Tiburcio mártir en Roma, cosa que pudiera también ocurrir con las otras dos menciones del 14 y 21 de abril. Pero entonces tenemos que preguntarnos, ¿cuál de estos dos días es el verdadero “dies natalis” y en qué catacumba fueron realmente sepultados estos tres mártires?

El hagiógrafo De Rossi defiende que el “dies natalis” es el 14 de abril y que estaban sepultados en las catacumbas de Pretextato y que la mención del día 21 de abril podría indicar un traslado de las reliquias al cementerio de San Calixto. Sin embargo, Duchesne, defiende todo lo contrario, o sea, que el “dies natalis” es el día 21 y que los mártires estaban sepultados en el cementerio de Calixto, luego la mención del 14 sería la del traslado al cementerio de Pretextato. Delehaye, legítimamente, rechaza la idea de cualquier traslado y acepta como el “dies natalis” el 14 de abril, pero no da ninguna explicación acerca de la conmemoración del día 21 de abril, aunque si deja abierta la hipótesis de que pudiera tratarse de una conmemoración “in die octava”, o sea, de lo que todos conocemos como una Octava.

La solución que plantea Delehaye no parece del todo convincente y por eso hay quienes proponen una cuarta hipótesis fundada en la observación del orden en el que aparecen los nombres de los mártires en las dos menciones: En las catacumbas de Pretextato estaría solo sepultado San Tiburcio y su “dies natalis” sería el 14 de abril. Valerio y Máximo estarían sepultados en el cementerio de Calixto, siendo su “dies natalis” el 21 de abril. Sin embargo, desde el momento en el que la tradición hagiográfica (mediante la “passio” de Santa Cecilia) une íntimamente estos tres nombres, siempre que se recurre a uno de ellos, se unen espontánea e inmediatamente los otros dos. Así, el 14 de abril a Tiburcio se le unen Valeriano y Máximo, mientras que el 21 de abril, a Valeriano y Máximo se le une Tiburcio. Si esta hipótesis diera en el blanco habría que admitir consecuentemente que las dos menciones del Martirologio Jeronimiano no respetarían la redacción original primitiva, sino que sería una especie de “refrito” influenciado por la “passio” de Santa Cecilia, emparejando simplemente los nombres, ya que las fechas no dependen de la “passio”, pues en ella estas fechas no se mencionan. El tema del 11 de agosto y del 22 de noviembre, quedaría claro.

Los Santos Valeriano y Tiburcio visitados en prisión por Santa Cecilia y por el papa Urbano. Lienzo de A. Botazzi.

Los Santos Valeriano y Tiburcio visitados en prisión por Santa Cecilia y por el papa Urbano. Lienzo de A. Botazzi.

Una confirmación de esta hipótesis parece encontrarse en el “Sacramentario Leoniano”, en el cual, entre los formularios del mes de abril, solo se recuerda a Tiburcio. Según defiende Bourque en su obra “Etudes sur les Sacramentaires Romains. Les textes primitifs”, editado en el Vaticano en el año 1949, esta ampliación de la festividad a los otros dos – a Valeriano y Máximo -, habría sido hecha por San Gregorio Magno en base a la “passio Caeciliae”. Sin embargo, debemos admitir que esta hipótesis estaría en conflicto directo con la “passio” – recordemos que hemos dicho antes que es muy antigua, del siglo V -, la cual afirma claramente que los tres mártires fueron sepultados en el mismo lugar y estaría también en conflicto con los “Itinerarios” del siglo VII, que dicen explícitamente que sus sepulcros estaban en el cementerio (catacumbas) de Pretextato.

Pero el testimonio de la “passio”, por muy antigua que esta sea, no tiene ningún valor histórico, ya que quién la compuso ignoró el “dies natalis” de los tres mártires, afirma que no murieron juntos, que primero murieron Valeriano y Tiburcio y algún tiempo después, Máximo. Y aunque la “passio” dice que fueron sepultados juntos, ignora el lugar concreto de la sepultura al afirmar genéricamente que los mártires fueron sepultados en un “locus qui vocabatur Pagus, quarto milliario ab urbe”, sin indicar ninguna vía o camino y hemos de tener en cuenta también que ninguno de estos dos cementerios – el de Pretextato y el de Calixto -, se encuentra en ninguna milla cuarta y mucho menos en un lugar llamado “Pagus”.

El testimonio de los “Itinerarios” sería más embarazoso, porque ya se ha señalado en alguna que otra ocasión que a menudo sus autores no son testigos, no han visto nunca personalmente los lugares a los que hacen referencia, sino que se remiten a lo que dicen otras fuentes hagiográficas anteriores. Tampoco se puede aducir o citar la autoridad de los célebres papiros de Monza – que son anteriores a los propios “Itinerarios” –, porque aunque en ellos se indican que los tres mártires están entre los que estaban sepultados en la Vía Appia, esto no nos obliga a dar por hecho que los tres estuvieran en un mismo cementerio, ya fuera el de Pretextato, ya fuera el de Calixto.

Martirio de los Santos. Grabado a partir de la iluminación del Menologio de Basilio II.

Martirio de los Santos. Grabado a partir de la iluminación del Menologio de Basilio II.

Si bien es verdad que del examen de los datos aportados por el Martirologio Jeronimiano se puede admitir la existencia de tres mártires, sobre sus personalidades y sobre cuando sufrieron martirio, podríamos decir que lo ignoramos todo, ya que la información que nos ha llegado de la famosa (pero legendaria) “passio Caeciliae”, no conoce ninguna de las que podríamos llamar “coordenadas hagiográficas”, o sea, fecha exacta, lugar del martirio, lugar concreto de sepultura, etc. Estas lagunas, esta falta de información encontradas en muchas “passios” no nos parecen razonables ya que estamos hablando de santos auténticos y en el siglo V sus sepulcros debían encontrarse intactos y eran conocidos pues anualmente se les conmemoraba, por lo que es altamente sospechoso que en aquel tiempo nada cierto se supiese; estas lagunas no parecen tener razón de ser.

De todos modos, tenemos que recordar que la “passio” dice que Valeriano era el esposo de Santa Cecilia, que fue convertido al cristianismo por ella, que fue bautizado por el Papa Urbano y que él, a su vez, convirtió a su hermano Tiburcio. Ambos fueron condenados por el prefecto Almaquio, quien los confió al corniculario Máximo, el cual antes de ejecutar la sentencia, también se convirtió (recordemos que un corniculario era un suboficial que estaba asignado al gobernador de una provincia o a un alto funcionario civil). Valeriano y Tiburcio fueron asesinados y sepultados en el “Pagus” de Cecilia y, poco tiempo después, en aquel mismo lugar, fue sepultado Máximo “en un sarcófago nuevo”.

Santa Cecilia hace recoger y enterrar los cadáveres de Valeriano y Tiburcio. Detalle de un lienzo de Negretti.

Santa Cecilia hace recoger y enterrar los cadáveres de Valeriano y Tiburcio. Detalle de un lienzo de Negretti.

Frente a estos hechos, a esta información, uno puede preguntarse de donde provienen las anotaciones del Martirologio Jeronimiano y por qué el autor de la “passio” no los conocía o no los usó, porque en verdad, si hubiera hecho esto habría dado un mayor crédito a su relato. ¿O es posible que estas anotaciones del Martirologio Jeronimiano no existiesen en su redacción original y se incorporaron bajo la influencia de la “passio”? Cualquiera que sea la verdadera solución a este problema, de todas maneras es cierto que del Martirologio (por las fechas) y de la “passio” (por los datos biográficos), estos tres santos pasaron al Martirologio de Beda y de ese, a través del resto de los martirologios históricos, al actual Martirologio Romano que los conmemora el 14 de abril.

Los sepulcros de los mártires fueron restaurados por primera vez a mediados del siglo VIII, en tiempos del Papa Gregorio III; después, en el mismo siglo, lo hizo Adriano I y finalmente, San Pascual I – ya en el siglo IX -, transfirió sus cuerpos a la basílica de Santa Cecilia en el Trastévere, donde están sepultados en su cripta.

Imagen actual de la cripta donde reposan los restos de los Santos Cecilia, Tiburcio y Valeriano (sobre el altar adosado). Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia)

Imagen actual de la cripta donde reposan los restos de los Santos Cecilia, Tiburcio y Valeriano (sobre el altar adosado). Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia)

Esto es lo que puedo contarte acerca de estos tres santos, aunque bien es verdad que tú me has preguntado solo por uno de ellos, pero como he pretendido demostrarte, los tres están íntimamente unidos. Te aconsejo también que releas los artículos que sobre Santa Cecilia escribió nuestra compañera Ana María.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMORE, A., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990
Acta sanctórum, mensis aprilis.
– PEPE, G., “Introducción al estudio del medioevo latino”, Roma, 1987.

Santos Aquindino, Pegasio, Aftonio, Elpidoforo, Anempodisto y compañeros mártires

Icono ortodoxo griego de San Aquindino. Siglo XVII.

Icono ortodoxo griego de San Aquindino. Siglo XVII.

Hoy quiero escribir un pequeño artículo sobre un grupo de mártires históricos pero que están rodeados de bastantes leyendas, como consecuencia de la fabulosa “passio” escrita sobre ellos. Este es un grupo de mártires persas, de los cuales no se hace ninguna mención con anterioridad al siglo VII. Existe esa “passio” griega del tiempo de Heraclio (610-641), de escaso valor histórico, que ha llegado hasta nuestros días en dos redacciones distintas. Una es una reelaboración de Simeón Metafraste y la otra es una versión latina, inédita, que se encuentra en el códice 1622 de la Universidad de Padua.

Según esta “passio”, Aquindino, Pegasio y Anempodisto eran unos cristianos persas que vivían su fe discretamente, digamos que en secreto, pero que fueron denunciados y, consecuentemente, capturados por orden del rey persa Sapor II, quien personalmente los interrogó sobre su fe. Como ellos proclamaron su creencia en la Santísima Trinidad, fueron torturados golpeándoles con látigos, turnándose los propios verdugos conforme se iban cansando, mientras que los santos no profirieron ningún grito de dolor ni ninguna queja. Como en otros muchos casos, los mártires fueron milagrosamente sanados de sus heridas, sus cadenas se rompieron y fundieron como si fueran de cera, mientras que al mismo tiempo, una violentísima tempestad se desencadenó sobre la ciudad donde estaba ocurriendo estos acontecimientos. El rey Sapor II no pudo soportar la tensión y perdió el conocimiento e incluso el habla, o sea, se quedó mudo aunque al poco tiempo la recuperó gracias a la intercesión de los propios mártires.

Una vez recuperado y creyendo que había sido víctima de un hechizo realizado por los santos, el rey los hizo colgar sobre un fuego para que se asfixiasen con el humo y como ese tormento tampoco surtió efecto alguno, los hizo sumergir en un caldero de plomo derretido – del que por supuesto salieron ilesos -, lo que despertó el asombro de los verdugos, uno de los cuales, llamado Aftonio, se convirtió y aun sin estar bautizado fue inmediatamente decapitado.

Mural del martirio de los Santos. Año 1547. Monasterio Dionysiou, Monte Athos, Grecia.

Mural del martirio de los Santos. Año 1547. Monasterio Dionysiou, Monte Athos, Grecia.

Como el rey no salía de su asombro, les preguntó cómo podían salir ilesos de estos tormentos, respondiendo ellos que gracias a la acción de Cristo, por lo que Sapor II, presa del miedo y cegado por la rabia comenzó a blasfemar, a tirarse de los pelos, a golpearse la cara e incluso se rompió sus vestidos, aunque cuando los mártires le amenazaron con perder nuevamente el habla, el rey se tranquilizó. Tranquilizado, ordenó encerrar a los mártires en una cárcel.

Pasados unos días y convencido de que todo había sido obra de hechicería, ordenó meter a los tres santos en un saco cerrado y lo sumergieron en el mar, pero inexplicablemente, el saco se abrió y ellos reaparecieron completamente ilesos. Mientras tanto, en el Senado, algunos senadores entre los que se encontraba Elpidoforo, asumieron la defensa de los mártires ante el rey, pagando ellos mismos con sus vidas el valor que mostraron enfrentándose a Sapor II.

Finalmente, Aquindino, Pegasio y Anempodisto fueron condenados a morir decapitados, pero una muchedumbre se reunió en torno a ellos acompañándolos hasta el lugar del suplicio. Como el gentío comenzó a glorificar el nombre de Dios, Sapor II ordenó matarlos a todos y a los tres mártires, quemarlos vivos junto con veintiocho soldados que se habían convertido al cristianismo y con la propia madre del rey Sapor II, quien también confesó su fe en Cristo, pues había presenciado parte de los tormentos a los que se vieron sometidos los mártires. Todo ocurrió alrededor del año 350. Los escasos cristianos que quedaron vivos, recogieron de noche los cuerpos de los mártires, dándoles honrosa sepultura.

Mural de San Aquindino, obra de Teófanes el cretense. Meteoros (Nicholas Anapafsa). 1527.

Mural de San Aquindino, obra de Teófanes el cretense. Meteoros (Nicholas Anapafsa). 1527.

Hasta aquí y resumiendo mucho, es lo que dice la “passio”, que como puede comprobarse, siendo muy indulgentes, diremos que está algo exagerada, aunque en realidad lo que tiene es escaso o nulo valor histórico. Puede haber un núcleo de verdad, enmascarado por toda una burda leyenda.

Más tarde – no se sabe cuándo -, las reliquias de los mártires fueron trasladadas a Constantinopla, donde se veneraban en una iglesia construida en su honor. Durante la Cuarta Cruzada, en el año 1204, reliquias de estos santos fueron llevadas a Venecia, a Francia y a la Abadía de Rosières, en el Jura. A las reliquias que estaban en Francia, se les perdió la pista durante la Revolución Francesa, aunque en el año 1892 fueron encontradas en Grozon. Las que se encuentran en Venecia están en la catedral de San Marcos, en cuya Pala de Oro están representados.

Tanto en Oriente como en Occidente, estos santos mártires, que son históricos aunque estén rodeados de leyendas, son venerados el día 2 de noviembre

Antonio Barrero

Apolytikion de los Santos

Bibliografía:
– El Sinaxario Constantinopolitano
– JAPUNDZIC, M., “Bibliotheca sanctorum, tomo I”, Città N. Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (27/10/2014):
– http://xristianos.gr

Contestando a algunas breves preguntas (XXIII)

El Beato Pablo VI, Papa.

El Beato Pablo VI, Papa.

Pregunta: De todos es conocido el rechazo de la Iglesia al aborto. ¿Es cierto que el milagro que ha llevado a Pablo VI a los altares está relacionado con este tema? Muchísimas gracias.

Respuesta: También es sabido que el Beato Pablo VI rechazó el aborto en la encíclica “Humanae vitae” publicada el 25 de julio de 1968 y que puede leerse en este link de la web del Vaticano.

Bueno, pues refiriéndome en concreto a tu pregunta quiero decirte que, en efecto, el milagro está relacionado con la curación de un feto, realizado en el año 2001. La madre se encontraba en la semana 24 de la gestación cuando en una de sus revisiones le detectaron al feto una lesión grave en la vejiga. Aunque los médicos le dijeron a la madre que el niño no nacería vivo y que si así lo hiciera, nacería con deformaciones y necesitaría de inmediato un transplante, la madre se negó a abortar y le pidió a una amiga que había conocido personalmente al Papa Pablo VI, que le rezara por su hijo. La amiga así lo hizo y cuando los médicos le hicieron la siguiente revisión a las 34 semanas de gestación, comprobaron asombrados que la malformación había desaparecido. El niño nació sano, tiene unos catorce años de edad y estuvo presente en la beatificación del Papa Montini.

Imagen de San Ginés de la Jara, obra de la escultora española Luisa Roldán, "la Roldana".

Imagen de San Ginés de la Jara, obra de la escultora española Luisa Roldán, “la Roldana”.

Pregunta: Buenos días. Me gustaría saber si me pueden ayudar en la iconografía de San Ginés de la Jara. Estoy intentando buscar los atributos del santo y si su patronazgo es de los viticultores, campesinos, mineros e incluso los marineros. La información que he encontrado es ambigua, inconclusa y dispersa. Un saludo.

Respuesta: Siento ser brusco, pero como a mi me gustan las cosas claras, a veces, no soy muy diplomático para decirlas y esta es una de esas veces. San Ginés de la Jara no es un santo real, no existe; es un personaje de leyenda creado en el entorno de la ciudad de Cartagena, de la que es copatrono. Es un claro desdoblamiento de un santo real: San Ginés de Arlés, un mártir del que nos hablan tanto Prudencio en el “Peristephanon” como Venancio Fortunato.

Pero este no es el único caso de desdoblamiento de San Ginés de Arlés, sino que también lo son San Ginés de Alvernia, San Ginés de Béziers, San Ginés de Barcelona, San Ginés de Córdoba y algún otro Ginés más, todos ellos falsos. En el caso de San Ginés de la Jara (o San Ginés Sciarensis) hay que decir que en el siglo XV se fundó un convento franciscano en Cartagena al que se le puso el nombre de “San Ginés de la Jara”, pero en el que se veneraba en realidad al soldado mártir San Ginés de Arlés. A partir de ahí, se armó el lío porque el pueblo se inventó una historia que hablaba de un eremita que se había establecido junto al Mar Menor mucho antes de que los árabes desembarcaran en la Península Ibérica y que había muerto como mártir. Se decía que su linaje era noble y ¡oh casualidad!, que procedía de Francia. Recordemos que Arlés es una ciudad francesa. El colmo del despropósito fue que el Papa Paulo III, lo reconoció como santo en el año 1541 y ¡oh casualidad también!, puso su festividad el 25 de agosto, que es la misma fecha en la que se conmemora al santo de Arlés.

Como el Mar Menor está en el Mar Mediterráneo y junto a las minas de cinc y plomo de La Unión, de ahí le viene su patronazgo a los marineros y mineros. Y como se dice que era un ermitaño, se le representa vestido como un monje (se puede ser ermitaño sin ser monje) y para más colmo, con el báculo de un abad. Todo un despropósito. Por eso no me extraña que, como tú muy bien dices, la información que hasta ahora has encontrado es ambigua, inconclusa y dispersa. Pues yo te lo aclaro: es falsa.

Detalle de los mártires del Zenta en un lienzo contemporáneo.

Detalle de los mártires del Zenta en un lienzo contemporáneo.

Pregunta: ¿Me podríais decir que hay de cierto sobre la Causa de beatificación de los mártires del Zenta y darme alguna información sobre estos mártires? Gracias.

Respuesta: Bueno; es cierto que el pasado 25 de octubre el Vaticano dio el “Nihil obstat” a esta Causa, manifestando que no existe ningún obstáculo para continuar el proceso de beatificación de estos presuntos mártires. La diócesis de Orán (Argentina) lleva trabajando en esta Causa desde el mes de marzo del año 2002, habiendo constituido un tribunal y una comisión de peritos en Historia y Teología, cuyo principal objetivo es la recopilación de la mayor cantidad de datos históricos posibles. Por el hecho de ser argentino, el Papa Francisco está al tanto de esta Causa.

Aunque a finales del siglo XVIII, fueron asesinados unos veinte sacerdotes y seglares cuando estaban en plena tarea evangelizadora en el Chaco salteño, la Causa de beatificación ha sido solo abierta a los sacerdotes Pedro Ortiz de Zárate (de la diócesis de Orán) y Juan Antonio Solinas (jesuita italiano de Cerdeña). Al menos, que yo sepa, en la Causa no están incluidos los dieciocho seglares que les acompañaban, ya que de ellos se desconoce absolutamente todo, salvo el número de cuantos eran. Sin embargo lo más probable es que a lo largo de la tramitación de la Causa, sean agregados como compañeros mártires de nombres desconocidos.

El padre Pedro – que era un hombre viudo que se había ordenado de sacerdote -, quería misionar la zona del Gran Chaco comprendida entre los ríos Bermejo y Pilcomayo y en esta tarea era ayudado por el padre Juan Antonio. Junto al río Bermejo habían construido una pequeña capilla dedicada a la Virgen, donde celebraban la Eucaristía. El 27 de octubre del 1683, los dos sacerdotes y los seglares criollos y aborígenes allí presentes (hombres, mujeres y niños), fueron atacados por miembros de las tribus tobas y mocovíes, quienes a golpes de macanas los martirizaron y asesinaron. En esta web puedes encontrar más información sobre estos mártires.

Tenebrario encendido durante el oficio de tinieblas.

Tenebrario encendido durante el oficio de tinieblas.

Pregunta: Buenos días. Quisiera saber con exactitud cuales eran los salmos que se recitaban en el Oficio de Tinieblas en la Semana Santa, antes de la última reforma litúrgica y el uso exacto del tenebrario. Muchas gracias.

Respuesta:
Jueves Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 68, 69 y 70
Segundo Nocturno: Salmos 71, 72 y 73
Tercer Nocturno: Salmos 74, 75 y 76
Laudes:
Salmos 50, 89, 35, 146 y Cántico de Moisés.

Viernes Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 2, 21 y 26
Segundo Nocturno: Salmos 37, 39 y 53.
Tercer Nocturno: Salmos 58, 87 y 93
Laudes:
Salmos 50, 142, 84, 147 y Cántico de Habacuc

Sábado Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 4, 14 y 15.
Segundo Nocturno: Salmos 23, 26 y 29.
Tercer Nocturno: Salmos 53, 75 y 87
Laudes:
Salmos 50, 91, 63, 150 y Cántico de Ezequías.

Sobre el tenebrario y su uso ya hemos escrito en este blog.

Fotografía de Cástor Zarco García, seminarista mártir.

Fotografía de Cástor Zarco García, seminarista mártir.

Pregunta: ¿Es cierto que la archidiócesis de Madrid ha incoado la Causa de beatificación de siete seminaristas madrileños?

Respuesta: Si es cierto y concretamente, hace muy poco tiempo, se clausuró el proceso diocesano, que se había iniciado en la diócesis de Madrid el 21 de octubre del año 2010. En esta Causa no solo hay siete seminaristas madrileños, sino que también hay uno de Santander y otro de Toledo, además de un sacerdote y un seglar. Su postulador es el sacerdote benedictino Miguel Vivancos Gómez.

Como acabo de decir, en esta Causa están incluidos: un sacerdote (Julio Pardo Pernía), nueve seminaristas (Pablo Chomón Pardo, Ramón Ruiz Pérez, Jesús Sánchez Fernández-Yáñez, Miguel Talavera Sevilla, Antonio Moralejo Fernández, Mariano Arrizabalaga Español, Ángel Trapero Sánchez-Real, Ignacio Aláez Vaquero y Castor Zarco García) y un seglar (Liberato Moralejo Juan). De todos modos, quiero remacharte, que a esta Causa aun le queda mucho recorrido, aunque por el solo hecho de haberse incoado, ya estos presuntos mártires son reconocidos como Siervos de Dios.

Antonio Barrero

Beatas Josefa Ruano y Dolores Puig, religiosas mártires

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Pregunta: Buenas tardes, bendiciones desde México, gracias por su blog, que ha sacado de dudas varias interrogantes, el caso ahora es de que no se encuentra casi ninguna información sobre las beatas Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, solo aparece que murieron martirizadas en Buñol, Valencia, pero no más. Ni su vida, ni el detalle de su martirio.

Respuesta: Las dos Beatas por las que me preguntas, amigo, son dos religiosas pertenecientes a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fundada por Santa Teresa Jornet, que murieron mártires durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y, como bien dices, sufrieron martirio en tierras valencianas, aunque una era andaluza y la otra catalana. De hecho, son dos de las cuatro mártires que tiene esta Congregación, muy querida en España a nivel popular al estar dedicada al cuidado de los ancianos desvalidos y siempre con estrecho contacto con las clases sociales más desfavorecidas, de fundación española -la fundadora era también catalana-; las otras dos mártires, pertenecientes a la casa-asilo de Barbastro en Huesca, todavía no han sido beatificadas. En este artículo, por ser el motivo de tu duda, nos ocuparemos de las dos Beatas, que pertenecían a la casa-asilo de Requena, en Valencia.

Beata Josefa Ruano García
Nació en Berja (Almería) el 9 de julio de 1854, hija de los granadinos Antonio y María Ramona, que se habían instalado en Almería seguramente buscando un mejor futuro, bautizando a su hija dos días después con el nombre de María Josefa. No se sabe nada de su infancia, aunque se supone que recibió una influencia positiva de su familia y parroquia local, que la movieron a asumir la fe católica como proyecto de vida.

Ingresó en la recién estrenada Congregación a los 23 años de edad el 8 de diciembre de 1877, el mismo día en que la fundadora hacía su profesión perpetua, con el nombre de sor Josefa de San Juan de Dios. Ocho años después emitía en Valencia sus votos perpetuos, el 15 de octubre de 1855. Llegó a ser superiora de diversas casas, primero en Cascante (Navarra), en Requena (Valencia), de 1922 a 1928; luego en Alzira, también en Valencia, hasta 1934, para regresar a Requena hasta el año 1936, en que la asesinaron, a los 82 años de edad.

Era muy querida por todos debido a su gran espíritu de caridad y su corazón maternal. Los que la conocieron u oyeron, las personas que la habían conocido, nos dicen de ella: “Era buenísima, una verdadera santa; tenía una caridad ejemplar, estaba siempre pendiente de todos, unía mucho a la comunidad; su trato era muy afable, atento y cariñoso”.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Beata Dolores Puig Bonany
Nacida en Berga (Barcelona) el 12 de junio de 1857, tercera hija de Ramon y Antònia, una familia sencilla y cristiana, que la bautizó el mismo día de su nacimiento. Fue educada en un colegio de las carmelitas de su ciudad y ayudó a su padre en su oficio de tejedor, pero éste murió a sus 22 años de edad.

Ingresó en la congregación con 29 años, el 27 de enero de 1887, en Valencia; siguiendo el ejemplo de su hermana Buenaventura, dos años mayor que ella, que estaba en la misma orden desde el 1 de diciembre de 1882, emitiendo los votos perpetuos cinco años después con el nombre de sor Dolores de Santa Eulalia, en Valencia, el 9 de marzo de 1892. Desempeñó el oficio de portera durante muchos años, en Villena (Alicante), Yecla (Murcia) y, ya en 1892, en Requena (Valencia). Su hermana, Buenaventura, fue una de las fundadoras del asilo de Berga, siendo superiora de algunas comunidades y falleciendo el 2 de julio de 1935 en Banyoles, Girona. No llegó a presenciar el martirio de su hermana.

El recuerdo que ha quedado de ella entre sus compañeras es que era una mujercita, pequeña de cuerpo, pero con un alma grande, por lo que todo el mundo la quería. Era apreciada por todo el pueblo. Una señora de Requena, que conocía mucho a las hermanas, afirmó: “Era pequeña pero con un alma tan grande que todo el mundo la quería; ella nos quería a todos y nosotros a ella con locura”. Las hermanitas de su comunidad dieron este testimonio: “Era una hermanita muy humilde, sencilla, cumplidora del deber, muy angelical, y con una caridad extraordinaria para todos; era muy querida”. Tenía 79 años de edad en el momento de su martirio.

Persecución atenuada
Como decía al principio, el hecho de que la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados fuese una orden tan querida por su entrega a los abandonados y pobres influyó mucho en el hecho de que no sufrieron tanta persecución como otras órdenes religiosas. Es muy notorio que la mayor parte de sus casas fueran respetadas y que ellas, las religiosas, pudieran seguir en sus puestos. Eso, directamente, favoreció que pudieran convertirse en lugares de acogida para una gran cantidad de religiosas de otras congregaciones que huían, expulsadas de sus residencias. En muchas ocasiones, eran las propias autoridades las que facilitaban estas acogidas, pues les facilitaba tenerlas más controladas y ubicadas.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Pero no todo es perfecto ni puede discurrir tan fácilmente, y por ello, a pesar de la tolerancia e incluso protección que esta Congregación disfrutó por parte de las autoridades republicanas, lo mismo hubieron de lamentar el asesinato de cuatro de sus religiosas, como decía al principio: cuatro mártires, dos de la casa-asilo de Barbastro, en Huesca -sor Cristina Bertomeu Fuster y sor Pascuala García Garrido, de las cuales aún hoy se desconoce dónde están enterradas-; y nuestras dos protagonistas de la casa-asilo de Requena en Valencia, la madre Josefa Ruano y sor Dolores Puig. Ambas atendían a los ancianos en este asilo de la localidad valenciana, cuya comunidad estaba compuesta por ocho religiosas. Y, aunque eran muy ancianas, eran igualmente conscientes del peligro y dificultad de su situación: “Viendo los hechos que sucedían en Requena y conociendo la situación en que se encontraba España, las hermanitas tenían conciencia de la posibilidad de ser mártires y lo aceptaban conscientemente, preparándose a ello en la oración. Decían: “Si el Señor lo quiere, aceptémoslo y sepamos perdonar para que estas almas se salven”. Sor Josefa, la superiora, repetía: “Tenemos que estar preparadas en estos tiempos que estamos y ser fieles ante lo que pueda ocurrir”.

Expulsión
Según narra Salvador Cirac en su Martirologio de Cuenca, el 29 de julio de 1936, se presentaron unos milicianos armados en el asilo de Requena y expulsaron de allí a las ocho religiosas con estas palabras: “Márchense inmediatamente, pues aquí están de más, y hay quien las sustituya”. Ellas, no teniendo más remedio que obedecer, dejaron la casa, quedando los ancianos abandonados mientras los milicianos se dedicaban a destrozar y profanar la iglesia.

Al principio, estos hombres halagaban a los ancianos, prometiéndoles que los iban a tratar mucho mejor que lo habían hecho las monjas, pero ese mismo día ya los estaban haciendo sufrir, pues los condujeron al hospital, les prohibieron rezar y les trataban como a viejos inútiles. Entretanto, en el asilo se instaló una escuela y, posteriormente, un cuartel de guardias de asalto. A las monjas las acogieron en sus casas algunas personas caritativas, donde permanecieron algún tiempo.

Detención
El 26 de agosto, Alberto Peris Lacasa, vecino de Alzira, que era viudo y padre de dos hijos, marchó a Requena y se llevó a cuatro de las religiosas a su casa. Poco después, los milicianos detenían a otras tres Hermanitas y las encerraron en la cárcel, aunque salieron al poco tiempo. A los pocos días, Alberto Peris vino a buscarlas. Esto molestó a los milicianos, que empezaron a decir que este hombre era un fraile disfrazado y pagado por las religiosas, por lo que lo detuvieron y lo llevaron ante el Comité Revolucionario, junto con las tres religiosas y la dueña de la casa que las había acogido.

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Alberto Peris declaró ante el comité quién era, pero como le descubrieron que llevaba un rosario y algunas medallas religiosas, lo fusilaron en Requena el 8 de septiembre, en compañía de un octogenario sacerdote llamado Ramón Saiz Álvarez. Así pagó su caridad para con las religiosas. Éstas, sin embargo, fueron liberadas por el comité; pero al salir se encontraron con una inmensa muchedumbre que gesticulaba con violencia y gritaba: “¡Matadlas! ¡Matadlas!”

Esto bastó para sellar su destino. Las tres religiosas, que no eran otras que la madre Josefa, sor Dolores y otra que era mucho más joven que ellas -33 años-, sor Gregoria de los Inocentes Pérez Mateo, pasaron en un instante de ser liberadas a ser sentenciadas a muerte.

Martirio
Visto el panorama, los milicianos obligaron a las tres religiosas a subir a un coche y se las llevaron por la carretera de Bunyol hasta una cuesta, donde las hicieron bajar y las fusilaron. Dos de ellas, la madre Josefa y sor Dolores, murieron en el acto. Pero sor Gregoria, la tercera, quedó simplemente malherida. Parece que no se tomaron la molestia de rematarlas, pues así las dejaron.

A la mañana siguiente, el alcalde de Bunyol, al serle notificado que había tres cuerpos abandonados en la carretera, dio sepultura a las dos fallecidas y, encontrando todavía viva a la tercera, hizo que la llevaran a un hospital a Valencia, para que curaran sus heridas. Sor Gregoria sobrevivió, quedándole como única secuela un brazo inválido, vivió muchos años, y es gracias a ella que hemos conocido los pormenores de este relato, pues narró puntualmente todo lo sucedido y dio su testimonio para la beatificación.

Memoria y culto
En el Archivo Histórico Nacional, en la Causa General, al relatar estos hechos se manifiesta que se ignora la identidad de los asesinos de las religiosas. Sólo se indica que el chófer del auto que las llevó, a decir de algunos rumores en el pueblo, era apellidado Parra.

Los dos cadáveres habían sido enterrados en el cementerio de Bunyol, y después de la guerra, en junio de 1939, fueron exhumados y enterrados de nuevo en el cementerio de Requena, siendo extendidos los certificados del acta de defunción el 21 de agosto de 1942.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Desde el primer momento se las consideró mártires y no se dudó de esto ni lo más mínimo, como queda recogido en el testimonio de muchas personas de Requena que las habían conocido:
“Para mí el martirio fue una corona, premio del Señor a su gran bondad y caridad con los ancianos”.
“Las monjas eran muy queridas en Requena. Lo que habían hecho con ellas era una gran injusticia; y cuando ya todo había pasado, era un clamor popular, el que no había derecho a lo que habían hecho con las hermanitas”.
“Todo el pueblo las tiene como mártires, y se avergüenza de tal actuación con unas personas que no hicieron más que el bien por el pueblo”.
“Todo el mundo las ha considerado y considera como auténticas mártires. Por la obra que realizaron a lo largo de toda su vida en servicio de la ancianidad y por la forma de muerte que tuvieron, son auténticas mártires”.

En 1999, durante el proceso de beatificación de las dos religiosas, sus restos fueron de nuevo exhumados y trasladados a la capilla del asilo de la Congregación, donde aún reposan. Finalmente, el proceso culminó y el día 11 de marzo de 2001 fueron beatificadas por San Juan Pablo II en Roma.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Edibesa, Madrid 2007.

Enlace consultado (29/11/2014):
– www.hermanitas.net

Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones

Fachada del templo.

Fachada del templo.

Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones
Plaza de San Silvestre
Roma

Es una de las numerosas iglesias que en Roma testimonian la presencia francesa, en particular, la presencia de la “nación” borgoñona, como de hecho se puede leer en su dedicatoria.

La iglesia puede resultar invisible, o casi, por exceso de visibilidad, encontrándose en la plaza homónima, que en realidad no es una plaza, habiéndose convertido simplemente en una suerte de espacio de retiro entre la calle del Tritón y la plaza de San Silvestre, un lugar donde cada día pasan millares de personas atareadas que quizás ni se acuerdan de su existencia.

La iglesia fue construida en el lugar de un oratorio y de un hospicio de la nación borgoñona, cuyos representantes, por otra parte, debían estar concentrados en una parte amplia de esta zona, como deja intuir la presencia de la no lejana calle Borgoñona. La arquitectura del nuevo edificio fue obra de Antoine Derizet, que trabajó aquí en 1728-29.

El interior es un espacio de planta de cruz griega con cúpula, un espacio agradable del setecientos con bellas decoraciones en estuco, entre las cuales, destacan ángeles adoradores de inspiración berniniana. La iglesia está siempre abierta por la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

La plaza de San Claudio fue, hasta 1941, separada por un bloque de casas de la vecina plaza de San Silvestre, donde el edificio de la derecha, terminado en 1956, es una de las últimas intervenciones edilicias efectuadas en el centro histórico de Roma.

Vista del interior del templo.

Vista del interior del templo.

Recorriendo la calle San Claudio se tiene a mano derecha, en ángulo con la calle del Corso, el palazo de la Rinascente, nacido como Grandes Almacenes de los Hermanos Bocconi “a las ciudades de Italia”, después llamado con su nombre actual tras un incendio y posterior restauración, por consejo de Gabriele d’Annunzio. El palacio, construido en 1885-87 por Giulio de Angelis, fue el primer gran almacén de modelo parisino, en estructura metálica e interior balconado, y por primera vez en Roma fueron introducidas las escaleras mecánicas.

En esta iglesia se encuentra una figura yacente de San Pedro Julián Aymar – fundador de la Congregación de los Padres Sacramentinos y de las Esclavas del Santísimo Sacramento -, que contiene parte del cráneo del santo.

Aunque seguro que a este santo se le dedicará un artículo en el blog, digamos al menos que fue un sacerdote francés, muy devoto de la Eucaristía desde que era niño, que se ordenó de sacerdote y que fundó dos congregaciones religiosas, una masculina y otra femenina, dedicadas a honrar al Santísimo Sacramento.

Figura yacente que contiene una reliquia del cráneo de San Pedro Julián Aymar. Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones. Roma, Italia.

Figura yacente que contiene una reliquia del cráneo de San Pedro Julián Aymar. Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones. Roma, Italia.

Fue un ferviente apóstol de la comunión frecuente y un buen predicador. Murió en La Mure d’Isère (Francia) en el año 1868, estando actualmente sepultado en París. Fue canonizado por San Juan XXIII en el año 1962.

Felice Stasio