Los Santos y el gato (II)

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Otro caso de gato caritativo lo hallamos en la vida de Clara de Asís. Santa Clara, que el Martirologio Romano recuerda el 11 de agosto: “Memoria de Santa Clara, virgen, que fue el primer retoño de las Pobres Señoras de la Orden de los Menores, siguió a San Francisco, llevando en Asís de Umbría una vida áspera, pero rica en obras de caridad y de piedad; insigne amante de la pobreza, de la cual nunca, ni en la extrema indigencia ni en la enfermedad, quiso ser separada”.

Clara sólo tenía doce años, habiendo nacido en 1194 de noble y rica familia -los Offreducci-, cuando Francisco de Asís tuvo el gesto de despojarse de todos sus vestidos para devolvérselos a su padre Bernardone. Conquistada por el ejemplo de San Francisco, la joven Clara, siete años después, huyó de casa para unirse a él en la Porciúncula. El Santo le cortó los cabellos y le impuso el sayo franciscano, para después conducirla al monasterio benedictino de San Pablo en Bastia Umbra, donde su padre intentó, en vano, convencerla de que volviese a casa. Se refugió entonces en la iglesia de San Damián, en la cual fundó la Orden femenina de las “pobres reclusas” (hoy clarisas), de la cual fue nombrada abadesa y donde Francisco dictó una primera Regla. Clara escribió posteriormente una Regla definitiva, solicitando y obteniendo de Gregorio IX el “privilegio de la pobreza”. Por haber contemplado, en una Nochebuena, sobre las paredes de su celda el pesebre y los ritos de las funciones solemnes que tenían lugar en Santa María de los Ángeles, fue elegida por el papa Pío XII como patrona de la televisión. Heredera del espíritu franciscano, se preocupó de difundirlo, distinguiéndose por su culto hacia el Santísimo Sacramento, que salvó el convento de los sarracenos en 1243. Murió en Asís el 11 de agosto de 1253.

En la vida de Santa Clara aparece una gata. Su presencia está atestada en los procesos para su canonización. Se cuenta que Santa Clara, enferma en su lecho, necesitaba cierta toalla, pero no encontrando a quien se la pudiera traer, una gata empezó a arrastrar la toalla hacia ella, llevándosela como podía. Pero la Santa la riñó, porque se la traía arrastrándola por el suelo. Entonces la gata, como si la hubiera entendido perfectamente, recogió y plegó la toalla, cuidando que no tocase el suelo, y se la llevó.

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Después del gato caritativo, hallamos el gato “diabólico” en la vida de Luis de Tolosa. San Luis de Anjou o de Tolosa, obispo franciscano, nació en Brignoles (Provenza) en febrero de 1274 y murió aquí el 19 de agosto de 1297. Hijo de Carlos de Anjou, rey de Nápoles, desde muchacho fue llevado prisionero con sus hermanos junto al rey de Aragón, y tuvo ocasión de conocer a los franciscanos. Esos contactos franciscanos tuvieron una influencia decisiva en la vida de Luis, y en el mismo período catalán, despertó su vocación al sacerdocio, de modo que el resto de su vida vivió intensamente en la oración por sus hermanos, con episodios premonitorios como la lucha contra un grande gato negro que lo habría acosado mientras estaba en oración y al que ahuyentó con la señal de la cruz. Obtenida la libertad, renunció al trono y a cualquier otra perspectiva de grandezas terrenas. Luis fue ordenado sacerdote en febrero de 1296, con 22 años, y obispo el siguiente diciembre. Fue enviado a regir la diócesis de Tolosa.

En el rico episcopado Luis implantó la propia vida según rígidas reglas de la pobreza franciscana. Tuvo predilección por los pobres, los enfermos, los judíos víctimas de persecuciones y marginaciones, y los encarcelados, a los que se acercaba a visitar. Fue elevado a los honores de los altares en 1318 por Juan XXII, en la ciudad pontificia de Aviñón en Francia, estando presentes su madre y su hermano Roberto.

El Martirologio Romano lo recuerda el 19 de agosto: “En Brignoles en la Provenza de Francia, tránsito de San Luis, obispo, que siendo sobrino del rey San Luis, deseó la pobreza evangélica antes que las lisonjas y los honores del mundo y, aún joven de edad pero maduro en la virtud, fue elevado a la sede de Tolosa, pero, consumido por su maltrecha salud, se durmió pronto en la paz del Señor”.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Del gato “diabólico” pasamos al gato “penitencial” con Gema Galgani. Gema nació el 12 de marzo de 1878 en Bogonuovo de Camigliano (Lucca). Su madre, Aurelia, murió en septiembre de 1886. En 1895 Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión el camino de la cruz. Gema tuvo algunas visiones de su ángel custodio. El 11 de noviembre de 1987 murió también el padre de Gema, Enrique. Enferma, Gema leyó la biografía de San Gabriel de la Dolorosa -entonces era sólo Venerable- que se le apareció y la consoló. Gema, entretanto, maduró una decisión que formuló el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, haciendo voto de virginidad. A pesar de las terapias médicas, la enfermedad de Gema, osteitis de las vértebras lumbares con abcesos inguinales, se agravó hasta la parálisis de sus piernas, pero fue curada milagrosamente de ésta. Las visiones de Gema continuaron y le fue dada la gracia de compartir el sufrimiento de Cristo. En mayo de 1902 Gema enfermó de nuevo; mejoró, pero recayó de nuevo en octubre. Murió el 11 de abril de 1903.

En la vida de Santa Gema hay episodios en los que la virgen de Lucca, ya admirada en vida por sus dones místicos, se humilló ante las visitas de aquellos que venían a conocerla para admirarla. Es el caso de un sacerdote que vino a visitarla, y Gema, para parecer estúpida y para humillarse ante el prelado, tomó un gran gato que tenía en casa en brazos y, mientras le hacía todo tipo de halagos y caricias infantiles al gato, fue a ver al sacerdote, el cual, al verla comportarse así, se encogió de hombros, se burló de ella y se marchó. La Santa había conseguido su propósito.

El Martirologio Romano la recuerda el 11 de abril: “En Lucca, Santa Gema Galgani, virgen, la cual, insigne en la contemplación de la Pasión del Señor y en la paciente resistencia de los dolores, a los 25 años de edad, en Sábado Santo, finalizó su angélica existencia”.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Un caso singular de vínculo entre santos y gatos está en la vida de María Tuci. María Tuci, virgen y mártir, pertenece al grupo de los Mártires Albaneses. Los Siervos de Dios Vicente Prennushi y 39 compañeros de las iglesias católicas de rito romano y greco-católico de Albania son sólo algunos de los numerosísimos católicos albaneses que han sufrido prisión, torturas y falsos procesos en el intento de erradicar el Evangelio y la cultura de un pueblo entero. El proceso diocesano para aceptar su efectivo martirio en odio a la fe se ha desarrollado en la diócesis de Scutari del 10 de noviembre de 2002 al 8 de diciembre de 2010.

María Tuci nació en Ndërfushaz-Mirdita el 12 de marzo de 1928 y murió in odium fidei en Scutari el 24 de octubre de 1950. Tuci frecuentó el colegio de las hermanas Estigmatinas en Scutari y pidió poder entrar en su Instituto religioso. Encargada de enseñar en las escuelas elementales en dos localidades, enseñó clandestinamente también el catecismo. Arrestada con algunos familiares el 10 de agosto de 1949, fue conducida a las cárceles de Scutari, donde, por no haber querido revelar el nombre del asesino de un político comunista y por no haber querido complacer a un miembro de la Sigurimi -la policía del régimen- sufrió atroces torturas. Por ejemplo, la metieron desnuda dentro de un saco junto a un gato furioso, y entretanto, molieron el saco a bastonazos, desgarrando así sus carnes. A causa de las privaciones sufridas la hospitalizaron en el hospital civil de Scutari, donde murió el 24 de octubre de 1950. Sus restos mortales, exhumados después de la caída del régimen comunista en Albania, reposan en la iglesia de las Estigmatinas en Scutari. Es la única mujer del grupo de los 40 mártires albaneses. A su memoria ha sido intitulado un colegio de muchachas situado en Rreshen y gestionado por las hermanas Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, rama femenina del Instituto del Verbo Encarnado.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Entre los Santos amantes de los animales está Martín de Porres. Su memoria está inscrita en el calendario universal de la Iglesia Católica, a fecha de 3 de noviembre, así como lo recuerda el Martirologio Romano: “San Martín de Porres, religioso de la Orden de los Predicadores, hijo de un español y de una mujer negra, desde la infancia, en medio de las dificultades por su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de médico, que seguidamente, una vez religioso, ejercitó con abnegación en Lima de Perú entre los pobres, y dedicado a los ayunos, a la penitencia y a la oración, llevó una existencia de sencillez y humildad, irradiada por el amor”.

Martín nació en Lima en 1579. Su padre fue el aristócrata español Juan de Porres, que al principio no quiso reconocerlo, porque su madre era una ex-esclava negra de origen africano. Nombrado gobernador de Panamá, su padre dejó a su hija a un pariente y a Martín a su madre, con medios para que estudiara. Martín se convirtió en aprendiz de un barbero cirujano. Pero él quería entrar en los dominicos, que habían fundado en Lima su primer convento peruano. Pero como era mulato sólo lo admitieron como terciario y le asignaron tan sólo tareas humildes. Cuando los dominicos vieron su energía interior lo retiraron de esa condición subalterna, admitiéndolo en la Orden como hermano cooperador. Martín de Porres, hijo de un “conquistador”, ofreció así en Perú un ejemplo de vida ejemplar. Iban a él en busca de consejo el virrey de Perú y el arzobispo de Lima, hallándolo siempre rodeado de pobres y de enfermos, ya fueran humanos o animales. Cuando llegó la peste a Lima, cuidó él sólo de 60 hermanos. Para todos fue el hombre de los milagros: fundó en Lima un colegio para instruir a los niños pobres, el primero del Nuevo Mundo. Curó al arzobispo de México, que quería llevárselo consigo. Pero Martín murió en Lima en 1639.

La vida de San Martín es rica en episodios con animales, como perros, gatos y roedores. Un día, atravesando el patio del convento, con un hermano, vio en un extremo a un gatito que maullava deseperadamente porque tenía la cabeza herida por una pedrada. Indicó al gato que le siguiera a la enfermería, y el animalito le siguió. Después de haber lavado, tratado y cosido la herida, el Santo le colocó una especie de gorrito, indicándole que debía regresar la mañana siguiente para seguir curándole. ¡Qué cosas!

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Finalmente, en esta pequeña investigación de Santos y gatos, el último caso hallado en la iconografía es Clotilde de California. Clotilde, en el siglo llamada Helena Quast, es una Santa que no pertenece a la Iglesia Católica, sino a la Iglesia Céltica. Es una Iglesia vinculada a la tradición ortodoxa e instituida en 1866, aunque sus miembros sostienen que su fundación se remonta a José de Arimatea, en el año 37 d.C, en Gran Bretaña, en un lugar hoy llamado Glastonbury. Fue sucesivamente enriquecida por el testimonio de San Aristóbulo, que evangelizó las islas británicas. Se dice heredera del gran monasticismo irlandés.

La Iglesia Céltica se inicia o restaura en 1866 por obra del obispo Jules Ferrette. En 1977 el obispo Mael, primado de la Iglesia Céltica hasta 2014, ha puesto en marcha profundas reformas, y desde entonces esta Iglesia ha seguido creciendo, recuperando la historia céltica, las tradiciones, su rito y su espiritualidad. Se han establecido nuevas comunidades y contactos ecuménicos con las demás Iglesias.

Helena Quast nació el 12 de septiembre de 1912 en Seattle, en el estado de Washington, EEUU. No sabemos nada de su infancia, pero siendo joven entró en un convento de una congregación de hermanas franciscanas. Helena dejó el convento para cuidar de su madre enferma, cosa que hizo hasta su muerte. Después de ello conoció la Iglesia Céltica en Davis, en California, cuyo obispo era Elías en aquella época y su auxiliar, Nathan. A ellos, Helena les expresó su deseo de entrar en la vida monástica y de ser una hermana en el espíritu de San Francisco de Asís.

Entró en el noviciado en 1979 con el nombre de sor Clotilde. Hizo la profesión monástica de manos del obispo Elías el 4 de octubre de 1981, que renovó en 1982 de manos el obispo Mael, el único abad en aquel entonces de la Iglesia Céltica. El abad Mael se convirtió en su padre espiritual. Maltrecha de salud, no pudiendo vivir sola, entró en una pequeña casa de reposo para ancianos en Sacramento, California, a condición de poder mantener su hábito monástico en todo momento. Se durmió en la paz del Señor el 25 de octubre de 1993, con 83 años. Fue canonizada el 10 de agosto de 2008 en la catedral de Nuestra Señora del Signo en Saint-Dolay.

La Iglesia Céltica celebra la memoria de Santa Clotilde el 25 de octubre. En su icono para la canonización, según el estilo oriental, aparece representada con un gato.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Los Santos y el gato (I)

Detalle de un gato en "La Anunciación" de Lorenzo Lotto.

Detalle de un gato en “La Anunciación” de Lorenzo Lotto.

Introducción
En la mitología griega y romana el gato no está presente. En cambio, solemos asimilarlo a Egipto. Heródoto narra que los egipcios le tenían gran devoción en la ciudad de Bubastis. Aquí veneraban a la diosa Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. El culto al gato en la civilización egipcia se conoce desde 1550 a.C.

La simbología del gato es ambivalente: es expresión tanto del bien como del mal. Un gato puede verse en la escena de la Anunciación, obra de Vico Consorti, en la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Es el único caso en San Pedro del Vaticano. En la Cábala hebrea, el gato es asociado a la serpiente, símbolo del mal, siendo automáticamente convertido en emblema de la mentira y la traición, hasta tal punto de que los cristianos empezaron a representar un gato a los pies de Judas. También en el budismo el gato es asociado a la serpiente y se le reprocha que no llorara la muerte de Buda.

En la tradición patrística poco o nada se dice del gato, por lo demás, la Sagrada Escritura parece ignorarlo. Sólo hay un versículo del libro de Baruc, en el cual, profetizando la deportación a Babilonia del pueblo elegido, lo amonesta para que no caiga en los cultos paganos:

"La Virgen del Gato", óleo de Federico Barocci.

“La Virgen del Gato”, óleo de Federico Barocci.

“Tened cuidado, por lo tanto, no os volváis completamente similares a los extranjeros; que el temor a sus dioses no se apodere de vosotros. A la vista de una multitud que se postra delante y detrás de ellos y los adora, decíos a vosotros mismos: “Debemos adorarte, Señor.” Pues mi ángel está con vosotros, y es él quien se cuida de vuestras vidas. Ésos tienen una lengua pulida por un artesano, cubierta de oro y plata, pero son simulacros falsos y no pueden hablar. Y como una doncella que ama los adornos, toman oro y hacer coronas para las cabezas de sus dioses. A veces también los sacerdotes, quitándoles el oro y la plata a sus propios dioses, los gastan en sí mismos, y también lo dan a las prostitutas en los burdeles. Luego adornan con ropa, como a los hombres, los dioses de plata, oro y madera; pero no son capaces de escapar de la oxidación y la carcoma. Están envueltos en un manto de púrpura, pero hay que limpiarles la cara del polvo del templo que se posa abundante en ellos. Como el gobernador de una región, el dios tiene un cetro, pero no extermina a quien le ofende. Él tiene un puñal y un hacha en su mano derecha, pero no se librará de la guerra y de los ladrones. Por ello, es evidente que no son dioses; ¡no les temáis, pues! Así como un vaso de barro se vuelve inútil una vez roto, así también lo son sus dioses, colocados en los templos. Sus ojos están llenos de polvo, levantado por los pies de los que entran. Así como alguien que ha ofendido a un rey mantiene atrancado el lugar donde está para no ser llevado a la muerte, así los sacerdotes aseguran los templos con puertas, con cerraduras y barras, para que no sean saqueados por los ladrones. Encienden lámparas, incluso más de las que necesitan, pero los dioses no pueden ver ninguna. Son como un tramo del templo cuyo interior, se dice, se quemó, y también, sin darse cuenta, junto con sus túnicas se quemaron los insectos que se arrastran fuera de la tierra. Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. En su cuerpo y la cabeza anidan los murciélagos, las golondrinas, las aves, así como los gatos. De esto se deduce que ellos no son dioses; ¡no les temáis, pues!” (Bar 6, 4-22).

El gato, según los autores medievales, es tratado con sospecha y bien poca benevolencia. ¿Será culpa de esos ojos que brillan en la oscuridad y que parecen tan inquietantes? ¿O quizá por su índole sensual, que aún hoy nos hace decir “parece una gata en celo”? ¿O quizá porque, a diferencia del perro, es muy poco adiestrable, hasta tal punto de ponerlo como modelo de aquellos que no quieren someterse a las leyes divinas? He aquí por qué se asimila el gato -especialmente el de color negro- al demonio, y por extensión, a la brujería y a la blasfemia.

"Última Cena", fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

“Última Cena”, fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

El gato aparece en el arte sacro. Como ya hemos dicho antes, tenemos a Judas con el gato. Un ejemplo es Ghirlandaio y su Última Cena en el pequeño refectorio del convento dominico de San Marcos de Florencia (1481). Otros ejemplos son Lorenzo Lotto, Leonardo Da Vinci, Pieter Huys, Guido Reni, Federico Barocci y muchos otros. También el gato ha aparecido representado en lucha con el perro, en una clara alusión a la lucha entre el bien y el mal.

Sin embargo, el gato siempre ha sido útil contra los ratones, animales que valía la pena alejar porque eran portadores de la terrible peste y de otras infecciones. Esto hizo que el gato fuera un animal “de casa”, tanto que empezó a estar presente en los monasterios, entre los monjes y las monjas. El más famoso es el llamado gato cartujo. Una leyenda dice que los Cruzados que volvían de la expedición a Tierra Santa eran hospedados en las cartujas. Para compensar a los monjes por la hospitalidad ofrecida, ellos les regalaban un ejemplar de este exótico gato de pelaje azul grisáceo. Tenían fama de ser grandes cazadores de ratones, por ello los monjes empezaron a criarlos, para proteger sus graneros y despensas, así como para evitar la destrucción de sus preciosos manuscritos. Pero sólo es una leyenda, pues el gato cartujo es una de las razas felinas más antiguas, que fue importada a Francia desde Oriente por los caballeros templarios en torno al año 1100.

El gato, en las comunidades monásticas, se convirtió en casi un espejo de las virtudes propias de la vida monástica: adaptación, pobreza, soledad, discreción y capacidad de pasar repentinamente del sueño a la vigilia. Un ejemplo es el gato pintado por Antonello da Messina, en la National Gallery de Londres: “San Jerónimo en su estudio”. Aquí el gato evoca una silenciosa complicidad, una muda inspiración para los pensadores y escritores. Por último, también en la hagiografía está el gato. Una presencia esporádica, que va desde instrumento de tortura, hasta compañía caritativa.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Los Santos y el gato
Debemos iniciar, para hablar de la santidad y el gato, de la Santa de Nivelles, Gertrudis. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de marzo: En Nivelles de Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nacida de noble familia, tomó el santo velo de las vírgenes del obispo San Amando y gobernó con sabiduría el monasterio hecho construir por su madre, fue asidua en la lectura de las Escrituras y se consumió en la austera práctica de vigilias y ayunos.

Santa Gertrudis de Nivelles nació en Nivelles, en la región de Brabante (Bélgica) en 626 y murió el 17 de marzo de 659. Hija de Pipino de Landen, señor de Brabante y antepasado de Carlomagno, a la muerte de su padre (639) se hizo monja, junto a su madre Itta y su hermana Begga. Y la abadesa fue Itta hasta su muerte (652). Le sucedió Gertrudis, que aceptó el título, pero dejó a un fraile el poder efecto y se reservó para sí misma la tarea de instruir a monjes y monjas. Llamó de Irlanda a monjes doctos en la Sagrada Escritura y envió gente a Roma para enriquecer la comunidad con libros litúrgicos. Fue pronto rodeada de una aureola de santidad. Pero su verdadero prodigio fue la paz que consiguió entre las familias señoriales locales, divididas siempre por eternos enfrentamientos que para el pueblo sólo suponían saqueos, secuestros de rehenes y años de miseria. Cuando murió con sólo 33 años, en 659, la veneración fue inmediata.

Su cuerpo fue depositado en una capilla que posteriormente fue ampliada, arrasada y reconstruida hasta convertirse en basílica, de nuevo engrandecida, arrasada y reconstruida a través del tiempo. Sus restos serán entonces colocados en un precioso relicario del siglo XIII, destinado a ser víctima de la guerra, destruido en un bombardeo en 1940, junto con muchas viviendas de Nivelles.

Gertrudis ha sido venerada desde hace mucho como protectora contra las invasiones de ratones. La narración, carente de base histórica, es todavía señal de la admiración que siempre la ha acompañado. Esta invocación contra la infestación de roedores hace de Gertrudis de Nivelles la patrona de los gatos.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

De la patrona de los gatos pasamos al sueño del santo patrón de los jóvenes: Juan Bosco. La Iglesia Católica lo recuerda el 31 de enero. Este año 2015 va a ser el bicentenario de su nacimiento en Castelnuovo d’Asti el 16 de agosto de 1815, fiesta del santo peregrino de Montpellier, que tiene en común con Don Bosco el perro, el famoso Grigio. Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco es el gran apóstol de los jóvenes, fue su padre y guía en la salvación mediante el método de la persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor listo siempre para prevenir tanto como para reprimir. Sobre el modelo de San Francisco de Sales, su método educativo y apostólico se inspira en un humanismo cristiano que saca motivaciones y energías de las fuentes de la sabiduría evangélica.

Fundó los Salesianos, la Pía Unión de cooperadores salesianos y, junto a Santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora. Entre los bellos frutos de su pedagogía, destacamos a Santo Domingo Savio, quinceañero, que bien había entendido su lección: “Nosotros, aquí en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de nuestros deberes”. San Juan Bosco fue proclamado Santo en la clausura del Año de la Redención, el día de Pascua de 1934. El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II lo declaró Padre y Maestro de la juventud, “estableciendo que con tal título sea honrado e invocado, especialmente por cuantos se reconozcan hijos espirituales suyos”.

El Martirologio Romano así lo recuerda: “Memoria de San Juan Bosco, sacerdote. Después de una dura juventud, ordenado sacerdote, dedicó todas sus fuerzas a la educación de los adolescentes, fundando la Sociedad Salesiana y, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para la formación de la juventud en el trabajo y en la vida cristiana. En este día, en Turín, después de haber cumplido con muchas obras, pasó devotamente al banquete eterno”.

Don Bosco es muy famoso por sus sueños proféticos y premonitorios, y como en las Sagradas Escrituras, el Señor habla al Santo con los sueños. El más famoso es el que tuvo a los nueve años: le pareció estar junto a su casa, en un patio muy grande, donde se veían muchos muchachos. Algunos reían, otros jugaban, no pocos decían palabrotas. Al oír las palabrotas, se lanzó a por ellos, intentando disuadirlos con puños y palabras. Pero en ese momento apareció un nombre majestuoso, noblemente vestido: su rostros era tan luminoso que no llegaba a verlo. Lo llamó por su nombre y le ordenó hacerse cargo de todos esos muchachos. Juan le preguntó quién le mandaba semejante imposible: “Yo soy Hijo de Aquélla a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”. En aquel momento apareció una mujer majestuosa junto a él, y en aquel instante, en lugar de la multitud de muchachos, había un montón de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales. La Virgen le dijo: “He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar. Crece humilde, fuerte y robusto, y he aquí que lo que ahora verás que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo por mis hijos”. Entonces, en lugar de los animales feroces, aparecieron muchos corderos mansos, que corrían, balaban y saltaban. Después de este sueño el joven Juan Bosco sintió la vocación.

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

El sueño de los gatos amansados que se convierten en corderos nos lleva al “predicador de los gatos”, Ángel de Acri. El Beato Ángel de Acri, religioso franiscano de la reforma capuchina, es recordado en el Martirologio el 30 de octubre: “En Acri de Calabria, el beato Ángel, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que, recorriendo incansablemente el reino de Nápoles, predicó la palabra de Dios con un lenguaje dirigido a los simples”.

Nació en Acri el 19 de octubre de 1669, y murió en su ciudad el 30 de octubre de 1739. Lucantonio Falcone tuvo un camino vocacional singularmente trabajado. Entró y salió del noviciado capuchino dos veces. La tercera intentona fue la decisiva. Fue ordenado sacerdote en 1700 en la catedral de Cassano en Ionio. Ejercitó su apostolado como padre provincial y, sobre todo, como predicador en todo el Mediodía durante 40 años. Era conocido como el Ángel de la paz, pero la predicación sistemática fue el ministerio principal de servicio que dio a la Iglesia en la Orden Capuchina durante cuarenta años. Fue el misionero más buscado y escuchado en la Italia meridional, tanto, que se decía que cuando predicaba “en casa no se quedaban ni los gatos”. Los testimonios jurados recuerdan cómo citaba de memoria la Sagrada Escritura y cómo hacía uso siempre de la evangelización del pueblo.

En vida y tras su muerte, acaecida en 1739, realizó numerosos milagros. Su cuerpo es venerado en la basílica de Acri, que le está dedicada. Ha sido beatificado por el papa León XII en 1825. Su cuerpo, recompuesto en una urna, es objeto de veneración cotidiana en la basílica a él dedicada en la ciudad de Acri.

Si Roque de Montpellier tenía un perro caritativo, Guido de Selvena tenía un gato caritativo. Guido de Selvena, religioso franciscano de la provincia de Grosseto, nació en Selvena en 1200 y murió en el convento del Colombaio en Seggiano en 1287 o 1278. Su memoria litúrgica de Beato se circunscribe a Maremma y a la Orden, el 4 o 5 de diciembre.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

El convento del Colombaio fue fundado por San Francisco en 1220 cuando regresaba de Viterbo, donde había visitado al papa Onofre III. Muchos autores, hagiógrafos y cronistas franciscanos antiguos han escrito sobre el Beato Guido, pero quien se ha ocupado de él en su mayor parte es Wadding. Todavía novicio “mereció hablar dulcísimamente con Cristo”. Transcurrió su aprendizaje en Siena, y fue llevado junto con otros jóvenes al Colombaio por el Beato Pedro Pettinaio.

El Beato Guido era un hombre de tan gran fe y amor por el Señor Jesús, que cuando estaba ya cargado de años y enfermedades, el mismo Señor quiso mandarle un gato con un afecto y una disposición singular: cada día, cazaba en el bosque un pájaro y se lo traía para que el padre Francisco de Montalcino lo cocinase y se lo sirviese al Beato. En aquella época era ya su único alimento. El mismo día en que el Beato murió, el gato también expiró a sus pies. La fecha de la muerte no es segura, de ahí que se crea que pudiera ocurrir el 21 de abril de 1287 o de 1288.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Beato Faustino Míguez, sacerdote fundador

Fotografía y firma del Beato.

Fotografía y firma del Beato.

“Mi felicidad consiste en que los demás sean felices. Un buen corazón prefiere dar a recibir”.

Infancia
En la aldea gallega de Xamirás, provincia de Orense, nació el niño Manuel Míguez González. Era el día veinticuatro de marzo de 1831. Manuel (Faustino), fue el cuarto hijo del matrimonio que formaban Dº Benito y Dña María. Antes que a nuestro Beato tuvieron tres hijos mayores que se llamaban Carmiña, Antonio y José. Para esta numerosa familia fue una inmensa alegría recibir un nuevo hijo más. En la iglesia de San Jorge de Acebedo del Río, pueblecito cercano al suyo, fue bautizado con el nombre de Manuel. Como se acostumbraba en la época, el bautizo tuvo lugar el día después de su nacimiento.

Su infancia transcurrió tan normal como la de cualquier otro niño, le gustaba jugar con sus amigos y aprender hasta lo más mínimo de sus hermanos mayores. Sentía especial interés por los animales y la naturaleza, pasaba largo tiempo observando ambas cosas. De Dña María, su madre, le encantaba conocer todo lo que ella sabía, al cabo del día le hacía muchas preguntas porque creía que conocía todas las cosas. Tanto su madre como su padre le enseñaron a conocer y a tratar a Dios. Fueron sus primeros catequistas. Durante toda su vida, el Beato Faustino recordó como sus padres bendecían la mesa antes de comer, iban a misa juntos y daban gracias a Dios tanto en los tiempos buenos como en los malos. También tuvo un gran recuerdo de las experiencias tan agradables que sentía cuando era niño y rezaba a solas ante el sagrario.

Con diez años, ya se veían en el niño sus buenas dotes para los estudios y también sus ricas virtudes. Como ya hemos dicho, era un amante de la naturaleza y esta afición más tarde se transformó en su vocación profesional. A esta edad también se preparaba para recibir la primera comunión, llevarle flores a la Virgen de los Dolores se convirtió en una bonita costumbre para él. Llegó el día de recibir a Jesús Sacramentado y el niño Faustino, con mucha inocencia, decía: “No entiendo cómo puedes convertirte en un trocito de pan tan fino y tan redondo, pero lo que sí sé, Jesús, es que quiero ser tu amigo”.

Icono realizado con motivo de la beatificación.

Icono realizado con motivo de la beatificación.

Sus hermanos mayores, Antonio y José, tenían previsto ser sacerdotes el día de mañana, y esta idea también la compartía Faustino. Pero Dº Benito, como padre de familia, quiso asegurar su humilde patrimonio, y por eso propuso a José que se encargara de todas estas tareas agrícolas y familiares, por tanto Antonio y Faustino tenían el visto bueno para marchar al seminario.

Seminarista
Con dieciséis años marchó a Orense para formarse como sacerdote. Estos estudios los desarrolló en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, que era un seminario muy afamado en toda Galicia. Aquí mantuvo muy buenas amistades con los demás seminaristas y con los sacerdotes, también con un sacerdote escolapio que a menudo pasaba por el centro. Estos sacerdotes le resolvieron muchas dudas que tenía con respecto al sacerdocio, a Jesús, a la ayuda al prójimo y otra serie de típicas dudas. Tres años después de ingresar como seminarista, tuvo claro que Dios lo llamaba a ser sacerdote y maestro, siguiendo el carisma de San José de Calasanz. “Son muchas las cosas nuevas que se me presentan, tengo miedo, pero Tú eres mi Dios, en ti confío”, solía decir. Corría el verano de 1850 y a sus diecinueve años, podríamos decir que ya seguía el carisma de este santo, enseñando y catequizando a los niños de su pueblo en sus semanas de vacaciones.

Debido a que en la comunidad gallega no había noviciado de los PP. Escolapios, Faustino tuvo que marchar hasta Madrid para hacerlo. Instalado en el colegio de San Fernando (Madrid), al poco tiempo tomó el hábito y con ello cambió su nombre de pila, que era Manuel, por el de Faustino de la Encarnación (por devoción a este misterio y por nacer un día antes de celebrarse esa fiesta). Tres años más tarde, el dieciséis de enero de 1853, hizo los votos solemnes. Tan sólo tenía veintidós años y en su corta vida, todo fue un continuo sí a la voluntad de Dios.

Por el año 1855 había muchas revueltas en España que a menudo derivaban en persecuciones religiosas, cierre de seminarios y duros enfrentamientos entre partidarios del gobierno y opositores. Esta difícil etapa coincidió con el último año de la formación del joven Faustino, pero finalmente todo aconteció como estaba previsto. En los últimos meses del año 1855 fue ordenado diácono, el ocho de marzo del año siguiente, fue ordenado sacerdote por el obispo de Burgos en la madrileña iglesia de San Marcos. Tenía veinticinco años. El recuerdo que le quedó de este día fue: “Sentí una alegría inmensa cuando tomé por primera vez Tu Cuerpo, Señor, entre mis manos y lo repartí en tu nombre”.

El Beato Faustino acompañado de las primeras religiosas y demas amigos.

El Beato Faustino acompañado de las primeras religiosas y demas amigos.

Segunda etapa: Cuba y Madrid
Compagina a la perfección su tarea de sacerdote y maestro con otros estudios e investigaciones. A petición de sus superiores Escolapios, Faustino tuvo que partir hacia Cuba (todavía colonia española) para ejercer como profesor de futuros profesores en la escuela de Guanabacoa. Entre las más materias que impartía se encontraban: Historia, Geografía, Física y Química etc. También enseñaba tareas de agricultura. El cambio de clima de este país le ocasionó algunas enfermedades leves, pero esto no le supuso impedimento para seguir con su trabajo. Mientras estuvo aquí, vio cómo los nativos utilizaban las plantas para sus propias medicinas, esto le llevó a interesarse por este tema y conocer sus propiedades.

En 1860 viene de vuelta a España, es destinado como profesor en el mismo colegio donde se formó como sacerdote. Un año después, viaja hasta su tierra natal (Orense), en concreto a Celanova. Estando muy pocos años aquí, de nuevo tiene que viajar a otro destino donde se le requiere. Fue a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) donde de nuevo tuvo que ejercer como profesor en un colegio recién fundado. No oponiéndose a la decisión de sus superiores por tantos traslados, solía decir: “Como escolapio, soy del pueblo y para el pueblo, consagrado a su enseñanza, debo amenizarla con la práctica”. Aparte de dar sus clases, pudo hacer realidad una idea que tenía desde hacía años, su propio laboratorio, donde patentó varios medicamentos, dando origen al laboratorio Míguez (en la actualidad lo dirigen sus hijas espirituales). Entre sus trabajos más conocidos destacó su estudio del agua medicinal de este pueblo gaditano.

1873 fue un año complicado en todo el país, los Escolapios y varias órdenes religiosas fueron expulsados del pueblo y por tanto, Dº Faustino tuvo que irse de nuevo a Madrid. Desde este momento, su vida fue un ir y venir a distintos colegios del país, como El Escorial, Monforte de Lemos y Sanlúcar de Barrameda nuevamente. Mientras estaba en Monforte, quiso irse a la nueva provincia de los PP. Escolapios en Argentina.

Primitiva tumba del Beato, cuando aún era Venerable.

Primitiva tumba del Beato, cuando aún era Venerable.

Fundación
En el otoño de 1879 empieza la segunda etapa en Sanlúcar de Barrameda. En este querido pueblo dedicó más tiempo a la dirección espiritual. Mientras confesaba y daba sus clases, conoció a dos jóvenes cristianas laicas y comprometidas con la situación social del momento. Estas jóvenes se llamaban Catalina García y Francisca Martínez, y junto a otras dos mujeres, recogían a las niñas pobres del pueblo para enseñarles las primeras letras. Ellas se referían cariñosamente a estas clases como “escuela de amigas”.

El Beato Faustino, en vista de la gran labor que hacían estas mujeres, decidió ayudarlas con todos sus medios, porque estas niñas necesitaban una verdadera formación que no las excluyera. No estaba al alcance de todos la educación y menos para las niñas. De esta forma puso en marcha una modesta escuela para niñas y también una asociación que pretendía ampliar la formación de estas futuras maestras, y hasta de las mujeres viudas. Él vio esta exclusión de la mujer y no pudo pasarlo por alto, desde entonces ya iban surgiéndole ideas para dar forma al futuro instituto. La ayuda que les prestaba era tanta, que no a todos los escolapios les sentó bien ni tampoco a la comunidad médica, que veía en él un fuerte competidor. Y es que el Beato Faustino, aparte de dedicarse a la educación y pastoral, también dedicaba su tiempo a atender enfermos pobres y curarlos con sus propias medicinas.

En el año 1884, las dos primeras mujeres (Catalina y Francisca), que querían seguir la idea de formar una comunidad de religiosas dedicadas a la enseñanza, escriben una carta al Arzobispo de Sevilla, con la ayuda y bendición del P. Faustino le hacen saber su deseo de aprobar la congregación. A esta naciente familia la llamaron Hijas de la Divina Pastora. Después de muchas conversaciones con el prelado sevillano, éste le encargó a al Beato Faustino que se encargara de este nuevo don de la Iglesia. El prelado intuyó que de aquí saldría una gran familia religiosa que llevaría a las mujeres a salir del analfabetismo y de exclusión social. Finalmente, el día dos de enero de 1885 son aprobadas las bases y Dº Faustino se hace cargo de la dirección. Una de las bases escrita por él mismo es “evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia”. El día dos de agosto de este mismo año empieza el noviciado de las cinco primeras Hijas de la Divina Pastora, siendo su propósito ser humildes, sencillas con todos y educar con esperanza.

Urna-relicario del Beato, destapada, en Getafe, Madrid (España).

Urna-relicario del Beato, destapada, en Getafe, Madrid (España).

Última etapa en Getafe y muerte
Para el Beato Faustino Míguez transcurren unos felices años, viendo cómo está empezando a andar la obra conjunta que él fundó. Pero no todo fueron alegrías, en 1888 fue de nuevo trasladado al colegio de Getafe. Las religiosas quedan tristes, pero el Padre las anima a seguir alegres y trabajando por la formación humana y cristiana de la niñas. Como el mismo San José de Calasanz, él no puede estar a cargo de su obra fundada, pero al mismo tiempo era consciente de que era una obra de Dios y por ello proveería con abundantes gracias.

Paso a paso se van reuniendo muchas alumnas y las vocaciones de maestras-religiosas vienen en abundancia, atraídas por este nuevo carisma. En 1889 se celebran las primeras profesiones religiosas, y también se marchan algunas de las mujeres que en su día fundaron la congregación, achacando a ello su falta de vocación. Pasados muy pocos años del comienzo, se empiezan a expandir por otras localidades, como Chipiona y Getafe. Mientras tanto, el Beato Faustino se dedica por completo a la educación de los niños en Getafe, aquí permanecerá durante treinta y siete años, y a pesar que de que ya tiene a sus hijas más cerca de él, sigue dirigiéndolas y aconsejándolas atreves de cartas.

Retirado de la docencia por su avanzada edad, se dedica con más ímpetu a las tareas pastorales, sobre todo al sacramento de la penitencia. También a dirigir la expansión de sus hijas a otros países, como Chile y Argentina. Su fama de santo era tanta que no pasaba desapercibida para nadie, la ayuda que prestaba a los más necesitados era de sobra conocida. El dinero que obtenía de las patentes de sus medicamentos las destinaba a curar enfermos y a los colegios de sus hijas. Esto no debió ser bien visto por los que lo rodeaban, generando duras críticas, y aún así callaba, aceptaba y obedecía, incluso pedía a Dios que sus mismos compañeros le administraran los sacramentos si le llegaba la hora de morir.

Dejando un gran rastro y presencia de Dios por donde pasó a lo largo de su vida; en su familia, en sus compañeros escolapios, en los científicos, en su congregación y sobre todo en los niños/as; moría santamente a los noventa y cuatro años, el día ocho de marzo de 1925, tal día como hoy. Uno de los padres escolapios pronunció en su funeral esta frase que define su vida y obra: “Cuantos tuvimos la dicha de estar a su lado algún tiempo -pues dicha muy grande es la de estar al lado de algún justo-, cuántas cosas pudimos admirar de él: el dominio soberano que tenía de sí mismo; su humildad sin límites; su caridad inagotable; sus palabras sustanciosas siempre llenas de unción; su afabilidad, aquel desvivirse por servir y agradar a todos, su bondad, en fin, que se reflejaba en todas sus acciones, y resplandecía en su rostro venerable”.

Urna-relicario del Beato tapada, en Getafe. Madrid (España).

Urna-relicario del Beato tapada, en Getafe. Madrid (España).

Beatificación
La obra del Instituto Calasancio de las Hijas de la Divina Pastora hoy en día está extendida por tres continentes: Europa, África y América de Sur, siendo este último donde más presencia tienen. El veinticinco de octubre de 1998, San Juan Pablo II lo beatificó en la plaza de S. Pedro junto a otros tres beatos. “La beatificación del Padre Faustino alegra hoy el caminar de la Iglesia, Madre y Maestra”. “¡Qué gozo para la Familia Calasancia!”, expresó el Santo Padre en la homilía. Su fiesta se celebra hoy, coincidiendo con la de San Juan de Dios. Su sepulcro se puede visitar en la capilla de la residencia que el instituto tiene en Getafe (Madrid).

David Garrido

Bibliografía:
– DAYENU, Grupo de comunicación, Faustino, maestro y amigo.

Enlaces consultados (06/03/2015):
– www.calasancias-chipiona.com
– http://divinapastoragetafe.es
– www.institutocalasancio.es

San Jorge el Neapolita, mártir del siglo XVIII

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Según las fuentes hagiográficas que se basan en algunas tradiciones locales, como algunas cartas, la “Vita” y el Oficio en su honor compuesto por Gerasimos Micragiannanitis, San Jorge era un sacerdote que estaba a cargo de la iglesia de la Dormición de la Madre de Dios en Neápolis (Turquía). Era un sacerdote que llevaba una vida intachable, era dulce, paciente y afectuoso con los cristianos ortodoxos griegos que vivían bajo el yugo de los turcos en aquella ciudad de la Capadocia; y con los turcos, se mostraba afectuoso y siempre dispuesto a socorrerlos, sin preguntarles a qué religión pertenecían.

A principios de noviembre del año 1797, fue llamado para que asistiera espiritualmente a unos fieles ortodoxos que vivían en la aldea de Malakopi – situada a unas seis horas de camino de Neápolis -, cuyo sacerdote estaba enfermo. El padre Jorge, que ya era un anciano experimentado y que conocía a la perfección las necesidades de los ortodoxos que vivían en minoría entre los turcos, aun a sabiendas de los peligros que corría al andar solo por los caminos, aceptó gustoso la invitación y, llevando una cruz y montado en un burro, se puso en marcha, cantando himnos y salmos. Ya cerca de Malakopi, en un lugar escarpado llamado Kobia Dere, fue atacado por unos ladrones turcos, que le robaron las pocas pertenencias que llevaba, lo desnudaron y le cortaron la cabeza.

Pasados unos días, como el padre Jorge no aparecía ni en Malakopi ni en Neápolis, algunos cristianos de esta última ciudad, muy preocupados, fueron a buscarlo y al llegar a Malakopi les dijeron que allí no había llegado. De vueltas, buscando, encontraron su cadáver decapitado cerca del barranco. Recogieron su cuerpo y, por temor a los turcos, lo sepultaron a escondidas en el mismo lugar donde había sido asesinado, poniendo sobre su tumba una sencilla inscripción: “Sacerdote Jorge”.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

A raíz de varios sueños que tuvo una viuda ortodoxa muy piadosa, se dieron a conocer a sus parientes y a otros cristianos de la ciudad los acontecimientos concretos que le ocurrieron al mártir durante su muerte. En principio, la mujer no le dio importancia, pero como los sueños se repetían, lo puso en conocimiento de un sacerdote llamado Neófito, hijo de otro sacerdote llamado Basilio, que era compañero del padre Jorge. Entonces, marcharon al lugar, encontraron la tumba, exhumaron el cadáver, que estaba incorrupto, y poniéndolo en un ataúd de madera, lo llevaron a la casa del padre Neófito en Neápolis.

Pasada aquella generación, durante un cierto período de tiempo, el santo cayó en el olvido y sólo en el 1863 reaparecieron algunas manifestaciones de veneración hacia el mismo, a raíz de algunas curaciones milagrosas.

En el año 1924, a causa de la guerra con los turcos, los griegos que habitaban en Capadocia buscaron refugio en Grecia, llevándose consigo todo aquello que consideraban de valor. El entonces sacerdote de la iglesia de la Dormición de la Madre de Dios, tomando como propia la responsabilidad de custodiar el cuerpo incorrupto del mártir, se lo llevó en barco a Attica, donde se lo entregó a los habitantes de Neápolis, que también habían huido a aquella región, quienes lo pusieron en la iglesia de San Eustaquio de Saframpoleos, en Atenas, que es donde actualmente se encuentra.

Detalle del cuerpo incorrupto del Santo.

Detalle del cuerpo incorrupto del Santo.

Se le reconocen algunos milagros, como la cura de discapacitados, el conseguir que parejas estériles tengan hijos o la lluvia en caso de sequía. Es festejado el día 3 de noviembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Charalampidis, K., “Bibliotheca sanctórum orientalium, Tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.

Enlaces consultados (01/02/2015):
– www.imnst.gr/index.php?id=11
– http://xristianos.gr/forum/viewtopic.php?t=3025

San Fridolino, abad de Säckingen

Detalle de San Fridolino en una tabla gótica. Museo de Bellas Artes de Dijón, Francia (siglo XVI).

Detalle de San Fridolino en una tabla gótica. Museo de Bellas Artes de Dijón, Francia (siglo XVI).

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la identidad del santo, e incluso Meyer von Knonau niegan su existencia, lo que ya es considerado como excesivo. Existe una “Vita” escrita alrededor del año 1000 por un monje llamado Balther, a la que no se le concede ningún valor histórico y que viene a decir que Fridolino era hijo de unos nobles irlandeses ricos, pero que renunció al mundo, repartió sus posesiones y decidió enclaustrarse en un monasterio. Desde Irlanda pasó al continente y después de predicar por el territorio de los francos, se estableció en Poitiers, junto a la tumba de San Hilario, donde construyó un monasterio. Junto con el obispo de Poitiers viajó hacia donde estaba el rey Clodoveo I, a fin de que diera el visto bueno al recién construido cenobio. El rey le prometió su apoyo no sólo en ése, sino en futuros proyectos que tuviera el santo.

Fridolino curó milagrosamente al obispo de Poitiers, que se vio afectado por una parálisis, y en sueños, recibió el encargo del obispo San Hilario de que fundara otros monasterios e iglesias, cosa que hizo en tierras que hoy pertenecen a Alemania y Suiza, hasta llegar a una isla deshabitada en el río Rin, al este de Basilea. Aunque la resistencia de la población fue grande, como tenía las bendiciones del rey Clodoveo, continuó su labor. Al llegar a un determinado lugar, ya muy cansado, se echó a dormir debajo de un árbol, colgando en una de sus ramas la bolsa en la que llevaba parte de las reliquias de San Hilario. El árbol se inclinó reverentemente y Fridolino tomó esa señal como que aquél era el sitio donde tenía de establecerse de manera definitiva, y fundó un monasterio.

Cuando Clodoveo murió, los habitantes del lugar quisieron echarlo, pero Dios obró el milagro de que un afluente del río Rin que siempre estaba seco, se inundara, Fridolino pasara mientras que el pueblo no pudo atravesar dicha barrera fluvial. Fridolino, desde allí, se dedicó a evangelizar la zona del Alto Rin, realizó innumerables milagros e incluso pudo evitar una guerra. La “Leyenda Aurea” incluso habla de que resucitó a un tal Urso, quien le donó una gran extensión de terreno en lo que hoy es el cantón suizo de Glarus, aunque tuvo que enfrentarse con Landolfo, hermano de Urso, con quien finalmente hizo las paces. Allí construyó una iglesia en honor a San Hilario.

San Fridolino pasa el río Rhin. Relieve gótico tardío, catedral de Säckingen (Alemania).

San Fridolino pasa el río Rhin. Relieve gótico tardío, catedral de Säckingen (Alemania).

Esta “Vita”, escrita en la Edad Media y que he resumido todo lo posible, dice que era contemporáneo del rey Clodoveo, cosa que niegan la mayor parte de los hagiógrafos. Para algunos, San Fridolino era un misionero franco-irlandés, que fue monje en Luxeuil y que en la mitad del siglo VII fundó el monasterio de Säckingen, que es el monasterio más antiguo del sur de Alemania y que fue el lugar del que salieron los evangelizadores del actual Baden-Württemberg. Eso se corresponde con una antigua tradición del monasterio de San Galo donde, en sus listados litúrgicos posteriores al siglo X, se le menciona como abad y confesor, conexionado con otros misioneros franco-irlandeses. Sin embargo, Malnory piensa que San Fridolino debe identificarse con San Fridoaldo, monje sacerdote seguidor de San Columbano, del que se habla en la “Vita Sancti Germani Grandival”.

A favor de que el monasterio de Säckingen fue fundado por un monje procedente de Luxeuil está el hecho de que los primitivos patronos del monasterio eran San Pedro y la Santísima Virgen. Posteriormente, se puso bajo la protección de San Andrés, como lo atestigua una carta del año 878, escrita después del traslado de una reliquia de la cruz del apóstol que se hizo en época carolingia. Más tarde, en los siglos XII-XIII este patronazgo fue sustituido por el de San Hilario y San Fridolino. Como he dicho más arriba, esa “Vita” legendaria dice que San Hilario se le presentó en sueños, le dijo que construyera un monasterio en una isla en el Rin y que Fridolino, desde Luxeuil hasta Säckingen le fue dedicando iglesias por todo el camino y como llevaba consigo las reliquias de San Hilario, desde entonces se le representa junto a un esqueleto.

Relicario de San Fridolino en Feldkich (Austria).

Relicario de San Fridolino en Feldkich (Austria).

Pero aún hay más, porque Lanigan y otros hagiógrafos ven en San Fridolino a un anglosajón, cuyo primitivo nombre era Fritold y que habría fundado Säckingen a principios del siglo VIII. Y para más “inri” Schulte dice que San Fridolino fue monje de Poitiers y que únicamente sus reliquias fueron a parar al monasterio de Säckingen. Sin embargo, si que es posible que San Fridolino fuera originario de Poitiers (o sea, ni anglosajón, ni irlandés, sino franco) y que fuera él quién transfiriera las reliquias de San Hilario a Säckingen. O sea, como vemos, no se niega su historicidad, pero no todos los historiadores se ponen de acuerdo en cuál era su origen, aunque si leemos cualquier biografía que encontremos en Internet, la cosa se simplifica diciendo simplemente que era un monje de origen irlandés.

El nombre de San Fridolino se menciona en unas letanías del siglo IX escritas en un misal de Zurich y desde allí, su culto se extendió por el sur de Baden, en los cantones suizos del Rin y en el de Glarus, que desde el siglo XII lo veneraban como su santo apóstol y como su patrono, pues aquellas tierras eran propiedad de Säckingen. El nombre del santo aparece en el Martirologio germánico desde el siglo X y desde el siglo XVII aparece también en el Martirologio irlandés. Desde muy antiguo su fiesta se conmemora en las diócesis de Basilea, Chur, Freiburgo, Saint-Gallen y Viena y a partir del siglo XV, en las de Poitiers y Luçon, en Francia.

Su tumba fue abierta el 14 de diciembre del año 1357, lo que supuso la “invención” del cuerpo, o sea, su canonización. Su cuerpo se encuentra actualmente en la iglesia abacial de Bad Säckingen, convertida en parroquia y todos los años es sacado en procesión, vistiendo los portadores los típicos trajes de caballeros medievales. El sarcófago romano en el que originariamente fue sepultado San Fridolino se encuentra en la cripta de Säckinten. Hay reliquias suyas en Saint-Blasien, Holderbanck, Feldkich y algunas otras localidades del entorno germánico-suizo-austríaco. Las que estaban en el cantón de Glarus quedaron destruidas en el año 1861 durante un incendio en la iglesia que las custodiaba. En la sacristía de la basílica de Rankweil existe una piedra que la tradición dice que fue usada por el santo y sobre la cual apoyan sus rodillas aquellos que padecen de artrosis.

Urna de San Fridolino en Säckingen (Alemania).

Urna de San Fridolino en Säckingen (Alemania).

A pesar que no era un monje benedictino, se le representa como tal, siempre acompañado de un esqueleto, que algunos dicen que corresponden a las reliquias de San Hilario, mientras que otros afirman que es el esqueleto de Urso, a quien resucitó. En otras representaciones aparece con la cruz abacial en una mano y el esqueleto en la otra. En el escudo de armas del Cantón de Glarus, aparece vestido de peregrino. Es el santo patrono de Bad Säckingen, Naefels, Schneider y el cantón de Glarus, se le considera protector del ganado y de las enfermedades producidas de una u otra manera tanto por el fuego como por el agua. Tanto en Occidente como en Oriente se le conmemora el día 6 de marzo y sólo en la diócesis de Estrasburgo se le celebra un día más tarde.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Barth, M., “San Fridolino y su culto en la región alemana”, Freiburg, 1955.
– Bautz, F.W., “Fridolin”, Volumen II de la Enciclopedia Bio-bliográfica de la Iglesia, Hamm, 1990.
– Gazeau, R., “Saint Fridolin abbé de Saint-Hilaire de Poitiers”, publicado en la revista Mabillón, volumen LII, 1962.
– Gougaud, L., “Les Saints irlandais, hors d’Irlande”, Lovaina, 1936.
– Meer, G., “S. Fridolin, der Apostel Alemanniens”, Zurich, 1889.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città N. Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (31/01/2015):
– www.keltoi.ch/Fridolin.html
– http://de.wikipedia.org/wiki/Fridolin_von_S%C3%A4ckingen