Contestando a algunas breves preguntas (XIX)

Antiguo pergamino del Libro de Enoc.

Antiguo pergamino del Libro de Enoc.

Pregunta: Las distintas Iglesias y Ritos Cristianos ¿compartimos la misma Biblia?, ¿son iguales todos los libros que contiene?

Respuesta: La Biblia de las Iglesias Ortodoxas tiene ocho libros más en el Antiguo Testamento. Son éstos:

– Tercer Libro de los Reyes
– Cuarto Libro de los Reyes
– Canción de los Tres Niños (nosotros la tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Tercer Libro de Esdras
– Historia de Susana (nosotros la tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Bel y el dragón (nosotros lo tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Tercer Libro de los Macabeos
– Oraciones de Manasés

Las Iglesias Coptas y Etiópicas admiten además otros dos libros:

- Libro de Enoc
– Libro de los Jubileos

Pregunta: Si se leen los evangelios se sabe que los dos ladrones que fueron crucificados con Cristo, lo insultaban. Si es así, ¿por qué a uno lo tenemos como santo?.

Respuesta: En primer lugar quiero decirte que sobre San Dimas ya escribimos un artículo hace cuatro años.

"Cristo y el Buen Ladrón", óleo de Tiziano Vecellio.

“Cristo y el Buen Ladrón”, óleo de Tiziano Vecellio.

Es verdad que los evangelistas Mateo y Marcos dicen que ambos bandidos crucificados con Él, lo insultaban (Mateo, 27, 44) y (Marcos, 15, 32), pero el evangelista Lucas hace una salvedad: “Uno de los malhechores colgados le insultaba: ¿No eres tu el Cristo? ¡Pues sálvate a ti y a nosotros! Pero el otro le respondió diciendo: ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?… Y decía: Jesús, acuérdate de mi cuando estés en tu Reino. Y Jesús le respondió: Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas, 23, 39-43), o sea, que uno de ellos se arrepintió y este detalle nos parece que hay una cierta contradicción entre los tres evangelistas.

No hay una contradicción, ya que según Orígenes, San Cirilo de Alejandría, San Juan Crisóstomo y otros, al principio ambos lo insultaban, pero en el transcurso del tiempo en el que estuvieron crucificados, uno cambió de opinión y esta es la diferencia que establece Lucas sobre los otros dos evangelistas. Ante la inminencia de su muerte y viendo la mansedumbre de Cristo, uno de ellos fue tocado en su interior y por temor o por amor, la realidad es que se arrepintió y fue perdonado, siendo canonizado por el mismísimo Hijo de Dios. Es verdad que cuando fue crucificado, Dimas estaba enemistado con Dios, pero en algún momento cambió y se arrepintió. Este pasaje nos demuestra el valor del arrepentimiento y la misericordia de Dios.

Pregunta: A lo largo de estos años de existencia del blog habéis escrito muchos artículos sobre los mártires españoles del siglo pasado, pero en ningún caso habéis comentado que algunos de ellos fueron asesinados por ahogamiento. ¿Es que esta clase de martirio no se practicó con ninguno de ellos?

Sepulcro de los beatos  Enrique Izquierdo y Eleuterio Marne. Convento de Las Caldas.

Sepulcro de los beatos Enrique Izquierdo y Eleuterio Marne. Convento de Las Caldas.

Respuesta: Pues la verdad es que si ocurrió porque, a “bote pronto” se me vienen a la cabeza los nueve dominicos que fueron ahogados en Cantabria y sobre los cuales tendremos que escribir un artículo mucho más extenso. Pero contestando brevemente a tu pregunta, te diré que el 23 de diciembre de 1936, todos los dominicos del convento de Las Caldas, fueron detenidos y tras pasar por la cárcel, fueron ahogados en el Mar Cantábrico, frente a Santander.

Estos son los beatos: José María García Tabar, Pedro Luís Luís, Miguel Rodríguez González, Eleuterio Marne Mansilla, Bernardino Irurzun Otermín, Manuel Gutiérrez Ceballos, Enrique Izquierdo Palacios, Eliseo Miguel Largo y Enrique Cañal Gómez. El mar se mostró “generoso” y aunque los mártires llevaban colgados pesos para que se hundieran, devolvió los cuerpos de algunos de ellos a la orilla. Lo dicho, escribiremos más adelante un artículo completo sobre estos beatos mártires. Y es posible que algún otro “se me haya quedado en el tintero”.

Pregunta: Como sacerdote católico romano que soy, ¿puedo conocer los trámites, protocolos o pasos para ver la posibilidad de cambiar de rito al vuestro? Desde ya, muchísimas gracias.

Respuesta: Bueno, en primer lugar tengo que decirte que salvo Mitrut y Dragoljub (que son de rito bizantino), el resto de los colaboradores del blog pertenecemos al rito latino o romano. Dicho esto, queremos decirte que lo que tienes que hacer es plantearle este tema a tu obispo y si obtienes su consentimiento, buscar a otro obispo de rito distinto – el que tu deseas – y que te admita bajo su jurisdicción. Si consigues ambas cosas, seguro que ellos tramitarán lo que tengan que tramitar. Asimismo quiero decirte que yo tengo a dos sacerdotes amigos que son bi-rituales: uno celebra tanto en rito latino como en rito bizantino y el otro celebra en rito latino y en rito armenio.

Pregunta: ¿Podíais indicarme el texto del Rorate Coeli?

Respuesta: Pues ahí lo llevas:

Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Ne irascaris Domine,
ne ultra memineris iniquitatis:
ecce civitas Sancti facta est deserta:
Sion deserta facta est:
Ierusalem desolata est:
domus sanctificationis tuæ et gloriæ tuæ,
ubi laudaverunt te patres nostri.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Peccavimus, et facti sumus tamquam immundus nos,
et cecidimus quasi folium universi:
et iniquitates nostræ quasi ventus abstulerunt nos:
abscondisti faciem tuam a nobis,
et allisisti nos in manu iniquitatis nostræ.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Víde Domine afflictionem populi tui,
et mitte quem missurus es:
emitte Agnum dominatorem terræ,
de Petra deserti ad montem filiæ Sion:
ut auferat ipse iugum captivitatis nostræ.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Consolamini, consolamini, popule meus:
cito veniet salus tua:
quare mærore consumeris,
quia innovavit te dolor?
Salvabo te, noli timere,
ego enim sum Dominus Deus tuus,
Sanctus Israël, Redemptor tuus.

También te adjuntamos un vídeo:

Pregunta: Sé que muchos patriarcas de Constantinopla son reconocidos como santos, bien por la Iglesia Universal o por las Iglesias Ortodoxas y se que algunos de ellos murieron como mártires a manos de los turcos. ¿Podríais decirme quienes fueron?

Respuesta: Es cierto eso que dices: muchos patriarcas constantinopolitamos son venerados como santos, pero haciendo referencia concreta a tu pregunta te diré que no todos los martirizados por los turcos a partir del siglo XVII están canonizados. Estos son:

Icono ortodoxo griego de San Cirilo Loukaris.

Icono ortodoxo griego de San Cirilo Loukaris.

San Cirilo Loukaris, estrangulado el 27 de junio de 1638. Su cuerpo fue arrojado al Bósforo. Su festividad se celebra ese día.
Cirilo II Kontaris, ahorcado en el año 1639.
Partenio I, envenenado en 1644.
Partenio II, estrangulado en 1651.
San Partenio III, ahorcado el 24 de marzo de 1657. Su fiesta se celebra el día de su martirio.
San Gabriel II, ahorcado el 3 de diciembre de 1659. Su fiesta se celebra el día de su martirio.
Melecio II, torturado y asesinado en el año 1769.
San Gregorio V, ahorcado durante la Pascua del 1821 y del que ya hemos escrito en este blog.
San Cirilo VI, estrangulado también en el mismo año.
Eugenio II, torturado, muriendo a consecuencia de las lesiones el día 22 de julio de 1822.

A los que no les pongo el “san” por delante es porque no estoy seguro de que hayan sido canonizados.

Antonio Barrero

San Francisco de San Miguel (o de La Parrilla), franciscano mártir en Japón

Imagen del santo en su localidad natal.

Imagen del santo en su localidad natal.

Nació en el año 1545 en un pueblecito vallisoletano, muy cercano a la ciudad, llamado La Parrilla, siendo sus padres, Francisco de Andrada y Clara de Arco, siendo bautizado el día 15 de noviembre de 1549, imponiéndosele el nombre de Juan. Tenemos en esto, un caso parecido al de San Francisco Blanco, pues si este dato no concuerda con la edad con la que fue martirizado, quiere decir que no fue bautizado inmediatamente después de su nacimiento. Quizás haya que tener en cuenta que en aquella época no existía la diócesis de Valladolid, y su pueblo pertenecía a la de Palencia, de la que quedaba más alejada.

Su infancia transcurrió en su pueblo, donde desde muy pequeño, daba muestras de una tierna devoción a la Virgen, de un cariño especial con los pobres a los que en más de una ocasión les daba su comida y de ser un niño dócil con sus padres. Como en alguna ocasión su familia pasó apuros económicos, Juan se puso a trabajar con otros agricultores, primero en Medina del Campo y posteriormente en Valladolid. Al ser muy trabajador y muy honrado, era un jornalero muy apreciado, aunque cuando le proponían hacer cosas que a él no le parecían justas, se negaba diciendo: “eso no es de conciencia”. Esta actitud la mantuvo siempre.

Cuando tendría unos veinte años de edad murieron sus padres en muy pocos meses. Tras este duro golpe, decidió abandonar sus actividades agrícolas ingresando en la Orden Franciscana, concretamente en el convento de San Francisco de Valladolid, donde el 9 de enero de 1567 tomó el hábito con la intención de convertirse en hermano lego, cambiando su nombre por el de Fray Francisco de San Miguel. Tras un año de noviciado, profesó como hermano lego haciéndose cargo del cultivo de la huerta y de la cocina del convento: como hermano lego, tomó como modelos de vida a los beatos Gil y Junípero de Asís, compañeros de San Francisco.

Posteriormente, fue trasladado al convento de Calahorra y más tarde, al de Scala Coeli en El Abrojo, este último fundado por el futuro San Pedro Regalado. Aunque en ese momento ya había realizado los votos solemnes, como San Pedro Regalado había redactado unas nuevas Constituciones, él renovó sus votos. Allí destacó por su obediencia y sus penitencias. Tuvo que ejercer el oficio de limosnero, por lo que fue conocido y querido en todos los pueblos de la comarca, pero deseando estar en un convento aun más austero, lo solicitó al Padre Provincial y, con el permiso del General de la Orden, fue destinado al convento de Coca, perteneciente a la Provincia Franciscana de San José. En este convento estuvo varios años hasta que decidió alistarse para ir a misiones: primero lo hizo en el año 1578 y, no consiguiéndolo, lo volvió a hacer en el año 1580. Así, aparece alistado en Sevilla el día 15 de mayo de 1581, junto con otros dieciséis misioneros embarcados en la nave “San Cristóbal” rumbo a México.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Cuando llegaron a México, fue destinado al convento de los Santos Cosme y Damián, haciéndose cargo de la portería del convento, donde atendía a todos los pobres que se acercaban solicitando ayuda. En México coincidió con San Pedro Bautista, permaneciendo junto a él hasta el momento del martirio de ambos en Nagasaki. En el año 1584 embarcaron hacia Filipinas, donde estuvieron cinco años en Camarines y cuatro en Manila, haciéndose cargo de la portería del convento. Allí se le consideraba un santo y de hecho, en el proceso que se inició después de su martirio, existen dos testimonios fechados el 27 de junio de 1597, del padre Santiago de Castro, que era el tesorero de la catedral, adjudicándole la realización de dos milagros: “… y del dicho fray Francisco de San Miguel, vio este testigo que el ducho Padre, con ser lego, acudía a enseñar y catequizar a los naturales de aquella Provincia con mucho fervor y caridad, y que en presencia de este testigo habiendo ido a bautizar a una india infiel, que estaba en mucho peligro, este testigo y el dicho Padre estando más de dos horas con ella para ver si volvía en sí, porque estaba sin habla, para bautizarla, e nunca pudo hablar aunque se hicieron las diligencias posibles, y en abriéndola, él hizo la señal de la cruz en la lengua, y luego la dicha enferma habló y recibió el bautismo. Y otra vez, el dicho padre fray Francisco envió a llamar a este testigo con mucha prisa par mostrarle un indio a quien había picado una culebra de las que en picando muere la persona a quien pican; y a lo que se quiere acordar este testigo, porque ha muchos años que pasó, fue para confesar e bautizar el dicho indio, porque no se acuerda bien si era cristiano o infiel. Y habiendo llegado este testigo, vio al dicho indio con la picadura en una pierna, de donde le salía mucha sangre y él estaba muy fatigado y no podía hablar; y preguntando este testigo a los demás indios qué culebra era la que le había picado el dicho indio, le respondieron que eran de las que mataban luego en picando. Y el dicho Padre fray Francisco, haciendo la señal de la cruz algunas veces sobre la herida que tenía y poniéndole unos ajos, sin hacerle otra cosa ninguna, sanó luego de la dicha mordedura el dicho indio”. Para poder atender mejor a quienes acudían a él, aprendió el idioma del país, llegando incluso a predicar en la iglesia a los nativos en su idioma aun siendo hermano lego.

El 26 de mayo de 1593, San Pedro Bautista fue nombrado embajador de España en Japón y ambos, junto con otros dos frailes, partieron hacia su nuevo destino, donde llegaron después de dos meses de viaje. Se establecieron en Meako donde construyeron un pequeño convento al estilo del de la Porciúncula de Asís. En la Semana Santa del año siguiente, le encargaron montar el monumento del Jueves Santo y a quienes le preguntaban el por qué de las celebraciones de esos días, como no conocía el idioma japonés, optó por imitar en su cuerpo algunos episodios de la Pasión de Cristo, desvistiéndose de su hábito y haciéndose azotar por los japoneses.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

En el año 1582, Taikosama tomó el control de todo el país, formando un imperio. En un principio fue tolerante con los cristianos, pero incitado por los bonzos, decretó la expulsión de los misioneros. Es verdad que inicialmente esta orden no se aplicó con rigor y los misioneros eran tolerados mientras se movieran en la clandestinidad y vistiendo como japoneses. Así estaban nuestros frailes cuando en noviembre de 1596 embarrancó en Urando el galeón San Felipe. El gobernador de Urando, llamado Nobunaga, conociendo las riquezas que transportaba el navío, lo expropió y para encubrir el robo, el emperador promulgó un nuevo edicto acusando a los frailes de hacer proselitismo y de preparar una invasión de europeos. La noche del 8 de diciembre de 1596, el gobernador de Osaka ordenó el encarcelamiento de los misioneros. La mañana del día siguiente, fueron arrestados los frailes franciscanos, permaneciendo como prisioneros en su propio convento de Meako hasta el día 30 del mismo mes. El 3 de enero siguiente, fueron llevados a la parte inferior de la ciudad y se les cortó la mitad de la oreja izquierda. Los montaron de tres en tres en unas carretas, paseándolos por toda la ciudad y portando encima su condena a muerte: “Por cuanto estos hombres vinieron de los Luzones, con título de Embajadores, y se quedaron en Meako predicando la ley de los cristianos, que yo prohibí muy rigurosamente los años pasados, mando que sean ajusticiados, juntamente con los japoneses que se hicieron de su ley; y así estos veinticuatro serán crucificados en Nagasaki; y vuelvo a prohibir de nuevo la dicha ley para en adelante, porque venga a noticia de todos; y mando que se ejecute; y si alguno fuese osado a quebrantar este mandato, sea castigado con toda su generación. El primer año de Queycho, a los diez días de la undécima luna”. En pleno invierno japonés y con la intención de atemorizar a los cristianos japoneses, los pasearon a pie o a caballo por las ciudades de Kyoto, Fushimi, Osaka y Sakay. Así, viajaron casi mil kilómetros hasta llegar al lugar del martirio: la colina de Nisnizaka, cercana al mar y frente a la ciudad de Nagasaki. Allí fueron martirizados.

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Como hemos explicado en alguna otra ocasión en este blog, fueron crucificados, utilizando una cruz de dos travesaños clavados a un tronco. La víctima estaba sujeta por cinco anillos de hierro que le aprisionaban el cuello, las manos y los pies. Los mataron atravesándolos con dos lanzas, que entrando por los costados, se cruzaban en el pecho, saliendo por los hombros. Así fue descrito su martirio: “Una inmensa multitud cubría el Calvario de Nagasaki…. El Santo de La Parrilla caminaba al lugar del suplicio completamente descalzo, todo suspenso en Dios, a quien iba a ofrecer su vida; un devoto portugués le quitó una cruz de reliquias que llevaba al cuello, y afirmó con juramento que después que él la llevaba puesta se vio libre de muchas tentaciones que antes le acosaban. Marchaba con paso firme y tranquilo rezando por última vez el Rosario de la Santísima Virgen, llegando al lugar de la ejecución sin hablar una palabra; allí se hallaban seis sajones para cada mártir, por lo cual San Francisco como todos sus gloriosos compañeros, en poco tiempo fueron puestos en las cruces; para sujetarlos a ellas tenía cada una cinco argollas de hiero y con ellas cuando estaban extendidos sobre las cruces, les sujetaron por el cuello, la muñecas y gargantas de los pies, siendo levantadas en alto y colocadas en hoyas casi todas al mismo tiempo… Poco antes de recibir las lanzadas, Fr. Pedro Bautista comenzó el Benedictus, que continuaron todos, callando a medida que iban entregando su alma al Creador, a impulso del hierro del verdugo, quedando San Francisco sus ojos clavados en el cielo, que eran donde estaban sus nobles aspiraciones mientras habitó en la tierra. Este espectáculo tan cruel como glorioso, ocurrió a las diez de la mañana del miércoles 5 de febrero de 1597…”. Los cuerpos de los mártires estuvieron expuestos varios meses en sus cruces sin mostrar ningún signo de corrupción. Las aves carroñeras no tocaron los cuerpos, que permanecían frescos y flexibles y de los que incluso seguía fluyendo sangre.

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

El proceso de beatificación se inició en el año 1616, culminando con la ceremonia de beatificación, presidida por el Papa Urbano VIII el 14 de septiembre de 1627 en la basílica romana de Santa María la Mayor. Los veintiséis mártires de Nagasaki fueron finalmente canonizados por el beato Papa Pío IX, el día 8 de junio de 1862.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (10/08/2014):
– http://www.franciscanos.org/bac/pedrobautista.html
– http://monasteriocorpus.webcindario.com/santoral.html

Santa Pelagia de Jerusalén, penitente

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Lo que sabemos sobre Santa Pelagia, virgen penitente de Jerusalén, lo conocemos por San Juan Crisóstomo a través de la homilía LXVII de su “Comentario al evangelio de San Mateo, en la que cuenta la historia de una célebre comediante, que después de su conversión, deslumbró a todos pues era la primera que, no estando sometida a ninguna regla monástica, llevaba una vida piadosa y ascética.

Era San Juan todavía un joven cuando ella vino desde Antioquía – que era una de las ciudades más disolutas de Oriente -, habiendo llegado su fama a la región de Cilicia y Capadocia. Había arruinado a tantas familias, deshonrado a tantos jóvenes y estafado a tantas personas, que se decía de ella que, mediante la magia, había sido capaz de seducir al mismísimo hermano del emperador. O sea, era una mujer célebre por su mala vida y malas artes. Pero de repente, tocada por la gracia, se había convertido y le había dado un giro radical a su vida. Había llevado una vida penitente, se había purificado de su pasada vida licenciosa, superando desde ese momento, aun en la práctica de la castidad, a cualquier persona que hubiera sido virgen desde su infancia. Después de recibir el bautismo y de ser admitida al resto de los sacramentos, vivió una vida de gran austeridad, encerrándose voluntariamente en una especie de cárcel en la que nadie podía verla, muriendo después de haber llevado esa vida penitente durante muchos años.

Aunque habla de ella, San Juan Crisóstomo no nos dice cual era su nombre y nada nos permite pensar que, después de su muerte, esta penitente anónima recibiese oficialmente culto alguno. Sin embargo, su espectacular conversión no cayó en el olvido y un autor desconocido – del que solo sabemos que se llamaba Santiago y que era diácono de la iglesia de Heliópolis – encontró en ella suficiente material para escribir una novela (romance) piadosa, que se difundió rápidamente bajo el título de “La penitencia de Pelagia”. Y digo novela-romance piadosa, porque el tal Santiago empieza así su obra: “Siempre deberíamos dar gracias a Dios. ¿Quién no desea que antes de su muerte, todo pecador regrese a la vida mediante el arrepentimiento? Por eso yo, Santiago pecador, os escribo a vosotros, mis hermanos y hermanas santos, sobre algo maravilloso que ha ocurrido en nuestros días, para que la lectura de este escrito os edifique…”. A través de este romance, la fama de esta mujer, a la que él llama Pelagia, se extendió hasta Cilicia e incluso en la corte de la familia imperial. El tal Santiago, en esta obra, mezcló algunos episodios de la vida de Santa Pelagia de Tarso, con otros atribuidos a esta Pelagia de Jerusalén. Atribuyó la conversión de esta comediante a su obispo, llamado Nonno, que había venido desde Antioquia para participar en un Sínodo, celebrado en la iglesia de San Julián en Jerusalén. El fue quién la bautizó y la admitió a los sacramentos de la Iglesia.

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Santiago sigue diciendo: “He aquí que estando hablando mi obispo, pasó por delante de la puerta de la iglesia una incrédula mujer, que era la prostituta más famosa de toda Antioquia. Era muy arrogante y estaba adornada con ropas muy lujosas y costosas, estando acompañada por una multitud de jóvenes y de doncellas espléndidamente vestidas. Era tal la belleza de su rostro, que los hombres no se cansaban de mirarla. Al pasar junto a nosotros, el aire quedó cargado de fragancia y al ver que su cabeza y hombros iban descubiertos, los obispos agacharon la cabeza para no mirarla, apartando sus rostros de un gran pecado. Pero el bendito Nonno, mi obispo, la miró larga y fijamente hasta que ella se perdió de vista…. Después de los santos oficios en la catedral, el bendito Nonno se puso a instruir a la gente inspirado por el Espíritu Santo. Habló del temor de Dios y de la recompensa que Dios otorga a los justos y entonces sucedió que la prostituta – que nunca había entrado en una iglesia ni tenía conciencia de sus pecados – entró en la iglesia y se puso a escuchar a mi obispo y, mientras lo escuchaba, el temor de Dios vino sobre ella haciéndole comprender cuan grandes eran sus pecados. Ella se desesperó y un torrente de lágrimas brotó de sus ojos, mientras el corazón se le rompía de dolor….” No continúo escribiendo este texto porque podéis encontrarlo aquí, pero si quiero reseñar un curioso dato: una diaconisa llamada Romana fue su madrina de bautismo.

Según este texto de Santiago, la neoconversa se retiró a un lugar solitario en el Monte de los Olivos de Jerusalén, a fin de llevar una vida de penitencia, y para camuflarse y no llamar la atención, se habría vestido como un hombre, asumiendo el nombre de Pelagio (Pelayo). ¡Ya tenemos otra vez otro caso de travestismo sacro! Otro caso de una mujer, que se viste de monje a fin de llevar una vida monacal, con o sin regla. Recordemos el caso de Santa Marina-Marino, del que hemos tratado en este blog. Y, como no podía ser de otro modo, su verdadero sexo se descubrió después de su muerte.

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

El hagiógrafo Delehaye dice que “es muy difícil decidir si el tal Santiago, en un principio se propuso escribir una novela edificante, en la que el rol principal era soportado por Pelagia o si, habiendo conseguido posteriormente algunos otros datos, intentó componer una leyenda para la santa mártir venerada en Antioquia. Existe otros interesantes ejemplos de santos venerados a nivel meramente local, cuyas leyendas han surgido rápidamente bajo la acción de otra obra legendaria anterior, por lo que muchas veces los hagiógrafos no retrocedemos ante esta especie de metamorfosis que nos llevaría a personajes casi irreconocibles”. Esto fue tan claro para el bolandista Delehaye, que no tardó en establecer una única identidad entre esta Pelagia penitente y la Pelagia mártir de Antioquia. El hecho de que la primera de ella era conmemorada por los sinaxarios bizantinos el mismo día que la segunda y aun que una tercera supuesta Pelagia mártir de Tarso, fue para él una prueba más que suficiente. La conmemoración de tres Pelagias distintas en un mismo día, era más que sospechoso y presuponía el trabajo de algunos personajes sin escrúpulos a la hora de confeccionar vidas de santos.

Efectivamente, los sinaxarios bizantinos, basándose únicamente en este romance de Santiago, conmemoran a la Pelagia de Jerusalén el día 8 de octubre, mientras que el Menologio de Simeón Metafraste, conmemora a la otra en el mismo día. El cardenal Baronio, que ignoró a las otras dos – la de Antioquia y la de Tarso – la inscribió el mismo día en el Martirologio Romano, llamándola únicamente penitente: “Ierosolymis sanctae Pelagiae cognomento poenitentis”. La fuente en la que se basó Baronio, más que los sinaxarios bizantinos, fue el Martirologio de Usuardo, el cual, el mismo día, al nombre de Pelagia encontrado en el Martirologio Jeronimiano, le añadió lo que antes había hecho con Santa María Egipcíaca el 2 de abril, o sea, la expresión: “quae peccatrix appellatur”, diciendo expresamente que su intención era venerar a la Pelagia de la que había escrito el tal Santiago, cuya obra conocía en su traducción latina.

El Sinaxario Alejandrino de Miguel, obispo de Atrib y Malig, el día 11 del mes Babah (8 de octubre), ignorando a las dos Pelagias mártires, habla de esta diciendo que quién había logrado su conversión era un obispo llamado Pablo. Según esta versión Pablo llegó a Jerusalén con el obispo Alejandro, quién la envió a un monasterio situado fuera de la ciudad, donde ella murió después de vivir penitentemente durante cuarenta años.

"Pelagia la penitente", la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

“Pelagia la penitente”, la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

El Pseudo-Antonino de Piacenza dice que, en el Monte de los Olivos existía una gruta o celda que pretendía contener su cuerpo. Con respecto a este tema de la tumba quiero decir que junto a la capilla de la Ascensión en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, está la denominada “casa de Pelagia”. En ella existe un sarcófago que fue descubierto en unas excavaciones realizadas en el siglo XIX, por el arqueólogo francés Da Sussey. Según los judíos, esta es la tumba de la profetisa Hulda, que vivió en tiempos del rey Josías en el siglo VII antes de Cristo. Ellos defienden esta tesis basándose en los escritos del rabino Moshe Basulah. Según la tradición musulmana, en esa tumba está sepultado Rava’ad Aludayah, que fue uno de los primeros místicos musulmanes del siglo VII y según la tradición cristiana, esta es la tumba de nuestra Santa Pelagia de Jerusalén; ¿?, por eso en la foto que adjunta el artículo, pongo lo de “presunta tumba”.

En Occidente, durante la Edad Media, la “Leyenda Áurea” del beato Jacobo de Vorágine, de la que tantas veces hemos hablado en este blog, se encargó de divulgar la leyenda de esta pecadora convertida. Para liarla más, en esta versión, el obispo que la convirtió se llamaba Nerón cuya sede estaba en la ciudad egipcia de Damietta, quién se la encontró adornada con muchísimas joyas – por lo que la llamó Margarita – (en latín, “perla” se dice “margarita”), la cual se echó a llorar reconociendo que su amor a Dios era menor que su amor a los hombres. Y para no ser menos, se atrevió a fijar la fecha de su muerte el día 8 de octubre del año 290. Que Jacobo de Vorágine “mezclaba las churras con las merinas”, lo sabemos ya y un dato más que lo demuestra es el hecho de que es el mismo diácono Santiago quién dice en su texto que a Pelagia se la conocía en Antioquia por el nombre de Margarita, cosa que ella misma le dijo al obispo Nonno. O sea, que ni Damietta ciudad, ni Nerón obispo, ni fecha de su muerte cierta, ni… ¡Qué capacidad inventiva tenía este buen hombre!

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Iconográficamente se la confunde con otras santas pecadoras-penitentes. También se la confunde con Santa Margarita (Marina) de Antioquia, que nada tiene que ver con ella. Se la representa con atributos de su pasado pecaminoso: una máscara de comediante y joyas a sus pies, en señal de desprecio después de su conversión. Algunas veces es representada con un incensario entre sus manos en un intento de confundirla con otra pecadora-penitente (María Magdalena, a quién en Oriente se conoce como “mirrofora” o portadora de mirra).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DA VARAZZE, GIACOMO, “Legenda Aurea”, París, 1911.
– USENER, H., “Leyenda de Santa Pelagia”, Bonn, 1879.
. VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

San José, el hijo de Jacob

Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

La historia del Patriarca José, la conocemos porque viene bien relatada en las Sagradas Escrituras, concretamente en el Libro del Génesis, aunque el Libro del Eclesiástico también lo alaba diciendo: “Tampoco nació ningún hombre como José, el líder de sus hermanos y el sostén de su pueblo; sus huesos fueron tratados con respeto” (Eclesiástico, 49, 15). José fue hijo de Jacob y de su mujer predilecta, Raquel cuando aun estaban junto a Labán, en Haran (Mesopotamia). Su madre le llamó José, nombre que significa “al que Yahvé engrandece”.

Cuando tendría unos quince años de edad, quedó huérfano de madre cuando esta dio a luz a su hermano Benjamín, atrayendo sobre él la predilección de su padre. Las Sagradas Escrituras lo presentan como un joven bondadoso y temeroso de Dios, que odiaba el mal en todas sus manifestaciones y que detestaba la conducta inmoral de sus hermanos mayores, que lo escandalizaban y desorientaban. Sintiendo la necesidad de contarle a su anciano padre las actuaciones de sus hermanos, como Jacob los reprendió, ellos decidieron vengarse del joven José, que para ellos era un reproche viviente de sus reprobables conductas. El libro del Génesis nos dice que “amando Jacob (Israel) a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, le hizo una túnica de diversos colores” (Génesis, 37, 3) y no solo hizo esto para distinguirlo, sino para premiarlo, cosa que incrementó el odio de sus hermanos, que planearon deshacerse de él buscando el mejor momento para hacerlo.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

Un día en el que los hijos de Jacob se encontraban con sus rebaños pastando junto a Siquén, José fue enviado por su padre para que viera cómo estaban sus hermanos y sus rebaños de ovejas y le informara. Llegado a Siquen, le dijeron que sus hermanos estaban en Dotán (la actual Tell-Dota), que era un lugar de tránsito del comercio entre Siria y Egipto. Cuando llegó a Dotán, sus hermanos lo vieron de lejos y decidieron matarlo. Su hermano Rubén se opuso: “No derraméis su sangre; metedlo en esta cisterna que está en el desierto y no pongáis vuestras manos sobre él”. Cuando llegó José, le quitaron sus vestidos – símbolo de la predilección de su padre – y lo metieron en la cisterna, que estaba vacía. Y pasando por allí algunos mercaderes de Madián camino de Egipto, lo sacaron de la cisterna y lo vendieron por veinte piezas de plata. Los mercaderes se llevaron a José a Egipto. Sus hermanos hicieron ver a Jacob que José había muerto atacado por algún animal.

En Egipto, José fue vendido a Putifar, que era el jefe de la guardia del Faraón y en la casa de este poderoso personaje, no terminaron sus tribulaciones, ya que al ser joven y de aspecto físico agradable y como era el mayordomo de la casa, atrajo la atención de la esposa de Putifar que le propuso acostarse con ella: “¿Cómo haría yo este gran mal pecando contra Dios?”, fue su respuesta (Génesis, 39, 9). O sea, que José, al ser un varón justo sabía que el pecado de fornicación era una ofensa a Dios. No traicionó su conciencia y era por esa virtuosidad por lo que Putifar le había encargado la mayordomía de su casa. La mujer insistió una y otra vez y José tuvo que huir dejando sus ropas entre sus manos. Ella lo acusó de haber querido violentarla sexualmente. Putifar lo atrapó y encarceló, pero “Yahvé estaba con José y le extendió su misericordia, haciéndole ser bien visto por el jefe de la cárcel. Este entregó en las manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión. Todo lo que se hacía allí, él lo hacía. El jefe de la cárcel no necesitaba atender cosa alguna que estuviese al cuidado de José, porque Yahvé estaba con José y lo que él hacía, Yahvé aun lo mejoraba” (Génesis, 39, 21-23).

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

En la cárcel estaban detenidos con él, el copero y el panadero del Faraón. José se hizo amigo de ellos e interpretó algunos de sus sueños. El sueño del copero fue interpretado como un buen augurio, ya que pronto sería excarcelado, pero el sueño del panadero predecía su muerte (Génesis, cap. 40). José le pidió al copero que cuando fuese puesto en libertad, se acordara de él e intercediera a su favor, pero este se olvidó de José, quién permaneció dos años más en la cárcel.

Pero dos sueños providenciales del Faraón, que no fueron interpretados por nadie, marcaron su suerte, pues en ese momento el copero recordó cómo José había interpretado sus sueños y aconsejó que se acudiera a su interpretación. Y esta fue su interpretación: “Esto es lo que respondo al Faraón. Lo que Dios va a hacer, os lo ha mostrado. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en todas las tierras de Egipto y tras ellos, seguirán siete años de hambre y toda la abundancia será olvidada en Egipto y el hambre consumirá la tierra. La abundancia no se recordará porque el hambre que la siga será gravísima. Al haber soñado esto el Faraón dos veces, significa que la voluntad de Dios es firme y que se apresura a hacerla”. Y se atrevió a darle la solución a tal problema: “Provea ahora el Faraón de un varón prudente y sabio y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto el Faraón y ponga gobernadores por todo el país y exija el quinto a Egipto en los siete años de abundancia. Junten todas las provisiones de esos buenos años que vienen y recojan el trigo en nombre del Faraón a fin de mantener a las ciudades y guárdenlo. Y esté esta provisión en depósitos a disposición del país, para que cuando vengan los siete años de hambre que padecerá Egipto, el país no perezca de hambre” (Génesis, 41, 28-36).

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

El faraón, admirado y conquistado por la sabiduría y virtud de José, le propuso el aprovisionamiento de Egipto, dándole la responsabilidad de gobernar Egipto siendo su mano derecha y es en este momento donde quedaron claros los designios de Dios sobre la turbulenta vida de José, que se convertiría en el salvador de su propia familia.

Sus hermanos también empezaron a sufrir la carestía que afectaba a Egipto y allí marcharon en busca de alimento. José los reconoció sin ser reconocido y después de haberlos sometido a varias pruebas, finalmente se dio a conocer, los perdonó generosamente e hizo que llevaran a su padre Jacob y a toda su familia a Egipto, asignándoles la fértil tierra de Gosen. El encuentro de José con sus hermanos recoge las más bellas palabras del Antiguo Testamento por el “πάθος” que las impregna. (Recordemos que “πάθος” es un concepto ético que representa todo lo que se siente o experimenta: estado del alma, tristeza, pasión, padecimiento y enfermedad).

José murió con ciento diez años de edad y los hijos de Israel, cuando marcharon de Egipto bajo la guía de Moisés, transportaron sus restos a la tierra de sus padres: Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar a los hijos de Israel, diciendo: Ciertamente Dios os visitará y entonces, llevaos de aquí mis huesos con vosotros” (Éxodo, 13, 19). Aconsejo leer los capítulos 37 y siguientes del Libro del Génesis.

Los acontecimientos de la vida de José nos muestran cómo actúa la Divina Providencia, que dirigiendo los asuntos humanos los conduce a su fin último: Jacob es el fundador de una gran familia y sus hijos, las ramas de un gran árbol, cuyo fruto más precioso es el Mesías, que nacerá de la estirpe de Judá. José es un protagonista involuntario, aunque consciente, de un drama que en un principio fue solo familiar; toda su vida fue conforme a la voluntad divina, al servicio de Dios y es por eso, que representa anticipadamente a otro José – el esposo de María -, que fue también puesto a prueba y que fue un precioso instrumento puesto en las manos de Dios: cuidó y educó a su Hijo, Jesús de Nazareth.

José también nos prefigura, nos representa anticipadamente a Cristo. Tertuliano dijo: “Ioseph in Christum figuratur” y este paralelismo fue desarrollado por San Isidoro de Sevilla en su obra “Quaestiones in vetus Testamentum”, así como por San Pedro Crisólogo, arzobispo de Ravenna en su sermón “De Nativitate”, que fue popularizado en el siglo IX por Rabano Mauro y por Walafrido Strabon e incluso en el siglo XIII, en las Biblias mozárabes:

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

“Ioseph descendit in Aegyptum et Christus in mundum.
Nudaverunt Ioseph fraters sui tunica polymita,
Iudaei Christum expoliaverunt tunica corporali.
Ioseph mittitur in cisternam et Christus descendit in Infernum”.
“Ioseph exit de cisterna,
Christus redit ad superna,
Post mortis supplicium”
.
(Creo que se entiende de sobras, que no es necesaria traducción alguna).

José vendido por sus hermanos y Jesús traicionado por Judas por treinta monedas. José fue llevado forzosamente a Egipto y Jesús también se vio forzado a huir a Egipto huyendo de la matanza de Herodes. José fue encerrado por Putifar en una prisión junto con dos condenados (el copero y el panadero) y Jesús también fue crucificado entre dos ladrones. José salió de la cisterna y de la prisión y Jesús, salió del sepulcro. José facilitó alimento a su pueblo y a sus hermanos y Jesús alimentó a sus discípulos y a un inmenso gentío con la multiplicación de los panes. Incluso en la Edad Media, algunos exégetas llegaron a comparar los honores recibidos por José, con la glorificación y ascensión de Jesús a los cielos: “Ille post tribulationem pervenit ad honorem; Christus post resurrectionem triumphans ascendit ad Patrem”.

Jacob, en el lecho de muerte bendijo a los hijos de José cruzando los brazos “in modum crucis”: “José tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel (Jacob) y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel y los acercó a éste. Jacob extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito” (Génesis, 48, 13-14). La interpretación simbólica de este gesto es que Jacob prefirió a Efraím (que personifica en sí a los gentiles) ante Manasés (que personifica a los judíos por ser el primogénito), siendo esto también un anticipo de Cristo, que sustituyó a un pueblo que se mantuvo terco en el error, por un nuevo pueblo de Dios: la Iglesia. La Iglesia sustituye a la Sinagoga, la Nueva Alianza, sustituye a la Antigua.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Según el Calendario Palestino-georgiano del “Sinaiticus 34” y según el Leccionario Jerosolimitano, la fiesta del Patriarca José se celebraba en Jerusalén el 4 de septiembre, junto con la de Moisés y el mártir Julián, en un monasterio erigido por la noble Flavia en el Monte de los Olivos a mediados del siglo V. Pero no existen señales de culto en los sinaxarios bizantinos ni en los martirologios occidentales. Sin embargo, la Iglesia Etiópica lo conmemora, junto con su esposa Asenet, el 26 de mayo y el 31 de julio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Biblia de Jerusalén, Editorial Española Desclée de Brouwer, S.A., Bilbao, 1967.
– DA SORTINO, P., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.
– HOLZAMMER, G., “Manual de Historia Bíblica: el Antiguo Testamento”, Torino, 1939.

Enlace consultado (07/08/2014):
– http://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_(son_of_Jacob)

Los iconos de la Virgen María en las Iglesias Ortodoxas

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

El icono de la Virgen María está presente en la mayor parte de los hogares de los creyentes ortodoxos. No es sólo un símbolo de la maternidad y del amor maternal, sino también una ventana abierta a la misma Madre de Dios. El icono se coloca normalmente en la pared oriental de las habitaciones, a veces junto a una lámpara de aceite que arde especialmente en domingo y durante las grandes fiestas y en viernes, el día en que el Señor Jesucristo murió en la cruz.

El arte ortodoxo tiene mucho que ver con la pintura y no tanto con la escultura. Las estatuas son desconocidas en las iglesias de Grecia, muy raras en las de Rumanía y más habituales en Rusia, pero generalmente son una rareza, porque la teología mística del Este ve la iconografía desde la perspectiva del misterio del Reino de los Cielos, y las estatuas tienden a ser vistas como algo “demasiado material”.

En este contexto, los iconos que representan a la Madre de Dios son, como los demás iconos, una combinación de realidad y simbolismo. En general, Nuestra Señora siempre aparece representada con la cabeza cubierta por un velo que cae sobre sus hombros, según la tradición judía de su época. El color habitual del velo o cubrecabeza es rojo, y simboliza tanto el sufrimiento por su Hijo como su santidad. Bajo este velo, normalmente se ve un segundo velo azul, que simboliza la humanidad de la Virgen. A veces los colores se invierten, y vemos el azul en la tela exterior.

Otra particularidad de todos los iconos bizantinos de la Virgen son las tres estrellas pintadas en el velo: una en la frente y las otras dos en cada hombro de la Virgen María. Simbolizan su virginidad antes, durante y después de la Natividad. Otros teólogos interpretan las tres estrellas como el símbolo de la Santístima Trinidad, y en este contexto se explica el por qué la tercera estrella está cubierta, porque el Niño que ella lleva es Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Casi todos los iconos representan a la Santa Virgen con su Niño pequeño -aunque hay algunos tipos donde aparece sola- y el afecto entre la Madre y el Hijo es obvio. Tradicionalmente, el primer icono de la Virgen fue pintado por San Lucas Evangelista. También se cree comúnmente que el icono Hodigitria es el “modelo” que Lucas pintó, y su simbolismo lo explicaremos a continuación.

Hay cinco principales tipos de icono de la Theotokos en la iconografía ortodoxa, pero también existen otros tipos en un apartado menor:

- El icono de la Virgen “Hodigitria/Hodegetria” (Ὁδηγήτρια), literalmente, “La que muestra el Camino”, y, como se ha dicho, es tradicionalmente vinculado a San Lucas. Este tipo de icono es el más difundido de todos los de la Virgen. Ella sostiene al Salvador como un bebé y lo mira como guía hacia Dios y la salvación. Hay que remarcar que ella lleva al Niño en su brazo izquierdo, mientras que lo muestra con su mano derecha, siendo ésta la razón de por qué es conocida como la que muestra el Camino (Cristo es el Camino). El Niño tiene una cara madura (quizás también una ancha frente), un signo de que Él es la Sabiduría, y lleva un rollo, a veces plegado y otras extendido (que es el Evangelio). El icono original atribuido a San Lucas está hoy día perdido (fue custodiado por el monasterio de la Panagia Hodegetria en Constantinopla hasta la Cuarta Cruzada en 1204), aunque existen algunos iconos que se cree que son este original, en Italia o Rusia. Este tipo de icono está difundo tanto en las iglesias ortodoxas como en las católicas.

- El icono de la Virgen Eleousa (Ἐλεούσα). Desde la Hodegetria se desarrolló posteriormente la Panagia Eleousa (Virgen de la Tierna Misericordia). María todavía señala a Cristo, pero él está acariciando su mejilla, que ella inclina ligeramente hacia él. Al menos un brazo de Jesús aparece rodeando su cuello y hombro. La Madre de Dios, en este icono, simboliza a la Iglesia. La plenitud del amor entre Dios y los humanos se consigue pues sólo a través de un cercano amigo de la Iglesia, en este caso, la Madre de Dios. Los iconos rusos de la Theotokos de Vladimir y la Theotokos de Pochayiv son ejemplos bien conocidos de este tipo de icono.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Una subvariante de este tipo es el icono de la Theotokos Pelagonitissa (o “la Virgen con el Niño que juega”), donde la Virgen sujeta a Jesús en un movimiento abrupto, su cabeza hacia atrás y agarrándose a ella. El nombre del icono procede de la ciudad de Pelagonia (hoy día Bitola, en Macedonia) donde el icono apareció por primera vez, en los siglos XII-XIII. El icono de la Virgen Glikofilusa es otro ejemplo.

- El icono de la Graciosa Virgen o Panahranta (de πανάχραντος, “inmaculada”). En este tipo de icono, la Virgen María se sienta en un trono real con el Niño Jesús en su regazo, y ambos están mirando hacia delante. El trono simboliza la gloria real, siendo ella perfecta entre todos los humanos nacidos en la tierra. De acuerdo con las enseñanzas del cuarto Concilio Ecuménico, la Virgen María vela sobre los destinos del mundo junto a Cristo. Variantes de este icono son la Pantanassa -aquí el Niño no está mirando directamente, sino que se gira hacia su Madre- y la Theotokos de Kazan, en la cual Cristo está de pie sobre la Virgen.

- El icono de la Theotokos Agiosortissa (Αγιοσορτισσα), “la intercesora”. En esta representación, la Virgen María está sola y, vista de perfil, tiene las manos alzadas en oración. Está mirando hacia la izquierda, normalmente a un icono de Jesucristo que está aparte. A veces lleva un pergamino. El triple icono que representa a Jesús en el centro con la Virgen María y San Juan Bautista con sus manos hacia Jesús es conocido como “Deisis” (oración). Una variante de éste es el icono de la Virgen “el Refugio” (Παναγία η Καταφυγή), en el cual su brazo permanece bajo su velo.

- El icono de la Madre Orante u Oranta (Οραντα), o “la Santístima” (Panagia o Παναγια). La Virgen María se muestra de frente al observador con sus brazos alzados en la posición de orante, en oración. A veces Cristo Niño es mostrado dentro de un círculo en su seno -esta representación es conocida como “Platytera” (Πλατυτέρα, que significa literalmente más ancha o más espaciosa, o la Señora del Signo), siendo Cristo el signo de salvación.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Con estos tipos no termina la iconografía relativa a la Virgen María. Otros subtipos son también muy importantes para la piedad de los creyentes ortodoxos. Podemos mencionar:

- La Madre de Dios “Galaktotrophousa” (Παναγια Γαλακτοτροφουσα), “la que alimenta con leche”, una rara representación de la Virgen amamantando a su Hijo.

- La Virgen de la Zarza Ardiente, alusión a la visión de Moisés en el Sinaí, que es entendida como una profecía de la virginidad de la Theotokos.

- La Virgen con la Siete Espadas, alusión a la profecía de Simeón “y a ti misma una espada te atravesará el alma, para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados” (Lc 2, 35).

- La Madre Doliente, que representa a la Virgen en ropas negras, durante el funeral de su Hijo, que también aparece en segundo plano, siendo crucificado. Este tipo está especialmente presente en Rumanía, como influencia de la Piedad católica (es la Piedad ortodoxa).

- La Protección (o el Velo) de la Theotokos (Σκέπη, Sképē or Покровъ, Pokrov), que representa a la Virgen que acoge bajo su velo a los devotos, estando este icono asociado con un milagro ocurrido en Constantinopla en el siglo IX; salvada de una invasión eslava. El día de su celebración es el 1 de octubre.

Otros iconos que representan a la Virgen están asociados a momentos diferentes de su vida: la Anunciación, la Presentación en el Templo, la Natividad, la Ascensión de Cristo, Pentecostés, la Dormición de la Virgen. No se refieren sólo a ella o no la presentan en primer plano, pero es importante que también sean mencionados.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi ("el Refugio"), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi (“el Refugio”), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Algunas veces los iconos de la Virgen son objeto de una especial devoción por parte de los creyentes. Algunos iconos son considerados como protectores contra distintas enfermedades. La Agiosortissa es especialmente invocada en casos de cáncer. De otros iconos en lugares específicos se cree que ayudan a las madres a tener hijos (como la Panagia Tsampika en la isla de Rodas, Grecia) o ayudan contra enemigos visibles e invisibles (como la Panagia Portaitissa, “de las Puertas”, en el Monasterio Iveron del Monte Athos), etc.

Otra forma de venerar el icono de la Theotokos es vestirlo en plata y oro (por ejemplo, la Theotokos de la Sketa Prodromos en Athos, que encabeza este artículo) y colgar de él objetos devocionales, a menudo asociados a enfermedades u órganos curados. Este fenómeno comenzó con un icono específico, la llamada Triherousa (la de Tres Manos), por una mano de plata votiva adherida a un icono (como es el caso del icono de la Triherousa en Hilandar, Monte Athos).

La veneración de los iconos de la Virgen tiene una función especial en el mundo eslavo. El calendario de la Iglesia Rusa está muy desarrollado en conmemorar diferentes iconos de la Theotokos, que se veneran en un día concreto. Llega a mencionar en torno a 260 iconos de la Virgen María, asociados con milagros y celebrados litúrgicamente. El Menaion de Sergio de Radonezh presenta en torno a 700 iconos de la Theotokos.

Troparion de la Theotokos de Prodromos (celebrada el 12 de julio)
Madre de Dios, siempre Virgen, veneramos tu santo y divino icono con fe y lo besamos con agradecimiento. Porque a través de él, tú das a los fieles verdadera curación de sus almas y cuerpos. Por eso, te decimos: gloria a tu virginidad, gloria a tu misericordia. ¡Gloria a tus cuidados, a ti, que eres bendita!

Mitrut Popoiu