San Teodoro, obispo de Octoduro

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Relieve gótico del Santo en el museo de Estrasburgo, Francia.

Relieve gótico del Santo en el museo de Estrasburgo, Francia.

Pregunta: ¿Qué relaciones tuvo San Teodoro de Octoduro y el diablo? ¿Qué versiones existen sobre este santo y su relación con el diablo que carga la campana? ¿Se relaciona con el Papa Cirilo I?

Respuesta: San Teodoro de Octoduro es más conocido como San Teodoro de Sitten. En el año 379 este santo obispo fue puesto al frente de la diócesis de Octodurum (la actual Martigny), que era la ciudad principal de la provincia romana de “Grais et Poeninae” (los Alpes Graian y Penninos), que son una sección de los Alpes que actualmente pertenecen a Francia, Italia y Suiza. En el año 381, junto con San Ambrosio de Milán, estuvo en el Sínodo de Aquilea convocado por el emperador Graciano, para que se condenaran a los obispos arrianos Paladio y Secundiano y para deliberar sobre algunos asuntos concernientes a la Iglesia y el Estado. Participó activamente en este Sínodo encontrándose su firma en las Actas del mismo, ocupando el décimo puesto.

Junto con otros obispos que estaban en comunión eclesial con San Ambrosio, estuvo también presente en el Sínodo de Milán del año 390, en el cual se estudió qué actitud tomar en los enfrentamientos con el obispo Félix de Treveris, que era favorable al obispo hispano Itacio, responsable de la condena a Prisciliano y sus discípulos. También se examinó el caso del monje Joviniano y el tema de la penitencia pública impuesta al emperador Teodosio el Grande. La firma de San Teodoro también consta en la carta que enviaron al Papa San Siricio al término de este Sínodo.

Según San Euquerio de Lyón, autor de la “Passio Acaunensium Martyrum”, fue el propio San Teodoro quién descubrió los cuerpos de los mártires de la Legión Tebea edificando en la vecina Agauno (lo que hoy es Saint-Maurice) el “martyrium” destinado a acoger los restos de los mártires.

No es cierto que deba atribuirse a San Teodoro o a su homónimo San Teodoro II obispo, los textos que hablan de un tercer Teodoro, contemporáneo de Carlomagno y no es cierto porque mientras los primeros vivieron en el siglo IV, el tercero vivió cuatro siglos más tarde. Evidentemente es un malentendido (por decirlo suavemente), al igual que todas las leyendas, milagros, etc. que se le atribuyen. Según una de estas leyendas – que apareció en el siglo XV y que es a la que te refieres en tu pregunta -, San Teodoro hizo que el demonio le llevara una campana desde Roma hasta su ciudad. La leyenda dice textualmente que, yendo Teodoro de camino, se encontró con una horda de pequeños demonios, quienes le dijeron que el Papa de Roma estaba siendo sometido a grandes tentaciones y que pronto caería en las manos de Satanás. Teodoro les dijo que él podría salvar al Papa si se encontraba en Roma, el diablo aceptó el reto y lo transportó a la Ciudad Eterna. Una vez en ella, Teodoro rescató al Papa que, como signo de agradecimiento, le regaló una campana, la cual tuvo que llevar a cuestas el diablo hasta Valais.

Escultura gótica en el Museo de Disentis, Suiza.

Escultura gótica en el Museo de Disentis, Suiza.

Otra leyenda dice que debido a que los viñedos de la zona de Valais habían quedado gravemente dañados por las heladas, antes de realizar la vendimia, el santo exhortó a los viñadores a preparar cuantos más barriles mejor, ya que la cosecha sería muy abundante. Hizo almacenar toda la uva en un mismo lugar, la bendijo, ordenó prensarlas y se llenaron a rebosar todos los barriles acumulados. Repito que esto es otra leyenda cuyo origen está en el siglo XV.

El culto a San Teodoro de Octoduro se difundió sobre todo por Valais, Saboya y en el Condado Franco, aunque también en menor medida, en Grisons y en Vorarlberg, debido a las migraciones de los valleses a esas regiones durante la Edad Media. En esa época, en Valais (donde también se le conocía como San Teódulo) tenía dedicada una quincena de iglesias y existían seis confraternidades que llevaban su nombre. Asimismo, en la Edad Media, en la diócesis de Lausanne tenía dedicado catorce santuarios, diez en Constanza y once en Saboya. Señalemos también que dos glaciares que se encuentran a los pies del Monte Cervino en los Alpes, llevan en su honor los nombres del Gran Teódulo y el Pequeño Teódulo.

Gracias a estas leyendas, San Teodoro es el patrono de todos los viñadores y enólogos de Valais, siendo invocado también contra los temporales y borrascas haciendo tocar una campana que llevaba su nombre. De hecho, se había creado la costumbre de insertarle a las nuevas campanas un pequeño trozo de la famosa campana que San Teodoro había hecho llevar a cuestas desde Roma al demonio. Así lo hicieron los habitantes de Lucerna en el año 1456, los de Bienne en el 1465 y los de Basilea en el año 1490. Sobre estas campañas se grababa la figura del santo. Repito, toda esta leyenda es un cuento chino aparecido en el siglo XV.

San Teodoro de Octoduro es festejado el día 16 de agosto. El Martirologio de Sión (Sitten) cita una conmemoración el día 4 de septiembre: “Eoden die revelatio Sacrarium reliquiarum cum corpore beati Theodori Sedunensis episcopi”. Se dice que estas reliquias se encontraban en una cripta situada bajo la catedral de Sitten, cripta que fue destruida por un incendio en el siglo XV. También existían reliquias en el Condado Franco e incluso un brazo del santo en la abadía de Ainay, en la diócesis de Lyón. Nada de esto existe en la actualidad, porque se perdieron durante la Revolución Francesa.

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Estatua contemporánea del Santo en Sitten, Suiza.

Estatua contemporánea del Santo en Sitten, Suiza.

Una de las reproducciones más famosas del santo, es una escultura de madera policromada del siglo XVI, que se encuentra en el Museo de Valére en Sitten, donde aparece revestido con ornamentos episcopales portando un racimo de uvas sobre un libro que lleva en una mano. Con su mano izquierda empuña una espada que simboliza el poder temporal de los obispos de Sión (Sitten) y a sus pies, la legendaria campana sobre la cabeza del demonio.

Con San Cirilo I no tuvo ningún contacto, simplemente porque en aquella época no existía ningún santo con ese nombre. No se si habrás confundido el nombre de Siricio con el de Cirilo. Si te refieres a Siricio, ya lo digo más arriba: el único contacto es el envío de una carta firmada.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Besson, M., “Orígenes de los obispados de Ginebra, Lausana y Sión y sus primeros titulares hasta finales del siglo VI”, Paris, 1906.
– Lathion, L., “Essai sur Théodore d’Octodure”, Sión, 1956.
– Lathion, L., “Los tiempos de San Ambrosio, San Teodoro de Octoduro y los orígenes cristianos de la zona de Valais”, Lausanne, 1961.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (05/09/2015):
– www.heiligenlexikon.de/BiographienT/Theodor_Teodul_von_Sitten.html

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Santa Teodora de Salónica, la Miroblita

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Santa Teodora de Salónica (o Tesalónica), nació en la isla de Egina, al suroeste de Atenas, en el año 812, perteneciendo a una familia muy bien considerada pues su padre era sacerdote, su hermano era diácono y tenía una hermana monja en un monasterio de su localidad. Su madre murió al darla a luz y su propio padre la bautizó imponiéndole el nombre de Ágape, encargándole su cuidado a su madrina Ana. Con la tranquilidad de haber dejado a su hija en buenas manos, su padre se hizo monje, viviendo como ermitaño.

Pero conforme Ágape fue creciendo, cada vez se veía más claro que seguiría los pasos de su familia, ya que cada vez se mostraba más piadosa y caritativa. Al mismo tiempo, destacaba por su belleza física, lo que dio pie a que algunos vecinos la pretendieran como esposa, fastidiando continuamente a su padre, que quería llevar vida eremítica. Finalmente, aunque era una niña, por voluntad propia y de su padre, Ágape contrajo matrimonio con un hombre rico, bueno y justo, con el cual tuvo tres hijos, aunque dos murieron siendo muy pequeños.

En ese período de tiempo, merodeaban por el golfo Sarónico – donde se encuentra la isla de Egina -, unos piratas árabes provenientes de la isla de Creta. Aunque de sus incursiones no se encuentra documentación histórica alguna, algunos textos hagiográficos – como las “vitas” de Santa Teodora, de San Lucas de Steirion y de Santa Anastasia de Egina -, dicen que devastaron la isla. Por estos textos se saben que las incursiones fueron frecuentes, que crearon el terror entre los habitantes de la isla y que muchos de sus habitantes murieron en los saqueos, entre ellos su hermano el diácono. En la “vita” de San Lucas se dice que la mayor parte de la población de la isla de Egina emigró a los litorales vecinos de las Fócides y del Peloponeso, a la región de Ática y a Tebas de Beocia.

Icono de santa Teodora y de su hija Santa Teopista.

Icono de santa Teodora y de su hija Santa Teopista.

La “vita” de Santa Teodora, escrita por un clérigo llamado Gregorio, nos dice que Ágape, su esposo y su hija Teopista estaban entre estos emigrantes, pero que se refugiaron en la ciudad de Salónica, ya que era una ciudad importante y se consideraba que estaba suficientemente protegida por su patrón San Demetrio. De ahí le viene a nuestra santa el origen de su epíteto. De su padre dice, que buscando más tranquilidad y sabiéndose adversario de los iconoclastas que en aquel período detentaban los poderes eclesiásticos e imperial, se marchó a una localidad más solitaria en la zona meridional de Toropa. El biógrafo de la santa no entra en muchos detalles porque se le nota más interesado en describir las circunstancias históricas y eclesiásticas de la época que en narrar la vida de la santa, y es por ese motivo por el que le da más importancia a todo lo relacionado con la religiosidad que con su vida privada, desplazando intencionadamente la vida de su marido, del que solo dice que murió después de vivir con ella unos años en la ciudad de Tesalónica.

Pero volviendo un poco hacia atrás, remarquemos que la pérdida de dos de sus tres hijos le produjo tales aflicciones que la marcaron para toda su vida. Este fue uno de los motivos por los que, poco antes de enviudar, decidió ofrecer a su hija Santa Teopista a un pequeño monasterio dedicado al evangelista San Lucas que se encontraba cerca de la puerta Casandreótica de la ciudad y en el que estaba como egumena una conocida suya llamada Catalina, que era hermana de San Antonio el Confesor, a la sazón, arzobispo de Tesalónica. En este punto, el biógrafo interrumpe el relato de la vida de la santa, para relatar la vida de San Antonio – pariente suyo, que fue el primer arzobispo tesalonicense después de finalizar la segunda fase de la época iconoclasta -, dedicando nueve capítulos a explicar esta época desde los tiempos del emperador León III hasta la oposición que realizó San Antonio que, aunque primero lo condujo al exilio, posteriormente fue promovido al arzobispado, donde se mantuvo hasta su muerte acaecida el 2 de noviembre del año 844.

Monasterio de Santa Teodora en Tesalónica.

Monasterio de Santa Teodora en Tesalónica.

A la muerte de su esposo, Ágape no se debilitó en su fe, sino que después de haber distribuido todas sus riquezas, decidió también abrazar la vida monástica. Se marchó al monasterio dedicado a San Esteban y se presentó ante la egumena Ana. El archivero del arzobispado de Tesalónica, Juan Stauracio, identifica a esta Ana con la madrina que, a instancias de su padre, la crió en Ugina. Ágape tomó los hábitos de monja y cambió su nombre por Teodora, destacándose por su obediencia, humildad y frugalidad en las comidas. Del relato de la vida ascética que Santa Teodora llevaba en el cenobio de San Esteban – y en el cual, su biógrafo, hace mucho hincapié -, se puede deducir que el cenobitismo era considerado entonces como el camino más seguro para santificarse dentro de la vida monástica. Esto es particularmente interesante si se tiene en cuenta que pocos decenios antes, en un texto hagiográfico de origen atonita sobre San Pedro del Monte Athos, se propone como ideal de vida monástica el “idiorithmos” (cada monje debía seguir su propio camino aunque participase en algunas actividades comunitarias), mientras que el cenobitismo se consideraba como “demoníaco”.

Teodora vivió en el monasterio de San Esteban durante cincuenta y cinco años, desde el año 837 (cuando entró con veinticinco años) hasta su muerte en el año 892, o sea, que en total vivió ochenta años. Durante todo este tiempo, su vida fue un modelo de virtud para todas las monjas. Su biógrafo nos hace llegar algunas anécdotas, como por ejemplo, que la abadesa Ana, para educarla en la vida monástica, le imponía trabajos muy severos que ella aceptaba de manera resignada y con mucha fuerza de voluntad.

Primera tumba de Santa Teodora encontrada en unas excavaciones arqueológicas en Tesalónica.

Primera tumba de Santa Teodora encontrada en unas excavaciones arqueológicas en Tesalónica.

Contaré dos casos: en cierta ocasión, un recipiente grande de agua cayó al suelo donde ella dormía y Teodora, sin notificárselo a nadie, trasladó su estera de dormir a otro lugar. Esto fue visto por la egumena como un acto de egoísmo y le impuso la penitencia de pasar la noche en el patio del monasterio durante una tormenta de nieve. Algunas monjas pensaron que Teodora se iba a congelar, pero a la mañana siguiente la vieron con apariencia tan normal que algunas la compararon con los Cuarenta Mártires de Sebaste, que fueron condenados a morir en un lago helado. La otra anécdota está relacionada con su hija Teopista y es que, aunque Teodora estaba en un monasterio, no podía renunciar a los sentimientos maternos que sentía por su hija. Al comprobarlo la egumena Ana, consideró que Teodora estaba violando los votos, por lo que la castigó a permanecer en silencio por espacio de quince años, los cuales ella cumplió a rajatabla, sin abandonar ninguna de sus obligaciones comunitarias.

Cuando murió Ana en el año 868, Santa Teodora fue propuesta y elegida como nueva abadesa del monasterio. Durante los años de su egumenato se dedicó a mejorar la vida de las monjas y a atender a los muchos necesitados que acudían solicitando ayuda, aunque dada su avanzada edad no pudo hacer todo lo que hubiera deseado. Murió el 29 de agosto del año 892, siendo tanta su fama de santidad que solo un año después de muerta – el 3 de agosto del 893 -, se hizo el traslado de las reliquias. Eso sucedió así porque inmediatamente después de su muerte ocurrieron hechos prodigiosos de los cuales mencionaré solo dos: estando de cuerpo presente, un diácono que tenía graves problemas intestinales (por los síntomas que se describen en la biografía se deduce que era cáncer de colon), se curó de inmediato al darle un beso en la frente, cosa que también le ocurrió a un moribundo llamado Juan, al que acercaron al ataúd para que besara a la santa. Por estos y otros hechos milagrosos, su culto se difundió tan rápido entre los habitantes de la ciudad, que la Iglesia inmediatamente la reconoció como santa.

Urna de las reliquias de Santa Teodora.

Urna de las reliquias de Santa Teodora.

De su cuerpo, de su tumba y de sus iconos se desprendía un delicioso aroma y por este extraordinario evento inmediatamente después de su muerte se le concedió el sobrenombre de “miroblita”. Es interesante y curioso hacer notar que este fenómeno es mencionado en varios textos muchos años antes de que se mencionara en el caso de San Demetrio que, podríamos decir, es el más célebre de todos. El caso de San Demetrio es mencionado por primera vez por Juan Kameniatis en el siglo X, o sea, un siglo más tarde. Relacionado con esto, también se describen numerosos milagros y yo solo relataré uno de ellos: Sobre la tumba de Santa Teodora pusieron una lámpara de aceite, ordenando a una monja que diariamente repusiera el aceite para que la lámpara no se apagase. Cuando la monja fue a realizar esta tarea por vez primera, comprobó que la lámpara seguía encendida y tan llena de aceite que incluso rebosaba. Este fenómeno continuó ininterrumpidamente durante dos años seguidos, siendo utilizado el aceite sobrante como medicina para curar a los enfermos.

Inmediatamente después de ser reconocida la santidad de Teodora, el monasterio de San Esteban tomó el nombre de la Santa y como en él estaba sepultada, se convirtió en meta de peregrinación durante todo el período bizantino. Esto es mencionado en numerosos documentos del Monte Athos incluso después de la caída de Constantinopla, como por ejemplo, en la “Vita” de San Gregorio Palamas escrita por el patriarca San Filoteo Kokkinos o en el “Chronikon” de Jorge Sfrantzes. Según esta última fuente, sabemos que en el monasterio de Santa Teodora entró como monja la madre de Nicolás Cabasilas. Hay testimonios de varios personajes europeos occidentales que visitaron Tesalónica a lo largo del siglo XV, los cuales, al hablar del monasterio expresaban su asombro por el hecho de que estaba expuesto el cuerpo incorrupto de la santa. Pero este monasterio e incluso los restos de la santa sufrieron numerosos y graves daños, en el año 1430, durante el último asedio de la ciudad por parte de los turcos, aunque con posterioridad, el monasterio conoció años mucho mejores llegando a estar formada su comunidad por más de doscientas monjas. Algunos arqueólogos del siglo XX, identifican este monasterio con aquel monasterio pequeño dedicado a Santa Sofía, que es mencionado en un “firmán” del sultán Mahoma el Conquistador. Recordemos que un “firmán” era una orden o un decreto publicado por algunos soberanos musulmanes.

Tapa de la urna de las reliquias de Santa Teodora.

Tapa de la urna de las reliquias de Santa Teodora.

La “vita” de Santa Teodora de Tesalónica escrita por el clérigo Gregorio ha llegado hasta nosotros en dos versiones: una es la original y otra es retocada. Este mismo autor escribió también la llamada “Narración”, o traslado de las reliquias que como dije anteriormente se hizo al año siguiente de su muerte. Digamos también que dos autores eclesiásticos importantes como Juan Stauracio y Nicolás Cabasilas compusieron algunos “encomios” (textos de alabanza) en honor a la santa. Finalmente, el primer oficio litúrgico en su honor fue editado por primera vez en Moscopol en el año 1731.

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Su sinaxario se incluyó en el Sinaxario Constantinopolitano el día 5 de abril y hasta hace muy poco tiempo hubo quienes defendieron la tesis de que dicho sinaxario estaba dedicado a una Teodora anterior a esta de la cual estamos tratando. Hoy está demostrado que dicho sinaxario se refería a una sola persona: Teodora de Tesalónica, la Miroblita, la cual encontramos representada en un fresco del siglo XI en el pórtico de la iglesia de Santa Sofía en Tesalónica.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cabasilas, N., “Encomio en honor de nuestra madre Teodora la Miroblita”, Moscopol, 1731.
– Kazhdan, A., “Teodora de Tesalónica”, Oxford, 1991
– Papageorghiou, P., “Vida de Santa Teodora de Tesalónica”, Bruselas, 1902
– Paschalides, S., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1999
– San Nicodemos el Agiorita, “Sinaxarion”, Tesalónica, 1989.

Enlace consultado (27/08/2015):
– www.imth.gr
– www.monastiria.gr/index.php?option=com_content&view=article&id=401&lang=de

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Santa María Francisca de las Cinco Llagas

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Pintura de la Santa.

Pintura de la Santa.

Algunos meses antes de su nacimiento, San Francisco de Jerónimo y San Juan José de la Cruz predijeron su santidad. ¿Por qué digo esto? Porque su madre, Bárbara Basinsi, aun estando encinta era maltratada por su esposo y a consecuencia de la congoja que le producía este maltrato tuvo una serie de sueños espantosos. Buscando consuelo acudió al franciscano Juan José de la Cruz y al jesuita Francisco de Jerónimo y ambos la reconfortaron y le profetizaron que la criatura que llevaba en su vientre llegaría a ser santa.

Su nombre de pila era Ana María Rosa Nicolasa y nació en Nápoles el día 25 de marzo del año 1715, siendo hija de Francisco Gallo y de Bárbara Basinsi, que eran comerciantes de artículos de mercería. La familia vivía en el llamado “barrio español”, el cual tenía muy mala reputación ya que, después de la ocupación española, allí construyeron sus casas y chabolas quienes no tenían derecho a construir dentro de la ciudad y esto atrajo a una población muy dada a la promiscuidad y a todo tipo de actividades delictivas. Pero ese ambiente, que sí influyó en su padre, no marcó a la niña, a la que su padre hacía trabajar de sol a sol en un taller de hilados, sino que desde muy pequeña comenzó a sentir un interés especial por recibir la Primera Comunión, cosa que hizo con solo siete años de edad. Su madre y su párroco la prepararon pero ella misma, se convirtió en catequista un año más tarde, con solo ocho años de edad.

Un día, dando catequesis a unos niños que se preparaban para comulgar, de pronto se quedó callada y digiriéndose a un niño le dijo: “Josecito, corre a tu casa que tu madre te necesita; vete enseguida”. El niño le hizo caso y al llegar corriendo a su casa se encontró con que a su madre le había dado un ataque y al caerse al suelo, una lámpara encendida que llevaba en las manos, cayó sobre unos trapos y se estaba iniciando un incendio. El niño pudo apagarlo y salvar a su madre. La noticia se corrió por el barrio como un verdadero milagro, pues dado el hacinamiento y estrechez de la calle, si se hubiese producido el incendio no hubiera podido entrar el camión de los bomberos para apagarlo.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Muy pronto mostró tanta piedad y práctica todas las virtudes cristianas que sus vecinos comenzaron a llamarla la “santarella” (la pequeña santa). Decidida a consagrarse a Dios, se puso en contra de su padre que le proponía un ventajoso matrimonio; este entró en cólera, le dio una tremenda paliza y la encerró durante varios días sin darle de comer, pero ella se mantuvo en sus treces y no consintió en contraer matrimonio. Hay que decir que en esto le ayudó su madre, la cual recurrió a un fraile franciscano que convenció a su padre para que libremente, ella decidiera qué rumbo darle a su vida. Ella decidió hacerse terciaria franciscana bajo la regla y la dirección de los padres de la reforma de San Pedro de Alcántara, los cuales habían encontrado un verdadero apoyo en San Juan José de la Cruz que vivía en el convento de Santa Lucía al Monte.

Con apenas dieciséis años de edad, el día 8 de septiembre del 1731, siendo una muchacha muy frágil a consecuencia de la brutalidad de su padre y de las penitencias a las que se sometía de manera voluntaria, vistió el hábito alcantarino pronunciando los votos prescritos por la Orden Tercera y cambiando su nombre de bautismo por el de María Francisca de las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Si bien estaba en el mundo, no vivía enclaustrada en ningún convento sino en su propia casa, observaba estrictamente la severa regla alcantarina, sometiéndose a continuos ayunos, a noches en vela, flagelaciones y cilicios. No le faltaron pruebas ni contratiempos de ningún tipo, como tentaciones, persecuciones por parte de algunos vecinos e incluso calumnias por parte de algunos varones que vivían cercanos a ella. Se cuenta que en cierta ocasión sufrió una tentación en la que se le apareció el demonio en forma de perro rabioso, pero ella hizo la señal de la cruz y el demonio salió huyendo. Este consejo se lo había dado su propio crucifijo: “Cuando te asalten los ataques del enemigo del alma, haz la señal de la cruz y además de invocar a las Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad, di varias veces Jesús, José y María”. Y eso hizo en más de una ocasión.

En cierta manera, en estos sufrimientos también contribuyó su padre, que al tener conocimiento de que su hija, a veces, predecía el futuro, quiso aprovecharse de esta circunstancia para hacer negocios y conseguir dinero. También le propuso que echara la suerte a los demás y que cobrara por ello. Ella se negaba, diciendo que no era adivina, pero él le respondía: “No eres adivina, pero como eres una santa, conseguirás que Dios te comunique el futuro de la gente”. Ella se empeñaba en convencer a su padre de que tampoco era una santa y que nunca negociaría metiendo a la religión por medio. La respuesta del padre siempre era la misma: palizas a la hija y a su madre, que se metía por medio en su defensa. Esto llegó a conocimientos del obispo, quién denunció a Francisco Gallo, consiguiendo que un juez dictaminara que si en adelante volvía a pegar a su familia, sería castigado. Sólo esto, el miedo, aplacó al padre.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Cuando murió su madre, ella comprendió que, dado el violento temperamento de su padre, lo mejor era que ella se fuera de casa. Fue acogida por un sacerdote llamado Juan Pessiri y en su casa permaneció como ama de llaves los casi cuarenta años que aún le quedaron de vida.

El cardenal arzobispo José Spinelli, a fin de poner a pruebas sus virtudes, la confió por espacio de siete años a la dirección espiritual del párroco Montillo, sacerdote que siempre mantuvo posiciones jansenistas. Ella se sometió dócilmente, pero sin abandonar sus prácticas devotas sobre la Pasión de Cristo y su amor a la Virgen, dedicándose a difundir su devoción y su culto bajo el título de la “Divina Pastora”.

Como he dicho, se vio favorecida con varios carismas sobrenaturales, como los dones de profecías y de visiones y en numerosas ocasiones fue encontrada levitando, en éxtasis. En este sentido existen numerosos hechos perfectamente documentados, como por ejemplo que en tres ocasiones, al acercarse a comulgar, la Sagrada Forma salió volando posándose en su boca o que en la Navidad del año 1741, el Niño Jesús le habló diciéndole: “Quiero que seas mi esposa para siempre”. Esto es lo que ha venido en denominarse como los “desposorios místicos”, que les han ocurrido a varias santas y ella quedó tan emocionada, fue tal la impresión, que se quedó ciega por espacio de veinticuatro horas.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Gozó de la familiaridad de algunos santos de su época, como la Venerable Magdalena Sterlicco y San Francisco Javier María Bianchi, a quién le dijo que se le aparecería tres días antes de su muerte – cosa que hizo -, profetizándole también que sería canonizado. Llevó en su cuerpo los estigmas de la Pasión en las manos, los pies y el costado. Esto, unido a su débil salud, hizo que tuviera momentos en los que sufría físicamente de manera espantosa, sufrimiento que ella ofrecía por la conversión de los pecadores, consiguiéndolo al menos en uno de ellos: su padre.

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Profetizó la Revolución Francesa. Anunció que iban a llegar terribles sufrimientos a la iglesia en Francia, que ocasionarían la muerte de muchísimos cristianos y le pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara esos desastres. “A veces, lo único que veo son desastres en el presente y desastres aun mayores en el porvenir. Pido a Dios que no permita que los presencie”. Y de hecho murió cuando la Revolución estaba comenzando. Falleció el día 6 de octubre del año 1791, con setenta y seis años de edad. A su funeral asistió una gran muchedumbre de personas que a toda costa querían llevarse una reliquia de la santa. Fue sepultada en la iglesia de Santa Lucia al Monte. Actualmente se encuentra en su santuario.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

En Nápoles se considera milagroso que su barrio sobreviviera, fuese preservado durante los fortísimos bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. También en su ciudad hay una curiosa costumbre y es que en la capilla donde reposan sus restos, hay una silla donde van a sentarse todas las mujeres que tienen deseos de quedar embarazadas.

Fue beatificada por el Papa Gregorio XVI el 12 de noviembre del año 1843 y canonizada por el Beato Papa Pío IX, el 29 de junio del 1867. Es muy venerada en la ciudad de Nápoles, donde entorno a la casa donde vivía se erigió un pequeño santuario y un instituto de hermanas terciarias franciscanas. Su fiesta se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Adami, M.P., “Santa Maria delle Piaghe”, Bari, 1957
– Laviosa, B., “Vita Della B. Maria Francesca”, Nápoles, 1864
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (28/08/2015):
– www.santuariosantamariafrancesca.it

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Santos Palmacio y compañeros mártires de Tréveris

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Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Desde el siglo XI hay constancia del culto tributado a los santos mártires de Treveris en la iglesia de San Paulino de Trier (Alemania). En alguna ocasión hemos hablado de esta ciudad romana, fundada como tal en el año dieciséis antes de Cristo con el nombre de “Augusta Treverorum”, aunque existe una leyenda que dice que su fundación fue muchísimo anterior, en el siglo XIII ante de Cristo por parte de Trebeta, hijo del rey asirio Nino. Más fiables son las excavaciones arqueológicas que la remontan al neolítico. Lo cierto es que en tiempos de Julio César, a mediados del siglo I, los romanos subyugaron a los habitantes de aquella ciudad, a la que convirtieron en la capital de las Galias del Norte. Por su importancia, llegó a ser reconocida como la segunda Roma, teniendo incluso hasta senado propio. La ciudad fue romanizada, pero cierto es que también fue cristianizada.

Según las “Gesta Treverorum”, a finales del siglo III, el legendario gobernador Ricciovaro, del que ya hemos hablado en alguna otra ocasión, en tiempos del emperador Diocleciano y en cumplimiento de los decretos imperiales que obligaban a todos los ciudadanos del Imperio a rendir tributo a los dioses, hizo ajusticiar a un cristiano llamado Tirso el día 4 de octubre y en los dos días siguientes, hizo lo mismo con Palmacio – que era un noble procónsul de la ciudad -, junto con Masencio, Crescencio, Constancio, Justino, Leandro, Alejandro, Ormisda, Papirio, Constante, Joviano y muchos otros cristianos, algunos de los cuales eran miembros destacados de Treveris.

Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Se ha llegado a afirmar que en la ciudad estaba asentada una legión romana compuesta por más de siete mil soldados cristianos, los cuales tenían como misión proteger a la ciudad contra las incursiones de las tribus germánicas. Aunque los datos estén exagerados, pueden tener algo de cierto ya que Treveris era la ciudad romana más importante del norte de Europa. Este gobernador Ricciovaro (también conocido como Varus Rictius), reunió a los soldados en el Campo de Marte – que estaría situado donde ahora está la iglesia de San Paulino -, y allí les ordenó ofrecer incienso a los dioses romanos. El comandante de la Legión, hablando en nombre de todos, dijo que la lealtad ya la habían demostrado en el combate y que para ellos no había ningún Dios distinto a Cristo.

Allí fueron todos desarmados y decapitados en tres tandas: el diez por ciento el primer día, el mismo número al día siguiente y el resto, al tercer día junto con otros muchos cristianos habitantes de la ciudad, entre los que se encontraba Palmacio que era el burgo maestre de la misma. A todas vistas este es un tema que, aunque tenga un trasfondo de verdad, está exagerado al máximo porque si toda la legión fue decapitada, ¿quiénes los decapitaron? ¿Se atrevió el gobernador a dejar desprotegida a la ciudad asesinando a todos los soldados que la defendían? Podemos comprobar que esta tradición o leyenda tiene mucho parecido con el martirio de los componentes de la Legión Tebana y de hecho, en algunas de las pinturas e iconos de estos mártires se les representa con el rostro oscuro, dando a entender que procedían de la misma región de Tebas, en Egipto.

Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Los cuerpos de los mártires fueron arrojados al río Mosela, el cual se tiñó de rojo debido a la abundancia de la sangre derramada. Muchos de ellos fueron recogidos por algunos cristianos supervivientes de la matanza, quienes los sepultaron cerca del lugar de la ejecución, siendo más tarde trasladados a la cripta de San Paulino.

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El descubrimiento de una inscripción en la cripta de esta iglesia de Trier, vino a confirmar el culto que la ciudad tributaba a Palmacio y sus compañeros cuyas reliquias se encontraban – y encuentran -, en la misma y en la cual hay una escultura del santo, obra del artista Fernando de Tietz, quién la realizó en el siglo XVIII. El arzobispo Boemundo, en el año 1356, donó algunas reliquias al emperador Carlos IV a fin de que las pusiera en la capilla dedicada a la Santa Cruz en su castillo de Carlstein, en Bohemia, donde en la actualidad se venera una imagen de San Palmacio, obra de Tomás Barrisini de Modena.

En la diócesis de Trier se les conmemora en el día de hoy, pero en el Martirologio Romano no solo se les recuerda hoy, sino también mañana y el 12 de diciembre, ya que según la inscripción a la que hemos hecho mención más arriba, los martirios de los mismos se ejecutaron en tres fechas (5, 6 y 7), aunque dentro del mismo mes de octubre. No sabemos el por qué Baronio puso el martirio de uno de los grupos el día 12 de diciembre, cuando debió ponerlo el 7 de octubre, pero de hecho lo hace así: “Treviris sanctórum martyrum Maxentii, Constantii, Crescentii, Iustinii et sociorum, qui in persecutione Diocletiani, sub Rictiovaro praeside, passi sunt”. (Creo que no hace falta traducción). Como he dicho, es esta la tercera vez que el Martirologio Romano conmemora a los santos mártires de Treveris.

Sarcófago de San Alejandro, senador de Treveris y mártir.

Sarcófago de San Alejandro, senador de Treveris y mártir.

Algunos de estos nombres: Maxencio, Constancio, Crescencio y Justino aparecen en la tableta de plomo encontrada en el 1072 en la cripta de San Paulino, con la siguiente inscripción latina: “In hac cripta iacent corpora sanctórum quórum nomina haec sunt: Palmatius, Maxentius, Constantius, Crescentius, Iustinus, Leander, Alexander, Sother, Hormisda, Papirius, Constans, Iovianus”. Es en base a esto por lo que dijimos al principio que desde el siglo XI había constancia de culto en Trier.

¿Qué razón indujo a Baronio para que pusiera a este grupo de mártires de Treveris, en el mes de diciembre, separándolos de los otros dos celebrados en octubre? Esto es algo que nadie lo ha sabido explicar, pudiendo ser una más de las “genialidades” que tuvo en sus trabajos sobre el Martirologio Romano.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Kraus, F.X., “Las inscripciones cristianas en la región del Rin”, Friburgo, 1894
– Waitz, G., “Gesta Treverorum”, Hannover-Berlin, 1826
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomos IX y X”. Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (28/08/2015):
– http://foma.ru/v-poiskax-propavshego-legiona.html
– www.trierorthodox.net/inhalt/history.php

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatas María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferrís, mártires cistercienses

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Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Ayer, nuestro compañero Antonio nos presentó la historia del Beato Pío Heredia Zubía y sus dieciocho compañeros, mártires cistercienses, recién beatificados. Entre los mismos había dos religiosas, las únicas mujeres del grupo, de las cuales esta servidora hablará hoy para hacerles un homenaje, no sólo en tanto que mujeres mártires, sino también en tanto que naturales de su ciudad natal, Algemesí, y por tanto, paisanas de esta que os escribe.

Necesariamente el artículo habrá de ser corto para no explayarse en demasiados detalles, quien desee ampliar la información al respecto, recomiendo la consulta de la bibliografía remitida al final del artículo y en particular, la visita al excelente blog Algemesí en la memoria, también citado, para ampliar con datos y fotografías más concretas.

Beata María Micaela Baldoví Trull
Como decíamos, nació en Algemesí (Valencia, España) el 28 de abril del año 1869, por lo que contaba con 67 años de edad en el momento de su martirio. Su nombre civil fue María de la Salud Baldoví Trull, hija de Juan Bautista y Joaquina, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime y confirmada en 1879. Aunque de niña no fue a centros educativos, ni tampoco estudió en su juventud, poseía una gran capacidad intelectual que ella misma se encargó de cultivar y ampliar, destacando ante todo en su autodominio.

Fotografía de la Beata Micaela.

Fotografía de la Beata Micaela.

Ingresó en la Orden cisterciense en 1892, en el monasterio de Gratia Dei en La Zaydía, Valencia, haciendo sus votos solemnes un año después, con 24 años de edad. Desempeñó las tareas de tornera, ropera y mayordoma; y finalmente, siendo muy fiel a las observaciones monásticas de la Orden, fue elegida como abadesa de La Zaydía desde 1917 a 1921. Años después, queriendo extender el Císter, fundó en su ciudad natal, Algemesí, un nuevo monasterio, Fons Salutis, al cual se trasladó el 30 de octubre del año 1927 con otras seis monjas, comunidad de la que fue la primera abadesa.

Sin embargo, al estallar la Guerra Civil en 1936, la comunidad se vio obligada a retirarse del monasterio. Esto ocurrió el 21 de julio, de modo que en la madrugada del día 22, tras oír misa y consumir todas las formas del sagrario, la comunidad abandonó el monasterio y la madre Micaela se fue a vivir con sus hermanos, Juan Bautista y Encarnación. Por desgracia, a los cuatro meses, el 16 de octubre las dos hermanas fueron detenidas y encarceladas precisamente en Fons Salutis, el mismo monasterio que ella había fundado y que ahora era usado como cárcel. Incluso le dieron como calabozo la misma celda que había ocupado como abadesa.

Los diversos interrogatorios a los que fue sometida durante su encierro le causaron un gran sufrimiento, pues fueron muy duros con ella. Pero, no abstrayéndose en sí misma, se dedicaba a consolar y a animar a las demás religiosas prisioneras, oraba sin cesar y se la veía besar las paredes de su celda, como santificando su propia prisión. De esta actitud valiente y ejemplar nos quedan diversos testimonios de gente que coincidió con ella:

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

“Yo fui detenida y llevada al convento de Fons Salutis, convertido en prisión, creo que el 26 de octubre de 1936, y me encerraron en la celda que habían ocupado María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas, que las mataron el día anterior. Una vez en la celda, la Madre Micaela, que estaba en la de al lado, me llamó golpeando el tabique y preguntándome quién era y qué ocurría en la calle. Luego, un carcelero llamado Pedro Fernández abrió las celdas y hablé con ella, la cual se mostraba muy animosa y valiente y me dijo: “¡Quién me iba a decir que este convento que yo fundé iba a ser mi prisión, ocupando la misma celda de abadesa y de presa!”; y añadió que, cuando llegara el momento de la muerte, debíamos gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, y las demás contestar: “¡Viva!”. Este fue el tema de la conversación durante los días que convivimos juntas en la prisión, mostrándose siempre muy animosa”. (Josefa Giner Botella, detenida)

“Yo estaba ocupando el cargo de jefe del Cuerpo de Guardia, que vigilaba el monasterio-cárcel, donde estaba detenida M. Micaela. Cuantas veces fui a abrir la celda en que ella se encontraba, la vi encogida, pero sin perder el ánimo, más bien estaba como muy recogida interiormente. Algunas veces arrodillada y otras rezando”. (Pedro Fernández López, carcelero)

Fotografía de la Beata Natividad.

Fotografía de la Beata Natividad.

Finalmente, el 9 de noviembre de 1936, en torno a las nueve de la noche, la fusilaron a ella y a su hermana Encarnación en la carretera de Benifaió, en el término municipal de Almussafes. Parece que Encarnación murió al instante, pero la madre Micaela quedó con vida y agonizó durante toda la noche, hasta que, al amanecer, la remataron machacándole la cabeza. Sus restos, enterrados en el cementerio de Benifaió, fueron posteriormente trasladados a Algemesí e inhumados en el mismo Fons Salutis, en 1974.

Al terminar la guerra, tras una larga investigación, sus cuerpos fueron hallados, exhumados y recuperados. Con gran horror, encontraron las dos cabezas separadas del resto del cuerpo, con lo que se cree que fueron decapitadas, probablemente post-mortem.

Beata María de la Natividad Medes Ferrís
Al igual que la madre Micaela, Úrsula Medes Ferrís -tal era su nombre civil- nació en Algemesí, el 18 de diciembre de 1880 -por lo que tenía 56 años en el momento de su martirio-, hija de José y Vicenta María, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime al día siguiente y confirmada el 1 de agosto de 1891. Ingresó en la Orden del Císter en el monasterio de La Zaydía de Valencia, el 6 de octubre de 1915, profesando al año siguiente. Nacida en una familia numerosa, con dos hermanos carmelitas descalzos -Ernesto, sacerdote, y Vicente, religioso no clérigo-, ella destacó por ser una religiosa sencilla, de carácter afable, que se incorporó al monasterio de Fons Salutis de Algemesí cuando éste fue fundado en 1927.

Cuando por la guerra hubo de abandonarlo, marchó a refugiarse a su casa natal, propiedad de su hermano José, labrador, donde también se alojaron sus dos hermanos religiosos, Ernesto y Vicente. Allí pasaron unos meses, compaginando la vida cristiana y trabajando en el campo. Pero pronto fueron denunciados al comité revolucionario local, se cree que por parte de una vecina suya, vendedora ambulante de prensa, que precisamente pertenecía a la célula comunista de Algemesí.

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

El caso es que al atardecer del día 11 de noviembre se presentaron allí unos enviados del comité local, exigiendo a la esposa de José, una mujer llamada Purificación Esteve Martínez, que entregara a las personas que tenía escondidas, y la amenazaron muy gravemente si no lo hacía. Después de un inútil forcejeo, tuvieron que entregarse los tres, siendo sor Natividad conducida al mismo Fons Salutis, que ahora iba a ser su cárcel. Sus dos hermanos fueron en cambio recluidos en el convento de las Bernardas de la Villa, que también se usaba de prisión.

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La estancia duró poco: el mismo día de su detención fue juzgada y condenada a muerte. A las once de la noche, la metieron en un coche con su hermano Ernesto, mientras que Vicente y José ocupaban otros dos coches respectivamente. Marcharon a la carretera de Alcúdia a Carlet y, a la altura del término de Alcúdia, a unos 8 kilómetros de Algemesí, mataron a los cuatro hermanos, siendo en torno a la madrugada del 12 de noviembre de 1936. Un testigo ocular afirma que el padre Ernesto, en nombre de sus hermanos, habló así a los asesinos, que los habían hecho avanzar atados y a golpes de culata: “Sabemos que nos vais a matar, pero moriremos con gusto por la religión y por España. ¡Viva Cristo Rey!”. Los asesinaron mediante tiros en la nuca. Más tarde, los cadáveres aparecieron con las manos atadas: Vicente con las manos sobre la cabeza, Ernesto y José atados, y el de sor Natividad estaba partido en tres pedazos. Esto se explica, según su biografía, porque su cadáver “cayó en medio de la carretera, y no se dignaron apartarla, por lo que habiendo pasado un camión, la cortó en varios pedazos”.

Terminada la guerra, la viuda de José, Purificación, exhumó los restos de su marido y los tres hermanos y los enterró en el cementerio de Algemesí. En 1940 los dos carmelitas descalzos fueron llevados al panteón de los Mártires de la comunidad carmelita del desierto de las Palmas.

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Beatificación
El proceso de declaración de martirio y beatificación de la madre Micaela y sor Natividad se inició en Valencia en 1962 por parte de la Orden Cisterciense, y, como sabemos, fueron beatificadas finalmente en el día de ayer, después que se unificara su causa con la del Beato Pío Heredia Zubía el 2 de marzo de 2001. Los dos hermanos carmelitas también fueron incluidos en la causa de 34 mártires carmelitas descalzos de la provincia de Aragón y Valencia. Finalmente, el hermano seglar, José Medes Ferrís, fue beatificado el 21 de marzo de 2001 por el papa San Juan Pablo II dentro de un numeroso grupo de mártires valencianos, como seglar de Acción Católica.

Actualmente, las dos mártires estaban sepultadas en el mismo monasterio que fundaron, donde vivieron y estuvieron prisioneras; aunque lleva largo tiempo cerrado por falta de vocaciones, habiendo sido trasladadas las restantes monjas, pocas y muy ancianas, a otro lugar. En principio se pensaba reaprovechar el edificio para instalar allí el colegio diocesano de María Auxiliadora, aunque hasta el día de hoy dicho traslado no se ha efectuado y el monasterio sigue cerrado, con el sepulcro de las dos nuevas Beatas dentro. Quizá, con motivo de la beatificación, se realicen algunas nuevas gestiones al respecto.

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Bibliografía:
Las monjas mártires de Fons Salutis, opúsculo publicado por el monasterio de Santa María de Viaceli.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2007, pp. 472-475.

Enlace consultado (03/10/2015):
– http://algemesienlamemoria.blogspot.com.es/2015/02/martires-de-fons-salutis.html

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