Santa María Francisca de las Cinco Llagas

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Pintura de la Santa.

Pintura de la Santa.

Algunos meses antes de su nacimiento, San Francisco de Jerónimo y San Juan José de la Cruz predijeron su santidad. ¿Por qué digo esto? Porque su madre, Bárbara Basinsi, aun estando encinta era maltratada por su esposo y a consecuencia de la congoja que le producía este maltrato tuvo una serie de sueños espantosos. Buscando consuelo acudió al franciscano Juan José de la Cruz y al jesuita Francisco de Jerónimo y ambos la reconfortaron y le profetizaron que la criatura que llevaba en su vientre llegaría a ser santa.

Su nombre de pila era Ana María Rosa Nicolasa y nació en Nápoles el día 25 de marzo del año 1715, siendo hija de Francisco Gallo y de Bárbara Basinsi, que eran comerciantes de artículos de mercería. La familia vivía en el llamado “barrio español”, el cual tenía muy mala reputación ya que, después de la ocupación española, allí construyeron sus casas y chabolas quienes no tenían derecho a construir dentro de la ciudad y esto atrajo a una población muy dada a la promiscuidad y a todo tipo de actividades delictivas. Pero ese ambiente, que sí influyó en su padre, no marcó a la niña, a la que su padre hacía trabajar de sol a sol en un taller de hilados, sino que desde muy pequeña comenzó a sentir un interés especial por recibir la Primera Comunión, cosa que hizo con solo siete años de edad. Su madre y su párroco la prepararon pero ella misma, se convirtió en catequista un año más tarde, con solo ocho años de edad.

Un día, dando catequesis a unos niños que se preparaban para comulgar, de pronto se quedó callada y digiriéndose a un niño le dijo: “Josecito, corre a tu casa que tu madre te necesita; vete enseguida”. El niño le hizo caso y al llegar corriendo a su casa se encontró con que a su madre le había dado un ataque y al caerse al suelo, una lámpara encendida que llevaba en las manos, cayó sobre unos trapos y se estaba iniciando un incendio. El niño pudo apagarlo y salvar a su madre. La noticia se corrió por el barrio como un verdadero milagro, pues dado el hacinamiento y estrechez de la calle, si se hubiese producido el incendio no hubiera podido entrar el camión de los bomberos para apagarlo.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Utensilios utilizados por la santa, que se encuentran en su santuario de Nápoles.

Muy pronto mostró tanta piedad y práctica todas las virtudes cristianas que sus vecinos comenzaron a llamarla la “santarella” (la pequeña santa). Decidida a consagrarse a Dios, se puso en contra de su padre que le proponía un ventajoso matrimonio; este entró en cólera, le dio una tremenda paliza y la encerró durante varios días sin darle de comer, pero ella se mantuvo en sus treces y no consintió en contraer matrimonio. Hay que decir que en esto le ayudó su madre, la cual recurrió a un fraile franciscano que convenció a su padre para que libremente, ella decidiera qué rumbo darle a su vida. Ella decidió hacerse terciaria franciscana bajo la regla y la dirección de los padres de la reforma de San Pedro de Alcántara, los cuales habían encontrado un verdadero apoyo en San Juan José de la Cruz que vivía en el convento de Santa Lucía al Monte.

Con apenas dieciséis años de edad, el día 8 de septiembre del 1731, siendo una muchacha muy frágil a consecuencia de la brutalidad de su padre y de las penitencias a las que se sometía de manera voluntaria, vistió el hábito alcantarino pronunciando los votos prescritos por la Orden Tercera y cambiando su nombre de bautismo por el de María Francisca de las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Fresco representando la muerte de la Santa. Santuario en Nápoles.

Si bien estaba en el mundo, no vivía enclaustrada en ningún convento sino en su propia casa, observaba estrictamente la severa regla alcantarina, sometiéndose a continuos ayunos, a noches en vela, flagelaciones y cilicios. No le faltaron pruebas ni contratiempos de ningún tipo, como tentaciones, persecuciones por parte de algunos vecinos e incluso calumnias por parte de algunos varones que vivían cercanos a ella. Se cuenta que en cierta ocasión sufrió una tentación en la que se le apareció el demonio en forma de perro rabioso, pero ella hizo la señal de la cruz y el demonio salió huyendo. Este consejo se lo había dado su propio crucifijo: “Cuando te asalten los ataques del enemigo del alma, haz la señal de la cruz y además de invocar a las Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad, di varias veces Jesús, José y María”. Y eso hizo en más de una ocasión.

En cierta manera, en estos sufrimientos también contribuyó su padre, que al tener conocimiento de que su hija, a veces, predecía el futuro, quiso aprovecharse de esta circunstancia para hacer negocios y conseguir dinero. También le propuso que echara la suerte a los demás y que cobrara por ello. Ella se negaba, diciendo que no era adivina, pero él le respondía: “No eres adivina, pero como eres una santa, conseguirás que Dios te comunique el futuro de la gente”. Ella se empeñaba en convencer a su padre de que tampoco era una santa y que nunca negociaría metiendo a la religión por medio. La respuesta del padre siempre era la misma: palizas a la hija y a su madre, que se metía por medio en su defensa. Esto llegó a conocimientos del obispo, quién denunció a Francisco Gallo, consiguiendo que un juez dictaminara que si en adelante volvía a pegar a su familia, sería castigado. Sólo esto, el miedo, aplacó al padre.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Cuando murió su madre, ella comprendió que, dado el violento temperamento de su padre, lo mejor era que ella se fuera de casa. Fue acogida por un sacerdote llamado Juan Pessiri y en su casa permaneció como ama de llaves los casi cuarenta años que aún le quedaron de vida.

El cardenal arzobispo José Spinelli, a fin de poner a pruebas sus virtudes, la confió por espacio de siete años a la dirección espiritual del párroco Montillo, sacerdote que siempre mantuvo posiciones jansenistas. Ella se sometió dócilmente, pero sin abandonar sus prácticas devotas sobre la Pasión de Cristo y su amor a la Virgen, dedicándose a difundir su devoción y su culto bajo el título de la “Divina Pastora”.

Como he dicho, se vio favorecida con varios carismas sobrenaturales, como los dones de profecías y de visiones y en numerosas ocasiones fue encontrada levitando, en éxtasis. En este sentido existen numerosos hechos perfectamente documentados, como por ejemplo que en tres ocasiones, al acercarse a comulgar, la Sagrada Forma salió volando posándose en su boca o que en la Navidad del año 1741, el Niño Jesús le habló diciéndole: “Quiero que seas mi esposa para siempre”. Esto es lo que ha venido en denominarse como los “desposorios místicos”, que les han ocurrido a varias santas y ella quedó tan emocionada, fue tal la impresión, que se quedó ciega por espacio de veinticuatro horas.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Escultura que contiene las reliquias de la santa. Santuario en Nápoles.

Gozó de la familiaridad de algunos santos de su época, como la Venerable Magdalena Sterlicco y San Francisco Javier María Bianchi, a quién le dijo que se le aparecería tres días antes de su muerte – cosa que hizo -, profetizándole también que sería canonizado. Llevó en su cuerpo los estigmas de la Pasión en las manos, los pies y el costado. Esto, unido a su débil salud, hizo que tuviera momentos en los que sufría físicamente de manera espantosa, sufrimiento que ella ofrecía por la conversión de los pecadores, consiguiéndolo al menos en uno de ellos: su padre.

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Profetizó la Revolución Francesa. Anunció que iban a llegar terribles sufrimientos a la iglesia en Francia, que ocasionarían la muerte de muchísimos cristianos y le pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara esos desastres. “A veces, lo único que veo son desastres en el presente y desastres aun mayores en el porvenir. Pido a Dios que no permita que los presencie”. Y de hecho murió cuando la Revolución estaba comenzando. Falleció el día 6 de octubre del año 1791, con setenta y seis años de edad. A su funeral asistió una gran muchedumbre de personas que a toda costa querían llevarse una reliquia de la santa. Fue sepultada en la iglesia de Santa Lucia al Monte. Actualmente se encuentra en su santuario.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

Escultura de la santa que se encuentra en el convento de Santa Clara, en Nápoles.

En Nápoles se considera milagroso que su barrio sobreviviera, fuese preservado durante los fortísimos bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. También en su ciudad hay una curiosa costumbre y es que en la capilla donde reposan sus restos, hay una silla donde van a sentarse todas las mujeres que tienen deseos de quedar embarazadas.

Fue beatificada por el Papa Gregorio XVI el 12 de noviembre del año 1843 y canonizada por el Beato Papa Pío IX, el 29 de junio del 1867. Es muy venerada en la ciudad de Nápoles, donde entorno a la casa donde vivía se erigió un pequeño santuario y un instituto de hermanas terciarias franciscanas. Su fiesta se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Adami, M.P., “Santa Maria delle Piaghe”, Bari, 1957
– Laviosa, B., “Vita Della B. Maria Francesca”, Nápoles, 1864
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (28/08/2015):
– www.santuariosantamariafrancesca.it

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Santos Palmacio y compañeros mártires de Tréveris

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Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Desde el siglo XI hay constancia del culto tributado a los santos mártires de Treveris en la iglesia de San Paulino de Trier (Alemania). En alguna ocasión hemos hablado de esta ciudad romana, fundada como tal en el año dieciséis antes de Cristo con el nombre de “Augusta Treverorum”, aunque existe una leyenda que dice que su fundación fue muchísimo anterior, en el siglo XIII ante de Cristo por parte de Trebeta, hijo del rey asirio Nino. Más fiables son las excavaciones arqueológicas que la remontan al neolítico. Lo cierto es que en tiempos de Julio César, a mediados del siglo I, los romanos subyugaron a los habitantes de aquella ciudad, a la que convirtieron en la capital de las Galias del Norte. Por su importancia, llegó a ser reconocida como la segunda Roma, teniendo incluso hasta senado propio. La ciudad fue romanizada, pero cierto es que también fue cristianizada.

Según las “Gesta Treverorum”, a finales del siglo III, el legendario gobernador Ricciovaro, del que ya hemos hablado en alguna otra ocasión, en tiempos del emperador Diocleciano y en cumplimiento de los decretos imperiales que obligaban a todos los ciudadanos del Imperio a rendir tributo a los dioses, hizo ajusticiar a un cristiano llamado Tirso el día 4 de octubre y en los dos días siguientes, hizo lo mismo con Palmacio – que era un noble procónsul de la ciudad -, junto con Masencio, Crescencio, Constancio, Justino, Leandro, Alejandro, Ormisda, Papirio, Constante, Joviano y muchos otros cristianos, algunos de los cuales eran miembros destacados de Treveris.

Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Se ha llegado a afirmar que en la ciudad estaba asentada una legión romana compuesta por más de siete mil soldados cristianos, los cuales tenían como misión proteger a la ciudad contra las incursiones de las tribus germánicas. Aunque los datos estén exagerados, pueden tener algo de cierto ya que Treveris era la ciudad romana más importante del norte de Europa. Este gobernador Ricciovaro (también conocido como Varus Rictius), reunió a los soldados en el Campo de Marte – que estaría situado donde ahora está la iglesia de San Paulino -, y allí les ordenó ofrecer incienso a los dioses romanos. El comandante de la Legión, hablando en nombre de todos, dijo que la lealtad ya la habían demostrado en el combate y que para ellos no había ningún Dios distinto a Cristo.

Allí fueron todos desarmados y decapitados en tres tandas: el diez por ciento el primer día, el mismo número al día siguiente y el resto, al tercer día junto con otros muchos cristianos habitantes de la ciudad, entre los que se encontraba Palmacio que era el burgo maestre de la misma. A todas vistas este es un tema que, aunque tenga un trasfondo de verdad, está exagerado al máximo porque si toda la legión fue decapitada, ¿quiénes los decapitaron? ¿Se atrevió el gobernador a dejar desprotegida a la ciudad asesinando a todos los soldados que la defendían? Podemos comprobar que esta tradición o leyenda tiene mucho parecido con el martirio de los componentes de la Legión Tebana y de hecho, en algunas de las pinturas e iconos de estos mártires se les representa con el rostro oscuro, dando a entender que procedían de la misma región de Tebas, en Egipto.

Reliquias de los Santos.

Reliquias de los Santos.

Los cuerpos de los mártires fueron arrojados al río Mosela, el cual se tiñó de rojo debido a la abundancia de la sangre derramada. Muchos de ellos fueron recogidos por algunos cristianos supervivientes de la matanza, quienes los sepultaron cerca del lugar de la ejecución, siendo más tarde trasladados a la cripta de San Paulino.

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El descubrimiento de una inscripción en la cripta de esta iglesia de Trier, vino a confirmar el culto que la ciudad tributaba a Palmacio y sus compañeros cuyas reliquias se encontraban – y encuentran -, en la misma y en la cual hay una escultura del santo, obra del artista Fernando de Tietz, quién la realizó en el siglo XVIII. El arzobispo Boemundo, en el año 1356, donó algunas reliquias al emperador Carlos IV a fin de que las pusiera en la capilla dedicada a la Santa Cruz en su castillo de Carlstein, en Bohemia, donde en la actualidad se venera una imagen de San Palmacio, obra de Tomás Barrisini de Modena.

En la diócesis de Trier se les conmemora en el día de hoy, pero en el Martirologio Romano no solo se les recuerda hoy, sino también mañana y el 12 de diciembre, ya que según la inscripción a la que hemos hecho mención más arriba, los martirios de los mismos se ejecutaron en tres fechas (5, 6 y 7), aunque dentro del mismo mes de octubre. No sabemos el por qué Baronio puso el martirio de uno de los grupos el día 12 de diciembre, cuando debió ponerlo el 7 de octubre, pero de hecho lo hace así: “Treviris sanctórum martyrum Maxentii, Constantii, Crescentii, Iustinii et sociorum, qui in persecutione Diocletiani, sub Rictiovaro praeside, passi sunt”. (Creo que no hace falta traducción). Como he dicho, es esta la tercera vez que el Martirologio Romano conmemora a los santos mártires de Treveris.

Sarcófago de San Alejandro, senador de Treveris y mártir.

Sarcófago de San Alejandro, senador de Treveris y mártir.

Algunos de estos nombres: Maxencio, Constancio, Crescencio y Justino aparecen en la tableta de plomo encontrada en el 1072 en la cripta de San Paulino, con la siguiente inscripción latina: “In hac cripta iacent corpora sanctórum quórum nomina haec sunt: Palmatius, Maxentius, Constantius, Crescentius, Iustinus, Leander, Alexander, Sother, Hormisda, Papirius, Constans, Iovianus”. Es en base a esto por lo que dijimos al principio que desde el siglo XI había constancia de culto en Trier.

¿Qué razón indujo a Baronio para que pusiera a este grupo de mártires de Treveris, en el mes de diciembre, separándolos de los otros dos celebrados en octubre? Esto es algo que nadie lo ha sabido explicar, pudiendo ser una más de las “genialidades” que tuvo en sus trabajos sobre el Martirologio Romano.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Kraus, F.X., “Las inscripciones cristianas en la región del Rin”, Friburgo, 1894
– Waitz, G., “Gesta Treverorum”, Hannover-Berlin, 1826
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomos IX y X”. Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (28/08/2015):
– http://foma.ru/v-poiskax-propavshego-legiona.html
– www.trierorthodox.net/inhalt/history.php

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Beatas María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferrís, mártires cistercienses

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Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Ayer, nuestro compañero Antonio nos presentó la historia del Beato Pío Heredia Zubía y sus dieciocho compañeros, mártires cistercienses, recién beatificados. Entre los mismos había dos religiosas, las únicas mujeres del grupo, de las cuales esta servidora hablará hoy para hacerles un homenaje, no sólo en tanto que mujeres mártires, sino también en tanto que naturales de su ciudad natal, Algemesí, y por tanto, paisanas de esta que os escribe.

Necesariamente el artículo habrá de ser corto para no explayarse en demasiados detalles, quien desee ampliar la información al respecto, recomiendo la consulta de la bibliografía remitida al final del artículo y en particular, la visita al excelente blog Algemesí en la memoria, también citado, para ampliar con datos y fotografías más concretas.

Beata María Micaela Baldoví Trull
Como decíamos, nació en Algemesí (Valencia, España) el 28 de abril del año 1869, por lo que contaba con 67 años de edad en el momento de su martirio. Su nombre civil fue María de la Salud Baldoví Trull, hija de Juan Bautista y Joaquina, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime y confirmada en 1879. Aunque de niña no fue a centros educativos, ni tampoco estudió en su juventud, poseía una gran capacidad intelectual que ella misma se encargó de cultivar y ampliar, destacando ante todo en su autodominio.

Fotografía de la Beata Micaela.

Fotografía de la Beata Micaela.

Ingresó en la Orden cisterciense en 1892, en el monasterio de Gratia Dei en La Zaydía, Valencia, haciendo sus votos solemnes un año después, con 24 años de edad. Desempeñó las tareas de tornera, ropera y mayordoma; y finalmente, siendo muy fiel a las observaciones monásticas de la Orden, fue elegida como abadesa de La Zaydía desde 1917 a 1921. Años después, queriendo extender el Císter, fundó en su ciudad natal, Algemesí, un nuevo monasterio, Fons Salutis, al cual se trasladó el 30 de octubre del año 1927 con otras seis monjas, comunidad de la que fue la primera abadesa.

Sin embargo, al estallar la Guerra Civil en 1936, la comunidad se vio obligada a retirarse del monasterio. Esto ocurrió el 21 de julio, de modo que en la madrugada del día 22, tras oír misa y consumir todas las formas del sagrario, la comunidad abandonó el monasterio y la madre Micaela se fue a vivir con sus hermanos, Juan Bautista y Encarnación. Por desgracia, a los cuatro meses, el 16 de octubre las dos hermanas fueron detenidas y encarceladas precisamente en Fons Salutis, el mismo monasterio que ella había fundado y que ahora era usado como cárcel. Incluso le dieron como calabozo la misma celda que había ocupado como abadesa.

Los diversos interrogatorios a los que fue sometida durante su encierro le causaron un gran sufrimiento, pues fueron muy duros con ella. Pero, no abstrayéndose en sí misma, se dedicaba a consolar y a animar a las demás religiosas prisioneras, oraba sin cesar y se la veía besar las paredes de su celda, como santificando su propia prisión. De esta actitud valiente y ejemplar nos quedan diversos testimonios de gente que coincidió con ella:

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

“Yo fui detenida y llevada al convento de Fons Salutis, convertido en prisión, creo que el 26 de octubre de 1936, y me encerraron en la celda que habían ocupado María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas, que las mataron el día anterior. Una vez en la celda, la Madre Micaela, que estaba en la de al lado, me llamó golpeando el tabique y preguntándome quién era y qué ocurría en la calle. Luego, un carcelero llamado Pedro Fernández abrió las celdas y hablé con ella, la cual se mostraba muy animosa y valiente y me dijo: “¡Quién me iba a decir que este convento que yo fundé iba a ser mi prisión, ocupando la misma celda de abadesa y de presa!”; y añadió que, cuando llegara el momento de la muerte, debíamos gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, y las demás contestar: “¡Viva!”. Este fue el tema de la conversación durante los días que convivimos juntas en la prisión, mostrándose siempre muy animosa”. (Josefa Giner Botella, detenida)

“Yo estaba ocupando el cargo de jefe del Cuerpo de Guardia, que vigilaba el monasterio-cárcel, donde estaba detenida M. Micaela. Cuantas veces fui a abrir la celda en que ella se encontraba, la vi encogida, pero sin perder el ánimo, más bien estaba como muy recogida interiormente. Algunas veces arrodillada y otras rezando”. (Pedro Fernández López, carcelero)

Fotografía de la Beata Natividad.

Fotografía de la Beata Natividad.

Finalmente, el 9 de noviembre de 1936, en torno a las nueve de la noche, la fusilaron a ella y a su hermana Encarnación en la carretera de Benifaió, en el término municipal de Almussafes. Parece que Encarnación murió al instante, pero la madre Micaela quedó con vida y agonizó durante toda la noche, hasta que, al amanecer, la remataron machacándole la cabeza. Sus restos, enterrados en el cementerio de Benifaió, fueron posteriormente trasladados a Algemesí e inhumados en el mismo Fons Salutis, en 1974.

Al terminar la guerra, tras una larga investigación, sus cuerpos fueron hallados, exhumados y recuperados. Con gran horror, encontraron las dos cabezas separadas del resto del cuerpo, con lo que se cree que fueron decapitadas, probablemente post-mortem.

Beata María de la Natividad Medes Ferrís
Al igual que la madre Micaela, Úrsula Medes Ferrís -tal era su nombre civil- nació en Algemesí, el 18 de diciembre de 1880 -por lo que tenía 56 años en el momento de su martirio-, hija de José y Vicenta María, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime al día siguiente y confirmada el 1 de agosto de 1891. Ingresó en la Orden del Císter en el monasterio de La Zaydía de Valencia, el 6 de octubre de 1915, profesando al año siguiente. Nacida en una familia numerosa, con dos hermanos carmelitas descalzos -Ernesto, sacerdote, y Vicente, religioso no clérigo-, ella destacó por ser una religiosa sencilla, de carácter afable, que se incorporó al monasterio de Fons Salutis de Algemesí cuando éste fue fundado en 1927.

Cuando por la guerra hubo de abandonarlo, marchó a refugiarse a su casa natal, propiedad de su hermano José, labrador, donde también se alojaron sus dos hermanos religiosos, Ernesto y Vicente. Allí pasaron unos meses, compaginando la vida cristiana y trabajando en el campo. Pero pronto fueron denunciados al comité revolucionario local, se cree que por parte de una vecina suya, vendedora ambulante de prensa, que precisamente pertenecía a la célula comunista de Algemesí.

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

El caso es que al atardecer del día 11 de noviembre se presentaron allí unos enviados del comité local, exigiendo a la esposa de José, una mujer llamada Purificación Esteve Martínez, que entregara a las personas que tenía escondidas, y la amenazaron muy gravemente si no lo hacía. Después de un inútil forcejeo, tuvieron que entregarse los tres, siendo sor Natividad conducida al mismo Fons Salutis, que ahora iba a ser su cárcel. Sus dos hermanos fueron en cambio recluidos en el convento de las Bernardas de la Villa, que también se usaba de prisión.

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La estancia duró poco: el mismo día de su detención fue juzgada y condenada a muerte. A las once de la noche, la metieron en un coche con su hermano Ernesto, mientras que Vicente y José ocupaban otros dos coches respectivamente. Marcharon a la carretera de Alcúdia a Carlet y, a la altura del término de Alcúdia, a unos 8 kilómetros de Algemesí, mataron a los cuatro hermanos, siendo en torno a la madrugada del 12 de noviembre de 1936. Un testigo ocular afirma que el padre Ernesto, en nombre de sus hermanos, habló así a los asesinos, que los habían hecho avanzar atados y a golpes de culata: “Sabemos que nos vais a matar, pero moriremos con gusto por la religión y por España. ¡Viva Cristo Rey!”. Los asesinaron mediante tiros en la nuca. Más tarde, los cadáveres aparecieron con las manos atadas: Vicente con las manos sobre la cabeza, Ernesto y José atados, y el de sor Natividad estaba partido en tres pedazos. Esto se explica, según su biografía, porque su cadáver “cayó en medio de la carretera, y no se dignaron apartarla, por lo que habiendo pasado un camión, la cortó en varios pedazos”.

Terminada la guerra, la viuda de José, Purificación, exhumó los restos de su marido y los tres hermanos y los enterró en el cementerio de Algemesí. En 1940 los dos carmelitas descalzos fueron llevados al panteón de los Mártires de la comunidad carmelita del desierto de las Palmas.

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Beatificación
El proceso de declaración de martirio y beatificación de la madre Micaela y sor Natividad se inició en Valencia en 1962 por parte de la Orden Cisterciense, y, como sabemos, fueron beatificadas finalmente en el día de ayer, después que se unificara su causa con la del Beato Pío Heredia Zubía el 2 de marzo de 2001. Los dos hermanos carmelitas también fueron incluidos en la causa de 34 mártires carmelitas descalzos de la provincia de Aragón y Valencia. Finalmente, el hermano seglar, José Medes Ferrís, fue beatificado el 21 de marzo de 2001 por el papa San Juan Pablo II dentro de un numeroso grupo de mártires valencianos, como seglar de Acción Católica.

Actualmente, las dos mártires estaban sepultadas en el mismo monasterio que fundaron, donde vivieron y estuvieron prisioneras; aunque lleva largo tiempo cerrado por falta de vocaciones, habiendo sido trasladadas las restantes monjas, pocas y muy ancianas, a otro lugar. En principio se pensaba reaprovechar el edificio para instalar allí el colegio diocesano de María Auxiliadora, aunque hasta el día de hoy dicho traslado no se ha efectuado y el monasterio sigue cerrado, con el sepulcro de las dos nuevas Beatas dentro. Quizá, con motivo de la beatificación, se realicen algunas nuevas gestiones al respecto.

Meldelen

Bibliografía:
Las monjas mártires de Fons Salutis, opúsculo publicado por el monasterio de Santa María de Viaceli.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2007, pp. 472-475.

Enlace consultado (03/10/2015):
– http://algemesienlamemoria.blogspot.com.es/2015/02/martires-de-fons-salutis.html

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Beatos Pío Heredia Zubía y dieciocho compañeros mártires

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Icono de los Beatos.

Icono de los Beatos.

Todos ellos eran monjes del monasterio cisterciense de “Santa María de Viaceli”, situado en el municipio cántabro de Cóbreces y dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, situado en Algemesí (Valencia), los cuales fueron martirizados en el año 1936.

Los sesenta monjes de esta comunidad de Viaceli, perseguida y ultrajada, eran casi todos jóvenes que estaban en período de formación; todos quedaron a merced de las arbitrariedades del comité local del Frente Popular, quienes creyendo que los monjes guardaban armas y dinero en el monasterio, registraron el mismo y cachearon a los monjes en diversas ocasiones. En ese ambiente, en el que incluso les prohibieron las celebraciones litúrgicas, a partir del 23 de agosto, el padre abad puso a salvo a cuantos monjes y estudiantes les fue posible.

La tarde del 8 de septiembre de 1936 fueron registrados y arrestados los treinta y ocho monjes que quedaban en la comunidad y aunque quisieron fusilarlos de manera inmediata en las costas del Mar Cantábrico, se libraron gracias a la intervención de un capitán de carabineros, por lo que los llevaron prisioneros al colegio de los salesianos de la calle Viñas, que habían convertido en cárcel. Algunos miembros de la comunidad permanecieron detenidos en el propio monasterio, pero en la carretera que va desde Santander a Oviedo, el día 21 de septiembre, fusilaron a los padres Eugenio García Pampliega y Vicente Pastor Garrido, cuyos cadáveres dejaron abandonados en la cuneta. Fueron sepultados en una aldea llamada Rumoroso, perteneciente al municipio cántabro de Renedo de Piélagos y el 16 de junio de 1940 fueron exhumados y trasladados al claustro del monasterio.

Mártires de Viaceli en 1936.

Mártires de Viaceli en 1936.

Los que fueron encarcelados en Santander, de manera discreta, siguieron llevando vida comunitaria y gracias a la mediación de don Ángel Aldasoro que se ofreció como fiador de los monjes, fueron liberados escondiéndose en algunas casas, pero el día 1 de diciembre, el prior del monasterio, padre Pío Heredia Zubía y otros doce monjes fueron nuevamente detenidos, encarcelados y violentamente maltratados. Con especial ensañamiento trataron al padre prior, insultándolo y dándoles terribles palizas a fin de que denunciara a las personas que les habían ayudado, aunque él no se achicaba y continuamente repetía al comisario que lo interrogaba y maltrataba: “Hijo, usted puede matarme, pero tiene que saber que mi vida pertenece a Dios” y constantemente alentaba a sus compañeros diciéndoles: “Preparaos para morir por Cristo”. Absolutamente todos permanecieron tranquilos y seremos de ánimos aunque tenían la completa certeza de que iban a ser asesinados por el mero hecho de ser monjes cistercienses. Aceptaron morir por la fe y de manera fehaciente, manifestaron en numerosas ocasiones a sus verdugos que les perdonaban.

El día 3 de diciembre de 1936, a primeras horas de alba, sacaron de la cárcel a siete religiosos con las manos atadas a la espalda y los llevaron al acantilado donde se encontraba el faro desde donde fueron arrojados contra las rocas y el mar. Personas que estuvieron presentes en esta escena y que con posterioridad dieron testimonio, han manifestado que todos afrontaron el martirio con una gran serenidad y dignidad. Estos mártires eran: el padre prior, Pío Heredia Zubía (que tenía sesenta y un años de edad), el sacerdote Amadeo García Rodríguez (de treinta y un años), el sacerdote Valeriano Rodríguez García (de treinta años), el sacerdote Juan Bautista Ferrís Llopis (de treinta y un años), el estudiante profeso simple Álvaro González López (de veintiún años), el novicio Marcelino Martín Rubio (de veintitrés años) y el oblato postulante Antonio Delgado González (de veintiún años).

Padre Pío Heredia.

Padre Pío Heredia.

Al día siguiente padecieron el mismo martirio otros cinco miembros de esta comunidad: el hermano lego de votos perpetuos Eustaquio García Chicote (de cuarenta y cinco años de edad y que era el vice-maestro de los hermanos legos), el hermano lego Ángel de la Vega González (de sesenta y ocho años), el hermano lego profeso simple Ezequiel Álvaro de la Fuente (de diecinueve años), el hermano lego profeso simple Eulogio Álvarez López (de veinte años) y el novicio Bienvenido Mata Ubierna (de veintiocho años).

Como en aquellos días se encontraba en Santander el deán de la catedral de Canterbury, parece que los milicianos evitaban utilizar el Faro de Cabo Mayor como lugar de suplicio y por eso, según la declaración de algunos testigos, los sacaron en barcazas a altamar, donde difícilmente los pudieran ver y allí los tiraron a las aguas del Cantábrico. De hecho, varios días después, el mar devolvió a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se cree que eran de los monjes. Don Carlos Iruretagoyena escribió: “Unos días después del 3 de diciembre, parece que el mar arrojó a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se supone fueran de los religiosos cistercienses, porque eran bastantes. Tres de los cadáveres tenían los brazos atados a la espalda y otros, algún trozo de cuerda todavía en sus muñecas y uno tenía la boca cosida con alambres. Según la versión de algunas personas que recogieron los cadáveres, se supone que el cadáver que tenía la boca cosida era el del padre Pío”.

Con absoluta certeza no se sabe si fueron arrojados desde el Faro, ahogados en el mar o fusilados en las tapias del cementerio de Ciriego, ya que hay indicios de que pudo ser de cualquiera de esas formas; lo que se sabe con certeza es que fueron asesinados por ser monjes cistercienses. No se sabe donde fueron sepultados, aunque en la lista de los cadáveres sepultados en el cementerio de Ciriego, figuran hasta treinta y cuatro desconocidos aparecidos en diversas playas santanderinas.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

El hermano lego Leandro Gómez Gil (profeso de votos simples y de veintiún años de edad) fue encarcelado como todos los demás y cuando lo liberaron buscó refugio con otro grupo de monjes, pero fue descubierto y él no ocultó su condición de religioso. Golpeado y herido brutalmente, fue fusilado al día siguiente y sepultado en el cementerio de Santander.

El sacerdote leridense y postulante del monasterio de Viaceli, José Camí Camí (de veintiocho años) acababa de haber sido admitido en el monasterio y se preparaba para iniciar el noviciado. Fue arrestado y martirizado de manera especialmente cruel: amarrado a un coche, fue arrastrado durante trece kilómetros hasta el cruce de Torres de Segre y allí lo fusilaron. Antes de recibir el golpe de gracia, tuvo la fuerza y el valor de perdonar y bendecir a sus verdugos, los cuales les pasaron el coche varias veces por encima del cuerpo.

Otros tres monjes murieron lejos de Santander. Sus nombres son: el subdiácono Santiago Raba Ríos (de veintiséis años de edad) que fue enrolado de manera forzosa en la milicia republicana y que al declararse religioso, fue amenazado si no abjuraba de la fe y que al negarse, fue sacrificado; el estudiante de teología y profeso de votos simples Ildefonso Telmo Duarte (de veinticuatro años), que fue arrestado y destinado al batallón republicano en el frente, donde encontró la muerte a manos de un miliciano que le hizo estallar una bomba en la mano; el sacerdote Lorenzo Olmedo Arrieta (de cuarenta y ocho años), monje de Viaceli y superior del monasterio de Santa María de Huerta, que fue arrestado en la zona controlada por los milicianos, encarcelado y ultrajado, siendo martirizado en Jadraque (Guadalajara). Cuando se inició la Causa de beatificación estos tres religiosos fueron incluidos en la misma; sin embargo, durante los trabajos de preparación de la “Positio” se comprobó la escasez de pruebas y documentos y, aunque hay constancia de sus martirios, por falta de argumentos suficientes, fueron excluidos de la Causa.

Estampas de los beatos.

Estampas de los beatos.

A los monjes de la Abadía de Viaceli fueron unidas en el mismo proceso, dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, perteneciente a la misma Orden Cisterciense: las madres María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferris. Ambas eran naturales de Algemesí (Valencia) y monjas del monasterio “Fons Salutis” cuando fueron martirizadas. Las dos procedían del monasterio de La Zaydía y ambas fundaron el monasterio “Fons Salutis”.

El 22 de julio de 1936 la comunidad fue expulsada del monasterio que fue convertido en cárcel, por lo que las monjas tuvieron que buscar refugio en las casas de sus familiares. La madre Micaela se refugió en la casa de su hermana Encarnación y la madre Natividad en la casa de su hermano José, pero fue inútil porque fueron detenidas entre los días 18 y 20 de octubre. Junto con otros familiares, fueron encerradas en su propio monasterio, que había sido convertido en cárcel y allí permanecieron unos días esperando el martirio. La noche del 9 de noviembre, la madre Micaela y su hermana Encarnación fueron sacadas y fusiladas en la carretera, un kilómetro antes de llegar a Benifaió. A la madre Micaela la dejaron moribunda y así estuvo toda la noche hasta que a la mañana siguiente la remataron con un golpe en la cabeza. Fueron sepultadas en el cementerio de esa localidad, del que fueron exhumadas en el año 1974 y colocadas en el coro del monasterio “Fons Salutis”, donde actualmente se encuentran.

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En la noche del día 10, sacaron a la madre Natividad y a sus tres hermanos y todos, fueron fusilados también en la carretera de Alzira a Carlet. A la mañana siguiente, el cadáver de la madre Natividad apareció cortado en tres pedazos. La madre Natividad también está sepultada en el coro del monasterio “Fons Salutis”.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

En el año 1962, los miembros del Capítulo General de los Trapenses decidieron la incoación de la Causa de los monjes de Viaceli, se iniciaron los procesos informativo y diocesano, los cuales se vieron temporalmente interrumpidos, reiniciándose el 30 de noviembre de 1995. El “Nihil obstat” fue concedido el 13 de junio de 1996, siendo iniciada la causa el día 8 de febrero del 1997. El proceso diocesano quedó validado el 16 de junio del año 2000 y el 2 de marzo del año siguiente, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos decretaba unir esta Causa con las de las dos monjas mártires del monasterio “Fons salutis” de Algemesí, que había sido incoada en el arzobispado de Valencia en el año 1962. La “Positio” se terminó el 8 de diciembre del año 2003. El decreto reconociendo el martirio fue promulgado por el Santo Padre Francisco el día 22 de enero de este año y en el día de hoy, este grupo de diecinueve mártires cistercienses serán beatificados en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander, presidiendo la ceremonia el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Serán conmemorados anualmente el día 4 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moreno, D. P., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova editrice, Roma, 2000.
– Ruiz Carvajal, J. y De Pascual, F.R., “La Espera Liberadora”, Abadía de Viaceli, 2015.

Enlaces consultados (03/09/2015):
– www.cistercium.es
– www.monasteriocarrizo.es

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Saturio, eremita visigodo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Busto relicario de San Saturio.

Busto relicario de San Saturio.

San Saturio es una figura muy poco conocida en la hagiografía española, siendo muy escasos los datos fidedignos que tenemos de él. Nacido en Soria – según Tamayo Salazar en el año 493 -, en el seno de una noble y rica familia visigoda, deseando vivir en soledad desde que fallecieron sus padres, en el año 532 o sea, con unos cuarenta años, repartió sus bienes entre los pobres y se retiró a unas grutas que están en la colina de Peñalba, en la Sierra de Santa Ana, cerca del río Duero frente a la ciudad de Soria. En este lugar construyó una especie de oratorio dedicado al arcángel San Gabriel y vivió allí por espacio de treinta y seis años.

En el año 568, un joven de Armentia, localidad cercana a Vitoria, deseoso de someterse a su dirección espiritual y compartir con él su vida escondida y penitente, marchó hacia donde se encontraba Saturio que ya era un anciano de setenta y cinco años. Dice la leyenda que este joven intentó cruzar a nado el río Duero, que el santo lo vio y le advirtió del peligro aunque llegó sano y salvo a la orilla donde se encontraba la ermita del santo, sano y salvo y con las ropas completamente secas. El joven subió por los riscos y pidió a Saturio que le permitiese quedarse con él. Este joven, llamado Prudencio, llegaría a ser obispo de Tarazona y hoy también lo veneramos como santo.

Cráneo de San Saturio.

Cráneo de San Saturio.

Vivieron juntos por espacio de siete años y cuando Saturio murió sepultó el cuerpo de su maestro dentro de la misma gruta en la que habían vivido y en el sepulcro grabó la siguiente inscripción: “Hic requiescit famulus Dei Saturius, que postquam vitam per fere XXXVI annos eremiticam transegisset, miraculis clarus obdormivit in Domino annorum LXXV, die VI non. Octob. Era DCVI”. (Aquí descansa el siervo de Dios Saturio, quién después de haber llevado vida eremítica durante treinta y seis años, esclarecido en milagros, durmió en el Señor a los setenta y cinco años de edad, el día sexto de las nonas de octubre de la era 606).

Siendo ya obispo, San Prudencio organizó una peregrinación a la cueva de la Sierra de Santa Ana para venerar los restos de Saturio, ya que por aclamación popular era venerado como un santo. De hecho, la fama de taumaturgo que tuvo en vida y después de su muerte hizo que la ciudad de Soria lo eligiese como su santo patrono.

Con el tiempo, los templarios se adueñaron de la cueva y de la ermita. En un principio, los restos del santo estaban en la cueva, pero cuando se reconstruyó la ermita, fueron puestos en una arqueta en el altar mayor. En el lado derecho de altar está señalado el lugar donde fueron encontradas, lugar que en un principio estaba completamente tapado aunque los habitantes de Soria habían abierto un agujero por donde metían la cabeza ya que estaban convencidos de que el santo tenía remedios para curar las cefaleas y las migrañas. El cráneo se llevó a la catedral de Soria, donde se encuentra dentro de una funda relicario de plata en una capilla a él dedicada. También en la ermita se venera un busto relicario de principios del siglo XIX.

Pero el culto al santo fue decayendo y de hecho, a mediados del siglo XVI había casi desaparecido; los sorianos solo recordaban que en la antigua ermita de San Miguel estaban los restos de un santo ermitaño que había vivido en aquellas cuevas. Sin embargo, en el 1630, después de estar sufriendo las consecuencias de una prolongada sequía, se volvió a recordar el patronazgo del santo sobre la ciudad y se sacó en procesión de rogativas. Parece que el santo los escuchó porque de nuevo llegaron las lluvias y eso dio pie a que la ciudad fuera recuperando su antigua devoción al santo ermitaño, conmemorándolo con romerías, procesiones y fiestas. De esta manera, en ese siglo XVII, en el lugar donde había vivido el anacoreta se erigió una ermita, muy sobria por fuera pero barroca por dentro, con un espléndido altar barroco. Como la ermita se encuentra enclavada en el llamado Cerro de Santa Ana, lógicamente existe en ella un altar dedicado a la madre de la Santísima Virgen.

Sepulcro de San Saturio.

Sepulcro de San Saturio.

A la ermita se accede por la cueva, que está debajo de ella y lo primero que se encuentra al entrar es una sala grande, presidida por una imagen del santo, donde antiguamente celebraban sus reuniones la hermandad de labradores a fin de dirimir sus conflictos internos. La iglesia es de planta octogonal, las paredes están decoradas con frescos que representan la vida del santo: repartiendo sus bienes entre los pobres, orando en la capilla de San Miguel, predicando, la travesía milagrosa de San Prudencio, la muerte de San Saturio y su canonización por San Prudencio cuando era obispo de Tarazona. Estos frescos son obra de Antonio de Zapata, discípulo de Antonio Palomino, quién las realizó entre los años 1704-1705.

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Como he dicho anteriormente fue el propio San Prudencio quién como obispo y según la tradición del siglo VI, canonizó al santo, pero el 31 de agosto del 1743, mediante decreto del Papa Benedicto XIV, se incluyó su nombre en el Martirologio Romano, se confirmó su patronazgo sobre la ciudad de Soria y se estableció su festividad el día 2 de octubre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moral, T., “El eremitismo en la historia de Castilla”, Pamplona, 1968
– Moral, T., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Roma, 1990
– Tamayo Salazar. G., “Martirologium hispanum”, Lyon, 1651-1656.
– Tutor y Malo, “Vida y muerte del ínclito anacoreta San Saturio, patrón de la segunda Numancia”, 1890.

Enlaces consultados (25/08/2015):
– https://es.wikipedia.org/wiki/Saturio
– https://es.wikipedia.org/wiki/Ermita_de_San_Saturio_(Soria)
– www.osma-soria.org

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