Beato Rupert Mayer, jesuita

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Sin duda el siglo XX fue un tiempo para la Iglesia en la que llovieron millones de mártires; pero es también el tiempo en el que surgen a lo largo de ese siglo importantes confesores, que si bien no derramaron su sangre, no quiere decir que tampoco estuvieron excluidos de persecuciones y sufrimientos. El padre Mayer es sin duda una de las grandes figuras del siglo XX como confesor, el propio Mayer sería un sacerdote al servicio de Dios, sería sacerdote porque él mismo decía: “Abracé el sacerdocio por amor a los hombres”.

El padre Mayer nació el 23 de enero de 1876 en Stuttgart, en Baden- Wurttemberg (Alemania), en una familia de comerciantes. De niño recibió una importante educación cristiana y a temprana edad sentía interés por los problemas de su tiempo. Tuvo un hermano y cuatro hermanas, y Rupert era un talentoso violinista, así como caballista.

Estudió filosofía y Teología en Friburgo, Munich y Tubinga, y prosiguió su formación al sacerdocio en Rottenburg. En 1899 sería ordenado sacerdote, y se uniría a la Compañía de Jesús el 1 de octubre de 1900 en Feldkirch, Austria. En 1902 hizo los votos. Sus primeros pasos como jesuita fue de la labor de misionero entre Suiza y Holanda, en Vorarlberg, en Alemania. En 1912 trabajó en Munich tras el llamado del cardenal Von Bettinger, para que estuviese trabajando con inmigrantes.

Mayer proporcionó ayuda espiritual y consuelo a sacerdotes tras el estallido de la Gran Guerra. Fue capellán de división y se sumergió en esta labor; estuvo en los campos de batalla de los Vosgos, en Galitzia y en el Somme. El padre Mayer fue el primer castrense condecorado con la Cruz de Hierro.

Foto del Beato (dcha.) en el monasterio Ettal, Alemania.

Foto del Beato (dcha.) en el monasterio Ettal, Alemania.

Como he mencionado anteriormente, Mayer se consagró sacerdote “por amor a los hombres”; este gran amor que les tenía casi le cuesta la vida en varias ocasiones como capellán en el frente; en 1916, en Rumanía, se lanzó sobre un soldado gravemente herido bajo el fuego de mortero; una bala le atravesó la pierna izquierda y tuvo que sufrir varias amputaciones, la última de éstas fue por encima de la rodilla. Tras todo esto, dejó el frente, pues su condición no se lo permitía: ocho meses después usaría una prótesis. Sin embargo, poco antes de terminar la guerra y aún después de ésta, el padre Mayer vio las grandes necesidades que se padecían en aquellas regiones afectadas por las guerras, y vio en ellas un amplio campo de actividades por realizar. Su labor pastoral y caritativa tras ver tanta miseria lo llevó a actuar para mitigar este sufrimiento.

Tras el nacimiento del movimiento nacionalsocialista, mantuvo reuniones públicas donde denunciaba el mal que comenzaba a revelarse. Los ataques y persecuciones crecían cada vez más, pero aun así continuó condenando las ideologías de este movimiento. En 1921 fue nombrado por el cardenal muniqués Michael von Faulhaber presidente de la Congregación de los Marianos. Mayer llegó a pronunciar hasta 70 sermones mensuales, predicando en la ciudad y en el campo a los hombres que le habrían sido encomendados.

En 1937 el padre Mayer sería detenido por los nacionalsocialistas y condenado a seis meses de libertad vigilada, pero como no cumplió con las condiciones impuestas por el juicio, fue arrestado y llevado a prisión a Landsberg am Lech. Tras su liberación, siguió predicando en contra de este movimiento. Por tal motivo fue detenido por tercera vez y sería enviado al campo de concentración de Sachsenhausen, donde permaneció en celdas de aislamiento durante siete meses. Esta condición fue afectando su salud, inclusive llegó a pesar 50 kilos; su vida se encontró gravemente en peligro y, temiendo la Gestapo que se produjeran disturbios, lo dejó en libertad, con la condición de que sus superiores le prohibieran la predicación.

Fotografía del Beato fallecido, de cuerpo presente.

Fotografía del Beato fallecido, de cuerpo presente.

Permaneció 5 años exiliado en el monasterio de Ettal, en la alta Baviera; es aquí cuando escribe su diario, donde expresa: “Desde entonces, viviendo, soy un muerto, porque para mí, que todavía estoy tan lleno de vida, esta muerte es mucho peor que la muerte real por la que tan a menudo me he visto amenazado”.

Ya en 1945, tras la caída del régimen nazi, también el padre Mayer había agotado sus fuerzas, su cuerpo se deterioraba por las luchas que dio contra la injusticia y para exaltar la dignidad del hombre. Tras la liberación de Alemania, colaboró con el gobierno militar estadounidense para mejorar la condición de vida de la población.

Durante un sermón en la iglesia de San Miguel de Munich, el 1 de noviembre de 1945, sufrió un ataque de apoplejía; sin caer al suelo se mantuvo apoyado en el altar; sus últimas palabras fueron: “El Señor, el Señor”. Murió la noche de ese mismo día, fiesta de Todos los Santos.

Fue sepultado en el cementerio del colegio conventual Berchmans de Pullach, cerca de Munich. Destruida durante la guerra, sus restos mortales fueron trasladados allí el 23 de mayo de 1948.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Fue beatificado en el estadio olímpico de Munich en 1987 por San Juan Pablo II. Este pontífice dijo en la celebración: “Tenemos la certeza de que este Siervo de Dios poseyó en grado heroico las virtudes teologales de la fe, la esperanza y el amor a Dios y al prójimo, así como las virtudes cardinales de la prudencia, la justicia y la fortaleza y las virtudes que van unidas a ellas”.

Emmanuel

Bibliografía
– SCHAUBER; SCHINDLER, “Diccionario ilustrado de los Santos”, Ed. Grijalbo, Barcelona, 2001.

Contestando a algunas breves preguntas (XVII)

Pintura del Beato Francisco de Paula López Navarrete, sacerdote mártir.

Pintura del Beato Francisco de Paula López Navarrete, sacerdote mártir.

Pregunta: ¿Es verdad que, para salvar las imágenes de su parroquia, uno de los beatos mártires del año 1936 se ofreció voluntario para que hicieran con él lo que iban a hacer con ellas?

Respuesta:
Sí, es cierto. Te estás refiriendo al Beato Francisco de Paula López Navarrete, que era el párroco de Orcera, un pueblo de la provincia de Jaén. Era un hombre muy generoso y trabajador, conocido en su pueblo como “el padre de los pobres” y que, estando enfermo en su casa, lo apresaron para fusilarlo, acusándolo de hacer propaganda de la religión católica. Pero, antes de fusilarlo, le exigieron que entregara todas las imágenes religiosas y los objetos de culto, con la intención de profanarlos. Él se negó, diciendo que hicieran con él lo que pensaban hacer con las imágenes. Entonces se lo llevaron, lo montaron en un camión y cogieron la carretera de Beas de Segura. Cerca de un cortijo, junto a las vías del ferrocarril, en la boca de un túnel, lo fusilaron y, como no murió en el acto, estando aún vivo, lo rociaron con gasolina, le prendieron fuego y lo dejaron tirado dentro del túnel. Luego, ya quemado, le cortaron la cabeza, los brazos y las piernas. Era el 28 de agosto de 1936. Verás que, a bárbaros, no hay quien nos gane. Ni los animales salvajes hacen eso.

Pregunta: Acabo de descubrir la existencia de las lipsanotecas de los altares de los templos románicos, y pensaba si sería de interés general que nos hablaseis de ellas: qué son y si siempre contienen reliquias, si se ponían sólo en los altares mayores, si era habitual u obligatorio, cómo podía haber reliquias en todas las iglesias, época en que se pusieron, si las reliquias correspondían a la advocación del templo, qué hay en los altares modernos… Gracias. Y por si es de vuestro interés, he encontrado información en Bagüés (Zaragoza) de una lipsanoteca que estaba en la pared del ábside justo tras la cabeza del Cristo de la pintura mural. Y otra en Broto que estaba en el suelo pero debía ser recolocada la piedra. Es de interés, pues, al ser descubierta en 2012, está documentada su apertura.

Respuesta: Una lipsanoteca es un recipiente que contiene reliquias de santos o beatos y no tiene por qué confundirse con el llamado “sepulcro” que se pone en las aras de los altares, en el cual se incluyen reliquias de mártires. Aunque en estos tiempos se actúa con mucha “manga ancha”, todo altar donde se celebre el sacrificio de la Misa tiene que tener un ara consagrada o estar consagrado el propio altar, en cuyo caso, en el mismo altar están incluidas las reliquias. Las reliquias siempre se ponen en el mismo momento en el que el ara o el altar son consagrados.

Lipsanoteca de la ermita de los Santos Juan y Pablo, en el pirineo aragonés.

Lipsanoteca de la ermita de los Santos Juan y Pablo, en el pirineo aragonés.

Antiguamente, se acostumbraba a poner reliquias del mártir a quien estuviese erigida la iglesia, pero hoy se ponen de cualquier mártir. Eso sí: siempre tiene que ser de un mártir; no puede ser de un santo o beato que no haya sufrido martirio. Por otro lado, quiero decirte que el ara siempre está incluida en el altar, mientras que una lipsanoteca no tiene por qué estarlo y, de hecho, muchas se han encontrado y encuentran incrustadas en las paredes de la iglesia, en retablos, enterradas en el pavimento bajo el altar principal, etc. Sobre este tema tenemos que escribir un artículo mucho más extenso.

Pregunta: Estimados señores, desde hace tiempo vengo investigando si en realidad existió un tal San Alfonso de Almendralejo. Efectivamente, el personaje existió, y así se hace constancia en las citas de los grandes historiadores de la Orden de San Francisco: Ginzaga, Wadding y Barezzo, aunque en los martirologios y anales siempre es citado como Beato, confesor, aunque era de profesión laico. Lo que me llama la atención es que aparece en el Acta Sanctorum de los Bolandistas Jesuitas, celebrándose su fiesta el 4 de abril. Son varias las preguntas que tengo. Una, qué significa “confesor”, detrás de Beato. Otra, ¿todos los que aparecen en el Acta Sanctorum son santos? Y, por último, ¿un Venerable puede tener su fiesta en el santoral, con día fijado? Les doy las gracias de antemano por su atención prestada, rogándoles disculpen si causo algunas molestias.

Respuesta: Te estás refiriendo al Beato Alfonso de la Cruz, sepultado, junto con otros beatos franciscanos, en el convento de Clarisas de Belalcázar (Córdoba). Aunque se le da el título de beato, no está beatificado oficialmente. De él se sabe muy poco; sólo que estaba casado y que cuando murió su esposa, abandonó la vida secular, haciéndose franciscano en el eremitorio de Santa María de los Ángeles, que había sido fundado por un tío suyo, el beato Juan de Puebla. Allí se distinguió por su austera vida de penitencia, muriendo alrededor del año 1500. Existen otros beatos franciscanos españoles llamados también Alfonso: Alfonso de Borroz, Alfonso de Oria y Alfonso de Palenzuela. El beato Alfonso de la Cruz no era laico, sino hermano lego, luego era religioso. Como no está oficialmente beatificado, no puede tener un día señalado para su festividad, por lo que no es conmemorado en la Orden, ni siquiera en España.

El título de confesor se le da a todo santo o beato que no haya sido mártir. Esto no quiere decir que forzosamente tuviera que ser sacerdote, porque la palabra “confesor”, en este caso no se está refiriendo al sacramento de la Penitencia, sino a que dio testimonio de su fe, aunque no muriese mártir. Y finalmente, decirte que los venerables no tienen fiestas fijadas en el santoral y como ya se ha visto en este caso, el hecho de figurar en el “Acta sanctórum” no supone que la persona esté oficialmente canonizada o beatificada. Aparecen muchos, a los que el pueblo venera espontáneamente como santos, pero que nunca serán reconocidos oficialmente.

Cruz de Santo Tomás.

Cruz de Santo Tomás.

Pregunta: Si el apóstol Tomás no murió crucificado, ¿por qué existe una cruz que se llama “la cruz de Santo Tomás”? Os agradecería que me aclaraseis este tema. Muchísimas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Te estás refiriendo a la “Nasrani Menorah” o “Mar Thoma Sliba”, que es una cruz que data del siglo VI y que está presente en muchas de las iglesias malabares y malancares de Kerala, Mylapore y Goa. Es el llamado símbolo de los cristianos de Santo Tomás, o sea, los cristianos hindúes. El humanista y educador portugués Antonio de Gouveia, en el siglo XVI, escribió sobre la veneración que aquellos cristianos rendían a este símbolo tan suyo.

Existen varias interpretaciones de cuál fue su origen, aunque se defiende que su diseño procede de un antiguo símbolo hebreo: el candelabro de los siete brazos, aunque adaptado al símbolo de nuestra salvación. Es una cruz en la que no aparece la imagen de Cristo y que tiene unos brazos muy floridos, simbolizando la resurrección. Encima de ella está representado el Espíritu Santo, a quien se le atribuye un papel importante en la Resurrección de Cristo. Yo en esto último discrepo, porque creo que Cristo resucitó por su propio poder.

Verás que la cruz está sobre lo que podríamos considerar unas flores de loto – símbolo del budismo – y esto se interpreta como que el cristianismo es una religión superior que se implantó donde ya estaba implantado el budismo. Esto es más que discutible, porque ¿qué diríamos de aquellos símbolos musulmanes implantados en zonas que anteriormente eran cristianas?

Antonio Barrero

Beata Pierina Morosini, mártir de la pureza

Fotografía coloreada de la Beata.

Fotografía coloreada de la Beata.

Hace ya algún tiempo que esta que os escribe presentó el tema de las mártires de la pureza, es decir, aquellas mujeres o jóvenes que son asesinadas in defensum castitatis, esto es, defendiendo su virginidad o castidad, una de las categorías que la Iglesia católica acepta como causa de martirio. También se han dado numerosos ejemplos y se ha presentado la vida de la niña campesina italiana María Goretti, que es la mártir de la pureza por antonomasia, aunque hubo antes que ella y por desgracia, también las ha habido después. Hoy hablaremos de Pierina Morosini, una joven obrera italiana que fue víctima del abuso y asesinada, cuya terrible muerte la Iglesia ha reconocido como martirio.

Una joven obrera
Pierina había nacido el 7 de enero de 1931 en Fiobbio, un pueblo de la provincia de Bérgamo, al norte de Italia, en un caserío cerca del Monte Misma, en la Val Seriana. Al ser la mayor de ocho hermanos, desarrolló un gran sentido de responsabilidad y de servicio: ayudaba en las tareas de la casa, cuidaba de sus siete hermanos, marchaba al pueblo a comprar. Su padre, Rocco Morosini, era guardián nocturno de una fábrica de los alrededores de su pueblo, y por el día se dedicaba a la agricultura. La madre, Sara Neris, profunda cristiana, instruyó a sus hijos para ser personas de bien.

Pierina tenía talento para estudiar, pero tuvo que renunciar a ello para aprender el oficio de costurera y mantener a la familia, que pasaba mucha necesidad. Esto no le impedía participar activamente en la vida parroquial, tanto en los sacramentos como en el apostolado. Por ejemplo, acudía todos los días a misa y rezaba durante bastante rato en la iglesia el rosario. Posteriormente se unió a Acción Católica y participó a menudo de sus encuentros de estudio y ejercicios espirituales. A los quince años de edad entró a trabajar como obrera en la fábrica de algodón Honegger, en Albino, que distaba unos 4 km de Fiobbio, distancia de tres horas que siempre hubo de recorrer a pie, pasando sola por los bosques y los prados, a menudo solitarios y abandonados, lo que sería germen de su desgracia.

Lienzo contemporáneo de la Beata.

Lienzo contemporáneo de la Beata.

Allí trabajaba ocho horas cada día, en turnos de mañana (de seis a dos de la tarde) o de tarde (de dos a diez de la noche); alternándose cada turno una semana. A menudo, cuando su turno comenzaba a las seis de la mañana, se levantaba para poder asistir antes a misa y se la veía cruzar los campos de noche todavía, con una vela o linterna: “Había muchas obreras que pasaban por la iglesia antes de entrar a trabajar, pero ella era la que más me maravillaba, porque venía de lejos. Viéndola, yo pensaba: ¡Ésta se ha levantado a las cuatro!”, comentaba una muchacha del pueblo, atónita, que la veía siempre que tenía turno de mañana. Incluso la conocían como “la de los zuecos”, por el ruido que hacían sus zapatos en el silencioso entorno de la iglesia. No podían dejar de admirarla, porque hacía aquel camino incluso bajo la lluvia, llegando empapada a la iglesia tan tranquilamente como si no lloviese: “Sí, era muy buena. Yo le decía, “Pierina, ruega por mí”, y ella contestaba humildemente: “No, más bien ruega tú por mí”.

Inspirada por María Goretti
Al año siguiente, el 27 de abril de 1947, tuvo la ocasión de participar en la peregrinación a Roma de Acción Católica con la ocasión de la beatificación de María Goretti, la campesina de Nettuno que había sido masacrada en un intento de violación a los doce años de edad. Se emocionó no sólo porque era una muchacha de pueblo que realizaba su primer viaje, sino también por la grandiosidad de Roma, plagada de iglesias y de reliquias de Santos, por poder ver al Papa, y por el ejemplo de la joven Goretti, una niña cuyo heroísmo en el martirio y en el perdón acababa de ser reconocido. “¡Cómo me gustaría que me tocase la muerte de María Goretti!”, le oyeron decir sus compañeras de viaje. Palabras que serían proféticas. “¡Qué dices!”, le dijeron. “¡Quiero parecerme a María Goretti, quiero ser como ella!” Esto escandalizaba a alguna compañera, que le dijo: “La Goretti murió como una pobre ignorante… ¡dejarse matar de esa manera! ¿Eso harías tú?” Pierina respondió: “¡Sí! ¿Por qué no? Yo también me dejaría matar…” Decididamente, la nueva Beata se convirtió en su fuente de inspiración.

Esta experiencia la marcó de tal manera que, al regresar a su pueblo, intensificó su vida espiritual y apostólica. El camino que obligatoriamente debía realizar al ir y volver de la fábrica era un momento que aprovechaba para ir a misa, rezar el rosario y por las misiones y vocaciones. Incluso caminando tenía el rosario en la mano y murmuraba jaculatorias. De esa época son estas frases que dejó escritas, frases que oía o leía en alguna parte y ella modificaba para adaptarlas a su plan de vida espiritual: “La virginidad es un silencio profundo de todas las cosas de la tierra”, “Mi amor, un Dios crucificado; mi fuerza, la santa comunión; la hora favorita, la de la Misa; mi divisa, ser nada; mi meta, el cielo”, “Mi vocación: me dejaré guiar como una niña de un día”, “Realizaré cada acto en unión con María y, en las contrariedades, me abandonaré, como una niña, sobre su corazón materno, invocando su ayuda y la ayuda de mi querido ángel de la guarda”, “Poseo a Dios, y esto me basta”.

Tapiz de la beatificación.

Tapiz de la beatificación.

Fiel a estos pensamientos, vestía con muy estricta modestia: ropa pasada de moda, el cuello abrochado hasta la garganta y medias gruesas, ya hiciese frío o calor, y siempre con mangas largas hasta el puño. A veces, viéndola sofocarse –a 30-35 grados de temperatura- mientras trabajaba en los telares mecánicos, alguna buena persona le decía, “¡Pero mujer, desabróchate un poco!”, y ella se limitaba a sonreír y a enjugarse un poco el sudor con un pañuelo, no remangándose jamás. Algunas, viendo esta actitud incomprensible, murmuraban: “Ésta es tonta”, pero otras dijeron después: “Lo cierto es que era muy inteligente, lo que hacía, lo hacía por voluntad propia, por llevar una vida de penitencia dura”. De hecho, pensaba en ser religiosa algún día, si la situación familiar se lo permitía.

Pero no todo era meditación: también asistía a los enfermos y llegó a ser catequista y líder de Acción Católica y de otras asociaciones similares. Por la convicción y sencillez con que desempeñaba esta dinámica de vida era respetada y admirada por sus compañeros de trabajo en la fábrica. A menudo le daban las urdimbres más duras y ella las trabajaba sin descanso; o se le atascaba la máquina varias veces: “¿No estás harta de esto?”, le decía alguna compañera, agotada, y ella sonreía y decía: “Hay que ofrecerlo todo al Señor, por los pobres pecadores”. Y cuando alguna persona le decía lo buena que era, ella lo negaba: “No es cierto, soy como cualquiera, soy como todos los demás”. Lo cierto es que era extraordinaria en su determinación, especialmente por lo que se refería a la impureza: “Antes que cometer pecado, me dejaré matar”, confesó a su hermano Andrea poco tiempo antes de su muerte, refiriéndose expresamente a pecados de tipo carnal.

Martirio
Esta muchacha intachable tuvo, por desgracia, un horrible y cruento final. Pero la que había dicho que se dejaría matar antes que cometer un pecado de impureza no cumplió exactamente lo que dijo, pues, llegado el momento terrible de la prueba, no actuó como un cordero llevado al matadero: luchó, se defendió.

Capilla situada en el lugar donde la Beata fue asesinada.

Capilla situada en el lugar donde la Beata fue asesinada.

El 4 de abril de 1957, entre las 15 o 15:30 horas, mientras regresaba a su casa atravesando prados, rezando rosario en mano, fue interceptada en el bosque por un desconocido. Este hombre le cortó el paso y le propuso mantener relaciones sexuales, a lo que ella se negó. Al insistir el desconocido e intentar forzarla, ella se defendió con fuerza, lo que hizo que el otro perdiera los estribos y la golpeara brutalmente, tirándola al suelo. Pierina, viéndose en un grave apuro, cogió una gruesa piedra para defenderse, pero su atacante se la arrancó de la mano y la descargó sobre su cabeza repetidas veces. Gravemente herida en la cabeza, Pierina aún gateó unos veinte metros, tratando de huir, pero perdió el sentido y se desplomó en el suelo. Aprovechando que ya era incapaz de defenderse, su agresor la violó, para luego dejarla abandonada en un charco de sangre. La recompuso, sin embargo, un poco, colocándola para que pareciese que dormía y colocó a su lado sus objetos personales esparcidos, tarea inútil, porque estaba toda ensangrentada.

Mientras, en casa la estaban esperando, y como no llegaba, uno de sus hermanos salió a buscarla. “Cuando la encontré, creí que estaba cansada del camino, aunque me pareció raro que hubiese escogido aquel sitio para descansar. La llamé y no me respondió. Parecía que dormía, pero entonces vi que tenía la cara ensangrentada y su respirar era lento y afanoso”. Estaba en estado de semiinconsciencia, empapada en sangre: coágulos de sangre donde la había golpeado con la piedra primero, huellas de manos ensangrentadas por donde había gateado, intentado escapar, y un gran charco de sangre bajo el cráneo hendido. Sangre por todas partes, y con el rosario todavía sujeto entre las manos, colocado por el asesino. Intentó levantarle la cabeza, pero ésta estaba aplastada por la parte occipital -la nuca- y le empapó las manos de sangre y de trozos de carne. La llamó varias veces por su nombre, pero ella no pudo responder, ni abrir los ojos: simplemente alzó levemente una mano, dirigiéndola hacia las heridas de la cabeza. Era su último gesto consciente.

Rápidamente fue trasladada al hospital, adonde llegó en un estado de coma profundo. No se pudo hacer nada por salvar su vida: murió dos días después, el día 6 de abril de 1957, sin haber podido recobrar el conocimiento. “¡Tenemos una nueva María Goretti!”, exclamó uno de los catorce médicos que intentaron, en vano, salvarle la vida. También fueron proféticas estas palabras: la fama de santidad de Pierina se extendió rápidamente.

Reconocimiento de los restos para la beatificación.

Reconocimiento de los restos para la beatificación.

El violador y asesino, descubierto tras muchas investigaciones, fue condenado en 1960 a varios años de cárcel. Cumplida la condena, marchó a vivir a Sicilia, donde formó una familia. En cuanto a su víctima, fue beatificada por el papa San Juan Pablo II el 4 de octubre de 1987, junto a otra mártir de la pureza como ella, la sarda Antonia Mesina, de la cual hablaré pronto también. Sus restos reposan en la parroquia de Fiobbio, cerca de su casa paterna.

Concluyendo
Cuando se enfrenta un caso como éste, el de una muchacha joven, buena, honrada y trabajadora, de vida intachable, con una rica espiritualidad y llamada a una clara vocación religiosa, acabar violada y masacrada de una manera tan cruel por satisfacer el capricho pasajero de un hombre; es tentador hacer comparaciones con la que fue su musa personal -Santa María Goretti- y caer fácilmente en predestinaciones y voluntades de Dios, como si desde siempre hubiese tenido que estar llamada a acabar así la que tanto admiraba la pureza y el martirio de su hermana en la fe.

Honestamente, estas interpretaciones me parecen perversas, por más que a muchos les consuele pensar “Así lo ha querido el Señor” o “Estaba destinada a esto”. Esta servidora quisiera replantear la pregunta que ya formuló en el artículo dedicado a Santa María Goretti: ¿cuál es la grandeza de un caso tan terrible como éste? ¿En qué puntos vale la pena comparar a María con Pierina? En primer lugar, que de no haber sido tan brutalmente asesinada, Pierina, al igual que María, hubiese sido quizá igualmente reconocida como santa, por razones ya obvias. Y en segundo lugar, el perdón, no el de ella, porque no pudo darlo, sino el de sus allegados, tal y como ocurrió con María Goretti.

Sepulcro actual de la Beata, bajo el altar mayor. Parroquia de Fiobbio di Nembro, Italia.

Sepulcro actual de la Beata, bajo el altar mayor. Parroquia de Fiobbio di Nembro, Italia.

Así lo manifestan las palabras de Sara Neris, la madre de la Beata:
“Reverendo don Rota, le doy gracias por mandarme siempre recuerdos… el recuerdo de mi hija Pierina está siempre en mi mente. Yo ya he dado y vuelvo a dar el perdón al asesino de mi hija, porque somos cristianos y porque sé que Pierina lo habría perdonado, si hubiese podido hablar después de haber sido golpeada con la piedra.
Mi Pierina perdonaba siempre”
.

Meldelen

Enlaces consultados (20/04/2014):

http://beatapierinamorosini.com/

http://es.catholic.net/laicos/771/717/articulo.php?id=23933

http://www.preghiereagesuemaria.it/santiebeati/beata%20pierina%20morosini.htm

http://www.prelaturaayaviri.org

Siervo de Dios José Pío Gurruchaga, sacerdote y fundador

Estampa devocional del Siervo de Dios.

Estampa devocional del Siervo de Dios.

“Fue un sacerdote santo, a la zaga siempre de la acción providencial de Dios. Y entregado de veras a su santa voluntad. Fue un hombre de Dios”. (Testimonio de los que lo conocieron).

Tal día como hoy, hace 133 años, un 5 de mayo nacía en Tolosa (Guipúzcoa) el niño José Pío Gurruchaga Castuariense. Antes de que naciera ya era huérfano de padre, ya que éste falleció dos meses antes de que doña Narcisa diera a luz. El mismo día fue bautizado y su madre le puso un lacito negro en la capota blanca, en señal de luto por la muerte de su padre. Doña Narcisa, mujer de fe, crió en difíciles condiciones al Siervo de Dios, a la vez que le dio una esmerada educación basada en valores. Durante su infancia, el joven Pepito (así lo conocían sus familiares) era un niño bueno, dócil y naturalmente inclinado al bien. Su madre contrajo nuevamente matrimonio con don Agustín Ayestarán y tuvieron otros dos hijos más; Dolores y Jesús, a quienes el Siervo de Dios quería profundamente.

Como era costumbre en aquellos años, recibió el sacramento de la confirmación a los tres años de edad. Conforme fue creciendo, sus padres y abuelos veían en él unas excelentes dotes para el canto y la música, por lo que fue enviado al pueblo de Villafranca de Oria, a estudiar con un profesor. El ambiente de esta familia era muy religioso y esto llenó el alma del joven José Pío de deseos de ser sacerdote de Cristo y cantar las glorias de María, con la advocación de los Dolores, de la que era muy devoto.

A los diez años de edad comenzó el pre-seminario a estudiar Humanidades. Años después, en 1895 se matriculó en el seminario mayor de Vitoria, tenía 14 años. Allí destacó por ser un chaval muy aplicado y obediente. Le llamaban el “seminarista santo”. Sus calificaciones a lo largo de estos años fueron sobresalientes “meritíssimus”, es decir, matrícula de honor en todas las asignaturas de todos los cursos. Acabando el seminario, marchó a la recién creada Universidad Pontificia de Zaragoza, donde se licenció en Teología. Allí mantuvo la misma conducta ejemplar y de estudios. Don Remigio Gandásegui, profesor en aquella universidad, y más tarde arzobispo de Valladolid, le distinguió con su amistad durante toda su vida.

Pila bautismal de la iglesia de Santa María de Tolosa (España), donde fue bautizado el Siervo de Dios.

Pila bautismal de la iglesia de Santa María de Tolosa (España), donde fue bautizado el Siervo de Dios.

Sacerdote
Antes de partir para su tierra natal y dejar Zaragoza, la tierra de la Virgen del Pilar, recibió el diaconado de manos de monseñor don Juan Soldevila; esto tuvo lugar en diciembre de 1904. Un año después, reintegrado en su diócesis de Vitoria. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1905. Dos días después, día de San Juan Evangelista, celebró su primera misa solemne en el Convento de las Monjas Agustinas en Hernani, donde había muerto unos meses antes su tía sor Dolores Gurruchaga. Al regreso de este importante y solemne acontecimiento, sus familiares, que volvían a casa, tuvieron un accidente con su carruaje. Por desgracia murió Agustín (su padrastro) y su madre, muy apenada, se traslado a vivir con él.

Inmediatamente después de ser ordenado sacerdote, don Leandro Soto, habla al señor obispo de el cargo de coadjutor que hay vacante en su parroquia. El señor obispo, viendo bien este cargo de coadjutor para el Siervo de Dios, firma el nombramiento el día 9 de enero de 1906. Desde el mismo día que tomo posesión del cargo que se le confió, fue tomando conciencia de las urgencias y necesidades de reformas pastorales. Con mucho trabajo, el Siervo de Dios José Pío emprende una labor catequística inmejorable. Como buen sacerdote, fue un enamorado de la Eucaristía, por esta razón fundó varios grupos eucarísticos como: los turnos de San Tarsicio, la Obra de la Marías de los Sagrarios, discípulos de San Juan (fundada por el hoy Beato obispo Manuel González). A esto le podemos añadir que dirigió y fomento todas las Obras Eucarísticas que se conocían: “Jueves Eucarísticos”, Adoración Nocturna y Adoración diurna al Santísimo Sacramento. De esta forma consigue tener acompañado a Jesús Sacramentado las veinticuatro horas del día. Fue elegido para presidir el cargo de Director Nacional de la Obra de San Pedro Apóstol, por lo que tuvo que trasladar su residencia a Madrid, allí también es nombrado presidente de la Liga Eucarística de los Sacerdotes Adoradores.

Parroquia de Santa María del Juncal en Irún, España. Primera parroquia del Siervo de Dios.

Parroquia de Santa María del Juncal en Irún, España. Primera parroquia del Siervo de Dios.

Los problemas que fueron sucediéndose a principios del s.XXI en España, también calaron en los feligreses de Irún. Para mejorar estas situaciones laborales y económicas entre los años 1913 y 1919, don José Pío llegó a fundar hasta 11 sindicatos fieles a las directrices de la Iglesia. Él conoce en “in visu” estos problemas. Como sacerdote aporta su inteligencia, corazón y ayuda de a los gremios de los lecheros, modistas, panaderos, ferroviarios, agricultores, empleadas domésticas etc. El señor obispo lo nombró consiliario de estos sindicatos el 3 de mayo de 1916.

Estalabor social es mal vista por muchos, incluso por otros sacerdotes, que lo dejan prácticamente solo. También es llamado por la justicia a declarar, las acusaciones vienen de los empresarios que no ven bien la asesoría que daba a los trabajadores. A pesar de esto, sus fuerzas no se doblegaron, es más, solía decir: “¡Almas, almas! ¡Cristianizar almas! … Hacer que Jesús reine en el individuo y en la familia y en la sociedad. Para eso debemos ir, y sólo para eso, a los sindicatos. El día que te desposes con la policía, habrás perdido tu fecundidad divina. ¿La policía? Quita, quita, “ad maiora natus sum”…

Las ambiciones del Siervo de Dios, adelantadas a su tiempo, no se limitaron a atender a sus hijos más cercanos. Es universalista y hasta ecuménico, en 1916 instauró en su parroquia de Santa María del Juncal las Obras Misionales, que por aquel tiempo florecían en España, además de la Obra de la Santa Infancia y la Propagación de la Fe. Don José Pío fue el primero en introducir en España la Obra Misional del Clero Indígena, en el año 1918. A pesar de tener todos estos cargos y obligaciones, no descuidaba sus tareas propias de sacerdote. Se levantaba a las 5 de la mañana para adorar al Santísimo, preparar y celebrar la Santa Misa, y hasta pasaba 11 horas en el confesionario.

Fotografía coloreada del Siervo de Dios.

Fotografía coloreada del Siervo de Dios.

Fundación de las Religiosas Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote
La incansable actividad que llevó durante estos años no acabo aquí, la centró con más esfuerzo en la fundación de la comunidad de Religiosas Auxiliares Parroquiales, congregación que vio necesaria fundar para la ayuda del sacerdote en el ministerio de la parroquia, en la formación catequética, visita a los enfermos, obras sociales etc. Además del servicio, amor y hacer amar a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote “sine intermissione”. A esta llamada de trabajo y santidad vienen atraídas tres señoritas de Acción Católica, colaboradoras y dirigidas suyas, que son: Clementina Uría, maestra de niños; Marichu Echepare, secretaria de uno de los sindicatos, y María Asunción Guerendiáin, catequista. Al Siervo de Dios y a las tres primeras Auxiliares Parroquiales se les critica; hasta se les calumnia en público. No se entiende aquella obra suya, aunque tan eclesial y evangélica, se hacen juicios previos, asegurando su rápida disolución. Don José Pío y las tres iniciadoras se fían de Dios. Saben que como es cosa suya, Él los guardará.

El día 6 de febrero de 1927, en Irún comienza su andadura, con 7 jóvenes entregadas, la Pía Unión de las Hijas de la Unión Apostólica. Mientras tanto, el Siervo de Dios tiene que dedicarse, por mandato de Roma, a la dirección Nacional de la Obra de San Pedro Apóstol, visitando ciudad por ciudad, hasta implantarla en cincuenta y dos diócesis del país. El naciente instituto fue dirigido nuevamente por él, lleno de vida, empezó a extenderse por Valencia, Aya, Orio, Biarritz, Bilbao, Madrid, etc. Pero no fue hasta después de su muerte cuando empezó a extenderse en otros países, también fue a su muerte cuando se erige como Congregación Religiosa de Derecho Diocesano, cambiando el nombre por el actual, RR. Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote. Sus casas están en España en su mayoría, en Latinoamérica y en la ciudad de Roma.

Muerte y proceso de beatificación
Sus últimos años quería pasarlos tranquilo, dirigiendo las tandas de ejercicios espirituales, visitando las casas de su instituto, haciendo pequeños arreglos de carpintería (era su pasatiempos). Pero una vez más, la Providencia tenía otros planes para él. Don Casimiro Morcillo, primer obispo de Bilbao, quiere que el Siervo de Dios sea el primer Deán de su Catedral del Señor Santiago. A pesar de sus setenta y dos años, se traslada desde Irún hasta la recién creada diócesis de Bilbao. Aquí emprende muchas iniciativas, que son muy bien vista por todos. Los canónigos no entendían de dónde podía sacar las fuerzas y la vitalidad, a lo que Él, autodefiniéndose decía: “Yo soy un hombre de orar”.

Tumba del Siervo de Dios.

Tumba del Siervo de Dios.

En el invierno de 1966, ya aquejado por algunos problemas, visitó por última vez las casas de su Instituto, animando y aconsejando a todas las religiosas. Unos meses después enfermó gravemente de una bronquitis, que no pudo superar y que lo redujo muchos meses en una cama. El 20 de mayo, sábado, aún pudo celebrar el primer aniversario de la Aprobación Diocesana de su instituto. Viendo que se acercan sus últimos días, el 22 de mayo, al amanecer, manda que le traigan la comunión, diciendo: “Que me traigan muy pronta la comunión, porque yo me marcho; luego será tarde”. Los instantes seguidos son impresionantes, levantó los ojos, los cerró… y se durmió en la tierra para despertar en el cielo. Son la doce del medio día y las campanas tocaban el Angelus. Parecía como si su Señora bajara del cielo para recogerlo y entregarlo a la Santísima Trinidad.

Sus restos fueron inhumados en el cementerio de Irún. El 19 de octubre de 1990 se inició el proceso diocesano de beatificación, cuya apertura presidió el señor obispo Luis María Larrea, clausurándose por el mismo el 13 de marzo de 1993 en la catedral de Bilbao. El 26 de marzo de ese mismo año se entrega la documentación en Roma, en la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. El 7 de febrero de 2007 sus restos mortales son exhumados y trasladados a la Casa Madre de la Auxiliares Parroquiales de Irún, donde descansan en una sencilla urna, en continuo clima de oración y petición de gracias. En la actualidad el proceso está muy avanzado y se está estudiando un posible milagro.

David Garrido

Bibliografía:
“Un hombre para Dios: José Pío Gurruchaga Castuariense (1881-1967)”. RR. Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote.

Enlaces consultados (30/04/2014):
– http://www.auxiliaresparroquiales.es/
– http://www.seminariodepalencia.es/

Santa Antonina, mártir de Nicea

Icono ortodoxo ruso de la Santa, de estilo naturalista.

Icono ortodoxo ruso de la Santa, de estilo naturalista.

Hoy es la festividad -en realidad, una de las tres- de una mártir llamada Antonina -diminutivo de Antonia, nombre de una de las gens más ilustres de la antigua Roma y que llevaron muchos hombres y mujeres descendientes de la misma, y que podría significar, en latín, “primogénita” o en griego “aquella que se enfrenta a sus adversarios”-, que sufrió el martirio mediante terribles tormentos en la ciudad de Nicea, provincia de Bitinia -en la Turquía actual-; aunque, como veremos, también es llamada simplemente Antonia y se la asocia a la ciudad de Nicomedia.

Esta mártir aparece mencionada nada menos que tres veces en el Martirologio Romano: el 1 de marzo, el 4 de mayo -fecha de hoy, que he escogido para hablar de ella- y el 12 de junio. ¿Por qué mencionarla tres veces, cuando bastaría con una? Pues simple y llanamente, porque aparece mencionada de distintas formas, como si fueran tres personas distintas, cuando en realidad es sólo una. Esto ocurre porque Baronio, que había recurrido a los Sinaxarios y Menologios griegos que conmemoran a la Santa en estas tres fechas, no cayó en la cuenta de que estas celebraciones estaban haciendo referencia a la misma persona, y la introdujo tres veces. Vamos, que el error de Baronio “triplicó” a esta mártir como si fueran tres personas distintas, cuando lo que en realidad había era tres fechas distintas para celebrar a una única Santa. Pero dejemos a Baronio y a sus batiburrillos personales para centrarnos en la mártir.

Passio, culto y reliquias de la Santa
Existen pocos detalles acerca del martirio de la Santa y distintas versiones del mismo. Así, la fecha del 4 de mayo corresponde específicamente al dies natalis de esta mártir, tal y como consta en el Martirologio Siríaco del s.IV. Esta fuente alude a una antigua passio, hoy perdida, que nos dice que Antonina era una cristiana oriunda de Nicea de Bitinia que, durante la persecución de Diocleciano (303-305), fue arrestada por orden del prefecto Prisciliano y que, debido a su resistencia a sacrificar a los dioses, fue colgada del techo por un brazo y así estuvo tres días, para ser después cruelmente torturada: azotada con vergas, suspendida y retorcida en el potro, desgarrados sus costados con garfios de hierro y arrojada en prisión, donde estuvo dos años, para ser finalmente quemada viva.

Ilustración de la Santa. En esta versión aparece como Antonia de Nicomedia y siendo ejecutada a espada. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Ilustración de la Santa. En esta versión aparece como Antonia de Nicomedia y siendo ejecutada a espada. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Sin embargo, otras fuentes difieren del destino sufrido por la mártir. Algunos códices del Martirologio Jeronimiano, por ejemplo, añaden a todo esto que Antonina murió por la espada, es decir, que no murió quemada viva sino que fue decapitada después del suplicio del fuego. Pero, por otra parte, los Sinaxarios griegos -que ubican los hechos el 1 de marzo- añaden, en cambio, que finalizó el curso de sus tormentos siendo metida en un saco y arrojada a las aguas de un pantano, aunque hay que especificar que esta versión no aparece en la primitiva passio redactada en un principio, a la cual he hecho referencia, sino que es posterior.

Pero no sólo existen variaciones en torno a la manera en que Antonina fue ejecutada, sino que también difieren, como decía, en ubicación: para el Martirologio Siríaco y para algunos otros códices del Jeronimiano, el martirio ocurrió en Nicomedia; mientras que todos los Sinaxarios e incluso otros códices del mismo Jeronimiano, dicen que fue en Nicea de Bitinia. El bolandista Delehaye le da mucha más credibilidad a esto último, porque ésa es la ciudad mencionada en el antiguo Breviarium de Siria, a pesar de que ahí se hace mención de un hombre llamado Antonino, que no Antonina. De manera que la Santa, a fin de cuentas, es más conocida como Antonina de Nicea que como Antonina-Antonia de Nicomedia. Pero es la misma Santa, en fin. De hecho, el baile de lugares, que ya era bastante entre Nicea y Nicomedia, se amplía de forma ridícula, pues algunos han llegado a ubicar el martirio de la Santa en la isla de Cea -mar Egeo, en Grecia- y otros, incluso, en el pueblo de Ceja, en Galicia (!!!). Naturalmente, estas divergencias no merecen ninguna atención, al tratarse de los típicos intentos de nacionalizar una Santa extranjera para hacerla oriunda del lugar donde se le da culto.

La tradición ortodoxa, que sigue los Sinaxarios griegos, adorna los detalles del martirio de la Santa, afirmando que era visitada por ángeles en la prisión, causando el pánico en sus verdugos (!!) y que incluso cuando era tendida en planchas de hierro candente al rojo vivo, permanecía ilesa por el poder de Dios. Estos detalles, adornos piadosos de datos bastante creíbles sobre el suplicio real de una cristiana, no merecen comentario alguno tampoco, en mi humilde opinión.

Estatuilla de porcelana de la Santa, llamada aquí "Antoinette" (Antonieta o Antoñita en francés, o sea, Antonina). La hoguera alude a la versión de muerte por fuego. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Estatuilla de porcelana de la Santa, llamada aquí “Antoinette” (Antonieta o Antoñita en francés, o sea, Antonina). La hoguera alude a la versión de muerte por fuego. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Se dice que el cráneo de la mártir Antonina de Nicea fue llevado a Praga (República Checa) en el año 1673. Sin embargo, en Colonia (Alemania) se venera una bella urna que contiene las reliquias de una mártir de nombre Antonina, que bien pudiera ser nuestra protagonista de hoy, aunque generalmente, y sobre todo debido a su ubicación, se la suele considerar una de las innumerables compañeras de Santa Úrsula.

Aunque en ocasiones esta mártir aparece citada como Antonia, parece ser que su nombre correcto es Antonina, es decir, el diminutivo de Antonia.

Conclusiones
Estamos ante una mártir que, pese a los adornos que han añadido las piadosas tradiciones devotas, ofrece unos datos sencillos, escuetos, pero bastante creíbles acerca de un terrible martirio y una larguísima estancia en prisión; con una ubicación y datación precisas. Sorprende la cantidad de detalles creíbles para una mártir de la que se sabe tan poco y que, en otras circunstancias, hubiese resultado completamente oscura e inaccesible.

Es importante recordar que existe otra Santa Antonina, mártir en Constantinopla, que es conmemorada junto a un compañero llamado Alejandro y que protagoniza una curiosísima historia, pero de la que hablaré en otra ocasión.

Por otro lado, existen otras dos mártires llamadas Antonia (que no Antonina): Antonia de Cirta, llamada también Antonia de Lambesa, y Antonia de Lyon, que forma parte del extensísimo grupo de mártires de esta ciudad gala, a la que también pertenece la célebre Santa Blandina. De estas mártires también escribiremos en otra ocasión, si Dios quiere. Por último, también existen muchas mártires de las catacumbas -cuerpos santos- con este nombre.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlaces consultados (12/04/2014):

http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=50581

http://oca.org/saints/lives/2014/03/01/100629-martyr-antonina-of-nicea-in-bithynia

http://www.santiebeati.it/dettaglio/51800