San Marcos, papa y la Basílica romana de San Marco al Campidoglio

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Medallón neoclásico de San Marcos, papa de Roma. Galería de Papas en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón neoclásico de San Marcos, papa de Roma. Galería de Papas en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

San Marcos, papa
El pontificado de San Marcos fue brevísimo: desde el 18 de enero del año 336 al 7 de octubre del mismo año. Según el “Liber Pontificalis” era romano, hijo de un tal Prisco. Algún autor mantiene el que se puede identificar con un Marcos mencionado por Constantino en la carta que en el 313 envió al Papa San Melquíades, pero esto no deja de ser una simple hipótesis.

Durante su pontificado dispuso que el obispo de Ostia, que poseía el privilegio de consagrar al papa, pudiera llevar el palio, dato que puede aceptarse, pues San Agustín menciona este privilegio del obispo hóstiense. El “Liber Pontificalis” afirma también que San Marcos emitió un “constitutum de omni ecclesia”, expresión un tanto genérica que no se confirma en ninguna otra fuente y que no se sabe exactamente de qué se trata. Según Dúchense, bajo su pontificado se inició la composición de la “Depositio episcoporum” y la “Depositio martyrum” de Roma, de las que tantas veces hemos hecho mención en otros artículos de este blog.

San Marcos también se distinguió por la construcción de iglesias, ya que gracias a su iniciativa surgieron dos muy importantes: una en el cementerio de Santa Balbina en la vía Ardeatina – donde posteriormente fue sepultado – y una segunda en Roma “in Pallacinis”, donde actualmente se encuentra la plaza Venecia. Parece ser que en aquel solar él tenía una casa y sobre este terreno edificó la basílica, que posteriormente llevó su propio nombre. H. Leclerq da amplia información sobre esta basílica en su obra “La Basilica di papa Marco”, publicada en el 1948.

Sobre la sepultura del cementerio de Santa Balbina existen otros testimonios además de lo reseñado en el “Liber Pontificalis”, como son el “Cronógrafo” del 354, el “Catálogo Liberiano” y los tantas veces nombrados “Itinerari” romanos. Los peregrinos medievales visitaban su tumba en aquel lugar. Existe una inscripción del Papa San Dámaso en la que se habla de un Marcos, sacerdote romano, que el cardenal Baronio y el bolandista De Rossi creyeron que era un verso dedicada a este papa, pero actualmente, esa confusión está ya aclarada.

A San Marcos Papa se le atribuye una carta en respuesta a otra de San Atanasio de Alejandría, en la cual le informaba del envío de una copia de los cánones nicenos que el obispo alejandrino había perdido cuando destruyeron su casa debido a un motín promovido por los arrianos. A San Marcos se le conmemora el día 7 de octubre en los Sacramentarios “Gregoriano” y “Gelasiano”, mientras que en el “Martirologio Jeronimiano” se le recuerda el día 4 de octubre. En lo referente al traslado de sus reliquias, la tradición nos dice que actualmente se encuentran en la actual Basílica de San Marcos, en Roma, aunque también es verdad que parte de ellas están en Florencia, en el monasterio de Monte Amiata.

Se le representa no sólo en la serie de retratos de los papas en la Basílica de San Pablo Extramuros y en otra serie existente en la Basílica de San Pedro, sino que además, existe una pintura de Melozzo de Forlì que se encuentra en la basílica de San Marcos en Roma, donde aparece en actitud de bendecir.

Antonio Barrero

Vista de la fachada principal de la Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Vista de la fachada principal de la Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Iglesia de San Marcos Evangelista al Campidoglio
Basilica Menor
Piazza San Marco, 48
Roma

San Marco Evangelista al Campidoglio (conocida también más simplemente, como San Marco) es una basilica de Roma, situada en la plaza Venezia, próxima al Palacio Venezia. Dedicata a San Marcos Evangelista, fue construída en el año 336 por el Papa San Marcos y reconstruida en el año 833 por el Papa Gregorio IV; la basílica muestra una decoración barroca debido a las restauraciones de los siglos XVII y XVIII.

En el año 336, el Papa San Marcos hizo construir una iglesia dedicada al santo evangelista, del cual él llevaba su nombre, y quiso edificarla en un lugar llamado ad Pallacinas. En las actas del sínodo del Papa Simmaco celebrado en el año 499, la iglesia es recordada como Titulus Marci. La iglesia fue restaurada en el año 792 por el Papa Adriano I, y unos cincuenta años después, en el 833, el Papa Gregorio IV decidió reconstruirla.

Vista del interior de la Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Vista del interior de la Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

La iglesia mantuvo el propio aspecto, al menos sin la adición del campanario hasta el 1154, hasta su conversión al estilo renacentista por deseo del Papa Pablo II en el año 1465-1470; en esta ocasión, el papa veneciano, concedió la iglesia a los venecianos residentes en Roma. El aspecto actual de la iglesia es el legado de la restauración iniciada en los años 1654-1657 y completada posteriormente por decisión del cardenal Angelo Maria Quirini en el 1735-1750, que fue cuando recibió la impronta barroca que la basílica ha conservado hasta el día de hoy.

La fachada de la iglesia fue construida en el año 1466, siendo atribuida a Leon Battista Alberti y decorada con mármoles sustraídos al Coliseo y al Teatro de Marcelo. El interior, aunque claramente de estilo barroco, mantiene algunos notables elementos de épocas diferentes, testimonio de la milenaria historia de la basílica: el mosaico del ábside, que representa al Papa Gregorio, con la aureola cuadrada de los vivientes, ofreciendo un modelo de la basílica, con la presencia de San Marcos evangelista, San Marcos papa y otros santos ante Cristo. El techo de madera, tiene tallado el escudo de armas del Papa Pablo II, siendo el único techo de madera del siglo XV conservado en Roma, junto al de la Basílica de Santa María la Mayor. También conserva la tumba de Leonardo Pesaro (1796), obra de Antonio Canova.

Vista del altar mayor de la Basílica, donde está el sepulcro de los Santos Marcos, Abdón, Senén y Restituto. Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Vista del altar mayor de la Basílica, donde está el sepulcro de los Santos Marcos, Abdón, Senén y Restituto. Basílica de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Los restos de los mártires persas del siglo III Abdón y Senén, conducidos encadenados hasta Roma en tiempos del emperador Decio y martirizados con la espada, fueron trasladados a esta basílica por el Papa Gregorio IV (827-843) desde las catacumbas de Ponciano, donde estaban en un oratorio a ellos dedicado, poniéndolos en el altar de la Confesión, consagrado en el año 1948, en cuya ocasión fue construído un nicho sobre el altar con las reliquias de San Restituto mártir, visibles a través de una reja de mármol. Sobre ellos está el sarcófago que conserva los restos del Papa San Marcos.

Felice Stasio

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Santos Abdón y Senén, mártires en Roma

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Retablo gótico de los Santos, obra de Jaume Huguet (1460). Iglesia de Santa Maria de Tarrassa, Barcelona (España).

De estos dos santos mártires existen documentos muy antiguos que confirman su historicidad y su culto. Sus nombres aparecen en la “Depositio Martyrum”, en el Martirologio Jeronimiano, en los Sacramentarios Gregoriano y Gelasiano y en otros documentos muy antiguos. La Depositio Martyrum dice: “III Kalendas Augusti Abdos et Semnes in Pontiani quod est ad Ursum Piliatum” (El 3 de las calendas de agosto (el 30 de julio), Abdón y Senén en el cementerio de Ponciano, que se encuentra junto al Oso Encapuchado). Este cementerio, el de Ponciano, estaba sobre la vía Portuense, en el distrito romano de Monteverde, cerca de la actual vía Alessandro Poerio. Lo mismo dice el Martirologio Jeronimiano en el día 30 de julio.

Abdón y Senén fueron dos mártires del siglo III que fueron sepultados en las catacumbas de Ponciano. Sin embargo, siendo santos reales que gozaron de un culto antiquísimo, su “passio” es legendaria, o sea, tenemos otro caso de santos muy venerados, de los que se sabía muy poco y a los que hubo que endosarles un relato fantasioso y piadoso para promover su devoción, cosa que en realidad, no hacía falta. El autor de la “passio”, basándose en lo exótico de sus nombres, nos dice que eran dos príncipes persas que se dedicaban a sepultar a los mártires y que por esto, fueron delatados ante el emperador Decio, el cual los metió en una prisión.

Al morir Valeriano, prefecto de la ciudad de Roma, Decio volvió a la ciudad y los llevó consigo y, aunque encadenados, los presentó ante el senado romano vestidos con ropaje de príncipes. Les conminaron para que ofrecieran sacrificios a los dioses y como ellos se negaron, fueron condenados a muerte conduciéndolos al anfiteatro a fin de que fueran devorados por las fieras. Pero claro, como las fieras respetaron a los dos mártires y no los atacaron, fueron decapitados por unos gladiadores.

Sus cuerpos fueron tirados ante una estatua dedicada al dios Sol y al cabo de tres días, fueron recogidos por el diácono Quirino que los sepultó en su casa donde estuvieron muchísimo tiempo. Gracias a una revelación divina, fueron descubiertos, desenterrados y sepultados de nuevo en el cementerio de Ponciano. Como podemos ver, esta “passio” está llena de errores que fácilmente, pueden desmontarse, aunque bien es verdad que sus nombres son reales al igual que la época del martirio y el lugar donde fueron sepultados.

Bustos-relicario de los Santos venerados en Vallespir, Francia.

La “passio” los presenta como personajes persas y que allí habían sido hechos prisioneros por Decio, pero esto es falso, ya que Decio nunca batalló contra los persas ni piso suelo persa. Y dice también esta “passio” que sufrieron martirio en Roma en tiempos del emperador Decio siendo el prefecto de la ciudad Valeriano. Esto tampoco es cierto ya que Valeriano no fue prefecto de Roma en tiempos de Decio. Sin embargo, el hecho de mencionar a ambos si permite fijar la fecha del martirio entre los años 250-258.

Hemos dado por bueno que por sus nombres, eran orientales y aun quizás persas. Pudieron ser dos sátrapas persas que como consecuencia de haber caído en desgracia en su país, o bien por haber sido hechos prisioneros, llegaron a Roma, pero no en tiempos de Decio como hemos dicho, ya que no estuvo allí, sino en tiempos de su predecesor, el emperador Felipe el Árabe (Marcus Iulius Philippus). Si vivieron en Roma pudieron ser ejecutados por su condición de cristianos aunque quizás también por el odio que Decio tenía contra todo aquello que estaba relacionado con su antecesor.
Pero, aunque persas, pudieron no ser príncipes, sino simples obreros, ya que fueron sepultados en el cementerio de Ponciano y este cementerio estaba enclavado en un barrio muy pobre, cercano al puerto de Roma. Pudieron ser obreros portuarios que descargaban las mercancías que llegaban al puerto de Roma.

Sin embargo, analizada la “passio” con rigurosidad y puesta en duda muchas de sus afirmaciones, aun así, en la Lectio III del Oficio de Maitines del día de su festividad, antes de la última reforma litúrgica, se leía lo que la “passio” decía: “Abdon et Sennen Persae, Decio imperatore, accusati quod corpora christianorum, quae inhumata proiiciebantur, in suo praedio sepelissent, iussu imperatoris comprehenduntur et diis iubentur sacrificare. Quod cum facere negligerent et Iesum Christum Deum constantissime praedicarent, traditos in arctam custodiam, Romam postea rediens Decius vinctos duxit in triumpho. Qui cum in Urbe ad simulacra attracti essent, ea detestati conspuerunt. Quam ob rem ursis ac leonibus obiecti sunt; quos ferae non audebant attingere. Demum, gladiis trucidati, colligatis pedibus tracti sunt ante solis simulacrum. Quorum corpora, clam inde asportata, Quirinus diaconus sepelivit in suis aedibus”

Tumba de los Santos en la iglesia de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Esta es la traducción al castellano: “Bajo el imperio de Decio, los persas Abdón y Senén fueron acusados de enterrar en sus propiedades los cuerpos de los cristianos que eran dejados insepultos. Habiendo sido detenidos por orden del emperador, se intentó obligarles a sacrificar a los dioses. Ellos se negaron a hacerlo proclamando enérgicamente la divinidad de Jesucristo, por lo cual, después de haber sido encarcelados, al volver Decio a Roma, los obligó a entrar en ella cargados de cadenas, caminando delante de su carroza. Conducidos por la ciudad, ellos escupieron sobre las estatuas de los dioses. Por eso, fueron echados a los osos y a los leones, que no se atrevieron a tocarles. Finalmente, después de haberlos degollados, arrastraron sus cuerpos atados por los pies y lo pusieron delante de la estatua del Sol. Sus cuerpos fueron retirados secretamente de aquel lugar para darles sepultura en la casa del diácono Quirino”. O sea, la Iglesia, aun litúrgicamente, ha dado por buenas muchas de esas “passios” fabulosas.

Parece que en esta “passio” se inspiró el fresco que existe en las catacumbas de Ponciano sobre la tumba de estos dos santos y que está datado en el siglo VI. En esta pintura aparece Cristo imponiendo una diadema sobre las cabezas de los dos mártires, que llevan barba, visten indumentaria asiática corta y portan un gorro frigio. Sobre este fresco se lee la inscripción: “+ De donis Dei et sanctorum Abdo et Senne Gaudiosus (fecit fieri) +”. Abdón aparece como un hombre maduro, de barba corta y redonda y Senén tiene un aspecto más juvenil y la barba despuntando aun. Estos detalles en los vestidos de los santos, nos dan a entender que en el siglo V se pensaba que eran de origen oriental, pero no concuerdan totalmente con el origen ilustre que les atribuye la “passio”, ya que la túnica recogida dejando las piernas al aire, parece indumentaria de gente humilde.

Sarcófago paleocristiano de los Santos conservado en Arles-sur-Tech, Francia.

En este mismo cementerio también se ha encontrado una lámpara de terracota del siglo V con la imagen de una persona en actitud orante, barbuda, vestida a la manera oriental y que se ha querido identificar con Abdón. Lleva un manto de pieles adornado con piedras preciosas, lo que parece más acorde con el origen ilustre que les atribuye la “passio”, ya que esta dice que ambos mártires se presentaron ante el emperador vestidos como príncipes. Vemos ciertas contradicciones.

Acabadas las persecuciones, pero en un año no determinado, los cuerpos de los dos mártires fueron llevados a una iglesia que estaba construida sobre la catacumba. El “Itinerario de Salzburgo” lo indica cuando aconseja a los peregrinos que, después de visitar la catacumba, suban a la iglesia, donde descansan los santos, o sea, que los peregrinos que durante la Edad Media visitaban la vía Portuense ya entraban en la basílica donde, posteriormente, descansaban los cuerpos de estos dos mártires. La “Notitia Ecclesiarum urbis Romae” afirma que esta basílica era relativamente grande y a la misma se refiere el “Liber Pontificalis” diciendo que fue restaurada por los Papas Adriano I y Nicolás I. Con posterioridad, en el año 826, el Papa Gregorio IV llevó los cuerpos de los dos mártires a la iglesia de San Marcos Papa.

En el año 1948 dentro del arca de granito que estaba bajo el altar mayor de esta iglesia, se encontró una gran caja de ciprés con muchas reliquias y un pergamino del año 1474 describiendo la deposición de las reliquias de San Marcos Papa, de los santos Abdón y Senén, mártires, de San Restituto mártir y algunas otras reliquias. Esta “depositio” en este arca, había sido realizada por el cardenal Marcos Barbo, patriarca de Aquileya y titular de dicha basílica en tiempos del Papa Sixto IV.
Trabajos de excavación realizados en esta basílica en el siglo pasado, pusieron al descubierto el arca de granito al que hemos hecho referencia y en ella, los restos de los dos santos envueltos en ricas telas. Esta arca, que aparece en una de las fotos del artículo, se encuentra en esta basílica en el altar a ellos dedicado.

Conjunto escultórico de los Santos venerado en Benimaclet, Valencia (España).

Se sabe que en la Edad Media, una parte de las reliquias de estos dos santos fueron llevadas al monasterio de Nuestra Señora de Arles-sur-Tech (Francia), perteneciente a la diócesis de Perpignan que los venera como sus santos patronos. Reliquias menores existen otras localidades como Venecia (Italia) o Sagunto (Valencia).

En el catálogo de las iglesias de Roma redactado por orden de San Pío V, se hace mención de una iglesia dedicada a los Santos Abdón y Senén que presumiblemente estaba situada en el lugar donde sufrieron el martirio, o sea, donde estaba el Coloso de Nerón y entre el Anfiteatro Flavio y el Templo de Venus. Esta iglesia fue destruida a finales del siglo XVI.

Antonio Barrero

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