San Abel, hijo de Adán y Eva

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Historia de Caín y Abel. Placa de marfil paleocristiana. Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Pregunta: Hace unos meses escribíais en ese blog un artículo sobre San Adán y la verdad es que me quedé sorprendido porque no consideraba que fuese tenido como santo y cómo la misma Biblia pone como ejemplo de hombre bueno a su hijo Abel, me pregunto, ¿se venerará también a San Abel?; porque la verdad es que conozco a algunas personas que tienen ese nombre. España.

Respuesta: La verdad es que existen en el santoral varios santos con ese nombre: Abel de Mesopotamia, Abel de Imleach-Fiach, Abel arzobispo de Reims y algún otro, pero es verdad que al segundo hijo de Adán también se le venera como santo, por lo que, aunque poco, algo si podemos decir de él. Su nombre en hebreo es Hebhel, es el segundo hijo de Adán y Eva y fue matado a causa de los celos de su hermano mayor, Caín.

Desde el punto de vista etimológico, su nombre que en un principio digamos venía del hebreo y que significa ¡vanidad!, hoy, comúnmente se le relaciona con el nombre acádico Ablu, que a su vez deriva del sumerio Ibila, que significa “hijo” y así es presentado por el autor del Génesis: Moisés.
Se dice en el libro sagrado que Abel era un pastor de ovejas, que escogía a las mejores de su rebaño, para ofrecerlas a Dios como sacrificio, demostrando así su fe y su religiosidad. Esto agradaba a Dios que aceptaba benevolentemente sus servicios, mientras que por el contrario, rechazaba los de Caín, pues su intención era bien distinta.

Caín, creyéndose pospuesto por su hermano Abel, tuvo envidia, ira y odio contra su hermano y desafiando la advertencia de Dios, lo mató. El tema de si un hermano menor es preferido al hermano mayor, aparece varias veces en el Génesis. Recordemos a Isaac preferido a Ismael que era el mayor, Jacob preferido a Esaú, Efraim preferido a Manasés y algún otro caso más. Lo normal era que el mayor fuera el hijo predilecto, “el heredero” como aun sucede en algunas zonas de determinados países en las que todos los hijos no son considerados iguales.

Caín matando a Abel. Lienzo de Jacopo Comin, "Il Tintoretto" (1551). Galleria dell'Accademia, Venezia (Italia).

De forma dramática habla el Génesis de él: “El hombre se unión a Eva, su mujer y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: “He procreado un varón con la ayuda del Señor”. Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín; Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor. Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. El Señor le dijo: “¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo”. Caín dijo a su hermano Abel: “Vamos afuera”. Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. “No lo sé”, respondió Caín. “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”. Pero el Señor le replicó: “¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo”. Caín respondió al Señor: “Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo. Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará”. “Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces”. Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo. Luego Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir a la región de Nod, al este de Edén”. (Génesis, 4, 1-16) Así, Abel aparece como la primera víctima inocente.

Cristo, conforme narra San Mateo en su evangelio, le rinde honor llamándole “justo”:“…para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar”. (Mateo, 23, 35) y San Pablo, en su Epístola a los Hebreos dice que él dio testimonio de ser justo por la fe: “Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que Caín; por ella fue declarado justo con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas y por ella, aun muerto, habla todavía”. (Hebreos, 11, 4). Esta fe daba valor a los sacrificios que él ofrecía, siendo también la verdadera causa de su muerte: “Y por ella, aun muerto, habla todavía”.

Historia de Caín y Abel, detalle del asesinato de Abel. Lorenzo Ghiberti, panel original de las puertas del Baptisterio de Florencia. Museo de l'Opera del Duomo, Firenze (Italia).

Del texto del Génesis que antes hemos mencionado, se puede sacar la conclusión de que Abel selló su fe con su propia sangre, luego podría ser considerado como un mártir.
También San Juan dice que el maligno Caín mató a Abel porque sus obras eran justas: “No hagamos como Caín, que era el maligno y que mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas y las de su hermano, en cambio, eran justas” (1ª Epístola de San Juan, 3, 12).
Los Santos Padres, fundándose en este siguiente texto de la Carta a los Hebreos, además de considerarlo como un mártir, dicen que sirve de ejemplo como modelo, figura, anterior a Cristo:”…a Jesús el Mediador del nuevo pacto y a su sangre derramada, que habla mejor que la de Abel”. (Hebreos 12, 24). La sangre de Cristo clama más que la de Abel porque no es el producto de una venganza para matarlo, sino que implora el perdón para todos. (“Contra secundam Iuliani responsionem imperfectum opus”, San Agustín).

En la liturgia romana, en el Canon de la Misa, se recuerda el sacrificio del justo Abel, así como a Abraham y a Melquisedeq y en las letanías de los agonizantes es el primer protector al que se le invoca; sin embargo, como tal santo, no aparece en el Martirologio Romano. Existe una curiosa tradición aceptada por San Jerónimo en la que se dice que la muerte de Abel ocurrió en el lugar donde posteriormente se construiría la ciudad de Damasco. De hecho, su presunto cenotafio se encuentra en una mezquita siria situada en El Valle del Baqa’a.

La imagen de Abel ofreciendo sus dones a Dios es un tema recurrente y frecuente en los sarcófagos paleocristianos de los siglos III y IV, tanto en las Galias como en Roma: El Louvre, Arlés, Museo Lateranense, etc.
De los siglos VI y VII son las obras bizantinas existentes en Ravenna (Italia) donde también se representan las ofrendas de Caín y de Abel: relacionándola con el sacrificio de Melquisedeq (en la iglesia de San Vidal) y con el sacrificio de Isaac (en la iglesia de San Apolinar in Classe), siempre relacionándolas en última instancia con el sacrificio de Cristo.
En la Alta Edad Media se pierde todo el interés, aunque esporádicamente se encuentran algunos códices manuscritos, como por ejemplo, el Códice Vaticano de Cosme Indicopleuste.

En Oriente se representa a Abel junto a Adán y Eva en los iconos de la “Anastasis”, según un prototipo de iconografía que tiene sus orígenes en el siglo XI.
Este sacrificio de Abel es también representado en los capiteles de algunas catedrales románicas, en los pórticos de las mismas, así como en algunas puertas de bronce: Catedral de Modena, monasterio de Ripoll en Cataluña, en San Savino de Poitou, en San Zeno de Verona, etc. en mosaicos y pinturas en San Marcos de Venecia y en la catedral de Palermo, en la capilla palatina de la catedral de Monreale, etc.
En el barroco, este tema es representado con “otro espíritu”, acentuando el elemento patético, como por ejemplo lo hace Tintoretto o Guercino.

Cenotafio de Abel. Valle de Baqa'a (Siria).

Para hacer este artículo hemos utilizado los trabajos del doctor Teófilo García de Orbiso, fraile capuchino profesor de Exégesis Bíblica en la Pontificia Universidad Lateranense y del doctor Renato Aprile, doctor de Historia del Arte del Liceo Clásico “Nazareno” de Roma.

Antonio Barrero

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