San Abrahán, Patriarca del Antiguo Testamento

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El patriarca Abrahán con su progenie, Isaac e Ismael. Collage contemporáneo.

Pregunta: Cuando hace un mes leí el artículo sobre San Adán y leí que con  ese artículo iba a iniciarse una serie en la que se hablaría de los santos del Antiguo Testamente, supuse que también habría un artículo sobre el padre de las religiones del Libro, nuestro Padre Abrahán. Por favor, escribid sobre él. Palestina.

Respuesta: Ante todo quiero mostrar todo mi afecto y solidaridad a vuestra justa causa por conseguir un Estado Palestino donde podáis convivir todos los que os consideráis hijos de Abrahán. En efecto, teníamos previsto hablar del Padre de las tres religiones monoteístas, religiones que tienen en él sus orígenes y con mucho gusto lo hacemos hoy, aunque hayas tenido que esperar algún tiempo, o sea, más de un mes. Sin embargo, sabes que una pequeña reseña te la enviamos inmediatamente que nos hiciste la pregunta.

Lo que dicen las Escrituras:

Según el Libro de Josué (Jos., 24, 2) Abrahán era de una familia idólatra, pero Dios le reveló que sería el padre de una nueva nación que daría culto al Dios verdadero. Abrahán habitaba en la tierra de Ur (Mesopotamia) junto con su familia y su ganado y fue llamado por el Señor: “Yahvé dijo a Abrahán: vete de tu tierra y de tu familia y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una gran nación, te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás bendito. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan y en ti, serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis, 12, 1-3). Esta era la promesa de que de la descendencia de Abrahán saldría el Mesías que salvaría a Israel.

Abrahán, con setenta y cinco años de edad, lo dejo todo y marchó al norte junto con su mujer Sara y su sobrino Lot, con sus ganados y con sus criados; partió hacia un lugar desconocido, acompañado de su esposa estéril, abandonándolo todo solo porque Dios se lo había pedido. La salvación de la humanidad dependió de la fe de Abrahán, por lo que es un modelo de santidad y el gran padre de las tres religiones monoteístas.

Acerca de su personalidad, de su aspecto físico, nada se sabe; solo se conoce su absoluta fe y obediencia a Dios. Sabemos que era benevolente al evitar un litigio entre su sobrino y unos pastores (leer el capítulo 13 del Génesis); ambos se separaron, marchando Lot  hacia el sur y Abrahán hacia la región de Hebrón. Encontró a Melquisedeq, rey de Salem y sacerdote y ofrecieron a Dios un sacrificio. (A fin de no hacer demasiado extenso este artículo aconsejo leer los capítulos del 13 al 25 del Génesis). “Yo soy tu escudo y tu recompensa será grande” le dice Yahvé (Génesis, 15, 1) y Dios hizo un pacto con Abrahán (la circuncisión de todos los varones)  prometiéndole una gran descendencia aunque su mujer era estéril. (Génesis, 17, 9-27).

Abrahán en el encinar de Mambre. Mosaico paleocristiano del siglo V. Iglesia de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Pero Sara no tenía la fe de Abrahán y viendo que pasaba el tiempo y que no quedaba embarazada, le permitió que dejara en estado a su esclava Agar, pues según era costumbre en aquel tiempo, el hijo de la esclava sería considerado como el hijo de la esposa; y así nació Ismael (Génesis, 16, 1-15), aunque éste no era el predestinado por Dios cuando hizo el pacto con Abrahán.

Yahvé se le apareció en el encinar de Mambre estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró y vio a tres varones que estaban junto a él… y postrándose lo adoró” (Génesis, 18, 1-2). ¡Vio a tres y adoró a uno! Para la Iglesia Ortodoxa esta es la representación pictórica más genuina de la Santísima Trinidad. Abrahán los acogió, alimentó y hospedó. Fue entonces cuando Dios prometió que Sara daría un hijo a Abrahán (Génesis, 18, 9-15). Desde allí, Abrahán se fue al Negheb y con cien años de edad tuvo a su hijo Isaac, el heredero de la promesa divina. Posteriormente acontece la expulsión de Ismael y su madre y la gran prueba a la que lo somete Dios al exigirle el sacrificio de su hijo Isaac. ¡Cómo se podría cumplir la promesa de Dios si tenía que sacrificar a su hijo! No lo duda, se pone en camino y se dispone a sacrificarlo. Un ángel le agarra el brazo y Abrahán sacrifica a Dios un carnero encontrado en el lugar (Génesis, 22, 1-14). “Y llamó el ángel de Yahvé a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: Por mí mismo he jurado, dice Yahvé, que por haber hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo, ciertamente te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar y tu descendencia poseerá las puertas de tus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis, 22, 15-18).

Abrahán murió con ciento setenta y cinco años y murió en buena vejez, anciano y lleno de años y fue unido a su pueblo. Y sus hijos, Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelah, en la heredad de Efrén, hijo de Zohar… allí fue sepultado Abrahán y Sara, su mujer” (Génesis, 25, 7-10).

En el resto del Antiguo y en el Nuevo Testamento se hace referencia a él en numerosas ocasiones: es el padre de Israel y de todos los creyentes; es el siervo de Dios, padre de una innumerable descendencia. Frente a la maldición originada por Adán, Abrahán es un nuevo foco de justicia y de bendición, de vida y de paternidad asociada a la fe y a la obediencia a Dios. Con su descendencia, Yahvé podrá salvar al género humano, se podrá fundar el “pueblo de Dios”. (Romanos, 4, 18).

El sacrificio de Isaac. Fresco en una iglesia etíope.

Es el siervo de Dios, el amigo de Dios (Exodo, 32, 13 y Deuteronomio, 9, 17) y Yahvé será “el Dios de Abrahán”. Esta expresión que proviene de la misma boca de Dios aparece en innumerables ocasiones en las Sagradas Escrituras y Yahvé es el Dios de Abrahán porque se ha ligado a él con un sagrado juramento, con un solemne pacto. En la historia de la salvación, Abrahán es como los cimientos del edificio. El mismo Cristo, refiriéndose a su Padre, lo llama como el Dios de Abrahán (Mateos, 12, 26; Mateo, 22, 32…) El Dios de Abrahán es el único y verdadero Dios.

Abrahán en la tradición judía:

Tanto los judíos como los cristianos y musulmanes celebramos la santidad de Abrahán. El Islam verá en él el campeón del monoteísmo, los cristianos occidentales destacaremos de él su fe y en oriente, los cristianos destacarán su caridad.

La tradición judía proviene del Antiguo Testamento; es el primero y el prototipo de los patriarcas, es el siervo de Dios, el verdadero padre de Israel y que a partir de él, Dios trata al mundo con indulgencia. Nace en un ambiente pagano pero comprende la verdad del monoteísmo y renuncia a los dioses de sus padres y por esto, Nemrod lo mete dentro de un horno ardiendo del que es liberado por el Dios verdadero. El cumple todas las leyes que con posterioridad serán dadas al pueblo de Israel por lo que son benditos todos los que se relacionan con él. Todo esto y más aparece en determinados apócrifos judíos, como “las migraciones de Abrahán”, “Libro de los jubileos”, “Apocalipsis de Abrahán”, “Testamento de Abrahán”, etc.

Abrahán es para los judíos el prototipo perfecto de la verdadera piedad, ejemplo de amor a Dios, ejemplo de fe, confianza y perseverancia en Dios. En la liturgia judía ellos celebran la llamada “prueba suprema”: “En el año séptimo… se oyeron voces en el cielo sobre Abrahán y como él fue fiel en todo lo que se le comunicó y como amaba al Señor, fue preservado de toda aflicción. Y el príncipe Mastema vino y dijo delante de Dios: “He aquí que Abrahán ama a Isaac su hijo pero invitado a ofrecerlo en holocausto sobre el altar se comprobó que cumpliría dicha orden….” El Señor sabía que él le era fiel en todas las pruebas…, que su alma nunca estaba impaciente ni había sido lento porque era fiel y amaba al Señor” (Libro de los jubileos). “Finalmente, Abrahán da la bienvenida a los muertos en el más allá y libera a sus hijos, los judíos, del infierno”. Recordad el llamado “seno de Abrahán” a donde bajó Cristo para liberar a los justos del Antiguo Testamento.

Tumba de Abrahán en Hebrón, Palestina.


Abrahán en la tradición cristiana y en el culto:

Desde los primeros siglos, la figura de Abrahán era muy familiar para todos los cristianos, ya que ellos se alimentaban de las Escrituras. La misma iniciación al catecumenado comenzaba con el estudio de la historia de los patriarcas y así, se siguió con la tradición judía de enaltecer su virtud y su santidad, ya que era el padre de todos los creyentes. Era un modelo de hombre religioso que adoraba a un solo Dios. San Pablo, en sus epístolas a los Hebreos y a los Romanos lo presenta como modelo de creyente y lo mismo hacen San Ireneo, San Ambrosio, San Clemente de Alejandría y San Agustín. San Ambrosio destaca su devoción y su hospitalidad. En Oriente lo presentaban también como modelo de vida ascética. Abandonó a su patria, a su familia, a todo por obedecer a Dios aun en el acto supremo del sacrificio de Isaac. Esto no solo fue un acto de fe; también fue un acto heroico de virtud. Es el modelo del amor espiritual que prevalece sobre el amor de la carne.

La liturgia cristiana lo celebra a partir del siglo IX, cuando su nombre aparece en los martirologios de Adón, de Usuardo y en el Romano, donde se le recuerda el día 9 de octubre. Desde el tiempo del Papa San Dámaso se hace mención a él en el canon de la Misa. Es mencionado también en las oraciones de la recomendación del alma. Los coptos lo festejan el 28 de marzo, los sirios el 20 de enero, así como el 31 de agosto en la llamada fiesta de los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, fiesta que desde Siria se propagó a Egipto.

Los Carmelitas tienen un Oficio en su honor y el Papa Paulo V concedió a la Congregación del Oratorio un Oficio y Misa propios para el día 12 de octubre. La antífona de las primeras Vísperas del Domingo de Quincuagésima nos lo recuerda: “Pater fidei nostrae, Abraham summus, obtulit holocaustum super altare pro filio” y en el Pontifical Romano del siglo XII se le denomina “seminario de nuestra fe”. Asimismo, en Occidente, son conmemorados en los ritos ambrosiano y mozárabe. Tanto en las liturgias orientales como en las occidentales, normalmente en los funerales se ruega para que el difunto sea acogido “en el seno de Abrahán”, siendo el origen de estas invocaciones un antiquísimo texto que dice: “In sinu Abrahae collocati, partem in prima resurrectione habeant”.

Tumba de Abrahán en Hebrón, Palestina.

Abrahán en el Islam:

El Islam, que es la tercera religión monoteísta, le da a Abrahán un puesto muy notable. Los musulmanes ponen al cristianismo bajo el nombre de Jesús y al judaísmo, bajo el nombre de Moisés, reservándose para ellos, para su religión, que es la religión de Abrahán. En el Corán hay veinticinco suras dedicadas al santo patriarca (en más de doscientos cincuenta versículos, Abrahán es mencionado sesenta y nueve veces), por lo que no es difícil comprender como para el Islam, Abrahán es un profeta, es un monoteísta que destruye a los ídolos falsos, está en continua peregrinación hacia el verdadero y único Dios, le ofrece el sacrificio de su hijo Isaac y transmite a la descendencia de Ismael la fe verdadera: el Islán y el culto para perpetuarla; es el fundador de la Ka’ba y de la peregrinación sagrada.

Los musulmanes celebran especialmente la hospitalidad de Abrahán, adornando y enriqueciendo las tradiciones y las leyendas judeo-cristianas. Abrahán fue el primer hombre a quién se le pusieron blancos los cabellos y esto es señal de modestia, de inteligencia, de amor. Asocian a Abrahán con Mahoma: “Oh Dios nuestro, ruega por Mahoma y los suyos como Tú has orado por Abrahán y su descendencia. Bendice a Mahoma y su descendencia como Tú has bendecido a Abrahán y los suyos”. Esta oración la canta el muecín en las cinco plegarias del día y es también entonada en los funerales.

Abrahán en la arqueología y en el arte:

La arqueología moderna nos ha mostrado los lugares donde ocurrieron los principales episodios de la vida de Abrahán. Se ha localizado el encinar de Mambre cerca de Beth-sûr; ese es el lugar donde Abrahán recibió la visita de los tres ángeles que, para los ortodoxos, son la representación de las Tres Divinas Personas. Se ha localizado también el monte Moriyyah, cercano a Jerusalén y que es el lugar del sacrificio de Isaac y las tumbas de Abrahán, Sara, Isaac y Jacob en Hebrón. En Mambre ya Constantino construyó una basílica y Sozomeno  (Historia Eclesiástica, II) dice que en aquel lugar, anualmente, se celebraba una fiesta en la que confraternizaban cristianos, judíos y árabes.

Tumba de Abrahán en Hebrón (Palestina).

En el arte, Abrahán es representado en las catacumbas desde los primeros siglos, siempre en actitud orante, con los cabellos canos siguiendo la antigua tradición de que fue el primer hombre cano de la historia. A veces se le representa en la escena del sacrificio de Isaac; otras, junto a una paloma que simboliza el pacto hecho con Dios e incluso junto a una mano que sale de entre las nubes y que manifiestan su familiaridad con la divinidad.

No voy a entrar en detalles sobre su iconografía a lo largo de la historia, porque no es lo mío y porque haría interminable el artículo; asimismo tampoco entraré en lo que sobre Abrahán se ha escrito a lo largo de los siglos: la llamada “literatura de Abrahán”.

Antonio Barrero

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