Contestando a algunas breves preguntas (XXIV)

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Detalle del sepulcro de la condesa doña Sancha de Aragón.

Detalle del sepulcro de la condesa doña Sancha de Aragón.

Pregunta: ¿Es verdad que en la Edad Media una mujer estuvo al frente de una diócesis en el norte de España?

Respuesta: Pues sí que es cierto. Estamos hablando de Sancha de Aragón, que era conocida como la condesa Doña Sancha, que dirigió el monasterio masculino de Siresa y que llegó a gobernar la diócesis de Pamplona entre los años 1082-1083, desplazando a su hermano, el obispo García, saltándose todas las leyes canónicas. En un escrito del año 1082 se dice: “in sede episcopale Iruniensis cometissa domna Sancia in conmendatione” y esto ocurrió probablemente porque su hermano, el rey Sancho Ramírez, a instancias del, Papa a quien prestaba vasallaje desde que en el año 1068 viajara a Roma, promovía la sustitución del rito hispano-mozárabe por el romano, con el apoyo de la condesa Sancha, pero su hermano García, que era obispo de Aragón y Pamplona, se mostraba resistente a adoptar las disposiciones papales. Así que ella desplazó a su hermano. O sea, dirigió un monasterio masculino y una diócesis.

Pregunta: ¿Podríais darme alguna información sobre el santo sudario que se venera en la ciudad francesa de Cahors?

Respuesta: Supongo que sabes que en España, concretamente en la ciudad de Oviedo, se venera el presunto sudario que cubrió la cabeza del cadáver de Cristo. De este tema ya hemos escrito algo en este blog. Pero es verdad que en Cahors se venera también otro presunto sudario de Cristo y de éste te daremos algunos datos.

Se venera en la catedral de San Martín de la ciudad de Cahors y tiene manchas de sangre en la tela, que es de lino blanco procedente de Egipto. La tradición dice que la Santísima Virgen entregó este sudario a la primitiva Iglesia de Jerusalén y que de allí pasó a Constantinopla. Existe un escrito de finales del siglo XII, firmado por Nicolás Mesarites, que era el sacristán de la capilla palatina de la Virgen de la Luz, en el que afirma que dicho sudario se encontraba allí. Sigue diciendo la tradición que la emperatriz Irene – otros dicen que el sultán Harun al-Rashid -, se lo regaló al emperador Carlomagno, quién a su vez se lo dio al obispo Amato de Cahors. Todo esto es tradición, porque en realidad no existe ninguna fuente histórica anterior al siglo XIII en la que se haga referencia a esta reliquia y es que en el año 1239, este sudario junto con otras muchas reliquias fueron robados por los cruzados, quienes las dejaron en distintas ciudades europeas: italianas, francesas y alemanas.

Relicario del Sudario de Cahors.

Relicario del Sudario de Cahors.

El sudario tiene forma de gorro, que debió cubrir la cabeza del cadáver, dejando el rostro al descubierto y amarrándose ambos extremos a la parte inferior de la mandíbula a fin de mantener la boca cerrada. Las manchas de sangre, algunas de ellas muy pequeñas y que se atribuyen a heridas producidas por la corona de espinas, también sugieren que el sudario estaba bien atado a la cabeza. Desde el año 1899 está dentro de un relicario. Mi opinión es que las manchas de sangre de este sudario, al igual que las del que se venera en Oviedo, deberían compararse con las de la Sábana Santa de Turín a fin de saber algo más sobre su autenticidad. Se dice que tiene propiedades curativas (especialmente se le invoca contra las enfermedades de la vista) y que ha protegido a Cahors de una epidemia de peste.

Pregunta: Me da gusto la amabilidad de su página y sobre todo la sinceridad con la que contestan cualquier comentario a las preguntas que se les formulen. Mi pregunta es la siguiente: ¿Cómo puedo ayudar a los niños Tarsicios e Ineses en su formación? Actualizada en base a la nueva evangelización, me gustaría que me apoyen con temas para niños y niñas de nueve a trece años de edad y como ayudarlos a mejorar sus vigilias.

Respuesta: Esta respuesta viene dada por nuestro colaborador y amigo David Jiménez Chávez. Imaginamos que pide usted material para la adoración de niños. En Internet hay cosas. Hay una experiencia en Burgos que empezó el año pasado con un grupito diocesano que va bastante bien y ha crecido mucho. Ha sido la “sensación” eucarística junto con la adoración perpetua de mayores. Aquí le enviamos adjuntada una noticia que salió en la revista Alfa y Omega, por si le sirve y le da ideas, porque es un artículo largo.

En cuanto a material, no sé cómo los Tarsicios plantearán sus adoraciones, aquí en Burgos, el esquema de celebración que se siguió con los niños es el siguiente:
1. Ensayo previo de canciones. Hay que preparar a los niños para el silencio de la celebración. 
2. Canto de entrada. Siempre muy alegre y mejor con coreografía, bailes, etc.
3. El sacerdote entra y saluda a todos.
4. Se lee un evangelio adecuado a la edad de los niños relacionado con el tiempo en el que se esté (una madre puede hacerlo). Siempre muy claro y bien leído.
5. Explicación por parte del sacerdote o bien por alguien del equipo de responsables.
6. Exposición del Santísimo con un canto de niños. Hay muchos adecuados.
7. Rato de silencio (no más de 15 minutos porque se cansan si es más).
8. Dinámica relacionada con el Evangelio. Si por ejemplo estamos en Cuaresma hacemos una cadena de papel y cada niño rompe un eslabón y proclama que quiere romper con el pecado y no ser esclavo. Cada juego o dinámica se prepara en una reunión previa del equipo organizador.
9. Terminada la dinámica se canta de nuevo.
10. Los niños se ponen en fila. Se da la bendición con el Santísimo a cada niño individualmente. Suele ser muy emocionante. 
11. Se reserva el Santísimo. Canto
12. Final: Padrenuestro cogidos de la mano.
13. Nos despedimos del Señor dándole besos desde lejos y diciéndole adiós.

Congregación de los niños Tarcisios (1940).

Congregación de los niños Tarcisios (1940).

Esto es lo que se hace en las celebraciones en Burgos, que suelen ser mensuales. También como refuerzo se envía un e-mail mensual a cada niño con oraciones, tema del mes, vida de santos niños, cantos o enlaces de Internet adecuados como vídeos o así. En junio se participa de la procesión del Corpus diocesana y se hace una propia sólo con niños muy bonita.

Hay vídeos muy bonitos, como los de la casita sobre la roca, por ejemplo éste. Hay muchos capítulos. Solemos mandar siempre un enlace cada mes con un capítulo distinto. De aquí sacamos información para la vida de santos niños. Otro esquema de celebración es éste. O bien, que me gusta menos, éste.

Bueno, información y material hay mucho. Si necesita algo en concreto, pídalo porque no nos queda claro del todo qué es lo que quiere en concreto. Actualizadas hay cosas, pero depende de cómo quiera plantear su grupo. Saludos. No sé si hemos contestado a lo que quiere. Diga si quiere algo más concreto, no tan general.

Icono ortodoxo ruso de Santa Eutropia Jerzon.

Icono ortodoxo ruso de Santa Eutropia Jerzon.

Pregunta: Hola, disculpen. He buscado por Internet y espero que aquí puedan resolver mi pregunta. ¿Cómo se inicia el proceso y como se celebra una misa de canonización en la Iglesia Ortodoxa?

Respuesta: La Iglesia Ortodoxa tiene unas normas diferentes a la Iglesia Romana para la canonización de los santos. En la ortodoxia no hay beatos ni otros modos diferentes de veneración. La Iglesia considera que aquella persona que ha sido santificada es sencillamente un santo sin más categorías.

Las canonizaciones en la Iglesia Latina se realiza con grandes rituales que van precedidos de la realización de milagros, pero esto no sucede en la Iglesia Oriental. En la ortodoxia el santo nace de la devoción popular (igual que en la Iglesia Romana), se pintan iconos que se utilizan en la devoción particular y de ahí nace el interés o la propuesta a la jerarquía diocesana que inicia el proceso de canonización mediante la investigación correspondiente (igual que hace Roma), pero sin la obligación de la realización de milagros. Si la vida ha sido santa, si su obra oral y escrita es toda en sí un signo de santidad (y en esto la Iglesia Ortodoxa es muy severa), la petición se eleva al Santo Sínodo que la revisa de nuevo como una segunda instancia y, si procede, pasa a su canonización. La canonización se realiza en una asamblea del Santo Sínodo mediante decreto oficial en el que se declara su santidad, se fija día en el calendario litúrgico y demás detalles correspondientes a un santo.

A partir de ahí, se devuelve a la iglesia diocesana y corresponde a esta iglesia local una celebración de acción de gracias, pero no de canonización. Por lo tanto, la Liturgia celebrada en la iglesia local no es una canonización y corresponde al obispo ordinario del lugar su organización y celebración.

Reliquias de Santa Eutropia Jerzon expuestas a la veneración.

Reliquias de Santa Eutropia Jerzon expuestas a la veneración.

El oficio completo se canta ese día desde las Vísperas, en las que son expuestas por primera vez las reliquias del santo para su veneración. A la mañana del día siguiente, durante los Maitines se canta por primera vez el tropario y el condaquio del santo y se expone el icono del mismo para su veneración. En la Liturgia, si no se ha hecho ya en las Vísperas, se lee el decreto del Santo Sínodo y al finalizar la misma, se suele realizar una procesión alrededor de la iglesia con el icono y con las reliquias. Este decreto patriarcal se comunica a los demás patriarcados e iglesias autocéfalas. Así se concluye el proceso que se inició con la veneración local del santo.

Antonio Barrero

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Santos y las Cuarenta Horas

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Estampa devocional del Beato Juan Juvenal Ancina en adoración eucarística.

Estampa devocional del Beato Juan Juvenal Ancina en adoración eucarística.

Introducción
Cuando, antes del Concilio, no existía todavía la misa vespertina, en las iglesias, por la tarde, tenía lugar la llamada “función”: rosario, exposición del Santísimo, bendición eucarística. La vida de las parroquias se marcaba todos los días en este momento de adoración. Pero el culto eucarístico durante el curso del año llegaba a su culminación con la celebración de las “Cuarenta Horas”.

Los orígenes de las Cuarenta Horas se ubican en Milán, en el decenio entre 1527 y 1537. Era habitual antes que se dieran formas de oración y ayuno practicadas sobre todo durante la Semana Santa, de jueves a sábado, en recuerdo de las cuarentas horas transcurridas por Jesús en el sepulcro, según un cálculo que se atribuye a San Agustín. Pero en los años del terrible “Sacco” de Roma, bajo la amenaza de la guerra y de la peste, estas prácticas fueron celebradas también en otros momentos del año, hasta que en 1534 el eremita fray Buono de Cremona solicitó y obtuvo la autorización de unir a la oración de las Cuarenta Horas la exposición ininterrumpida del Santísimo. Tres años después, la idea fue retomada por San Antonio María Zaccaria, fundador de los Barnabitas, que propuso exponer de este modo la Eucarística en la catedral y después, por turnos, en todas las iglesias de Milán. La aprobación del Papa Pablo III, con el breve del 28 de agosto de 1537, tuvo el efecto de propagar rápidamente la práctica en toda Italia, sobre todo gracias al trabajo de los capuchinos, primero, y después de los pontífices, hasta la encíclica Graves et diuturnae con la cual Clemente VIII, en 1592, exhortó al pueblo a celebrarla en todas las iglesias de la ciudad para conjurar las guerras de religión que entonces campaban en Francia. La voluntad de hacerlo lo más solemne y festivo posible llevo a la realización de auténticas “escenografías” proyectadas para la exposición del Santísimo, que tuvieron no poca influencia para el posterior desarrollo del arte barroco.

Desde Italia, las Cuarenta Horas se difundieron rápidamente en toda Europa, para llegar hasta los Estados unidos a mediados de 1800. La tradición se ha mantenido viva hasta la segunda posguerra y los años del Concilio, perdiendo importancia pero sin desaparecer del todo.

Estampa devocional del Siervo de Dios Inocencio Marcinnò de Caltagirone.

Estampa devocional del Siervo de Dios Inocencio Marcinnò de Caltagirone.

“Recuerdo todavía con emoción, dice el cardenal Angelini, cuando estaba en el Seminario romano e íbamos con los compañeros a las Cuarenta Horas en San Juan, asegurando sobre todo los turnos de adoración nocturna. Las Cuarenta Horas eran uno de los momentos centrales en la vida espiritual de la gente, y eran como una prolongación más solemne de la “función” vespertina cotidiana. Estas celebraciones eran como un iceberg, del cual eran punta elevada de espiritualidad, también popular, muy popular; se podían encontrar fácilmente personas incultas, mas no ignorantes. Mi madre, por ejemplo, que ciertamente nada sabía de teología, pero razonaba mucho conmigo. Todas las tardes, en las parroquias de Roma, cuando sonaban las campanas en la bendición, ella me decía: “¡Ahora Él se muestra!”. Y se quedaba quieta, hiciese lo que estuviese haciendo”. “Sería hermoso retomar hoy las Cuarenta Horas”, añade el cardenal Angelini, “y que los obispos las mantuvieran. En realidad se siente la necesidad de tener, en nuestras ciudades ruidosas, un oasis de espiritualidad” (Giovanni Ricciardi).

Los Santos y las Santas de las Cuarenta Horas

San Antonio María Zaccaria
religioso, sacerdote y fundador
Cremona, 1502 – Cremona, 5 julio 1539

Martirologio Romano, 5 julio: San Antonio María Zaccaria, sacerdote, que fundó la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo o Barnabitas con la intención de renovar la vida de los fieles y que en Cremona, en Lombardía, retornó al Salvador.

A él se deben las Cuarenta Horas públicas, con exposición del Santísimo Sacramento, y los toques de campana todos los viernes a las 15 h, que recuerdan la hora de la muerte de Cristo.

Estampa devocional de San Antonio María Zaccaria.

Estampa devocional de San Antonio María Zaccaria.

San Juan Leonardi
farmacéutico, sacerdote y fundador
Diecimo, Lucca, 1541 – Roma, 9 octubre 1609

Martirologio Romano, 9 octubre: San Juan Leonardi, sacerdote, que en Lucca abandonó la profesión de farmacéutico que ejercía para convertirse en sacerdote. Fundó allí la Orden de los Clérigos Regulares, dicha de la Madre de Dios, para la enseñanza de la doctrina cristiana a los muchachos, la renovación de la vida apostólica del clero y la difusión de la fe cristiana en todo el mundo, y por ello debió afrontar muchas tribulaciones. Puso en Roma los fundamentos del Colegio de Propaganda Fide y murió en paz en esta ciudad, agotado por el peso de sus fatigas. En Lucca impuso la promoción de la práctica de las Cuarenta Horas y de la comunión frecuente.

San Ciríaco Elías Chavara
religioso, sacerdote, cofundador
Kainakari (Kerala), 8 febrero 1805 – Konammavu, 3 enero 1871

Martirologio Romano, 3 enero: En el monasterio de Mannemamy en Kerala, India, San Ciríaco Elías Chavara, sacerdote, fundador de la Congregación de los Carmelitas de María Inmaculada.

Fue el primero en instituir en Kerala la adoración de las Cuarenta Horas.

San Francisco Caracciolo
sacerdote y fundador
Villa S. Maria, Chieti, 13 octubre 1563 – Agnone, Isernia, 4 junio 1608

Martirologio Romano, 4 junio: En Agnone de Molise, San Francisco Caracciolo, sacerdote, que, movido por una admirable caridad hacia Dios y el prójimo, fundó la Congregación de los Clérigos Regulares Menores.

Para promover el culto de la Eucaristía, estableció que los alumnos de su Orden, cada día y por turnos, se juntaran para adorar el Santísimo Sacramento. Quiso que este pío ejercicio fuera su principal distintivo. No dejaba nunca de exhortar a los sacerdotes a celebrar cada día la Misa y a los fieles a que comulgaran frecuentemente; de promover la exposición del Santísimo Sacramento en forma de Cuarenta Horas cada primer domingo de mes. Por su piedad eucarística los obispos de los Abruzzos lo nombraron protector del movimiento eucarístico de su región.

Estampa devocional de San Francisco Caracciolo. Óleo de Missori.

Estampa devocional de San Francisco Caracciolo. Óleo de Missori.

Beato Juan Juvenal Ancina
obispo
Fossano, Cuneo, 1 octubre 1545 – Saluzzo, Cuneo, 30 agosto 1604

Martirologio Romano, 30 agosto: En Saluzzo del Piemonte, el Beato Juan Juvenal Ancina, obispo, que fue de los primeros en entrar en el Oratorio de San Felipe Neri.

El Beato Ancina fue obispo de Saluzzo por unos pocos meses: justo el tiempo necesario para poner un poco de orden, refortalecer la fe, introducir la práctica de las Cuarenta Horas, favorecer el culto a la Eucaristía, combatir la herejía que se propagaba en el Piemonte desde la vecina Francia.

Beato José Baldo
sacerdote y fundador
Puegnago, Brescia, 19 febrero 1843 – Ronco all’Adige, Verona, 24 octubre 1915

Martirologio Romano, 24 octubre: En Ronchi en el Adige cercano a Verona, el beato José Baldo, sacerdote, que dedicado al ministerio pastoral, fundó la Congregación de las Pequeñas Hijas de San José para la asistencia de los ancianos y los enfermos; y la educación de los niños y los jóvenes.

El beato Baldo puso la Eucaristía como centro de la vida espiritual, divulgó el apostolado de la oración, inició el enseñamiento de la Doctrina Cristiana, en 1879 reordenó la Confraternidad del Santísimo Sacramento, instituyó las Cuarenta Horas y activó de nuevo la Compañía de la Doctrina Cristiana.

Siervo de Dios José Bernardi
sacerdote y mártir
Caraglio, Cuneo, 25 noviembre 1897 – Boves, Cuneo, 19 septiembre 1943

El Siervo de Dios, en Bersezio (en Valle Stura, a 1600 metros) era administrador parroquial y se convertirá en párroco a pleno título en septiembre de 1932. En esta pequeña comunidad (160 personas) el nuevo párroco no escatimó esfuerzo para animar la fe de todos: promovió las Cuarenta Horas, organizó procesiones, organiza viajes en esquí durante el invierno para llevar a la Misa un buen número de monaguillos en las capillas pobres de la parroquia. Después del “concurso canónico” se convirtió en el párroco de Boves.

Estampa devocional de San Juan Leonardi

Estampa devocional de San Juan Leonardi

Siervo de Dios Inocencio Marcinnò de Caltagirone
religioso y sacerdote
Caltagirone (CT), 24 octubre 1589 – 16 noviembre 1655

El Siervo de Dios promulgó el culto eucarístico en particular con el ejercicio de las Cuarenta Horas.

Sierva de Dios Leticia Zagari
virgen y fundadora
Nápoles, 20 septiembre 1897 – Herculano, 8 marzo 1985

Leticia Zagari inició en la iglesia de los Santos Apóstoles, en el centro histórico de Nápoles, su apostolado eucarístico con las solemnes Cuarenta Horas, con prácticas piadosas y educación religiosa, restaurando el latente culto a Jesús Eucaristía; integrándolo con la adoración personal en cualquier momento posible.

San Benito José Labre
laico y peregrino
Amettes, Francia, 26 marzo 1748 – Roma, 16 abril 1783

Martirologio Romano, 16 abril: En Roma, San Benito José Labre, que, invadido desde la adolescencia por el deseo de una áspera vida de penitencia, realizó fatigosas peregrinaciones a célebres santuarios, cubierto solamente por ropa pobre y rota, alimentándose sólo del alimento que recibía de la limosna y dando en todas partes ejemplo de piedad y penitencia; hizo de Roma la última meta de sus viajes, viviendo allí en extrema pobreza y oración.

Benito José Labre, el santo mendigo y peregrino, enterrado hoy en el cercano santuario de la Virgen del Monte, había hecho de las Cuarenta Horas el instrumento privilegiado de su santificación: “No había lugar tan lejano, escribía su confesor, el padre Marconi, no había lluvia tan fuerte, no había frío tan crudo, ni calor tan excesivo que lo pudiese detener, aunque iba con la cabeza descubierta, mal vestido y mal calzado en los pies. Pasaba los días enteros arrodillado ante Su altar. Su devoción hacia Jesús sacramentado no es posible de explicar. Ésta fue la que le mereció el nombre con el que era llamado por los que le conocían: el pobre de las Cuarenta Horas, porque lo veían a menudo en las iglesias donde el Santísimo Sacramento era expuesto a la veneración pública”.

Estampa con ex-indumentis de la Sierva de Dios Leticia Zagari. Fuente: www.delcampe.net

Estampa con ex-indumentis de la Sierva de Dios Leticia Zagari. Fuente: www.delcampe.net

Conclusión
“Señor Jesús, cuando me arrodillo ante la Eucaristía siendo el perfume de Belén, respiro el misterio de la humildad de Dios y siento vergüenza por el orgullo que hay en mí y que continuamente explota en rivalidad contra las personas y en vergonzosas guerras que ensangrentan al pueblo. Jesús, ¡dame una pizca de Tu humildad! Señor Jesús cuando me arrodillo ante la Eucaristía entiendo que Tú nos amas porque eres bueno y no porque merezcamos tu amor. En el Cenáculo todo hablaba de traición y Tú, con un gesto de puro amor, diste la Eucaristía a la humanidad: ¡a esta humanidad que continuamente Te traiciona! Jesús, ¡dame una pizca de Tu amor!”

“Señor Jesús, junto a la Eucaristía se oye el murmullo del agua que Tú derramaste sobre los pues de los apóstoles y, a través de ellos, la derramaste sobre los pies de cada uno de nosotros. Señor, me ruborizo por el egoísmo que aún habita en mí y sufro por el espectáculo del mundo de hoy, que multiplica frívolas diversiones en lugar de multiplicar las obras de misericordia. Señor, ¡dame un poco de agua de la Última Cena! Y danos sacerdotes santos: ¡sacerdotes enamorados de la Eucaristía!” (+ Card. Angelo Comastri)

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* Ricciardi Giovanni – “Adesso si mostra” in 30 giorni (09/2007)
* sitio web de santuariosanluigi.it
* sitio web de 30giorni.it

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La Adoración Eucarística a través de la Historia

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Salvador Eucarístico, óleo de Juan de Juanes (1545-1550). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

El concilio Vaticano II, de feliz memoria, ha dicho con acertada precisión que la Eucaristía es la fuente y la cumbre de la vida cristiana. De hecho, en toda la historia de la Iglesia, uno de los elementos que nunca se ha puesto en discusión y siempre ha estado presente en todas partes es la Celebración Eucarística. En los primeros siglos de la Iglesia dicha celebración se hacía incluso entre ambientes heréticos; es más, las disputas dogmáticas de dichas épocas se refirieron a toda una variedad de temas, pero no se tocó la Eucaristía.

La Celebración Eucarística, dada su centralidad en el espectro del camino cristiano, implica diversos aspectos y dimensiones que deben ser tenidos en cuenta a la hora de hacer una exposición histórica y doctrinal. En este artículo, de modo brevísimo, contemplaremos el recorrido histórico de la adoración del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo que son ofrecidos en la Eucaristía.

Es preciso decir que tal culto y adoración a las especies eucarísticas no existían en la época apostólica y patrística. En cambio, jamás se cuestionó la presencia real de Jesucristo en el pan y en el vino que se ofrecían en la Santa Oblación. A propósito de esto, los testimonios más antiguos nos vienen de los escritos de San Justino y de las cartas de San Ignacio de Antioquía. Ambos Padres son suficientemente claros acerca de la singular naturaleza que adquieren las ofrendas después de la acción de gracias recitada por el obispo en la celebración comunitaria. Sin embargo, no existe vestigio de algún culto existente específicamente a las especies; dicha devoción estaba dirigida, más bien, a la propia Eucaristía. Recordemos, por ejemplo, las actas de aquellos mártires africanos que fueron ajusticiados por las autoridades romanas por haber sido hallados celebrando la Eucaristía en una casa: una de las mártires responde al juez que “sin la Eucaristía no pueden vivir”, mientras que otra afirma que “porque soy cristiana, voy a la Eucaristía”; casi que una nota distintiva del cristiano es participar en este Santo Memorial del Misterio de Cristo.

Un testimonio de particular importancia para lo que nos compete proviene de la Traditio apostolica atribuida al presbítero romano y antipapa Hipólito. En ella se ofrece la posibilidad a los cristianos que toman parte en los Santos Misterios de llevar a sus casas y conservar un poco del pan eucarístico, con tal que no sea usado a la manera del pan común ni se deje a merced de los ratones, sino que se reserve en un lugar digno de la casa. Aunque aún no se nos dice nada de un culto particular al pan consagrado, la posibilidad de llevarlo a casa sí que debió propiciar alguna primitiva forma de devoción particular, aunque la misma Traditio advierte que esta posibilidad de llevar el Cuerpo de Cristo a las casas tenía la finalidad de poder consumir un poco de él cada vez que el cristiano sintiera necesidad.

Virgen Eucarística, óleo de Jean-Auguste Dominique Ingres. Museo de Orsay, París (Francia).

Ya en la edad de oro de la patrística, es decir, entre finales del siglo III e inicios del V, las definiciones sobre la presencia real de Jesucristo en las especies eucarísticas son aún más claras. Sobre el culto público a éstas, aún sigue siendo incipiente. Al parecer, la posibilidad de llevarlas a casa ya no existía, dado que las Constituciones Apostólicas, que datan de estas épocas, nos hablan que lo que no se consumió de las mismas en la Eucaristía era llevado a un sitio aparte del aula de oración del templo, adonde los laicos no tenían acceso. Algunos estudiosos piensan que podía tratarse de alguna capilla diferenciada, al estilo de nuestras actuales “capillas del sagrario”, que vemos en catedrales y en algunas iglesias parroquiales de vieja o reciente construcción; otros, en cambio, sostienen que, simplemente, se trataba de algún sitio equivalente a nuestra “sacristía”, en donde se preparaban los ministros del altar y adonde no se admitían a los laicos. El hecho de ser reservado en un sitio diferenciado del templo es ya un signo de la reverencia tributada a las especies, pero el hecho de que no pudiesen acceder los laicos a la reserva nos indica que aún no existía un culto público devocional dirigido al Cuerpo y la Sangre de Cristo.

A partir de finales del siglo V, empieza observarse un desplazamiento de la reserva eucarística desde aquella “capilla diferenciada” al presbiterio mismo. Algunas de las basílicas romanas de la época que aún se nos conserva presentan una pequeña puertecita en uno de los costados del arco de triunfo que separa el presbiterio del cuerpo del templo: he ahí el inicio de los sagrarios. En otros lugares, en cambio, se empieza a colgar sobre el altar, ya desde el techo del templo, ya desde el ciborio que en algunas ocasiones lo cubría, una paloma de oro o plata en cuyo pecho se guardaban las especies eucarísticas. Este desplazamiento puede deberse a un aumento en la toma de conciencia de la debida reverencia al Cuerpo de Cristo tras el Sacrificio Eucarístico, o también a una cuestión más práctica de facilitar a los ministros sagrados el tomar el pan eucarístico para usar, si fuera necesario, en la celebración misma o salir de allí a llevar la comunión a los enfermos.

Adoración del Corpus Christi. Óleo de Jerónimo Jacinto Espinosa, Museo del Patriarca, Valencia (España).

Ya bien entrada la Edad Media, y sobre todo durante el “renacimiento carolingio”, la reflexión teológica, que en aquellas épocas estaba orientada por las grandes abadías que vivían según la regla de San Benito, se dirigió de lleno a dilucidar el problema de la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas. Aunque en la edad de los Padres de la Iglesia no existía ninguna duda al respecto, es preciso comprender que las herejías cristológicas que motivaron las grandes definiciones dogmáticas de los siglos IV y V perduraron mucho más en el ambiente de Occidente que de Oriente, debido sobre todo a las invasiones bárbaras que erosionaron el Imperio romano de Occidente. En la Edad Media aún existían no solo grupos de base sino teólogos que sostenían tales posturas, por lo que, inevitablemente, se puso en cuestión este dato que hasta entonces había sido recibido tranquilamente de los Padres.

Sobre el desarrollo de las controversias eucarísticas existe bastante documentación. Bástenos aquí subrayar algunas de las consecuencias en la piedad popular. Lo primero que diremos es que los cristianos ya no comulgaban: la época propició un “santo terror” a recibir el sacramento indignamente, por lo que se conformaban con mirarlo de lejos. La actual exclamación que decimos antes de la comunión en el rito romano: Señor, yo no soy digno… viene de estas épocas en las que la gente realmente se sentía indigna de recibir la comunión. La gente, que ya bien lejos estaba de la liturgia debido a la barrera del idioma, ahora entraba a los templos con el solo fin de “mirar el cuerpo” y así, se estaba de templo de templo a veces, buscando tan solo mirar al Santísimo; es esta la razón del levantamiento del Cuerpo de Cristo después de las palabras de la consagración, que buscaba, precisamente, satisfacer la devoción de las masas. Poco a poco, también los presbíteros empezaron a alzar el cáliz, para lo cual inicialmente había que pagar un estipendio, razón por la cual dicha elevación solo era vista en las capillas de los castillos feudales; pasando el tiempo, la elevación del cáliz se hizo costumbre general, sin que se pagara nada. También de estas épocas datan los más relevantes “milagros eucarísticos”, que fueron usados como argumento por los teólogos que defendían la presencia real de Cristo en el pan y el vino. Las primeras procesiones con el copón, y también la primera fiesta local de “Corpus Christi” son de este período.

Milagro eucarístico de Lanciano, Italia.

Todo esto sería recibido, asumido y aumentado por la edad moderna. El movimiento espiritual conocido como devotio moderna favoreció bastante la oración personal ante el Santísimo. Sumemos a esto que la Reforma protestante negaba la presencia de Cristo en el pan una vez acabada la Eucaristía, lo que motivó las definiciones dogmáticas del concilio de Trento respecto a la transubstanciación y a la permanencia de la presencia de Cristo en las ofrendas eucarísticas. Esto exacerbó el culto público al Santísimo: majestuosos expositorios se construyeron, hermosísimas custodias se moldearon, las procesiones se hicieron más frecuentes y concurridas cada vez, lo mismo que más elaboradas. También se hace popular la “exposición del Santísimo Sacramento” y muchas oraciones y novenas en su honor se componen. También surge la costumbre de celebrar la Misa solemne ante el Santísimo expuesto, sobre todo con ocasión de las “cuarenta horas” en las que se exponía en ocasiones especiales. También ocurre un nuevo traslado de la reserva eucarística, esta vez sobre el altar mismo, ocupando el centro de orientación del templo y desplazando al altar de esta función.

Prácticamente este panorama perduró hasta el siglo XX. Este siglo ve surgir los “congresos eucarísticos” que promueven el mejor conocimiento y adoración de Cristo presente en el pan consagrado. Pero el movimiento litúrgico, también desarrollándose en este tiempo, considera que dicha “devoción” bien podría situarse mejor y mejorarse. Aunque tenía un desarrollo ritual bastante definido, la exposición del Santísimo aún no figuraba en el Ritual romano, es decir, aún no era objeto de discernimiento y de regulación unificada (existían diversas instrucciones y respuestas dispersas de la Sagrado Congregación de Ritos); además, la “Misa ante el Santísimo” se consideraba un abuso que atentaba contra la real naturaleza de la Eucaristía: es un sacrificio ofrecido al Padre, y no al Hijo (quien es la ofrenda misma), como se da a entender al celebrar la Misa delante del ostensorio.

Con la llegada de la reforma litúrgica de 1969, empiezan a tener eco los reclamos del movimiento litúrgico. Se prohíbe la “Misa ante el Santísimo”, y se publica el Ritual para el culto eucarístico extra missan que regula lo relacionado con las exposiciones y procesiones con el Santísimo y los congresos eucarísticos. También se promueve el traslado de la reserva a “capillas del Santísimo”, distintas del aula de la iglesia y del presbiterio, en donde los fieles puedan tributar su devoción al Amor de los amores.

Misa de Bolsena. Fresco de Raffaello Sanzio, estancias de Heliodoro, Museos Vaticanos, Roma (Italia).

Hoy, Jueves Santo en la cena del Señor, en casi toda la Iglesia de rito romano se realiza una reserva solemne del pan consagrado para la comunión del Viernes Santo. Es una ocasión muy oportuna para adorar la presencia del Señor en las especies eucarísticas, además de examinar que tan de calidad es la propia participación en el acto de culto más grande que tenemos, que es la Eucaristía.

Dairon

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