Santa Pulqueria, emperatriz de Oriente

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Iluminación de la Santa, revestida de la púrpura imperial, en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Iluminación de la Santa, revestida de la púrpura imperial, en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Pregunta: Yo tengo una tía-abuela que se llama Pulqueria y nunca ha sabido mucho sobre la vida de su santa patrona; lo único que sabe es que era una reina y que su fiesta es el día 10 de septiembre.

Respuesta: Pues reina, lo que se dice reina, no era; era emperatriz del Imperio Bizantino y efectivamente, aquí la conmemoramos el 10 de septiembre, pero eso es porque al que la introdujo en el Martirologio, se le ocurrió ponerla en ese día, pero ella en realidad murió en el mes de julio, aunque no se sabe el día exacto. Pero hablemos algo de ella.

Según las crónicas bizantinas, Santa Pulqueria (Aelia Pulqueria) era hija de los emperadores Arcadio y Eudoxia y nació en Constantinopla el 19 de enero del año 399. Tuvo tres hermanas: Flacila, Arcadia y Marina – estas dos últimas, menores que ella – y un hermano, Teodosio II. El nombre de Pulqueria le vino dado en memoria de la hija de los emperadores Teodosio I y Placila – sus abuelos – la cual había muerto con solo un año de edad. Recién nacida estuvo involucrada junto con su madre en el tumulto de los godos en Gaina y siendo aun niña perdió a su hermana mayor en el otoño del 403 y a sus padres (la madre, en el 404 y el padre, en el 408), por lo cual junto con sus otros hermanos tuvieron que quedar bajo la custodia de un eunuco llamado Antíoco.

Recibió una buena educación y como era muy inteligente y de una firme voluntad, muy pronto se convirtió en un apoyo incondicional para su hermano Teodosio, heredero del trono, el cual, aunque era muy bueno y devoto, tenía poco carácter, interesándole más las artes que la política. Ella dominaba las lenguas latina y griega y tenía una formación filosófica, teológica e histórica excepcional, era muy piadosa y defensora de la fe emanada de los concilios ecuménicos y aunque tenía el título de “Nobilísima”, el 4 de julio del año 414, con solo quince años de edad, fue declarada “Augusta”, como co-regente con el emperador. Una de sus residencias preferidas era el palacio de las Rufanianas, situado en los suburbios asiáticos de la capital.

El 30 de diciembre de ese mismo año, el prefecto del pretorio Aureliano hizo instalar en el Senado, tres bustos en honor de Pulqueria y de los emperadores Honorio y Teodosio II. La joven soberana cumplió sus deberes con una extrema religiosidad, consagrando su virginidad al Señor, sellando públicamente su voto con la donación a la iglesia de Santa Sofía de un espléndido altar.

Moneda imperial bizantina de Aelia Pulqueria. Anverso: la Santa luciendo la diadema imperial y siendo coronada por la mano de Dios, inscripción: “Aelia Pulqueria, Augusta”. Reverso: Victoria alada con la Cruz.

En el palacio imperial se cantaban de día y de noche las horas canónicas, se leían las Sagradas Escrituras, se trabajaba manualmente y se hacían las comidas y los ayunos como era costumbre en la Iglesia, aunque bien es verdad que la corte no era un monasterio y que en ella, en muchas ocasiones, predominaron las intrigas palaciegas. Prueba de ello es que Pulqueria prohibió que los hombres accedieran a su apartamento y a los de sus hermanas, ya que los oficiales bizantinos no se distinguían por su buena conducta.

Aunque la educación de su hermano Teodosio II quedó en manos de gente experimentada en las letras, ciencias y armas, ella se encargó de enseñarle los secretos del protocolo imperial, lo instruyó en los ejercicios de piedad y le inculcó el respeto hacia su pueblo, el clero y los monjes. Aun así, Teodosio II nunca se distinguió por su capacidad de gobierno y de hecho de él se ha dicho “que su incapacidad era tan grande que apenas se le puede acusar de haber aumentado los infortunios de su pueblo con sus actos, ya que no tomaba ninguna decisión”; era Pulqueria quien con prudencia gobernaba en la práctica.

Entre las medidas legislativas que impulsó están los decretos del 31 de octubre y del 6 de noviembre del año 415 contra la herejía montanista y la eunomiana y contra el exceso de personal pagano entre los funcionarios públicos. También vigiló la influencia de los judíos en la Corte aunque no favoreció ningún movimiento antisemítico. Tuvo como consejero al Patriarca Ático de Constantinopla el cual, en el año 416 dedicó a ella y a sus hermanos un bellísimo tratado hoy perdido: “De Fide et Virginitate”.

Lienzo anónimo lombardo de la Santa. El título reproduce la misma inscripción de las monedas bizantinas: “Aelia Pulqueria, Augusta”.

De acuerdo con la Corte Bizantina, favoreció el restablecimiento de la plena comunión entre el Patriarcado de Constantinopla y la Sede Apostólica y la inserción en los dípticos de San Juan Crisóstomo – que por cierto, no tuvo buen trato con la madre de Pulqueria – pero también un poco más tarde, tuvo que intervenir en las controversias del Patriarca Ático con la Sede Apostólica.

El 13 de febrero del año 421 en presencia del emperador Teodosio II se inauguró una cisterna pública que llevaba su nombre y el 7 de junio del mismo año, consiguió que su hermano se desposase con Atenaide, una virgen griega que ella se encargó de buscarle entre las vírgenes más bellas y ricas del imperio, aunque era pagana como su padre. Atenaide se bautizó tomando el nombre de Eudoxia. Inevitablemente, las dos cuñadas chocaron porque Eudoxia quiso limitar el poder de Pulqueria para lo cual influyó en su esposo Teodosio y cuando fue proclamada “Augusta” el 2 de enero del 423, a cuenta de las controversias nestorianas, entró en claro conflicto con su cuñada Pulqueria – que también era Augusta – agravándose las tensiones entre las dos mujeres y acusándola de “corrompida por los hombres” y de incesto, consiguió que el Patriarca Nestorio prohibiera a Pulqueria la entrada en el palacio patriarcal en el acostumbrado ágape ofrecido los domingos, que quitara sus imágenes pintadas en el altar votivo que ella había ofrecido en Santa Sofía, le retirara el permiso para que pudiese asistir a la celebración de la Pascua en la catedral e incluso le prohibió recibir la Comunión. Asimismo, consiguió que Teodosio II desterrara a Pulqueria al palacio de Ebdomón, en la periferia de la capital del Imperio.

Este destierro en parte le vino bien, porque ella lo consideró como un favor del cielo, llevando una vida más reposada, consagrando todo su tiempo a la oración, a la lectura de las Sagradas Escrituras y a la práctica de obras de caridad. Nunca se llegó a quejar de la ingratitud de su hermano ni de las intrigas de su cuñada, a quién ella misma le había facilitado su acceso al trono, al proponerla como esposa a su hermano.

Por entonces, ante la actitud del hereje Patriarca Nestorio, San Cirilo de Alejandría escribió en la primavera del año 430 extensas cartas dirigidas al emperador Teodosio II y a Pulqueria en la que, posicionándose junto a Pulqueria, les manifestaba que ésta era una “verdadera esposa de Cristo” y que esperaba que como tal fuera acogida nuevamente en la Corte imperial.

Ilustración a la acuarela de las Santas Dróside, mártir (izqda.) y Pulqueria, emperatriz (dcha.)

Teodosio II, sopesando su respuesta, lo hizo el 19 de noviembre del mismo año reprimiendo a San Cirilo por “intentar sembrar la discordia” entre su familia escribiendo una carta por separado a su hermana, como si entre ellos no estuviesen de acuerdo en materia de doctrina, o sea, como si Teodosio II se hubiera dejado influenciar por el nestorianismo. De la irritación del emperador se puede sospechar que Pulqueria había hecho causa común con San Cirilo, lo que no impidió que, durante el Concilio de Éfeso en el año 431 – que fue convocado por Teodosio, aconsejado por Pulqueria – se celebrase el sínodo anticiriliano capitaneado por Juan de Antioquía, que intentó atraerse a las dos “Augustas” a la causa nestoriana.

En las negociaciones unionistas del año 432, Cirilo solicitó nuevamente la intervención de Pulqueria para conseguir la adhesión de Juan de Antioquía y después de una primera carta enviada que no obtuvo respuesta. El Patriarca Cirilo de Alejandría rogó al nuevo Patriarca Maximiano de Constantinopla para que la convenciera a fin de que ella le ayudase trabajando por el dogma emanado del Concilio y defendido por Cirilo.
Con esta misma intención, desde Alejandría se envió una importante suma de dinero a dos sirvientas de Pulqueria: Marcela y Droseria, para que la persuadieran y atendiera los ruegos de Cirilo. ¡Las cosas de San Cirilo…!

Parece que fue menos exitosa la petición que hicieron a las dos “Augustas” en el año 435, los obispos de la provincia del Eufrates a favor de Nestorio y en contra de Juan de Antioquía.

Eudoxia fue en peregrinación a Jerusalén en el año 438 y la ausencia de su cuñada le permitió a Pulqueria recuperar su preponderancia en la Corte, pero temiendo que al regreso de Eudoxia el ambiente se tensara nuevamente, como efectivamente ocurrió por las intrigas de los favoritos de la emperatriz y por los celos femeninos entre ellas dos.

Icono ortodoxo americano de la Santa, revestida de la púrpura imperial.

En el año 440 fue condenado a muerte uno de los “favoritos” de Eudoxia, llamado Paulino, acusado de cortejar a la emperatriz y más tarde, por esta misma infidelidad, Eudoxia fue desterrada definitivamente a Jerusalén, no regresando jamás a la Corte. Hubo una reorganización en la Corte y Pulqueria fue llamada de nuevo, aunque no para recuperar su antiguo puesto de gobierno. Sin embargo empezaron a recurrir a ella todos aquellos que necesitaban su apoyo, como por ejemplo, Teodoreto de Ciro en el 446, preocupado por el abuso de poder del emperador que había impuesto grandes gravámenes a su ciudad. Aquella decadencia fue consecuencia de que los destinos del gobierno quitados a Pulqueria, recayó en un eunuco llamado Crisafio, que era admirador de Eudoxia y que durante diez años administró el Imperio de manera arbitraria. En el contexto de las intrigas fomentadas por Crisafio hay que insertar la historia de las relaciones de Santa Pulqueria con San Flaviano, que trataremos más adelante.

Estando Pulqueria en Ebdomon, Teodosio II brindó su apoyo incondicional a Eutiquio y a la herejía monofisita, entrando en conflicto con este, el Papa San León Magno en el mes de junio del año 449. San León le envió una carta a Pulqueria pidiéndole ayuda para poder luchar contra esta nueva herejía, pero informado el Papa de que su carta no se la habían entregado, lo intentó de nuevo el 13 de octubre protestando contra el “latrocinio efesino” y solicitando su intervención a fin de conseguir que los obispos bizantinos participasen en un concilio general que San León quería reunir en Italia.

Entretanto, el emperador Teodosio II expulsó a San Flaviano de la sede constantinopolitana – en cuya muerte se ha intentado implicar injustamente a Santa Pulqueria – sustituyéndolo por el monofisita egipcio Anatolio. Aunque Pulqueria se mantenía fiel en la ortodoxia, la influencia sobre su hermano iba en declive y apoyó esta decisión. Según Teófanes, la emperatriz reconoció su propio error. El Papa escribió de nuevo y el diácono Hilario se adhirió a la petición del Papa dirigiéndose a ella como “gloriosísima y clementísima Augusta” y lo mismo hizo Gala Placidia que se dirigió a su sobrina apoyando al Papa. Pulqueria respondió enseguida a León el 17 de marzo del 450, por lo que este pudo experimentar con alegría cómo la soberana se mantenía dentro de la ortodoxia emanada del Concilio de Éfeso.

Lienzo de las Santas Pulqueria, Gertrudis y Cunegunda, obra de Guido Reni. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Pero en medio de todas estas apelaciones, el emperador murió el 28 de junio de ese mismo año como consecuencia de una caída de un caballo cuando estaba de caza y Pulqueria, por expreso deseo de su hermano antes de morir, se vio nuevamente encumbrada como suprema autoridad imperial, desposándose cuando tenía cincuenta y un años, con un oficial veterano, siete años mayor que ella, natural de Tracia y de origen humilde llamado Marciano al que previamente le hizo prometer que respetaría su virginidad. Marciano aceptó y ambos gobernaron juntos.

La ceremonia de proclamación imperial fue fastuosa siendo coronados por el Patriarca Anatolio. Se dice que en ella, fue Pulqueria quien puso la diadema imperial sobre la cabeza de su esposo y que después de la ceremonia hizo desaparecer a Crisafio. El Papa San León Magno envió a Constantinopla una delegación pontificia para mostrar su alegría por la voluntad pacificadora de Pulqueria y solicitarle su ayuda para restablecer la unidad de la Iglesia proponiéndole nuevamente la realización de un concilio en Italia, al que se opusieron los obispos bizantinos. Durante la permanencia de la delegación pontificia en Constantinopla se hizo transferir a la iglesia de los santos Apóstoles el cuerpo de San Flaviano.

Tras sucesivas tentativas por parte de Roma y de Pulqueria se convocó el Concilio de Calcedonia. Cuando hablamos de tentativas, nos estamos refiriendo a las cartas de Pulqueria a León (22 de noviembre del 450) y de León a Pulqueria (13 de abril, 9 de junio y 20 de julio del 451).

El Concilio de Calcedonia condenó la herejía monofisita y se deshizo en elogios aclamándola “como guardiana de la fe, pacificadora, pía, creyente y una segunda Elena”. Estos títulos no eran simples galanterías de los obispos orientales, sino signo de que estos sabían por experiencia la importancia de conservar la buena voluntad de la emperatriz. En la antigua versión latina de esta alabanza dada a Santa Elena, se dice que “defendió y salvó la cruz de Cristo” y el Concilio compara a Pulqueria con Elena. Ella y su esposo intervinieron el 25 de octubre en la sexta sesión del Concilio. Un escritor monofisita la describe inclinada ante los pies de Diodoro, como un último conmovedor intento de convencer al Patriarca que aceptara la doctrina del Concilio para evitarse la condena del mismo. La definición conciliar fue puesta sobre el “martyrium” de Santa Eufemia de Calcedonia y posteriormente, presentada a los emperadores, que hicieron todo lo que estaba a su alcance para que los decretos conciliares quedaran establecidos en todo Oriente, aunque fracasaron en Egipto y Siria.

Detalle de Santa Pulqueria, emperatriz; y Santa Escolástica, virgen benedictina. Obra de Hyppolite Flandrin en la galería de Santos de la iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia). Fotografía: Barryra.

Como consecuencia de las primeras agitaciones monofisitas en Palestina después del Concilio de Calcedonia, en la primavera del 453, Pulqueria dirigió dos cartas a los monjes palestinos y a Santa Bassa y sus monjas, a fin de convencerles de que el Concilio no había propiciado una reavivación del nestorianismo, sino que lo condenó al igual que al monofisismo.

La última carta de San León a Santa Pulqueria es del 21 de marzo del 453 y trata de la consolidación del dogma calcedoniense, además de desearle augurios de buena salud y de prosperidad. No se sabe si Pulqueria recibió esta carta porque posiblemente ya había muerto, pues Idacio dice que “la reina Pulqueria murió en el mes de julio del tercer año del reinado del príncipe Marciano”, o sea, en julio del 453. En su testamento, que fue redactado por su esposo, la emperatriz donó todos sus bienes a los pobres.

A Santa Pulqueria se deben la construcción de muchas iglesias, entre ellas las famosas iglesias marianas de Blakhernae, Khalkopratia y Hodegetria. En esta última puso el famoso icono del mismo nombre, presuntamente pintado por el evangelista San Lucas y que ella llevó desde Jerusalén. Creó una universidad en Grecia donde se enseñaba el griego, literatura y filosofía, redactó el llamado “Código de Teodosio” donde se recogen las reglas y principios que deben regir a todo buen gobernante.

Convocó dos Concilios (el de Éfeso en el 431 y el de Calcedonia en el 451), ayudó y apoyó a la Iglesia de Jerusalén, recibiendo como regalo las reliquias del protomártir San Esteban, que fueron puestas en una iglesia construida en su nombre en la capital imperial. Asimismo, trasladó los restos de San Juan Crisóstomo desde la cárcel hasta la iglesia de Todos los Santos.

Aunque murió en el mes de julio del 453, el cardenal Baronio introdujo su culto en el Martirologio Romano el día 10 de septiembre y por eso en ese día lo celebra tu tía-abuela. Podría extenderme mucho más explicando el culto a esta santa tanto en Oriente como en Occidente, pero deliberadamente no lo hago a fin de no alargar en demasía este artículo.

Antonio Barrero

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