Santas Ágape, Quione e Irene, hermanas mártires de Tesalónica

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Santas vírgenes mártires Ágape, Quione e Irene. Icono ortodoxo griego popular.

Las mártires de las que hablaré en el artículo de hoy, día de su fiesta, presentan un gran problema y controversia de identificación. Mejor dicho, lo presenta tan sólo una de ellas, Irene, la menor de las tres hermanas; que ha experimentado un fenómeno de culto y devoción tan grande que ha llegado a desdoblarse en una mártir del mismo nombre, separada de sus hermanas, hasta tal punto de que da la impresión de tratarse de otra Santa diferente. Voy a tratar de explicar este fenómeno de la forma más sencilla posible y sin complicar lo que ya está complicado de entrada.

Hablamos de tres hermanas cristianas llamadas Ágape, Quione e Irene, que padecieron el martirio en el año 304, en tiempos de Diocleciano. Las Actas auténticas de estas mártires se conservan (gracias a Dios) procediendo de un misal griego de la abadía de Grottaferrata que actualmente se conserva en el Vaticano (Ms. Vaticano 1660), estudiado y publicado por Pio Franchi de’Cavalieri. De este texto hay una traducción latina hecha por el cardenal Sirleto (s.XVI) y publicada por el cardenal Baronio. La autenticidad de esta traducción ha sido reconocida por Ruinart, Tillemont, Allan, Knopf y Krüger que las reproducirían junto con el original griego.

Según estas Actas griegas, estas tres mártires, probablemente hermanas, eran hijas de un padre pagano y huyeron de casa para refugiarse en el monte al anunciarse la persecución, con tal de salvar determinados documentos, probablemente relacionados con la fe cristiana. Los ocultaron allí y al regresar a Tesalónica, fueron detenidas y llevadas ante el gobernador Dulcicio, acusadas de haberse negado a comer alimentos ofrecidos a los dioses.[1] El texto describe con fidelidad el interrogatorio, pero no lo reproduciré aquí por no alargar innecesariamente el artículo. Baste decir que Dulcicio quiso obligarlas a apostatar y ellas se negaron diciendo: “Creemos en el Dios vivo y no vamos a traicionar nuestras conciencias”, “No podemos hacernos esclavas de Satanás”. Con lo cual, no pudiendo sacar nada de ellas, mandó quemar vivas a Ágape y a Quione, y tras reservar a Irene durante un tiempo para tratar de vencerla, la mandó quemar viva también, aunque otras versiones dicen que se escapó y que la abatieron de un flechazo.

Sin embargo, el lío empieza porque existe una passio latina absolutamente fantasiosa, hecha sobre la base de una simple coincidencia con la passio de Santa Anastasia de Sirmio; que puede leerse en el Acta Sanctorum. Esta passio consta de tres procesos que fueron asociados y confundidos por un hagiógrafo anónimo muy posterior. Este se contradice en más de una ocasión y lo hace negligentemente cuando relata los procesos: ignora cualquier noticia anterior o posterior a los interrogatorios de las mártires añadiendo algunos detalles particularmente increíbles. Las contradicciones más evidentes es la ignorancia del nombre mismo del emperador bajo el cual padecieron el martirio así como el lugar donde fueron capturadas. Las nombra con el genérico de “mujeres” sin especificar si eran vírgenes. En realidad sólo se puede decir que si las tres vivían con su padre era porque no estaban casadas.

La fe de Ágape, Quione e Irene. Lienzo contemporáneo de la artista rusa Ekaterina Prokopieva basada en la passio latina.

¿Qué dice esta passio? Que las tres hermanas acompañaron en la prisión a Santa Anastasia, de la que ya hemos hablado anteriormente; que la ayudaron a rescatar el cuerpo del mártir Crisógono, y que fueron martirizadas antes que ella; pero ella recuperó sus restos y les dio digna sepultura. Lo dicho; es fantasiosa y además no existe ninguna conexión ni asociación entre ellas y la mártir de Sirmio.

En cuanto a la ubicación temporal del martirio, tenemos el tradicional baile de fechas: según las Actas griegas, las tres fueron martirizadas juntas el día 1 de abril (pero… ¿no dicen estas mismas Actas que Irene vivió un tiempo más antes de ser martirizada?); según un martirologio siríaco del año 411, lo fueron el día 2 del mes de Nisan (alrededor del 2 de abril). El Martirologio Jeronimiano las menciona los días 1 y 5 de abril y el Martirologio Romano, el día 3 de abril.
Los sinaxarios griegos las conmemoran el 16 de abril y el 22 de diciembre. La Iglesia georgiana la menciona el 5 de abril y el Calendario palestino-georgiano del Sinaítico 34 (del siglo X), el día 1 de abril. En fin, cogeos la fecha que más os guste. Yo he elegido la del 22 de diciembre, o sea, hoy.

Pero el lío todavía se iba a enmarañar más, porque en el siglo X, una monja llamada Rosvita tuvo la ocurrencia de escribir una comedia titulada Dulcitius basándose en la legendaria passio latina. Esta obra, no carente de cierta polémica, fue escrita con la intención de atacar las mundanas costumbres de las mujeres del teatro pagano y exaltar la virtud de la castidad. Así, convierte al gobernador Dulcicio en un borracho pendenciero que, aprovechando el viaje de Aquileya a Macedonia que ya conocemos por la passio de Santa Anastasia, intentó entrar en la celda de las tres hermanas para violarlas, pero estaba tan borracho que por error se metió en la cocina y empezó a besar y a abrazar las ollas y cacerolas, creyendo que eran las Santas, hasta que se quemó la cara y de destrozó las ropas (!!!!!!). A continuación el relato se solidariza con las tres vírgenes y narra con gozo su cruel final y la conservación de su virginidad. En fin, un delirio absoluto de una religiosa con mucha imaginación.

Portada de la comedia "Dulcitius" de la religiosa Rosvita, donde aparecen las tres mártires en la hoguera.

En fin, hasta aquí lo que se ha dicho de las tres hermanas mártires como grupo en sí. Pero ¡atención!, que todavía no hemos terminado de rizar el rizo. Existe un gran culto a la menor de las tres hermanas, Irene, especialmente en el mundo oriental ortodoxo. Aquí, la figura de esta hermana menor se ha separado de sus hermanas y ha adquirido tal protagonismo por sí sola, que incluso se ha desdoblado en lo que parece una mártir aparte; y así, nuestros hermanos ortodoxos veneran por un lado a Santa Irene, hermana de Ágape y Quione; y por el otro a Santa Irene la Gran Mártir de Tesalónica, creyendo que son dos Santas distintas cuando, en realidad, se trata de la misma.

La tradición ortodoxa ha elaborado una leyenda totalmente distinta para esta “otra” Irene: según ésta, se llamaba Penélope, vivió en el siglo IV y era hija del sátrapa Licinio, gobernador de Magedon, defensor de los antiguos cultos persas. De niña fue criada por una niñera de nombre Karia, pero a los seis-ocho años, la encerró en una torre [2] y la puso bajo la tutela de un anciano maestro llamado Apeliano, que era cristiano en secreto. Naturalmente, al llegar a la adolescencia se pensó en casarla, pero Apeliano andaba buscando la manera de convencerla de mantener la virginidad. Así que un día que Penélope tuvo una curiosa visión (por una ventana de la torre entró una paloma llevando una rama de olivo en el pico que le dejó encima de la mesa; a continuación entró un águila llevando una corona de flores, que también le dejó; y finalmente entró un cuervo que le dejó una serpiente), Apeliano muy hábilmente lo interpretó diciéndole las tres aves representaban sus virtudes y su destino: la conservación de la virginidad, la conversión y bautismo a la fe de Cristo, y finalmente, su persecución y martirio. Penélope, convencida, se bautizó y adoptó el nombre de Irene.

Con el tiempo, Licinio descubrió que su hija había roto todos los ídolos paganos que antes adornaban su torre.[3] Furioso, montó en cólera y mandó que la ataran desnuda a la cola de dos caballos y la arrastraran así por toda la ciudad. No se cumplió este cruel suplicio porque uno de los caballos se encabritó y coceó a Licinio, dejándolo malherido, e Irene corrió a socorrerlo y tocándolo, lo curó milagrosamente. El padre se ablandó entonces y la dejó marchar, convertiéndose él y su esposa al cristianismo mientras Irene, acompañada de Apeliano, salía a predicar por los caminos de Persia.

Pero volvería a ser perseguida en dos ocasiones por los dos siguientes gobernadores, Sedeciano y su hijo Sapor. El primero mandó tirarla dentro de un pozo lleno de serpientes y escorpiones, trocearla con una sierra y atarla a una rueda bajo una cascada para atormentarla con el peso del agua. A todo ello sobrevivió con ayuda divina (¡!!!!). A la muerte de Sedeciano, su hijo Sapor mandó volverla a apresar –pues ella seguía predicando el Evangelio junto con Apeliano- y nuevamente la torturaron: le desgarraron la carne con uñas y garfios de hierro, la ensillaron como si fuese una mula y, cargada con sacos de arena, le hicieron correr dando vueltas a la ciudad mientras la espoleaban con vergajos (¡!!!!!). Pero tuvo que ser finalmente liberada porque la gente se indignó contra el trato que le estaban dando (¿y quién no?) y Sapor quería evitar una sedición en la ciudad.

Icono ortodoxo americano de la Santa. Iglesia Ortodoxa de la Santa Dormición, Cumberland (Estados Unidos).

Todavía le quedaba mucho por pasar a esta apóstol mártir de tenía fama de ser fuerte como varón y de no temer al tormento ni a la muerte. Estando predicando en la ciudad de Calípolis, su gobernador, Numeriano, mandó detenerla y meterla dentro de un buey de bronce ardiendo al rojo vivo, pero sobrevivió y tuvo que soltarla (¡!!). Y en Constantina la pusieron sobre una parrilla ardiendo con idénticos resultados. Finalmente lograron matarla en Tracia, pero ella resucitó (toma ya!!!) y escapó con Apeliano a Éfeso, donde por fin, mandó cavar su tumba y allí se tendió, muriendo en el año 315 y siendo sepultada por su fiel mentor. Sin embargo, cuando sus discípulos quisieron desenterrarla para venerar sus reliquias, el cuerpo había desaparecido (sí que era escurridiza, la chica). En fin, que para disparates estamos servidos y, con todo mi respeto a mis hermanos ortodoxos que con tanto amor la veneran, esta leyenda no hay por dónde cogerla. Mientras que en ella vemos que resucitó y al final murió de muerte natural y aún se escabulló de su propia tumba, el Menologio del emperador Basilio II afirma que fue decapitada por un tal Saproniano, pretor de Merembria; mientras que en Occidente se narra que fue quemada viva en Tesalónica (como la Irene, hermana de Ágape y Quione que en realidad es).

Y aún existe otro grupo de mártires formado por los santos Ireneo, Peregrino e Irene, mártires de Tesalónica y que Baronio introdujo en el Martirologio Romano el día 5 de mayo: “En Tesalónica, Ireneo, Peregrino e Irene martirizados en la hoguera”. Este es un grupo ficticio que también aparece en el Martirologio Jeronimiano el mismo día y del cual lo copió Baronio. Peregrino no es otro que el obispo de Auxerre, que en realidad se conmemora el 16 de mayo. En cuando a Ireneo se trata sin duda de una mala traducción de Irene, que es en realidad la mártir venerada con Agape y Quione y que la leyenda hace hija del rey Licinio de Mageda, que los griegos casualmente también la veneran el 5 de mayo como al grupo ficticio formado por los tres mencionados arriba.

En resumen: Santa Irene de Tesalónica, la Gran Mártir venerada por nuestros hermanos ortodoxos, no es otra que Irene, la hermana menor de las también mártires Ágape y Quione; que ha sufrido un desdoblamiento legendario debido al inmenso culto que se le tributa en Oriente. Si bien no existen dudas para admitir la autenticidad de las tres hermanas y de sus actas griegas, bien contrastadas; no cabe prestarle la menor atención a los desdoblamientos posteriores y menos a la comedia de Rosvita, salvo para pasar un buen rato.

Presunto cráneo de la Santa venerado en la Iglesia Ortodoxa de San Basilio, Missouri (EEUU). Donación de las Hermanas de San José a la Iglesia Ortodoxa.

Con todo, no es justo echar únicamente las culpas a nuestros hermanos ortodoxos, pues Santa Irene, por sí sola, goza de gran culto y veneración en el sur de Italia, especialmente en Lecce; y no está nunca muy claro si se está venerando a la menor de las hermanas o a la “otra” Irene.

En cuanto a las reliquias; el mismo “cachondeo”: existen fragmentos del cráneo de Santa Irene en Jerusalén, monasterio de Kato Xenia en Kalavrita (Grecia), Missouri (EEUU), Monte Athos (Grecia) y Patras, también en Grecia, pero si los juntamos, nos sale más de una cabeza. Por no hablar de las reliquias veneradas en la zona de Lecce, Italia. La polémica está servida.

Meldelen


[1] En la cultura griega, al igual que la romana, era costumbre consumir parte de los alimentos ofrecidos a la divinidad en sacrificio (frutos, carne…). La negativa a consumirlos era un desprecio al rito y a la divinidad misma y delataba a creyentes de otros cultos, especialmente a judíos y cristianos.
[2] Nótese una vez más, el detalle del encierro de la torre, que se repite en las passio de Santa Bárbara y Santa Cristina de Bolsena.
[3] Nuevamente, el mismo detalle copiado de las passio de Santa Bárbara y Santa Cristina.

O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

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