San Alberto Magno: Doctor de la Iglesia y patrono de químicos y geólogos

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Detalle del Santo en una vidriera del siglo XIX. Catedral católica de San Eric, Estocolmo (Suecia).

Pregunta: Soy doctor en Ciencias Químicas y celebramos a San Alberto Magno como nuestro patrono. Sé que otras carreras de ciencias también lo tienen por patrón. ¿Podéis hablarnos algo de él? Vuestro blog es buenísimo; felicidades y gracias. Austria

Respuesta: Efectivamente, San Alberto Magno es el patrono de los químicos, también es mi patrón porque yo soy geólogo y de otras ramas de las ciencias. Pero vamos a ver algo de él:

San Alberto nació en Lauingen, ciudad perteneciente a la diócesis de Augsburg, Bayern (Alemania). Según algunos autores, pudo nacer a finales del siglo XII, quizás en el año 1193, pero según otros su nacimiento debería fijarse en el año 1206. Es muy probable que su familia no perteneciese a la nobleza, pero quizás si estuviese relacionada con la milicia, con la vida militar, existiendo autores que afirman que su padre era el administrador del feudo de Lauingen, dependiente de Hohenstaufen. Desde muy joven la naturaleza le llamó poderosamente la atención y era un apasionado investigador de los secretos de los bosques, del campo y de los pájaros. Era lo que hoy llamaríamos, un apasionado naturalista.

Poco más se sabe de su juventud y adolescencia. Sin embargo, hay constancia de que en la Navidad de 1222 se encontraba en Lombardía (Italia) y que fue testigo de un gran terremoto que aquel año sacudió el Norte de Italia. Más tarde fue a Padua y Venecia para investigar los fenómenos naturales. Por algo es el patrono de los geólogos, es mi patrón.

Estudió en la Universidad de Padua  y en el año 1229 entró en la Orden de los Frailes Predicadores (Dominicos) de la mano del Beato Jordán de Sajonia y, aunque había iniciado el noviciado en Padua, lo envió al convento dominico de Colonia, que era el más importante de Alemania, su país natal. Probablemente hizo la profesión en Colonia y también es probable que en esa misma ciudad completase los estudios de teología y se ordenase de sacerdote. A partir de 1234 fue nombrado lector (una especie de maestro), primero en Hildesheim y posteriormente en Friburgo, Ratisbona y Estrasburgo, pasando posteriormente a la Universidad de París para completar su formación académica, recibiendo el título de docente, profesor de teología en el año 1245.

Fue nombrado regidor del Estudio General Dominicano de Colonia desde 1248 a 1254, siendo uno de sus discípulos Santo Tomás de Aquino, el cual escuchó de Alberto los comentarios del texto “De divinis nominibus” obra del pseudo Dionisio, los comentarios a los escritos éticos de Aristóteles y al Cuarto libro de “Las Sentencias” de Pedro Lombardo. Estos tres importantes textos fueron comentados por Alberto a Tomás.

Pero en este tiempo, además de a la enseñanza filosófica y teológica, Alberto se dedicaba también al ministerio sacerdotal y al bien público, haciendo de intermediario para conseguir la paz entre el arzobispo de Colonia y los habitantes de la ciudad, que estaban enfrentados. También recomendó a Tomás de Aquino para que fuese a la Universidad de París.

Vida de San Alberto Magno. Grabado de Wolfgang Kilian (1923), Augsburgo (Alemania).

En el año 1254 fue elegido en Worms como padre provincial de la Provincia Dominica de Alemania, de la que dependían unos cuarenta conventos, algunos de ellos enclavados en lo que hoy es Austria. También dependían de su dirección espiritual numerosos conventos de monjas dominicas y tuvo que asistir a los Capítulos Generales de la Orden celebrados en Milán en 1255 y en París en 1256. Probablemente, en aquella ocasión en Paris, San Luís IX rey de Francia le regaló una reliquia de la Cruz de Cristo. Durante su época de padre provincial visitó numerosos conventos, favoreció la vida contemplativa en los monasterios femeninos, presidió varios Capítulos Provinciales de la Orden y ratificó  la fundación de las Dominicas del Paraíso en la ciudad de Soest en 1255.

En septiembre de 1256, estando la Curia Papal en Agnani, defendió con vigor el derecho que tenían los dominicos a enseñar en las universidades. Había detractores, abanderados por Guillermo de Saint Amour, que decían que esta no era tarea de una Orden mendicante como realmente era la Orden de Predicadores. Pero, el día 5 de octubre de 1256, el Papa Alejandro IV condenó las tesis de Guillermo y encargó a Alberto que diera un curso en la Universidad de la Curia. Empezó en Roma y terminó en Viterbo unos “Comentarios al Evangelio de San Juan y a las epístolas de San Pablo” y al mismo tiempo en el que estaba escribiendo, se dedicó a aconsejar a cuantos a él acudían y a llevar una vida ejemplar como fraile.

Habiendo sido relevado de su responsabilidad de padre provincial en el Capítulo General realizado en Florencia en el año 1257, volvió a Colonia dedicándose de nuevo a la enseñanza, colaborando con Buenhombre el bretón, Florencio de Hesdin, Tomás de Aquino y Pedro de Tarantasia (el futuro Papa Inocencio V) en la redacción de la “ratio studiorum dominicana”, texto aprobado en el Capítulo General de Valenciennes en 1259. Habiendo surgido una nueva disputa entre el arzobispo de Colonia y su ciudad, Alberto fue admitido por todos como árbitro y el 28 de junio de 1258 consiguió un acuerdo entre las partes. Lo mismo hizo en otras disputas surgidas en Utrech, Bonn, Burtscheid, Lieja y Rütten.

El día 5 de enero de 1260 el Papa Alejandro IV lo nombró obispo de Ratisbona (Regensburg). Inmediatamente se dedicó a sanear económicamente la diócesis, reorganizó las parroquias y conventos e impulsó las obras de caridad. Una vez que la diócesis quedó saneada, le pidió al Papa que aceptara su renuncia y así, pasando por Viena, volvió de nuevo a Italia en 1261. Urbano IV, recién elegido Papa, escuchó su petición y después de haberle aceptado su renuncia, le autorizó a hacer testamento reteniéndolo en la Curia donde estaban Tomás de Aquino, Guillermo de Moerbeke y otros personajes ilustres para que los instruyese y les informase de sus trabajos científicos, ya que Alberto, nunca había abandonado su predilección por investigar los fenómenos naturales y las ciencias de la época, entre ellas, la alquimia (por eso es el patrón de los químicos). Es en esta época cuando descubrió el tratado aristotélico denominado “De motu animalium” que publicó, acompañándolo de un comentario suyo. Con sus estudios, introdujo el aristotelismo en la teología cristiana.

Imagen del Santo. Parroquia de Bernhardswald (Alemania).

El día 13 de febrero de 1263 fue designado por el Papa como predicador de una Cruzada y promotor en Alemania y demás países germanoparlantes de la ayuda solidaria hacia Tierra Santa. El se dedicó a visitar las ciudades alemanas más importantes recogiendo grandes cantidades de dinero para ayudar a los cristianos de los Santos Lugares. De él dependía el famoso predicador francés Bertoldo de Ratisbona.  Existen numerosos documentos de la época que relatan sus itinerarios por tierras alemanas pero nada se sabe de qué predicaba, o sea, de si estaba de acuerdo o no con las Cruzadas aunque si se sabe que estaba de acuerdo con ayudar a los cristianos palestinos.

El 5 de agosto de 1263 el Papa lo nombró “proveedor espiritual de la ciudad y diócesis de Colonia” para que resolviera otro nuevo conflicto entre el arzobispo y su ciudad (¡menudo personaje debió ser dicho arzobispo!) y posteriormente, el 31 de octubre de 1263 le encargó el control de la elección del obispo de Brandeburgo. Pero el 2 de octubre de 1264 murió Urbano IV y su sucesor, Clemente IV, determinó que Alberto debía cesar en estas funciones especiales que le encargaban desde Roma y así lo dejó tranquilo desde 1264 a 1267.  Con esa tranquilidad, terminó de escribir los “Comentarios al Evangelio de San Lucas”, estableciéndose en Estrasburgo entre 1267 y 1270. En la ciudad existía un floreciente centro de estudios dominicos, segundo en importancia después del de Colonia.

Mientras estuvo en Estrasburgo se dedicó a estudiar, enseñar, evangelizar y pacificar. Allí ejerció el ministerio episcopal consagrando iglesias en Alsacia y en Suiza y en el verano de 1268, el Papa Clemente IV lo envió a Mecklenburgo para apaciguar las luchas entre el duque y los jóvenes de la región. Desde luego, San Alberto fue modelo de persona apacible, que ejercía de árbitro entre partes y que conseguía ponerlas de acuerdo. Pero en 1271 otra vez se enfrentaron el arzobispo y los ciudadanos de Colonia y otra vez tuvo que ir allí para imponer la paz, cosa que consiguió nuevamente. Y, en ese ambiente tuvo tiempo para seguir escribiendo y recibir un nuevo encargo del Papa: representarlo en la elección del abad de Fulda.

En Colonia se encontró con el rey Rodolfo de Asburgo, el Beato Juan de Vercelli y con su amigo Ulrico (que fue su discípulo predilecto en Estrasburgo) y que entonces era provincial de la Orden y allí surgió la promesa de apoyo que Alberto le daría al rey Rodolfo ante el Papa Gregorio X en el II Concilio de Lyon, celebrado en el año 1274. Posteriormente, en los años sucesivos hasta 1277 se dedicó totalmente a su ministerio y a sus estudios. En enero de 1279 hizo testamento a favor de la Iglesia y de la Orden Dominicana y murió el día 15 de noviembre de 1280 en la celda de su convento de la Santa Cruz de Colonia.

Sepulcro del Santo en Köln (Colonia), Alemania.

Se dice que fue de estatura mediana, de constitución fuerte y sana, de temperamento sanguíneo, enérgico, muy trabajador y siempre escrutando todo lo que veía tanto en sus viajes como en sus largos tiempos de estudio. Diríamos que tenía una curiosidad innata, era de alma noble y grande, intelectual, comprensivo, que especulaba con las ciencias pero que al mismo tiempo se mostraba contemplativo, que intuía los problemas de su tiempo buscando siempre soluciones a dichos problemas. Era generoso, promovió grandes cosas sin descuidar las cosas pequeñas. Aunque era intelectual, al mismo tiempo era profundamente espiritual, hombre de oración, resumiendo, un humilde y dignísimo hijo de Santo Domingo de Guzmán. En él se fundían la contemplación y la especulación científica. ¡Cuánta falta hace esto hoy en día dentro de la Iglesia!  Ulrico de Estrasburgo, su alumno y amigo escribió de él: “Era un hombre de ciencia y de Dios, que causaba estupor”.

Un signo de la grandeza de su personalidad es que fascinó a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores. Entre los siglos XIII y XV, hubo una enorme profusión de leyendas que se entrelazaron unas con otras; algunas lo mostraban como mago que dominaba las ciencias ocultas, incluso hicieron pasar como suyos trabajos que no lo eran; pero otras insistían en su singular doctrina, en su piedad mariana, en su santidad. No se sabe exactamente el origen del apelativo que le dieron de Magno (Grande), pero en el siglo XIV, ya está documentado este apelativo.

La acción científica ejercitada por San Alberto tanto en el campo de la filosofía como en el de la teología, es profunda, duradera, potente, como la de Santo Tomás de Aquino y es por eso por lo que Mardonnet dice:” Tomás fue un río, pero Alberto era un torrente”. En todas las ramas del saber se encuentra la obra de este gran santo escolástico alemán, al que se le llama “Doctor Universal”. Fue importante como naturalista, pero fundamentalmente fue filósofo y teólogo. Su obra literaria se extiende a casi todas las disciplinas. Las profanas y las sagradas. Bajo el título de: “Opera omnia” fueron publicadas por primera vez en Lyón en el año 1651. Escribió sobre lógica, física, matemáticas, ciencias naturales, geometría, metafísica, ética, teología, exégesis… escribió sobre todo. Viendo su obra para preparar este artículo he llegado a contar hasta ochenta títulos sobre diversas materias, incluso, sobre política.

Sepulcro del Santo en Köln (Colonia), Alemania.

Cuando murió en el año 1280 fue sepultado en una magnífica tumba situada en el coro del convento de Colonia. En el año 1483, con la autorización de Sixto IV fue exhumado el cadáver. Un brazo fue enviado como regalo al convento de Santo Domingo en Bologna (Italia), donde aun se conserva. Cuando el convento de Colonia fue suprimido en el año 1798, sus restos fueron llevados a la vecina iglesia de San Andrés. En 1949 se hizo el último reconocimiento de los restos y fueron puestos en la cripta de la iglesia en el sarcófago que aparece en la foto. Su culto se inició casi inmediatamente después de su muerte y rápidamente, se extendió. Incluso, ya en vida, gozaba de gran fama de santidad. En su pueblo natal, su casa fue transformada en oratorio.

El Papa Pío II, en el año 1459 incluyó su nombre en el catálogo de los santos de la iglesia, entonces equivalente a una beatificación. Inocencio VIII, en 1484 le concedió a los dominicos de Colonia y Ratisbona el poder celebrarlo como beato con Oficio propio, lo que se extendió por toda la Orden en el año 1670. A petición de todos los obispos alemanes, el Beato Papa Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia, aunque sin embargo la canonización solemne no se produjo hasta el pontificado de Pío XI.  Con la Bula “in Thesauris sapientiae” de fecha 16 de diciembre de 1931, lo canonizó y proclamó Doctor de la Iglesia Universal. Desde entonces se han realizado numerosísimos estudios sobre su obra.

El Venerable Papa Pío XII en el año 1942 con el Breve pontificio “Ad Deum”, lo nombró patrono de los profesionales dedicados a la química y a las ciencias naturales; por eso he dicho ya antes que es patrono de los químicos y de los geólogos. Como curiosidad diré, que en el día de San Alberto Magno, o sea, hoy, los geólogos celebrábamos una fiesta en la que “bautizábamos como geólogos” a los alumnos de primero de carrera dándoles un “cariñoso martillazo en la cabeza” con un martillo de geólogo. Nunca hubo heridos, ¿eh?

He utilizado la siguiente bibliografía: “L’influsso di Alberto Magno sulla vita intellettuale del medioevo”, de M. Grabmann, Roma, 1931;  “Esposizione e documentazione del culto tributato a S. Alberto Magno”, de A. Walz, Roma, 1931 así como los trabajos de Angelo Walz, profesor del Ateneo Angelicum de Roma.

Antonio Barrero

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