Santos Sisinio, Martirio y Alejandro, mártires de Anaunia

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Icono de San Vigilio con los tres mártires de Anaunia, obra de Fabio Nones, Trento (Italia).

Este grupo de tres mártires de Trento representan un caso hagiográfico realmente interesante porque los datos biográficos y la “passio” están sólidamente garantizados por una serie de fuentes entre las cuales merecen ser destacadas dos cartas de San Vigilio, obispo de Trento, escritas a San Simpliciano obispo de Milán y a San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla. Estas cartas las escribió poco después de la muerte de los tres santos, exaltando el martirio y enviándoles reliquias; o sea, no puede existir más garantías porque las fuentes son fidedignas y del mismo año del martirio.

Sisinio era el mayor de los tres, era capadocio o griego y procedía de una familia noble. Vino desde aquella región oriental junto con sus dos hermanos, Martirio y Alejandro, abandonando su tierra y su familia, haciéndose peregrinos. Martirio había sido militar y había dejado el ejército cuando se hizo catecúmeno para recibir el bautismo. Los tres fueron colaboradores de San Ambrosio, que los envió a Trento para que ayudaran a San Vigilio, siendo los tres un apoyo a la obra evangelizadora emprendida por este santo obispo.

Sisinio fue ordenado de diácono, Martirio recibió el oficio de lector y Alejandro, el de hostiario y con estos ministerios, los tres fueron enviados a evangelizar la región de Anaunía (la actual Val di Non), que es un territorio bien delimitado dentro de la región de Trento. De ahí que a estos tres santos se les conozca también como los santos mártires de Anaunía o santos mártires anaunienses. Ellos fueron los primeros evangelizadores de aquellas tierras y con sus propios medios construyeron la primera iglesia cristiana para que en ella se reunieran los nuevos fieles. Ellos, allí mismo, llevaban una vida ascética viviendo en estado de virginidad.

En mayo del año 397, con ocasión de las lustraciones que los paganos solían realizar para conseguir la fecundidad de los campos, Sisinio tuvo que intervenir para proteger a una familia cristiana contra la imposición de que facilitara las víctimas para los sacrificios paganos según los turnos tradicionales que ellos mismos se habían impuesto. Las lustraciones eran unas ceremonias religiosas paganas que se hacian con diversos motivos: purificar las ciudades o los campos, a los rebaños y casas, a los niños, etc. y normalmente se realizaban mediante aspersiones, procesiones y sacrificios expiatorios. Esta actitud de Sisinio hizo que los paganos mostraran su hostilidad de forma muy cruel contra estos tres misioneros.

Procesión con las reliquias de los Santos en la ciudad de Sanzeno, Italia.

Los enfurecidos campesinos golpearon gravemente al diácono Sisinio la tarde del día 28 de mayo; a la mañana siguiente se presentaron aun más furiosos, saqueando y destruyendo la iglesia y matando finalmente a los tres hermanos; y después de haberlos arrastrado por un terreno empinado quemaron sus cuerpos delante de una figura del dios Saturno, en un fuego que hicieron con los propios materiales de la iglesia destruida.

San Vigilio fue rápidamente al lugar de los hechos, recogió los restos de los mártires que aun estaban entre los rescoldos del fuego y los llevó a Trento, donde aun se encuentran. Por la Epístola escrita por San Agustín a Marcelino (Epistulam 139 ad Marcellinum), sabemos que al día siguiente de ocurrir estos hechos, las autoridades romanas arrestaron a los principales responsables de este delito y se les impuso la misma pena, pero los cristianos, en un acto de perdón, intervinieron ante la corte imperial y los reos fueron perdonados.

El hecho de que este martirio ocurriera cuando ya los cristianos no eran perseguidos y en una época en la que incluso ya se les daba culto a los mártires, hizo que este hecho tuviera una enorme resonancia entre todos los cristianos. San Gaudencio obispo de Brescia y San Máximo obispo de Turín nos atestiguan que inmediatamente estos mártires recibieron culto y veneración.

El obispo Vigilio envió reliquias a la iglesia de Milán, donde en aquel mismo año (el 397) San Simpliciano había sucedido a San Ambrosio. El diácono Paulino da información precisa de cómo fueron acogidas en Milán las reliquias de estos clérigos mártires, llamándolos hermanos y compañeros de San Ambrosio.

En Milán, las reliquias se encuentran en la iglesia de San Simpliciano, donde actualmente y a lo largo de los siglos ha recibido culto popular, han sido muy veneradas; a ellas, por ejemplo, se les atribuye la victoria de la Liga Lombarda contra Federico Barbarroja, acontecida en Legnano en el año 1176. Tanto en Lombardía (especialmente en la zona de Milán) como en el Trentino, la veneración a estos tres hermanos mártires ha tenido enorme difusión, especialmente en la época del cisma de los “Tres Capítulos”.

Fotografía de un relicario de los tres mártires venerado en Belledo, Italia.

El códice CXXVI de la Biblioteca de Vercelli posee oraciones muy antiguas dirigidas a estos mártires anaunienses y en la Liturgia Ambrosiana tienen Misa propia con prefacio también propio. Como dije antes, ya San Vigilio envió reliquias a Constantinopla y en tiempos del famoso hagiógrafo, San Venancio Fortunato, obispo de Poitiers (536-610) ya también existían reliquias suyas en la iglesia de San Andrés en Ravenna.

San Vigilio construyó una basílica en el lugar del martirio en el Val di Non (concretamente en Sanzeno), pero esta fue demolida y sobre ella, se encuentra actualmente la iglesia parroquial de la localidad. Bajo el altar mayor de esta iglesia se encuentra un arca donde se guarda parte de la tierra quemada mezclada con algunos huesos de los mártires, aunque la mayor parte de las reliquias se conservan en la catedral de Trento. Dentro de la catedral estuvieron ubicadas primitivamente en la cripta, pero desde el año 1966 se encuentran en una preciosa urna sobre el altar a ellos dedicado. Aquel solemne traslado estuvo presidido por el cardenal Juan Colombo, quién con aquel motivo intercambió mensajes ecuménicos y de fraternidad con el entonces Patriarca Atenágoras I de Constantinopla. Hay que recordar que este Patriarca, junto con el Papa Beato Pablo VI, fueron quienes levantaron las respectivas excomuniones del año 1054 entre ambas Iglesias.

Vista del sepulcro de los tres Santos en Salzeno, Italia.

En el año 1997, con motivo del 1600 aniversario del martirio, las reliquias de estos tres santos recorrieron en peregrinación todas las parroquias del Trentino. Estos tres hermanos cristianos orientales misionaron en Occidente y son muy venerados por el conjunto de la Iglesia Universal.

Antonio Barrero

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