San Alejandro Nevskij, gran príncipe ruso

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Mosaico del Santo en la catedral de San Petersburgo (Rusia).

Es uno de los santos más populares y famosos no solo de la Iglesia Ortodoxa Rusa sino de todo el mundo ortodoxo. Existen cinco redacciones de su vida: una incompleta y sencilla escrita por un contemporáneo suyo de Vladimir; otras dos escritas en tiempos del metropolita Macario después del Sínodo del año 1547; una cuarta escrita en la región de Pskov por un biógrafo de santos locales y la más extensa y completa, la quinta, escrita por el arzobispo de Vologda, Jonás Dumin a instancias del Patriarca San Jonás.

Biografía
Alejandro nació el 30 de mayo de 1220 en la ciudad de Perejaslavl-Zalesskij, siendo su padre el príncipe San Yaroslav y su madre, Teodosia Igorevna, princesa  de Rjazan. Su infancia transcurrió en Perejaslavl, donde gobernaba su padre. Alejandro recibió la investidura principesca en la Catedral de la Transfiguración del Salvador de su ciudad de manos del obispo San Simón de Suzdal.
En el año 1227, el príncipe Yaroslav, a solicitud de los ciudadanos libres de Novgorod, fue enviado por su hermano, el gran príncipe Jorge de Vladimir, para que gobernase la ciudad. Yaroslav se llevó con él a sus hijos, pero poco tiempo después, los habitantes de Novgorod ofrecieron el principado a San Miguel de Cernigov, por lo que Yaroslav y sus hijos retornaron a Perejaslavl en febrero del año 1229. Un año más tarde fueron llamados nuevamente a Novgorod  y una hija del príncipe Miguel llamada Teódula fue prometida como esposa al príncipe Teodoro, hermano mayor de San Alejandro.

Siendo niño, Alejandro había acompañado a su padre en algunas campañas militares. Por ejemplo, en el año 1235 participó en la batalla sobre el río Emajygi, en Estonia, donde el ejército de Yaroslav derrotó a los caballeros teutónicos que intentaban invadir Rusia, pero al año siguiente Yaroslav fue a Kiev, dejando a su hijo Alejandro, que solo tenía dieciséis años de edad, como gobernador de Novgorod. Tres años más tarde, Alejandro se casó con la hija del príncipe de Polock, que también se llamaba Alejandra.
En el día de su matrimonio, su padre bendijo a los jóvenes esposos con el icono de la Madre de Dios “Fëdorovskaja” y desde aquel día, Alejandro jamás se separó de dicha imagen de Nuestra Señora, hasta su muerte, cuando fue regalada a su hermano Basilio y posteriormente a la catedral de la ciudad de Kostroma.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

En el año 1237 se inició uno de los períodos más difíciles de la historia de la antigua Rusia. Desde Oriente irrumpieron los tártaros mientras que desde occidente atacaron los caballeros teutónicos, ambos con la intención de invadir el país. En aquella crítica coyuntura, se dice que inspirado desde lo Alto, Alejandro se propuso unificar y crear el estado ruso por lo que se erigió como defensor de la tierra rusa. De ahí le viene la gran fama que tiene este santo en aquella nación y el sobrenombre de Gran Príncipe.

Las hordas mongoles invadían Rusia como lo hace un huracán, dejando tras de ellas ciudades incendiadas y centenares de miles de cadáveres. Fueron hechas prisioneras cerca de dieciséis mil personas, todas mujeres y niños. En el momento en el que Rusia estaba más abatida, el rey sueco envió a su ejército guiado por el príncipe Burger hacia el río Neva,  para incorporar a su corona el territorio ocupado por las poblaciones rusas y finesas (finlandesas), declarando la guerra al principado de Novgorod. Alejandro no tenía aún los veinte años de edad.
Alejandro, abatido, se recluyó en la catedral de Santa Sofía de Novgorod citando las palabras del rey David:”Eras tu, mi rey y mi Dios, el que decidía las victorias de Jacob: con tu auxilio embestimos al enemigo y en tu nombre aplastamos al agresor. Porque yo no confiaba en mi arco ni mi espada me dio la victoria. Tú nos salvaste de nuestros enemigos y confundiste a nuestros adversarios. El Señor ha sido siempre nuestro orgullo; damos gracia a su nombre eternamente” (Salmo 44, 5-9). El arzobispo Espiridión bendijo al príncipe Alejandro y a todo su ejército y sin solicitar ayuda a su padre, que no estaba informado de la invasión teutónica, dio una vuelta por las afueras de la ciudad acompañado de una pequeña escolta armada.

La noche de la primera batalla, un centinela que estaba de guardia fue testigo de una aparición milagrosa. Con la luz del alba vio una gran barca sobre la ribera del río que bordea la ciudad y a bordo de ella estaban los santos príncipes Boris y Gleb vestidos de púrpura y hablando entre ellos: “Ordena a los remeros porque debemos ayudar a Alejandro, que es sangre de nuestra sangre”. El centinela informó a Alejandro el cual ordenó que no se hablara del asunto, llevando a su ejército a la batalla. Fue una batalla encarnizada en la cual vencieron los rusos. La victoria sobre el río Neva, obtenida el día 15 de julio del año 1240, le valió al príncipe el sobrenombre de Nevskij (del río Neva).

Sepulcro del Santo en San Petersburgo (Rusia).

En el año 1241, con una rápida acción militar, el príncipe Alejandro reconquistó la antigua fortaleza rusa de Kopor’je, haciendo que huyeran los teutónicos, pero al año siguiente, estos mismos teutónicos atacaron nuevamente la ciudad de Pskov con la intención de someter nuevamente a los eslavos. En invierno, Alejandro liberó la ciudad y en la primavera siguiente infligió a los teutónicos la derrota definitiva. Los dos ejércitos se encontraron el día 5 de abril de 1242 en el helado lago Cudskoe y los rusos, en una memorable batalla, derrotaron a los invasores, lo que hizo que el nombre de Alejandro Nevskij se hiciese famoso en toda Europa.

Cuando los confines occidentales de sus tierras estaban ya suficientemente protegidos, llegó el momento de defender a su país de la invasión tártara venida desde el Oriente. En 1242, Alejando y su padre, con la bendición del metropolita Cirilo marcharon a combatir a los tártaros-mongoles, empresa en la que tuvieron de demostrar “la dulzura de una paloma y la astucia de una serpiente”. Poco tiempo después murió envenenado su padre San Yaroslav y diez días más tarde también murió San Miguel de Cernigov. Para ahorrarle a su país nuevas derrotas, Alejandro hizo un pacto: El hijo del Khan Batu, llamado Sartak, fue bautizado y se ocuparía de los asuntos rusos tomándolo Alejandro como hermano adoptivo y esta alianza le dio la posibilidad de llevar adelante una gran campaña militar contra las fuerzas más importantes dela GranEstepa, poniendo a la cabeza del trono de Mongolia a un cristiano-nestoriano: el Khan de Munk.

En el año 1248 llegaron a Novgorod los mensajeros del Papa ofreciéndole una alianza con la Santa Sede Romana a cambio de mantener en Occidente una batalla contra los tártaros-mongoles, pero Alejandro, cansado, se negó. En el año 1252 muchas ciudades rusas se rebelaron contra la dominación tártaro-mongol, apoyando al príncipe Andrés Yaroslavic, hermano de Alejandro: eso creó una situación muy crítica. Los príncipes rusos corrían el peligro de sufrir un ataque por parte de los tártaros por lo que Alejandro tuvo que disuadir al Khan para que no intentase atacar a los rusos. Andrés huyó a Suecia buscando el apoyo de los teutónicos a quienes su hermano había vencido, pero en ese tiempo, Alejandro fue investido como príncipe de Kiev, Novgorod y Vladimir.

En el 1253 nuevamente fue atacada la ciudad de Pskov por lo que llegó a un acuerdo de paz con Noruega a fin de delimitar las fronteras entre los dos países y en 1256 llevó a cabo una pacífica campaña militar en Finlandia, campaña que recibió el sobrenombre de “oscura” porque el ejército ruso atravesó aquellas regiones durante los meses de la noche polar. Con los soldados, que actuaron de manera pacífica, iban sacerdotes que predicaban el Evangelio y que bautizaban a cuantos voluntariamente se convertían al cristianismo.

Sepulcro del santo en San Petersburgo, Rusia.

Aquel mismo año murió el Khan Batu y también fue envenenado su hijo Sartak. Alejandro fue nuevamente a Saraj, que era la capital de aquella zona a fin de confirmar al nuevo Khan, Berk, con el que volvió a pactar la paz entre los tártaros y los rusos. Berk, al contrario que el anterior Khan, era musulmán, pero en ese pacto aceptó que en su capital Saraj se constituyera una eparquía de la Iglesia Ortodox Rusa. Era el momento de cristianizar el oriente pagano y Alejandro intuyó proféticamente la vocación de Rusia en tal misión evangélica. Asimismo, el príncipe hacía uso de toda su autoridad moral para defender los intereses de su pueblo y aliviarlo de cuantos sufrimientos surgían debido a conflictos locales entre tártaros y rusos.
Alejandro hizo un último viaje a Sartak a fin de ayudar a resolver estos conflictos, pero a su regreso a Vladimir cayó enfermo por lo que murió el día 14 de noviembre del año 1263, en el monasterio de la ciudad de Gorodec. Antes de morir, recibió la tonsura monástica cambiando su nombre por el de Alejo.

Culto
El metropolita Cirilo que había sido su padre espiritual dijo en la oración fúnebre: “Sabed queridos hijos, que el sol de la tierra de Suzdal se ha ocultado. Nunca aparecerá sobre la tierra rusa un príncipe tan grande”. El cadáver de Alejandro fue llevado a hombros hasta la ciudad de Vladimir y durante el trayecto que duró nueve días, su cuerpo permaneció incorrupto. El día 23 de noviembre fue sepultado en el monasterio de la Natividad de Vladimir. Su culto se inició inmediatamente después de su muerte. Su cuerpo incorrupto fue encontrado, tras una misteriosa premonición, en la víspera de la batalla de Kulikovo, en el año 1380 y desde ese momento fue instituida la celebración local de la memoria del santo.

El Patriarca Cirilo reza delante de la tumba del Santo en San Petersburgo, Rusia.

En los últimos siglos de la historia de Rusia, los gobernantes de la nación siempre se han puesto bajo su protección, pues su culto universal ya había sido aprobado en el Concilio de Moscú celebrado en el año 1547 bajo la presidencia del metropolita Macario; ese mismo año fue redactado su Oficio Litúrgico por parte de un monje de Vladimir, llamado Miguel.
El 30 de agosto de 1721 después de una larga guerra con Suecia, el zar Pedro I firmó la paz de Nystad y decidió consagrar dicho día con el traslado de las reliquias del santo desde Vladimir a San Petersburgo, que era la nueva capital septentrional rusa. Las reliquias salieron de Vladimir el día 11 de agosto y llegaron a la ciudad-fortaleza de Slisselburg el día 20 del mismo mes y allí estuvieron hasta el año 1724 cuando fueron puestas en la Catedral de la Santísima Trinidad en la Lavra (monasterio) de San Alejandro Nevskij, en San Petersburgo, donde actualmente permanecen. Como he dicho, el 30 de agosto fue proclamado como el día del descubrimiento y traslado de las reliquias del santo príncipe, redactándose en aquella ocasión por parte del archimandrita Gabriel Buzinskij un Oficio especial en memoria de la paz de Nystad, oficio que fue unificado con el ya existente del santo. El culto a San Alejandro Nevskij, como dije en un principio, ha traspasado las fronteras rusas teniendo dedicada iglesias y catedrales en Sofia (Bulgaria), Tallin (Estonia), Paris (Francia), Tbilisi (Georgia), etc.

Durante la Segunda Guerra Mundial, con el dinero recaudado por la Iglesia Ortodoxa Rusa, se preparó un escuadrón de bombarderos, que fueron dedicados al santo, y que participaron en la liberación de Novgorod cuando esta ciudad era atacada por las tropas nazis. Esos mismos años fue instituida nuevamente la “Orden de San Alejandro Nevskij” (orden que ya existía pero que fue abolida cuando triunfó la revolución bolchevique de 1917) y bajo la cual se asignaron a insignes y valerosos soldados y oficiales tanto de Rusia como de los demás países de la alianza contra Hitler.

La Iglesia Ortodoxa Rusa considera a San Alejandro Nevskij como el príncipe que más ha luchado a favor de las tierras rusas, no tanto por los sucesos políticos ocurridos en su tiempo sino por el espíritu de abnegación y sacrificio que inspiró toda su vida; siempre estuvo dispuesto a ofrecer su vida por el bien de su patria rusa, de sus tradiciones religiosas, de su pueblo y siempre con un espíritu de servicio fraternal y religioso con todos los ciudadanos rusos. La Iglesia Ortodoxa Rusa lo celebra hoy, día 30 de agosto (día del traslado de las reliquias desde Vladimir a San Petersburgo) y el día 23 de noviembre, según el calendario juliano.

Antonio Barrero

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