San Alejo Goloseyevsky, monje ortodoxo ucraniano

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Fotografía del Santo revestido de su atuendo monacal.

Se llamaba Vladimir Ivanovich Sepelev y nació en el seno de una noble familia. Su padre se llamaba Ivan Ivanovich y era capitán en el Arsenal de Kiev y su madre, Maria Kuzminichna Shepeleva, que era una mujer muy piadosa, la cual, asistiendo en el año 1832 al reconocimiento de las reliquias de San Mitrófanes de Voronezh durante ese acto alguien le dijo que tendría un hijo lisiado, pero que se convertiría en un gran siervo de Dios y esta premonición se cumplió porque Vladimir nació el primer día de la Semana Santa del año 1840, el 14 de abril y fue mudo de nacimiento. Esto fue un trauma para la familia agravado por el hecho de que el padre murió cuando el niño sólo tenía tres años de edad.

La madre visitó el monasterio Kitaevo donde vivía el loco por Cristo San Teófilo de Kiev y le solicitó su bendición para su hijo. San Teófilo le dijo a su madre que su hijo sería monje e incluso tuvo varios contactos con el muchacho. Mientras tanto, Vladimir tenía que ir a la escuela del departamento militar. Cuando el niño tenía doce años, su madre recibió un documento que le indicaba que su hijo tenía que ir a San Petersburgo e incluso le enviaron el dinero para el viaje, pero la madre no sabía qué hacer y recurrió al metropolita de Kiev para recibir consejo y comunicarle que su hijo no podía hacer dicho viaje porque era mudo. Se envió la comunicación a San Petersburgo y allí quedaron satisfechos con las explicaciones de la madre.

La madre no dejaba de darle vueltas a la cabeza, pensando en lo predicho por San Teófilo el loco de Kiev, en el sentido de cómo su hijo iba a ser monje y sacerdote si no tenía el habla y por lo tanto, difícilmente podría administrar los sacramentos. Como las relaciones de la madre con el metropolita San Filareto de Kiev eran buenas y constantes, este la calmaba diciéndole que el Señor era misericordioso y todopoderoso y que ayudaría a su hijo y así, el metropolita dijo a Maria que llevara al niño a su presencia durante la Semana Santa del año 1853. Al terminar los oficios de la vigilia de la Resurrección, el metropolita dio a besar la cruz al pequeño Vladimir, que tenía doce años de edad y gritando tres veces ¡Cristo ha Resucitado!, se escuchó que el niño respondió: ¡En verdad, ha resucitado! El niño había sido curado milagrosamente por el metropolita San Filareto, recuperando el habla.

Desde muy niño, Vladimir habia recibido una educación muy religiosa, pues su madre quiso que fuera muy generoso con los pobres y con los enfermos llegando incluso a acompañarlo visitando las prisiones para favorecer con limosnas a los prisioneros. Al ver que su hijo estaba curado, su madre quiso darle una instrucción superior, por lo que el 2 de julio del mismo año 1853, por consejo del propio San Filareto, lo envió a la Laura de las Grutas de Kiev y allí vivió bajo la guía y protección del santo metropolita.

Otra fotografía del Santo.

Frecuentó la Academia Teológica de Kiev y su Universidad y en ellas se familiarizó con la literatura rusa, estudió latín e Historia de la Iglesia, adquirió conocimientos de medicina y se especializó en el estudio de las Sagradas Escrituras y en la literatura patrística. En su educación y en la formación de su personalidad, jugó también un papel importante San Partenios de Kiev.
En el año 1857, antes de morir el obispo Filareto, Vladimir fue oficialmente aceptado como postulante en la Laura de las Grutas, vistiendo el hábito de novicio con solo diecisiete años de edad. Se distinguía por su obediencia, por el cuidado que ponía en la ejecución de cuantas tareas se le encomendaban, por su piedad durante los servicios religiosos y por sus continuas lecturas espirituales.

Estando de novicio se presentó un día en el monasterio Laura Shepelev, perteneciente a una familia terrateniente intentando por todos los medios seducirlo para que abandonase el noviciado y se casara con ella y aunque lo presionaron para que lo hiciera, él se negó a abandonar las Lavras, donde siguió como novicio hasta el año 1872 que es cuando alcanzó el grado de monje. Antes de realizar los votos fue a Voronezh para rendir culto a las reliquias del obispo San Mitrófanes, allí donde a su madre se le había anunciado su nacimiento.

El archimandrita Barlaam, que era el superior de las Lavras de las Grutas de San Antonio, conocedor del cariño que Vladimir sentía por el obispo Filareto quiso que al profesar los votos el día 13 de abril del año 1872 (Jueves Santo) tomase el nombre del metropolita, pero una voz interior le propuso que eligiese el nombre de Alejo. Después de realizar los votos, el día 12 de septiembre de ese mismo año fue destinado al monasterio de San Nicolás, donde en la festividad de San Mitrófanes, fue ordenado de diácono. Para él, San Mitrófanes era como su ángel de la guardia: junto a sus reliquias se había anunciado su nacimiento, en la iglesia de San Mitrófanes había recuperado el habla y en su festividad recibía la ordenación diaconal. Allí, en el monasterio de San Nicolás estuvo hasta el 23 de diciembre de 1874 ejerciendo como sacristán del monasterio.

El 6 de diciembre del año 1875 fue ordenado de sacerdote. En las Lavras de las Grutas, ya como sacerdote, él se sentía plenamente feliz pues estaba rodeado de una pléyade de santos monjes cuyas tumbas estaban en las grutas del monasterio. Allí, en las grutas y junto a los ataúdes con las reliquias de los santos él sentía un especial consuelo espiritual y la oración fluía libremente de su corazón; se olvidaba del mundo y descansaba junto a los cuerpos incorruptos de los santos allí sepultados a quienes quería imitar. Acompañaba a los peregrinos en sus visitas a las grutas distinguiéndose por su amabilidad y prudencia. Como el metropolita Platón era consciente de esto, siempre lo requería para que acompañara a los invitados de honor que visitaban las grutas.

Icono ortodoxo ucraniano del Santo.

Sin embargo su actividad y su persona se vieron manchadas porque dos mujeres que le pidieron dinero, al no poder atenderlas pues no disponía de él, lo calumniaron acusándole de robar e incluso persiguiéndole e injuriándole mientras celebraba la Divina Liturgia. Aunque el archimandrita del monasterio, todos los monjes e incluso el metropolita sabían que era totalmente inocente, ellas no cesaban de perseguirle y humillarle por lo que para que cesaran estas acusaciones contra él, el 30 de abril de 1891 fue enviado al eremitorio de la Transfiguración del Salvador en la misma Lavra y cuatro años más tarde, al eremitorio de Goloeevo. Los primeros años los pasó con absoluta normalidad, pero gracias a sus predicaciones y a sus sabios consejos empezó a atraer la atención de todos los fieles y consiguió tanta fama de santidad que acudían a él para recibir consejo y confesarse, fieles de toda Ucrania, de los Urales, del Cáucaso, de Moscú, de San Petersburgo e incluso de la mismísima Siberia. A él acudían tanto los ricos y nobles como los pobres y los mendigos, los hombres de letras y los ignorantes, así como numerosos obispos e incluso dos metropolitas de Kiev de los cuales Alejo fue su confesor. Siempre había gente esperándole a las puertas del eremitorio y ni el frío ni el calor, ni la lluvia ni la nieve le impedían atenderlos siempre, marchando todos felices y con lágrimas en los ojos después de contarle sus penas y verse consolados con sus consejos y oraciones.

Este servicio de guía espiritual siempre llevaba la impronta de su grandísimo amor por los penitentes, siendo consciente de la gran responsabilidad que se le había encomendado al nombrarlo penitenciario. Le sucedió algo parecido a lo ocurrido a San Leopoldo de Castelnuovo, del que escribimos el pasado día 10 de noviembre del año pasado. Toda esta actividad era acompañada con una intensa vida de oración, siempre se sentía en la presencia del Espíritu Santo y transmitía a cuantos acudían a él esta misma sensación. Se cuenta innumerables casos en los que sus visitantes lo vieron como en éxtasis. En su celda del eremitorio vivía muy modestamente: solo existía una pequeña mesa y un colchón para dormir, una palangana de cobre para asearse, una rústica estantería con libros y numerosos iconos en las paredes.

En el año 1896 participó en el reconocimiento canónico de las reliquias de de San Teodosio de Cernigov, el cual se le había aparecido en sueños.
Como ya era mayor, empezaron a fallarle las fuerzas y como seguía con su actividad y comía poquísimo (solo pan y té caliente), le pusieron un monje para que lo asistiera. Enfermó, pero seguía recibiendo a las numerosas personas que acudían a él. Decía: “Yo podría alejarme del ajetreo y del bullicio de esta casa para estar más tranquilo, pero no puedo ya que tengo que detener el sufrimiento de estas personas que vienen a mi en busca de ayuda”. Tenía una manera muy dulce de recibir a la gente, a las que al llegar les decía: “Ven, tesoro mío”. Se acercaba a ellos, les preguntaba por su vida, hacía suyas las desgracias de los demás y les infundía una profunda tranquilidad. A todos invitaba a tomar té al mismo tiempo que los escuchaba y consolaba.

Primera tumba del Santo en el cementario de la iglesia de la Madre de Dios, Lauras de las Grutas de Kiev (Ucrania).

Poseía el don de la clarividencia y son muchos los casos que se cuentan; yo, por acortar, solo me voy a referir a tres casos: Un día fue a visitarlo una mujer de Charkov con su hijo que estaba en el cuarto grado de la escuela secundaria. Después de conversar largamente con la madre, él se dirigió al hijo por su nombre sin que nadie le hubiera indicado cómo se llamaba el muchacho y le aseguró que si seguía con los estudios, tendría un gran porvenir; exactamente le predijo su futuro. La madre, agradecida sacó diez rublos y se los dio, pero él entró en su celda y cogió otros cinco rublos y le dijo a la mujer: “No te enfades conmigo, pero toma estos quince rublos que son los que necesitas para pagar tu alojamiento, ya que vienes de Charkov y no vives en Kiev”.

Otro caso: Una mujer de una población lejana, en agradecimiento por varios favores recibidos le envió por correos trescientos rublos. Un vecino que trabajaba en correos la recriminó diciéndole que por qué le enviaba trescientos rublos a los monjes de Kiev si estos vivían estupendamente sin carecer de nada. Al poco tiempo, la mujer recibió devueltos los trescientos rublos con unas letras de San Alejo en las que le decía que los monjes vivían muy bien y ese dinero le era más necesario a ella.

Un último ejemplo: En el año 1907 se acercó hasta su celda una religiosa con la intención de pedirle consejo. Él, al verla le dijo: “Egumena Eulalia, venga”. La monja quedó sorprendida porque él no tenía por qué saber su nombre y porque además era una simple monja. Estuvieron hablando y él le relató toda su vida quedando la monja perpleja; cuando terminó de hablarle la monja reconoció que él había descubierto todo lo que ella quería contarle, pero le dijo que se había equivocado porque ella no era una egumena. El le respondió: “Ahora sé que no lo eres, pero lo serás en 1914”. Y así ocurrió porque en 1914 fue elegida superiora del monasterio.

San Alejo predecía el futuro, entraba en las mentes de quienes lo visitaban y veía su estado de ánimo, se mostraba siempre comprensivo con ellos, les advertía de los peligros y los animaba. En varias ocasiones predijo la revolución bolchevique, guerra que asolaría Rusia y todos los países limítrofes. Asimismo, compuso una serie de instrucciones tanto para los monjes como para los laicos.

Fotografía de una mujer rezando ante el primer sepulcro del Santo. Iglesia de la Madre de Dios en las Lauras de las Grutas, Kiev (Ucrania).

El 4 de noviembre del año 1915 murió el metropolita Flavio de Kiev, del cual San Alejo era su confesor. Dos días antes de morir, el metropolita fue a visitar al santo y éste se lo anunció diciéndole al mismo tiempo: “Pero este adiós, no será un adiós muy largo porque en menos de dos años nos veremos de nuevo”. Y en efecto, después del fallecimiento del metropolita, San Alejo recayó, su corazón empezó a fallarle, se le hincharon los pies y difícilmente podía mantenerse erguido. Sus superiores lo liberaron de todos sus servicios, le trajeron unas botas grandes calientes, una silla más cómoda, fue visitado por los médicos pero poco a poco, estos empezaron a perder las esperanzas confiando solamente en la ayuda divina. Aun así, siguió con sus puertas abiertas a todos cuantos a él acudían. En el verano de 1916 tuvo una ligera mejoría, pero poco después, recayó.

El 4 de marzo de 1917 se confesó por última vez con el hieromonje Ireneo del monasterio Kitaevo y cuando se quitó las ropas para que se la lavaran dijo a los monjes que esa sería la última vez que lavaran sus ropas. El sábado 11 de marzo de 1917, sábado de la cuarta semana de Cuaresma, estando todo el recinto de las Lavras cubierto con un grueso manto de nieve, por la mañana quiso salir de la celda para celebrar la Divina Liturgia, pero sin embargo, cuando entró en la iglesia, se le doblaron las piernas y tuvo que sentarse en un banquillo. Los monjes lo llevaron a su celda pero él se resistía porque decía que necesitaba tocar el altar. A las nueve menos cuarto de la noche de ese 11 de marzo de 1917, moría dulcemente en su celda. Su rostro no tenía la expresión de la muerte; parecía pacíficamente dormido.

Sepulcro actual del Santo en el interior de la nueva iglesia de Goloseevo, Kiev (Ucrania).

La primera oración funeraria se realizó en su celda y a la mañana siguiente fue trasladado a la iglesia. Los funerales se realizaron dos días más tarde estando la iglesia repleta de fieles, personas de todas las clases sociales, el clero y los monjes de las Lavras de las Grutas y de los distintos monasterios de Kiev. Se excavó una tumba en la parte oriental de la nueva iglesia de la Madre de Dios y allí fue sepultado, dentro del complejo de las Lavras de las Grutas de Kiev. Inmediatamente después de su muerte se desarrolló una veneración especial por parte del pueblo fiel, veneración que fue “in crescendo” a lo largo de todo el siglo pasado, siendo su tumba meta de peregrinaciones aun en los años más duros de la represión bolchevique.

En el año 1993, El Santo Sínodo de la Iglesia Ucraniana del Patriarcado de Moscú, lo canonizó estableciendo su culto en toda Ucrania. Sus restos fueron exhumados y puestos en un lugar de honor dentro de la nueva iglesia de Goloseevo.

Antonio Barrero

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