Santos Álvaros de Córdoba

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Busto relicario del Beato Álvaro. Convento Scala Coeli, Córdoba (España).

Pregunta: Me llamo Álvaro y me han dicho que mi santo es cordobés. He buscado información y me he enterado de que hay dos santos cordobeses con el mismo nombre. ¿Cuál puede ser el mío ya que yo lo celebro el día 19 de febrero?

Respuesta: Pues tienes que escoger entre los dos, porque efectivamente hay dos Álvaros de Córdoba, aunque bien es verdad que uno de ellos es beato. Y para rizar más el rizo, los dos celebran su festividad el mismo día, o sea, hoy.

Uno es un santo mozárabe amigo de San Eulogio de Córdoba (siglo IX) y el otro, fraile dominico, que vivió en el siglo XV. Vamos a decir algo sobre los dos, pero ya te digo, la festividad de ambos la celebramos en el día de hoy, 19 de febrero.

San Álvaro de Córdoba (siglo IX):

El primero es un santo mozárabe que vivió en el siglo IX en pleno apogeo del Califato de Córdoba. Nació en el seno de una familia de origen godo, noble y muy rica. Al igual que los miembros de su familia él era un intelectual, gran humanista y profundo teólogo, conocedor de las Sagradas Escrituras, dominando muy bien la lengua latina. En esto se distinguió bastante porque fue un gran defensor del latín frente al predominio del árabe que entonces se hablaba en su ciudad natal.

Se casó con una sevillana y fue gran amigo y confidente de San Eulogio de Córdoba, quien le llamaba “doctor egregio y fuente de sabiduría”. Ambos habían sido discípulos del abad Speraindeo (“espera en Dios”) y ambos se habían distinguido por su sabiduría. Álvaro era vehemente, como Eulogio, durísimo cuando discutía con quienes negaban a Cristo o renunciaban a la fe, radical y exigente en su retórica y al mismo tiempo, dulce en el trato con los demás. Pocos datos concretos se conocen de su vida y tampoco se conoce la fecha exacta de su muerte, pero si se sabe que murió extremadamente pobre por haber repartido su fortuna y por haber sido exprimido por el ansia recaudatoria del Califa.

Cuando ambos amigos tuvieron que separarse, Eulogio escribió una carta a Álvaro enviándole el libro del “Memorial de los Santos”, diciéndole cuando lo empezó, interrumpió y acabó y pidiéndole que se lo limase y corrigiera. Álvaro le responde alabando la obra de Eulogio, su importancia y la elegancia de su lenguaje. Le exhorta a que la publique y le muestra su extremado cariño. Esta larga carta merece ser leída en su totalidad, pero a fin de no alargar el artículo, solo reseñaré el comienzo de la misma, párrafo que nos da una idea de la profundidad humanista y teológica de la carta y de su delicado y cálido lenguaje:

Detalle de un mural con una escena de la vida del Beato Álvaro, en su ermita de Córdoba (España).

“Al Reverendísimo Padre Eulogio, de su amigo Álvaro;
Me has recordado, señor mío, los ejemplos de los antiguos y has encendido en todos los fieles el viejo y ya olvidado calor, es decir, la fuente de vida eterna que brota de los veneros del corazón de Jesús, quien, compadecido del error de nuestro siglo, ha inspirado a los mártires para salir a la liza, y a ti, doctor muy veraz, para ensalzarles. Te has armado de un poder más divino que humano; te has arreado con las galas de las elocuencias celestial y mundana y has salido el primero a enaltecer el martirio, a romper lanzas en defensa de la Iglesia y en contra de la eterna lucha, batiéndote así, por todos nosotros, en los combates del Señor…”

Como he dicho es una extensa carta, escrita en latín. Recordemos el artículo publicado el día 10 de octubre del año pasado sobre los santos mártires mozárabes y cómo San Eulogio los animaba al martirio, muriendo él mismo como mártir. Eulogio murió mártir habiendo sido elegido obispo de Toledo pero antes de tomar posesión de su sede toledana y cuando Álvaro se enteró le escribió la siguiente oración:

Oración que San Álvaro hizo a su amigo San Eulogio cuando se enteró de que este había sido martirizado:
Nunc te rogo sancte, recolas ut nomen amici,
Quem tua hic dulcis amititia fixum,
Alvari extremi, qui multa clade reati
Infectus vitiis pergit per devia mundi.
Prex tua hunc revehat lapsum ad pascua vitae,
Ut solite Sancto digno nectatur amore.
Quo tibi coniuctus mansit per saecula charus,
Praesta Deus deorum regnans per saeculis. Amen.

“Ruégote ahora, santo, recuerdes el nombre del amigo, a quién te unió la más dulce intimidad en la tierra. Acuérdate de Álvaro, el último que, lleno de vicios, camina aun por las sendas intransitables de este mundo, herido con las lacras del pecado.
Tu oración levante a este caído a los pastos de vida, para que se una al Santo con el digno amor de siempre, por el que, estrechado contigo, te fue caro en los siglos.
Dámelo, Dios de dioses, que reinas eternamente. Amén.”

San (Beato) Álvaro de Córdoba, fraile dominico:

Nació en Zamora, y entró en la Orden de Predicadores en el año 1368. Fue profesor del colegio de San Pablo de Valladolid y maestro de Teología en la Universidad de Salamanca. Fue un gran predicador dominico en España y en Italia y siguiendo las sendas del Beato Raimundo de Capua, promovió la recuperación de la observancia de la Regla de Santo Domingo fundando en el año 1413 el convento “Scala Coeli” cercano a Córdoba donde reunió a los frailes más fervorosos de toda la Península Ibérica. Por esto, fue elegido para que presidiera en diferentes lugares el movimiento de la reforma de la Orden.

Escultura del Beato Álvaro en la puerta de su convento de Córdoba (España).

Muy austero y hombre de profunda oración, fue llamado a palacio por el rey Juan II de Castilla para que ejercer de confesor y consejero real. Su intensa piedad lo empujo a visitar los lugares santos de Palestina y a su regreso impulsó en su convento la meditación sobre la Pasión de Cristo por lo que se le recuerda como el primero que promovió el ejercicio del “Vía crucis”. Un día se encontró en la calle a un hombre pobre y se lo llevó al convento; el pobre se “convirtió en Jesucristo” y es por este motivo por lo que se le representa así iconográficamente (ver foto).

Murió el día 19 de febrero del año 1420 y está sepultado en su convento cordobés. El Papa Benedicto XIV aprobó su culto el día 22 de septiembre de 1741. Su fiesta también se conmemora hoy. Aunque oficialmente es Beato, se le denomina popularmente Santo.

Antonio Barrero

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