San Ambrosio, arzobispo de Milán y Doctor de la Iglesia

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Óleo del Santo por Figino Giovanni Ambrogio (1590). Civiche Raccolte d'Arte, Milano (Italia).

Las fuentes nos dicen que al mismísimo San Ambrosio le gustaba recordar, junto con sus fieles, el aniversario de su ordenación episcopal: esto hace que el día 7 de diciembre sea una fiesta de familia que la comunidad cristiana de Milán celebraba aun cuando Ambrosio vivía. Esta conmemoración se mantuvo incluso después de la muerte del Santo Obispo. Hasta el año 1911, el día 7 de diciembre fue siempre considerado fiesta de precepto. Ya no es así, pero sigue siendo una solemnidad en toda la archidiócesis.

Sin embargo, el culto al santo sigue estando vivo y según los libros litúrgicos más antiguos, también lo son otros dos días: la fiesta de su bautismo y la festividad de su muerte. En la Liturgia Ambrosiana de las Horas (Oficio Divino) aun están presentes, existen, trazas de este culto. De hecho, hay una conmemoración del bautismo y del tránsito del Santo, en las vísperas del 30 de noviembre (festividad de San Andrés apóstol) y en el jueves después de Pascua.

En la reforma del Adviento Ambrosiano del año 2010, la diócesis promulgó las partes del Leccionario Ambrosiano relativas a la celebración del Común de los Santos y del Propio de los Santos de la Archidiócesis de Milán. En ella conmemoramos estas fechas del antiguo culto tributado al obispo Ambrosio.

Cuando hablamos de San Ambrosio, hablamos de Milán. Hay que decir que este gran obispo no nació en Milán sino en Tréveris (la actual Trier, en Alemania) y no fue el primer obispo de Milán, sino que, como él mismo nos cuenta, fue el sucesor de una santa lista de pastores. En el museo diocesano se guardan las pinturas de todos los santos obispos milaneses. Éste es el link. La colección de Benedetto Erba Odescalchi (1679-1740) comprende 41 retratos de santos arzobispos de Milán, desde San Bernabé a San Carlos Borromeo, realizados con posterioridad al año 1715, año en el que fue publicado el Sumario de las vidas y acciones de los arzobispos milaneses, desde San Bernabé hasta el obispo Giovanni Giuseppe Vagliano, siendo una reconocida fuente iconográfica por las figuras en ella representadas.

Pero volvamos a San Ambrosio. Este santo obispo, venerado como Doctor por la Iglesia Universal y de una forma particular por la Iglesia Ortodoxa, normalmente es representado con vestido episcopal, palio, mitra y pectoral. Es verdad que así es representado cualquier santo obispo, pero son distintivos suyos el azote, las abejas y otros símbolos menos representados como un ídolo o libros bajo sus pies, la cuna o el caballo.

San Honorato de Vercelli administra el Viático a San Ambrosio.

El ropaje episcopal, con sus respectivas insignias, nos muestran su comunión con la Sede Apostólica, la integridad de su fe, su dignidad sacerdotal y su lugar como sucesor de los apóstoles; en el caso de Milán, como sucesor de San Bernabé apóstol.

El flagelo o azote representa su lucha contra los herejes arrianos, los cuales habían impulsado a su antecesor San Dionisio y también hace mención a una nota histórica del siglo XI en la que se dice que Ambrosio fue convocado en la batalla entre las facciones opuestas en la cuestión de la reforma gregoriana. San Ambrosio azota a aquellos que no quieren reformar la vida de la Iglesia.

Las abejas y San Ambrosio están relacionados con un episodio ocurrido en eu infancia. Su biógrafo, Paulino de Milán, nos cuenta que un día mientras el pequeño Ambrosio dormía en un catre en el patio del palacio, sobrevino de improviso un enjambre que se posó sobre su cara entrando y saliendo las abejas de su boca. El padre, que paseaba por aquel lugar acompañado de su madre y de una hija, le prohibió a la criada que estaba al cuidado del niño que no espantase a los insectos, porque intuía que se trataba de un hecho milagroso. Poco tiempo después, las abejas echaron a volar y desaparecieron de su vista, exclamando el padre: “Si este niño vive, se convertirá en algo grande”. Por este episodio, se venera a San Ambrosio como el santo patrono de los apicultores.

Otra representación singular de San Ambrosio es aquella del caballo. Ésta hace referencia al día 21 de febrero del año 1339, en la famosa batalla de Parabiago: era una guerra interna entre las dos facciones de los Visconti para hacerse con el poder de la Signoria. La leyenda dice que San Ambrosio se apareció montado a caballo blandiendo un látigo apoyando el despliegue de Azzone Visconti.

Hasta la época de San Carlos Borromeo se celebraba la fiesta de San Abrosio de la Victoria el día 21 de febrero, pero San Carlos abolió este aniversario y con ella también a la efigie del santo montado a caballo, aunque aun permanecen trazas de esta iconografía especialmente en la pintura. Un episodio similar es representado en una “caja” procesional en la región de Liguria.

Pero después de cuanto se ha dicho, ¿quién es San Ambrosio de Milán? Como recordaba antes, Ambrosio no había nacido en Milán sino en Tréveris, en el terrotrio de las Galias, alrededor del año 334 siendo hijo de un funcionario romano, cuya familia regresó a Roma cuando su padre murió.
Él tenía un hermano, San Sátiro, que fue colaborador suyo en Milán y una hermana, Santa Marcelina, la mayor de todos ellos y que se hizo cargo de la formación religiosa y humana de sus hermanos. San Ambrosio habla de ella, elogiándola, en su obra sobre la Virginidad.

Urna con los restos del Santo, que descansa junto a los mártires Gervasio y Protasio. Milán (Italia).

Ambrosio estudió derecho y retórica y se comprometió dentro de la carrera jurídica y así, en el año 370 fue nombrado gobernador de la provincia de Emilia-Liguria, con sede en Milán.
Allí se encontraba cuando murió el obispo arriano Ausencio y como buen funcionario imperial, tuvo que evitar los desórdenes provocados durante las tumultuosas elecciones eclesiásticas. Hablaba con sabiduría y firmeza en las asambleas delos fieles para que las cosas se hicieran con conocimiento de causa pero respetando siempre la libertad. Fue con posterioridad a estos discursos ante los fieles cuando, según una tradición piadosa, se oyó el grito de: “Ambrosio obispo”.

Ambrosio, que estaba en aquella asamblea como funcionario imperial, ni siquiera estaba bautizado; solamente era un catecúmeno. Sorprendido y espantado proclamó públicamente su indignidad, se proclamó pecador e incluso intentó escapar, pero todo fue inútil. Existen historias legendarias que se pierden en la neblina del tiempo en el valle del Po (llanura padana) pero que finalmente aparecen de nuevo. Y así, recibió el bautismo el 30 de noviembre del año 387 y una semana más tarde, el 7 de diciembre, fue consagrado como obispo. “Desde los tribunales y la administración pública pasé al episcopado donde tenía que empezar a enseñar lo que nunca había aprendido” (San Ambrosio).

Fue muy escrupuloso en el cumplimiento de su ministerio, se dedicó a la lectura de los libros sagrados y al estudio de lo escrito por los Padres y Doctores de la Iglesia, siendo posteriormente él mismo, uno de ellos.
Distribuyó su patrimonio entre los pobres y a su vida, le dio la impronta de una rigurosa ascesis, ejerciendo una enorme caridad con todos como pastor y doctor de su pueblo.

San Ambrosio junto a los santos Gervasio y Protasio (uno a cada lado). Milán, Italia.

Su influencia fue particularmente decisiva en la situación eclesiástica y política de su tiempo. Luchó de forma extenuada e inflexible para que exclusivamente fuera reconocida la Iglesia frente al paganismo, el arrianismo y el resto de herejías de la época. Luchó por la libertad y la autonomía de la Iglesia respecto al poder político; sostuvo de manera firme delante del emperador no sólo los derechos de la Iglesia, sino también la autoridad de sus pastores y defendió con sus escritos y con su predicación la verdadera fe contra los arrianos. Junto con el sacerdote Simpliciano se esforzó por conseguir la conversión del joven retórico Agustín de Tagaste, al que consiguió bautizar.

Fue el fundador de nueve sedes episcopales, desde Como hasta Novara; promotor y descubridor del culto a los mártires, tanto a los de su diócesis como a los foráneos. Recordemos el descubrimiento de los cuerpos de los santos mártires de Bolonia, Vidal y Agrícola.
A él se refiere el rito litúrgico de la Iglesia de Milán (el rito ambrosiano), pero él no fue quien lo inventó, sino que fue quien lo promovió y defendió. El amor de la Iglesia milanesa por su obispo es tal que todas las plegarias eucarísticas tienen inscritas el nombre de San Ambrosio, el cual siempre es recordado en la misa.

El santo obispo murió el Sábado Santo, día 4 de abril del año 397. Concluyo con un famoso escrito cristológico de San Ambrosio: “Cristo es todo para nosotros”: “Si quieres curar una herida, él es el remedio; si estás ardiendo de fiebre, él es la fuente; si estás oprimido por la iniquidad, él es la justicia; si necesitas ayuda, él es la fuerza; si temes a la muerte, él es la vida; si deseas el cielo, él es el camino; si huyes de las tinieblas, él es la luz; si tienes hambre, él es el alimento”. (San Ambrosio)

Damiano Grenci

BIBLIOGRAFIA Y SITIOS:

o AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
o AA. VV. (Sofia Boesh Gajano, Letizia Ermini Pani e Gioacchino Giammara) – I Santi Patroni del Lazio (Latina-Frosinone-Rieti-Viterbo) – Società Romana di Storia Patria, 2003-2007
o AA.VV. – Dizionario dei Santi della Chiesa di Milano – NED, Milano 1995
o C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
o Grenci, Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2011

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