Amma Sara y Amma Teodora

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Icono ortodoxo americano de Amma Sara. La cartela que lleva en manos dice: "Debo rezar para que mi corazón se mantenga puro ante todos".

Pregunta: Simplemente quería saber quienes son Amma Sara y Amma Theodora.

Respuesta: Antes de decirte algo sobre estas dos santas sobre las cuales preguntas, quería explicarte un poco qué significa la palabra “Amma”. Se les da el nombre de Amma a las primeras mujeres (vírgenes o no) consagradas a Dios que vivían en soledad llevando vida de penitencia, estando estas dos (Sara y Teodora), junto con Sinclética, entre las más famosas de las llamadas Madres del Desierto de Egipto. Sobre Santa Sinclética ya escribimos más extensamente en este blog por ser la más famosa de ellas, pero en esas tierras y por aquellos tiempos son muy conocidas también las Ammas María hermana de San Pacomio, Isidora, la abadesa Talida y Mara, Cirina y Domnina de las que habla Teodoreto de Ciro.

Pero existen también otras Ammas, más primitivas que estas como Santa Ifigenia reina de Etiopía y discípula de San Mateo, Santa Irene, que fue discípula de San Timoteo, Santa Tecla, que lo fue de San Pablo y por supuesto, las dos Macrinas (la Vieja y la Joven). Existieron también Ammas anacoretas en otros lugares distintos al desierto egipcio, Ammas diaconisas, Ammas que fueron pecadoras arrepentidas (la más célebre fue Santa María de Egipto de la que hemos escrito dos artículos en este blog), Ammas profetisas, Ammas que se disfrazaron de monjes y por supuesto, las matronas romanas, de alguna de las cuales ya he escrito (Santas Paula, Marcela y Eustoquio) y de otras sobre la que escribiré como Santa Elena o Santa Fabiola. Pero dicho todo esto, centrémonos en las dos sobre las que tú preguntas, no sin antes aclarar un término, del cual haremos mención: “apotegma”.

Apotegma (del griego αποφθεγμα) es una sentencia breve en la cual subyace un contenido moral aleccionador. Cuando haga referencia a alguno lo señalizaré en cursiva y entre comillas.

Amma Sara:
Se la conoce como la imitadora de Abba Antonio (San Antonio de Egipto) y fue contemporánea de San Pafnucio, o sea, que vivió en el siglo IV, durante casi sesenta años, en una celda próxima al río Nilo, en Scete, cercana a Alejandría; viviendo cerca del Nilo, jamás salió de su celda para recrearse mirándolo.

Icono ortodoxo griego de Amma Sara.

Ella, Teodora y Sinclética son las que nos han dejado las mejores colecciones de apotegmas y Amma Sara en los suyos nos muestra una personalidad muy original. Se dice que por humildad, siempre estaba mirando al suelo, así como que durante trece años fue continua y duramente tentada por el demonio de la lujuria. Nunca le pidió a Dios que apartara de ella esas tentaciones; sólo le pedía que le diera fuerzas para resistirlas y finalmente, en uno de los ataques más violentos, en el que el demonio se le presentó con figura humana con la intención de que ella renunciase a su voto de virginidad, viendo el diablo que no conseguía que ella se vanagloriase de sí misma o que cayera en la tentación, le llegó a decir: “Sara, me has vencido”, a lo que ella le respondió: “Quien te ha vencido es Cristo, que vive en mí”, así que ella terminó venciéndolo en el nombre de Cristo, “y a partir de aquel momento, la lucha se retiró de ella” (Segundo apotegma de la serie alfabética de la versión árabe).

En una ocasión fueron a visitarla dos eremitas a fin de que ella les aconsejara, pero ella respondió: “Soy una mujer esforzada y tenaz y estas virtudes están fundamentadas en una roca que es Jesucristo”, recomendándoles que ellos hicieran lo mismo y que se fueran ya que ella quería vivir olvidada por todo el mundo.

También se cuenta que otro día fueron a visitarla unos monjes de Scete y que ella les ofreció una pequeña cesta de frutas. Los monjes dejaron las frutas buenas y se comieron las malas y ella les dijo: “Vosotros sois de los verdaderos monjes de Scete”. Fue una de las “ammas” más austeras, mostrando asimismo una gran familiaridad con Cristo, a quién llamaba “Jesús mío”, expresión nada común en aquella época.

De ella se conservan diez apotegmas; he aquí algunos:
“Mi naturaleza es de mujer, pero el espíritu no tiene sexo”.
“Si quisiera que todo el mundo alabara mi conducta tendría que arrodillarme en la puerta de todas las celdas, pero mi mayor deseo es mantener mi corazón libre para Dios”.
“Lo que yo quiero es mantener el corazón libre para Dios; tenemos que hacer buenas obras, pero no para ser alabados por los hombres, sino para gustar a Dios”.
“Puse mi pie para subir la escalera y pongo la muerte ante mis ojos antes de ir a por ella”.
“El ayuno adelgaza el cuerpo, pero las vigilias agotan la carne más que el ayuno”.
“Nada humilla más al alma que la escasez de pan y de agua. Cuando el enemigo quiere conquistar una ciudad, lo primero que hace es cortar el suministro de pan y de agua, por lo cual, contra su voluntad, los sitiados se entregan. Por lo tanto, si en un monasterio no se restringe el estómago con hambre y sed, los monjes no pueden librarse de los malos pensamientos”.
Parece que murió con ochenta años de edad en el año 370. No se sabe dónde fue sepultada. Es venerada como santa tanto en Oriente como en Occidente.

Icono ortodoxo griego de Amma Teodora.

Amma Teodora
De ella podemos decir que era una mujer muy culta, delicada y prudente, que vivió muy cerca de Alejandría, a finales del siglo IV y que tenía profundos conocimientos teológicos.
Sus famosos apotegmas se basan principalmente en la vivencia en Cristo a través de las Sagradas Escrituras y en su intento de avanzar en el camino de la liberación interior a fin de descubrir al “Dios misericordioso que es Padre y Madre”.

Un dicho suyo era que “como los árboles necesitan el paso de las estaciones para crecer, nosotros tenemos que pasar el invierno a fin de que demos buenos frutos” y otro: “Ni la observancia monástica ni las austeridades corporales, nos salvan; sólo la humildad nos da la victoria”.

A los abbas de las comunidades masculinas les recomendaba que “se alejaran de las adulaciones y que fueran pacientes, humildes y rectos de corazón; condescendientes y que amaran a todos sus monjes sin hacer distinción alguna”. Uno de ellos, llamado Teófilo, le preguntó un día el significado de la expresión “redimir el tiempo” y ella, que sabía de psicología le dijo: “aprovechar todo lo que te viene para transformarlo en virtud: si te injurian, aprovéchala para ser humilde y así el tiempo se convierte en ganancia”.

A un monje que quería salirse de su monasterio a causa de las muchas tentaciones que sufría, le dijo: “Un monje cogió sus sandalias para marcharse y vio al demonio que estaba haciendo lo mismo mientras le decía: no te marches por mí, porque allí donde vayas, yo te estaré esperando”.

Decía que por encima de todas las mortificaciones corporales estaba la virtud de la humildad y que esta procede del conocerse a sí mismo profundamente. No se sabe la fecha exacta de su muerte ni donde está sepultada y es venerada como santa por la Iglesia Universal, tanto en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero

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