¿Cómo eran sus rostros?

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Reliquia del cráneo de San Eutiquio.

Reliquia del cráneo de San Eutiquio.

Desde que se inventó la fotografía, conocemos a la perfección cómo eran físicamente los Santos a los cuales veneramos, y nos da lo mismo si eran bajitos o altos, guapos o feos, con deficiencias físicas o sin ellas… aceptándolos tal y como eran. Pero de los Santos anteriores no conocemos su físico, salvo alguna que otra excepción, gracias a algún retrato pintado y, como hasta cierto punto es normal, siempre tendemos a idealizarlos. ¿Cuántas veces hemos oído decir: eres más bonito que un San Luís, sin saber en realidad si San Luís era guapo o feo y sólo comparándonos con las figuras idealizadas del mismo? Hoy en día, existen los suficientes conocimientos científicos como para hacernos una idea de cómo era el físico de un santo o beato estudiando sus restos, y esto se está haciendo. En este artículo vamos a exponer brevemente dos estudios muy recientes: un santo del siglo IX (San Eutiquio) y otro del siglo XIII (San Antonio de Padua). Vamos ya con ello, aunque como de San Eutiquio nunca hemos escrito, narraremos brevemente su vida.

San Eutiquio, obispo de Gortyna
Eutiquio era un obispo de Gortyna, en Creta, durante la invasión árabe del año 827. Los sarracenos se quedaron en la isla más de cien años, tomando posesión de todas sus pertenencias e impidiendo el ejercicio de cualquier autoridad eclesiástica que no fuera la musulmana. De este santo cretense, en realidad, a ciencia cierta, se sabe muy poco y la mayoría de los relatos que de él se cuentan, son sólo eso, leyendas populares con no mucha fiabilidad. Según estos relatos, temiendo la persecución de los musulmanes, Eutiquio y dos hermanos suyos se retiraron a una cueva de las muchas existentes en las montañas de Creta, a fin de llevar allí vida eremítica, aun a sabiendas de que los árabes torturaban a los monjes, como ocurrió con los que habitaban la iglesia rupestre de San Ciríaco, que fueron lanzados desde lo alto de la montaña. Se dice que Eutiquio y sus hermanos Casiana y Eutiquiano se salvaron, y que en aquella cueva – que durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizada como búnker por los alemanes -, se construyó con posterioridad la actual iglesia de la Transfiguración. Parte de los restos del santo se salvaron y permanecen en Creta, a pesar de los intentos de robo por parte de los cruzados, e incluso en los intentos de profanación durante la guerra cretense de 1645 a 1669.

Un científico cretense reconstruyendo la forma del cráneo del santo.

Un científico cretense reconstruyendo la forma del cráneo del santo.

Dicho lo anterior, digamos ahora que el cráneo de San Eutiquio se ha estudiado y que este estudio fue realizado por un grupo de científicos de la Universidad de Creta, del Instituto Cretense de Tecnología y del Hospital Universitario de Heraklion. El Instituto Tecnológico hizo la reconstrucción facial del santo mediante un modelo digital de su cráneo, creando con materiales sintéticos una copia exacta del mismo. Con esta copia sintética, los cirujanos plásticos reconstruyeron una copia de los músculos faciales y de la piel del rostro. Esta base de reconstrucción facial del cráneo fue una técnica desarrollada a mediados del siglo XX por el antropólogo y arqueólogo ruso Mihail Gerasimov (1907-1970) y que, con posterioridad, se ha visto mejorada por otros estudiosos. Así, se pudo esculpir la cabeza del santo, que fue presentada por un grupo interdisciplinario de científicos en una conferencia desarrollada el 11 de marzo del año pasado en el “Androgeus Hall” de Heraklion.

Con tal motivo, Makarios Douloufakis, metropolita de Gortyna y Arcadia, dio una conferencia de prensa donde resaltó la importancia de este trabajo, en el que se combinan las últimas tecnologías con la medicina forense e, incluso, con la mejor tradición iconográfica de este santo en la pintura bizantina. Combinando estos tres factores llegó incluso a enfatizar sobre el significado de la iconografía diciendo que un icono bizantino no debe percibirse simplemente como una imagen, sino como una especie de “canal de comunicación” entre las naturalezas divina y humana, divinizando la primera a la segunda, doctrina que ya fue insinuada por San Basilio Magno en el siglo IV cuando decía que “el valor de icono proviene de su prototipo, ya que veneramos el espíritu que él mismo icono nos muestra”. En este pequeño artículo mostramos la foto del cráneo del santo y la reconstrucción de cómo habría sido su rostro físico.

Esqueleto del Santo expuesto a la veneración. Basílica del Santo en Padua, Italia.

Esqueleto del Santo expuesto a la veneración. Basílica del Santo en Padua, Italia.

San Antonio de Padua
Sobre la vida de este popular santo católico del siglo XIII no vamos a escribir ahora, pues ya se publicó en este blog su biografía el día 13 de junio del año 2011. Dada la popularidad de este santo, existen multitud de imágenes suyas, no sólo a nivel de pinturas y esculturas, sino de cerámica, vidrieras, etc. Siempre se le ha representado como un santo “agradable a la vista”, pero en realidad se desconocía cómo era su rostro, cómo era su figura, aunque Giotto – casi contemporáneo suyo – nos dejó alguna imagen suya bastante parecida a la realidad.

El Departamento de Antropología de la Universidad de Padua, en colaboración con un grupo internacional de científicos, ha intentado reconstruir su rostro a partir de sus reliquias, conservadas en su basílica de Padua y que mostramos en una de las fotos de este artículo. A partir del cráneo y utilizando las técnicas científicas más modernas, se ha realizado una reconstrucción forense muy fidedigna de su rostro. El arqueólogo Luca Bezzi, miembro de “Arc-team Archaeology” y especialista en reconstrucción 3D, a partir de un modelo del cráneo, creó un prototipo tridimensional. Todos sabemos que la reconstrucción 3D es un proceso mediante el cual objetos reales son reproducidos en la memoria de una computadora, manteniendo sus características físicas, dimensiones, volúmenes y formas.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Para ello dispuso de toda la documentación existente en la basílica franciscana, que le fue facilitada por Fray Luciano Bertazzo, director del Centro de Estudios Antonianos. En esta reconstrucción también participó el diseñador de 3D, Cícero Moraes, brasileño de reconocido prestigio en el campo de la reconstrucción facial arqueológica, colaborador del laboratorio de Antropología y Odontología Forense de la Universidad de Sao Paulo, siendo este un proyecto que ha durado dos años y en el que se ha combinado la tecnología, la arqueología y la tradición.

En la realización de este trabajo se ha dado un caso muy curioso: a Cícero Moraes nunca se le dijo la identidad de la persona cuyo rostro tenía que reconstruir. Sólo se le informó de que se trataba de un varón de rostro caucásico, de treinta y seis años de edad. Moraes, que no se distingue por su religiosidad, estaba intrigado y conforme avanzaba en su trabajo, su intriga iba en aumento pues comprobaba que el rostro podría ser el de una persona nacida en la península Ibérica (recordemos que San Antonio era portugués). Cuando finalmente se le dijo que se trataba de San Antonio de Padua quedó tan maravillado que exclamó: “Yo, que no soy religioso, acabo de sentir una gran responsabilidad, ya que millones de personas de todo el mundo podrán ver la cara de un gran santo”.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Esta imagen, que también reproducimos aquí, fue presentada el pasado día 10 en un Congreso celebrado en el auditorio del Centro Cultural “Altinate San Gaetano” de Padua, quedando expuesta en la basílica del santo hasta el día 22 de este mes. Como podemos comprobar, su cara era redonda, con mofletes, sus ojos eran profundos y su nariz algo aplastada. Si comparamos esta cara mofletuda con las caras de las imágenes tradicionales, vemos que no se parece en nada con la imagen clásica del santo, ni siquiera en el estilismo de su figura. Tiene mucho más parecido con la imagen pintada por Giotto, aunque como todos sabemos, este pintor nació unos treinta años después de la muerte del santo: un rostro simpático, bonachón, con la tonsura tal y como la llevaban anteriormente los franciscanos y regordete. Recordemos que algunos historiadores dicen que el santo sufría de hidropesía – retención de líquido en los tejidos musculares -, y que por eso murió tan joven.

Antonio Barrero

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San Antonio de Padua, fraile franciscano

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Óleo del Santo por Bartolomé Esteban Murillo.

Nació entre los años 1190-1195 en Lisboa (Portugal) y es por eso por lo que los portugueses lo conocen como San Antonio de Lisboa. Era de familia noble, hijo de Martín y Maria y cuando lo bautizaron le pusieron el nombre de Fernando.

Con quince años de edad (según la leyenda), pero más probablemente con diecinueve o veinte años entró en el monasterio de San Vicente que, cerca de Lisboa, tenían los Canónigos Regulares de San Agustín. Allí estuvo dos años pasando después al monasterio de la Santa Cruz en Coimbra, donde estudió las Escrituras y los escritos de los Santos Padres, especialmente de San Agustín.

Probablemente allí, en Coimbra, se ordenó de sacerdote el año 1219. Un año más tarde, cuando pasaron (y se quedaron) en dicho convento las reliquias de los protomártires franciscanos de Marruecos, sintió grandes deseos de sufrir el martirio por lo que decidió entrar en la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos), que acabada de fundarse once años antes. Entró en la Orden de San Francisco y cambió su nombre de Fernando por el de Antonio.

En el otoño marchó hacia las misiones en Marruecos, pero se puso gravemente enfermo hasta pasado el invierno. Decidió abandonar África para volver a Portugal, pero una fuerte tormenta los desvió hasta las costas de Sicilia donde llegó en la primavera del año 1221. En la fiesta de Pentecostés de ese mismo año participó en el Capítulo General celebrado en Asís, donde conoció a San Francisco. Al finalizar el Capítulo, como no tenía destino, solicitó al padre provincial de la región italiana de Emilia Romagna quedarse en su provincia y así fue destinado al eremitorio de Montepaolo, cercano a la ciudad de Forlì y allí vivió algún tiempo dedicándose a la oración y a la penitencia, pasando totalmente desapercibido hasta que un día tuvo que predicar durante la ceremonia de una ordenación en Forlì. Inmediatamente lo destinaron a la labor apostólica de la predicación. Con energía y con celo se dedicó a combatir las herejías nacientes de cátaros, patarinos y albigenses, por lo que recibió el apodo de “martillo de herejes”.

El milagro del pie cortado. Óleo de Sebastiano Ricci, siglo XVII.

Entre los años 1223 al 1225, en el convento de Santa Maria della Pugliola de Bolonia, empezó a poner las bases de una escuela franciscana de teología, recibiendo la probación del propio San Francisco: “Frati Antonio episcopo meo, Fr. Franciscus salutem. Placet mihi, quod sacram theologiam legas fratribus, dummodo inter huiusmodi studium sanctae orationis spiritum non exstinguas, sicut ut Regula continetur. Vale” (Al hermano Antonio, mi obispo, saludos de Fray Francisco. Me alegra que enseñes sagrada teología a los hermanos, siempre y cuando este estudio no apague el espíritu de santa oración conforme está contenido en la Regla. Saludos.) Llama poderosamente la atención que siendo Antonio sacerdote, Francisco le llame “mi obispo”.

Entre los años 1225 al 1227 estuvo en el sur de Francia, enseñando en Montpellier, Toulouse y Puy-en-Velay, pasando posteriormente a Bourges, Limoges, Saint-Junien y Arlés rebatiendo en las plazas públicas las doctrinas defendidas por los herejes. En el Capítulo celebrado en Arlés en el año 1226 lo eligieron padre custodio de Limoges. En dicha ciudad, mientras predicaba un día sobre la Santa Cruz, según nos cuenta el Beato Tomás de Celano, se le apareció San Francisco, que aun vivía y que había recibido en su cuerpo los estigmas de la Pasión de Cristo.

San Antonio de Padua predica a los peces. Obra de Marià Benlliure.

San Antonio de Padua predica a los peces. Obra de Marià Benlliure.

En el Pascua de 1227 retornó a Italia interviniendo como padre custodio de Limoges en el Capítulo General de Asís y allí fue nombrado Ministro Provincial de la región de Emilia ejerciendo esa responsabilidad hasta un año antes de su muerte. Alternó la predicación con el gobierno provincial de los frailes a él encomendados y allí es donde escribió su obra: “Sermones dominicales”. En la Pascua de 1228 fue a Roma probablemente para tratar ante la Curia Romana asuntos relacionados con la Orden y allí, predicó en presencia del Papa Gregorio IX, el cual, admirado por sus conocimientos sobre las Sagradas Escrituras lo llamó “Arca del Testamento”. Por orden del Papa predicó en diversas ocasiones ante una multitud de gente llegada a Roma desde todos los lugares de Europa, quienes lo entendieron cada uno en su correspondiente lengua nativa.

Exonerado de su responsabilidad de Padre Provincial, marchó a Padua (Padova), ciudad en la que había estado ya varias veces y allí permaneció hasta finales del año 1229, cuando, junto con otros frailes marchó nuevamente a Roma a fin de dirimir algunas dudas sobre la interpretación de la Regla Franciscana. Vuelto a Padua, en el invierno del año 1231 escribió “Los Sermones”, trabajo que le había pedido el Cardenal Rainaldo de’Conti, que sería elegido Papa tomando el nombre de Alejandro IV. Predicó la siguiente Cuaresma, marchó a Verona para solicitar la liberación del conde Rizzardo de San Bonifacio y estuvo por otras ciudades y pueblos predicando públicamente en el campo.

Esqueleto del Santo expuesto a la veneración. Basílica del Santo en Padua, Italia.

Veinte días antes de su muerte, se retiró a Camposampiero, a unos veinte kilómetros de Padua para vivir en soledad, junto a su amigo el conde Tirso, el cual le construyó una pequeña celda junto a un nogal, desde donde predicaba al pueblo. Afectado por una hidropesía que sufría desde hacía bastante tiempo, hizo que lo trasladaran a Padua, al convento de la Arcella, donde cantando el “Gloriosa Domina” y teniendo una visión de Cristo, expiró la tarde el día 13 de junio del año 1231.

Cuando se corrió la voz de que había muerto, todos querían llevarse su cuerpo, pero definitivamente lo llevaron a la iglesia de Santa Maria Materdomini en Padua, lugar en el que él había manifestado su deseo de ser sepultado. Antes de cumplirse un año de su muerte, el día 30 de mayo de 1232, el Papa Gregorio IX, lo canonizó en la catedral de Spoleto.

Sus escritos:
“Sermones dominicales” y “Sermones in solemnitatibus Sanctorum” son las dos obras principales escritas por San Antonio, aunque algunos autores también le atribuyen “Concordantiae morales ss. Librorum”, “Expositio  mystica in S. Sacramento”, “Incendium amoris”, y “Sermones quadragesimales”.

Sepulcro del Santo en su basílica de Padua, Italia.

Las dos series de sermones son la fuente del pensamiento teológico del santo. Según el método existente en su época, él enuncia un tema sobre las Sagradas Escrituras, lo enriquece con la aportación de los Santos Padres, encontrando simbolismos aplicables a la vida ordinaria. Sus textos tienen carácter homilético, de homilía, aunque también son una forma de adoctrinamiento escriturístico, ascético y místico, lo que llevó al Papa Pío XII en el Breve Pontificio “Exulta Lusitania” a decir de él que era un eximio teólogo en dilucidar la verdad de la fe; lo proclamó Doctor de la Iglesia.

Sus milagros:
Son muchos los prodigios que el santo realizó en vida: profecías, resurrecciones de muertos, curaciones, la predicación a los peces, la mula que se postra ante el Santísimo Sacramento en señal de adoración, el corazón de un hombre avaro encontrado en un ataúd, el juntar con su pierna el pies amputado de una persona, episodios de bilocación, o sea, estar en dos sitios distintos simultáneamente, etc. Algunos críticos, especialmente protestantes, ponen en entredicho algunos de estos milagros, que en su generalidad, son aceptados por todos los estudiosos de su vida y obras.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Reconstrucción del rostro de San Antonio.

Después de su muerte acontecieron numerosos milagros que nadie pone en duda. Tanto el obispo de Padua como el propio Papa que lo canonizó un año después de su muerte encargaron un estudio minucioso de los mismos, estudio que fue presentado al Papa, sometido a la aprobación del colegio cardenalicio y aprobados definitivamente. Entre ellos están:  diecinueve curaciones de personas tullidas, cinco de paralíticos, siete curaciones de ciegos, tres de sordos, tres de mudos, dos de epilépticos, tres de jorobados, dos resurrecciones de muertos, etc. El listado de milagros estudiados era muchísimo mayor.

Culto:
Inmediatamente después de su muerte se iniciaron las primeras manifestaciones de culto en Padua, manifestaciones que aumentaron después de su prontísima canonización. El centro principal de culto es la Basílica santuario en dicha ciudad, imponente, con una armoniosa fusión de estilos (románico, gótico, bizantino y con influencias árabes). En dicha Basílica se encuentra el sepulcro del santo y el relicario de su lengua incorrupta. Este templo, a lo largo de los siglos, ha sufrido serios contratiempos: inundaciones y dos incendios pero ha sido restaurado y contiene numerosas obras de arte. Las reliquias del santo fueron puestas en la Basílica el año 1266, estando presente San Buenaventura (también franciscano y cardenal de la Iglesia). Desde Padua, el culto se propagó por toda Italia, Francia, Portugal y España y poco después de la canonización se aprobó su Oficio Litúrgico que fue propagado por los franciscanos por toda Europa. Sixto V lo extendió a toda la Iglesia Universal.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Comparación de dicho rostro con una escultura del santo.

Podríamos seguir hablando de tres devociones populares muy ligadas al santo: “los martes de San Antonio”, “el breve de San Antonio” y “el pan de los pobres”, pero no se trata de alargar el artículo. Su fiesta se celebra el día de hoy, 13 de junio.

Antonio Barrero

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