Beata Marie-Clémentine (Anwarite Nengapeta): la Maria Goretti africana

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Montaje fotográfico de la Beata obtenido de una fotografía original poco tiempo antes del martirio.

En su vida no hubo, aparentemente, nada extraordinario: ni era brillante intelectualmente, ni hermosa físicamente; incluso adolecía de cierta testarudez. Pero ha sido la primera congoleña beatificada y, después de Santa Josefina Bakhita, la segunda africana a la que se eleva a los altares. También ha sido llamada la Maria Goretti africana, y es aquí donde radica lo extraordinario: al igual que esta Santa italiana, murió defendiéndose de un intento de violación, y murió perdonando a su asesino. Acerquémonos a conocerla.

Nació el 29 de diciembre de 1939 en Mikoko (Wamba) en el entonces llamado Congo Belga (actual República Democrática del Congo), África. Pertenecía a la tribu Wadubu; su padre se llamaba Amisi Batsuru Batobobo y su madre, Julienne Isude. Fue la cuarta de seis hijas y la llamaron Nengapeta, que en su idioma significa “paloma ágil”. El otro nombre que se le atribuye, Anwarite (“la que se ríe de la guerra”) fue en realidad el nombre de una de sus hermanas mayores, Léontine Anwarite. Este error se debe a que el día en que Leóntine llevó a su hermana pequeña, Nengapeta, a registrarse civilmente para poder ir a la escuela, la religiosa belga que anotaba los nombres se confundió y registró a Nengapeta como Alphonsine Anwarite; por lo que su nombre auténtico, que era Nengapeta, se perdió definitivamente.

Poco después de nacer la sexta hija, el padre abandonó a su esposa y se casó con otra mujer, creyendo que la madre de Nengapeta era incapaz de darle un hijo varón; y erró definitivamente, pues su segunda esposa resultó ser estéril (¡!). Nengapeta, llena de dolor por el divorcio de sus padres, sin embargo perdonó de corazón a su padre por semejante actuación.
Aunque en origen los padres de Nengapeta practicaban la religión tradicional de su tribu, tanto ella como su madre se convirtieron al cristianismo y se bautizaron en 1943, a los cinco años de edad de Nengapeta, y entonces su nombre cambió a Alphonsine Anwarite, por un error de registro, como decíamos. Como curiosidad, fue bautizada dos veces porque el certificado del primer bautismo se perdió (¡!).
Alphonsine fue una niña muy sensible: un día, asistió al sacrificio de una cabra y se negó a comer su carne, diciendo que la sangre del animal era talmente como la suya propia. Era también una chica muy colaboradora y, tras cursar los estudios primarios en Wamba y luego en Bafwabaka, disfrutaba ayudando a su abuela en sus tareas domésticas.

Las religiosas de la Congregación de la Sagrada Familia -y entre ellas, la propia Beata- fotografiadas con monseñor Wittebols.

Aunque era una muchacha joven, Alphonsine sentía el deseo de profesar como religiosa, y transmitía este sentimiento a las demás chicas. Admiraba a las religiosas que trabajan en su poblado –la Congregación de la Sagrada Familia, fundada por el obispo Wittebols- y quería seguir sus pasos; su maestra de tercer año, sor Marie-Anne Ndakala, era como una madre espiritual para ella. En un principio, la madre de Alphonsine se opuso rotundamente a que su hija profesara como religiosa; pero ella, sin desanimarse, tomó la iniciativa y pidió ser admitida en el convento; cosa que no se le concedió porque en aquel momento todavía era muy joven para ello.
Un día llegó al poblado una camioneta que venía a trasladar a las postulantes al convento de Bafwabaka: Alphonsine vio allí su oportunidad. Ni corta ni perezosa, se coló en la camioneta sin ser vista. Su madre la estuvo buscando durante muchos días hasta que un chiquillo del poblado le contó que estaba en el convento. Entonces pareció aceptar la voluntad de su hija, puesto que no exigió su regreso ni fue a buscarla.
Tras entrar en la Congregación (1956) emitió los votos simples (pobreza, castidad, obediencia) el 5 de agosto de 1959 y se convirtió en sor Marie-Clémentine. Sus padres estuvieron presentes en la ceremonia e incluso ofrecieron un par de cabras al convento para mostrar el orgullo de tener una hija consagrada; pero después su madre intentó de nuevo que renunciara a su vocación y se marchara con ella a casa para ayudarle a mantener a la familia. No lo consiguió.

Estampa devocional popular africana con una ilustración de la Beata, en hábito de su Congregación, portando las flores de la virginidad y la palma del martirio.

Como religiosa, Marie-Clémentine se entregó a servir a los demás y hacerles felices. Muchas veces se ofrecía a hacer el trabajo que las otras rechazaban, pero no dejaba de reñirlas por haber querido eludir sus obligaciones. Su celo por sus compañeras también se mostró en otras ocasiones: había prometido solemnemente no entregarse jamás a ningún hombre y quería que las demás cumplieran firmemente este voto de castidad; por lo que un día, al ver a un matón hacer proposiciones indecentes a una de las religiosas, montó en cólera y lo atacó.
Con todo, era una religiosa con gran vida interior: tenía una agenda personal donde lo anotaba todo; entre sus notas destacan las enseñanzas del obispo Wittlebols, padre espiritual de la Congregación, que sería martirizado a finales de 1964. Aunque había obtenido el título de maestra en 1961, como decía al principio no era muy brillante ni tampoco muy agradable físicamente –era bizca y tartamudeaba- pero era muy trabajadora, activa con los trabajos domésticos, como podemos ver; severa ante los malos ejemplos de los demás; pero de carácter jovial.
En la Congregación, fue maestra y directora del internado de niñas, ocupándose sobretodo de las que estaban enfermas y las que tenían problemas. Dirigía también algunos grupos de la Legión de María y sabía organizar juegos y espectáculos de teatro con las niñas. Siempre llevaba en el bolsillo una pequeña imagen de la Virgen que le había regalado una misionera comboniana, pues era muy devota de Ella.

En 1964, estalló en el Congo la rebelión Mulele, que se extendió en pocas semanas a la mayor parte del país, liderada por los rebeldes simba, radicales opositores al dominio occidental –que, dicho sea de paso, había sido extremadamente cruel en el Congo-. Sin embargo, los sacerdotes y religiosas, aun cuando fueran congoleños de nacimiento, fueron considerados colaboradores de dicho dominio –pues se habían convertido a la fe extranjera y seguían su cultura- y por tanto, pasaron a ser objetivo de los rebeldes.
El 29 de noviembre de ese año los simba llegaron al convento de Bafwabaka e hicieron subir a las 46 religiosas a una camioneta para llevarlas a Wamba, diciéndoles que lo hacían para su propia seguridad. Sin embargo, a medio camino la camioneta cambió su trayecto y se dirigió a Ibambi y luego a Isiro (llamada entonces Paulis), a la casa del coronel Yuma Déo, líder de la resistencia.

Esa misma noche, todas las religiosas -excepto Marie Clémentine- fueron trasladadas a un lugar cercano, llamado “la casa azul”. Entonces, uno de los líderes simba, el coronel Ngalo, compinchado con un soldado llamado Sigbande, intentó convencer a Marie-Clémentine para que se convirtiese en su esposa. Asustada, pero desafiante, Marie-Clémentine se negó rotundamente y siguió negándose incluso cuando los soldados furiosos la aislaron y la amenazaron de muerte una y otra vez. La madre Léontine intentó defenderla, pero sus esfuerzos fueron inútiles.
Mientras tanto, las monjas recluidas en la “casa azul” estaban muy asustadas y se negaron siquiera a comer sin la presencia de su superiora. El coronel Pierre Olombe, llevándose consigo a las hermanas Banakweni y Marie-Lucie, informó de la situación a Ngalo, quien le pidió ayuda para convencer a Marie-Clémentine de sus deseos. Éste, seguro de su éxito, aceptó.

El martirio de sor Marie-Clémentine tuvo, sin duda, una dimensión comunitaria: a la hora de cenar, compartió un plato de sardinas y arroz con la madre Xavéria, pero no fue capaz de comer mucho. Advirtió a las demás religiosas que no debían beber la cerveza que les daban los simba, porque estaban en peligro de muerte y debían prepararse. Declaró que estaba preparada para morir defendiendo su virginidad y pidió la oración y el apoyo de todas; pues ya presentía que iba a morir. Luego renovó sus votos, especialmente el de castidad. Ellas rezaron con ella y se comprometieron a seguir su ejemplo.

Primer sepulcro de la Beata. Jardín de la catedral de Isiro, República Democrática del Congo.

Más tarde, aquella misma noche, el coronel Olombe, rodeado de un grupo de simba, envió a las monjas a dormir, permitiéndoles descansar juntas en una habitación siempre que Marie-Clémentine permaneciese aislada aparte. Ella, asustada y ansiosa, pidió a la superiora que rezara por ella. Entonces, Olombe intentó convencerla de que aceptara la propuesta de Ngalo, pero al rato cambió de parecer y decidió que la quería para sí. Cuando ella le rechazó, empezó a insultarla de mala manera, pero Marie-Clémentine permaneció firme.
Entonces, el coronel la forzó a ella y a otra religiosa que había escogido –sor Jean-Baptiste Bokuma- a entrar en un coche. Las dos intentaron escapar mientras éste buscaba las llaves del coche, pero las atrapó y dio comienzo una dura lucha. Las madres Leóntine y Mélanie, que vieron la escena con sus propios ojos, suplicaron al coronel que tuviese piedad de las dos religiosas, pero el otro, rabioso, las hizo callar. Entonces empezó a golpear sin piedad a sus dos víctimas, rompiéndole el brazo por tres partes a sor Jean-Baptiste, que no pudo resistir el dolor y se desmayó. Entonces, Olombe se arrojó sobre Marie-Clémentine e intentó violarla, mientras ella se resistía y gritaba: “¡No quiero, no quiero, no quiero, prefiero morir antes que ser suya!”. Sus palabras no hicieron sino enfurecer al coronel, que siguió golpeándola brutalmente y tratando de vencer su resistencia, mientras ella seguía gritando: “¡Antes moriré que cometer este pecado!”. Al final de la paliza, entre golpe y golpe, ella aún tenía fuerzas para decirle a su agresor: “Te perdono, porque no sabes lo que estás haciendo… que el Padre te perdone.”
Al oír aquello, Olombe se levantó, llamó a los soldados, y les dio orden de masacrar a Marie-Cleméntine, que fue apuñalada a machetazos. Cuando la hubieron atravesado con las hojas diversas veces, Olombe sacó la pistola y le pegó un tiro en el pecho. Entonces, pareció calmarse y llamó a las monjas, ordenándoles que se llevaran el cuerpo. Al levantarla, notaron que todavía respiraba, aunque muy débilmente. Vivió poco tiempo más: en torno a la una de la madrugada del 1 de diciembre, año 1964, dejaba de existir. Tenía sólo 25 años de edad. La arrojaron a una fosa común donde también enterraron a otros prisioneros ejecutados por los simba.
Posteriormente, las religiosas sufrieron también abusos por parte de los rebeldes, siendo golpeadas, amenazadas y heridas; pero resistieron con entereza, pues el ejemplo de Marie-Clémentine les daba fuerzas. Incluso cuando las amenazaron de rociarlas con gasolina y prenderles fuego, ellas respondieron cantando con fuerza el Magnificat. Sentían la fortaleza de la mártir, que las había precedido en el camino al Paraíso, estando con ellas.

Actual sepulcro de la Beata. Jardín de la catedral de Isiro, República Democrática del Congo.

Ocho meses más tarde, el cuerpo de la mártir pudo ser recuperado de la fosa común. Aunque estaba mezclado con muchos otros cuerpos, pudo ser reconocida por la figurita de la Virgen que siempre llevaba en su bolsillo. Fue hallada el día 16 de julio de 1965 y tras su reconocimiento, fue solemnemente trasladado a la catedral de Isiro, en cuyo cementerio fue enterrada el 1 de diciembre de 1978. Actualmente, aunque sigue reposando aquí, se le está construyendo un Santuario Nacional dedicado a ella en la misma Isiro.

Desde el principio se tuvo conciencia de que había muerto defendiendo su voto de castidad y perdonando la crueldad de su asesino, por ello, el proceso de beatificación se abrió en enero de 1978 en la entonces zaireña diócesis de Isiro, luego continuó en Isiro y finalmente en Kinshasa. Finalmente, fue beatificada por el papa San Juan Pablo II en su viaje a Zaire (actual República Democrática del Congo) el día 15 de agosto de 1985. A la ceremonia asistieron sus padres, que ya eran ancianos. En su homilía, el Papa destacó el carácter comunitario del cruel martirio de la Beata, y la incluyó entre las célebres vírgenes que, desde la época romana, dieron sus vidas por Cristo (Blandina, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Catalina, Pelagia y muchas otras); y la definió como “el fruto perfecto de la gracia del bautismo, la primera hija del Zaire proclamada Beata por la Iglesia.” Su fiesta se celebra hoy, 1 de diciembre, día de su martirio.

Emisiones de sellos del Estado del Vaticano con los retratos de la Beata Marie-Cleméntine y el papa San Juan Pablo II, año 1991.

Termino mi intolerablemente extenso artículo con una referencia al asesino que me resulta conmovedora. Acabada la rebelión, una de las religiosas supervivientes, sor Fidélia Sembo, dijo haberse encontrado con el coronel Olombe en Kisangani. Había sido hecho prisionero en 1966 por el general Yossa Malasi, de la armada nacional congoleña, y sentenciado a muerte por su participación en la rebelión. Pero, al haber luchado de parte de la armada congoleña contra el ataque del mercenario Jean Schramme en Bakavu, se le conmutó la pena por cinco años de prisión en Ndolo.
Después de ser liberado, no tenía nada, y muerto de hambre, se dirigió a pedir comida a las monjas en Isiro, las mismas que había liberado después de maltratarlas y matar a Marie-Cleméntine (¡!). La madre Leóntine lo atendió personalmente, y tras darle lo que necesitaba, le dijo: “La hermana Marie-Clémentine te perdonó, y nosotras debemos seguir su ejemplo”.

¡Qué diferente sería nuestro mundo si a todos nos guiaran los mismos sentimientos!
Beata Marie-Clémentine, Anwarite Nengapeta, ruega por nosotros.

Meldelen

Enlace: http://www.dacb.org/stories/demrepcongo/anuarite_mc.html (09/08/2011)

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