La Protección de la Virgen Santísima, Madre del Señor

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de la Virgen sosteniendo su Velo (omophorion) durante su aparición en la iglesia de Blaquerna, Constantinopla.

Entre las festividades orientales dedicadas a la Santa Madre de Dios es posible distinguir entre las que tienen relación con las acciones de la Santa Virgen durante su vida mortal y su posterior actividad entre los creyentes cristianos. En la primera categoría podemos incluir su Natividad, la Presentación en el Templo, la Anunciación, Natividad de Nuestro Señor y, por supuesto, la Dormición de la Santa Virgen. En la segunda categoría pueden incluirse un número de milagrosas apariciones -como la de la iglesia de Blaquerna de Constantinopla, probablemente en los años 20 del siglo X- o algunos otros milagros como la derrota de los árabes y eslavos que asediaron Constantinopla; y no cabe olvidar diversas curaciones milagrosas, incluso resurrecciones de entre los muertos, milagros que son recordados en algunos himnos dedicados a Ella, como el Akathistos y la Paraclísis de la Madre de Dios.

La fiesta ortodoxa más impresionante en honor de la Virgen María, perteneciente a la segunda categoría, es sin duda la Protección de la Theotokos, celebrada el 1 de octubre, y adicionalmente el 28 de octubre es las Iglesias Griegas. Más conocida como la Pokrov en los países eslavos, Acoperamantul Maicii Domnului en Rumanía o Skepi en Grecia y Oriente, la fiesta trata acerca de la milagrosa aparición de la Santa Madre de Dios en la iglesia bizantina de Blaquerna, pero también tiene que ver con una santa reliquia conocida como el Velo de Nuestra Señora. Además, el vocablo griego skepi lo mismo significa “protección” que “velo”.

La historia de una milagrosa aparición
La fiesta de la Protección se celebra en relación con la extraordinaria vida de un loco por Cristo, San Andrés de Constantinopla. Su biógrafo, el sacerdote Epifanio de la catedral de Santa Sofía, hizo notar que Andrés tenía ascendencia eslava y era esclavo en la corte de un noble de Constantinopla. Una noche él recibió el mandato divino de actuar como un loco para cumplir una misión especial. A partir de ese momento, Andrés vivía en las calles o bajo los pórticos de las iglesias, junto a los mendigos, vagabundos y prostitutas, haciendo a primera vista cosas estúpidas, pero en realidad tratando de devolver a la fe muchos pecadores.
Después de un tiempo viviendo así, se hizo amigo de Epifanio, un sacerdote de la catedral a quien confesó su auténtica identidad y el significado de sus actos. Poco después Epifanio se convirtió en “aprendiz” de Andrés, quien le contó sus visiones y le enseñó el auténtico modo de vida cristiano.

Fresco ortodoxo griego de la aparición de la Theotokos en la iglesia constantinopolitana de Blaquerna. Monasterio Govora, Rumanía.

El Sinaxario Griego para la Fiesta de la Protección de Nuestra Señora afirma que San Andrés, junto con Epifanio, participó en una vigilia nocturna el día 1 de octubre, noche del sábado al domingo, en la iglesia de Blaquerna, un importante lugar de peregrinación en Constantinopla, construido en torno a 450 por la emperatriz Pulqueria. La oración especial tenía su razón de ser en la amenazada libertad de la ciudad, sometida a un ataque bárbaro. No queda clara la identidad de los atacantes.

Eso sucedió “en tiempos del emperador León el Sabio” (refiriéndose a León IV, 886-912). Hacia las cuatro de la madrugada, Andrés alzó sus ojos al cielo y vio, junto a su discípulo, que la Virgen María estaba allí, suspendida en el aire, rodeada de luz y orando, su rostro anegado de lágrimas. En la visión, que no era sólo visible para Andrés y Epifanio, sino también para otros que estaban allí en la iglesia, la Santa Virgen estaba rodeada de ángeles, junto con San Juan Evangelista y San Juan Bautista. Su oración está citada en el himno Akathistos de la Protección de la Theotokos. En el Sinaxario dice así: “Padre celestial, recibe a todos los que te glorifican y pronuncian Tu Santo Nombre en todo lugar. Santifica los lugares donde mi nombre es recordado y glorifica a quienes te glorifican y me honran a mí, Tu madre. ¡Recibe todas sus oraciones y promesas y líbralos de todos los males y necesidades!” Después de terminar su oración, Ella caminó hacia el altar y siguió orando. Poco después, el peligro se extinguió y la ciudad se salvó una vez más. Después de un instante, Ella se quitó el velo (omophorion o mandylion) y lo desplegó sobre toda la gente congregada en la iglesia, como signo de su protección. Entonces San Andrés se volvió hacia su discípulo, Epifanio, que estaba junto a él, y le preguntó: “¿Ves, hermano, a la Santa Theotokos rezando por todo el mundo?” y Epifanio respondió, “¡Sí, Santo Padre, la veo y estoy maravillado!”.

Relicario con un fragmento del velo de la Virgen. Iglesia de San Josafat, Detroit (EEUU).

La historia ampliada de la celebración
La celebración de la Protección de la Theotokos en este día tiene su motivo en algo más que este evento aislado. Se podría decir que está más bien conectada con diversas salvaciones milagrosas de la ciudad de Constantinopla, en peligro debido a muchas invasiones extranjeras. La primera vez que la capital del Imperio Bizantino fue asediada, fue en 626 a manos de los persas y los escitas, durante el reinado de Heraclio. Tras una procesión con los iconos y una reliquia de la Virgen María (probablemente su velo; pues su túnica, velo y parte del cinturón habían sido traídas desde Palestina por orden de León I en 473), una repentina tormenta dispersó la flota enemiga en el Cuerno de Oro, cerca de la iglesia de Blaquerna, y Constantinopla se salvó. En honor a este suceso, el patriarca Sergio (o, según otros, el diácono Jorge Pisida) compuso el famoso himno Akathistos.

Los árabes asediaron la ciudad en 717-718, pero perdieron la batalla de un modo similar, y más tarde la gente de Rus – los ancestros de los rusos -, liderados por Askold y Dir en 860, según las Crónicas Primigenias. El patriarca Focio y el emperador Miguel encabezaron una vigilia nocturna en la iglesia de Nuestra Señora de Blaquerna. El cronista dice que “el tiempo estaba estable, y el mar estaba en calma, pero un fuerte viento se levantó, y cuando grandes olas se alzaron enfrente, confundieron los barcos de los paganos de Rus, los lanzó a la costa y los destruyó, de modo que pocos escaparon a tal destrucción y regresaron a su tierra natal”. Según Néstor, la fiesta de la Protección celebra la destrucción de esta flota en algún momento del siglo IX, lo que no puede ser correcto, ya que San Andrés vivió a principios del siglo X.

En cualquier caso, según la tradición rusa, se cree firmemente que los bárbaros que cercaron Constantinopla en tiempos de San Andrés procedían de Kievan-Rus. Los hechos históricos establecen que en 907 la capital bizantina fue atacada por las tropas de Oleg de Novgorod, quien reclamaba para su gente derechos especiales de comercio con el Imperio. León lo combatió y la ciudad se salvó, pero ellos volvieron a atacar en 911, y entonces el tratado se firmó. El 1 de octubre de 907 era sábado, lo que confirma la información.
Por último, la protección de la Theotokos sobre Constantinopla tiene relación con una potencial invasión búlgara en 926, cuando el zar Simeón fue disuadido de atacar la ciudad después de que le fue mostrado el Santo Velo.
Es interesante hacer notar que la Fiesta de la Protección empezó a ser celebrada en el siglo XII por los rusos, la gente que en aquella época atacó Constantinopla. La celebración se expandió por todo el cristianismo oriental, pero hasta hoy su importancia destaca especialmente en los países ortodoxos de lengua eslava.

Vista del bellísimo relicario que contiene el cinturón de la Virgen. Monasterio Vatopedi, monte Athos (Grecia).

La reliquia del Velo Protector
Parece ser que el Velo Protector es un omophorion, similar a una corbata. Su forma está atestiguada por su representación en los iconos. Los obispos ortodoxos llevan un omophorion como símbolo de la plenitud del poder jerárquico.
El Velo de la Theotokos, junto con su cinturón y otras sagradas reliquias, fueron traídos desde Palestina por orden el emperador León I el Tracio (457-474) y permanecieron hasta 473 en la iglesia de Blaquerna, siendo muy popular debido a diversos milagros relacionados con él. Una parte del Velo Protector o quizá su totalidad fueron donados por la emperatriz bizantina Irene como regalo al emperador Carlomagno, como parte de una negociación matrimonial. Carlomagno lo donó a la catedral de Chartres, donde ha permanecido hasta hoy, aunque pequeños trozos del mismo se difundieron por todo Occidente. Como ejemplo, un trozo es conservado hoy en día en la iglesia de San Josafat de Detroit, Estados Unidos.
El Velo continúa jugando su papel en la historia bizantina, aunque más como culto ritual que como veneración física.

Otra venerada reliquia: el cinturón de la Theotokos
En Oriente, la veneración a la Theotokos están relacionada con el “cinturón de la Theotokos”, actualmente conservado en una pequeña caja en el monasterio Vatopedi (monte Athos), hecho de pelo de camello. Según la tradición, el centro del mismo fue bordado con hilo de oro por la emperatriz Zoe de Constantinopla, que fue curada por el santo cinturón.

Yendo atrás, la tradición afirma que esté cinturón fue dado milagrosamente a Santo Tomás Apóstol, que llegó tarde al funeral de la Santa Madre, como prueba de su asunción a los cielos. Primeramente el cinturón se quedó en Jerusalén. El emperador Arcadio (395-408) fue el que lo llevó a Constantinopla, primero a la iglesia de los Santos Apóstoles y más tarde a Blaquerna (durante el reinado de la emperatriz Pulqueria, 450-453), y permaneció allí, junto con otras reliquias (como ya se ha dicho) hasta la época de Justiniano, cuando fue trasladado a Santa Sofía. Como he dicho antes, la emperatriz Zoe, siendo curada al llevar este cinturón, lo hizo bordar con hilo de oro, y lo colocó de nuevo en el relicario. Este evento se marca en el calendario ortodoxo como la Fiesta de la puesta el Cinturón en el relicario (31 de agosto). Finalmente fue tomado por los búlgaros de Ionita Caloian, tras una batalla perdida por Alexios Angelos III (1195-1203) y llegó al monasterio de Vatopedi, entregado por Lazar, el zar de los serbios en 1389.

Después de esto, el santo cinturón fue llevado en largas procesiones durante grandes epidemias, como la peste en Valaquia (1813) y en el Imperio Otomano (1871), o en tiempos actuales, en diferentes países, para su veneración.

Icono ortodoxo griego de la aparición de la Virgen en la iglesia de Blaquerna, Constantinopla.

El icono de la Santa Protección
El icono de la fiesta representa a la Santa Virgen de pie entre los fieles con los brazos extendidos en oración y envueltos con un velo, rodeada de ángeles y de los doce apóstoles, obispos, santas mujeres, monjes y mártires, que permanecen bajo el velo. Ella lleva en sus brazos extendidos el santo velo, que simboliza la protección de su intercesión.
Bajo esta escena, que representa a la Iglesia celestial, está la Iglesia terrenal, probablemente la misma Blaquerna, donde aparece un joven varón vestido de diácono, que lleva en su mano izquierda un rollo con el texto del Kontakion de la Natividad, que honra a la Madre de Dios (“Hoy, la Virgen da a luz Al que está más allá de la Vida…”). Éste es San Román el Melodista, un himnógrafo celebrado también el 1 de octubre. Aunque no está directamente conectado a esta fiesta, su historia habla de cómo recibió el carisma de escribir melodías en honor a los Santos después que la Santa Madre le dijo en sueños que comiese el rollo que ella le daba. Al hacerlo, él empezó a estar inspirado para escribir.
Junto a él, a la derecha están Andrés y Epifanio, y a la izquierda están también el emperador León el Sabio y la emperatriz Zoe (que fue milagrosamente curada de una enfermedad -probablemente epilepsia- al llevar el cinturón de la Theotokos) y el patriarca de Constantinopla de la época, que fue probablemente Eutimio I (entronizado en marzo de 907).

El icono de la Pokrov podría estar relacionado con la imagen occidental de la Virgen de la Misericordia, en la cual la Virgen extiende su manto para cubrir y proteger un grupo de fieles suplicantes. Esto es conocido en Italia a partir de 1280. Una de estas escenas aparece en la iglesia de San Bonifacio de Fulda, Alemania.

Troparion (himno) de la Fiesta
“Hoy los fieles celebran la fiesta con alegría iluminada por tu venida, oh Madre de Dios.
Contemplando tu pura imagen clamamos fervientemente a ti: rodéanos en torno al precioso velo de tu protección; líbranos de todas las formas de mal, rogándole a Cristo, tu Hijo y Nuestro Dios, que salve nuestras almas”
.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Las apariciones de la Virgen en Ezkioga

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de una postal "souvenir" de las apariciones de Ezkioga. Fotomontaje con la Dolorosa, Ramona Olazábal y Manuel Irurita, obispo de Barcelona. Foto: J. Juanes. Octubre 1931.

Una de las presuntas apariciones marianas más extrañas y al día de hoy, casi olvidada y desconocida por la mayoría de la gente, es la ocurrida en la población guipuzcoana de Ezkioga. Ocurrió en 1931 y llegó a congregar a miles de personas.
Dos jóvenes hermanos llamados Andrés y Antonia Bereciartu regresaban a casa después de realizar unas labores en el campo, cuando de pronto se vieron sorprendidos por un resplandor y por la (a continuación), aparición de una bella mujer vestida completamente con un manto negro y con una espada en la mano.
Aquella Señora les habló y los hermanos rápidamente fueron a contárselo a sus padres en el caserío familiar. Los padres apenas les prestaron atención, imaginándose quizás que se trataba de un juego de los dos hermanos.

Al día siguiente volvieron al lugar sobre la misma hora y la Señora se manifestó de nuevo en medio de un resplandor. La lechera del pueblo que llegaba de repartir por los pueblos vecinos les sorprendió en una especie de trance y les preguntó que es lo que hacían. Antonia y Andrés lo contaron y no tardó mucho en propagarse la noticia por los pueblos de los alrededores y de llegar a oídos del párroco de Ezkioga.

Las apariciones cobraron fama y multitud de personas se congregaban para ver a los hermanos Bereciartu clavados de rodillas y con la mirada perdida mientras transmitían las palabras que la Señora les decía. La gente creyó que si los dos jóvenes eran capaces de ver a la Virgen, ellos también podrían.
En pocos días llegaron a reunirse en torno al lugar de las apariciones…¡¡doscientos presuntos videntes!!, hombres, mujeres y niños. En las faldas del monte se alzó un pequeño e improvisado santuario, la noticia se extendió por toda la comarca y llegaban miles de personas en coches y autobuses repletos, desde Bilbao, San Sebastián etc.

¿Pero cual o cuales eran los mensajes de la Señora que llegó a congregar a tal cantidad de gente? Pues por el aspecto de la Aparición, obviamente nada bueno. La Virgen hablaba una y otra vez de una guerra que enfrentaría a hermanos contra hermanos, muertes y destrucciones, bolas de fuego que cruzarían los cielos y miles de cuerpos tendidos en el campo de batalla.

Vista de una expedición barcelonesa de devotos realizando una estación del via-crucis en Ezkioga.

Estas palabras cobrarían sentido cuando unos años después se desató la guerra civil en el año 1936. Vicenta Larrañaga, una de las personas que acudía al lugar recordaría esas palabras proféticas cuando durante la guerra vio los cuerpos de los soldados tendidos en los campos y los obuses surcar el cielo como bolas de fuego.

El padre Laburu, sacerdote jesuita, se interesó por el fenómeno e hizo un seguimiento intensivo de todos los acontecimientos, llegando a filmar un documental para explicar lo sucedido. Este sacerdote tenía conocimientos de psicoanálisis y pretendía bien demostrar la autenticidad de las apariciones o bien que era un fraude.
Mientras los numerosos videntes se encontraban en trance, el padre Laburu les pasaba velas encendidas por las manos; la gran mayoría se quemaban y quedaban descartados, pero más de una docena de ellos permanecían impasibles a pesar de estar expuestos a la llama de la vela de forma prolongada.

En el teatro «Victoria Eugenia», el padre Laburu presentó su documental, estando presentes algunos de los visionarios que habían sido invitados. Mientras se emitía el documental el padre Laburu ofrecía una disertación por megafonía y arremetía con mucha dureza interpretándolo como un fraude a excepción de algunos pocos casos (refiriéndose a los visionarios), a los que relacionó mas con una enfermedad mental que con un misterio mariano.

Lugar de las apariciones, en Ezkioga.

Se armó una gran confrontación en el teatro, los visionarios fueron insultados y ultrajados. El gobierno de la República decidió que unos mensajes tan catastrofistas no ayudarían por el momento que pasaba el Estado. La Guardia Civil se presentó en la campa de Ezkioga prohibiendo el acceso, derruyó todo lo instalado y acordonó la zona.
El pueblo y cientos de creyentes de otras poblaciones se enfrentaron generando un conflicto que fue sofocado con gran dureza. Algunos de los visionarios fueron encarcelados temporalmente y otros enviados al psiquiátrico de «Mondragón».

El culto continuó en la clandestinidad llegando hasta la actualidad. En el lugar exacto de las apariciones se alza un pequeño altar con una cubierta y varios bancos de madera para los fieles que se reúnen a rezar.
La Iglesia como en otros casos no se ha llegado a pronunciar al respecto, como en el caso de las apariciones de El Escorial, a pesar de que ya han pasado mas de veinte años desde la primera aparición de la Virgen sobre un olivo.

Un libro sobre el tema que parece ser bastante interesante es el escrito por el padre Amado de Cristo Burguesa: «Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe».
Desgraciadamente son menos de diez ejemplares los que se cree se conservan tras ser quemados la mayoría de ellos en una pira publica durante la represión.

Abel

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo/tela, Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones Non fecit taliter omni nationi, Juan Patricio Morlete, siglo XVIII.

1. El relato de las apariciones
Con este artículo damos inicio a una serie en la que narraremos y analizaremos diversos aspectos de la que es considerada la advocación mariana más conocida de América y a mi parecer la más polémica. No puedo dejar de dedicar esta serie de artículos en especial a mi parroquia, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

En este primer artículo me ceñiré únicamente a narrar sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en diciembre de 1531, sobre las controversias que existen acerca de la veracidad de dichas apariciones y de otros aspectos trataré en artículos posteriores; pero para poder entrar de lleno en esta problemática es de suma importancia primero narrar que es lo que se cree y se cuenta que sucedió y como se inició esta advocación según nos cuenta la devoción popular. La narración sobre las apariciones de Nuestra Señora a San Juan Diego se relatan en un famoso escrito colonial llamado el Nican Mopohua («aquí se cuenta, aquí se narra») atribuido a Antonio Valeriano y que fue publicado en 1649 por Lasso de la Vega; a partir de este escrito se han basado los posteriores que relatan sobre las apariciones en el cerro del Tepeyac.

El sábado 9 de diciembre de 1531 muy de mañana se levantó Juan Diego para ir a escuchar misa a Tlatelolco; al pasar por el cerro del Tepeyac escuchó un canto que provenía de arriba del cerro como de varios pájaros, después cesó el canto y escuchó que le llamaban “Juanito, Juan Dieguito” y cuando llegó a la cumbre del cerro vio a una señora que su vestido relucía como el sol y las piedras sobre las que estaba relucían como el sol y los mezquites y nopales de alrededor brillaban como si fueran de esmeraldas y entonces al acercarse Juan Diego la Señora le dijo: “Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?”. Y él le respondió: “Señora y niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor”. Después de esto la Señora se dirigió nuevamente a él y le dice cuál era su voluntad: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, del cielo, el dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada, para en él mostrar y dar todo mi amor y compasión, auxilio y defensa, pues soy vuestra piadosa madre; a ti a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa. Anda al palacio del obispo de México, y le dirás como yo te envió, para que le descubras como mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuando has visto y admirado, y lo que has oído y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo”.

Óleo/ Tela, Tercera aparición de la Virgen de Guadalupe, anónimo, siglo XVIII.

Juan Diego, después de esto, se encaminó presuroso para ir a visitar al obispo de México, fray Juan de Zumárraga O.F.M. y después de ser recibido por el Obispo le contó a este todo lo que había visto y oído, pero el obispo no le creyó y el mismo día Juan Diego regresó al Tepeyac para decirle a la Virgen lo que había sucedido.

Juan Diego le pidió a la Virgen que por favor mandara a alguien más a cumplir su petición puesto que a él no le había creído “porque en verdad yo soy un hombre de campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme allá donde me envías, y tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y no me paso. Perdóname que te cause gran pesadumbre y caiga en tu enojo, Señora y dueña mía”.

A lo que la Virgen le respondió que era necesario que fuera él quien llevara su mensaje y que entonces volviera al siguiente día a ver al obispo y le narrara nuevamente cuanto ella le pedía. Juan Diego aceptó y le prometió a la Señora volver al siguiente día en la tarde para llevarle su mensaje al obispo.

Al día siguiente domingo, aun siendo de madrugada salió Juan Diego para ir a misa y después se dirigió a ver al Obispo; le costó mucho trabajo ser atendido y cuando lo recibió se arrodilló delante de él y le pidió que por favor cumpliera la petición de la Señora. El Obispo para estar seguro le hizo muchas preguntas a Juan Diego, a pesar de todo esto el Obispo nuevamente no le creyó a Juan Diego y entonces le pidió a este una señal para poder creerle; al retirarse Juan Diego ordenó el obispo a dos de sus sirvientes que le siguieran para ver con quien hablaba, pero antes de llegar al Tepeyac le perdieron de vista y por más que le buscaron no lo encontraron y debido a esto regresaron muy molestos y le dijeron al Obispo que no le creyera a Juan Diego.

Juan Diego desplegando su tilma ante el Arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga.

Mientras, Juan Diego hablaba con la Virgen diciéndole la petición del Obispo de una señal, la Virgen le dijo al indio que volviera al siguiente día para llevarle al Obispo la señal que pedía. Pero al día siguiente lunes, Juan Diego no pudo ir a cumplir la petición de la Virgen pues su tío Juan Bernardino se enfermó gravemente y este le rogó que fuera a buscar a un sacerdote para que lo confesase; y el martes Juan Diego se dirigió a Tlatelolco para buscar al sacerdote y cuando estaba cerca del Tepeyac decidió rodearlo para no encontrarse con la Señora, pero la Virgen le salió al encuentro y le dijo: “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?”. Juan Diego, algo apenado, le contestó a la Virgen que iba con prisa a buscar un sacerdote para su tío que se encontraba muy enfermo y después de escuchar su relato, la Virgen le contestó: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó”.

Juan Diego, al escuchar las palabras de la Virgen, quedó consolado y entonces le dijo que le diera la señal para llevársela al Obispo; la Virgen le ordenó que subiera a la cumbre del cerro donde le había visto antes y que encontrara varias flores, que las cortara y las trajera a su presencia. Juan Diego subió y se asombró mucho a ver tantas rosas de castilla puesto que debido al invierno estas flores no era común de ver y menos en un lugar lleno de abrojos y piedras como un cerro. Juan Diego las cortó y las puso en su tilma, luego bajó y se las presentó a la Virgen, quien las cogió con su mano y las volvió a echar en el regazo de Juan Diego, diciéndole que esas rosas sería la señal para el Obispo y que no las desplegara ante nadie más que no fuera el Obispo. Después de escuchar las palabras de María, Juan Diego se dirigió al palacio del Obispo, donde los criados no quisieron recibirle, pero Juan Diego siguió esperando y al ver que traía algo en el regazo se acercaron para ver lo que traía y Juan Diego, al ver que no podía alejarlos, descubrió un poco las rosas y estos intentaron tres veces tomarlas, pues se asombraron de verlas tan frescas y hermosas, que al tratar de tomarlas parecían como si estuvieran pintadas en la tilma.

Verdadera imagen de la Virgen de Guadalupe plasmada en la tilma de Juan Diego y que se encuentra en su Basílica en México, D.F.

Ante esta situación, los criados fueron a decirle al Obispo lo que habían visto y al darse cuenta el Obispo que aquello era la prueba que le había pedido, mandó que lo dejaran pasar, y Juan Diego, postrándose delante de él, le contó nuevamente todo lo que le sucedió con la Virgen. Después de terminar el relato, el indio desplegó su manto y dejó caer las rosas, las cuales se esparcieron por el suelo y en su tilma apareció dibujada la imagen de la Virgen María. Al ver tal portento, el Obispo y los demás presentes se arrodillaron y el Obispo con lágrimas pidió perdón de no haberle creído y cuando se levantó, desató la tilma del cuello de Juan Diego y la puso en su oratorio. Un día permaneció Juan Diego en casa del Obispo y al siguiente día llevó a éste al lugar donde la Virgen le pedía se le construyera el templo, después de esto le acompañaron a su casa para ver a su tío Juan Bernardino. Al llegar, su tío estaba restablecido, y le contó que también había visto a la Señora del cielo y que ésta le dijo que fuera a ver al obispo y le dijera que ella quería ser nombrada como la siempre Virgen Santa María de Guadalupe [1]. El Obispo albergó en su casa a Juan Diego y a su tío hasta el momento en que se edificó el templo sobre el cerro del Tepeyac.

Es hasta 1561 que se comienza la construcción de un Santuario para albergar la imagen pero la primera piedra se puso en el 1601 siendo arzobispo fray Diego de Santa María y Mendoza y Zúñiga, y se concluyó, después de su muerte, en 1606. La basílica que contuvo la imagen de la Virgen de Guadalupe y que ahora se conoce como “la antigua” Basílica se comenzó a construir hacia 1695 y se concluyó en 1790.

Óleo/tela, Declaración del patrocinio de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España (detalle), Miguel Cabrera, siglo XVIII.

Hacia 1737 la Virgen de Guadalupe es jurada como patrona de la ciudad de México mientras es llevada en procesión por las calles de la ciudad y nueve años después, en 1746 este patronato se extiende a la Nueva España, patronato el cual es confirmado por S.S. Benedicto XIV, en 1754. Sobre este acontecimiento se dice que al presentarse el procurador de la Compañía de Jesús ante el Papa, el padre Juan Francisco López y narrarle acerca de las apariciones y mostrarle una copia de la imagen hecha por Miguel Cabrera, este quedo tan sorprendido que no dudo en decir aquellas palabras del libro de los salmos “Non fecit taliter omni nationi”[2], del mismo modo S.S. Benedicto XIV aprobó la traslación de la fiesta de la Virgen al 12 de diciembre y le concedió misa y oficio propios.[3]

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo

BIBLIOGRAFÍA:
– Camacho de la Torre, María Cristina, Fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– Cuadriello, Jaime, et. al. Zodiaco Mariano, México, Museo de la Basílica de Guadalupe, primera edición, 2004.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, Las fiestas tradicionales de México, México, Selector, primera edición, 2009.
– Nebel, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe, México, Fondo de Cultura Económica, tercera reimpresión, 2005.
– Sánchez Lacy, Alberto Ruy, Visiones de Guadalupe, México, Artes de México, primera edición, s/a.
– Schneider, Luis Mario, Cristos, Santos y Vírgenes, México, Planeta, primera edición, 1995.
– Zarebska, Carla, Guadalupe, México, Debolsillo, primera edición, 2005.
– Zerón-Medina, Fausto, Felicidad de México, México, Clío, primera edición, 1995.


[1] El nombre de Guadalupe es muy debatido y se piensa que el verdadero nombre que la Virgen le dijo a Juan Bernardino fue Coatlaxupe («la que aplasta a la serpiente») en náhuatl, pero los españoles al no poder pronunciarlo le pusieron un nombre más conocido para ellos como el de Guadalupe, en especial esta tesis es apoyada debido a que en náhuatl no existe la g ni la d.
[2] Frase que también se le ha dado a una que otra advocación mariana, la más famosa sea quizá la Virgen del Pilar de Zaragoza, España.
[3] Anteriormente, como sucede con muchas de las advocaciones marianas, su fiesta se celebraba el 8 de septiembre o el 8 de diciembre, debido a que las advocaciones sin una aprobación en particular deben celebrarse litúrgicamente en fechas relacionadas con festividades marianas, como la Natividad, aunque a nivel local y popular su fiesta se celebraba el 12 de diciembre.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los símbolos de Lourdes

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Aparición de Lourdes. Vidriera contemporánea en la parroquia de Saint-Genis-Laval, Francia.

El Martirologio Romano el día 11 de febrero, escribe: “Beata María Virgen de Lourdes, que, a cuatro años de la proclamación de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen, la humilde niña santa María Bernardette Soubirous muchas veces vio en la gruta de Massabielle en los montes Pirineos, junto al río Gave cerca del pueblecito de Lourdes, donde imnumerables multitudes de fieles acuden con devoción”.

El evento mariano de Lourdes ha entrado en la memoria litúrgica de la Iglesia, que, como “memoria facultativa” celebra y exalta la revelación de María “en la gruta de Massabielle en los montes Pirineos, junto al río Gave, cerca del pueblecito de Lourdes” como la Inmaculada Concepción.
Pero, ¿qué es lo que ocurrió en Lourdes que nosotros aun seguimos celebrando?. Escuchemos el relato de la memoria de Sor María Bernardette Soubirous:

“La primera vez que fui a la gruta, era el jueves 11 de febrero. Estaba recogiendo leña junto con otras dos niñas. Cuando estábamos en el molino, les pregunté si querían ver donde está el agua del canal que iba a unirse al Gave. Ellas me respondieron que si. A partir de ahi, seguimos el canal y nos encontramos frente a una cueva, no pudiendo ir más lejos. Mis compañeras se dispusieron a cruzar sobre el agua que estaba enfrente de la cueva y cruzaron el agua. Se pusieron a llorar y yo les pregunté por qué lloraban; ellas me dijeron que el agua estaba muy fría. Yo les pedí que me ayudaran a poner unas piedras en el agua para poder pasar sin descalzarnos. Me dijeron que lo hiciera yo si quería; me desplacé un poco sin descalzarme, pero no podía. Entonces retorné delante de la gruta y comencé a ponerme descalza. Acababa de coger el primer calcetín y sentí un ruido como de una fuerte ráfaga de viento. Entonces volví la cabeza hacia el lado de la pradera (sentido opuesto a la gruta) y vi que los árboles no se movían. Continué quitándome los zapatos y volví a sentir el mismo ruido. Tan pronto como levanté la cabeza hacia la gruta, vi a una señora vestida de blanco.
Tenía un vestido y un velo blancos y un cinturón azul y una rosa en cada pie del color de la cadena de su rosario. Yo quedé un poco impresionada. Creía ver visiones y me froté los ojos. Volví a mirar y vi a la misma señora. Metí la mano en mi bolsillo y me encontré con mi rosario: yo quería hacer la señal de la cruz. No me lo pude llevar a la frente porque mi mano se cayó. A continuación el asombro se apoderó de mí con más fuerzas; mis manos, temblaban. Sin embargo, no huí. La señora tomó el rosario que tenía en sus manos e hizo la señal de la cruz. Luego, lo intenté por segunda vez y fui capaz de hacerlo. Tan pronto como hice la señal de la cruz, la gran consternación que tenía, había desaparecido. Me puse de rodillas y yo rezaba el rosario en la presencia de aquella bella señora. La visión deslizaba las cuentas de su rosario, pero no movía los labios. Cuando terminé de rezar el rosario, me hizo un gesto para que me acercara pero no me atreví. Entonces, de repente, desapareció. Empecé a coger el otro zapato para atravesar el poco de agua que estaba frente a la gruta, para ir donde estaban mis amigas y nos fuéramos. En el camino, les pregunté a mis compañeras si habían visto algo y me respondieron que no. Les pregunté de nuevo y volvieron a decirme que no habían visto nada. Y me preguntaron: ¿y tu has visto algo?. Yo les dije: si vosotras no habeis visto nada, yo tampoco. Pensé que estaba equivocada. Pero de vuelta por el camino yo me preguntaba qué había visto. Siempre recuerdo aquello; yo no queria decirlo, pero me han dicho tantas veces que lo diga.. Lo hago pero a condición de que no hablemos de este asunto. Prometi mantener el secreto, pero tan pronto como llegué a casa, me urgió decir lo que había visto. Eso fue la primera vez”.

Detalle de la Inmaculada de Lourdes en el retablo de la parroquia de Lissone, Italia.

Como dice la misma Bernardetta, esta fue la primera vez de un total de dieciocho apariciones de la Virgen de Lourdes. He aquí una pequeña síntesis.

Primera Aparición — 11 febrero 1858
Acompañada por su hermana y una amiga, Bernardette, se acerca a Massabielle, cerca el Gave, para recoger leña seca. Quitándose el calzado para atravesar el canal, siente un ruido como de un fuerte viento, alza la cabeza hacia la gruta y ve a una Señora, vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también blanco, un cinturón azul y una rosa de oro en cada pie. Hace la señal de la cruz y reza el rosario con la Señora. Terminada la oración, la Señora desaparece.

Segunda Aparición — 14 febrero 1858
Bernadette siente una fuerza interior que la empuja a volver a la Gruta, no obstante la prohibición de sus padres. Ante su insistencia, la madre la dejó y después de rezar la primera parte del Rosario, vio aparecerse a la misma Señora. Le echa agua bendita, la Señora sonríe e inclina la cabeza.

Tercera Aparición — 18 febreso 1858
En la primera vez que habla la Señora. Bernadette le presenta una pluma, un tintero y un folio de papel y le pide que escriba su nombre. Ella le responde: “No es necesario” (N’ey pas necessari) y añade: “¿serás tan amable de venir aquí durante quince días?”. (Boulet aoue ra gracia de bié aci penden quinze dias?). Bernardette responde que si y la Señora dice: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero si en el otro” (Nou prometi pas deb hé urousa en este mounde, mès en aoute).

Cuarta Aparición — 19 febrero 1858

Quinta Aparición — 20 febrero 1858

Sexta Aparición — 21 febrero 1858

Séptima Aparición — 23 febrero 1858

Octava Aparición — 24 febrero 1858
Mensaje de oración y de penitencia. La Señora dice a Bernadette: “Penitencia! Penitencia! Penitencia!” (Penitenço… penitenço… penitenço…). “Rogad a Dios en la tierra por los pecadores».

Novena Aparición — 25 febrero 1858:
La Fuente. “Ve, bebe de la fuente y lávate”. (Anat béoué en’a houn é b’y laoua). Bernardette dice: “Me ha dicho que vaya a beber a la fuente… yo solo he cogido un poco de agua turbia”. En el cuarto intento, pudo beber.

Décima Aparición — 27 febrero 1858

Undécima Aparición — 28 febrero 1858

Duodécima Aparición — 1 marzo 1858

Decimotercera Aparición — 2 marzo 1858
La Señora dice a Bernadette: “Ve y dile a los sacerdotes que vengan aquí en procesión y que construyan una capilla”.

Décimo cuarta Aparición — 3 marzo 1858
Nueva solicitud de una “iglesia o capilla”.

Décimo quinta Aparición — 4 marzo 1858
Ultimo día de la quincena.

Décimo sexta Aparición — 25 marzo 1858, Fiesta de la Anunciación.
La Señora dice su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. (Que soy era Immaculada Councepciou).

Decimoséptima Aparición — 7 abril 1858
El “Milagro de la Vela”.

Decimoctava Aparición — 16 Julio 1858, Fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
Bernadette, desde la pradera frente al Gave, vió a la Virgen: “está más bella que nunca”.

Es cierto que el evento mariano de Lourdes no es solo un conjunto de visiones o de palabras, porque la Virgen María quiso educar primeramente a la pequeña Bernardette y posteriormente a cada uno de nosotros.
He aquí un resumen de una interpretación de los signos presentes en las apariciones de Lourdes: el agua, la roca, la luz, las multitudes y las personas que están enfermas o con dificultades.

Bernadette busca el agua según se lo pide la Virgen. Vidriera decimonónica en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, Francia. Fotografía: Louis Dufaur.

EL AGUA:
El jueves 25 de febrero de 1858, Bernardetta escucha estas palabras: «ve a beber a la fuente y lávate».
«Aqueró (“Ella”, término utilizado por Bernadette para referirse a la Virgen) me dice de que vaya a beber y a lavarme a la fuente. No viéndola, me dirigí al Gave para beber. Pero me hizo seña con el dedo para que fuera bajo la roca. Fui y me pareció agua turbia, con barro y tan poca que apenas podía llenar el cuenco de la mano. Tres veces la tiré porque estaba sucia y a la cuarta vez, pude beberla” (Bernadette).

El Evangelio nos presenta la siguiente escena: Jesús, cansado del camino, estaba sentado cerca de un pozo. Una mujer vino a sacar agua y Jesús le dice: “El que venga a beber el agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, pués el agua que le daré será para él una fuente de vida eterna”. (Juan 4,14).

El agua de Lourdes es el símbolo de aquella “agua viva” que Jesús nos da. Con este signo, Dios, a través de María, nos reclama que vayamos a los orígenes de nuestro camino en la fe: el Bautismo. Esto también significa recordar la memoria de aquel día en el que nos convertimos en hijos de Dios, hijos en el Hijo, un pueblo nuevo que se prepara y espera el cumplimiento del Reino.

LA ROCA.
Es en la Gruta de Massabielle, donde Bernardette ha visto a la Virgen dieciocho veces.

En la Biblia se dice que Dios es nuestra roca. Es la roca sobre la cual podemos sostenernos: “Señor, mi roca, mi fortaleza, mi liberador, mi Dios, mi roca en la que me refugio, mi escudo, mi potente salvación y mi baluarte”. (Sal. 18) “El, solo es mi roca y mi salvación; mi defensa: no podré vacilar”. (Sal. 62) “Dios es la roca de mi corazón” (Sal. 73) “Tu eres mi padre, mi Dios y la roca de mi salvación” (Sal. 89) “Bendito el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla” (Sal. 144)

El Señor es el sostén de nuestra vida. Esto nos lleva de nuevo a las páginas del Evangelio de Mateo: “Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y le precedieran a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Despidió a la gente y subió aparte al monte para orar. Cuando llegó la tarde, se quedó allí solo.
Mientras tanto, la barca distaba ya muchas millas de tierra, el viento era contrario y era agitada por las olas. Al llegar la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Al verlo caminar sobre el mar, los discípulos se sorprendieron y dijeron: “¡Es un fantasma!” Y gritaban de miedo, pero enseguida, Jesús les habló diciendo: “Vamos, soy yo, no tengais miedo”. Entonces Pedro le dijo: “Señor, si eres tu, ordename ir hacia ti sobre las aguas”. Y él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y se puso a caminar sobre las aguas yendo hacia Jesús; pero viendo que el viento era fuerte, sintió miedo y comenzando a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!”. Enseguida, Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?. Apenas subieron a la barca, el viento cesó. Los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “verdaderamente, tu eres el Hijo de Dios”
. (Mateo 14)

Reproducción en miniatura de la gruta en la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, Taurisano (Italia).

La poca fe de Pedro es sostenida por el Señor, que lo elige como una piedra sobre la que edificará la Iglesia: La piedra es el apóstol que se apoya en la roca, que es Cristo.
El signo de la roca nos recuerda también a la Iglesia y nos recuerda que debemos ser piedras vivas que la edifican y testimonian ante el mundo su Evangelio.
También este signo es un signo bautismal: por el Bautismo llegamos a ser miembros, piedras, que participan en la vida de la Iglesia.

LA LUZ.
La decimosexta aparición, que duró una hora, tuvo lugar el día 25 de marzo, dia en el cual la Iglesia conmemora la Anunciación del Señor. Durante la visión tuvo lugar el milagro de la vela. Bernadette tenía entre las manos una vela, que durante la visión ardió del todo y las llamas tuvieron contacto directo con su piel durante más de quince minutos, pero ella, aparentemente, no mostraba ningún signo de dolor o herida.

Tal acontecimiento fue visto por muchas personas que estaban presentes, incluído el médico de Lourdes (doctor Pierre Romaine Dozous), que cronometró y documentó el hecho.
Según mostraba su informe, la piel de Bernardette no mostraba ninguna señal de que se hubiera visto afectada de ninguna manera y que tuvo bajo control a la niña, aunque sin intervenir. Después de que la visión hubo terminado, el doctor dijo que había examinado la mano de la niña sin encontrar ningún rastro de quemadura y que ella no era consciente de lo que le había sucedido. Luego, dijo el médico que él le aplicó brevemente una vela encendida en una mano a la niña y que esta reaccionó inmediatamente.

Día y noche, en invierno y en verano, se encendieron y encienden velas en la Gruta. La vela es la luz de la fe y esta luz, es Cristo.
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no caminará en tinieblas y tendrá la luz de la vida”. (Juan, 8, 12).

También este signo da respuesta a la temática bautismal. De hecho, el ritual del Bautismo dice: “Recibe la luz de Cristo (Se enciende la llama del cirio pascual)
A vosotros, padres, a vosotros, padrino y madrina,
se os confía este signo pascual,
llama que siempre debeis alimentar.
Tened cuidado que vuestro niño, iluminado por Cristo,
viva siempre como hijo de la luz;
y perseverando en la fe,
vaya al encuentro del Señor que viene,
con todos los santos, del reino de los cielos”
.

Vista de la multitud de enfermos y peregrinos de la Hospitalidad de Granada que visitaron el Santuarui de Nuestra Señora de Lourdes en junio de 2009.

LA MULTITUD.
Siempre ha sido inmensa, de cualquier raza, lengua o nación. De los pocos peregrinos del principio se ha pasado hoy a más de seis millones al año. En Lourdes, se vive ya la Iglesia; encuentro de la unidad de todos los hijos de Dios que están dispersos.

“Viendo a la multitud, sintió compasión porque habían estado desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor…. Bajó de la barca, y vió una gran muchedumbre y sintió compasión por todos y curó a los que estaban enfermos… Entonces, Jesús, llamó a sus discípulos y les dijo: “Siento compasión de esta muchedumbre. Llevan tres días conmigo y no tienen nada para comer. No quiero despedirlos en ayuna, no vayan a desfallecer en el camino” (Del Evangelio de Mateo, cap.9, 14,15)

La peregrinación a Lourdes es el encuentro con el Misterio de Dios, que hace de un pueblo disperso y sin guía un único pueblo, que escucha a la Madre que dice: “Haced lo que él os diga”. (Juan, 2, 5).

LAS PERSONAS ENFERMAS Y CON DIFICULTAD.
Desde el tiempo de la curación de Caterina Latapie (verificada el 1 de marzo de 1858), los enfermos afluyen a Lourdes buscando la curación del cuerpo, pero sobre todo, la curación del corazón, el coraje de empezar de nuevo y la alegría de vivir.
He aquí dos pasajes evangélicos que cuentan dos curaciones, una física y otra espiritual.

“Partiendo de allí, Jesús se retiró a la zona de Tiro y de Sidón. Y he aquí, que una mujer cananea que venía de aquella región, se puso a gritar: “¡Ten piedad de mi, Señor, hijo de David! Mi hija está muy atormentada por un demonio”. Pero Jesús no le respondió ninguna palabra. Entonces sus discípulos se le acercaron implorándole: “¡Escúchala, porque viene de lejos gritando!” El les respondió: “No he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Pero ella se acercó y se postró delante de él, diciendo: “Señor, ayúdame”. El le dijo: “No está bien coger el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. “Es verdad, Señor (dijo ella), pero también los perros comen el pan que cae de la mesa de sus padres”. Entonces Jesús le replicó: “¡Mujer, grande es tu fe!, hágase como tu deseas” y en aquel instante, su hija quedó curada”. (Mateo 15, 21-28)

Virgen de Lourdes coronada que preside la explanada de acceso al Santuario.

“Marchó de nuevo al mar y toda la muchedumbre venía a él y él les enseñaba. Pasando, vió a Leví, el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos y le dijo: “Sígueme” y el se levantó y lo siguió..
Mientras estaba comiendo a la mesa en su casa, estaban con Jesús y sus discípulos sentados muchos publicanos y pecadores; eran muchos los que lo seguían. Entonces, los escribas y fariseos, viéndolo comer con los publicanos y pecadores, decían a sus discípulos: “Por qué come y bebe junto a los publicanos y los pecadores?. Oyéndolo Jesús, les dijo: “No solo los sanos tienen necesidad del médico, sino los enfermos y yo he venido a llamar a los justos, pero también a los pecadores”
(Marcos 2,13-18)

La peregrinación a Lourdes es un encuentro con el Misterio de Dios, que genera vida nueva, una nueva llamada al discipulado cristiano.
Concluyo este pequeño discurso mariano-lourdiano con una oración a la Virgen Inmaculada:
Dóciles para escuchar tu voz materna, Oh Virgen Inmaculada de Lourdes, corremos a tus pies junto a la gruta, donde te dignaste aparecer para señalar a los pecadores el camino de la oración y de la penitencia y para dispensar a los que sufren las gracias y los prodigios de tu soberana bondad.
Oh Visión blanca del Paraiso, aleja la oscuridad de la mente con la luz de la fe, levanta a las almas afectadas con el perfume de la esperanza, aviva los corazones estériles con las ondas divinas de la caridad. Haz que amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, para merecer la felicidad eterna. Amén
.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Las apariciones marianas de Zeytoum

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto realizada durante una de las apariciones en Zeytum, Egipto.

La noche del 2 de abril de 1968, en el barrio de Zeytum, en El Cairo, un mecánico de nombre Farouk Mohamed Atwa contempló estupefacto desde el taller en el que trabajaba como una silueta femenina luminosa caminaba por las cúpulas del diminuto templo que tenía enfrente. Salió rápidamente y junto a otras personas que pasaban por la calle Tumanbay empezaron a increpar a la mujer que caminaba por el techo de la iglesia, pues pensaban que era alguien que trataba de suicidarse. Llamaron incluso a los bomberos para que estos efectuaran un rescate. Pero a los pocos minutos, un grupo de cristianos coptos del barrio empezaron a exclamar:«¡Es un milagro, la Virgen está ante nosotros!»
El Padre Constantin, reverendo de la iglesia, salió ante el alboroto y contempló con sus propios ojos el fenómeno inexplicable que todos observaban, dando parte poco después de lo sucedido a la Iglesia Copta, que no tardó en investigar a fondo el asunto. Este hombre de fe pudo ver además como al lado de la figura femenina aparecían dos palomas de luz que revoloteaban alrededor. Pocos minutos después, las figuras se desvanecieron como por arte de magia.

El mecánico Farouk Mohamed, que fue el primero que vio la aparición, estaba pasando en esos días unos delicados momentos de salud. Un día arreglando un coche se pellizcó un dedo con una pieza del motor y las lamentables condiciones higiénicas que había en el lugar le provocaron a los pocos días una irreparable gangrena.
Al día siguiente de la aparición, con su mano vendada, Farouk fue al médico para que le amputase la zona afectada. Pero el doctor que tenía que operarle quedó sorprendido al quitar las gasas que protegían su herida. Sin que nadie haya podido explicar jamás la causa, su enfermedad desapareció súbitamente sin que quedara secuela de ningún tipo en el dedo. Fue el primer milagro que la Iglesia Copta atribuyó a las apariciones de la Virgen.

Iglesia de Santa María de Zeitoum, Caito (Egipto), lugar de las apariciones.

Después vendrían muchos más, además de otros sucesos cuya naturaleza excepcional hizo que fuesen publicados en medio mundo. Las apariciones de la Señora de la luz duraron hasta 1971, se daban de manera irregular, sin que nadie pudiera jamás predecir qué día o a qué hora iba a producirse el milagro. El caso es que se calcula que mas de un millón de personas, de todas las religiones y estratos sociales, pudieron contemplarla. Si estas apariciones han dado la vuelta al mundo es porque son las únicas que han podido ser fotografiadas a lo largo de la historia, es el caso de aparición mariana mejor documentado del siglo XX.

El fotógrafo Wagih Rizk, que fue el que inmortalizó a la Dama de luz, así como las palomas brillantes que aparecieron a su alrededor, sufrió un aparatoso accidente el 27 de junio de 1967 al intentar esquivar a un niño que cruzaba la carretera. Su vehículo se empotró contra el arcén y parte de la carrocería le aplastó la parte izquierda del cuerpo. Su antebrazo quedó completamente destrozado, con múltiples fracturas además de un desgarro muscular generalizado. Tan sólo un trozo de piel y carne hicieron que no se le cayera al suelo. Fue atendido en el hospital de Mansheyat y allí el doctor Sharif Beshara le reparó como pudo el miembro afectado, pero no consiguió que el accidentado recuperara la movilidad del mismo.
El fotógrafo no se dio por vencido y acudió más tarde a dos prestigioso cirujanos egipcios para ver si su enfermedad tenía alguna solución. Fueron en concreto los médicos Hassan Sennarah y Abdel Hay El-Sharkawy los que examinaron con detenimiento su heridas y su diagnóstico fue en ambas ocasiones el mismo. Era imposible reparar los daños sufridos; aquel hombre estaba condenado de por vida a la invalidez, o al menos así pensaba la ciencia.

Publicación periodística haciéndose eco de las apariciones.

El día 13 de abril de 1968, Wagih Rizk acudió hasta la iglesia de Santa María de Zeytum para intentar fotografiar el milagro que muchas noches acontecía sobre sus cúpulas, sin pensar que aquella madrugada cambiaría para siempre el resto de su vida.
Eran las 3:40 cuando un penetrante olor a incienso hizo acto de presencia entre los miles de fieles que allí había congregados. Después, una pequeña bruma luminosa apareció en lo alto del templo y a su alrededor aparecían súbitamente palomas brillantes. De repente, ante el asombro de todos, una mujer de luz ataviada con una túnica comenzó a moverse lentamente por los tejados de la iglesia. Era como si mirase a la multitud que allí se había congregado a la vez que movía sus manos como en un gesto de bendición.
El fotógrafo cogió su cámara, ajustó sus mandos a las condiciones nocturnas y disparó la primera instantánea. Con cierto temor por lo que estaba viendo, apuntó de nuevo y realizó la segunda foto. Cuenta que en ese instante la luz era tan fuerte que apenas podía poner su ojo en el visor. Y fue en ese momento cuando se percató de que había movido su mano izquierda para coger mejor la cámara. Sus fotografías llegaron a publicarse en todo el mundo, en diarios tan prestigiosos como en «The New York Times», que inmortalizó para siempre lo que estaba sucediendo en ese barrio de El Cairo.
La historia de este hombre se hizo también muy famosa y la plasmó en un libro titulado «Light from Heaven», donde se recoge con todo tipo de detalles su accidente, las pruebas médicas y el milagro con el que fue premiado por la Divina Providencia.

Éste no fue, sin embargo, el último milagro acontecido en Zeytum. Según Hegemonos Boutros Gayed, rector del templo, otros fieles fueron también tocados por la misteriosa luz de la Dama de las cúpulas, tal y como algunos la bautizaron. De esta manera le relató a la prensa que una mujer que sufría cáncer de cuello y un médico que padecía diabetes le demostraron que sus enfermedades habían desaparecido sin explicación alguna.
Hasta nuestros días se pueden contar por cientos de miles los peregrinos que acuden hasta este templo buscando también su curación gracias a la intervención de la Virgen, aunque no hay datos oficiales sobre la cantidad de milagros acontecidos en este lugar.

Otra de las fotografías realizadas durante las apariciones.

El Papa San Kirilos VI, Patriarca de los coptos, del que se publicó un artículo en este blog el pasado 4 de agosto, mandó formar una comisión de investigación que esclareciera los hechos. Los sacerdotes encargados de indagar recogieron en su informe cómo aparecía la Dama de luz, además de palomas brillantes que desprendían fuertes destellos ante miles de fieles sin que encontrasen explicación para tales fenómenos.

Las autoridades egipcias no se quedaron atrás e incluso el presidente de Egipto, Abdul Nasser, marxista declarado, acudió hasta el lugar viendo con sus propios ojos el milagro.
La policía de la nación rastreó en quince kilómetros a la redonda por si alguien se encargaba de proyectar las imágenes. La electricidad de todo El Cairo fue cortada una noche durante unos momentos, por si se trataba de un holograma lo que la gente estaba viendo y ante el estupor de miles de personas la Dama de la luz volvió a presentarse.

El Patriarca-cardenal católico de Egipto, Su Beatitud Stephanos I, hizo también público el testimonio de una monja católica, la hermana Paula de Mófalo, que estuvo presente en una de las apariciones.
En los años que duraron las apariciones nadie fue capaz de demostrar ni el más pequeño indicio de fraude, ni nadie pudo explicar por causas naturales lo que estaba sucediendo.
Aportamos un video sobre ellas. Al contactar con este video, se accede a otros sobre el mismo tema.

Abel

Bibliografía:
-LAURENTIN, René: Apariciones actuales de la Virgen María, ed. Rialp.

Enlace: http://zeitun-eg.org/zeitoun1.htm (04/09/2011)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es