Santa Apolonia: dos cuestiones

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Grabado de la Santa, obra de Adriaen Collaert.

Grabado de la Santa, obra de Adriaen Collaert.

Santa Apolonia según Joan Amades
En las tradiciones locales sobre los santos nos encontramos a veces con cuentos populares y relatos orales curiosos que reflejan cómo, a fin de cuentas, la mayoría de lo que sabemos sobre los santos de la antigüedad son construcciones orales muy posteriores a la existencia de ellos, fruto de la fantasía de los devotos, y que dicen realmente muy poco o nada sobre tales personas en cuestión.

Especialmente llamativo es el caso de Santa Apolonia, virgen y mártir (9 de febrero) en la tradición hagiográfica catalana. Joan Amades, en su obra Costumari català: el curs de l’any (Barcelona Salvat, 1950, vol. 1, pp. 744-745) nos relata una versión de la vida de la mártir alejandrina que es tan infundada como disparatada, además de muy cuestionable hoy en día. Tal relato dice que Apolonia nació en Barcelona (España) y que estaba casada con un hombre de mal genio, cabezota y furioso, que nunca estaba satisfecho con nada de lo que hacía y le pegaba constantemente. Cansada de aquella vida miserable, se hizo monja dominica. Pasado un tiempo, se le apareció Jesucristo cargado con una inmensa cruz que arrastraba trabajosamente. Tras tres días de repetida visión, Apolonia quiso ofrecerle su ayuda, pero Jesús respondió: “Apolonia, Apolonia, ¿cómo quieres ayudarme a llevar mi cruz si no puedes llevar la tuya?” Con estas palabras entendió que debía volver a casa y asumir estoicamente el sufrimiento que le había tocado. Allí, según Amades, “su marido, cuando la vio, sin decirle palabra le arreó un par de bofetadas tan fuertes que le saltó todas las muelas y todos los dientes de la boca”.

Con este relato, cargado de una atroz misoginia, típica de la época medieval, explicaban los lugareños el patronazgo de Santa Apolonia sobre los dolores de muelas. Naturalmente esta barbaridad no tiene que ver con la mártir auténtica, que vivió en el siglo III de nuestra era y fue martirizada en Alejandría de Egipto, y cuyo relato verídico conocemos por una carta del obispo local, Dionisio. Pero si parece un disparate inventar estas historias sobre santos populares bastante conocidos, el ejemplo sirve para pensar cuántas de las historias y relatos que conocemos de los santos no tendrán un origen tan simple y arbitrario como ésta, y hasta qué punto podemos decir que sabemos algo de los santos de esas épocas tan tempranas. Valdría la pena hacer una reflexión sobre ello, especialmente recomendada para aquellos que se escandalizan tan fácilmente con visiones críticas y realistas sobre leyendas tardías e infundadas, que ellos creen intocables simplemente porque son “de toda la vida”.

Se podría decir mucho más de este tema, especialmente haciendo hincapié en la tendencia en muchas zonas a apropiarse de un santo haciéndolo nativo de la región, pero de momento lo dejaremos aquí. Gracias a Joan Arimany Juventeny, administrador de La Devocioteca, por permitirme usar la información de Amades.

Para más información sobre Santa Apolonia –la de verdad- consultar esta sección.

Martirio de la Santa. Grabado para la edición francesa de "Lives of the Saints".

Martirio de la Santa. Grabado para la edición francesa de “Lives of the Saints”.

El martirio de Santa Apolonia
Pregunta: “…en menos de lo esperado Santa Apolonia salta por voluntad propia a la hoguera ardiente para evitar renunciar a su amada religión. Los perseguidores junto al gobernador quedaron atónitos al ver que a pesar del fuego, las llamas no la consumían ni le hacían daño alguno, al verlo trataron incansablemente de golpearla para que muriera, pero la mano del Altísimo la protegía. Finalmente fue degollada…” EXTRAIDO DE INTERNET, como lo que aquí leemos. ¿A quién le creemos? Dios nos bendiga. España

Respuesta: Sí, Dios nos bendiga a todos, y gracias por compartir su inquietud. En primer lugar, todos debemos tener presente que las fuentes disponibles por Internet no son, en la mayoría de los casos, nada fiables. Por ello, y dejando modestia aparte, en lo que a esta humilde servidora se refiere, siempre trato de recurrir a fuentes bibliográficas con referencias fiables, porque hoy día cualquiera puede escribir lo que guste, como guste, y donde guste.

Respecto a Santa Apolonia, sólo existe un único documento fiable respecto de su martirio: la carta que San Dioniso, obispo de Alejandría, escribió a las comunidades cristianas extranjeras para relatar el motín en esta capital egipcia. Si él no hubiera escrito esa carta, no hubiéramos podido saber jamás de la existencia de Apolonia, como tampoco la de Quinta, Metrano, Serapión, Amonaria, Mercuria y Dionisia, entre otros mártires que fueron masacrados allí. Fuera de esta carta no existe ninguna referencia que sea fiable, y únicamente los textos que se basan fielmente en esta carta son dignos de atención. El texto que usted adjunta no lo hace, y por tanto no debe ser tomado en serio.

En primer lugar, el que ha escrito eso se ha sacado al gobernador de la manga, por lo que parece. Apolonia no fue víctima de ningún proceso judicial legalmente establecido por la ley romana, sino de un linchamiento popular. Y esto lo dice Dionisio al inicio de su carta (y cito textualmente): “La persecución entre nosotros no comenzó con el edicto imperial, sino que se le adelantó un año entero. Una adivino y hacedor de maldades de esta ciudad tomó la delantera, azuzando contra nosotros a las turbas paganas y encendiendo su ingénita superstición. Excitados por él y con las riendas sueltas para cometer toda clase de atrocidades, no hallaban otra manera de mostrar su piedad para con sus dioses sino asesinándonos a nosotros”. Como puede ver, no queda lugar para la duda. No hubo ningún gobernador ni otro oficial público presente. Quien ha escrito eso se lo ha inventado.

Martirio de la Santa. Grabado para una Vida de los Santos en edición española.

Martirio de la Santa. Grabado para una Vida de los Santos en edición española.

Sobre el martirio de Apolonia también nos da Dioniso suficientes referencias para no dudar de ello. Él, naturalmente, no estaba presente en el momento en que sucedió –lo hubiesen matado a él el primero, en su calidad de obispo- sino que había huido a esconderse en el desierto, pero cuando regresó lo averiguó a través de supervivientes u otros confidentes. No tenemos por qué dudar de su palabra, y de nuevo le citamos textualmente: “Prendieron a la admirable virgen, anciana ya, Apolonia, a la que le rompieron a golpes todos los dientes y le destrozaron las mejillas (…) Encendieron una hoguera a la entrada de la ciudad y la amenazaron con abrasarla viva, si no repetía a coro con ellos las impías blasfemias lanzadas a gritos”. Apolonia decide arrojarse al fuego voluntariamente antes que ser obligada a blasfemar o seguir siendo torturada, y entonces añade Dioniso: “… quedáronse los paganos boquiabiertos y conmocionados, al ver que aquella admirable mujer había sido más rápida en ir a la muerte que ellos en dársela.”

Con esto se acaban las referencias a Apolonia en la carta de Dioniso. Ya no la vuelve a mencionar, y por tanto, todo lo que vaya más allá de estos fragmentos expuestos, es pura invención. Esa hermosa disertación de que el fuego no la consumía, los golpes no la herían y finalmente hubo que degollarla, es un añadido posterior, absolutamente fantástico, que tiene intenciones devotas y piadosas, pero que no responde a la realidad. Es una constante que se repite en la mayoría de las actas de mártires, especialmente mujeres y vírgenes, lo que es el colmo (según mi opinión personal) es que también lo digan en las actas de Apolonia, cuando tenemos una prueba documental irrefutable. De haberse dado algún prodigio, y esto vale para todos los casos, hubiese quedado recogido en las fuentes más antiguas: no olvidemos que los paganos eran sumamente supersticiosos y siempre registraban aquello que no sabían explicar como portento sobrenatural digno de temor y respeto. Ninguna acta antigua da muestra de semejantes prodigios, luego son todo añadidos posteriores para excitar el fervor del fiel.

Lo lógico es pensar que Apolonia quedó reducida a cenizas en pocos instantes, y que éstas fueron esparcidas por sus verdugos. Se ha dicho que los fieles recogieron los dientes destrozados, pero es difícil de demostrar y menos sabiendo que actualmente hay hasta 500 dientes que se veneran diciendo que son de ella.

Martirio de la Santa. Ilustración infantil para "El Santo de Cada Día", obra de Rafael López-Melús.

Martirio de la Santa. Ilustración infantil para “El Santo de Cada Día”, obra de Rafael López-Melús.

Así que, como ve, ese pequeño texto no merece la menor credibilidad. No digo que hubiese mala intención al redactarlo, pero yo defiendo que es indigno empañar la belleza de una verdad expresada en pocas líneas que es la prueba irrefutable de la existencia de una mártir –de otras no tenemos tanto, por cierto, y se han venerado más- con relatos fantásticos y supersticiones por el estilo. Dioniso dice más verdad en siete líneas que todos los grandes hagiógrafos medievales en quince tomos. Es en esa sencillez donde está la verdad, la realidad supera siempre cualquier ficción.

Meldelen

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Santa Apolonia, patrona de los males dentales

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Grabado de la Santa, obra de Jan Van Sadeler (a partir del original de Maerten De Vos). Museum Boijmans van Beuningen, Rotterdam (Holanda).

Tal día como hoy, esto es, 9 de febrero, se celebra la festividad de otra gran mártir muy conocida a lo largo de los siglos y una de las más representadas en el arte, y también de las más invocadas por su singular patrocinio, aunque actualmente haya sido paulatinamente arrinconada tras su exclusión del calendario oficial romano en los años 60. Hablo de Santa Apolonia, virgen mártir de Alejandría de Egipto, a quien de sobra conocemos por su patronazgo sobre los dolores de muelas y males dentales en general.

La vida de la Santa, de indudable existencia histórica, no la conocemos, pero sí cómo fue martirizada, y ello gracias a San Dionisio, obispo de Alejandría, quien dejó constancia del terrible episodio en el cual ella fue brutalmente masacrada. Esto nos ha llegado a través de una carta suya a Fabio de Antioquía y cuyo extracto reseñó San Eusebio en su Historia Eclesiástica (VI, 41). En ella se da cuenta de una revuelta popular que tuvo lugar en Alejandría durante el último año del reinado del emperador Filipo (244-249). Dionisio describe así el suceso:
“La persecución entre nosotros no comenzó con el edicto imperial, sino que se le adelantó un año entero. Una adivino y hacedor de maldades de esta ciudad tomó la delantera, azuzando contra nosotros a las turbas paganas y encendiendo su ingénita superstición. Excitados por él y con las riendas sueltas para cometer toda clase de atrocidades, no hallaban otra manera de mostrar su piedad para con sus dioses sino asesinándonos a nosotros”.[1]

La violencia se volvió, en efecto, contra la comunidad cristiana, y se dieron graves ataques, matanzas y atropellos contra los cristianos, al tiempo que el saqueo se extendía por toda la ciudad. Se asaltaron las casas, se linchó a los propietarios, se masacraba a quienes no accedían a convertirse a la fe. En este baño de sangre, Dionisio nos da nombres propios de algunos mártires: el anciano Serapión, a quien apalearon hasta la muerte, u otro anciano, Metrano, al que sacaron los ojos y mataron a pedradas, o la matrona Quinta, a la que arrastraron atada a la cola de un caballo por toda la ciudad hasta destrozarla. También habla de otras mujeres mártires (Mercuria, Dionisia, Amonaria) de diferentes edades y condiciones, que fueron torturadas y ejecutadas igualmente por su resistencia a apostatar.

Martirio de la Santa. Grabado de Antonio Tempesta (ca. 1600) en la obra “Imagini di molte SS. vergini Romane nel martirio”. Istituto Nazionale per la Grafica, Roma (Italia).

Entre todos ellos brilla de un modo especial la figura de Apolonia, una anciana diaconisa que debía ser conocida y admirada en su entorno, a juzgar por los elogios que Dionisio le dirige. Parecía que su vida había sido intachable, que había predicado el Evangelio al pueblo y que, además del destacado papel que le proporcionaba su cargo [2], parecía haber protagonizado algún altercado en la ciudad en que algún ídolo pagano habría acabado destruido. Sólo un odio enconado y cultivado contra ella podría dar explicación del brutal trato al que fue sometida. “Prendieron a la admirable virgen, anciana ya, Apolonia, a la que le rompieron a golpes todos los dientes y le destrozaron las mejillas”.[3]

Se ha querido ver en este salvaje martirio de la Santa –a la que destrozaron a pedradas la boca, rompiéndole dientes y mandíbulas- un ataque particular hacia su función de diaconisa y predicadora, castigando el instrumento corporal del que se había servido para sus prédicas.[4] Después de haberse ensañado brutalmente con ella, sigue relatando el obispo, la sacaron a rastras de la ciudad decididos a hacerla pasar por un último suplicio.
“Encendieron una hoguera a la entrada de la ciudad y la amenazaron con abrasarla viva, si no repetía a coro con ellos las impías blasfemias lanzadas a gritos”.

Ante las llamas, Apolonia vaciló un instante, y pensaron que lograrían hacerla apostatar, porque ya había sido bastante horroroso soportar el tormento en la boca, como para ahora soportar la muerte siendo quemada viva. Pero inesperadamente ella se escapó de manos de sus verdugos y se arrojó voluntariamente a la hoguera, de modo que en poco rato fue consumida por las llamas. “Quedáronse los paganos boquiabiertos y conmocionados, al ver que aquella admirable mujer había sido más  rápida en ir a la muerte que ellos en dársela.”

Martirio de Santa Apolonia. Relieve neoclásico tallado en madera de una iglesia francesa.

Martirio de Santa Apolonia. Relieve neoclásico tallado en madera de una iglesia francesa.

Esta reacción de Apolonia no sólo conmovió a los paganos, sino que también los cristianos quedaron conmocionados por el episodio. Se ha llegado a decir que esta actitud de la mártir, que se adelantó la muerte ella misma, es la de una suicida, y hasta circuló durante cierto tiempo un bulo según el cual las iglesias ortodoxas orientales no la venerarían por tachar de suicidio su martirio voluntario, lo cual no es cierto ya que esta mártir es venerada universalmente por católicos y ortodoxos, así como otras mártires que también se dieron muerte a sí mismas (Pelagia, Domnina, Verónica, Proscudia, etc.) Sobre este tema y haciendo concreta referencia a Santa Apolonia, dice San Agustín que si la mártir se prestó voluntariamente a la muerte, fue para evitar cometer pecado (“De civitate Dei” I, 26). Es decir, que la anciana diaconisa, temiendo no tener más fuerzas para seguir soportando tormentos peores o flaquear ante la muerte por el fuego, se entregó a las llamas para evitar ser doblegada. Lo cual es humanamente comprensible ante el extremo terror y sufrimiento que debió experimentar en las últimas horas de su vida.

Éstas son las noticias que tenemos de tan ilustre mártir, y es un privilegio que haya llegado hasta nosotros un relato tan depurado, de boca de alguien que fue testigo indirecto de los hechos –Dionisio se había ocultado lejos de la ciudad cuando la revuelta- pues no estuvo presente, lo que le hubiese costado la vida, pero si oyó el relato de boca de quienes lo vieron. Es por eso de que nadie puede dudar de la existencia de la Santa y de la veracidad de los detalles de su martirio.

Presunta mandíbula de la Santa. Catedral de Brindisi (Italia).

Por esto, resulta gratuito decir que las leyendas que se han redactado posteriormente sobre ella no tienen credibilidad alguna, pues se basan simplemente en la ampliación fantasiosa de estos datos testimoniales: que si era hija de una familia rica y vivía en una mansión, o hija de rey y éste la había matado, o divorciada de un esposo maltratador, que si un prefecto se había enamorado y había intentado casarse con ella, que si los dientes le habrían sido extraídos con tenazas, que si las llamas no la habían quemado y habían tenido que golpearla varias veces con la espada… y la más llamativa de todas, que si era joven y hermosa, cuando Dionisio dice claramente que era una mujer anciana.[5] Esta representación equívoca de la mártir ha sido trasladada al arte, donde pocas veces aparece representada como realmente era, una mujer de avanzada edad, salvo contadas excepciones. Parece sin embargo que resulta más romántico y conmovedor si la víctima sacrificada está en la flor de la vida, de ahí que haya prevalecido la representación artística de una Apolonia joven y bella. Sin embargo, es de sentido común entender que, teniendo el testimonio de Dionisio, sobran todas las passios y las leyendas posteriores.

Sobre las reliquias de la Santa ya he hablado en un artículo anterior, cuya lectura recomiendo para no extenderme mucho más aquí. Simplemente resumir que, aunque es posible que algunas cenizas y huesos calcinados de la mártir pudieran ser recogidas por la comunidad cristiana después de que la hoguera se extinguiera, no tenemos constancia de ningún lugar de sepultura ni veneración de estas reliquias, por lo que también es posible que los restos fueran dispersados por sus verdugos. Aunque existen una infinidad de reliquias atribuidas a la Santa, son todas falsas: no tienen un lugar de procedencia concreto, no han sido reconocidas y la exageración de supuestos dientes de la Santa contribuye a confirmarlo. Hoy en día, son básicamente una curiosidad, pero sin la menor validez.

Relicario de la Santa sacado en procesión en la ciudad de Tournai (Bélgica)

Relicario de la Santa sacado en procesión en la ciudad de Tournai (Bélgica)

El culto de la Santa se difundió mucho antes por Oriente que por Occidente, como patrona indiscutible contra los dolores de muelas y de cabeza –por aquello de que un dolor o mal en los dientes se transmite fácilmente a la cabeza- y así fue invocada durante siglos. Con la aparición de la odontología moderna y de anestésicos potentes, la popularidad de la Santa empieza a caer hasta ser prácticamente olvidada, aunque actualmente algunas asociaciones de odontólogos siguen celebrándola como patrona. Se la conmemora tal día como hoy, 9 de febrero, en que está inscrita en la mayoría de Martirologios, salvo el de Floro, que la puso el 20 de este mismo mes.

En Roma se le dedicó una iglesia que estaba junto a la Basílica de Santa Maria de Trastevere, pero que ya no existe. Sin embargo existen infinidad de iglesias y oratorios dedicados a ella en toda Europa, así como representaciones estatuarias y escenas de su martirio, que se hizo inmediatamente famoso por su extrema crueldad. Habitualmente aparece portando unas tenazas y un diente aprisionado en ellas.

Meldelen


[1] Alejandría, crisol de culturas y de pensamientos, ya era una ciudad conflictiva antes de la aparición del cristianismo, pues se mezclaban en ella la religión griega y romana, la cultura helenística y diversas escuelas filosóficas, así como la religión judía y las religiones politeístas de los antiguos egipcios, que ya iban pintando más bien poco en aquel panorama. Con la aparición del cristianismo, esto se complicó todavía más, dando lugar a una permanente situación de difícil coexistencia, que estallaba frecuentemente en violentos episodios (no olvidemos que, siglos después, la filósofa pagana Hipatia, ante su resistencia a bautizarse, sería brutalmente masacrada por un grupo de cristianos exaltados).
[2] El diaconado femenino desaparecerá posteriormente, al radicalizar la Iglesia sus posturas patriarcales y relegar a la mujer a un papel pasivo, excluyéndola definitivamente de la jerarquía eclesiástica y la administración de los sacramentos, salvo algunos casos excepcionales.
[3] Pero, ¿era realmente diaconisa? Este pasaje –virgo presbytera– ha sido traducido tanto como “anciana virgen” como “virgen diaconisa”. ¿Cuál es la traducción correcta? ¿Era anciana o era diaconisa? Si era diaconisa, seguro era más cercana a la madurez que a la juventud (ver nota 5), pero si era simplemente anciana, podía ser diaconisa, o no. ¿A qué se refería Dioniso? La mayoría de interpretaciones asumen ambas vertientes  -anciana y diaconisa- pero podría tratarse de un término excluyente.
[4] Con este destrozo bucal, la mártir gana su patronazgo posterior sobre los males dentales y bucales para los que se la invoca.
[5] Y en efecto, en la primitiva Iglesia los cargos de diaconisa eran sólo concedidos a mujeres maduras con larga experiencia, como son las ancianas.

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Las reliquias de Santa Apolonia

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Relicario de la Santa sacado en procesión en la ciudad de Tournai (Bélgica)

Pregunta: ¿Existe algún lugar donde estén reunidos los restos de Santa Apolonia, o la mayoría de ellos? España

Respuesta: Santa Apolonia, virgen y mártir alejandrina (9 de febrero) fue martirizada en el año 240. El martirio, según las Actas, fue terrible, como ya sabemos perfectamente: le destrozaron la boca y las mandíbulas y la quemaron viva.

Su culto se difundió rápidamente por Oriente, pero bastante más tarde en Occidente.  Sus reliquias debieron quedar, si es que se conservaron, en Alejandría (Egipto), pero ni esa ciudad ni ninguna otra reivindican tenerlas.

Hay reliquias de la Santa repartidas por varios sitios, pero no el cuerpo completo. No existe un sepulcro propiamente dicho donde estén sus reliquias. Por ejemplo, existen relicarios de esta mártir en Madrid (España), Oporto (Portugal), Tournai (Bélgica), Brindisi (Italia), Kilstett (Francia), Toulouse (Francia) y Napoli (Italia).

He dicho antes “si es que se conservaron”, y es que al morir Apolonia quemada viva, es poco probable que sus restos se conservaran. Es probable que la quemaran hasta las cenizas y que éstas fueran esparcidas o aventadas por la multitud que la linchó, para impedir su veneración, aunque tampoco es imposible que algo pudiese rescatarse (alguna tela o hueso quemado, algo de ceniza). Sin embargo, en cuanto a los relicarios mencionados, yo no me haría muchas ilusiones respecto a su autenticidad, precisamente por esto que te comento. Con sólo decirte que han llegado a reunirse ¡hasta 500 dientes atribuidos a Santa Apolonia!, creo que puedes hacerte una idea del poco crédito que merecen estas reliquias.

Meldelen

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