Santas Aquilina y Cirana, neomártires griegas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuevo icono ortodoxo griego de las dos Santas, realizado con ocasión del hallazgo y traslado de las reliquias.

Hoy hablaremos de dos vírgenes mártires que sufrieron martirio bajo el dominio turco de Grecia; una época de la que ya hemos hecho algunos apuntes pero que es aún poco conocida para los cristianos occidentales. Nuestros hermanos ortodoxos llaman a todos los mártires de la época moderna y contemporánea con el apelativo de neomártires (“nuevos mártires”); para distinguirlos de los mártires de la Antigüedad, que son compartidos por ambas Iglesias.
En este caso hablaré de dos muchachas que eran oriundas de Tesalónica, provincia de Grecia, cuando ésta formaba parte del Imperio otomano. Los otomanos, como sabemos, eran turcos y por tanto musulmanes, lo que suponía la opresión y la persecución de las minorías religiosas, entre ellas la cristiana, que dio a la Iglesia Ortodoxa griega muchos mártires; entre ellos, estas dos chicas: Aquilina (Angelina) y Cirana (Kyranna) que sufrieron martirio por defender su fe en un ambiente hostil. Aunque ambas mártires datan de esta época, no fueron compañeras de martirio ni se conocieron entre ellas; simplemente comparten época de martirio, provincia de origen, y el hecho de que las reliquias de ambas hayan sido recuperadas recientemente. Pero vamos a conocerlas una por una.

Santa Aquilina (Angelina) [1]
Nació en el pueblo de Zagliveri, Tesalónica, el año 1745. En una ocasión, su padre, que era cristiano, tuvo una querella con un vecino turco y, tras llegar a las manos, lo mató accidentalmente en medio de la pelea. Inmediatamente fue arrestado y llevado ante el gobernador de Tesalónica, que lo condenó a muerte, con la salvedad de que, si se convertía al Islam y accedía a hacer lo propio con su hija -que entonces todavía era un bebé de pecho- se le perdonaría la vida. El hombre, temeroso ante la muerte, aceptó y abrazó la fe musulmana. Sin embargo, su esposa se mantuvo fiel a la fe cristiana ortodoxa, en la cual educó a su hija, haciendo hincapié en los brillantes ejemplos de los mártires antiguos y enseñándola a amar la fe de tal modo que prefiriese la muerte a la apostasía.

Pero, como ya decía, el padre de Aquilina también se había comprometido a islamizar a su hija, de modo que, cuando ya tenía 18 años de edad, trataba de persuadirla de que se convirtiese a la fe musulmana. Como no lo conseguía, ya que la muchacha se empeñaba en seguir siendo cristiana, invitó a unos turcos para que intentaran convencerla ellos. No tuvieron éxito tampoco, de modo que la encadenaron y la llevaron ante el gobernador.
Aquilina se dejó prender sin ofrecer resistencia, y mientras la ataban, su madre le decía que la hora le había llegado y que debía dar ejemplo y ser fuerte de acuerdo a cómo ella la había instruido y educado, esto es, la exhortaba a mantenerse fiel a Cristo, aunque ello le supusiese el martirio. La muchacha respondió, convencida: “No temas, madre, pues ésa es mi intención. El buen y amable Dios será mi auxiliador. Ruega por mí”.

Icono ortodoxo griego de Santa Aquilina, con las escenas de su martirio y agonía.

El juez que se encargó de procesarla la instó a convertirse al Islam, lo cual ella rechazó. Inmediatamente él dio orden de que la desnudaran, dejándole tan sólo una fina camisa interior puesta, y dos verdugos la golpearon con bastones durante horas. Ella sufrió con resignación este tormento sin acobardarse.
Luego, el juez la volvió a llamar a su presencia e intentó otra táctica con ella: le prometió oro, joyas y muchas riquezas si accedía a hacerse musulmana, y como Aquilina despreciara todo esto, recurrió al extremo de ofrecerle a su propio hijo en matrimonio, creyendo que no rechazaría una boda tan ventajosa. Pero ella respondió con desprecio: “Tú y tu hijo iréis a la perdición”. Ofendido por sus palabras, el juez la puso de nuevo en manos de los verdugos, que la emprendieron de nuevo a bastonazos con ella. Y después de ello, nuevamente se la trajeron de vuelta.

Debido a los múltiples golpes, la camisa que la joven vestía se había desgarrado y colgaba hecha jirones de su cuerpo apaleado, de modo que quedaba expuesta ante la multitud que observaba el tormento. El juez, burlándose, le dijo: “Desgraciada, ¿no te avergüenza estar desnuda delante de tantos hombres? Hazte musulmana o te haremos añicos los huesos ante todos ellos.” A lo cual Aquilina respondió: “¿Y cuál es el atractivo tan grande de tu fe, que supuestamente me haría rechazar a Cristo; o en qué milagro de tu religión debería creer, si lo que veo es que vivís de forma impura e indecente?” Estas palabras enfurecieron nuevamente al juez, que la mandó por tercera vez a ser apaleada por los verdugos. El suelo se tiñó de rojo con su sangre y la carne se le desprendía a pedazos del cuerpo, tan salvajes eran los golpes que recibía. Finalmente, perdió el sentido y se desplomó en su propia sangre. Entonces el juez, viendo que agonizaba, la dio por muerta y perdió todo interés en ella.

Un cristiano, apiadándose de la chica moribunda, la recogió y la llevó a su casa. La madre, al ver el estado en que llegaba su hija, fue presa de una gran angustia y abrazándola, le decía: “Hija mía, ¿qué has hecho?” Aquilina abrió los ojos y, haciendo un gran esfuerzo por hablar, murmuró: “¿Qué crees, madre, que he hecho, si no es lo que tú me has enseñado? Según tu mandato, he guardado la confesión de nuestra fe.” La madre, alzando ojos y brazos hacia el cielo, dio un grito y glorificó a Dios por el valor de su hija. Momentos después, Aquilina moría a consecuencia de las horribles heridas: era el 27 de septiembre de 1764.

Vista del cuerpo de la Santa, revestido y expuesto a veneración con motivo de su hallazgo en mayo de 2012. El cráneo está encima, dentro de un relicario de plata.

A pesar de que claramente la muchacha había muerto por no renegar del cristianismo, los turcos la reclamaron como suya y se llevaron su cadáver, enterrándola en el cementerio musulmán de la localidad. Sin embargo, tres cristianos llamados Tsoplas, Kalimeris y Bouklas tomaron el cuerpo de la joven y lo enterraron en un lugar secreto, prometiéndose entre ellos que jamás revelarían el emplazamiento de la tumba de la mártir, para evitar que los turcos se la llevasen de nuevo. Y así, murieron sin decir a nadie dónde la habían enterrado, y la localización del cuerpo de la Santa quedó en el misterio. Hasta que el pasado 22 de mayo de 2012, éstas fueron encontradas y trasladadas solemnemente a la parroquia local, donde reciben veneración.

Apolytikion de Santa Aquilina la Neomártir
Zagliveri se alegra por tu combate, el pueblo del que brotaste como una flor fragante, oh hermosa virgen de Cristo, Aquilina, porque combatiste con perseverancia y obtuviste de Dios la eterna corona de la incorrupción. Ruega sin cesar que Él tenga misericordia de nuestras almas.

Milagroso icono de Santa Cirana venerado en la iglesia de los Santos Arcángeles de Ossa, Grecia.

Santa Cirana (Kyranna)
Nació en el pueblo de Vissoka -actual Ossa-, cerca de Tesalónica. Nicodemo el Agiorita, que también escribe su vida, no dice ni el año en que nació, ni el nombre de sus padres, ni tampoco da noticias acerca de su condición familiar. Sólo comenta que sus padres eran cristianos y que ella era una muchacha bellísima y muy virtuosa.

Un jenízaro [2] que se encargaba de recaudar los impuestos en la localidad se enamoró de ella y quiso persuadirla para que renegara de su fe y se casara con él. Para ello recurrió a regalos y promesas, y después que no consiguiese nada con ella, pasó a las intimidaciones y a las amenazas. A pesar de que los jenízaros eran temidos por la población, Cirana no se dejó acobardar y finalmente, su despechado pretendiente, ayudado de algunos colegas jenízaros como él, raptaron a la joven y la llevaron por la fuerza ante el juez de Tesalónica, acusándola falsamente de haber accedido a convertirse al Islam y casarse con él, para luego echarse atrás y negarse a ello. Delante del juez, Cirana desmintió esta versión y reafirmó su fe en Cristo, por lo cual fue encarcelada. Estaba sola: aunque sus padres la habían seguido a Tesalónica, por miedo a los jenízaros habían decidido esconderse.

El pretendiente de Cirana y sus colegas iban habitualmente a la cárcel para tratar de convencerla, y, en connivencia con un carcelero turco, se turnaban para cebarse cruelmente con la prisionera, desfogando en ella su ira. La tortura se convirtió en algo cotidiano para la desdichada: uno la pegaba con un palo, otro la golpeaba con la hoja plana de la espada, el tercero la emprendía a puñetazos con ella. Cuando se cansaban de torturarla y se iban, el carcelero turco la colgaba de los brazos al techo y seguía pegándole hasta que se cansaba, haciendo oídos sordos a los gritos de indignación de los demás presos. Molestos, sus propios colegas turcos lo llamaron al orden y pusieron un carcelero cristiano para ella. Cirana, sin embargo, lo sufría todo resignadamente. La tradición dice que no probó bocado mientras estuvo encarcelada -rechazaba toda comida que le daban- y que su mente y corazón estaban constantemente dirigidos hacia el Altísimo.

El 28 de febrero de 1751, cuando ya llevaba una semana en la cárcel, el jenízaro y sus amigos volvieron a la cárcel con la intención de hacerle cambiar de idea, pero como fue en vano, consintieron que de nuevo fuese atormentada: el carcelero turco la golpeó tan salvajemente con una tabla de madera, que la dejó medio muerta. El carcelero cristiano reprendió ásperamente al carcelero turco y lo amenazó con denunciarlo, porque había entrado ilícitamente en la cárcel, sólo con la intención de atormentar a los detenidos. Entonces, el carcelero turco se marchó, atemorizado, sin ni siquiera descolgar a la chica, que se quedó pendiendo del techo. Como consecuencia de los golpes, la muchacha moría poco después.

Vista del lugar donde aparecieron las reliquias de la Santa, bajo el altar mayor de la iglesia de los Santos Arcángeles de Ossa, Grecia.

Dice la tradición que la noche en la que murió, una luz sobrenatural se cernía sobre el cuerpo de la joven y hacía resplandecer toda la cárcel y cuando la luz se desvaneció, un inefable perfume impregnó por mucho tiempo el lugar donde Cirana había muerto. Los demás prisioneros, en especial los judíos y musulmanes, se asustaron muchísimo al ver esto.
Cuando el carcelero cristiano encontró a Cirana sin vida, se encargó de llevarse el cuerpo para que fuera venerado por los cristianos y le dieran sepultura. La enterraron a las afueras de Tesalónica y los restos de su ropa fueron rasgados y repartidos entre los cristianos, que veneraron las porciones de tela como preciosas reliquias.

Sin embargo, la ubicación de las reliquias de la Santa ha sido totalmente desconocida hasta el 12 de septiembre de 2011, momento en que una considerable parte de las mismas han sido encontradas bajo el altar de la iglesia de los Santos Arcángeles de Ossa, donde la misma mártir acudía a la Divina Liturgia y adonde parece que habían sido trasladadas desde Tesalónica. Una suave fragancia se desprendía de los restos y junto a los mismos se hallaron las sandalias de cuero de la Santa; que han permitido determinar su talla de calzado, altura, sexo y edad -entre 16 y 18 años, o sea, de la misma edad que su émula Santa Aquilina-.
El metropolita Juan de Lagada, en su visita a Ossa para venerar las reliquias de la Santa, ha dicho, citando a San Juan Crisóstomo: “Quienes veneran a los mártires deberían imitarlos”, poniendo como ejemplo a Santa Cirana para los cristianos de hoy.

Quienes han estudiado la vida de la Santa se inclinan a pensar que el año de su martirio fue el 1751; sin embargo, Eustratiadis dice que fue en el 1754.
Casi un siglo después del martirio, en el año 1868, en Ossa se le construyó una magnífica iglesia donde se conservan dos antiguos iconos representando escenas de su martirio. Uno de ellos, tenido por milagroso, data de 1870 y es obra de Christodoulos Ioannou Zografos de Siatista.

Nicodemo el Agiorita, que como, he dicho, compuso la Vita, la incluyó en el Nuevo Martirologio como Neomártir y en el año 1922 se compuso un oficio litúrgico en su honor por parte de Cristóforos Prodomitis, que era maestro de la escuela del Monte Athos y futuro egumeno del monasterio Prodromos en Serres.
En el año 1967, el monje Gerasimos Micragiannanitis escribió un oficio litúrgico y un canon paraclético en honor de la Santa, cuya festividad era el 28 de febrero, aunque en Ossa, su ciudad natal es festejada el día 8 de enero. El motivo de ese cambio es porque el 28 de febrero cae casi todos los años dentro de la Gran Cuaresma y en enero es más fácil festejarla con toda solemnidad y alborozo.

Vista del sarcófago que contiene los restos de Santa Cirana, expuestos a veneración con motivo del hallazgo de las reliquias en 2011. Iglesia de los Santos Arcángeles de Ossa, Grecia.

Apolytikion de Santa Cirana la Neomártir
Salve, divino retoño y fruto de Ossa, oh virgen mártir Cirana, esposa de Cristo, que luchaste tenazmente hasta tus últimos días, y venciste al enemigo con firme resistencia. Ahora, intercede incesantemente en favor de aquellos que fielmente honran la memoria de tu bendito combate.

En resumen, la terrible historia de estas dos valientes heroínas nos muestran el terrible contexto en el que vivieron y las duras circunstancias a las que debieron enfrentarse, siendo liberadas sólo con la muerte. La crueldad con que fueron torturadas y la resignación y dulzura con que sufrieron este injusto castigo, sin maldecir ni atacar a quienes las atormentaban, nos enseña un ejemplo de tolerancia, amor y perdón que es atemporal, válido para todas las épocas.
Enhorabuena a la Iglesia Ortodoxa griega que, como hemos visto en otros casos, está empezando a recuperar reliquias desaparecidas de sus neomártires; y aun cuando existen muchas otras neomártires de las que podría hablar, lo haré en otra ocasión.

Existe mucha información y muy detallada -en inglés- sobre el hallazgo, traslado y celebraciones en honor de las dos neomártires con ocasión del descubrimiento de sus reliquias. Para profundizar en ellas, recomiendo la visita a los enlaces que reseño abajo, que me han servido como fuente.

Meldelen

Enlaces consultados (08/08/2012):
http://full-of-grace-and-truth.blogspot.com.es/2012/05/saint-akylina-angeline-new-martyr-of.html
http://www.johnsanidopoulos.com/2011/10/on-11-october-2011-ecumenical-patriarch.html
http://full-of-grace-and-truth.blogspot.com.es/2012/01/st-kyranna-new-martyr-of-thessaloniki.html


[1] En realidad, parece que el nombre auténtico de la Santa era Angelina y no Aquilina. Fue Nicodemo el Agiorita, autor de su Vita, quien se lo cambió a Aquilina, por entender que así parecía más “griego”.
[2] Los jenízaros eran una élite de soldados al servicio del Imperio otomano. Se encargaban de la guarda personal del sultán y también de la custodia de las dependencias palaciegas. Por su habilidad y eficiencia en el combate, eran sumamente temidos por la población.

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