Santos Atilano y Froilán, obispos

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Lienzo de San Atilano, anónimo del s.XVII. Catedral de Tarazona (España).

San Atilano, obispo de Zamora
Los bolandistas en el comentario al Martirologio Romano dicen sobre San Atilano: “praeter ea quae leguntur in Vita Sancti Froilani nihil certi traditum est”. ¿Qué quieren decir con esto? Que no dan crédito a todo lo escrito sobre San Atilano a excepción de lo que de él se comenta en la vida de San Froilán. San Froilán era oriundo de Lugo y después de haberse dedicado durante un cierto tiempo a evangelizar por los pueblos de los campos gallegos y leoneses, se retiró a un eremitorio en el Monte Curueño “teniendo como compañero al sacerdote San Atilano”. Esto da a entender que antes de ser compañeros en la soledad del eremitorio, lo fueron también en su labor apostólica por los campos de Galicia y León.

Con el apoyo del rey Alfonso III el Grande, fundaron algunos monasterios en la región leonesa, en los cuales acogieron a muchos hombres y mujeres deseosos de vivir bajo una regla y una disciplina. La tradición nos dice que seguían la Regla de San Benito.

El rey Alfonso III forzó a Froilán para que aceptara la cátedra de León y a Atilano, para que aceptara la de Zamora. Su consagración como obispo tuvo lugar en León el día de Pentecostés del año 900. El mismo rey, en una carta fechada en Sahagún el 28 de abril del 909 y en otros documentos escritos antes del mes de enero del 916, menciona a San Atilano. Estos documentos son custodiados en el archivo de la catedral compostelana.

Pero a partir del año 1132 aparece una “Vita” legendaria sobre nuestro santo, que lo hace oriundo de Tarazona (Zaragoza), nacido en el año 850 en el seno de una noble familia y que desde muy joven entró en un monasterio benedictino de la comarca, aunque más tarde marchó a Sahagún (León), donde entró en contacto con San Froilán, comenzando ambos una vida de apostolado y, posteriormente, de anacoretas en los montes leoneses. Como la fama de santidad de ambos se extendió rápidamente, tuvieron que retirarse a un monasterio que fundaron en la ciudad portuguesa de Viseu y que fue fuente de atracción para un numeroso grupo de monjes. La fama de ambos llegó también al rey Alfonso III, que los autorizó para que fundaran otros monasterios en su reino.

Relicario con el anillo de San Atilano, venerado en Zamora (España).

Y así, fundaron uno en Tábara (Zamora), alrededor del cual se organizaron varias comunidades cenobíticas; el mismo rey fundó el Monasterio de Santa Maria de Moreruela (también en Zamora), donde San Froilán ejercía de abad y San Atilano, de prior y es a partir de ahí cuando el rey decide que Froilán sea obispo de León y Atilano lo sea de Zamora.

Su episcopado duró diez años y peregrinó a Jerusalén para hacer penitencia por los pecados cometidos durante su juventud. Cuando abandonó Zamora con tal motivo, tiró su anillo pastoral al río Duero, con la intención de recuperarlo cuando a la vuelta viniera libre de sus culpas. Y así, dos años después, volvió de incógnito a Zamora hospedándose en la cercana ermita de San Vicente de Cornu y allí, preparándose una comida, partió un pez que le dieron como limosna y dentro del pez estaba su anillo. En ese momento, las campanas de todas las iglesias zamoranas comenzaron a repicar llamando a los fieles y sus hábitos de peregrino se transformaron en ornamentos episcopales.

Como comprenderéis, toda esta leyenda es muy bonita, pero la realidad nos dice que no se sabe absolutamente nada acerca de su actividad pastoral como obispo de la diócesis de Zamora, aunque la leyenda sigue contando que el Espíritu Santo se hizo visible durante su consagración episcopal y que, similar a lo que pasó en el Mar Rojo al paso de los israelitas cuando huían de Egipto, cuando San Atilano huía de los musulmanes en Zamora, después de atravesar el puente sobre el río Duero, éste se hundió, pereciendo los musulmanes que lo perseguían.

Falleció en el año 916 y su cuerpo fue encontrado en el año 1260 en la catedral de San Ildefonso en Zamora, donde actualmente se encuentra, a excepción del cráneo que fue robado y llevado posteriormente a Toledo. Se conserva también su supuesto anillo y su bastón de peregrino. Nunca fue oficialmente canonizado, pero recibe culto inmemorial desde el siglo XII, celebrándose su festividad el día 5 de octubre.

Detalle de San Froilán en un lienzo barroco. Seminario de León, España.

San Froilán, obispo de León
San Froilán nació en un suburbio de la ciudad gallega de Lugo en el año 832. De su infancia y familia nada se sabe aunque según una biografía escrita en el año 920, con dieciocho años de edad quiso prepararse para el sacerdocio realizando vida de ermitaño en los empinados y silenciosos Montes de Curueño, en el Bierzo. Allí existe actualmente una roca, entre Corecillas y Montuerto que lleva su nombre y en la que existe una pequeña iglesia a él dedicada. En su penitencia, se unió a él un sacerdote mozárabe llamado Atilano (San Atilano, del que hemos escrito más arriba).

Como consecuencia de las revueltas mozárabes en la Hispania musulmana iniciadas en el 850, muchos cristianos procedentes del sur de la Península Ibérica se refugiaron en el norte por temor a la persecución desatada en el califato de Córdoba y a estos fieles, Froilán y Atilano, dedicaron su labor apostólica, (recordemos el artículo publicado el 10 de octubre del año 2010 sobre los santos mártires mozárabes, cuyo Martirologio fue encabezado por el sacerdote cordobés San Perfecto).

Aun siendo seglar, en el año 870 fundó un monasterio, al cual rápidamente se adhirieron religiosos y seglares de los parajes vecinos a fin de llevar una vida de soledad y obediencia bajo el mandato de Froilán, que como he dicho antes, aun no estaba ordenado. Dice la tradición que a San Froilán le surgieron dudas acerca de si debía seguir vida de eremita o dedicarse mas plenamente al apostolado y para despejarlas, se sometió a una prueba de fuego. Introdujo unas brasas encendidas en su boca, pero el fuego no le causó quemadura alguna. El, interpretando los designios de Dios, dejó el monte y se dedicó más activamente a la predicación. Como el pueblo les seguía, e incluso algunos nobles y obispos, junto con San Atilano, marcharon a Viseu donde fundaron un monasterio.

Entretanto, Alfonso III rey de León, Galicia y Asturias, después de la victoria de Polvoraria en el año 878, pensó en consolidar las tierras conquistadas junto al río Duero y con este motivo, llamó a Froilán a su corte en Oviedo confiándole la colonización de aquellas tierras cristianas. El, a disgusto, abandonó su actividad y el monasterio de Viseu y junto con San Atilano y otros monjes, fue hasta las llanuras del río Esla, al norte de Zamora, donde fundó en el año 880 el monasterio de San Salvador de Tábara que pronto se pobló con más de seiscientos monjes de ambos sexos. Fue el primer monasterio mixto de la Hispania mozárabe. Los monasterios fundados en el valle del Esla y el Monasterio de Santa Maria de Moreruela, fueron los primeros monasterios hispanos que aceptaron la reforma cisterciense.

Con esta actividad fundadora se cumplían los deseos del rey Alfonso III, pues de todos es sabido que junto a los monasterios se agrupaba la población, llegando a constituirse agrupaciones de personas (lo que hoy llamamos pueblos) cuyo líder era el abad y los maestros eran los monjes que enseñaban al pueblo y los asentaba territorialmente.

En el año 900 murió el obispo Vicente quedando vacante la sede de León y los fieles solicitaron al rey que nombrase obispo a Froilán que entonces era abad en Moreruela. Froilán se opuso, pero finalmente tuvo que aceptar y junto con San Atilano, fueron consagrados como obispos en la catedral de León el 19 de mayo, festividad de Pentecostés. Vivió setenta y tres años, muriendo el día 5 de octubre del año 905 y siendo sepultado en un sarcófago que el rey había preparado para si mismo en dicha catedral.

Urna de plata que contiene los restos de San Froilán. Catedral de León, España.

No se conoce la fecha exacta en la que el pueblo comenzó a darle culto. En el antifonario mozárabe de la catedral de León, que es de la primera mitad del siglo X, que contiene el santoral completo de la diócesis y que fue compuesto e ilustrado por los discípulos y compañeros de San Froilán, no se menciona su fiesta; sin embargo, en el siglo XI, el obispo Pelayo de Oviedo lo llama santo. El Papa Urbano II lo canonizó oficialmente.

En el año 995 sus reliquias fueron trasladadas desde la catedral de León hasta el monasterio de Val de César pues se encontraban en peligro como consecuencia de la invasión musulmana. En el siglo XI continuaban en Val de César, pero en el siglo XII fue trasladado al monasterio de Moreruela, cosa que se hizo en contra de la opinión del pueblo y del clero de León, los cuales recurrieron ante el Papa Alejandro III solicitando la restitución. El Papa comisionó al cardenal Jacinto, que era el legado pontificio ante los reyes hispanos – que posteriormente fue elegido Papa tomando el nombre de Celestino III – el cual mientras se encontraba en León en el año 1173 ordenó que la mitad de las reliquias fueran devueltas a León y el resto se quedaran en el monasterio de Moreruela. El traslado se hizo en el 1181 siendo Manrico el obispo de León que fue quién inició los trabajos de construcción de la actual catedral.

En las diócesis de León y Lugo es conmemorado el día de su muerte (5 de octubre) y el día del traslado de las reliquias (11 de agosto); es asimismo el patrono de las dos diócesis.
El arca de plata que contiene sus reliquias y que se encuentra en el altar mayor de la catedral leonesa es obra del orfebre Enrique de Arfe. La escultura que se encuentra en la fachada sur de la catedral es del siglo XV y los relieves del tímpano de la puerta de la misma fachada son del siglo XIII. Asimismo, existe una pintura del siglo XV que representa la leyenda del milagro del lobo, pues se dice que en una de sus múltiples peregrinaciones, estando una mañana rezando apareció un lobo hambriento dispuesto a comerse al asno que acompañaba al obispo. Froilán se dirigió al lobo y hablándole consiguió que el lobo se pusiera a su servicio; desde entonces, el lobo siempre lo acompañaba arrimado a su pierna derecha.

Antonio Barrero

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