Santos Fructuoso obispo, Augurio y Eulogio, diáconos mártires

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Icono ortodoxo de los mártires, regalado al arzobispado de Tarragona (España), con ocasión del Jubileo.

La “passio” de los santos Fructuoso obispo de Tarragona y sus dos diáconos, Augurio y Eulogio, en la cual se narra el juicio y el martirio de estos tres santos hispanos es uno de los documentos más importantes y más primitivo del “pasionario hispano”.
No se trata de las Actas del procónsul ni de un extracto de un protocolo oficial, sino de una narración realizada por un testigo que presenció la mayor parte de lo que escribe y que el resto, lo escribe por haberlo escuchado a testigos oculares, luego su valor histórico es incalculable. El autor era un seglar cristiano, no demasiado culto, que con un estilo simple, fue capaz de escribir eficazmente la descripción del interrogatorio y de los tormentos sufridos por los mártires y lo hizo a fin de confirmar en la fe a quienes leyeran su relato.

Los tres mártires fueron apresados y encarcelados el XVIII de las Kalendas de febrero, o sea, el domingo 16 de enero del año 259, mientras estaba en pleno apogeo la persecución del emperador Valeriano. Fructuoso, teniendo la completa certeza de la corona que iba a recibir, estaba en continua oración y también con él lo estaba toda su comunidad cristiana. Al segundo día de estar encarcelado, bautizó en la cárcel a un catecúmeno de nombre Rogaciano y al sexto día, el 21 de enero que era viernes, fue llevado ante el tribunal junto con sus dos diáconos, Augurio y Eulogio.

El interrogatorio lo realizó el cónsul Emiliano y el escritor de la “passio”, en síntesis, lo describe así:
El juez Emiliano dijo al obispo Fructuoso: “¿No te has enterado de lo que han ordenado los emperadores?”
Fructuoso respondió: “Yo no se qué cosa habrá ordenado vuestros emperadores, pero yo soy cristiano.”
El juez Emiliano le dijo: “Han ordenado que se dé culto a los dioses.”
El obispo Fructuoso respondió: “Yo sólo doy culto a un único Dios, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todas las cosas que están en ellos.”

Detalle de un lienzo barroco con el martirio de los tres Santos.

Emiliano le dijo: “¿No sabes que hay otros dioses?”
El obispo Fructuoso respondió: “No lo sé”.
Emiliano le dijo: “Pues entonces lo sabrás”.
El obispo Fructuoso se dirigió al Señor y oró interiormente.
El juez Emiliano dijo al diácono Augurio: “No hagas caso a las palabras de Fructuoso”.
Y Augurio respondió: “Yo sólo doy culto al Dios omnipotente”.
Emiliano le dijo a Eulogio: “¿También tú le rindes culto a Fructuoso?”
Y Eulogio le respondió: “Yo no doy culto a Fructuoso, sino a Aquel a quien Fructuoso da culto”.
Emiliano le preguntó a Fructuoso: “¿Tú eres obispo?”
Fructuoso le respondió: “Sí, lo soy”.
Emiliano le respondió: “Lo has sido”, y ordenó que los quemasen vivos
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Entonces, alrededor de la media mañana, fueron conducidos al anfiteatro de Tarragona, se descalzaron y mientras ellos se preparaban para morir, un militar cristiano llamado Félix saludó a Fructuoso rogándole se acordase de él, obteniendo esta respuesta: “Es necesario que yo tenga en mi mente a toda la Iglesia, extendida en paz por todo el mundo, desde Oriente hasta Occidente”. Y consolando a sus fieles con la promesa de que no les faltaría un nuevo pastor y bendiciéndolos, entró en el anfiteatro y junto con Augurio y Eulogio fueron subidos a una pira de leña y, atados a unas estacas, les prendieron fuego. Consumado el martirio, los cristianos por la noche recogieron cada uno las reliquias que pudieron para llevárselas a casa, pero Fructuoso se les apareció diciéndoles que juntaran todos los restos.

El autor de la “passio” cuenta también que mientras ellos estaban ardiendo, dos cristianos llamados Babilon y Migdonio, pertenecientes a la familia del juez Emiliano, vieron a los tres santos coronados en el cielo, gracia que no le fue concedida al juez, a quien ellos llamaron para que vieran el triunfo de aquellos tres cristianos a quienes él había condenado.
A esta “passio”, más tarde, en el siglo V, se le añadió un apéndice contando que Fructuoso y sus diáconos, vestidos con túnicas refulgentes, se aparecieron a Emiliano, pero esta última parte no tiene credibilidad alguna.

Mural románico del s.XIII en la iglesia de San Fructuoso de Huesca (España). Registro superior: martirio de los Santos. Registro inferior: traslado de las reliquias de Fructuoso.

Todos los calendarios mozárabes hacen memoria de estos tres mártires el día 21 de enero, fecha que posteriormente asumió el Martirologio Jeronimiano, el de Usuardo y finalmente, el Martirologio Romano. Esta “passio” auténtica y el culto a estos tres santos se difundió por toda Hispania, consagrándole Prudencio el himno VI del “Peristephanon”. Asimismo, se conserva un sermón pronunciado por San Agustín en el día de su festividad, así como varias inscripciones hispanas de los siglos VI y VII. El libro de oraciones de Tarragona, que data del siglo VIII, contiene hasta veintitrés oraciones distintas en el día de su fiesta.

El culto de estos tres mártires traspasó las fronteras hispanas, extendiéndose por las Galias y por las costas de Italia. A Fructuoso se le representa con los ornamentos episcopales y a Augurio y Eulogio, con los de diáconos y como fueron condenados a morir quemados vivos, junto a ellos aparece una pira de leña ardiendo. A causa de su nombre –Fructuoso– es el patrono de las cosechas abundantes de frutas.

En su ciudad natal, Tarragona, existe una escultura suya tallada en mármol, puesta sobre la tumba del arzobispo Juan de Aragón y que se encuentra en la capilla “maior” de la catedral tarraconense. Existe también un fresco en el Museo diocesano de Huesca.

Pero el centro de la iconografía de Fructuoso se encuentra en el priorato de San Pedro de Moissac, en el Linguadoc francés, donde su culto es más intenso que en su propia tierra. Existe allí un complejo de bajorrelieves del siglo XII en el que se representa episodios de la vida del santo. En el primer bajorrelieve aparece revestido de pontifical, dándole los evangelios a sus dos diáconos; en el segundo, se representa a los tres mártires delante del procónsul Emiliano que los condena a morir quemados y en el tercero, aparecen los tres santos, con los brazos alzados al cielo en medio de las llamas mientras que una mano que sale del cielo les ofrece una cruz y dos ángeles acompañan sus almas a lo más alto.

Vista del anfiteatro de Tarragona (España), lugar del martirio de los Santos.

Como existe una cierta semejanza entre esta “passio” y la de los tres niños ardiendo en el horno, esto ha favorecido la fantasía de los escultores de Moissac, que han esculpidos estos eventos en el claustro del monasterio. Otro testimonio de su culto en Francia es la iglesia de Capestang, que está dedicada a ellos.

En Italia existe una leyenda según la cual, doscientos discípulos de San Fructuoso, huyendo de Tarragona y llevándose las reliquias de los mártires, arribaron a las costas de Liguria donde construyeron una pequeña iglesia en Capodimonte. En el siglo X, los benedictinos edificaron sobre ella un monasterio al que denominaron San Fructuoso en Capodimonte, nombre que asumió el pueblo donde estaba. Este monasterio tuvo su máximo esplendor en el siglo XII; posteriormente como consecuencia de las incursiones de los sarracenos vino en decadencia y a mediados del siglo XVI, el Papa Julio III promulgó una bula concediendo la custodia del monasterio a la familia genovesa de los Doria y a cambio, el almirante Andrea Doria decidió construir una enorme torre de defensa a fin de proteger mejor al monasterio, el cual posteriormente, ha pasado por varias vicisitudes, no solo en tiempos de la ocupación napoleónica, sino a principios del siglo XX a causa de unas inundaciones que provocaron unos corrimientos de tierras. En el año 1933 se realizaron unos trabajos adicionales a fin de proteger al monasterio de futuros deslizamientos.

Capilla de San Fructuoso y compañeros en la catedral de Tarragona (España). En el interior del altar se halla la pequeña urna con sus cenizas.

Las cenizas de estos tres mártires se encuentran en la Abadía de Camogli (Capodimonte) y en la catedral de Tarragona.

Oración:
“Señor, tú que concediste al obispo San Fructuoso dar su vida por la Iglesia, que se extiende de Oriente a Occidente, y quisiste que sus diáconos, Augurio y Eulogio, le acompañaran al martirio llenos de alegría, haz que tu Iglesia viva siempre gozosa en la esperanza y se consagre, sin desfallecimientos, al bien de todos los pueblos. Amén”.

Antonio Barrero

Himno VI del Peristephanon- Aurelio Prudencio
“Felix Tarraco, Fructuose, vestris attollit caput ignibus coruscum levitis geminis procul relucens.
Hispanos deus aspicit benignus, arcem quandoquidem potens Hiberam, trino martyre trinitas coronat.
Ardens Augurius capessit aetram, nec non Eulogius simul supermum, Christi lucidus ad sedile tendit.
Dux et praevius et magister illis, ad tantum decus ex episcopali, clarus nomine Fructuosus ibat.
Accitus quia praesidis repente, iussu venerat ad forum sacerdos, levitis comitantibus duobus.
Inde ad carceream viros catenam, pastus sanguine carnifex trahebat, gaudet currere Fructuosus ultro.
Ac, ne quis socios timor feriret, praeceptor vehemens eundo firmat, incenditque fidem calore Christi:
“Mecum state, viri, vocat cruentus ad poenam coluber dei ministros; ne mors terreat! Est parata palma.
Carcer christicolis gradus coronae est, carcer provehit ad superna caeli, carcer conciliat deum beatis”.
His dictis adeunt specum reorum, exercent ibi mysticum lavacrum et purgamen aquae stupent tenebrae.
Sex hic continuis latent diebus, tandem stant trucis ad tribunal hostis, fratres tergeminos tremunt catastae.
Iudex Aemilianus inminebat, atrox, turbidus, insolens, profanus, aras daemonicas eoli iubebat.
“Tu, qui doctor”, ait, “seris novellum commenti genus, ut leves puellae lucos destituant, Iovem relinquant,
damnes, si sapias, anile dogma; iussum est Caesaris ore Gallieni, quod princeps colit, ut colamus omnes.
Haec fanti placidus refert sacerdos: aeternum colo principem dierum, factorem dominumque Gallieni,
et Christum patre prosatum perenni, cuius sum famulus gregisque pastor”. Subridens ait ille: “iam fuisti”.
Nec differt furor aut refrenat iram, saevis destinat ignibus cremandos, exultant prohibentque flere vulgum.
Quosdam de populo videt sacerdos libandum sibi poculum offerentes. “Ieiunamus”, ait, recuso potum:
nondum nona diem resignat hora, numquam conviolabo ius dicatum nec mors ipsa meum sacrum resolvet.
Sic Christus sitiens crucis sub hora, oblatum sibi poculum recusans nee libare volens sitim peregit.
Intrant interea locum rutunda conclusum cavea, madens ferarum multo sanguine quem furor frequentat,
cum spectacula perstrepunt cruenta ac vilis gladiator ense duro percussus cadit et fremit voluptas.
Hic flammante pyra niger minister ardens supplicium parare iussus construxit facibus rogum supremis,
qui, dum corpora concremanda solvit, feruentes animas amore lucis fracto carceris expediret antro.
Certant officiis pii sodales: plantis calciamenta dissolutis pronus detrahere studebat uvus,
sed sanctus vetat ora Fructuosus inclinata premi: “facessite”, inquit, nec nostram gravet obsequella mortem;
atquin ipse meos pedes resolvam, ne vestigia praepedita vinclis tardis gressibus inruant in ignem.
Cur lamenta rigant genas madentes, cur vestri memor ut fiam rogatis? cunctis pro populis rogabo Christum.
Vix haec ediderat, relaxat ipse indumenta pedum, velut Moyses quondam fecerat ad rubum propinquans.
Non calcare sacram cremationem aut adstare deo prius licebat, quam vestigia pura figerentur.
Stabat calce mera, resultat ecce caelo spiritus et serit loquellam, quae cunctos tremefecit audientes:
“non est, credite, poena: quam videtis, quae puncto tenui citata transit, nec vitam rapit illa, sed reformat.
Felices animae, quibus per ignem celsa scandere contigit Tonantis, quas olim fugiet perennis ignis!”.
Haec inter rapidis focos crepantes intrant passibus et minantur ipsis flammarum trepidantibus caminis.
Nexus denique, qui manus retrorsus in tergum revocaverant revinctas, intacta cute decidunt adusti.
Non ausa est cohibere poena palmas in morem crucis ad patrem levandas, solvit bracchia, quae deum precentur:
Priscorum specimen trium putares, quos olim Babylonicum per ignem cantantes stupuit tremens tyrannus.
Illis sed pia flamma tunc pepercit nondum tempore passionis apto nec mortis decus inchoante Christo.
Hos cum defugeret vaporus ardor, orant, ut celer ignis advolaret et finem daret anxiis periclis.
Exorata suos obire tandem maiestas famulos iubet caducis missos corporibus sibique reddi.
Vidit praesidis ex domo satelles caelum martyribus patere apertum insignesque viros per astra ferri.
Quin et filiolae monens erili ostendit sceleris notam paterni, caelo vivere, quos forum peremit.
Haec tum virginitas palam videre per sudum meruit parente caeco, ut crimen domini domus timeret.
Tum de corporibus sacris favillae et perfusa mero leguntur ossa, quae raptim sibi quisque vindicabat.
Fratrum tantus amor domum referre sanctorum cinerum dicata dona aut gestare sinu fidele pignus.
Sed ne reliquias resuscitandas et mox cum domino simul futuras discretis loca dividant sepulcris,
cernuntur niveis stolis amicti: mandant restitui cavoque claudi mixtim marmore pulverem sacrandum.
O triplex honor, o triforme culmen, quo nostrae caput excitatur urbis, cunctis urbibus eminens Hiberis!
Exultare tribus libet patronis, quorum praesidio fovemur omnes terrarum populi Pyrenearum.
Circumstet chorus ex utroque sexu heros, virgo, puer, senex, anulla, vestrum psallite rite Fructuosum!
Laudans Augurium resultet hymnus mixtis Eulogium modis coaequans, reddamus paribus pares camenas.
Hinc aurata sonent in arce tecta, blandum litoris extet inde murmur et carmen freta feriata pangant.
Olim tempus erit ruente mundo, cum te, Tarraco, Fructuosus acri solvet supplicio tegens ab igni.
Fors dignabitur et meis medellam tormentis dare prosperante Christo dulces hencecasyllabos revoluens.

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