Santos Vito, Modesto y Crescencia, mártires

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Lienzo de los Santos, obra de Matthias de Mari. Iglesia de San Vito, Ostuni, Italia.

Lienzo de los Santos, obra de Matthias de Mari. Iglesia de San Vito, Ostuni, Italia.

Hoy se celebra la festividad de tres mártires muy conocidos, en particular uno de ellos: el niño romano Vito, su nodriza Crescencia y su pedagogo, Modesto. Ante todo ha sido el primero el que ha gozado de una gran expansión de su culto, particularmente en Italia y en el centro de Europa -países germánicos-; mientras que los otros dos han participado indirectamente de la popularidad del niño mártir.

La passio de los Santos, que nos describe su vivencia y justifica su patronazgo e iconografía, es un relato que no tiene ningún valor histórico, cabe decirlo ya de entrada. Vamos a seguir este escrito, que fue compuesto probablemente en el siglo VII, y del cual existen numerosas redacciones, para conocer a nuestros protagonistas de hoy, intentando aunar en una sola descripción todas estas versiones.

Passio de los Santos
El protagonista indiscutible de este trío de mártires es, sin duda, el niño Vito, que había nacido en Sicilia, hijo de padres paganos, pero que a su cortísima edad de siete años ya era un ferviente cristiano. Esto se debía a la influencia conjunta de Crescencia, su nodriza, es decir, la mujer que lo había criado y amamantado; y de Modesto, su tutor y pedagogo personal. Ellos lo instruyeron en la fe y lo bautizaron sin consentimiento del paterfamilias, el cual, al descubrir todo esto, los echó a los tres del hogar (!!!).

Se nos dice que desde pequeño Vito era capaz de obrar numerosos milagros, lo que llamó la atención del gobernador romano de la zona, un tal Valeriano, a cuyo hijo estaba tratando de convertir Vito, por lo cual lo mandó arrestar y trató de convencerlo con premios y amenazas para que renegara del cristianismo, metiéndolo en la cárcel y sirviéndose de la ayuda del padre de Vito, que como hemos dicho era pagano, para forzarlo a la apostasía. Pero ni siquiera los apasionados llamados de su padre alteraron al niño. Fueron azotados él, Modesto y Crescencia, pero a los verdugos se les paralizaron los brazos y sólo pudieron ser liberados por intercesión del niño.

Los Santos huyen en barco a Lucania. Lienzo de Gregory Burney. Iglesia de San Vito, Mazara del Vallo, Italia.

Los Santos huyen en barco a Lucania. Lienzo de Gregory Burney. Iglesia de San Vito, Mazara del Vallo, Italia.

Estando todavía en la cárcel, se le apareció un ángel, quien lo liberó, y junto a su nodriza y su maestro, huyeron a Lucania, donde vivieron como una familia, dedicados a la predicación y a extender el cristianismo con su apostolado.

La fama de Vito llegó a Roma, a oídos del mismísimo Diocleciano, cuyo propio hijo estaba “endemoniado” (padecía epilepsia) y quería ver si el niño prodigio podía ayudarlo. Vito fue llamado a Roma y acudió para curar al hijo del emperador, que quedó sano. En cualquier caso, el Augusto recompensó el favor haciendo encarcelar y torturar a Vito, a Modesto y a Crescencia; porque cuando los invitó a sacrificar a los dioses en agradecimiento por la curación de su hijo, éstos se habían negado. Por ello, los tres fueron colgados y apaleados en la garrucha, y luego arrojados a un caldero de aceite hirviendo. Como quedaran ilesos de esto último, fueron llevados a la cárcel, de donde los volvió liberar un ángel, y por ello regresaron a Lucania, a una zona del río Sele.

Allí de nuevo fueron interceptados por las autoridades, quienes los arrojaron a las fieras en el anfiteatro. Pero como los leones se echaran a sus pies y los lamieran en lugar de devorarles, se les puso fin a golpe de espada. Una mujer piadosa llamada Florencia sepultó los cuerpos de los mártires en un lugar llamado “Marianus”.

Interpretación
Como se puede ver, la leyenda es muy fantástica y no se considera válida, no sólo por la cantidad de elementos absurdos y fantásticos que la llenan, sino además por ciertas incongruencias históricas y culturales que podemos ver en ella: Diocleciano no tuvo nunca ningún hijo varón; y la presunta enfermedad que aquejara a su inexistente hijo, la epilepsia, era considerada en la Antigüedad una enfermedad divina, de la cual no es sólo que no hubiera tratamiento, es que tampoco se buscaba, considerándose un don de los dioses que otros debían buscar mediante otros recursos para entrar en trance. Además, un hombre que se había hecho divinizar en vida y que estaba muy complacido con su aura pseudomística, como Diocleciano, hubiese apreciado enormemente la enfermedad, en lugar de querer eliminarla. Con ello se hace evidente que el redactor de la passio, además de tardío, pertenecía a una religiosidad ya distinta a la antigua, pues no tenía esta concepción de la “posesión diabólica” que tenían los antiguos.

Martirio de los Santos. Tabla medieval, escuela nórdica.

Martirio de los Santos. Tabla medieval, escuela nórdica.

Pero otros son los elementos que también contribuyen a descartar esta historia, sobre todo si se tiene en cuenta que, según algunas tesis, Modesto y Crescencia son personajes inventados que se añadieron en el siglo XI al Calendario Romano. Efectivamente, sólo podemos decir que Vito sea un mártir real, ya que los otros dos con completamente desconocidos en todas las fuentes antiguas, por lo que se considera que son una pía invención legendaria, y así debería ponerlo el Martirologio. Aunque es lógico y hasta documentado que los niños de las familias pudientes romanas eran criados por esclavos que les hacían de nodrizas y de maestros, lo cierto es que no existe traza de que Modesto y Crescencia puedan ser mártires históricos, como sí lo sería su ahijado.

En realidad, no se sabe ni cuando nació ni cuando murió Vito, e incluso se excluye que fuera un niño nacido en Sicilia. La única noticia creíble, pero que muestra una ayuda escasa para la identificación del mártir, es la breve historia contenida en el Martirologio Jeronimiano el mismo 15 de junio, en la que se lee: “In Lucania, Viti”. Pero el mismo Martirologio contiene un laterculus en el cual, los tres santos son recordados con una indicación geográfica: “In Sicilia”, aunque los hagiógrafos defienden que esto último es un añadido influenciado por la passio y por lo tanto, tiene el mismo valor histórico que ella, o sea, nulo. Como mucho podría admitirse que el Santo fue martirizado en Lucania, pero en cuanto a su origen, nada se sabe.

Culto y reliquias
No obstante esta completa falta de noticias biográficas, el culto de San Vito es muy antiguo en la Iglesia y además, muy difundido por toda Europa. Ya en el siglo V, se tienen noticias de una iglesia dedicada a su nombre por el Papa Gelasio I; y en el siglo VI tenía dedicados algunos monasterios en Sicilia y en Cerdeña. Su fiesta es recordada en el “Sacramentario Gelasiano”, en todos los martirologios históricos, en el Calendario Marmóreo de Nápoles y en todos los sinaxarios bizantinos. Como ya hemos indicado, son conmemorados en el Martirologio Romano el día 15 de junio con un laterculus proveniente del Martirologio de Floro.

Relicario de los tres mártires en Camposanto, Pisa (Italia).

Relicario de los tres mártires en Camposanto, Pisa (Italia).

En la Edad Media fue incluido entre los llamados Santos Auxiliadores, invocado contra diferentes enfermedades, entre ellas la corea -o “baile de San Vito”, indirectamente conectado con la dolencia del presunto hijo de Diocleciano- y la rabia; y era venerado por todas las clases sociales.

Sus reliquias fueron repartidas entre muchas ciudades e iglesias europeas, aunque es dificilísimo demostrar cuales de ellas son auténticas y cuáles no lo son (baste decir que también hay presuntas reliquias de San Modesto y Santa Crescencia, cuando han sido ya descartados como personajes históricos). Se dicen que en tiempos del rey Pipino, el abad Fultrado las hizo llegar a Rasbach, en Sajonia, en el año 836, donde fueron puestas en el monasterio de San Dionisio de Corvey, pero la catedral de San Vito de Praga presume de tener su tumba.

Relicario con el corazón de San Vito. Macchia di Giarre, Italia.

Relicario con el corazón de San Vito. Macchia di Giarre, Italia.

Iconografía
Este grupo de mártires presenta una rica iconografía, particularmente San Vito. Suelen aparecer como una familia común, de variable edad: a veces el niño aparece muy pequeño -incluso de bebé, siendo amamantado todavía por Crescencia-, otras veces es un adolescente o un joven adulto. También varían las edades de los dos compañeros, apareciendo jóvenes o ancianos según se interprete su edad respecto a la de Vito.

La iconografía también describe diversos episodios de su passio, desde la predicación o milagros de Vito, como la curación del hijo de Diocleciano, a escenas del martirio; particularmente en la que son metidos los tres -o Vito solo- en un caldero de líquido hirviendo. Hay todo un programa iconográfico desarrollado en torno a la vida del Santo y a sus numerosos patronazgos -más de 30 en toda Europa-, convirtiéndolo en uno de los Santos más venerados y representados en el arte y la cultura medieval.

Sepulcro de San Vito en su catedral de Praga, República Checa.

Sepulcro de San Vito en su catedral de Praga, República Checa.

También aparece asociado a numerosos animales; como los perros -por su patronazgo sobre la rabia, caso también de Santa Quiteria-; leones o fieras salvajes -a las que fueron infructuosamente arrojados- e incluso el gallo, aludiendo a una anécdota según la cual el obispo Otto de Bamberg donó un relicario del Santo adornado con un gallo a los pomeranos, quienes habían rendido culto a un dios en forma de gallo antes de ser cristianizados, por lo cual en el imaginario social pasaron a sincretizarlos y a asociar al mártir con este animal de corral.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

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Santos Eustaquio, Teopista, Teopisto y Agapio, mártires de Roma

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Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Detalle de la familia de mártires en la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

San Eustaquio en realidad se llamaba Plácido y era un rico y victorioso general del emperador Trajano, el cual aunque era pagano, tenía una gran bondad natural, por lo que se dedicaba a hacer grandes obras de beneficencia. Un día, mientras estaba de caza, siguió a un ciervo grande y hermoso que, asentándose sobre una gran roca, se volvió hacia él. Entre su gran cornamenta llevaba una cruz luminosa y sobre ella, la figura de Cristo quién le dijo: “Plácido, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesús, a quién tu no conoces, pero a quién con tus obras me honras”. Plácido se quedó pasmado y cuando se recuperó, fue invitado a ser bautizado junto con el resto de su familia. En el bautismo, Plácido se cambió el nombre por el de Eustaquio (Ευστάθιος), su esposa por Teopista y sus hijos tomaron el nombre de Teopisto y Agapio.

Vuelto a su casa, tuvo que soportar una gran prueba, pues una enfermedad – posiblemente la peste – le quitó todos sus criados, sus caballos e incluso el resto de su ganado. Lo poco que le quedó, le fue quitado por unos ladrones. Por todo ello, decidió emigrar a Egipto, pero durante el viaje, no teniendo suficiente dinero como para pagárselo, tuvo que aceptar que su esposa cohabitara con el capitán del barco, el cual se había enamorado de ella. Cuando pudo bajar a tierra, continuó el viaje a pie con sus dos hijos. Poco después, un león intentó arrebatarle a uno de ellos; y un lobo, al otro, pero salvados por los habitantes de aquel lugar, los dos jóvenes crecieron en la misma localidad, aunque sin tener conocimiento el uno del otro.

Habiéndose quedado solo, Eustaquio se estableció en una aldea vecina llamada Badiso, ganándose el sustento diario con su trabajo. Pasados quince años y habiendo invadido los bárbaros los confines del Imperio, el emperador Trajano se acordó de Plácido y lo hizo venir. Dos comisionados enviados por el emperador lo encontraron y lo llevaron a Roma. Fue puesto de nuevo al frente de las tropas imperiales y, encontrándolas insuficientes, hizo que fuesen reclutados nuevos soldados. Entre los nuevos reclutas y sin conocerse entre sí, se encontraron sus hijos, fuertes y bien educados, a los cuales hizo suboficiales cercanos a él.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Martirio de los Santos (dcha.) Lienzo de Alexey Markov.

Rechazados los invasores y recuperado el territorio perdido, las tropas se detuvieron en una lejana aldea por un corto espacio de tiempo. En aquella aldea estaba Teopista, que allí se había refugiado cuando murió el capitán del barco; y que llevaba una vida de aldeana, cultivando un huerto ajeno y viviendo en un estrecho habitáculo. Los dos suboficiales – o sea, sus hijos -, le solicitaron hospitalidad. Allí, contándose el uno al otro sus propias vidas, los dos hermanos se reconocieron, pero Teopista, que también los reconoció, les ocultó sin embargo su identidad. Al día siguiente, al presentarse Teopista ante el general para pedirle que la llevase a su tierra natal, reconoció en él a su propio esposo. De esta manera, la familia volvía a reunirse.

Mientras tanto, Adriano sucedió a Trajano, el cual le dio la bienvenida en Roma al general vencedor, o sea, a Eustaquio (Plácido), a quién invitó a dar gracias a los dioses en el templo de Apolo. Eustaquio se negó a participar en dicho rito, argumentando que era cristiano, por lo que, junto con su familia, fue condenado a morir atacado por las fieras en el circo. Las fieras ni los tocaron, por lo que fueron introducidos dentro de un buey de bronce al rojo vivo. Aunque murieron de asfixia al instante, el fuego no consiguió quemarles ni uno solo de sus cabellos. Sus cuerpos fueron recogidos por los cristianos, quienes les dieron honrosa sepultura. Sobre sus sepulcros, una vez conseguida la paz de Constantino, se erigió un oratorio donde cada año, el día 1 de noviembre era celebrado su “dies natalis”.

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Martirio de los Santos. Lienzo de Fernando Ferdinandi. Iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia).

Hasta aquí, la leyenda de estos santos, que tuvo un éxito extraordinario en la Edad Media. Existieron y nos han llegado multitud de redacciones y versiones en lenguas antiguas: griego, latín, armenio, siríaco, georgiano, copto, eslavo, etc., así como en lenguas modernas: italiano, francés, castellano, inglés, alemán, etc., cada una de ellas con diversos matices, pero todas concordantes en el fondo. W. Meyer argumentando sobre el hecho de que se trata de un mártir romano, defiende que la versión original de esta leyenda es la escrita en latín.

Sin embargo, el hagiógrafo Delehaye, nombrado tantas veces en este blog, lo excluye de una manera absoluta, ya que ni la “Depositio martyrum Ecclesiae Romanae” ni el Martirologio Jeronimiano dicen absolutamente nada sobre estos mártires, por lo que deduce que la versión original es la griega. Delehaye dice que el autor de esta leyenda no se basó en ningún dato real – ni histórico, ni litúrgico -, sino que se basó en los motivos más recurrentes de la novelística popular y de la hagiografía cristiana. En esta obra (leyenda de San Eustaquio) distingue claramente tres relatos o historias: la conversión milagrosa, las aventuras familiares y el martirio. El relato de este último entra de lleno en el llamado género de las “passios” legendarias o romances, de las que también hemos hablado tantísimas veces.

El relato del ciervo milagroso repite un motivo que aparece a menudo en la hagiografía cristiana: San Meinulfo, San Juan de Mata, San Félix de Valois, San Fantino, San Humberto de Lieja… y que tiene sus raíces en la literatura indígena de muchos lugares de Europa; y lo mismo argumenta en el tema de las aventuras familiares de Eustaquio. El primer motivo recurrente se dio en la India en el caso de Buda y desde allí, pasó a la novelística universal. También se encuentra en la antigua literatura griega, en la árabe, armenia, judía… y en muchísimos romances medievales e incluso en las “Homilias pseudoclementinas” y en la leyenda de los Santos Xenofonte, María e hijos. Concluyendo su estudio, Delehaye dice que ningún texto hagiográfico es más conocido que el de San Eustaquio, pero que al mismo tiempo, ningún otro se ha revelado con menor valor histórico.

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Urna de los Santos. Basílica de San Eustaquio, Roma (Italia).

Sin embargo, gracias a la habilidad del narrador de esta leyenda, Eustaquio se impuso a la credibilidad popular, que llegó a hacer de él un personaje real. La primera pista que tenemos sobre un culto en su honor es la “diaconia Sancti Eustachii” o Basílica de San Eustaquio que aparece nombrada, en los inicios del siglo VIII, en unos documentos del Papa Gregorio II. El “Liber Pontificalis” la menciona en las biografías de los Papas San León III y Gregorio IV. Era conocida como “basílica platana” porque estaba rodeada de plátanos entre las ruinas de las termas de Nerón y de Alejandro Severo “iuxta templum Agrippae”. Fue reconstruida durante el pontificado de Celestino III, quién la consagró el 12 de mayo del año 1196, después de haber puesto bajo el altar mayor los presuntos cuerpos de Eustaquio, su esposa e hijos.

La celebridad de este santo explica el resurgimiento de otras leyendas, como aquella que identifica el lugar del prodigio del ciervo en los montes de Mentorella, donde está el santuario de Santa María in Vulturella, que es el lugar más alto de la región italiana del Lazio. Existe otra leyenda que hace descender al santo desde la casa de Octavia hasta la del emperador Octaviano Augusto.

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

Relicario del presunto cráneo de San Eustaquio. Museo Británico de Londres (Reino Unido).

La leyenda dice que su festividad se celebraba el día 1 de noviembre, fecha en la que también aparece en las “Corbeise maius” del siglo XII, en posteriores ediciones del Martirologio Jeronimiano y en las Actas de los santos del mes de Noviembre. Después de la conmemoración de todos los santos en esa fecha, fue trasladada al día siguiente. El 20 de septiembre aparece en algunos evangeliarios romanos de mediados del siglo VIII y en el Sinaxario de Constantinopla. En esta fecha pasó al Martirologio Romano en la edición que hizo el cardenal Baronio en el año 1586. Finalmente, fue incluido en la lista de los llamados Santos Auxiliadores, siendo el protector de los cazadores y de los arqueros.

Sobre su iconografía se podría escribir otro artículo, porque no creo que exista ningún santo más representado que él, pero como este tema no es mi fuerte, ni siquiera lo esbozo. Total, si posiblemente se trata de un grupo ficticio de mártires…

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DELEHAYE, “Les Passions des martyrs et les generes littéraires”, Bruselas, 1921.
– DANIELE, I., “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.
– KRAPPE, A.H., “La leyenda de San Eustaquio”, L’Aquila, 1928.
– MONTEVERDI, A., “La leyenda de San Eustaquio”, Bérgamo 1910.

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“Katherine of Alexandria” (2014): crítica de una adaptación cinematográfica

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Una de las portadas de la película.

Una de las portadas de la película.

Hace unos meses, esta servidora se estrenaba en el campo de la crítica cinematográfica de películas de Santos con el título de “Santa Bárbara” (2009) de Carmine Elia. Hoy, apenas unos días después de su esperado lanzamiento, se presenta la oportunidad de hablar sobre una producción británica inspirada en la vida y martirio de una Santa que es tan conocida, famosa y venerada como lo ha sido Santa Bárbara a lo largo de los siglos de existencia de la cristiandad: Santa Catalina, mártir de Alejandría en Egipto, celebérrima patrona de filósofos, estudiantes y sabios, conocida por su martirio en la rueda de cuchillas.

Esta película, que ha sido lanzada directamente a su formato DVD sin pasar por la gran ni por la pequeña pantalla, es importante al ser la última película en la que apareció el ya fallecido Peter O’Toole, un actor de renombrada talla y fama mundial. Además, para que los lectores no se pierdan, es importante hacer notar que esta producción ha aparecido con dos títulos: el original Katherine of Alexandria (“Catalina de Alejandría”), que hace referencia a la auténtica protagonista de la película; y el posterior y más comercial Decline of An Empire (“La Decadencia de un Imperio”), título con el que ha sido comercializada en Estados Unidos.

Ficha técnica
Título: Katherine of Alexandria – Decline of An Empire
Web oficial: http://katherineofalexandria.com/
Año: 2014
Duración: 108 minutos
Productora: Katherine of Alexandria Ltd.
Colaboración: Lionsgate
Director: Michael Redwood
Reparto: Nicole Keniheart (Catalina), Peter O’Toole (Galo), Julien Vialon (Majencio), Samantha Beckinsale (Vita), Edward Fox (Constancio Cloro), Jack Goddard (Constantino), Joss Ackland (Rufo), Steven Berkoff (Liberio), Tony O’Brien (Justo), Jean Marlow (Elena), Kate Gartside (Teodora)

Sinopsis
“¿Por cuál fuerza divina tal pureza en cuerpo y alma nos fue concedida sobre esta tierra? Entiendo que no había idiomas que ella no pudiera hablar, ni poemas que no conociera, ni rincón de la mente humana que no hubiera sondeado. ¿Fue un deseo de los dioses crear y admirar esta Santa desde las alturas celestiales? ¿O quizá nació para que los mortales la contemplemos y nos maravillemos de su conocimiento, belleza, y, ¡ay!, de su eventual sufrimiento?” (Galo)

Acercamiento a la historia real de Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo IV, que fue la primera mujer en criticar públicamente a los dioses romanos, ayudando a convertir a la nueva religión, el cristianismo, a infinidad de personas antes de morir ajusticiada.

Trailer:

Resumen y crítica
ATENCIÓN: A partir se este punto se desvelan detalles importantes de la trama (spoilers).
Esta película pretende ser una versión de la vida de Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir cristiana de la Antigüedad, ampliamente conocida y venerada desde entonces. En principio, lo que uno esperaría de una película sobre la Santa, es que se tratase de una adaptación cinematográfica de la passio de la Santa, es decir, de la leyenda en torno a su vida y martirio (ver artículo para más información). Aún así, habría que advertir y recordar a los telespectadores que se trata de una ficción, ya que realmente desconocemos el mínimo detalle acerca de la vida real de la Santa. Sin embargo la presente película no se trata, en ningún caso, de la adaptación literal de la passio de la Santa, documento carente de todo valor histórico, sino que es una versión personal del director. La trama es bastante fiel a la figura de Catalina, tomando bastantes detalles de la passio, pero se trata de una adaptación realista, creíble, sin los elementos fantásticos ni milagrosos que abundan en la passio, presentándonos una trama más verosímil, por lo que los que esperen ver la historia de la Santa tal cual la han leído en los libros y la han visto en cuadros y esculturas, deben saber que no van a encontrar tal cosa, sino una historia adaptada de forma que nos muestra a una mujer santa, pero real, que debido a su valor y sabiduría acaba sufriendo un terrible martirio. Daremos un rápido recorrido sobre la trama y una crítica en general, y cada cual, después de visionarla, que juzgue por su cuenta.

La trama
“Roma es un reptil moribundo, y tú eres uno de sus más insignificantes venenos”. (Catalina)
Catalina (Nicole Keniheart) -llamada en la película Caterina o Ekaterina– es la hija de una tribu nómada de árabes del desierto egipcio. Durante una acampada en la costa de Alejandría, su familia se encuentra con una avanzadilla del emperador Majencio (Julien Vialon), el cual, cautivado por la belleza, elocuencia y atrevimiento de la adolescente -que no vacila en enfrentarse a él y llamarle “veneno”-, decide secuestrarla para su satisfacción personal, ordenando matar al resto de la familia, salvo a un chico joven -el futuro Constantino (Jack Goddard)- que se había criado con ella. Llevada a palacio, y fascinado por el talento de la muchacha, que sabe hablar y escribir en varios idiomas, la pone bajo el custodio de Galo (Peter O’Toole), bibliotecario de Alejandría, ordenándole que la instruya en sus costumbres, religión, sabiduría y literatura; aprovechando la facilidad de idiomas de Catalina para usarla como traductora en palacio.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

Quince años después, la bonita adolescente se ha convertido en una mujer cuya belleza sólo es superada por su sabiduría. Para complacerla, Majencio le ha construido una biblioteca para ella sola y le ha traído todos los libros y obras fundamentales de la literatura grecolatina, con la esperanza de que ella acceda a cohabitar con él, ante la consternada emperatriz Vita (Samantha Beckinsale), su esposa, que se debate entre los celos y la perplejidad al no entender cómo simplemente su marido no la toma como a cualquier esclava y se deshace de ella. Catalina rechaza a Majencio, y aprovecha su tiempo escribiendo libros sobre su fe, proclamado al único Dios todopoderoso y saliendo a predicar a los más pobres y desfavorecidos de Alejandría, a los que convierte al cristianismo. Molesto por esta actitud, Majencio la hace encerrar en prisión de vez en cuando, para escarmentarla, pero las noches pasadas en la celda no hacen mella en el ánimo de la valiente mujer. Los libros de Catalina cruzan el mar, llegan a los confines del Imperio, son leídos y asimilados por gentes de todas partes del Mediterráneo, y para cuando los senadores y notables de Roma se dan cuenta, alarmados, de lo que ha sucedido, se encuentran con que los escritos de Catalina, además de contener las verdades de la fe cristiana, denuncian a Roma, a sus dioses, e incitan a la rebelión.

Uno de esos lugares adonde han llegado los escritos de Catalina -pasados por contrabando en las naves mercantes- es el Muro de Adriano, en Caledonia (actual Escocia), en Britania, donde el emperador Constancio Cloro (Edward Fox) combate a los bárbaros con ayuda de un joven comandante, Constantino. Casi todos los bárbaros varones han sido ya liquidados por las tropas romanas, por lo que son las mujeres -madres, hijas, hermanas, parientes, esposas- las que han tomado las armas contra sus enemigos, quienes, perplejos, se encuentran con que no pueden hacer frente a su enconada resistencia. Estas mujeres bárbaras dicen seguir las enseñanzas de una cristiana egipcia llamada Ekaterina, y ostentan un símbolo parecido a una especie de rueda con puntas. Constantino, que se había unido al ejército romano desde joven con la esperanza de encontrar a quienes asesinaron a su familia y se llevaron a su amiga de la infancia, reconoce en este símbolo un dibujo que ella solía hacer sobre las rocas de la playa, y cae en la cuenta de que Ekaterina, “la profeta” como la llaman sus seguidores, es su amiga Catalina, la que ha estado buscando todo este tiempo.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

En Roma ha cundido la alarma por los escritos transgresores de la cristiana egipcia, muy difíciles de controlar ya que ella los copia en diversos idiomas. Cuando una delegación de senadores romanos llega a Alejandría para consultar el tema con Majencio, son recibidos por la emperatriz Vita, quien reconoce enseguida que esos panfletos son de Catalina. El estilo de la culta cristiana es tan poético y profundo que, en principio, Vita no ve nada peligroso en él, pero cuando Catalina es convocada a hablar con ella y con los senadores, admite abiertamente que ella no da culto a sus dioses y que no cree en ellos. Vita busca entonces una solución y propone que Catalina se enfrente, en una audiencia pública, a los más sabios e instruidos senadores de Roma, para que sea derrotada, humillada y avergonzada por ellos en público, y así, sea desacreditada y olvidada como farsante y charlatana. Esta solución le parece a la emperatriz mucho más aceptable que ejecutarla en público, como querrían los senadores, pues así la convertirían en mártir y sólo lograrían la rebelión y la furia de sus innumerables seguidores, lo que no convenía al Imperio en un momento de debilidad política, con dos emperadores enfrentados y el ejército dividido y sin moral. De hecho, para forzar más las cosas, intentan presionar a Catalina para que se deje vencer por los sabios, pero ella se niega rotundamente a mentir y a contribuir a una farsa. Entonces, envían a un soldado, que le da una brutal paliza, y la encierran en prisión; para que el día de la audiencia tenga un aspecto lamentable que contribuya a empeorar su imagen. En la celda, es visitada por un arrepentido y conmovido Galo, quien está obligado a asistir a la audiencia como rival suyo, pidiéndole perdón por lo que tiene que hacer y adivirtiéndole que, si no se deja vencer, la matarán. “Conozco las palabras falsas que podrían salvarme, le dice Catalina, pero una muerte natural, de anciana, al cabo de los años, no parece ser apropiada para una alma como la mía. Jamás renegaré de mi Padre”.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

El día en que Catalina es llamada ante los eruditos de Roma, está harapienta, magullada y sin poder mantenerse en pie. Esto satisface a los eruditos porque creen que será fácil vencerla, pero se encuentran con una enconada resistencia por parte de la Santa, la cual, recurriendo a su cultura y a su inmensa fe, deshace los argumentos de sus contrincantes y los hace enmudecer de consternación, mientras es jaleada por sus discípulos, que están en la sala. Galo, iluminado, se adelanta y proclama que Catalina dice la verdad, atrevimiento que pagará con su vida. En cuanto Majencio descubre lo que ha sucedido, monta en cólera y ordena que sea ejecutada con crueldad: siendo destrozada en una rueda de púas.

Cuando la noticia de la muerte de Catalina llega a oídos de Constantino, él, consternado, quiere desertar del ejército, pero Constancio Cloro le nombra su sucesor. No le queda más remedio que asumir la púrpura imperial y encontrarse con Majencio en el puente Milvio, cerca de Roma, donde ha sido convocado. Pero cuando están uno frente a otro, Constantino reconoce en Majencio al hombre embozado que secuestró a Catalina y mató a su familia. Furioso, lo asesina, vengándose del daño hecho; y emprende un viaje a Alejandría con las mujeres bárbaras seguidoras de Catalina para encontrar su cuerpo. Allí, rodeado de sus seguidores, la hace enterrar en el monte Sinaí, y hace solemne promesa, sobre la tumba de Catalina, de honrar su memoria permitiendo que todos puedan acudir allí a venerarla sin miedo, asegurando que no habrá más persecuciones de cristianos y que en adelante, todos podrán rezar a Dios en paz y libertad, como ella quería.

Semejanzas y divergencias con la passio
Quienes conozcan a fondo la leyenda de Santa Catalina, habrán comprendido a estas altura que esta película es muy fiel a algunos aspectos de la misma, aunque otros los adapta libremente. Eso no está mal en absoluto porque, como ya hemos indicado, la passio de Santa Catalina es un relato fantasioso, inverosímil y de nulo valor histórico, cuya adaptación fiel y literal hubiese resultado un tanto ingenua. La versión de Michael Redwood nos ofrece una visión más verosímil, por lo menos en cuanto respecta a la trama de la Santa.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Por ejemplo, hay diferencias en el origen de la Santa: en la passio era una princesa, hija de una reina siciliana y un príncipe samaritano, pagana en origen y conversa por un ermitaño. En la película es hija de una tribu nómada árabe, que ha sido cristiana desde siempre. Es más creíble lo segundo respecto a lo primero, ya que príncipes y princesas no había ya a esas alturas del Imperio, ya plenamente provincializado; pero también es verdad que el nombre de Ekaterina -pura, inmaculada- es griego y no parece el más lógico en una muchacha árabe. En cualquier caso, en lo demás se ha respetado considerablemente la passio: la Santa es una mujer culta, instruida, muy sabia, que se enfrenta a los eruditos que ostentan el poder -no son cincuenta y no son filósofos propiamente dichos, como en la passio, sino que son unos diez y son más bien senadores, bibliotecarios y sabios en general, lo que es casi lo mismo- y que sufre un terrible martirio en una rueda de púas.

En el martirio tenemos una diferencia sustancial, y es que estamos acostumbrados a los lienzos y esculturas de la princesita castamente arrodillada entre ruedas de cuchillas que se rompen sin tocarla, mientras angelitos del cielo bajan a salvarla. Naturalmente, esto pretende ser una película histórica y no una copta -que sí hubiese adaptado este tipo de pasajes literalmente, como se ve en la película de Santa Damiana-; por tanto, la protagonista de la película no elude el tormento: Catalina muere en la rueda, no descuartizada, troceada ni fileteada en una rueda de cuchillas estrictamente; sino en otra variante de rueda que también existía en la época: la rueda de púas, de rotura –breaking wheel, en inglés- es decir, en una rueda-plataforma lanzada desde gran altura que, efectivamente, al final de la secuencia del martirio se rompe, sólo que el cuerpo de la ajusticiada se rompe con ella. Un punto fuerte a favor de la película que destruye las fantasías milagreras de las passio y nos da un baño de auténtica realidad: la de los mártires cristianos que hallaron una muerte horrible por confesar a Jesucristo.

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Por lo demás, el punto fuerte de la película es la interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina: el católico medio, devoto de la Santa, quedará estupefacto al ver lo acertada y fiel que está la figura de la mártir en la película, es imposible no reconocer a Catalina en la actuación de esta actriz rumana, hasta ahora desconocida. Desde el primer instante de la película no nos cabe duda de que estamos ante una Santa, de hecho, los paganos que la rodean, como se constata a lo largo de la película, creen que están ante una diosa encarnada en mujer mortal. Y no es de extrañar con el aura sobrenatural que rodea a Catalina en toda la película, una mujer en la que la belleza es sólo un accesorio sin importancia: serena, inspirada, inalterable, habla con una dicción lenta y solemne que hace que todos los que la oyen se queden escuchándola embobados, eruditos y realeza incluida. Habla poco, pero cuando habla dice todo un mundo. En personas viles o malvadas no malgasta palabras salvo que se vea forzada a ello. Su mensaje es para los pobres y sufrientes del mundo. Y ante la adversidad, la tortura o el sufrimiento, se entrega a su destino mansamente, sin resistencia, sin gritos, como si desde el principio supiera lo que le esperaba. De hecho, que de niña pintara ya un símbolo semejante a una rueda de púas es una insinuación de que tiene el don de profecía y sabía cómo iba a morir. “La profeta”, la llaman los suyos, y esto viene reforzado en otra escena en la que profetiza la condenación del alma de Majencio. Indiferente a los requerimientos sexuales del emperador, que no sabe obligarla ni someterla; y a los celos de su esposa Vita, que está perpleja ante una mujer que es incapaz de mentir para salvar la vida.

Nicole Keniheart es Santa Catalina de Alejandría, la ha interpretado con una grandeza y dignidad que ridiculiza a muchas actrices que han interpretado a Santas en la pantalla; y sólo por ella vale la pena verse esta película. Todo un aplauso para el director que ha mostrado el máximo respeto por la dignidad de esta mártir cristiana y la ha llevado a la pantalla dignamente, sin caer en el cliché facilón de presentar a una cara dulce, inocente y bonita pero con nula inteligencia; y buscándole un “novio” o pareja sentimental. Catalina brilla por sí sola y no necesita a nadie más. Su mejor escena: la disputa con los eruditos, que logra ponerte los pelos de punta y que es, sin duda, el clímax de la película.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

El despropósito histórico
Pero no todo es positivo en esta película, y también tiene aspectos negativos que deben ser criticados. Se puede decir, tranquilamente, que las partes de Constantino y los bárbaros sobraban totalmente en esta película. Y no sólo porque es bastante inverosímil que en el siglo IV de nuestra era, los bárbaros -las bárbaras, perdón- aposentadas en el extremo norte del Imperio hubiesen oído hablar de una cristiana predicadora egipcia, fueran capaces de leer, fueran capaces de leer en griego, de hablar latín -inglés en la película (!!)- con sus enemigos y convertirse al cristianismo. Esto no tiene nada de histórico, pues no ya la romanización, sino la evangelización de Britania e Hibernia, como sabemos, también fue muy posterior.

Por si esto no fuese suficiente despropósito histórico, el director, que tanto respeto y acierto ha mostrado en adaptar la figura de Catalina, la ha fastidiado totalmente con la de Constantino (sí, Constantino I, el Grande, al que Lactancio y Eusebio calificaron erróneamente de “primer emperador cristiano”, que no lo fue hasta el lecho de muerte). Es de perogrullo recordar que Constantino y Catalina no vivieron en la misma época y, aunque lo hubieran hecho, difícilmente se hubieran conocido un militar de alta promoción romano, hijo de emperadores, emperador y padre de emperadores; y una cristiana de Egipto martirizada en una rueda. Pero bueno, esta modificación histórica, en pro de la trama de la película, se tolera. Lo que no se tolera es la total alteración de hechos históricos que son bien conocidos y relevantes para la historia romana y del cristianismo, en pro de una versión totalmente inventada, salida de los delirios personales del director. Sabemos que Constantino era hijo de Constancio Cloro y de Flavia Julia Helena –Santa Elena-, y que heredó el Imperio tras derrotar a Majencio en la batalla del puente Milvio. ¿Por qué en la película, Constantino “el Grande” es simplemente un comandante militar cualquiera, hijo de una tribu nómada árabe de Egipto, y Constancio Cloro le elige sucesor aún después de que haya manifestado su deseo de desertar, haya vilipendiado en público a los dioses romanos y a la Roma misma, confesado que se unió a la milicia sólo por venganza y por encontrar a su amiga perdida de la infancia? Esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué va a todas partes sin apenas escolta, sin distintivo ni uniforme, las bárbaras le pegan palizas, los soldados se ríen de él y hasta los harapientos cristianos de Alejandría quieren esconderle el cuerpo de Catalina? Está claro que los personajes estirados, solemnes y grandilocuentes no son buenas adaptaciones, pero la del Constantino de esta película parece una broma de mal gusto por parte del director.

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo la Santa (Nicole Keniheart).

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo de la Santa (Nicole Keniheart).

La adaptación del emperador Majencio es todavía peor, mostrándonos a un lunático cobarde, psicópata y tiránico que se pasa la película chillando y dando bastonazos a la gente de su alrededor -Catalina incluida- y mirando a todo el mundo como si estuviera rodeado de idiotas. ¿A qué viene esto? ¿Por qué todos los emperadores perseguidores de cristianos son retratados como una mini-copia del estereotipo de Nerón? Lógicamente, todos los emperadores no son Nerón -más bien, lo que la mentalidad cristiana pensaba de Nerón- y por tanto, resulta ridículo retratar a un emperador romano como un pelele loco y desequilibrado mental. Por no mencionar que su esposa no se llamaba Vita -sino Valeria Maximila- y que seguramente tampoco coincidió con la época del martirio de Santa Catalina, que suele ubicarse durante el reinado de Maximino Daia. Y por no mencionar que murió en batalla, no a pedradas por parte de un histérico y amargado Constantino.

En las escenas de batallas entre romanos y bárbaras no me meto, tampoco en la triste y limitada recreación de la ciudad de Alejandría. Digamos simplemente que Alejandro Amenábar, en su obra maestra “Ágora”, hizo un muchísimo mejor trabajo en ese sentido, aunque también contaba con mayor presupuesto, porque, no lo olvidemos, estamos ante una película independiente que ha estado años estancada en postproducción debido a la falta de inversores. Así que ese pequeño desliz que tiene en algunas recreaciones y decorados se lo vamos a permitir, siendo cierto también que los vestuarios están bastante conseguidos.

El tema de la religión: claramente no estamos ante una película religiosa. Parece que el director -o los inversores o los productores, vete a saber- tienen miedo de que se note que es una película sobre una Santa mártir cristiana. ¿Por qué, si no, llegado el momento del lanzamiento, cambian el título original de la película –Katherine of Alexandria-, que hace referencia a la Santa, por el génerico Decline of An Empire, y pasan a anunciarla como una película militar de romanos y una historia del emperador Constantino, cosa que no es, eliminando a la Santa de la sinopsis y de la portada de la película, para poder comercializarla en Estados Unidos? Una clara muestra de la presión del marketing y lo banal de lo comercial en nuestra sociedad: la historia de una mártir cristiana no vende, pero la de unos bárbaros dándose de tortas con romanos en Britania mientras Constantino lo ve todo, sí. De vergüenza.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Lo irónico es que NO es una película de romanos con bárbaros, sino de una mártir cristiana. Pero hasta bien llegada la mitad de la película no se dice que Catalina es cristiana. De hecho, la palabra Jesús es apenas mencionada dos veces, y ninguna de ellas por Catalina, que, sin embargo, sí habla de un “Dios único todopoderoso” al que ella llama “Padre”. Estrictamente hablando, igual hubiese podido referirse a Jesucristo, que al Sol Invicto o al dios egipcio Atón, porque no hay más especificaciones. Sabemos que es cristiana porque así es mencionado por algunos personajes de la película, aunque de nuevo, no refiriéndose a ella, sino a sus seguidores. Esto puede excusarse si consideramos que la película está hecha desde el punto de vista de los paganos -que creen que es una diosa reencarnada, los que la admiran; o un demonio poseído, los que la odian-; paganos que no sabían gran cosa del cristianismo ni les importaba, salvo su rebelión política a la religión de Estado.

Otro error típico de las películas históricas es pecar de anacronismo, es decir, introducir valores contemporáneos en contextos donde éstos aún no existían. Que una persona criada en un palacio imperial incite a la sedición política contra el Estado romano es bastante inverosímil, más tratándose de una Santa cristiana. Pero además, algunas de las razones aducidas por ella para denunciar a los dioses romanos -por ejemplo, que son un mero préstamo de la mitología griega- eran sobradamente conocidas no sólo por la gente culta, sino también por la gente de a pie: la virtud amalgamante y sincrética de Roma, que fagocitó e incorporó sin problemas los dioses y religiones de las tierras conquistadas, era vox populi y hasta es aducida como argumento por la propia emperatriz Vita en la película, por lo que no se entiende por qué luego este razonamiento, en boca de Catalina, logra escandalizar a los senadores. Tal realidad era obvia para los contemporáneos.

Por último, una gran crítica a la postproducción: hay muchas escenas originales, rodadas para la película, que han sido eliminadas en la versión final. Esto suele suceder, lo inaceptable es que hayan sido escenas dedicadas a la Santa, que en mi modesta opinión eran imprescindibles, como la visita de la emperatriz a su celda, la quema de su biblioteca, su cuerpo arrojado a las cenizas de esa biblioteca, y cómo los seguidores lo recogen y lo honran. En cambio, las escenas de peleas con bárbaros han sido todas incluidas. Una lástima, una ocasión perdida en una película donde sobran romanos y faltan escenas de la protagonista. Menos bárbaras. Más Catalina.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Conclusiones
Estamos ante una excelente versión de la vida y martirio de una famosísima Santa cristiana que, hasta día de hoy y pese a que está rodeada de leyenda, sigue siendo venerada por toda la cristiandad católica y ortodoxa. No es una película religiosa ni devota -aunque sí inspiradora e impactante-, sino más bien una ficción pseudohistórica cuya virtud es rendir un sentido homenaje a una mujer de gran talento y sabiduría que fue brutalmente asesinada por desafiar al Estado opresor; un mensaje que sí es recurrentemente aceptable para telespectadores creyentes de todas las religiones, y no creyentes también. Estableciendo una analogía con la filósofa neoplatónica, alejandrina también, Hipatia, que también fue salvajemente asesinada por sus creencias, podemos decir, salvando las obvias distancias, que Catalina es la Hipatia cristiana, como Hipatia es la Catalina pagana.

Por desgracia, todo lo que concierne a la Santa es la parte buena de la película; la parte mala, la que sobra, la que aburre, son las interminables escenas de peleas de bárbaras con romanos y Constantino dando vueltas por el campamento mientras los soldados hacen el payaso en sus ratos libres. No entiendo las intenciones del director al llenar la película con esta morralla pseudohistórica que no tiene pies ni cabeza. Aparte de esto, es una película interesante, fascinante, y recomiendo verla. Ha salido directamente comercializada en DVD como Decline of An Empire en Estados Unidos, con audio en inglés y subtítulos en inglés y en español, aunque no se descarta que se hagan versiones para Europa y otros países y que -Dios lo quiera- mantengan su título original, Katherine of Alexandria, para hacer justicia a la que es la auténtica protagonista de la película.

Le doy un 8 sobre 10 a la película. Le hubiese dado el 10 rotundo de no ser por las bárbaras, por Constantino y las peleas de romanos que no vienen a cuento; porque la parte dedicada a la Santa es fantástica, la recreación de la disputa y el martirio son excelentes, y la actriz que la ha interpretado lo merece. Lástima que las películas independientes respondan mucho al capricho de un director que tiene una pobre documentación histórica de la época que pretende recrear; pero que al mismo tiempo ha dotado a la figura de la Santa de un acierto y dignidad inmejorables. Os la dejo aquí: no os la perdáis.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

LO MEJOR: La interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina. La escena de la disputa con los eruditos.

LO PEOR: Las escenas en Britania. La penosa adaptación de las figuras de Constantino y Majencio. La total tergiversación histórica de una parte absolutamente prescindible de la película.

“Mi queridísimo Padre,
mantengo que toda la gente que vive en la tierra son Tus hijos.
Ésta es Tu tierra, protégela. Permíteme descansar en paz”
. (Catalina)

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Alejandría y el calendario

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Pregunta: Quiero mucho a Santa Catalina mártir, era la santa de mi abuela. He oído que la quitaron del Calendario Católico Romano de Santos, ¿por qué hicieron algo así? Filipinas

Respuesta: Antes que nada, te agradará saber que Santa Catalina de Alejandría (como suele llamarse, para distinguirla de las otras Santas Catalinas) vuelve a estar presente en el calendario, desde el año 2005, como Memoria Libre. Este problema de los “santos caídos del calendario”, se debe a que el Beato Pablo VI, en 1969, ordenó revisar el calendario litúrgico para suprimir del mismo a los santos de cuya existencia histórica no hubiese suficientes pruebas (lo que, atención, no implica descanonizarlos ni prohibir su culto), en pro de nuevos cultos a santos más contemporáneos que conocemos mejor. Aunque la idea en principio no es nada mala, se cometieron algunas injusticias al respecto, siendo el caso de Santa Catalina, la mártir, uno de ellos.

Hay una tendencia general a suponer que si la vida de un santo es legendaria, el santo también lo es (dicho en plata, si se cuentan muchas trolas de un santo, ese santo también está inventado) y yo fui la primera que, en otro tiempo, pecó de esto. Pues bien, esto no vale para todos los casos ni mucho menos. Hay que pensar que allá donde surge el culto a un santo, hay un origen que lo motivó. Detrás de una leyenda siempre hay una persona real cuya vida sirvió de inspiración a uno o a muchos, empezando un culto a esa persona por sus méritos. Que posteriormente los detalles de su vida se fueran perdiendo o se desconocieran, y tuvieran que ser reemplazados por relatos fabulosos y legendarios para tratar de rellenar ese vacío, no significa en absoluto que esa persona jamás haya existido.

En el caso de Catalina, es bien cierto que sus famosas actas son pura leyenda y que es poco creíble la princesa filósofa que se desposara místicamente con Cristo (¡nótese que este pasaje no estaba aún incluido en la Leyenda Áurea, es posterior!), derrotara a cincuenta filósofos en lid dialéctica y fuese torturada y ejecutada en la populosa Alejandría de Egipto. Pero eso no significa que no existiera esa mártir. Debió existir cuando la comunidad cristiana (y no una bandada de ángeles) se encargó de trasladar sus restos a donde hoy se emplaza el monasterio que lleva su nombre en la península del Sinaí, entre Egipto y Arabia. Si se llamaba realmente Catalina, si era joven o vieja, filósofa o esclava, ya son cosas que no sabremos nunca. Debió existir cuando, sin exagerar, se trate probablemente de una de las Santas más conocidas y veneradas en toda Europa desde la tardía Antigüedad hasta inicios del siglo XIX, y desde luego existen más representaciones artísticas de ella que de ninguna otra Santa, le supera únicamente la Virgen María.

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Santa Juana de Arco afirmó y refrendó hasta la muerte que era Catalina una de las santas que se le aparecían y le hablaban, llevando precisamente ella la voz cantante en la mayoría de las ocasiones. Naturalmente esto no hay modo de demostrarlo y si era verdad o no sólo Juana lo sabía. Pero permite hacerse una idea de la importancia que había alcanzado a nivel de devoción popular. No había nadie en toda la cristiandad que no hubiese oído hablar de ella o conociese algún episodio de su vida, y además, hasta hoy mismo, los ortodoxos siguen venerándola como Gran Mártir, el título martirial más alto concedido a los santos ortodoxos.

Además, Catalina estuvo mucho tiempo atrapada en las redes de los Bolandistas, hasta que al fin dieron su visto bueno a su existencia histórica, descartadas de una vez las extrañas teorías que pretendían identificarla con Hipatia. Las reliquias que se veneran de ella en el monasterio ortodoxo del Sinaí, que están prácticamente completas (el cuerpo está en un sarcófago, mientras que el cráneo y la mano derecha se guardan en relicarios separados), se consideran auténticas y recibieron el reconocimiento de Juan Pablo II, quien se trasladó en visita oficial hasta el Sinaí para venerarlas. Y finalmente el colofón fue restituir a esta Santa al calendario oficial.

La realidad es que el culto a Santa Catalina de Alejandría ha retrocedido considerablemente desde inicios del siglo XIX, pero no ha muerto ni mucho menos. En muchas partes (como en Valencia, por ejemplo) sigue teniendo iglesias consagradas a ella (antiguas y nuevas) y se le celebra fiesta cada 25 de noviembre. Y como ella, existen otras Santas que fueron retiradas del calendario y que debería considerarse su reincorporación, precisamente por lo que decía al principio, porque habiendo un culto muy antiguo e importante, y unas reliquias reconocidas como auténticas, y con ello habiendo pasado el filtro de los Bolandistas, no queda ya ninguna barrera por la que un santo debiera ser apartado del culto. Otra cosa es, naturalmente, una leyenda, y lo que ésta pueda decir. Ésa sí que es otra historia.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Pregunta: Me quedó una duda sobre Santa Catalina de Alejandría, decíais que su culto estuvo abolido después del Concilio y que luego más tarde se retomó, ¿me puedes explicar esto?. Me interesa mucho el tema, porque esta Santa fue patrona de mi pueblo y no sé por qué razón dejó de serlo. Como sabes mi calle se llama Santa Catalina, en honor suyo. España

Respuesta: El culto a Santa Catalina mártir, que yo sepa, nunca estuvo abolido. No se puede abolir un culto a menos que éste tenga algo contrario a la fe; y no es el caso. Tampoco puede prohibirse ni descanonizarse a un Santo. Lo que ocurrió es lo que he relatado en la consulta de arriba: que en tiempos del Beato Pablo VI se retiraron del calendario romano oficial algunos Santos considerados de dudosa existencia histórica, entre ellos, a Santa Catalina. Pero ello no implica ni la prohibición de su culto ni su “descanonización”, algo que sería inabarcable y, a lo sumo, tiránico, teniendo en cuenta de que esta Santa sigue siendo venerada y sigue siendo patrona de muchas ciudades, pueblos, asociaciones, universidades… que podían seguir celebrándola en el día de su fiesta (25 de noviembre) como siempre. Eso antes de que fuese oficialmente devuelta como Memoria Libre, recordemos, en el año 2005. Entre otras razones de peso, como la antigüedad de su culto y la ininterrumpida presencia y veneración de sus reliquias en el Sinaí (Egipto), la misma visita de San Juan Pablo II a este lugar y la pública veneración de las reliquias de la Santa por parte del mismo. Si esa Santa no existía, si la Iglesia hubiese querido prohibir su culto o descanonizarla, ¿a Santo de qué un Papa de Roma se pondría en ridículo fotografiándose con ellas o venerándolas? Hay que decir que como mínimo, hubiese sido algo hipócrita o contradictorio. Por esto y por otras razones supongo que fue devuelta al calendario oficial.

Sin embargo, culturalmente la gente ha interpretado esta retirada del calendario como una prohibición universal o como un descrédito de la Iglesia hacia estos Santos. Esto no es cierto y es descorazonador la cantidad de personas que afirman “este Santo no existe porque hasta la Iglesia lo tiró del calendario/prohibió su culto/lo quitó de sus fiestas luego dijo que no existía”, algo que ha sido muy aplicado al caso de Santos que ha interesado mucho descalificar, como Santa Filomena. La retirada de un Santo del calendario oficial no es un descrédito de la Iglesia hacia este Santo, sino una sustitución del mismo por un Santo más contemporáneo y conocido. Y eso no implica ni descréditos ni desprecios ni prohibiciones. La fiesta de estos Santos retirados sigue celebrándose de forma local en aquellos lugares donde existe su culto, con pleno consentimiento y autorización de la Iglesia. Un sentimiento de devoción sana y entrañable, de acuerdo a la fe, no puede ni debe prohibirse.

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Por ello, lamentaría mucho que la retirada del culto a Santa Catalina en tu ciudad se debiera a la influencia que tuvo esta reforma de los años 60, tan mal interpretada por algunos. La Santa sigue mereciendo el culto y el cariño de los cristianos, porque pese a su pasión y martirio envueltos en la leyenda, históricamente sus reliquias siempre han sido veneradas en el Sinaí, por Santos y Papas incluidos, como podemos ver.

Por último, decir que con esto he expresado mi opinión personal sobre lo poco que sé de este tema, y que animo a que los que saben más que yo me corrijan y completen. Sólo por citar un ejemplo final: el patrón de la ciudad donde ahora vivo es San Cristóbal, otro retirado del calendario, y su culto y fiestas no se han resentido ni lo más mínimo, como debe ser.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sobre sepulcros y reliquias de Santas: dos consultas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Pregunta: No sé si te he comentado alguna vez que una de mis pasiones dentro de todo el tema de santos es saber donde se hayan sus cuerpos o restos. Seguro que podras ayudarme a saber en qué iglesia, basilica, convento etc y ciudad se hayan los cuerpos(o los restos más importantes o cuasi completos) de estas santas: Cristina, Inés, Cecilia, Quiteria, Lucía, Engracia (¿en qué iglesia de Zaragoza?), Eugenia (la que va acompañada de San Proto y San Jacinto), Bárbara, Dorotea (he leído sobre ella que media Europa afirma poseer sus reliquias). España

Respuesta: Me alegro de que me hagas esta pregunta, porque la mayoría de veces son datos que se ignoran y por ignorarse se pone hasta en duda la existencia de estas Santas, cuyas reliquias, por cierto, están todas autentificadas, sin posibilidad de discusión. Hasta hace relativamente poco yo no había trabajado mucho el tema, centrándome más en las vidas y certezas históricas de su existencia, pero gracias a la ayuda de Antonio Barrero he podido aprender casi todo lo que sé del tema -y lo que me queda por aprender-. Sintetizando lo máximo que puedo, aquí tienes las ubicaciones básicas:

Santa Cristina, virgen y mártir (24 de julio): La niña mártir de Bolsena está enterrada, valga la redundancia, en Bolsena (Italia). Concretamente en la Basílica de Santa Cristina, que fue construida sobre el lóculo original donde fue depositado y venerado su cuerpo después del martirio. En cierto momento su cuerpo fue desenterrado y llevado a Palermo. Luego fue devuelta, pero algunos restos se quedaron allí, en una esplendorosa tumba en el Duomo de Palermo.

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant'Agnese In Agone, Roma (Italia).

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant’Agnese In Agone, Roma (Italia).

Santa Inés, virgen y mártir de Roma (21 enero): Estuvo, tras su martirio, enterrada en la catacumba de la Via Nomentana en Roma, que tomaría su nombre. Actualmente su cuerpo está, junto con el de Santa Emerenciana, en la iglesia de Sant’Agnese Fuori le Mure. El cráneo, separado del cuerpo, se venera en la iglesia de Sant’Agnese In Agone. Por tanto, la mayor parte del cuerpo sigue en Roma. Sin embargo pequeños fragmentos de reliquias se han enviado a muchas zonas de Europa.

Santa Cecilia, virgen y mártir romana (22 de noviembre): Su cuerpo, luego de ser extraído de las catacumbas, ha reposado en la cripta de la iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, en Roma. Son dos urnas de mármol donde están Cecilia, Valeriano y Tiburcio. No se puede acceder a ellas, están detrás de una celosía de mármol, pero un con reclinatorio frente al cual se puede rezar. La gente suele creer que el sepulcro está bajo la imagen yacente que esculpió Stefano Maderno para el altar, pero no es verdad.

Santa Quiteria, virgen y mártir (22 de mayo): Su cuerpo reposa en un hermoso sarcófago en su iglesia de Aire sur l’Adour, Landes (Francia).

Santa Lucía, virgen y mártir de Siracusa (13 de diciembre): Su cuerpo está actualmente en la iglesia de los Santos Jeremías y Lucía en Venecia (Italia). El rostro de la Santa fue recubierto con una máscara de plata ante las quejas de cierto santo varón que decía que era desagradable mirar el cadáver directamente. Un brazo, el izquierdo, fue sin embargo arrancado del cuerpo y actualmente se venera en el santuario de la isla de Ortigia, en Siracusa. También se veneran allí el vestido, el velo y las sandalias de la mártir, pero cuya autenticidad queda a la sombra de la duda. Como en las otras, existen muchas otras reliquias diseminadas por ahí, éstas son las principales.

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Santa Engracia, virgen y mártir hispana (16 de abril): Ella, sus esclavos y las Santas Masas –también llamados los Innumerables Mártires de Zaragoza- están en la cripta de la iglesia de Santa Engracia en Zaragoza (España). Ella y los dieciocho en una urna bajo el altar, los demás, en un pozo en el suelo.

Santa Eugenia, virgen y mártir romana (25 de diciembre): Está junto con su madre Claudia, también mártir, y otros doce compañeros, en un altar de la Basílica de los Doce Apóstoles en Roma.

Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia (4 de diciembre): Al ser trofeo disputado entre católicos y ortodoxos y botín de saqueo durante las Cruzadas, su cuerpo está un poco más fragmentado. Hay una gran parte en Burano (Venecia, Italia), otra en la catedral ortodoxa de Kiev (Ucrania), y en la llamada Cripta de Santa Bárbara en Rieti (Italia). Hice hace algún tiempo un artículo con una reseña más extensa sobre las localizaciones de las reliquias, para hacerse una idea de lo “desmembrada” que está. Es la consulta que he publicado más abajo.

Santa Dorotea, virgen y mártir de Capadocia (6 de febrero): El cuerpo está bajo el altar de la iglesia de Santa Dorotea en el Transtíber (Roma). Dentro de una muñeca, por cierto, bastante decepcionante para tratarse de una santa tan famosa. Es verdad, como dices, que también hay muchas otras reliquias de ella por Europa, pero aquí está la mayor parte del cuerpo.

Meldelen

Santa Bárbara: estatus y reliquias
(Esta consulta se desarrolló como un diálogo, de modo que así lo reproduzco).

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Comentario: Santa Bárbara siempre ha sido mi preferida de toda la corte celestial. Ella me cuida mucho y me ha hecho muchos milagros, entonces por eso le digo mi Santa Patrona. Aunque mitológica y como la quieran llamar los modernistas, ¡es mi Santa! 🙂 Estados Unidos

Respuesta: Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia en Asia Menor, conmemorada el 4 de diciembre, no es en absoluto una santa mitológica. Es una santa real, cuya existencia histórica está fuera de toda duda, después de que la Sociedad de los Bolandistas, los más prestigiosos investigadores en hagiografía, determinaran la veracidad de su existencia a través de la antigüedad de su culto y de sus reliquias. A pesar de ello fue retirada del calendario oficial romano en 1960 junto con una serie de santos considerados de dudosa existencia histórica. Es evidente que se han cometido errores en esta gestión, en principio bienintencionada, porque hemos visto rectificaciones de la misma, como el caso de Santa Catalina mártir, retirada en 1960 y devuelta al calendario en 2005.

Comentario: Ignoraba yo toda aquella información…aun así siempre la he querido muchísimo y me da mucho gusto el saber que existan datos historicos sobre ella. Lo unico que he leido de ella es el relato que se encuentra en el libro de santos de Jacopo de Voragine. Por cierto nunca la he creído mitológica en realidad, eso lo dije con tono de burla/sarcasmo/coraje en referencia a que los modernistas quieran descanonizar o llamar mitológicos a todos los santos que puedan, sobre todo cualquier santo cuya historia sea un poco dificil de creer. Ya lograron destruir la Santa Misa.

Respuesta: Los datos históricos fehacientes sobre Santa Bárbara se encuentran en la Bibliotheca Sanctorum, obra fundamental de los Bolandistas, que por desgracia se trata de una publicación extensa y carísima, de modo que sólo unos pocos privilegiados tienen acceso a ella (ya quisiera yo ser una de ellos…). En cuanto a la Leyenda Áurea de Jacopo Della Voragine, que citas, es una obra amena y entretenida para conocer leyendas de santos, pero en modo alguno es una fuente histórica: únicamente es respetable en cuanto a antigüedad y por el rico bagaje cultural que compiló Della Voragine, pero no debe tomarse en serio más allá de esto.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Por otra parte, no sé muy bien a quién te refieres con “modernistas”, quizás hagas referencia a las nuevas corrientes surgidas tras el Concilio Vaticano II. La retirada de los santos de dudosa existencia histórica, como digo, fue bienintencionada, pero equivocada e injusta respecto a algunos santos, como por ejemplo, Santa Catalina mártir, Santa Apolonia, y desde luego, Santa Bárbara. Ninguna de las tres es “de dudosa existencia histórica”. Quien pasa el filtro de los Bolandistas, supera la última de las barreras. Con esto no digo que sean infalibles: sólo digo que no hay quien investigue más y mejor que ellos.

Por otra parte, ningún santo se descanoniza, el culto puede seguir en ámbito local o privado. Y respecto a lo de destruir la Santa Misa, creo que más podrían contribuir otros en eso que yo, que no le veo nada malo a la misa de ahora.

Comentario: Por cierto ¿en dónde se veneran las reliquias de mi Santita?

Respuesta: Aquí he tenido que recurrir a la cortesía de mi buen amigo Antonio Barrero, experto en reliquias de santos. Él es quien me ha facilitado la lista de los lugares donde se veneran reliquias de Santa Bárbara:

Burano (Venezia): parte del cuerpo.
Rieti (Italia): sarcófago con reliquias
Mantova (Italia): presunto cráneo
Montecatini (Italia): “parte del cráneo”
Piacenza (Italia): “reliquias”
Sevilla (España): “parte del cráneo”
Pamplona (España): “reliquias”
Paternò (Catania): reliquias
Kiev (Ucrania): parte del cuerpo
Old Cairo (Egipto): reliquias
Ravello (Salerno): reliquias (creo que del cráneo)
Roma (Italia): “parte del cráneo”
Braine le Comte (Bélgica): reliquias.
Lviv (Ucrania): reliquias.
Mechelen (Bélgica): reliquias
Dignano (Croacia): pie incorrupto

Con todo, Antonio me advierte que todas no son auténticas, sino que pasa lo que a otros santos: si se juntaran sus reliquias, aparecerían varios cuerpos y varias cabezas. Las más verosímiles son las de Burano, Rieti, Dignano y de Kiev.

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Comentario: (viendo la fotografía del pie, que también es cortesía de Antonio Barrero) WOW, que reliquia, válgame. ¡El pie sagrado de mi santita! La verdád no pense que existieran ya reliquias suyas. Gracias. Ademas gracias por cualquiera información al respeto, te agradezco muchísimo que me ayudes a saber mas de mi santita querida.

Respuesta: De nada, es un placer ayudar. Para eso estamos aquí.

Meldelen

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