Santa Balbina: esa gran desconocida

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Vidriera de la Santa. Iglesia de la Santísima Trinidad de St.Mary Williamsburg, Brooklyn, Nueva York (EEUU).

Tiene dedicada una de las iglesias más antiguas y más ilustres de Roma, y sin embargo, es una de esas pocas Santas de las que casi nadie ha oído hablar y de la que parece que no haya gran cosa que decir. ¿Cómo es posible? Semejante paradoja llega al punto de la ironía cuando investigamos el significado de su nombre, “habladora”, y por extensión, parlanchina, charlatana, balbuceante o incluso tartamuda, un apodo de mal gusto que se daba en la Antigüedad a los que tenían dificultades en hablar, o al contrario, hablaban demasiado.

Nuestra Balbina, si seguimos con el chiste, da más bien poco que hablar. Aunque está inscrita en el Martirologio Romano tal día como hoy, el último del mes de marzo, lo cierto es que lo poco que sabemos de ella procede de un texto (Vita Sanctae Balbinae) que procede de las Actas legendarias de los santos mártires Alejandro, Evencio, Teódulo, Hermes y Quirino.  Si digo que son legendarias, naturalmente, ello implica que el elogioso texto, redactado por un autor anónimo en el siglo V de nuestra era, no tiene el menor valor histórico. Nos ha llegado, para más INRI, a través de dos textos: la passio Alexandrii (s.V) que confunde al papa Alejandro con el mártir Alejandro enterrado en la Via Nomentana y la passio ss. Balbinae et Hermetiis, que es como un apéndice a la primera. Partiendo de lo tardíos que resultan estos textos respecto al tiempo en que ubican los martirios, más el error de confundir dos Alejandros diferentes, llegamos al simple hecho de no tener que concederles mucha veracidad. Sin embargo, es preciso ver qué nos cuenta este bonito relato.

Balbina era la hija del tribuno[1] Quirino y estaba adornada, en su juventud, de una gran hermosura. Pero vino a caer enferma de gravedad por una rara afección que le hinchó el cuello y le deformó las facciones de tal modo que estaba horrible, llena de pústulas purulentas.[2] Se probó todo remedio natural y humano al alcance, pero no sanaba y corría peligro de muerte, por lo que Quirino, desesperado, acudió al papa Alejandro, entonces prisionero, del que se decía que obraba curaciones milagrosas. El pontífice, compadecido de la angustia del padre, le permitió traerle a su hija, y cuando éste le impuso las manos, la joven quedó inmediatamente curada y recobró su hermosura.[3] Inmensamente agradecidos, padre e hija se convirtieron al cristianismo y ella, haciendo voto de castidad, se desprendió de todas sus riquezas, entregándolas a los pobres, para así alejar a todos los pretendientes que la cercaban atraídos por su patrimonio y belleza.

Éxtasis de la Santa. Anónimo del siglo XVII. Iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

Se dice que a menudo regresaba Balbina a visitar al Papa, y postrada en el suelo de la celda, besaba sus cadenas en señal de veneración. Alejandro le dijo que aquellas cadenas no eran dignas de su unción, y que si quería, podía hallar unas que lo merecieran más, y a tal efecto la envió a buscar y recuperar las cadenas de San Pedro, que seguían en la cárcel Mamertina. Cuando las encontró, por indicación del pontífice, las puso bajo la custodia de una virgen cristiana llamada Teodora. Es por esta anécdota de las cadenas de San Pedro por lo que los atributos principales de Santa Balbina, y los de Santa Teodora, que viene celebrada el 1 de abril, son unas cadenas o grilletes.

Con el recrudecimiento de la persecución, Hermes, hermano de Teodora, fue apresado, torturado y ejecutado por orden del pretor Aureliano. También el tribuno Quirino, padre de Balbina, fue delatado como cristiano y ejecutado. Teodora y Balbina recuperaron los cuerpos de los varones y les dieron digna sepultura, pero este hecho les llevó también a ser denunciadas y detenidas. Tras un heroico diálogo en el que Balbina dio muestras de gran brillantez oratoria, ambas fueron condenadas a muerte, según algunas versiones, quemadas vivas, según otras, decapitadas (lo cual sería más probable teniendo en cuenta su estatus social). El relato ubica su muerte el 31 de marzo de 132. Una segunda parte, que como veremos es añadida, dice que fue sepultada en el cementerio de Pretextato, junto a su padre Quirino, en la vía Appia.

Hasta aquí lo que dice el relato, que, como ya adelantábamos, no tiene valor alguno en sentido histórico. En primer lugar, porque, como ya hemos indicado, confunde al mártir Alejandro con el papa Alejandro: el Alejandro que aparece mencionado en este grupo no es un pontífice. En segundo lugar, porque no hay relación de parentela alguna entre Balbina y Quirino: al estar enterrados juntos, el autor de la passio hizo a una hija del otro, algo muy extendido entre los escritores del siglo V. Y en tercer lugar, no parece estar claro si esta Balbina, sea quien sea, era virgen o mártir, las dos cosas, o ninguna de ellas. Me explico.

Detalle de la Santa en un fresco de Anastasio Fontebuoni (1523), ábside de la iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

He dicho ya que el Martirologio Romano la recuerda el 31 de marzo. La inscribió Adón con las siguientes palabras: “En Roma, santa Balbina virgen, hija del beato mártir Quirino, que fue bautizada por el Papa San Alejandro, y que quiso consagrar a Cristo su virginidad siendo su esposa, por lo que después de haber superado el curso de este mundo, fue sepultada en la vía Appia, junto a su padre”. De este texto hay varias cosas que decir: en primer lugar, Adón se inventa literalmente el lugar de enterramiento de Balbina, pues antes de este texto, en las famosas Actas y passio que hemos relatado, no se menciona para nada el lugar de sepultura: en ese lugar estaban sepultados los mártires Quirino, Evoncio, Alejandro, Teódulo y Hermes, por lo que Balbina tenía que ser hija del primero y estar enterrada cerca de él. En segundo lugar, es notable comprobar que Adón la menciona como virgen, pero no como mártir. Es decir, que el Martirologio Romano no menciona en absoluto ningún rasgo de la hermosa leyenda del siglo V, que la hace mártir, sino que la tiene simplemente como virgen. Pero el Martirologio Jeronimiano no la menciona. Sí el de Floro, pero el día 18 de enero, por lo que este autor se equivocó al inscribirla ese día. En toda la Antigüedad, esta Santa no recibió ningún culto. ¿Quién es, entonces, Santa Balbina?

En cuanto a pruebas materiales, podemos afirmar con seguridad que en el año 595 ya tenía una iglesia dedicada a ella y el cementerio situado entre las vías Appia y  Ardeatina también tenía su nombre. La hipótesis más barajada es que Balbina fue la fundadora de estos cementerios, donde estaban enterrados los mencionados mártires, y ella, con ellos. Por eso, los hagiógrafos sostienen que, por el mero hecho de estar enterrada con ellos, se ha supuesto, equivocadamente, que esta Balbina fue una mártir. Al parecer, era costumbre en el siglo V que quien fundaba o subvencionaba una catacumba para el sepelio de los mártires, y luego se hacía enterrar con ellos, era honrado o elevado a la categoría de mártir automáticamente. Fue un invento deliberado por parte del autor de la passio. Por lo tanto, “Santa” Balbina no sería ni la hija del mártir Quirino, ni una mártir de la persecución romana, sino la matrona que puso el dinero para abrir dichas catacumbas y acoger los cuerpos de dichos mártires.

Desde 1841 hasta la actualidad, los restos de Santa Balbina están bajo el altar mayor de la iglesia que lleva su nombre en Roma, junto al mártir Felicísimo y otros tres de nombre desconocido.  Anteriormente, cuando se consagró este altar (26 de febrero de 1741) se hizo con los restos de estos mártires, hallados bajo el altar antiguo, y sin los de Balbina, que estaban con los de la mártir Teodora –también mencionada en la passio– en el altar mayor de la iglesia romana de Santa Maria in Dominica (1725), hasta que fueron llevados con posterioridad al actual emplazamiento.

Sepulcro de la Santa. Altar mayor de la iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

En resumen: a pesar de que en el relato de la passio, Santa Balbina aparece como virgen y mártir, hija del tribuno mártir Quirino, y en la iconografía suele llevar la palma y los grilletes de San Pedro; lo más probable es que fuera una matrona romana que con su patrimonio levantó dos cementerios para los mártires, y fue posteriormente honrada como tal al ser enterrada allí. Muchas representaciones artísticas y menciones la recuerdan sólo como virgen, otras muchas, como mártir, pero no hay demasiadas obras de arte que la representen, su culto no ha sido nada significativo –se la invoca como patrona contra la escrófula, debido a la enfermedad que le atribuye la passio-, ni se veneran reliquias suyas fuera de las que están en su iglesia. En ese sentido, quién fue Santa Balbina y cómo pasó por este mundo y de este mundo, es algo que es, y seguirá siendo siempre, un absoluto misterio.

Meldelen


[1] Un tribuno es un magistrado romano que es elegido como representante de una de las tribus (clanes) principales de Roma. Sus atribuciones eran muy variadas, tanto civiles como militares. Se encargaba, entre otros asuntos, de recaudar impuestos y de reclutar tropas. Debía ser un ciudadano romano con un alto estatus y ciertas posesiones, tanto patricio como plebeyo. Gozaba de respetabilidad y autoridad hasta el punto de poder vetar al Senado y proponer plebiscitos.
[2] La descripción de los síntomas ha permitido identificar esta enfermedad como la escrófula, una infección de los ganglios linfáticos por el Mycobacterium tuberculosis. En efecto, hace que los ganglios, especialmente los del cuello, se hinchen y expulsen pus. En la Edad Media esta enfermedad hizo estragos, y la dificultad de su tratamiento hizo que se recurriera a ciertas curaciones extravagantes, como el “toque de rey”, esto es, que el monarca o gobernante impusiera sus manos a los enfermos para transmitir su gracia divina y lograr la curación.
[3] Otras versiones dicen que la curó poniéndole en el pecho un saquito de reliquias, o incluso tocándole el cuello con las propias cadenas que lo amarraban.

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