Santos y ratones

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración contemporánea de Santa Gertrudis de Nivelles.

Ilustración contemporánea de Santa Gertrudis de Nivelles.

El ratón
Los roedores, orden de los mamíferos de tamaño pequeño o medio, caracterizado por un solo par de grandes incisivos con extremo de cincel, utilizados para roer materiales vegetales. Los roedores son el grupo de mamíferos más numeroso, tanto en término de individuos como en variedades; de hecho, incluye cerca de 2000 especies en 400 géneros recogidos y divididos en tres grandes grupos. Los roedores se llaman así debido a su hábito frecuente de roer. De hecho, sus incisivos (un par en ambos arcos dentales) son ipsodontes (sin raíz y en crecimiento continuo). Los roedores las liman y acortan royendo materiales duros.

Los ratones se dividen comúnmente en tres categorías: topillos o ratones de tierra, ratones de hogar y ratas o ratones de alcantarillado. El ratón común (Mus musculus) es un pequeño roedor de la familia Muridae del género Mus (de los cuales hay unas cuarenta especies). Puede encontrarse el ratón común en casi todos los países del mundo. Si está domesticado, puede vivir en casa. Vive entre uno y tres años. Es pernicioso para la agricultura y generalizado en Italia, el ratón de campo, que es de tamaño más grande que el ratón de casa, y tiene un manto de color rojo oscuro. Esta raza en particular se alimenta cavando una complicada maraña de túneles subterráneos, erosionando las raíces de plantas de árboles pequeños y grandes.

Los Santos y el ratón
La Biblia hace mención de algunos pequeños roedores, especialmente el ratón, que califica de animal impuro: “Entre los animales que se arrastran por el suelo quedan impuros: el topo, el ratón, cualquier tipo de reptiles, musarañas, lagartijas, el geco, el lagarto, y el camaleón” (Lev 11,29-30).

Grabado de San Martín de Porres.

Grabado de San Martín de Porres.

Otra referencia al ratón en la Sagrada Escritura es la relación entre los ratones y las enfermedades; así como se puede intuir en el primer libro de Samuel: “El arca del Señor permaneció en la tierra de los filisteos siete meses. Y los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, dijeron: “¿Qué haremos con el arca del Señor? Cuéntanos cómo la hemos de enviar a casa”. Ellos dijeron: “Si tenéis la intención de enviar el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle un homenaje para reparar la falta. Entonces os ayudará a sanar y será bien conocido, ya que no ha retirado su mano de vosotros”. Le preguntaron: “¿Qué tenemos que reparar?”. Ellos dijeron: “De acuerdo con el número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, porque son el azote de todos vosotros y vuestros príncipes. Haced, pues, figuras de vuestros tumores y figuras de vuestros ratones que infestan la tierra, y dar gloria al Dios de Israel. Tal vez pueda hacer más ligera su mano sobre vosotros, sobre vuestro dios y vuestro territorio”. (1 Sam 6, 1-5).

En la hagiografía, el ratón se convierte en parte de la iconografía de los Santos, como un elemento que se refiere un episodio hagiográfico en la vida del Santo representado. Antes de entrar en ejemplos individuales, esbozar la interesante cuestión espiritual que une la forma del pensamiento y de los animales. En la tradición monástica, el pensamiento tiene forma animal. En particular, en la vida del abad Antonio los malos pensamientos se comparan con moscas que intentan penetrar la mente, o ratones que infestan la casa. Pero ahora entramos en el núcleo de la cuestión. Hay algunos Santos que se representan con el ratón, ¿por qué? La pequeña criatura alude a un episodio de la vida del Santo junto al que está.

Santa Gertrudis de Nivelles, 17 de marzo. Martirologio Romano: En Nivelles, en Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nació de una familia noble, tomó el velo sagrado de las vírgenes del obispo Amando y gobernó con sabiduría el monasterio construido por su madre, era asidua en la lectura de las Escrituras y se consumía en la práctica austera de vigilias y ayunos. La Santa se representa con ratones que andan sobre su ropa, por el hecho de que la santa abadesa de Nivelles se invoca contra la invasión de los ratones.

Anuncio de la muerte a Santa Fina. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Capilla de la Santa en la colegiata San Gimignano, Italia.

Anuncio de la muerte a Santa Fina. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Capilla de la Santa la colegiata de San Gimignano, Italia.

San Martín de Porres, religioso dominico, 3 de noviembre. Martirologio: San Martín de Porres, religioso de la Orden de Predicadores: hijo de un español y una mujer negra, desde la infancia, incluso entre las dificultades derivadas de su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de la medicina, que más tarde se convirtió en religiosa, que practicaba con dedicación en Lima, en Perú, y entre los pobres, dedicado al ayuno, la penitencia y la oración, llevó una vida de sencillez y humildad, irradiando amor. El Santo humilde y sencillo de Perú es representado con los ratones, ya que se dice que tenía la capacidad de eliminar la infestación llamándolos hacia sí mismo.

San Nicasio, obispo de Reims, 14 de diciembre. Martirologio Romano: En Reims, en la Galia belga, en la Francia de hoy, la pasión de San Nicasio, obispo, quien junto con su hermana Eutropia, virgen consagrada a Cristo, el diácono Florencio y Jucundo, fue muerto durante una incursión de algunos paganos en la puerta principal de la basílica que él fundó. Como la Santa de Nivelles, se representa con los ratones, ya que se invoca contra la invasión de los ratones.

San Ulrico (Ulderico) de Augusta o Augsburgo (Alemania), obispo, 4 de julio. Martirologio Romano: En Augsburgo, en Baviera, Alemania, San Ulderico, obispo, que se distingue por el admirable espíritu de penitencia, generosidad y supervisión, murió nonagenario después de cincuenta años de episcopado. Como la Santa de Nivelles, se representa con los ratones, ya que se invoca contra la invasión de los ratones.

Ilustración contemporánea de San Cadoc, abad de LLandcarfan.

Ilustración contemporánea de San Cadoc, abad de LLandcarfan.

Santa Fina, virgen de San Gimignano, 12 de marzo. Martirologio Romano: En la ciudad de San Gimignano, en la Toscana, la santísima virgen Fina, que desde una edad temprana, con invencible paciencia, soportó una larga y grave enfermedad, confiando sólo en Dios. La Santa de la Toscana es representada en el momento de su muerte con un ratón escondido debajo de la cama. Ghirlandaio representó, pues -en el pequeño ratón debajo de la mesa y no en su cuerpo- el martirio de la Santa: ser pasto de ratas y gusanos.

San Cadoc, abad de Llandcarfan, 21 de septiembre. Martirologio Romano: En el monasterio de Llandcarfan, en Gales del Sur, San Cadoc, abad, en cuyo nombre se fundaron muchos monasterios en Cornualles y Bretaña. El santo abad de Gales es retratado con un tierno ratoncito, porque se dice que, durante una hambruna, viendo a un roedor que llevaba en la boca una semilla de trigo, descubrió un granero subterráneo que alimentó a los pobres durante la propia carestía.

Santa Bárbara de Nicomedia, virgen y mártir, 4 de diciembre. Martirologio Romano: En Nicomedia, conmemoración de Santa Bárbara, que fue, según la tradición, virgen y mártir. La Santa nunca se representa con un ratón, salvo en una estatua de madera ubicada en la hermosa iglesia parroquial dedicada a ella en Davoli, en el lado jónico de Calabria. Este detalle iconográfico particular, localizado sobre la ventana de la torre, dio origen a la tradición local de que, durante su encarcelamiento en la torre, la Santa fue asistida por un ratón, que, unido a un lagarto – también representado en la torre – socorrió a la virgen Bárbara trayéndole pan y agua.

San Pedro del monasterio de Solovetsky, mártir en el siglo XX. Se le representa con una rata y una serpiente, tal vez con significado simbólico.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* Barcaro & Brunetti – Animali e Santi – Editrice Veneta, 2004
* Bormolini Gudalberto – I santi e gli animali. L’Eden ritrovato – Libreria Editrice Fiorentina, 2014
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Casagrande Domenico – Santi e animali – Ed. Figlie della Chiesa, 1947
* Ed. Il Seminatore – I Santi e gli animali – 2012
* Furia Paolo – Dizionario iconografico dei santi – Editrice Ares, 2002
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi – Porziuncola, 2011
* sito web di wikipedia.org
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme Editore, 1997.

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Sobre sepulcros y reliquias de Santas: dos consultas

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Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Pregunta: No sé si te he comentado alguna vez que una de mis pasiones dentro de todo el tema de santos es saber donde se hayan sus cuerpos o restos. Seguro que podras ayudarme a saber en qué iglesia, basilica, convento etc y ciudad se hayan los cuerpos(o los restos más importantes o cuasi completos) de estas santas: Cristina, Inés, Cecilia, Quiteria, Lucía, Engracia (¿en qué iglesia de Zaragoza?), Eugenia (la que va acompañada de San Proto y San Jacinto), Bárbara, Dorotea (he leído sobre ella que media Europa afirma poseer sus reliquias). España

Respuesta: Me alegro de que me hagas esta pregunta, porque la mayoría de veces son datos que se ignoran y por ignorarse se pone hasta en duda la existencia de estas Santas, cuyas reliquias, por cierto, están todas autentificadas, sin posibilidad de discusión. Hasta hace relativamente poco yo no había trabajado mucho el tema, centrándome más en las vidas y certezas históricas de su existencia, pero gracias a la ayuda de Antonio Barrero he podido aprender casi todo lo que sé del tema -y lo que me queda por aprender-. Sintetizando lo máximo que puedo, aquí tienes las ubicaciones básicas:

Santa Cristina, virgen y mártir (24 de julio): La niña mártir de Bolsena está enterrada, valga la redundancia, en Bolsena (Italia). Concretamente en la Basílica de Santa Cristina, que fue construida sobre el lóculo original donde fue depositado y venerado su cuerpo después del martirio. En cierto momento su cuerpo fue desenterrado y llevado a Palermo. Luego fue devuelta, pero algunos restos se quedaron allí, en una esplendorosa tumba en el Duomo de Palermo.

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant'Agnese In Agone, Roma (Italia).

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant’Agnese In Agone, Roma (Italia).

Santa Inés, virgen y mártir de Roma (21 enero): Estuvo, tras su martirio, enterrada en la catacumba de la Via Nomentana en Roma, que tomaría su nombre. Actualmente su cuerpo está, junto con el de Santa Emerenciana, en la iglesia de Sant’Agnese Fuori le Mure. El cráneo, separado del cuerpo, se venera en la iglesia de Sant’Agnese In Agone. Por tanto, la mayor parte del cuerpo sigue en Roma. Sin embargo pequeños fragmentos de reliquias se han enviado a muchas zonas de Europa.

Santa Cecilia, virgen y mártir romana (22 de noviembre): Su cuerpo, luego de ser extraído de las catacumbas, ha reposado en la cripta de la iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, en Roma. Son dos urnas de mármol donde están Cecilia, Valeriano y Tiburcio. No se puede acceder a ellas, están detrás de una celosía de mármol, pero un con reclinatorio frente al cual se puede rezar. La gente suele creer que el sepulcro está bajo la imagen yacente que esculpió Stefano Maderno para el altar, pero no es verdad.

Santa Quiteria, virgen y mártir (22 de mayo): Su cuerpo reposa en un hermoso sarcófago en su iglesia de Aire sur l’Adour, Landes (Francia).

Santa Lucía, virgen y mártir de Siracusa (13 de diciembre): Su cuerpo está actualmente en la iglesia de los Santos Jeremías y Lucía en Venecia (Italia). El rostro de la Santa fue recubierto con una máscara de plata ante las quejas de cierto santo varón que decía que era desagradable mirar el cadáver directamente. Un brazo, el izquierdo, fue sin embargo arrancado del cuerpo y actualmente se venera en el santuario de la isla de Ortigia, en Siracusa. También se veneran allí el vestido, el velo y las sandalias de la mártir, pero cuya autenticidad queda a la sombra de la duda. Como en las otras, existen muchas otras reliquias diseminadas por ahí, éstas son las principales.

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Santa Engracia, virgen y mártir hispana (16 de abril): Ella, sus esclavos y las Santas Masas –también llamados los Innumerables Mártires de Zaragoza- están en la cripta de la iglesia de Santa Engracia en Zaragoza (España). Ella y los dieciocho en una urna bajo el altar, los demás, en un pozo en el suelo.

Santa Eugenia, virgen y mártir romana (25 de diciembre): Está junto con su madre Claudia, también mártir, y otros doce compañeros, en un altar de la Basílica de los Doce Apóstoles en Roma.

Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia (4 de diciembre): Al ser trofeo disputado entre católicos y ortodoxos y botín de saqueo durante las Cruzadas, su cuerpo está un poco más fragmentado. Hay una gran parte en Burano (Venecia, Italia), otra en la catedral ortodoxa de Kiev (Ucrania), y en la llamada Cripta de Santa Bárbara en Rieti (Italia). Hice hace algún tiempo un artículo con una reseña más extensa sobre las localizaciones de las reliquias, para hacerse una idea de lo “desmembrada” que está. Es la consulta que he publicado más abajo.

Santa Dorotea, virgen y mártir de Capadocia (6 de febrero): El cuerpo está bajo el altar de la iglesia de Santa Dorotea en el Transtíber (Roma). Dentro de una muñeca, por cierto, bastante decepcionante para tratarse de una santa tan famosa. Es verdad, como dices, que también hay muchas otras reliquias de ella por Europa, pero aquí está la mayor parte del cuerpo.

Meldelen

Santa Bárbara: estatus y reliquias
(Esta consulta se desarrolló como un diálogo, de modo que así lo reproduzco).

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Comentario: Santa Bárbara siempre ha sido mi preferida de toda la corte celestial. Ella me cuida mucho y me ha hecho muchos milagros, entonces por eso le digo mi Santa Patrona. Aunque mitológica y como la quieran llamar los modernistas, ¡es mi Santa! 🙂 Estados Unidos

Respuesta: Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia en Asia Menor, conmemorada el 4 de diciembre, no es en absoluto una santa mitológica. Es una santa real, cuya existencia histórica está fuera de toda duda, después de que la Sociedad de los Bolandistas, los más prestigiosos investigadores en hagiografía, determinaran la veracidad de su existencia a través de la antigüedad de su culto y de sus reliquias. A pesar de ello fue retirada del calendario oficial romano en 1960 junto con una serie de santos considerados de dudosa existencia histórica. Es evidente que se han cometido errores en esta gestión, en principio bienintencionada, porque hemos visto rectificaciones de la misma, como el caso de Santa Catalina mártir, retirada en 1960 y devuelta al calendario en 2005.

Comentario: Ignoraba yo toda aquella información…aun así siempre la he querido muchísimo y me da mucho gusto el saber que existan datos historicos sobre ella. Lo unico que he leido de ella es el relato que se encuentra en el libro de santos de Jacopo de Voragine. Por cierto nunca la he creído mitológica en realidad, eso lo dije con tono de burla/sarcasmo/coraje en referencia a que los modernistas quieran descanonizar o llamar mitológicos a todos los santos que puedan, sobre todo cualquier santo cuya historia sea un poco dificil de creer. Ya lograron destruir la Santa Misa.

Respuesta: Los datos históricos fehacientes sobre Santa Bárbara se encuentran en la Bibliotheca Sanctorum, obra fundamental de los Bolandistas, que por desgracia se trata de una publicación extensa y carísima, de modo que sólo unos pocos privilegiados tienen acceso a ella (ya quisiera yo ser una de ellos…). En cuanto a la Leyenda Áurea de Jacopo Della Voragine, que citas, es una obra amena y entretenida para conocer leyendas de santos, pero en modo alguno es una fuente histórica: únicamente es respetable en cuanto a antigüedad y por el rico bagaje cultural que compiló Della Voragine, pero no debe tomarse en serio más allá de esto.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Por otra parte, no sé muy bien a quién te refieres con “modernistas”, quizás hagas referencia a las nuevas corrientes surgidas tras el Concilio Vaticano II. La retirada de los santos de dudosa existencia histórica, como digo, fue bienintencionada, pero equivocada e injusta respecto a algunos santos, como por ejemplo, Santa Catalina mártir, Santa Apolonia, y desde luego, Santa Bárbara. Ninguna de las tres es “de dudosa existencia histórica”. Quien pasa el filtro de los Bolandistas, supera la última de las barreras. Con esto no digo que sean infalibles: sólo digo que no hay quien investigue más y mejor que ellos.

Por otra parte, ningún santo se descanoniza, el culto puede seguir en ámbito local o privado. Y respecto a lo de destruir la Santa Misa, creo que más podrían contribuir otros en eso que yo, que no le veo nada malo a la misa de ahora.

Comentario: Por cierto ¿en dónde se veneran las reliquias de mi Santita?

Respuesta: Aquí he tenido que recurrir a la cortesía de mi buen amigo Antonio Barrero, experto en reliquias de santos. Él es quien me ha facilitado la lista de los lugares donde se veneran reliquias de Santa Bárbara:

Burano (Venezia): parte del cuerpo.
Rieti (Italia): sarcófago con reliquias
Mantova (Italia): presunto cráneo
Montecatini (Italia): “parte del cráneo”
Piacenza (Italia): “reliquias”
Sevilla (España): “parte del cráneo”
Pamplona (España): “reliquias”
Paternò (Catania): reliquias
Kiev (Ucrania): parte del cuerpo
Old Cairo (Egipto): reliquias
Ravello (Salerno): reliquias (creo que del cráneo)
Roma (Italia): “parte del cráneo”
Braine le Comte (Bélgica): reliquias.
Lviv (Ucrania): reliquias.
Mechelen (Bélgica): reliquias
Dignano (Croacia): pie incorrupto

Con todo, Antonio me advierte que todas no son auténticas, sino que pasa lo que a otros santos: si se juntaran sus reliquias, aparecerían varios cuerpos y varias cabezas. Las más verosímiles son las de Burano, Rieti, Dignano y de Kiev.

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Comentario: (viendo la fotografía del pie, que también es cortesía de Antonio Barrero) WOW, que reliquia, válgame. ¡El pie sagrado de mi santita! La verdád no pense que existieran ya reliquias suyas. Gracias. Ademas gracias por cualquiera información al respeto, te agradezco muchísimo que me ayudes a saber mas de mi santita querida.

Respuesta: De nada, es un placer ayudar. Para eso estamos aquí.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

“Santa Barbara” (2009): crítica de una adaptación cinematográfica

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Portada de la película en su edición en España.

Portada de la película en su edición en España.

A los que nos apasionan las vidas de los Santos, no nos disgusta verlos más allá de los soportes habituales donde solemos verlos: los libros y el arte. El cine, invento contemporáneo que más de un retrógrado ha criticado como fuente de perdición espiritual, ha servido maravillosamente como plataforma de difusión y promoción del conocimiento de las vidas de los Santos. Se han hecho trabajos estupendos y trabajos menos estupendos, de ambas clases he visionado yo unos cuantos, pero hoy quisiera dar inicio a una serie de críticas cinematográficas que considero serán amenas de leer e incitarán -que es lo que pretendo- al visionado de estas películas. Daré inicio a la serie con la crítica y comentario de la película “Santa Barbara”, emitida en televisión por el canal italiano Rai1 el 4 de diciembre de 2009, y que visiona la versión particular de la vida de la mártir homónima, una de las Santas más veneradas por la cristiandad de todos los tiempos.

Ficha técnica
Título: Santa Barbara
Web oficial: http://www.santabarbara.rai.it
Año: 2009
Duración: 1 hora 51 minutos
Productora: Lux Vide
Colaboración: Rai Fiction
Director: Carmine Elia
Reparto: Vanessa Hessler (Bárbara), Massimo Wertmuller (Dióscoro), Thomas Trabacchi (Marciano), Laura Glavan (Juliana), Simone Montedoro (Claudio), Luciano Virgilio (Policarpo), Massimo Bonetti (Marcelino), Sergio Albelli (Tito), Ivan Alovisio (Livio), Paola Benocci (Sara), Gabriele Anagni (Crio), Yassine Ben Gamra (Cayo), Jamel Medano (Saúl).

Sinopsis
“Al ver tu cielo, hechura de tus dedos,
la luna y las estrellas, que fijaste Tú,
¿qué es el hombre, para que de él te acuerdes?
¿qué es el hijo del hombre, para que de él te cuides?
Apenas inferior a un dios le hiciste,
coronándole de gloria y de esplendor”

(Salmo 8, 2-6).

“Santa Barbara” no es sólo una historia de fe. Es un drama familiar que se convierte en el símbolo de un choque entre culturas, cuyos resultados están destinados a cambiar para siempre la faz de Occidente. El testimonio de Santa Bárbara marca el traspaso del mundo pagano al cristiano. La fuerza de una joven mujer revela la impotencia de un imperio. Es el inicio de una nueva era.
En el año 303 d.C, Bárbara es la bella hija, de veinte años de edad, de Dióscoro, gobernador en tiempos de una feroz persecución cristiana. Ella es pagana, pero cuando Juliana, una esclava criada junto a ella como una hermana, es condenada a muerte por su fe cristiana, Bárbara se rebela.

Trailer:

Resumen y crítica
ATENCIÓN: A partir se este punto se desvelan detalles importantes de la trama (spoilers).
Esta película pretende ser una versión de la vida de Santa Bárbara, virgen y mártir cristiana de la Antigüedad, ampliamente conocida y venerada desde entonces. En principio, lo que uno esperaría de una película sobre la Santa, es que se tratase de una adaptación cinematográfica de la passio de la Santa, es decir, de la leyenda en torno a su vida y martirio (ver artículo para más información). Aún así, habría que advertir y recordar a los telespectadores que se trata de una ficción, ya que realmente desconocemos el mínimo detalle acerca de la vida real de la Santa. Sin embargo -y ésta es una de las primeras decepciones con las que se encuentra el espectador- la presente película no se trata, en ningún caso, de la adaptación de la passio de la Santa, sino que es una versión nueva y totalmente libre de los guionistas, lo que añade incluso mayor riesgo a la producción. La trama es enteramente inventada, no basándose más que en unos pocos detalles en la passio, por lo que los que esperen ver la historia de la Santa tal cual la han leído en los libros y la han visto en cuadros y esculturas, deben saber que no van a encontrar tal cosa, sino una historia totalmente nueva, inventada por los guionistas para la película.

¿Qué utilidad tiene, pues -se preguntará más de uno- la presente película, si no sirve para dar a conocer la passio y el culto de la Santa tal cual lo conocemos? Eso queda a juicio del espectador, pero para ello hay que visionarla. Daremos un rápido recorrido sobre la trama -únicamente no desvelaremos el final- y una crítica en general, y cada cual, que juzgue por su cuenta.

La actriz y modelo italoamericana Vanessa Hessler interpreta a la Santa en esta película de Rai Fiction.

La actriz y modelo italoamericana Vanessa Hessler interpreta a la Santa en esta película de Rai Fiction.

La trama
Bárbara (Vanessa Hessler) es la joven y hermosa hija de Dióscoro (Massimo Wertmuller), gobernador romano afincado en Scandriglia (Italia) después de enviudar, hace muchos años, en Nicomedia, donde nació su hija. La madre de Bárbara, la cual nunca es mencionada por el padre, murió cuando ella era muy niña de enfermedad. Dióscoro, que ama con locura a su hija, la ha criado como una mujer libre y culta -si es que esto era posible en el contexto histórico en el cual pretende desarrollarse la película, cosa que dudo. Culta sí, pero libre…- que asiste a las clases de astronomía del maestro Policarpo (Luciano Virgilio) junto a su esclava Juliana (Laura Glavan), que se ha criado con ella y a la que quiere como una hermana. Entretanto, Bárbara no se priva de aplicar los conocimientos aprendidos en la escuela, y realiza constantes experimentos, como el proyecto de un pararrayos hecho con lanzas para alejar el peligro del relámpago de su hogar.

Todo parece transcurrir en paz y armonía hasta la llegada del prefecto Marciano (Thomas Trabacchi), quien ha sido enviado desde Roma para “probar” la lealtad al Imperio por parte de Dióscoro, en cuyo territorio está proliferando la secta de los cristianos. Con él viene un regimiento de soldados comandado por Claudio (Simone Montedoro), un apuesto lugarteniente que se enamora de Bárbara nada más verla y a la que, por ser hija del gobernador, no se atreve a cortejar formalmente. Bárbara también se enamora de él, pero no queda más tiempo que dedicar a un floreciente romance, porque de pronto y de la mano de Marciano, estalla la persecución en la tierra gobernada por Dióscoro.

Marciano convoca a los habitantes de la ciudad en el foro y los insta a cumplir el edicto de Diocleciano: sacrificar a los dioses reconociendo la divinidad del emperador. Él mismo da ejemplo arrojando un puñado de incienso en un gran brasero. Pero entonces, un grupo de personas, entre las que está la misma Juliana y su novio, Livio (Ivan Alovisio) se adelanta y rechazan formalmente el sacrificio, declarándose cristianos. De inmediato son apresados y encarcelados con la amenaza de que, si al día siguiente no sacrifican, serán ejecutados.

La actriz rumana Laura Glavan interpreta el papel de Juliana, la esclava cristiana de Bárbara, que se resiste a sacrificar a los dioses.

La actriz rumana Laura Glavan interpreta el papel de Juliana, la esclava cristiana de Bárbara, que se resiste a sacrificar a los dioses.

Para Bárbara la situación se convierte en una pesadilla e inicia una loca carrera con tal de salvar la vida de Juliana y de los otros cristianos, que son compañeros suyos de la escuela de Policarpo. Primero queda consternada porque nada sabía del tema, ellos le dicen que le ocultaron su fe para protegerla, por ser hija de Dióscoro. Bárbara no comprende por qué se oponen a un acto tan simple y absurdo como arrojar un puñado de incienso en un brasero; pero mucho menos comprende el por qué deben morir por no hacerlo. En vano intenta convencer una y otra vez a su padre y al prefecto Marciano para que no los ejecuten, será inútil. Para escarmentarla, Marciano manda encerrarla en prisión con los cristianos, esperando que la noche pasada en la celda la asuste. A Dióscoro le justifica su acción diciendo que así logrará convencerla del fanatismo de los cristianos, de hecho, le ha prometido casarse con ella para honrar a su familia y dar así muestra de su buena voluntad con él.

En la celda, Bárbara intenta de nuevo convencer a los cristianos de que acepten el sacrificio para poder salvar la vida. Será inútil. El Dios al que ellos adoran no consiente sacrificios paganos ni que se reconozca la divinidad de un hombre mortal. Finalmente, Bárbara es liberada y, aunque intenta de nuevo interceder para salvar la vida de Juliana, finalmente su querida esclava es ejecutada ante sus ojos sin que ella pueda evitarlo, después de rechazar nuevamente sacrificar a los dioses y reconocer la divinidad del emperador.

Profundamente traumatizada por lo que ha visto, Bárbara se enfrenta a su padre: después de una ardua discusión en la que Dióscoro le echa en cara que su madre no murió de enfermedad, como le dijo cuando era niña, sino que se hizo cristiana y huyó del hogar, abandonándolos a ambos; Bárbara se niega a casarse con Marciano, “un asesino que mata inocentes”, escapa del cuarto donde Dióscoro la tiene encerrada, se cuela en prisión y logra liberar a los cristianos y a Claudio, que había sido encarcelado por desobedecer a Marciano, pues le había ordenado dar el golpe mortal a Juliana y él, por amor a Bárbara, se había opuesto. En la huida, Claudio es gravemente herido y apenas pueden llegar los fugitivos a casa del obispo Marcelino (Massino Bonetti), quien oculta bajo el sótano de su hogar toda una comunidad entera de cristianos perseguidos.

Los actores italianos Thomas Trabacchi (izqda.) y Simone Montedoro (dcha.) interpretan al prefecto Marciano y su lugarteniente Claudio, respectivamente.

Los actores italianos Thomas Trabacchi (izqda.) y Simone Montedoro (dcha.) interpretan al prefecto Marciano y su lugarteniente Claudio, respectivamente.

Mientras vela a Claudio, enfermo y convaleciente, Bárbara conoce la religión cristiana a través de Sara (Paola Benocci), quien a su vez conoció a su madre. Es ella quien le revela la auténtica verdad acerca de su madre: ella fue cristiana, en efecto, pero no la abandonó como Dióscoro había dicho, sino que durante una epidemia de tifus que se había declarado en la ciudad, él mandó encerrar a todos los contagiados en un lazareto y ordenó que nadie entrase ni saliese de allí, para prevenir el contagio. Así, abandonó a gran cantidad de hombres, mujeres y niños a morir de hambre y de sed, además de la enfermedad. La madre de Bárbara, rebelándose ante el mandato de su marido, entró en el lazareto para cuidar a los cristianos contagiados: ella misma salvó la vida de Sara, curándola con sus cuidados. Pero para cuando quiso salir del lazareto, no pudo hacerlo debido a la orden de Dióscoro que prohibía tanto entrar como salir del mismo, para evitar el contagio. La madre de Bárbara se contagió del tifus y murió. Al saberlo, Dióscoro dio orden de quemar su cadáver.

Para Bárbara, descubrir el auténtico destino de su madre sólo le confirma la obsesión de su padre con cumplir la ley y ser fiel al Imperio, cayese quien cayese. Aún así, en el interior de su corazón lo sigue queriendo, y le perdona.

Cuando Claudio empeora considerablemente debido a la alta fiebre y la infección de su herida, Bárbara se desespera: perdió a su madre, perdió a Juliana, y ahora va a perderlo a él también. Sin saber cómo ni por qué, se encuentra por primera vez rezándole al Dios de los cristianos, al que le suplica que salve la vida de Claudio. Cuando en efecto, el soldado mejora, recuperándose rápidamente de la fiebre, Bárbara lo interpreta como una señal ineludible: el Dios de los cristianos la ha escuchado. Ella también será cristiana. Guiada por el obispo Marcelino y por la comunidad cristiana, Bárbara acepta la fe de Cristo y es bautizada.

Bárbara (Vanessa Hessler) en prisión, molestada por los soldados de Marciano.

Bárbara (Vanessa Hessler) en prisión, molestada por los soldados de Marciano.

Entretanto, Claudio se ha recuperado casi totalmente y por fin se ve libre para mostrar su amor por Bárbara. Le hace propuesta de matrimonio y elabora planes para que ambos huyan juntos y se establezcan en Liberia, donde cultivarán el grano. Pero Bárbara ya sabe que eso no podrá ocurrir: los soldados enviados por su padre y por Marciano la están buscando y un día casi descubren el escondrijo donde se ocultan los cristianos. Dándose cuenta de que es ella quien está poniendo en peligro a la comunidad entera, y no queriendo que por su causa mueran más inocentes, aprovechando una noche que Claudio reposa por su herida, huye del refugio y se entrega voluntariamente a sus perseguidores.

El último viaje de Bárbara no tendrá retorno, y ella lo sabe. Sobornado por Dióscoro, un oficial entrega a la prisionera a su padre. Dióscoro, al saber que su hija se ha hecho también cristiana, monta en cólera, pero como la ama por encima de su propia furia, piensa en cómo ayudarla a escapar y decir a Marciano que ha muerto. Será inútil: uno de los soldados, Cayo Áureo (Yassine Ben Gamra) avisa inmediatamente a Marciano y éste manda capturar a la joven. Después de interrogarla y constatar su conversión, manda encerrarla en prisión con la amenaza de hacerla ejecutar si no entrega a toda la comunidad cristiana y sacrifica a los dioses.

Dióscoro, que ha pasado todo el tiempo debatiéndose entre el amor a su hija y la lealtad al Imperio, finalmente decide que Bárbara es más cara para él que su carrera política, sus propiedades y su prestigio. Pero es tarde para ella: por más que suplica a Marciano, no logra que éste perdone la vida a Bárbara. Y cuando se ve en el trance de contemplar cómo su hija es públicamente azotada y entregada a los soldados de Marciano para que la violen, toma una drástica y terrible decisión.

Bárbara en la escuela de astronomía del maestro Policarpo (Luciano Virgilio).

Bárbara en la escuela de astronomía del maestro Policarpo (Luciano Virgilio).

Semejanzas y divergencias con la passio
Quienes conozcan la passio de la Santa o estén familiarizados con su leyenda, habrán constatado la notable diferencia del argumento de la película con el relato que todos conocemos. Sin embargo, hay más de un “guiño” a la passio que el director ha rehusado adaptar: el patronazgo de la Santa como protectora contra las tormentas queda esbozado en esa Bárbara que hace experimentos con pararrayos para alejar los relámpagos del hogar paterno. Asimismo, se ha hecho que sea una mujer culta, conocedora de la astronomía, un aspecto que se esboza apenas en la Leyenda Áurea y que en realidad es más propio de la mártir Santa Catalina de Alejandría, quien a su vez es equiparada con la filósofa Hipatia. Se han mantenido, naturalmente, los nombres de los personajes principales -Bárbara, la Santa; que mantiene su nombre a pesar de que carecería de sentido alguno que una dama romana se llamase así, puesto que la palabra significa “extranjera” y, como viene expuesto en el artículo arriba enlazado, revela la total ignorancia del auténtico nombre de la Santa; Dióscoro, su padre y gobernador; y Marciano, el prefecto-.

Pero a partir de aquí todo lo demás son divergencias y libre interpretación del director. Juliana, que en la passio es una mujer prisionera con Bárbara que decide mantenerse fiel a Cristo al ver los sufrimientos de ella, de modo que ambas acaban siendo torturadas y ejecutadas juntas; es aquí convertida en una esclava amiga de la Santa, cuya ejecución es la que mueve a Bárbara a rebelarse contra el sistema establecido. El resto de personajes son enteramente inventados, especialmente el apuesto Claudio, cuyo romance apenas insinuado con Bárbara es simplemente un gancho para atraer al público, que el martirio de ella interrumpirá trágicamente.

Las interpretaciones de los actores son bastante normalitas, ciñéndose al papel con la seriedad habitual. No destaca especialmente ninguna actuación y mucho menos la de la actriz principal, Vanessa Hessler, cuyo mayor mérito -al menos en este film- es su deslumbrante belleza física, que es recordada constantemente al espectador durante la película. Incluso en la actuación de Thomas Trabacchi como Marciano hay cierta sobreactuación malévola, propia de las mejores películas del género peplum, pero que mejora notablemente las planas actuaciones del resto del reparto, que pasan sin pena ni gloria. Si acaso, destacaría la intervención de Massimo Wertmuller como Dióscoro como la más brillante de todas, ya que el espectador acaba doliéndose y sintiendo el sufrimiento de ese padre desgarrado entre el amor y el deber, que se ve finalmente incapaz de salvar la vida de su hija. Esto también es un cambio notable respecto a la passio de la Santa, donde Dióscoro aparece perfilado como un malvado que golpea a su hija y que acaba decapitándola con su propia espada, ciego de odio contra ella. Nada que ver con el Dióscoro que vemos en la película, mucho más creíble; por lo que este cambio respecto a la passio sí se agradece.

El actor italiamo Massimo Wertmuller interpreta a Dióscoro, padre de Bárbara.

El actor italiamo Massimo Wertmuller interpreta a Dióscoro, padre de Bárbara.

Como toda película de ambientación histórica, dicha ambientación dista de ser perfecta. Aunque los decorados y el vestuario son bastante vistosos y podrían dar el pego -de hecho, se han cuidado muchos detalles que normalmente se ignoran en los peplum-, una servidora no para de encontrar algunos fallos leves en los mismos. Hay algún error en las armaduras de los soldados y en las vestimentas de los personajes -que, a pesar del esmero en algunos detalles, no distinguen claramente entre castas sociales-. No se ha investigado ni respetado mucho la vestimenta de los patricios romanos, ni la adecuada indumentaria militar de la guarnición de Marciano, ni mucho menos las calidades, colores y telas de cada grupo social, especialmente de los esclavos. Todo ha respondido a un dudoso criterio estético, vistoso y agradable a la vista, pero sin rigor histórico. De hecho, resulta gracioso ver cómo a Bárbara se la ha vestido únicamente de blanco y azul; precisamente los colores que más favorecen a Hessler por ser rubia y pálida, cuando las damas patricias usaban otras gamas de colores más vistosas. Juliana, que debería ir ataviada como una esclava, lleva un vestido incluso más llamativo y elegante que el de su ama y no se lo cambian en absoluto en toda la película, así como tampoco al resto de los personajes. Hay apenas un cambio de vestuario o dos para los personajes principales, nada más, lo que quita realismo a la película. Si hablamos de los peinados, esto se repite: Bárbara va completamente “desgreñada” la mayor parte de la película, cuando sabemos que las damas romanas se hacían peinar cuidadosamente cada mañana por sus esclavas y hemos conservado no pocos “recogidos” en la estatuaria femenina romana que permite documentar diversas modas. Lo mismo sucede con el elaborado maquillaje que usaban también las nobles romanas: en la película brilla por su ausencia.

Por no hablar de ya clásicos fallos de decorado como representar los templos y estatuas de los dioses completamente blancos, como están en la actualidad -pero en esa época, estaban enteramente policromados-; el no respeto ni documentación absoluta de los procesos judiciales romanos -¡a pesar de que conservamos actas fidedignas del interrogatorio y juicio de varios mártires!-, reduciéndose todo a un breve intercambio de frases totalmente dramatizadas para el guión. En el momento de las escenas de tortura y ejecución, nos encontramos con auténticos despropósitos, como que una esclava es decapitada con hacha sin pasar por la tortura, mientras que una patricia sí es torturada -¡algo carente de todo rigor histórico!-; una ridícula escena de azotamiento con un látigo que parece comprado en una sexshop -¡a pesar de todo lo que sabemos acerca de la flagelación! Y de haber vivido escenas terribles y mejor documentadas en pantalla sobre el tema, por ejemplo, en La Pasión de Mel Gibson (2004)- y otros despropósitos varios, como el ordenar a un soldado que realice una ejecución con hacha -que era tarea exclusiva de los verdugos profesionales- o el que la hija de un gobernador vaya paseando tranquilamente por ahí sin acompañamiento de una esclava o eunuco, o sea vista hablando a solas con un soldado. Siendo ya que se han tomado el libre albedrío para el guión, podrían haber cuidado todos estos detalles, fácilmente asumibles con el asesoramiento de un buen historiador.

El tinte azul índigo que decora el vestuario de Hessler a lo largo de la película se usaba en la antigua Roma más para maquillaje que para ropa. Sin embargo, en ningún momento aparece maquillada.

El tinte azul índigo que decora el vestuario de Hessler a lo largo de la película se usaba en la antigua Roma más para maquillaje que para ropa. Sin embargo, en ningún momento aparece maquillada.

Al final, lo que rodea al martirio de Bárbara y Juliana no está carente de cierto edulcoramiento irreal por parte del director y los guionistas, que no olvidemos, han hecho una película fundamentalmente edificante. Algunos temas tabú, como la desnudez y la tortura bien representadas, son eludidas en la película, al resultar violento y poco edificante el presentar a una mujer desnuda y maltratada en pantalla. Otros temas igualmente tabú, como la violación ritual de una virgen previo al martirio, sí son apenas insinuados, pero de forma incoherente: en el caso de Juliana, esclava sin dignidad, no se da; y en el de Bárbara, patricia hija de un gobernador, se plantea después de la tortura y no antes, lo que sería una ilegalidad. El edulcoramiento prosigue con el romance apenas desarrollado de Bárbara y Claudio, que no tiene ocasión de ir más allá.

La comunidad cristiana no deja de ser retratada con cierta idealización, así como la conversión de Bárbara. En este aspecto, hay un punto que chirría notablemente, y es que Bárbara no se hace cristiana porque se la instruya en la doctrina y en la fe de Cristo. Se convierte porque Claudio sana. A partir de ahí, hay una escena relámpago en la que es bautizada sin haber pasado por ningún período de instrucción ni catecumenado, cuando sabemos que éste era especialmente prolongado en el caso de los conversos. De hecho, ni siquiera en la conversación con el obispo Marcelino se vislumbra ninguna instrucción, no se habla prácticamente nada de la fe cristiana, sólo se habla del amor y del perdón. Se puede decir que Bárbara abraza la fe, más que por lo que ésta le aporta, por admiración de ver cómo los cristianos se aman entre ellos.

Finalmente, y después de la enumeración de errores y divergencias, hay que resaltar los puntos fuertes de la película: en general, una excelente ambientación, con una banda sonora bellísima; una trama creíble, que engancha y atrapa, considerablemente más verosímil que la leyenda que nos transmite la passio, a pesar de todo lo que quedó por desarrollar. Una historia preciosa que culmina con un terrible final, edulcorado, efectista, ñoño y estereotipado si lo comparamos con la brutal cadena de torturas y humillaciones sufrida por la Santa en la passio, pero es que simplemente, se trata de un tema tabú que no hay valor para abordar. Una representación gráfica y fiel de una mujer brutalmente torturada de esa manera dejaría a La Pasión de Mel Gibson, una de las películas más crueles y sangrientas del cine cristiano, al nivel de cuento de hadas. Y aún La Pasión ha sido duramente criticada por su crueldad, pues, ¿qué reacciones suscitaría el ver a una mujer tratada así o peor en pantalla? Sin embargo, eso es una mártir; y no tanto la dulce Bárbara que vemos en esta película, que compra muy barato el ir a gozar de Dios, como diría Santa Teresa: apenas unos azotes y una muerte rápida y misericordiosa, muy poca cosa, en realidad. Diríase, viendo su idealizado tránsito, que el martirio es algo fácil, cuando es totalmente lo contrario.

Bárbara, hija de Dióscoro, y su esclava Juliana. Es curioso ver cómo la esclava lleva la ropa más elaborada y de tintes más caros, y el ama la ropa más simples y sin tintar. En la realidad histórica, esto hubiese sido completamente al revés.

Bárbara, hija de Dióscoro, y su esclava Juliana. Es curioso ver cómo la esclava lleva la ropa más elaborada y de tintes más caros, y el ama la ropa más simples y sin tintar. En la realidad histórica, esto hubiese sido completamente al revés.

Conclusiones
No se trata de la película definitiva sobre la Santa ni mucho menos, pero honestamente, ha sido un buen intento y vale la pena visionarla. Teniendo en cuenta que nada se sabe con certeza sobre la vida terrena de la Santa, esta apuesta es tan legítima como una adaptación fiel a la passio. Sin embargo, el espectador que no esté al tanto de la passio y culto de la Santa puede caer en el error de creer que lo que está viendo es un documental fidedigno sobre la vida de la Santa, cosa que no es, y que seguiría sin ser aún adaptando fielmente la passio. De Santa Bárbara no sabemos ni sabremos nada nunca, pero, entretanto, este tipo de trabajos nos ayudan a soñar con ella y a invocar su intercesión.

Por cierto, es notable y curiosa la ubicación de la acción de la trama -Scandriglia, Italia- y la mención final del traslado de las reliquias de la Santa a la catedral de Rieti, lo que confirma que los realizadores de la película han apostado por la tesis italiana de la ubicación del cuerpo de la Santa, cuando, de hecho, hay muchas otras localidades que se disputan tener el auténtico cuerpo de Bárbara y el asunto no está resuelto, ni mucho menos. Pero como buenos italianos que son, hay que barrer para su casa, ¿no?

En fin, que animo a todos a ver esta película, con sus aciertos y sus fallos, y a disfrutarla; porque se disfruta y mucho. Es una buena apuesta de cine cristiano y no está nada mal, porque abordar el tema de los mártires de la Antigüedad siempre es complejo por la falta de documentación histórica y la dificultad de recrear una época muy alejada en el tiempo.

Toma general del sacrificio público, que permite ver algunos detalles de la escenografía.

Toma general del sacrificio público, que permite ver algunos detalles de la escenografía.

A pesar de que la película se emitió en la televisión italiana con motivo de la fiesta de la Santa, el DVD se vende por Internet. El audio está en el original italiano, no hay una versión doblada, pero sí hay subtítulos, en castellano e inglés, entre otros.

Os dejo aquí la película, esperando que os animéis a verla cuando tengáis un rato y que luego dejéis aquí vuestras opiniones. Está en italiano con subtítulos en castellano, por lo que no tendréis problema en entenderla. En resumen: le doy un 7 sobre 10. Se quedó corta en muchos aspectos y falló en otros muchos, pero es agradable, entretenida, conmovedora y edificante, con lo cual cumple de sobras su objetivo.

LO MEJOR: Ambientación, banda sonora, trama creíble, personajes muy humanos. La interpretación de Massimo Wertmuller como Dióscoro, padre de Bárbara.
LO PEOR: No se ha respetado la passio original de la Santa y hay algunos fallos históricos de decorado, procesos y vestuarios en la adaptación.

Meldelen

Santa Barbara

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Bárbara: la mártir que vino de Oriente

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Santa auxilia a un minero agonizante. Óleo de August Von Heyden. Parroquia de Santa María de Dudweiler (Alemania).

Hoy, día 4 de diciembre, celebramos a otra de esas grandes mártires de la Antigüedad cuya presencia en la cultura cristiana ha sido constante, tanto en la tradición como en la iconografía. Probablemente todos hemos oído citar a Santa Bárbara más de una vez o la hemos visto en iglesias, capillas y estampas. Su popularidad es tal que siempre nos ha acompañado de algún modo, y además recibe igual veneración por parte de los cristianos católicos que de los ortodoxos (quienes la incluyen con la categoría de Gran Mártir al nivel de Santa Catalina, San Jorge y otros). Hablemos de ella.

La historia que conocemos es extremadamente popular, sin embargo, antes que nada cabe puntuar que ésta procede de la síntesis de diversos textos diferentes, escritos originalmente en griego y traducidos luego varias veces al latín, con las variaciones y alteraciones de los textos originales que ello ya supone. Y aun en estos mismos textos encontramos muchas divergencias y contradicciones, de modo que en general, tienen muy escaso valor histórico y son de matiz claramente legendario. Pero vamos a repasar esta síntesis de la que hablo.

Según este relato, Bárbara era la joven y hermosa hija de un sátrapa –administrador- de una provincia de Asia Menor llamado Dióscoro, quien la hizo encerrar en una torre. Ella, ansiosa de Cristo, encontró el modo de comunicarse con el sabio Orígenes, quien le mandó un ministro suyo para instruirla en la fe y bautizarla. Otras versiones de este mismo texto dice que fue ella sola la que se instruyó y bautizó (¡!) sumergiéndose en la piscina de su casa; o incluso, que Jesús se le apareció y la bautizó Él mismo, o que envió a San Juan Bautista para bautizarla (sirva esto de ejemplo para ver cómo difieren unos textos de otros). La torre donde vivía tenía dos ventanas, y ella mandó a unos albañiles abrir una tercera. Cuando su padre le preguntó por qué había dado tal orden, ella respondió que con esas tres ventanas quería honrar a la Santísima Trinidad. En esto Dióscoro montó en cólera y la amenazó con la espada, ella huyó, pero fue delatada por unos pastores y entregada al padre, y como éste no la pudiese hacer desistir de su fe, la entregó al gobernador local, un tal Marciano.

Éste recurrió a todo tipo de tormentos para castigar a la joven: fue azotada, quemada, desconyuntada en el potro, le echaron sal en las heridas, se las hurgaron y abrieron todavía más, le golpearon la cabeza con martillos, le arrancaron los pechos con tenazas. Ninguno de estos salvajismos venció la voluntad de Bárbara, y admirada por esto, una mujer que observaba su tormento, de nombre Juliana, confesó su fe y se unió a ella en el martirio. Ambas fueron nuevamente torturadas, paseadas desnudas por la ciudad a la vista del populacho entre pedradas e insultos, y finalmente decapitadas. Dióscoro en persona se encargó de matar a su hija, por lo que cayó un rayo del cielo que le fulminó al instante.

Martirio de la Santa. Óleo de Antonio Concioli. Catedral de Rieti (Italia).

Martirio de la Santa. Óleo de Antonio Concioli. Catedral de Rieti (Italia).

Éste es el relato, que, con más o menos detalles, ha llegado a nosotros. Pero, ¿hasta qué punto es creíble? Las contradicciones y divergencias, por desgracia, no pintan un panorama muy halagador. Por ejemplo, la fecha del martirio: algunos de esos textos dicen que murió en tiempos de Maximino el Tracio (235-238), otros, bajo Maximiamo (286-305) y otros bajo Maximiano Daia (308-313), coincidiendo, por tanto, con la fecha propuesta para el martirio de Santa Catalina. Pero parece que estos bailes de fechas y emperadores los motive que éstos tengan nombres tan parecidos o se hayan hecho malas traducciones.

Tampoco hay ningún consenso a la hora de establecer el lugar: unas versiones dicen que era de Antioquía, otras, de Nicomedia, y otras de Heliópolis. De hecho, el mismo nombre Bárbara, que no es más que un seudónimo, da a entender que ni siquiera era romana de origen (“barbara”, tanto en griego como latín, significa “extranjera”). Este apelativo, no sin cierto componente despectivo, ha llegado a nosotros como su auténtico nombre, cuando en realidad, desconocemos absolutamente cómo se llamaba.

Hasta ahora he hablado de las versiones griegas, pero si pasamos a los manuscritos en latín, las cosa se complica: éstos sitúan su martirio en la región italiana de Toscana (¡!), o incluso en Egipto, como se deduce de la cita del Martirologio de Adón: “En Turcia, el martirio de Santa Bárbara virgen bajo el emperador Maximiano.” Con lo cual podemos deducir, tristemente, que ante tanto baile de datos y fechas, no podemos concederle mucha credibilidad a esta multi-passio de mil versiones latinas y griegas.

Si acaso, la teoría del origen egipcio de la Santa parezca la más verosímil, ya que fue desde Egipto de donde vinieron sus reliquias, llevadas en el siglo VI por el emperador Justino a Constantinopla y posteriormente trasladadas por los venecianos a la iglesia de San Juan Evangelista de Torcello, al menos desde el año 1009.

Su culto experimentó gran difusión en Italia, siendo especialmente venerada en Toscana, Umbría, Lazio y Sabina. En el siglo VI ya tenía culto en Roma, pues Juan el diácono nos dice que San Gregorio Magno, cuando monje, acudía a rezar al Oratorio dedicado a ella, así como la existencia de otros oratorios similares, nos dice también el Liber Pontificalis respecto al siglo IX.

Vista del altar-sepulcro de la Santa en la cripta de la catedral de Rieti, Italia.

Vista del altar-sepulcro de la Santa en la cripta de la catedral de Rieti, Italia.

Se la invoca contra la muerte repentina, en alusión al padre fulminado por un rayo; de modo que la tradición acabó añadiendo que ella, antes de la muerte, prometió auxilio especial a quien la invocara en peligro de muerte sin confesión. Es por eso que aparece portando el Viático, primero en forma de cáliz, y a partir de la época barroca, en forma de custodia. Por este patronazgo de auxilio sacramental en peligro de muerte, fue escogida como una de los Catorce Santos Auxiliares de la tradición germana.

Empezó siendo representada junto a un pavo real, símbolo de inmortalidad, pero posteriormente se ha llegado a decir que eso se debe a que su padre la golpeaba con varas hechas de pluma de pavo entrelazadas, o que los flagelos, al impactar contra su cuerpo, se tornaban plumas de pavo y por tanto, la acariciaban sin herirla (¡!). Es muy posteriormente, conforme la leyenda se va agrandando y añadiéndose más detalles, cuando empieza a representarse con la torre, recordando que fue prisionera, con sus tres ventanas en honor a la Santísima Trinidad.

Más detalles sobre su iconografía: el cañón. Ella es patrona de todas aquellas profesiones que manejan el fuego y la pólvora (de hecho, el polvorín de un barco recibía el nombre de “santabárbara”). Hay muchas teorías en torno a esto, pero lo más probable es que todo ello proceda del rayo que mató a su padre: estallido, luz, fuego, trueno. Y a partir de ahí, su patronazgo sobre artilleros, militares, bomberos, mineros; su advocación contra las tormentas, contra los incendios… que todos conocemos de sobra. Gracias a estos colectivos de profesionales, el culto a la Santa ha seguido muy vivo hasta hoy.

Si su passio y su culto e iconografía no están exentos de controversia, lo mismo ocurre con sus reliquias. Ya hemos dicho que en Torcello están sus reliquias procedentes de Constantinopla, y así lo atestiguan los documentos datados, a lo más antiguo, en 1009. Pero también la ciudad italiana de Rieti dice poseer el cuerpo de la Santa, y lo mismo sucede con la ciudad de Kiev, en Ucrania, ya en ámbito ortodoxo. Los habitantes de Rieti sostienen que Bárbara habría padecido martirio en Scandriglia, ciudad próxima a ella, según reza una de los textos latinos; y lo mismo defienden los ortodoxos de Kiev, diciendo que el cuerpo les llegó directamente de Constantinopla, traído por el príncipe Miguel Izyaslavitch, quien lo dejó en la catedral de San Vladimir, donde aún se venera. En resumen, ¿quién tiene el auténtico cuerpo de la Santa? Torcello tiene todas las papeletas de ser la opción más verosímil, pero la polémica está servida.

Detalle de la urna con el cuerpo de la Santa expuesto a la veneración de los fieles. Catedral ortodoxa de San Vladimir, Kiev (Ucrania).

Detalle de la urna con el cuerpo de la Santa expuesto a la veneración de los fieles. Catedral ortodoxa de San Vladimir, Kiev (Ucrania).

En resumen: sobre la existencia histórica de Bárbara, mártir oriental, no cabe duda. Su culto y la certeza de su naturaleza de mártir están muy arraigados desde el siglo IV, por lo que podemos estar seguros de que existió y de que padeció martirio. Pero el relato (los relatos) que conocemos de ella, y de los cuales derivan su patronazgo e iconografía, son mucho más tardíos y son simples narraciones fabulosas sin credibilidad.

Debo concluir, finalmente, comentado que existe, además, otra Santa Bárbara, dicha de Cagliari, una mártir sarda que tiene veneración en  algunas localidades de Cerdeña desde el hallazgo de su sepulcro. Aunque no comparten iconografía, es fácil confundirlas por su nombre y su representación con la palma del martirio y la garganta cortada.

Dejo el tráiler de una película realizada por los parroquianos de Paternò (Italia) en honor a su santa patrona, que es Santa Bárbara. Además, los que quieran ver una producción más amplia, ambiciosa y diferente sobre la vida de esta mártir, les recomiendo este artículo.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es