Beata Ana María Taigi, madre de familia

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Estampa devocional de la Beata.

Estampa devocional de la Beata.

Cuando el pasado 5 de febrero escribíamos sobre la Beata Isabel Canori Mora, algunos compañeros, haciendo comparación con la Beata Ana María Taigi, nos solicitaban escribiésemos sobre ella. Hoy lo hacemos.

Ana María Antonia Gesualda nació en Siena el 29 de mayo del año 1769, siendo la única hija del matrimonio formado por Luís Giannetti y Santa Masi. El padre era boticario pero por diversos problemas pedió todos sus bienes, por lo que se vieron obligados a emigrar a Roma donde trabajaron de manera eventual, de forma no continuada, en el servicio doméstico de algunas casas particulares, lo cual ocasionaba a la familia no pocos problemas de subsistencia. Ana María fue enviada a la escuela de niños pobres de las Maestras Pías Filipinas de Sant’Agata dei Goti, en la cual adquirió una excelente educación cristiana, pero habiendo contraído la viruela, que le afectó toda la cara, tuvo que abandonar la escuela a la que jamás regresaría.

Se quedó en casa, ayudando a su madre en las tareas domésticas, las cuales compaginaban con la ayuda a los enfermos y a los moribundos. Con trece años de edad hizo trabajos de costura y bordados en casa de dos ancianas que vivían cerca de su casa. El padre, realizaba los trabajos eventuales que salían en la casa de la señora Marini, llevándose en numerosas ocasiones a su hija para que al mismo tiempo le hiciera trabajos de sirvienta. O sea, la familia pasó graves apuros económicos y salía adelante malamente y como podían.

Cuando Ana María tenía algo más de veintidós años de edad, el día 7 de enero del año 1790, se casó en la iglesia romana de San Marcelo al Corso con Domingo Taigi, que era sirviente de la familia Chigi. Los dos jóvenes esposos se fueron a vivir a un pequeño apartamento puesto a su disposición por la familia Chigi. En los primeros años de su vida conyugal e incluso antes de casarse, Ana María fue algo vanidosa en el vestir, frecuentó fiestas y otras diversiones, aunque conservando una cierta modesta vida piadosa. Sin embargo, aun así, años más tarde lloraría amargamente arrepintiéndose de lo que ella denominaba debilidades de juventud. Fue un religioso servita, el padre Angelo, quién la tarde de un día festivo mientras se encontraba en la Plaza de San Pedro, le hizo una educada observación sobre su vanidad, observación que la afectó profundamente, por lo que hizo una confesión general y decidió cambiar de vida dedicándose solo a las cosas de Dios. El padre Angelo se convertiría en su director espiritual. El 26 de diciembre de 1802 ingresó en la Tercera Orden Trinitaria en la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane y varios años más tarde, incluso realizaría la profesión religiosa. De esa manera comenzaba una vida completamente nueva.

Pintura de la Beata recibiendo el escapulario de la Tercera orden trinitaria.

Pintura de la Beata recibiendo el escapulario de la Tercera orden trinitaria.

Su matrimonio se vio alegrado por el nacimiento de siete hijos, de los cuales tres murieron siendo muy niños, pero a los cuales crió y educó de manera amorosa y cristiana. Se preocupó de prepararlos para recibir los primeros sacramentos e incluso para el matrimonio y aun después de casados, continuaba ayudándoles tanto moral como económicamente. Cuando su hija Sofía se quedó viuda siendo muy joven pero con seis hijos a sus espaldas, Ana María los acogió a todos en su casa dedicándose a su cuidado y sostenimiento. La economía familia fue a mejor y, como su salud nunca fue buena, contrató a una mujer para que le ayudase.

Pero por desgracia, a este enorme trabajo familiar se le unió la crudeza y mal carácter de su esposo al cual, en cuarenta y ocho años de matrimonio, jamás le llevó la contraria para que nunca estuviera descontento. Sufrió pacientemente los malos modos de su esposo, que aunque era muy trabajador y nunca la maltrató físicamente, era muy quisquilloso y tenía un carácter muy desagradable y difícil. A todo esto se le juntó las preocupaciones por sus ancianos padres, que también vivían en su casa y a los que cuidaba amorosamente.

Aunque su trabajo familiar era excesivo, agotador, siempre encontraba tiempo para realizar numerosas obras de caridad con los pobres, con los enfermos y asistiendo a los moribundos. Ponía paz donde encontraba desunión, aconsejaba a quienes llevaban mala vida e incluso se desprendía de lo imprescindible para atender a los demás. Su casa era un continuo ir y venir de personas que la buscaban para solicitarle ayuda y consejo y no solo lo hacía la gente humilde, sino incluso personajes eminentes como el cardenal Carlos Pedicini, el obispo Rafael Natali, la reina María Luisa de Borbón y otros. Monseñor Rafael Natali fue quién compuso la primera biografía de la Beata.

Visión de la Beata: el "sol misterioso".

Visión de la Beata: el “sol misterioso”.

Colaboró y tuvo relación con algunos santos como San Vicente Pallotti, San Gaspar del Buffalo, San Vicente María Strambi (a quién pronosticó la fecha exacta de su muerte), el venerable Bernardo Clausi e incluso con la Beata Isabel Canori Mora que también era terciaria trinitaria. Fue siempre una mujer modesta, incansable trabajadora y con una vida espiritual que hacía que siempre tuviera puestos sus cinco sentidos en hacer la voluntad de Dios. Siempre estaba en comunicación con Dios, ya estuviese trabajando ya estuviese orando pues hacía que todo su trabajo fuese una continua oración.

Siendo ya mayor y estando muy fatigosa, el Papa Gregorio XVI le concedió el privilegio de tener un oratorio privado en su casa. Con la edad, su salud fue a peor, con el paso de los años comenzó a tener graves dolores, los cuales sobrellevaba con paciencia y con la ayuda divina, pues siempre gozó de ciertas gracias místicas como otros muchos santos. Era especialmente devota de la Santísima Trinidad, de la Eucaristía y de la Virgen María.

Durante casi cuarenta años, habitualmente tenía visiones: veía un sol misterioso rodeado de espinas que le daba la sensación espiritual de que se encontraba siempre en la presencia divina y que le hacía ver y predecir el futuro. Todo el mundo conocía este don de profecía por lo que muchos recurrían a ella, aunque Ana María solo les hablaba de aquellas cosas referentes a la vida espiritual de las personas que la visitaban. Como curiosidad diré que predijo la muerte de Napoleón Bonaparte. Muchas veces se vio favorecida por éxtasis, oía voces interiores que la animaban y aconsejaban y todo eso, además de producirle una inmensa paz interior, la ayudaba a ofrecer todos sus trabajos a Dios por el bien de las personas, de la Iglesia y del Papa.

Urna de la beata.

Urna de la beata.

Predijo con antelación el día de su muerte. Después de nueve meses de durísimos sufrimientos, murió la noche del día 9 de junio de 1837 estando sola en casa. Tenía sesenta y ocho años de edad y fue sepultada en uno de los cementerios de Roma. El proceso de beatificación se inició pocos años después de su muerte, por lo que en él pudieron testificar muchas personas que la conocieron, entre ellas su propio esposo y sus hijas María y Sofía. Su esposo llegó a testificar diciendo: “Hablaba siempre de Dios sin ser fastidiosa como lo son muchos otros. Con frecuencia, cuando regresaba a mi casa, la encontraba llena de gente desconocida, pero en cuanto mi esposa me veía, dejaba a cualquiera, aunque fuera una gran señora o un prelado el que estuviera con ella, se levantaba y acudía a atenderme con el mismo cariño y solicitud de siempre. Se podía ver que lo hacía de todo corazón pese a mi mal carácter y se habría arrodillado en el suelo a quitarme los zapatos, si yo se lo hubiera permitido. Esa mujer era una felicidad para mí, un consuelo para todos y yo no supe corresponderle. Muchas veces yo llegaba cansado y de mal humor, pero ella siempre se las arreglaba para calmarme y hacerme la vida alegre”. El 18 de enero de 1863 se firmó el decreto de introducción de la Causa, el 4 de marzo de 1906, San Pío X la declaró Venerable y fue beatificada por el Papa Benedicto XV el día 30 de mayo del 1920.

Detalle de las reliquias.

Detalle de las reliquias.

Su cuerpo fue llevado desde el cementerio a la iglesia de la Madonna Della Pace y posteriormente a la basílica de San Crisógono, iglesia asistida por los padres trinitarios y en la cual se encuentran sus restos dentro de una figura yacente de cera. Junto a la iglesia hay un pequeño museo donde se conservan muchos de los libros, ropa y objetos utilizados por ella. Su fiesta se celebra el día 9 de junio. Es la patrona de la Acción Católica Italiana y de las mujeres sometidas a abusos verbales por parte de sus esposos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Giovetti, P., “Madres y místicas: Ana María Taigi e Isabel Canori Mora”, Milán, 1991
– Salotti, C., “La Beata Ana María Taigi según la historia y la crítica”, Roma, 1922
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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