Beatas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa de las Beatas mártires.

Estampa de las Beatas mártires.

El grupo de religiosas mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939) a las que conmemoraré hoy y que fueron beatificadas en Tarragona el pasado 13 de octubre de 2013, pertenecieron al instituto de las Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora, fundadas en 1805 por la Beata María Ana Mogas, que hoy en día se llaman Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, aunque popularmente se las recuerda más por su antiguo nombre. Tienen su casa general en la calle Santa Engracia, nº 40 de Madrid (España), desde donde siempre se han dedicado a la enseñanza y a la sanidad.

Al iniciarse el conflicto bélico, se vieron obligadas a evacuar dicho edificio y pasar a refugiarse en diversas casas de acogida para poder salvar la vida. Sin embargo, hubo tres de ellas que no pudieron eludir la muerte, nuestras Beatas mártires de hoy, a las que vamos a reseñar en estricto orden cronológico de su martirio.

Beata Isabel Remiñán Carracedo
Nació en Seavia de Coristanco, Amboade (La Coruña), el 17 de junio de 1876. Era hija legítima de Francisco Remiñán y Pilar Carracedo, labradores de posición desahogada, siendo bautizada al día siguiente con el nombre de María del Consuelo. Ingresó en la congregación como novicia en 1905, emitió su profesión temporal el 12 de diciembre de 1907 y sus votos perpetuos el 15 de diciembre de 1912 en la Casa Generalicia de Madrid.

Como religiosa, se dedicó siempre a la enseñanza, hasta que, en sus últimos años, una grave enfermedad la retuvo en la enfermería de la Comunidad. Estaba aislada, pues su dolencia, crónica, le producía fístulas en la piel y su aspecto era desagradable. Ella entendió esto como una prueba del Señor y sorprendió a todos con su humildad y espíritu de sacrificio. Al comienzo de la guerra, en marzo de 1936, fue ingresada en el Hospital de la Venerable Orden Tercera, atendida por religiosas de su misma congregación y ocupando la cama 2 de la sala Mártires, donde finalmente le diagnosticaron lupus tuberculoso en la cara.

A pesar de los disturbios políticos en Madrid, se creía que podría permanecer allí como una enferma cualquiera, pero cuando las religiosas enfermeras fueron expulsadas del hospital, sor Isabel se asustó, temiendo por su vida, y se escapó del hospital con ellas, refugiándose en un piso de la calle Arenal que los superiores habían dispuesto. Permaneció allí algún tiempo, pero los registros empezaron a sucederse y ella, cada vez más angustiada, decidió que estaría más segura en el hospital, no queriendo tampoco comprometer a los que la habían acogido. Se despidió de ellos y fue acompañada hasta la Puerta del Sol.

Beata Isabel Remiñán Carracedo (María del Consuelo).

Beata Isabel Remiñán Carracedo (María del Consuelo).

Lo que sucedió a continuación es dudoso: en realidad, nada se sabe con certeza acerca de cuáles fueron las circunstancias de su ejecución y cómo llegó al lugar del mismo. Se cree que intentaba volver al hospital, pero fue reconocida y detenida como religiosa en las puertas del mismo. Según algunos testimonios, las turbas se apoderaron de ella y la apedrearon; según otros, más brutales, la ataron de brazos y piernas a dos camiones y, al arrancar ambos en dirección contraria, destrozaron su cuerpo partiéndolo en dos. O eso se creía, se dijo y se difundió, alentando la anécdota morbosa en un ambiente de creciente pánico y angustia.

Pero en realidad, estos horripilantes testimonios parecen ser descartados ante las circunstancias en que fue hallado su cuerpo. A pesar de que las fuentes de la Congregación dicen que su martirio debió ocurrir el 28 de octubre de 1936, lo cierto es que esto es imposible, pues su cadáver se encontró el 7 de agosto de 1936, lo que hace pensar que su muerte pudo acaecer el día anterior, pero en ningún caso esto hace aceptable la fecha del 28 de octubre. El cuerpo fue hallado en el km. 5 de la carretera de Perales del Río, término municipal de Villaverde, hoy anexo a Madrid. Según el dictamen judicial, la causa de su muerte fue herida por arma de fuego, lo que descartaría los horribles testimonios de apedreamiento o descuartizamiento. Por lo tanto, a la luz de estas evidencias, parece que sería detenida en la entrada del hospital y trasladada al lugar de su fusilamiento por un grupo de milicianos.

A pesar de que las fuentes de la Congregación afirman no conocer el lugar de su tumba, lo cierto es que se sabe que sor Isabel está enterrada en el cementerio de Villaverde. La notable contradicción entre fuentes de la Congregación y otras fuentes puede deberse a que, hasta muy recientemente, la Congregación no había podido localizar su certificado de defunción, ya que el mismo estaba expedido en Villaverde Alto, perteneciente a Getafe. En este documento se da fe de la aparición del cadáver de una mujer, su vestimenta y el hecho de que su documentación la identifica como Consuelo Remiñán Carracedo. Así que, sencillamente, lo que ocurre es que las fuentes pertenecientes a la Congregación no están debidamente actualizadas y mantienen una serie de testimonios e informaciones erróneas que quedan descartadas a la luz de estas evidencias: la mártir murió fusilada en agosto de 1936, y tenía 60 años en el momento de su muerte. Ni su ancianidad ni su grave enfermedad, visible en el rostro, movió a compasión a sus verdugos.

Beata Gertrudis Llamazares Fernández (Dorotea).

Beata Gertrudis Llamazares Fernández (Dorotea).

Beata Gertrudis Llamazares Fernández
Nació el 6 de febrero de 1870 en Cerezales del Condado (León), hija de Agustín Llamazares y Francisca Fernández. Fue llamada Dorotea en honor a la Santa mártir celebrada ese día, y bautizada en 9 de febrero en la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Vistió el hábito de la Congregación el 10 de febrero de 1896 y ese mismo año emitió sus únicos votos como religiosa donada en la casa de Madrid. Se le confió la tarea de portera, atendiendo cotidianamente a las personas que llegaban al convento y encargándose de recibirlas. Era reservada y muy fiel, por lo que se le encomendaban gestiones delicadas y nunca traicionó esa confianza, dejando una profunda huella en todos los que la trataron.

Al comienzo de la guerra, se refugió junto a otras hermanas en un piso de la calle Almirante, llegándose a juntar diversas religiosas entre las que procedían de la comunidad de Vallecas, las de la casa Madre y algunas otras. Algunos vecinos protestaron contra la presencia de tantas monjas, por lo que sor Gertrudis se vio obligada a abandonar el refugio y trasladarse a la portería de la casa de la calle Diego de León, nº 7, junto a otras religiosas. Pero llegaron un grupo de milicianos buscando a una hermana de la portera y la detuvieron también a ella, junto a un sacerdote, siendo los tres introducidos en un coche y llevados “hasta un pinar de la Carretera de la Hortaleza, en cuyo lugar, después de ser bárbaramente maltratados, fueron atados los tres al vehículo que, emprendiendo la marcha, los arrastró hasta el pueblo de Hortaleza, al que llegaron ya muertos y completamente destrozados, siendo pisoteados y profanados los cadáveres por el vecindario rojo” (Fuente: La Dominación Roja en España, Ministerio de Justicia, 1943, pág. 190).

En este caso, el espantoso martirio descrito -muerte por arrastre– tiene un ligero contraste con la documentación hallada en el libro de defunciones del cementerio de Hortaleza. En el folio 84 vuelto, número 13 del archivo del cementerio de Hortaleza, consta: “A las 17 horas del día 14 de agosto de 1936, siendo Juez D. Miguel Morales Cano, apareció en el km 7 y 0 de la carretera de dicha Villa, un cadáver de unos 65 años de edad (…) Llevaba una faltriquera de rayas blancas y negras y dos monederos que contenían: un rosario y dos cédulas a nombre de Dorotea Llamazares Fernández, natural de Cerezales, (León), nacida el 6 de febrero del año 1870, habitante en Santa Engracia, 110 (…) Falleció, probablemente, el 13 de agosto sobre las 13 horas, teniendo destrozo de la región cerebral”. En realidad, tenía 66 años y no parece claro si la herida mortal era consecuencia del arrastre o, más probablemente, producida por arma de fuego. Su cadáver está enterrado en el cementerio particular de las religiosas de la Sagrada Familia de Hortaleza, en una fosa común, mezclado con otros muchos cuerpos.

Beata Asumpta González Trujillano (Juliana).

Beata Asumpta González Trujillano (Juliana).

Beata Asumpta González Trujillano
Nació en El Barco (Ávila), el 19 de junio de 1881, hija de Anacleto González y María del Rosario Trujillano, quienes le dieron el nombre de Juliana. Fue confirmada en la parroquia local el 18 de junio de 1885, sintiendo la vocación probablemente a través de las religiosas que allí acudían a ejercer su apostolado, con las que tuvo trato humano y espiritual. Ingresó como novicia en la casa general de Madrid el 18 de febrero de 1903, emitió sus votos temporales en 1905 también allí y los perpetuos en la casa de La Coruña, en 1910. Junto con sor Asunción, marchó a fundar el colegio de Arenas de San Pedro y allí permaneció tres años como profesora de labores, educando e instruyendo a las niñas en trabajos de costura y bordado. Destinada de nuevo a la casa Madre de Madrid, desempeñó el oficio de sacristana, dedicándose a ello con dignidad y pulcritud. Quienes la conocieron personalmente destacaron su exactitud en el deber, su capacidad de sacrificio por un gran ideal, sus valores espirituales y la acentuación de su intimidad con Cristo.

En julio de 1936, siguiendo las instrucciones de la madre general – María de las Victorias Lage Castrillón- abandona la casa Madre y, junto a ella, se refugia en la calle Barquillo, nº 3, 3ª izquierda, en el domicilio del matrimonio Adolfo Cadaval y Muñoz del Monte y Amalia García Lara. De aquí marchó a una embajada, que se supone que era la de Chile, aunque no se sabe con certeza, acompañada del matrimonio que la había acogido. Quería depositar allí los valores de la comunidad y algún dinero suyo, para salvaguardar las dotes de las monjas. Pero a la entrada de la embajada los tres fueron detenidos por un grupo de milicianos y llevados a la checa de Fomento. Era el 20 de octubre de 1936.

En la checa, sor Asumpta fue alojada en una celda donde había otras mujeres, entre ellas, una religiosa escolapia que era la madre provincial de su instituto en Madrid. Esta monja fue testigo de la inquietud que sufría la mártir, asegurando que no se sentó, sino que se paseaba todo el tiempo rezando Trisagio tras Trisagio y que, de vez en cuando, decía angustiada: “A mí me matan”. A las dos de la madrugada entró un miliciano en la celda con un sobre azul y le dijo: “Tiene la libertad”. Esto debió calmarla ya que, cuando la llamaron, salió tranquila. Poco después, salía también Amalia García, que gritaba pidiendo que la dejaran despedirse de su marido, a lo que le contestaron: “Ya verá a su marido”.

Otra variante de la estampa de las Beatas.

Otra variante de la estampa de las Beatas.

Todo era mentira. Se los llevaron a los tres y los fusilaron el 28 de octubre de 1936. Sus cadáveres no fueron encontrados. Ya terminada la guerra, y por resolución del Ministerio Fiscal, se expidió el certificado de defunción de Juliana González Trujillano. Tenía 55 años de edad. Los nombres de sus compañeros de martirio, el matrimonio que la había acogido y por ello compartieron su destino, no aparecían en el listado de asesinados del libro de Casas de la Vega “El Terror, Madrid 1936”, pero sí en la relación de asesinados del Apéndice IV del libro de César Vidal, “Las Checas de Madrid”.

Beatificación
En octubre de 2000 fue cerrado en Madrid el proceso de beatificación incoado en la diócesis, para elevar a los altares a estas tres religiosas mártires. Dicho proceso fue llevado a Roma para continuar en la Congregación para la Causa de los Santos y, como decía al principio del artículo, han sido finalmente beatificadas el 13 de octubre de 2013.

Meldelen

Bibliografía:
Testigos de la Fe. Asumpta, Isabel, Gertrudis. Folleto informativo de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. Secretariado Beata María Ana.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Ed. Edibesa, Madrid 2006.

Enlace consultado (07/10/2013):
http://www.anamogas.net/

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