Beatas Josefa Ruano y Dolores Puig, religiosas mártires

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Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Pregunta: Buenas tardes, bendiciones desde México, gracias por su blog, que ha sacado de dudas varias interrogantes, el caso ahora es de que no se encuentra casi ninguna información sobre las beatas Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, solo aparece que murieron martirizadas en Buñol, Valencia, pero no más. Ni su vida, ni el detalle de su martirio.

Respuesta: Las dos Beatas por las que me preguntas, amigo, son dos religiosas pertenecientes a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fundada por Santa Teresa Jornet, que murieron mártires durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y, como bien dices, sufrieron martirio en tierras valencianas, aunque una era andaluza y la otra catalana. De hecho, son dos de las cuatro mártires que tiene esta Congregación, muy querida en España a nivel popular al estar dedicada al cuidado de los ancianos desvalidos y siempre con estrecho contacto con las clases sociales más desfavorecidas, de fundación española -la fundadora era también catalana-; las otras dos mártires, pertenecientes a la casa-asilo de Barbastro en Huesca, todavía no han sido beatificadas. En este artículo, por ser el motivo de tu duda, nos ocuparemos de las dos Beatas, que pertenecían a la casa-asilo de Requena, en Valencia.

Beata Josefa Ruano García
Nació en Berja (Almería) el 9 de julio de 1854, hija de los granadinos Antonio y María Ramona, que se habían instalado en Almería seguramente buscando un mejor futuro, bautizando a su hija dos días después con el nombre de María Josefa. No se sabe nada de su infancia, aunque se supone que recibió una influencia positiva de su familia y parroquia local, que la movieron a asumir la fe católica como proyecto de vida.

Ingresó en la recién estrenada Congregación a los 23 años de edad el 8 de diciembre de 1877, el mismo día en que la fundadora hacía su profesión perpetua, con el nombre de sor Josefa de San Juan de Dios. Ocho años después emitía en Valencia sus votos perpetuos, el 15 de octubre de 1855. Llegó a ser superiora de diversas casas, primero en Cascante (Navarra), en Requena (Valencia), de 1922 a 1928; luego en Alzira, también en Valencia, hasta 1934, para regresar a Requena hasta el año 1936, en que la asesinaron, a los 82 años de edad.

Era muy querida por todos debido a su gran espíritu de caridad y su corazón maternal. Los que la conocieron u oyeron, las personas que la habían conocido, nos dicen de ella: “Era buenísima, una verdadera santa; tenía una caridad ejemplar, estaba siempre pendiente de todos, unía mucho a la comunidad; su trato era muy afable, atento y cariñoso”.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Beata Dolores Puig Bonany
Nacida en Berga (Barcelona) el 12 de junio de 1857, tercera hija de Ramon y Antònia, una familia sencilla y cristiana, que la bautizó el mismo día de su nacimiento. Fue educada en un colegio de las carmelitas de su ciudad y ayudó a su padre en su oficio de tejedor, pero éste murió a sus 22 años de edad.

Ingresó en la congregación con 29 años, el 27 de enero de 1887, en Valencia; siguiendo el ejemplo de su hermana Buenaventura, dos años mayor que ella, que estaba en la misma orden desde el 1 de diciembre de 1882, emitiendo los votos perpetuos cinco años después con el nombre de sor Dolores de Santa Eulalia, en Valencia, el 9 de marzo de 1892. Desempeñó el oficio de portera durante muchos años, en Villena (Alicante), Yecla (Murcia) y, ya en 1892, en Requena (Valencia). Su hermana, Buenaventura, fue una de las fundadoras del asilo de Berga, siendo superiora de algunas comunidades y falleciendo el 2 de julio de 1935 en Banyoles, Girona. No llegó a presenciar el martirio de su hermana.

El recuerdo que ha quedado de ella entre sus compañeras es que era una mujercita, pequeña de cuerpo, pero con un alma grande, por lo que todo el mundo la quería. Era apreciada por todo el pueblo. Una señora de Requena, que conocía mucho a las hermanas, afirmó: “Era pequeña pero con un alma tan grande que todo el mundo la quería; ella nos quería a todos y nosotros a ella con locura”. Las hermanitas de su comunidad dieron este testimonio: “Era una hermanita muy humilde, sencilla, cumplidora del deber, muy angelical, y con una caridad extraordinaria para todos; era muy querida”. Tenía 79 años de edad en el momento de su martirio.

Persecución atenuada
Como decía al principio, el hecho de que la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados fuese una orden tan querida por su entrega a los abandonados y pobres influyó mucho en el hecho de que no sufrieron tanta persecución como otras órdenes religiosas. Es muy notorio que la mayor parte de sus casas fueran respetadas y que ellas, las religiosas, pudieran seguir en sus puestos. Eso, directamente, favoreció que pudieran convertirse en lugares de acogida para una gran cantidad de religiosas de otras congregaciones que huían, expulsadas de sus residencias. En muchas ocasiones, eran las propias autoridades las que facilitaban estas acogidas, pues les facilitaba tenerlas más controladas y ubicadas.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Pero no todo es perfecto ni puede discurrir tan fácilmente, y por ello, a pesar de la tolerancia e incluso protección que esta Congregación disfrutó por parte de las autoridades republicanas, lo mismo hubieron de lamentar el asesinato de cuatro de sus religiosas, como decía al principio: cuatro mártires, dos de la casa-asilo de Barbastro, en Huesca -sor Cristina Bertomeu Fuster y sor Pascuala García Garrido, de las cuales aún hoy se desconoce dónde están enterradas-; y nuestras dos protagonistas de la casa-asilo de Requena en Valencia, la madre Josefa Ruano y sor Dolores Puig. Ambas atendían a los ancianos en este asilo de la localidad valenciana, cuya comunidad estaba compuesta por ocho religiosas. Y, aunque eran muy ancianas, eran igualmente conscientes del peligro y dificultad de su situación: “Viendo los hechos que sucedían en Requena y conociendo la situación en que se encontraba España, las hermanitas tenían conciencia de la posibilidad de ser mártires y lo aceptaban conscientemente, preparándose a ello en la oración. Decían: “Si el Señor lo quiere, aceptémoslo y sepamos perdonar para que estas almas se salven”. Sor Josefa, la superiora, repetía: “Tenemos que estar preparadas en estos tiempos que estamos y ser fieles ante lo que pueda ocurrir”.

Expulsión
Según narra Salvador Cirac en su Martirologio de Cuenca, el 29 de julio de 1936, se presentaron unos milicianos armados en el asilo de Requena y expulsaron de allí a las ocho religiosas con estas palabras: “Márchense inmediatamente, pues aquí están de más, y hay quien las sustituya”. Ellas, no teniendo más remedio que obedecer, dejaron la casa, quedando los ancianos abandonados mientras los milicianos se dedicaban a destrozar y profanar la iglesia.

Al principio, estos hombres halagaban a los ancianos, prometiéndoles que los iban a tratar mucho mejor que lo habían hecho las monjas, pero ese mismo día ya los estaban haciendo sufrir, pues los condujeron al hospital, les prohibieron rezar y les trataban como a viejos inútiles. Entretanto, en el asilo se instaló una escuela y, posteriormente, un cuartel de guardias de asalto. A las monjas las acogieron en sus casas algunas personas caritativas, donde permanecieron algún tiempo.

Detención
El 26 de agosto, Alberto Peris Lacasa, vecino de Alzira, que era viudo y padre de dos hijos, marchó a Requena y se llevó a cuatro de las religiosas a su casa. Poco después, los milicianos detenían a otras tres Hermanitas y las encerraron en la cárcel, aunque salieron al poco tiempo. A los pocos días, Alberto Peris vino a buscarlas. Esto molestó a los milicianos, que empezaron a decir que este hombre era un fraile disfrazado y pagado por las religiosas, por lo que lo detuvieron y lo llevaron ante el Comité Revolucionario, junto con las tres religiosas y la dueña de la casa que las había acogido.

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Alberto Peris declaró ante el comité quién era, pero como le descubrieron que llevaba un rosario y algunas medallas religiosas, lo fusilaron en Requena el 8 de septiembre, en compañía de un octogenario sacerdote llamado Ramón Saiz Álvarez. Así pagó su caridad para con las religiosas. Éstas, sin embargo, fueron liberadas por el comité; pero al salir se encontraron con una inmensa muchedumbre que gesticulaba con violencia y gritaba: “¡Matadlas! ¡Matadlas!”

Esto bastó para sellar su destino. Las tres religiosas, que no eran otras que la madre Josefa, sor Dolores y otra que era mucho más joven que ellas -33 años-, sor Gregoria de los Inocentes Pérez Mateo, pasaron en un instante de ser liberadas a ser sentenciadas a muerte.

Martirio
Visto el panorama, los milicianos obligaron a las tres religiosas a subir a un coche y se las llevaron por la carretera de Bunyol hasta una cuesta, donde las hicieron bajar y las fusilaron. Dos de ellas, la madre Josefa y sor Dolores, murieron en el acto. Pero sor Gregoria, la tercera, quedó simplemente malherida. Parece que no se tomaron la molestia de rematarlas, pues así las dejaron.

A la mañana siguiente, el alcalde de Bunyol, al serle notificado que había tres cuerpos abandonados en la carretera, dio sepultura a las dos fallecidas y, encontrando todavía viva a la tercera, hizo que la llevaran a un hospital a Valencia, para que curaran sus heridas. Sor Gregoria sobrevivió, quedándole como única secuela un brazo inválido, vivió muchos años, y es gracias a ella que hemos conocido los pormenores de este relato, pues narró puntualmente todo lo sucedido y dio su testimonio para la beatificación.

Memoria y culto
En el Archivo Histórico Nacional, en la Causa General, al relatar estos hechos se manifiesta que se ignora la identidad de los asesinos de las religiosas. Sólo se indica que el chófer del auto que las llevó, a decir de algunos rumores en el pueblo, era apellidado Parra.

Los dos cadáveres habían sido enterrados en el cementerio de Bunyol, y después de la guerra, en junio de 1939, fueron exhumados y enterrados de nuevo en el cementerio de Requena, siendo extendidos los certificados del acta de defunción el 21 de agosto de 1942.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Desde el primer momento se las consideró mártires y no se dudó de esto ni lo más mínimo, como queda recogido en el testimonio de muchas personas de Requena que las habían conocido:
“Para mí el martirio fue una corona, premio del Señor a su gran bondad y caridad con los ancianos”.
“Las monjas eran muy queridas en Requena. Lo que habían hecho con ellas era una gran injusticia; y cuando ya todo había pasado, era un clamor popular, el que no había derecho a lo que habían hecho con las hermanitas”.
“Todo el pueblo las tiene como mártires, y se avergüenza de tal actuación con unas personas que no hicieron más que el bien por el pueblo”.
“Todo el mundo las ha considerado y considera como auténticas mártires. Por la obra que realizaron a lo largo de toda su vida en servicio de la ancianidad y por la forma de muerte que tuvieron, son auténticas mártires”.

En 1999, durante el proceso de beatificación de las dos religiosas, sus restos fueron de nuevo exhumados y trasladados a la capilla del asilo de la Congregación, donde aún reposan. Finalmente, el proceso culminó y el día 11 de marzo de 2001 fueron beatificadas por San Juan Pablo II en Roma.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Edibesa, Madrid 2007.

Enlace consultado (29/11/2014):
– www.hermanitas.net

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es