Beatas Siervas de María Ministras de los Enfermos, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Otro cartel elaborado con motivo de la pronta beatificación, con fotografías de las mártires.

Otro cartel elaborado con motivo de la pronta beatificación, con fotografías de las mártires.

El próximo 13 de octubre van a ser beatificadas por el papa Francisco cuatro religiosas mártires, pertenecientes al Instituto de Siervas de María Ministras de los Enfermos (S. De M.) fundado en Madrid por Santa María Soledad Torres de Acosta y dedicado a la asistencia de los enfermos en sus propios domicilios. En previsión a tan feliz acontecimiento y calificándolas ya de Beatas por el mismo motivo, me atrevo hoy a escribir brevemente sobre ellas para darlas a conocer, en el marco de la serie que estoy dedicando a las mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939) de la cual ya he publicado algunos artículos.

Hay que decir, en primer lugar, que este Instituto tuvo un total de cinco mártires, cuatro de ellas en Madrid, pertenecientes a la comunidad de Pozuelo de Alarcón, que son las que van a ser beatificadas y de las que hablaré en este artículo. La quinta mártir, Sor Lucía Salvà Ferrer, pertenecía a la comunidad de Barbastro (Huesca) y desapareció en Lleida. De momento no hablaré de esta quinta religiosa asesinada, ciñéndome sólo a las otras cuatro y dejándola para más adelante, en otra ocasión, para no alargar en demasía el artículo.

Beata Clementina Arambarri Fuentes (Madre Aurelia)
Natural de Vitoria, nacida el 23 de octubre 1866 y bautizada ese mismo día en la iglesia de Santa María de la ciudad, siendo llamada Clementina Francisca. Sus padres, que eran fervientes católicos, educaron cristiana y piadosamente a su hija, de modo que tenía 20 años de edad cuando ingresó en el Instituto el 23 de agosto de 1886. Conoció personalmente a la fundadora, Santa María Soledad Torres de Acosta, siendo ella misma la que la admitió y le impuso el hábito. Efectuó su profesión temporal el 18 de diciembre de 1887 y fue destinada a Puerto Rico, donde emitió su profesión perpetua el 18 de diciembre de 1894. Luego pasó a estar México, siendo nombrada superiora de la comunidad de Guanajuato, pasando, con el mismo cargo, a las comunidades de Durango y Puebla, y al estallar la revolución mexicana regresa a España en agosto de 1916. Allí fue nuevamente nombrada superiora, esta vez de la casa de Mataró y pasando después a las casas de Alcoi, Sarrià y Barbastro. En octubre de 1929, al erigirse la provincia de Madrid, es nombrada consejera provincial de la misma y por ello se traslada allí, como superiora de la comunidad de Pozuelo de Alarcón. Mostraba un gran celo en el desempeño de su misión y se interesaba por sus hermanas, y era prudente en extremo, manteniendo en secreto todo lo que ellas le confiaban.

En 1934 se vio imposibilitada por una parálisis progresiva, por lo que fue trasladada a la Casa Madre de Madrid. Nunca se quejó de sus sufrimientos y se la veía paciente y conforme con lo que le sucedía, todo estaba bien para ella y agradecía los cuidados y visitar que recibía. Acostumbraba a decir: “Será lo que Dios quiera. Él sabe que estamos aquí”. Todo lo veía como venido de la mano de Dios, y confiada, repetía: “De Dios somos, no permitirá que nos pase nada malo”. Ante el peligro que corría en Madrid, se la trasladó a la casa de Pozuelo de Alarcón, donde se esperaba que estuviese más tranquila. Allí la encontró el martirio.

Beata Graciana Andiarena Sarasqueta (Sor Daría)
Natural de Donamaría, Navarra, nacida el 5 de abril de 1879 y bautizada al día siguiente en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Recibió el nombre de Josefa Engracia, aunque todos la llamaban Graciana. Sus padres, Nicolás y Francisca, inculcaron a su hija la fe y los valores cristianos propios de su hogar, por lo que ingresó como Sierva de María en la casa de San Sebastián a los (23) 29 años, el día 9 de noviembre de 1902, pasando a los pocos días al Noviciado de Madrid. Tras emitir sus votos temporales el 4 de mayo de 1905, pasa por las comunidades de Zaragoza, donde estuvo hasta marzo de 1910; y luego a Ciudad Real, desde donde marchó a Madrid tras una corta estancia, a la casa Madre, donde desempeñaría el cargo de auxiliar de noviciado. Hizo su profesión perpetua el 5 de mayo de 1913. Al enfermar de una úlcera de estómago, se vio lo humilde que era, porque todo lo que se hacía para aliviarla le parecía demasiado y se turbaba con las atenciones que le dispensaban.

En 1922, se la destinó al Noviciado de la Casa Madre como auxiliar de la madre maestra para las hermanas coadjutoras. Fue muy caritativa con las novicias, sacrificándose por ellas como una madre durante ocho años, pasando luego a la comunidad de Pozuelo de Alarcón como consiliaria y secretaria. A todos edificaba su porte afable y religioso. Por eso, para quienes la conocieron, saberla mártir no les pareció casualidad, sino predestinación, porque con frecuencia la habían oído decir: “Yo quiero el martirio del sacrificio diario y, si Dios quiere, también morir, morir mártir por Él”.

Beata Justa López González (sor Aurora)
Había nacido en San Lorenzo de El Escorial,Madrid, el 29 de mayo de 1850, siendo bautizada el día 31 del mismo mes y siendo llamada Justa. Sus padres, José y Eusebia, la educaron cristianamente desde su niñez. El 20 de marzo de 1874 ingresó como postulante en la casa del Escorial, pasando luego al Noviciado de la Casa Madre en Madrid, donde, el 14 de mayo de ese año, visitó el hábito. El 24 de junio de 1874 hizo su primera profesión y emitió los votos perpetuos el 2 de julio de 1895 en Madrid. Fue nombrada superiora de Arévalo en 1885 hasta 1893, momento en que regresó a Madrid, pasando después por las comunidades de El Escorial, Salamanca, Alcalá de Henares, Cabeza del Buey, Jaén, Ciudad Real y, finalmente, Pozuelo de Alarcón.

También contemporánea de la madre fundadora, a lo largo de su vida religiosa iba compartiendo con las jóvenes que entraban su rica experiencia atendiendo a enfermas en sus propios domicilios, animándolas a esperar con paciencia el paso de Dios por las almas de aquellas a quienes cuidaban. Era muy amable y sacrificada, de carácter enérgico y trabajador, incansable incluso en su ancianidad, buscando siempre ser útil. Quienes la recuerdan remarcan con qué dedicación desempeñaba el oficio de campanera, siendo la primera en levantarse para despertar a las demás, que la encontraban a menudo en la capilla, dedicando al Señor su tiempo libre. Conservaba en su memoria un amplio repertorio de anécdotas agradables con las que amenizaba sus encuentros con las hermanas. Cuando, por circunstancias de la guerra, se vio obligada a quitarse el hábito de religiosa y a vestirse de seglar, gruesas lágrimas le corrían por las mejillas.

Beata Anunciación Peña Rodríguez (sor Agustina)
Nacida en Ruanales, Cantabria, el 23 de marzo de 1900, hija de don Melitón y doña Agustina. Recibió el bautismo el día 25 del mismo mes en la parroquia del Triunfo de la Santa Cruz, siendo llamada María Anunciación. Muy pronto conoció el dolor de perder a su madre siendo todavía muy niña, por lo que, unido al trabajo, va formando un espíritu austero, trabajador y sensible a la necesidad de sus semejantes. El día 14 de diciembre de 1924 ingresó como postulante en la casa de las Siervas de María de Tudela, pasando al Noviciado de Madrid pocos días después, donde tomó los hábitos en la Casa Madre con 25 años, como hermana coadjutora, el 4 de julio de 1925, cambiando su nombre a Agustina en memoria a su madre. En la época de noviciado la describían como “persona de virtud nada común, sentimientos nobles y, aunque de escasa instrucción, muy inteligente”.

El 5 de julio de 1927 emitió sus primeros votos en Madrid y cuatro días más tarde fue destinada a la casa de Pozuelo, donde derrochaba caridad con las religiosas enfermas. Se dedicaba a oficios de la casa y al cultivo de la huerta, pendiente de atender también a las hermanas mayores. Muy piadosa, en cuanto disponía de algo de tiempo libre se recogía en la capilla ante el Santísimo Sacramento. Desde que se le encomendó el cuidado de la Madre Aurelia, se consagró a ella, atenta durante la noche a lo que pudiese necesitar y levantándose cuando era llamada sin soltar una queja.

Guerra y clandestinidad
Las Siervas de María Ministras de los Enfermos tenían una casa en Pozuelo con una espaciosa huerta desde 1911, mirando a la sierra, donde se retiraban las hermanas mayores y enfermas en busca de sosiego y de salud; y desde donde algunas de ellas salían, cada noche, a prestar su servicio de asistencia a los enfermos en dicha población. Se convirtió en primera línea de fuego al llegar las tropas sublevadas frente a la capital en el mes de noviembre, que habían iniciado su marcha a Madrid desde Sevilla en los primeros días de agosto.

Por ello, la casa de las Siervas fue ocupada por las brigadas republicanas que defendían Madrid. El 21 de noviembre las religiosas tuvieron que refugiarse dispersadas entre familias conocidas de Pozuelo que las acogieron. Estaban sometidas a estrecha vigilancia por parte del comité del pueblo, que no las dejaba comunicarse entre ellas. Ellas cuatro estaban refugiadas en la casa de la viuda de Llorente, Beatriz Martín García, familia conocida en la localidad por ser propietaria de la línea de autobuses que enlazaban el pueblo con la capital, y que ofreció generosa hospitalidad a muchas personas, como hemos sabido por declaraciones de la misma Beatriz.

Fracasado el primer ataque frontal del ejército franquista, en noviembre de 1936, el mando sublevado trata de hacer una maniobra envolvente para alcanzar la línea de la carretera de Coruña y dejar aislada Madrid, por ello, en los últimos días de noviembre, intenta conquistar Pozuelo, llegando hasta su cementerio. El ataque es nuevamente frenado tras varios días de combate.

Detención y martirio de las hermanas
El 1 de diciembre, los milicianos obligan a abandonar la casa de la viuda de Llorente a la más joven de las refugiadas, sor Agustina Peña, junto con otros refugiados de la misma familia, que huyen a Las Rozas. Allí, en esta localidad, sor Agustina es acusada de ser religiosa por haberla visto rezar. Fue asesinada el 5 de diciembre. Tenía 36 años en el momento de su muerte.

Las otras tres religiosas permanecieron en la casa unos días más, atendiendo a su avanzada edad, así como otros miembros de la familia que las había acogido, en medio de bombardeos aéreos, fuego de cañón y de fusilería. El día 6 de diciembre por la mañana, los milicianos obligan a evacuar a todo el barrio y entraron en la casa de la viuda de Llorente. Es muy significativa la frase que dirigió sor Daría a los milicianos, las últimas palabras que se conservan de ella, al ser objeto de insultos y vejaciones por parte de ellos, al sospechar que eran religiosas: “Somos, en efecto, religiosas. Pueden hacer lo que quieran de nosotras, pero yo les suplico que a esta familia no les hagan nada, pues, al vernos sin casa y autorizados por el Comité de Pozuelo, nos recibieron en la suya por caridad”.

Los ocupantes de la casa fueron trasladados a Aravaca, cerca de la carretera a Madrid, donde las monjas fueron recluidas en una habitación, mientras que al resto los pusieron en libertad a las 6 de la tarde. Esa misma noche, del 6 al 7 de diciembre, las tres son fusiladas. La Madre Aurelia tenía 70 años de edad y estaba imposibilitada de todo movimiento, por lo que es probable que el fusilamiento se produjese muy cerca del hotelito donde estaban. Sor Aurora tenía 86 años en el momento de su muerte, por lo que, dada su ancianidad, era casi inconsciente de la situación en el momento de su detención y en el de su muerte.

No se conoce el lugar exacto de las muertes, pero en la Causa General figura un oficio del alcalde de Aravaca, 18 de julio de 1941, en el que se dice que “según referencias los componentes del Comité Rojo del pueblo manifestaron públicamente que en el año 1936, en el camino del Cementerio, próximo a la carretera de La Coruña, se había asesinado a cinco mujeres, vestidas de seglar, pero que todos los indicios señalaban que eran religiosas, por haberles ocupado un rosario y un breviario”. Todo hace pensar que tres eran las Siervas de María, pero no se sabe quiénes eran las otras dos mujeres, quizá no monjas, sino otras mujeres refugiadas en la misma casa; pues aquellos días se fusiló a otros 18 habitantes de Pozuelo, todos varones, entre ellos Ángel Llorente, hijo de Beatriz Martín.

Cartel de la beatificación de las mártires prevista para octubre de este año.

Cartel de la beatificación de las mártires prevista para octubre de este año.

Beatificación de las mártires
Desde el primer momento de las consideró mártires y, por ello, su causa de beatificación se dio inicio y ha seguido el proceso y estudio en Roma. Se clausuró el proceso por declaración de martirio en su etapa diocesana en Madrid el día 21 de Abril de 2001. El día 3 de Junio de 2013, el Papa Francisco ha autorizado a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar el decreto de Beatificación, que dice así: “El Martirio de las Siervas de Dios Aurelia (en el siglo Clementina Arambarri Fuente) y Tres Compañeras, Hermanas Profesas de las Siervas de María Ministras de los Enfermos; muertas por odio a la Fe en España en 1936”. Como decimos al principio del artículo, van a ser beatificadas el 13 de octubre de este año en Tarragona y, en previsión a tal alegre acontecimiento, he querido sintetizar sus vidas para dar a conocer a estas nuevas Beatas, otras entre tantísimas mártires religiosas de la Guerra Civil.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la Cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española”, Ed. Edibesa, Madrid 2006, pp. 182-187.

Enlaces consultados (25/08/2013):
http://www.siervasdemaria-andalucia.com/?page_id=1974
http://www.siervasdemariacastilla.com/contenido/Martires.html
http://www.sisterservantsofmary.org/es/about-us/sisters-in-process-of-canonization/martyr-sisters/
http://www.sotodelamarina.com/Noticias201308/Q1/20130808Siervas_Maria.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es