Beata Magdalena Morano, religiosa salesiana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Beata en su hábito de Hija de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en su hábito de Hija de María Auxiliadora.

Introducción
La familia salesiana, obra de San Juan Bosco, está integrada por Congregación de San Francisco de Sales, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, los Cooperadores Salesianos, el Instituto de Voluntarias de Don Bosco, los Ex alumnos Salesianos, Asociación de María Auxiliadora y Oratorianos. La misión de esta obra es ofrecer a los jóvenes, especialmente a los más pobres, el mensaje del Evangelio, para que lo escuchen, lo conozcan, lo vivan y lo transmitan. En un principio Don Bosco se dedicó principalmente a los muchachos, sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que su trabajo también se podía hacer entre las muchachas, entonces, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, en la que profesó la Beata Magdalena Morano y que llegó a ser la segunda mujer de este Instituto y de la familia salesiana en ser elevada al honor de los altares.

Infancia y vocación
Nació en Cheri (Piamonte, Italia) el 15 de noviembre de 1847, hija de Francisco Morano y Catalina Pangela. Fue la sexta hija de siete que tuvieron estos esposos, de los que sobrevivieron solamente dos, ella y su hermano Francisco, dos años menos que ella. Recibió en el bautismo el mismo nombre que su madre. En un principio la familia vivía con desahogo, gracias al telar que tenían, pero luego vinieron reveses económicos y el padre tuvo que ingresar al ejército, donde sirvió por ocho años. La familia sufrió entonces la desintegración familiar, aunque el papá los visitaba cada invierno. Por esta razón tuvieron que emigrar a Buttigliera, para vivir con los abuelos maternos. El 7 de mayo de 1855, Francisco Morano muere a consecuencia de una violenta pulmonía. La pequeña Catalina estaba impresionada por los sufrimientos de su madre y le decía: “¡Mamá, ya no llores más! Ten confianza, pronto creceré y te ayudaré. Papá está ya en el cielo e intercede por nosotros”.

Al terminar los estudios básicos, su profesora le propuso, considerando sus cualidades, que estudiara para maestra, cosa que ella también quería; sin embargo, este deseo tuvo que esperar, pues su madre la necesitaba para que trabajara en el telar doméstico. Cuando el nuevo párroco del lugar abrió un jardín de niños, Catalina fue elegida como educadora, cuya labor dejó grata impresión entre los alumnos y sus madres. Entonces, su antigua maestra insistió que estudiara y logró que a los diecisiete años se titulara como docente en los grados inferiores.

Fotografía de la Beata durante su tiempo de maestra en Montaldo.

Fotografía de la Beata durante su tiempo de maestra en Montaldo.

De 1866 a 1878 fue maestra de la escuela de Montaldo, a doce km. de Buttigiera, en ese lugar sufrió rechazo, pues se consideraba que no estaba bien preparada para sus funciones, pero ella no se desanimó y pronto se ganó el corazón de sus pequeños y tras ellos, los de sus papás. Entonces se le consideraba preparada, prudente y piadosa. Dueña de un carácter amable y lleno de serenidad, que le abrió la confianza de todos, y sus muchachos, ya de grandes, le respetaban más que al párroco y al alcalde. Además hacía el apostolado de dar catecismo, asistir a los enfermos y ayudar a las Hijas de María que ella había fundado en el lugar.

Desde que obtuvo su título de docente, ella tenía el deseo de profesar como religiosa, pero su obligación por velar por su madre y hermano le hizo desistir momentáneamente. Luego, con muchos sacrificios, compró una casa con un pequeño huerto y jardín, se la regaló a su mamá para que tuviera una seguridad y le pidió luego permiso para ingresar a un convento. Hizo la solicitud en varios, pero en todos fue rechazada, hasta que tuvo la oportunidad de platicar con San Juan Bosco, a quien le confió sus íntimos deseos. El Santo le dijo entonces: “¿Usted de monja de clausura? Se le caerá el breviario de las manos. Hágase más bien con las Hijas de María Auxiliadora”, y la presentó con Don Juan Cagliero, director espiritual de ese Instituto. El 15 de agosto de 1878 fue a Mornese para entrar con las salesianas. Allí se encontró con una antigua alumna que a la hora de la comida le sirvió patatas con carne. Esta niña le dijo: “Maestra, no crea que siempre es así”, y la Beata le contestó sonriendo: “No importa, no vine por esto, sino para hacerme santa”. Allí conoció a Santa María Dominica Mazarello, quien le impondría el hábito y ante quien profesaría como religiosa el 2 de septiembre de 1880. Entonces cambió su nombre por el de Magdalena. Pide al Señor la gracia de “permanecer en vida hasta que no haya completado la medida de la santidad”. Desempeñándose como maestra, dio sus primeros pasos como monja y fue nombrada directora del educando.

Obra
El 5 de septiembre de 1881 fue destinada a Sicilia, donde permanecería veinte años, interrumpidos solamente cuando fue transferida a Valdocco para encargarse del noviciado. Aquí fundó catorce obras educativas en distintos lugares, y según las estadísticas, el índice de analfabetismo descendió del 89 al 71% durante su permanencia en este lugar, en que echó raíces su corazón. Un año antes de su muerte, la Madre General la quería llevar al norte de Italia, pero ella, al enterarse, exclamó: “¡Madre, ya no soy más que una pobre anciana, déjeme morir en Sicilia!”

Fotografía de la Beata (centro) con sus alumnas de Alì Marina, Sicilia (Italia).

Fotografía de la Beata (centro) con sus alumnas de Alì Marina, Sicilia (Italia).

Grande fue su labor en esta isla, donde ejerció como Inspectora o Provincial, siempre pensando y atendiendo a los más pobres y desamparados, para quienes abrió talleres, escuelas, oratorios festivos, y a quienes daba su catequesis. Célebres se hicieron sus dotes como catequista. A las niñas pobres les hacía poner en sus mochilas, sin que se dieran cuenta, despensa para paliar la pobreza de sus hogares. Tenía mucha preocupación de que el mayor número de niñas fueran becadas: todavía poco antes de morir, le escribió a la directora del colegio de Biancavilla: “¿Cómo es que ni siquiera a diecinueve muchachas pueden mantener gratuitamente? ¡Deben mantenerlas a costa de dejar su propia cama! De eso depende la bendición de Dios sobre ustedes. ¡Mucha atención, las cosas buenas cuestan sacrificios!”

A pesar de tener un puesto con autoridad, como inspectora, directora y maestra de novicias, no se alejaba de tareas humildes: cocina, portería, limpieza… al ayudar a una hermana a cargar el agua, ésta le reprendió: “¡Pero, Madre! ¿Qué hace?”. La Beata le respondió con una sonrisa: “¿Es que sólo ustedes quieren ir al cielo?”. Continuamente visitaba y atendía los colegios y casas de Sicilia. Tenía una gran devoción a San José y a María Auxiliadora. Las personas que convivían con ella la recuerdan por su gran amabilidad y por la tranquilidad que les quedaba en sus vidas luego de convivir con ella.

La última obra que fundó fue la escuela de Palagonia, a 37 km. de Catania. En ese lugar se atendieron pronto catequesis dos veces a la semana, Oratorio festivo los domingos, escuelas y talleres para chicas entre doce y dieciocho años. Antes de un mes ya se atendían 250 niños en el catecismo.

Estampa contemporánea de la Beata.

Estampa contemporánea de la Beata.

Desde 1890 padecía unos tumores que se consideraban benignos. El 22 de marzo de 1908 fue a pagar unos impuestos y a los servidores públicos que la atendieron les hizo gracia cuando les dijo: “¡En nuestras casas no hay riqueza circulante, sino miseria estable!”, por lo que obtuvo un descuento. Al volver a casa los dolores que le daban eran atroces. El médico que la atendió se dio cuenta de que lo que tenía era una peritonitis que amenazaba con perforar la cavidad abdominal. Inmediatamente le dieron los últimos sacramentos y Madre Magdalena esperó llena de confianza y con mucha tranquilidad el encuentro definitivo con Dios, pues el doctor le había enterado que sus horas estaban contadas. Murió en Catania el 26 de marzo de 1908. A su muerte ese año, había en Sicilia 18 casas, 142 hermanas, 20 novicias y 9 postulantes.

San Juan Pablo II la beatificó en Catania el 5 de noviembre de 1994. La familia salesiana la conmemora litúrgicamente el 15 de noviembre, aniversario de su nacimiento, pues la fecha de su muerte cae siempre en Cuaresma.

Pensamientos
“La santidad no se adquiere en pocos días, basta quererla, basta pedirla continuamente a Dios, basta empezar en seguida”.
“Se sube la alta montaña de la perfección con la constante mortificación. También las otras casas están hechas de pequeñas piedras superpuestas las unas a las otras”.
“¿Ves cómo es grande, inmenso, el mar? Más grande, inmensa, es la bondad de Dios”.
“Vivid con los pies en la tierra y la mente y los ojos dirigidos al cielo”.
“A Dios tendremos que dar cuenta también del bien que, pudiendo, no hemos hecho”.
“Acuérdate que hace mucho quien hace poco o incluso nada, pero hace lo que Dios quiere”.
“La alegría es el medio indispensable para la formación del carácter. La verdadera alegría es fuente de bien”.
“Ensancha tu corazón a la esperanza”.
“¡A la obra! Antes de los programas viene el servicio”.
“Con las jóvenes acuérdate de ser ante todo madre, luego educadora y profesora”.
“Amemos la oración del Rosario: en estos momentos nosotros hablamos con la Virgen María”.

Urna con la figura yacente que guarda los restos de la Beata.

Urna con la figura yacente que guarda los restos de la Beata.

Oración
Padre, que hiciste germinar en el corazón de la Beata Magdalena Morano, virgen, tu Palabra de Verdad, que la impulsó a trabajar con sabiduría y constancia en la educación de los jóvenes: concédenos que su intercesión nos ayude y su ejemplo nos mueva a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, para cumplir con alegría tu designio de amor. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Humberto

Bibliografía:
– LÓPEZ CAMARENA, Juan Antonio, Santos para el Tercer Milenio, Contenidos de Formación Integral, México 2002, pp.285-289.

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