Beata Margarita María López de Maturana, fundadora

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Fotografía de la Beata tomada en 1926, después de la imposición del crucifijo de misionera.

Fotografía de la Beata tomada en 1926, después de la imposición del crucifijo de misionera.

“Hay momentos en la vida de trascendencia importantísima,
y es cuando Dios nos enseña un camino a seguir
y luego deja a nuestra voluntad la correspondencia”
(Beata Margarita María López de Maturana)

Infancia
El día 25 de Julio de 1884, nacían en Bilbao (España), en el seno de una familia numerosa y acomodada, dos niñas gemelas: Pilar (nombre de pila de la Beata Margarita) y Leonor. Ambas hermanas permanecieron íntimamente ligadas, espiritual y afectivamente, durante toda su vida. Sus padres, don Vicente Lopéz de Maturana y doña Juana Ortiz de Zárate, transmitieron a todas sus hijas una esmerada y rica educación en valores. Desde muy pequeñas, las niñas gemelas destacaban por su piedad y docilidad. Así transcurrieron sus vidas hasta la edad de la adolescencia.

Por su belleza física, era normal que muchos chicos se interesasen por ella, cosa que no gustaba mucho a sus padres, que no veían bien su amistad con un joven marinero. Por lo que decidieron ingresarla como alumna interna en el colegio de la Madres Mercedarias de Bérriz (Vizcaya). En este colegio, cuando contaba con 16 años, se sintió muy querida y útil para todas sus compañeras. Según comentaba años después la Beata Margarita, fue entre estos muros donde empezó a barruntar su deseo de ser religiosa mercedaria.

Vocación
Meditada en profundidad esta decisión de hacerse religiosa, y muy atraída por el carisma de la Orden de la Merced, Pilar, con 19 años de edad, entra en el convento de clausura de la Vera Cruz, en Bérriz. Era el día 10 de agosto de 1903, y pocas semanas antes, su hermana gemela Leonor ingresó en el noviciado de la HH. Carmelitas de la Caridad de Vitoria. Transcurridos unos meses, la joven Pilar tomó su hábito de novicia y cambió su nombre de pila por el de Margarita María. A partir de entonces fue conocida con este nombre entre todas sus hermanas y alumnas. En 1904, un año después de su toma de hábito, pronunció sus votos solemnes y comenzó a desempeñar trabajos en el colegio de la Orden, como el de profesora, tutora y hasta directora del mismo.

Muchas eran las Hermanas Mercedarias que apreciaban a la Hna Margarita María, también eran bastantes las que coincidían en resaltar dos de sus grandes virtudes, la oración y la caridad, aparte de su gran amor por el carisma mercedario de la redención de los cautivos. Tenía gran celo por abarcar el mundo llevando la íntima unión con Dios, con la que ella era inmensamente feliz día tras día en el convento. En una ocasión llegó a pronunciar estas palabras, refiriéndose a esto: “Yo no deseo más que darle a conocer a Dios lo que me ha encomendado; que es el mundo entero”.

Fotografía de la Beata con sus hermanas Leonor y Lola.

Fotografía de la Beata con sus hermanas Leonor y Lola.

Transcurridos unos tranquilos y fructuosos años, en el año 1919, el convento de la Vera Cruz de Bérriz recibió la visita de dos misioneros; uno era José Vidaurrázaga (SJ) que emprendía la misión de Wuhu, en China, y otro era Juan Vicente Zengotita-Bengoa (carmelita), destinado a misionar en India. Estas inesperadas visitas y las ilusionadas palabras con las que compartían su vocación a la misión, y su petición de apoyo a las colegialas y religiosas mediante la oración, fueron: “La semilla de la vocación misionera que Dios dejó caer en nuestros corazones, llamándonos a una empresa en la que nunca hasta entonces habíamos pensado”, como comentó la Madre Margarita María.

Fundación
En este convento mercedario, y más aún, en el corazón de la Beata Margarita María, se estaban forjando unos deseos misioneros que poco a poco fueron tomando forma. Eran los años del despertar misionero en toda España. En el colegio anexo al convento se inició en el año 1920 una asociación: “Juventud Mercedaria Misionera de Bérriz”, y a través de ella formó en espíritu misionero a varias generaciones de jóvenes que, como religiosas o como esposas, supieron vivir el ideal misionero allí donde Dios las iba llamando. Este proyecto y espíritu misionero que inculcaba la Beata Madre fue transformando la comunidad de clausura papal en una atentica “legión” de misioneras.

Todo este movimiento misional no podía quedar encerrado en el interior de un monasterio de clausura. La respuesta a los signos de los tiempos pedía algo más. Por esta razón la Beata Margarita María solicitó en septiembre de 1924 autorización a sus superiores mercedarios y a Roma la aprobación para dejar la clausura papal y marchar a las misiones, rompiendo de esta manera una clausura de siglos. Finalmente, el 23 de enero de 1926, dos años después, vino desde Roma el beneplácito del Papa Pío XI, la aprobación de un instituto misionero experimental, encomendadas al vicariato apostólico de Wuhu.

Fotografía de la Beata en la misión de Saipán, Islas Marianas.

Fotografía de la Beata en la misión de Saipán, Islas Marianas.

El Espíritu Santo inspiraba con fuerza y las monjas, impulsadas por él y por la Madre Margarita María, abrieron las rejas del convento y se dispersaron en el lejano Oriente. El 5 de noviembre de este mismo año, un preparado grupo de Hermanas partió para Wuhu (China) en la que fue la primera partida, de esta manera se había iniciado el “éxodo misionero” de aquellas mujeres contemplativas, con el único deseo de contar a sus hermanos y hermanas que Dios los amaba, que no quería que siguieran siendo esclavos, que los quería libres y felices. Su vocación mercedaria, liberadora, luchadora incansable ante cualquier esclavitud, estaba a punto de abrir un camino nuevo en el mundo. El 4 de marzo de 1928 salió otro grupo hacia las islas de Oceanía (Saipán y Ponapé) y Japón. Eran fundaciones vinculadas a la casa madre y en las que el fuego misionero iba creciendo más y más, con el contacto, preocupación y ayuda a aquellas primeras misioneras.

La entregada y fructificadora labor que hacían las hermanas misioneras en estos países asiáticos muy pronto adquirió muy buena fama en toda Europa. La Madre Margarita María, por tanto, fue nombrada superiora del convento el 16 de abril de 1927. En estos años acompañó personalmente, en 1928, a la tercera expedición, para ver de cerca las misiones y hacerse cargo de las exigencias apostólicas de la nueva vida misionera, con la mirada puesta en la definitiva transformación del convento en instituto misionero. En este viaje misionero pudo visitar a sus misioneras en Wuhu, en Saipán, dejando dos nuevas fundaciones en Tokio (Japón) y otra en Ponapé. Volvió a Europa pasando por Estados Unidos. En menos de cuatro años había creado cuatro centros de misión: en Wuhu (China), con colegio, dispensario y formación de vírgenes indígenas; en Tokio (Japón), colegio de segunda enseñanza; en Saipán (Marianas), escuela, catequesis y cooperación parroquial; en Ponapé (Carolinas), con internado indígena, catequesis, cooperación parroquial y dispensario. Todas estas vivencias las recogió en un libro que hoy en día se puede leer: Viaje misionero alrededor del mundo, en el que combinaba sus andanzas misioneras con descripciones de los lugares por los que pasó: ciudades, paisajes, gentes, costumbres…

La Beata con su hermana Lola y otras misioneras.

La Beata con su hermana Lola y otras misioneras.

En definitiva, la madre fundadora emprendió una vida envuelta, desde el comienzo, por múltiples dificultades: problemas económicos, duros trabajos, el desconcierto de vivir una nueva realidad tan distinta a la de clausura. Ella misma contaba como su llegada a China estuvo marcada por una guerra civil, la persecución a los extranjeros e incluso la cárcel. Pocos años más tarde daría comienzo la Segunda Guerra Mundial, especialmente virulenta en el Pacífico, que supuso en varias ocasiones la destrucción de la obra puesta en pie con tanto esfuerzo.

Aprobación del Instituto Misionero
Tal transformación tuvo lugar el 17 de mayo de 1930: la Sagrada Congregación para los religiosos aprueba hacer de la casa Mercedaria de Bérriz un Instituto misionero, por petición de las 94 monjas, petición sellada con un sí unánime en votación secreta, como lo pedía Roma. También las reglas quedaron definitivamente aprobadas, con la novedad de un cuarto voto: aparte de los votos de pobreza, obediencia y castidad, la orden de las Mercedarias Misioneras de Bérriz añadieron un cuarto voto específico que habla muy a las claras de su total entrega: “Permanecer en la misión por el bien de las personas a las que servimos. Cuando haya peligro, dar la vida si necesario fuera”.

El 30 de julio de 1931 la Madre Margarita María fue elegida Superiora General de las Mercedarias Misioneras de Bérriz por unanimidad, de esta forma empieza su nuevo trabajo, duro e intenso, de organización y orientación. Éste fue el gran anhelo de la Beata Margarita María: la formación del Instituto de Mercedarias Misioneras de Bérriz, que pudiera llevar la buena nueva de la redención y liberación hasta el fin del mundo, viviendo el cuarto voto redentor de permanecer en la misión cuando hubiere peligro de perder la vida. Y a este Instituto dejó en herencia una rica espiritualidad, que alcanzó su cumbre en los últimos años de su vida, en una experiencia contemplativa y gozosa de Cristo redentor.

La Beata, ya anciana, fotografiada con las niñas de una misión.

La Beata, ya anciana, fotografiada con las niñas de una misión.

“El conocimiento de Jesucristo me absorbe y llena de gozo. Todo parece que contribuye, de un tiempo a esta parte, a esclarecer el misterio de la redención con todas sus derivaciones para mi alma y la Iglesia. Y es un gozo nuevo, cumplido, profundo, que me hace sentirme como radicada en una verdad profunda que da estabilidad a todo mi ser… Todo tiende alegremente a afirmarse en Dios Padre amorosísimo, que por su voluntad libérrima nos envía a su Hijo a redimirnos y a hacernos, por él, hijos suyos adoptivos…” (Palabras de la Beata, 1933).

Muerte y proceso de canonización
Pocos años más tarde de verse aprobado el nuevo instituto misionero, la Beata Margarita María tuvo que dejar sus visitas y fundaciones misionales debido a una enfermedad muy grave en el estómago. A tan sólo dos días de cumplir 50 años, el 23 de julio de 1934, a las 12:15 a.m.; moría santamente en Donostia-San Sebastián, Bérriz (Vizcaya), rodeada de todas sus hijas espirituales. Pasó a gozar del Dios que “amaba maternalmente”, al que tanto había amado en la oración y en la entrega a los de cerca y a los de lejos. Sus últimas palabras para sus hermanas ya misioneras fueron: “Yo las ayudaré desde el cielo: sí”.

Por todos fueron reconocidas su hondura espiritual, cimentada en la oración, su amor a Cristo, a María y a la Iglesia; su audacia, ternura, bondad, visión de futuro y capacidad para leer la diversidad de realidades. En 1943 se inició el proceso para su beatificación, aprobándose sus virtudes heroicas poco tiempo después por San Juan Pablo II. Fue declarada Venerable en 1987. El proceso culminó el 22 de octubre de 2006, cuando Margarita María López de Maturana fue solemnemente beatificada en la catedral de Santiago de Bilbao, en una multitudinaria celebración que fue presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la congregación de la causa de los Santos.

Tumba de la Beata. Capilla en la iglesia de Bérriz, España.

Tumba de la Beata. Capilla en la iglesia de Bérriz, España.

En la actualidad, la tumba con los restos mortales de la Beata se puede visitar en una moderna y bonita capilla, anexa a la nave central de la iglesia de Bérriz. También en la actualidad, la hermana carnal de la Beata Margarita María; Leonor López de Maturana, Carmelita de la Caridad, misionera que murió en Argentina, tiene su causa de beatificación abierta en este país, ya muy avanzada.

David Garrido

Bibliografía:
Margarita Maturana, el porqué de una transformación, Mercedarias Misioneras de Bérriz, Madrid 2006.

Enlaces consultados (23/07/2014):
– www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=636
– www.es-es.facebook.com/margaritamaturana
– www.mmb-esp.net/
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20061022_maturana_sp.html

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