Beata Francisca de Paula de Jesús (Nhá Chica)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cuadro de la beata en Baependi.

Cuadro de la beata en Baependi.

Nhá Chica – así es conocida popularmente -, nació en el año 1808 en el distrito de Santo Antônio do Rio das Montes, en Sao Joao del Rey, municipio perteneciente al estado brasileño de Minas Gerais. Era hija y nieta de esclavos cristianos y en el bautismo, el 26 de febrero del 1810, le impusieron el nombre de Francisca Paula de Jesús. Acompañando a su madre, que había conseguido la libertad, y a su hermano Teotônio y con muy pocas pertenencias, entre ellas una imagen de la Santísima Virgen, marcharon a Baependi, localidad situada al sur de dicho estado, en la que permaneció hasta su muerte.

Con solo diez años de edad, murió la madre de Nhá Chica, dejando solos a sus dos hijos, que quedando huérfanos, crecieron como pudieron, aunque la niña, en su inocencia, decía que su protectora era la Madre de Dios, a la que cariñosamente llamaba “Mi Sinha” (mi Señora), no haciendo absolutamente nada sin consultarla previamente. Ambos niños supieron salir adelante, pidiendo limosna, recibiendo ayuda de gente caritativa y cultivando cada vez más la herencia espiritual que les había dejado su madre. Ambos hermanos congeniaban muy bien con los pobres, con los que estaban más necesitados que ellos e incluso con quienes teniendo mejor posición de vida, les ayudaban o los despreciaban. A nadie discriminaban, a todos daban consuelo y aunque a ella, cuando ya era adolescente, le hicieron alguna propuesta de matrimonio, no lo aceptó.

Era tanto el grado de aceptación y el prestigio que Nhá Chica tenía entre los habitantes de Baependi, que incluso muchos la buscaban para pedirle consejo a la hora de montar un negocio; algunos no tomaban ninguna decisión importante sin consultar primero con ella, porque no solo la consideraban una mujer inteligente que había sabido salir hacia delante, sino que conocían su espíritu de oración y de entrega y por eso la consideraban una santa. Como era analfabeta y no sabía ni leer ni escribir, cuando le preguntaban de donde sacaba sus consejos y sus sabias respuestas, ella cándidamente respondía: “Porque yo ruego a Dios con mucha fe”. Fue siempre una mujer muy humilde, muy devota de Nuestra Señora de la Concepción y completamente entregada a los demás.

Imagen y relicario en Baependi.

Imagen y relicario en Baependi.

Como no podía ser de otro modo, su fama de santidad se extendió por los pueblos de alrededor y muchos acudían a conocerla, a charlar con ella, a consultarle sus problemas, a buscar alivio en sus enfermedades y a pedirle que rezara por ellos. Ella siempre estaba disponible, a excepción de los viernes que dedicaba a sus tareas domésticas y sobre todo a la oración. El viernes recordaba la Pasión y Muerte de Cristo y salvo en caso de urgencia, estaba como ausente. Era devotísima de la Sagrada Eucaristía y durante toda su vida se dedicó a mantener adornado el altar de su parroquia en el que se encontraba el sagrario.

Nhá Chica murió muy anciana, con ochenta y siete años de edad, el día 14 de junio del año 1895. Como todo el mundo quería ver y velar su cadáver, estuvo varios días sin sepultar y las personas que pasaban junto a su cuerpo manifestaron que desprendía un delicioso olor a rosas. Este prodigio se volvió a repetir cuando un siglo más tarde, sus restos fueron exhumados para haberles el preceptivo reconocimiento canónico previo a la beatificación. Así consta en las actas que el tribunal eclesiástico redactó y firmó el 18 de junio del 1998: “… una vez que los albañiles desenterraron el féretro y este fue abierto, toda la estancia se inundó de un intenso olor a rosas…”. Los restos mortales de Nhá Chica fueron puestos en una urna transparente colocada dentro de un mausoleo de granito que se conserva en el interior del santuario de Nuestra Señora de la Concepción en Baependi, en la diócesis de Campanha.

Anterior sepultura de la beata en Baependi.

Anterior sepultura de la beata en Baependi.

Este santuario está situado en el lugar ocupado por lo que en un principio fue la habitación donde ella residía, que después de su muerte, se convirtió en una pequeña capilla confiada a la Congregación de las Hermanas Franciscanas del Señor. Junto a ella permanecían unas dependencias destinadas a atender a las personas necesitadas, especialmente a los niños, actividad que era mantenida por los devotos benefactores de Nha Chica. Estas dependencias han sido agrandadas y en la actualidad en ellas se atienden a cerca de doscientos niños.

Cuando Nhá Chica murió inmediatamente fue venerada por el pueblo que la reconocía como la “santa de Baependi” y “la madre de los pobres”. Después de más de medio siglo de veneración popular, en el año 1952 se inició su Causa de beatificación que tras pasar por diversos altibajos recibió el “Nihil obstat” el 17 de enero de 1992. Fue declarada Venerable el 14 de enero del año 2011; el milagro previo a la beatificación fue reconocido el 28 de junio del 2012, siendo finalmente beatificada en Baependi (Brasil) el 4 de mayo del año 2013. La beata Francisca de Paula de Jesús (Nhá Chica), es conmemorada el día de su muerte, o sea, el 14 de junio, siendo la primera seglar brasileña elevada al honor de los altares.

Actual sepulcro de la Beata en Baependi.

Actual sepulcro de la Beata en Baependi.

El milagro reconocido para la beatificación fue la curación de la señora Ana Lucía Meirelles Leite, maestra jubilada residente en Caxambu. Esta señora, en el mes de julio de 1995 sufrió un derrame cerebral por lo que se decidió operarla. Al someterla al examen médico previo a la operación, se comprobó que tenía un defecto congénito en el corazón. La enferma y sus familiares recurrieron a Nhá Chica para que intercediera por la paciente, pero el día anterior a la operación Ana Lucía fue atacada por una fiebre altísima que hacía especialmente peligrosa la ya delicada intervención quirúrgica, que tuvo que posponerse.

De manera completamente imprevista, desapareció la fiebre y las secuelas del derrame cerebral y cuando los médicos le realizaron las posteriores revisiones comprobaron que de manera totalmente inexplicable, la apertura del corazón se había cerrado sin necesidad de cirugía. Cirujanos de Baependi, Pouso Alegre, Belo Horizonte y Sao Paulo testificaron que no tenía explicación médica alguna lo que le había ocurrido a Ana Lucía y que sin cirugía, no existía posibilidad alguna de curación.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Palazzolo, J., “A pérola escondita Nhá Chica”, Río de Janeiro, 1973
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlace consultado (17/06/2015):
– www.nhachica.org.br

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es