Beata Pierina Morosini, mártir de la pureza

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía coloreada de la Beata.

Fotografía coloreada de la Beata.

Hace ya algún tiempo que esta que os escribe presentó el tema de las mártires de la pureza, es decir, aquellas mujeres o jóvenes que son asesinadas in defensum castitatis, esto es, defendiendo su virginidad o castidad, una de las categorías que la Iglesia católica acepta como causa de martirio. También se han dado numerosos ejemplos y se ha presentado la vida de la niña campesina italiana María Goretti, que es la mártir de la pureza por antonomasia, aunque hubo antes que ella y por desgracia, también las ha habido después. Hoy hablaremos de Pierina Morosini, una joven obrera italiana que fue víctima del abuso y asesinada, cuya terrible muerte la Iglesia ha reconocido como martirio.

Una joven obrera
Pierina había nacido el 7 de enero de 1931 en Fiobbio, un pueblo de la provincia de Bérgamo, al norte de Italia, en un caserío cerca del Monte Misma, en la Val Seriana. Al ser la mayor de ocho hermanos, desarrolló un gran sentido de responsabilidad y de servicio: ayudaba en las tareas de la casa, cuidaba de sus siete hermanos, marchaba al pueblo a comprar. Su padre, Rocco Morosini, era guardián nocturno de una fábrica de los alrededores de su pueblo, y por el día se dedicaba a la agricultura. La madre, Sara Neris, profunda cristiana, instruyó a sus hijos para ser personas de bien.

Pierina tenía talento para estudiar, pero tuvo que renunciar a ello para aprender el oficio de costurera y mantener a la familia, que pasaba mucha necesidad. Esto no le impedía participar activamente en la vida parroquial, tanto en los sacramentos como en el apostolado. Por ejemplo, acudía todos los días a misa y rezaba durante bastante rato en la iglesia el rosario. Posteriormente se unió a Acción Católica y participó a menudo de sus encuentros de estudio y ejercicios espirituales. A los quince años de edad entró a trabajar como obrera en la fábrica de algodón Honegger, en Albino, que distaba unos 4 km de Fiobbio, distancia de tres horas que siempre hubo de recorrer a pie, pasando sola por los bosques y los prados, a menudo solitarios y abandonados, lo que sería germen de su desgracia.

Lienzo contemporáneo de la Beata.

Lienzo contemporáneo de la Beata.

Allí trabajaba ocho horas cada día, en turnos de mañana (de seis a dos de la tarde) o de tarde (de dos a diez de la noche); alternándose cada turno una semana. A menudo, cuando su turno comenzaba a las seis de la mañana, se levantaba para poder asistir antes a misa y se la veía cruzar los campos de noche todavía, con una vela o linterna: “Había muchas obreras que pasaban por la iglesia antes de entrar a trabajar, pero ella era la que más me maravillaba, porque venía de lejos. Viéndola, yo pensaba: ¡Ésta se ha levantado a las cuatro!”, comentaba una muchacha del pueblo, atónita, que la veía siempre que tenía turno de mañana. Incluso la conocían como “la de los zuecos”, por el ruido que hacían sus zapatos en el silencioso entorno de la iglesia. No podían dejar de admirarla, porque hacía aquel camino incluso bajo la lluvia, llegando empapada a la iglesia tan tranquilamente como si no lloviese: “Sí, era muy buena. Yo le decía, “Pierina, ruega por mí”, y ella contestaba humildemente: “No, más bien ruega tú por mí”.

Inspirada por María Goretti
Al año siguiente, el 27 de abril de 1947, tuvo la ocasión de participar en la peregrinación a Roma de Acción Católica con la ocasión de la beatificación de María Goretti, la campesina de Nettuno que había sido masacrada en un intento de violación a los doce años de edad. Se emocionó no sólo porque era una muchacha de pueblo que realizaba su primer viaje, sino también por la grandiosidad de Roma, plagada de iglesias y de reliquias de Santos, por poder ver al Papa, y por el ejemplo de la joven Goretti, una niña cuyo heroísmo en el martirio y en el perdón acababa de ser reconocido. “¡Cómo me gustaría que me tocase la muerte de María Goretti!”, le oyeron decir sus compañeras de viaje. Palabras que serían proféticas. “¡Qué dices!”, le dijeron. “¡Quiero parecerme a María Goretti, quiero ser como ella!” Esto escandalizaba a alguna compañera, que le dijo: “La Goretti murió como una pobre ignorante… ¡dejarse matar de esa manera! ¿Eso harías tú?” Pierina respondió: “¡Sí! ¿Por qué no? Yo también me dejaría matar…” Decididamente, la nueva Beata se convirtió en su fuente de inspiración.

Esta experiencia la marcó de tal manera que, al regresar a su pueblo, intensificó su vida espiritual y apostólica. El camino que obligatoriamente debía realizar al ir y volver de la fábrica era un momento que aprovechaba para ir a misa, rezar el rosario y por las misiones y vocaciones. Incluso caminando tenía el rosario en la mano y murmuraba jaculatorias. De esa época son estas frases que dejó escritas, frases que oía o leía en alguna parte y ella modificaba para adaptarlas a su plan de vida espiritual: “La virginidad es un silencio profundo de todas las cosas de la tierra”, “Mi amor, un Dios crucificado; mi fuerza, la santa comunión; la hora favorita, la de la Misa; mi divisa, ser nada; mi meta, el cielo”, “Mi vocación: me dejaré guiar como una niña de un día”, “Realizaré cada acto en unión con María y, en las contrariedades, me abandonaré, como una niña, sobre su corazón materno, invocando su ayuda y la ayuda de mi querido ángel de la guarda”, “Poseo a Dios, y esto me basta”.

Tapiz de la beatificación.

Tapiz de la beatificación.

Fiel a estos pensamientos, vestía con muy estricta modestia: ropa pasada de moda, el cuello abrochado hasta la garganta y medias gruesas, ya hiciese frío o calor, y siempre con mangas largas hasta el puño. A veces, viéndola sofocarse –a 30-35 grados de temperatura- mientras trabajaba en los telares mecánicos, alguna buena persona le decía, “¡Pero mujer, desabróchate un poco!”, y ella se limitaba a sonreír y a enjugarse un poco el sudor con un pañuelo, no remangándose jamás. Algunas, viendo esta actitud incomprensible, murmuraban: “Ésta es tonta”, pero otras dijeron después: “Lo cierto es que era muy inteligente, lo que hacía, lo hacía por voluntad propia, por llevar una vida de penitencia dura”. De hecho, pensaba en ser religiosa algún día, si la situación familiar se lo permitía.

Pero no todo era meditación: también asistía a los enfermos y llegó a ser catequista y líder de Acción Católica y de otras asociaciones similares. Por la convicción y sencillez con que desempeñaba esta dinámica de vida era respetada y admirada por sus compañeros de trabajo en la fábrica. A menudo le daban las urdimbres más duras y ella las trabajaba sin descanso; o se le atascaba la máquina varias veces: “¿No estás harta de esto?”, le decía alguna compañera, agotada, y ella sonreía y decía: “Hay que ofrecerlo todo al Señor, por los pobres pecadores”. Y cuando alguna persona le decía lo buena que era, ella lo negaba: “No es cierto, soy como cualquiera, soy como todos los demás”. Lo cierto es que era extraordinaria en su determinación, especialmente por lo que se refería a la impureza: “Antes que cometer pecado, me dejaré matar”, confesó a su hermano Andrea poco tiempo antes de su muerte, refiriéndose expresamente a pecados de tipo carnal.

Martirio
Esta muchacha intachable tuvo, por desgracia, un horrible y cruento final. Pero la que había dicho que se dejaría matar antes que cometer un pecado de impureza no cumplió exactamente lo que dijo, pues, llegado el momento terrible de la prueba, no actuó como un cordero llevado al matadero: luchó, se defendió.

Capilla situada en el lugar donde la Beata fue asesinada.

Capilla situada en el lugar donde la Beata fue asesinada.

El 4 de abril de 1957, entre las 15 o 15:30 horas, mientras regresaba a su casa atravesando prados, rezando rosario en mano, fue interceptada en el bosque por un desconocido. Este hombre le cortó el paso y le propuso mantener relaciones sexuales, a lo que ella se negó. Al insistir el desconocido e intentar forzarla, ella se defendió con fuerza, lo que hizo que el otro perdiera los estribos y la golpeara brutalmente, tirándola al suelo. Pierina, viéndose en un grave apuro, cogió una gruesa piedra para defenderse, pero su atacante se la arrancó de la mano y la descargó sobre su cabeza repetidas veces. Gravemente herida en la cabeza, Pierina aún gateó unos veinte metros, tratando de huir, pero perdió el sentido y se desplomó en el suelo. Aprovechando que ya era incapaz de defenderse, su agresor la violó, para luego dejarla abandonada en un charco de sangre. La recompuso, sin embargo, un poco, colocándola para que pareciese que dormía y colocó a su lado sus objetos personales esparcidos, tarea inútil, porque estaba toda ensangrentada.

Mientras, en casa la estaban esperando, y como no llegaba, uno de sus hermanos salió a buscarla. “Cuando la encontré, creí que estaba cansada del camino, aunque me pareció raro que hubiese escogido aquel sitio para descansar. La llamé y no me respondió. Parecía que dormía, pero entonces vi que tenía la cara ensangrentada y su respirar era lento y afanoso”. Estaba en estado de semiinconsciencia, empapada en sangre: coágulos de sangre donde la había golpeado con la piedra primero, huellas de manos ensangrentadas por donde había gateado, intentado escapar, y un gran charco de sangre bajo el cráneo hendido. Sangre por todas partes, y con el rosario todavía sujeto entre las manos, colocado por el asesino. Intentó levantarle la cabeza, pero ésta estaba aplastada por la parte occipital -la nuca- y le empapó las manos de sangre y de trozos de carne. La llamó varias veces por su nombre, pero ella no pudo responder, ni abrir los ojos: simplemente alzó levemente una mano, dirigiéndola hacia las heridas de la cabeza. Era su último gesto consciente.

Rápidamente fue trasladada al hospital, adonde llegó en un estado de coma profundo. No se pudo hacer nada por salvar su vida: murió dos días después, el día 6 de abril de 1957, sin haber podido recobrar el conocimiento. “¡Tenemos una nueva María Goretti!”, exclamó uno de los catorce médicos que intentaron, en vano, salvarle la vida. También fueron proféticas estas palabras: la fama de santidad de Pierina se extendió rápidamente.

Reconocimiento de los restos para la beatificación.

Reconocimiento de los restos para la beatificación.

El violador y asesino, descubierto tras muchas investigaciones, fue condenado en 1960 a varios años de cárcel. Cumplida la condena, marchó a vivir a Sicilia, donde formó una familia. En cuanto a su víctima, fue beatificada por el papa San Juan Pablo II el 4 de octubre de 1987, junto a otra mártir de la pureza como ella, la sarda Antonia Mesina, de la cual hablaré pronto también. Sus restos reposan en la parroquia de Fiobbio, cerca de su casa paterna.

Concluyendo
Cuando se enfrenta un caso como éste, el de una muchacha joven, buena, honrada y trabajadora, de vida intachable, con una rica espiritualidad y llamada a una clara vocación religiosa, acabar violada y masacrada de una manera tan cruel por satisfacer el capricho pasajero de un hombre; es tentador hacer comparaciones con la que fue su musa personal -Santa María Goretti- y caer fácilmente en predestinaciones y voluntades de Dios, como si desde siempre hubiese tenido que estar llamada a acabar así la que tanto admiraba la pureza y el martirio de su hermana en la fe.

Honestamente, estas interpretaciones me parecen perversas, por más que a muchos les consuele pensar “Así lo ha querido el Señor” o “Estaba destinada a esto”. Esta servidora quisiera replantear la pregunta que ya formuló en el artículo dedicado a Santa María Goretti: ¿cuál es la grandeza de un caso tan terrible como éste? ¿En qué puntos vale la pena comparar a María con Pierina? En primer lugar, que de no haber sido tan brutalmente asesinada, Pierina, al igual que María, hubiese sido quizá igualmente reconocida como santa, por razones ya obvias. Y en segundo lugar, el perdón, no el de ella, porque no pudo darlo, sino el de sus allegados, tal y como ocurrió con María Goretti.

Sepulcro actual de la Beata, bajo el altar mayor. Parroquia de Fiobbio di Nembro, Italia.

Sepulcro actual de la Beata, bajo el altar mayor. Parroquia de Fiobbio di Nembro, Italia.

Así lo manifestan las palabras de Sara Neris, la madre de la Beata:
“Reverendo don Rota, le doy gracias por mandarme siempre recuerdos… el recuerdo de mi hija Pierina está siempre en mi mente. Yo ya he dado y vuelvo a dar el perdón al asesino de mi hija, porque somos cristianos y porque sé que Pierina lo habría perdonado, si hubiese podido hablar después de haber sido golpeada con la piedra.
Mi Pierina perdonaba siempre”
.

Meldelen

Enlaces consultados (20/04/2014):
http://beatapierinamorosini.com/
http://es.catholic.net/laicos/771/717/articulo.php?id=23933
http://www.preghiereagesuemaria.it/santiebeati/beata%20pierina%20morosini.htm
http://www.prelaturaayaviri.org

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